Bienvenida a la lucha, clase media

Por una revolución cultural dentro y fuera del sindicalismo.

Por David García Arístegui

«Hay sindicatos de pilotos de avión, de médicos, de policías, de funcionarios de prisiones y de conductores de metro. Pero quienes realmente necesitarían una organización que vele por sus derechos, como las personas sin papeles, trabajadoras domésticas, todo el universo del sector servicios… no tienen organizaciones específicas ni de referencia. Y tenemos unos sindicatos de clase que, en el mejor de los caos, ignoran los sectores donde no pueden sacar delegados sindicales, y por tanto, horas sindicales y subvenciones estatales. Los sindicatos hace décadas que abandonaron a los sectores más fragmentados (donde es muy raro el que se puedan impulsar elecciones sindicales) y a las personas sin empleo remunerado. Y así les va».

La cosa está muy mal (una introducción)

El momento en el que escribo este artículo es bastante peculiar en mi vida. No me pagan desde hace meses en mi trabajo, precisamente en un período de mi vida en el que por primera vez desde que acabé la carrera no estoy en un sindicato. Justo cuando más necesitaría una organización especializada en la defensa de los intereses de las y los trabajadores, me encuentro partiendo casi de cero con otros compañeros y compañeras, impulsando asambleas y redes de apoyo mutuo, por desgracia desde fuera de las distintas organizaciones y facciones enfrentadas que revindican ser las herederas de la Confederación Nacional del Trabajo – CNT.

La acuciante falta de dinero y la angustia que provoca el no saber que va a ser de tu vida a corto y medio plazo hace que se observe todo lo relacionado con la política y el 15M bajo un prisma distinto. Después de la Acampada de Sol, de la articulación del movimiento en los barrios y de las distintas Mareas queda la impresión de que el discurso y las formas del 15M no parecen calar en la realidad laboral de este país. Hablamos de una realidad cada vez más y más precaria, con la impensable cifra hace sólo unos años de más de seis millones de personas sin ningún empleo remunerado.

¿Qué nos pasa?

Pero la situación tan grave que vivimos no hace que se busquen formas colectivas de lucha en todo lo relacionado con lo laboral, más bien al contrario. En su capítulo para el libro colectivo ¿Y ahora qué? Impactos y resitencia social frente a la embestida ultraliberal Paloma Monleón nos recordaba que «en los sectores más precarizados, las formas colectivas de negociación han alcanzado su práctica desaparición, sustituidas por procesos individuales de pseudo-pacto entre las dos partes. (…) Estos cambios se reflejan en la conciencia de las personas. (…) Se configura una conciencia de individualidad, opuesta a los referentes colectivos tales como la noción de clase social». Esta nula conciencia colectiva podría explicar la fiebre dentro de la clase media sociológica por las iniciativas de auto-empleo y en emprendizaje, pero no nos vamos a extender más en este punto.

Volviendo a las luchas colectivas, siempre me ha fascinado el que las críticas más ácidas y más duras a los sindicatos suelen provenir de gente que jamás ha estado en uno de ellos y, por tanto, son realizadas desde un desconocimiento total. Recientemente Pablo Iglesias, un académico sin filiación o actividad sindical conocida, elaboraba un listado de empleos y situaciones vitales supuestamente atípicas (de teleoperadores a sin papeles, de falsos autónomos a prostitutas) para llegar a la conclusión que “esos son los de abajo y sólo la miopía de cierta izquierda puede insistir en agruparles a todos bajo la etiqueta de obreros e invitarles a afiliarse a los sindicatos (ojalá pudieran). Muchos de ellos ni siquiera pueden ejercer su derecho a la huelga”.

A la clase media no le gustan los sindicatos

Pablo Iglesias no es el único que ha realizado críticas poco rigurosas al sindicalismo desde el ámbito del 99% o los de abajo -no nos atrevemos a calificarles ya simplemente como «izquierda»-. En el texto ¿Son las Mareas un nuevo Sindicalismo? se planteaba que «se da la paradoja de que cuanto más estructurada y potentes son las estructuras sindicales tradicionales en los servicios públicos, más difícil es que estas dinámicas de las Mareas se desarrollen por completo». Pero la realidad es muy tozuda y ha desmentido esa peculiar caraterización de la realidad sindical de las Mareas: la huelga que convocó CGT al margen de CCOO y UGT en el sector de la Educación se suponía que iba a ser la oportunidad de la Marea Verde para demostrar su fuerza. Pero por desgracia el resultado de la huelga fue un fracaso absoluto, produciéndose una huelga testimonial y sin ninguna repercusión. Y si hablamos de la Marea Blanca (Sanidad) quien ha convocado las huelgas y ha marcado los tiempos de estas ha sido una nueva organización, AFEM, que aunque sea la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid es en realidad… un sindicato. Precisamente por ser una organización sindical (corportativista eso sí) es por lo que puede convocar huelgas.

Para hablar de las organizaciones sindicales puede ser muy útil leer un poco de historia. Y además para ello no es necesario irse muy lejos, de hecho, basta con un ejemplo muy cercano, que es recuperar la historia de la antes aludida CNT. Es totalmente recomendable la lectura del libro de Chris Ealham “La lucha por Barcelona – Clase, cultura y conflicto 1898-1937” (hay un buen resumen en Diagonal). En sus páginas Ealham nos recuerda como la CNT controlaba las bolsas de trabajo para las personas en paro. La CNT, con un 40% de paro entre su afiliación, intentaba en los sectores donde tenía poder el forzar a los patronos la contratación de parados de sus bolsas de trabajo, o bien remuneraba con una paga diaria de un obrero manual semi-cualificado actividades como la pegada de carteles o la participación en piquetes. Estas actividades suponían toda una escuela de activismo, con las que la CNT ganaba enorme influencia en los barrios y conseguía que los parados no hicieran de esquiroles durante las huelgas.

Además, la propia CNT amparaba e impulsaba la incautación o robo (según se mire) de frutas, verduras y pan para las personas sin recursos. Estas incautaciones podían hacerse de manera más o menos pactada a plena luz del día o bien se organizaban asaltos a almacenes y depósitos del puerto. Por último, la CNT creó un Sindicato de Inquilinos dentro de la organización y apoyó diversas huelgas y movilizaciones relacionadas con la vivienda, siendo la más grande la huelga de inquilinos de 1931 en la que participaron más de 100.000 personas (tengamos presente la demografía de la época). ¿Era más o menos difícil afiliarse a un sindicato como la CNT y hacer huelgas en los años 20 y 30 o hacerlo ahora?

Fuego amigo

César Rendueles planteaba hace años que “una de las respuestas más frecuentes a las que uno se enfrenta al abogar por la propiedad colectiva de los medios de producción viene a recordar lo desagradable que resulta compartir el cepillo de dientes o vivir en comunas. Curiosamente, nunca tarda en aparecer un compañero de viaje terriblemente contracultural que proclama la absoluta necesidad de compartir el cepillo de dientes y vivir en comunas”. Algo parecido pasa cuando se quiere defender a los sindicatos y explicar que son herramientas de lucha colectiva. En seguida aparecerá en prensa alguna actuación incomprensible de CCOO y UGT, para acto seguido saltar a los medios contrainformativos y redes sociales el enésimo comunicado de alguna organización anarcosindicalista, criticando esas actuaciones desde la irrelevancia política e impotencia sindical. Pero si es «difícil» el afiliarse a sindicatos o hacer huelgas no es sólo por los graves errores de estos sindicatos, todo esto también sucede porque la batalla de los sindicatos se perdió en la esfera cultural hace mucho.

Owen Jones ha escrito un magnífico libro sobre la demonización de la clase obrera, y en esa demonización la caricaturización y la deformación de la actividad de los sindicatos ha sido constante e implacable. De la PSV al escándalo de los EREs en Andalucía los sindicatos llamados mayoritarios han dado razones de sobra para su descrédito (el anarcosindicalismo a menor nivel también, como con el Patrimonio Sindical acumulado), pero la labor de zapa contra las organizaciones sindicales con el apoyo entusiasta de la izquierda posmoderna ha sido brutal. Hay estimaciones recientes que atribuyen un 71% del fraude fiscal a grandes patrimonios y empresas, pero los sindicatos en este país tienen la misma mala imagen que la CEOE. Y recibiendo “fuego amigo”, ya saben, textos como el de Madrilonia o discursos como el de Pablo Iglesias, que plantean que los sindicatos no pueden agrupar y ayudar a organizar a gente con problemas tan dispares como funcionarios, trabajadores del sector servicios, personas en paro o falsos autónomos. La clase media en los sectors sin sindicatos corporativistas y por desgracia gran parte de la clase trabajadora fragmentada y precaria desprecian a los sindicatos. De acuerdo, entonces… ¿donde hay que practicar el apoyo mutuo y la solidaridad, si no es en algo parecido a organizaciones sindicales?

Creo que hay que apostar por espacios por fuera de los sindicatos al uso no porque considere que las organizaciones de trabajadores/as no sirvan, si no porque constato con horror que, al haber perdido la batalla cultural y ser depreciados incluso por la clase trabajadora, se han apropiado de los sindicatos quienes no debían. Hay sindicatos de pilotos de avión, de médicos, de policías, de funcionarios de prisiones y de conductores de metro. Pero quienes realmente necesitarían una organización que vele por sus derechos no son las y los trabajadores cualificados si no las personas sin papeles, trabajadoras domésticas, todo el universo del sector servicios… esas personas no tienen organizaciones específicas ni de referencia. Y tenemos unos sindicatos de clase que, en el mejor de los casos, ignoran los sectores donde no pueden sacar delegados sindicales, (que implican las preciadas horas sindicales y aún más preciadas subvenciones estatales).

Los sindicatos hace décadas que abandonaron a los sectores más fragmentados (donde es muy raro el que se puedan impulsar elecciones sindicales) y a las personas sin empleo remunerado. Y así les va. Queda lejísimo la clarividencia de la CNT barcelonesa, que tenía muy claro que el amparar y organizar a los sectores más castigados de la sociedad la impulsaba como la organización hegemónica de la clase trabajadora, tanto en lo laboral como en lo cultura. Su prestigio y capacidad de movilización eran incuestionables, todo lo contrario a lo que sucede ahora con esas churreras de delegados sindicales a los que todavía llamamos “sindicatos”. Ahora la CNT se autoexcluye de las elecciones sindicales y renuncia a las prebendas estatales de horas sindicales y subvenciones. Pero sigue atravesando una travesía en el desierto a nivel sindical y organizativo que parece no tener fin, al quedarse como un sindicato en tierra de nadie.

La revolución no es divertida

El cambio no parece que vaya a surgir desde las organizaciones sindicales al menos a corto plazo. Mientras sigan intentando que la realidad se adapte a sus decimonónicos estatutos (y no al revés, que sería lo más razonable) su autismo y e inercias imposibilitan de momento cualquier tipo de cambio de largo alcance. La evolución y reubicación de los sindicatos como verdaderas herramientas de lucha debería surgir de la onda expansiva de la explosión de lo que fue la Acampada de Sol y el 15M. Una vez que se ha vuelto a los barrios y que se ha articulado la solidaridad en temas como el de vivienda y el drama de los desahucios, es el momento de impulsar organizaciones de apoyo mutuo y solidaridad en los centros de trabajo y en las sedes del INEM.

Pero para ello también tiene que haber un cambio cultural, y en estos momentos la situación no parece muy buena. El historiador de derechas Stanley Payne ha realizado unas declaraciones hablando de que en España “la expresión del nuevo radicalismo occidental es de tipo cultural. Al contrario de los antiguos revolucionarios políticos, estos nuevos revolucionarios culturales no pretenden cambiar las estructuras políticas, sino la identidad individual”. Y hay ideólogos que en sus textos confirman los argumentos de Payne, con ideas como “la política no es en primer lugar un asunto de denuncia y concienciación, porque no hay gota que colme el vaso y lo malo se puede tolerar indefinidamente, sino una especie de cambio de piel por el cual nos hacemos sensibles a esto o alérgicos a aquello. No pasa por convencer (discurso) o seducir (marketing) sino más bien por abrir todo tipo de espacios donde hacer una experiencia de otra forma de vida, de otra definición de la realidad, de otra visión del mundo».

Ejemplos como estos al hilo de las voces más hiperactivas en internet y redes sociales son inumerables. Cuando entrevistan al autor de “La revolución divertida” Ramón González-Férriz este plantea que las últimas movilizaciones “no son verdaderos actos revolucionarios, sino «revoluciones divertidas», actos destinados más a aparecer en los medios masivos que a cambiar la política. Como en los sesenta, aunque ahora internet tenga el mismo o más peso que la televisión”. En blogs de activistas y personas relacionadas con el 15M encontramos afirmaciones como “y me quiero divertir. Me quiero divertir dentro de mi enojo, que es una brasa interna con la que no me va a hacer falta llevar carbón (para la barbacoa); (…) Pero cuando hacemos cosas juntas, y nos divertimos, es cuando se nos apetecerá de cierto volver y reunirnos con esas personas, en otros espacios, en otros colectivos, en el barrio o en el stop desahucios”.

Propuestas

Tanto si se está dentro o fuera de un sindicato el pegar carteles, ayudar a comprender un convenio, gestionar una bolsa de trabajo o participar en un piquete no son actividades divertidas ni “cool”. O por lo menos, son mucho menos divertidas y “cool” que conseguir un Trending Topic en Twitter, escribir artículos en blogs y medios digitales, asistir a encuentros tipo #15MP2P o participar en concentraciones ilegales o escraches. Pero las acciones vinculadas al mundo de lo laboral y las personas en paro son acciones y prácticas abolutamente imprescindibles si nos tomamos el cambio social mínimamente en serio. Tanto como el recoger firmas para una ILP -algo extremadamente tedioso y para lo que hay que armarse de paciencia- como poner el cuerpo para parar un desahucio, exponiéndose uno a agresiones por parte de la policía e incluso detenciones.

Quiero ser muy claro en esta parte para que no haya malos entendidos: no revindico ni el martirologio para el activismo ni una militancia aburrida, plana y gris. Pero también es algo algo muy poco divertido que en acciones relacionadas con el 15M la policía te golpee o te detenga. Hay que conseguir que la gente no sólo se movilice cuando la desahucian o que se plantee lo laboral cuando ya la han despedido, es decir, cuando le afecte algo directamente. Pero además no practicar un activismo a la carta: hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero, así es prácticamente imposible articular cualquier tipo de lucha colectiva. La PAH y las asambleas de vivienda han conseguido que los desahucios, que se vivían como un problema estrictamente personal, ahora ser perciban cada vez más como probleamas sociales, colectivos. Hay que ir dando pasos para que suceda lo mismo con los despidos, la desaparición de los convenios colectivos, las empresas con expedientes de regulación de empleo, con las y los parados de larga duración… En definitiva, el incidir en lo laboral es ir a la raíz de problemas como los desahucios, que es efecto de causas relacionadas con que las personas tengan que vender su fuerza de trabajo.

Como se decía en un texto muy lúcido, que no suceda más que “si a un camarero le cuesta identificarse con la clase obrera no es porque ésta no pueda representarle (pudo hacerlo en el pasado y lo hará en el futuro) sino porque una legión de teóricos le dice que no debe identificarse con ella”. Situaciones al menos tan complejas como la actual ya fueron superadas con apoyo mutuo, imaginación, compromiso y solidaridad. Es el momento de que el 15M empiece a implicarse directamente en las luchas relacionadas con lo laboral.

Finalizaremos con un homenaje, recordando lo que decía aquella mítica pancarta de unos piqueteros en la convulsa Argentina del 2001, con una situación muy similar a la nuestra: bienvenida a la lucha, clase media. Si en necesario un sindicalismo para los sectores más precarios, sin papeles y gente en paro hay que tender también la mano a la clase media, y esperando que no caigan en la tentación del sindicalismo corporativista. Las gentes de la clase media también venden su fuerza de trabajo y por lo menos desde el 2008 están comprobando que también se quedan en paro y que, por supuesto, también los desahucian.

Los de abajo y la clase obrera (aportación al debate con Pablo Iglesias y Nega)

El libro de reciente publicación ‘Chavs. La demonización de la clase obrera’, del periodista británico Owen Jones y publicado en el Estado español por Capitán Swing, ha tenido la virtud de devolver al debate público la cuestión central de la clase en nuestras sociedades capitalistas, que desde el ICEA también hemos intentado abordar en algún aspecto recientemente, como en este trabajo del compañero Gaspar Fuster (1).

Por nuestras latitudes, el libro ha generado un interesante debate. Pablo Iglesias lo abría hace unas semanas con un artículo (2), al que contestaba Nega posteriormente (3). Hay que agradecer a ambos abrir un debate que algunos consideramos crucial para las posibilidades de la transformación social, e intentaré a continuación aportar algunos elementos que veo necesarios.

El mítico “fordismo”

Comparto con Nega que Iglesias se deja llevar por un cierto lugar común (que Nega identifica con la “izquierda postmoderna” o “negrista”) que viene a decir en resumidas cuentas que ya no sirve la identificación de la clase obrera con los trabajadores fabriles del sistema fordista, y que por lo tanto el concepto de clase obrera pierde sentido para muchas y diferentes realidades de trabajadores caracterizadas por la “precariedad”. A esto responde Nega, correctamente, que “la precariedad —aunque según algunos autores pudiera parecerlo— no es ninguna novedad ni el último grito en las relaciones laborales”, y que es un error pensar “que la clase obrera es únicamente un tipo con mono azul que fuma ducados”.

Puedo añadir que, mientras que es cierto que la extensión de la clase obrera es restringida asiduamente por casi todo el mundo por los más variados motivos, no conozco absolutamente a nadie que la restrinja exclusivamente a unos obreros fabriles mitificados, excepto precisamente quienes mantienen una línea similar a la de Iglesias. De hecho, aquellos que “llegan al orgasmo cuando trabajadores sindicados de los astilleros o de la minería defienden con sus familias los puestos de trabajo y a sus comunidades frente a los antidisturbios”, en palabras de Iglesias, alcanzan su clímax con un oficio como el de minero que, si nos ponemos estrictos, no es “fordista”.

Quizá el equívoco se puede deber a seguir la teoría de unos intelectuales que suelen proceder precisamente de lugares donde el capitalismo industrial alcanzó unos niveles muy superiores a los del Estado español, como norte de Italia, Francia, Inglaterra o Alemania. Quizá allí el peso político del proletariado fabril fue mayor que aquí, y la adjudicación de su papel de vanguardia resultó más extendido, a lo que le podemos añadir un mayor peso de interpretaciones restrictivas de los escritos de Karl Marx.

Pero desde luego en el Estado español esto es más dudoso. No se puede negar que el proletariado de las fábricas tuviera su peso como uno de los sectores más organizados, pero como sugiere Nega, no fue el único. Por no hablar de que aquí la época dorada de la organización proletaria no fue ninguna época “keynesiana” (concepto que se suele confundir con el “fordismo”, que comienza anteriormente) sino el primer tercio del siglo XX.

Un repaso de cualquier documento histórico muestra la variedad de la “vanguardia obrera”. Por ejemplo, el registro de sindicatos asistentes al Congreso de la CNT de 1936 muestra la presencia de una pléyade de sindicatos no precisamente fordistas ni industriales, como un sindicato de obreras del hogar de Cádiz (775 cotizantes), sindicato de vendedores ambulantes de Granada (156), sindicato de espectáculos públicos de Sevilla (507), sindicato de albañiles de León (440), sindicato de barberos de Barcelona (838), sindicato de construcción de Barcelona (15.000), sindicato de camareros de Sant Feliu de Guixols (60), sindicato de gastronomía de Madrid (1.600), sindicato de porteros y porteras de A Coruña (205), y otros muchos ejemplos similares (4). De hecho, la lucha proletaria no sólo se daba en la producción sino, como señala por ejemplo Chris Ealham en su fantástico ‘La lucha por Barcelona’, en lo que Marx denominaba “formas secundarias de explotación”, con acciones generalizadas de huelga de alquileres, obstaculización de desahucios o expropiación de comercios, que cuando se practican ahora nos parecen “novedosas” cuando no lo son en absoluto. En este sentido, merece la pena echar un vistazo al nuevo libro de David Harvey, ‘Rebel cities’, que pone como ejemplo la Comuna de París, de hace casi siglo y medio, como insurrección de un proletariado urbano muy variado.

Por otro lado, tanto Iglesias como Nega patinan al sugerir, el primero, que el sindicalismo hoy en día tiene que ver con el fordismo, y, el segundo, que quien tiene estudios universitarios no se sindica porque es (o se cree que es) clase media. Precisamente uno de los sectores más sindicalizados, dentro de la ridícula tasa de afiliación sindical en este país, es el sector público, donde el nivel de estudios es bastante alto comparativamente.

¿Clase media?

Al mismo tiempo que Nega acierta en algunas cosas, falla en otras. Si lo que él denomina “postmodernos” hacen uso de un lenguaje restrictivo al hablar de clase obrera, él comete el mismo error al meter en el saco de la “clase media” nada menos que a todos los estudiantes universitarios.

No negaré que el perfil del universitario español no se suele adaptar al de las capas más desfavorecidas de la sociedad (aunque también pueden provenir de ellas), pero identificar al 20%, 30% o porcentaje similar de trabajadores muy pobres con la clase obrera en su totalidad carece de rigor y también beneficia a la clase dominante.

Desde luego, una de las tareas pendientes de economistas y sociólogos es intentar definir qué es esa “clase media” en la que, según se desprende de la absurda versión oficial, estamos todos a no ser que estemos pidiendo limosna en la puerta de la iglesia o, en la otra punta de la pirámide, navegando en el yate de Botín. No hace falta ser un lince para darse cuenta del uso propagandístico del concepto de clase media, pero a falta de definiciones útiles por parte de quienes se supone que se dedican a estudiar estas cosas, intentaré aventurar una que se pueda adecuar a la realidad.

En primer lugar, creo que es correcto señalar que el concepto obrero tradicional de lo que es la clase media, que la identificaba con la burguesía cuando ésta no se había impuesto todavía a la aristocracia, ya no tiene sentido. En segundo lugar, podemos afirmar que sí es necesario identificar con el término a quienes se mueven entre la mayoría social, conformada por la clase trabajadora, y la clase capitalista, dueña de la mayor parte del capital productivo, comercial y financiero. Así pues, se podría decir que la clase media está formada por tres grupos: 1) Pequeña burguesía o propietarios de medios de producción con asalariados, con importancia marginal en el sistema económico;  2) Personas que obtienen altas rentas de su fuerza de trabajo y a la vez desempeñan roles intermedios directivos, de mando o de responsabilidad en las actividades políticas o económicas y 3) Personas que, asalariadas o no, obtienen una importante proporción de sus rentas en base a actividades especulativas o rentistas (alquiler de viviendas o locales, acciones en Bolsa…), siendo éstas marginales en el sistema económico.

Por lo tanto, la mayoría de estudiantes universitarios ni son hijos de la clase media ni pertenecerán a ella cuando accedan a un trabajo acorde a su formación (como los arquitectos que menciona Nega y que en su gran mayoría son proletarios y bastante mal remunerados). Menos todavía podemos decir que el grueso de participantes en el 15-M o en las Mareas forman parte de ninguna clase media.

El proletariado en sentido amplio

Para concluir, mi opinión es que lo importante no es cómo se llama a sí mismo el sujeto revolucionario. Si preferimos llamarnos “los de abajo”, “clase obrera” o “proletariado” es irrelevante. Como dice un compañero, el sujeto revolucionario “somos los que estamos jodidos y queremos cambiar las cosas”. Pero para saber dónde estamos y cómo podemos incidir para transformar la realidad, también es imprescindible darnos cuenta de que estamos jodidos, en gran parte, por nuestra relación con los medios de producción y reproducción de la sociedad. No los poseemos y nos vemos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo en forma de mercancía, o los poseemos sin explotar a nadie, como los trabajadores autónomos o cooperativistas, pero el resultado es similar al no poder competir con el poder oligopólico de la clase capitalista. Es esta situación la que nos hace sufrir de forma brutal las “formas secundarias de explotación” de las que hablaba Marx.

En este sentido merece la pena explorar la idea lanzada por Harvey en el libro antes mencionado:

“Las distinciones entre las luchas basadas en el trabajo y las basadas en la comunidad empiezan a desvanecerse, como también lo hace la idea de que clase y trabajo se definen en un lugar de producción aislado del lugar de reproducción social en el hogar. Aquellos que traen agua corriente a nuestras casas son tan importantes en la lucha por una mejor calidad de vida como aquellos que hacen las tuberías y los grifos en la fábrica. Aquellos que llevan la comida a la ciudad (incluidos los vendedores callejeros) son tan importantes como los que la cultivan. Aquellos que cocinan la comida antes de que se coma (los vendedores de maíz tostado o perritos calientes en las calles, o aquellos que trabajan como bestias en las cocinas de los hogares o en parrillas) añaden también valor a esa comida antes de ser digerida. El trabajo colectivo involucrado en la producción y la reproducción de la vida urbana debe por lo tanto ser fuertemente incorporado en el pensamiento y la organización de la izquierda. Distinciones anteriores que tenían sentido –entre lo urbano y lo rural, la ciudad y el campo- se han vuelto irrelevantes en los tiempos recientes. La cadena de suministro tanto hacia como desde las ciudades conlleva un movimiento continuo, y no tolera ninguna ruptura. (…)

Para terminar, mientras que la explotación del trabajo vivo en la producción (en el sentido amplio ya definido) debe seguir siendo central para la concepción de cualquier movimiento anticapitalista, las luchas contra la recuperación y realización de la plusvalía de los trabajadores en sus espacios de vida tienen que recibir el mismo estatus que las luchas en los diferentes puntos de la producción de la ciudad. Como en el caso de los trabajadores temporales e inseguros, la extensión de la acción de clase en esta dirección plantea problemas organizativos. Pero también ofrece innumerables posibilidades”.

Urge, en definitiva, reconstituir el proletariado en sentido amplio, que como hemos visto no es nada nuevo sino una idea “tradicional”. No tiene sentido negar las múltiples diferencias culturales, étnicas o de nivel de vida que existen dentro de nuestra clase, que siempre han existido, sino de examinar cómo se pueden acoplar esas diferencias en base a todo lo que nos une, para desde ahí poder plantear nuestra táctica y estrategia, como clase, para avanzar hacia la democracia política y la democracia económica, imposibles la una sin la otra.

Eduardo Pérez

Miembro del Instituto de las Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA)

1. http://iceautogestion.org/attachments/article/541/metrica-gaspar.pdf

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=540%3Aevolucion-y-cambio-en-la-clase-trabajadora&catid=19%3Anoticias&lang=es

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=514%3Arecomposiciones-de-poder-entre-clases&catid=19%3Anoticias&lang=es

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=512%3Asalir-del-aislamiento&catid=19%3Anoticias&lang=es

2. http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/291/quienes-son-los-de-abajo/

3. http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/63046-la-clase-obrera-hoy-canis-e-inform%C3%A1ticos-respuesta-a-pablo-iglesias.html

4. http://www.acracia.org/G797a132Calero.pdf

De armas, soberanía individual y revolución

*No hay año en que uno no despierte con una noticia a toda página anunciando una nueva masacre en los EEUU como consecuencia, en la mayoría de los casos, de la enajenación de uno o más individuos que, imbuidos no sé sabe muy bien por qué, acribillan a un grupo de estudiantes en la entrada principal de una High school, de una conferencia cualquiera, o que, conformados en secta religiosa o de otra índole, llevan a cabo actos tan disparados como terribles. Tampoco se pueden olvidar las miles y miles de muertes que se producen en los ambientes más marginales de todas y cada una de las urbes del país de la Libertad, centrándonos en el mismo territorio por ser el más paradigmático dentro del imaginario occidental, que no son sino la prueba palmaria de la desigualdad capitalista; o así también, y nuevamente resaltando entre estos las zonas más infectas de miseria y podredumbre, todos los delitos, grandes o pequeños, que la mayor de las veces se saldan con algún malherido o muerto. En todas ellas, amén de la locura de unos y de la desesperación de otros, hay un factor común: el empleo descarnado de armas de fuego, consecuencia directa de su fácil adquisición.

Una vez dicho todo lo anterior con la intención de poder evitar recaer en estos puntos comunes al debate armamentístico, me centraré en la posible relación del derecho –es esta una de las palabras que menos soporta mi escaso vocabulario– a portar armas con dos aspectos la mar de ácratas: la soberanía individual y la revolución.

En primer lugar, la soberanía individual, según yo la entiendo, comprende, he de decir que en una concepción bastante alejada de la noción más allegada a una suerte de derecho natural, la capacidad que tiene el individuo para llevar sus propios asuntos, bien económicos, bien espirituales, por poner algunos ejemplos, sin injerencia de otros sujetos o de, principalmente, la sociedad en la que se desenvuelve; pero no sólo eso, sino que también abarca la disposición que posee uno para enfrentar a la misma sociedad en un determinado momento de flagrante autoritarismo. El poeta Dagerman describe esto último con más elegancia y gracilidad que yo en su testamento filosófico [1], casi recitándonos: «El mundo es más fuerte que yo. A su poder no tengo otra cosa que oponer sino a mí mismo, lo cual, por otro lado, lo es todo. Pues mientras no me deje vencer yo mismo también un poder. Y mi poder es terrible mientras pueda oponer el poder de mis palabras a las del mundo […]». Oponer el poder de mis palabras a la sociedad, al mundo; en una palabra: enfrentar mi pensamiento a los elementos externos a mí y que pretenden cohibir mi acción o mi pensamiento. De esta conclusión se desprende una noción consustancial al ser humano: la libertad absoluta de expresión de las ideas, así como de reunión, culto, asociación, petición, etcétera.

Pero quedarse aquí sería, cuanto menos, hipócrita. Hipócrita porque, a pesar de verme reflejado en la tradición que hace más hincapié en la educación, la experimentación, la confrontación de ideas, etc., es decir, en el evolucionismo como método para llegar a otro estadio social e individual más justo, no puede desligarse de ninguna manera la libre expresión del pensamiento de la confrontación directa y violenta del individuo, ya sea aislado o en comunión con otros, al Estado o a la sociedad misma. Si las gentes se hayan inermes frente a un orden social injusto y no poseen capacidad de igualarse a la fuerza opresora, ese pueblo está condenado a perecer bajo el yugo de la iniquidad, a menos que el ejército, el cual es reaccionario por genealogía, buscando sus propios intereses, hecho bastante plausible éste, haga coincidir estos con los de la población. Si, por el contrario, tuviesen capacidad de abastecerse individualmente para después organizarse de la forma que fuere, se abriría un maremágnum de escenarios posibles. Y he aquí lo que tienes de más pésimo del asunto, a saber: que lo mismo que sirve para las ideas progresistas –no me refiero al progresismo parlamentario ni nada por el estilo, evidentemente– también sirve para las retrógradas. Aunque tampoco es algo que debiera preocupar en demasía, pues es un problema bastante recurrente en la historia.

Así, el derecho individual a poseer armas pasaría a ser condición sine qua non para una futurible e hipotética revolución. ¿Cómo enfrentar si no a un ejército absolutamente profesionalizado y armado con las más altas tecnologías, en absoluto comparable al que había hace cincuenta, cien o doscientos años? ¿De dónde conseguir, en fin, las armas necesarias para llevar a cabo la querida Revolución Social, si es que a ésta se aspira en última instancia? Si bien pienso que de poco o nada sirve la liberalización de la compra y venta de armas en el marco actual desde un punto de vista revolucionario, que entiendo es el que podría interesar desde el anarquismo, sería deshonesto intelectualmente para conmigo mismo si no estuviese por su sanción y posterior dispensación, ya que se desprende lógicamente de una cosa la complementaria: de la libertad de pensamiento, expresión, culto, prensa y reunión se llega inexorablemente a la de acción, y de ésta se infiere así también la de comprar, vender y portar armas. No hay más vuelta de hoja. Se puede explayar uno cien folios con detalladas elucubraciones que la conclusión será siempre la misma.

Nada de nuevo hay en este razonamiento, al cual llegaron los revolucionarios americanos de forma resuelta y sin atisbo de miedo alguno, diferenciándose en esto, por ejemplo, de los franceses, quedando bien reflejado en la Primera y Segunda Enmienda de la Constitución de los EEUU, aunque no le confirieran un cariz exclusivamente revolucionario. Quizá si los franceses hubieran llegado a una conclusión menos timorata, ahora el Viejo Mundo revestiría un formato político bien distinto, y, quién sabe, puede que alguna que otra revolución peninsular o continental se hubiera consumado en favor de un orden más equitativo y libre.

Quedarían, no obstante, ciertas cuestiones importantes por esclarecer, mas por falta de espacio las plantearé sólo a modo de reflexión personal mediante sucintas preguntas. Por ejemplo, y si se da el caso de dar por buena la libre disposición de armas, ¿es ético que un anarquista reclame al Estado tal medida? Si así fuera, ¿cómo lo haría?  ¿La cuestión armamentística, para el revolucionario, se plantea como problema a corto o largo plazo? Si es a corto, ¿qué se está haciendo? Si es a lago, ¿qué se piensa hacer? En el caso de que no se acepte el tema en cuestión, ¿qué métodos y herramientas servirían para dar un vuelco al sistema imperante? ¿Bastarán las barricadas y los adoquines? ¿Se invadirán cuarteles a mano desnuda? Que ninguno va a vivir una revolución me parece evidente, pero eso no es óbice para que un asunto serio se deje a la intemperie del tiempo y del azar. En fin, queda esto último como ejercicio individual que espero sirva como acicate para meditar con profundidad sobre el tema.

*Antes de comenzar con la lectura del artículo creo necesario explicar el por qué de éste con brevedad y sin circunloquio alguno. Los motivos son dos bien dispares. En primer lugar, lo escribí por la necesidad personal de cerrar un tema que ha rondado mucho tiempo por mi cabeza y que por mi antimilitarismo no conseguía esbozar con satisfacción (y aún pienso que no lo he conseguido). Y, en segundo lugar, porque no he vislumbrado una posición concreta del anarquismo español más revolucionario respecto a este tema. Todos los que quieren una revolución violenta, supongo, deberían estar a favor; sin embargo, no he encontrado mucha literatura ni mucha reivindicación, de ahí que me haya decidido a escribir este pequeño texto. También porque, bien estaría, y si procede, se establezca un ameno debate en torno a este tema para clarificar posturas individuales y colectivas.

[1] Dagerman, Stig. Nuestra necesidad de consuelo es insaciable.

El concepto del Poder popular en el anarquismo

Origen

Desde hace algunos años se viene reivindicando el “poder popular” en diversos movimientos anarquistas latinoamericanos. Se trata de grupos generalmente vinculados a la corriente comunista libertaria (conocidos como plataformistas o especifistas) presente en numerosos países del mundo, y curiosamente ausente del anarquismo ibérico tradicional.

Se trata de un concepto “importado” del marxismo latinoamericano de los años 60 y 70 del siglo XX. En aquella época el marxismo en sus diversas facetas (guevarista, trotskista, leninista o hasta el socialismo de Allende) hablaba sobre la construcción de una base social tendente al socialismo. En esta construcción del socialismo se hablaba del poder popular. La Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y otros grupos argentinos aceptaron el término y lo fueron integrando en su quehacer político.

La FAU logró sobrevivir a la dictadura uruguaya (1973-1985), y en los 80 fue prácticamente el único grupo anarquista del Continente americano [1]. En los 90, lentamente, comienza a resurgir en diversos países americanos el anarquismo, y para entonces la FAU ya tenía un cierto bagaje social y político, por lo que pudo influir en la formación política anarquista de varios grupos de diferentes países.

En los últimos años es cuando este desarrollo se ha acelerado generando grandes organizaciones libertarias como la Federación Comunista Libertaria (Santiago de Chile), el Frente de Estudiantes Libertarios (Chile y Argentina), la Coordinadora Anarquista Brasileña o la Federación Anarquista Revolucionaria de Venezuela [2]. Éstos grupos y muchos otros no anarquistas adoptan la posición de la FAU sobre el llamado poder popular.

Concepto

El poder popular consiste en un “empoderamiento” colectivo. Empoderamiento es una palabra inglesa que viene a significar toma de conciencia de un poder que todo individuo tiene. Es un poder basado en la lucha y en la dignidad. Se trata de una comunidad que se “empodera” cuando a resultas de una lucha determinada logra una concienciación. Esta concienciación genera una expectativa de nuevas luchas (ya que se piensa que también será posible la victoria). Cuando se unen varias luchas, con sus victorias o su ejemplo histórico, en un solo movimiento (o comunidad en movimiento) podemos hablar de una comunidad que ha generado poder popular.

El poder popular, hace que el “pueblo sea fuerte”. El concepto de un “pueblo fuerte” también está presente en el comunismo libertario latinoamericano, y a menudo ha sido adoptado por los movimientos de liberación nacional. Se trata de que un pueblo empoderado, se convierte en un pueblo, o una comunidad, difícil de doblegar por los poderes estatales o capitalistas. Un pueblo con poder popular es un pueblo respetado. Se habrá llegado a otra etapa de la lucha social, puesto que ya tendremos a la vista la futura sociedad socialista.

El pueblo puede empoderarse mediante las luchas sociales, pero también por su construcción de alternativas que surjan desde el pueblo mismo. En este caso los diferentes procesos de autogestión a pequeña escala contribuyen a la idea de que una autogestión a gran escala es posible (es decir, la socialización de los medios de producción: el socialismo). Cuando se combina una politización general en la sociedad, con una serie de victorias que hayan animado a la gente a intentar ir a más, con unos cuantos proyectos autogestionarios que muestren el camino, entonces este poder colectivo puede llegar a ser verdaderamente revolucionario y le disputará el poder a quienes lo ostentan.

También habría que decir que se trata de un proceso acumulativo. Es decir, que cada victoria estará contribuyendo a alcanzar el objetivo final. Cada lucha se convierte en una acumulación de experiencia, de formación política, de debates, de campañas, que redundará en beneficio del objetivo. Con las luchas se irá viendo claro qué fuerzas políticas contribuyen a empoderar al pueblo y cuáles lo entorpecen y desvían de sus metas.

Ejemplos ibéricos

Para comprender un poco mejor los conceptos de construcción del poder popular pondré un ejemplo que no se suele asociar con estos términos. La Revolución Asturiana de 1934, que fue un proceso de acumulación de fuerzas del proletariado asturiano. Fue un proceso de años, en el cual mediante las huelgas, los boicots, las expropiaciones, los mineros y obreros autóctonos y foráneos que fueron tomando conciencia hasta llegar al año 1934 en el que todas las contradicciones de clase vividas dieron lugar a la huelga general revolucionaria de Octubre.

Los proletarios asturianos habían pasado un año entero lleno de un agudo conflicto de clase en el que se vivieron numerosos enfrentamientos armados, huelgas parciales y pequeñas insurrecciones a escala local, que generaron un ambiente de resistencia generalizado. Se podía decir que la gente le había perdido el respeto a la autoridad, que la desafiaba abiertamente de forma diaria, y que en cuanto tenían la ocasión imponían el poder de la clase obrera, como en la huelga de Gijón (septiembre de 1934), saltándose las prohibiciones gubernamentales al diario Avance (un diario socialista asturiano que favorecía la idea de la revolución social) o haciendo motines en la prisiones que acababan con presos armados y grandes fugas. Todo esto en medio de un proceso de armamento generalizado de la clase obrera (sólo en aquel año se habla de que los obreros asturianos compraron unas 10.000 pistolas con su salario; sin hablar de los numerosos robos de armas en armerías o expropiaciones de dinamita en las minas). El proceso que llevó a la Revolución Asturiana es un potente ejemplo de cómo un pueblo entero construía un poder popular.

Lo que quizás nos cueste más comprender es que en Asturias este poder popular estaba apoyado por los diferentes actores políticos de la izquierda (anarquistas, cenetistas, socialistas, comunistas y marxistas de izquierda) cada uno a su manera, pero todos sumando. Es por ello de reseñar que muy probablemente participaron unas 30.000 personas de entre una población obrera de alrededor de 120.000, lo que indica la magnitud del movimiento. [3]

Papel de los anarquistas

Tradicionalmente ha habido el debate en el seno del movimiento libertario sobre cómo enfocar el proceso que llevará a la revolución social (o al comunismo libertario). Por un lado están los que defienden un movimiento libertario fuerte, numeroso y bien formado que “dirija” al pueblo a la revolución y que convoque insurrecciones y huelgas hasta conseguirlo. Por el otro lado también habría numerosos anarquistas que defienden un pueblo organizado de forma libertaria siendo conscientes de que la comunidad, por ser numerosa debe ser necesariamente plural, y por ello buscando contribuir al conjunto con los métodos propios de los anarquistas, pero dentro de ese pueblo en lucha. Para éste sector el papel de una organización anarquista sería el de aglutinar a los distintos militantes que participan en los movimientos sociales para dotarles de una coordinación, y de una coherencia política propia para sus objetivos.

En el anarquismo ibérico, sin embargo, ha predominado siempre el anarcosindicalismo como forma organizativa de la militancia libertaria. Las organizaciones sindicales han sido siempre vistas como el eje vertebrador de todo el anarquismo, siendo el resto de organizaciones libertarias como apoyo de (y muchas veces supeditadas a) las organizaciones sindicales de masas.

De alguna manera en muchas de las comunidades en lucha latinoamericanas se puede respirar algo de este poder popular (comunidades zapatistas, indígenas, del MST de Brasil, de Oaxaca, comunidades venezonalas, poblaciones chilenas, etc.). Cuando se está en una de estas comunidades se tiene la impresión de estar en un lugar totalmente distinto al nuestro, regido por otras reglas. No quiere decir que se trate de comunidades anarquistas, sino que son lugares en los que «el pueblo manda». Aunque alguna comunidad de estas se parezca a la sociedad propuesta por el anarquismo, aún el movimiento libertario actual no ha logrado influir lo suficiente en los movimientos populares como para que haya comunidades en lucha inspiradas en el comunismo libertario. Es precisamente ahora cuando el anarquismo vuelve a la partida por un mundo nuevo.

Autor: Ali Bei, miembro de la Assemblea Llibertària del Bages

Publicado originalmente en catalán en ‘Pèsol negre’, número 60

Comunicado de Solidaridad Obrera (referente al comunicado del ex-sindicato Educatic)

Comunicado de Solidaridad Obrera

Ante la tergiversación, información

En Solidaridad Obrera hemos sufrido en los últimos meses un ataque continuado por parte de unas personas que creíamos compañerxs y que con su reciente actuación han demostrado no serlo.

Todo deviene de principios de año cuando ante una interpretación torticera de unas declaraciones de un compañero (José Luis Carretero Miramar), realizadas a título personal y sin representar al Sindicato, se llevan a cabo diversas acciones impulsadas por los hoy ex-sindicato, condenándolas pública y explícitamente como Federación Local de sindicatos (sin refrendarse ese acuerdo por los sindicatos que componen la FL como recogen los estatutos). Este hecho desata una crisis interna que se resuelve con diversas dimisiones y bajas y la convocatoria de un Congreso Extraordinario.

Para este Congreso se elaboran 10 ponencias que, se presentan en los plazos establecidos y que debaten en asamblea todos los sindicatos que conforman Solidaridad Obrera, adoptando los acuerdos que estiman oportunos y eligiendo también a los afiliadxs que les representen y defiendan sus acuerdos en el mismo.

Los que se auto-definen como ex-sindicato de Solidaridad Obrera, a pesar de ser impulsores de este Congreso Extraordinario, de haber presentado tres ponencias al mismo (que pretendían cambiar de arriba abajo la anarcosindical promoviendo una imitación de “centralismo democrático” anarquista con tres dirigentes máximos que se ocupasen de controlar la actividad y finanzas de toda la organización, vaciando de contenido y de poder de decisión a las asambleas de cada sindicato) conocedores de los acuerdos que van adoptando cada uno de los sindicatos no se presentan al Congreso Extraordinario, según su posterior comunicado “porque se les pasaría el rodillo”.

En el Congreso se ha demostrado que ese “rodillo” es la decisión de todas las asambleas, de todos los sindicatos que conforman la organización, que han rechazado sus tres ponencias decidiendo que no quieren iluminados que dirijan Solidaridad Obrera, que prefieren decidir entre todxs y tener derecho a equivocarse por sí mismxs. Resulta grotesco que quien no asiste al Congreso, máximo órgano de decisión del sindicato, acuse a todo el resto de la organización de autoritarismo e inmovilismo. Y que se acuse de falta de democracia a quienes defienden los acuerdos adoptados por las asambleas de sus respectivos sindicatos, es ya surrealista.

Que además, después de definirse como ex-sindicato se dediquen a utilizar los medios de Solidaridad Obrera, su pagina web, su lista de distribución y su twitter para arremeter contra la anarcosindical, lo único que demuestra es que en Solidaridad Obrera se dan las claves de acceso a todos los medios a todos los sindicatos e incluso a las Secciones, que como es el caso, no llegan a ser sindicatos siquiera. También demuestran que esquivando la legítima discusión de las determinadas posiciones que se puedan dar entre los sindicatos en el Congreso y distribuyendo posteriormente acusaciones falsas, se busca única y exclusivamente el descrédito y la difamación de Solidaridad Obrera.

Por todo ello Solidaridad Obrera pide disculpas por la confusión desatada a quienes haya llegado esta “información” del ex-sindicato Educatic, como si fuese difundida por Solidaridad Obrera, señalando que ha sido una maniobra de un miembro de ese ex-sindicato, especializado en informática, que al tener todas las claves de acceso y formar parte incluso de nuestro servidor de Internet, ha utilizado fraudulentamente todo ello para realizar esta campaña de difamación, impidiendo también el acceso a la web y twitter a los legítimos representantes de Solidaridad Obrera.

De lo debatido y acordado en el Congreso Extraordinario celebrado por Solidaridad Obrera el pasado 8 de junio se publicará el correspondiente cuadernillo para que cualquier trabajador interesado en conocerlo tenga dicha información.

A las organizaciones sindicales y sociales con las que Solidaridad Obrera mantiene relaciones también les pedimos disculpas por la confusión que esta extraña actividad ha podido generar, señalando que cumpliremos nuestros compromisos y actividad habitual sin problema alguno.

Madrid a 20 de junio de 2013

Por Solidaridad Obrera

La Federación Local de Sindicatos de Madrid

Comunicado final del exSindicato de Educación y TIC (Solidaridad Obrera)

Escribimos las siguientes líneas producto de una reflexión colectiva ante una serie de experiencias vividas recientemente en el mundo «libertario» por un colectivo de personas. Lo hacemos porque pensamos que de nada sirve lo vivido si no se reflexiona, y de algo, pero poco, serviría si no lo difundiéramos. Queremos compartir lo que sentimos que ha ocurrido en los últimos meses en el Sindicato de Educación y TIC (Educatic para resumir) dentro de la Confederación Sindical Solidaridad Obrera. Pero no como crítica ácida o como ataque envenenado sino para que entre todos/as superemos constructivamente los problemas que aquejan a movimientos sociales y organizaciones sindicales y libertarias.

Con esta acción pretendemos, por un lado, que dé lugar a debate, ya que muchos de los funcionamientos que describiremos más adelante, desgraciadamente, son comunes a lugares y tiempos del activismo en general. Por otro lado, destacar que este tipo de situaciones no sea la primera vez que se suceden consideramos que no es motivo para no ser difundidas. De hecho,animamos a toda la gente a que denuncie comportamientos y prácticas autoritarias en un movimiento que se denomina antiautoritario. Animamos a todos y a todas a no tolerarlas,y a algunos y algunas a que se planteen hasta qué punto la pasividad y el mirar hacia otro lado se convierte en numerosas ocasiones en colaboración con estas situaciones. Y sobre todo animamos a reflexionar sobre los perjuicios que causan.

El Sindicato de Educación de Solidaridad Obrera vivió con un «programa de mínimos» durante años a través de un grupo mínimo de 3-4 personas que se reunían muy irregularmente y cumplían lentamente los objetivos que se marcaban. La capacidad de ese pequeño grupo era reducida al no garantizar la continuidad de las reuniones (muchas veces salteadas durante espacios de algunos meses) y con un compromiso algo laxo para sacar adelante trabajo. Se consiguieron sacar un par de números del Tiza Libertaria, se intentaron organizar algunos videoforums, se asistía a las manifestaciones o concentraciones del 1 de Mayo, se dieron algunas charlas y se consiguió editar un libro («La A en la Pizarra», 2011).

Aproximadamente hacia 2011 se empieza a generar un cambio de escenario interesante en el que nueva gente se incorpora al grupo de Educación, gente proveniente de diversos ámbitos (desde otros sindicatos, desde otros ámbitos o movimientos, etc.) a tal punto que la sección se convierte en Sindicato saliendo de OOVV, tomando el nombre Educatic para integrar un amplio número de gente del sector TIC. Este nuevo grupo supera las 15 personas, comienza a gestionar con regularidad los pagos, las afiliaciones, etc. además de fijar reuniones regulares tanto de Educación, de TIC como conjuntas. El crecimiento genera cambios y una persona que había estado militando durante los años anteriores deja de venir a las reuniones y otras lo hacen de manera más irregular mientras que algunos de los nuevos miembros tiran del carro y militan activamente.

Este cambio también se ve y se nota dentro de Solidaridad Obrera, ya que estas personas del sindicato de Educatic van tomando, tanto porque quieren como porque se les da, responsabilidades diversas en el sindicato:

• Permanencias fijas y regulares en el local (todos los miércoles por la tarde)

• Responsabilidades de la gestión y organización de la comunicación virtual del Sindicato y de la confederal (página web, etc.)

• Organización de la biblioteca (usada de trastero y sin dar salida a los libros)

• Organización e implicación directa con el proyecto de la Asamblea de Apoyo Mutuo

• talleres de formación (informática), charlas, proyecto de cineforum, grupos de lecturas…

• La vuelta del Tiza Libertaria tras mucho tiempo sin publicarse

• Participación en diversas manifestaciones para las cuales se elaboró material propio de carácter anarcosindicalista, así como en concentraciones y acciones contra despidos tanto en el sector de Educación como en el de TIC.

• Se abrieron nuevos canales de comunicación con colectivos hasta ese momento ignorados y se intentó realizar una labor sindical de base en los centros en los que se tenía presencia.

Esta participación también se refleja en cosas como que ir a pegar carteles deja de ser algo a lo que acuden tres personas ó que a las reuniones de la Federación Local empiezan a acudir bastantes más personas que las tres ó cuatro que venían acudiendo en los últimos años. Cabe señalar que todo lo mencionado arriba se enmarca dentro de los acuerdos tomados por democracia directa, que no por votación, en el VI Congreso de Solidaridad Obrera en los puntos referidos a Desarrollo interno.

De la actividad desarrollada por Educatic se informa puntualmente en las Asambleas de la Federación Local y de la cual se recogen tanto felicitaciones como sugerencias y críticas para la mejora del trabajo en desarrollo. También se intercambian opiniones acerca del trabajo a realizar con compañeras y compañeros de otras secciones tanto en el desarrollo de la actividad de la Federación Local como en manifestaciones, talleres, grupo de lectura y coincidencia en el local por permanencias, reuniones y asambleas.

Toda esta actividad crea en el sindicato de Educatic un clima de trabajo, militancia y de afinidad, ya que se están llevado proyectos de forma común y encontrando un espacio de asamblea, decisiones por consenso y de libertad. Siendo el inicio de un verdadero lugar de apoyo mutuo, con la implicación de una u otra forma de todos y todas los/as afiliados/as del sindicato Educatic.

Esta situación que tendría que ser motivo de ilusión y esperanza en Solidaridad Obrera, parece que se convertirá en un problema para algunas personas del sindicato que hasta ese momento controlaban activamente la dirección de la organización, los proyectos e incluso la ideología a seguir.

Estas personas comienzan a mostrar su recelo y sus críticas hacia educatic de manera gradual. En cualquier caso, el nuevo sindicato arranca con mucha fuerza, con nuevos proyectos, con gente ilusionada, con ganas de trabajar, de renovar y de dar nuevas fuerzas al sindicato en un contexto tan marcado por la crisis y el 15-M en el horizonte.

Todo este clima de trabajo y activa participación se ve truncado tras una asamblea de la Federación Local (4 de marzo de 2013) en la que se consensuó que había que diferenciar entre opiniones individuales y comentarios políticos colectivos, entre publicaciones de la organización y declaraciones o artículos de militantes a nivel personal. La controversia en cuestión se refería a una persona que provenía del viejo grupo inicial de Educación pero que había dejado de asistir a las reuniones y tampoco participaba en la lista de correo desde hacía varios meses. Esta persona, la cara visible de Solidaridad Obrera durante años en infinidad de actos, había hecho unas declaraciones en varios medios valorando positivamente la aparición de cierto partido político y había escrito un texto apoyando la creación de una suerte de nuevo Frente Popular con actividad electoral:

«El hipotético frente electoral encuentra también obstáculos (de nuevo, la fragmentación y el dogmatismo alimentados por décadas de marginalidad y aislamiento, o la concomitancia pasada y mal digerida con el régimen), pero parece cada vez más posible si la actual izquierda parlamentaria no lo impide» (http://www.anarkismo.net/article/24874)

Como sindicato entendimos y entendemos que una organización anarcosindicalista no es compatible con las vías parlamentarias, aún así en su momento diferenciamos entre opiniones personales (libres y legítimas) y posturas colectivas y grupales. Y esta es la postura que defendimos en la asamblea del 4 de marzo. Finalmente, en la citada asamblea se acordó la rectificación en los medios correspondientes mediante un escrito en el que se indicase que los artículos y declaraciones que allí se recogían eran opiniones personales y no de la Confederación Sindical Solidaridad Obrera. En ningún caso expulsamos ni pedimos la expulsión, vetó o limitación en la participación en el grupo de dicha persona (que, por cierto, como hemos mencionado, no asistía ni a las reuniones desde hacía meses alegando incompatibilidad de horarios ni enviaba ningún email en la lista interna). Hubo quien considero que no era adecuada esta diferenciación, personas por lo general no presentes en la asamblea donde se trató este tema y que decidieron no aceptar este acuerdo asambleario.

Tras la asamblea se desencadenó una serie de acontecimientos entre los que cabe destacar 3 bajas (temporales o perpetuas) significativas del sindicato, por orden de importancia: Secretario General / Delegado de la Sección Metro / Militante de Educatic. Aunque por orden cronológico las dimisiones serían a la inversa. De estas 3 bajas el único que envió una carta explicando sus motivos al resto de militantes fue el Secretario General. La persona que abandonó Educatic, lo hizo sin la más mínima explicación ni personal ni colectiva. Se convocó una reunión del grupo invitando expresamente a esa persona a debatir su abandono del grupo pero ni contestó ni asistió. Tras estas dimisiones de cargos o bajas de militancia se vio la necesidad de convocar, por parte del sindicato de Educatic una Asamblea extraordinaria, para establecer las medidas oportunas para elegir un nuevo Secretario General y aclarar las dudas, rumores,… que se estaban extendiendo y esparciendo de manera informal y claramente malintencionadas en espacios fuera del sindicato sobre el sindicato Educatic, lo cual se concretó en un comunicado de Educatic que se difundió dentro de Solidaridad Obrera.

Finalmente se realizaron dos asambleas ya que la primera (21 de Marzo de 2013) se invalidó por considerar que no estaba convocada de manera correcta, por lo que se convocó una segunda el 8 de Abril de 2013. En dichas asambleas se obvió el tema de la renuncia y ausencia del Secretario General y del Delegado de Metro, concentrando toda la atención en la baja del militante de Educatic, ya que textualmente se consideraba a dicho militante «de primera»(por acumulación de méritos pasados) mientras que al resto le correspondía una militancia de segunda. Se estableció la idea de que ya que era un militante histórico, con disponibilidad para dar charlas o asistir a reuniones durante años pasados. Según algunos,ésto requería o merecía un trato especial y debía ser considerado diferente. Algo que, mucha de la gente que acababa de entrar en el grupo y militaba activamente en esos momentos no entendía ni compartía. Se llegó a declarar, por parte del ex-delegado de Metro que había renunciado voluntariamente, cosas como que la ida de este personaje o militante de Educatic era sin lugar a dudas «lo más grave que había ocurrido nunca en Solidaridad Obrera”.

Hay que recordar, para la gente más joven, acontecimientos como el que la Soli vivió con el accidente de un ex-compañero por las dimensiones personales y políticas que sin duda trajo (hubo una explosión en su casa), o el intento del PCI de hacerse con la Soli y la llamada en masa a la afiliación a Lucha Autónoma para evitarlo, etc.

Así, esta persona, planteaba el buscar responsabilidades ante «el acoso que el compañero sufrió» y hacer un escrito de disculpa donde se pidiera su vuelta.

Volviendo al ex-delegado de Metro, tras explicar su indignación en la asamblea y su dimisión, se levantó y se marchó, demostrando cuánto le importaba la opinión del resto de compañeros y compañeras que allí quedamos. También sorprendió ver cómo antiguos militantes que desde hace años seguían en la Soli a título nominal ó incluso ni siquiera eso volvían a las asambleas, parece ser que sólo por el conflicto que se estaba creando de manera totalmente artifical. Es triste comprobar cómo alguien que no se acerca en años a pegar carteles, a ir a las asambleas, a proponer, a trabajar, regresa para recordar cosas como las que llegamos a oír (“…hay militantes de primera y de segunda”, “…esto nos hace pensar lo fácil que es que se nos cuele cualquiera y se cargue el sindicato…”).

En esa asamblea incluso se acusó de forma indirecta de infiltraciones policiales en la Soli para generar conflictos, dando a entender que el problema en la organización eran las nuevas afiliaciones.

Finalmente, tras dos asambleas de la Federación Local en las que, como hemos resaltado, hubo una participación bastante mayor de la normal (más que en el último Congreso, de hecho) se consensuó la convocatoria de un Congreso Extraordinario con motivo de la elección del nuevo secretario general y en apariencia se cerró el asunto del excompañero, bajo el consenso de que dicho compañero se había dado de baja voluntariamente y que el sindicato de Educatic no tenía información del aludido al respecto a pesar que se había intentado contactar con él.

Parece que esto no fué suficiente y el mismo grupo de personas que en la asamblea insistió en generar un conflicto por la baja voluntaria de un compañero sin cargos formales (no por la dimisión del Secretario General, algo paradójico) continuó su campaña contra los afiliados de Educatic. A partir de este momento siguieron llegando informaciones por cauces informales de opiniones personales en contra de Educatic que poco a poco era desactivado en su militancia, debido a que toda su energía iba enfocada a justificar cada cosa que hacía o intentaba hacer.

A pesar de este ambiente poco favorable realizamos una serie de ponencias (más de la mitad de las presentadas) para el Congreso Extraordinario, buscando el debate, la reflexión y el acuerdo sobre el funcionamiento o la ideología del sindicato.

Diez días antes del Congreso se envió, de nuevo por cauces informales, una serie de normas que regirían el funcionamiento del Congreso Extraordinario, dichas normas corresponden a las establecidas en el II Congreso (año 1996) que, sorprendentemente, no se habían susado desde entonces en ningún Congreso previo. Repetimos, en ninguno.

En los siguientes Congresos se había utilizado la democracia directa y el consenso para debatir las ponencias pero, de repente, y dada la «excepcionalidad» y «urgencia» de la situación se olvida la democracia directa y se fomentaba la democracia representativa (tantos afiliados = tantos votos) además de no recurrir al debate y donde los acuerdos de los sindicatos son cerrados. Hay que apuntar que estas normas no habían regido los congresos o el funcionamiento orgánico en años anteriores por lo que sorprendió su repentina recuperación y más aún cuando esta decisión fue unilateral de un sindicato, Sección de Metro, mientras que en las Federaciones Locales se bloqueaba el tratar este funcionamiento ya que se consideraba que no era tema de dicha Asamblea. La Local podía convocar un Congreso pero no podía hablar nada de lo relacionado con el Congreso hasta su celebración. Por una decisión que nadie sabe quíen o desde donde se toma (sólo hay un email de un afiliado de Metro enviando el reglamento del 96 escaneado) se imponía la norma cuantitativa de los votos sobre la deliberación colectiva.

Toda esta situación se complicó cuando supimos que los acuerdos tomados por el sindicato mayoritario, Metro, eran acuerdos cerrados en el que habían rechazado todas las ponencias excepto una, precisamente la realizada por el Delegado que dimitió de Metro con anterioridad y en la que predominaban las opiniones y valoraciones personales, es decir, era una recopilación de afirmaciones subjetivas de todo el conflicto con el sindicato Educatic visto por él mismo y desde la distancia, ya que desde su dimisión como delegado estaba apartado voluntariamente de la militancia (plagada, por cierto, de inexactitudes, acusaciones y exageraciones absurdas).

Por todo esto Educatic se vio obligado a convocar una asamblea de urgencia el miércoles 5 de junio teniendo como orden del día: Congreso Extraordinario. En dicha asamblea se compartió la información que se había ido recabando además de analizar el modo en el que se había dicho que tenía que funcionar el Congreso, es decir, con democracia representativa y con la imposición que supone el mandato de acuerdo cerrado para los representantes. Esta forma de funcionamiento es contraria a los principios anarquistas básicos de democracia directa y libre pensamiento. Además, el hecho de que en los Congresos de años anteriores se haya venido funcionado de manera asamblearia, nos hizo ver la intencionalidad poco honesta del cambio, a través del cuál es obvio que el control y lo que en el congreso ocurriera estaba establecido y pactado ya de antemano. También se supo de comentarios sobre el resto de ponencias en las que se menospreciaba a aquellos compañeros y compañeras que habían dedicado su tiempo y esfuerzo a prepararlas. Algunas de ellas eran más bien declaraciones de principios, como la ponencia sobre ampliación del concepto de igualdad, otras como el análisis del funcionamiento de la organización o el debate sobre el conflicto de Metro (ERE encubierto aprobado en una asamblea de Metro y todavía después de 3 meses sin un debate en la asamblea de la Federación Local), sólo se había admitido la del exdelegado de Metro, que parecía otra obsesiva vuelta de tuerca a lo que ya empezamos a interpretar incluso como una excusa como bien podría haber sido el cambiar un cartel del local ó el proponer que se pintara una mesa de amarillo…

En resumen y en modo coloquial se podría decir que lo que vivimos fue una serie de estrategias que se podrían resumir en: este es un espacio privado, solo mío o mío y de mis amigos, o bien mío y de quien haga lo que yo quiera y como quiera…

Hicimos una valoración de todo lo acontecido durante estos meses en los que se nos acusó entre otras cosas de «deconstruir» y «purgar al estilo del Fahrenheit 451 de Truffaut» (por cierto, la novela es de Ray Bradbury) la biblioteca, ya que habíamos comenzado a limpiar y seleccionar libros de la biblioteca para poder darla el uso que se merece. La idea original era darle vida a una biblioteca muerta para la mayoría de personas afiliadas y que tenía unos cuantos volúmenes dignos de conocerse. Se comenzó una ardua tarea de listado informatizado del fichero, para crear de verdad un lugar para ampliar y profundizar el conocimiento y no para acumular libros sin ningún tipo de criterio (encontramos títulos como “La esclava instruida”, “El complejo de Cenicienta”, Polpot, Lenin…etc).

Queremos resaltar que varias personas de la Soli y no pertenecientes a Educatic argumentaron la permanencia de algunos títulos como clásicos, cosa que se consensuó por lo que se llegó a crear una sección de “clásicos del comunismo”. A través del debate en varias Federaciones Locales se consensuó el criterio de los contenidos de la Biblioteca, con vistas a que èsta dejara de ser el trastero de personas concretas que llevaban los libros que no les cabían en casa, quitando así los contenidos que consideramos no eran prioritarios en un sindicato anarcosindicalista. Lo que se planteó y aprobó en la Federación Local fue sacar los anómalos y cambiarlos de habitación.

Lo cierto es que hubo compañeros que nos felicitaron por el trabajo hecho.Sin embargo, personas que no aparecían habitualmente por el sindicato y que dudamos tuvieran constancia de los libros allí acumulados comenzaron a criticar dicho trabajo y sobre todo algunas de las personas que fueron los que dejaron este tipo de libros en el espacio del sindicato, de forma acumulativa y sin criterio ideológico, se sintieron atacados/as y criticaron de forma destructiva el trabajo arriba explicado.

Este cúmulo de situaciones nos hizo ver de nuevo cómo funcionan esas jerarquías invisibles, que toman decisiones que de forma decisiva afectan y cambian el curso de las organizaciones a antojo ó más bien a intereses propios. Las estrategias usadas fueron las propias en estos casos, es decir, las que se podrían resumir en grandes dosis de autoritarismo y en llevar las cosas a situaciones cuando menos propias de la vida de Brian y cuando más propias de la denominada vida política que tanto detestamos.

– Consideramos que arrasar con el trabajo e ilusiones de compañeros y compañeras por mantener determinadas cuotas de poder intactas no es ético y mucho menos propio de quien se denomina libertario. Consideramos que cuando una organización libertaria demuestra funcionar como un cortijo y los militantes lo permiten, es hora de abandonarlo.

– Consideramos que lo importante no son las siglas, los lugares, las casas, las organizaciones…lo importante son las ideas y las personas que intentan, con coherencia, llevarlas a cabo.

– Consideramos que los medios y las formas en las que nos relacionamos son importantes y merecen ser pensadas y repensadas. Y que merecen ser denunciadas cuando se abren las puertas al autoritarismo.

– Consideramos que lo que nos interesa es seguir trabajando políticamente hacia un horizonte libertario de transformación social con gente que se considere, consideremos y nos consideren compañeros/as y con quien tengamos un mínimo de respeto y afinidad.

Después de esta reflexión conjunta se decidió por consenso la baja en bloque del sindicato Educatic porque nosotros y nosotras:

-Defendemos y apoyamos la horizontalidad y la democracia directa en toda la organización, por lo tanto, la toma de decisiones se produce por consensos y no por votaciones.

-Nos relacionamos en base al respeto por los demás y a la igualdad y así lo promovemos, en todos los ámbitos y expresiones.

-Fomentamos el apoyo mutuo y la libre elección entre todos los miembros.

-Nos declaramos antiautoritarios y contra toda expresión de autoridad.

-No consideramos las vías electorales como estrategias válidas u óptimas para un sindicato anarcosindicalista (independientemente de la libertad de cada uno/a en sus opciones personales para expresarse o votar lo que quiera si quiere votar).
– No aceptamos los ERES, tampoco los encubiertos en una denominación de jubilaciones voluntarias.

El actual funcionamiento dirigido de la Confederación Sindical Solidaridad Obrera está vulnerando estos principios que defendemos. Al causar baja de la Confederación el 5 de junio de 2013, no se acude al Congreso Extraordinario ya que desde ese mismo momento todos los miembros de Educatic se consideran ex-militantes. Deseamos a todos y todas los/as militantes de Solidaridad Obrera lo mejor en su trabajo político y que la organización consiga realizar todos sus objetivos políticos de la mejor manera posible. Ya que parece haber incompatibilidad entre este sindicato y la confederación esperamos que nuestra baja nos ayude a todos/as.

Hasta aquí nos hubiera gustado que llegase este comunicado, pero debemos añadir algo más. Uno de los acuerdos tomados en este último congreso consiste en que «todos los acuerdos tomados desde la finalización del VI Congreso en diversas asambleas mensuales de la Federación Local de Madrid y hasta la fecha de este congreso extraordinario quedan anuladas». Atónitos quedamos ante tal paradoja que por definición lleva a una situación que infringe el sentido común, ya que si este acuerdo es tomado, el mismo congreso extraordinario (producto de una decisión tomada en una asamblea hace meses) debería quedar igualmente anulado.

Al parecer nuestro trabajo, nuestra implicación y sobre todo el habernos atrevido a dar nuestra opinión ideológica, explicarla y confrontarla ha causado una «crisis» en el sindicato. Así, tal y como plantearon desde OOVV con vistas al congreso extraordinario: «el cuestionamiento a determinados cuadros/miembros del sindicato no debería seguir permitiéndose». Sin embargo, parece que las personas que formamos Educatic no debemos ser considerados ni cuadros ni miembros ya que desde nuestro inicio hemos convivido con un continuo cuestionamiento. Esto, de nuevo demuestra una doble vara de medir. Suponemos que si hubiéramos aceptado la autoridad de determinadas personas, y hubiéramos callado ante esos y otros cuadros (hagan lo que hagan, escriban lo que escriban) no hubiéramos creado una crisis.

Sabemos que hemos sido incómodos. Es mejor que no haya nada a que lo que haya remueva demasiado, y no es necesario que remueva los cimientos. No somos tan crédulos, no intentábamos hacer la revolución dentro del sindicato, ni «darle la vuelta de arriba a abajo» (tal y como se nos acusa en la única ponencia aceptada), simplemente buscábamos trabajar y funcionar con las reglas, que pensamos al estar en un sindicato anarquista, eran iguales para todos y todas. Y así, es conocido por todos y todas cómo algunos «cuadros» pueden tratar con cierto desprecio incluso en las asambleas a otros compañeros y compañeras, mientras que por nuestra crítica ante las declaraciones pro-frentes parlamentarios se nos acusa de censura,criminalización e incluso de persecución y acoso.

Sí, quizás fuimos un poco pesados/as intentando buscar tiempo y espacio para quedar con el compañero que metido en una deriva pro-partidos políticos hizo ese tipo de declaraciones con las que no estábamos de acuerdo. Buscábamos explicar y confrontar nuestra postura, que por razones obvias en una organización anarcosindicalista se resumían en que cualquier texto vertido y firmado como miembro de Solidaridad Obrera no debiera hacer apología de partidos políticos. Después del último Congreso Extraordinario parece que ha habido dos acuerdos: uno de ellos es el anteriormente explicado (anulación de acuerdos tomados asambleariamente), el otro es la expulsión del sindicato de Educatic, que como no puede ser ejecutada por el congreso pasa a ser el punto numero uno propuesto en las próximas reuniones de los sindicatos.

Puestos a ser coherentes con la caza de brujas e insistiendo en el concepto de paradoja, tan presente ultimamente, además de la expulsión de Educatic, se debiera pedir la expulsión de todas las personas que asistieron y acordaron a la asamblea de la Federación Local del 12 de Mayo, que acordó que aquel «cuadro» (o militante de primera, según a quien se pregunte) que hace apología del Partido X y de los Frentes Populares acudiera «así lo deseaba al encuentro anarquista de Dublín en nombre de la organización, pero eso si que se le comunicará que no vertiera comentarios como los que había hecho previamente en nombre de la organización» (textual del acta).

A dicha asamblea sólo acudió un miembro de Educatic pero sin embargo, siguiendo con la coherencia de la purga en Solidaridad Obrera debería ser expulsado (entre otros) el actual Secretario General propuesto en la única ponencia aprobada, así como el antiguo (cuyo regreso se anuncia de nuevo después del Congreso Extraordinario), ya que participaron y avalaron totalmente aquellas decisiones, en todas y cada una de las asambleas de la Federación Local a las que asistieron. Que conste en acta.

Nos vemos en las calles.

El ya exSindicato de Educación y TIC

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