Todos a votar, que viene la derecha!

Parece que durante los próximos meses vamos a vivir un desenfreno electoral. Pedro Sánchez ha convocado elecciones al no poder aprobar los presupuestos así que el calendario queda así: Elecciones generales el 28 de abril y para pasar la resaca un mes después, el 26 de mayo, tenemos municipales, autonómicas y europeas.

Así que en previsión de las grandes cantidades de basura electoral con las horribles caras de los que van a manejar los hilos durante los próximos 4 años, me he puesto a escribir este artículo.

Como todas las elecciones, los partidos que se denominan de izquierdas siempre intentan movilizar a la gran cantidad de abstencionistas que hay. Los mensajes para este grupo no suelen ir acompañados de ninguna propuesta ni estimulo que lleve a votar a la gente decidida y convencida de un voto útil. Más bien son amenazas como “Si no votas no te puedes quejar”(de esto hablaré luego), “Si no nos votáis ganarán los otros que son peores”, presumen de los cambios mínimos que han hecho y poca cosa más. Si no fuera por la retórica de “que viene la derecha” creo que podría contar con los dedos de una mano la gente que conozco que iría a votar.

Actualmente la “izquierda” está completamente falta de discurso más allá de intentar convencer de que si ellos no están al mando las cosas van a empeorar. Ese que había sido más o menos el discurso del PSOE ahora hasta vale con Podemos, que hace dos días estaban con los discursos sobre asaltar los cielos y la verdad es que tenían bastante convencido a todo el mundo de que ellos eran la revolución. La verdad que a mi nunca me convencieron, probablemente porque Pablo Iglesias nunca me ha caído bien, porque la verdad es que prácticamente todo el mundo que se consideraba de izquierda les pensaba votar, hasta alguno que salía a pintar A circuladas.

También tenemos anarquistas que votan, que aunque no son un porcentaje destacable existen y están entre nosotros. Y por experiencia ya os digo que suele ser bastante gracioso ver a alguien con una camiseta con un símbolo anarquista y que está bastante formado decir que si no votas no te puedes quejar.

La realidad es que cuando votas estas aceptando el proceso democrático y el funcionamiento del Estado, y es el que vota el que no se puede quejar del resultado de una votación según esa afirmación, ya que gane quien gane lo ha hecho democráticamente. Yo no voy a seguir ese juego y creo que votes o no puedes y debes protestar por el resultado si te da la gana. Muchos incluso pretenden hacer el voto obligatorio como lo es en algunos países. Y hombre, si te consideras de izquierdas y no respetas mi derecho a no participar, mal vamos.

Además, la nueva jornada electoral viene acompañada de una fuerte subida de la derecha con la entrada de Vox en el congreso sembrando el terror en toda la izquierda. Porque un pacto que haga resucitar al PP de Pablo Casado de la mano de Ciudadanos y Vox es lo más esperado. Y la verdad es que no veo porque tanta alarma social, Vox no es nada más que el PP con la careta democrática un poco caída. Sus programas coinciden en la mayoría de puntos. Lo más preocupante de su ascenso al hemiciclo es el efecto que tendrá su discurso en la calle (aun más) y como desde allí se le dará total libertad de expresión y se normalizará más. Otro problema de los grandes con Vox es que se empieza a ver como opciones al PP o C’s y se les deja de considerar amenazas. Vox es el enemigo, pero no más que el PP o Ciudadanos y otros partidos que algunos quieren votar para evitar al trifachito. Y al enemigo nunca hay que infravalorarlo pero tampoco sobrevalorarlo como se está haciendo.

Es por eso que llamar a votar a todo el mundo para evitar que formen gobierno los malos y que lo hagan los menos malos es una pésima excusa. Hasta hace prácticamente dos días teníamos al PP de la mano de C’s en el gobierno y la verdad es que nadie iba diciendo por ahí “que viene la ultraderecha!” y en las grandes manifestaciones de jubilados y feministas de la pasada legislatura no se vio a casi nadie hablar de ultraderecha como lo están hacinedo ahora.

Votar no evitará el ascenso del fascismo y sino basta mirar hacia atrás hasta 1936. La única manera de parar el fascismo es organizándose. Y aun así, el antifascismo solo sirve para frenarle los pies limitadamente, porque el fascismo solo es capitalismo en su fase avanzada. Para combatir el fascismo hay que combatir el capitalismo.

“El fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo.” B. Brecht

Para acabar, votéis o no, si sois antifascistas organizaos. Dejad de pedir a todo el mundo que vote porque el sobre que metáis en una urna no va a cambiar nada por arte de magia. Uníos a cualquier organización que tengáis a vuestro alcance y sino cread una y trabajad en vuestro pueblo o barrio. Porque la solidaridad y el apoyo mutuo son las vacunas contra el fascismo.

Balance final de año: Octubre a Diciembre 2018

El equipo de Regeneración Libertaria os desea un feliz año nuevo, consciente y repleto de victorias en las luchas de las comunidades sociales de todo el mundo. GRACIAS!

Habitualmente la época otoñal en el hemisferio norte, y primaveral en el sur, suele ser un periodo de una actividad política incesante. Los ritmos marcados por las coyunturas sociales, cada vez más globalizadas y con un flujo de información gigante debido a los numerosísimos medios y herramientas de comunicación digitales, se tornan frenéticos. Nuestro balance de este periodo último del año 2018 quiere establecer unas líneas comunes en las movilizaciones populares y presentar con perspectiva algunas conclusiones parciales de las luchas locales, estatales e internacionales que se han desarrollado y que siguen en un proceso abierto y continuado.

Luchas en el Estado español.

Abrimos este último trimestre del año con un acontecimiento que tiene como antecedente la represión del 1-O del pasado año a manos de la policía española. Esta vez, a tan solo dos días de la Diada del 11 de Septiembre, diversas organizaciones de la extrema derecha convocan una manifestación unionista en Barcelona con autobuses que venían del resto del territorio español en clave claramente provocadora. Este acontecimiento puso en pie fundamentalmente a la juventud, evidenciando una notable organización antifascista en el territorio catalán. También el pasado 21 de diciembre, un nuevo movimiento estratégico del Estado español, situando en Barcelona la celebración del Consejo de Ministros, obtuvo una respuesta reivindicativa en las calles con numerosos cortes de carretera y paralización de la ciudad, además, tan solo tres días después de haberse iniciado el juicio contra los presos políticos catalanes en el Tribunal Supremo. El apoyo a presos/as y exiliados/as sigue siendo incondicional, incluidas personas menos conocidas mediáticamente como Adri, miembro del CDR de Esplugues y huido actualmente en Europa. Los Comités de Defensa de la República, en tanto que movimientos populares siguen encontrando fuerza en sus acciones y nutriéndose de respaldo, y sin embargo, se evidencia cierto hartazgo al conocido como ‘Processisme’, o vía política resultante del ‘Procés’ catalán, además de un rechazo social amplio a los Mossos de Esquadra como policía represora. Los ritmos institucionales acaban deteriorando las movilizaciones sociales, que deberían tener una agenda propia, y la sacrosanta vía pacífica conduce a la inacción de sectores de los movimientos populares ciertamente cansados de recibir represión y humillaciones, porque si no se practica la confrontación, la lucha carece de sentido.

El otoño es estación de tormentas, en la cual destacamos la riada en Sant Llorenç, un pueblo de Mallorca que causó daños considerables en el poblado y dejado una decena de fallecidos. A causa de ello, el rey Felipe VI ‘El Preparao’ y Letizia se desplazaron hacia el lugar del desastre en el cual rechazó el ofrecimiento de una escoba por parte de un joven para que ayudaran a las tareas de limpieza. Esto causó un aluvión de críticas a la monarquía. Ciertamente la institución monárquica pasa por el tiempo de la historia reciente española con menor apoyo social, debido a las múltiples situaciones de privilegio y opresión cada vez más evidentes y encarnadas en toda la familia real. Así se han venido fraguando durante este trimestre otoñal, y aún se están realizando o están programadas, consultas populares por el derecho a decidir y que están fomentando que se cuestione socialmente a la monarquía. Un movimiento popular que en clave libertaria debe tomarse exactamente con el objetivo que tiene: fomentar acciones sociales para socavar la imagen idealizada e institucional de la monarquía. Si bien esta no se encuentra al borde de ningún precicipio, todo movimiento social que ayude en este sentido es trabajo desde la base que suma a la lucha contra el régimen.

También en el ámbito estatal el Tribunal Supremo rectifica una sentencia en favor de los bancos, y determina que los impuestos de las hipotecas deberán ser pagados por los clientes. El mercado inmobiliario en España se puede resumir en dos cuestiones: los precios de alquiler siguen subiendo; y los particulares que controlan el mercado son grandes propietarios. Frente a esta situación de vida precaria, la juventud es la más golpeada, y la sociedad trata de autodefenderse con herramientas al alcance, que si bien son a pequeña escala, señalan vías que explorar. Nos referimos por ejemplo a la reokupación rural de pueblos abandonados con un proyecto de autonomía política y asamblearismo. A la toma de solares en los barrios de las ciudades para devolverles actividad en favor de la comunidad social, los proyectos autogestivos y de economía local con valores libertarios que tratan de escapar de las prácticas mercantiles capitalistas. También la organización de sindicatos de barrio para el asesoramiento laboral, como sindicatos de inquilinas acerca de la defensa frente al alza del precio de alquileres, u otras cuestiones sociales que afecten a la comunidad. Como contrapunto, el capitalismo sigue poniéndole trabas a la autoorganización del pueblo, y para ello aprovecha un buen caldo de cultivo social donde las relaciones se individualizan cada día más. Surgen por toda la geografía urbana casas de apuestas que arruinan en lo económico y lo colectivo a las clases populares, responsabilizándonos además de nuestras desgracias, como si no estuvieran enmarcadas en una desigualdad de clases sociales.

Los trabajadores de Amazon están en la punta de lanza de la lucha sindical en la actualidad, ya que han retomado las acciones para protestar contra el convenio en la planta situada en San Fernando de Henares. Convocaron varios días de huelga en diciembre y enero, coincidiendo con fechas de alto consumo protagonizando una incidencia en el normal desarrollo de una jornada laboral. El gigante comercial del multimillonario Jeff Bezos pretende reajustar las condiciones laborales al mínimo de derechos, equiparando las medidas precarias en las tres plantas españolas.

Se hace necesario señalar el reto que como sociedad tenemos por delante de organizar un antifascismo fuerte, decidido y que impregne todas las capas de nuestra vida cotidiana. En este trimestre vimos la manera en que partidos institucionalistas como PP, Ciudadanos y Vox, que riegan sus discursos de la ideología de extrema-derecha, decidían ir al pueblo navarro de Altsasu en clara intención provocadora. Muchas personas de toda Euskal Herria acudieron para plantar cara a estos grupos de extrema-derecha, las pancartas y pintadas en el pueblo, o la voz del antifascismo en las calles y el campanario del municipio, ensordecieron el discurso de odio y autoritario que querían sembrar. De igual manera hemos presenciado una subida como la espuma de la formación política Vox, que desde el mitin realizado en el Palacio de Vistalegre en Madrid, y gracias a la campaña mediática y el apoyo económico de lobbies empresariales, han encumbrado a ese partido a conseguir 12 escaños (de unos aproximadamente 400 mil votos) en las elecciones autonómicas andaluzas. Esta tendencia desenvuelta de una extrema-derecha que se siente triunfante, y que siempre ha seguido activa en las cloacas del régimen español tras quedar todo atado y bien atado; hace necesaria la organización antifascista como un movimiento que actúe en red coordinadamente. El antifascismo debe despejar dudas sobre sus medios y objetivos, tenemos el deber social de atesorar la memoria colectiva de un país que ha sufrido el fascismo encarnado en el terrorismo del Estado español; y las personas antifascistas debemos comprometernos a garantizar que la ultraderecha no triunfe con sus discursos xenófobos y de odio.

En completa relación con esta lucha antifascista, e impensablemente disociada de esta idea, la comunidad social debe organizarse frente a los feminicidios y la violencia diaria contra las mujeres. El movimiento feminista es fuerte en nuestro país, tiene una cada vez más extendida y arraigada perspectiva de clase, pues no podría ser de otra manera. Las mujeres salieron a las calles masivamente el 25 de noviembre en el Día contra las violencias machistas. Sin embargo, el sobreseimiento del proceso judicial por las violaciones a las jornaleras de la fresa en Huelva, o el secuestro y asesinato recientemente de la joven profesora Laura Luelmo en la misma provincia son noticias de extrema gravedad que dejan a las mujeres vapuleadas en una sensación de absoluta indefensión social, judicial y a todos los niveles. Pero golpeadas no significa derrotadas, y por delante quedan muchos espacios que están conquistándose desde la perspectiva feminista día tras día, y que auguran que la simbólica fecha del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora y su lucha, alcanzará nuevas cotas históricas aún no contempladas.

Movimientos internacionales.

Para iniciar el balance internacional, pero sin desligarnos aún de España, a finales del pasado mes de octubre la filósofa y luchadora Angela Davis estuvo en Madrid en una conferencia con aforo para algo más de medio millar de personas, y que colgó el cartel de aforo completo dejando fuera a más de mil personas interesadas en el debate con esta figura mundial. El mensaje que nos dejó fue bien claro: El feminismo será antirracista, o no será.

En nuestro país vecino, Francia, el anuncio de la subida de los precios de los carburantes ha originado una oleada de protestas por todo el país que continúa hasta hoy. Es el movimiento conocido como los «gilets-jaunes» (chalecos amarillos), que salieron a las calles en contra de esta medida que trata de imponer el ahora primer ministro francés, Emmanuel Macron. El contexto que ha provocado este estallido viene por la cantidad de personas que se ven obligadas a utilizar el coche para desplazarse hacia el centro de trabajo. Pero este solo es un factor más que se suma a los retrocesos en derechos sociales. Nos llegan desde allá imágenes de una dura represión, disturbios por las calles de las principales ciudades francesas, cortes de carreteras, etc. Al conocer más este movimiento desde dentro, nos encontramos con un movimiento sumamente heterogéneo en cuanto a clases sociales abarcando desde autónomos y pequeños patronos hasta la clase trabajadora, y diferencias ideológicas que van desde una derecha cercana a Marine Le Pen, hasta la izquierda clásica, y los y las libertarias que acaban de involucrarse recientemente.

El presidente turco, Erdogan, sigue a la ofensiva con su política de limpieza étnica hacia la población kurda y amenaza con atacar Kobane y Tel Abyad como los primeros objetivos de una más que probable ofensiva sobre Rojava. Esta amenaza supondría una grave profundización de la crisis en Siria, ya actualmente con la situación de guerra en que vive, al ser la vía para la restauración del terror del Daesh no solo por Rojava, sino también para el resto del territorio, poniendo en peligro la única democracia de base de Oriente Próximo y agravando aún más la crisis humanitaria. Turquía está ya movilizando tropas hacia la frontera con Siria para atacar Rojava, un ejemplo de proyecto político de carácter socialista libertario que nos inspira al resto de movimientos revolucionarios del mundo. Tras la pérdida del cantón de Afrin, las potencias como Rusia y EE.UU. comienzan a retirarse de Rojava abandonando al movimiento kurdo a su suerte, ya que no les interesa un enfrentamiento militar contra Turquía. Aunque, una buena noticia es la respuesta del Ejército de Siria ante el llamamiento de las YPG/YPJ a la defensa contra las amenazas de Turquía y han movilizado tropas hacia Manbij. No sabremos qué va a ocurrir, pero tenemos la certeza de que el movimiento kurdo seguirá luchando por sobrevivir y defender este proyecto, y necesita de nuestra solidaridad internacional.

Poniendo la mirada sobre América Latina, la pobreza, la violencia e inestabilidad política de Honduras ha causado un flujo masivo de migrantes conocido como la caravana migrante con destino hacia EE.UU., un éxodo provocado mismamente por la política exterior de EE.UU. hacia América Latina por tratar de imponer un gobierno neoliberal en los países latinoamericanos alineados a los intereses del imperio. Si bien este hecho ya es algo frecuente, estos últimos meses ha entrado en la agenda pública de Trump al considerarse como «una amenaza para la seguridad nacional» y amenazar con cortar las ayudas al gobierno hondureño si no frenara la emigración. El gobierno mexicano de Peña Nieto también ha intervenido a base de criminalización y refuerzo de la frontera sur desplegando sus fuerzas represivas. No obstante, el pueblo mexicano se ha mostrado solidario con la caravana migrante al repartirles comida, ropa y hasta juguetes, y saliendo a las calles a mostrar su solidaridad. Sin abandonar México, el primero de diciembre tomó posesión de su cargo Andrés Manuel López Obrador, nuevo presidente inmerso en una línea de cambio y progresista que basa sus promesas en la regeneración de un nuevo país. Son bastantes las voces que advierten que poner fin a la corrupción y la desigualdad no se puede realizar desde el bastón de mando simbólico a nivel parlamentario ni bajo promesas de mandato popular a través de consultas nacionales. Actualmente el nuevo presidente mexicano encuentra una vía libre sin oposición política institucional, pues los principales partidos opositores han caído en el absoluto descrédito social a fuerza de sus políticas represivas y empobrecedoras. Sin embargo, la oposición se viene fraguando hace mucho tiempo desde abajo y a la izquierda, el Consejo Nacional Indígena representan la visibilidad de unas comunidades hastiadas de capitalismo y patriarcado, que practican una vía efectiva contra estos sistemas enfrentándolos a través de la resistencia activa. Este 1 de enero se cumplen 25 años del levantamiento en Chiapas, y aunque ya no sea mediático, el mundo debe conocer que ese camino tomado por los y las zapatistas no ha cesado, son la esperanza y la brecha que trata de derribar el muro de un sistema criminal que declaró hace mucho tiempo la guerra a la sociedad.

Internacionalmente también habría muchos movimientos, hechos y consecuencias que señalar de las dinámicas de esta lucha y la guerra del capitalismo contra los pueblos. En Brasil ya cuentan con su candidato electo de la extrema-derecha, Jair Bolsonaro, personaje misógino y autoritario apoyado por las elites empresariales evangélicas del país. Sus grupos de apoyo en las calles han protagonizado una extrema violencia con palizas, asesinatos e intimidación a activistas de izquierdas. Si bien el estrago ya está consumado, la labor de respuesta de las minorías sociales atacadas como colectivo LGTBI, indígenas y militantes obreros está comenzando a fraguarse, porque América Latina lleva escrita en sus venas la resistencia a lo largo de siglos.

Sin abandonar el continente suramericano, el asesinato del joven indígena mapuche Camilo Catrillanca el pasado 14 de noviembre en Chile, puso el foco sobre la violencia policial en este país contra estas comunidades. La absolución de los tres asesinos de la menor Lucía Pérez, drogada, violada y asesinada en 2016 en Mar de la Plata, Argentina, levantó una vez más al movimiento feminista argentino, en constante movilización desde hace meses tras el fuerte apoyo popular a la aprobación de la Ley abortiva, que fue rechazada por el Senado.

Casi al terminar el año, nos deja este 24 de diciembre el periodista, militante sindical, historiador, escritor libertario Osvaldo Bayer, autor de la obra «La Patagonia Rebelde». Originario de Argentina, ha estado siempre en el lado del pueblo en las asambleas, las marchas y las discusiones. Que la tierra sea leve, compañero.

Unas notas finales.

Si hay algo que ha marcado los acontecimientos de estos años es el avance del fascismo y la ultraderecha en el mundo, evidenciado principalmente por grandes flujos migratorios como los refugiados de Siria hacia Europa y la caravana migrante desde Honduras hacia EE.UU. Las situaciones de guerra, la pobreza e inestabilidad social y política son las principales causas por las cuales se producen estos flujos migratorios, tema que está en la agenda pública de muchos países de Occidente y que la derecha sabe rentabilizar con un discurso xenófobo y racista basado en tópicos y prejuicios para ganar votos y apoyo popular. El auge de las ideologías basadas en el odio al diferente viene dado, por un lado, por la tolerancia y manga ancha de los medios de comunicación al difundir los discursos de los líderes de los partidos de extrema-derecha, tanto conservadores como abiertamente fascistas, calificándolos de patriotas o ultras, pero nunca señalándolos como nazis y fascistas. Por otro lado, el fracaso de la socialdemocracia y la falta de una oposición real de izquierdas de carácter popular, de clase y masivo deja un camino despejado para nuestros enemigos. En el Estado español, la derecha se ha crecido por el conflicto catalán, que se vanagloria de la dura represión en el 1-O y creen estar ganando la batalla por la unidad de España.

El invierno ya está aquí pero el mundo no se termina aquí. Volverán a florecer los campos en primavera y para ello, necesitamos un cambio de dinámicas, cultura militante y líneas políticas en lo que entendemos hoy por antifascismo. Tenemos que deshacernos la idea de que el antifascismo es cosa de la izquierda radical, de anarquistas y comunistas, para interpelar a toda la clase trabajadora y las clases populares. Para frenar el avance del fascismo no nos vale con manifestaciones, boicots de actos y denuncias públicas a grupúsculos de extrema derecha. Necesitamos un movimiento popular masivo configurado por sindicatos de inquilinas, de barrio y laborales, cooperativas, colectivos sociales, organizaciones políticas, ecologistas y feministas, etc; arraigar en el tejido social del barrio, y lo más importante: tener una agenda y discursos propios que no vayan siempre con el «contra» delante, sino capaz de proponer y crear, tratar temas que como anarquistas en particular consideramos tabú tales como: la seguridad ciudadana, la inmigración, la cuestión identitaria, etc; ser un movimiento activo -es decir, con iniciativa propia y capacidad de convocatoria y movilización- que no tire por inercia. En resumidas cuentas, necesitamos un antifascismo de carácter popular y no identitario que sea parte de un movimiento popular masivo y un anarquismo organizado como catalizador de dicho movimiento. Solo de esta manera podremos pararles los pies e iniciar el camino hacia la revolución social.

Tenemos también el punto de mira en Francia, donde la lucha social de los chalecos amarillos está siendo una gran ventana de oportunidades para la izquierda y en concreto, para el anarquismo, en cuanto a radicalizar las reivindicaciones y a proponer alternativas reales y factibles. Ahora, las reivindicaciones de los chalecos amarillos ya no es solo que suspendan la subida de precios de los carburantes, sino la mejora de las condiciones de vida en general. Este contexto puede ser el inicio de una oposición real en las calles contra el avance de la ultraderecha y el fascismo, de huella popular y anticapitalista.

Como propósitos de año nuevo, debemos seguir manteniendo los pies en las calles siempre del lado del pueblo, a la vez que vamos asentando un anarquismo organizado con un proyecto político factible para la actual coyuntura. La razón del anarquismo social y organizado es servir como facilitador de las luchas sociales y construir un movimiento popular como sujeto político de transformaciones profundas.

[Manifiesto] El ridículo fascismo de Brasil / O fascismo caricato do Brasil

– Versión en castellano –

A pesar de que la carrera política de Jair Messias Bolsonaro, actual candidato a la Presidencia de la República de Brasil por el PSL (Partido Social Liberal), comenzara en 1989, su popularización se ha dado a raíz de sus impúdicas declaraciones criminales acerca de la necesidad de ‹‹asesinar a 30 mil personas›› para solucionar los problemas del Brasil, o su eterna defensa por la vuelta del régimen militar.

Por tres décadas nadie ha tomado en serio la política de Bolsonaro más allá de su vieja clientela extremista. La novedad ahora es que su falacia discursiva ha llegado al encuentro de aquellos que sufren una esquizofrenia política ilusoria y a los potenciales nazi-fascistas que de ese lado del océano ya caminaban de manera creciente.

Bolsonaro ha aparecido en un escenario político absolutamente convulsionado, cuyo principal quiebra sucedió en el año 2016 con un golpe jurídico-parlamentario en el que derrocó a la entonces presidenta Dilma Rousseff del gobierno, para convertirse en agente de la “nueva política” imperialista, rompiendo el pacto de conciliación de clases y abriendo una actuación aún más severa del capitalismo en el país.

Sus electores tradujeron el pasado dictatorial del país y la dolorosa memoria de las torturas y las muertes en sus sótanos en un sentimiento nostálgico, eclosionando fuertemente en nuevas manifestaciones políticas con consecuencias oscuras: la popularización del fascismo.

Aquellos que anteriormente pedían la vuelta del período sangriento del país promovieron el nombre de Bolsonaro, haciéndolo crecer en las encuestas sin a penas hacer campaña. Se convirtió en la personificación del proto-fascismo hace mucho tiempo enclaustrado, haciendo de él un “Führer” brasileño.

Para sus electores, lo más importante no es lo que dice, sino lo que representa. Bolsonaro representa la privatización de las empresas públicas, la pérdida de derechos sociales, la violencia patriarcal contra las mujeres, el racismo violento y la violencia contra el colectivo LGBT, los indígenas y todas las minorías sociales.

Tales violencias salieron del ideal abstracto y se materializaron en miles de víctimas de ese fascismo: Mujeres agredidas, travestis golpeadas, ataques esparcidos por el territorio brasileño y un brutal asesinato de un representante de la cultura negra, Mestre Moa del Katendê.

El resultado de las urnas del 28 de octubre no será relevante en cuento al estrago que ya está causando. La expresión popular del fascismo en las vías institucionales en la primera vuelta de esas elecciones nos ha probado que ese problema no se resolverá en esas mismas vías que lo ha ensalzado, y prolongar ese escenario no es una opción.

¡Seguimos en lucha contra el fascismo y contra la barbarie neoliberal!

 

– Versão em português –

Apesar da carreira política de Jair Messias Bolsonaro, candidato à Presidência da República pelo PSL, ter começado em 1989 a sua popularização se deu por suas despudoradas declarações criminosas como a necessidade de “matar 30 mil” para solucionar os problemas do Brasil e a sua eterna defesa pela volta do regime militar.

Por três décadas ninguém levou a sério a política de Bolsonaro, fora sua velha clientela radical. A novidade é sua falácia ter ido de encontro aos ouvidos daqueles que sofrem uma esquizofrenia política ilusória e os potenciais nazi-fascistas que desse lado do oceano já caminhavam para uma crescente.

Bolsonaro se apresenta em cenário político absolutamente convulsionado, cujo o principal corte foi dado no ano de 2016 em golpe jurídico-parlamentar no qual derrubou a então presidente Dilma Rousseff do governo, para se tornar agente da “nova política” imperialista quebrando o pacto de conciliação de classes para abrir caminho para uma atuação ainda mais severa do capitalismo no país.

Seus eleitores traduziram o passado ditatorial do país e a dolorosa memória das torturas e mortes em seus porões em um sentimento nostálgico, trazendo em uma eclosão de novas manifestações políticas com consequências obscuras: a popularização do fascismo!

Junto ao vácuo social deixado pela centro-esquerda, a frustração econômica e a falha no reconhecimento popular nas soluções políticas elitistas apresentadas pelo decenário político conciliatório petista, a dita nova direita transferiu seu discurso para o notório radicalismo anti-político tornando-se populista e atuando no hiato periférico abandonado pela esquerda.

Aqueles que anteriormente pediam a volta do período sangrento do país promoveram o nome de Bolsonaro, o fazendo crescer nas pesquisas sem ao menos fazer campanha. Tornou-se a personificação do proto-fascismo há muito enclausurado, o fazendo ser um “Führer” brasileiro.

Para seus eleitores, o mais importante não é o que diz, mas sim o que representa! Bolsonaro representa a privatização das estatais, o desmonte de direitos sociais, a violência patriarcal contra as mulheres, o racismo violento e escancarado, violência contra os LGBTs, indígenas e todas as minorias.

Tais violências saíram do ideal e se materializaram em milhares de vítimas desse fascismo: mulheres agredidas, travestis espancadas, suásticas espalhadas pelo território brasileiro e um brutal assassinado de um representante da cultura negra Meste Moa do Katendê.

O resultado das urnas do dia 28 de outubro não será relevante quanto ao estrago que já está dado. A expressão popular do fascismo por vias democráticas no primeiro turno dessas eleições nos provou que esse complexo não será resolvido desta forma e prolongar cenário não é uma opção.

Seguimos em luta contra o fascismo e contra a barbárie neoliberal!

 

Por la activista Pabs Risoflora

El PP ha vuelto

Con Casado, el PP se suma a la retórica fascista de las derechas europeas. El movimiento estratégico no es nuevo, el objetivo consiste arrastrar al centro y convertirlo en un rehén de la ultraderecha. El contexto parlamentario, con la caida del PP a la oposición, les facilita radicalizarse y disputar ese espacio político a Ciudadanos.

El problema, para la mayoría de la sociedad, es que este movimiento abre aún más puertas para el fascismo. No es casualidad que el caballo de batalla escogido para desgastar al gobierno sea, precisamente, la crisis de refugiados. A los movimientos sociales nos toca combatir la retórica xenófoba que pretende, una vez más, criminalizar a los migrantes. Apoyar a las personas que huyen de las guerras que provoca el capitalismo es una obligación ética. Pero además, en un país cuyos ricos no han dejado de aumentar sus beneficios en los últimos años, tenemos capacidad de sobra para afrontar la entrada de nuevos trabajadores y, al mismo tiempo, mejorar nuestras condiciones de vida. Tenemos que dejar esto muy claro. Sobre todo en este momento en que la derecha, carente de argumentos, acusa una vez más a los personas trabajadoras, en este caso extranjeras, de los problemas causados por el modelo económico criminal que ellos defienden.

Es una vergüenza ver a Casado paseándose por Algeciras e, incluso, saludando a aquellos a los que ataca sin que nadie le echase en cara su cinismo y su hipocresía. Afortunadamente, mientras esto ocurría los madrileños han dado una lección de convivencia impidiendo un acto racista en el metro de esta ciudad. También los taxistas, ejemplares en su lucha en defensa del transporte público, han retirado la pancarta de un grupo fascista que pretendía aprovecharse para propagar su ideología del odio. Estos ejemplos demuestran que la sociedad española entiende más de convivencia, respeto, democracia y solidaridad que buena parte de sus dirigentes. A pesar de los pataleos cínicos de la derecha, con estos mimbres puede construirse una respuesta antifascista a cualquier crisis humanitaria y a cualquier intento político de propagar la xenofobia. Ayudemos a construirla.

La solución para los trabajadores pasa por lograr comunidades diversas, populares, solidarias, cohesionadas y fuertes. Precisamente porque los migrantes no serán los únicos ni los últimos señalados. Casado irá también contra las mujeres o contra la diversidad sexual y de género, como ya ha hecho esgrimiendo una retórica machista y ultracatólica durante las primarias de su partido. Irá contra los catalanes por reclamar democracia y derecho a decidir, o por su rechazo a la derecha española. Irá contra todas las personas trabajadoras buscando enfrentarlas entre sí para mostrarse, a continuación, como solución a sus problemas. Lo hará del mismo modo que lo ha hecho Trump y el resto de fascistas como él que tenemos que aguantar hoy en el poder. Devolvamos al fascismo al basurero de la historia. Plantemos cara.

La historia olvidada del maquis antifranquista

La guerrilla antifranquista o maquis han sido los grandes olvidados de la historia de la lucha obrera. Exiliados a la desmemoria en las crónicas oficiales, conocidos como «los del monte», fueron partidas antifascistas organizadas de hombres y mujeres que luchaban por su propia supervivencia aspirando a vivir en libertad, resistiéndose a ser cautivos o desarmados.

El origen del maquis antifranquista.

Su origen se debe situar ya en el verano de 1936, puesto que las zonas controladas por los militares sublevadosi se repletan de huidos o guerrilleros. Según avanzan las tropas sublevadas se desata la represión contra las personas implicadas en movimientos políticos de izquierdas, por lo que numerosos grupos dispersos se esconden en casas de familiares o huyen a los montes para encontrar refugio frente a esta sistemática represión. Estos grupos de huidos fueron el germen de las futuras agrupaciones guerrilleras, que durante la guerra trataban de apoyar la lucha contra el fascismo participando en la interrupción de las comunicaciones, suministros tras las líneas enemigas y la realización de operaciones especiales. En septiembre de 1937 se sumarán multitud de huidos tras la caída del frente del Norte, comenzando a contemplarse la continuación de la guerra contra el el régimen franquista en caso de desmoronarse los frentes del Ejército Popular. El mayor contingente de guerrilleros se incorporará en enero de 1939 al caer las principales ciudades catalanas, se cierran las fronteras y se crean campamentos en los Pirineos. Se produce el paso de la frontera francesa de 500 mil personas huidas, que acaban en campos de concentración al sur de Francia. En estos campos comienzan a reorganizarse las fuerzas políticas antifranquistas, pero un peligro sobreviene poco tiempo después. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ante la invasión de Francia por los nazis alemanes en 1940, muchos exiliados antifascistas españoles son integrados en las fábricas francesas y en bloques del ejército francés para hacer frente a los nazis que han cruzado la frontera.

Francisco Ponzán, un maestro militante de la CNT fue un destacado hombre de acción durante la Segunda Guerra Mundial. Se dedica a abrir redes de escape y recursos en los Pirineos, en los años 1940-1941 surgen numerosos grupos de sabotaje o propaganda por toda Francia, donde un alto porcentaje de efectivos son antifascistas españoles, integrados por su decisiva experiencia en la guerra los años previos. En algunos casos incluso los Aliados enviaban recursos, medicamentos y alimentos por aire a grupos de resistencia. Se crean algunos grupos anarquistas de resistencia en el sur de Francia, e incluso París será liberada por la Nueve Compañía, formada por españoles, y que se dedican a recoger armas clandestinamente en vehículos para ser transportadas a España.

Incursión en el Valle de Arán y reorganización de las partidas guerrilleras.

En septiembre de 1944 se produce una misión especial organizada para la incursión en el Valle de Arán, ya desde dos meses antes varias unidades guerrilleras acceden clandestinamente por la frontera de los Pirineos. El objetivo de la misión era crear un territorio liberado en España, que animara a un levantamiento social y forzase a los Aliados a actuar contra el Franquismo al igual que se estaban liberando del fascismo otros países. Solo se consiguen conquistar algunos pueblos y aldeas pirenaicas, la respuesta de las unidades Franquistas compuestas por guardias civiles, policía armada y batallones del ejército fue contundente, por lo que el intento de ofensiva fue un desastre y acabó fracasando.

Pese a la derrota de la operación, los antifascistas españoles consiguen mantener intactas sus expectativas de desalojar el Franquismo de España más tarde o más temprano. Por eso se produce dentro de la Península un fuerte incremento de la actividad guerrillera y una reorganización de las partidas, con la incorporación de nuevos contingentes que atravesaron la frontera. Se especializan dos tipos de guerrillas: por un lado la guerrilla urbana, destacada en Madrid, León, Granada o Málaga. Incluyendo algunos intentos de matar a Franco, principalmente por parte de militantes libertarios que llegaban a Madrid con ese objetivo. Las guerrillas rurales destacaban en Galicia y Asturias, Aragón y Valencia, Extremadura y la Mancha o las serranías de Andalucía. Las guerrillas de Navarra, Aragón o Catalunya vivían en Francia y actuaban a través de la frontera, por lo tanto eran itinerantes entre el ámbito rural y el urbano.

Actividad guerrillera y vida cotidiana en el monte.

Las actividades guerrilleras eran limitadas, y se cernían casi exclusivamente a la supervivencia. Realizaban asaltos para acceder a alimentos, se solía comer en crudo en los campamentos o se hacían fuegos muy pequeños para evitar ser descubiertos por la señal del humo. Tenían una amplia movilidad nocturna, caminaban con pequeñas avanzadillas que reconocían el terreno, y no se desplazaban con nieve o niebla. Evitaban pasar por sembrados donde no podían guarecerse fácilmente, y en ocasiones retenían a cazadores o pastores por seguridad para no ser delatados. Tan solo el 2% de los integrantes de estas partidas eran mujeres, en general eran rechazadas y excluidas, y normalmente actuaban como enlaces, exponiéndose más que los hombres. La labor de apoyo de los enlaces era fundamental, y en muchas ocasiones eran los más reprimidos, la Guardia Civil atacaba y desmontaba los grupos de apoyo, más indefensos, y eso estrangulaba los apoyos de la guerrilla.

La salud era muy precaria, contaban con algunos botiquines muy básicos y remedios tradicionales. Habitualmente no tenían médicos, aunque se obligaba a algunos a colaborar coyunturalmente, y se bajaban a los heridos a los pueblos para ser intervenidos en clandestinidad. Estaban mucho mejor armados los grupos guerrilleros cerca de la frontera, o bien para conseguir nuevas armas se atacaba al Somaténii, o se obtenían mediante contrabando. La higiene era muy escasa en el monte, solían bañarse de vez en cuando en algún río y sin jabón para no dejar rastro de espuma en el agua corriente. Aunque vivían en el monte, siempre que podían trataban de ocupar cortijos, casetas rurales o minas abandonadas, aunque era común que cambiaran habitualmente de sitios para no levantar sospechas. Editaban propaganda guerrillera para contrarrestar la idea difundida por el Franquismo de que se trataban de partidas de bandidos o salteadores. Utilizaban en ocasiones morteros para lanzar octavillas a modo de proyectil, y que se propagaran en una localidad o una zona concreta. También participaban en la voladura de torretas de alta tensión con el fin de sabotear las comunicaciones de las fuerzas represoras. El cruce de puentes sobre los ríos era muy peligroso porque les dejaba demasiado al descubierto e indefensos.

Algunos grupos en Barcelona consiguieron pisos y equipamiento, como el grupo del guerrillero Ramón Claret. Sus actividades consistían en el asalto a bancos y empresas para financiar la resistencia contra el Franquismo, y obtener ayudas para los presos y sus familias. En la ciudad el enemigo contaba con la conocida como Brigada político-social de la policía, que infiltraban algún hombre en partidos y sindicatos que trataban de reconstruirse en clandestinidad. Mientras tanto, la Guardia Civil hacía frente a la guerrilla en la zona rural. Se llegaron a organizar y desplegar en el terreno algunas contrapartidas camufladas de guerrilleros, que resultaban muy efectivos para descubrir otros grupos guerrilleros, pero sobre todo enlaces de apoyo, e incluso dar mal nombre a las guerrillas mediante acciones falsas. La Guardia Civil exponía a los guerrilleros para escarnio público en los pueblos. Además, muchos guardias civiles deseosos de recompensas, condecoraciones o ascensos rápidos en sus unidades, asesinaban frecuentemente a inocentes que nada tenían que ver con la guerrilla, y justificaban su hecho asegurando que se trataba de enlaces de la misma.

Algunos guerrilleros destacables bastante desconocidos.

Podemos destacar a Laureano Cerrada, conocido como Lucio, y que fue un afamado falsificador de cupos de comida, documentación y planchas de dinero español con el que pretendía hundir la economía franquista. Trabajaba desde Francia, donde fue detenido en varias ocasiones por falsificación, aparte de preparar y financiar dos atentados contra Franco, uno de ellos en 1948 que intentó fallidamente bombardear el yate de Franco durante sus vacaciones en Donosti. Laureano Cerrada finalmente fue asesinado en París ya en el año 1976, en circunstancias aún no aclaradas convincentemente.

Por otro lado, el libertario Wenceslao Giménez Orive, hijo de un interventor fusilado por los franquistas en Zaragoza en los primeros días de agosto de 1936, se adhirió años después a la clandestina Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), siendo detenido y torturado. Más tarde, se unió al grupo de guerrilla urbana dirigido por Facerías, y acabaría siendo el jefe del grupo de «Los Maños» Elaboró una cuidadosa guía para asaltar el Palacio de El Pardo en Madrid, pero dicha acción no pudo realizarse.

También el grupo «Los Anónimos», destacando el libertario Doménec Ibars, trataron de asesinar a Franco en 1949 en Barcelona al paso de una comitiva junto a la estatua de Colón, pero en el último momento se decidió abortar la operación porque un grupo de niños estaban situados delante y habría sido una masacre. Este incidente, no será más que uno de la cuarentena de intentos de atentado que tratará de realizar el movimiento libertario entre los años 1939 y 1964.

Ramón Vila, conocido como Caracremada, será el último guerrillero muerto, fue en agosto de 1963. Aunque el grupo conocido como Defensa Interior, organizado por la CNT-exilio continuó actuando hasta 1965, será precisamente un sector inmovilista del anarcosindicalismo quien decidió dejar de prestar apoyo a esta organización, ya bastante mermado por la represión franquista. Posteriormente surgirán grupos autónomos libertarios, destacando el Movimiento de Liberación Ibérico (MIL) una organización catalana anticapitalista activa durante los inicios de la década de 1970. Una nueva generación de militantes libertarios que recogían el testigo guerrillero y su lucha clandestina, realizando acciones para financiar el movimiento obrero. Uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, fue condenado a muerte y asesinado a garrote vil en marzo de 1974.

i Las regiones de Canarias, Protectorado en Marruecos, Galicia, gran parte de Castilla y Extremadura, Navarra, parte de Aragón, y pequeñas zonas en Córdoba, Sevilla y Cádiz; es donde triunfó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

ii Un cuerpo armado de protección civil, separado del ejército, instituido en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y restablecido bajo la dictadura franquista.

¿Existe un partido ultraderechista español relevante?

Es una pregunta recurrente, pero inevitable. Hace poco me la hicieron unas conocidas venidas de Francia, donde el Frente Nacional ha cumplido 45 años y ya ha llegado dos veces (2002 y 2017) a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
En la región española, los partidos ultranacionalistas consiguen resultados muy pobres tanto en las elecciones como a la hora de movilizar a la población. Existen varias posibles respuestas para esta excepción española, respuestas que no se excluyen unas a otras. Una es que casi cuarenta años de franquismo habrían vacunado a la población española contra la tentación ultraderechista. Otra es que el PP –y antes Alianza Popular, del que es refundación– incluiría entre sus votantes a casi todo el arco político a la derecha del PSOE, desde los liberales cuyo catecismo viene de Adam Smith y de Hayek más que de la Conferencia Episcopal hasta los reivindicadores del franquismo que asumieron el paso a un régimen liberal (contenido) como un cambio de época que trascendía las ideas o como un mal necesario. Para la segunda mitad de esta última crisis hay quien señala también la emergencia de Podemos como un posible factor de contención: un partido en principio soberanista, de ámbito español y que, al centrarse en la representación institucional, llama a sus simpatizantes a ser votantes más que militantes (con la comodidad pueril que eso implica). Me atrevería a añadir otro elemento de explicación, también complementario y no excluyente de los otros: la misantropía de la ultraderecha, su desprecio por el ser humano en tanto que tal. Si bien la misantropía es hoy casi parte de la atmósfera general, es en la extrema derecha donde alcanza su máxima concentración. Estos sectores, históricamente, han crecido y perseverado entre el miedo a las tendencias socialistas de la plebe (Juan Donoso Cortés fue en 1848-1853 el primer gran exponente por aquí), la nostalgia romántica por un pasado mítico, la idea mesiánica de una aristocracia (militar o paramilitar, por lo general) que devolvería la nación o la raza a su puesto de preponderancia y la culpabilización del conjunto de la población por haber permitido la penetración del Mal (hoy día, la globalización y el contacto entre culturas, antes, el socialismo y el liberalismo judeomasónicos) y, en general, la degeneración de la sociedad y de la civilización. Ante la aceleración de la globalización y ante su propio desmoronamiento como movimiento de masas y su ghettización como grupúsculos llevados por el antifascismo hasta una semiclandestinidad, la ultraderecha parece dar más importancia a la nación/raza y menos a la jerarquía; esto puede haber suavizado esa visión negativa del ser humano, pero no tanto como para haberles movido a encontrar un programa común del que pudiera haber surgido ese hipotético partido. Su mito fundador es el de la escasez –que les retrata como hijas del liberalismo económico–, si bien ellas, para resolver ese problema creado por el mercado, no confían sólo en la mano invisible, sino también (a veces, principal o exclusivamente, incluso) en la exclusión parcial o total de otras nacionalidades o razas. Su tendencia a usar el término «buenismo» –común con buena parte de la derecha no considerada extrema– ya da una idea de su concepto de las relaciones humanas: no se tratará de ser buenas unas con otras, sino de adaptarse y sobrevivir en una guerra de todas contra todas.

Hasta aquí, parecería que las noticias son buenas. No existe un partido de ultraderecha relevante, ¿verdad?; propongamos un brindis. Lo malo es que no creo que las noticias sean tan buenas.

En un intercambio de cartas con el antifascista (entonces preso) Yves Peirat, allá por 2002, decía él que el éxito de LePen en las elecciones presidenciales francesas de aquel año era también el éxito de la lepenización de la política. En la década de 1980, la existencia del Frente Nacional era considerada un desafortunado accidente que no había que agravar; sus candidatos no eran reconocidos como interlocutores por los otros partidos, que boicotearon debates en que el FN había sido invitado y evitaron hablar con ellos en público. Fuese contraproducente o no esta estrategia, para antes de 2002, algunos de los estribillos lepenistas más habituales como el endurecimiento de la lucha contra la inseguridad (esto es, más cárcel, más policía, menos control de sus resultados) o la restricción de la inmigración empezaban a convertirse en lugares comunes de la política institucional. Lo que el FN no ganaba en las elecciones, lo ganaba ideológicamente en los medios de comunicación y desde ahí, claro, en muchas tertulias familiares de sobremesa y barras de bares. Cuando los problemas son reales y las cristianodemócratas y socialdemócratas hablan del «fin de la historia» y de dirigir un país como se gestiona una empresa, las preguntas –viscerales, superficiales, torpes– las hacen los medios de comunicación y su sensacionalismo. Y las respuestas –viscerales, superficiales, torpes, pero sin una población más exigente que eso y sin apenas manchas en el expediente del partido por no haber tenido que detentar el Poder– las da la extrema derecha. Así, el partido de la derecha convencional –y, en menor medida, el llamado socialista– acababa compitiendo con el FN en su mismo terreno.

En España, como en Francia o en EEUU, el liberalismo ha hecho todo lo posible por vaciar moral y políticamente tanto a la derecha como a la izquierda liberales. Tras sucesivas crisis y el auge y declive del movimiento obrero, lo que queda es el darwinismo social. Y aquí resulta que los extremos no se tocan, sino que el liberalismo convierte un millón y medio de paradas de larga duración en un millón y medio de casos aislados de holgazanería. El caos económico (paro, pobreza) no se puede abordar; las responsabilidades de grandes empresarios y accionistas y de sus gobiernos no se pueden abordar, hay que culparse a una misma y, si otra está peor (por su situación, por su grado de dependencia, por pertenecer a una minoría o por ser mujer), hay que culparla a ella aún más. Por lo general, seguimos queriendo las respuestas más sencillas que sean posibles, aunque no sean sinceras, y eso en parte lo ha conseguido la candidatura de Donald Trump y lo pueden conseguir otras similares. ¿«La verdad antes que la paz»? Nada de paz, salvo con la clase opresora, y cualquier cosa antes que la verdad. No hay un afán de igualdad entre géneros y sexualidades, es una conspiración «feminazi» y del lobby LGBT. No hay un afán de igualdad entre razas, es la conspiración del racismo antiblanco y de la corrección política (¿?) para que los hombres blancos heterosexuales se sientan mal. Etcétera. Como la derecha ha renunciado a toda preocupación moral, cualquier convicción aparece como una cuestión de moralismo progresista. Y ese progresismo, cuando llega a puestos de poder, lo hace rendido al liberalismo, acomplejado e incapacitado. Se diría que las clases sociales no existen. Sólo se habla de las trabajadoras como cualidad personal (ser trabajador/a, por oposición a ser vago/a) y no como condición social que determina lo que se puede y se necesita. El hombre blanco heterosexual, el menos desfavorecido, se convierte por arte de magia (victimista) en el desdichado objetivo de una campaña que los líderes tradicionales no han querido o no han sabido parar, se impone un liderazgo que devuelva las cosas a su sitio. «We will not be replaced» («No nos van a remplazar»), gritaban las racistas y nostálgicas de la esclavitud negra en Charlottesville hace bien poco mientras cierta ultraderecha habla de un «gran remplazo» por el que Europa se vería desbordada por la combinación de las inmigrantes extraeuropeas y la alta natalidad de estas. No son organizaciones de ultraderecha fuertes, son estados de ánimo colectivos construidos laboriosamente.

Un partido puede ser una organización como tal o puede ser el conjunto de personas que toman partido por algo o alguien, como era originalmente. Y eso sí parece existir aquí y ahora. Alimentado por una derecha sin complejos que dice que el franquismo ya hace mucho que terminó y que el postfranquismo está siendo una orgía de progresismo cultural, entre el miedo a las musulmanas y ese miedo al buenismo, gentes del PP se dan la mano con quienes preferirían el saludo romano. Existe un partido serio de ultraderecha, pero no se presenta a las elecciones, no tiene estructura formal, siglas ni logo. Es un partido informal y transversal, presente en los grupúsculos del ghetto ultra, pero también en Vox, el PP, UPyD, Ciudadanos o incluso el PSOE. Un partido que no se limita a rechazar los subsidios y defender cualquier endurecimiento represivo, sino que va desde el revisionismo histórico de corte franquista para consumo de masas (García Isac, vinculado a una escisión por la derecha del PP, el falangista Nacho Larrea o el ex-GRAPO converso Pío Moa) y el asistencialismo con criterio nacional en lugar de social hasta las constantes agresiones del nuevo escuadrismo, desde la recurrente tolerancia judicial y policial con estas hasta la increíble equidistancia de los medios. Esta ultraderecha no tiene divisiones blindadas ni de infantería, pero sí crece en el sensacionalismo mediático y tiene su hueco en grupos mediáticos como Libertad Digital (presuntamente salvado en 2004 de la quiebra, entre otras, por la caja B del PP y que incluye la web homónima, Libremercado y EsRadio), Intereconomía (vinculado al sospechoso dirigente pepero Ignacio González y que comprende la televisión homónima, donde la portavoz del Hogar Social Madrid participa como tertuliana, dos radios y media docena de ciberpanfletos webs como La gaceta) o el diario y la radio Ya (que retoman la cabecera del antiguo diario católico del mismo nombre), donde trabajan tanto el mencionado Nacho Larrea o Martín Sáenz de Ynestrillas (de esos famosos Sáenz de Ynestrillas) bajo la batuta del franquista Rafel López-Diéguez (de la también mítica familia ultra Piñar), así como opinólogos y periodistas multiactivistas como Cristina Seguí (ex-Vox), Inma Sequí (ídem), Hermann Tertsch (otro converso, que en su día militó en el PCE), Alfonso Rojo (un converso más, ex-CNT), Álvaro Ojeda o el secretario general de cierto sindicatillo policial.

El colmo, claro, es cuando se contraataca a los escuadristas y se les presenta como meros portadores de la bandera de la monarquía española y también es la equidistancia de medios de comunicación que en teoría ni siquiera se consideran de derechas, pero que dejaron la bandera del antifascismo en cuanto el régimen se liberalizó. Esa equidistancia de quienes creen que no hay nada que temer del fascismo –porque ellas no tienen nada que temer de él– se convierte en causa y efecto, en la dialéctica social y política, del trato de favor judicial y policial y de la normalización de quienes ven la vida como una sucesión de amenazas comunistas, independentistas, «feminazis» y filoyihadistas y ven el mundo como algo a transformar en una cárcel, para mayor seguridad de todas. El resultado es el, digamos, churchillismo actual. Winston Churchill ha pasado a la historia como un antifascista por haber dirigido el Reino Unido cuando este se enfrentaba al eje nazifascista, pero, salvo por ese imperativo geopolítico, era de los que defendían que los liberales habían de unirse a fascistas y nazis contra comunistas y socialistas (por no hablar de sus crímenes en la periferia del imperio británico, no muy por detrás del propio genocidio nazi). Los émulos de Churchill, los que temen más una barricada que una cuchillada, que prefieren cualquier desorden conocido a cualquier orden por conocer –aquí también tuvimos republicanos franquistas a lo Unamuno o Queipo de Llano– no presentan a un candidato ultra a las elecciones, por lo general. Pero están trabajando para que avance su agenda política gobierne quien gobierne.

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