Respuesta al artículo de La Colectividad sobre los espacios no-mixtos

Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas

de estas personas defienden los grupos no-mixtos»1

Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. No me siento nada cómodo hablando sobre estos temas de esta forma, es decir, con proyección pública, más allá de los grupos en los que me muevo y siempre más dispuesto a escuchar que a hablar, pues precisamente, al pertenecer al grupo opresor, me siento sumamente hipócrita. Además, creo que al hacerlo concurro precisamente en uno de los hecho que critico, como es el de elevarme como defensor de un grupo que no me lo ha pedido y que si necesita ayuda, la pedirá.

Dicho esto, el texto no me ha dejado nada indiferente y, puesto que apoya su argumentario en una forma de vida que yo mismo he escogido, me he tomado el lujo de contestar, aun sabiendo que cualquier mujer podría rebatirlo fácilmente. Espero que se me perdone.

He decido comenzar la respuesta con una cita extraída del propio texto que me parece que resume perfectamente los pecados capitales encontrados en él. “Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos”, es una frase que aúna en sí una superioridad, una arrogancia y una condescendencia fatales, muy intrínsecas al hecho de ser hombre, que nos creemos en conocimiento de todo, así como me parece que muestra una gran falta de comprensión en el tema.

Simplemente por el hecho de que hayas escrito un texto así siendo hombre, por el hecho de que cuestiones los espacios no-mixtos desde esa posición, por el hecho de que intentes organizar su lucha, de la que nosotros somos cómplices y perpetuadores (aun cuestionándonos y revisándonos todo lo que nos dé la gana), creo que estos espacios se justifican al 100% solos, sin que nadie los tenga que defender.

Sin embargo, decides dar “una vuelta de tuerca más”, en el 5º párrafo, con las siguientes líneas:

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.”

El ser machista no se trata sólo de ser paternalista, por desgracia tiene muchas caras, algunas más sutiles (digo sutiles porque a piori es posible que no se aprecien tan claramente), aunque igual de dañinas. Una de ellas puede ser la apropiación del espacio público, que en este contexto situamos en una asamblea. La capacidad para ser escuchado siendo hombre, así como su capacidad para hacer suyo el espacio, mediante el lenguaje no verbal y el verbal, es bastante más alta de la que parte la mujer, con las consiguientes dificultades para expresar su opinión, tratándose éste, además, de uno de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar, la imposibilidad histórica de mostrar su opinión, su pensamiento. Me parece un fallo garrafal el no cuestionarse eso viniendo del mundo anarquista, cuando toda nuestra actividad política es determinada por las asambleas (a nivel colectivo). Si se quiere un movimiento realmente igualitario y de apoyo mutuo, puede que el primer paso sea espacios donde bregarse, donde adquirir confianza y hacerse fuerte, como los espacios no-mixtos. No obstante, mi labor aquí no es abogar por tales espacios, pues como digo un poco más arriba, se defienden prácticamente solos.

Pero aparte de todo esto, existen las conductas machistas que saltan a primera vista y, en este párrafo, brillan con luz propia. El hecho de infantilizar, de reducir a lo pueril y a lo estúpido un argumentario serio como el de los espacios no-mixtos, muestra precisamente ese paternalismo del que tanto te quejas, ese falso tópico de que sabemos más y esa falsa creencia, consciente o inconsciente, de que tenemos que ser quienes guíen a los distintos grupos poblacionales a la emancipación. Muy propio de nosotros, hombres, y muy propio de los europeos, si se me permite.

Me gustaría pasar ahora al tema de las identidades. En el 4º párrafo comentas: “De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción”. Me resulta muy curioso que te arrogues la capacidad de decidir qué es o no anarquismo en un tema así, cuando la mayoría de textos políticos con los que partimos vienen dejados por hombres. Personalmente, me parece lo más lógico del mundo que en una persona convivan varias identidades y, siendo mujer, me parece aún más lógico centrarse en la identidad género si ves que otras, como el anarquismo, no actúan eficientemente para resolver tus problemas. Ejemplos como este texto creo que refuerzan esa opción e “igual” la solución no está en criticarlos, sino en revisar comportamientos y hacer autocrítica, sin olvidarnos, por supuesto, de llevar las conclusiones a cabo, que si no hacemos nada. Por todo ello no entiendo que digas que eso no es compatible con el anarquismo, pues precisamente en nuestro mundo, en el que por otro lado tanto nos enorgullecemos del tema ideas-hechos, ha sido tradicionalmente más fácil la introducción de distintas tendencias o pensamientos, como el veganismo o el feminismo, al no tener tan claramente dibujados sus contornos, pero sobre todo, por la importancia que damos a la autonomía y auto-organización, cuestiones ambas que definen perfectamente los grupos no-mixtos. Me gustaría que me explicaras qué problema ves en que un colectivo de mujeres, soberano y autónomo, se integre en, por ejemplo, una estructura federalista, dispuestas a cooperar en el panorama general en todo lo posible, pero decididas y conscientes en que o lideran su lucha o nadie lo hará por ellas. Se me escapa.

Siguiendo con este tema, del párrafo 6º a mí también me gustaría resaltar lo siguiente: “Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar”. Sinceramente, yo no sé dónde encuentras la política de apartheid. Un grupo autónomo y consciente, siento repetirme, te está diciendo que no quiere que te metas en su modo de hacer las cosas, que lo consideran necesario y que están hartas de que los machitos revolucionarios tengamos que ir a liderar su lucha o sus protestas en cuestiones que les afectan a ellas por el hecho de ser mujer. ¿Te gustaría que gente que no es afín a tus ideales o prácticas, o que en muchos casos incluso consideras enemiga, se metiera en tu asamblea a decirte cómo coño tienes que hacer las cosas? Y parece mentira que siempre haya que poner ejemplos de este tipo, que nos toque personalmente, para sentir un mínimo de empatía o para intentar comprender las cosas. Además, no dejo de preguntarme cuántos iríamos o dejaríamos de “poner el grito en el cielo” si nos invitasen o pudiésemos transitar libremente por estos espacios, ya que muchos de nosotros ni siquiera somos capaces de dar difusión a eventos feministas o transmaribibollos, por no hablar del hecho de sacarlos adelante.

El remate final a este cúmulo de despropósitos lo encuentro en los párrafos 7º y 8º, donde comparas la situación con los colectivos de inmigrantes. Per se, noto de nuevo falta de comprensión, al tener que estar continuamente comparando grupos de opresión y no entender cada cosa en su contexto, a lo que se suma la petición, realmente asombrosa, de que: me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. Si un colectivo de inmigrantes te dicen que no ven lógico que tú, como persona que no es inmigrante (=mujer) formes parte de su colectivo porque culturalmente eres heredero de un sistema de valores que perpetúa su opresión, europeo-raza blanca (si no te ajustas a los parámetros, perdón, pero quiero poner el ejemplo máximo), ¿te enfadarías igual?, ¿les llamarías estúpidos?, ¿les negarías la ayuda cuando ELLAS Y ELLOS te la pidiesen?

Por eso hablo de remate final, porque para empezar, te vuelves a erigir como voz autorizada pública de un colectivo que quizás no sea el tuyo y que no te lo ha pedido. Junto a esto, pasas a comparar una parte un colectivo (grupos no-mixtos) con un colectivo en su totalidad, para reforzar vanamente tu argumentación. Pero además, porque en este caso también me da la sensación de que hablas de ellas y ellos sin cuestionarte seriamente tus privilegios. No somos los salvadores del mundo, hay cosas que no llegaremos a entender del todo bien (determinadas por el género, la raza o la cultura) y lo que veo más lógico es hacerse a un ladito, aprender, escuchar y ayudar o solucionar problemas CUANDO TE LO PIDAN.

A modo de conclusión, que creo que me estoy extendiendo demasiado, me gustaría exponerte que hay grupos donde “hombres honestos que luchen en el frente del feminismo” pueden empezar a cuestionarse sus privilegios y llevar las conclusiones obtenidas a su realización, como Desmachirulándose, salido de la asamblea de Lavapiés, así como recordarte que esta iniciativa es posible en cualquier ámbito, no es necesario que acudas allí. Por último, decirte que justificar tu rabieta (feminazi stole my ice-cream) con algo como el anarquismo, que en mi opinión tiene la capacidad intrínseca de cambio donde se podría dar una igualdad más o menos real (a lo largo de muchas y duras décadas de cambios, por supuesto), me parece realmente horrible.

Termino esperando no haber metido la pata demasiado, recordando que soy consciente de que soy parte del problema y pidiendo disculpas por si me he erigido en defensor de algo en lo que creo fervientemente que debemos participar, pero no dirigir.

Sergio Buendía

1 Cita extraída del texto en cuestión, 4º párrafo.

Grupos no-mixtos

El otro día leía con cierto asombro un debate entre varias personas en Twitter—sí, sí, ya sé que no es el mejor lugar para debatir—sobre una manifestación feminista no-mixta. Tal vez, lo que más me sorprendió fue la virulencia con la que algunas personas defendieron la manifestación, una virulencia que, a mi parecer, adoptó tintes nada anarquistas.

Nadie va a negar que la separación de la sociedad en géneros es problemática, sobre todo si esta separación es jerárquica. Recordemos que los géneros son construcciones sociales en base al sexo biológico—que por cierto, no tiene por qué ser binario como nos enseñan en la escuela. Vivimos en sociedades machistas donde los roles sociales asignados a las mujeres son degradantes respecto a la dignidad inherente de cualquier ser humano, sea del sexo que sea. Desde mi personal visión anarquista de la vida, no veo ni útil, ni moralmente aceptable, dividir la sociedad en géneros jerarquizados, pues a fin de cuentas todas las personas, sean del sexo que sean, tienen las mismas potencialidades en casi todos los aspectos de la vida—digo «en casi todos» porque, por ejemplo, los hombres no pueden parir.

Como individuos, todos los seres humanos, independientemente de su género, tienen la misma dignidad, la misma necesidad de libertad y, sobre todo, la misma capacidad para encontrar ésta. Una de las cosas que más me atrae de la filosofía anarquista es su clara argumentación en favor a la cooperación, a la ayuda mutua, a la solidaridad entre individuos, especies, géneros, etnias, o lo que sea. El anarquismo rechaza esa concepción furibunda y competitiva del capitalismo y del darwinismo. La vida florece en todos los lugares gracias a la cooperación; no hace falta competir por recursos escasos; no hace falta competir por mejorar, por ser les mejores. La vida es un camino que se puede caminar de la mano, sin cadenas y sin grilletes.

De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción. Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos. Es más, comparto dos de las argumentaciones, las cuales yo resumiría en:

  • Los grupos no-mixtos empoderan a las personas oprimidas.
  • Los grupos no-mixtos enseñan a las personas oprimidas a desarrollar tácticas de lucha más efectivas.

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.

El machismo es algo internalizado, socializado, e institucionalizado. Eso nadie lo niega. Decir que el machismo está socializado significa decir que los comportamientos machistas puedes darse de manera subconsciente. Un grupo feminista no-mixto puede, potencialmente, evitar este machismo subconsciente al rechazar la presencia de ciertas personas. De ahí que, personalmente, sí que defienda la creación puntual de grupos no-mixtos y la realización de acciones de lucha no-mixtas. Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar.

El problema, a mi parecer, surge cuando se confunde la exclusión con la expulsión. En un grupo de afinidad, por ejemplo, podemos encontrar personas autoritarias cuyo quehacer no es de agrado. En este sentido, el grupo expulsa a dichas personas, pero no las excluye a priori—o las personas que no se sienten cómodas abandonan el grupo y forman otro. De esta manera, lo que me sorprendía de aquel debate en Twitter era la facilidad con la que ciertas personas excluían, sistemáticamente, cualquier opción de participación «masculina» en grupos feministas—desde luego, con esto no quiero decir que toda persona feminista opte por esta exclusión, ni que toda persona que opte por grupos no-mixtos lo haga siempre de forma sistemática.

Una vez más, y para dejarlo claro, los grupos no-mixtos tienen una gran utilidad en muchas ocasiones, pero no es así de forma sistemática. Siguiendo la lógica de las personas que deciden excluir sistemáticamente a otras personas de ciertos grupos de acción, entonces, me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. ¿No es acaso la etnia de las persona otro frente de batalla en nuestras sociedades capitalistas? ¿Qué pinta una persona del grupo étnico dominante en una manifestación de grupos minoritarios? Espero que se vea lo absurdo de estas dos preguntas.

Para finalizar, me gustaría dar una vuelta de tuerca más a la cuestión del empoderamiento. Sigamos con el ejemplo de les migrantes. Es cierto que estos grupos minoritarios tienen una limitada capacidad de acción por multitud de razones—un ejemplo puede ser la condición irregular en un Estado que les puede deportar, encarcelar, e incluso matar. Ninguna persona anarquista sensible al tema negaría que un escenario ideal para estas personas migrantes sería un espacio de acción autónomo en el que elles mismes pudieran organizarse y luchar, sin necesidad de personas pertenecientes al grupo étnico dominante. No obstante, también sería absurdo decir que todas las personas no-migrantes que a diario luchan en este frente de batalla son, o se comportan, de manera paternalista. Desde luego puede haber paternalismo en un sinfín de ocasiones, pero no tiene sentido subsumir, de manera sistemática, el comportamiento de todas las personas en el paternalismo.

La ayuda mutua y la solidaridad no conoce de géneros, sexos, etnias, edades, o lo que quiera que sea, pues son cualidades inherentes a la raza humana—y solamente hay una única raza humana. Habrá hombres honestos que luchen en el frente del feminismo, y habrá otros que lo hagan de forma paternalista, autoritaria, y sexista. O tal vez encontremos hombres honestos que quieran genuinamente librarse de la lacra del machismo socializado. Y si algo creemos les anarquistas, pienso yo, es que se aprende haciendo; es decir, mediante la acción.

Fuego al patriarcado mediante la ayuda mutua entre seres humanos, sin distinción de género o sexo, pues nosotres somos la medida de nuestras jaulas personales.

[Recomendación] Federica Montseny

Hoy se celebra, como muchas podréis ver en la web de Google, el 126º aniversario del nacimiento de Clara Campoamor.

Sin embargo, este artículo no va dirigido a ella, si no a otra gran mujer, mucho menos conocida (o al menos, publicitada), probablemente por su condición de militante libertaria. Hoy se celebra el 109º aniversario de su nacimiento: Federica Montseny.

Y para hacer honor a esta gran mujer y militante, además de servir como recordatorio para todas nosotras, os recomiendo un documental, en forma de entrevista, sobre su vida, que se realizó en 1991 en Touluse, donde vivió su obligado exilio tras la guerra civil española, hasta su muerte, el 14 de enero de 1994.

Para ver el documental, pinchad aquí.

Assata Shakur

Enlaces del mes: Diciembre 2013

[Recomendación] Perritos perdidos

Texto extraido de uno de los antiguos blogs de Alasbarricadas.org. En concreto el del Sr. Povondra, también conocido por otros nombres. Vaya el homenaje para él, donde quiera que esté:

Perritos perdidos

Un perro perdido es ese perro sin amo que se va siempre detrás del primero que pasa y que los puedes ahuyentar a pedradas si quieres o hacerles mil putadas. Todos tenemos necesidades afectivas y las relaciones, esporádicas o estables, nos ayudan a satisfacerlas y son buenas para la autoestima cuando son gratificantes. Otra cosa es cuando eso se busca compulsivamente o degrada a las personas que, por lo que sea, están dispuestas a intercambiar sexo por aceptación o un par de palabras amables y después se sienten un trapo.

Los «antisistema» estamos aburridos de advertir (casi siempre en ojo ajeno) sobre el peligro del consumismo compulsivo, el alcoholismo compulsivo, el pastilleo, los porros… La anorexia también la vemos mal, pero se nos queda fuera la sexualidad compulsiva, que es algo que también fomenta la televisión hora sí y hora también y se ha convertido en una forma de relación que todavía se contempla como guay y casi casi necesaria para no sentirte un miserable en esta vida. Y la sexualidad es algo muy delicado que influye en las personas por lo menos tanto como las drogas. ¿Qué pasa, que porque juguemos a detectar la sexualidad subliminal de la publicidad comercial y no compremos coches estamos ya liberados de todas las dinámicas mentales opresoras?

Cuando se habla de promiscuidad se trata de definir una conducta de sexualidad que puede ser libre o meramente desordenada, sin distinguir ni pararse a mirar en lo que mueve a las personas a adoptar esa forma de sexualidad. Desde el machismo tradicional hay muchos nombres para las promiscuas: calentorra, cachonda, ninfómana, puta… Esos nombres sirven para despreciar a las mujeres que no llegan vírgenes al matrimonio –qué escándalo- o no casan con las normas tradicionales, pero también etiquetan a algunas mujeres que realmente son incapaces de controlar su propia sexualidad y se convierten en objeto y presa de quien quiera pasárselas por la piedra.

En nuestra especie, como en todas, la sexualidad marca las relaciones sociales. La ligamos a la afectividad pero, a través del lenguaje, también a la jerarquía. El lenguaje de la sexualidad puede dividir nuestro mundo en jodidos y jodedores: las personas jodidas, machos o hembras, son rebajadas, valen menos. Esa ambigüedad en el lenguaje no es casual. A todos nos ha puesto el gato el culo en pompa para reconocer su sumisión y la sodomía también es una forma de establecer jerarquías entre animales gregarios. Hasta hace bien poco era normal entre las personas elegir una mujer y ligarla a ti por medio de la violación, que es lo habitual en el resto del reino animal y no deja de ocurrir entre personas. Violentar la voluntad ajena a través del sexo sigue siendo una forma de obtener sumisión.

De acuerdo con que hemos sido capaces de civilizarnos más allá de esos esquemas de manada de mandriles y sabemos que la sexualidad también se puede vivir de una manera más libre, pero también puedo visitar páginas porno y ver lo que esperan muchos hombres de las chicas que se abren de piernas ante la cámara: junto con toda la colección de mujeres de otras razas, sexo con animales y demás podemos encontrar: lolitas, cachondas, borrachas… y me temo que los ojos de algunas “sucias adolescentes rusas” mirando a la cámara los he visto fuera de las fotos, en la «vida real». El gran negocio del porno suele reproducir el esquema del sexo como acto de dominación. Las miradas de muchas de esas mujeres son terribles.

Igual que existe la figura del tonto del pueblo existe otra menos publicitada: la puta del pueblo. A la “puta” de mi pueblo se la han follado entre varios más de una vez, le han hecho de todo. También he oído contar historias de “putas” de pueblo tiradas desnudas en cunetas, con la memoria bloqueada, folladas entre varios sobre una mesa de billar, penetradas con animales, objetos… igual que sabemos que se viola en grupo a muchas inmigrantes para quebrar su voluntad y poder prostituirlas más cómodamente. A eso se le llama esclavitud sexual y no sólo lo practican los rumanos malosos, sino también Fuenteovejuna. Igual que el virgo sigue garantizando en más de medio mundo que quien lo rompa poseerá a la desvirgada para siempre. El lenguaje del sexo y la posesión vuelve a entrelazarse. No siempre hay violencia en estos actos, a menudo es mera cuestión de costumbre. A veces la función de los chulos se diluye en el colectivo pero sigue funcionando.

Hay veces que la “puta” tiene una necesidad compulsiva de cariño o aceptación (que aumenta con cada nueva humillación) y se deja arrastrar a donde sea. Piensa que a través de su sexualidad va a poder ejercer poder u obtener respeto y en realidad …(susurro o apunte mental: “esta es una cachonda”). Piensa que obtendrá ese poder y esa autoridad, esa estima que se niega a sí misma, a través de las que tiene quien se la folla. Lo que se llama la erótica del poder, de donde nacen las groupies. Y seguro que hay infinidad de motivos más y que siempre se combinan tantos como el cacao mental de quien los arrastra. También hay mujeres que, efectivamente, ejercen y obtienen poder a través del sexo, pero ahora no estamos hablando de ellas.

No sé cómo habrán roto o abusado de la curiosidad sexual infantil de aquellas mujeres que sólo saben relacionarse afectivamente abriéndose de piernas, no sé qué hostias puede haberle pasado a cada una de ellas. Ahora no estamos hablando del subidón de ¡qué tía estás hecha!, sino de las mujeres que se entregan para escapar del bajón de ‘no valgo nada’. No son conquistas sino rendiciones, no son vencedoras sino carnaza. Mucha gente no consigue escapar de su papel de víctima, incluso se recrea en él. ¿debemos por ello aprovecharnos de la situación los demás? En la tele se hartan de decirnos que hay que follar mucho (risas enlatadas).

¿Miseria sexual? ¿Quién, nosotros? ¿Nosotras? ¡Pero si llevamos camisetas políticas y vamos a centros sociales! ¡No ponemos etiquetas machistas! ¡No existe algo así como la puta del centro social!

Cada fin de semana por lo menos un rollo, a ser posible, entre gente que se pone hasta el culo de todo y olvida que no se debe utilizar a los demás para satisfacer las propias necesidades y sálvese quien pueda y quien no, que se joda. A lo mejor estamos siguiendo conductas compulsivas, dañinas en muchos aspectos, mientras mantenemos la ficción del buen rollo, de creernos todos libres (¡nosotros: la vanguardia de las libertades venideras!) y curados de espanto. Al no empezar a plantearnos a partir de qué grado de borrachera te estás aprovechando de la situación. Al no reflexionar (es muy complicado todo) si puede haber daño sin violencia. Porque casi todos y casi todas podríamos llegar a sentirnos mal en un momento dado y es mejor correr un tupido velo que enfrentarse a las propias miserias. Y por eso la conciencia de la miseria sexual no se da ni en el ámbito privado, la única miseria sexual parece ser que no se folle, ¡como para abordar abiertamente el tema si mucha gente no conoce o no se plantea la mierda que le rodea!

Los machistas de toda la vida han condenado a mujeres con una labilidad que puede ser pasajera (un error o una mala racha) o simplemente entienden la sexualidad de otra manera a ser eternamente putas, cachondas, ninfómanas porque esa etiqueta da patente de corso a los triunfadores, que suelen ser ellos mismos una panda de borrachos frustrados de la vida. Sin embargo, sin ser puta oficial de ningún colectivo especialmente machista, también hay mujeres que van dando tumbos de grupo en grupo hasta que, se cansan de ellas, las rechazan o pasan a otro ambiente donde no las conocen todavía ni se les ocurre pensar que lo suyo es un problema. ¿Nadie ha conocido a nadie así? Tampoco ayuda lo contrario: pensar que esas personas que van dando tumbos de asiento trasero en asiento trasero, váter en váter y cama en cama son triunfadoras admirables.

Si ya es duro reconocer que se está deprimido o se tiene un desorden alimenticio, qué duro debe de ser vivir con un problema con implicaciones tan directas con nuestra afectividad y nuestro lugar en el grupo, qué duro ver que te has dejado utilizar, recuperar la autoestima y afrontar lo que viene después de la resaca con la cabeza alta y la mente despejada. No es raro que las personas huyamos hacia delante.

Perchas, aborto y represión policial

Ya estábamos calentando motores desde hace algunas semanas. Se movían convocatorias para todo el Estado que decían: «El viernes que se anuncie la contrarreforma de la ley del aborto, en cada ciudad, concentración a las 19h». En Madrid, aprovechándonos de vivir en la capital, la concentración se realiza en el Ministerio de (in)Justicia.

Ayer, viernes 20 de diciembre, el Congreso aprobó el Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. En ella, sólo se consiente el aborto en dos supuestos:

 En caso de violación, antes de las 12 semanas de embarazo, y con la condición de que se haya denunciado. Teniendo en cuenta que la mayoría de las violaciones no se denuncian por miedo o vergüenza de las víctimas, ¿cuántas mujeres acabarán teniendo un niño o niña fruto de la mayor agresión machista que hayan sufrido? Probablemente muchas.

El otro caso en el que se despenaliza el aborto es: «si existe riesgo de grave peligro para la salud física o psíquica  de la mujer», y se podrá realizar hasta las 22 semanas de embarazo, o más tarde, solo si no se detectara la incompatibilidad de la vida con el embarazo dentro de dicho periodo. Para ello, debe ser recomendado por dos especialistas de las patologías que pudiera sufrir la mujer y que además sean ajenos al centro donde se vaya a realizar el aborto, excepto cuando exista un riesgo vital para la mujer.

Se elimina el aborto libre de la ley del 2010 hasta las 14 semanas, que garantizaba el derecho de cada mujer a decidir sobre su propio útero, además del aborto en el caso de que existieran malformaciones en el feto. Si añadimos esto a la eliminación de las ayudas a la dependencia, nos encontraremos a madres con niños y niñas con necesidades específicas ( y caras, en muchas ocasiones) que no pueden mantenerles debido a la pobreza en la que nos está sumiendo este gobierno.

Asimismo, se regula: la objeción de conciencia del médico, las menores entre 16 y 18 años vuelven a necesitar el consentimiento paterno y en todos los casos la mujer debe esperar 7 días entre la solicitud del aborto y la realización del mismo, en vez de los 3 días de la anterior ley.

Por eso ayer nos manifestamos. En Madrid, como he señalado antes, nos reunimos en el Ministerio de Injusticia, donde había un ambiente muy tranquilo, solo roto por los mismos cánticos que gritaban nuestras madres ( o incluso abuelas) años atrás. Cerca de las 9 de la noche nos decidimos a hacer una reclama por las calles de Madrid, y llegamos a la Plaza de Juan Puyol. Allí nos dividimos en dos grupos, básicamente por falta de organización, pero al final ambos acabamos pasando por la Gran Vía, la calle Montera, la Puerta del Sol, la calle Carretas y acabamos en la Plaza de Jacinto Benavente. Al llegar, había pocos ánimos y lo único que hicimos fue cantar un par de consignas y quemar un muñeco con la careta de Gallardón. Después de eso el ambiente estaba tan relajado que muchas empezaron a irse. A las que se quedaron, podéis ver lo que les pasó aquí:

La policía golpea y detiene a varias personas tras una protesta contra la ley del aborto

En definitiva, el resultado de esta ley es: el control de nuestros úteros para ponerlos al servicio de un estado misógino y fascista. Queda claro que este gobierno piensa en las mujeres como meros medios reproductivos y no como personas. ¿A dónde nos lleva esto? A la percha. Pero no para todas, porque en las clases dominantes, las privilegiadas, las blancas, las socialmente adaptadas, seguirán volando a Londres para «pasar unas mini-vacaciones». Son las pobres, las marginadas, las inmigrantes, las jóvenes, las víctimas de violaciones, quienes morirán desangradas por abortos inseguros en sus propias casas o en clínicas clandestinas más parecidas a carnicerías que a otra cosa. Este gobierno está condenando a las mujeres a la muerte.

Podéis ver la rueda de prensa que dio Gallardón el viernes aquí, o la nota de prensa que explica algunas de las características de la nueva ley aquí

Assata Shakur

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