Represión y resistencia

Desde el poder se analizan al detalle las estrategias represivas para parar los pies a los movimientos sociales. En consecuencia, los modelos represivos no son estáticos, van variando con el tiempo, se prueban nuevas tácticas, varían los objetivos… Desde abajo, sin embargo, carecemos de análisis sobre las hostias que nos van cayendo cada vez con mayor frecuencia y somos prácticamente incapaces de adaptar nuestras estrategias antirrepresivas. Repetimos esquemas que son bien conocidos por el poder y acabamos tirando más de corazón que de cabeza para responder a los golpes, con los consiguientes problemas que eso supone: acabamos con más detenidos, perdemos apoyos y nos aislamos. Debemos recuperar un análisis y un debate sobre la represión: Sobre quién se está volcando esta, cómo nos afecta, cómo podemos responder, en qué fallamos… Sirva este texto como unas pinceladas básicas que puedan llevar a un debate colectivo referente a cómo enfrentar la represión.

La represión es una estrategia en contra de los movimientos sociales con un triple objetivo: Amedrentar, desgastar y aislar.

La represión extiende el miedo.

Es la relación más directa y que tenemos mejor analizada. Es lo que lleva al poder a endurecer el código penal o generalizar las multas. Las condenas son ejemplarizantes. Los antecedentes caen como losas sobre personas movilizadas, que de repente sienten reparos incluso para acercarse a una manifestación. Las multas, una forma de represión casi invisible, nos ahogan económicamente.

Frente a esto solo podemos oponer una fuerte solidaridad y una conciencia de obtención de resultados con nuestras acciones. Hay que conseguir que las personas reprimidas no se sientan solas. Eso, unido a que consideren que su acción sirve realmente de algo, es la mejor forma de evitar la desmovilización. Una persona que se gana una multa por algo que cree que no ha merecido la pena, o que luego se demuestra como inútil, tiene más posibilidades de acabar desmovilizada que una persona que, incluso siendo reprimida con mayor dureza, acaba viendo su actuar como algo que ha tenido trascendencia, algo que ha merecido la pena. Ahí juega un papel importante nuestra capacidad, nuestra inteligencia, nuestra constancia en las luchas. Se trata de combatir el cansancio y la sensación de derrota que quieren transmitirnos desde el poder y cambiarla por otra, de fuerza y capacidad.

También hay que evitar, en las acciones solidarias, que la represión se extienda, que haya nuevos detenidos o más multas. Las acciones de solidaridad no tienen que ser desesperadas, tienen que ser reflexionadas, inteligentes y estar bien dirigidas.

Hay otro vector más a considerar en el miedo que produce la represión: la paranoia. El miedo a ser reprimidos desata una visión paranoica sobre la seguridad, realizamos gestos fetiche que creemos que refuerzan nuestra seguridad pero no aplicamos protocolos de manera sensata. Hay que aplicar distintos niveles de seguridad en función de lo que tengamos entre manos. No tiene sentido encriptar un correo con un comunicado que se va firmar y a hacer público, menos si estamos comunicando a gente que es incapaz de manejarse a nivel tecnológico. La seguridad no puede estar reñida con la lógica y la necesidad de sacar adelante el trabajo. Un nivel de seguridad mayor implica mayores inconvenientes (para comunicarnos, para operar) por eso debemos saber adecuar, de manera inteligente, el nivel de seguridad requerido en cada caso. No tiene sentido ponernos trabas de manera paranoica o sin sentido a nosotros mismos. Por supuesto, el nivel de seguridad escogido, sea el que sea, debe mantenerse en contextos informales o en las redes sociales.

La represión nos desgasta.

Nos dejamos tiempo y esfuerzo en apoyar a las personas que han sido reprimidas. Desde el poder pretenden que ese tiempo y esfuerzo lo perdamos para enfrentar otras luchas. Desde su punto de vista: Si están volcados apoyando a sus detenidos y sacando dinero para multas no podrán organizar más protestas, que además les supondrán más multas y detenidos. Hay que romper con ese ciclo. El apoyo a los represaliados es esencial y no podemos abandonarlo, pero debe afrontarse de tal modo que esa solidaridad refuerce el movimiento social, no que lo debilite.

Me explico mejor con un ejemplo: Si dos personas participantes de una movilización contra los desahucios son detenidas, no podemos abandonar el trabajo en el tema de vivienda para realizar únicamente acciones de apoyo a los compañeros (conciertos recaudatorios, concentraciones de apoyo…). Debemos encontrar el modo de hacer que el apoyo a los detenidos fortalezca al mismo tiempo la visibilización de las luchas que estas personas estaban desarrollando en el momento de ser detenidas.

El desgaste también se extiende con la frustración. Hay que celebrar las acciones que salen bien. Aunque en medio de una situación de derrota generalizada nos parezca ridículo, hay que saber encontrar lo positivo, lo que hemos hecho bien. Está bien tener objetivos elevados, pero también hay que ser conscientes de la dificultad de alcanzarlos y hay que saber lidiar con la sensación de frustración que nos genera esa dificultad. Poner objetivos secundarios alcanzables y felicitarnos cuando cumplimos con lo que se esperaba de nosotros.

El desgaste tiene una última vertiente y es la que se traduce en enfrentamientos internos. Hay que evitar que los represaliados se sientan como una carga para los colectivos, del mismo modo que hay que tratar de evitar posturas paternalistas.

La represión nos aisla.

Cargarnos de multas, de palos, de detenciones es un intento de aislarnos de la gente, de colocarnos en un rol de seres extraños, antisociales a los que es mejor no acercarse. Hay que tener claro y dejar claro que no somos nada de eso, que nos vemos abocados a esas situaciones o incluso a estar presos no porque seamos despreciables, sino porque aspiramos a un mundo mejor para la mayoría y este sistema nos lo impide.

A veces somos incapaces de transmitir esto, ni siquiera a las personas que podrían constituir nuestro apoyo, nuestra base social. Los muestras de odio y de amor por el disturbio tampoco ayudan. No somos violentos antitodo. No nos divierte que nos peguen, que nos detengan, que nos multen o que nos metan en la cárcel (y si a alguien le parece divertido, que se lo haga mirar) pero tampoco podemos mantenernos impasibles con la situación que vivimos: explotación, falta de libertad, injusticia, destrucción del medio… Por eso nos manifestamos y nos rebelamos. Hay que saber demostrar esto, que nuestros actos no están faltos de sentido.

Hay que comunicar que no somos los terroristas y violentos que muestran en los medios. Muchas veces estamos en las manifestaciones y los disturbios, sí, pero también realizamos cientos de acciones solidarias a lo largo del año, somos los que apoyamos a las familias que van a echar de sus casas, los que defendemos la libertad de abortar y de cada uno y cada una a decidir sobre su cuerpo, los que construimos espacios de autogestión en los barrios, los que estamos defendiendo servicios sociales esenciales como la sanidad, la educación, las pensiones… Y todo, en conjunto, forma parte de nuestro compromiso revolucionario por mejorar las condiciones de vida de la mayoría.

No estamos sabiendo comunicar a quienes pudiesen apoyarnos toda esa otra dimensión creativa de nuestra lucha… y eso nos aisla de todo apoyo social y nos condena a estar solos frente a los golpes represivos, que somos incapaces de encajar.

Antisistema como estética

Todo comenzó cuando a los medios de desinformación burgueses les dieron la genial idea de calificar a esos jóvenes desconocidos y encapuchados que arrasaban las calles y atacaban a la policía, como «antisistemas». Después, poco a poco esa etiqueta se empezó a asimilar entre los círculos anarquistas, ya que los anarquistas por lógica nos oponemos a este sistema. No obstante, en el imaginario popular la palabra «antisistema» era sinónimo de vándalos descerebrados que lo rompían todo, gente que resentida que no sabe qué hacer, etc. Cualquiera que se saliera de los cánones y de la ideología dominantes de la actual sociedad podría ser calificado de antisistema. Pero, ¿realmente tiene sentido dicho adjetivo? ¿Qué significa realmente?

Hoy en día, usar el término antisistema les sirve a la clase dominante como una suerte de espantapájaros para asustar al inocente ciudadano de que hay un peligro desconocido que pretende destruir el sistema vigente. Incluso hasta la izquierda burguesa no dudaría en usarla. Sin embargo, entre la izquierda extraparlamentaria y ciertos sectores ciudadanistas se califica de «antisistema» a las ofensivas neoliberales y los recortes en derechos sociales y en el sector público. Sin embargo, ¿qué significado le damos? Los primeros aluden al neoliberalismo como sistema ideal al que pretenden destruir, mientras que los segundos hacen alusión al Estado del bienestar como tal el cual quieren desmantelar.

Pero veamos en  nuestro entorno político. Ahora no solo ciertos anarquistas se autodenominan como antisistema, la moda llega hasta a algunos grupos filofascistas y conspiranoicos. Si bien se podría entender que cuando decimos «antisistema» nos referimos a que nos oponemos a este sistema, en verdad no se ajusta a la realidad social pues omite el concepto de clases sociales y la conciencia que puedan desarrollar de las mismas. En vez de clase trabajadora y clase dominante, queda en un «antisistema» o «prosistema», claramente omitiendo el antagonismo de clases. Y es que no solo nos oponemos a este sistema porque beneficia a una minoría a costa de la explotación de la mayoría, lo que da como consecuencia las desigualdades económicas y la injusticia social; sino que nuestras aspiraciones son la construcción de una sociedad basada en la libertad y en el apoyo mutuo, es decir, otro sistema en donde no existan las injusticias de hoy en día.

Realmente carece de sentido alguno que nos califiquemos como antisistemas, pues no es más que una etiqueta creada desde los medios burgueses para despojar a los anarquistas de todo contenido político y social transformador, dando la falsa imagen de nihilistas resentidos que nada más buscan la destrucción y el caos. Craso error asumirlos y quedarnos en la marginalidad como una simple estética de culto a la violencia callejera y negacón del actual sistema. Somos de clase trabajadora, estudiantes, currantes o jubilados y luchamos por la emancipación social de las clases explotadas y por consiguiente de la abolición del capitalismo y la sociedad de clases junto con el Estado. No somos antisistema, somos revolucionarios.

Socialismo científico ¿Desde abajo?

Por Rafael Cid

Poco a poco los grupos y movimientos sociales que desde el principio de la crisis se han posicionado como alternativa al sistema frente a la rutinaria alternancia de los partidos políticos y sindicatos institucionales, que solo aspiran a comprometer a la ciudadanía en un proyecto que implica cambiar algo para que todo siga igual, van diseñando su modus operandifortalezas y debilidades. De lo que ya sabemos sobre las últimas jornadas “Alternativas desde Abajo” (AdA), celebradas recientemente en Madrid, parece tomar cuerpo un modelo político de “toma del municipio” por los valores de democracia de proximidad, acción directa y de corresponsabilidad de base que la impronta municipal conlleva. Una decisión que, a la par que consecuente con la idea de un nuevo proceso constituyente, despunta cuando desde el Poder se emprende una drástica contrarreforma del actual “régimen local” para podarle de sus potencialidades autogestionarias (por cierto que el documento elaborado por los diferentes grupos de trabajo de AdA no cita esta amenaza).

Y dado el espíritu abierto de dicho documento, su pluralismo y el carácter inclusivo que con acierto le convoca, me tomo la libertad de concurrir con unas líneas sobre su contenido con el exclusivo propósito de contribuir si cabe a elaborar una masa crítica que permita extender y divulgar sus propuestas más allá del estricto ámbito de las personas y colectivos que tan meritoriamente han contribuido a su redacción. Vaya por delante, pues, el agradecimiento por su abnegada y solidaria contribución a ese mundo mejor que muchos llevan ya en sus corazones.

Desde ese único punto de vista, y dejando claro como primera instancia la bienvenida a la convocatoria Alternativas desde Abajo, creo que lo más práctico será insinuar siquiera los vicios, carencias, errores o simples equívocos que, a mi modesto entender, aparecen en esa primaria declaración de intenciones de los cinco grupos de reflexión madrileños de AdA. Algunos son de carácter meramente formal, como equiparar los términos “neoliberal” y “liberal”, conceptos no concordantes, por más que haya una intencionalidad de fondo entre ambas propuestas epistemológicas para dotar de la pátina de “positividad” que conlleva el viejo referente “liberal” a lo que sólo es retitulación del capitalismo global (el “neoliberalismo”)

Otros temas parecen haberse caído del elenco de conclusiones, aunque del contexto se infiere que están presente en el ideario profundo que maneja. Me refiero, por ejemplo, al olvido del sindicalismo de base, el ecologismo, la desmercantilización social, el antipatriarcalismo, el pacifismo, el laicismo y el antimilitarismo. Especialmente este último tiene connotaciones de largo alcance dado que desde el final de la Segunda Guerra Mundial España es clave en el esquema defensivo que orbita alrededor de Estados Unidos y la Alianza Atlántica, esta último escudo armado del neoliberalismo occidental. Por cierto, un compromiso que los diferentes gobiernos habidos desde la aprobación de la Constitución en 1978, a diestra y siniestra. han potenciado hasta el punto de ser el partido socialista quien aportara uno de sus dirigentes a la OTAN como secretario general, y recientemente autorizara sin consulta popular la instalación en nuestro suelo de la sede operativa en el Mediterráneo del “escudo antimisiles” norteamericano.

Sin embargo, existe un aspecto que puede tener en el futuro un desarrollo desestabilizador por la contradicción que el mismo supone respecto a la idea-fuerza de promover “alternativas desde abajo” que dinamicen todo el proceso rupturista hacia una sociedad políticamente autosuficiente. E incluso interferir en la justa asignación de los recursos económicos y sociales al servicio de las necesidades reales, con priorización de objetivos y salvaguarda de los valores humanos y democráticos propios de una comunidad federada en la autonomía de sus miembros, la solidaridad, la libertad y la equidad. Me refiero a esa apelación que emite el Grupo 1, en su apartado Fines, capítulo Herramientas Políticas, para “construir una alternativa política anticapitalista que recoja las enseñanzas históricas del socialismo científico y el feminismo”. Soslayo la disfunción que entraña emparentar “socialismo científico” y “feminismo”, tanto en sus fuentes teóricas como en su desarrollo histórico, para no distraer el discurso de lo que considero esencial: el agiornamento del concepto “socialismo científico” como una categoría válida de interpretación social.

De entrada, dicha asunción programática del termino “socialismo científico” introduce un sectarismo de arriba abajo mediante el cual se soslaya cualquier otra “escuela o pensamiento” socialista, en la convicción doctrinal de que el socialismo como alfa y omega de la transformación social empieza y acaba en el denominado por Engels “socialismo científico”, que es el teorizado por Marx descartando al precedente tildándolo de “utópico”. Pero eso es casi irrelevante a los efectos de acumulación de fuerzas, experiencias y voluntades que buscamos para el ejercicio del “si se puede” en el siglo XXI. Lo que es más trascendente visto en perspectiva es la vigencia de los planteamientos de ese “socialismo científico”, al menos en los países afectos al tipo desarrollo de producción capitalista del neoliberalismo totalizante. Porque, si acaso ese instrumental predicado por el “socialismo científico”, ergo marxismo, no sirviera para analizar cabalmente la realidad imperante, estaríamos errando en los medios y en los fines, y además actuando fuera de nuestro tiempo histórico.

Primero, el ucase del “socialismo científico” presupone una formulación política de “socialismo autoritario”, porque si por “científico” se significa que es “inevitable”, independiente de la voluntad humana, una “ley histórica”, es lógico en cierta medida que haya guardianes de esa verdad dispuestos a evitar desviaciones y por tanto juramentados para su protección ante cualquier heterodoxia, que se recibiría como hostil, agresiva y enemiga. En esa deriva, aparece la organización vertical, la jerarquía, el liderazgo y el partido guía. El antídoto homeopático de la pretendida “alternativa desde abajo”. La historia es testigo.

Aunque si eso no fuera suficiente para sopesar la conveniencia de subsumir un planteamiento de gestión política horizontal, asamblearia, democrática y plural en el troquel del “socialismo científico”, está el problema de fondo de la recurrente y probada insolvencia histórica de ese “cientificismo” allí donde se instituyó. No voy a entrar en el socorrido debate tan al uso de las virtualidades epistemólógicas de si entonces no se daban las condiciones históricas o, como algunos quieren hoy, de si la crisis económica-financiera vigente anticipa ahora brotes verdes en sus vetustas frondas. No es el objetivo de esta exposición abrir heridas, sino contribuir a la clarificación para avanzar hacia la resolución de los ingentes problemas presentes con el mayor consenso social posible. Pero la verdad, aquella pharresia seminal de la democracia ateniense, debe presidir cualquier proyecto político que se pretenda coherente con la razón ilustrada por encima de otras fidelidades de menor cuantía. En la actualidad existe abundante argumentación académica (“científica”) para contra-argumentar la validez universal de aquella teorización.

En ese plano reticente hay que situar el “productivismo” cerrado del marxismo, que al igual que el “cientificismo”, el “desarrollismo” y el “industrialismo” era considerado como positivo sin matices; el catastrofismo del “suicidio” del capitalismo por sus propias contradicciones y el consiguiente estallido de la revolución en países atrasados económicamente frente a la previsión de que se diera en sociedades desarrolladas; la fe ciega depositada en el proletariado como clase elegida para abanderar la transformación social; la formulación de la dialéctica económica desde el lado casi exclusivo de la oferta obviando la demanda o, finalmente, esa especie de profecía autocumplida que sostenía el paradigma de que las relaciones económicas gobiernan lo político sin remisión, afán que contradecía la confianza puesta por los padres fundadores del “socialismo científico” en el sufragio universal para alcanzar el socialismo en Inglaterra.

Todo eso cabía en el “socialismo científico” y casi nada de ello ha resistido el paso del tiempo. No hay evidencia científica de su rigor, ni ha superado el necesario conflicto de prueba y error. Lo que implica obrar en consecuencia. Como el mismo Marx, que “no era marxista”, advirtió debemos evitar que “la tradición de generaciones muertas oprima como una pesadilla el cerebro de los vivos”. Siglo y medio no transcurre en balde ni para los grandes pensadores. Ni el capitalismo ni el proletario del siglo XIX casan con el capitalismo y el productor-consumidor del siglo XXI. Entre otras cosas porque, como afirma Cornelius Castoriadis y la gestión de la crisis financiera actual ratifica, “la intervención del Estado es precisamente el factor compensador de los desequilibrios de que carecía el capitalismo clásico”.

Desde abajo a ciencia cierta. Pero sin arrogancia.

[Recomendación] Perritos perdidos

Texto extraido de uno de los antiguos blogs de Alasbarricadas.org. En concreto el del Sr. Povondra, también conocido por otros nombres. Vaya el homenaje para él, donde quiera que esté:

Perritos perdidos

Un perro perdido es ese perro sin amo que se va siempre detrás del primero que pasa y que los puedes ahuyentar a pedradas si quieres o hacerles mil putadas. Todos tenemos necesidades afectivas y las relaciones, esporádicas o estables, nos ayudan a satisfacerlas y son buenas para la autoestima cuando son gratificantes. Otra cosa es cuando eso se busca compulsivamente o degrada a las personas que, por lo que sea, están dispuestas a intercambiar sexo por aceptación o un par de palabras amables y después se sienten un trapo.

Los «antisistema» estamos aburridos de advertir (casi siempre en ojo ajeno) sobre el peligro del consumismo compulsivo, el alcoholismo compulsivo, el pastilleo, los porros… La anorexia también la vemos mal, pero se nos queda fuera la sexualidad compulsiva, que es algo que también fomenta la televisión hora sí y hora también y se ha convertido en una forma de relación que todavía se contempla como guay y casi casi necesaria para no sentirte un miserable en esta vida. Y la sexualidad es algo muy delicado que influye en las personas por lo menos tanto como las drogas. ¿Qué pasa, que porque juguemos a detectar la sexualidad subliminal de la publicidad comercial y no compremos coches estamos ya liberados de todas las dinámicas mentales opresoras?

Cuando se habla de promiscuidad se trata de definir una conducta de sexualidad que puede ser libre o meramente desordenada, sin distinguir ni pararse a mirar en lo que mueve a las personas a adoptar esa forma de sexualidad. Desde el machismo tradicional hay muchos nombres para las promiscuas: calentorra, cachonda, ninfómana, puta… Esos nombres sirven para despreciar a las mujeres que no llegan vírgenes al matrimonio –qué escándalo- o no casan con las normas tradicionales, pero también etiquetan a algunas mujeres que realmente son incapaces de controlar su propia sexualidad y se convierten en objeto y presa de quien quiera pasárselas por la piedra.

En nuestra especie, como en todas, la sexualidad marca las relaciones sociales. La ligamos a la afectividad pero, a través del lenguaje, también a la jerarquía. El lenguaje de la sexualidad puede dividir nuestro mundo en jodidos y jodedores: las personas jodidas, machos o hembras, son rebajadas, valen menos. Esa ambigüedad en el lenguaje no es casual. A todos nos ha puesto el gato el culo en pompa para reconocer su sumisión y la sodomía también es una forma de establecer jerarquías entre animales gregarios. Hasta hace bien poco era normal entre las personas elegir una mujer y ligarla a ti por medio de la violación, que es lo habitual en el resto del reino animal y no deja de ocurrir entre personas. Violentar la voluntad ajena a través del sexo sigue siendo una forma de obtener sumisión.

De acuerdo con que hemos sido capaces de civilizarnos más allá de esos esquemas de manada de mandriles y sabemos que la sexualidad también se puede vivir de una manera más libre, pero también puedo visitar páginas porno y ver lo que esperan muchos hombres de las chicas que se abren de piernas ante la cámara: junto con toda la colección de mujeres de otras razas, sexo con animales y demás podemos encontrar: lolitas, cachondas, borrachas… y me temo que los ojos de algunas “sucias adolescentes rusas” mirando a la cámara los he visto fuera de las fotos, en la «vida real». El gran negocio del porno suele reproducir el esquema del sexo como acto de dominación. Las miradas de muchas de esas mujeres son terribles.

Igual que existe la figura del tonto del pueblo existe otra menos publicitada: la puta del pueblo. A la “puta” de mi pueblo se la han follado entre varios más de una vez, le han hecho de todo. También he oído contar historias de “putas” de pueblo tiradas desnudas en cunetas, con la memoria bloqueada, folladas entre varios sobre una mesa de billar, penetradas con animales, objetos… igual que sabemos que se viola en grupo a muchas inmigrantes para quebrar su voluntad y poder prostituirlas más cómodamente. A eso se le llama esclavitud sexual y no sólo lo practican los rumanos malosos, sino también Fuenteovejuna. Igual que el virgo sigue garantizando en más de medio mundo que quien lo rompa poseerá a la desvirgada para siempre. El lenguaje del sexo y la posesión vuelve a entrelazarse. No siempre hay violencia en estos actos, a menudo es mera cuestión de costumbre. A veces la función de los chulos se diluye en el colectivo pero sigue funcionando.

Hay veces que la “puta” tiene una necesidad compulsiva de cariño o aceptación (que aumenta con cada nueva humillación) y se deja arrastrar a donde sea. Piensa que a través de su sexualidad va a poder ejercer poder u obtener respeto y en realidad …(susurro o apunte mental: “esta es una cachonda”). Piensa que obtendrá ese poder y esa autoridad, esa estima que se niega a sí misma, a través de las que tiene quien se la folla. Lo que se llama la erótica del poder, de donde nacen las groupies. Y seguro que hay infinidad de motivos más y que siempre se combinan tantos como el cacao mental de quien los arrastra. También hay mujeres que, efectivamente, ejercen y obtienen poder a través del sexo, pero ahora no estamos hablando de ellas.

No sé cómo habrán roto o abusado de la curiosidad sexual infantil de aquellas mujeres que sólo saben relacionarse afectivamente abriéndose de piernas, no sé qué hostias puede haberle pasado a cada una de ellas. Ahora no estamos hablando del subidón de ¡qué tía estás hecha!, sino de las mujeres que se entregan para escapar del bajón de ‘no valgo nada’. No son conquistas sino rendiciones, no son vencedoras sino carnaza. Mucha gente no consigue escapar de su papel de víctima, incluso se recrea en él. ¿debemos por ello aprovecharnos de la situación los demás? En la tele se hartan de decirnos que hay que follar mucho (risas enlatadas).

¿Miseria sexual? ¿Quién, nosotros? ¿Nosotras? ¡Pero si llevamos camisetas políticas y vamos a centros sociales! ¡No ponemos etiquetas machistas! ¡No existe algo así como la puta del centro social!

Cada fin de semana por lo menos un rollo, a ser posible, entre gente que se pone hasta el culo de todo y olvida que no se debe utilizar a los demás para satisfacer las propias necesidades y sálvese quien pueda y quien no, que se joda. A lo mejor estamos siguiendo conductas compulsivas, dañinas en muchos aspectos, mientras mantenemos la ficción del buen rollo, de creernos todos libres (¡nosotros: la vanguardia de las libertades venideras!) y curados de espanto. Al no empezar a plantearnos a partir de qué grado de borrachera te estás aprovechando de la situación. Al no reflexionar (es muy complicado todo) si puede haber daño sin violencia. Porque casi todos y casi todas podríamos llegar a sentirnos mal en un momento dado y es mejor correr un tupido velo que enfrentarse a las propias miserias. Y por eso la conciencia de la miseria sexual no se da ni en el ámbito privado, la única miseria sexual parece ser que no se folle, ¡como para abordar abiertamente el tema si mucha gente no conoce o no se plantea la mierda que le rodea!

Los machistas de toda la vida han condenado a mujeres con una labilidad que puede ser pasajera (un error o una mala racha) o simplemente entienden la sexualidad de otra manera a ser eternamente putas, cachondas, ninfómanas porque esa etiqueta da patente de corso a los triunfadores, que suelen ser ellos mismos una panda de borrachos frustrados de la vida. Sin embargo, sin ser puta oficial de ningún colectivo especialmente machista, también hay mujeres que van dando tumbos de grupo en grupo hasta que, se cansan de ellas, las rechazan o pasan a otro ambiente donde no las conocen todavía ni se les ocurre pensar que lo suyo es un problema. ¿Nadie ha conocido a nadie así? Tampoco ayuda lo contrario: pensar que esas personas que van dando tumbos de asiento trasero en asiento trasero, váter en váter y cama en cama son triunfadoras admirables.

Si ya es duro reconocer que se está deprimido o se tiene un desorden alimenticio, qué duro debe de ser vivir con un problema con implicaciones tan directas con nuestra afectividad y nuestro lugar en el grupo, qué duro ver que te has dejado utilizar, recuperar la autoestima y afrontar lo que viene después de la resaca con la cabeza alta y la mente despejada. No es raro que las personas huyamos hacia delante.

La deuda de la Generalitat de Catalunya

Nota de La Colectividad: como en colaboraciones anteriores de Lucha Internacionalista, si se publica este texto en una página anarquista es para fomentar el debate así como para establecer un contacto entre personas que abordan el problema del capitalismo desde ópticas distintas.

NO PAGAR LA DEUDA: NINGÚN RECORTE EN LOS PRESUPUESTOS DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA:

Presupuestos con recortes para los trabajadores públicos y los servicios sociales, sin inversión para crear puestos de trabajo públicos, con privatizaciones masivas a precio de saldo… todo al servicio de pagar la deuda en los bancos.

Toda la argumentación de la Generalitat de Catalunya con estos presupuestos es que no hay más recortes. No es cierto: consolida todos los que se aprobaron el 2013 por decreto con la prórroga de los presupuestos CiU-PP del año anterior –reducción del 9,6% del gasto del 2012-, y además añade el nuevo recorte a las pagas de los trabajadores públicos –que ya han perdido de media el 30% de poder adquisitivo y ahora se les reduce otra vez de golpe el 7%. Con estos presupuestos, en los últimos 4 años, se habrán rebajado el 22% del gasto en enseñanza, el 16% del de sanidad, se consolida la pérdida de 10.000 puestos de trabajo públicos y el retroceso de las condiciones laborales (reducciones de jornada y sueldo a interinos, precariedad de las sustituciones en enseñanza).

Los presupuestos tampoco aportan inversión para crear puestos de trabajo. Y, a pesar de que Felip Puig dice que ya se ve el final de la crisis, Panrico lleva 60 días en huelga ante la amenaza de un ERO salvaje y SEAT sufrirá otro de más de 350 trabajadores/as. Y a pesar de todo, no se equilibra el déficit porque la deuda pública continúa subiendo.

Después de años de conciertos y externalizaciones (en la enseñanza se han incrementado un 6% los conciertos), los presupuestos 2014 añaden privatizaciones masivas sin identificar y que serán ventas de bienes públicos a precio de saldo. Pero aun así, Mas-Colell prevé que la deuda seguirá creciendo y en 2014 llegará al 30,3% del PIB.

La deuda es impagable…

Estos presupuestos prevén continuar el pago diario 6 millones de euros en intereses de la deuda. Es decir 2.077 millones el año y 5.800 millones más en amortizaciones. ¡Y cómo que esto ya es impagable, se emitirá más deuda pública y acabaremos el año con 2.600 millones más de deuda, que llegará a los 62.350 millones! La política es seguir ordeñando la vaca del dinero público hasta donde sea posible. En los últimos dos años, sólo con la deuda pública española, la banca estatal –en parte, rescatada- ha sacado 17.300 millones de beneficios de la caja pública. Hay que cortar esta
sangría cuando antes mejor.

Mas-Colell responde que hay que pagar las deudas. Pero de deudas hay muchas: con la banca, con las farmacias, con los trabajadores y trabajadoras de la administración, con la salud de las personas mayores, con los niños y niñas que se quedan sin beca comedor, con las familias que necesitan el PIRMI… Lo que hace falta es decir qué deuda va primero: si la de los bancos o la de la gente. Para CiU y ERC está claro que primero son las deudas con el capital financiero; si llega el FLA del Estado, pagan los farmacéuticos… y si no hay más, se recortan sueldos y servicios sociales.

¿Pero qué orden ponen otros, como PSC o IC-EUiA? Dicen que primero van las personas, pero no dicen que se deje de pagar la deuda… Al contrario, se tiene que seguir pagando, con una política impositiva “progresiva”, para impulsar el crecimiento y redistribuir
la riqueza. Los resultados los tenemos a la vista, porque todos ellos han participado en el gobierno estatal o en gobiernos autonómicos y son parte del problema actual. O cómo gobiernan en Andalucía con unas cifras de paro y miseria escalofriantes. ICV-EUiA habla de renegociar la deuda, es decir, alargar la hipoteca del futuro, para evitar el enfrentamiento con los intereses del gran capital.

… y además es ilegítimo.

La deuda no se puede pagar, y además es injusto. Una parte de la izquierda defiende que hay que hacer una auditoría ciudadana para delimitar la parte ilegítima de la deuda (como los intereses de los
bancos) de una supuestamente legítima y que se tiene que pagar.

Pero de hecho, toda la deuda es ilegítima, porque es producto de las políticas neoliberales de los 90 y 2000 –del PSOE y el PP- contra los trabajadores y se ha disparado con los planes de rescate a la banca. Son deudas contraídas para favorecer al gran capital, para dar exenciones fiscales a las grandes empresas…

Además, la idea de pagar una parte “legítima” y rechazar la ilegítima nos trae a la situación de Argentina o el Ecuador: cómo que una parte no se ha pagado, la otra, que se renegocia, sube los intereses y se convierte no sólo en un nuevo lastre tan grande como antes, sino que se eterniza. Hay que ser claros y, decir sin tapujos, que ni se puede ni se tiene que pagar la deuda, porque toda ella es ilegítima.

Los presupuestos se pueden derrotar

Hay que dar respuesta a las necesidades urgentes de la población trabajadora: puestos de trabajo, salarios dignos, sanidad y educación pública… Esto empieza parando estos presupuestos. El gobierno de CiU está en una posición débil y la movilización puede hacer
tambalear el apoyo que le da ERC. Necesitamos una convocatoria de huelga de los sindicatos del sector público, en el camino de una huelga general, para pararlos.

Pero no es el único paso. Hay que dar respuesta al problema político de fondo y constituir un frente de organizaciones políticas, sindicales y sociales para decir no al pago de la deuda. Igual que defendemos una consulta donde el pueblo de Cataluña pueda decidir, queremos decidir qué se paga con el dinero de todo el mundo.

¡Queremos decidir, también, dejar de pagar la deuda!

24/11/2013

Mª Esther del Alcázar
Militante de Lucha Internacionalista

http://www.lluitainternacionalista.org
lluitaint@gmail.com

Comunicado del Frente Anarquista Organizado (Región Chilena)

Declaración del Frente Anarquista Organizado [FAO] ante la coyuntura electoral y el quiebre en el movimiento comunista anárquico y libertario.

Las Elecciones Presidencial, Parlamentarias y de Consejeros Regionales de este año 2013, sin duda, han acaparado como nunca antes desde el ‘Plebiscito del Sí y el No’ la atención de la llamada opinión pública. Es la primera elección de Presidente y Parlamento con voto voluntario e inscripción automática (desde los 18 años), la primera ocasión que se realizan primarias, por vez primera se podrá elegir a los CORES, y por primera vez en Chile se presentan tantos candidatos a Presidente de la República, como son los 9 participantes. Los últimos meses han estado marcados por la propaganda electoral masiva e invasiva en las calles, plazas, transporte urbano, entre otros, por un seudo debate presidencial de 2 días televisado, por entrevistas en medios de comunicación masivos, en internet ocupando las redes sociales, por salidas a terreno y por actos de campaña a lo largo del país. Las últimas encuestas en torno a las elecciones dan por ganadora a la candidata del pacto ‘Nueva Mayoría’[i] Michelle Bachelet, pero aún no está claro si será en primera o segunda vuelta, ni menos quien acompañaría a ésta en segunda vuelta, ya que con la apabullante baja que ha sufrido la derecha con su candidata Matthei, el abanico se abre. Ahora veamos cuáles son los fenómenos y procesos que han desencadenado el actual panorama.

En el territorio de Chile desde el año 2006 se abre un ciclo de luchas destacando la de estudiantes secundarios –conocida como ‘Revolución Pingüina’-, de trabajadores contratistas del cobre de CODELCO, y de pobladores en torno a la problemática de la vivienda con los deudores habitacionales y los allegados (sin casa) en pleno gobierno de Bachelet; dando con esto el puntapié inicial para la multiplicación y visibilización de estas luchas. Pero sin duda, es el año 2011 el que marca un antes y un después para el Chile actual. La segunda década del siglo XXI comienza expresando un salto cualitativo en la Lucha de Clases en el territorio, con el conflicto por el gas natural en Punta Arenas, XII región de Magallanes, al extremo sur del país. Este fenómeno sería el primer conflicto regional que le toca enfrentar al gobierno de derecha de Sebastián Piñera, al que se sumarían huelgas de sindicatos en el campo laboral, además del conflicto principal y más profundo por la Educación, que es transversal a todo el territorio extendiéndose aproximadamente por 10 meses desde el mes de Mayo con mayor visibilidad. La masividad de las movilizaciones sociales, su proliferación y radicalización en el sector estudiantil, sindical, territorial, regional y en el pueblo-nación mapuche en lucha desde el 2011 nos lleva como organización política a releer la realidad social del Chile contemporáneo. Es así que visualizamos que como pueblo y sociedad de esta larga y angosta franja de territorio, estamos comenzando a despertar de un profundo sueño y letargo, a perder el miedo a organizarnos con nuestras/os compañeros de trabajo, de estudio y vecinas/os. ¿Pero es que acaso este despertar implica que se vuelve importante para las/os trabajadores y el conjunto del pueblo quien salga electo presidenta o presidente de la República por los próximos cuatro años? ¿Se vuelve condicionante para nuestros intereses quienes salgan electas/os senadores, diputados o consejeros regionales?

Desde nuestra postura política, en base a un análisis materialista histórico de la realidad, consideramos que sigue siendo irrelevante quien sea presidenta/e, senador/a, diputado/a y consejeras/os regionales: tendremos que salir a trabajar o estudiar de todas maneras, tendremos que seguir luchando y organizándonos por reconquistar los derechos usurpados a sangre, fuego y terror en Dictadura. A pesar de que una encuesta con trayectoria como la CEP[ii] en su muestra concluye que las/os habitantes de Chile quieren reducir las diferencias de ingresos (85%), nacionalizar el cobre (83%), en educación privilegiar la universitaria gratuita (74%), descentralizar el país (73%) y realizar una reforma tributaria (67%), esto no nos puede llevar a establecer de forma mecánica y determinante que el movimiento popular o que el pueblo y la sociedad chilena están preparados y dispuestos a organizarse y luchar por estas demandas. Es debido a lo anterior que candidaturas anti-neoliberales con atisbos de anti-capitalismo como las de Roxana Miranda y Marcel Claude no generan mayor aceptación ni expectación, siendo más bien candidaturas testimoniales de denuncia y programas irrealizables en el contexto actual, porque no existen grandes bases de apoyo en la población popular que las socialice, que opte por ellas y que las materialice. Más que apostar en términos tácticos por visualizar un programa de gobierno y reformas estructurales, hay que apostar por seguir creando, construyendo y fortaleciendo a nivel social, organizaciones populares con vocación de independencia de clase; con capacidad creativa, constructiva y orgánica autónoma y contraria a los intereses de los partidos políticos del bloque dominante (duopolio político Alianza por Chile/Nueva Mayoría), y de fuerzas y/o partidos políticos aventureros de izquierda que las pretendan representar (incluso en el caso de defender sus intereses), por arriba dentro de la institucionalidad democrático-representativa mediante la consecución de puestos en Municipios, Intendencias, Parlamento u obteniendo un Gobierno. Esto no debe leerse como una negación de la política, sino todo lo contrario como su afirmación más plena. La política debe estar presente y se debe avanzar en terminar con su disociación con lo social: pero la política debe estar anclada en el campo popular, surgir desde, con y para las/os trabajadores y el conjunto del pueblo.

Nuestra caracterización del período que se inicia en la segunda década del siglo XXI (concretamente el año 2011), hace hincapié en reconocer que, en general, la sociedad del territorio de Chile está cambiando y, en particular, la clase trabajadora y el conjunto del pueblo también: en clave de hastío de tanto abuso, robo, mentiras y promesas incumplidas que hemos sufrido desde 1990, cuando las/os políticos y tecnócratas que luego nos gobernaron por 20 años (la Concertación) nos instaron a inscribirnos y votar en el Plebiscito por el No con el lema ‘Chile, la alegría ya viene’. Pero la alegría nunca llegó y se convirtió en un trago amargo, y como somos una sociedad y pueblo alcoholizados fueron varios tragos amargos hasta que empezamos a despertar de esa larga resaca, a levantar cabeza en búsqueda de esa negada dignidad.

Sin duda esos cambios se han materializado en concientización, organización y lucha por parte de franjas del pueblo, las/os trabajadores y la sociedad en términos principalmente de reivindicaciones económicas sectoriales (estudiantil, laboral, vecinal), transversales (medioambientales, regionales), culturales-nacionales (pueblos originarios) y demandas por avances en derechos sociales (salud, previsión, educación, vivienda, transporte público) y/o servicios básicos (gas, luz, agua). Sin embargo, el grueso de la movilización y organización social se mantiene parcelado y con vocación gremialista, careciendo de tácticas, estrategias y objetivos comunes. No existe un plan o plataforma de lucha intersectorial potente en los campos sindical, estudiantil y territorial a nivel provincial, regional y nacional, que no haya sido elaborada por militantes y referentes más politizados de izquierda; sin duda que esto es un avance, pero debemos apostar a construir como movimiento popular en conjunto organizaciones profundamente democráticas, participativas y autónomas que avancen en clave clasista libertaria en lo orgánico, táctico, estratégico y programático; apostando a referenciar un proyecto sociopolítico intersectorial con unidad desde las luchas, que se sustente sobre la base del apoyo mutuo y la solidaridad de clase al interior del movimiento popular, esto es desde las/os trabajadores y el conjunto del pueblo organizado. La solidaridad de clase expresada por los trabajadores portuarios a nivel nacional con sus pares del puerto de Mejillones, materializada en el paro de actividades; así como el paro del 26 de Junio del presente año -bajo la consigna ‘A recuperar el cobre para la Educación’- convocado por CTC [Confederación de Trabajadores del Cobre], el SITECO [Sindicato Interempresa de la Gran Minería y Ramas Anexas], la Unión Portuaria de Chile y otros sindicatos portuarios, así como por la CONFECH [Confederación de Estudiantes de Chile], ACES [Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios] y CONES [Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios], entre otros, constituyeron hitos importantes en pos de dar pasos importantes en la configuración de un proyecto sociopolítico clasista intersectorial y un salto cualitativo de las correlaciones de fuerzas de los procesos de Lucha de Clases en el Chile actual; sin embargo, no debemos pecar de un optimismo voluntarista traspasando un fenómeno y contexto determinado al conjunto del movimiento popular; por lo demás tener claro que dicho paro del 26 de junio, en el mundo de los trabajadores fue principalmente promovido por dirigencias y fuerzas políticas, y que dichas organizaciones sindicales aún no son tan democráticas, honestas, participativas y clasistas como lo deseamos. A consecuencia, es necesario seguir fomentando las luchas reivindicativas y socioeconómicas en el seno de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo para de esta forma, en praxis dialéctica, ir avanzando en la conformación de una conciencia de clase para sí y la politización de las/os trabajadores de base. Esto último bajo un prisma materialista histórico de la realidad social y de la lucha de clases, rechazando lecturas apresuradas e idealistas que apuestan a que desde el mundo político, desde la democracia representativa en sintonía burguesa, en definitiva desde el Estado- Gobierno y Parlamento- se puede romper el cerrojo de la institucionalidad dictatorial heredada y la Constitución de 1980. Contrariamente a lo planteado por algunos, es precisamente esta táctica electoral aventurista la que contribuye a disociar lo político de lo social, al apostar a realizar las transformaciones por arriba, avalando la profesionalización de la política al interior de una democracia representativa con cimientos dictatoriales que permite la participación y toma de decisiones políticas-legales a un puñado de ‘profesionales’- a una élite política-, excluyendo al pueblo y mundo social mediante el acostumbramiento a la delegación de la participación y la toma de decisiones que nos atañen a todas/os, limitándolo al voto en urnas cada 4 y/o 6 años. Las apuestas electorales que en sus supuestos abogan por transformaciones estructurales profundas del sistema económico (Capitalismo neoliberal) y político-jurídico (Democracia representativa, Constitución de 1980) deben- para no terminar siendo cooptadas y absorbidas por la praxis del bloque dominante- necesariamente apostar por construir un frente social de masas a nivel nacional, de las/os trabajadores y el conjunto del pueblo, con capacidad de auto-conducción y plena autonomía de clase, con unidad táctica y programática desde la lucha concreta, y con una praxis en clave de acción/democracia directas de masas; esto es un programa que apunte a avanzar en conquistas materiales (sociales y económicas) en áreas como trabajo, previsión, salud, educación, vivienda, transporte público y medioambiente, mediante dos mecanismos que van a la par de manera dialéctica: la organización social de lo particular a lo general, de lo comunal a lo provincial, de lo regional a lo nacional, con la asamblea y el federalismo como metodologías orgánicas; y por medio de la presión social ejercida en las calles por las organizaciones populares que lo compongan abarcando un abanico de opciones operativas de la movilización social: marchas, mítines, volanteo, actividades político-culturales, foro-debates, talleres, barricadas, recuperaciones, y técnicas de autodefensa y violencia revolucionaria de masas como mecanismos de resistencia a la represión y terror del sistema imperante. Es decir, las transformaciones estructurales y avances en reformas político-jurídicas necesarias para romper con la herencia dictatorial-neoliberal deben surgir desde el movimiento popular y ganarse en el campo social; en el caso de que el frente social de masas apueste por la dualidad de hacer política desde lo social y desde lo electoral-institucional, se debe mantener su autonomía de clase supeditando el componente electoral al sociopolítico enraizado en las organizaciones de base. Pero sin duda que esto no será fijado por decreto, sino que se verá en la praxis, en las disputas ideológicas, tácticas, programáticas y estratégicas de las diversas fuerzas políticas que lo compongan; por lo cual dependerá en gran medida de la capacidad de referenciar y tendenciar que las/os militantes de sectores políticos comunistas anárquicos[iii]- en particular- y libertarios- en general-, tengamos al interior de las organizaciones de base, de un posible frente social de masas y del movimiento popular en su conjunto.

En torno al debate abierto al interior de las/os comunistas anárquicos y las/os libertarios: disputa democrática v/s disputa revolucionaria.

Más arriba ya hemos dado luces de nuestra posición respecto a las Elecciones 2013 y la táctica electoralista al interior de los sectores de izquierda, clasistas y potencialmente revolucionarios. Ahora queremos abocarnos particularmente a lo que ha estado sucediendo al interior de nuestro sector político comunista anárquico, en particular, y libertario, más amplio, en lo sociopolítico. En primer lugar, este posicionamiento no se refugia en lecturas estáticas y a-históricas de la lucha de clases y la realidad social, como ya se ha dejado entrever más arriba; no establece lecturas idealistas como pueden ser las puristas-moralistas, principistas y/o dogmáticos. No desea abrir un debate que ya está en curso y del cual, humildemente pensamos, se deben tomar posiciones al respecto. No deseamos revelar una suerte de verdad absoluta, de orden metafísico o mesiánico frente a qué es ser anarquista y/o libertario y qué no lo es (o cuando se deja de serlo); tenemos bien presente que hay lecturas diferentes con una flexibilidad táctica en base al diagnóstico y a la estrategia del período que haya tomado tal o cual organización o plataforma de trabajo, es decir, existen praxis distintas; esto sin duda ha sucedido en la historia de la izquierda en general y del movimiento anarquista/libertario en particular. Sin duda, como movimiento, nos hemos hecho más conocidos por nuestra coherencia entre medios y fines, que por una política homogénea. Es por esto que nuestro posicionamiento no contiene la equivocada tendencia de confundir los principios con la táctica o estrategia, sino más bien se articula a partir de la necesidad de mostrar una línea de soporte del trabajo político que hemos venido desarrollando un amplio sector anarquista/libertario y que se ha visto emplazada frente a las postura tomada por la ‘Red Libertaria’[iv] al interior del movimiento. Esto último, sin duda, se debe a la falta de estrategia que ronda en gran parte del movimiento. La tarea a nuestro juicio para el período que se abre con la segunda década de este siglo XXI, es plantearse tácticas, lineamientos programáticos y estrategia unitarias al interior del movimiento anarquista/libertario, que tengan la ardua tarea de llevar a otra etapa la Lucha de Clases en Chile posicionando el clasismo libertario como un referente gravitante dentro del movimiento popular, teniendo en cuenta los últimos avances en materia de lucha reivindicativa de un no menor sector de trabajadores y de otros sectores en lucha en el territorio del Estado chileno.

Respecto al debate y a la opción táctica-estratégica denominada Ruptura Democrática tomada por un sector del movimiento comunista anárquico/libertario, reflexionamos los siguientes puntos:

1.- Ruptura Democrática v/s Ruptura Revolucionaria como horizonte estratégico: estamos conscientes que la ruptura democrática es entendida a nivel coyuntural y táctico como socialización de un programa de gobierno, pero que sobretodo es una estrategia para el período a construir. Sin embargo, ante esta estrategia entendemos que las/os comunistas anárquicos y libertarios debemos oponer el horizonte estratégico de la ruptura revolucionaria, desde las bases y por fuera de la institucionalidad burguesa estatal del gobierno y parlamento, oponiendo como estrategia el clasismo libertario.

2- Construcción social de pueblo organizado desde las bases: apostar por la democratización profunda y radical barriendo con las burocracias al interior de las organizaciones populares y de clase en base al método de democracia directa, asamblearismo y federalismo, para no sólo dotarlas de perspectiva clasista libertaria, sino que además transformando su lógica vertical-autoritaria, por una horizontal y antiautoritaria, en búsqueda de cambiar sus estatutos orgánicos. Abogar por la unidad de las luchas (multisectorialidad), por el diálogo fraterno desde estas mismas luchas al interior de nuestro movimiento. Por último, desarrollar la capacidad de avanzar en procesos de autogestión social en el seno del movimiento popular.

A modo de conclusión, bajo un análisis materialista histórico retrospectivo, planteamos que no debemos ilusionar a las masas con la vía electoral, ya que esto sería insistir en un experimento político que fracasó, lo cual implicaría llevarlas al matadero, como sucedió con el Golpe de Estado en 1973, donde se barrió con las esperanzas de democracia socialista.

Con la derechización del Partido Comunista, queda vacante un espacio político que sectores de izquierda pretenden copar apostando a la lucha electoral e insistiendo en la ‘vía democrática’, sin asumir los aprendizajes que, a nuestro juicio, nos deja la historia del movimiento popular en Chile.

Finalmente, reflexionar sobre el quiebre que ha provocado en el movimiento comunista anárquico y libertario la estrategia de ruptura democrática y la táctica de apuesta electoral del movimiento TALM [Todas/os a la Moneda] y la candidatura de Marcel Claude. Planteamos al sector que ha optado por esta vía, reflexionar sobre los costos y oportunidades que ha tenido (y que seguirá teniendo) el asumir esta postura en la actual coyuntura electoral, precipitando un quiebre político justamente en un momento de acumulación de fuerzas y experiencias de lucha a nivel social y sociopolítico, estancando e hipotecando, en cierto grado, el crecimiento cualitativo y cuantitativo de las mismas. Una lectura idealista, dejando en segundo plano el materialismo histórico, ha llevado a querer transformar la realidad social no sólo de abajo hacia arriba, sino también desde arriba hacia abajo. Esta lectura privilegia la apuesta por las transformaciones políticas, las que al abrir el cerrojo institucional permitirían el rearme orgánico del movimiento popular y el avance en sus reivindicaciones socioeconómicas.

Esta división de aguas ha desnudado la falta de correlación de fuerzas al interior de nuestro movimiento, así como la ausencia de organizaciones sociales, sociopolíticas y políticas con una clara perspectiva clasista libertaria. La subjetividad política de nuestra clase trabajadora y del conjunto del pueblo no ha cambiado significativamente, como para aventurarse en proyectos que ni siquiera colocan como componente central el clasismo y el anticapitalismo. Estas apuestas pueden inclinar la balanza hacia una salida socialdemócrata al creciente conflicto social y lucha de clases en el Chile actual, desplazando la vía de ruptura revolucionaria; y es en este sentido que se puede esbozar que su planteamiento programático es más propio de la colaboración de clases que de la lucha de clases.

Para cerrar, hacemos un llamado a los grupos, militantes, referentes y sujetos de nuestro movimiento comunista anárquico y libertario (a nivel regional y nacional) a entrar en un proceso de profundo debate fraterno en pos de la refundación orgánica del Comunismo Anárquico en Chile, con el objetivo de establecer lineamientos tácticos, programáticos y estratégicos unitarios y comunes transversales, que permitan posicionarnos como un referente sociopolítico gravitante al interior del movimiento popular que permita llevar a otro nivel la Lucha de Clases en el territorio del Estado chileno.

Frente Anarquista Organizado -FAO-

¡¡Construyendo Autogestión Social desde  las bases para la Lucha de nuestra Clase!!

Notas

[i] Ex pacto Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó por 20 años Chile (1990-2010). Desde este año 2013 suma al PCCH [Partido Comunista de Chile] y al MAS [Movimiento Amplio Social] convirtiéndose en pacto ‘Nueva Mayoría’.

[ii] Nos referimos al último ‘Estudio Nacional de Opinión Pública’ (Septiembre-Octubre 2013) del Centro de Estudios Públicos [CEP] de Chile, con experiencia en estudios desde 1987. Más información en: http://www.cepchile.cl/

[iii] El término ‘comunista anárquico’, para el caso, lo entendemos como sinónimo de: ‘anarquismo de lucha de clases’, ‘anarquismo organizado’, ‘comunismo libertario’ o ‘anarco-comunismo’. Refiere a la unidad político-ideológica característica de una organización política. En cuanto al término ‘libertario’, lo entendemos con mayor amplitud que el anterior y referente más que todo a la unidad táctica y programática, a la vez que una metodología de construcción social en el seno del movimiento popular.

[iv] Para conocer esta posición, revisar el comunicado público disponible en: http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-publica-de-la-red-libertaria/

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