El placer de soñar, crear, construir, luchar

"Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar". —Emma Goldman

Nota preliminar: Este es un fragmento del libro «Historia del Movimiento Makhnovista», escrito por Piotr Arshinov, que me pareció interesante rescatar ya que sigue siendo de actualidad, pese al contexto en que se escribió el libro. No obstante, en este fragmento se describen muchas semejanzas con el actual estado general del movimiento libertario y de buena parte del imaginario que hay en él. Sin más, os dejo que disfrutéis de su lectura.
________________
La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.
Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden. Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.
Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.
El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edifcación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.
Al considerar el makhnovismo se destacan de inmediato dos aspectos esenciales del movimiento:
1) su carácter verdaderamente popular y su nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron;
2) a ello se debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos principios incontestables del anarquismo:
a) el derecho de los trabajadores a la iniciativa;
b) el derecho a la autogestión económica y social;
c) el principio del no estatismo en la edificación social.
En todas las fases de su desenvolvimiento, el makhnovismo ha mantenido esos principios con tenacidad y consecuencia. En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos mil o trescientos mil de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera igualdad en el seno de la sociedad nueva. Vemos en el makhnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas, no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la vía del anarquismo. Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba a establecer a tiempo sus ideas y sus consignas, a elaborar sus formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos, vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron.
Era de esperar que los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a fundirse en él. Pero fue de otro modo. La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no parecía ser puramente anarquista. Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura, lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la inactividad y a la esterilidad.
Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos, dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual, pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida. Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa considerar con alguna atención. Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran signifacación. Aun colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso dirigente inmediato. Ahora bien, el makhnovismo comenzó bien lejos de ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad moderna. Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era precisamente aquel que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos los anarquistas “intelectuales” y teóricos, Volin fue el único que participó en el Movimiento Makhnovista con entera decisión, poniendo a su servicio todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del anarquismo quedaron al margen.
Esto naturalmente no podría significar nada ni contra el makhnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y las ideas del anarquismo. Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la organización.
A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su pensamiento y de su programa práctico. Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad. Ésta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica anarquista luego.
La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún sufi cientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio “yo” comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual se retira a su oasis, imagina su obra y predica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.
De tal estado de cosas resulta un gran número de diferentes sistemas prácticos preconizados por los anarquistas rusos. De 1904 a 1907 hemos visto los programas prácticos de los Besnachaltzy [los “Sin autoridad”] y de los Chernoznamentzy [“La bandera negra”] que predicaban las expropiaciones parciales (la toma individual) y el terror general como método de lucha anarquista. Es fácil ver que esos programas no podían significar nada más que la expresión de las inclinaciones particulares de personas que se encontraban mezcladas al anarquismo por casualidad y que no eran posibles más que a consecuencia del débil desarrollo del sentimiento de la responsabilidad hacia el pueblo y la revolución. Últimamente hemos visto aparecer una gran cantidad de teorías, en algunas de las cuales se nota cierta tendencia hacia la autoridad estatista y la dirección autoritaria y centralizadora de las masas, mientras en otras se rechaza todo principio de organización y se proclama la libertad absoluta de la personalidad y otras aun se preocupan de aspiraciones demasiado “universales” del anarquismo, que en realidad no son más que simulaciones para esquivar las arduas obligaciones del momento histórico.
He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el makhnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se encontraban tan débiles y poco preparados. El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello, ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden apoyarse con confianza para dirigir su lucha.
Pero para justificar esa confianza no basta que el anarquismo sea una gran idea y los anarquistas sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en calidad de obreros. Sólo entonces respirará ese movimiento la atmósfera verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción, obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.
La esencia del makhnovismo resplandecía con el fulgor del anarquismo y sugería involuntariamente la idea de este último. Fue entre todas las doctrinas la que prefirieron los guerrilleros. Muchos de ellos se titulaban anarquistas, sin renunciar a ese título ni ante la muerte. Y al mismo tiempo el anarquismo dio al makhnovismo algunos militantes admirables que, con amor y abnegación, pusieron sus fuerzas y sus conocimientos al servicio de ese movimiento. Ese cruce de los destinos del anarquismo y del makhnovismo comenzó hacia mediados de 1919. Fue sellado en el verano de 1920 por el ataque simultáneo, que dirigían los bolcheviques contra los makhnovistas y los anarquistas en Ucrania y subrayado de una manera particularmente brillante en octubre de 1920 en el momento del acuerdo militar y político entre las autoridades soviéticas y las makhnovistas, cuando estos últimos exigieron, como condición absoluta del acuerdo, que todos los makhnovistas y anarquistas fuesen liberados de las prisiones de Ucrania y de la Rusia Central, y que se les concediese libertad completa para profesar y proclamar sus ideas y sus teorías.
Anotemos por orden cronológico la participación de los anarquistas en el Movimiento Makhnovista. Desde los primeros días de la revolución de 1917 se formó en Guliay Polié un grupo de anarquistas comunistas que desarrolló un trabajo revolucionario considerable en la región. De ese grupo salieron después los militantes y los conductores más notables del makhnovismo: N. Makhno, S. Karetnik, Marchenko, Kalachnikov, Liuty, Grigori Makhno, etc. Ese grupo estuvo íntimamente ligado con los comienzos del Movimiento Makhnovista. Hacia fines de 1918 y comienzos de 1919 se formaron otros grupos en la región y trataron de ponerse en relación con el makhnovismo. Sin embargo algunos de esos grupos, como por ejemplo en Berdiansk y en otras partes, no estaban a la altura de la situación y no podían ser sino perjudiciales al movimiento. Afortunadamente el movimiento era de tal modo sano que los pasó por alto.
En los primeros meses de 1919 Guliay Polié albergó ya, no sólo a los militantes campesinos del lugar, anarquistas tan notables como Makhno, Karetnik, Marchenko, Vasilevsky y otros, sino también a algunos que habían llegado de ciudades distantes y que representaban a ciertas organizaciones anarquistas: Burbyga, Mikhalev-Pavlenko, etc., trabajaban exclusivamente entre las tropas insurreccionales del frente o de la retaguardia. En la primavera de 1919 varios camaradas llegaron a Guliay Polié para entregarse principalmente a la organización de los asuntos de la cultura y de la instrucción en la región: crearon el periódico Put k Svobode, órgano fundamental de los makhnovistas y fundaron la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié que se dedicó a la propaganda en el ejército y entre los campesinos.
Al mismo tiempo se fundó en Guliay Polié un grupo anarquista asociado con la federación Nabat. Trabajó en contacto estrecho con los makhnovistas en el dominio cultural e hizo aparecer el periódico Nabat. Poco después esa organización se fundió con la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié en un solo cuerpo. En el mes de mayo, treinta y seis obreros anarquistas llegaron de Ivanovo-Voznesensk a Guliay Polié; entre ellos se encontraba Cherniakov y Makeev. Una parte de ellos se instaló en la comuna anarquista situada a siete kilómetros de Guliay Polié; otros se entregaron a trabajos de cultura en la región, otros entraron en el ejército insurreccional.
En el mes de mayo de 1919 cuando la Confederación Nabat,que era la más activa de todas las organizaciones anarquistas de Rusia, se dio cuenta que el flujo principal de la vida revolucionaria de las masas estaba en la región de los guerrilleros. A comienzos de junio de 1919 envió a Guliay Polié a Volin, a Mrachny, a Josif, El emigrado y a varios otros militantes más. Se tenía la intención de transportar a Guliay Polié las instituciones principales de la Confederación después de las sesiones del congreso extraordinario de los obreros y campesinos convocados por el Consejo Militar Revolucionario para el 15 de junio. Pero el ataque simultáneo contra la región por parte de Denikin y de los bolcheviques no permitió poner en ejecución este proyectó. Mrachny fue el único que pudo llegar en ese momento a Guliay Polié, pero se vio obligado, a consecuencia de la retirada general, a regresar al punto de donde había venido, uno o dos días después de su llegada.
En cuanto a Volin y sus compañeros, no pudieron abandonar Ekaterinoslav y sólo en agosto de 1919 lograron unirse cerca de Odessa al Ejército Makhnovista en plena retirada. Los anarquistas se mezclaron pues al movimiento tarde, cuando su desarrollo normal había sido ya interrumpido, cuando había sido arrojado violentamente de las bases del trabajo de edificación social y cuando, bajo la presión de las circunstancias, había entrado principalmente en la vía de la acción militar.
Durante el período que se extiende desde fines de 1918 hasta el mes de junio de 1919, las condiciones para un trabajo positivo en la región habían sido más favorables: el frente había quedado a doscientos o trescientos kilómetros de distancia, cerca de Taganrog, y la población de la región, de varios millones de habitantes diseminados a través de ocho o diez distritos, se encontraba abandonada a sí misma.
Pero a partir del verano de 1919 los anarquistas no podían trabajar ya más que sobre el terreno de las operaciones militares, bajo un fuego continuo, obligados a cambiar de lugar todos los días. Los anarquistas que se habían unido al ejército hacían todo lo que podían en ese medio. Unos, como Makeev y Kogan, tomaron parte en la acción militar; la mayoría se ocupaba de trabajos culturales entre los insurrectos y en las aldeas que atravesaban los makhnovistas. Pero ése no era un trabajo verdaderamente creador, en el sentido real y vasto de la palabra. La atmósfera saturada de combates la había reducido principalmente a una propaganda volante. Era imposible pensar en una obra de creación, en una obra positiva. En algunos casos, como por ejemplo después de la toma de Aleksandrovsk, Berdiansk, Melitopol y otras ciudades, los anarquistas y los makhnovistas tuvieron la posibilidad –por un tiempo por lo demás muy restringido– de plantear los esbozos de un trabajo más profundo y más vasto. Pero luego llegaba por una parte o por otra una ola militar que lo arrasaba todo; y de nuevo era preciso limitarse a una propaganda sumaria entre los guerrilleros y los campesinos.
Las condiciones en aquel momento eran claramente hostiles a un vasto trabajo creador entre las masas. Algunos individuos que no habían participado en el movimiento o que no lo hicieron más que durante un tiempo breve, llegaron a erróneas conclusiones fundadas en la experiencia de aquel período, de que el makhnovismo era de carácter militar, que se preocupaba demasiado por esos aspectos y muy poco por el trabajo creador entre las masas, pero, en realidad, el período militar en la historia del makhnovismo no fue de ningún modo el producto de su esencia misma, sino sólo de las condiciones exteriores, tales como las que se plantearon desde mediados de 1919.
Los bolcheviques han tenido en cuenta la significación del Movimiento Makhnovista y la situación del anarquismo en Rusia. Sabían que él, privado de contacto con un movimiento popular de una importancia tal como el makhnovismo, carecería de base y no podría ser más que un fenómeno inofensivo sin peligro para ellos. Y viceversa, comprendieron bien que el anarquismo era la única concepción social sobre la cual podía apoyarse el makhnovismo en su lucha implacable contra el bolcheviquismo. He ahí por qué no ahorraron esfuerzo alguno para separar un movimiento del otro. Y es preciso reconocer que persiguieron ese objetivo con gran energía: han puesto al makhnovismo fuera de toda ley humana. En Rusia y particularmente en el extranjero los bolcheviques se comportan como si ese hecho fuera natural y no debiera despertar ninguna duda y como si sólo los ciegos o los que nada conocen de Rusia pudieran vacilar en reconocer la justa y razonable medida adoptada.
En cuanto a la idea anarquista, no ha sido declarada oficialmente ilegal; pero los bolcheviques califican todo acto revolucionario de los anarquistas, todo acto de honestidad vehemente o cometido por ellos, como makhnovista y con un aire de naturalidad, como si no pudiera ser de otro modo, los arrojan al calabozo, o les cortan la cabeza. En suma, el makhnovismo y el anarquismo, que no consienten en humillarse ante los bolcheviques, son tratados de la misma manera.
Lo conocí hace un par de años en una de esas noches que sabes que ya nada puede irte a peor. Hacía ya un buen rato que caminaba perdida y sin rumbo con los pantalones verdes que me apretaban y con un par de cervezas encima. Se me hacía raro andar por esos sitios que tan poco frecuentaba pero me autoconvencía de que el trayecto podía valer la pena en cada paso que daba. Y en efecto, el camino estaba siendo agradable a pesar de que no fuese normal ni frecuente, cosas que te ocurren y ni te lo esperas…
Millones de cosas hacían colisiones en mi cerebro por eso intentaba relajarme al caminar. Al cabo de un rato lo vi a lo lejos y me pareció que era alguien conocido, seguramente le habré visto en alguna fiesta pensé. Conforme se iba acercando yo me ponía nerviosa, no sabía si largarme de allí o quedarme quieta, hasta que me decidí por correr el riesgo de seguir avanzando, a mi ritmo y mirando al frente, hasta tenerlo muy cerca. Casi podía tocarlo de lleno y el muy condenado no podía estar más bueno. Pasé de largo dejándolo atrás, pero sus murmullos hicieron que me diese media vuelta para escucharle. Por unos momentos temí porque me estuviese diciendo alguna guarrada mal llamada piropo como algunos viejos del barrio, pero en cambio me hablaba seriamente e intentaba decirme algo, importante supongo. No entendí nada de lo que dijo y se lo hice saber disculpándome. Era evidente que no hablábamos el mismo idioma pero su esfuerzo en que yo le comprendiese y su interesante tono de voz hicieron que me quedase unos minutos con él. Le miraba pero no veía nada, le escuchaba pero no entendía nada, intentaba adivinar su pasado pero no le conocía en absoluto. Entonces me desesperé, la paciencia nunca fue mi virtud y me largué sin decirle ni adiós, la simpatía tampoco. No estoy yo como para perder el tiempo joder, que el lunes tengo examen. Empecé a caminar muy rápido para largarme lo antes posible de aquellas callejuelas que desconocía y para ver si me alejaba de aquel ser extraño y sospechosamente intrigante, no sin antes sentirme tonta por no entender nunca nada.
Estuve meses sin volver a pisar aquellas calles rudas, grandes y desafiantes, supongo que por falta de legitimidad y porque al reloj parecían faltarle horas. Después de varios cubatas de ron y lágrimas, de intentos fallidos de rupturas con los roles, de postureos estudiantiles, después de faltas de presencia sin justificar, después del puta grabado a fuego lento en la piel, después de tener que cargar con una mochila llenita de culpa, después de estas cosas y otras de las que prefiero no acordarme precisamente ahora, decidí volver allí.
Esta vez no había bebido nada, no sé que pantalones llevaba y mucho menos qué talla pues eso importaba poquito la verdad. Recordaba el camino perfectamente, como si hubiese vivido allí toda la vida. Las calles parecían mías y en cierta manera me pertenecían. Busqué el sucio paraguas de la normatividad y no lo encontré ya que era del todo incapaz de abarcar todo aquello. Una vez más fracasa tu modelo, deja de imponérmelo pensé. En el fondo estaba enfadada ¿para qué disimular? La búsqueda de la aprobación infinita me agotaba.
Me sentía desnuda pero no libre, al fin y al cabo aquello no eran más que unos minutos de desconexión y una forma interesante de darme las buenas noches. Me acordé de él, quizás volvería a encontrármelo y quizás volvería a decirme cosas con esa sonrisa que excitaba. La verdad es que me apetecía volver a verle y poder recuperar el tiempo perdido de alguna manera. Llevaba ya un buen rato caminando y como no, seguía anclada en la rutina, a las 23:56 salía el último tren y perderlo significaba bus nit… Pensar en los exámenes y en los pajaritos que anidaban en mi cabeza, buitres incluidos, me hizo entrar en tensión. Un porro y algo de ron arreglarían esta rigidez y lo sé muy bien. No obstante, allí no había nada de nada:
Terreno árido muchas veces castigado, desierto peligroso con montañas…
Y por si fuera poco, a estas horas me ponía poeta. Recordar a Miguel Hernández siempre me hacía mojar las bragas. Con estilo, claro. Crucé más calles, no había ni un solo semáforo o paso de cebra, ni coches, ni bicicletas, ni polis. ¿Es que en este sitio no hay normas? El desorden, la provocación, las etiquetas arrancadas a cuajo y las cicatrices contestaban a la pregunta:
Parcela con dueña, propiedad privada con accesos restringidos…
Sin comerlo ni beberlo me tranquilicé, estar nerviosa suele servirme de poco a decir verdad. Canciones me vinieron a la mente, fue pensar en el rapero de voz muerta y mojar las bragas. A chorros, claro. Me olvidé de todo y todos para pensar en mí y en lo barato que me salía esto. Me dediqué a observar el paisaje y me di cuenta de que nunca me habían enseñado a gestionar y disfrutar de tanta curva. Estaba tan equivocada… curvas, estrías, cartucheras, piel de naranja, acné, pelos, arrugas, pliegues, celulitis, rincones o agujeros no se vendían, se defendían y eso era precisamente lo que estaba haciendo ahora, defenderme. De la basura de ahí fuera y de la de dentro de mi cabeza. En cada gesto me quitaba una pequeña carga de encima, aunque solo sea por unos minutos pensaba, aunque solo sea eso. Sabía que las cargas volverían y seguirían pesando, pero esos minutos de liberación no me los quitaba ni dios, ni el amo, ni el patrón tampoco por cierto. Me sentía cómoda y protegida en aquel lugar, por eso dejé de caminar para ponerme a flotar como si de un baile con ritmo se tratase. Cuando lo vi a lo lejos desplegué mis alas y empecé a prepararme para volar. -Te tengo ganas- dije en voz alta desando que me oyese.
Él no se movía, yo iba hacía él al tiempo que notaba como el calor me trepaba por el cuerpo. Hubiese ido a rastras o de rodillas, hubiese recorrido dos quilómetros o cien con tal de volver a verle. Aquello era amor autogestionado y coherencia, coherencia política. Mientras me acercaba pensaba en qué decirle y con qué voz, lígatelo por dios, lígatelo me gritaba el cuerpo enterito. De mientras él me observaba atentamente pero sin agobiar, me miraba con la mirada perfecta para excitarme: ni muy lascivo ni muy pasota. ¿A quién pretendo engañar? me daba igual como me mirase, si era ciego, bizco, miope o tenía seis ojos, ¡yo me ponía cachonda igual!
Uno delante del otro seguíamos hablando idiomas distintos como aquel día, él por un lado y yo por otro. Me decía algo y yo callaba, él en silencio y yo explicándole cosas. Joder, ¿esto qué es? Y volvíamos a no entendernos. La impaciencia me pellizcaba otra vez, ¿para qué haces esto? Serás guarra… y otra vez pensando en irme de ese puto sitio… pero entonces la fuerza me brotaba de no sé dónde para darme esa legitimidad tantas veces anhelada: no me iré, esta es mi casa. Fue entonces cuando el miedo y el asco me dieron una pequeña tregua y me dejaron escucharle de verdad. Él me contó historias con una voz que me abrazaba, me arropaba y me hacía sentirme querida, y yo le escuchaba al mismo tiempo que cerraba los ojos para irme, para irme de ese molde del que nunca podía escapar.
Y así un buen rato hasta que al final me escapé. Escapé en el momento en el que las calles me empezaron a gustar y las empecé a respetar. Aquel lugar era mío, bonito o feo, solo podía ser mío y tus etiquetas y tu podrida perfección sobraban. Jodido paraíso aquel, territorio perfecto para desafiar y cuestionarme desde mi género hasta mi orientación sexual. Jodida patria aquella, perfecta para batallar todas las guerras, las presentes y las futuras…
Y así hasta que dejé de escucharle las historias porque ya me había ido del todo, porque mi cuerpo se había escapado a otro lugar, porque mis dedos se separaban de mi coño, porque aquel señor se llamaba mi clítoris y yo había perdido años ignorando su poder, porque mi sexualidad se había vestido de represión y en cada gesto masturbatorio yo le desgarraba el traje. Me fui porque ya no era capaz de reprimirme los gemidos ni la corrida que fluía. Me escapé sin pedirle permiso a nadie y por eso mis fantasmas empezaron a morir: la timidez se cortó las venas, la soledad saltó por la ventana, el miedo buscaba la sobredosis al estilo Kurt Kobain y la culpa se rajó la aorta llenándome la habitación de sangre, bilis y cosas negras.
Yo acababa de encontrar una conexión muy rara y pura con mi cuerpo y por eso acababa de empezar una revolución: desde dentro y desde abajo. “En cada corrida una revolución”, sentencié para siempre. Mi mente se abría como una margarita y mi coño regaba todas las flores. No pude evitar sonreír. Bona nit petita insu, vuelve pronto a estas calles a las que siempre serás bienvenida.
Ana Poliquística (2-05-15)
Cuando hablamos de software libre no solo nos referimos a programas gratuitos, sino también a todo aquel software desarrollado por una comunidad que se publica bajo una licencia libre. Dentro del software libre, lo que se nos vendría a la cabeza sería Linux. Y os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto en un espacio que no está dedicado a la tecnología? Pues se da el caso que en los países capitalistas avanzados, el ordenador está tan presente en nuestras vidas como la caja de herramientas de toda la vida que guardamos en el trastero. El ordenador se ha convertido también en un electrodoméstico tradicional como la lavadora o el frigorífico, el cual utilizamos como fuente para consultar la información, realizar documentos, navegar por Internet, descargar, escuchar y compartir música, etc.. Y como siempre, viene bien que conozcamos un poco mejor las herramientas que usamos para poderlas aprovechar mucho mejor. Antes de hablar de Linux, haré un breve repaso sobre Windows, el sistema operativo que nos viene por defecto impuesto en cada ordenador que compramos en la tienda (de hecho, pagas por el sistema operativo y sus complementos como el Office, importe que va incluido en el precio del ordenador). Sin embargo, Windows está pensado para que cualquiera lo pudiera usar, teniendo sus asistentes e interfaces gráficas para todo. Entonces, ¿qué problema hay? Aunque con Windows podamos realizar muchas tareas de las mencionadas anteriormente, posee varios inconvenientes a destacar;
—Al ser software privativo, solo ceden su licencia de uso previo pago de la misma, y además tiene muchas restricciones, como el no poder modificar partes del sistema operativo ni sus características y que dicho sistema no es tuyo, sino que sigue siendo propiedad del fabricante (Windows de Microsoft, MAC OS X de Apple).
—No es un sistema operativo seguro, a no ser que le instales un buen antivirus, también de pago. Aun así, algunas fuentes señalan que la NSA puede espiarnos a través del sistema operativo Windows sin que ningún anti-spyware lo detecte.
—Presenta problemas de rendimiento con el paso del tiempo y requiere de programas de limpieza para borrar la basura que acumula. Además, los cuelgues y la inestabilidad del sistema también están a la orden del día, así como la necesidad de formatear el sistema cada cierto tiempo.
—Otra importante pega de Windows es que viene con obsolescencia programada y deja de servir para ‘revivir’ equipos antiguos.
¿Y qué podríamos decir de Linux? Pues Linux es en realidad un núcleo de sistema operativo (kernel) a partir del cual se construyen las llamadas distros, que son sistemas operativos completos con sus características. El kernel de Linux fue desarrollado por Linus Torvalds y actualmente es mantenido por una comunidad alrededor del mundo. La principal diferencia con Windows es que Linux es software libre y cada distro es desarrollada por una comunidad de desarrolladores, programadores y demás. Richard Stallman sería quien inicie el movimiento por el software libre y desarrolle las licencias GPL, las cuales permiten la libertad para copiar, ver y modificar su código y distribuir los programas libremente. ¿Qué tendrá que ver esto a nivel de usuaria? La cuestión por la que recomiendo el uso de software libre en vez del privativo no es por cuestión de coherencia ideológica (que también, pero no es la principal), sino por su funcionalidad y por promocionar el uso de alternativas libres igualmente funcionales que el privativo. Con Linux disfrutaremos de las ventajas de ser gratuito —aunque tendremos la opción de donar y apoyar proyectos de software libre—, permiten más margen para configurar las aplicaciones y la libertad para poder escoger los programas que mejor se adapten a nuestras necesidades, así como la apariencia del entorno gráfico. Y para usarias más avanzadas, poder tener mayor control sobre su sistema y su equipo. A estas ventajas podemos destacar los siguientes:
—Sus distribuciones, excepto algunas orientadas a empresas, son gratuitas, las cuales se pueden descargar sus imágenes en bruto y a partir de ellas crear un CD, USB o DVD arrancable para instalarlo en el eauipo.
—Ofrece un buen rendimiento, robusted, flexibilidad y mejor aprovechamiento de los recursos en cualquier tipo de hardware, aunque para ello tendremos que escoger la distro adecuada a sus especificaciones de hardware. Con el tiempo, Linux no acumulará basura, por lo que no necesitaremos programas de limpieza ni tener que formatear, puesto que el sistema se sigue manteniendo estable por mucho tiempo que pase.
—A pesar de que con la popularización de distros como Ubuntu o Linux Mint hayan hecho que comenzaran a programar virus para Linux, estos sistemas operativos siguen siendo mucho más seguros que Windows, aunque algunas recomiendan instalar algún antivirus (obviamente software libre) en Linux.
—Carece de obsolescencia programada, lo que hace que con el tiempo se pueda seguir usando sin problemas de cuelgues ni comiencen a salir errores críticos del sistema. Además, gracias a Linux podemos revivir equipos antiguos y hacerlos usables otra vez sin tener que comprar nuevos ordenadores.
El problema de Linux es que requiere ciertos conocimientos, pero esto realmente no es una pega cuando aprendemos, y veremos que es más una ventaja que un inconveniente. Si te ha convencido o tienes curiosidad, ¿qué distribuciones escoger? Recomendaré algunas que son más fáciles de instalar y tienen un entorno gráfico agradable. Actualmente, Linux está mejorando mucho y cada vez más gente ve alternativas en ello. He aquí una pequeña lista: ElementaryOS, Ubuntu, Linux Mint, Manjaro Linux, Antergos… y para quienes quieran aventurarse con algo más configurable y avanzado, podéis probar Arch Linux. Además de esto, también estaría bien nombrar algunas alternativas libres al software privativo:
En caso de que querramos correr un programa de Windows en Linux, usaríamos Wine para ejecutarlo.
Por último, aunque me gustaría dedicar más entradas sobre el proceso de instalación de una distro Linux, lamentablemente, este no es un espacio para cuestiones meramente técnicas. De todos modos, en la red existen muchos tutoriales sobre los cuales apoyarse. Dedico esta entrada a Linux porque pienso que sería interesante que en la era de la tecnología sepamos qué estamos usando y qué alternativas hay, además de aprovechar las herramientas que existen, funcionan bien, son gratuiras, seguras, ofrecen buenas prestaciones y están a nuestra disposición.
Tras la liberación de Kobanê, declarada oficialmente el 27 de enero, 134 días después de la ofensiva del ISIS sobre la ciudad, muchos kurdos y kurdas salieron a las calles a festejar la victoria a lo grande. Se acabaron los derramamientos de sangre, el silbido de las balas y las explosiones en la ciudad, la paz volvió gracias a las YPG, YPJ y otras fuerzas aliadas. Sus habitantes volverán a continuar la labor de profundizar en el proceso de construcción de la autonomía democrática. Pronto irán regresando a sus hogares aquellas personas que tuvieron que traspasar la frontera hacia Turquía huyendo de la guerra. Aquí termina un capítulo en cuyas páginas el pueblo kurdo ha escito unas valiosas lecciones de lucha heroica y revolucionaria, la cual no solo fueron las milicias las que pelearon, sino el pueblo entero ofreciendo apoyo logístico para que estas fuerzas pudieran seguir en el frente. Vencieron a una fuerza terrorista superior militarmente pertrechados con las armas que dejó el ejército iraquí y los yanquis con unos fusiles AK-47, unas ametralladoras y poco más.pero que se mostraron superiores por la determinación, la valentía, el corage y la fuerza de todo un pueblo autoorganizado con fuertes influencias libertarias. Sin embargo, la historia continúa y aún quedan pueblos que liberar alrededor de Kobanê:
Como podemos observar, la ciudad de Kobanê está completamente libre de ISIS y podemos ver el estado de los frentes en fechas anteriores. A partir de aquí, a pesar de que en los alrededores todavía queda mucho terreno por recuperar, a las YPG, YPJ, FSA y Pershmergas no les supondrán mucho esfuerzo avanzar en las zonas colindantes puesto que las múltiples derrotas del ISIS dejaron armamento, carros de combate y municiones, además de numerosas bajas en las filas del ISIS. Ahora los combates se libran fuera de la ciudad, con un Estado Islámico debilitado y las YPG e YPJ ganando fuerzas tanto militarmente como moralmente y en efectivos.
Una vez más, este episodio nos demuestra que, reitero, la guerra y la revolución se tienen que hacer a la vez. Porque sin revolución, la guerra sería un sinsentido y estaría perdido de antemano por carecer de bases sociales en la retaguardia que permita dotarle de contenido político y revolucionario. Igualmente, una revolución sin guerra sería aplastada de inmediato por las fuerzas reaccionarias. Además, una revolucióin no es sino la guerra abierta entre el pueblo en armas que aspira a la construcción de una nueva sociedad basada en la libertad, la solidaridad y la cooperación, y la clase dominante que quiere imponer su dominio y tiranía.
No obstante, no nos quedemos únicamente celebrando las victorias de Kobanê, tenemos que conseguirlas aquí, en Europa o América latina, ¡o en el mundo entero!, por pequeñas que sean, pero que ayuden al avance de los movimientos populares en el seno de la sociedad capitalista, por la creación de una alternativa política fuera de las instituciones, tomando como referente la construcción de la autonomía democrática en marcha en Rojava. Su lucha es la nuestra, y su liberación también. Son importantes lecciones que demuestran que un pueblo organizado, sí puede materializar una nueva sociedad que supere el capitalismo, el Estado burgués, el patriarcado y los fanatismos de cualquier índole.
Todavía no cerremos el libro. Aún quedan muchas victorias que celebrar y más historias que escribir donde el pueblo sea protagonista y no cuatro gobernantes.
Biji YPG, biji YPJ. Kobanê azade!
Poesía no son versos incendiarios
rabietas infantiles llenas de vanidad.
Poesía no son pajas con disturbios
y luego rajar de toda responsabilidad.
Poesía es la responsabilidad colectiva
autodisciplina orgánica,
motores para la lucha del día a día.
Poesía es combatir todas las opresiones
creando espacios libres de agresiones.
Poesía son mujeres y minorías étnicas
que organizadas y empoderadas,
son protagonistas de sus propias batallas.
Poesía es la universidad okupada
por estudiantes y maestras en lucha
liberando el concimiento para toda la comuna.
Poesía es que en cada empresa
existan sindicatos combativos,
y trabajadoras organizadas en asamblea.
Poesía es un barrio vivo
tejido social solidario,
que jamás se doblega ante el dominio.
Poesía es un pueblo organizado
haciendo frente a cualquier Estado.
Poesía es la unión de clase sin partidos
el poder popular a la burguesía expropiando.
Poesía es el socialismo libertario
que con lucha constante se va materializando.