Principales prejuicios sobre los anarquistas

Violentos, antisistemas, vándalos, agitadores e incluso terroristas son las etiquetas que utilizan los medios de comunicación masivos contra nosotros, nos retratan como unos frustrados antisociales que queremos extender el caos y la destrucción por todo el planeta. Tristemente hay gente que cree esas difamaciones, por eso estamos sometidos a un exilio interior, nos tienen miedo, nos odian y nos criminalizan frecuentemente.

Otra malinterpretación menos tremenda pero igual de indignante es la de que somos unos ilusos y soñadores que fantaseamos con una sociedad ideal irrealizable, así que no se tienen en cuenta nuestras propuestas y se ignoran nuestras protestas y luchas sociales.

También es frecuente la concepción del anarquismo como una enfermedad juvenil, una fase de rebeldía contra lo impuesto y un síntoma de inmadurez, esta es la definición que mas estamos acostumbrados a escuchar, sobre todo por parte de nuestros familiares y amigos.

Estos son los principales prejuicios que están extendidos en la sociedad sobre el anarquismo, los responsables de ello son los medios de comunicación masivos y el sistema educativo, ambos controlados por la clase dominante, su función es mantener la hegemonía del pensamiento liberal y la perpetuación del sistema actual. No voy a extenderme mas en estos aspectos ya que requieren ser analizados con profundidad. mi propósito en este artículo es desmentir estas ideas erróneas que están interiorizadas entre la mayor parte de la población.

La idea de que somos unos violentos y que solo queremos destruir por destruir es totalmente errónea, puede que haya algunos energúmenos que malinterpreten o utilicen el anarquismo como pretexto para divertirse destrozando cosas, pero esos son una minoría. Nosotros recurrimos a la violencia cuando no hay otra salida, antes agotamos todos los medios pacíficos, lo que no vamos a hacer es quedarnos quietos mientras nos ningunean y nos reprimen. El anarqusimo contempla la violencia revolucionaria como un medio de acción aplicada en su justa medida y como respuesta a la violencia ejercida por un opresor, como dijo Malatesta, no es violento el que se defiende, sino el que obliga a los demás a tener que defenderse. Tiene gracia que los capitalistas nos acusen de violentos cuando es su sistema el que mas muertes ha causado a lo largo de la historia y cuando actualmente se siguen produciendo conflictos por intereses económicos como recientemente en Libia, Irak o Afganistán.

La opinión de que somos unos ilusos y unos soñadores que creemos en una sociedad irrealizable también es errónea, esta visión normalmente va acompañada de que el capitalismo es el sistema “menos malo”, la sostienen personas que pueden simpatizar con el anarquismo pero que lo ven inalcanzable. Ésto es un ejemplo de que el sistema ha conseguido que los individuos interioricen el inmovilismo y el conformismo, que piensen que las cosas son como son y que no se puede hacer nada para cambiarlas. Normal, con un pensamiento como ese extendido entre la población poco se va a cambiar y los capitalistas seguirán haciendo y deshaciendo a su antojo, menos mal que unos cuantos no nos callamos y seguimos con la lucha día a día. A medida que mas gente se una nuestra lucha la anarquía estará a un paso mas de poder ser alcanzada. El anarquismo necesita individuos críticos que se cuestionen continuamente la realidad que les rodea, sin adherirse a ningún tipo de dogma ya sea capitalista, religioso, leninista o fascista.

La afirmación que sostiene que el rechazo a la autoridad es cosa de jóvenes y que cuando se alcanza la madurez desaparece también está equivocada. ¿Qué pasa que agachar la cabeza y obedecer sin rechistar es una muestra de madurez? A mi me parece todo lo contrario que es un comportamiento infantil, como cuando un niño obedece a sus familiares y aguanta un sermón. La rebeldía nace del análisis del sistema, de estudiarlo a fondo, de ver contradicciones y de oponerse a su injusticia. Ésto me parece una actitud muy madura, mucho mas que resignarse y tirar la toalla, la historia está repleta de personas que creían en algo distinto y lucharon por ello con mas o menos éxito, los revolucionarios son uno de los principales motores de la historia, y no fueron ni mucho menos inmaduros.

Mientras estas ideas tengan tanta presencia en la sociedad no podremos articular un proyecto emancipador que figure como alternativa real a la barbarie capitalista, uno de nuestros principales deberes es concienciar a dia a dia a la gente que nos rodea y poner en marcha medios de comunicación propios como revistas, emisoras de radio, boletines…etc.  Cuanto mas se extiendan las ideas libertarias, menos alcance y efectividad tendrá la propaganda prosistema y estaremos mas cerca de la revolución social.

Sobre ciencia y anarquismo (I)

Al parecer la pequeña reflexión que hice hace unas semanas ha creado una respuesta enérgica por parte del compañero Roborovski, lo cual me alegra y me incordia al mismo tiempo, pues cuando en su día escribí el artículo «Anarquismo y ciencia: una pequeña reflexión» no pretendía crear un debate que profundizara en conceptos teóricos—era más bien un simple pensamiento «en voz alta.» Ahora me toca responder como corresponde, pero lo haré con mucho gusto y entusiasmo. Es por ello que he divido mi réplica en tres “bloques” diferenciados que publicaré de forma separada. El primero de ellos es éste, que trata sobre el uso del término “comunista.” El segundo lidiará con la cuestión de si el marxismo es o no científico. El tercero y final tratará sobre el papel de las ciencias sociales en la emancipación de los seres humanos.

Como ya he dicho, empezaré con lo que respecta al término «comunista.» Alguien podría pensar que los términos y etiquetas son cuestión superficial, y que por ello cometo un atropello al comenzar mi réplica con una cuestión más bien banal. Pero lo cierto y verdad es que son de suma importancia, pues a los términos las personas añadimos todo un conjunto de significados entrelazados que nos despiertan emociones, simpatías, y pensamientos muy distintos. Roborovski afirma que tanto Kropotkin como Malatesta se consideraban comunistas, y así era, pero ya el propio Malatesta hablaba, influenciado por Kropotkin, en la gran mayoría de sus panfletos de «anarco-comunistas»—cuando no de «anarquistas» a secas.

En Octubre de 1897, Errico Malatesta era entrevistado por la revista «Avanti!», y en dicha entrevista el nombrado afirmaba que «desde 1871, cuando comenzamos nuestra propaganda en Italia, nosotros siempre hemos sido, y siempre nos hemos calificado como socialistas-anarquistas» (Richards ed., 1965: 143. Traducción propia. Énfasis del autor). En la misma entrevista, Malatesta continúa explicando que para él las palabras «socialista» y «anarquista» vienen a significar lo mismo,  por lo que cuando eran les úniques «socialistas» en Italia se hacían llamar simplemente «socialistas.» Fue con la llegada de les socialdemócratas cuando empezaron a optar por llamarse «anarquistas» de forma más frecuente—lo que no significa que antes no lo hicieran, como el propio Malatesta dice.

En el número del 15 de mayo de 1897 de «l’Agitazione», Malatesta escribía que «[Comunismo] es la teoría de los bolcheviques: la teoría de los marxistas y socialistas autoritarios de todo tipo» (ibid.: 144. Traducción propia). Entiendo yo que entonces Malatesta llamaba a los bolcheviques «comunistas.» Es más, el 25 de octubre de 1920, en Umanità Nova, Malatesta escribía que «ser comunista» era pensar que la anarquía se conseguía por medio de un paso intermedio en el cual se establece una tiranía despótica, es decir, el Estado bajo el yugo de la dictadura del proletariado (ibid.).

Dicho esto, sirva de evidencia que Malatesta nunca se consideró  «comunista» a secas, sino «comunista libertario», «anarco-comunista»—etiqueta derivada de la teoría de Kropotkin—, o si se quiere «socialista-anarquista» como él mismo decía. El adjetivo que siempre se le pone a la palabra «comunista» no es ni gratuito ni superficial, pues como el propio Roborovski dice, el fin que buscan muchas de las personas que abrazan el anarquismo no es otro que una sociedad comunista—a pesar de que los primeros teóricos hablaban de una sociedad socialista. No obstante, el término «comunista» ya se empezó a usar en el siglo XIX para designar a los seguidores de las teorías de Marx y Engels, quienes, como ya expondré, defendían la toma política del Estado.

Personalmente me parece contraproductivo marear la perdiz con etiquetas, pero nunca hemos de olvidar que éstas son de vital importancia. Por «comunismo» entendemos hoy, en el «saber popular», la teoría política que deriva de los escritos de Marx y Engels en un principio, y de varios autores rusos a posteriori. Empezar a decir que si les anarquistas somos también comunistas o no me parece una pérdida de tiempo, pues a cualquiera que haya leído un mínimo de escritos anarquistas le quedará claro que sí lo somos—en tanto en cuanto buscamos una sociedad sin clases, ni explotación, en la que los medios de producción se socializan. Sin embargo, es totalmente inútil decir que el verdadero significado del término «comunista» nos pertenece—a les anarquistas—, pues lo único que conseguimos con esto es marear tanto a las personas leídas como a las no leídas. En resumen: sí, les anarquistas—algunes—somos comunistas, pero dado que el término se ha asociado al socialismo autoritario la mayor parte del tiempo histórico, es un derroche innecesario de energía intentar cambiar esta concepción que tan arraigada está en el imaginario social. Si se quiere destacar que une es «anarquista-comunista»—resaltando  que puedan existir anarquistas no-comunistas—, entonces digamos que somos «comunistas libertaries» o «anarco-comunistas.» Otra cosa sería perder el tiempo.

Ahora, permitidme cerrar este primer capítulo con una media-concesión al compañero Roborovski—a riesgo de parecer querer yo mismo “marear la perdiz.” El 1 de abril de 1926, Malatesta escribía en Pensiero e Volontà que él se consideraba comunista, sin embargo, matiza repetidas veces que es un “anarquista-comunista” (ibid.: 34-5). Si ya en 1926 Malatesta tenía que adjetivar a la palabra comunismo es porque este término se asociaba con las ramas autoritarias del socialismo. Así que volvemos a lo de antes: sí, algunes anarquistas son comunistas porque buscan ese tipo de sociedad—podrían ser individualistas o colectivistas como el propio Malatesta decía en Pensiero e Volantà—, pero ante todo son anarquistas porque no quieren la toma política del Estado ni la organización autoritaria en el seno de partidos políticos—entre otras cosas. La adjetivación de “comunismo” se hace imperativa, pues los caprichos de la historia han querido que “comunismo” quede en posesión de las corrientes autoritarias, nos guste o no.

Bibliografía

Richards, V. (ed.) (1965) Malatesta: Life & Ideas, London: Freedom Press

De sobres, villanos y dimisiones

Día 31 de Enero, saltan las alarmas, las redes sociales estallan, las sedes del Partido Popular se llenan de gente. ¿El motivo? El periódico neoliberal El País ha publicado las cuentas del extesorero del PP Luís Bárcenas, en las que están implicadas varias grandes empresas y ministros del actual gobierno, entre ellos, el propio presidente.

¡El gobierno es corrupto! Gritan algunos. ¡Queremos elecciones anticipadas! Gritan otros. Un par de días de agitación espontánea, vuelta a casa, la prensa ha logrado su objetivo, el gobierno ha sobrevivido al incidente y mientras tanto se ha ido moldeando la opinión pública.

A nosotros, los radicales, nos gusta buscar la raíz de los problemas sociales cuando los analizamos. Si bien la prensa burguesa se esfuerza en mostrar la realidad como un conjunto de acontecimientos que se suceden sin relación alguna, nosotros sabemos que la realidad es un conjunto de relaciones y que solo descubriendo esas relaciones puede conocerse la realidad. Este mismo principio, aplicable a todas las ciencias, es aplicable al conocimiento de la sociedad.

Hagamos pues un breve repaso de nuestra realidad social.
España es un país capitalista. Esta afirmación, que puede no tener nada de novedosa, implica una serie de premisas. Supone, para empezar, que en España existe una clase dominante y que esa clase dominante lo es porque posee el capital. Que exista un estrecho contacto entre empresas como Mercadona o Copasa y cualquier partido del gobierno no debería extrañarnos. Si estos empresarios subvencionan a los partidos es, ciertamente, porque tienen intereses sobre la actividad de esos partidos, es decir, sobre el gobierno. No estaba equivocado Marx cuando afirmaba que el Estado no es otra cosa que el órgano de gestión de los asuntos de la burguesía.
Así, tampoco nos debería extrañar que, una vez los políticos han cumplido su función como gestores de la sociedad al servicio de los intereses de los principales capitalistas esos mismos políticos pasen a ocupar importantes cargos en empresas (Casos como el de Felipe González, Aznar, Acebes o Esperanza Aguirre son de sobra conocidos).

Aparte de ser un país capitalista, España se tiene por democracia. Esto significa que, yendo a la acepción burguesa de democracia y hablando siempre en términos teóricos, todo lo que hacen los gobernantes lo hacen bajo consentimiento de los gobernados. Por tanto, si el gobierno está, cara a la galería, al servicio de los gobernados, recibir financiación privada se prohibe o al menos se restringe, considerándose que el político que viola esta norma es corrupto. Ocurre, sin embargo, que para que el sistema capitalista pueda funcionar correctamente (es decir, se mantenga al servicio de los intereses de la burguesía), debe existir esa relación estrecha entre capitalistas y gobierno. Así, el sistema tolerará que exista un mínimo de corrupción, necesaria para su funcionamiento. Por supuesto, estas relaciones intentarán ocultarse por todos los medios. ¿O no?

Otro rasgo de nuestro país, común a todos los países capitalistas, es que existe una prensa que se hace llamar libre. En el siglo pasado esta prensa libre permitía que todo partido o asociación política o sindical pudiera difundir su visión de la realidad a través de sus medios. Sin embargo esa prensa «política» ha desaparecido (con permiso de la inestimable labor de compañeros que llevan periódicos obreros) para dar lugar a una prensa «neutral» en manos de empresas. No hay que hacer un gran análisis para darse cuenta que ninguno de los medios de masas son neutrales (es más, la neutralidad no existe) y que todos sirven a unos intereses determinados.
¿A qué intereses? Muchas veces oímos «tal periódico es del PP, del PSOE o de CiU». ¿Es esto cierto? No. Como ya hemos visto, la prensa actual está en manos de empresas, empresas que por otro lado no son en absoluto pequeñas. La prensa no es, por tanto, libre, pues el capital necesario para montar un medio capaz de llegar a una mayoría social no está a disposición de cualquiera. Los capitalistas que poseen estas empresas, como todos los demás, tienen intereses sobre el gobierno de la sociedad. Así, beneficiarán a uno u otro partido según apoye o no sus intereses. No es raro, tan solo por poner un ejemplo, que La Vanguardia beneficie a CiU, siendo un partido que busca el beneficio de la burguesía catalana, la misma burguesía que posee el partido.

Entonces nos encontramos con un diario: El Mundo, que siempre ha seguido una línea centro-derechista muy afín al PP, dando fuelle a la cuestión de un tesorero corrupto del propio Partido Popular. ¿Tiran piedras contra su propio tejado? No, para nada.
La caja de Pandora la termina por abrir El País, desvelando que varios miembros del actual gobierno están metidos hasta el cuello en el caso Bárcenas.
¿Por qué? ¿Para qué?

Si acudimos a las encuestas de intención de voto vemos que el PP ha perdido nada menos que un 15% desde las elecciones y que el PSOE no remonta habiendo perdido un 5%. Advierto que estas encuestas, por estar realizadas por la misma prensa que mencionaba antes, no son del todo de fiar y que probablemente la realidad sea aún menos amable para los dos partidos. Mientras tanto, la izquierda reformista de IU y el populismo de UPyD van ganando terreno. Pero no solo eso, los que llevamos a cabo una militancia en la calle estamos viendo como se está llevando, desde hace unos pocos años, un proceso de creación de estructuras populares de organización y un crecimiento de las posturas anticapitalistas entre la población, es aquí donde se está fraguando la alternativa capaz de desestabilizar el sistema capitalista.
Entonces, si la situación es esta, ¿por qué la prensa del propio gobierno ataca al gobierno? Ya sabemos que los dos principales partidos del régimen están viviendo un proceso de pérdida de apoyo similar al que vivió el PASOK y está viviendo ND en Grecia y que ese proceso, debido a las medidas de recortes sociales que impone la burguesía europea a través del BCE, es inevitable.
Siendo que este proceso es inevitable y que paralelo a él se está levantando una alternativa anticapitalista. ¿Por qué no acelerar el proceso, a fin de que la opinión pública sea jaleada para ser favorable a la celebración de unas elecciones anticipadas antes de que la alternativa anticapitalista cobre fuerza?
¿Qué podría salir de unas elecciones anticipadas que se convocasen a corto plazo? Teniendo en cuenta que, a pesar de todo, el PP sigue siendo el principal partido, nos encontraríamos con una nueva victoria del Partido Popular que revalidaría su legitimidad. Así, Cayo Lara pica el anzuelo de la prensa al pedir la inmediata celebración de unas elecciones.
Sin embargo, el Partido Popular, debilitado, lo tendría aún más difícl que ahora para gobernar. Tanto que puede que incluso necesitase gobernar en coalición. Ahí es donde entra en juego el PSOE. Rubalcaba lleva, desde que perdió las elecciones, con un discurso a favor de «el diálogo» y, en definitiva, favorable al pactismo con el PP. No sería de extrañar pues que fuera muy favorable a la formación de un gobierno de concentración como el que ya existe en Grecia.
Esto que digo, que puede sonar conspiranoico en un principio, viene avalado por la propia prensa. Desde hace ya un tiempo los grandes medios están encaminando la opinión pública para tornarla a favor de esa solución. Ya no es extraño oir, en las típicas conversaciones de bar, cosas como «lo que tienen que hacer es resolver sus diferencias», «tienen que dejarse de partidismos y sacarnos de la crisis». Uno solo tiene que poner en el buscador de internet las palabras «gobierno de concentración» para encontrarse con multitud de artículos en la prensa o de encuestas en la que esta opción gana por goleada.
Algo así ya se ha dado en Cataluña, donde el gobierno de CiU (favorable a los intereses de la burguesía catalana y, de paso, española y europea) gobierna con el beneplácito de ERC.

En resumen, estos escándalos de corrupción van dirigidos hacia la formación de una opinión pública que respalde, ante el descalabro de los dos grandes partidos, un gobierno de concentración (o alguna solución similar) capaz de seguir gobernando según los intereses de la burguesía española y europea en unos momentos en los que el crecimiento de una alternativa anticapitalista pudiera surgir como respuesta a un neoliberalismo que está atacando las condiciones de vida de la clase trabajadora (para aumentar el índice de explotación hasta los niveles deseados), mientras la azuza con el desempleo, la represión y escándalos mediáticos.

BÁRCENAS, LOS SOBRES, LOS SOBRESUELDOS, ¿Y QUÉ MÁS?

Con el caso Bárcenas, el pútrido aroma del sistema parlamentarista ya llega a las fosas nasales de una buena parte de la sociedad. La indignación salpica, en mayor o menor medida, a todos los medios de comunicación; hasta los más serviles parecen dar cierta concesión a la rabia desestructurada y desideologizada de una gran parte de la población. Sueldos en B, sobres con sumas de 1.000 euros a la bases hasta 15.000 euros a la cúpula del partido —de los que no se salva ni el mismísimo presidente del Gobierno; los veintidós millones de euros de Bárcenas en Suiza, su posible aprovechamiento de la amnistía fiscal para limpiarlos, sus chalets y propiedades repartidas por toda la geografía ibérica… Y sin embargo, algo no se oye en los medios. Los tertulianos se mesan las barbas y los cabellos reclamando dimisiones inmediatas, auditorías internas e investigaciones de la fiscalía con vehemencia. Los sectores populares medianamente críticos piden la cabeza del líder popular y de todos sus adláteres reaccionarios; se crean peticiones populares para tal fin que llegan al cuarto de millón de firmas a menos de un día de su creación; se realizan concentraciones en las sedes del PP en las principales ciudades del país; hasta se pretende ocupar de nuevo las plazas públicas en una especie de resurgimiento romántico de la rebeldía ciudadana… Pero algo queda por contar, o al menos es esa la impresión que queda después de tragarse todo el fervor periodístico y de regeneración pretendidamente democrático del sistema.

Empero, ¿qué es lo que no está acaparando una cuota de pantalla siquiera igual a toda la retahíla de cosas que he nombrado anteriormente? Evidentemente se esconde lo más desestabilizador del asunto: el papel y la influencia del gran capital, de las grandes empresas nacionales y supranacionales, en los gobiernos de la democracia capitalista y estatal. De tal manera, el Estado no es más que una suerte de títere que intercede a favor de los grandes bolsillos  y que se reflejan fehacientemente en el parqué bursátil. Todavía no he visto a ningún comentarista y creador de opinión pública echar pestes sobre las grandes empresas con tanta fuerza con la que tira guijarros punzantes a la cabeza de, según su propia terminología, la casta política, que no es sino el brazo ejecutor de la casta capitalista, es decir, del capital. Más que centrar la crítica sobre los sobres, las cuentas en Suiza, etcétera, acciones que son sólo consecuencias, se debe centrar ésta sobre la causa, que, como digo, no es otra que, nuevamente, el paradigma mercantil y estatal. No es casualidad que se concedan ventajas de todo tipo a empresas como Mercadona, del idolatrado capitalista Juan Roig —de la cual todos sabemos su currículo de explotación laboral y denigración humana—, Sacyr Vallahermosa, OHL, Ploder, Bruesa, entre tantas otras. Este hecho no se puede achacar, sería extremadamente irresponsable, a un caciquismo exclusivo del ámbito nacional, pues este corporativismo fuerzas estatales-fuerzas capitalistas viene dándose desde el mismo inicio de este modelo crematístico, es decir, de ponderación de la mercancía.

De este modo, una crítica radical, en cuanto que va a la raíz del dilema, no puede quedarse en la superficialidad socialdemócrata o en la estulticia de los sectores de la derecha, no, como siempre ha de ir más allá, ha de apuntar directamente a los culpables: el Estado y sus dueños, a los que de verdad éste primero representa en cada una de sus decisiones. La corrupción, por tanto, es imposible de erradicar mientras existan estos dos entes interdependiente el uno del otro. Pretender su eliminación con un simple cambio de actores en el teatro parlamentario responde, simplemente, a una concepción obtusa del papel del Estado. En definitiva, no hay cabida para buenismo ni confianza en un sistema que se ha demostrado incapaz de moldearse a sí mismo. Se ha de reclamar lo que se viene reclamando desde hace mucho en los ambientes antiautoritarios: ¡Autogestión, autogestión y autogestión! Autogestión de los trabajadores de su medio de trabajo, autogestión de las gentes de sus relaciones sociales y democráticas y autogestión, en fin, de nuestra propia vida.

Nuestro contenido socio-político

El anarquismo es la corriente política más vilipendiada de todas, no mirándolo desde una perspectiva victimista sino atendiendo a la realidad en que vivimos y cómo se ve que desde los medios, los políticos hasta la gente común, que el anarquismo es caos, o una utopía, o libertinaje… En cambio, para quienes andan más enterados del tema, aunque sin acercarse demasiado, asocian al anarquismo a CNT (mirando el caso español) y, por más desgracia que suerte, a la estética y la actitud punk, en menor medida del skinhead o del Straight Edge. Sin embargo, lejos de todo ello, el anarquismo es una ideología política que en la práctica constituiría/debería constituirse un movimiento socio-político de carácter antiautoritario y aspiraciones revolucionarias, cuyo contenido se está perdiendo por la identificación del anarquismo con actitudes tribuurbanistas. Desde aquí me planteo una serie de cuestiones y es precisamente la vinculación del anarquimo al punk, y en menor medida del skin y del Straight Edge.

Sin contar el plano cultural, que tampoco podemos menospreciar ciertas las creaciones artísticas y musicales que han generado esos colectivos, así como el «Do It Yourself», el movimiento okupa… No obstante, aquella rebeldía juvenil de los años ’70 se alejó de la lucha de clases y de la sociedad, lo que hizo -y está haciendo- que no sean capaces de articular una respuesta social amplia y viable. Si atendemos a la historia del movimiento anarquista, tanto en su teoría como en su praxis, observamos claramente ese componente socio-político que lo ha caracterizado desde sus orígenes y, pese a unos períodos de alejamiento de la clase trabajadora cuando se extendió la táctica de la propaganda por el hecho, estuvo más presente en el imaginario popular como una corriente política alternativa a la izquierda institucional y marxista. No obstante, hoy en día, al identificarse el anarquismo con características del punk/skin/straight, pierde su contenido socio-político que lleva intrínseco en sí, distorsionando lo que realmente es el anarquismo y haciendo de una corriente política una ideología tribuurbanista. Para más inri, desde los medios se atribuyen las estéticas y las actitudes al anarquismo con un claro intento de despolitización de éste.

Por otro lado, sería oportuno aclarar que estoy tratando el tema enfocado a nivel colectivo, pues a nivel individual, pueden haber militantes con estética punk -o lo que fuere- que lleva un compromiso con la lucha social y participa activamente en las organizaciones formales. También aprovecho para señalar que no defiendo ninguna estética y la critico cuando se antepone la estética frente al contenido.

«El anarquismo nació de la revuelta moral contra las injusticias sociales» (Malatesta) y por ello siempre ha tenido una tradición de lucha social y clasista, algo que ni el punk ni el skin ni el straight tuvieron porque más bien, pese a la influencia anarquista en ellos, terminaron en un «anarquismo de estilo de vida», quizá algunos colectivos con mayor presencia en la sociedad que otros, pero no se muestran capaces de realizar una labor de inserción social. Aunque el problema no son las actitudes tribuurbanistas en sí, sino la identificación de ellas con el anarquismo, pues existe una clara incompatibilidad entre la lucha social y de clases con actitudes antisociales y tendientes a la marginación.

Debemos recuperar este rico contenido político que caracteriza nuestra teoría y la tradición de lucha social y clasista resultado de la aplicación de la teoría, y para ello debemos trabajar en la formación teórica para poder ofrecer análisis de la realidad social y dar así con alternativas materializables utilizando como herramienta la organización político-social. Sabemos que es difícil pero hoy más que nunca es necesario que los anarquistas estemos presentes en los movimientos sociales en donde podamos actuar dándoles una perspectiva libertaria, dejando a un lado las actitudes antisociales y tribuurbanistas.

Cinco lecturas por el ateísmo

El ateísmo, la negación de la idea del Dios o los Dioses, ha tenido firmes defensores a lo largo de la historia, especialmente en época contemporánea, periodo en el que comienza a darse la emancipación en Occidente de las mentes respecto al oscurantismo y la dominación ideológica que representaban las religiones cristianas.
Traigo aquí una selección de cinco textos, cinco trabajos en defensa del ateísmo. Algunos de ellos marcaron la historia del pensamiento, pero todos ellos tenían un objetivo: liberar a la humanidad del control que suponen las religiones, sus engaños y sus promesas de falsos paraísos.. Acompaño, junto a una breve reseña, un enlace para su descarga gratuíta.

1. El Anticristo, Friedrich Nietzsche.

La filosofía de Nietzsche supuso una contundente respuesta contra el idealismo clásico, heredero del platonismo y su idea de la moral universal y respresentado en la moral cristiana.
En esta obra, escrita en 1888 y cuyo título completo es: El Anticristo, Maldición sobre el cristianismo, Nietzsche desenmascara a la moral cristiana como una «moral de esclavos», creada para que los dominados se contenten con su condición de dominados, prometiendo un paraíso más allá del mundo real, lo que Nietzsche considera amor a la muerte. El cristianismo es, para Nietszche, la degeneracion, contraria a su concepto de aristocracia espiritual. Propone, en su lugar, el amor a la vida, el vitalismo y la persecución de un individuo capaz de crear sus propias normas morales acanzando, así, el superhombre.
Al contrario de su gran obra: Así habló Zaratustra, El Anticristo está escrito en un lenguaje mucho más prosaico y supone una obra excelente para introducirse en la filosofía de Nietzsche.
A modo de crítica, decir que cuando leer a Nietzsche hay que ser conscientes de que se lee a una persona profundamente defraudada con la sociedad de masas creada por el capitalismo, pero que, en su lugar, propone la vuelta a los antigüos valores, en definitiva, a la sociedad aristocrática del feudalismo. Hecho que ha causado que su pensamiento fuera muy infuyente en círculos reaccionarios.
PDF

2. Dios y el Estado, Mijaíl Bakunin.

Muy distinta es la obra del padre del anarquismo colectivista, escrita (de forma inconcusa) en 1871.
Bakunin fue, de entre los anarquistas clásicos, el que atacó a la religión con mayor contundencia. Siendo en este heredero del materialismo crítico de Feuerbach y de su concepto de alienación religiosa, poniéndola a su vez en relación con el concepto marxista de dominación de la infraestructura económica, si bien la tesis marxista de «La religión es el opio del pueblo» quedaría mucho más desarrollada en la obra de Bakunin.
En esta obra el ideólogo ruso realiza un análisis materialista de las relaciones dialécticas entre la religión y el Estado. Analizando como la religión surge en beneficio de las clases dominantes a lo largo de la historia y como el poder del Estado proviene del poder religioso.
En definitiva, un texto muy recomendable pare entender el análisis materialista de la religión, así como la importancia de la misma a la hora de mantener la dominación ideológica sobre las clases dominadas en el sistema capitalista.
PDF

3. El mundo y sus demonios, Carl Sagan.

Carl Sagan fue uno de esos científicos conscientes de que la ciencia no puede quedarse en las academias, de que la ciencia debe llegar a todos y actuar en beneficio de toda la sociedad. Fue, sin lugar a dudas, uno de los mejores divulgadores científicos del siglo pasado.
En este libro, publicado en 1995, Sagan realiza una firme defensa del método científico como mejor forma para comprender la realidad que nos rodea, así como del escepticismo frente a la superstición o a la multitud de pseudociencias que, al igual que las antiguas religiones, aprovechan la ignorancia para crear ídolos.
En este libro Sagan intenta dar a sus lectores las herramientas para defenderse de mitos, dioses, ovnis, brujas, profetas y magufos que se dicen poseedores de habilidades paranormales.
En tiempos de crisis sistémica es en este tipo de creencias donde mucha gente encuentra esperanzas, distrayéndose de la auténtica solución a sus problemas: la persecución de una sociedad basada en la libertad, el socialismo y la ciencia. Un libro como el de Carl Sagan llega a ser algo necesario.
PDF

4. Doce pruebas de la inexistencia de Dios, Sébastien Faure.

Faure, que en su juventud fue seminarista, acabó convirtiéndose en un ateo, socialista y libertario. Este folleto de 1920, que supone una respuesta a las Cinco Vías de Santo Tomás de Aquino, tuvo una gran difusión e influencia entre la clase trabajadora francesa y, sobre todo, española, de inicios del siglo pasado.
La influencia que en aquel entonces tenía la iglesia católica sobre la educación y sobre la política hacía necesario el surgimiento de un espíritu ateo y anticlerical que reivindicara la ciencia y la razón en favor de la clase obrera. Hoy en día, cuando aún no se ha arrebatado buena parte del control de la iglesia sobre la educación de la juventud obrera, cuando, en palabras de Bakunin, un amo celestial igue ligitimando la actuación de los amos en la Tierra, este texto no ha dejado de ser vigente.
PDF

5. Paseo humorístico a través de las religiones y los dogmas, Maître Simon.

Quizás no sea una obra tan conocida como las anteriores, pero sin ninguna duda la obra de Maître Simon es muy divertida de leer.
Editada por la CNT de Francia en 1961 Simon investiga en las raíces de la religión judeocristiana, mostrándola, con un afilado sentido del humo como un pastiche de mitraismo, zoroastrismo, religión griega y otras creencias anteriores del próximo oriente. En definitiva, una religión para nada original y, desde luego, que resultaría un absurdo creer verdadera (justo como todas las demás).
PDF

Y hasta aquí mis recomendaciones para hoy. Creo que es importante que los anarquistas sigamos realizando una defensa de la ciencia y una oposición firme a cualquier intento de las múltiples sectas de hacerse con el control ideológico de la clase obrera. Más aún en momentos en el que esas sectas comienzan a tener individuos afines dentro de nuestro propio movimiento anarquista, que difunden su peste tradicionalista y su moralina religiosa.
Salud y buena lectura.

1 54 55 56 57 58 64