La transición del Estado chino a la economía de mercado (I)

Durante los últimos años de Mao se inició una pugna por el control del Partido Comunista, el sector conservador estaba caracterizado por “La Banda de los cuatro” que abogaban por el mantenimiento y la profundización del régimen maoísta, en la facción opuesta destacaban Deng Xiaoping y Zhou Enlai que abogaban por una modernización basada en el desarrollo económico.

Tras la muerte de Mao, la facción reformista tomó el control del Estado chino, en 1978 se puso en marcha una nueva política económica, Deng Xiaoping estaba interesado en en convertir la economía del pais hacia un sistema de libre mercado, mantuvo contacto con Milton Friedman que le aconsejaba imitar el modelo de Hong Kong que estaba caracterizado por los bajos impuestos, la mínima intervención estatal y el libre comercio, también ejerció influencia la administración de James Carter (Presidente de los EEUU) con la que Deng mantuvo buenas relaciones.

La definición de libertad de Milton Friedman[1] se adaptaba al proyecto chino, la intención del Partido Comunista era liberalizar la economía sin perder el control político para garantizar que el Estado fuera desmantelado beneficiando a los burócratas que adquirirían los activos mas rentables, la idea de la “transición” era que los mismos que controlaban el Estado socialista lo siguieran controlando en el capitalista.

El proceso reformista (Gaige Kaifeng)

El proyecto estuvo caracterizado por el pragmatismo, mantuvo un discurso socialista buscando la compatibilidad con el marxismo-leninismo para conferirle legitimidad, según el Partido Comunista la situación de China requería una etapa de capitalismo plenamente desarrollado para asegurar la construcción del socialismo bajo unas bases fuertes basadas en la fuerza productiva. Deng declaró que el socialismo no consiste en compartir la pobreza y que al igual que en el capitalismo hay planificación estatal, en el socialismo puede haber mercado[2]. El cambio no fue sencillo ya que era necesario terminar con el monopolio estatal y establecer líneas divisorias entre el Estado, el Partido y el Mercado.

La reforma de la política económica siguió dos objetivos principales, interno y externo. El primero consistió en una descentralización económica mediante la introducción de importantes cambios económicos e institucionales, el segundo tuvo dos aspectos principales, dirigir la producción a la exportación hacia el mercado internacional y abrir mercados a capitales extranjeros, la estrategia consistía en aprovechar la enorme fuerza de trabajo del pueblo chino para atraer a inversores extranjeros que implementaría métodos modernos de producción y gestión.

En 1978 Deng Xiaoping anunció las “cuatro modernizaciones” que consistían en un conjunto de medidas liberalizadoras en la agricultura, la industria, el ejército y la innovación. Se empezó por lo mas sencillo, la reforma agraria suprimió las colectividades y la comunas, se permitió la explotación individual y familiar, pero la titularidad la mantuvo el Estado que actuaba en el papel de arrendatario, los campesinos vendían una parte de la cosecha al Estado a precios reducidos y resto podían venderla en el mercado según la ley de oferta y demanda. Esta medida provocó que los campesinos se convirtieran en empresarios, pero solo una parte de ellos, los menos afortunados tuvieron que emigrar a buscar trabajo en el sector industrial.

A mitad de los ochenta comenzó la reforma industrial, hasta entonces el sector estaba formado por empresas estatales que seguían los planes de la planificación central, los beneficios iban dirigidos al Estado. El proceso se dirigió a varios objetivos, reducir la intervención del Estado, otorgar autonomía a las empresas e introducir los mecanismos de regulación de mercados. Se llevaron a cabo privatizaciones, se crearon los Municipios y Ciudades Empresariales que eran de propiedad de gobiernos locales pero funcionaban como empresas privadas y se aplicó a las empresas estatales un modelo parecido al agrícola dirigido a aumentar la responsabilidad de los administradores, en 1987 se implementó el sistema de responsabilidad por contratos que permitía a los administradores disponer de los beneficios para asignarlos a lo que consideraran oportuno. La siguiente medida fue el establecimiento de un sistema de precios duales y la adaptación a la ley de la oferta y la demanda, esto provocó una gran corrupción y mas adelante se volvió al sistema anterior de precios fijados por la administración pero con una subida considerable.

Para llevar a cabo este proceso, China abandonó la tradicional autarquía basada en el sector agrario y comenzó la apertura exterior en el sector comercial y financiero con la llamada “política de puertas abiertas” que buscaba principalmente atraer inversores extranjeros que modernizaran la infraestructura industrial y fomentar las exportaciones de productos manufacturados para obtener la entrada de divisas extranjeras para sufragar los costes de las importaciones y financiar la deuda externa. En 1980 se crearon las llamadas Zonas Económicas Especiales (ZEE) que consistían en unas áreas dentro del territorio chino con una legislación económica mas liberal que el resto, siguiendo el modelo de Hong Kong tal como le propuso Milton Friedman a Deng, estas zonas sirvieron de laboratorio económico para evaluar las consecuencias de las políticas económicas liberales antes de extenderlas a todo el país. Las empresas chinas y extranjeras situadas en las ZEE actuaban con una gran libertad y recibían numerosos incentivos como exenciones fiscales y facilidades administrativas, las ZEE experimentaron un gran crecimiento y se fueron extendiendo por diversas zonas. Las consecuencias de la reforma industrial fue que la abundante mano de obra proveniente del éxodo rural fue contratada por las empresas privatizadas con unas condiciones precarias, además la liberalización de los precios provocó una gran inflación, también se llevó a cabo una reforma laboral que provocó oleadas de despidos.

Otro de los aspectos clave del proyecto fue la reforma fiscal, hasta mediados de los ochenta todas las empresas otorgaban sus beneficios al Estado de forma que no había un política fiscal como tal, la necesidad de esta surgió a medida que avanzaban las reformas en los otros sectores ya que las empresas estatales tenían una mayor autonomía y aparecía empresas privadas financiadas por el capital extranjero. En 1984 se llevó a cabo la primera reforma fiscal en la que se introdujeron los impuestos sobre el beneficio, combinándose con el sistema de responsabilidad por contratos, pero resultó insuficiente y en 1994 el gobierno introdujo una nueva reforma fiscal, consistió en la primera legislación tributaria orientada a la economía de mercado, derogó el sistema de responsabilidad por contratos y estableció un sistema de impuestos.

Continúa en la segunda parte donde trataré la respuesta del pueblo chino al proceso reformista


[1] “Las libertades políticas son secundarias o, incluso innecesarias en comparación con la libertad del comercio sin restricciones” Milton Friedman

[2] Deng Xiaoping, We can develop a market economy under socialism

BÁRCENAS, LOS SOBRES, LOS SOBRESUELDOS, ¿Y QUÉ MÁS?

Con el caso Bárcenas, el pútrido aroma del sistema parlamentarista ya llega a las fosas nasales de una buena parte de la sociedad. La indignación salpica, en mayor o menor medida, a todos los medios de comunicación; hasta los más serviles parecen dar cierta concesión a la rabia desestructurada y desideologizada de una gran parte de la población. Sueldos en B, sobres con sumas de 1.000 euros a la bases hasta 15.000 euros a la cúpula del partido —de los que no se salva ni el mismísimo presidente del Gobierno; los veintidós millones de euros de Bárcenas en Suiza, su posible aprovechamiento de la amnistía fiscal para limpiarlos, sus chalets y propiedades repartidas por toda la geografía ibérica… Y sin embargo, algo no se oye en los medios. Los tertulianos se mesan las barbas y los cabellos reclamando dimisiones inmediatas, auditorías internas e investigaciones de la fiscalía con vehemencia. Los sectores populares medianamente críticos piden la cabeza del líder popular y de todos sus adláteres reaccionarios; se crean peticiones populares para tal fin que llegan al cuarto de millón de firmas a menos de un día de su creación; se realizan concentraciones en las sedes del PP en las principales ciudades del país; hasta se pretende ocupar de nuevo las plazas públicas en una especie de resurgimiento romántico de la rebeldía ciudadana… Pero algo queda por contar, o al menos es esa la impresión que queda después de tragarse todo el fervor periodístico y de regeneración pretendidamente democrático del sistema.

Empero, ¿qué es lo que no está acaparando una cuota de pantalla siquiera igual a toda la retahíla de cosas que he nombrado anteriormente? Evidentemente se esconde lo más desestabilizador del asunto: el papel y la influencia del gran capital, de las grandes empresas nacionales y supranacionales, en los gobiernos de la democracia capitalista y estatal. De tal manera, el Estado no es más que una suerte de títere que intercede a favor de los grandes bolsillos  y que se reflejan fehacientemente en el parqué bursátil. Todavía no he visto a ningún comentarista y creador de opinión pública echar pestes sobre las grandes empresas con tanta fuerza con la que tira guijarros punzantes a la cabeza de, según su propia terminología, la casta política, que no es sino el brazo ejecutor de la casta capitalista, es decir, del capital. Más que centrar la crítica sobre los sobres, las cuentas en Suiza, etcétera, acciones que son sólo consecuencias, se debe centrar ésta sobre la causa, que, como digo, no es otra que, nuevamente, el paradigma mercantil y estatal. No es casualidad que se concedan ventajas de todo tipo a empresas como Mercadona, del idolatrado capitalista Juan Roig —de la cual todos sabemos su currículo de explotación laboral y denigración humana—, Sacyr Vallahermosa, OHL, Ploder, Bruesa, entre tantas otras. Este hecho no se puede achacar, sería extremadamente irresponsable, a un caciquismo exclusivo del ámbito nacional, pues este corporativismo fuerzas estatales-fuerzas capitalistas viene dándose desde el mismo inicio de este modelo crematístico, es decir, de ponderación de la mercancía.

De este modo, una crítica radical, en cuanto que va a la raíz del dilema, no puede quedarse en la superficialidad socialdemócrata o en la estulticia de los sectores de la derecha, no, como siempre ha de ir más allá, ha de apuntar directamente a los culpables: el Estado y sus dueños, a los que de verdad éste primero representa en cada una de sus decisiones. La corrupción, por tanto, es imposible de erradicar mientras existan estos dos entes interdependiente el uno del otro. Pretender su eliminación con un simple cambio de actores en el teatro parlamentario responde, simplemente, a una concepción obtusa del papel del Estado. En definitiva, no hay cabida para buenismo ni confianza en un sistema que se ha demostrado incapaz de moldearse a sí mismo. Se ha de reclamar lo que se viene reclamando desde hace mucho en los ambientes antiautoritarios: ¡Autogestión, autogestión y autogestión! Autogestión de los trabajadores de su medio de trabajo, autogestión de las gentes de sus relaciones sociales y democráticas y autogestión, en fin, de nuestra propia vida.

Apuntes sobre El Capital III: La moneda o la circulación de las mercancías

La forma precio

Una cierta cantidad de oro puede fijarse socialmente (por ejemplo, mediante una ley) como unidad básica de medida de los precios. El oro pasa a cumplir una doble función. Por un lado, medir los valores de las mercancías, transformando el valor en precio. Por otro lado, como tipo de los precios, mide diversas cantidades de oro por una cantidad fija, el peso fijo de oro que constituye la unidad básica de medida.

Los precios indican dos cosas simultaneas:

1. La magnitud del valor de las mercancías.

2. Cantidad de moneda (u oro) por la cual puede cambiarse la mercancía.

Desde que el valor se convierte en precio, la relación directa entre la magnitud del valor y la del trabajo social necesario (que explicamos en anteriores entradas) aparece de forma indirecta como la relación de cambio entre la mercancía y la cantidad de moneda del precio.

Es posible que exista una diferencia cuantitativa entre el precio de una mercancía y su magnitud del valor. Esto es debido a que el precio, además de representar el valor de una mercancía, puede representar el máximo o el mínimo de moneda que su cambio produce en un momento y circunstancias dadas.

Circulación de las mercancías

El cambio transporta las mercancías de manos en que son valores negativos de uso a otras en que sirven de valores de uso. En el momento en que llegan a manos de quien las considera útiles, abandonan la esfera de los cambios y pasan al dominio del consumo.

Para el poseedor inicial que quiere cambiar su mercancía para obtener otra que le sea de utilidad, la transformación se representa en dos actos: venta (cambio de la mercancía por dinero) y compra (cambio del dinero por mercancía). Resumimos así este conjunto: mercancía-dinero-mercancía.

Esto no es más que el inicio de una nueva transformación. La compra final es también una venta, desde el punto de vista de la segunda persona implicada en el cambio, que recibe el dinero. Ese dinero servirá a esta segunda persona para comprar una nueva mercancía a un tercero, generando así una serie de movimientos concatenados que constituyen la circulación de mercancías.

La compra es el complemento obligado de la venta. Si la separación entre las operaciones se prolonga demasiado, si se acumula, la unión entre los dos actos se demuestra por la crisis que surge.

Curso de la moneda

Desde el momento en que el vendedor completa la venta con la compra, el dinero huye de sus manos. En el ejemplo anterior, el dinero dado a un segundo pasa después a un tercero. La moneda pasa así sin interrupción de mano en mano en lo que se llama curso de la moneda.

Una pregunta lógica a continuación sería ¿Cuánta moneda circula? Si consideramos que no hay relación entre ventas, para poner la mercancía en circulación la moneda debe representar las cantidades ya expresadas imaginariamente en el total de los precios. Siempre que varíe el total de los precios de las mercancías en el mercado, deberá variar la masa de moneda circulante.

Hay que considerar también otra variación de la moneda, que depende de la moneda misma. Supongamos por claridad que como moneda tenemos el oro. Antes de que el oro funcione como medida del valor del resto de mercancías, su valor se halla determinado porque es producto de un trabajo. ¿Qué pasa si ese valor propio se modifica? Cada vez que el valor del oro se altera, se alterará el precio que determina la relación de cambio con las mercancías (suponiendo que el valor-trabajo de estas permanece constante y no lo compensa) y por tanto la cantidad de moneda necesaria en circulación. Pero lo cierto es que, en la práctica, el valor del oro se fija de antemano al fijar los precios.

Hay que recordar que hemos partido de la base de que no había relación entre ventas. Pero ya hemos visto que en realidad no es así. Hay un encadenamiento entre compras y ventas que marca la circulación de la mercancía. De tal forma que si tenemos 4 mercancías distintas que valen 5€ cada una, todas ellas pueden cambiar de manos con solo 5€ en circulación. El comprador con el dinero compra la mercancía 1 al primer vendedor, este recibe el dinero y le compra al segundo vendedor la mercancía 2, que recibe el dinero con que compra al tercero su mercancía y así sucesivamente. La velocidad del curso de la moneda suple su cantidad.

La velocidad del curso de la moneda se mide por el número de transacciones en un tiempo dado. Conocida la velocidad media de circulación en un contexto, o el tiempo en que una suma de moneda realiza el total de precios, podemos determinar la masa de moneda que funciona como instrumento de la circulación. Esa masa, multiplicada por el número medio de transformaciones, debe ser igual al total de precios.

La separación entre las operaciones de compra y venta da lugar a la lentitud en el curso de la moneda y la interrupción de los cambios. Es frecuente explicar esa interrupción por la cantidad insuficiente de moneda.

El numerario y el papel moneda

El peso de oro adoptado como unidad de medida se presenta en el mercado como moneda. El Estado, igual que establece la unidad de medida, acuña la moneda y la sanciona como legal. La función numeraria del oro, desprendida de su valor metálico, pasa a ser desempeñada por cosas sin valor. Estos objetos son socialmente valederos por estar respaldados por los fondos del Estado. Sin embargo, la cantidad de papel moneda debe estar proporcionado con la cantidad de moneda real que representa, el que realmente debiera circular. Si excediera esa proporción, los hechos la reducirían al tipo indicado. Si la masa de papel moneda dobla la proporción debida (dada por la fórmula indicada en el punto anterior) una cantidad de papel moneda acabaría por representar la mitad de la moneda que se le supone. Así, un billete de 100€, al cabo de un tiempo, acabaría por comprar mercancías por un valor de solo 50€. El valor del papel moneda se devaluaría.

Reservas de oro, plata y tesoros

Las mercancías no se venden para comprar otras en el acto, por lo que todo productor debe hacer acopio de dinero. Para poder comprar sin vender, es necesario haber vendido antes sin comprar. La moneda que es detenida a propósito, se transforma en tesoro y el vendedor en acumulador de dinero, de tal modo que se forman reservas de dinero en proporciones diversas.

El dinero como medio de pago

Algunas especies de mercancías requieren para su producción más tiempo que otras (la producción puede variar por estaciones o épocas). Puede suceder que una persona esté dispuesta a vender mientras el comprador carezca aún de medios para comprar. Cuando las mismas transacciones entre las mismas personas se renuevan continuamente, las condiciones de compra y venta se regulan por las condiciones de producción: Uno comprará sin pagar en seguida, en calidad de representante de un dinero por venir. El vendedor pasa a ser acreedor y el comprador, un deudor. Sin la aparición simultanea de la moneda y la mercancía en una transacción, el dinero pasa a funcionar como medida, como medio de compra imaginario. Solo cuando se cumple la promesa del pago vuelve como medio de pago a la circulación.

Como medio de circulación, el dinero se convertía en tesoro, porque la circulación se para en la primera mitad, no siguiendo la venta a la compra. Como medio de pago, el dinero solo entra en circulación cuando ha salido ya la mercancía.

La moneda de crédito -letras, pagarés, etc.- tiene su origen inmediato en la función del dinero como medio de pago. Los documentos que acreditan las deudas contraídas también circulan para transferir a otros los créditos que representan. Esto también impone una variación en la cantidad de moneda circulante que calculamos anteriormente. La cantidad de moneda que circula, supuesta la velocidad de los medios de circulación y de pago, es igual a la totalidad de precios a realizar, sumándole los pagos que se cumplen en ese periodo y descontando la totalidad de precios que se compensan. A medida que se difunde el sistema de crédito, la moneda reviste, como medio de pago, formas de existencia especiales, gracias a ella se regulan las grandes operaciones comerciales.

Apuntes sobre El Capital II: De los cambios

Relaciones de los poseedores de mercancías

Para poner en contacto unas mercancías con otras, sus poseedores tienen que establecer mutuas relaciones, de forma que cada cual se apropia de la mercancía ajena entregando la propia, por medio de un acto voluntario común. Los poseedores deben reconocerse tácitamente como propietarios privados de las mercancías a intercambiar. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato, no es otra cosa que la relación de las voluntades que se refleja en la relación económica. En este caso, las personas solo existen a título de respresentantes de la mercancía que poseen.

Recordamos que por mercancía entendemos la producción destinada al cambio o venta. Para el dueño de una mercancía, esa mercancía no es un valor de uso, un objeto de utilidad. La única utilidad que le encuentra es que puede ser útil a otros: que es un instrumento de cambio y portavalor. Es un valor negativo que aspira a intercambiar por otras mercancías que satisfagan sus necesidades. Por tanto, la mercancía solo constituye un valor de uso tras el cambio, manifestando su utilidad para quien la ha adquirido. En definitiva, es necesario que las mercancías se manifiesten como valores antes de que puedan realizarse, mediante el cambio, como valores de uso.

Pero también es preciso que el valor de uso esté demostrado para que las mercancías constituyan un valor. Es decir, es necesario demostrar que el trabajo invertido en producirla haya generado algo útil.

Hay una contradicción en el proceso de cambio: Sólo cuando son útiles las mercancías pueden presentarse como valores pero, para el cambio, deben haberse presentado como valores antes de manifestar su utilidad. ¿Cómo satisfacer esta contradicción?

La relación de cambio engendra la forma moneda

Las mercancías solo pueden manifestar su carácter de valor y la cantidad de éste si se colocan sobre una base de igualdad con una cantidad determinada de cualquier cosa útil, cuyo valor esté ya demostrado. Esta mercancía que se utiliza como base de igualdad se convierte en moneda, como ya comentamos en la entrada anterior. La relación de cambio origina por necesidad la forma moneda.

El desarrollo histórico de la producción y el cambio ha impreso cada vez más a los productos del trabajo el carácter de mercancías (productos para otros). Una parte cada vez mayor de objetos útiles se han producido intencionalmente para el cambio. Es decir, que hasta en su producción los objetos se consideran únicamente mercancía. Y así, la necesidad de una forma palpable que permita comparar los objetos desde el punto de vista del valor (la forma moneda), se ha vuelto cada vez más natural.

La forma natural de la mercancía moneda queda así establecida socialmente como la única forma de existencia del valor.

La forma moneda se asocia a los metales preciosos

Algunas consideraciones adicionales sobre la mercancía que se ha convertido en forma moneda:

La relación social de cambio, que transforma al oro y la plata en moneda, no les da su valor. Estos ya tenían valor antes de ser moneda, pues servían de materia prima para fabricar numerosos artículos. La relación social de cambio solo imprime en estos metales la forma moneda, una forma especial de valor.

Como cualquier mercancía, la moneda puede expreser su propia cantidad de valor en otras mercancías. Basta leer en sentido inverso la tarifa de precios corrientes para encontrar su cantidad de valor expresada en todas las mercancías imaginables.

Cuando internalizamos el sistema

Este artículo es una respuesta-complemento (y no una crítica) al texto que P. Heraklio publicó en Portal Oaca.

Los sistemas públicos de salud están bajo el asedio neoliberal que pretende privatizarlos. Uno de los resultados es el descenso de la calidad del servicio prestado pues, como bien explica P. Heraklio en su texto, el personal más cualificado tiende a ser despedido y sustituido por personal menos cualificado (que cobra un salario menor). El ahorro continuo perseguido por cualquier gestión privada atiende a una lógica sencilla: maximizar los beneficios. De ahí que el médico inglés sea sustituido por un paramédico en la ambulancia, y que las enfermeras se tengan que encargar de las abarrotadas salas de emergencia. No obstante esto requiere de una más extensa explicación.

Los economistas clásicos, Smith y Ricardo por ejemplo, ya se dieron cuenta de una ley inevitable del sistema capitalista de producción: el descenso progresivo de la tasa de beneficio. Marx, bebiendo de los clásicos, tomó la ley y la introdujo en su teoría del capital. En pocas y sencillas palabras: el capital tiende a acumularse a medida que crece, la competencia también sube y, por lo tanto, el capital disponible arroja menos beneficios en la producción de mercancías (bienes y servicios).

Es por ello que para mantener el beneficio estable o para incrementarlo el capitalista tiene que buscar una alternativa productiva. Históricamente, esto se ha venido haciendo externalizando la producción de mercancías, de ahí el imperialismo capitalista y la globalización de hoy en día (la cual está liderada por la figura de la corporación transnacional). La apertura de nuevos mercados permite el incremento de los beneficios al gozar por un periodo de tiempo una ventaja comparativa en un mercado donde los sujetos pueden ser explotados (aunque existen otros factores que hacen que los beneficios aumenten al externalizar la producción, como un Estado menos exigente a la hora de cobrar impuestos, el ahorro en costes de transporte de materias primas, etcétera).

Sin embargo, el capitalista también puede evitar la inevitable tendencia del beneficio a bajar mediante la reducción del coste de producción en el mercado interno, es decir, bajando los salarios de las personas a las que explota (de esto ya se dio cuenta Ricardo, y de hecho lo condenó). Esto es lo que vemos en los sistemas de salud que P. Heraklio expone en su texto, pero con un matiz que el texto no recoge: que el médico, en su calidad de burgués, no está dispuesto a cobrar menos. Es más, seguramente quiera cobrar cada vez más.

La lógica que sigue el capitalista para mantener su beneficio es sencilla: el capitalista prefiere menos gente trabajando pero más intensamente, porque así puede pagar menos salarios o jornales por una mayor usurpación de plusvalor. De ahí que tenga más sentido, bajo la lógica capitalista, tener cuatro trabajadores trabajando diez horas que dar empleo a quince personas por cinco horas al día (de esta formar también se mantiene un ejército-reserva de gente parada).

Pero aquí viene el matiz del que hablaba yo antes: las personas somos bombardeadas con los valores capitalistas desde la cuna, por lo que terminamos socializando los intereses de la clase burguesa y de la clase capitalista (que a fin de cuentas tienen los mismos intereses). De esta manera, el médico de la NHS no quiere dejar de cobrar un sueldo que considera digno para su profesión porque tiene unos esquemas de clase muy específicos, unos esquemas que incluyen unos estándares de vida, una idea sobre su salario, sobre su dignidad y honor como «miembro respetable de la sociedad», etcétera. La enfermera de la NHS, por su parte, también tiene unos esquemas determinados. Y lo que une a ambos es el deseo de trabajar más para ganar cada vez más, con la ligera diferencia que el médico ya no encuentra satisfacción en la NHS que corta salarios a diestro y siniestro.

Tan miserable es nuestra vida en la sociedad capitalista que terminamos por hacer nuestros los intereses de la clase que nos explota. Claro está que ni todos los médicos ni todas las enfermeras son iguales (los géneros de las palabras no son gratuitos), pero aquí estoy hablando de grandes patrones sociales que no podemos obviar cuando analizamos la realidad en la que vivimos. Sí, hemos de estar en contra de los recortes salariales que lo único que consiguen es aumentar la explotación capitalista (pues se sigue produciendo lo mismo pero el plusvalor que obtiene el capitalista incrementa al pagar un salario menor, un salario que es usurpado de lo que la propia persona produce). Pero también hemos de estar en contra de la mentalidad pequeño-burguesa que suele predominar en las profesiones liberales: medicina, enfermería, abogacía… De nada nos sirve oponernos a los recortes si lo hacemos porque queremos cobrar más, porque no queremos perder poder adquisitivo (es decir, porque no queremos perder nuestro puesto en el juego capitalista).

Nos oponemos a los recortes salariales porque nos oponemos a la explotación del capitalismo. Porque somos anticapitalistas, y porque tenemos conciencia de clase. Nos oponemos a que nos recorten el salario porque creemos firmemente que luchando a la clase burguesa llegará el día en el que ninguna persona sea explotada, en el que todas las personas se ganen «el pan de cada día» de manera justa y digna. No nos oponemos porque queremos comprarnos un BMW el año que viene; nos oponemos porque sabemos que el sistema de salarios es la esclavitud de nuestro tiempo.

Sobre desahucios, buitres, cuervos, y zorras

Por Alonso Gómez

Martes, 13-11-2012 RNE: “La sociedad entera, encabezada por sus instituciones se enfrenta al drama de los desahucios…”

Con esta aseveración comienza una de esas vergonzosas tertulias que demuestran la total libertad de expresión de la que gozamos, participadas por invitados del  amplísimo espectro político de su democracia. Están todos de acuerdo, faltaría más, en la tragedia que supone que la gente sea expulsada de su dulce hogar, aludiendo a los últimos suicidios. Se congratulan de que el gobierno y el partido principal de la oposición se reúnan para adoptar soluciones.

No exoneran de responsabilidad a los embargados,  “personas que no han sabido administrar sus recursos”. Hacen hincapié en el agravio comparativo que supondría el que quien no pague la hipoteca no pierda la casa frente a los esforzados y responsables ciudadanos  solventes, además, alertan del posible efecto llamada. Resaltan la exquisita sensibilidad de jueces y policías para con los afectados, y se detienen en reseñar que el PSOE ha pedido perdón  a la ciudadanía por no haber actuado antes.

Dos días después, con la huelga de por medio, tenemos la solución, una moratoria de dos años a los casos mas graves , entiéndase rentas bajas con enfermos, bebés, impedidos, mujeres maltratadas…

ANTE  ESTO, NOSOTRAS DECIMOS:

Que estamos hastiadas de padecer estas comedias en todos  sus medios de comunicación, falsos debates donde varios tertulianos (la voz de sus amos, todos fundamentalistas demócratas) hacen cerrada defensa del orden vigente, sólo les separan matices insustanciales.

Desgraciadamente, no es toda la sociedad, únicamente una  ínfima y digna minoría se ha implicado en la defensa de las amenazadas por los desahucios, o sea, por jueces, bancos y policías. Esto ha llevado, eso sí, a que más gente, aunque no se implique, tome posición.

Las leyes de mercado electoral, hacen que ahora los políticos pretendan tenernos en cuenta, e incluso nos pidan disculpas, como hace poco ya hiciera  Su Majestad.

Por cierto, las instituciones, no son de la Sociedad, del Pueblo, son del Estado, y defienden sus intereses frente a los del Pueblo, enfrentados.

Lo cierto es que la referencia en la defensa de los afectados y en la denuncia de esta felonía, la iniciativa parte del pueblo organizado en asambleas, no de las instituciones. Las instituciones son las que nos desahucian, que quede bien claro. Y ahora pretenden ponerse de nuestro lado para amortiguar su descrédito y la creciente desafección de la gente, oportunismo puro y duro, lavado de imagen tan solo. Pretenden contrarrestar la iniciativa popular, ningunear el poder popular, la autoorganización de quienes ni piden ni suplican, acometen.

Cuando este hatajo de sinvergüenzas acusan de falta de responsabilidad a  quienes  nos hemos embarcado en préstamos a los que no somos capaces de hacer frente, eluden y distraen la que tienen los banqueros, los constructores, todos los artífices de la burbuja inmobiliaria, los que sobretasaron y embaucaron, los que inflaron los precios artificialmente. Así, llegado el caso, los hipotecados no podemos vender el piso para pagar la deuda, pues vale mucho menos de lo que nos costó. Nos engañan, nos estafan, nos despiden, y resulta que no nos sabemos administrar. Nos recuerda a la viñeta de “El Roto” en la que un opulento empresario le reprochaba a un pobre obrero: ¿En qué te has gastado el sueldo, sinvergüenza, que has disparado la inflación?

El posible agravio comparativo entre el que no paga y no pierde la casa y el que paga y tampoco, no va a existir, no se caracterizan los usureros por ser dadivosos, precisamente. Eso sí, se puede escribir un extenso libro con incontables e insultantes agravios e injusticias flagrantes que ellos provocan y mantienen y ante los que se hacen la manicura.

El efecto llamada que temen no es  que miles ante su espontánea generosidad dejemos de pagar la hipoteca y nos lo gastemos en caprichitos, temen el efecto llamada de quienes constatan que la unión hace la fuerza, y que pueden esperar todo de sus iguales, y nada mas que palos de las instituciones, y si no, ¿Cómo y quiénes han parado los desahucios hasta ahora, y quienes van a seguir haciéndolo? Lo que pretenden es que volvamos al redil de la legalidad democrática que renunciemos al enfrentamiento con el poder y al apoyo mutuo entre iguales.

 Las asambleas autónomas, la acción directa sin intermediarios, es temible para ellos, pues constituyen per se la más profunda crítica y desautorización del orden político vigente.

Por eso ahora todos quieren parecer buenos, solidarios, los lobos se visten la piel del cordero.

Los jueces, los cuervos, que aplican una justicia invertida, unas leyes que mantienen los privilegios de los privilegiados…  el presidente del Tribunal supremo nos informa de la sensibilidad del poder judicial ante el drama.

Días antes en la portada de “El País” el 11-12-2012 destacó un gran titular: “Los jueces se alían para paliar el efecto de la crisis a los más débiles”, y desarrollaba, “Los cuarenta y siete jueces decanos de España se han convertido en estos días en la inesperada punta de lanza de un movimiento reivindicativo para paliar los efectos sociales del derrumbe económico (…). La justicia esta llamada a encabezar el discurso público contra la crisis (…) han suscrito en una iniciativa que ha removido los cimientos del Poder Judicial, han obligado al Gobierno a plantear reformas legales y han forzado a los dos principales partidos políticos a buscar fórmulas de consenso para cambiar a toda prisa la dura legislación sobre ejecuciones hipotecarías ya cuestionada en la UE”. Acompañado de una encuesta de Metroscopia que informa de que el  95% de los ciudadanos exige cambiar la ley de desahucios. En la misma portada,  otro titular, “Golpe mortal de Mohammed a la ley de desalojos” , este hombre desalojado el año pasado de su casa junto a su esposa y dos hijas llevó el caso al tribunal de la UE, y lo ha ganado.

Los quebrantahuesos, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía asegura que apoyarán a los agentes que se nieguen a participar en desahucios. Dice que se escucha a polis con problemas de conciencia (no sabíamos que tuviesen de eso), refieren situaciones desagradables, llanto de niños que les ponen mal cuerpo; algunos llevan el casco y la visera en el interior del domicilio de los desdichados, pero no por peligrosidad, ¡para ocultar las lágrimas! ( conmovedor, sin duda); el silencio sepulcral en el furgón de antidisturbios al regreso de tan heroica acción; incluso alguno ha llegado a vomitar descompuesto y afectadísimo , parece ser , por la injusticia perpetrada… Literalmente narrado por un policía en RNE, 13-11-2012.

Terminan diciendo que se sienten identificados, pero el  “trabajo” hay que hacerlo ( las comillas son nuestras, por supuesto).

La policía, y los antidisturbios no son precisamente una excepción, son voluntarios, si están donde están es por gusto o como poco por propia decisión. Fueron hombres y mujeres, ahora sólo son polis, saben para quien trabajan y sus lágrimas las compran en las rebajas. Desde que existen, miles han vomitado sangre, perdido ojos, dientes y la vida, abortado, sufrido tremendas palizas a manos de estos mercenarios índigos que no se detienen ni ante el llanto, ni ante las súplicas, ni ante los gritos de horror de sus  “trabajos del día”. Son el enemigo, y aunque quieran lavar su imagen, la sangre de sus víctimas es indeleble. Ellos son las Fuerzas de Seguridad del Estado, ante las que no podemos sentirnos más que inseguras. Lo que escuchamos de su boca, nos recuerda al miserable e indecente maltratador que tras golpear a su mujer, le dice lo mucho que la quiere. Ellos nos comprenden, entre paliza y paliza.

La zorras, los políticos y sus partidos, gobiernen o no  las astutas raposas utilizaran mil argucias para convencer a sus víctimas de que van de buenas, que son dignas de confianza y nada hay que temer de ellas, hasta que sea demasiado tarde. Malabaristas especializados en llevarse el gato al agua. El 26-12-2012 Cayo Lara se reunió en el Congreso con una delegación de la  Plataforma de los Afectados por las Hipotecas (PAH). Izquierda Unida se ha comprometido a llevar al parlamento las exigencias de colectivos y asociaciones afectados por este problema. Que oportunos y enrrollaos, quieren ser nuestra voz en el Parlamento, quieren volver al Parlamento, a la legalidad, democratizar las luchas que se pueden ir de madre, dejarnos claro que es allí donde debe resolverse todo conflicto con su desinteresada mediación.

Los buitres, los banqueros usureros que nada aportan, únicamente hurtan, interpretan su papel en este teatro, se lamentan de ser ellos sobre los que recae todo el peso de los alquileres sociales, es decir, de tener que prestar a los desahuciados algunos de los miles de pisos que atesoran vacíos tras haber puesto a sus moradores en la rue.

Lo cierto es que ya es cuestionada en Europa la ley de desahucios española por su severidad  y es mucho el dinero que les resta por recaudar de los millones de estafadas por sus hipotecas abusivas, por su ultrausura. La poderosa Banca no tiene intención alguna de “perdonar” un solo céntimo del botín de guerra del saqueo, lo que esta aconteciendo, ha de percibirse como sus maniobras para de una u otra manera no tener que renunciar ni a una miga del pastel.

La paralización de desahucios en casos de extrema necesidad, la moratoria de dos años, es pura publicidad, propaganda barata del poder, queda mal sacar a un enfermo en camilla, a un impedido, a un anciano decrépito, a un bebé llorón ante las cámaras de televisión. Además, lo de los dos años será a ver si se recupera la economía y se crean unos puestos de trabajo basura post-tropecientas reformas laborales y con sus miserables sueldos podamos seguir pagándoles ante el temor de acabar bajo un puente, o quizá esperan que en dos años los viejos y enfermos mueran y los bebés crezcan…. Y el alquiler social… reproducimos textualmente lo que un trabajador inmigrante dijo en desayunos de TVE,el 16-11-2012 a las 09:12: “Agradecer que me han dado un alquiler social, PUES NO, después de que un piso me cueste doscientos sesenta y tres mil euros y ahora he visto con mis ojos que cuesta cincuenta y cinco mil. No puedo estar agradecido al Sistema ni a los políticos ni a los bancos. Yo ya he pagado con creces.”

Eso sí, de las preferentes ya  no les gusta hablar tanto, de miles y miles de personas, la mayoría ancianos estafados vilmente, peor que el timo de la estampita…no son más que unos miserables trileros. El 28-11-2012 Bankia anuncia, exigencia europea, la quita de preferentes: un 39 % a particulares que llega al 46% a propietarios de deuda subordinada perpetua.

Unos 37.000 millones de euros de ayuda europea a la banca, que cerrará la mitad de sucursales,… unos miles de despedidos más. Recordemos que las cajas, sus consejos, estaban politizados, y según los gobiernos regionales, así se los repartían. Tenían consejeros los partidos, Izquierda Unida incluida, y los dos grandes sindicatos… eso en los años de la locura inmobiliaria, de la que todos participaron.

No olvidemos que si se ha montado todo este revuelo político- mediático ha sido por las muertes acaecidas, sobre todo por los dos últimos suicidados: un hombre ahorcado en Granada y una mujer defenestrada en Euskadi. Gente desesperada que toma una decisión desesperada.

Le dan menos publicidad a otras acciones de gente desesperada, sin muertos. Nos referimos a lo que hizo entre suicidio y suicidio el bueno de Víctor, vecino de Sotopalacios, Burgos. Este castellano de 72 , que lleva 30  currando en su carpintería metálica e hinchándose a pagar impuestos, como todo hijo de vecino, tras intentar infructuosamente renegociar la deuda de un préstamo de 24.000 euros para su negocio  con el banco, y después de que el juzgado ordenase el embargo de una finca suya valorada en 90.000 euros, se presento en la sucursal con un bidón de 20 litros de gasolina , y tras desalojar a los cuatro empleados, procedió a su desinfección con un éxito rotundo… quedo totalmente destruida. Igual que nos entristece conocer los suicidios, nos alegra la decisión de Víctor, que en vez de destruir su vida, ha hecho algo constructivo, le felicitamos, y hacemos un llamamiento a que se le apoye frente a la justicia que va a querer escarmentarle  temerosa de que cunda el ejemplo. Quemar bancos ya no es un saludable deporte practicado en exclusiva por jóvenes radicales, es una expresión de justicia del Pueblo.

El 28-11-2012 se suicida en Santesteban, Navarra un hombre de 59 años , debía 4.200 euros de alquiler y el juzgado decretó el desalojo por impago… El mismo día de la toma de posesión de José Antonio Sánchez como nuevo fiscal jefe de Navarra que ha expresado sus “condolencias mas sentidas” a la familia y ha aseverado que “esta muerte no es imputable a la administración de justicia”. Todos son inocentes, nadie es responsable de nada, ni bancos, ni jueces, ni políticos…, la culpa es de los suicidas y de su escaso apego a esta bonita vida con la que hemos sido obsequiados por cortesía de todos ellos, mil gracias!

Hacemos una llamada a la reflexión, ¿Qué es lo que está pasando aquí? De repente el gobierno toma cartas en el asunto, el PSOE hace la del Rey, jueces y policías se muestran condescendientes, y los periodistas lo festejan. Nada se puede esperar de bancos, polis, jueces, partidos y medios de comunicación más que usura, palos, condenas, oportunismo y manipulación.

El principal Problema es que las trabajadoras hemos de mantener al hipertrofiado y costosísimo Estado, a todos los mentados, y a muchos más. En resumidas cuentas, demasiadas sanguijuelas para tan débil huésped.

El Pueblo no puede ni debe mantener a estas huestes de parásitos, que para colmo tienen la desfachatez de presentarse como nuestros valedores, volviendo al símil, cómo el maltratador que no sólo pega a su mujer, además le hace creer que no será capaz jamás de salir adelante sin él, la minusvalora, la desprecia y se muestra paternalista, la hace sentir dependiente.

Atentos hemos de estar, vigilantes ante movimientos que sólo piden más de lo mismo, la perpetuación del Estado y la dictadura democrático- parlamentaria. No todo vale, no todo lo aparentemente contestatario hay que aplaudirlo, el  “Rodea el  Congreso” del 25-S  sin ir más lejos, habla de “nuevo proceso constituyente”, de la convocatoria de nuevas elecciones. La presencia de personajes de la catadura de García Trevijano, autor del libro “Libertad Constituyente “tras el cotarro, ya dice bastante. En el bicentenario de la infausta Constitución de Cádiz, que significo el absoluto triunfo del Estado sobre el Pueblo ejecutado a sangre y fuego.

Algunos pretenden que nuestra derrota sea per sécula, y modernizar, actualizar las constituciones para mejor continuar  la total dominación.

Cual ave fénix, el poder se renueva y renace de sus cenizas para cuando acaba un ciclo, con otra careta, empezar otro. Sólo cambia la apariencia, y las apariencias engañan. Los mismos perros con distintos collares.

Lo que es urgente e imprescindible es la constitución de una comunidad humana en lucha frente a sus opresores, con conciencia de si misma y del común enemigo, cuyos miembros seamos plenamente conscientes de nuestra pertenencia a ella, y cuyo ideario, cuyos signos identitarios sean valores propios y comunes enfrentados a los del enemigo: Solidaridad, Apoyo Mutuo, Horizontalidad, Asamblearismo, Comunitarismo, Interdependencia, Autogestión, Antiparlamentarismo, Equidad, Libertad…pues esta comunidad en lucha real, con aspiraciones reales, con el sueño de un futuro común y mejor nunca podrá generarse a partir de, haciendo bandera de reivindicaciones económicas, desde dentro del mundo de las matemáticas y el dinero, del pordioseo al Estado. Ha de transcenderlo necesariamente.

Imprescindible es, de igual manera, la denuncia de las ridículas e insultantes piruetas y el dañino papel desempeñado por los grandes sindicatos amarillos, vendidos literalmente al poder por unos miles de sueldos, favores y prebendas. Más culpables de la actual situación de integral desprotección de la clase trabajadora que la patronal, más enemigos del obrero que su jefe. Su última colosal payasada en el cotidiano espectáculo circense que protagonizan estos mamporreros apagafuegos, es la exigencia de la celebración de un referéndum en el que la ciudadanía apruebe o repruebe las medidas de recorte de gastos del Gobierno no anunciadas en la última campaña electoral. Debe de ser su contribución a la “profundización democrática”. Salta a la vista el impresionante clamor popular en aras de tan deseado e imprescindible plebiscito tras el cual  la vida tendría otro color. Lanzar balones fuera se llama a esto. La denuncia de y el enfrentamiento con estas tóxicas organizaciones paraestatales de sindicalistos, cuyo descrédito llevan lustros ganándose ellos solitos a pulso, no ha de tener tregua.

Somos y seremos maltratadas por los de arriba, inexorablemente, hasta el día en que no tengamos a nadie por encima. Este debería ser nuestro sueño, nuestro ideario, el ser libres, capaces de organizar la vida social entre todas, y aquí y ahora. Enfrentarnos a los parásitos opresores, y en simbiosis con nuestras semejantes, con las que también quieran ser libres, entre nosotras, ayudar y que nos ayuden, defender y que nos defiendan.

El Estado del Bienestar, el bienestar del Estado  es el bienestar del ganado, y el ganado es conducido, apacentado y estabulado según conviene al ganadero, primando la rentabilidad de la explotación. Nuestra más elevada aspiración, es dejar de ser ganado humano, es decir, ser mujeres y hombres libres, dueños y actores de nuestro presente y nuestro futuro común.

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