¿Existe un partido ultraderechista español relevante?

Es una pregunta recurrente, pero inevitable. Hace poco me la hicieron unas conocidas venidas de Francia, donde el Frente Nacional ha cumplido 45 años y ya ha llegado dos veces (2002 y 2017) a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
En la región española, los partidos ultranacionalistas consiguen resultados muy pobres tanto en las elecciones como a la hora de movilizar a la población. Existen varias posibles respuestas para esta excepción española, respuestas que no se excluyen unas a otras. Una es que casi cuarenta años de franquismo habrían vacunado a la población española contra la tentación ultraderechista. Otra es que el PP –y antes Alianza Popular, del que es refundación– incluiría entre sus votantes a casi todo el arco político a la derecha del PSOE, desde los liberales cuyo catecismo viene de Adam Smith y de Hayek más que de la Conferencia Episcopal hasta los reivindicadores del franquismo que asumieron el paso a un régimen liberal (contenido) como un cambio de época que trascendía las ideas o como un mal necesario. Para la segunda mitad de esta última crisis hay quien señala también la emergencia de Podemos como un posible factor de contención: un partido en principio soberanista, de ámbito español y que, al centrarse en la representación institucional, llama a sus simpatizantes a ser votantes más que militantes (con la comodidad pueril que eso implica). Me atrevería a añadir otro elemento de explicación, también complementario y no excluyente de los otros: la misantropía de la ultraderecha, su desprecio por el ser humano en tanto que tal. Si bien la misantropía es hoy casi parte de la atmósfera general, es en la extrema derecha donde alcanza su máxima concentración. Estos sectores, históricamente, han crecido y perseverado entre el miedo a las tendencias socialistas de la plebe (Juan Donoso Cortés fue en 1848-1853 el primer gran exponente por aquí), la nostalgia romántica por un pasado mítico, la idea mesiánica de una aristocracia (militar o paramilitar, por lo general) que devolvería la nación o la raza a su puesto de preponderancia y la culpabilización del conjunto de la población por haber permitido la penetración del Mal (hoy día, la globalización y el contacto entre culturas, antes, el socialismo y el liberalismo judeomasónicos) y, en general, la degeneración de la sociedad y de la civilización. Ante la aceleración de la globalización y ante su propio desmoronamiento como movimiento de masas y su ghettización como grupúsculos llevados por el antifascismo hasta una semiclandestinidad, la ultraderecha parece dar más importancia a la nación/raza y menos a la jerarquía; esto puede haber suavizado esa visión negativa del ser humano, pero no tanto como para haberles movido a encontrar un programa común del que pudiera haber surgido ese hipotético partido. Su mito fundador es el de la escasez –que les retrata como hijas del liberalismo económico–, si bien ellas, para resolver ese problema creado por el mercado, no confían sólo en la mano invisible, sino también (a veces, principal o exclusivamente, incluso) en la exclusión parcial o total de otras nacionalidades o razas. Su tendencia a usar el término «buenismo» –común con buena parte de la derecha no considerada extrema– ya da una idea de su concepto de las relaciones humanas: no se tratará de ser buenas unas con otras, sino de adaptarse y sobrevivir en una guerra de todas contra todas.

Hasta aquí, parecería que las noticias son buenas. No existe un partido de ultraderecha relevante, ¿verdad?; propongamos un brindis. Lo malo es que no creo que las noticias sean tan buenas.

En un intercambio de cartas con el antifascista (entonces preso) Yves Peirat, allá por 2002, decía él que el éxito de LePen en las elecciones presidenciales francesas de aquel año era también el éxito de la lepenización de la política. En la década de 1980, la existencia del Frente Nacional era considerada un desafortunado accidente que no había que agravar; sus candidatos no eran reconocidos como interlocutores por los otros partidos, que boicotearon debates en que el FN había sido invitado y evitaron hablar con ellos en público. Fuese contraproducente o no esta estrategia, para antes de 2002, algunos de los estribillos lepenistas más habituales como el endurecimiento de la lucha contra la inseguridad (esto es, más cárcel, más policía, menos control de sus resultados) o la restricción de la inmigración empezaban a convertirse en lugares comunes de la política institucional. Lo que el FN no ganaba en las elecciones, lo ganaba ideológicamente en los medios de comunicación y desde ahí, claro, en muchas tertulias familiares de sobremesa y barras de bares. Cuando los problemas son reales y las cristianodemócratas y socialdemócratas hablan del «fin de la historia» y de dirigir un país como se gestiona una empresa, las preguntas –viscerales, superficiales, torpes– las hacen los medios de comunicación y su sensacionalismo. Y las respuestas –viscerales, superficiales, torpes, pero sin una población más exigente que eso y sin apenas manchas en el expediente del partido por no haber tenido que detentar el Poder– las da la extrema derecha. Así, el partido de la derecha convencional –y, en menor medida, el llamado socialista– acababa compitiendo con el FN en su mismo terreno.

En España, como en Francia o en EEUU, el liberalismo ha hecho todo lo posible por vaciar moral y políticamente tanto a la derecha como a la izquierda liberales. Tras sucesivas crisis y el auge y declive del movimiento obrero, lo que queda es el darwinismo social. Y aquí resulta que los extremos no se tocan, sino que el liberalismo convierte un millón y medio de paradas de larga duración en un millón y medio de casos aislados de holgazanería. El caos económico (paro, pobreza) no se puede abordar; las responsabilidades de grandes empresarios y accionistas y de sus gobiernos no se pueden abordar, hay que culparse a una misma y, si otra está peor (por su situación, por su grado de dependencia, por pertenecer a una minoría o por ser mujer), hay que culparla a ella aún más. Por lo general, seguimos queriendo las respuestas más sencillas que sean posibles, aunque no sean sinceras, y eso en parte lo ha conseguido la candidatura de Donald Trump y lo pueden conseguir otras similares. ¿«La verdad antes que la paz»? Nada de paz, salvo con la clase opresora, y cualquier cosa antes que la verdad. No hay un afán de igualdad entre géneros y sexualidades, es una conspiración «feminazi» y del lobby LGBT. No hay un afán de igualdad entre razas, es la conspiración del racismo antiblanco y de la corrección política (¿?) para que los hombres blancos heterosexuales se sientan mal. Etcétera. Como la derecha ha renunciado a toda preocupación moral, cualquier convicción aparece como una cuestión de moralismo progresista. Y ese progresismo, cuando llega a puestos de poder, lo hace rendido al liberalismo, acomplejado e incapacitado. Se diría que las clases sociales no existen. Sólo se habla de las trabajadoras como cualidad personal (ser trabajador/a, por oposición a ser vago/a) y no como condición social que determina lo que se puede y se necesita. El hombre blanco heterosexual, el menos desfavorecido, se convierte por arte de magia (victimista) en el desdichado objetivo de una campaña que los líderes tradicionales no han querido o no han sabido parar, se impone un liderazgo que devuelva las cosas a su sitio. «We will not be replaced» («No nos van a remplazar»), gritaban las racistas y nostálgicas de la esclavitud negra en Charlottesville hace bien poco mientras cierta ultraderecha habla de un «gran remplazo» por el que Europa se vería desbordada por la combinación de las inmigrantes extraeuropeas y la alta natalidad de estas. No son organizaciones de ultraderecha fuertes, son estados de ánimo colectivos construidos laboriosamente.

Un partido puede ser una organización como tal o puede ser el conjunto de personas que toman partido por algo o alguien, como era originalmente. Y eso sí parece existir aquí y ahora. Alimentado por una derecha sin complejos que dice que el franquismo ya hace mucho que terminó y que el postfranquismo está siendo una orgía de progresismo cultural, entre el miedo a las musulmanas y ese miedo al buenismo, gentes del PP se dan la mano con quienes preferirían el saludo romano. Existe un partido serio de ultraderecha, pero no se presenta a las elecciones, no tiene estructura formal, siglas ni logo. Es un partido informal y transversal, presente en los grupúsculos del ghetto ultra, pero también en Vox, el PP, UPyD, Ciudadanos o incluso el PSOE. Un partido que no se limita a rechazar los subsidios y defender cualquier endurecimiento represivo, sino que va desde el revisionismo histórico de corte franquista para consumo de masas (García Isac, vinculado a una escisión por la derecha del PP, el falangista Nacho Larrea o el ex-GRAPO converso Pío Moa) y el asistencialismo con criterio nacional en lugar de social hasta las constantes agresiones del nuevo escuadrismo, desde la recurrente tolerancia judicial y policial con estas hasta la increíble equidistancia de los medios. Esta ultraderecha no tiene divisiones blindadas ni de infantería, pero sí crece en el sensacionalismo mediático y tiene su hueco en grupos mediáticos como Libertad Digital (presuntamente salvado en 2004 de la quiebra, entre otras, por la caja B del PP y que incluye la web homónima, Libremercado y EsRadio), Intereconomía (vinculado al sospechoso dirigente pepero Ignacio González y que comprende la televisión homónima, donde la portavoz del Hogar Social Madrid participa como tertuliana, dos radios y media docena de ciberpanfletos webs como La gaceta) o el diario y la radio Ya (que retoman la cabecera del antiguo diario católico del mismo nombre), donde trabajan tanto el mencionado Nacho Larrea o Martín Sáenz de Ynestrillas (de esos famosos Sáenz de Ynestrillas) bajo la batuta del franquista Rafel López-Diéguez (de la también mítica familia ultra Piñar), así como opinólogos y periodistas multiactivistas como Cristina Seguí (ex-Vox), Inma Sequí (ídem), Hermann Tertsch (otro converso, que en su día militó en el PCE), Alfonso Rojo (un converso más, ex-CNT), Álvaro Ojeda o el secretario general de cierto sindicatillo policial.

El colmo, claro, es cuando se contraataca a los escuadristas y se les presenta como meros portadores de la bandera de la monarquía española y también es la equidistancia de medios de comunicación que en teoría ni siquiera se consideran de derechas, pero que dejaron la bandera del antifascismo en cuanto el régimen se liberalizó. Esa equidistancia de quienes creen que no hay nada que temer del fascismo –porque ellas no tienen nada que temer de él– se convierte en causa y efecto, en la dialéctica social y política, del trato de favor judicial y policial y de la normalización de quienes ven la vida como una sucesión de amenazas comunistas, independentistas, «feminazis» y filoyihadistas y ven el mundo como algo a transformar en una cárcel, para mayor seguridad de todas. El resultado es el, digamos, churchillismo actual. Winston Churchill ha pasado a la historia como un antifascista por haber dirigido el Reino Unido cuando este se enfrentaba al eje nazifascista, pero, salvo por ese imperativo geopolítico, era de los que defendían que los liberales habían de unirse a fascistas y nazis contra comunistas y socialistas (por no hablar de sus crímenes en la periferia del imperio británico, no muy por detrás del propio genocidio nazi). Los émulos de Churchill, los que temen más una barricada que una cuchillada, que prefieren cualquier desorden conocido a cualquier orden por conocer –aquí también tuvimos republicanos franquistas a lo Unamuno o Queipo de Llano– no presentan a un candidato ultra a las elecciones, por lo general. Pero están trabajando para que avance su agenda política gobierne quien gobierne.

¿Independencia como ruptura?

Traducido por Dexter del texto original Independència com a ruptura?

En una cuenta atrás hacia el día del referéndum en Catalunya, un miembro de la organización libertaria Embat reflexiona sobre la oportunidad que supone este desafío al Régimen del 78 y la necesidad de articular un movimiento popular

Todo movimiento de intención revolucionaria busca continuamente escenarios de mejora de su situación. Si no lo hace, corre el riesgo de acomodarse a las circunstancias y vivir a gusto en un antagonismo sin opciones de transformación social real. Aquello de ‘contra Franco vivíamos mejor’ se entiende por la sensación de impotencia que tienen los movimientos populares actuales (o el embrión de movimientos populares, más correctamente) con respecto a la situación política española y catalana. Algo tendremos que hacer si queremos cambiar el panorama radicalmente.

Los dos principales problemas que afronta en la actualidad el gobierno de Rajoy son, por un lado, el peligro de una victoria «populista bolivariana» (es decir, que gane unas elecciones Podemos y sus aliados) y, por otra, la independencia de Catalunya. El movimiento popular ni está ni se la espera y no preocupa nada entre las élites del Estado (y no digamos ya el movimiento libertario o el comunista, una vez derrotada la contestación vasca). Son estos dos ‘peligros’ que afronta España hoy día los que le garantizan invariablemente millones de votos al PP y al PSOE en cada elección y no si Rajoy o ZP gobiernan bien o mal. Estos votos son fieles a la continuidad del Régimen del 78, tal como es ahora, y son la base social del estado actual de las cosas.

Como ya sabemos, un gobierno de Podemos no alteraría mucho el escenario – vista su trayectoria – y opinamos que sería un gobierno socio-liberal (capitalismo con rostro humano) del estilo de Syriza, pero que no cuestionaría ni las estructuras postfranquistas del Estado ni tampoco el sistema capitalista liberal imperante. Este sistema de democracia posfranquista impediría cualquier cambio en profundidad hecho desde el gobierno, no dudando en recurrir a cualquier método legal o ilegal, sea político, mediático, judicial, de boicot del funcionariado, bloqueo administrativo o amenazas de las cloacas del Estado (ver el documental ‘Las Cloacas de Interior’). El Estado profundo tiene muchas herramientas a su alcance.

Por lo tanto, queda la posibilidad de una independencia de Catalunya. Aquí el Estado se siente amenazado, ya que no termina de controlar todas las palancas. Hay una cuestión clave: se han movilizado una parte importante de las personas de Catalunya por el derecho a decidir. Estas movilizaciones han arrastrado a los antiguos gobernantes autonomistas hacia posiciones netamente independentistas. Y es en este sentido que aparece la convocatoria del 1 de Octubre. La base social independentista obliga al Govern de la Generalitat a mover ficha continuamente – si bien tampoco lo hace muy rápido, dando facilidades a los enemigos del referéndum.

No sabemos si el referéndum se celebrará o no, ni si será vinculante o no. Tampoco sabemos si ganará el Sí – aunque se sospecha que así será. Lo que sabemos seguro es que de celebrarse, se abrirá una época de enfrentamientos entre las élites españolas y catalanas como no habíamos visto antes. Digámoslo claro, Catalunya sólo tendrá opciones de convertirse en un estado si hay movilizaciones significativas y sobre todo si las personas movilizadas están dispuestas a la desobediencia. No basta con exigir a los políticos que desobedezcan desde la comodidad del sofá de casa. El independentismo se deberá mojar de verdad para ganar.

Volviendo al movimiento popular con intenciones transformadoras (y eventualmente revolucionarias) – que es lo que me interesa -, algunas decimos por activa y por pasiva que debe convertirse en un actor clave de la vida política y social catalana. No creemos que tenga que estar ligado al movimiento independentista, ya que hay mucha gente sinceramente de izquierdas y con conciencia, que desconfía legítimamente de los políticos que están liderando el Procés Sobiranista. Los casos de corrupción de CiU, los recortes, la demagogia habitual, el patriotismo excluyente y xenófobo, el ‘Tea Party a la catalana’, los indepes hiperventilados, las peleas internas hacen desconfiar de cómo será esa República Catalana de la que hablan. A ver, ¡nos gobierna nuestro enemigo de clase!

El movimiento popular debe ser autónomo de este movimiento independentista transversal y en todo caso, aprovechar en su beneficio la independencia – o, mejor dicho, aprovechar el período que vendrá a partir de octubre. Sería absurdo esperar una revolución sin un movimiento popular amplio compuesto de organizaciones de masas. Recordemos otras épocas: La revolución cantonalista fue hija de la Revolución Gloriosa, el final del reino de Isabel II; la revolución de 1936, sólo vino después de la caída de la Monarquía y la implantación de la Segunda República; la Revolución de Octubre sólo vino después de la Revolución de Febrero y la caída del zarismo… incluso los Panteras Negras vinieron después del movimiento de los derechos civiles y no antes. Es decir, que todos los procesos revolucionarios pasan por un estadio previo de ruptura simbólica con la época anterior. Esta ruptura es psicológica y política y coloca las personas ante un nuevo escenario más avanzado, en el que ya pueden ver la posibilidad de una sociedad revolucionaria. No hay atajos.

En estos momentos, el Régimen del 78 sigue disfrutando de un amplio apoyo ciudadano, a pesar de la aparición de nuevos partidos. No caerá solo sin una crisis más grave. La oportunidad abierta por el 15M fue cerrada por la aparición de Podemos – y, reconozcámoslo, debido a la debilidad estructural de lo que habíamos creado desde abajo: unos contrapoderes que no eran conscientes de su papel histórico. La otra opción para debilitarlo es la cuestión territorial.

Con todo, en este periodo que supuestamente se abrirá en octubre, el movimiento popular tiene la tarea de estructurarse y ampliarse. Por una vez desde hace muchos años, tenemos que asegurarnos de ser un actor en la determinación de las políticas públicas sin que nadie lo haga por nosotras, sin que nos coopten ni nos suplan, ya que el movimiento popular no se impulsa desde arriba.

Nuestra misión es hacer que las élites del país, políticas y económicas, las que lideren la transición a la independencia, no puedan gobernarnos. Tenemos que crear situaciones de ingobernabilidad en todos los niveles y, por supuesto, establecer mecanismos de autogestión y autoorganización popular para algún día hacernos cargo del país – que por eso somos revolucionarias.

Esto lógicamente no lo haremos siendo un movimiento de movimientos atomizado en mil colectivos. Hay que convocar asambleas de movimientos y conectarlos entre sí para sentirnos parte del mismo movimiento. También hay que establecer unos objetivos, unas estrategias y un funcionamiento común.

Reconocemos que es una tarea titánica. Además vemos que no se está yendo en esta dirección. Al contrario, nos quedamos en espacios de confort ideológico y en luchas localistas (entendidas como que no queremos salir de nuestro territorio de militancia). Ni siquiera se está luchando para crear organizaciones grandes y plurales y en cambio preferimos varias pequeñas divididas por ideologías o tácticas, que tendrán dificultades para alcanzar trascendencia.

Afrontemos el papel que nos toca y creemos el movimiento popular que necesita nuestro pueblo.

@BlackSpartak

 

Enlaces del mes: Agosto 2017

El mes vacacional por excelencia no está exento de conflictos. Mientras los temas principales a pie de calle y en las redes son las vacaciones, Juego de Tronos y memes, al otro lado del muro hubo conflictos laborales, atentados, la ofensiva de Raqqa, turismofobia y una historia de supervivencia. Os dejamos pues una recopilación con lo que más nos ha conmovido y llamado la atención.

Abrimos mes con la desaparición de Santiago Maldonado, un activista que se solidarizó con los mapuche en territorio argentino y desapareció aquel día 1 de agosto tras un operativo represivo sobre la comunidad de Cushamen, en la provincia de Chubut. A un mes de su desaparición forzada, por todo el mundo nos preguntamos ¿DÓNDE ESTÁ SANTIAGO? Exigiendo su aparición con vida.

Nos llega también un texto que, a pesar de haber sido escrito unos 2 años atrás y haberse publicado en estas fechas, plantea cuestiones extensas y claves sobre las estrategias -o falta de ellas- en el movimiento libertario. En concreto, se trata de una crítica que desmiente las idealizaciones, la mitología y las leyendas en el movimiento libertario inyectando unas buenas dosis de una realidad llena de contradicciones e imperfecta.

Sobre la estimatización social a la que se somenta a las personas neurofuncionales o con patologías mentales poco se ha hablado, y creemos erróneamente que este problema sea individual, o los tratamientos existentes son eficaces y accesibles, o que unas simples palabras de ánimo ayudarían adecuadamente.

La historia de supervivencia mencionada al principio es la de una madre a la cual le quieren quitar los hijos por la demanda de su maltratador. Se trata de Juana Rivas, una madre luchadora junto con sus hijos que permaneceron siempre a su lado. Un maltratador jamás será buen padre.

A raíz de un ataque que no pasó a mayores contra un bus turístico en Barcelona, y del rechazo hacia el turismo masivo durante este verano, se puso de moda la palabra turismofobia. No obstante, la cara oculta del turismo es precariedad laboral, degradación y gentrificación de los barrios y expulsión de vecinas. La repercusión del turismo masivo sobre una ciudad la podemos encontrar en Venecia, donde casi ya no hay población local y se ha convertido en un parque temático y parada de megacruceros.

Para ir abriendo boca con temas sindicales, CNT ha realizado una escuela de verano para sus afiliados y afiliadas en Traspinedo, Valladolid. Un momento para aprovechar verse las caras y consolidar la línea sindical. También podemos conocer aquí la historia del sindicalismo revolucionario, remontándonos a tiempos de auge del movimiento obrero junto con el marxismo y el anarquismo.

Sobre conflictos laborales, encontramos una entevista a un afiliado de la seccion sindical de CNT en el metro BCN tras finalizar las jornadas de paro meses anteriores. Aquí nos explica Álvaro los motivos que les llevaron a iniciar un conflicto laboral con TMB: externalizaciones, temporalidad, falta de contratación…

Sin duda, una de las huelgas más sonadas es la que se convocó en el aeropuerto del Prat por trabajadores y trabajadoras de EULEN, una empresa que consiguió el concurso para prestar el servicio de control del aeropuerto. Dicha huelga se inició el 14 de agosto. Durante el curso de la huelga, tanto el Gobierno central como la Generalitat se pusieron de acuerdo en poner a la Guardia Civil a sustituir las funciones de los trabajadores. Como anécdota, un ejemplo de dignidad fue la suspensión de la huelga a causa del atentado en las Ramblas el día 17. Finalmente el conflicto termina a favor de la plantilla con un complemento de 200€ que debe abonar EULEN junto con los salarios mensuales. Una victoria más de la clase trabajadora que celebramos.

La repercusión mediática de la huelga demuestra una vez más que cuando se alteran los flujos de capital, y a la que el gobierno no duda en responder con la militarización de la huelga. Además, esta huelga se ha dado en un contexto de supuesta recuperación económica tras una serie de privatizaciones que no llega a verse reflejado en la contratación, derechos laborales y salarios. Así lo expresaba José Luis Carretero en su artículo: Aquí, precisamente, encontramos una de las claves del presente: la que vincula las privatizaciones con el ataque contra los salarios y las condiciones de vida de la clase trabajadora, la que expresa la potencia de desestructuración social que tiene un capitalismo trasnacional y desregulado, animado por un hambre voraz de superbeneficios.

Tenemos también el testimonio de un vigilante sobre cómo ha vivido el conflicto laboral, donde el boicot lo realizaba la Guardia Civil y la presión empresarial comprometía la seguridad de los ciudadanos.

Otras huelgas no tan sonadas, en una encontramos la convocada por CGT y USO que afectó al servicio de a bordo de Renfe, sin repercutir en el funcionamiento habitual de los horarios y los trenes. Y otra, en Canarias, donde hubo un amplio seguimiento de la convocatoria de una huelga indefinida entre la plantilla de la entidad pública Centro de Arte, Cultura y Turismo.

Agosto también ha sido agitado. En Charlottesville los neonazis y supremacistas blancos convocaron marchas en dicha ciudad, a la cual respondieron multitud de colectivos y organizaciones antifascistas. Allí se produjo un atentado neonazi contra un grupo de manifestantes atropellando a una veintena de personas, dejando una asesinada: Heather Hayer. No nos quedaremos pasivas ante este crimen de odio.

Unos días más tarde, se produjo otro atentado yihadista en la Rambla de Barcelona y un intento en Cambrils. Entre el miedo y el caos, la gente solidaria y los movimientos sociales de Barcelona respondieron y rechazaron los mensajes oportunistas de odio vertidas por la derecha, así como se señaló a los culpables de financiar al Daesh.  Ante los mensajes de odio hacia la comunidad musulmana, ésta respondió con el apoyo de la población barcelonesa, y aquel sábado 26, miles de personas salieron a las calles en rechazo a la hipocresía de las autoridades. Como anécdota, la amenaza del Daesh nos deja sin embargo una buena tirada de memes.

Tampoco hemos de olvidar los muchos atentados yihadistas ocurridos en otras partes del mundo que no reciben tanta atención mediática como los cometidos en suelo europeo. Estos atentados son mucho más sangrientos y dejan más muertes que se cuentan como cifras, no como persona.

Por último, la ultima superviviente de la matanza de casas viejas nos dejaba. Descanse en paz, Catalina.

Barcelona. Entre el caos y el miedo

Antes que nada, mi más sincera muestra de solidaridad y apoyo a las víctimas de este horrible atentado, y de muchos más cometidos a lo largo y ancho del globo. Aquel 17 de agosto sobre las 17h de la tarde se produjo en Barcelona un atentado similar al vivido días atrás en Charlottesville, donde un neonazi atropelló a una veintena de personas al conducir su coche hacia un grupo de personas en una manifestación antifascista, dejando una víctima mortal. Esta vez el autor es un terrorista del Daesh que alquiló una furgoneta y arrolló una veintena de personas en la Rambla. Posteriormente, hubo un atropello a varios policías en Espluges y otro intento de atentado en Cambrils a la madrugada. Estos hechos se suman ya a los anteriores atentados en París y Bruselas, por mencionar los más recientes, en suelo europeo, sin olvidar la situación casi diaria en Siria, Turquía e Iraq, y las zonas donde opera Boko Haram.

A estas alturas ya no nos deberíamos sorprender de cómo el foco mediático recae sobre los atentados en suelo europeo, mientras que los cometidos en otros países donde derraman además mucha más sangre quedan en segundo plano. No nos dejemos llevar por el pánico, el sensacionalismo y el morbo que retransmiten en los medios de comunicación e individuos irresponsables en las redes sociales. En medio de todo el caos y el estado de shock, el poder dominante aprovecha para recortar libertades e imponer estados de excepción. En esta situación la derecha (desde la más liberal a la más fascista) aprovecha para soltar sus discursos racistas, xenófobos, autoritarios e islamófobos, señalando como culpables a la inmigración y a la afluencia de refugiadas a Europa bajo un discurso de odio al diferente.

No obstante, ante la percepción distorsionada y llena de prejuicios sobre la situación de la derecha, -además intencionada-, ya que precisamente ese posicionamiento beneficia a las clases dominantes, la realidad que vivimos es otra: las víctimas son en su gran mayoría de clase trabajadora, personas que además de tener que enfrentarse a los riesgos en sus centros de trabajo, pagan con su sangre los viles actos terroristas de un grupo financiado y alimentado por Occidente bajo unos intereses económicos y geoestratégicos en Oriente Próximo.

A Occidente lo le interesa la paz en Oriente Próximo, no le interesa que hayan países soberanos que les planten cara frenando el saqueo de los recursos naturales de dichos países, y por eso, cuenta con Turquía, Israel y Arabia Saudí principalmente para seguir manteniendo la zona en conflicto. Ahí tienen un suculento negocio con las armas y el petróleo, mientras promueven la expansión del wahabbismo y el salafismo, ramas extremistas del islam las cuales constituyen las bases ideológicas del Daesh, Boko Haram y Al-Qaeda. Y ahora mismo, las únicas fuerzas que están en primera línea combatiendo al Daesh son el YPG/YPJ aliadas con las SDF, las cuales apuestan por un proyecto político de paz laico, democrático y socialista no solo para Siria, sino para todo Kurdistán y Oriente Próximo. Pero mientras la guerra continúe, a parte de los atentados en zonas de conflicto, vendrán los terroristas a cometer atentados que se cobrarán más víctimas inocentes, a costa además de los recortes en libertades y derechos civiles con la excusa del terrorismo, así como anular la legitimidad de las luchas sociales.

Hoy más que nunca la clase trabajadora debe permanecer unida ante estas situaciones de barbarie. Las muestras de solidaridad ya se han visto entre los y las trabajadoras de Eulen que suspendieron su huelga, taxistas que ofrecieron un servicio gratuito para evacuar la zona, colas para donar sandre y personas que prestaron asistencia a los heridos en el lugar del atentado. Esto demuestra que solo el pueblo salva al pueblo y levanta los ánimos y esperanzas por un mundo más justo. Hoy más que nunca tenemos que seguir trabajando en la integración de todos los colectivos sociales y seguir adelante con la lucha social construyendo pueblo. Tenemos que saber reaccionar ante esta oleada de paranoia y de discursos de odio fáciles reivindicando la diversidad cultural, el apoyo a las personas migrantes y refugiadas, la defensa de nuestras libertades y derechos, el bloqueo de la venta de armas a países que financian y alimentan el terrorismo como Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel, y el fin de la guerra en Siria y Yemen. Por todo eso y más, digamos basta ya de jugar con nuestras vidas, basta ya de engañar y amedrentar a la población, basta ya de justificar guerras contra el fantasma del terrorismo que ellos mismos han fabricado directa e indirectamente.

Se nos avecinan tiempos difíciles, y es fundamental que continuemos con la gran labor de construir un pueblo fuerte que oponga la soberanía popular frente al neoliberalismo y al fascismo en auge.

 

Enlaces del mes: Julio de 2017

El mes de Julio es un mes marcado por las vacaciones de verano, el sol en la playa, los baños en la piscina, las cervecitas en la terraza… todo parece relax y desconexión de esa rutina que nos atrapa el resto del año. Aunque no todos descansan: algunas personas trabajan sobretodo en verano con turnos agotadores, sin días de descanso y con sueldos de risa, mientras que otras personas no descansan en la tarea de buscar trabajo. Y es que estamos hablando de un mes un tanto peculiar…

En Julio aparecen los famosos amores de verano. Hay amores Disney, de una noche loca o de compromiso afectivo real. Brigitte Vasallo en una entrevista para Som Atents nos explica el peligro de substituir los vínculos afectivos profundos y comprometidos por relaciones débiles, frívolas o fluctuantes, que no hacen más que incrementar esa tendencia hacia el hiperconsumo de relaciones.

Julio es también un mes de cumpleaños, y es que se cumplen ya dos años de la entrada en vigor de la ley mordaza, esa legislación que da vía libre a los registros, a la brutalidad policial, a los desalojos y a los encarcelamientos, como es el caso de los jóvenes de Altsasu que tras ser procesados por una trifulca con dos guardias civiles se enfrentan a 62, 50 y doce años y medio de prisión.

De Julio también son típicas las fiestas, algunas de ellas mundialmente conocidas como los San Fermines. Este año, muchos medios de comunicación aplaudían el trabajo realizado para evitar las agresiones sexistas, pero tal y como explica Yolanda Domínguez, de nuevo se vuelve a cometer el error de responsabilizar a las mujeres de los abusos que sufren. Una vez más se mira a las consecuencias en vez de a las causas. Otra vez se pone el foco en impulsar que las mujeres denuncien, como si la cosa no fuera con los hombres…

Quizás Julio sea un buen mes para escribir, para dedicar tiempo a comprender las injusticias y dotarnos de argumentos para desmontar sus mentiras, agitar conciencias. Aunque como dice Alfon, puede que no escribamos nosotros, sino la necesidad de toda una generación. Quizás también sea un buen momento para hacer deporte. Alguien dijo que las bicicletas no son para el verano pero podría ser que en ciudades más humanas, ciudades más pensadas para las personas y no tanto para los coches o los autobuses de turistas, las bicicletas sí puedan ser para el verano y para el resto del año.

Por otra parte, resulta inevitable no comentar las grandes canciones del verano. Esas canciones que suenan hasta la saciedad en la radio y en cualquier garito, esas letras pegadizas con ese ritmo tan poco original… por suerte hay lugares donde los éxitos del verano son los cánticos y los gritos de protesta. En León por ejemplo, en el encierro en el hospital de El Bierzo y Laciana, se escucha alto y claro que la salud pública ni se privatiza ni se vende, se defiende. No podemos olvidar tampoco el sonido del eco de aquellos pasos, aquellos pasos que dio la clase trabajadora, convertida en sujeto político, cuando fue capaz de gestionar la producción y el control de la economía en aquel verano de la anarquía. El 19 de julio es día de homenajes, por la revolución del 36, la Revolución Sandinista en Honduras, 1979, y por la revolución de Rojava.

Para terminar de hablar del mes de Julio es necesario pensar a nivel internacional y es que resulta que Julio es un buen mes para reunirse. Las 19 potencias mundiales más la Unión Europea con los Jefes de Estado, presidentes de bancos centrales y ministros de financias, realizaron la conocida reunión del G20 en Hamburgo. Reunión a puerta cerrada para decidir cómo garantizar la continuidad del capitalismo. Fuera, en la calle, protestas, disturbios y manifestaciones para mostrar el rechazo al G20 y a este sistema asesino. En definitiva, una agitación social que recuerda a las manifestaciones del 2001 en contra de la cumbre del G8 en Génova donde asesinaron a Carlo Giuliani. La llama de las movilizaciones antiglobalización sigue viva junto con otras llamas de otras muchas luchas, así que el calor no sólo viene del verano, no se trata de algo del mes de Julio, porque tal y como decían en Hamburgo: Welcome to hell.

El 19 de julio y la construcción de pueblo

Como cada año, conmemoramos el 19 de julio de 1936 como el día en que el alzamiento fascista fue detenido por el pueblo en armas principalmente en Barcelona y otras regiones como Andalucía, Madrid… En ese momento, el Estado republicano se derrumbó pero el golpe de Estado no pudo consumarse y acabó desencadenando una guerra civil. En ese momento, la CNT-FAI fue la fuerza sindical mayoritaria, ya que el anarquismo arraigó entre buena parte de la clase trabajadora española. Pero, ¿nos hemos parado a pensar cómo arraigó y desembocó en una revolución social al alzarse el fascismo? Toda esta trayectoria viene de la construcción de pueblo años atrás desde que llegó Fanelli y la AIT a España. Por eso, no hay que desmerecer todo ese trabajo de hormiga día a día entre la clase trabajadora y de la inserción del anarquismo en las luchas obreras durante el período conservador, es decir, en una coyuntura donde el capitalismo junto con la democracia burguesa es el sistema dominante.

La pedagogía, la constancia y la perseverancia en las luchas en el día a día, es la que dio finalmente estos frutos: la construcción de la clase trabajadora como sujeto político con el poder real para gestionar la producción y el control de la economía en clave socialista libertaria. Este legado histórico no debe caer en el olvido, debe servir como lecciones para tener claro lo que queremos. Ahora hay que mirar el presente y dejar los elogios al pasado, por eso este artículo no será el enésimo que hable sobre la historia.

Construir pueblo significa insertarse en las luchas cotidianas ante la problemática común a la clase trabajadora, crear comunidad y nuevas relaciones sociales basadas en el respeto, la solidaridad y la ayuda mutua, generando así una cultura de lucha social y configurando un sujeto político. Sobre esta misma base se hicieron otras revoluciones cuya fecha clave es esta: la española del 1936, la sandinista en 1979 y la de Rojava en 2012. Todas ellas parten de una misma base: años y años de construcción de pueblo escalando la lucha de clases construyendo un nuevo modelo de sociedad que supere el sistema capitalista. Y por eso hoy, en esta coyuntura de crisis interminable y de una nueva ofensiva del neoliberalismo, tenemos que seguir construyendo pueblo desde las luchas ya existentes: vivienda, sindical/laboral, servicios públicos, … sobre nuestros territorios, sin descuidar tampoco intervenir a nivel político y en la política a nivel macro: soberanía popular (territorial, política, económica, medioambiental, energética…), internacionalismo, política de alianzas con otras fuerzas afines, posicionamientos sobre cuestiones que afecten a la política del país…

Atravesamos una coyuntura difícil donde el neoliberalismo está a la ofensiva y el fascismo está en auge gracias a la crisis y a que supieron actualizarse. Ahora bien, es nuestra responsabilidad articular un movimiento popular cohesionado en la diversidad y masivo capaz de influir en la agenda pública del país y arrancar conquistas tanto en lo inmediato como más ambiciosas a largo plazo, así como la necesidad de las anarquistas el organizarnos a nivel político para dotar al movimiento popular de una orientación política. Por eso el día de hoy debe servir para recordarnos que tenemos que ponerle esperanzas e ilusión frente al derrotismo y la frustración, poniendo en marcha una gran labor de construcción de pueblo, labor por la cual los pueblos cambiaron el rumbo de su historia y son los protagonistas de ella.

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