Los modelos de organización de un movimiento revolucionario. La relación entre una minoría activa y un movimiento social

@BlackSpartak

Estamos en una época en la que podemos hacer ya un balance serio de los procesos revolucionarios sucedidos en los últimos dos siglos. Si nos interesa hacer las cosas de cierta manera deberá ser porque así lo hemos elegido, sabiendo bien porqué lo elegimos y en qué nos puede beneficiar.

En este sentido pretendo hacer un esquema con los tipos de relación entre una «minoría activa» y un movimiento de masas. Para aclararnos: por un lado la minoría activa de personas militantes será en algunos casos una organización estructurada y en otros casos simplemente estarán organizados de forma informal pero sin pretender conformar nada estable. Por otro lado en cuanto a movimiento de masas me puedo referir a un movimiento social (feminismo, ecologismo, vivienda, salud, juventud, etc.) o a un movimiento popular (obrero, campesino, indígena, liberación nacional, etc.)

Para hacerlo más entendible utilizaré ejemplos de la izquierda revolucionaria europea, concretamente del movimiento obrero y libertario ibérico, aunque con lógicas referencias a otras partes del mundo. Por último, una vez expuestas las partes quiero poder aplicarlas a otros movimientos revolucionarios de la historia, para ver de qué modo encajan.

Monismo organizativo (una organización que es política y social a la vez)

Se trata de la equiparación de un movimiento de masas a los intereses, forma de funcionamiento y objetivos de la minoría activa. Es decir que los principios, tácticas y finalidades de ambos coinciden plenamente.

Para este apartado recomiendo la lectura del texto La búsqueda de la unidad anarquista: la Federación Anarquista Ibérica antes de la II República.

Se trata de una historia de la FAI previa a la II República y todos los debates que tuvieron en torno a la relación con la CNT. Pienso que aclarará mucho las cosas.

– Movimiento social autónomo

Este caso es siempre así como comienza un movimiento social en nuestros días. Existe una problemática. La gente se organiza en torno a ella. El movimiento crece y se van formando tendencias en cuanto a la práctica y en cuanto a la teoría. Por tanto aparece la política.

En el ejemplo del movimiento obrero tenemos la aparición instintiva de anarquistas organizados dentro de los sindicatos. Estos militantes hablaban entre sí, tenían sus congresos y sus periódicos, pero no tenían una organización propia. Las decisiones estratégicas se hacían en forma de consigna que podría salir de un pleno o bien que aparecía en sus periódicos: «Todos a hacer X a partir de ahora». Pero lógicamente no todo el mundo las seguía.

Este tipo de estrategia se dio durante la creación de la CNT. En aquella época los anarquistas estaban dentro de las sociedades obreras. Aunque querían que ésta central sindical fuese lo más acorde con sus ideas, como es lógico, no presionaron para definirla ideológicamente. Al contrario, la planteaban como un organismo unitario de la clase trabajadora. El anarquismo jugaría el papel de «minoría activa», pero una minoría que se veía a sí misma como un «motor» del movimiento, un garante de que este movimiento iba a hacer bien las cosas.

De manera parecida hoy en día ocurre en muchos movimientos sociales o luchas populares grandes. Por ejemplo en la Z.A.D. contra el aeropuerto de Nantes, hay un sector de militantes influido por las ideas del «Comité Invisible» y similares. Logicamente sus posiciones no son iguales que las del resto del movimiento (campesinos de la zona, otros jóvenes que apoyan, gente de otras ideologías). En su caso se puede decir que conforman una minoría activa que influye en el movimiento en su conjunto.

– Anarcosindicalismo y sindicalismo «puro»

El siguiente estadio del desarrollo político de los movimientos es que si existe una tendencia que predomina y logra la hegemonía, lo normal es que intente equiparar el propio movimiento consigo misma. Esto le ocurrió al anarcosindicalismo.

En este caso el movimiento sindical, la CNT, era a la vez política y social. Esto ocurría por el claro predominio del sector libertario en los sindicatos. Manuel Buenacasa decía que en el Congreso de Sants «las diecinueve veinteavas partes de los delegados eran anarquistas», y aún así habían respetado la naturaleza autónoma del sindicato. Aún así, a partir de entonces se comienza a hablar de «anarcosindicalismo». Se trataba de un «sindicalismo revolucionario» hecho por anarquistas (que habían logrado la hegemonía). El sindicalismo era la potencia, la capacidad para hacer la revolución. El sindicato era la entidad que gestionaría la sociedad socialista, su columna vertebral. De hecho los anarcosindicalistas nunca llegaron a aceptar en serio que los municipios fueran otras unidades administrativas válidas en la sociedad socialista.

Por otro lado, el concepto «sindicalismo puro» viene de aquella tendencia que existió dentro del sindicalismo revolucionario que rechazaba el anarquismo por lo que fuera (les caían mal, no les parecía practicable lo que decían, querían consolidar los sindicatos primero, eran etapistas… lo que fuera). Entonces se generó una «minoría activa» que defendía el sindicalismo «a secas» a capa y espada contra lo que entendían una «anarquización» de la CNT (que entendían como errónea, como veremos ahora). De ahí saldría años más tarde la tendencia «treintista». Otro apunte, que fueran sindicalistas «puros» no quiere decir ni que fueran republicanos ni que fueran socialistas: eran sindicalistas y querían que los sindicatos fuesen independientes y también determinantes tanto para hacer la revolución como para gestionar la sociedad después.

– Movimiento Obrero Anarquista (MOA) o «forismo»

La FORA de Argentina tenía una minoría activa de anarquistas, que en su Quinto congreso lograron que triunfara su visión sobre sus finalidades (comunismo anárquico), sus estrategias (la huelga general y la insurrección obrera) y sus principios (los principios comunes a todo el anarquismo). Poco a poco los sindicatos de esta central sindical fueron pareciéndose cada vez más a grupos anarquistas que hacían sindicalismo en vez de sindicatos que tuvieran principios libertarios. Es decir, que se le dió la vuelta a la idea de sindicato. Esto provocó a su vez que todos los sindicatos que no estaban de acuerdo con ello, rompieran y crearan otra central sindical de carácter más neutro.

Esta manera de hacer las cosas fue teorizada más tarde por Abad de Santillán y López Arango en los años 20 y traía a Europa. En bastantes grupos anarquistas del momento (entre 1915 y 1925) esta idea caló. Por ello también intentaron «anarquizar» la CNT. Pero la desarticulación de los sindicatos en la dictadura de Primo de Rivera impidió que pusieran en práctica sus ideas y en vez de en el sindicalismo estuvieron muy activos en los ateneos y en la cultura o participarían de las conspiraciones contra la Dictadura.

Este tipo de movimiento también se propuso en la USI italiana. Se propuso que se debía fusionar con la Unione Anarchica Italiana, que era la específica. Fue rechazado, pero vemos que este debate también se dió en otros lugares.

En el exilio de la CNT en Francia en los años 50 y 60 esta idea organizativa fue puesta en práctica. Llegó a existir una estructura de CNT en las diversas ciudades y pueblos franceses pero que no tenía ningún tipo de actividad sindical, sino que trataban únicamente de temas políticos (siempre mirando a España) y culturales, ya que si querían hacer sindicalismo lo que tenían que hacer era unirse a los sindicatos franceses. En este caso hablar de CNT (la del exilio) era hablar de una organización anarquista sin lugar a dudas.

En nuestros días lo propone el sector ‘ortodoxo’ de CNT (la de los 80 y 90), y buena parte de la AIT, que entiende que los sindicatos anarcosindicalistas tienen que ser anarquista. De hecho equiparan anarcosindicalismo con anarquismo indistintamente.

No es exclusivo esto al sindicalismo, sino que también en algunos lugares se ha visto plantear un movimiento de vivienda exclusivamente anarquista, y hay otros ejemplos como el anarcofeminismo. Porque, ¿el anarcofeminismo es un feminismo hecho por anarquistas? ¿es un anarquismo que deviene en feminista? ¿una confluencia de ambas ideas? Dependiendo de la respuesta tendremos una estrategia que encaja en este apartado.

La crítica que se le puede hacer, es que si el movimiento social es grande, por lógica será plural política e ideológicamente. Por tanto si los anarquistas quieren montar su movimiento lo que están haciendo es cediéndole el resto del movimiento social a sus rivales políticos.

– Movimientismo

Es una crítica que hacen las organizaciones leninistas a estos movimientos que se niegan a admitir el dualismo organizativo (esto lo veremos más adelante). Es decir, que quieren mantener su movimiento social totalmente autónomo. Pero va más allá, el movimientismo es el movimiento por el movimiento y en ocasiones llega a ser hostil a cualquier organización política que intente marcarle el camino.

Sus peligros son que muchas veces este movimiento no tiene desarrollada su capacidad política y cae en el reformismo o bien es embaucado por otras fuerzas políticas mejor organizadas y lo canalizan por donde quieren. También puede significar sectorializar la lucha y centrarse en lo concreto ya que carece de objetivos a largo plazo más allá de la lucha en sí misma.

El ejemplo típico es el de algunos movimientos estudiantiles, que se agotan en sí mismos y que no consiguen ni relevo generacional ni aprender de los errores y fracasos de otras luchas previas. Muchas asambleas del 15M tuvieron esta manera de entender las cosas.

– Tendencias organizadas

Se trataría de ir un paso más allá de la minoría activa y organizarse «de verdad» a la hora de participar en movimientos amplios.

Por ejemplo en la Primera Internacional había unas organizaciones sindicales (la Federación de la Región Española por ejemplo), que eran mayoritarias y también había sectores políticos como por ejemplo un sector marxista y otro sector bakunista (en realidad había otros sectores socialistas y republicanos como los blanquistas, mazzinianos, carbonarios, proudhonianos, lassalianos, etc.). Todos estos sectores políticos competían entre sí. Y algunos de ellos tenían su propia organización política de manera «disimulada». En el caso de los partidarios de Marx tenían vínculos estrechos desde la Liga de los Comunistas, ya disuelta. Y los partidarios de Bakunin tenían la Alianza por la Democracia Socialista.

En el caso español los bakunistas estarían en la Alianza, a la que se fueron afiliando por juramento (se supone que una vez aceptado su programa). Eran decenas de militantes anarquistas que a su vez eran miembros de la Federación de la Región Española (el sindicato) y de hecho solían tener cargos en ella. En este caso la Alianza permanecía bastante a la sombra, aunque años después era muy obvio y era en ocasiones un punto de los plenos y congresos de los sindicatos.

Este tipo de organización también lo quiso hacer el grupo de marxistas que había en CNT a primeros de los años 20. Entonces crearon a iniciativa de Maurín los Comités Sindicalistas Revolucionarios. Su objeto era crear su tendencia y estructurarla para con el tiempo crear su partido sobre ella. No era un partido al margen del movimiento social, sino que vivía en su interior. En los años 30 ya tenían sus partidos y animaron lo que se llamó sindicatos «autónomos». En realidad eran autónomos de los anarquistas, pero afines al comunismo del BOC y del POUM.

Dualismo organizativo (2 organizaciones, una política y una social)

Se trata de la separación de lo político y lo social en dos organizaciones diferentes. Las dos estarán en relación para complementarse, pero cada una tendrá una vida autónoma.

– Partido-movimiento

La manera típica de entender la lucha de masas es el duo partido-movimiento. El marxismo lo esbozó y el leninismo lo sistematizó. Aún así esta manera de hacer las cosas la puede utilizar cualquier tendencia. Lo más conocido podría ser el ejemplo del socialismo, creando un partido y un sindicato, como fue el PSOE y la UGT. El anarquismo en ocasiones lo utilizó como fue la OARE de la década de 1880s respecto del movimiento sindical (primero FTRE y luego Pactos de Solidaridad).

Es decir, que se pasa de una tendencia organizada en el seno de un movimiento para convertirse en una organización independiente. En el caso de la Alianza por la Democracia Socialista, al disolverse oficialmente para entrar en la AIT, deja de ser una organización independiente para ser una tendencia organizada. Aquí podría haber un debate sobre si de verdad estaba disuelta o aún seguía existiendo. Si estaba disuelta y sus miembros hablaran entre sí, estaríamos ante el ejemplo de una tendencia. Pero si la organización siguiera con vida (guardando las apariencias para poder estar dentro de la AIT), entonces estaríamos ante el ejemplo de partido-movimiento. Tanto da, porque el resultado fue el mismo.

Será el mismo caso de los siguientes ejemplos.

– Plataformismo / especifismo

Algunos anarquistas tras la Revolución rusa hicieron balance. No les gustó nada la actuación del movimiento libertario ruso y achacaron gran parte de los errores a la desorganización crónica de éste que le dio mucha ventaja al bolchevismo justo en el momento clave. Por tanto para evitar que esto se repitiera le proposieron al movimiento libertario una estrategia, la plataforma.

La plataforma consistía en crear una organización anarquista unida por unas estrategias (la lucha de clases), unas tácticas (utilizar el sindicalismo), un objetivo (el comunismo libertario), un programa y una disciplina. Entonces la plataforma no aúna a cualquier anarquista, sino que solo junta a quienes aceptan todo eso.

Como dice el texto enlazado, la plataforma apareció en un momento inoportuno en Francia. En aquellos años el movimiento libertario había abandonado los sindicatos (el movimiento social) y estaba generalmente inclinado hacia la bohemia, el individualismo y la búsqueda de la vida libre. Por tanto cuando aparecieron unos militantes que hablaban de programa y disciplina, les debió sonar a bolchevismo.

Sin embargo no era más que volver a Bakunin (en su época programa se llamaba catecismo revolucionario; se hacía juramento solemne, etc.). El movimiento de Bulgaria se estructuraba siguiendo la plataforma y entre 1944 y 1948 tuvo su oportunidad revolucionaria.

Luego estas ideas las recogió la FAU de Uruguay en los años 50-60-70 y las actualizó. Entre otras cosas también cambió el nombre a especifismo (que tiene su origen en la organización «específica», como la FAU) y le cambió el ámbito de actuación, que ya no era la lucha de clases como motor de la historia, sino que lo ampliaba a todo el «pueblo» o a la «lucha popular» en toda su amplitud, de la cual la lucha de clases era uno de los frentes. De ahí que se diga que la FAU era una organización nacional-popular similar a las organizaciones marxistas y latinoamericanistas de izquierdas que abundaban en aquella época.

– El modelo FAI o la síntesis

El faísmo pretendía tener dentro de la organización libertaria a todo tipo de libertarios. Lo que le importaba era la unidad anarquista y no tanto el programa. Quizá por eso algunos plenos eran tan conflictivos. Con esta forma de actuar realmente seguían lo que en el siglo XIX se llamó «anarquismo sin adjetivos».

Pero a nivel práctico la FAI actuaba de forma bastante seria y quería vincularse a la CNT para que ésta no se conformara con un sindicalismo reformista o bien que acabara en manos del marxismo. Para ello consiguieron convencer a los anarcosindicalistas de los comités de CNT para poder impulsar dos organismos unitarios: el comité de acción revolucionaria y el comité pro-presos. En la República esto se amplió a los Comités de Defensa (que en principio eran solo de CNT, pero en la práctica los formaba gente en la órbita de la FAI). Ambos iban a ser conjuntos CNT-FAI. Este es el inicio de lo que se llamó la «trabazón». Esto es básicamente lo mismo que lo que tenía el PCE con sus sindicatos o el PSOE con la UGT. De hecho en inglés los historiadores libertarios usan la misma palabra tanto para hablar de la trabazón de la FAI como la relación del PCE con sus sindicatos.

Sin embargo, no se puede decir que la FAI en bloque controlase la CNT. Eso no fue así. La FAI nunca fue un bloque. Lo que ocurrió fue que dentro de la FAI había distintos grupos anarquistas con prestigio que tenían grandes redes de grupos afines. Por ejemplo el grupo «Nosotros» tenía grupos afines en media España. Lo mismo con el grupo «Nervio», y así con otros. Cada uno de estos grupos representaba una tendencia política (táctica y estrategia) en el seno de la FAI. Por eso no había unidad política sino que la unidad era simbólica de puertas afuera.

– El «treintismo»

Si bien comenzó siendo una tendencia de la CNT, con el tiempo creó su propia organización política, que fue la Federación Sindicalista Libertaria. Su objetivo era terminar controlando el movimiento obrero e impulsarlo hacia la gestión de la economía. De cierta manera se convirtió en una anti-FAI cuando perdió el control de las secretarías, los comités y de Solidaridad Obrera. Sin embargo no pudieron desarrollar su corriente política más allá de 1934 y en el Congreso de Zaragoza de 1936 la mayoría volvería a CNT. En CNT esta corriente volvería a tener fuerza durante la Guerra civil llegando a determinar gran parte de la estrategia de la Confederación. Desde la postura más revolucionaria en 1937 se acusaba a los comités superiores de CNT de ser «treintistas».

Otro caso distinto sería el de Angel Pestaña, que crearía en 1928 una «unión de militantes», para poder dirigir CNT, aunque no tuvo mucho éxito. Recordemos, una unión de militantes sería una tendencia interna ya que no pretendía crear nada independiente del movimiento sindical. En los años de la República su estrategia derivó en la creación del Partido Sindicalista, que al ser boicoteado por el anarcosindicalismo y las específicas FAI y JJ.LL. (e incluso por la FSL) no pudo llegar lejos.

Casuística

Pasemos a analizar entonces algunos ejemplos de la historia revolucionaria para ver donde encajarían.

– Consejismo

El movimiento de los consejos obreros alemán era una opción de gestión socialista de la sociedad. Se basaba en los consejos obreros como organismos de poder. Su principal fuerza partidaria fue el KAPD alemán, y tuvo varios partidos hermanos en Holanda, Gran Bretaña, etc. En este momento vemos una estrategia de partido-movimiento: el KAPD influye en el movimiento de los consejos. Además el partido impulsó un sindicato, la AAUD, que era una especie de sindicato formado por asambleas de trabajadores que se oponían a los sindicatos socialdemócratas en la defensa de los consejos obreros.

Sin embargo con el tiempo tuvo su escisión. De este partido salió un buen número de gente para formar la AAUD-E que era un movimiento político y social a la vez, en una sola organización. Y por tanto exigía la disolución del partido.

– Autonomía

La autonomía no es fácil de explicar ya que tuvo diferentes facetas según las épocas y los distintos territorios en donde se ponía en práctica.

En principio todo parte de la autonomía obrera o autonomía proletaria (u operaia) de Italia. En este momento existían diversos partidos pequeños (algunos no tan pequeños) que la defendían. Pero la autonomía se daba en las asambleas de trabajadores, de estudiantes, en los barrios, etc. A mediados de los 70 aquella fase fue superada y la autonomía se generalizó en una parte de la población, que comenzó a actuar sin necesidad de consignas de los partidos. Por tanto la mayoría de los partidos de extrema izquierda se terminaron disolviendo en el movimiento autónomo.

En este caso adoptaron en gran medida el movimientismo, ya que el movimiento (o el movimiento de movimientos) se bastaba a sí mismo. El rol de partido lo tomaban las revistas, que se difundían masivamente y era el foro de debate de todo el movimiento. Aunque el movimiento intentó llevar a cabo algun congreso para determinar la estrategia, en realidad tampoco serían representativos ya que la gente actuaría a su manera sin hacer caso de las mayorías.

En América Latina las actuales autonomías toman de referente la Europa de los años 70, pero lo adaptan a su experiencia política propia. Los pueblos indígenas y campesinos la practican. Pero tienen sus congresos indígenas y su estrategia compartida. De alguna manera la existencia de un EZLN ha marcado las pautas a seguir, sin necesidad de estar sometidos a ese movimiento.

En Europa la autonomía se desarrolló con el movimiento de las okupaciones. También entró en los distintos movimientos estudiantiles de distintas épocas. Tuvo fuerza en Alemania y Holanda en los años 80. Y de vez en cuando tiene períodos de expansión, como ahora ocurre en Francia. Oscila entre el movimientismo y el movimiento social autónomo (consciente de sí mismo) pero con tendencias internas basadas en las influencias políticas de cada sector.

– La CNT en sus períodos

Podemos reconstruir las diferentes etapas de CNT según ha predominado una estrategia u otra.

  1. desde 1910 a 1918-23 predomina la participación de los anarquistas sin organizarse en cuanto a tendencia propia. Éstos construían el movimiento social y sindical. El anarquismo adopta la idea del sindicalismo revolucionario (→ es decir, que los sindicatos serán los organismos de gestión de la futura sociedad socialista // nada que ver con radicalismos verbales de hoy en día).

  2. Período 1918-23. Comienza el anarcosindicalismo. La mayoría de los sindicatos se han «anarquizado» y se reivindican como parte del movimiento libertario. A la vez existe una tendencia interna organizada que encabezan los marxistas (Maurín, Nin, Andrade…)

  3. Período 1923-28. Hay bastantes grupos anarquistas que plantean que CNT debería ser un MOA, un movimiento anarquista y no anarcosindicalista. Sin embargo en los debates gana la idea de crear una organización aparte.

  4. 1927-33. Existencia de la FAI que se postula como organización hermana de la CNT. Se desarrolla la trabazón, y existe un dualismo organización política-movimiento sindical. A la vez existe una tendencia interna de oposición (aunque también querían controlar la CNT a su manera) que es el treintismo. Se expulsa el sector marxista en bloque (PCE en Andalucía y Asturias y BOC en Catalunya).

  5. 1934-36. El treintismo rompe el movimiento y creará su propia organización, la FSL.

  6. 1936-39. Se da la paradoja que en el momento clave de la guerra civil la FAI no tiene una postura unitaria. Por tanto se cae en cierto seguidismo respecto la postura de los sindicatos (en donde existe influencia del treintismo). Por tanto es el sindicato el que marcará la dirección estratégica de todo el movimiento libertario. Incluso la FAI se irá amoldando a esta situación, que reconocen como natural.

  7. 1939-45. Reconstrucción

  8. 1945-75. En el interior predomina una orientación de CNT como sindicato y nada más. Los grupos anarquistas del interior actúan normalmente al margen de CNT. En el exilio se convierte en la práctica en dos partidos, según las dos posturas mayoritarias en las que estaban divididos los anarquistas. Entienden la CNT como organización anarquista unos y los otros como organización sindicalista revolucionaria que tendría como prioridad la consecución de una República (sería el sector partidario de la colaboración con el resto de fuerzas antifranquistas).

  9. 1976-79. Se prioriza la creación de un gran sindicato, CNT. Es la organización vehiculadora del movimiento. Dentro existirán diversas tendencias que se enfrentarán.

  10. 1979-89. Periodo de enfrentamientos en el seno del anarcosindicalismo. El sector posibilista aceptarán los comités de empresa como gestores de los intereses de la plantilla, y el otro sector se niega. De hecho al tampoco tener activas muchas secciones sindicales cae en el forismo, el MOA. Para este sector CNT suele ser igual a una organización anarquista.

  11. Con los años una buena parte de CGT ha olvidado que la razón de ser del anarcosindicalismo es que los sindicatos gestionen la economía (quizá culpa de la penosa correlación de fuerzas que tenemos los sectores revolucionarios en general). Mientas que la CNT-AIT tuvo dos tendencias importantes, una la de que los sindicatos eran casi lo mismo que un grupo anarquista. La segunda de intento de volver al anarcosindicalismo, que ha ido ganando terreno en los últimos tiempos.

Todo esto es evidentemente opinable. Escribo bastante a grandes rasgos, pero con la idea de hacer una reflexión sobre la estrategia organizativa concreta de nuestras organizaciones.

– Movimiento popular vasco

En este caso siempre se ha dotado de la figura del partido. En ocasiones varios. El movimiento popular tiene una parte formal conformada por Sortu/Bildu, Ernai y LAB, y por otra parte tiene un gran entorno informal que es la lucha por el Euskera, la lucha ecologista y feminista, su red de gaztetxes sus grupos de música, prensa y radios, etc. No tiene organización estratégica (como fue EKIN) sino un partido de masas que es quien marca el rumbo de todo el movimiento. Este sistema es el que se calca desde otros movimientos de liberación nacional.

Conclusiones

En definitiva, vuelvo a insistir que nunca se debe mitificar una estrategia, porque lo que es adecuado para un contexto puede que no lo sea para otro. Por ello los movimientos revolucionarios deben fomentar el análisis y el estudio de los escenarios y las coyunturas en las que se encuentran para poder determinar el camino hacia sus objetivos.

 

El marxismo que no nos contaron (IV)

Una nueva generación y nuevas latitudes

Hemos mencionado las luchas coloniales y postcoloniales y encontramos algún ejemplo en la guerra de Argelia (1954-62). Daniel Guérin, a quien ya hemos mencionado, y que ya había sido un valedor del papel que podía jugar la minoría afrodescendiente en EEUU, está entre quienes apoyan la causa independentista argelina. Esta, pese a estar dominada por una formación profundamente jacobina como era el Frente de Liberación Nacional, quizá por plantearse como una estructura más independentista que leninista, se muestra más abierta a la autogestión obrera en las fábricas y da varias figuras heterodoxas: el ala izquierda estrictamente argelina y el tunecino Al-‘Afif Al-Ajdar. Es en esta época cuando Guérin se va convenciendo del poder de la autogestión y el poder colectivo que le llevará a hablar abiertamente de marxismo libertario (Pour un marxisme libertaire, 1969) y a reivindicar a los referentes clásicos del anarquismo (Ni dios, ni amo, traducido en 1977).  Y es también cuando se configura un ala izquierda del nuevo estado argelino y sus organizaciones de masas en torno, sobre todo, a Hocine Zahouane, sindicalista muy partidario de la autogestión frente a la burocracia estatal, Mohammed Harbi y Bashir Hadj Ali. Este núcleo, en la etapa 1962-65, tenía voz, presencia y hasta algún cargo públicos en el nuevo régimen y contacto directo con el jefe de estado Ahmed Ben Bella –cosa que les valdría alguna burla de la Internacional Situacionista, al compararlo con su capacidad de extender la autogestión y no sólo «cantar» sobre ella–, pero todo eso se acabaría con el golpe de Boumédiène en 1965. A partir de ahí, el pequeñísimo sector autogestionado de la economía sería estatalizado junto con gran parte del privado y la izquierda argelina pasaría de librar un pulso con el ejército a ser abiertamente perseguida, detenciones y torturas incluidas. Pese a intentar luchar mediante una Organización de Resistencia Popular, serán barridos por la represión y el exilio consecuente.

El internacionalista Al-Ajdar es aún más interesante puesto que, después de participar en el FLN argelino y en el aparato de formación del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (a principios de la década de 1970), reaparece en el convulso Beirut de 1975-1990 en la organización de asambleas y consejos populares y como autor del libro Sultat al-majalis («El poder de los consejos»). Autor de una nueva traducción del Manifiesto comunista, Al-Ajdar fue, que sepamos, el principal exponente del consejismo en el mundo árabe antes de pasarse, en la vejez, a un vago laicismo que le llevaría a hacer frente común con el régimen de Ben Alí y las potencias occidentales.

Sin ir a coordenadas tan lejanas, en el País Vasco se da un fenómeno peculiar. Un grupo de jóvenes universitarios cercanos al Partido Nacionalista Vasco y, sobre todo a EGI, su organización juvenil, más familiarizados, por lo tanto, con el liberalismo ilustrado y el socialcristianismo que con el marxismo, defienden, contra la dictadura militar, la democracia política, contra los asimilacionismos español y francés, la democracia cultural y, contra la explotación capitalista y leninista, la democracia económica como tercera vía. Se trata del grupo que primero edita la revista Ekin («Acción») y en 1959 funda el movimiento Euskadi Ta Askatasuna o ETA. No está de más decir que, si bien la fascinación por Cuba, Argelia y Vietnam y sus respectivas evoluciones hace que algunos de sus líderes impriman a las primeras ETAs una clara influencia leninista (especialmente los hermanos Etxebarrieta), existe cierto contrapeso a causa de esos orígenes liberales y de la influencia de personajes como el anarcosindicalista Félix Likiniano (sin cargo formal, no obstante) y, sobre todo, con el asesoramiento formal del ideólogo Federico Krutwig, influyente en el decenio 1965-1975 y partidario de un marxismo heterodoxo.

Algunas de sus personas cercanas (Marc Légasse) o miembros (Mikel Orrantia, alias Tar, o el ex-dirigente Emilio López Adán, Beltza) acabarán reivindicando parcial o totalmente el anarquismo; en el caso de Orrantia, participará en la creación de la revista Askatasuna («Libertad», 1971-1980), que, en un difícil equilibrio anarcoindependentista, participará en la reconstrucción de la CNT (1976), de la que será expulsada tras apoyar la «alternativa táctica KAS» (1978).

En Yugoslavia, dentro del oficialista KPJ, será la generación que se unió para hacer la guerra contra el ocupante nazi o en la postguerra la que dará un grupo de intelectuales (Mihailo Marković, Rudi Supek, Milan Kangrga o Gajo Petrović) que, en contacto con los debates occidentales, cuestionará el leninismo desde dentro. Si bien se mantienen en la línea de su partido en la época inmediatamente posterior a la ruptura del titismo con la KomIntern (1948), con la apertura posterior vendrán los problemas.

Ya antes de ese grupo, un personaje de mucho mayor peso institucional, Milovan Djilas, había afirmado que Yugoslavia era un estado totalitario con una burocracia minoritaria gobernante y una clase mayoritaria gobernada en su libro La nueva clase (1957). De forma menos conflictiva, el mencionado grupo de intelectuales empieza en 1964 una búsqueda de un marxismo sin hipotecas políticas, capaz de analizar sin necesidad de justificar o invalidar a nadie y en contacto con autores de otros países –especialmente digno de señalar es el ya mencionado Erich Fromm–. Pese a las tensiones que eso suscitaría con la dirigencia del partido, sacarán la revista Praxis, con prohibiciones puntuales, y la universidad de verano de Korčula hasta 1975 en que la publicación sería clausurada y se pondría fin a la actividad del grupo en el país. Praxis, como grupo, seguiría hablando a través de sus contactos en el extranjero y, de hecho, publicaría una nueva revista, Praxis International, de 1981 a 1991.

El mítico 1968 y, en general, la agitación de los países industrializados en esos años parece confirmar los análisis –por lo demás, poco conocidos– de tantas marxistas rebeldes: ni el estado del bienestar en occidente ni la eliminación de la burguesía en el oriente leninista bastan para acabar con la lucha de clases. Una nueva generación con pocos hábitos activistas y atomizada por una sociedad donde escasean las organizaciones de clase protagoniza un proceso muy capaz de crear situaciones (movilizaciones concretas, algaradas, atentados) con visibilidad mediática y de teorizarlas, pero muy poco capaz de transformar todo esto en estructuras estables, ya sean formales o informales.

Esta nueva generación escucha a las anteriores, pero no será en absoluto capaz de ir más allá de ellas, más bien al contrario. Con todo, dejará al menos toda una serie de grupos autónomos donde, bajo principios libertarios (acción directa, autogestión, asamblearismo) conviven activistas de formación anarquista con otros de formación marxista, unidas en torno a prácticas comunes, en lugar de enfrentarse por los debates de la AIT o por anticipar debates de un futuro que quizá no vivan para ver.

Los más conocidos de ellos son los grupos armados, por lo osado y mediático de sus acciones y el pulso (anti)represivo consecuente, si bien no son en absoluto los únicos ni son separables de las acciones no armadas. En Francia –cuya mezcolanza de activistas autóctonas con refugiadas españolas ya hemos mencionado–, este espectro político dará tanto el grupo en torno a la librería La vieille taupe («El viejo topo») de Pierre Guillaume, Jacques Baynac y Gilles Dauvé (alias Jean Barrot) como el 1000 o MIL donde se unen, en torno a Oriol Solé Sugranyes –que viene del maoísmo– un grupo de Toulouse con formación anarquista y sed de acción (Vive la Commune!) y parte del incipiente movimiento autónomo barcelonés (¿Qué hacer?, Nuestra clase, Grupos Obreros Autónomos), de formación marxista por aplastante mayoría y, evidentemente, clandestino. En aquel momento en que las Comisiones Obreras son una propuesta y no una organización, mucho menos una organización vertical, estas personas aspiran a convertirlos en el equivalente de los soviets de la Rusia revolucionaria y es por ello que intentan una teorización desde la práctica que les lleva a traducir o retraducir a Pannekoek, Ciliga, Balázs y otras. Pese a ser más conocido por sus atracos, el MIL no se entiende sin esta corriente más orientada a la formación y la autoorganización (que recibe parte del botín de dichas expropiaciones, claro), como ocurrirá con aquel sector que intenta seguir con la agitación armada después de 1973: los GAC y la llamada OLlA (nombre de origen policial) en la región española, los GAI-GARI en la francesa.

Surgirán también en distintos países grupos que cambiarían rápidamente de nombre y otros más informales, sin nombre, generalmente en las décadas de 1970 y 1980. En el caso de Francia, de nuevo, nos encontramos con que el más conocido (Action Directe) lo fue por sus acciones armadas en 1979-1981 y 1982-1987, pero no es menos cierto que entre la amnistía de 1981 y su nuevo enfrentamiento abierto en 1982, la llamada rama parisina (Rouillan, Ménigon, Aubron, etc.) participó públicamente en el movimiento okupa, las luchas de las refugiadas turcas, libanesas, etc.

No está clara la continuidad entre estos grupos de la diáspora hispano-francesa y los que actuaron a partir de 1977 en Barcelona, Madrid, Valencia o Valladolid, al calor de las luchas obreras, vecinales y estudiantiles, pero sí se ve la continuidad entre el independentismo revolucionario vasco y el movimiento autónomo que surge a su izquierda (sus expresiones más conocidas, que no únicas, serían LAIA-ez, el sector del partido LAIA que se negó a integrarse en la Koordinadora Abertzale Sozialista y los Comandos Autónomos Anticapitalistas), a veces respetado, a menudo despreciado o difamado desde aquel.

También surgieron grupos autónomos en Italia (en todo el llamado «movimentismo» convivían leninistas, consejistas, anarquistas, etc., a veces en los mismos grupos, a veces en grupos separados) y en la Europa germanohablante, donde el más conocido sería el alemán Movimiento 2 de Junio. No obstante, en ese difuso tronco movimentista también existieron al menos el grupo antifascista Spartakus en Austria y el colectivo Hydra en la suiza germanohablante, ansiosas de buscar alternativas a la integración en el sistema, la evasión mediante la intoxicación o el enfrentamiento bélico de la RAF y demás. Si bien no podemos hablar de un grupo con una orientación política clara, lo seguro es que algunas de las integrantes de estos grupos, también inspiradas por la comuna libre de Contadour del escritor Jean Giono, emigrarían a la Provenza francesa, donde fundarían la comuna Longo Maï, que subsiste después de más de cuarenta años y ha dado lugar a una red cooperativa que llega a otros países.

El neomaltusianismo: una batalla social del anarquismo no reconocida

Si pensamos en el reflejo en la práctica del anarquismo probablemente las primeras imágenes que nos vendrán a la cabeza serán la participación de las milicianas en el frente de la Guerra Civil, las colectivizaciones de tierras en Aragón, la actividad anticlerical y, más frecuentemente, los centros ociales ocupados y el activismo anticarcelario o antiespecista.

Sin embargo, no se tiene tan presente que el anarquismo es responsable de la primera difusión de medios anticonceptivos y contraceptivos en el estado español, medio siglo antes de la revolución sexual del mayo del 68 que llevó a la generalización de estas medidas en Occidente.

Así, a comienzos del siglo XX, figuras tan destacadas del anarquismo hispano como el teórico Anselmo Lorenzo, el pedagogo Ferrer i Guardia o Mateo Morral, conocido por intentar atentar contra la vida de Alfonso XIII, participaron en la difusión de los anticonceptivos y del neomaltusianismo.

Esta última teoría nace como una reformulación de la teoría de Malthus, un economista británico que defendía que, mientras el crecimiento económico seguía una progresión aritmética (x2, x3, x4,…) la población crecía a ritmo geométrico (x2, x4, x6,…) y, para paliar este desajuste, proponía el retraso de la edad de matrimonio y la supresión de toda ayuda social a lxs desfavorecidxs.

De este modo, este personaje que aparece en los manuales de los libros de economía como un simpático padre de la economía liberal, fue el responsable intelectual de la abolición de las Leyes de Pobres en Inglaterra y, siglo y medio después, de las hambrunas forzadas en Bengala que causaron millones de muertos en las mismas fechas de las hambrunas en la Ucrania soviética, mucho más conocidas2.

Partiendo del mismo análisis estructural, lxs neomaltusianxs proponían en cambio la difusión de los anticonceptivos para reducir la población. Por otra parte analizaban que, además de permitir paliar las condiciones de vida de las clases subalternas al reducir el número de bocas a alimentar, el neomaltusianismo constituía un instrumento de lucha social ya que al reducirse la mano de obra disponible obligaría a los patrones a incrementar los salarios.

En el estado español, a este enfoque procreativo se añadió la oposición al militarismo y a la emigración, publicando testimonios de emigrantes arrepentidos y defendiendo que ambos procesos solo eran posibles con fuertes excedentes de población. Este enfoque sorprende situándose medio siglo antes de que Foucault teorizara sobre la biopolítica.

Trayectoria histórica

Volviendo a la difusión, Ferrer i Guardia y los otros anarquistas citados entraron en contacto en su exilio en París con la Liga Universal para la Regeneración Humana, la internacional neomaltusiana y divulgaron sus artículos y postulados en el estado español. En 1904 se fundaría la sección española de la Liga con sede en Barcelona y con un órgano, Salud y Fuerza, en el que se defendían los postulados neomaltusianos y se informaba sobre la utilización de los anticonceptivos.

La tirada de la revista alcanzaría los 4000 ejemplares en 1905, año en el que la sección española neomaltuusiana ya contaba con 31 agrupaciones concentradas en Catalunya y en menor medida en Asturies, Andalucía, Canarias, Galiza, Euskadi, Murcia o País Valenciá.

saludyfuerza

Portada de Salud y Fuerza con una caricatura que ilustra perfectamente el ideario neomaltusiano.

Los beneficios de las suscripciones de la revista, además de las donaciones, permitieron abrir en 1906 Barcelona un centro de planificación familiar en el que se efectuaban consultas gratuitas para prevenir embarazos. Un hito, si tenemos en cuenta que fue el segundo centro de estas características en Europa.

En el mismo año, Bulffi Quintana, el redactor de Salud y Fuerza, publicaría Huelga de Vientres, un folleto que defendía el neomaltusianismo como un complemento para la revolución social y explicaba el funcionamiento de varios anticonceptivos químicos. Este opúsculo alcanzaría una tirada extraordinaria de 134.000 ejemplares en 1911 y 240.000 en 1936.

La actividad neomaltusiana se prolongaría hasta la Primera Guerra Mundial en la que la represión y las dificultades económicas llevaron a la desaparición de Salud y Fuerza. En 1923, se abriría una nueva etapa en la difusión del neomaltusianismo con la fundación de la revista Generación Consciente, posteriormente llamada Estudios. Esta publicación abriría una visión conjunta al incorporar a la defensa de la maternidad consciente el naturismo, pretendiendo con ambos elementos regenerar la salud colectiva e individual de la población. Sus tiradas alcanzarían cifras notablemente superiores, situándose en torno a los setenta mil ejemplares, si bien esta publicación también se enviaba por Europa y América Latina.

Además debemos señalar en este período la existencia de otras revistas que difundieron el neomaltusianismo como la anarcoindividualista Iniciales o la revista Orto, fundada en 1931 y próxima a los postulados treintistas de Pestaña.

Por otra parte, la llegada de la II República supuso una mayor consolidación social e institucional de estas cuestiones. Así en 1931 la sección de sanidad de la CNT acordaría reclamar la educación sexual y la extensión de la maternidad consciente, unas demandas que aprobaría la CNT en su conjunto en el Congreso de Zaragoza en 1936. Por su parte, la revolución social de 1936 propiciaría que el anarquista Félix Martí Ibáñez, como responsable de sanidad en Catalunya, aprobase la primera ley de aborto en ese territorio, al mismo tiempo que Mujeres Libres abrían una escuela de maternidad consciente en la ciudad condal.

La dictadura franquista supondría un abrupto final para las publicaciones neomaltusianas y, con ellas, de la difusión de la anticoncepción que no empezaría a retomarse, de manera clandestina, hasta las últimas décadas del franquismo.

¿Un movimiento feminista?

Dadas las características de la anticoncepción y sus implicaciones de autonomía sexual para las mujeres, podríamos concluir automáticamente que estamos ante un movimiento feminista. De hecho, resultaban frecuentes las apelaciones de las publicaciones neomaltusianas a la población femenina en este sentido. También parece sustentar esta idea el hecho de formarse en algunas localidades secciones neomaltusianas femeninas y masculinas por separado, como en La Línea de la Concepción o en Sabadell.

Sin embargo, es destacable que de entre los articulistas en Salud y Fuerza la mayoría eran hombres y, las mujeres que participaban, eran exclusivamente extranjeras. Aunque no participase en esta revista es destacable la actividad a favor de la anticoncepción de Emma Goldman. Sin embargo, en esta etapa en el estado español solo destaca Antonia Maymón, que a través de sus clases como maestra participaba en la difusión del neomaltusianismo y la educación sexual.

En el siguiente período de 1923, cabe sumar la participación como articulista de la anarquista aragonesa Amparo Poch i Gascón. Pero en cualquier caso, cabe dudar de la caracterización feminista de este movimiento con una participación de las mujeres tan reducida.

Además, si analizamos los métodos anticonceptivos observamos que mientras no se recomendaba el uso del preservativo, se proponía una amplia gama de inyecciones químicas, calendarios, pesarios de metal, esponjas,… que deberían utilizar las mujeres con sus consecuentes efectos secundarios físicos: incomodidad, infecciones… No obstante, en la esterilización ocurría lo contrario, mientras se rechazaba la ligadura de trompas por lesiva se recomendaba la vasectomía masculina destacando su inocuidad y su carácter supuestamente reversible.

La importancia del neomaltusianismo libertario

Analizar qué repercusión estadística tuvo este movimiento es complicado, por no decir imposible. El neomaltusianismo español surge en un momento en el que la natalidad comienza a descender significativamente aproximándose a un modelo demográfico “moderno”; ahora bien, no tenemos medios para analizar qué parte de la población tuvo menos hijos influida por esta idea.

No obstante, el número de secciones que alcanzó en el territorio español y el de las tiradas de ejemplares implican la relevancia de esta práctica entre los anarquistas, en una etapa en la que la CNT era el sindicato de mayor afiliación. Además, el neomaltusianismo español serviría, a través de la emigración, como lanzadera para la difusión de esta teoría por América Latina.

Dicho esto, algunos anarquistas expresaron su resistencia a esta corriente. El más destacado fue Leopoldo Bonafulla, padre de Federica Montseny y redactor de La Revista Blanca, la publicación anarquista cultural de mayor relevancia en el tránsito de los siglos XIX al XX.

Sin embargo, podemos afirmar que neomaltusianismo español y anarquismo fueron movimientos dependientes. Y es que, mientras la mayoría de los anarquistas apoyaban la maternidad consciente, buena parte del movimiento obrero se mostraba reacio, como los socialistas que llegaron a expulsar a oradores neomaltusianos del Centro Obrero de Pontevedra3.

No será hasta la Segunda Republica cuando se incorporen figuras socialistas como la adolescente gallega Hildegart Rodríguez a la defensa de la procreación consciente. La extraordinaria y trágica vida de esta mujer y su madre serán llevadas, no sin cierto morbo, a la novela y más tarde al cine en Mi hija Hildegart4.

Por otra parte, estos vínculos tan fuertes entre el anarquismo y la educación sexual, discuten el tópico historiográfico del anarquismo como una expresión secular del milenarismo utópico que arraiga especialmente entre los campesinos por su analfabetismo. Autores como Gerald Brenan o el marxista Eric Hobsbawmn han subrayado los rasgos puritanos que beben del catolicismo en los que, sin embargo, no encaja la difusión del neomaltusianismo. Por el contrario, tal y como sostiene Benedict Anderson, el especial arraigo del anarquismo en estados católicos podría obedecer al enorme poder de la Iglesia en dichos territorios y a la actividad anticlerical libertaria5.

Asimismo, si los progresistas e incluso ciertos marxistas-leninistas reivindican la alfabetización y el acceso a la escuela pública que trajo consigo la II República, es justo reivindicar desde los parámetros libertarios esta forma de paliar las condiciones de vida de las clases subalternas mediante la anticoncepción, impidiendo el sufrimiento de futuras vidas al mismo tiempo que mejoraba los recursos económicos de las familias al reducir las bocas a alimentar y aumentaba la autonomía de las mujeres, en cuyos cuidados recaerían los nuevos individuos.

La difusión de este movimiento no estuvo exenta de dificultades tales como la oposición de los Comités de Defensa Social organizados por la Iglesia en Catalunya o el periplo penal que hubo de soportar Luis Bulffi i Quintana, constantemente sometido a multas, procesos judiciales y períodos en prisión acusado de “pornografía”.

Todo esto no nos debe llevar a una concepción mítica y anacrónica de la sexualidad en el anarquismo pues, tal y como señala Richard Cleminson, junto a la difusión de la anticoncepción en el anarquismo de este período nos encontramos con posturas dispares y decepcionantes sobre la eugenesia, la homosexualidad y la masturbación6.

1 Salvo lo indicado por las notas a pié de página, este artículo se basa en MASJUAN BRACONS, Eduard La ecología humana en el anarquismo ibérico: Urbanismo “orgánico” o ecológico, neomaltusianismo y naturismo social. Barcelona: Ed. Icaria, 2000.

2 https://es.wikipedia.org/wiki/Hambruna_de_1943_en_Bengala

3 FERNÁNDEZ, Elíseo e PEREIRA GONZÁLEZ, Dioniosio “Neomalthusianismo e movemento libertario na Galiza de anteguerra.” en DÍAZ-FIERROS VIQUEIRA, Francisco O darwinismo e Galicia. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 2009

4 https://es.wikipedia.org/wiki/Mi_hija_Hildegart

5 ANDERSON, Benedict Bajo tres banderas. Anarquismo e imaginación anticolonial Ed. Akal: Madrid: 2008. P 78.

6 CLEMINSON, Richard Anarquismo y sexualidad (España, 1900-1939). Cádiz: Ed. Universidad de Cádiz, 2008

Economía Participativa: Análisis de los sistemas económicos actuales (I)

Estrenamos una serie de dos artículos sobre economía (la gran olvidada, a menudo, de las corrientes libertarias).
En esta primera entrada analizaremos de forma concisa los tres modelos “clásicos” de gestión económica: el libre mercado, la economía planificada y la economía mixta.

INTRODUCCIÓN

Podríamos definir burdamente “economía” como: “la ciencia social que estudia la extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios con el fin de satisfacer las necesidades humanas”.

Según esta definición, no es difícil imaginar que la política sea inherente a la economía y viceversa (sin obviar la relación que ambas tienen con otras ciencias como la psicología, la sociología o la historia).
Las formas de gestión económicas han sido tremendamente variadas a lo largo de la historia humana, definir cada una de ellas nos daría para diez tomos enciclopédicos, así que aquí nos centraremos en explicar las tres grandes familias económicas de los dos últimos siglos, dentro de las cuales hay gran cantidad de corrientes, matices y posturas.

ECONOMÍA DE MERCADO

Se entiende como modelo económico de mercado aquél en el que la producción y el consumo de bienes se regulan mediante la ley de la oferta y la demanda.
La característica sine qua non de esta estructura organizativa es la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Es decir, se entiende como “derecho inherente” del individuo poseer y controlar tanto el capital de la empresa como la maquinaria necesaria para producir así como el derecho a percibir una mayor remuneración, dando lugar a los problemas estructurales tan ampliamente criticadas por las teorías socialistas como la explotación de la plusvalía por parte del empresario, la segregación por clases sociales (dicotomía burguesía/proletariado), las relaciones verticales, la alienación del obrero con respecto a su producción, a su potencial y a sus compañeras, etc.

Per se, este modelo económico ya se plantea contrario a los postulados libertarios.

Otro punto destacable de la economía de mercado es lo referente a la intervención estatal.
Las diferentes corrientes mercantiles tienen un debate interno al respecto. Las corrientes más antirreguladoras pretenden la absoluta abolición del estado, permitiendo que la ley de la oferta y la demanda (y la «mano invisible») autorregulen el mercado, mientras que otras permiten el intervencionismo en sectores puntuales (por ejemplo, las minarquistas).
El «Estado» en las teorías economicas liberales se suele interpretar de la forma clásica; como un órgano gubernamental, a priori coercitivo, monopolista e impuesto.
Es curioso lo rápido que apelan los teóricos del libre mercado (la forma más agresiva de economía de mercado) a la necesidad de la defensa legal universal de la propiedad privada, algo que solo podría garantizar una figura política tan potente como un estado.
Esto nos lleva a pensar que quizás la organización libremercantil no es tan rupturista como a priori parece contra la figura estatal, sino que a lo máximo a lo que se puede aspirar es a reducir al máximo su figura sin tratar de acabar con su comportamiento coercitivo, dando lugar a un capitalismo clientelista en donde los funcionarios estatales estén estrechamente ligados a la clase apoderada y el poder coercitivo anteriormente mencionado solo se aplique contra las clases populares, arguyendo a la defensa de la propiedad privada.

El tercer punto en contra del sistema de mercado es que este, al tener como fin único el lucro y el beneficio económico, disgrega las actividades productivas humanas en lo que, a expensas del mercado es considerado rentable o no rentable. Esto se traduce en lo siguiente: las actividades productivas que no generan un beneficio económico directo, es decir, que no crean un objeto de consumo demandado por el mercado, no tendrán ninguna rentabilidad y por lo tanto acabarán desechándose.
Esta situación nos lleva a un paradigma en el que las actividades de desarrollo humano, que no generan un producto como tal (por ejemplo: la filosofía, la sociología, el arte…) quedan relegadas al olvido, mientras que las únicas rentables pasan a ser las materialmente productivas (generalmente las profesiones más técnicas).
El problema subyacente a la desaparición de las actividades humanistas o a la sumisión del arte al beneficio (véase «La industria cultural» – Adorno y Horkheimer) es que esta situación puede llevarnos a convertir las relaciones humanas en relaciones de consumo, algo que sin duda favorece una relación vertical entre las personas, el individualismo y la alienación. Una sociedad atomizada es una sociedad embrutecida.

Esto nos lleva al siguiente punto: sobre la especialización.
El mercado, desde tiempos de Adam Smith, asume que una mayor especialización aumenta el rendimiento de cada trabajador sobre una tarea concreta. Dicha especialización conlleva una ignorancia en el resto de tareas del proceso productivo, de modo que convierte la actividad profesional en un hastío desmoralizante que impide la toma de decisiones diversificada y plural, además de establecer un clasismo interno en donde las actividades que impliquen esfuerzo mental se sobrepongan a las que impliquen esfuerzo físico.

Por último me gustaría aludir a la poca sostenibilidad ecológica de este tipo de modelo económico.
Los modelos de libre mercado son anti-ecológicos debido a que asumen que todas las demandas podrán ser satisfechas, independientemente de si son bienes de primera necesidad o bienes fútiles, sin tener en cuenta que los recursos naturales son limitados. A menudo, el ritmo de producción de bienes de consumo sobrepasa al de restablecimiento de dichos recursos naturales.
Los indicadores del libre mercado (IPC, PIB…) tienen en cuenta exclusivamente la satisfacción de la demanda, la riqueza por habitante y la producción generada, pero no los recursos consumidos para producirlos, lo cual irremediablemente nos lleva a la conclusión de que este sistema económico asigna una preferencia mayor a la productividad que a la sostenibilidad, algo que a la larga es auto-destructivo.

Debemos huir de modelos que favorezcan el crecimiento a toda costa y apostar por otros en donde se tenga el medio ambiente más en cuenta, modelos más estancos, capaces de frenar un ritmo de productividad insostenible (decrecimiento), y este modelo no es el que más favorece a ello.

Podría extenderme más sobre la incompatibilidad del modelo económico mercantil con cualquier corriente anarquista, pero creo que con lo expuesto ya queda suficientemente claro que el mercado tiende a individualizar y verticalizar, además de ser anti-ecológico y que por lo tanto, no plantea una solución viable al problema económico.

ECONOMÍA DE PLANIFICACIÓN CENTRAL

La economía de planificación es la habitual en los sistemas socialista; mientras las corrientes anarquistas o consejistas se orientan hacia la planificación descentralizada, el resto de economías socialistas suelen orientarse hacia la planificación centralizada. La crítica, en este caso, se basa en el último punto, ya que la planificación descentralizada la trataremos a fondo más adelante.

Este modelo es la antítesis del libre mercado, constituye su oposición absoluta. Bajo este modelo el Estado es quien, de forma centralizada, se hace cargo de determinar qué bienes y servicios se producirán en función de las necesidades que el aparato burocrático determine. La erradicación de la ley de la oferta y la demanda, en muchos casos, conlleva la supresión de la propiedad privada (como en las economías planificadas de la URSS o de la RDA), mientras que en otros modelos autárquicos, como el fascismo, la han mantenido, e incluso, reforzado (economía franquista, nacional-socialismo…)
Generalmente, las principales críticas a estas economías (especialmente cuando de la centralización marxista se trata) surgen de las corrientes liberales, argumentando problemas relacionados con la supresión de la propiedad privada y la libertad del individuo. Este argumentario apela a intereses de clase, con la pretensión de mantener unos privilegios de los que carecerían sin el poder que les otorga el mercado.
La crítica anarquista hacia la economía planificada tiene que alejarse de paradigmas liberales y aproximarse más al realismo, olvidarse de concepciones abstractas que pueden ser fácilmente aplicables a otro modelo económico (es decir, que no son intrínsecos de la planificación central) y enfocarse en la crítica hacia la «centralización», no hacia la «planificación».

El centralismo es contrario al confederalismo, per se, pero no así la planificación.
Las economías de planificación centralizada se llaman así precisamente porque toda la estructura burocrática redunda entorno a un estado central el cual debe de manejar una cantidad enorme de información, lo cual conlleva problemas estructurales y de participación poco democrática.

Las corrientes anarquistas abogan por una estructura demográfica federal argumentando que la organización coordinada de muchos núcleos de pequeña población son más gestionables y pueden responder mejor a los problemas de sus habitantes que las estructuras demográficas de ingentes volúmenes de población (como las ciudades). El modelo confederal tiene a ser, por lo tanto, contrario a un estado central, cosa que nos lleva al problema estructural: la economía centralizada está orientada a sistemas que gestionen poblaciones igualmente centralizadas, obviando a menudo las necesidades de quien no se encuentre en dichas zonas.

Otro problema común es la alienación de las clases populares respecto a la gestión económica.
En un modelo centralista la ciudadanía puede participar o no en política, pero habitualmente no en la toma de decisiones económicas, puesto que estas se toman verticalmente desde el aparato burocrático del estado central (o como los denomina Michael Albert «la clase coordinadora»), algo que choca frontalmente con el principio de autogestión.
El estado recaba información sobre las necesidades de la población y luego establece una planificación económica anual, bianual… (quinquenal, en el caso de la URSS) en la que solo participa la clase burocrática, obviando la participación ciudadana directa en la planificación y verticalizando la toma de decisiones, emulando el patrón de una empresa capitalista.

En resumen podríamos decir que la economía centralizada es contraria a los postulados anarquistas debido a que no es aplicable en un sistema confederal y a que se estructura verticalmente prescindiendo de la participación popular en la toma de decisiones al depender de una clase burocrática que analiza las necesidades y aplica soluciones manteniendo el pueblo al margen.

ECONOMÍA MIXTA

La economía mixta es la debacle del eclecticismo moderno. Pretende aunar la economía de mercado y su liberalización a la economía de planificación central en una suerte de capitalismo de cara amable y empresas públicas, pero en donde no se cuestione el régimen de propiedad privada.
Este modelo surge con fuerza durante el siglo XX con la intención de combatir la expansión del modelo económico soviético (el cual puso en tela de juicio la efectividad del capitalismo) dotando al mercado de una cierta regulación e interviniendo en ciertos sectores estratégicos en forma de empresas públicas (transporte, sanidad, educación…), dando lugar a lo que conocemos como «estado del bienestar».

El principal problema, como ya hemos mencionado antes, es que no cuestiona ni las relaciones verticales que dan lugar a la división de clases, ni al régimen de propiedad privada del libre mercado, pese a intervenir e incluso participar en el mercado en forma de empresa pública.
Al mantener la división de clases y tratar de satisfacer intereses de clase opuestos, el modelo siempre beneficiará a una clase, generalmente la más apoderada ya que tendrá la capacidad de influir en forma de coerción económica sobre las decisiones políticas. Por ejemplo, un estado eleva los impuestos en función de la renta haciendo que los más adinerados paguen más y los más pobres menos, esto generará un conflicto entre clases: favorecerá a los pobres y al sector público, el cual se garantizará gracias a esos impuestos, pero desfavorecerá a los más ricos, aquellos que podrían costearse los servicios públicos en forma de empresa privadas (mutuas, transporte privado, educación privada…). Una medida contraria a esta invertiría las posturas y los que estarían en mayor desventaja serían las clases populares.
Como se puede ver en el ejemplo, una de las dos clases tiende a perder y como he dicho antes, suele ser la que menos capacidad de influencia tiene.

En general, este modelo económico se podría englobar dentro del libre mercado, así como sus críticas, ya que por características tiende a él, aunque mantenga una falsa propiedad colectiva en forma de empresas públicas.

Como dato, actualmente gran parte de las economías del mundo son consideradas economías mixtas.

CONCLUSIÓN

Hemos visto porqué ningún modelo clásico de economía puede adscribirse a la gestión económica de una sociedad anarquista.

En el siguiente artículo hablaremos de la necesidad de plantear un modelo de planificación económica descentralizada sólida y contemporánea que sea capaz de pugnar contra los modelos clásicos y hablaremos de la «Parecon» o «Economía Participativa», una propuesta dentro de este modelo.

Los mitos y las experiencias (II)

Retomando (perdón por el retraso obligado) la segunda parte (primera parte: aquí)de esta serie de artículos me he dado cuenta que parece que quiero “machacar” a las anarquistas. Nada más lejos de la realidad, de hecho, la mayoría de mitos sirven para anarquistas y activistas de movimientos sociales varios. Porque en el Estado Español, para la bueno y para lo malo, el activismo a bebido mucho del mundo libertario. Así que, salvo algunos mitos muy “identitarios” del anarquismo de esta zona del globo, en el resto de casos podéis cambiar el susodicho palabro por, por ejemplo activista.

Sin más, sigo con esta segunda parte.

Empezando, o continuando con:

– las jerarquías informales sólo se reproducen cuando no hay estructuras claras.

Ojalá fuese así, pero siento decepcionar a quien tiene muy idealizadas las estructuras orgánicas. Porque hay otras estructuras paralelas, informales, que tienen más que ver con la cultura política que mamamos desde hace…ni sabría ponerle una fecha. Dónde las propuestas de las asambleas, congresos, y reuniones varias, “se ganan” (sí, ganar, vamos a llamar las cosas por su nombre) mediante reuniones previas, encuentros “casuales” (o no tanto), en bares, pasillos, etc. Llamadas y correos más propios de comerciales de cualquier operadora de telefonía que de gente racional, crítica y comprometida con un programa/objetivo común.

Entrados en este juego, vale desde la vertiente marrullera típica de un congreso, ridiculizando otras propuestas o personas, jugando con el victimismo para forzar una cesión de posiciones por la otra parte, etc, etc, etc.

Es decir, la estructura no lo es todo sin un cambio de paradigma en las maneras de hacer, y la cultura política que practicamos. Si hacemos de la estructura un fetiche pero no cambiamos esa cultura: con formación y prácticas completamente diferentes, estaremos creando organizaciones con pies de barro.

– las anarquistas no siguen ninguna norma, sólo las que una misma se marca

A pesar de parecer muy fuera de lo común esta frase la he escuchado por gente que al mismo tiempo reclama, advierte, y persigue, hasta llegar al acoso, a quien se plantea posiciones diferentes o sigue tácticas/estrategias que no concuerdan con su pensar. Creando el paradigma de que nunca nadie cumplirá SUS normas, seguramente ni esa misma persona, pero a ella misma se lo disculpará. De hecho, es una realidad bastante común en los entornos “politizados”, o por lo menos esa es mi percepción, que cuando alguien desarrolla una práctica con la que no se concuerda, dependiendo si esa persona es “amiga” o “enemiga” se justifica o se minimiza, o por contra se ataca con toda la vehemencia posible. Demostrando una vez más hasta que punto importa poco la ideología y la política, y la percepción subjetiva de las personas o cosas.

En mi caso he defendido que, aún no coincidiendo con las ideas de otro, reconozco que: comunica bien, le está saliendo bien su estrategia, etc. Y eso no me pone de su lado automáticamente. La política no puede ser un todo o nada continuo; primero porque es imposible, y segundo porque es una fábrica de autoislamiento que corta el aprendizaje y el conocimiento de raíz.

– las anarquistas nunca han hablado de democracia siempre de revolución

Este mito es bastante especifico, por lo menos en su uso reciente, de la época de los 90′ en que todo era un “anti”. Y había que romper con todo para no dejar nada, y nada (o poco) fue quedando.

Por suerte, el abandono de términos para dejar la alfombra tendida a sus recuperadores se está dejando atrás, y se trata de devolver o impregnar de otros valores términos que son claramente identificados por cualquiera. Sin tener que inventar meta-lenguajes crípticos, muy habituales en ambientes universitarios y activistas embriagados de posmodernidad.

Las anarquistas han hablado de democracia no representativa, de democracia directa, de transformación social, revolución y no por ello son términos excluyentes. Y si usas uno eres, pongamos, “reformista”; y si usas otro eres “revolucionario”. Por cierto, palabras éstas que de tan gastadas si que han perdido su significado.

Por otro lado, el descartar un término u otro tendría que venir determinado por el contexto, uso y capacidad de disputa del mismo. Términos que son entendidos de una forma, de manera “natural” en la sociedad se pueden ir disputando para acercar su significado hacia postulados revolucionarios. Pero para eso requiere estrategia e incidencia.

– las anarquistas no se plantean etapas intermedias, van a por todas: revolución

Quizás esta frase sea una derivación de las “conclusiones” y “aprendizaje” del manido 36, que comentaba en el texto anterior. Pero no se puede ser medianamente serio en política (o en un juego, aprendizaje, o casi en cualquier cosa) sin plantearse escenarios posibles. En una partida de ajedrez no puedes realizar un movimiento sin plantearte cual será el siguiente.

Si alguien tuviese un interruptor, y pudiese apagar el sistema actual de capitalismo y estructuras de representación estatales; y acto seguido le diese al interruptor de activar la revolución, honestamente, me imagino un desastre copado por fuerzas bien preparadas, y estructuras de corte fascista, con simbología del tipo que fuere pero con prácticas netamente fascista. Porque al fin y al cabo el fascismo puede funcionar perfectamente como resorte protector del bloque en el poder, cuando el sistema pierde el control ideológico y las tensiones sociales se agudizan.

Vamos, una tragedia y una vuelta atrás enorme. Más, cuando, recuperando anotaciones de mitos anteriores nos dejamos guiar por percepciones subjetivas e impulsivas. Sin construir un discurso sólido y una cultura política que cambie el paradigma social, profundizando en más libertades y decisiones colectivas para el bien común, sin hacer que la realidad se ajuste a la idea, haciendo una construcción/proceso de esa transformación. En definitiva, generando escenarios propicios para el siguiente escenario, que lleve a otro más cercano a una ruptura y una transformación social real. El ser humano no es un animal que destaque por su rápida adaptación al medio, por nacer y ponerse a correr y trepar a los minutos de salir del vientre de su madre… Todo cambio, todo aprendizaje, toda transformación está envuelta de un proceso continuo. La diferencia más significativa es: ser capaces de darle unos objetivos y unas aplicaciones prácticas aquí ahora para llegar a donde queremos.

– en el anarquismo no hay lideres ni dirigentes.

Esta es buena, la negación de la realidad esconde, o pretende esconder, muchas miserias. Aunque creo que ya pocas niegan que existen liderazgos informales, todavía queda quien se empeña en negar que alguien pueda dirigir una acción, comisión, comité, asamblea, etc. Dile dirigir, dile orientar, ser la persona responsable, que centralice un poco la información, etc.

A veces, de hecho pretende ser negado por aquella(s) persona(s) que está(n) llevando a cabo ese rol. Lo cual hasta puede ser chistoso. Pero básicamente no interesa que se descubra claramente, en un ambiente supuestamente hostil a reconocer ese tipo de cosas, que aquello se escapa a ‘la Idea’. Ser descubierta(s). A veces es el colectivo de personas que forman parte de ese espacio quien niega, porque sería reconocer que están lejos de ese ideal precioso que rompería en mil pedazos la auto-estima del grupo o su ‘cohesión’ basada en premisas idealizadas.

El caso es que las personas con aptitudes de liderar procesos, grupos, etc existen. Y nunca fue problema dentro del anarquismo la existencia de esas capacidades. Diría que al contrario, se intentaba potenciar las aptitudes de cada persona para el beneficio común, entendido éste como aquello que propicie llegar a un escenario de ruptura o transformación social. Pero ahí seguirán quien el mismo día que te niega todo ésto publica frases con foto incluida de Emma Goldman, Berkman, Durruti, etc.

He visto en alguna ocasión una especie de ‘caza’ a quien destaca dentro de un grupo. Para mantener al grupo lo más uniforme posible, con un pensamiento único (no confundir con consenso).

O a quien se le asigna una tarea la asamblea y tiene que ‘comerse el marrón’ y además aguantar las zancadillas de las personas que conforman el grupo, o la presión de éste, cuestionando hasta la última coma. Una hiperfiscalización que llega al absurdo. Es decir, siempre se ha de fiscalizar a quien asume una tarea, pero no a cada segundo, minuto u hora. Esto mina la confianza y provoca que nadie quiera asumir responsabilidades (consciente o inconscientemente). Ah, pero también se puede caer en lo opuesto, el dejar hacer sin pautar o orientar la tarea, y esperar que la persona que ha asumido esa responsabilidad ya lo haga todo, y además que lo haga como ‘tú’ tenias en mente que debía de realizarse (‘tu’, en sentido de cada persona del grupo).

En definitiva, si hay liderazgo se persigue; y si alguien se lo curra demasiado se quema por no haber respaldo y recibir zancadillas constantes. Convirtiendo el participar en un colectivo/espacio/asamblea etc en una fábrica de personas quemadas, que en el mejor de los casos acaba dando apoyo de forma simbólica y distante, o irse para casa definitivamente.

Y estos procesos no se diferencian ni mucho menos de cualquier partido político al uso, parlamento, ayuntamiento, empresa, etc. Lo digo porque a veces se pretende que los espacios anarquistas, activistas, etc se ven así mismos como muy “especiales” pero pueden incluso ser peores a nivel de sentirse integrada, participe, apoyada y respetada.

Para mi, la solución es bien simple: hay quien diseña, quien habla mejor, potenciemos a esas personas, y formémonos el resto para no depender exclusivamente de los primeros. Además, como grupo proporcionemos unas pautas claras establecidas, unos protocolos que afiancen la confianza tanto de la persona que desarrolla la tarea como del resto del grupo, conociendo todas cuales son las pautas que se han marcado colectivamente; dejando margen y confianza para la improvisación táctica. Siempre hay tiempo, para más tarde, evaluar en que se ha errado, sin cargar a la persona, porque las decisiones fueron colectivas.

– en el anarquismo no se delega nunca.

A colación del punto anterior sobre liderazgo, habrá que dejar a un lado esto de que no se delega. Porque todo el rato se está delegando y dando la confianza necesaria para que una compañera o compañero realicen una tarea con tranquilidad. Porqué hacer todo, conjuntamente, al mismo tiempo…como qué no. Delegar, per se, no es negativo, y menos en tareas prácticas. Otra cosa es en cuestiones generales, de toma de decisiones. Ahí si que puede haber un tema de debate. Pero la realidad es que por operatividad se suele delegar las cuestiones diarias, siempre que exista un marco general. Unos acuerdos que actúen de marco en el cual tengan margen para los cambios, o ajustes tácticos. Esto se lleva a cabo en sindicatos, organizaciones políticas, y también en las informales. Aunque cuando conviene, a veces, alguien levanta la bandera de la “horizontalidad” para poder tumbar o cuestionar decisiones. Pero eso último cada vez “huele” más y va dejando de colar como forma de control social.

(Continuaré con más mitos…)

Nota: tenía pensando hacer sólo dos artículos de esta serie, pero una entrevista que estoy elaborando a ratos con un personaje que he conocido…y que transcribiré para publicar aquí, me ha llevado a extraer más mitos. Intentaré que sean tres y ya!

Por qué no soy anarquista

Murray Bookchin en los últimos años de su vida llegó a romper definitivamente con el anarquismo ya que el panorama que vio en su entorno era horrible, pues era un anarquismo mayoritariamente de estilo de vida, contracultural e individualista. Sin embargo, sus obras fueron cruciales para el PKK y su cambio de paradigma para desarrollar el movimiento de liberación kurdo que está siendo la única fuerza política democrática en medio del conflicto en Oriente Próximo. No obstante, aunque el título dé a entender que a priori fuera yo a romper con el anarquismo públicamente, realmente no es expresamente así. Simplemente quiero aclarar que solo soy anarquista en cuanto a pensamiento político y al programa (aún por realizar) que me adscribo, netamente socialista libertario. Pero a nivel personal, soy como otro cualquiera que vive en la realidad material, con sus problemas, sus vicios, sus contradicciones… en definitiva, con sus pros y sus contras.

Por la forma en que nos expresamos, da la sensación de que «ser anarquista» significa «vivir pensando como anarquista» o algo similar, del estilo «soy anarquista, soy especial, wow, so different to other people, so cool, y como anarquista no voto, odio el fútbol, el cole, a la policía, a los carnacas, a la gente normal… solo tengo amigos anarquistas, me mola lo rural, mi huerto autogestionado individualmente es lo más y escucho punk…», vamos un tipo coherente con sus ideas y principios que parece vivir en un mundo paralelo ajeno a los problemas de la gente común en su día a día. Pues en ese sentido, no soy anarquista. O al revés, que esos que tanto reivindican su identidad anarquista en realidad solo sean egoístas que quieren mantener su moral limpia tras leer a los autores clásicos anarquistas. Posiblemente sea eso.

Parece ser que confundimos el anarquismo como una suerte de filosofía de vida bohemia, donde el mantener su moral limpia y lo más antiautoritaria posible sea el objetivo principal, y desde allí desarrollar una actividad política que no va más allá de la propaganda identitaria y netamente destinada para consumo propio. Dicen además que si votas, eres futbolera, comes carne, lees autores marxistas o cosas así, es que no eres anarquista. Sobre todo lo de votar, que parece que si echas la papeleta mágicamente dejas de ser anarquista. Pero yo no creo en la magia, no estamos en Hogwarts. ¿Hemos olvidado acaso la influencia del anarquismo en esas luchas obreras de hace unos cien años y las revoluciones que se han materializado tales como el makhnovismo, la del ’36, Shinmin… y ahora tomamos referencias en el movimiento de liberación kurdo? Si leemos acerca de todos esos acontecimientos históricos un poco más en detalle, veremos que el anarquismo fue una expresión política, en otras palabras, la entendieron como bases sobre las que levantar un movimiento revolucionario, un proyecto de sociedad que emancipe a la clase trabajadora de la opresión capitalista. El makhnovismo fue paradigmático en este caso, donde deja en evidencia la diferencia entre tomar el anarquismo como una filosofía y estilo de vida, y tomar el anarquismo como política revolucionaria. Arshinov lo describió muy claro en su libro sobre el movimiento makhnovista, criticando la falta de apoyos desde el anarquismo ruso a la causa revolucionaria y que en su lugar, estaban en sus ateneos discutiendo sobre cuestiones morales acerca de la revolución. Hasta en las memorias de Makhno se recogen relatos similares (si mal no recuerdo…).

Pues el caso es que no vivo como anarquista, ni tengo por qué interpretar la realidad con un filtro rojinegro delante. Ante todo, soy persona y vivo mi realidad, la que me ha tocado. Tengo mis problemas, mis vicios, mis debilidades y mil imperfecciones, puedo hablar de fútbol, de elecciones, de naturaleza, y miles de chorradas estando de tranquis con amigos y amigas. No soy especial, soy otro común mortal más. No me siento superior moralmente porque mi pensamiento político sea anarquista o socialista libertario, ni llevo el pensamiento político a nivel personal, ni miro por encima del hombro de nadie que no piense como yo teniendo en mente lo de «ciudadanos borregos» y similares. En definitiva, no soy anarquista como tal. Solo lo soy en cuanto a pensamiento político y es en lo que creo: que el anarquismo sea tomado como política revolucionaria, que nos sirva como base para construir un actor político impulsor de movimientos populares de caracter revolucionario que pelee por su soberanía frente al neoliberalismo, que se materialice en un proyecto político asentado en la realidad como respuesta ante la crisis, proponiendo alternativas reales a este sistema y vuelva a ser motor de cambios sociales radicales como lo fue antaño. Es una tarea pendiente, un camino difícil de recorrer, pero necesario en estos tiempos revueltos donde este mundo está virando hacia la derecha -y también hacia la ultraderecha- ante la retirada de las izquierdas. Y si no somos capaces de ilusionar ni de configurar un proyecto político que atraiga a las clases trabajadoras como sí está haciendo la derecha, el anarquismo acabará en el baúl de los recuerdos como una bella utopía para soñadores y soñadoras.

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