Militancias sin norte

Los hechos acontecidos tras la sentencia del Procés son de sobra conocidos, por lo que me ahorraré la tinta en descripciones. En todo caso ahí estábamos el grupo de afines de siempre acudiendo a las manifestaciones de repulsa a dicha sentencia, heterogéneos en nuestros propios análisis de la situación aunque todas situadas en líneas libertarias. El recorte en derechos civiles escondido bajo el dictamen de castigo por el uno de octubre, así como el enésimo ejercicio de represión y criminalización de la protesta, nos obligaba a salir a la calle. Así pues marchábamos de nuevo al lado del independentismo; entre sus masas muchas caras conocidas de tantas luchas compartidas en el día a día anticapitalista catalán, y notábamos resurgir una inquietud interna que hacía tiempo que no sentíamos. La sensación de que hacíamos lo correcto equivocándonos, o que nos equivocábamos haciendo lo correcto.

Era necesario salir a la calle en oposición a la nueva jugarreta del estado para surtirse de armas jurídicas contra la disidencia, sin importar la ideología de esta, con vistas claras a la conflictividad social que nos trae el futuro. Pero nos presentábamos bajo un pavés ajeno.

Nuestros motivos no iban a ser leídos, nuestro discurso era mudo y nuestra presencia servía a los objetivos de otro proyecto político, que para algunas puede ser simpático, incluso afín, pero siempre ajeno.

Veíamos con ilusión la aparición en la escena política de una nueva generación capaz de llevar la aburguesada sociedad a la confrontación contra el poder represor. En medio de estos pensamientos la masa arrancaba a cantar otra vez Els Segadors, haciéndome cuestionar de nuevo el porqué de mi presencia en esta lucha. Podría ser por solidaridad, solidaridad hacia el pueblo con el que convivo a diario, el pueblo con el que sueño construir una utopía anarquista y el mismo que salía ese día a la calle a defenderse. En general cuando una manifestación corea algo con lo que no estoy plenamente de acuerdo me quedo en silencio, pero este himno expresa la transversalidad de las gentes ahí reunidas, si quería reivindicar mi entidad propia ese era el momento. Decidí pues alzar las manos haciendo el símbolo de la solidaridad obrera entre un mar de puños y manos de cuatro dedos. La respuesta que recibo: “Què significa això que fas amb les mans?” (¿Qué significa esto que haces con las manos?).

No nos entienden. Ni falta que les hace. Vuelvo a mi casa después de unas horas con la sensación de haber realizado un acto de colegueo ideológico. En realidad en esa manifestación era un actor de segunda, ni se me ha pedido que vaya ni les ha hecho falta mi presencia. Yo he decidido adherirme, ¿Por qué? No podíamos quedar pasivos ante las injusticias que se estaban produciendo; a algún lugar teníamos que ir. La triste realidad es que si gorroneamos la trinchera de otro es porque nos falta la nuestra propia. Y esto ya es más grave.

Esta juventud que sube indignada necesitará un discurso que explique su realidad, de precariedad impuesta y represión política, en el marco del colapso ecosistémico global y la lucha por la hegemonía capitalista imperial. Por contra, en ausencia de esta guía de comprensión, caen en promesas reformistas que ofrecen, a más estirar, subidas discretas del salario mínimo vendidas como logros revolucionarios, o promesas de regeneración social a través de proyectos de nuevos estados libres y populares, que aún está por ver cómo se configurarían, pero muy probablemente lograrían asegurar la supervivencia de la estructura de poder burguesa, dada la actual sociología.

Si pensamos sinceramente que el anarquismo tiene respuestas y soluciones a esta realidad, ¿Por qué estamos abandonando la juventud al nihilismo o la militancia estatista?

Yo, aun joven, me afilié de la mano de Salvador Seguí, quien me convenció de que era en el sindicato el único lugar donde el pueblo trabajador podía representarse a sí mismo, usando la libre federación y el papel basal de la proletaria en el esquema productivo para conquistar poder político. Lejos de partidos de vanguardia que por ir en cabeza no van con el pueblo, o parlamentarismos que desmovilizan a las trabajadoras a base de esperanzas infundadas de reforma radical; mano a mano, tejiendo una red de solidaridad que aspire a dinamizar el pulso al poder.

Por el contrario, lo que he visto en mi escaso tiempo de militancia es un movimiento quebrado internamente por no poder evitar replicar las mismas dinámicas sociales que debería, supuestamente, combatir. Militantes más veteranas podrán analizar mejor esta situación, por lo pronto se me ocurre lo siguiente: la lucha interna es consecuencia de la falta de un proyecto propio.

Sin una propuesta libertaria alrededor de la cual aglutinar militancia, afiliación y simpatizantes nuestra gente se pierde, nos perdemos. Nuestro sujeto político, la unión libre de individuos que es el pueblo trabajador, no ha desaparecido, pero ya no tiene orejas para nuestro discurso. Trata de sobrevivir impulsando proyectos con más vitalidad, aparente por lo menos. En esta época de espectáculos la apariencia lo es todo. El pueblo se encuentra dividido por la heterogeneidad que le caracteriza, creando la base para la batalla entre las diferentes opciones políticas por conseguir la hegemonía para sus propios objetivos.

Nosotras, al ser pueblo y querer cerrar filas con él, pues sin él no somos nada, reproducimos sus cismas en nuestras organizaciones. La militancia hace gimnasia ideológica para acomodarse a la facción que le parece más útil, cuando no elije bando por simpatías o directamente se pierde en el laberinto que es la ideología. Estos posicionamientos generan tensiones en el sino de la organización, dando pie a la lucha intestina en la que todas, más novatas o veteranas, nos hemos visto involucradas. El ambiente de asedio es asfixiante.

Esto no es nuevo. Ya lo vimos, salvando muchas distancias, en la encrucijada que se encontraron los anarquistas ucranianos ante la guerra en el Donbáss. La realidad de un movimiento infantil en sus planteamientos, desorganizado y disperso, impidió formalizar una respuesta seria a tan grave situación. Ante esta falta de proyecto y referentes toda elección era un error:

– La crueldad de la guerra hacía de la no-intervención la actitud de la inmoralidad, ¿Estaban los anarquistas de acuerdo con el baño de sangre?, ¿O les era ajeno? En todo caso, la pasividad les alejaba del pueblo que pretendían representar. Ni siquiera se podía perdonar perder el tiempo en juegos cuando la sangre se desperdiciaba en otro conflicto imperialista.

– El frente ucraniano permitía responder la injerencia imperialista rusa sobre la soberanía ucraniana, así como compartir trinchera con las peligrosas facciones fascistas que se alzaron, con sospechosa facilidad, durante el Maidán.

– El frente ruso permitía enfrentar de cara el alza del fascismo en Kiev, a la vez que servir los intereses geopolíticos de la Federación Rusa, actor conocido por ser represor de las libertades civiles.

Podemos extraer una enseñanza de este ejemplo: Es vital acudir a las luchas históricas con un proyecto propio. La militancia en una organización anarquista debería ser un acto con contenido propio, relegando los votos útiles y los “mejor que nada” a la marginalidad. ¿A caso hemos dado por caducado el proyecto emancipador que proponía el comunismo libertario?

De ser así, si hemos aceptado relegarnos a sindicatos dedicados únicamente a la batalla laboral, asambleas de posmodernos trasnochados, huertos urbanos y conciertos de puretas alcoholizados, más nos valdría emprender la diáspora militante definitiva para migrar allá donde más caliente el sol. Parecería que el pensamiento libertario ha perdido toda capacidad de impulsar un cambio revolucionario, pero si la experiencia kurda ha de servir para algo en la historia que sea para demostrar que un proyecto basado en líneas libertarias, si es disciplinado y cuenta con objetivos claros, tiene, aún en estos tiempos aciagos del siglo XXI, mucha batalla por presentar.

Las kurdas consiguieron presentar un programa coherente con su contexto histórico. Supieron dar voz a los anhelos del pueblo, aglutinándolo en su discurso. Así han podido construir una realidad revolucionaria digna de defenderse. El crimen será destruirla, no defenderla; la legitimidad de su movimiento es total, sus frutos son positivos. Han creado vida en un mundo que languidece.

No olvidemos que una de las inspiraciones del faro ideológico kurdo, Abdullah Öcallan, para crear su Confederalismo Democrático no es otro que Murray Bookchin con su Municipalismo Libertario, una recuperación y actualización de los postulados del viejo Kropotkin. El sueño sigue vivo aunque nuevas generaciones lo imaginen diferente.

Mientras tanto aquí seguiremos con militancias diluidas, dando bandazos entre proyectos ajenos ya que el quietismo ante la ignominia es la más rastrera maldad; cuando no encerrándonos en la tarea sindical esperando que “La Conquista del Pan” se convierta en éxito de ventas por intervención divina.

Al fin en casa, asistía a las imágenes de la protesta, amenizadas con el discurso criminalizador de los medios oficiales en bloque, ante las que no podía evitar pensar que con toda probabilidad entre las capuchas se escondían anarquistas, jugándose su libertad e integridad física en la barricada. No esas anarquistas italianas que anuncian por televisión con trompetería de apocalipsis, sino de las que viven vidas corrientes con la mente despierta y el corazón compungido. En algún momento veremos qué impacto en nuestra realidad provocará esta revuelta, mientras tanto la gran esperanza parlamentaria morada pugna por ser reconocida por los partidos de orden como actor político legítimo y la cúpula de mi sindicato muestra dificultades para empatizar con una generación agitada, aun con represalias de cárcel y amputaciones por en medio.

Son tiempos malos para la esperanza en la comarca anarquista.

Nuestras mejores militantes acaban apostando por proyectos estatistas, de ámbito español o catalán, cuando no son directamente purgadas en las luchas internas, mientras aun debemos congraciarnos porque el sindicato fue capaz de adherirse, poco a poco y empujado por la represión policial, a una huelga ajena. Pues ese viernes muchas secundamos la convocatoria de huelga de otra organización, que se llevará la simpatía del pueblo que pretendemos emancipar. Y aun hubiera sido peor si nos hubiéramos quedado en casa. No hay opción correcta.

Vienen tiempos duros en que el capital se revolverá violentamente en su agonía. O cavamos nuestra propia trinchera, la de la libertad y la justicia, o la realidad nos pasará por encima a todas.

Carles

Balance de fin de año. Unas barricadas que abren nuevos caminos

Prólogo

Recapitulamos un año en el cual los conflitos sociales se intensificaron al comienzo de este nuevo curso político en septiembre. Sin lugar a dudas, este último trimestre las batallas se han contado desde América Latina. Vimos desde el otro lado del charco las columnas de humo en Santiago de Chile, Quito tomado por el pueblo, a Evo salir del pais y ver que las calles de las ciudades bolivianas son tomadas por militares y opositores, con un pueblo que resiste. Desde aquí sentimos el olor de la sangre y el fuego de las barricadas, junto con las voces de justicia social se huelen y se oyen hasta en el Norte Global. En el resto del mundo, nos duele y llena de rabia la invasión de Turquía sobre Rojava, la huelga general por las pensiones en Francia, las revueltas tras la publicación de la sentencia del Procés en Catalunya y más que detallaremos.

Acontecimientos

Comenzando por Ecuador, el anuncio del paquetazo que concertó el gobierno de Lenin Moreno con el FMI hizo que estallase el 2 de octubre una revuelta popular contra las medidas neoliberales que pretendía aprobar. Una de las medidas más sonadas es el decreto 882 que consistía en la subida del 120% de la gasolina, junto con reducciones de salario, días vacacionales y despidos en el sector público, y una reforma laboral precarizadora. Las protestas comenzaron con un corto paro de empresarios del transporte, a la que luego se alzaron las comunidades indígenas, destacando el papel de la CONAIE de organizar la gran marcha sobre Quito, la capital. Con la oleada de protestas, el gobierno decretó el Estado de excepción y se trasladó a Guayaquil. El toque de queda también se dio en territorio indígena contra las fuerzas del gobierno. Tras una huelga general el 9 de octubre y protestas masivas de obreros y estudiantes, el gobierno se sentó a negociar el día después del 12 de octubre, día que alcanzó el pico de movilizaciones populares, y da marcha atrás a la subida de la gasolina, pero manteniendo el resto de medidas del paquetazo. En estas negociaciones se intentaron excluir a los sindicatos y organizaciones populares. De las protestas, el balance de heridos y detenidos superan los miles.

Después vino Chile, el estallido social se produjo tras unas protestas estudiantiles fuertemente reprimidas que organizaron coladas masivas en el metro contra la subida de 30 pesos en la tarifa del metro de Santiago. Ello crispó más aún el descontento social hacia el gobierno de Sebastián Piñera y las movilizaciones contiunaron. A la oleada de protestas, se adhirieron la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Confederación de Estudiantes Chilenos (CONFECH), y el día 4 de noviembre organizaron una huelga general en conjunto con el movimiento popular. La respuesta de Piñera fue decretar el Estado de excepción sacando el ejército a las calles ante el desbordamiento de los Carabineros por el pueblo. La respuesta del pueblo fue la solidaridad y pronto escaló a una revuelta por el costo de vida tras tantos años de políticas neoliberales, entre las que destacan las AFP, los bajos salarios… A pesar de los muertos y heridos, las movilizaciones siguieron masivas obligando a Piñera a derogar el alza del transporte público y anunciar unas reformas mínimas tratando de mantenerse en el gobierno. Ante ello, los partidos de izquierdas impulsan una Asamblea Constituyente con el fin de redactar una nueva constitución que supere la de 1980.

Seguimos con Colombia, donde destacamos la vuelta a la lucha armada de las FARC, el paro nacional y las movilizaciones populares contra la corrupción, el asesinato de líderes sociales y las políticas neoliberales de Iván Duque, fuertemente reprimidas por la ESMAD. Pese a la fuerte represión desatada y el toque de queda en Bogotá y Cali, las protestas lograron desbordar a la ESMAD y desmentir la desinformación del gobierno acerca de las reformas neoliberales que pretendía implementar.

En Centroamérica, el 13 de julio estallaron protestas masivas por la mala gestión de la ayuda humanitaria, el desprecio hacia el pueblo y los escándalos de corrupción del gobernador Ricadro Roselló. Tras varias huelgas generales y movilizaciones masivas, el pueblo logró la renuncia del gobernador. Asimismo, en Haití se dieron protestas masivas contra el gobierno del empresario Jovenel Moise y el Partido Haitiano TetKale. Haití es uno de los países más golpeados por la crisis, y el cual el gobierno estaba negociando más reformas neoliberales con el FMI. En Honduras, las protestas continúan contra el gobierno de Juan Orlando López.

El 11 de noviembre, Evo Morales sale del gobierno resultado de un golpe de Estado orquestado por las fuerzas armadas y la policía, con una serie de protestas callejeras impulsadas por la derecha. La salida de Evo fue marcada por el incumplimiento del mandato anti-reeleccionista y salió derrotado de un referéndum para la reelección presidencial. La escalada de la violencia por parte de la derecha en las protestas callejeras, con barricadas y quemas de edificios gubernamentales, finalmente hizo culminar el golpe de Estado obligando a Evo y su familia a salir del país, ante una derecha filofascista que logró captar buena parte del descontento popular y tuvo el apoyo de las fuerzas armadas.

En Oriente Medio, uno de los hechos más relevantes ha sido la invasión de Turquía sobre Rojava a principios de octubre, una amenaza que se hizo real contra la autonomía kurda construida al norte de Siria. Tanto EEUU como Rusia que en algún momento ayudaron a los kurdos, se retiraron de la zona dejando vía libre a la ofensiva turca. De mientras, al gobierno de Assad tampoco le interesaba una autonomía kurda dentro de su territorio, y trata de acabar con ella intentando subordinarla al Estado sirio como condición para recibir ayuda militar. Además, a Assad le vale para recuperar los pozos bajo control de la administración democrática. A pesar de esta grave situación, tanto la población como las milicias YPG/YPJ decidirán resistir y luchar contra este ataque.

Aterrizando en Europa, en Francia estas navidades los y las trabajadoras del transporte público siguen en huelga casi un mes en defensa de las pensiones. Están dispuestos a seguir los paros hasta que retiren la reforma de las pensiones. La reforma de Macron según la opinión de los sindicalistas, supondría acabar con un sistema de reparto más solidario por uno individualista con 42 regímenes. Finalmente, en Catalunya, la publicación de la sentencia del Procés ha desencadenado una nueva oleada de protestas por todo el territorio traducido en cortes de carreteras, cierres en la frontera de La Jonquera y disturbios en las capitales de provincia.

Unas notas finales

Dejamos este año con unos escenarios interesantes, y muchos acontecimientos más que habré dejado en el tintero. Latinoamérica se debate entre las luchas populares en clave de liberación y la reacción neoliberal y filofascista de los intereses de EEUU sobre el continente, en medio de la descomposición social tras años de políticas extrativistas, apropiación de tierras indígenas y sucesivas dictaduras militares y gobiernos títeres. Tenemos las miradas puestas sobre estas luchas populares por el potencial que tiene y la repercusión que tendrán sobre el primer mundo. El destino de Rojava aún es incierto. La invasión de Turquía sobre Rojava responde a la política genocida de Erdogan que pretende eliminar a la población kurda del mapa político, negar su existencia como pueblo. Este hecho ha traído también como consecuencia el resurgir de las células latentes del Daesh.

Fuera de los conflictos, es positivo que dejemos un espacio para mencionar los avances en la organización popular y en nuestras propias organizaciones políticas. En Catalunya, a parte del tema de la sentencia y las protestas, se desarrolló el I Congrés d’Habitatge de Catalunya los días 16 y 17 de noviembre tras un año de preparativos. Esto supone un gran paso en el movimiento por la vivienda, que hasta entonces eran grupos locales de barrio y ahora comparten campañas y programas comunes. Una apuesta ambiciosa para un problema que afecta a la clase trabajadora de Barcelona. También en el plano sindical, la CGT gana afiliaciones y se posiciona como 3er sindicato en Catalunya.

De nuevo, en América Latina varias organizaciones políticas anarquistas anuncian el relanzamiento de CALA (Coordinación Anarquista Latinoamericana) para acercar las organizaciones del anarquismo especifista en Uruguay, Argentina, Brasil… con vistas hacia una articulación mayor, el acercamiento de dichas organizaciones, el desarrollo de análisis de coyuntura más precisos y definición de objetivos para el período que se abre en el continente. La coyuntura de un aumento de las luchas populares exige una articulación política a la altura de las circunstancias para construir el poder popular bajo el socialismo libertario.

Cabe destacar igualmente el repunte de las movilizaciones contra el cambio climático, una amenaza constante que no podemos pasar por alto, cuyo origen está en el sistema capitalista. Las cumbres climáticas fracasan una tras otra porque ningún país está dispuesto a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Este 2020 esperamos que nos depare más luchas sociales en una crisis económica que no va a terminar y que está siendo la excusa para aplicar recetas neoliberales. Ante la ruptura del consenso social, la crisis climática y el augue de la ultraderecha, no hay más salida que la organización popular y la construcción de un proyecto político para la clase trabajadora con base en el socialismo libertario.

Que este año nos traiga un ciclo de luchas llenas de victorias para la clase trabajadora.

Balance trimestral de coyuntura: Enero a Marzo 2019

En este 2019 nos trae entre manos un propósito para este año muy sonado en las redes sociales: la masculinidad tóxica, que básicamente son las actitudes machistas . El anuncio de Gillette refleja este hecho y ha causado la ira de millones de hombres que han sentido atacada su masculinidad. Dejando esta anécdota curiosa pero no por ello menos relevante, volvemos con el resumen trimestral de la coyuntura en este período.

Acontecimientos

El comienzo de año está siendo agitado y el nivel de conflictividad social se sigue manteniendo mientras vemos cómo día a día las tensiones aumentan por la amenaza de la extrema derecha. Para abrir boca, destacamos las numerosas huelgas que hemos presenciado durante este primer trimestre tanto a nivel del Estado español como internacional, siguiendo con los juicios del Procés y más conflictos sociales y políticos fuera de nuestras fronteras.

Nada más comenzar la primera semana laboral de enero, la plantilla de Cacaolat en la planta de Santa Coloma de Gramenet en Catalunya convoca una huelga indefinida. Esta situación tuvo el antecedente que data de 2017, cuando la empresa presentó una modificación sustancial de las condiciones de trabajo afectando negativamente a la negociación del convenio, a lo que en 2018, se le ha sumado la aplicación de un calendario laboral de operaciones que impedía la conciliación entre la vida laboral y familiar. La gota que colmó el vaso fue el apretón de tuerca que intentaron realizar la dirección de la empresa, y la plantilla convocó una huelga indefinida que acabaría en 5 días con la retirada de las modificaciones del calendario previsto para este año. La huelga tuvo además la solidaridad de numerosos establecimientos mostrando mensajes de apoyo y contribuciones a su caja de resistencia.

En pocas semanas, estallaron las huelgas del taxi en Barcelona y Madrid pone de nuevo sobre la mesa el cuestionamiento de los modelos de explotación laboral más salvajes de estos últimos tiempos patrocinados por Uber y Cabify, que bajo el paraguas de la «economía colaborativa», ofrecen precios a la vez volátiles y competitivos a costa de dinamitar los derechos laborales y entrar en competencia desleal en el sector del taxi. La huelga indefinida en Barcelona concluye con una medida del Govern de regulación del servicio de VTC principalmente en tiempos de precontratación, hecho por el cual Uber y Cabify anuncian la marcha de Barcelona. Similares medidas se aprobaron también en el País Valencià y Andalucía. No obstante, en Madrid la situación es diferente, ya que la proporción de VTC con respecto al taxi es casi de 1 a 1.

Además de las huelgas por motivos estrictamente laborales, hemos vivido otras como la del 21F contra el juicio-farsa contra los presos políticos catalanes convocada desde los CDRs principalmente. Sin duda, la huelga que sigue dando de qué hablar ha sido la huelga feminista del 8 de marzo coincidiendo con el día internacional de la mujer trabajadora, donde por segundo año consecutivo el movimiento feminista continúa manteniéndose fuerte desde las movilizaciones del año pasado. Otra reciente huelga estudiantil a nivel internacional ha sido la que se ha venido organizando en el resto de Europa por el clima: Fridays for Future es la plataforma en la cual la juventud está tomando conciencia sobre el futuro que les espera ante un calentamiento global que será irreversible si continúa la emisión de contaminantes y la depredación capitalista de los recursos naturales.

Llegando al panorama internacional, India ha vivido otra huelga general masiva de dos días en enero convocada por los sindicatos del país contra las políticas antilaborales del gobierno de Modi. Los paros generales afectaron a sectores como la banca, los transportes, la industria y el sector público, a los que también se han sumado los agricultores. Al anuncio de recortes en derechos laborales, se le suman la subida de los precios de la cesta de la compra y unas promesas de creación de empleo que no llegan. Uno de los logros más destacados de esta huelga es en el sector público, obligando al gobierno a conceder mayor participación a los sindicatos.

Continuando en Asia y en el mismo mes, la huelga en la industria textil tiene como protagonistas a las mujeres trabajadoras contra las multinacionales como H&M, Inditex, Mango, Primark, etc. Las condiciones de esclavitud que viven ellas en esta industria se hicieron eco allá por el 2013 tras el derrumbe del edificio Rana Plaza en Savar, dejando más de mil muertes. Las promesas de una subida salarial del 50% no llegaron por la negativa de las fábricas a pagar ese aumento, subida que las trabajadoras consideran aún insuficiente por la continua alza del coste de vida. Resultado de ello, hicieron este llamamiento a la huelga que ni es la primera ni la última. En las anteriores jornadas de huelga en el verano pasado, se le sumaron los portuarios a reivindicar una mejora salarial. El conflicto durante las jornadas de huelga escalaron en acciones como cortes de carreteras, protestas para colapsar el centro de las ciudades y destrucciones de maquinaria en alguna ocasión. LA respuesta a estas protestas fue la represión, el lockout (cierre patronal) y las llamadas al orden. Las protestas parecen continuar hasta que se satisfagan las demandas de las trabajadoras.

Siguiendo con las huelgas, Leyla Guven, la copresidenta del DTK y diputada del HDP se pone en huelga de hambre desde finales del 2018 para exigir el fin del aislamiento de Abdullah Öcalan. A mediados de febrero cumplió 100 días de huelga que continúa en su propia casa tras ser liberada de la cárcel. Su principal reivindicación sigue siendo la libertad de Öcalan y no su propia libertad. Además, negó el tratamiento médico, por lo que fue dada de alta del hospital a los pocos días de ingresar para continuar el ayuno en casa. El copresidente del DBP, Mehmet Arslan, dijo lo siguiente: «Nuestra amiga Leyla Guven declaró que no pondría fin a su acción a menos que se satisfagan sus demandas [..]». En el mes de febrero, tuvieron lugar la marcha internacionalista por la libertad de Öcalan en un recorrido desde Luxemburgo hasta Estrasburgo. En marzo, Leyla hace un llamamiento a finalizar las acciones de sacrificio que continúan miles de presos kurdos en Turquía pero exige que las organizaciones sociales y políticas y las instituciones Europeas tomen medidas al respecto y cumplan las demandas del fin del aislamiento a Öcalan, para permitir la visita del abogado y sus seres queridos.

Buenas noticias nos llegan también desde Rojava, donde las SDF y las YPG/YPJ han anunciado la expulsión del Daesh en Siria tras tomar el control del pueblo de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor. Esto supone el fin del califato -que no del Daesh aún- en Siria, en una guerra que ha dejado unos 11.000 combatientes mártires. No obstante, la situación sigue siendo complicada, ya que Turquía se está preparando para iniciar la ofensiva sobre Rojava, y esto sumado a la indecisión de las potencias mundiales que anuncian su retirada pero siguen teniendo operativos en la zona. A esto hay que sumarle el fracaso de las negociaciones con el régimen de Assad, que exigía el fin de la autonomía kurda a cambio de la defensa de las fronteras del norte. En el mes de marzo, nos ha dejado Lorenzo Orsetti, anarquista internacionalista italiano que combatió junto a las YPG contra el Daesh dejándonos unas emotivas palabras de las cuales nos quedamos con la frase «toda tormenta comienza con una simple gota de lluvia. Tú debes ser esa gota».

De vuelta al Estado español, la represión vuelve a ser tema candente en enero, comenzando con el desalojo a través de un asalto policial al gaztetxe Maravillas en Iruñea, edificio de la diputación de Navarra que ha sido tapiado y el en el lugar se desplegó un fuerte dispositivo policial que han rechazado vecinos y comerciantes. La actuación policial en el desalojo y durante las protestas dejó decenas de jóvenes heridos tras haberse comunicado en una rueda de prensa. Los juicios del Procés deja a la luz el Estado profundo de este país, en el cual siguen en prisión preventiva sin haber cometido delito alguno, los jueces asignados para el caso son todos conservadores del entorno cercano al PP y la mayoría de testimonios son policías que van a participar en la brutalidad policial del 1-O. La maquinaria represiva del Estado español no se detiene, arrestando en Madrid a 8 militantes de Arran, más detenciones y citaciones a militantes y alcaldes que apoyaron el referéndum.

Siguiendo en un breve vistazo por Europa, este año la economía italiana entra oficialmente en recesión y con una deuda del 132% del PIB. En Francia, las protestas de los chalecos amarillos continúan bajo amenaza del gobierno de sacar los militares a la calle, demostrando en estos últimos meses su incapacidad para contener las protestas que sufre por todo el país.

Cruzando el charco, la situación política de Venezuela vuelve a tensionarse tras la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela, provocando episodios de violencia callejera por parte de la oposición. Una vez más, EEUU intenta desestabilizar el país y tumbar el gobierno de Maduro utilizando el golpismo de la oposición, el cual Trump le echa más leña al fuego reconociendo a Guaidó como presidente. En Haití, la situación de pobreza extrema, la falta de espectativas y el abandono a su suerte por parte de la comunidad internacional ha provocado una oleada de revueltas por el país. En México, los sicarios del gobierno asesinann a Samir Flores, de Amilcingo, una persona alegre, platicador y solidario, dedicado a la agricultura orgánica, la radio comunitaria y la lucha contra la termoeléctrica de Moleros, un megaproyecto que amenaza la supervivencia de los pueblos de la zona y con un gran impacto ambiental sobre la agricultura local, el agua y el aire. En Colombia, las protestas de la Minga continúan ante la negativa del gobierno a dialogar con las comunidades indígenas del Cauca que reclaman su soberanía. En Brasil, en los tres primeros días de marzo, tuvo lugar en Porto Alegre unas jornadas del anarquismo social y organizado remarcando la importancia de la organización política y con el objetivo de consolidar los procesos de creación de organizaciones políticas anarquistas así como avanzar en la coordinación a nivel regional, estrechar lazos, trabajar conjuntamente en la creación de teoría, herramientas de análisis de coyuntura y estrategias para el período.

En Nueva Zelanda, nos llega la noticia del atentado fascista grabado y emitido en directo por Facebook del tiroteo en una mezquita, cometido por terroristas supremacistas blancos que dispararon a quemarropa con armas que llevaban grabados nombres de fascistas, entre ellos Josué el asesino de Carlos Palomino. El tiroteo dejó una cuarentena de muertes y el gobierno neozelandés eleva el nivel de alerta.

En el ámbito de la cultura, en los premios Goya 2019 encontramos una lista en las que destacan las temáticas políticas y sociales críticas.

Terminamos la sección mencionando el derrame de más de 2000 toneladas de fuel y sustancias tóxicas en el golfo de Vizcaya tras el hundimiento del carguero Grande America. La marea se extiende alrededor de 50km² y está causando un grave impacto en el ecosistema local, amenazando con llegar a las costas del golfo.

Unas notas finales

Este año ha comenzado con huelgas sonadas que, tanto pequeñas o grandes, como laborales o sociales, mantiene su sentido de clase y una herramienta de lucha para la clase trabajadora. Asimismo, ponemos el ojo en esas dos grandes huelgas en las periferias de las metrópolis capitalista: India y Bangladesh, donde se hace cada vez más evidente la necesidad de mejorar las condiciones laborales a través de la lucha de clases. La consolidación y crecimiento del movimiento obrero allá será decisiva para luchar contra las multinacionales de capital occidental en sus centros de producción. Además, pone sobre la mesa la cuestión del sujeto político: no hay que buscarlo bajo las piedras siguiendo criterios blancos y occidentales, sino que las encontramos allá donde exista un verdadero conflicto de clases. Aquí en Europa, las huelgas más importantes las hemos visto en Francia, y las del sector del taxi y del 8M en España, aunque si bien esta última el seguimiento no fue tan notable, las manifestaciones en muchas ciudades del territorio español fueron masivas. De estas dos huelgas extraemos dos grandes reflexiones clave: la necesidad de poner freno al neoliberalismo salvaje que supone la uberización evidenciada en las huelgas del taxi, y el potencial que tiene el movimiento feminista en estos días, del cual tenemos que aprender el resto como ejemplo de empoderamiento, trabajo constante y acierto. Además, pone sobre la mesa una cuestión imprescindible: la clase obrera es diversa y por tanto, la lucha de clases ha de ser interseccional.

Siguen candentes los temas relacionados con el auge de la ultraderecha, las próximas elecciones y el cambio climático. Temas que evidencian la urgente necesidad de construir una alternativa política real de caracter socialista con un programa que confronte con la del fascismo. Su crecimiento se debe a que han sabido adaptarse a los tiempos y ya tienen un proyecto político. Por ello, al fascismo no solo se ha de combatir desde las calles, sino también imprescindible combatirlo a través de un proyecto político que en sí mismo sea totalmente incompatible con la ultraderecha en sentido propositivo, no con el contra delante ni con el anti.

Sin duda, actualmente el cambio climático está siendo la amenaza a escala global más importante de este año y seguramente los próximos. La vorágine capitalista y su crecimiento infinito está amenazando gravemente la vida en la Tierra, cuyas consecuencias más visibles son la contaminación masiva, el agotamiento de los recursos naturales (combustibles fósiles principalmente), la destrucción de tierras y pueblos que la habitan, la pérdida de la biodiversidad y la extinción de especies… Los síntomas ya son sobradamente conocidos: aumento de las temperaturas medias globales, calentamiento de los océanos y alteración de las corrientes marinas, el deshielo de los polos, el agujero del ozono, el aumento de las condiciones meteorológicas extremas y catástrofes naturales, la extensión de enfermedades tropicales y especies invasoras, la subida del nivel del mar… Todas estas consecuencias las sufriremos las generaciones más jóvenes, y evidencia la necesidad de combatir el capitalismo antes de que este sistema destruya nuestro planeta. Los gestos individuales no son suficientes, las grandes multinacionales y la industria son los mayores responsables del cambio climático. Aquí, el potencial de cambio reside en el ecologismo radical y las luchas por la tierra de los pueblos indígenas, pues es en la defensa de sus tierras la clave para frenar megaproyectos extractivistas.

Una mirada hacia dentro, hacia el mundillo anarquista, la entrada de un compañero a las listas de la candidatura municipalista Más Madrid ha causado revuelos pero a la vez importantes reflexiones al respecto: se evidencia la falta de infraestructuras para sostener económicamente a la militancia en nuestra etapa adulta y un proyecto político que permita dotar a los movimientos sociales de una hoja de ruta que avance hacia el socialismo libertario. La influencia del anarquismo actualmente solo es a nivel local, y se hace cada vez más necesario la presencia a nivel macropolítico. Si bien, este nivel aún se nos queda lejos porque todavía no puede considerarse que el anarquismo sea un movimiento, ya que carece de estructura y organizaciones que trabajen bajo un mismo proyecto político y tenga inserción en la sociedad. Así es cómo de nuevo nos encontramos ante un momento en que lo electoral vuelve a estar en los debates de la opinión pública y nos encontramos por enésima vez la misma campaña por la abstención activa sin un programa que hable de vivienda pública, de negociación colectiva, de remunicipalizaciones, de servicios públicos, de economía social, … por poner algunos ejemplos. La razón de tener un programa es la de afilar las puntas de lanza para los movimientos sociales y legitimar las luchas que se dan a nivel local, ya que son la base y el tejido social real para poder implementar el programa. Este programa debe ser una firme apuesta por el socialismo libertario que confronte la ofensiva neoliberal y sus crisis eternas así como el avance del fascismo en este ciclo político.

Durante los próximos meses en España habrá elecciones y veremos cómo encararemos el ciclo político post-electoral, así como contemplamos la situación de Siria ahora sin el Daesh en el mapa pero con la amenaza de Turquía, Iraq e Irán, y las potencias occidentales que anuncian su salida pero no retiran sus efectivos en la zona. Miraremos también cómo evoluciona la coyuntura en América Latina con Bolsonaro en Brasil y el golpismo en Venezuela: en el primero por la escalada de la represión y el conflicto social y en el segundo, el petróleo donde EEUU quiere meter mano. Mientras tanto, en España, la amenaza del trifachito llama a la población a votar para evitar que ganen, pero sabemos que votando o no, las calles no pueden vaciarse. No debemos olvidar que nuestro poder real no está en la capacidad de voto, sino en nuestra capacidad de articularnos como pueblo soberano (parafraseando a Voltairine de Clerie relativo a la capacidad para parar la producción de la clase trabajadora).

Juicio de Altsasu y represión Comités de Defensa de la República. ¿Democracia dónde? ¿Terrorista quién?

Estas semanas nuevamente se está hablando mucho de represión política, y es que dos casos muy reconocidos socialmente están sentando un precedente que ya viene desgraciadamente encaminado desde hace bastante tiempo. Se está aplicando penalmente la extensión del concepto de terrorismo a cualquier acción de lucha obrera o situaciones sociales cotidianas que impliquen a personas con conciencia política discordante a la norma moral impuesta desde las instituciones del Estado español. Los dos casos represivos a los que nos referimos son los del juicio a Altsasu y la criminalización a los Comités de Defensa de la República en Catalunya.

Juicio en la Audiencia Nacional a los jóvenes de Altsasu:

Esta semana se inició el proceso judicial a ocho jóvenes del municipio navarro de Altsasu, acusados por delitos de lesiones y amenazas terroristas por los cuales les solicitan 62 años y medio de prisión a uno de ellos, 50 años de prisión a otros seis, y a una octava 12 años y medio. Estos delitos se refieren a una trifulca en un bar de Altsasu en las fiestas locales en octubre de 2016 donde estuvieron implicados dos guardias civiles, por lo que la Fiscalía ha aplicado la ley antiterrorista actuando en nombre de la Guardia Civil y la Coordinadora de Víctimas del Terrorismo (COVITE), solicitando las máximas penas para todos los acusados. Tres de ellos, además, llevan en prisión un año y cinco meses incomunicados en régimen FIES1.

Este pasado fin de semana tuvo lugar en Iruñea la manifestación más multitudinaria que se recuerda en la ciudad, con una asistencia de más de 50 mil personas apoyando a las familias de los altsasuarras que han comenzado a ser juzgados en la Audiencia Nacional. Los medios de comunicación, semanas después de la detención de los jóvenes y antes de que el Juzgado de Navarra fuera inhabilitado para juzgar este caso, pasándose a la Audiencia Nacional, iniciaron una campaña de criminalización contra todo el pueblo de Altsasu. Estos medios encontraron fuertes relaciones entre la actividad ya finalizada por ETA, y el Ospa Eguna, una celebración antirrepresiva de carácter festivo y reivindicativo que tiene lugar en Altsasu, que protesta contra la ilegítima ocupación por parte de fuerzas represivas de la Guardia Civil el territorio navarro, con una historia muy sangrienta en toda Euskal Herria. Altsasu ha recibido la solidaridad de otros pueblos de la Península e incluso internacionalmente, y sobre todo los familiares de los jóvenes acusados han sido apoyados activamente en todo momento manteniendo una gran movilización para dar a conocer este caso judicial.

Estaremos atentos/as al desarrollo y conclusión del juicio, aunque se albergan pocas esperanzas de un satisfactorio resultado para los jóvenes acusados, que no sería otro que la absolución total o la rebaja de las penas al nivel de faltas y no como delitos penales por vía antiterrorista. Sin embargo, la investigación y decisiones tomadas hasta ahora por la Audiencia Nacional no apuntan a una buena resolución. Ya hace pocos meses este tribunal se negó a retirar del caso a la jueza Espejel a petición de la defensa, nombrada como magistrada para la vista oral de este juicio, y casada con un coronel de la Guardia Civil.

Criminalización de los Comités de Defensa de la República (CDRs):

La semana pasada en una operación de la Guardia Civil ordenada por la Audiencia Nacional, eran detenidas un total de ocho personas en el territorio catalán pertenecientes a los Comités de Defensa de la República. El caso investigaba los cortes de carreteras y peajes que durante la Semana Santa fueron llevados a cabo por los CDRs como protesta por la libertad de los presos y presas políticas de Catalunya, a raíz de las agresiones llevadas a cabo por el Estado español desde septiembre del año pasado. Las personas detenidas eran acusadas en un principio de delitos de rebelión y terrorismo, en concreto, una integrante del CDR de Viladecans, fue trasladada a Madrid para declarar en la Audiencia Nacional, donde finalmente se le rebajaron los cargos a desórdenes públicos.

Estos CDRs no tienen personalidad jurídica porque no son entidades legalizadas, de hecho en el marco actual de represión española no podrían serlo en ningún caso. Sus integrantes son militantes y activistas sociales que luchan por la autodeterminación catalana, defendiendo la legitimidad de la independencia y contra la represión del Estado español. Nuevamente los medios de comunicación han favorecido mucho con sus campañas la persecución a los CDRs, ya apuntada en algunos periódicos la semana anterior. La criminalización que está sufriendo Catalunya por defender su derecho a la autodeterminación roza la psicopatía, pues principalmente a raíz del referéndum del 1 de octubre del 2017, toda la maquinaria propagandística del Estado español se ha puesto al servicio de la creación del retrato de un enemigo con el que generar un malestar y una enfermedad en la comunidad social. Este hecho trata de esconder las herramientas históricas, antropológicas y sociológicas con las que se podría debatir sobre la temática coyuntural de independencia y emancipación social, para provocar una represión y un enfrentamiento generalizado contra el pueblo de Catalunya.

Terrorismo es todo, menos la violencia del Estado:

El concepto de terrorismo nace en la Revolución francesa para identificar el periodo político conocido como ‘El Terror’ de la Convención, entre otoño de 1793 y la primavera de 1794, y su significado definía las actuaciones de violencia autoritaria y terror por parte del Estado. Sin embargo, este a lo largo del siglo XIX se ha apropiado del concepto para ponerlo al servicio de sus intereses de clase y su discurso socio-cultural, el concepto de terrorismo se ha resignificado desde el poder para definir bajo esa categoría cualquier respuesta de disidencia activa contra la violencia del Estado, e invisibilizando la violencia que ejerce este mismo. Existe, por lo tanto, una negación directa entre terrorismo de estado y terrorismo disidente, que llevan a la conclusión de la inexistencia del terrorismo como concepto, y que realmente este término encubre un conflicto abierto social y político que se proyecta en el tiempo, y anclado en la lucha de clases sociales. Los casos mencionados de Altsasu y los CDRs son el ejemplo de esta estrategia estatal de llevar el concepto de terrorismo a actuaciones de disidencia y lucha de las clases populares en cualquier situación cotidiana, además, sin que intermedie una violencia como la que han categorizado e incluido en los códigos penales que debería estar implícita en ese nuevo significado de terrorismo (asesinatos, bombas, secuestros etc…)

La ampliación efectiva, tanto moral, a través de los medios de comunicación, como penal, a través de los tribunales judiciales, del concepto terrorismo a toda actuación cotidiana por parte del movimiento obrero organizado, es una perversión represiva que más tarde o más temprano, nos acabará afectando a toda la comunidad social. La expresión de esta realidad se evidencia en la indefensión absoluta de la clase trabajadora ante la maquinaria represiva del Estado español, que aísla, encarcela, y ejerce su venganza sobre los familiares y el entorno de apoyo, y además sitúa a las víctimas de estas injusticias como la parte violenta de esta lucha. La Audiencia Nacional es el órgano judicial heredado del Tribunal de Orden Público franquista y que juzga los casos sobre cuestiones políticas actualmente. Si bien antes se hablaba abiertamente de dictadura durante el Franquismo, el régimen político actual directamente inspirado en el mismo, no es menos represor en lo ideológico, y continúa utilizando la misma estrategia de presentar a los vencidos como enemigos que quieren acabar con la paz social lograda en 1939, y refundada en 1978 con la Monarquía como principal valedora.

Esto nos lleva a plantearnos la pregunta del título de este artículo de opinión: ¿democracia dónde? ¿terrorista quién? La mejor respuesta sería conseguir abrir una brecha social y que estas cuestiones sean un debate central sobre el que hablar honestamente, marginando toda propaganda que pretenda desvirtuar la discusión llevándola al extremo de la banalidad.

1Ficheros Internos de Especial Seguimiento; una situación carcelaria de intervención de las comunicaciones y aislamiento. Como se define coloquialmente a veces, la cárcel dentro de la cárcel.

Balance trimestral de coyuntura. Enero a marzo 2018

Prólogo

Presentamos este pequeño proyecto tras fusionar lo que veníamos haciendo mensualmente sobre los «Enlaces del mes» y lo que Lusbert ha hecho en sus resúmenes anuales los tres últimos años. El objetivo de estos balances que saldrán trimestralmente de ahora en adelante es, además de resumir los acontecimientos sociales y políticos más relevantes en los últimos tres meses, incluir análisis, un posicionamiento político y posibles direcciones en un futuro próximo. Pretendemos que estos balances sirvan tanto a los movimientos sociales como a organizaciones revolucionarias para tener un análisis, generar posibles debates y trazar hojas de ruta de cara a avanzar cuantitativa y cualitativamente en la lucha social y de clases.

Acontecimientos

Comenzamos el nuevo año con una nueva devaluación del poder adquisitivo de la clase trabajadora. La subida de precios ha afectado a la cesta de la compra, el trasporte público, y los suministros principalmente, mientras que los salarios no se vieron reflejados en el IPC. Tanto es así, que una de las luchas que han protagonizado una mayor movilización social ha sido la reivindicación por unas pensiones dignas ante la ridícula subida de un 0,25%, y que el gobierno español quiso vender la moto de una mejora notable.

Las luchas en los conflictos laborales siguen un mismo camino en los últimos tiempos, la superación de las huelgas laborales, convirtiendo estas luchas en un problema social, con el apoyo de múltiples colectivos sociales. Un ejemplo de ello fue la amenaza de huelga de amarradores en el puerto de Barcelona a mediados de febrero, y gracias a la cual se consiguió la readmisión de los compañeros que habían sido despedidos. Otro caso ha sido la reciente huelga laboral en Amazon España, que ha implicado a casi la totalidad de la plantilla de la planta de San Fernando de Henares, Madrid, y que continuarán sus boicots a la empresa que pretende empeorar sus condiciones laborales.

Si de huelgas hablamos, tenemos que mencionar la histórica huelga de mujeres del 8 de marzo, las repercusiones que tuvo en cuanto a incidencia social, magnitud política del paro, presencia en las calles con movilizaciones masivas y piquetes en centros de trabajo, pero sobre todo la práctica simultánea de empoderamiento y sororidad de las mujeres en una jornada para recordar. Sin duda, destaca el papel de las organizaciones y colectivos feministas que han hecho una excelente campaña y trabajo por detrás de preparación para la huelga, así como la alianza con los sindicatos CNT, que formalizó la huelga general, y CGT, apoyando en la difusión y defendiendo la legalidad de la huelga.

No podemos dejar tampoco sin mencionar la lucha por el soterramiento del AVE en Murcia, pues el barrio del sur está prácticamente sitiado por la policía armada con metralletas. El proyecto de levantar un muro sigue en pie alegando que va a ser una medida provisional, mientras que los vecinos y vecinas están exigiendo que comiencen directamente con las obras de soterramiento ya, porque no quieren quedarse aislados por un muro que divide la ciudad. A razón de la resistencia vecinal, están sufriendo multas por cualquier tontería, tratando de escarmentarlos y desarticular dicha resistencia.

Desgraciadamente, a mayor movilización social y conciencia, también es mayor la represión hacia los colectivos, plataformas y activistas que de una manera u otra suponen un peligro para el régimen español. En este sentido debemos mencionar que se han cumplido ya más de 450 días en prisión sin juicio para tres jóvenes de Altsasu, acusados junto a otras personas del mismo municipio por lesiones y amenazas terroristas en una pelea de bar con dos guardias civiles. La semana negra para la libertad ideológica que vivimos a finales de febrero y que han otorgado un mayor protagonismo en las actuaciones represivas del Estado español: confirman sentencia de 3 años y medio al rapero Valtonyc, prohíben colección de arte sobre presxs políticxs del artista Santiago Serra en la feria de Arco, y secuestran el libro de ‘Fariña’ que denuncia la corrupción y el narcotráfico en las altas esferas de Galicia. No podríamos olvidarnos que la represión contra el independentismo catalán ha continuado, en los tribunales encarcelando a más miembros del govern, obligando a exiliarse a Anna Gabriel (CUP) o Marta Rovira (ERC), y reprimiendo en las calles al pueblo catalán tras cada protesta contra la actuación autoritaria del gobierno español.

Por último, recientemente vivimos un episodio más de racismo institucional con la muerte en plena calle del inmigrante senegalés Mame Mbaye, que cayó fulminado en el suelo en las calles del barrio de Lavapiés siendo perseguido por la policía municipal en una redada contra manteros. La respuesta social de todo un barrio, y de la ciudad de Madrid fue un ejemplo de lucha antirracista contra las políticas de persecusión aplicadas continuamente por el Ayuntamiento de la capital.

A nivel internacional también hemos vivido sucesos que nos parece muy importante destacar. Sin duda, uno de los acontecimientos más destacados de este trimestre ha sido la ofensiva de Turquía sobre Afrin, el cantón kurdo más occidental de Rojava, separado por una franja de los otros dos cantones. El ataque por parte del segundo Ejército más grande de la OTAN, comenzó el 20 de enero, contra un pueblo en armas que se ha movilizado para defender un territorio que ha gozado de cierta paz en medio de la guerra. El bombardeo contra la población civil y el avance del Ejército turco con el apoyo de Rusia y el silencio de Occidente ha sido aplastante, y hasta la actualidad las milicias kurdas han procurado presentar batalla exclusivamente para asegurar corredores de huida de los cientos de miles de refugiados. En esta batalla, cayeron mártires los y las internacionalistas como Samuel Prada, Anna Campbell, Alina Sanchez, cientos de civiles y milicianos. Con la caída de Afrin, las YPG/YPJ han prometido pasar a la guerra de guerrillas contra los invasores otomanos hasta liberar el cantón.

En Palestina, la activista Tamimi Ahed fue encarcelada por las fuerzas armadas israelíes, juzgada y condenada por abofetear a un soldado israelí. El hecho se produjo en el contexto del conflicto que se suscitó entre el gobierno de Israel y el pueblo palestino, tras la decisión del presidente norteamericano Donald Trump de trasladar su embajada a la ciudad de Jerusalén. Ese hecho provocó numerosas movilizaciones palestinas que fueron reprimidas duramente por el ejército israelí, dejando un saldo de más de 450 palestinos detenidos.

También en el mes de marzo vimos cómo era asesinada Marielle Franco a tiros por sicarios vinculados a la ultraderecha del Ayuntamiento de Rio de Janeiro en Brasil. Era una activista feminista que luchaba por la mejora de la vida de las mujeres en los barrios más marginados de la ciudad, toda una piedra en mitad del camino de la impunidad y la violencia narcotraficante. Por último, destacar que la movilización del 8 de marzo de las mujeres tuvo un impacto mundial, y concretamente en Chiapas, México, las mujeres zapatistas lograron reunir a miles de mujeres de todo el mundo en el primer Encuentro Internacional de Mujeres, que esperamos que se repita por muchos años más.

Unos apuntes finales

Durante este último trimestre, destacaríamos el papel del movimiento feminista que ha ido creciendo estos últimos meses y nos ha demostrado sobradamente la fuerza que ha conseguido acumular gracias a la constancia y el esfuerzo colectivo. La huelga general del 8M en España es el vivo ejemplo de ello, que a pesar de no haber conseguido un seguimiento igual en todos los sectores, las manifestaciones fueron multitudinarias en las ciudades del territorio, consiguiendo visualizar la problemática de la mujer en esta sociedad patriarcal: la violencia machista, feminización de la pobreza, la brecha salarial, el no reconocimiento del trabajo de cuidados y reparto desigual de las tareas domésticas, la falta de guarderías, etc. Otra cuestión clave a destacar en este sentido es la complicidad que se ha creado con el sindicalismo alternativo al convocar conjuntamente una jornada de huelga de 24h, frente al sindicalismo de concertación que solo convocó un paro de 2h. Hemos de mantener la alianza que se ha forjado entre el movimiento feminista y el sindicalismo combativo, no solo de cara al 1M, sino para potenciar la presencia sindical en los sectores más precarizados y feminizados.

Este año, el sindicalismo de clase está consiguiendo potencial para ganarle cada vez más terreno a CCOO y UGT: la huelga del 3-O en Catalunya, la reciente del 8M y la de Amazon en su centro logístico de San Fernando de Henares son ejemplos de ello. Este significa un paso muy importante para superar el modelo sindical amarillista, desplazándolo en favor del sindicalismo de clase y combativo.

El fin de la hucha de las pensiones públicas es un problema grave no solo para nuestros abuelos y abuelas, también lo serán para nuestros padres, nuestra generación y las venideras. Sobre ellas se viene encima la amenaza de implementarse un modelo nefasto de planes de pensiones privados similar al modelo de las AFP chilenas. Es por esa razón por la que hemos de tomarlo como un ataque a toda la sociedad civil.

La situación catalana todavía queda en el aire, pero sí se barajan opciones del fin del Proces y vuelta al autonomismo. Parece que el Proces haya vuelto de nuevo a los cauces institucionales. Todo lo que se ha construido hasta ahora en los CDRs necesitará una nueva dirección, más cuando ANC y Omnium han perdido su protagonismo en las movilizaciones ciudadanas. No obstante, ante el envío a prisión por pare del juez Llanera para Turull, Rull, Romeva, Forcadell y Bassa, la ciudadanía ha vuelto a las calles. También Puigdemon ha sido detenido en Alemania y ya han iniciado los trámites para la extradición. En las movilizaciones se oyeron gritos de «vaga general», pero no sabemos si habrá fuerzas para sacarlo adelante.

En este mismo año también ha dado comienzo una campaña por la remunicipalización del agua en Barcelona, ya que su gestión está en manos privadas de parte de Agbar, una sociedad filial de una multinacional. Esta lucha por el agua pública será también una lucha por el derecho a la ciudad, donde se está viendo que hay un entramado de corrupción detrás de todo esto.

Las YPG/YPJ siguen necesitando nuestra solidaridad internacional para recuperar Afrin y frenar los planes genocidas y de limpieza étnica de Erdogan, que ve a Rojava una amenaza para su país. Manbij parece ser el próximo objetivo que Turquía tiene en su punto de mira con el beneplácito de EEUU.

Otro gran problema que estamos sufriendo a nivel global es el cambio climático, cuyo síntoma más notable es el registro de temperaturas del Ártico, llegando a superar los 0º Celsius cuando la media debería estar alrededor de -25º. Consecuencia de ello, es la desaparición del hielo glaciar y la amenaza al hábitat de oso polar. También la subida general de temperaturas en varias zonas del globo podrían alterar la vida salvaje, harían aparecer con más frecuencia las las condiciones meteorológicas extremas (sequías, lluvias torrenciales, heladas, olas de calor, vientos huracanados…), enfermedades que hasta ahora solo se dan en zonas tropicales, así como posibles catástrofes naturales en zonas donde antes no se darían. Sobre ello, ninguna potencia mundial parece dispuesta a ceder su afán de expandir sus industrias ni a reducir los niveles de emisión de gases de efecto invernadero.

La primavera ha comenzado también para los movimientos sociales.

Un análisis de la coyuntura post-procés desde la Esgueva

Entre septiembre y noviembre del pasado otoño hemos vivido una situación política excepcional. Primero en Barcelona, luego en Cataluña y después en el resto de las españas. Todo el mundo nos hemos visto inmersas en la crisis política derivada de la convocatoria catalana de un referéndum de autodeterminación. Se ha escrito y debatido mucho al respecto, pero echamos en falta algunas refexiones desde el anarquismo que queremos poner en común.

YA LO SABÍAMOS. AHORA LO SABEMOS TODAS

Desde el movimiento anarquista hemos visto otras veces cómo algunas de nuestras consignas se popularizaban cuando sectores importantes en lucha las hacían suyas. El ejemplo reciente más evidente es el del 15M, en el que la, hasta entonces minoritaria, “asamblea” y la aún más minoritaria “acción directa” se convertían en una herramienta de miles de personas movilizadas. Estos meses hemos visto como se popularizaba otra idea que, si bien no es exclusiva del anarquismo, también nos hemos hartado de repetir: “esta democracia es una falacia”. Llevamos décadas siendo hostiles a las elecciones de distintos ámbitos hasta casi hacer de ello un dogma, un tic abstencionista e irrefexivo. En septiembre de 2017 esa hostilidad se vuelve inocua porque la convocatoria del referéndum no era una convocatoria electoral al uso. Es por ello que nuestra postura al respecto tampoco podía ser la misma. Esta convocatoria ha mostrado las contradicciones del Estado, en especial con el enfrentamiento entre la “voluntad popular expresada con urnas” y el-“imperio de la ley”. Además, hemos visto al Estado mostrándose inestable y mostrándose en todo su esplendor como una organización de control social. Hemos visto a la prensa desatada, tratando a algunas políticas y políticos como hasta ahora sólo hacían con las de lejanos países. Hemos visto a la policía actuar como los ultras que son en su tiempo libre. Hemos visto a políticas en la cárcel por convocar manifestaciones y no comulgar con la Constitución vigente. ¿Qué más necesitamos para demostrar que “esta democracia es una falacia”?

En esa coyuntura gran parte de la militancia social ha visto una brecha en la que forzar posiciones de ruptura que puedan provocar la caída del Régimen del 78. De ahí el apoyo decidido al referéndum de gran parte de los movimientos sociales. Por nuestra parte, entendemos que en mucha gente, especialmente entre la que nos hemos criado de fnales de los setenta a esta parte, hay una necesidad de ver una “modernización” de un sistema que tiene muchos tics franquistas. Compartimos esa sensibilidad. Por eso vemos normal y apoyamos que haya movilizaciones que busquen generar los cambios que en la “transición” no se implantaron. Creemos que podría haber sido el momento de poner sobre la mesa el Régimen del 78, la herencia del nacionalcatolicismo, el porqué de la existencia del Senado o del actual Código Penal, el borrado de la memoria histórica, la monarquía o el entramado político corrupto construido sobre la represión y el crimen. No nos apasiona la idea de vivir en una democracia “más moderna” que sea más de lo mismo, pero mucho menos vivir con todo el estado franquista en funcionamiento.

LA INESTABILIDAD YA NO ES NUESTRO TERRITORIO

Durante estos meses de crisis catalana, el sistema de gobierno español se ha visto expuesto a una inestabilidad que parecía que podía tumbarlo. Sin embargo, ha superado la prueba y ha salido fortalecido. El 2018 el primer resultado a nivel político es la aniquilación del autogobierno catalán que había dentro del marco de la comunidad autónoma, que hoy en la práctica sigue suspendida. Esto tampoco tiene mayor trascendencia en un contexto de falsas democracias en las que mandaban y mandan las mismas oligarquías capitalistas mundiales. Nos inquieta más el resultado social: impotencia en la población movilizada, reforzamiento de los cuerpos policiales (estatales o autonómicos), normalización de la implicación política de supuestos entes neutrales (jueces, policías y monarcas), una enorme capacidad de infuencia de la prensa y los medios de comunicación en la sociedad… Llevamos ya una década desde el estallido de la gran crisis de 2008 y el régimen del 78 se ha habituado a capear crisis: la crisis económica, la crisis de gobierno de 2016, la crisis de seguridad antiterrorista y ahora esta. El régimen ha hecho de la necesidad virtud y ya no capea las oleadas que le van viniendo, sino que ha hecho de la crisis una manera de gobernar. Las crisis van regenerando al Régimen, sustituyendo sus peones más obsoletos por otros más útiles.

La idea de fragilidad del Régimen ha sido un espejismo. Tal vez más que un espejismo, hemos vivido un test de stress como al que se sometió el Estado Alemán el pasado julio en Hamburgo. Una demolición planeada, con una ejecución chapucera, pero con resultado satisfactorio. No queremos trasladar una teoría de la conspiración que presuponga que todo estaba bajo control en todo momento, porque creemos que evidentemente eso no es así. La capacidad de control del Estado, aunque bastante grande, no es ilimitada. Nos referimos a que la política del Estado Español ha atizado y alentado la crisis para poder desatar lo que ha venido después.

El anarquismo, en toda su diversidad e historia, ha puesto muchas esperanzas en esos momentos de crisis en los que todo parece posible. Ninguna tendencia tiene patrimonio de esto. El anarcosindicalismo más pragmático sobrevive de entrar en confictos laborales y ser la herramienta más útil para la defensa y el ataque. El insurrecionalismo siempre hizo suya la idea de sembrar focos de inestabilidad en los que insertar su mensaje y su praxis. Hasta el plataformismo que más gala hace de planifcación y estrategia a plazos se desvive por aprovechar coyunturas de crisis para hacer fuertes sus posiciones programáticas. Sin plantear en ningún caso dejar de incidir para recluirnos a nuestros espacios de comodidad, sí que creemos que la idea que muchas nos planteamos de que el Régimen estaba a punto de quebrarse ha sido una ilusión y que hemos caído en el engaño por no tener sufciente perspectiva. Hubo un momento en octubre en que se propagó más allá de Cataluña la consigna de movilizarse masivamente para “desbordar” al Régimen español. No tuvo mucha acogida en el entorno militante, tampoco en el anarquismo. Entre otros motivos, había uno que pesaba más que cualquier excusa ideológica y era la intuición que estamos constatando: el régimen estaba muy fuerte a todos los niveles y nosotras en horas muy bajas.

LA PLURINACIONALIDAD DESDE LA NO-NACIÓN

En las siguientes líneas vamos a entrar en el tema que más incómodo es para las izquierdas, para los movimientos sociales y para el anarquismo y que es el que ha enturbiado todos los debates y encendido los ánimos.

Nosotras no somos catalanas, nuestra realidad es bien distinta. En nuestro contexto el hecho nacional tiene una manifestación muy distinta a la que tienen en otros territorios, con o sin estado propio. Independientemente de las sensibilidades nacionales que pueda tener cada compañera de nuestro grupo, o del movimiento libertario, o de toda la vecindad que nos rodea, aquí no hay un espejo que contraponer al catalán. No hay un “otro” en igualdad porque aquí no hay un sujeto consistente que esté al mismo nivel que el catalán.

A nuestro alrededor la mayoría de la población tiene una sensibilidad española, aunque esta no es uniforme sino que tiene muchos matices. Esa sensibilidad no puede contraponerse a una parte de si, por lo que no se puede reconocer un “otro” territorial, tan sólo un “otro” político o ni siquiera eso: un “otro” irracional e incomprensible. Esto es consecuencia de una historia reciente en la que se extirpó, de manera brutal, cualquier otra concepción territorial o política a del movimiento nacional (español), cuyas consecuencias vemos ahora. Queda el espectro de “las dos españas”, que está completamente vivo y hace que dentro de la sensibilidad española haya posiciones irreconciliables. Ya sabemos que una de estas dos españas tiene el poder a todos los niveles, mientras que la otra españa tiene calado en las capas populares y por lo general es una sensibilidad mucho más sana y alejada del nacionalismo fanático. La sorpresa de estos meses es que ambas sensibilidades hayan coincidido en dar la espalda al proceso catalán, aunque con distintos grados de fanatismo y con algún matiz.

El mes de septiembre fue vivido por las gentes de Castilla y más allá como una afrenta personal al ver como se tambaleaba algo con lo que contaban a un nivel inconsciente y en muchos casos inconfesable. Ese “algo” no era solo la unidad del territorio español. Era la propia estabilidad de sus vidas proyectada en la estabilidad de sus marcos de referencia: el país, la democracia, la normalidad. Esta sensación de crispación circula por toda la sociedad, alimentada desde la prensa.

Este clima de tensión explica que las apariciones del españolismo más oscuro hayan tenido un respaldo mucho mayor del que podría esperarse unas semanas antes. Esas apariciones, furiosas e inconscientes, tienen además la seña de ser profundamente antipolíticas: se señalaba al PP y a “los políticos” por no haber hecho nada para solucionar el problema. Esta lectura antipolítica fue el principal motor de la indignación en los meses de septiembre y octubre.

A la vez, y en la misma medida, se fue construyendo la imagen de un salvador que pone orden: el policía, el guardia civil y el Rey. Estas instituciones son las que salen mejor paradas de cara a la población. Los meses posteriores han vuelto a acercar al PP al puesto de mando del españolismo del que se alejó en octubre, sin que hayan podido consolidarse. Este españolismo no acaba de confar de nuevo en el PP por el fracaso de Soraya en la prometida reconquista y estabilización.

Las movilizaciones del españolismo que hemos visto han demostrado la extrema debilidad del área patriota española. Pocos, cobardes, indisciplinados, enfrentados entre sí y, aún contando con todo el apoyo mediático del régimen, sin ninguna proyección. Por otro lado, está más que consolidado desde hace más de una década el poder mediático y agitador de la llamada “caverna mediática”, cuya capacidad de crear y difundir conceptos es enorme y, sin embargo, son muy difíciles de tomar en serio para la inmensa mayoría de la población.

Lo inquietante es el surgimiento de movilizaciones y de mensajes que surgen del entorno y directamente de los propios cuerpos policiales alentados por esa imagen que se ha creado a su alrededor. Hay que señalar que esas movilizaciones del españolismo han sido promovidas desde cuerpos del estado –policías y militares. Ellos mismos convocan movilizaciones, salen en la prensa y hacen la labor de comunicación política que ni el gobierno ni las fuerzas políticas del españolismo han hecho. Esto es una novedad que tiene siniestros antecedentes en Grecia o Francia o en nuestra propia historia.

Pero como ya hemos ido dejando entrever, más allá de esta coyuntura, el problema político que supone “la cuestión nacional” en estas tierras está lejos de ser tan simple como “posicionarse”, si es que en alguna latitud es así se sencillo. Por otro lado, renegar de este factor, despreciarlo y considerarlo irrelevante frente a “las cosas importantes” es un error de bulto para cualquiera que quiera incidir en la sociedad. Hemos visto especialmente en nuestro movimiento a compañeras defendiendo la contraposición entre las luchas “de clase” y las luchas “nacionales”, como si fueran dinámicas completamente independientes o incompatibles. Además, que desde los medios se machaque con Cataluña, con Operación Triunfo o con la corrupción parece que no tiene mayor importancia para que haya más o menos luchas sociales. Quién tenga memoria lo podrá ver. Las luchas en la sociedad son complejas y afectan muchos factores. Uno de ellos es el terreno emocional, en el que se junta desde la identidad de una misma hasta la concepción del país que cada cual tiene. Querer barrer de forma intolerante las sensibilidades de la población, bien para imponer un nacionalismo uniformador, bien para imponer un anacionalismo cosmopolita, está en la antítesis de lo que podemos defender.

CAMPO AMARILLO

Si nuestra la lucha es por la libertad y la vida, la cabida que tienen todas estas cuestiones parece secundaria ante la grandeza de nuestras aspiraciones. Por suerte vivimos inmersas en una realidad en la que tenemos parientes, compañeras de trabajo, de estudios, de lucha, parejas, amigas y un montón de personas a nuestro alrededor con las que queremos construir un mañana mejor partiendo de estas contradicciones. Si hacemos públicas nuestras refexiones es para aportar nuestra percepción a esta situación que parte de nuestra gente ha vivido con tristeza, otra parte con miedo, otra parte con angustia y la gran mayoría con hartazgo y pocas certezas.

Como no queremos pasar de puntillas por determinados temas que en principio son ajenos a nuestras luchas cotidianas, creemos que es importante poner en común cómo afrontar toda esta coyuntura desde nuestra realidad. Eso signifca que las lecciones que saquemos de esta situación debemos aplicarlas sobre nuestras luchas. El horizonte es hacer que esas luchas pequeñitas y limitadas vayan engarzándose con otras, buscar y encontrar su denominador común para fortalecerlo en su perspectiva anticapitalista y contra el Estado y así trazar nuestra estrategia hasta forzar desde todas las luchas los mismos límites últimos del sistema. Pero las respuestas difícilmente se dan en los libros, se encuentran en la calle y al calor de la revuelta.

Valladolid, Febrero de 2018

Grupo Anarquista Cencellada

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