CNT-AIT Madrid llama a la huelga general el próximo 14 de noviembre

La manifestación de CNT-AIT en Madrid tendrá lugar a las 18h desde el metro de Buenos Aires a la Plaza Vieja, en el barrio de Vallecas.

El próximo 14 de noviembre llamamos a un nuevo paro de veinticuatro horas. Seis millones de parados/as, reducción de la prestación por desempleo, trabajos cada vez más precarios, abaratamiento del despido, rebajas salariales, brutales recortes en sanidad y en educación, desahucios, recrudecimiento de la represión… No tenemos excusa para no luchar, y paralizar la producción constituye sin duda uno de los medios más eficaces que tenemos para ello, al dañar los intereses de los responsables directos de esta situación: los patronos, banqueros, políticos y burócratas sindicales, es decir, la clase dominante.

Aprovechando la crisis y el incremento del miedo entre la clase trabajadora (ya sea a perder el trabajo o la casa, o bien a quedarnos paralíticos por una carga policial), los capitalistas están acelerando la transformación de Europa en una economía exportadora de bajo coste para incrementar sus beneficios a costa de reducirnos los salarios y las coberturas sociales y restringirnos nuestros derechos laborales, incluido el de movilizarnos. Si dejamos nuestros derechos en manos de la voluntad ajena, podemos tener la certeza de que no van a durar eternamente, sino que se desvanecerán cuando la burguesía ya no sea vea obligada a renunciar a una parte de sus beneficios por miedo a perder el poder. Por lo tanto, nuestra única forma de mantener los derechos de los que disfrutábamos hasta ahora consiste en entenderlos como conquistas fruto de décadas de lucha obrera y en organizarnos para defenderlos.

Ahora bien, hay que rechazar frontalmente cualquier propuesta de restaurar la sociedad del consumo, basada en la desigualdad, la destrucción del medio y el individualismo. Nuestro objetivo como oprimidos/as no debe tender solamente a paralizar y revertir los recortes mediante los cuales se pretende hacer cargar sobre nuestros hombros el peso de una crisis de la que no somos responsables. Es necesario además que arrojemos al basurero de la historia un sistema económico y político que no ve en nosotros/as personas, sino una partida presupuestaria más, simples recursos humanos de usar y tirar. Frente a esta situación no caben paños calientes: contra todo intento de reformar la explotación para volverla más soportable, abogamos por levantar una sociedad libre a igualitaria sobre las ruinas del presente orden social. Únicamente la revolución social anarquista satisfará el anhelo del ser humano de vivir con dignidad.

Huelga general contra la esclavitud del capital, sí, pero también contra un modelo sindical electoralista, subvencionado y delegacionista que únicamente ha servido para desmovilizar a la clase trabajadora. Desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la actualidad, los gobiernos de diferente signo político que hemos padecido en España han tratado de dar al Estado un papel mediador en los conflictos entre capital y trabajo, con el objetivo final de desmantelar la lucha de clases. La pobre respuesta que los/as trabajadores/as estamos dando a los recortes habla claramente del fracaso de esas estructuras a la hora de defender y mejorar nuestras condiciones de vida. No sólo el fin no justifica los medios, sino que los medios son al fin lo que la semilla es al árbol, así que no debe extrañarnos que un modelo sindical diseñado por la clase dominante nos proporcione unos frutos tan amargos. Por eso, los/as anarcosindicalistas decimos no a los comités de empresa, a las subvenciones y a los liberados sindicales, y apostamos por que la clase obrera se dote de una organización asamblearia, horizontal y autogestionada que le permita resolver sus problemas mediante la acción directa y el apoyo mutuo. Nuestra fuerza no reside en elegir cada cuatro años a nuestros representantes sindicales, del mismo modo que se eligen cada cuatro años a los representantes políticos, sino en recuperar la asamblea y la sección sindical como organismos de lucha y autocapacitación.

Sólo de este modo podremos poner en marcha una huelga de verdad, es decir, una huelga de todos los sectores que tenga como objetivo suspender la producción y los servicios todo el tiempo que sea necesario para que se cumplan nuestras reivindicaciones: una huelga general indefinida. Un día de huelga resulta a todas luces insuficiente, razón por la que los paros de veinticuatro horas como el convocado para este 14 de noviembre están abocados necesariamente al fracaso y sólo pueden contribuir a deslegitimar la validez de la huelga como instrumento de lucha. Reconstruir la solidaridad de clase y hacer de ella una fortaleza inquebrantable para resistir los envites del Estado y el capital, pasa obligatoriamente por sepultar el principio de delegación y volver a poner en práctica el anarcosindicalismo y la huelga general indefinida, sin los cuales difícilmente hubiéramos logrado muchos de los derechos que nos quieren arrebatar en la actualidad.

De acuerdo con ello, la Federación Local de Sindicatos de CNT-AIT Madrid secunda el paro de veinticuatro horas, convocado por CNT-AIT para el próximo 14 de noviembre de forma diferenciada y con nuestras propias reivindicaciones y planteamientos, y anima a todos/as los/as trabajadores, activos/as y parados/as, jubilados/as y estudiantes, a unirse a las distintas acciones que llevará a cabo a lo largo del día, incluyendo una manifestación sin líderes políticos ni sindicales que discurrirá a partir de las 18:00h desde el metro Buenos Aires hasta la Plaza Vieja, en el barrio de Vallekas.

CONTRA LA ESCLAVITUD DEL CAPITAL Y EL SINDICALISMO VERTICAL

…HACIA LA HUELGA GENERAL INDEFINIDA

Catorce, catorce de noviembre

A todos los que padecen este mundo y no se rinden: este breve poema.

Catorce, catorce de noviembre…

Se oía un rumor:
el del trabajador luchando,
solemne;
a la par que se alzaba un rubor:
el del trabajador trabajando,
inerme.
Uno,
puño en alto y pasión en vuelo,
grita,
rebosa
su corazón ardiente,
ayuda,
conmueve,
se libera,
se defiende…
Otro,
mirada en los pies y alma inerte,
muerde ansioso -galopín-
un anzuelo anclado,
anclado al bolsillo de algún dirigente…
‘¡Derecho a trabajar, derecho a trabajar!’,
exclaman sus dientes,
mientras el sistema,
usurpador,
que le roba el usufructo,
que le amordaza el espíritu,
que le acongoja la mirada,
que le aprieta las costillas,
le vocifera tranquilo al oído…
Me alimentaré de tu esfuerzo y de tu vida
hasta el día de tu muerte.

Violencias, propaganda y utilidad. La huelga de Barcelona

La última huelga general anarquista en Barcelona el pasado 31 de octubre, convocada por CNT-AIT, CNT- Catalunya, CGT Barcelona, COS y Coordinadora Laboral y por Apoyo Mutuo del 15M, deja una instantánea que difícilmente pudo pasar inadvertida en los medios de comunicación sistémicos y que ha sido debatida en el seno del anarquismo militante autóctono: individualidades ácratas provocando destrozos en una sucursal de Zara y otra de Apple.

En diferentes foros y asambleas del movimiento anarquista se ha debatido con cierta pasión la acción directa realizada el 31 de octubre contra Zara y Apple, en la que un grupo de activistas –organizado o espontáneo- entró en tropel boicoteando la mercancía de ambas firmas comerciales. Los focos de la discusión se han centrado, básicamente, en su utilidad y en la propaganda. Y ambas temáticas se encuentran, asimismo, conectadas.

Respecto a la utilidad de la acción surgen diferentes interrogantes. Por un lado, aparecen voces que critican el uso –injustificado– de la violencia en general y/o en particular, así como consideran inútil la operación por considerarla carente de contenido político sustancial. Le atribuyen cierto aire de infantilismo y vandalismo. En resumidas cuentas, anular varios productos de una sucursal de una multinacional tiene poco valor práctico, pues apenas contribuirá a las pérdidas económicas de la empresa -en algunos casos, incluso estas tiendas están aseguradas-, por lo que debería entenderse como una acción simbólica. Y de ser así, de tenerla en consideración como un ejercicio de imagen, ésta es negativa para el movimiento anarquista y para las convocantes de la huelga.

Por otro lado, no debemos descontextualizar el hecho, cosa que reivindican quienes se muestran favorables a esta acción concreta y a otras similares. El boicot a Zara y a Apple ocurre durante una jornada de huelga, por lo que se encuadra dentro de un piquete coercitivo. Es decir, es una respuesta a la insolidaridad de empleadas y empresarias con el resto de huelguistas, por lo que la represalia estaría justificada. Además, en la línea de un nutrido grupo de históricas y contemporáneas pensadoras anarquistas, el daño a la propiedad –y más aún a la propiedad privada y a los medios de producción burgueses- no puede considerarse violencia per se, puesto que ésta sólo puede ser ejercida contra seres vivos. No se trataría, por tanto, de un acto de violencia, sino de una respuesta coyuntural y estructural. De un lado, contra la actitud esquirol de los dos comercios, mientras que de otro, por ser célebres cabezas visibles del Capital. Si la huelga es un método de presión económica contra empresarias o gobiernos, el boicot de productos se ve legitimado por ser, simplemente, otra técnica más para conseguir el objetivo.

Respecto a la propaganda, las detractoras del hecho en cuestión aseguran que, puesto que la revolución será con el pueblo o no será, el movimiento anarquista debe tener siempre presente la receptividad del mismo a sus acciones. Y quienes abanderan esta opinión, aseguran que las imágenes tomadas ese día no hacen más que expandir la consideración de la anarquista como una simple encapuchada agresiva incapaz de proponer actos constructivos; como un ser marginal y violento. Por tanto, en opinión de estas compañeras, no hay que valorar tanto la razón –en toda su amplitud semántica-  de la acción como su inclusión negativa en el imaginario social popular. La crítica no sólo es estética –se ha llegado a poner en cuestión a las compañeras de Barcelona por la pertinencia de su vestimenta- sino también ética, pues cargan contra quienes sin formar parte de la convocatoria desoyen las directrices marcadas y actúan independientemente, provocando la criminalización mediática y judicial de, en este caso, los sindicatos anarquistas y movimientos asamblearios convocantes.

Como contestación a esta corriente de opinión surgen quienes, o bien minusvaloran la propaganda, o bien consideran a sus rivales dialécticos unas nuevas príncipes [sic] cuya razón de Estado es la propaganda. No entienden estas voces que el movimiento deba someterse a los gustos y apetencias de la sociedad -y medios de comunicación- burguesa, del mismo modo que no debe doblar las rodillas ante su arquitectura legal, pues no son más que expresiones lógicas de la clase dominante. Si las anarquistas gozasen de la simpatía de quienes sostienen activa o pasivamente al sistema, algo estarían haciendo mal. Tampoco piensan acertado el argumento de salvaguardar las siglas por encima de todo puesto que, aseveran, las convocantes no pueden desear y a la vez controlar al pueblo no organizado llamado a secundar la huelga.

No obstante, por encima de todo debate enriquecedor como este, que deja muchos interrogantes abiertos –y es objeto del texto que las lectoras rellenen cada hueco en blanco-, aquello en lo que no debe caer el activismo es en despreciar las diferentes y honestas opciones de lucha, sino, más bien, tratar de conseguir su convivencia o, al menos, su respeto. Construyamos un mundo nuevo desde la diversidad, defendiendo nuestros principios por los medios que consideremos convenientes, siempre desde el compañerismo y la fraternidad.

Vídeo relacionado: http://www.youtube.com/watch?v=hLFP6y9IoZk

Adrián Tarín

Ante una huelga general en otoño

Después de un agosto extrañamente tranquilo en un año que ha batido récords de movilizaciones, se aproxima el que será, a buen seguro, un otoño calentito.

Los primeros en anunciar una huelga general para otoño fueron el sindicato CGT, que en junio anunciaba estar preparándose para una huelga contra los recortes en derechos sociales y laborales. No especificó el sindicato, sin embargo, que fecha tendría esta huelga esperando, imagino que por estar a la espera de la fecha que den los sindicatos oficiales.

Los sindicatos vascos (ELA y LAB), anunciaron poco después una huelga general en Euskadi para el 26 de septiembre, a la que se sumaron otras organizaciones sindicales como CNT y CGT. Por su parte, CNT y Solidaridad Obrera pasaban a principios de agosto a secundar la convocatoria de CGT de una huelga para otoño, pero sin atreverse todavía a dar una fecha definitiva.

Mientras tanto, el PSOE se organiza en una mal llamada «cumbre social» liderando a CCOO y UGT y anuncian, que «no descartan la posibilidad de una huelga general para otoño». Esta claro pues, huelga va a haber. La pregunta es ¿Cuándo?

Primero, hay que tener en cuenta que CCOO y UGT hace tiempo que no se comen un colín en Euskadi, así que es difícil que lleguen a hacer coincidir su convocatoria con la de los vascos. Por otro lado, CGT, liderando al sindicalismo alternativo, hace gala de su habitual falta de iniciativa propia, no atreviéndose a dar un paso hasta que no lo hagan los mayores. Depende, por tanto, de éstos la fecha para la huelga.

Y en cuanto a éstos, si revisamos las fechas, vemos que CCOO tiene un buen número de congresos regionales programados para diciembre, lo que supone un gran gasto de energías que impediría que optasen por realizar la huelga general en esa fecha, o incluso a finales de noviembre. Personalmente, me da en la nariz que la fecha escogida será, más pronto que tarde, a principios o mediados de octubre. ¿Por qué? Porque el 21 de octubre tenemos las elecciones gallegas y vascas, y al PSOE le interesa un clima de descontento con el gobierno del PP.

Ahora, a nosotros, se nos presenta una importante cuestión. Creo que estaremos de acuerdo que, ante los embistes que el Estado capitalista está ejerciendo contra la clase trabajadora en los últimos tiempos hay que empezar a actuar. Pero por otro lado, nos encontramos a un PSOE débil, más débil que nunca, que va a intentar apoderarse de los movimientos sociales para volver a crecer y a ganar confianza. Y a los dos amarillos, UGT y CCOO, cuyas cúpulas necesitan quedar bien con su afiliación.
El sindicalismo alternativo no tiene ni los medios ni la afiliación de esos dos grandes sindicatos, pero eso no significa que nada se pueda hacer. Se está dando en españa un primitivo movimiento de trabajadores asindicados, las «mareas», que de momento y en algunas regiones se han mostrado críticas con el sindicalismo oficial, acercándose a los alternativos. Existe también en algunas ciudades un movimiento estudiantil en alza con el que unir fuerzas. Un bloque de fuerzas ,como el que ya ha propuesto Solidaridad Obrera en Madrid, puede vconvocar a tanta gente, puede que incluso más, que la que puedan el maltrecho trio UGT-CCOO-PSOE. El sindicalismo vasco aprendió pronto a dejarlos a un lado, y gracias a ello crecieron por su iniciativa propia, lo mismo deberíamos hacer en el resto de España.

Comentaré, por último, que habría que empezar a plantear auténticas alternativas para la clase trabajadora. No basta con reclamar que no nos quiten el derecho a una cama de hospital o a una escuela, la crisis supone más que todo eso. Actualmente, en el proceso productivo, muchos trabajadores se quedan en la calle (aunque personalmente, considero que los que sobran son sus patrones). Es una situación similar a la que se vivió a finales del siglo XIX y que solo se salvó gracias a que la clase obrera supo organizarse y reclamar la jornada de ocho horas, cosa que logró tras mucho luchar. Una jornada de seis horas o menos no solo es completamente posible sino que además es necesaria, trabajando menos, trabajaremos todos. Por otro lado, nos venden la moto de la necesidad de los emprendedores para que se reactive la economía, como si la empresa privada fuera el único motor económico. ¿Qué hay de las cooperativas que permitirían a los trabajadores hacerse cargo de las fábricas que cerrasen? ¿Qué hay de la empresa pública que permitió a un país como Francia salir de la crisis tras la Segunda Guerra Mundial? Es la clase burguesa la que ha ocasionado la crisis. ¿Seguro que también va a ser quien nos saque?

Lo dicho, este otoño, a la huelga. Seis millones de desempleados son el mejor motivo.

1 2 3