Apuntes sobre El capital I: La mercancía

Se entiende por mercancía la producción que está destinada al cambio o la venta y no a ser consumida directamente por el productor.

Valor de uso y valor de cambio

Por valor de uso entendemos la utilidad de una cosa, su capacidad para satisfacer una necesidad humana. Depende de las cualidades naturales y aparece en su uso o consumo.

La proporción variable en que las mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.

Como valores de uso, las mercancías son de cualidad distinta pero como valores de cambio solo pueden ser diferentes en cantidad. Efectivamente, Las necesidades que satisface una mesa son de cualidad muy distinta a las que satisfacen un par de zapatos. Sin embargo, al cambio, podemos por ejemplo decir que una mesa vale tanto como tres pares de zapatos.

Si se prescinde de las propiedades naturales (del valor de uso de las mercancías) solo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo. Las mercancías revelan solamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo, es decir, que en ellas se ha acumulado trabajo.

Las mercancías son valores en tanto que son materialización de ese trabajo.

Magnitud del valor

La sustancia del valor es el trabajo. La medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo.

El trabajo a su vez se mide por la duración, o sea, por el tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo no considerándolo en un caso particular sino como término medio en unas condiciones sociales dadas. En definitiva, el valor viene determinado por el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad y de intensidad en las condiciones del medio social.

Esto supone que la magnitud del valor varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo.

La productividad del trabajo depende, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la amplitud y eficacia de los medios de producción y de circunstancias exclusivamente naturales. Si la productividad aumenta disminuyendo el tiempo necesario para la producción de una mercancía, el valor de esta disminuye. Recíprocamente, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Ahora bien, independientemente de las variaciones de la producción, el mismo trabajo genera siempre el mismo valor. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Intentaré explicarlo:

Digamos que con X trabajo producíamos Y mercancías. El valor de esas mercancías, que venía dado por el trabajo, era igualmente X, ya que la cantidad de trabajo es la magnitud del valor. Bien, ahora una mejora en los medios de producción supone que se pueda producir el doble con el mismo trabajo. En ese caso, con un trabajo de X obtendríamos 2Y mercancías (o lo que es lo mismo, con la mitad de trabajo seguiríamos obteniendo Y mercancías). El valor de esas Y mercancías se ha dividido entre 2, pasando a valer X/2. En cualquier caso, permanece siempre constante el hecho de que un trabajo de X genera un valor de X o, en este caso, un trabajo de X/2 genera un valor de X/2. Aunque los variaciones en la producción permitan que se produzca el doble, el valor de las mercancías se ve reducido a la mitad, lo que permite mantener constante la igualdad valor-trabajo.

Gracias a un aumento de productividad, hay aumento de riqueza material. Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo, porque aunque el número de objetos varíe, su valor se modifica para cumplir con la igualdad valor-trabajo.

A continuación matizaremos algunas cuestiones que han quedado en el aire:

Primero, es importante tener en cuenta que una cosa puede tener valor de uso sin ser un valor, es decir, sin ser una mercancía que acumula trabajo humano. Cualquier cosa que sea útil a las personas, pero que no provenga del trabajo de estas, entra en esta categoría. Como ejemplos podríamos nombrar el aire, la tierra o los prados. En definitiva, un valor de uso solo puede tener valor cuando se le acumula cierta cantidad de trabajo humano.

También una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin llegar a ser mercancía. Cuando el productor se limita a satisfacer sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por cuenta propia. Para producir mercancía hay que producir valores de cambio, es decir, útiles con el objetivo de entregarlos al consumo general mediante el cambio. En consecuencia, el valor de cambio solo se expresa en la relación social del cambio.

Finalmente, un objeto inútil no genera valor de ningún tipo.

Doble aspecto del trabajo

Toda clase de trabajo implica un gasto físico de fuerza humana, siendo en este sentido cada trabajo de igual naturaleza. Por otra parte, dicho trabajo se acumula en cada caso en una forma productiva determinada (una mesa, unos zapatos, una caseta…). En este concepto de trabajo útil diferente, produce valores de uso o cosas útiles.

Este doble aspecto del trabajo es de alguna forma análogo al doble aspecto del valor. Por un lado el trabajo útil diferente, el del carpintero, el informático, el abogado o el médico, que remite en cierto modo al valor de uso, pues satisface necesidades humanas bien distintas. De otra parte, el trabajo como valor de cambio, que solo es diferente de otros trabajos en su magnitud.

Doble carácter social del trabajo privado

El trabajo privado también tiene un doble carácter social.

Por un lado, aunque ejecutadas independientemente, las diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes (complementarias) del trabajo general destinado a satisfacer la suma de necesidades sociales. El resultado de esto es que, trabajando unas personas para otras, las obras privadas revisten un carácter social, ya que permiten satifacer las necesidades de todos.

Por otro lado, cada trabajo particular también tiene un segundo carácter social por su semejanza en tanto que trabajo. Dicha semejanza aparece en el cambio, esto es, en la relación social que coloca los distintos tipos de trabajo frente a frente y permite compararlos según una base de equivalencia.

Reduciendo toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple

Trabajo simple sería el gasto de fuerza del organismo de una persona sin educación ni habilidades especiales. El término medio de trabajo simple puede variar según épocas o territorios, pero siempre puede determinarse en una sociedad dada.

Podemos así tomar este trabajo simple como base de equivalencia. De ese modo, el trabajo especializado o complejo no sería más que cierta cantidad de trabajo simple. Esta reducción se hace todos los días en todas partes, con el establecimiento de salarios mayores o menores en función del tipo de trabajo a desarrollar.

Forma de valor

En concepto de valores, todas las mercancías se expresan en la misma unidad (trabajo humano) y pueden reemplazarse mutuamente. Por consiguiente, una mercancía puede cambiarse por otra.

Pero en realidad, hay dificultades para el cambio inmediato entre mercancías. En consecuencia, una sola de ellas pasa a revestir la forma apta del cambio inmediato con todas las demás, estableciendo una forma especial de valor: la forma moneda, que simplifica la relación de cambio estableciendo una forma de valor común, una base de equivalencia.

En principio, este objeto único, forma oficial de los valores, podía ser una mercancía cualquiera. La especial, con cuya forma se ha confundido paulatinamente el valor, es el oro. De tal modo que, finalmente, todas las mercancías se reducen a cierta cantidad de oro. El uso de moneda en la relación de cambio parece hoy algo natural. Al expresar el valor de una mercancía en, por ejemplo, cantidad de tela, salta a la vista lo extraño de la afirmación. Pero cuando referimos la misma cantidad en oro o plata, euros o dólares, la proposición deja de sorprendernos. El resultado de esto es que no parece que una mercancía se haya convertido en moneda porque las demás expresen en ella su valor. Al contrario, parece que el resto de mercancías expresan su valor en esas mercancías determinadas (el dólar, el euro, el oro) solo porque es moneda.

Apariencia material del carácter social del trabajo

En definitiva, esta forma moneda o dinero contribuye a sugerir una idea falsa de las relaciones de los productores. Los productos del trabajo, que en sí mismos son cosas sencillas y fáciles de comprender, se tornan complicados, llenas de sutilezas y enigmáticos en cuanto se les considera como objetos de valor prescindiendo de su naturaleza física; en una palabra, desde que se convierten en mercancías.

El valor de cambio, que no es otra cosa que la manera social de contar el trabajo invertido en la fabricación de un objeto (por lo tanto, sólo es una realidad social) ha llegado a ser tan familiar para todos, que parece ser una propiedad intrínseca de los objetos, como la forma moneda para el oro (otra relación social que se ha naturalizado). Sin embargo, existen sistemas de producción en que la forma social de los productos del trabajo se confunden con su forma natural y en que los productos se presentan como objetos de utilidad bajo diversos conceptos, no como mercancías que se cambian recíprocamente.

Esa apariencia material que se da a un fenómeno puramente social convierte a los ojos de los productores su propio movimiento social, sus relaciones personales para el cambio de sus productos, en movimientos de las cosas mismas que los arrastra, sin que puedan dirigirlos. La producción y sus relaciones, creación humana, dominan al hombre en lugar de estarle subordinadas.

Catorce, catorce de noviembre

A todos los que padecen este mundo y no se rinden: este breve poema.

Catorce, catorce de noviembre…

Se oía un rumor:
el del trabajador luchando,
solemne;
a la par que se alzaba un rubor:
el del trabajador trabajando,
inerme.
Uno,
puño en alto y pasión en vuelo,
grita,
rebosa
su corazón ardiente,
ayuda,
conmueve,
se libera,
se defiende…
Otro,
mirada en los pies y alma inerte,
muerde ansioso -galopín-
un anzuelo anclado,
anclado al bolsillo de algún dirigente…
‘¡Derecho a trabajar, derecho a trabajar!’,
exclaman sus dientes,
mientras el sistema,
usurpador,
que le roba el usufructo,
que le amordaza el espíritu,
que le acongoja la mirada,
que le aprieta las costillas,
le vocifera tranquilo al oído…
Me alimentaré de tu esfuerzo y de tu vida
hasta el día de tu muerte.

¿Gay y de extrema derecha?

Leo en Ociogay una entrevista a un joven que se define como homosexual y de extrema derecha al mismo tiempo. La historia parece sacada de uno de esos programas morbosos de televisión, pero lo cierto y verdad es que refleja una realidad que no podemos obviar: la compleja intersección de múltiples identidades e intereses grupales.

Mario Valdés, de 24 años, es un joven cántabro que parece tener las cosas muy claras: es homosexual y además de extrema derecha. Y reconoce ambas cosas sin tapujos y de forma abierta. No obstante, aunque en la entrevista su discurso pudiera parecer sólido y lleno de certidumbres personales, sus palabras no dejan de reflejar una identidad personal contradictoria que inevitablemente se deriva de la actual sociedad capitalista occidental.

A lo largo de la entrevista une puede encontrar múltiples falacias y medias-verdades que ya no nos sorprenden. Una de ellas la encontramos en su primera respuesta: «Desde luego estoy en contra totalmente de un estado multicultural, mirad lo que esta pasando con un 12% de extranjeros, imaginad la hecatombe si fueran por encima del 25%.» ¿Qué está pasando? ¿Qué pasaría si la población del Estado español tuviera un 25% de personas inmigrantes? El miedo y el odio que destilan sus palabras las encontramos todas las semanas en los medios del Estado; después de todo les homosexuales también consumen las noticias de los medios de comunicación.

Las mentiras y los prejuicios raciales siguen a lo largo de la entrevista, por ejemplo: «Los robos están a la orden del dia, parece mentira que los homosexuales, a los que creo inteligentes, no se den cuenta de esta situación, ¿a quien no le ha pasado que un extranjero le haya robado o intentado robar en el ambiente gay? Y siempre son los mismos, los de fuera» (sic). Una vez más vemos en sus palabras el discurso de la derecha, el cual se reproduce una y otra vez en los medios de comunicación. Cuando Ociogay le pregunta por la discriminación racial, él contesta: «No es discriminación, es sentido común, creo que un mundo sin fronteras sería un absoluto desastre.»

Pero lo más interesante de todo esto es que una persona de un colectivo tan reprimido en nuestro mundo «civilizado» se exprese en estos términos. Cómo él mismo dice, y no puedo concordar más, el mero hecho de ser homosexual no implica una ideología política determinada, pero sí que debería implicar una sensibilidad mayor a la opresión que otras personas sufren. Y digo debería porque los sentimientos de solidaridad humana no son tan evidentes como pudieran parecer. De esta entrevista podemos sacar en claro que la identidad personal es una construcción social y sumamente compleja que muchas veces se escapa al «sentido común» de muches (las comillas no son gratuitas).

A lo largo de nuestras vidas experimentamos multitud de situaciones sociales en muy diversos contextos, por lo que la intersección de elementos es inevitable. La sociedad capitalista actual se caracteriza por la gran flexibilidad social que permite: une puede ser estudiante, asalariade, y deportista al mismo tiempo. Además puede ser de derechas, racista, creyente, y amante de la F1. Podemos disfrutar de un café Starbucks, de un sandwich en el Rodilla, o de un libro en la FNAC. Podemos salir de fiesta con les compañeres del trabajo, y preferir salir a pasear con les compañeros de clase. El mundo a día de hoy está plagado de escenarios sociales que requieren de la reproducción de diferentes roles, los cuales terminan confluyendo de manera más o menos cristalina en la identidad personal.

Lo que yo veo en el discurso de Mario es precisamente esto, pero de la peor de las maneras posibles. La insolidaridad que fomenta la sociedad capitalista por medio de valores individualistas y excluyentes terminan por calar hondo hasta en personas que son lamentablemente discriminadas por su orientación sexual. Pero esto no es nuevo, ¿acaso no conocemos a personas de origen humilde que votan a partidos de derecha? ¿O acaso no conocemos a mujeres más machistas que muchos hombres? Algunes podrían decir de forma simplista que esto tiene que ver con una falsa conciencia de clase, pero la realidad es mucho más compleja y aterradora. Que Mario sea homosexual y de extrema derecha no es solamente una cuestión de engaño ideológico; Mario es la encarnación de todas las incongruencias sistémicas que derivan en contradicciones que se contrarrestan mutuamente, permitiendo así la reproducción del sistema imperante.

Kropotkin afirmaba que la solidaridad y la ayuda mutua eran características naturales e innatas en todos los animales, incluyendo por supuesto al ser humano. Sin embargo, esa misma solidaridad que nos ha permitido evolucionar natural y socialmente como seres humanos es asediada por valores que reflejan la ideología burguesa. Y nosotres, que consumimos cultura, noticias, y sociedad, terminamos interiorizando dichos valores como propios. Anteponer una supuesta raza blanca a una orientación sexual es tan descabellado como afirmar que el oxígeno es más necesario que el agua.

Sí, Mario, un homosexual tiene la misma libertad para escoger autónomamente su ideología política, pero defender la opresión de seres humanos con motivo de su origen, color de piel, o credo, es tan sumamente incongruente que difícilmente se puede sustentar con rigor intelectual. La opresión es opresión sea del tipo que sea. La discriminación es condenable en todas y cada una de sus manifestaciones. No solamente tu discurso está lleno de prejuicios racistas y falacias socioeconómicas, sino que tus palabras también reflejan la esquizofrenia identitaria que resulta de una sociedad tan fragmentada y efímera como la nuestra.

Y es que en el capitalismo actual no sabemos quiénes somos, y así le interesa al sistema que sea. El enemigo común es la burguesía, Mario, no la persona que tiene que emigrar de su país por las guerras promovidas por flujos transnacionales de capital. El enemigo común es el patrón que nos explota, no la persona que sufre de esclavitud asalariada por no tener un papel que le garantice protección jurídicosocial. El enemigo común, Mario, es el burgués-policía que todes llevamos dentro, no la persona que intenta sobrevivir en un mundo bajo el yugo del hombre blanco al servicio del capital.

Espero que algún día sepas ver que la discriminación que tú puedas sufrir por ser homosexual es la misma que les inmigrantes sufren por el mero hecho de existir. Tú deberías saberlo mejor que nadie.

Amancio Ortega, de explotador a filántropo en cómodos pasos

La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando.
Warren Buffet
, multimillonario y ‘filántropo’.

Sorprendido por la repentina adulación y elevación de la figura del multimillonario español Amancio Ortega a cotas estratosféricas, he decidido mostrar, aunque sea con frugalidad, un poco de la miseria que este ‘filántropo’ ha ido cosechando a lo largo y ancho del planeta durante su gestión del gigante textil, así como en la actualidad, ya que aún es el mayor accionista de la multinacional Inditex con un 59,294% de las acciones.

En primer lugar, Inditex ha sido partícipe de la todoconocida deslocalización global, es decir, ha trasladado las pequeñas empresas de confección de ropa y otros adminículos textiles del Estado español a otros países con, usando la jerga capitalista, mayor competitividad, esto es, con menores derechos laborales, humanos, o simplemente lugares donde su ausencia es clara. Un ejemplo cercano en el tiempo  de ello es el cierre de Confecciones Corrochano de Talavera de las Reina para trasladar la producción a Marruecos, con la consiguiente pérdida de 50 empleos directos. Por no hablar ya de la gran deslocalización acaecida en Galicia hace unos años durante la expansión supranacional de la aclamada firma española. Las consecuencias de la deslocalización son claras y, además, bastante aceleradas: pérdida masiva de empleo en zonas determinadas -con todo lo que ello conlleva- y un ‘efecto rebote’ en otras empresas análogas (véase Cortefiel, que realizó un ajuste en la plantilla que acabó con el puesto de más de 1500 personas para poder competir en el mercado’). Si el efecto ya es devastador en la zona de origen, ni que decir tiene que es mucho peor en la zona de destino de la producción, las llamadas zonas receptoras, puesto que, como ya se ha dicho, el obrere está parcial o totalmente desprotegido por el Estado en favor de los caníbales capitalistas. Y no pensemos que Inditex es especial, no, ésta se mueve por los mismos avatares esclavistas que el resto de multinacionales y cúpulas del capital mundial: búsqueda de países con mayor jornada laboral, sin seguros de ningún tipo, sin sindicatos que pueden defender a los trabajadores, sin que haya límite de edad para trabajar, etcétera. Sin rebuscar mucho por internet podemos encontrar numerosos casos de explotación y esclavismo por parte del grupo de Amancio Ortega; a continuación desmembraré alguno de ellos:

– Explotación salarial en, qué casualidad, Marruecos, concretamente en Tánger. La investigación, llevada a cabo por ‘Campaña Ropa Limpia’ de las ONG españolas Setem y gallega Amarante Setem, muestra las ominosas condiciones a las que se veían sometides les trabajadores de confección de ropa de la ciudad: la jornada habitual del 68% es de entre 45 y 54 horas, y la del 30% supera las 55 horas semanales de forma habitual. Además, el 62% de las obreras aseguran que “las puntas de trabajo con más carga laboral de lo habitual se repiten con mucha frecuencia”, según se recoge en el diario El Mundo. [1] Además, el estudio dice que: “el 40% afirma que no puede cubrir sus necesidades ni las de sus familias o que lo hacen con muchas dificultades”. Pero no sólo eso: «se les hace trabajar sin contrato las mismas horas que el resto, perocobrando 0,36 la hora, tres veces menos que sus compañeras», en relación a jóvenes que a menudo no llegan a los 16 años. También afirma una de las trabajadoras que: «cuando aparecen auditores por sorpresa, los supervisores esconden a las trabajadoras menores en la azotea o en cajas de ropa vacías». Como veis la situación era, desconozco si seguirá así, repugnante.

– Esclavitud y explotación infantil en India. Esta vez es el Centre for Research on Multinational Corporations [2] el que destapa las miserables condiciones a las que se veían abocadas jóvenes indias de no más de 20 años por parte, no ya de Inditex, que también, sino de la mayoría de factorías textiles del mundo. Miles de niñas y adolescentes trabajando más de 72 horas semanales, sin libertad para moverse, sin contrato, sin seguros, en condiciones paupérrimas, por un salario que no sobrepasaba los 0,88 euros por hora. El informe, titulado ‘Captured by Cotton’ (Atrapadas bajo ell Algodón), y publicado en el 2011,  se basa en los propios relatos de las trabajadoras, las cuales aseguraban que estas prácticas esclavistas eran muy habituales. [3]

Otros lugares donde las condiciones de trabajo impuestas por la multinacional española han sido totalmente abominables son Brasil (donde acabó pagando la insignificante suma de 1,5 millones por irregularidades), China o, incluso, España, donde los sindicatos y les trabajadores se han quejado en numerosas ocasiones de que Zara incumple sistemáticamente el convenio de trabajo.

Los acólitos de Amancio y sus conquistas ‘nacionales’ en favor de ‘La Marca España’ en el mundo afirmarán, no obstante, que las condiciones las incumplían las subcontratas. Una vez hecha tal afirmación, me pregunto: ¿Entonces para qué querían -y quieren- irse con tanto ahínco del Estado Español a justamente aquellos lugares en los que no están protegidos los derechos de les trabajadores? Que cada uno juzque convenientemente.

En segundo lugar, y ésta es una de las prácticas favoritas de los tiburones financieros, Inditex en general, y Amancio Ortega en particular, evaden impuestos en paraísos fiscales (sicavs) como Holanda, los cuales son legales. Y aunque esto sea legal, no cabe duda de que repercute de forma sumamente negativa en la sociedad española, pues evita pagar unas cuotas de impuestos fiscales que per se ya son un importante incentivo para mantener las distintas funciones públicas. Se sabe que Inditex cuenta con seis filiales fiscales que le ayudan a solventar de forma sustantiva el pago de impuestos en el Estado Español. Por supuesto, los ingresos que generaría el pago de impuestos son mucho mayores a los 20 millones de euros donados por la Fundación Amancio Ortega a Cáritas.

Si algo he aprendido de este gran hombre, este filántropo, este egregio bucanero de los mares del capitalismo, es que hace falta muy poco para que la gente olvide de dónde vienen en último término las grandes fortunas; el robo, la siembra de miseria, la explotación, la esclavitud, son términos que no nos interesan, es en verdad la caridad, por ridícula que sea y que por otra parte proviene también de ahí, la que servirá para juzgar a los buenos y para a descartar a los malos con acierto. Vanagloriémonos, pues, ya que contamos con Amancio Ortega, el caritativo filántropo que nos salvará de nuestra inoperancia.

[1] Fuente: El Mundo

[2] He aquí el informe completo en inglés.

[3] Modificación: se añade un vídeo que contiene una investigación de CASH INVESTIGATION en el que se muestran tales prácticas en India, además corroborado con un informe interno del propio inditex. No tiene desperdicio para los incrédulos.

Cortometraje: La isla de las flores

Ficha:

Duración: 13 min.

Año: 1989.

Director: Jorge Furtado.

Sinopsis: Considerado como una de las obras culmen del cine, en tanto cortometraje y documental; La isla de las flores es además una de las críticas satíricas más ingeniosas, crudas y brillantes al actual modo de vida, no ya de Brasil, sino de todo el globo: el capitalismo.

Crítica: La degradación humana está llegando, si no lo ha hecho ya, a sus límites teóricos y prácticos: los elementos fútiles, inertes y grises han adquirido mayor valor que lo vivo, que lo hermoso, que lo humano. Con momentos de juicio desternillantes, la cinta no se queda en la crítica banal, sistemática y panfletaria a la que, por desgracia, estamos acostumbrados los que rechazamos este modelo imperante; no, va mucho más allá, creando su propia cosmovisión narrativa sin caer en tópicos. A falta de espacio temporal -con sus escasos 13 min. no se puede decir mucho más- para desarrollar una amplia crítica sin desgajar parte de lo que se muestra en este fabuloso cortometraje, cabría decir por último, cómo no, que es de difusión y visionado ineludibles.

Fuente: Vimeo.

 

Les matamos de hambre

Según últimas informaciones, una veintena de países en el mundo sufren de niveles alarmantes o extremadamente alarmantes de hambre. El informe centra su atención en el mal uso de los recursos naturales y en el acuciante cambio climático que influye directamente en la disponibilidad de agua.

No obstante, si bien es cierto que los recursos naturales y el cambio climático afectan de forma increíble a la hambruna mundial, no podemos dejar de lado que la explotación y reparto de dichos recursos, así como la creación del cambio climático, dependen de factores político-económicos que siguen una lógica de clase muy delineada.

Para la teoría económica liberal, el comercio internacional es un juego de ganancias absolutas en el que todas las partes ganan algo. Esta lógica es la que ha venido imperando desde los años setenta, y como resultado tenemos acuerdos regionales como NAFTA (por sus siglas en inglés). El planteamiento se puede resumir como sigue: las potencias mundiales se benefician económicamente al comerciar con otros países menos desarrollados. Sin embargo, los últimos también se benefician puesto que entran a formar parte del sistema mundial de comercio. Las evidencias que manejan les liberales para argumentar su postura son, entre otras: la inversión de capital extranjero en países menos desarrollados, el desarrollo de las infraestructuras del país, o el aumento de puestos de trabajo.

Pero nada de esto es totalmente cierto, y mucho menos cuando tenemos en cuenta qué es ético. Si bien es cierto que la parte menos desarrollada se puede beneficiar de tratados internacionales, este beneficio será siempre mucho menor que aquel que obtenga la parte más poderosa. Es decir: las relaciones internacionales de este tipo son esencialmente explotadoras. Y esto no depende de la política, sino de la economía política (que no es lo mismo).

Les liberales se empeñan siempre en culpar a la esfera política: si en tal país africano hay guerra es porque sus políticos son corruptos, no porque la presencia de una empresa americana haya roto el equilibrio social. Para la gente en la línea de Hayek y Friedman, el sistema capitalista de libre mercado funciona perfectamente en papel, el problema está cuando se aplica en un mundo humano donde la política tiene la mala costumbre de arruinarlo todo. De ahí que hoy en día culpemos más a les polítiques y no tanto al sistema económico en el que vivimos.

Por desgracia, como éste es el paradigman dominante, gran parte del mundo se hunde en la miseria para que nosotres en el «Primer Mundo» podamos mantene e incrementar nuestro nivel de vida material. Mediante organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial ahogamos a países del hemisferio sur. Y lo peor es que nos enseñan desde pequeñes a pensar que esto tiene que ser así. La gente se mata en África porque son una «panda de locos» que no tienen valores democráticos. Tal genocidio en el Sureste Asiático viene dado por una casta militar cruel. Los males de les demás son siempre por factores políticos-humanos. Pero la verdad es que la culpa es nuestra y de nuestro sistema económico que imponemos al resto del mundo.

Como esto no es un artículo de historia no entraré a narrar cómo, por ejemplo, los conflictos tribales en África vienen dados por la desaparición del Imperio Británico. O cómo muchos caciques en Latino América han sido, y siguen siendo, puestos a dedo por magnates occidentales que se benefician de gobiernos corruptos que les dejan seguir explotando a niñes en minas de carbón.

Pero como esto es una pequeña reflexión sobre relaciones económicas internacionales, sí que diré que el hambre no es tanto una cuestión de falta de alimentos, sino que es una cuestión de mala distribución y explotación humana. Esto va de nosotres contra elles, y lo triste es que nos socializan para pensar que nosotres estamos del lado de les que mandan, cuando la verdad es que también somos explotados en nuestras modernas ciudades occidentales.

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