La economía capitalista: conflicto, poder… y revitalización sindical

Si a cualquier estudiante de ciencias económicas se le pide que defina y ubique en el plan de estudios conceptos cómo “economía capitalista”, “poder”, “lucha de clases”, “distribución de renta y riqueza”, “sindicalismo” o “democracia económica” seguramente nos encontraremos con el decepcionante resultado de su desconocimiento o al menos de su identificación en los “márgenes” del tronco analítico central de la contabilidad, la economía de empresa, la micro y macroeconomía o la política económica. Con toda probabilidad se desconocerán profundamente corrientes de análisis económico y políticas alternativas cómo el postkeynesiano, institucionalista, neomarxista, regulacionista y radical, ecológico o feminista, de economía socialista o economía libertaria y autogestionaria, impulsadas solventemente por economistas tanto de fuera de nuestras fronteras [1], cómo también por multitud de economistas críticos de ámbitos académicos o sindicales en el propio Estado español [2].

Todo ello es, sin duda, una mala noticia. Sin embargo, pese a la tenaz voluntad de quienes detentan el poder académico y de discurso político en economía por marginar, esconder y silenciar dichas corrientes, la realidad es que la economía capitalista real -y desde luego las relaciones laborales existentes- aquellas que conoce cualquier persona trabajadora, se entienden principalmente con los conceptos antedichos, que se resumen en el título de este artículo, que a su vez da nombre a un curso de introducción a la economía [3], que a su vez se ubica en una de las corrientes citadas, de economía radical, fructífera para abordar los temas aquí planteados [4]. En efecto, el sistema económico capitalista con sus aparatos políticos coadyuvantes, y máxime la empresa capitalista, se sustenta en lo que autores radicales denominan “dimensión vertical”, esto es, en el autoritarismo y el ejercicio del poder de los empresarios sobre los trabajadores y trabajadoras, de la patronal sobre la clase trabajadora, aspecto que condiciona y determina transversalmente las decisiones u organización de la producción, inversión y distribución entre salarios y beneficios [5].

Cómo posiblemente puede parecer muy abstracto y académico lo relatado hasta ahora, quizás con un par de ejemplos vividos sea posible engarzar la caracterización sistémica con la realidad económica y de las relaciones laborales.

En un caso de una mediana empresa del sector de los cuidados, sobre negociación de reducción salarial por dificultades financieras de liquidez y económicas de viabilidad, el economista de la empresa apuntaba que el peso de los salarios en la estructura de costes de la misma era muy superior al de otras empresas del sector, por lo que era imprescindible acometer la reducción salarial planteada a las trabajadoras. La respuesta de la parte social planteó que desde luego era así, pero porque la estructura salarial estaba desproporcionada por arriba, pues los cargos de dirección doblaban el nivel de salarios de referencia en la negociación colectiva sectorial, lo que implicaba que su reducción a nivel de convenio permitía cuasi-equilibrar las cuentas. Entonces se hizo el silencio en la sala y todas las presentes nos dimos cuenta que sin duda habíamos llegado al punto de expresión de un conflicto de poder, el clásico conflicto distributivo en el sistema capitalista entre salarios y beneficios -disfrazados de altos salarios- aplicado al caso recesivo de la crisis empresarial. Finalmente este conflicto se resolvió con la convocatoria de una huelga indefinida de toda la plantilla, que forzó efectivamente a la dirección a reducirse sus salarios a convenio sectorial cómo primera acción previa a evaluar otras medidas, entre otros elementos del pacto de empresa conseguido, relacionados con el control sindical productivo y económico.

Un sindicalismo fuerte implica mejores condiciones salariales, de empleo, protección social, equidad de género y defensa de la salud laboral, así como caminar hacia mayores equilibrios ecológicos.

En otro caso, un grupo empresarial del sector de la construcción de tamaño medio, planteó un despido colectivo de un tercio de la plantilla, en un contexto de muchos años de ingresos no declarados y contabilidad B, que en cualquier caso permitían la viabilidad empresarial. Este despido colectivo cómo caso paradigmático de “violencia del poder privado” utilizando términos que titulan una obra de Antonio Baylos, se tuvo que resolver judicialmente en el Tribunal Superior de Justicia, siendo ratificada la nulidad y readmisión de los despedidos por el Tribunal Supremo. A esta situación se llegó sin duda por una actitud patronal autoritaria. La postura empresarial en la negociación colectiva, defendiendo que concurría causa económica y productiva para el despido colectivo, mientras ganaban dinero de forma ilícita, desembocó en la judicialización del proceso. Se trataba pues del intento de imponer su poder de clase despidiendo a trabajadores cómo mecanismo para eliminar el sindicalismo combativo en la empresa.

Ni que decir tiene que, en general, la reacción sindical a las contrarreformas laborales impuestas vía parlamentaria, así como a las diferentes estrategias empresariales en casos concretos de reestructuraciones y despidos, algunos ya emblemáticos por implicar confrontación solvente ante deslocalizaciones productivas (Coca – Cola en Fuenlabrada, Celsa Atlantic en Gasteiz y Urbina, Zardoya Otis en Mungia, etc.), nos ha dejado una pléyade de experiencias sindicales y de huelgas que bien analizadas nos ayudan para sintetizar algunas conclusiones de interés de cara al debate sobre la revitalización del poder sindical, aquel que efectivamente hace frente a la discrecionalidad del poder empresarial y patronal, elementos indisociables de la dinámica económica capitalista.

Es necesario pues que el sindicalismo combativo gane capacidad de intervención en sus múltiples dimensiones: afiliativa, militante y organizativa, programática, de capacidad de acción colectiva y confrontación con los poderes político-económicos hostiles a la clase trabajadora. Mientras que el voto ciudadano se está demostrando excesivamente voluble y escorado hacia el mantenimiento de mayorías parlamentarias que apuestan por la servidumbre al poder económico, en cambio la militancia y afiliación sindical siguen siendo la principal garantía para recuperar derechos, condiciones salariales y de empleo, consolidando orientaciones de políticas económicas que nos dirijan a mayores cotas de democracia económica y bienestar social. No en vano, múltiples analistas avalan que un sindicalismo fuerte implica mejores condiciones salariales, de empleo, protección social, equidad de género y defensa de la salud laboral, así como caminar hacia mayores equilibrios ecológicos [6].

Una mirada sistemática a estas reflexiones, propuestas y experiencias acumuladas, nos permite centrar algunas cuestiones fundamentales para caminar hacia una recuperación solvente del poder sindical. Sin ánimo de dejar fuera aspectos importantes, pero con objetivo de priorizar recogiendo el núcleo esencial de las fuentes imprescindibles de poder sindical, es preciso fijarse en cuatro pilares que dependen fundamentalmente del propio sindicalismo: negociación colectiva y política sindical; gestión del conflicto laboral, huelgas y repertorios de presión; política social, empleo y economía social; formación sindical, asesoría sindical y técnica, teniendo también cómo base de la arquitectura de un sindicalismo combativo, la financiación sindical.

Lluís Rodríguez Algans. Economista asesor laboral en la cooperativa Maiatzaren Lehena Aholkularitza / Consultoría Primero de Mayo. Profesor de postgrado en la Facultad de Relaciones Laborales y Trabajo Social de la UPV/EHU.

Artículo visto en Radicaleslibres y Borroka garaia

_______

Notas:

[1] Entre otros muchos, Robinson, Kalecki, Minsky, Goodwin, Lerner, Bahduri, Wray, Stockhammer, Onaran Baran, Sweezy, Gordon, Bowles, Sherman, O’Connor, Marglin, Shaikh, Pollin, Hahnel Aglietta, Boyer, Jessop Glyn, Gough, Silver Jackson, Forstater, Beneria, Matthaei economistas sindicales cómo Rehn, Meidner, Palley Liberman, Kardelj, Horvat, Lange, Bettelheim, Vanek, Schweickart, Guillén, Albert… También de corrientes económico-políticas cómo el operaísmo italiano, con Negri (Operai e stato, La forma Estado, Los libros de la autonomía obrera o El poder constituyente), Tronti, Bologna o Fumagalli cómo algunos de sus exponentes, o también autores provenientes del sindicalismo que realizan interesantes aportaciones al análisis sindical del capitalismo post-fordista y una orientación de salida socialista cómo Bruno Trentin.

[2] Agrupados en la Asociación de Economía Critica o participantes del Foro de profesionales del asesoramiento laboral y social de la UPV/EHU dónde se pretende generar inteligencia colectiva desde perspectiva laboralista (también en ámbitos mercantil, administrativo o penal) para juristas, economistas, asesores sindicales, trabajadores y trabajadoras, a la vez que relacionar las experiencias de acción colectiva y sindical con los ámbitos de intervención profesional, académica e investigadora.

[3] “La economía capitalista: conflicto y poder”. Una descripción del curso, con objetivos y plan de estudios se puede encontrar en Edwards y MacEwan. Un enfoque crítico de la enseñanza actual en economía: bases para un nuevo currículo, en el libro “Critica a la ciencia económica”. Periferia, Buenos Aires, 1972. Las lecturas del curso se editaron en los manuales de Edwards; Reich y Weisskopf. “The capitalist system. A radical analysis of american society. Prentice Hall (1ª Edición 1972; 2ª Edición, 1978; 3ª Edición 1986, las tres con lecturas complementarias).

[4] Más correctamente, Economía Política Radical, corriente vertebrada por la asociación creada en 1968, Union for Radical Polítical Economics (URPE), en el marco de la cual se creó una revista de ámbito académico y un centro de economía popular dirigido a militantes sindicales y sociales, el Center for Popular Economics, aparte de otras iniciativas de ámbito universitario cómo el Political Economy Research Institute (PERI), donde se ponen en común líneas de análisis e investigación a corto y largo plazo, así cómo para propuestas de política económica relacionada con inversión socialmente útil además de ecológica o respecto a incrementos de salarios mínimos. Los principales temas tratados por dicha corriente son “economía y poder”, “sistemas económicos comparados” -socialismo, comunismo y autogestión-, “estado capitalista, lucha de clases y distribución de la renta”, “segmentación de los mercados de trabajo” y “estructuras sociales de acumulación” para entender la dinámica medio placista del sistema capitalista.

[5] Bowles y Edwards. Introducción a la economía: competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas. Alianza, Madrid. 1990.

[6] Por ejemplo Mikel Urrutikoetxea en ¿Para qué sirve un sindicato? Reflexiones , Juan Torres desde una perspectiva económica en ¿Para qué sirven los sindicatos? o estudios cómo el de Hamann y Kelly, Andrew Glyn, Wilkinson y Pickett, Onaran et. al. a largo plazo relacionando poder sindical y distribución de la renta y riqueza. Especialmente interesante al respecto es el artículo de John Bellamy Foster “Marx, Kalecki, Keynes y la estrategia socialista: la superioridad de la economía política del trabajo sobre la economía política del capital”.

Economía Participativa: Análisis de los sistemas económicos actuales (I)

Estrenamos una serie de dos artículos sobre economía (la gran olvidada, a menudo, de las corrientes libertarias).
En esta primera entrada analizaremos de forma concisa los tres modelos “clásicos” de gestión económica: el libre mercado, la economía planificada y la economía mixta.

INTRODUCCIÓN

Podríamos definir burdamente “economía” como: “la ciencia social que estudia la extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios con el fin de satisfacer las necesidades humanas”.

Según esta definición, no es difícil imaginar que la política sea inherente a la economía y viceversa (sin obviar la relación que ambas tienen con otras ciencias como la psicología, la sociología o la historia).
Las formas de gestión económicas han sido tremendamente variadas a lo largo de la historia humana, definir cada una de ellas nos daría para diez tomos enciclopédicos, así que aquí nos centraremos en explicar las tres grandes familias económicas de los dos últimos siglos, dentro de las cuales hay gran cantidad de corrientes, matices y posturas.

ECONOMÍA DE MERCADO

Se entiende como modelo económico de mercado aquél en el que la producción y el consumo de bienes se regulan mediante la ley de la oferta y la demanda.
La característica sine qua non de esta estructura organizativa es la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Es decir, se entiende como “derecho inherente” del individuo poseer y controlar tanto el capital de la empresa como la maquinaria necesaria para producir así como el derecho a percibir una mayor remuneración, dando lugar a los problemas estructurales tan ampliamente criticadas por las teorías socialistas como la explotación de la plusvalía por parte del empresario, la segregación por clases sociales (dicotomía burguesía/proletariado), las relaciones verticales, la alienación del obrero con respecto a su producción, a su potencial y a sus compañeras, etc.

Per se, este modelo económico ya se plantea contrario a los postulados libertarios.

Otro punto destacable de la economía de mercado es lo referente a la intervención estatal.
Las diferentes corrientes mercantiles tienen un debate interno al respecto. Las corrientes más antirreguladoras pretenden la absoluta abolición del estado, permitiendo que la ley de la oferta y la demanda (y la «mano invisible») autorregulen el mercado, mientras que otras permiten el intervencionismo en sectores puntuales (por ejemplo, las minarquistas).
El «Estado» en las teorías economicas liberales se suele interpretar de la forma clásica; como un órgano gubernamental, a priori coercitivo, monopolista e impuesto.
Es curioso lo rápido que apelan los teóricos del libre mercado (la forma más agresiva de economía de mercado) a la necesidad de la defensa legal universal de la propiedad privada, algo que solo podría garantizar una figura política tan potente como un estado.
Esto nos lleva a pensar que quizás la organización libremercantil no es tan rupturista como a priori parece contra la figura estatal, sino que a lo máximo a lo que se puede aspirar es a reducir al máximo su figura sin tratar de acabar con su comportamiento coercitivo, dando lugar a un capitalismo clientelista en donde los funcionarios estatales estén estrechamente ligados a la clase apoderada y el poder coercitivo anteriormente mencionado solo se aplique contra las clases populares, arguyendo a la defensa de la propiedad privada.

El tercer punto en contra del sistema de mercado es que este, al tener como fin único el lucro y el beneficio económico, disgrega las actividades productivas humanas en lo que, a expensas del mercado es considerado rentable o no rentable. Esto se traduce en lo siguiente: las actividades productivas que no generan un beneficio económico directo, es decir, que no crean un objeto de consumo demandado por el mercado, no tendrán ninguna rentabilidad y por lo tanto acabarán desechándose.
Esta situación nos lleva a un paradigma en el que las actividades de desarrollo humano, que no generan un producto como tal (por ejemplo: la filosofía, la sociología, el arte…) quedan relegadas al olvido, mientras que las únicas rentables pasan a ser las materialmente productivas (generalmente las profesiones más técnicas).
El problema subyacente a la desaparición de las actividades humanistas o a la sumisión del arte al beneficio (véase «La industria cultural» – Adorno y Horkheimer) es que esta situación puede llevarnos a convertir las relaciones humanas en relaciones de consumo, algo que sin duda favorece una relación vertical entre las personas, el individualismo y la alienación. Una sociedad atomizada es una sociedad embrutecida.

Esto nos lleva al siguiente punto: sobre la especialización.
El mercado, desde tiempos de Adam Smith, asume que una mayor especialización aumenta el rendimiento de cada trabajador sobre una tarea concreta. Dicha especialización conlleva una ignorancia en el resto de tareas del proceso productivo, de modo que convierte la actividad profesional en un hastío desmoralizante que impide la toma de decisiones diversificada y plural, además de establecer un clasismo interno en donde las actividades que impliquen esfuerzo mental se sobrepongan a las que impliquen esfuerzo físico.

Por último me gustaría aludir a la poca sostenibilidad ecológica de este tipo de modelo económico.
Los modelos de libre mercado son anti-ecológicos debido a que asumen que todas las demandas podrán ser satisfechas, independientemente de si son bienes de primera necesidad o bienes fútiles, sin tener en cuenta que los recursos naturales son limitados. A menudo, el ritmo de producción de bienes de consumo sobrepasa al de restablecimiento de dichos recursos naturales.
Los indicadores del libre mercado (IPC, PIB…) tienen en cuenta exclusivamente la satisfacción de la demanda, la riqueza por habitante y la producción generada, pero no los recursos consumidos para producirlos, lo cual irremediablemente nos lleva a la conclusión de que este sistema económico asigna una preferencia mayor a la productividad que a la sostenibilidad, algo que a la larga es auto-destructivo.

Debemos huir de modelos que favorezcan el crecimiento a toda costa y apostar por otros en donde se tenga el medio ambiente más en cuenta, modelos más estancos, capaces de frenar un ritmo de productividad insostenible (decrecimiento), y este modelo no es el que más favorece a ello.

Podría extenderme más sobre la incompatibilidad del modelo económico mercantil con cualquier corriente anarquista, pero creo que con lo expuesto ya queda suficientemente claro que el mercado tiende a individualizar y verticalizar, además de ser anti-ecológico y que por lo tanto, no plantea una solución viable al problema económico.

ECONOMÍA DE PLANIFICACIÓN CENTRAL

La economía de planificación es la habitual en los sistemas socialista; mientras las corrientes anarquistas o consejistas se orientan hacia la planificación descentralizada, el resto de economías socialistas suelen orientarse hacia la planificación centralizada. La crítica, en este caso, se basa en el último punto, ya que la planificación descentralizada la trataremos a fondo más adelante.

Este modelo es la antítesis del libre mercado, constituye su oposición absoluta. Bajo este modelo el Estado es quien, de forma centralizada, se hace cargo de determinar qué bienes y servicios se producirán en función de las necesidades que el aparato burocrático determine. La erradicación de la ley de la oferta y la demanda, en muchos casos, conlleva la supresión de la propiedad privada (como en las economías planificadas de la URSS o de la RDA), mientras que en otros modelos autárquicos, como el fascismo, la han mantenido, e incluso, reforzado (economía franquista, nacional-socialismo…)
Generalmente, las principales críticas a estas economías (especialmente cuando de la centralización marxista se trata) surgen de las corrientes liberales, argumentando problemas relacionados con la supresión de la propiedad privada y la libertad del individuo. Este argumentario apela a intereses de clase, con la pretensión de mantener unos privilegios de los que carecerían sin el poder que les otorga el mercado.
La crítica anarquista hacia la economía planificada tiene que alejarse de paradigmas liberales y aproximarse más al realismo, olvidarse de concepciones abstractas que pueden ser fácilmente aplicables a otro modelo económico (es decir, que no son intrínsecos de la planificación central) y enfocarse en la crítica hacia la «centralización», no hacia la «planificación».

El centralismo es contrario al confederalismo, per se, pero no así la planificación.
Las economías de planificación centralizada se llaman así precisamente porque toda la estructura burocrática redunda entorno a un estado central el cual debe de manejar una cantidad enorme de información, lo cual conlleva problemas estructurales y de participación poco democrática.

Las corrientes anarquistas abogan por una estructura demográfica federal argumentando que la organización coordinada de muchos núcleos de pequeña población son más gestionables y pueden responder mejor a los problemas de sus habitantes que las estructuras demográficas de ingentes volúmenes de población (como las ciudades). El modelo confederal tiene a ser, por lo tanto, contrario a un estado central, cosa que nos lleva al problema estructural: la economía centralizada está orientada a sistemas que gestionen poblaciones igualmente centralizadas, obviando a menudo las necesidades de quien no se encuentre en dichas zonas.

Otro problema común es la alienación de las clases populares respecto a la gestión económica.
En un modelo centralista la ciudadanía puede participar o no en política, pero habitualmente no en la toma de decisiones económicas, puesto que estas se toman verticalmente desde el aparato burocrático del estado central (o como los denomina Michael Albert «la clase coordinadora»), algo que choca frontalmente con el principio de autogestión.
El estado recaba información sobre las necesidades de la población y luego establece una planificación económica anual, bianual… (quinquenal, en el caso de la URSS) en la que solo participa la clase burocrática, obviando la participación ciudadana directa en la planificación y verticalizando la toma de decisiones, emulando el patrón de una empresa capitalista.

En resumen podríamos decir que la economía centralizada es contraria a los postulados anarquistas debido a que no es aplicable en un sistema confederal y a que se estructura verticalmente prescindiendo de la participación popular en la toma de decisiones al depender de una clase burocrática que analiza las necesidades y aplica soluciones manteniendo el pueblo al margen.

ECONOMÍA MIXTA

La economía mixta es la debacle del eclecticismo moderno. Pretende aunar la economía de mercado y su liberalización a la economía de planificación central en una suerte de capitalismo de cara amable y empresas públicas, pero en donde no se cuestione el régimen de propiedad privada.
Este modelo surge con fuerza durante el siglo XX con la intención de combatir la expansión del modelo económico soviético (el cual puso en tela de juicio la efectividad del capitalismo) dotando al mercado de una cierta regulación e interviniendo en ciertos sectores estratégicos en forma de empresas públicas (transporte, sanidad, educación…), dando lugar a lo que conocemos como «estado del bienestar».

El principal problema, como ya hemos mencionado antes, es que no cuestiona ni las relaciones verticales que dan lugar a la división de clases, ni al régimen de propiedad privada del libre mercado, pese a intervenir e incluso participar en el mercado en forma de empresa pública.
Al mantener la división de clases y tratar de satisfacer intereses de clase opuestos, el modelo siempre beneficiará a una clase, generalmente la más apoderada ya que tendrá la capacidad de influir en forma de coerción económica sobre las decisiones políticas. Por ejemplo, un estado eleva los impuestos en función de la renta haciendo que los más adinerados paguen más y los más pobres menos, esto generará un conflicto entre clases: favorecerá a los pobres y al sector público, el cual se garantizará gracias a esos impuestos, pero desfavorecerá a los más ricos, aquellos que podrían costearse los servicios públicos en forma de empresa privadas (mutuas, transporte privado, educación privada…). Una medida contraria a esta invertiría las posturas y los que estarían en mayor desventaja serían las clases populares.
Como se puede ver en el ejemplo, una de las dos clases tiende a perder y como he dicho antes, suele ser la que menos capacidad de influencia tiene.

En general, este modelo económico se podría englobar dentro del libre mercado, así como sus críticas, ya que por características tiende a él, aunque mantenga una falsa propiedad colectiva en forma de empresas públicas.

Como dato, actualmente gran parte de las economías del mundo son consideradas economías mixtas.

CONCLUSIÓN

Hemos visto porqué ningún modelo clásico de economía puede adscribirse a la gestión económica de una sociedad anarquista.

En el siguiente artículo hablaremos de la necesidad de plantear un modelo de planificación económica descentralizada sólida y contemporánea que sea capaz de pugnar contra los modelos clásicos y hablaremos de la «Parecon» o «Economía Participativa», una propuesta dentro de este modelo.

1 de Mayo. Poder popular desde abajo. Entre todas, en todas partes

1M-2El Primero de Mayo es el día tradicional de la clase trabajadora. Se celebra desde hace más de un siglo en recuerdo de los «mártires de Chicago», militantes obreros que lucharon por la jornada de las 8 horas. En el Estado español las 8 horas de jornada laboral se implantaron a raíz de la poderosa huelga de «La Canadiense» en 1919, en un año de importantísimas luchas sindicales y sociales. Hoy en día, en tiempos de recortes y de retrocesos de los derechos sociales esta jornada no es siquiera respetada. Horas extras, jornadas partidas, pluriempleo para llegar a fin de mes, desempleo masivoo temporalidad generalizada: así es nuestro panorama laboral.

Las clases populares vivimos en una constante lucha contra la precariedad a todos los niveles. El empleo generado en los últimos años es prácticamente todo de carácter temporal, lo que implica cada vez peores condiciones laborales. Una de cada cinco personas activas está en paro. Pero es que de las otras cuatro hay dos encadenando un trabajo temporal tras otro, y otra de esas cinco está encadenada a un empleo cubriendo jornadas inacabables.

  • La situación para la juventud trabajadora, la supuesta generación mejor preparada y cualificada de la historia, se enfrenta a una tasa de paro tan grande que implica que la mitad de la juventud no puede encontrar trabajo. Y esto sin contar con que la cantidad de jóvenes que estudian o se hallan inscritos en incontables cursos de formación que maquillan los datos de desempleo. El resultado es conocido: vivir de la familia hasta edades tardías, subsistir a duras penas a base de trabajos precarios o la emigración en busca de otros futuros. En cualquier caso, la falta de perspectiva hace muy dificil poder proyectarse hacia el futuro y hace patente una sensación de estancamiento.
  • Un sector con frecuencia olvidado es el pensionista. Bien por jubilación, bien por enfermedad o dependencia, es una parte de la población que hoy en día, en plena crisis, aguanta el peso económico de muchas familias y también contribuye al cuidado de sus nietas y nietos cuando no lo pueden llevar a cabo sus hijas e hijos. Ademas, en estos últimos años la caja de las pensiones ha servido para tapar los despilfarros del capital, algo que sin duda, traerá consecuencias muy negativas de cara al futuro. Entendemos estos recortes como ataques contra nuestra propia esperanza de vida.
  • La mujer trabajadora es la que sale peor parada en todo este contexto. Las cifras más altas de paro se dan en este colectivo, siempre con tasas superiores a las de los hombres. La mujer encuentra mayores dificultades a la hora de acceder a un puesto de trabajo por el «riesgo» (para el capitalista) de que sea madre. Además, en caso de tener un empleo, generalmente cobrará menos que sus compañeros varones. Somos el sustento de la familias, y no pocas veces tenemos que afrontar solas la crianza de los hijos o el cuidado de nuestros mayores.

Todos estos ataques económicos contra la clase trabajadora se retroalimentan con otros ataques políticos y culturales que incluso niegan nuestra propia existencia como clase. Ahora, bajo el neoliberalismo más cruel, todas somos clase media y quien es pobre es poco menos «porque se lo merece». Esta ideología deja entrever que quien se hace rico, los emprendedores, también se lo merece aunque sepamos que su riqueza nace de nuestro trabajo, de nuestra falta de derechos o de que se salten los que aún conservamos, y cuando no de la corrupción, el engaño y el robo sistematizado.

El avance del capitalismo no hubiese sido posible sin los grandes partidos de izquierdas ni los sindicatos mayoritarios, puesto que sus élites al menos, han sido y son igualmente partidarias de la doctrina neoliberal. La mayor victoria del capitalismo ha sido convertir a sus antagonistas en sus defensores y haber dado a entender que no hay otro mundo posible.

Pero la crisis que hoy en día nos azota no es una crisis puntual de la que pronto saldremos, como vaticinan los voceros mediáticos del régimen, sino más bien la expresión de una crisis de sistema, de civilización, que se extenderá irremediablemente a lo largo de las próximas décadas. No podemos perder de vista que vivimos en un mundo finito, con recursos limitados y que estamos agotando algunos de ellos, como el petróleo, vital para los procesos de acumulación capitalista.

Desde esta visión, de que el propio capital lleva ya tiempo acercándose cada vez más rápido al precipicio y que sin duda intentará arrastrarnos en su caída, tenemos que ser conscientes de que debemos articular las resistencias y apuestas políticas desde ya, puesto que de ello dependerán los escenarios en los que nos movamos en adelante.

El 1 de Mayo representa una fecha importante. Es un día en el que recordamos las conquistas obtenidas a través de la lucha y tomamos conciencia de nuestra dignidad, de que somos nosotras las que movemos el mundo, las que hacemos la economía real, las que sostenemos la vida frente a la maquinaria de muerte que sostiene el sistema. Desde este empoderamiento que nos da saber lo que somos y lo que podemos ser, de ir desarrollando políticas que pongan la economía al servicio de las personas, que pongan la vida, y no el beneficio, en el centro. Una vida que merezca la pena ser vivida y que por tanto no sea a costa de otras personas ni del planeta, que a fin de cuentas es nuestra casa común.

Por eso tenemos que organizarnos cada vez más y mejor, a todos los niveles. Desde colectivos de barrio, feministas, de jóvenes, centros sociales y ateneos, redes y organizaciones políticas y por supuesto también sindicatos de clase, entre los que sería deseable una mayor capacidad de confluencia. Solo entre todas, generando poder popular, seremos capaces de hacer frente a lo que viene y estaremos ya ensayando la construcción de una nueva sociedad libre, igualitaria, solidaria y verdaderamente democrática.

¡Viva el Primero de Mayo!

¡Participemos en todos los actos y manifestaciones!

Clase

 

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo al estatus de productor y consumidor en la sociedad capitalista, se convierte en una categoría pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista.  No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como COMUNIDAD DE LUCHA. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En España forman parte del proletariado los seis millones de parados y los dieciséis millones de asalariados que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema. ¿A qué intereses sirve esa aberración ideológica que considera que el proletariado es sólo el proletariado industrial, excluyendo a parados, jubilados, trabajadores precarios, marginados, estudiantes o jóvenes sin trabajo, mujeres discriminadas o sin derechos laborales, y a todos aquellos sometidos a decisiones políticas ajenas, que afectan profundamente a todos los aspectos de su vida cotidiana?

La clase obrera es una clasificación social OBJETIVA, que designa a todo aquel que mantiene una relación SALARIAL con un patrón (ya sea privado o estatal) al que vende su fuerza de trabajo (sus brazos y su inteligencia). La clase obrera forma parte del proletariado, que incluye además a parados, jubilados y marginados. Los proletarios no son propietarios de medios de producción. El salario es la principal forma de esclavitud moderna. LA RELACIÓN SALARIAL no es sólo de carácter social y económica, sino también política, puesto que determina el modo de existencia de quienes no tienen ningún poder de decisión sobre su propia vida.

La clase media incluye, hoy, a algunos trabajadores “autónomos”, esto es, trabajadores independientes y “autoexplotados”, algunos técnicos y profesionales altamente cualificados y a los empresarios sin asalariados. La alta clase media estaría formada por empresarios con algunos trabajadores asalariados, pero sin influencia política decisiva.

Capitalistas serían todos los propietarios de medios de producción, o altos gerentes con poder de decisión (aunque fueran asalariados) de grandes empresas privadas o estatales. Constituyen menos del uno por ciento de la población, pero su influencia política es absoluta, y determinan las líneas económicas que se aplican y afectan a la vida cotidiana de la totalidad de la población. Su lema sería: “Todos los gobiernos al servicio del capital; cada gobierno contra su pueblo”.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2008), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales.

La sociedad capitalista actual, que nos permite la anterior clasificación social en tres clases fundamentales, aún admite en el seno de cada clase una infinita gradación de situaciones económicas, sociales, políticas y culturales, pero se identifica con la EXPLOTACIÓN de los trabajadores por los capitalistas, y tiende a una rápida polarización entre el proletariado (más la clase media proletarizada) y la ínfima minoría de los todopoderosos dirigentes (inferior al uno por ciento y apátrida).

Todo el mundo entiende que existe explotación cuando se habla del trabajo infantil esclavo en manufacturas de la India o China, que producen zapatillas o ropa de marca para multinacionales, con jornadas de 18 ó 20 horas, sin más paga que alimento y jergón en el mismo lugar de trabajo, que venden sus productos en USA o Europa. Y se escandalizan, con razón, ante esa explotación del trabajo infantil esclavo.

Hay que entender que la EXPLOTACIÓN del trabajo asalariado es la ESENCIA de la sociedad capitalista. Todos los asalariados padecen la explotación capitalista (no sólo los niños hindúes). Cuanto más desarrollada es la productividad del trabajo colectivo de una sociedad, mayor grado de explotación experimentan sus trabajadores, aunque puedan consumir más mercancías. La feroz lucha entre los capitalistas por superar y sobrevivir al competidor, impulsa el incremento de la explotación de los trabajadores, al margen de la buena voluntad o ética de cada empresario individual. Los capitales se fusionan y concentran, atacando sin límites las condiciones de vida y laborales de los trabajadores, amenazando con irse a otro país o con contratar más barato entre los millones de parados sin recursos. En cada país un puñado de transna­cio­nales efectúa ventas anuales que superan amplia­mente los presu­puestos nacionales y empuñan el poder de dar trabajo, o no, a millones de desposeí­dos.

El proletariado, que tiende a abarcar hoy a un 75/80 por ciento de la población española, se puede clasificar en asalariados, precarios, parados, prejubilados, jubilados y marginados. La clase media sufre una fortísima proletarización, con amplios sectores de profesionales (en el ámbito de la medicina, arquitectura, enseñanza, tecnologías y servicios sociales), funcionarios y medianos o pequeños empresarios (colectivos que hace cinco años percibían elevados ingresos) que se proletarizan, o incluso quedan marginados económica y socialmente.

El elevadísimo número de parados y el estadísticamente desconocido número de excluidos (por paro de larga duración y/o no percepción de ingreso alguno) hace que los asalariados, en su conjunto, se precaricen colectivamente en sus condiciones laborales y existenciales hasta extremos impensables hace unos años en España y Europa. Incluso desaparece la negociación de los convenios colectivos por sectores o empresas, que son sustituidos por condiciones mínimas y miserables de contratación. Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La tesis neosituacionista y milenarista de la desaparición del proletariado muestra no sólo su irracionalidad y falsedad, frente al inmenso incremento CUANTITATIVO del proletariado en países como China, Sudáfrica, Brasil, Rusia o la India, por no hablar las maquilas centroamericanas, sino su falta de comprensión de la nueva realidad europea, y de la proletarización de las clases medias, surgida con la depresión iniciada en el 2008. Primitivistas y “pro-situs” se han quedado anclados en sus trasnochados análisis, tan desmovilizadores como artificiales e inútiles, confundiendo las características propias de las fases keynesiano/fordista (1945-1975) y neoliberal/toyotista (1976-2007) del capitalismo, con su esencia. Catastrofistas, ludditas, antidesarrollistas, profetas, tecnófobos e idealistas de distinto pelaje y orientación, coinciden en un punto fundamental, que nos desarma como clase revolucionaria en lucha contra el sistema capitalista: afirman que el proletariado ha desaparecido y/o ha dejado de ser el sujeto revolucionario. Identifican una parte con el todo. Confunden clase obrera industrial con proletariado. Creen que el proletariado es una cosa, una estadística o una comunidad de intereses, y no una comunidad de lucha. No comprenden que HISTÓRICAMENTE el proletariado aparece, y ha surgido siempre, de su acción autónoma en la guerra de clases, formándose en la lucha como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo. Desprecian como a bárbaros groseros y desclasados al proletariado de los guetos. Son reaccionarios brillantes y coherentes, muy útiles hoy al capital; pero que pronto desaparecerán en la nada de la necedad y la extravagancia.

Sostener que el proletariado ha desaparecido y que no existe, ni existirá ya nunca más como sujeto revolucionario, en el preciso momento en que empieza a resurgir y brotar del suelo de la lucha de clases, enfrentado a vida o muerte contra el partido del capital, no es sólo una gravísima ceguera teórica y política, sino que les sitúa del otro lado de la barricada. Esos milenaristas confunden una pasajera sequía con el desierto.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy obsoleto y criminal, que además se cree impune y eterno. Revolución o barbarie; lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

Agustín Guillamón

Enlaces del mes: Septiembre 2015

Sobre la guerra de Siria, traemos materiales sobre el curso de la guerra y los movimientos geopolíticos de las potencias regionales e imperialistas de la zona así como los conflictos del pueblo kurdo en Siria. Tenemos también una entrevista reciente a un grupo anarquista turco: las DAF, que nos cuentan sobre la historia del anarquismo en Turquía, en qué ámbitos operan dentro del país así como su compromiso de solidaridad y apoyo activo a la revolución social de Rojava. Del mismo modo, también nos llamó la atención la puesta en marcha de cine comunal en Rojava, que tiene su paralelismo histórico en la colectivización de la industria del espectáculo por parte de la CNT a los inicios de la guerra civil española.

¿Qué situación atraviesa actualmente la clase obrera global? Este artículo ofrece un repaso de las luchas obreras a lo largo y ancho del planeta a partir del ascenso del think tank neoliberal The Chicago Boys, en las décadas de los ’70 y los ’80 del siglo XX, época marcada por una reestructuración del capitalismo tras el fracaso del keynesianismo y el auge de la primera ola neoliberal, pasando el colapso de la URSS, los movimientos antiglobalización de los 2000, la ola de protestas de los movimientos sociales amplios y masivos después de la guerra de Iraq y la crisis económica mundial, hasta hoy, donde se menciona también al proletariado industrial del centro de China y el sudeste asiático. La globalización capitalista ha ido parejo a la construcción de una clase obrera a nivel grlobal, lo que plantea una nueva coyuntura y ver qué papeles jugarán la izquierda y el anarquismo ante ésta.

Durante el verano y tras la desconvocatoria de la huelga de técnicos de Movistar, volvieron al puesto de trabajo sin haber logrado sus reivindicaciones, aunque algo se ha conseguido avanzar. No obstante, no en todos los sitios cesaron las represalias. Con el inicio del curso, los y las técnicas de Movistar están valorando volver con las movilizaciones tras hacer un repaso de lo acontecido este verano después de haber repuesto fuerzas.

En esta entrevista a Mario Celis, repasan la trayectoria que ha pasado el movimiento anarquista chileno y lo que les llevó de pasar de un movimiento subcultural, de colectivos y voluntarista a un movimiento político y revolucionario de organizaciones y frentes, y con responsabilidades políticas y sociales. Fue entonces una época de cambios de tendencias que comenzó en los años ’90 con el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC) hasta unos diez años más tarde cuando se consolidó y comenzó a andar la tendencia, reflejada en la OCL, la FeL y la Izquierda Libertaria principalmente. Llama la atención sobre todo que estas experiencias las estamos viendo en el anarquismo en el Estado esañol. Sin duda, una lectura muy recomendada para impulsar este cambio de tendencias que permitan articular el anarquismo como fuerza política y movimiento. “Arriba los que luchan y no luchan”. El Congreso de Unificación Anarco Comunista de Chile (CUAC) y la apuesta libertaria en el siglo XXI. Entrevista a Mario Celis.

Por otra parte, toda la UE estuvo pendiente de las elecciones generales del 20 de septiembre en Grecia, pais que ya votó en unas elecciones generales a comienzos de este mismo año y en un referéndum en julio. Con la bandera de la soberanía abandonada por Syriza y antes por el Pasok y la ND, la prensa neoliberal (El Mundo, en este caso) nos sirvio esta entrevista con un representante de Amanecer Dorado. Su mezcla de nacionalismo xenófobo y perspicacia a la hora de exponer su imagen a los medios puede explicar la persistencia de este partido como (pequeña) tercera fuerza en las instituciones y en la calle.

En clave estatal, una de las polémicas de final de verano fue la celebracion de la fiesta del «toro de la vega» en la localidad vallisoletana de Tordesillas. El hecho de que su alcalde lo sea por el PSOE ya había llevado a Pedro Sánchez a jugar con los medios y con la oposicion al «toro de la vega» en gran parte del Estado en una ocasión anterior. En esta, Jorge Armesto utilizó su tribuna de opinión en Diagonal para tomar este caso como ejemplo de la capacidad del PSOE y otros grandes partidos para crear una imagen que se sobrepone a la misma realidad de sus políticas.

Interest & Principal: El Origen del Precio de la Tierra(Pierre-Joseph Proudhon)

Estas cartas dirigidas a Frederic Bastiat, un economista, originalmente aparecieron en un debate publicado en La Voz del Pueblo, en 1849. Componen tres artículos en total que no han sido traducidos al español: El Préstamo es un ServicioEl Origen del Precio de la Tierra y La Circulación del Capital, no el Propio Capital, genera el Progreso.

El Origen del Precio de la Tierra

Expliqué antes que en la antigüedad, el terrateniente, cuando ni él ni su familia cultivaban la tierra, como fue el caso entre los romanos en los primeros días de la República, era cultivada a por sus esclavos, esta era la práctica general de las familias patricias. Entonces la esclavitud y el suelo eran bienes encadenados; el agricultor al que se llamaba gleboe adscrpitus, se le unió a la tierra; la posesión de los hombres y las cosas era indistinta. El precio de una granja dependía (1) de su superficie y la calidad de su suelo, (2) de la cantidad de valores y (3) en el número de esclavos. Cuando se proclamó la emancipación de los esclavos, el propietario perdió sus hombres y conservó la tierra; al igual que hoy en la liberación de los negros, dejamos al dueño con su propiedad de tierra y valores. Sin embargo, desde el punto de vista de la ley antigua, así como del derecho natural y cristiano, el hombre nacido para trabajar no puede prescindir de los implementos de trabajo; Sin embargo, desde el punto de vista de la ley antigua, así como del derecho natural y cristiano, el hombre nacido para trabajar no puede prescindir de los implementos del trabajo; los principios de la emancipación implican la utilización de una ley agraria que le garantice y le protege en su uso; de otra manera, esta pretendida emancipación sería sólo un acto de odiosa crueldad, un engaño infame y si, como dijo Moisés, el interés o la renta anual reembolsa el capital, ¿no podría decirse que la servidumbre reembolsa la propiedad? Los teólogos y los legisladores de la época no entienden esto y por una contradicción irreconciliable que todavía existe, continuaron por el carril de la usura pero dieron la absolución al alquiler.

El resultado fue que el esclavo se emancipase y unos siglos más tarde, el siervo emancipado, sin medios de subsistencia, se vio obligado a convertirse en un inquilino y pagar un tributo. El dueño se hizo aún más rico. “Voy a prestarte diez prendas”, dijo el hombre adinerado al trabajador;” las usarás y luego dividiremos las ganancias o bien, siempre y cuando mantengas mi dinero, me pagarás una vigésima; o lo prefieres, a la expiración del préstamo deberá devolver el doble de la cantidad que originalmente recibió. A partir de esto surgió la renta del suelo, desconocida por los rusos y los árabes. La explotación del hombre por el hombre, gracias a esta transformación, pasó a la forma de ley: la usura, condenada en forma de préstamos al interés, tolerada en el contrat a la grosse, fue ensalzada en forma de renta de granjas. A partir de ese momento el progreso comercial e industrial sirvió para hacerla cada vez más y más habitual. Esto fue necesario con el fin de exhibir todas las variedades de la esclavitud y el robo y para establecer la verdadera ley de la libertad humana. Una vez comprometido en esta práctica el interés, así entendido de forma extraña, por lo que aplicado incorrectamente, la sociedad comenzó a girar en el círculo de sus miserias. Entonces la desigualdad de condiciones ya parecía una ley de la civilización y el mal una necesidad de nuestra naturaleza. Dos caminos, sin embargo, parecían abrirse a los trabajadores para liberarse de la explotación por parte del capitalista: una era, como ya he dicho anteriormente, el equilibrio gradual de los valores y en consecuencia una disminución en el precio del capital; el otro era la reciprocidad de beneficios.

Pero es evidente que la renta del capital, representada principalmente por el dinero, no puede ser totalmente destruida por la disminución de este; como bien dices, señor, si mi capital no me trajo nada, en lugar de prestarlo debo mantenerlo y el trabajador, como consecuencia de haberse negado a pagar el diezmo, se quedaría sin trabajo. En cuanto a la reciprocidad de la usura, es ciertamente posible entre contratista y contratista, capitalista y capitalista, propietario y propietario; pero entre propietario, capitalista, contratista, y el trabajador común, es absolutamente imposible. Es imposible, digo, siempre y cuando el beneficio del comercio sobre el capital se sume a los salarios de los trabajadores como parte del precio de la mercancía, para el trabajador a la readquisición de lo que él mismo ha producido. Vivir trabajando es un principio que, mientras exista el interés, implica una contradicción. Lo absurdo de la teoría capitalista se demuestra por el absurdo de sus consecuencias; la maldad inherente a los resultados del interés con de sus efectos homicidas y, si bien la propiedad comienza y termina en el alquiler y la usura, se establecerá su afinidad con el robo. ¿Puede existir bajo otras condiciones? Por mi parte, yo digo que no: pero esto es una investigación totalmente ajena a la cuestión que estamos discutiendo y no voy a entrar en ella. Mira ahora la situación de ambos; capitalista y obrero, como resultado de la invención de dinero, el poder de la especie y la similitud que se establece entre el préstamo de dinero y el arrendamiento de tierras y casas. El primero,-para ello es necesario que lo justifique incluso ante tus ojos, -controlado por el prejuicio en favor del dinero, no puede desposeerse gratuitamente a sí mismo de su capital en favor del trabajador. No es que tal desposesión sea un sacrificio, ya que en sus manos el capital es improductivo, ni que él incurra en el riesgo de pérdida para, mediante la adopción de una garantía hipotecaria, él se asegura el reembolso; ni que esta prestataria le cueste el más mínimo problema, a menos que considere como tal contar el dinero y la verificación de la seguridad; pero porque por desposeerse a sí mismo para siempre de tan poco de su dinero,-de ese dinero que, por su prerrogativa, es como ha sido tan justamente dicho, el poder,- el capitalista disminuye su fuerza y su seguridad.

Esto sería al revés si el oro y la plata fuesen solamente mercancía ordinaria; si la posesión de monedas fuese considerada más deseable que la posesión de trigo, vino, aceite o cuero; si la simple capacidad de trabajo le diese al hombre la misma seguridad que la posesión de dinero. Ahora, esta necesidad que se impuso sobre el capitalista por un perjuicio involuntario y generalizado es, como considera el obrero, el más vergonzoso de los robos así como la más odiosa de las tiranías, la tiranía de la fuerza. ¿Cuáles son, de hecho, las consecuencias teóricas y prácticas para la clase trabajadora; para esta vital, productiva y moral porción de la sociedad, de los préstamos a interés y su contraparte; el arrendamiento de la tierra? Yo hoy me limito a la enumeración de algunos de ellos, por lo que llamo su atención y que en lo sucesivo, si le agrada, será objeto de nuestra discusión. Y en primer lugar, es el principio del interés o del producto neto lo que permite a un individuo real y legítimamente poder vivir sin trabajar: esta es la conclusión de su última carta pero una, de hecho, es la condición a la que cada uno hoy aspira.

De nuevo: Si el principio del producto neto es cierto para el individuo, debe ser cierto también para la nación; por ejemplo, la capital de Francia, tanto real como personal, siendo valorada en ciento treinta y dos mil millones, lo que da al cinco por ciento un ingreso anual de 60 a 600 millones, al menos la mitad de la nación francesa podría, si quisiera, vivir sin trabajar; en Inglaterra, donde la cantidad de capital acumulado es mucho mayor que en Francia y la población mucho más pequeña, la nación entera; desde la reina Victoria hasta el más bajo parásito de los hijos de Liverpool, viviríamos en el producto de su capital , paseando con el bastón en la mano o gimiendo en reuniones públicas. Lo que nos lleva a esta conclusión: evidentemente, es absurdo que gracias a su capital una nación tenga más ingresos de lo que su trabajo puede producir. Una vez más: El importe total de los salarios pagados anualmente en Francia está sobre los seis mil millones y el total de los ingresos devengados por ser la capital son también de seis mil millones haciendo que el mercado valore el producto anual de la nación en doce mil millones. Los productores, que son también consumidores, pueden y deben pagar con los seis mil millones de salarios que les permiten los doce mil millones que exige su comercio como precio por su mercancía y sin el cual los capitalistas se encontrarían sus ingresos mermados. Una vez más: El interés, siendo perpetuo en su naturaleza y no siendo considerado, como Moisés deseaba, un reembolso del capital original y además siendo posible colocar los ingresos de cada año a un interés formando a su vez un nuevo préstamo y, en consecuencia, dando lugar a un nuevo ingreso. La menor cantidad de capital podría, con el tiempo, producir sumas demasiado grandes hasta exceder en valor como una masa de oro tan grande como el mundo en que vivimos. El precio demostró esto en su teoría de la liquidación. De nuevo: La productividad del capital es la causa inmediata y exclusiva de la desigualdad de la riqueza y la acumulación continua de capital en pocas manos Hay que admitir, a pesar de los avances del conocimiento, a pesar de la revelación cristiana y la extensión de la libertad pública que la sociedad se divide de forma natural y necesariamente en dos clases: una clase de capitalistas que explotan y una clase de trabajadores explotados.

1 2 3 4 5