Las sanciones y la guerra comercial global

La recuperación de la economía china, tras los confinamientos establecidos durante la pandemia, se muestra débil. Los precios al consumo han descendido por primera vez desde inicios de 2021. Mientras el resto del mundo se enfrenta a una inflación que no termina de domar, el “taller del mundo” se ha instalado en una preocupante deflación que algunos analistas equiparan al inicio de la “trampa de la liquidez” que paralizó a la economía japonesa en los años 90.

China tiene dificultades para sustituir la demanda occidental, en retirada por la inflación y la fragmentación de los mercados provocada por las tensiones geopolíticas, por una demanda interna suficiente para absorber su producción. El índice de precios al consumo chino cayó un 0.3 % interanual en julio. El índice de precios a la producción, que cuantifica los precios de los productos a la salida de las fábricas, un 4,4 %.

La economía china sólo creció un 0,8 % entre el primer y el segundo trimestre del año, dificultando alcanzar el prudente objetivo del 5% `para todo el año, indicado por el Gobierno. Las exportaciones se desplomaron un 14 % interanual, en dólares, en julio, la caída más pronunciada desde el inicio de la pandemia. Las importaciones también descendieron un 12,4 %.

El sector inmobiliario también está dañado. Country Garden, la mayor promotora de China, dirigida por Yang Huiyan, la mujer más rica del país prevé perder entre 5.675 y 6.937 millones de euros en el primer semestre del año. Su cotización en la Bolsa de Hong Kong ha disminuido un 64 % en lo que llevamos de 2023. Todo ello dos años después de que Evergrande, otra enorme promotora, fuera intervenida por el gobierno después de acumular una deuda de más de 300.000 millones de dólares.

Las autoridades chinas han intentado recuperar la confianza de los mercados y los ciudadanos, desplegando su estrategia de “circulación dual”, acordada en el Plan Quinquenal actual, que trata de generar una mayor demanda interna. Han recortado algunos tipos de interés y han ofrecido algunos incentivos fiscales a las empresas. En los círculos económicos chinos se multiplican las voces que reclaman al Politburó del Partido Comunista que proceda a un estímulo público decidido de la economía, para impulsar la demanda y la inversión productiva.

Parte de los problemas de la economía china, sin embargo, tienen también que ver con la creciente pugna geopolítica desatada con los Estados Unidos. Las sanciones norteamericanas sobre el sector tecnológico chino acrecientan los costes de las empresas, que están logrando, generalmente, sortear las sanciones asumiendo cadenas de valor más largas y complejas, y que, además, siguen invirtiendo en Occidente mediante participaciones en los fondos globales de capital riesgo, que suelen garantizar una cierta opacidad a sus partícipes. El pasado miércoles 9 de agosto, por ejemplo, Joe Biden acordó una nueva ronda de sanciones, la más importante, de hecho, hasta el momento, contra el sector tecnológico chino, mediante una orden ejecutiva que impone límites a la inversión norteamericana en algunas empresas del país asiático, dedicadas a los semiconductores, la computación cuántica y la inteligencia artificial.

Las sanciones occidentales, por tanto, están teniendo un efecto claro sobre la economía de la República Popular. Pero no todo el que desearían los norteamericanos. Además, si china se resfría el mundo entero estornudará. La interdependencia entre los dos bloques geoeconómicos que han iniciado una nueva “Guerra Fría” sigue siendo enorme, pese a las medidas tomadas por algunas grandes empresas, que procuran diversificar sus cadenas de valor llevándose plantas de fabricación a otros países asiáticos.

De hecho, la insistencia occidental en las sanciones como arma de guerra económica está teniendo resultados ambivalentes incluso en los que se refiere a Rusia, la potencia emergente con la que Occidente está envuelto en un conflicto bélico “por correspondencia” (como lo ha calificado Juan Luis Cebrián en el diario El País). Según un análisis del Financial Times, las empresas europeas han perdido más de 100.000 millones de euros en su retirada del mercado ruso, en cumplimiento de las sanciones impuestas por la Unión Europea. BP, Shell y Total Energies han perdido 40.600 millones, completamente compensados por la brutal subida de los precios del gas y de petróleo tras el inicio de la guerra. Fortum y Uniper han visto como Moscú tomaba el control de sus filiales rusas. Las factorías de Danone y Carlsberg han sido expropiadas por el gobierno ruso. Aún así, se calcula que más del 50 % de las empresas europeas que había en Rusia antes de la guerra siguen en el país, entre las que se cuentan Unilever, UniCredit, Nestlé o Raiffeisen, que alegan numerosas dificultades para encontrar comprador para sus activos.

Así pues, las sanciones son una poderosa arma de destrucción económica, pero, en economías completamente interdependientes y enormemente entrelazadas como lo son las del siglo XXI, la destrucción provocada por las sanciones se reparte, en formas desiguales, entre todos los espacios globales.

Por ejemplo, esta misma semana se hace público por el diario Expansión que el veto norteamericano a la tecnológica china Huawei “atasca” los proyectos gubernamentales de nuestro país para generalizar el 5G en el ámbito rural. El Ministerio de Economía ha atrasado a septiembre la convocatoria del plan “Único Redes Activas”, destinado a desplegar el 5G en el campo, ante la posibilidad de que Orange y Vodafone lo impugnen judicialmente. El trasfondo es que el veto a Huawei deja a Movistar como único licitador viable, ya que el resto de las empresas deberían sustituir la tecnología Huawei, que ya tienen en sus redes, en un plazo excesivamente corto. Además, las empresas de torres de telecomunicaciones (American Tower, Cellnex, Vantage, Totem o Axiom) también han mostrado su descontento:  si sólo hubiera un ganador (en este caso, Movistar) sobrarían la mitad de las torres actualmente desplegadas en el campo, lo que desplomaría el valor de muchos de los activos de las torreras.

La viabilidad de las sanciones y sus efectos puede, de hecho, rastrearse en los resultades presentados recientemente por la empresa que ha sido su principal destinataria: Huawei. Si bien es cierto que la tecnológica china ha visto desplomarse su negocio dedicado a la venta de smartphones en los últimos años (en 2019 era la principal fabricante de móviles del mundo), también lo es que este mismo año 2023 ha conseguido volver a crecer en tecnología de consumo gracias al mercado interno chino. Ha obtenido un beneficio neto, en este año que triplica el del año anterior, aunque sigue facturando, a nivel global, menos de la mitad del año 2019. Sin embargo, el rubro que ahora le aporta mayores beneficios es el de la venta de equipamiento a operadores de telecomunicaciones y empresas. Además, el mercado global que perdió Huawei tras el 2019 ha sido en gran medida recuperado por otros fabricantes chinos como Xiaomi, Oppo y Vivo.

Occidente implementa las sanciones pretendiendo ralentizar el crecimiento del sector tecnológico chino y detener el avance de las potencias emergentes en un mercado global cada vez más acusadamente multipolar. Las sanciones, a su vez, provocan efectos “de rebote”, indeseados, sobre Occidente y, además, impulsan una creciente fragmentación del mercado mundial en áreas económicas diferenciadas, donde cada actor tiene sus socios preferentes y acuerda sus sanciones, expresas o tácitas, sobre el bloque adversario.

La estrategia de las sanciones, sin embargo, no ha logrado revertir el éxito comercial chino. El superávit en la balanza de pagos de China con la Unión Europea y los Estados Unidos no para de crecer. Aunque las exportaciones chinas se resienten de la actual alza de la inflación y de la imposición de las sanciones, el sector exterior europeo también sufre. Incluso en España, donde la crisis energética es mucho más suave que en los países del Norte y Centro de Europa, el Banco de España acaba de alertar sobre un posible frenazo en las exportaciones del sector del automóvil, de la mano de “la evolución de las tensiones geopolíticas y su impacto sobre los mercados de materias primas, tanto energéticas como no energéticas”.

Mientras eleva las sanciones contra las tecnológicas chinas (la iniciativa de vetar a Huawei en el 5G rural español viene de Bruselas), la Unión Europea se prepara para una cumbre con la República Popular en septiembre en la que pretende obtener del gobierno chino que elimine algunas barreras comerciales a los productos europeos. Concretamente, la UE está muy preocupada por la decisión china de restringir sus exportaciones de galio y germanio (una represalia china contra las recientes sanciones occidentales). Estos metales son de uso común en los chips de los vehículos eléctricos y los equipos de telecomunicaciones, así que su escasez puede representar un problema para la electrificación de la industria automovilística europea, justo cuando las empresas de coches eléctricos chinos, extremadamente competitivas, empiezan a inundar los mercados del Viejo Continente. El déficit de la balanza comercial europea con China alcanza los 400.000 millones de dólares, y ha crecido enormemente estos últimos años, pese a las sanciones norteamericanas y pese al bloqueo europeo del Tratado Comercial con China de la última década, que nunca se llegó a ratificar.

Hundir a China, pues, puede ser un pésimo negocio para el capitalismo occidental. Lanzarse a una guerra directa o “por correspondencia” con los países emergentes, también. El gasto de los turistas chinos en España se ha multiplicado por siete desde el fin de la pandemia, duplicando la media del resto de turistas, según un informe de Turespaña. La llegada de turistas chinos a nuestro país ha aumentado un 420% en el primer semestre del año, respecto al año anterior. El turismo ruso, sin embargo, se ha desplomado. Pensemos en las implicaciones que tiene todo ello para el principal sector económico de nuestro país.

El auge de la extrema derecha es funcional, pues, a las estrategias de las clases dirigentes

La guerra entre las potencias capitalistas, militar, económica o política es siempre una guerra contra la clase trabajadora. Implica la destrucción de fuerzas productivas, pero no un decrecimiento ordenado con una finalidad ecológica, sino una extensión del desempleo, la miseria y las tensiones sociales. El auge de la extrema derecha es funcional, pues, a las estrategias de las clases dirigentes en el marco de un proceso de creciente tensión bélica y de aumento de la necesidad de militarizar las economías y a las poblaciones.

Occidente tiene que saber perder su Imperio, para que los pueblos que se liberan lo hagan sin caer en nuevas pesadillas autoritarias

Mientras trabajamos por construir la trama organizativa y cultural de la clase trabajadora global, debemos mantenernos vigilantes para que las tensiones geopolíticas en curso no se transformen en un gigantesco vórtice que devore todas las energías de la Humanidad y las transforme en episodios sangrientos de violencia y miseria, en el marco de una guerra mundial sostenida durante décadas mediante enfrentamientos directos o “por correspondencia”, entre Occidente y las potencias emergentes. Occidente tiene que saber perder su Imperio, para que los pueblos que se liberan lo hagan sin caer en nuevas pesadillas autoritarias. La Humanidad necesita que la gran guerra que ha empezado acabe antes de volverse irreversible.

Kaosenlared

 

¿Qué hacer ante un invierno sin gas en Europa?

La economía global se asoma al escenario de una profunda crisis provocada por el desarrollo de la guerra en Ucrania. La inflación se ha disparado en todo el mundo, y los bancos centrales anuncian subidas de los tipos de interés para tratar de atajarla. Los “halcones” de la austeridad y el neoliberalismo vuelven a hacerse fuertes en los think tanks de las finanzas internacionales. El breve interregno de hegemonía keynesiana vivido durante la pandemia ha llegado a su fin.

Los tipos de interés van a subir y, como ha avisado recientemente Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, la puesta en marcha de un mecanismo para evitar una nueva crisis de las primas de riesgo de las economías de la periferia europea vendrá, esta vez, acompañada de “condicionalidades”, es decir, de reformas neoliberales impuestas por Bruselas. Y nada asegura que este nuevo mecanismo logre contener, de hecho, las ofensivas de los capitales especulativos internacionales contra el euro, en un invierno que se anuncia como el del posible colapso de la Unión Europea.

Porque el otoño se prevé sumamente complicado para la economía de la Eurozona. El alza continuada del precio del gas impide asegurar que las reservas van a ser suficientes para evitar una situación casi caótica, si la Federación Rusa decide cortar el suministro durante el verano. Un accidente en una planta en Freemont (Texas) ha reducido los envíos de gas licuado (GNL) estadounidense a mínimos de los últimos meses. La convocatoria de varias jornadas de huelgas en Noruega, el más cercano suministrador alternativo a Rusia, significa una amenaza añadida para las reservas europeas, que hoy alcanzan un 60 % de la capacidad, lejos del 80 % que la Comisión se ha fijado como objetivo para noviembre. La posibilidad del racionamiento en los meses más crudos del invierno parece cada vez más cercana en países extremadamente dependientes del suministro energético ruso, como Alemania.

Europa ha empezado el año con un crecimiento del 0,3 %, según Eurostat. España, que a finales del 2021 crecía al 2 %, está incluso una décima por debajo de ese 0,3. La inflación está desbocada, superando el 10 % en España, mientras el Banco Central Europeo prevé que alcance más del 8 % en el conjunto de la Eurozona este año. La posibilidad de que, a partir de octubre, y en un escenario de corte del suministro energético ruso, Europa entre una situación de estanflación (es decir, alta inflación y caída en el crecimiento económico) es cada vez más plausible.

Pese a que al auge del turismo veraniego y los efectos de la reciente reforma laboral en la transformación de contratos temporales en indefinidos precarios mantienen el espejismo de una salida virtuosa de la crisis provocada por la pandemia, lo cierto es que la economía española difícilmente podrá abstraerse del caos general provocado por un invierno europeo sin gas. Las tímidas medidas tomadas por el gobierno para limitar el impacto de la guerra en Ucrania entre las capas populares no podrán sostener al país. La Comisión ha acordado recientemente que todos los estados miembros de la Unión deberán ser solidarios con sus reservas energéticas en caso de un shock de suministro. Será, también, difícil justificar los esfuerzos que esa solidaridad implica para las clases populares si, al tiempo, se hacen publicas las fuertes “condicionalidades” (en la forma de reformas de pensiones y degradación de los servicios públicos) que se esperan acompañen al mecanismo de salvaguarda monetaria del euro, de que hablamos anteriormente. Además. A deriva militarista de los presupuestos públicos, erosionará aún más el gasto social.

La clase trabajadora sufre los golpes de la inflación desbocada, aunque aún siga atada psicológicamente a la posibilidad de un brillante verano de desconexión de la pandemia. Christine Lagarde reconoce que los salarios reales llevan ya más de dos trimestres de descenso en Europa. El poder adquisitivo que la inflación arrebata a los trabajadores no se ve compensado por la correspondiente alza de salarios. La “responsabilidad” del sindicalismo oficialista es monolítica y suicida. Negociar congelaciones salariales y alzas de retribuciones que a duras penas superan el 2 % cuando la inflación se instala cerca del 10 % es subrayar, de nuevo, la ya tradicional visión, generalizada entre los trabajadores, de los sindicatos mayoritarios como anexos rústicos de los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas.

En este escenario el sindicalismo combativo y los movimientos sociales se ven forzados a determinar su estrategia futura en un contexto muy problemático. Sostener al gobierno progresista y mostrar tibieza ante sus aventuras bélicas y sus medidas limitadas lleva a la izquierda social al descrédito entre los trabajadores y aumenta la confusión y la irracionalidad que, poco a poco, va instalándose en la conciencia de las clases populares. Intentar encabezar el descontento creciente y organizar la resistencia puede llevar a la elección de un gobierno de derechas y genera conflictos y tensiones cada vez más candentes con la izquierda institucional, que amenaza con vetar y maginar todo disenso con la estrategia parlamentaria de la “Nueva Política”.

Sin embargo, más allá de la confusión que ha instalado el reflujo del proceso de lucha del 15-M en la izquierda social, lo cierto es que el descontento de las clases populares es real. Se expresa, de momento, en abstención, comportamientos desviados y generalización de una cultura protofascista, tremendamente irracional y conservadora, que se presenta como “rompedora” y “antisistema”. Este descontento puede multiplicarse en un invierno de crisis y estanflación, como el fuego en una pradera seca.

No existe el vacío en política. Si el sindicalismo combativo y los movimientos sociales no expresan y dirigen el descontento, en toda su radicalidad, otros los harán. La extrema derecha está esperando su momento. Mejor digamos: la extrema derecha está aprovechando su momento y alimentando los caudales de la ira popular con irracionalismo, tradicionalismo y racismo.

El “momento hamletiano” de los movimientos sociales y el sindicalismo consecuente debe terminar. No hay que transmitir más confusión y dudas a la clase trabajadora. Debemos ser la expresión del descontento y organizar a los que sufren la crisis contra quienes la han creado. Y el gobierno ha contribuido a crearla con su megalomanía bélica y su progresismo de plastilina. Los compañeros y compañeras que están en la izquierda institucional deben elegir de qué lado combaten, y dejar de transmitir confusión y promover la inconsecuencia y la pusilanimidad entre los militantes sociales. Si el gobierno va a caer, mejor que lo haga acompañado de un proceso de autoorganización y movilización popular, que en una debacle de triste impotencia y luchas cainitas por las migajas institucionales que deja en su crisis la socialdemocracia.

En medio del caos que se avecina, transmitir claridad y elegir el bando de los de abajo sin vacilaciones es el medio más cabal para reconstruir una izquierda revolucionaria digna de ese nombre.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

Los problemas ecológicos son problemas sociales

Autor: Murray Bookchin, traducción y extraído de Red Antihistoria

Lo que define a la ecología social como social es su reconocimiento del hecho de que a menudo es pasado por alto que todos nuestros problemas ecológicos surgen de problemas sociales  profundamente enraizados. Contrariamente, nuestros problemas ecológicos actuales no pueden ser claramente entendidos, mucho menos resueltos, sin lidiar resueltamente con problemas dentro de la sociedad. Para hacer más concreto este punto, los conflictos étnicos, culturales y de género, entre muchos otros yacen en el núcleo de otros problemas ecológicos que enfrentamos hoy en día-aparte, de aquellos  que son producidos por catástrofes naturales.

Si este acercamiento parece un demasiado sociológico para aquellos ambientalistas que identifican el primer problema ecológico como el preservar la vida silvestre, o más ampliamente como asistir a la “Gaia” para alcanzar la “singularidad” planetaria, pueden desear considerar ciertos desarrollos recientes. El enorme derrame de petróleo por parte de un buque de Exxon en  el Estrecho Príncipe William, la extensa deforestación de árboles de secuoya por la Corporación Maxxam, y la propuesta de proyecto de hidroeléctrica James Bay que inundaría vastas áreas de bosque del norte de Quebec, para citar sólo algunos problemas, son recordatorios que el real campo de batalla sobre el que el futuro ecológico del planeta se decidirá es claramente uno social.

De hecho, separar los problemas ecológicos de los sociales – o incluso para minimizar o simbolizar el reconocimiento de su actual relación crucial- sería mal interpretar enormemente las fuentes de la crisis ambiental creciente. En efecto, la forma en que los seres humanos lidian con otros como seres sociales es crucial para dar dirección a la crisis ecológica. Al menos que reconozcamos esto claramente, de seguro fracasaremos al ver que la mentalidad jerárquica y la relación de clase que tan profundamente permea es lo que ha dado origen a la idea de dominar el mundo natural.

Al menos que nos demos cuenta que la presente sociedad de mercado, estructurada alrededor del imperativo brutalmente competitivo de “crece o muere”, es mecanismo  impersonal, auto-operado, tenderemos a culpar falsamente a otro fenómeno –la tecnología como tal o el crecimiento de la población- de los problemas ambientales. Ignoraremos la raíz de la causa, tales como comercio por ganancia, expansión industrial, y la identificación del progreso con el interés corporativo. En corto, tenderemos a enfocarnos en los síntomas de una patología social salvaje en lugar de en la patología en sí, y nuestros esfuerzos serán dirigidos hacia metas limitadas cuyos logros serán más cosméticos que curativos.

Algunas críticas han cuestionado recientemente si la ecología social ha tratado el tema de la espiritualidad en la ecología política adecuadamente, pero la ecología social fue  de hecho entre las primeras de las ecologías contemporáneas en llamar por un cambio en los valores espirituales existentes. Tal cambio sería una transformación de largo alcance de nuestra mentalidad actual de dominación hacia una de complementariedad, una que vea nuestro rol en el mundo natural como creativo, de apoyo, y aprecie profundamente las necesidades de la vida no humana. En la ecología social, una espiritualidad “natural” se centraría en la habilidad de una humanidad despierta para funcionar como agentes morales para disminuir el sufrimiento innecesario, comprometiéndose en la restauración ecológica, y patrocinando una apreciación estética de la evolución natural en toda su fecundad y diversidad.

Así, en su llamado por un esfuerzo colectivo para cambiar la sociedad, la ecología social nunca ha evitado la necesidad de una mentalidad o espiritualidad radicalmente nueva. En 1965, la primer declaración pública que adelanta las ideas de ecología social concluyó con la interjección: “la tendencia de pensamiento que hoy en día organiza diferencias entre los humanos y otros forma de vida a través de líneas jerárquicas de “supremacía o inferioridad” abrirá camino a una visión que lida con la diversidad en una manera ecológica- esto es, de acuerdo con la ética de complementariedad”. En tales éticas, los seres humanos complementarían a los seres no humanos con sus propias capacidades para producir una especie más rica, creativa y capaz de desarrollarse- no como una especie dominante sino una que apoya. Aunque esta ética, expresada a veces como un deseo para la “respiritualidad del mundo natural”, recurre a través de la literatura de la ecología social, no debe confundirse con una teología que eleva  una deidad sobre el mundo natural o incluso que busca descubrir una dentro de ella.  La espiritualidad avanzada por la ecología social es definitivamente naturalista (como no esperaría, dada su relación con la ecología misma, que surge de las ciencias biológicas) más que supernaturalista o panteísta.

El esfuerzo en algunos cuartos del movimiento ecológico de priorizar la necesidad de desarrollar una “eco-espiritualidad” panteísta sobre la necesidad de atender factores sociales (que de hecho erosionan todas las formas de espiritualidad) eleva una seria de preguntas acerca de su habilidad para agarrarse a la realidad. En un momento en que un mecanismo de ceguera social, el mercado, convierte suelo en arena, cubriendo suelo fértil con concreto, envenenando agua y aire, y produciendo cambios climáticos y atmosféricos, no podemos ignorar el impacto que una sociedad de clases y jerárquicas tiene sobre el mundo natural. Debemos enfrentar el hecho de que el crecimiento económico, las opresiones de género, y dominación étnica- por no hablar de los intereses corporativos , de estado, y burocráticos – son mucho más capaces de dar forma al futuro del mundo natural de lo que son las formas privadas de auto-regeneración. Estas formas de dominación deben ser confrontadas por la acción colectiva y por un gran movimiento social que rete los recursos sociales de la crisis ecológica, no simplemente a través de formas personalistas de consumo e inversión que suelen darse bajo el nombre de “capitalismo verde”. La presente sociedad altamente absorbente está muy ansiosa de encontrar nuevos medios de engrandecimiento comercial y agregar verborrea ecológica a sus anuncios y esfuerzos de relaciones comerciales.

Este artículo se publicó originalmente en Michael Zimmerman, ed., Environmental Philosophy: From Animal Rights to Radical Ecology (Englewood Cliffs, N.J.: Prentice Hall, 1993) y fue levemente revisado para su publicación en Climate and Capitalism

Traducido para Antihistoria por la Dra. Carolina L. Vergara

La epidemia de gripe de 1918 en los medios de la Confederación

La famosa epidemia de gripe de 1918, llamada “gripe española”, apareció por primera vez entre los soldados americanos que iban a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. A causa de la gran movilidad de tropas de aquellos días la dolencia pudo extenderse con gran libertad entre nuevas poblaciones. De este modo mató la barbaridad de 50 millones de personas en todo el mundo. Se dice rápido. Constituye un poderoso ejemplo del potencial destructivo que tiene una pandemia.

En el Reino de España la dolencia llegó entre abril y mayo de 1918. Se conoce que al no existir una censura en la prensa, los medios españoles informaron de la epidemia a las pocas jornadas de su aparición. Por eso al principio se pensaba que la dolencia venía de España y se había contagiado hacia Europa, cuando fue al revés. Para contextualizar la dolencia, esta tuvo un rebrote en septiembre y octubre de 1918 que fue la época con mayor mortalidad. Y más tarde otro repunte en febrero de 1919, que duró un par de meses. Finalmente, en 1920 hubo otra oleada de la epidemia. En total murieron alrededor de 150.000 personas en España y el año de 1918 fue el único hasta la Guerra Civil en el cual la población total del país descendió.

Pero bien es verdad que la epidemia llegó a una España que apenas sobrevivía a la miseria. La prensa de la época destaca los aciertos de las autoridades, como, por ejemplo, la organización de brigadas de limpieza o el cierre de las escuelas. Pero siendo realistas, la mayoría de la infancia apenas pisaba una escuela, teniendo que ir a trabajar desde edades muy tempranas. Las organizaciones obreras no pudieron preocuparse de la dolencia y la solían atribuir a las pésimas condiciones higiénicas en las cuales vivía la clase obrera. De esta forma los sindicatos catalanes afectos a la CNT celebraron el Congreso de Sants, en el verano de 1918 (cuando la primera oleada de la epidemia había remitido), los mineros asturianos el suyo en septiembre y la UGT celebró su congreso nacional a Madrid en octubre de 1918 (en pleno rebrote de la dolencia).

Hay que entender que no se descubrirían los virus hasta 1935 y que la clase obrera del momento conocía los efectos del cólera, de la tuberculosis, de las diarreas y fiebres, del tifus, la polio o la viruela. Cada epidemia se cobraba las vidas de miles de personas, y se cebaba especialmente con las capas sociales más pobres. Pobreza y carencia de higiene suelen ir íntimamente unidas y esta una de las razones de la alta tasa de mortalidad. A este factor se le puede asociar también el hambre, que acompaña los periodos de crisis, y 1918, lo era. Europa vivía los últimos episodios de la “Gran Guerra” y las fábricas iban echando el cierre. Esto agravaba la situación de las familias que veían un futuro incierto. Las continuas muertes iban dando pie a procesiones religiosas y a oraciones públicas “por nuestros pecados”, como había tenido lugar durante las epidemias anteriores.

Pero también hay que tener en cuenta que se da en un periodo de altísima conflictividad política y social, como es el final de la guerra europea. La pandemia se cobró millones de vidas a Europa siente el marco en el cual se dieron las revoluciones de 1918-19. No es nada osado considerar que la gripe fue un factor más del estallido huelguístico de 1919 en Cataluña, que se abriría con la famosa huelga de la Canadiense en febrero de aquel año.

En Solidaridad Obrera – hacia octubre – aparecían cada día publicadas noticias referentes a la epidemia. Se hablaba de muertes cada día, en las calles de Barcelona y también en los pueblos españoles. Se constataba la muerte de doctores, y el traslado de sanitarios desde unos lugares poco azotados por la dolencia hacia otros más necesitados. Y se notificaban protestas ante el abandono sanitario de la villas y ciudades. Es un contraste evidente hacia el que decían las autoridades que estaban haciendo. Es obvio que no hacían bastante. El pueblo exigía el cierre de locales insalubres o establecimientos alimentarios que provocaban fuertes malos olores – recordemos que no se sabía exactamente de donde vendía la gripe. La propia Solidaridad Obrera respondía a un artículo que ante su local se vendían plátanos medio podridos. Otro factor eran las aguas negras de las ciudades que proliferaban después de los días de lluvia o de aquellos riachuelos urbanos totalmente insalubres de la época industrial.

Además se constata el colapso de los hospitales y las pompas fúnebres. En este caso hubo una huelga en Barcelona producida por el despido de 21 trabajadores para protestar ante las durísimas condiciones que tuvieron que afrontar. El Sindicato de la Madera hizo suya la protesta y convocó una huelga del sector en octubre de 1918, que ganó en pocos días. También los ebanistas de València hicieron lo mismo. En el caso barcelonés se constata la pérdida – por gripe – de Josep Escofet (15 de Octubre), uno de los principales militantes del Sindicato de la Madera. Otros ramos también hicieron huelga (caldereros de cobre, tranvías, Casa Girona, fabricantes de vehículos – todos de Barcelona, vidrio de Gijón, mineros asturianos, campo andaluz, empresas de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquellos tiempos sin confinamientos. Incluso estuvo rondando por Barcelona una huelga de alquileres impulsada por la Unión de Inquilinos (con local social en c/ Santo Pablo, 83 – suyo del sindicato de fideuers) ante el encarecimiento de los pisos y habitaciones. Las reivindicaciones eran similares: además de los precios las quejas eran por pisos sin retretes ni agua corriente.

Cuando hicieron públicas estas peticiones a los propietarios, estos las recibieron con risotadas mientras el Ayuntamiento se encogía de hombros. Las propuestas de las organizaciones obreras eran totalmente lógicas. No discutían la necesidad de ir a trabajar. Están en una época a la cual quien “no trabaja no cobra”. Se pedía trabajar menos horas para tener más fuerzas para afrontar la epidemia, puesto que se pensaba, con razón, que la falta de fuerzas debilitaba los cuerpos y los hacía blancos fáciles de la dolencia. También se pedía que se instalaran lavabos en los talleres para lavarse las manos. Otra petición era instalar cocinas en las empresas para poder comer caliente. Era normal comer alimentos fríos sentados en el suelo. Además se incidía en mejorar la ventilación de los centros de trabajo, que solían estar cargadísimos de polvo en suspensión, microtejidos o humos.

En València la Sociedad Vegetariana Naturista se ofreció al gobernador de la provincia para prestar auxilio a los enfermos de gripe. El ofrecimiento fue rechazado por la Junta de Sanidad por cuestiones morales. Hablamos de la mal llamada moral cristiana, está claro. El movimiento higienista, naturista o vegetariano se fue extendiendo despacio, en parte a causa de esta epidemia, de la cual acusaban directamente el estado por haber fracasado al velar por la salud pública. También acusaban la ignorancia de la población por no saber combatir la dolencia, que entendían que se resolvía con dietas vegetarianas.

En resumen, en 1918, la epidemia fue un factor más en un mundo en plena convulsión. Esta sería una diferencia con nuestra pandemia actual: el coronavirus es el “choque”, mientras que la gripe de 1918 se daba en medio de otros “choques”. El fin de la guerra mundial produjo una profunda crisis económica y el fantasma de la revolución recorrió el mundo. No sabemos con certeza la influencia de la gripe en las revoluciones de la época. Solo se conoce que tuvo impacto en el Brasil como preludio a su insurrección (los burgueses se fueron a sus lujosas villas, mientras el proletariado moría a miles). Es conocido que después de una epidemia la vida cobra un nuevo valor y esto da pie a nuevas luchas sociales antes impensables. Veremos el que nos ofrece esta pandemia que vivimos.

@Blackspartak

Pensando y practicando el espacio y el territorio más allá del paradigma estatal

Una aproximación a la Revolución en Rojava (Norte de Siria) a partir del municipalismo libertario de Murray Bookchin

Introducción y marco histórico:

En el marco de la primavera árabe, la guerra civil siria y la avanzada militar del Estado Islámico, en los territorios del Norte de Siria que limitan con Turquía e Irak se ha constituido un nuevo tipo de relación territorial y política que ha roto diversos paradigmas en torno al papel que cumple el Estado en la Sociedad. Dicha región, con mayoría de la población Kurda, es llamada Rojava, que traduce del Kurdo simplemente “Occidente”, ya que su nación, Kurdistán, se extiende a lo largo de 4 países: Turquía, Irak, Irán y Siria, siendo este último la parte oeste. Para entender el estudio de la propuesta sobre el espacio y el poder desde el pueblo kurdo es preciso entender primero la revolución que desarrollan y la historia que le antecede:

Los Kurdos son un pueblo indoeuropeo que habita las regiones montañosas de los países mencionados, al suroeste de Asia. En la actualidad la mayor parte de Kurdos son musulmanes suníes, aunque existe una gran parte que práctica la religión tradicional kurda, el Yazidismo. A pesar de ser pobladores históricos de la región y ser un amplio porcentaje de la población en sus respectivos países, el pueblo kurdo ha sido discriminado a lo largo de los siglos y se le ha reprimido para que no consiga organizarse de manera independiente y autónoma. La lucha por la liberación nacional se hizo más latente luego del fin del Imperio Otomano en 1923, tras lo cual fue rechazado un tratado para la creación de un Estado Kurdo. Posterior a ello existieron varias insurrecciones kurdas, especialmente en Irán y Turquía, que no prosperaron.

El antecedente más inmediato en el margen temporal que se quiere estudiar aquí, nace en 1978 con la fundación del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (por sus siglas en Kurdo, PKK), de inspiración original Marxista-Leninista e impulsor de las Unidades de Defensa Popular, su brazo militar, con histórica presencia en las regiones montañosas del sur de Turquía y amplia comunicación con el pueblo Kurdo de Rojava (Siria).

A finales de los años 90 y tras años de lucha armada, el PKK comienza a pasar de sus tesis marxistas-leninistas a una nueva propuesta para la organización del territorio que han llamado el Confederalismo Democrático. Esta idea es desarrollada por el líder del PKK, Abdullah Öcalan, quién preso en una cárcel turca, de a poco fue incorporando elementos de teóricos tales como Immanuel Wallerstein y Murray Bookchin, encontrándose en su propuesta una amalgama de tesis del socialismo libertario, el marxismo heterodoxo, el municipalismo libertario y el anarquismo. La influencia de estas ideas fue llegando poco a poco a Rojava, y en medio de la guerra civil que vive Siria desde el 2011, el pueblo kurdo ha iniciado una revolución social en sus territorios teniendo que resistir a la arremetida militar del Estado Islámico y Turquía, aliado estratégico del yihadismo.

El confederalismo democrático en Rojava:

La insurrección de Rojava comienza formalmente el 19 de Julio de 2012, cuando tropas kurdas liberan Kobane, la primera ciudad en Siria que queda por fuera de las manos del régimen Sirio de Al Assad, presidente de dicho país. A partir de entonces su propuesta empieza configurarse desde la práctica y queda cristalizada en la declaración de la hoja de ruta, que se puede considerar una especie de constitución, que han llamado “Contrato Social”. Esta fue elaborada el 6 de Enero de 2014 por la Asamblea Legislativa de la Administración de la Autonomía Democrática, en la Ciudad de Amude.

En Rojava habitan aproximadamente 3 millones de Kurdos y junto a ellos conviven miles de personas de otras culturas. Quizás el principal foco de conflictos en Kurdistán ha sido promovido a través de una pugna entre etnias, religiones y lenguas, que ha facilitado la explotación de recursos minero-energéticos en la región por parte de multinacionales extranjeras. Para las confederalistas democráticas, la solución del problema de la tierra pasa por entender la multiculturalidad en términos de respeto y no de guerra, como lo señala el Contrato Social en su preámbulo:

Nosotros, los pueblos de las regiones autónomas democráticas: kurdos, árabes, asirios caldeos, asirios arameos, turcomanos, armenios y chechenos, por nuestro libre albedrío, enunciamos el siguiente Contrato Social para establecer justicia, libertad y democracia de acuerdo con los principios de equilibrio ecológico, de igualdad, de no discriminación por motivos de género, religión, idioma; para dar cuenta de una sociedad democrática y de una vida en común basada en un marco político y moral que promueve el entendimiento mutuo y la convivencia en la diversidad; y para garantizar los derechos de las mujeres y los niños, la protección, la defensa y el respeto a la libertad de religiones y creencias.

A parte de la construcción del respeto por la diferencia, llama la atención el anunciado del Contrato Social que prosigue al anterior:

La Administración de las comunidades autónomas democráticas no acepta el entendimiento basado en el concepto de Estado-Nación. No acepta una sociedad basada en un estado militar ni religioso, ni acepta la administración en un poder centralizado.

Para entender el confederalismo democrático y su propuesta frente a la organización territorial, es preciso primero entender su crítica al paradigma estatal. Como se decía anteriormente, el salto político del marxismo-leninismo a una apuesta libertaria se da con un cambio de cosmovisión que surge dentro del PKK en los años 90, influenciado especialmente por el descubrimiento de los aportes del teórico anarquista y ecologista norteamericano Murray Bookchin (1921-2006).

Bookchin plantea una propuesta llamada “municipalismo libertario” como forma de superar al Estado en el ordenamiento del territorio y la sociedad. Para ello, Bookchin sienta como base una critica al Estado desde la tradición teórica anarquista, que lo define a partir de dos elementos clásicos:

  • El Estado como objeto absoluto de los aspectos sociales, políticos y económicos de un territorio1. De aquí queda explicito el principio de la pretensión del monopolio de la fuerza en manos de una fuerza centralizada.

  • El Estado como despojador de la gestión de las comunidades sobre sus propios asuntos, a través de la democracia representativa 2.

A partir de estos análisis Bookchin reconoce que el Estado se convierte en una herramienta de dominación de clase. Para poder superar las fallas estructurales de la sociedad moderna es preciso desaparecer el Estado, y para Bookchin, la propuesta es el municipalismo libertario. Tal y como lo define el teórico norteamericano, el municipalismo libertario es el nombre del proceso que pretende volver a crear y expandir el ámbito político-democrático como el lugar del autogobierno de la comunidad, es decir, que la vida social, política y económica sea administrada por los habitantes del territorio a través de la democracia directa y la autogestión productiva. Bookchin resume el municipalismo libertario en 5 tácticas:

  • Empoderar legalmente a los municipios existentes intentando así llevar el poder de decisión a las localidades.

  • Democratizar los municipios a través de asambleas de base.

  • Unir a los municipios “en redes regionales y confederaciones más amplias […] que trabajen para reemplazar gradualmente los estados-nación por las confederaciones municipales“, mientras se asegura que “los niveles” más altos “de la confederación tienen principalmente funciones administrativas y de coordinación.”

  • “Unir a los movimientos sociales progresistas” para fortalecer la sociedad civil y establecer “un punto focal común de iniciativas y movimientos de todos los ciudadanos”: las asambleas. Esta cooperación es “no porque esperamos encontrarnos siempre un consenso armonioso, sino —por el contrario— porque creemos en el desacuerdo y la deliberación. La sociedad se desarrolla mediante el debate y el conflicto“. Además, las asambleas deben ser laicas, “combatiendo las influencias religiosas en la política y el gobierno”, y conformando un “escenario para la lucha de clases”.

  • Con el fin de lograr su visión de una “sociedad sin clases, basada en el control político colectivo de los medios de producción socialmente importantes”, se llama a la “municipalización de la economía” y se propone una “asignación confederal de recursos para garantizar el equilibrio entre regiones”. En términos simples, esto equivale a una combinación de la autogestión obrera y la planificación participativa para satisfacer las necesidades sociales: economía anarquista clásica.

Casi que letra a letra pero sabiendo aplicar las propuestas en el contexto concreto del pueblo Kurdo, Öcalan retoma la literatura de Bookchin y la asume para el PKK, extendiendo sus ideas al interior de las filas y reflexionando críticamente sobre el papel de la violencia y el dogma marxista. Para reformar su estrategia, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán comienza por abandonar la lucha violenta contra el Estado Turco, guardando las armas para tareas estrictas de autodefensa en sus territorios y haciendo la retirada militar a las comunidades donde prevalecía la presencia de asambleas de base, mientras en las grandes ciudades quedan simpatizantes y activistas. A partir de ello, sus militantes apuntan como objetivo la difusión de las nuevas tesis del PKK en el Kurdistán Turco y en Rojava, promoviendo la construcción de asambleas comunales y redes entre ellas (Cantones), que articuladas conforman la Confederación de los Pueblos de Kurdistán.

Así, la organización territorial se ejerce desde los territorios mismos de manera confederal. El centralismo queda relegado, pero tampoco se asume el federalismo trivial occidental; Las asambleas democráticas y los comités especializados en temas como la economía, la educación, la salud, la recreación y la autodefensa, son finalmente los encargados de definir el rumbo de los territorios kurdos. Esta síntesis, que podemos llamar democracia asamblearia, no se queda reducida a la tradicional perspectiva clasista que caracterizaba al comunismo kurdo de antaño, sino que la ubica en una dimensión de interdependencia con múltiples luchas, como lo describe Eirik Eiglad, activista cercano a Bookchin y estudioso del confederalismo democrático:

Es de particular importancia la necesidad de combinar las ideas de los movimientos feministas y ecológicos progresistas con los nuevos movimientos urbanos y las iniciativas de los ciudadanos, así como con las de sindicatos, cooperativas y colectivos locales […] Creemos que las ideas comunalistas de una democracia asamblearia contribuirán a hacer posible este progresivo intercambio de ideas sobre una base más permanente, y con consecuencias políticas más directas. Aún así, el comunalismo no es sólo una forma táctica de unir estos movimientos radicales. Nuestra llamada a la democracia municipal es un intento de llevar la razón y la ética al primer plano de las discusiones públicas.

El confederalismo democrático rechaza cualquier forma de organización territorial dentro del paradigma estatal, como ya se ha dicho. Para ello, la organización de la sociedad se da de “abajo a arriba”. Su génesis primaria, diferente al “constituyente primario” común en los sistemas políticos de los países estatales occidentales, es el denominado “ciudadano libre”, que no necesariamente son excluyentemente kurdos. A partir de él, se determinan las asambleas o consejos de Barrio, que reúnen a los ciudadanos libres que comparten su cotidianidad en el territorio concreto que habitan. Desde ahí se constituyen las asambleas por aldeas, barrios urbanos, distritos, ciudades y regiones, donde las decisiones son tomadas por personas delegadas, rotativas y revocables. La máxima instancia de decisión es el Congreso de la Sociedad Democrática, donde el 60% de sus integrantes son delegados de las asambleas de base mientras el restante 40% lo conforman delegados de organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y partidos políticos, de los cuales el 6% aproximadamente está reservado para delegaciones de minorías étnicas, religiosas, académicos o personas con algún punto de vista particular (como teóricos provenientes del exterior).

A partir de las particularidades culturales y territoriales de Kurdistán, el confederalismo democrático ha identificado además una suerte de problemas respecto al ejercicio comunal del poder. Salta a la vista, por ejemplo, el especial énfasis que realiza el PKK sobre el problema de la discriminación de género y empoderamiento de la mujer. Para ilustrar basta con analizar el papel en los comités anteriormente descritos, especialmente en lo relacionado con las Unidades de Protección Popular, que tienen una brigada específicamente femenina: las Unidades de Protección de Mujeres, que se han ganado fama gracias al cubrimiento internacional sobre el conflicto en Medio Oriente y la guerra contra el Estado Islámico, ya que son las principales protagonistas de la defensa de Kobane.

Además de ello, dentro del Congreso de la Sociedad Democrática existe el Consejo de las Mujeres, que impulsa políticas en favor del empoderamiento de las mujeres en sus asambleas y en la critica al patriarcado manifiesto en estas. Uno de sus logros ha sido la instauración de la prácticas como la participación de la mujer en el Congreso de la Sociedad Democrática, donde como mínimo el 40% de su totalidad debe estar conformado por mujeres.

Bibliografía:

1Bakunin, Mijaíl. El principio del Estado. Encontrado en: https://www.marxists.org/espanol/bakunin/princip.htm

2Malatesta, Errico. La anarquía y el método del anarquismo. Encontrado en: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Malatesta_Errico-La_anarquia_y_el_m%C3%A9todo_del_anarquismo.pdf

El papel de las egresadas

Durante los últimos años has estado estudiando mucho, agobiándote en las épocas de exámenes, pagando las matrículas una, dos, tres veces o más… igual te anotaste a la escuela de idiomas para sacarte el B2 de Inglés, quizás piensas que el tiempo que le dedicaste a la militancia en el movimiento estudiantil se lo podrías haber dedicado a los estudios y quizás así no hubieras repetido esta o aquella asignatura… o hasta te hubieras evitado aquel curso nefasto en el que casi no apruebas ninguna.

Es posible que llegues a pensar esto, o algo parecido, si tu situación es la de estar acabando la universidad y durante tus años en la misma has estado en el movimiento estudiantil. Esto es así porque en estos últimos años, pocos o ninguno son los casos en los que las organizaciones estudiantiles o el movimiento estudiantil donde lo hubiera, han tenido pretensiones reales de transformar la sociedad, de mejorarla.

Por un lado, la actividad ha estado girando en torno a inercias a la contra, de defensa contra lo que se quería imponer y recortar, pero sin tener la fuerza real como para ganar dichas resistencias. Esto implicó que no se alcanzara la victoria en tales luchas. Ejemplo de ello puede ser la implantación del plan Bolonia en la universidad, o la subida de tasas en la mayoría de territorios del estado español. En secundaria podríamos poner el ejemplo actual de la LOMCE, aunque este último tiene sus propias particularidades dada su instrumentalización por parte de la oposición parlamentaria.

Por otro lado tenemos a las organizaciones estudiantiles. Estas no han sabido o si quiera pretendido crear un movimiento estudiantil, no han trazado líneas estratégicas para intentar activar al mayor número de estudiantes, no han intentado sacar luchas asumibles que terminaran en victorias para hacer contrapeso a las derrotas que el movimiento estaba sufriendo… en definitiva, las organizaciones estudiantiles han estado en su lucha particular de siglas y “pesca” por recursos humanos para sus organizaciones juveniles y/o partidos parlamentarios, dejando de lado la creación de movimiento. Es decir, no han tenido pretensiones reales de cambiar nada, no han sido capaces de crear, con el estudiantado, un contrapoder, un cuerpo social con capacidad de transformar la sociedad… no han sido organizaciones revolucionarias.

Con este panorama, como decía, es normal que llegues a pensar que la época de practicar este “hobby” que conoces como activismo o estar organizada toque a su fin, pero hay otra forma de verlo y por lo tanto de actuar.

Esas horas que dedicaste a organizar tal o cual evento, esa experiencia a la hora de hablar en público o de moderar una asamblea, esa capacidad de buscar aquello que necesitas partiendo de cero y sin ayuda… son conocimientos, teóricos y prácticos, que adquiriste en base al ensayo error. Este conocimiento lo puede incorporar a tu currículum y completar así tu formación académica. Pero sé que tú no solo puedes hacer esto.

Tú eres una persona que ha estado estos años metida en asambleas infinitas, pegadas de carteles, reuniones improductivas, manifestaciones con mucha gente, con poca gente, procesiones, revueltas, debates… y no lo has hecho porque te daban créditos, lo hiciste porque sentías que debías hacer esas cosas, que debías estar ahí. Y esto lo sé porque si no fuera así, ya no estarías leyendo este artículo.

Es por eso que para ti tengo una propuesta, una propuesta que le puede dar un sentido a todas esas horas que aparentemente no te aportaron nada, una propuesta con la intención de que seas partícipe en la creación de contrapoder, una propuesta para llegar a transformar la sociedad… así pues, una propuesta revolucionaria.

El día de mañana cuando estés en tu puesto laboral, un puesto de “rango elevado” por así decirlo, ya que ese es tu perfil laboral como egresada, conviértete en algo más que en una trabajadora, convierte en una profesional al servicio del pueblo, sé un cuadro revolucionario dentro de la empresa en la que trabajes.

Cuando digo revolucionario no es para que quede bonito, me refiero a que seas participe con tu trabajo en la construcción de poder popular. ¿De qué forma?

Una forma puede ser el destinar un porcentaje de su salario al sindicato, teniendo de referencia no al sindicato corporativista que habitualmente tienen los puestos técnicos, sino al sindicato que busque la creación de poder obrero mediante el sindicalismo revolucionario.

Otra manera de contribuir sería el servir, dado tu puesto en el proceso productivo en la empresa, de enlace para el acceso a determinada información para dicho sindicato.

De igual modo, por tus conocimientos, podrías ayudar en la preparación para el futuro control de la empresa por parte del sindicato: desde formando a trabajadoras de planta para cubrir los puestos técnicos y no tener que “comprar en el futuro al cuerpo técnico de la empresa, hasta diseñando el proceso productivo que se planea tener en determinado momento.  Un ejemplo de esto último podría ser el proceso de expropiación y la gestión obrera del 80% de las industrias y servicios en Catalunya entre 1936 y 39.

Seguramente se me escapen otras razones por las cuales la existencia de cuadros revolucionarios dentro de las empresas será una cuestión indispensable el día de mañana si de verdad queremos transformar la sociedad y tener un pueblo organizado capaz de tomar las riendas de su futuro.

Pero de lo que si estoy seguro, es que igual que tú te activaste en el anterior periodo de movilizaciones que hubo, ahora se va a activar mucha más gente en este nuevo ciclo que comienza y en los siguientes que vendrán. Continuar avanzando y no abandonar la lucha es el combustible que hará funcionar el motor cuando todas las piezas estén listas y colocadas. Así pues, ¿Podemos contar contigo?

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