[Colombia] La consigna libertaria es no olvidar el año viejo

Una de las grandes deficiencias que tienen los círculos libertarios en Colombia ha sido la falta de sistematicidad, de trazar objetivos y poder evaluar su cumplimiento en un futuro, así sea para hallar los puntos clave donde empiezan a generarse los errores o aciertos de nuestras posturas. Precisamente, la parte de balances es importante para ello, y no se le ha dado la importancia suficiente, por un lado, por guardar estos análisis en los círculos más íntimos militantes, o simplemente quedan en el aire y no logramos aterrizarlos, para su comunicación y debate, dejando morir en el olvido interesantes análisis que se quedan en una conversación informal. Aquí, un breve y humilde aporte a esa labor que parece que, desde diferentes ópticas y miradas, ya venimos dando en el país. Por supuesto, no se intenta hacer un trabajo personal de reflexión, sino de recoger muchos apuntes que se han construido colectivamente en esas informalidades, pero que a lo mejor con un poco de mayor difusión podemos conectar nodos para caminar con una paso más firme y ligero.

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“el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres”. Foto: Contagia radio

 

Que deja el año viejo:

Un año violento para el pueblo:

Lo primero es realizar un balance de lo que fue el 2017. Por un lado, y bajo una lupa puesta en las manos de los movimientos sociales y las desfavorecidas del país, el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres. Los saldos oficiales de lideres sociales asesinados fluctúan entre los 100 y 1301, aunque desde diferentes organizaciones de derechos humanos advierten que el número es mayor2, sobre todo si tenemos presente los asesinatos de defensores de derechos humanos, ex-combatientes de la insurgencia, activistas medioambientales y familiares o personas cercanas a todos estos. En ese aspecto, esto no es otra cosa que la consolidación de una estrategia de la elite santista, que a pesar de su retórica pro-paz, su estructura militar, burocrática y partidista se encuentra aún sumida dentro de la lógica guerrerista más retrograda: las amenazas, torturas y desapariciones siguen siendo pan de cada día.

Al cierre del 2017, un ejercicio certero desde el campo libertario, y en general de la izquierda, es empezar a asumir la posición oficial del gobierno respecto al tema: de un lado, actores como la fiscalía, el senado o el propio presidente no se refieren al tema más que como un “efecto secundario” de los diálogos, reduciendo las denuncias a un par de cortas palabras y pasando de agache con uno que otro paño de agua fría; pero de otro lado, el ejército, ministerio de defensa y las bancadas ultra-derechistas son más ofensivas en sus discursos, bien disminuyéndolos a simples líos de faldas y problemas de linderos (como lo expresa el jefe de las fuerzas armadas Luis Carlos Villegas) o justificándolos en cierto grado, incluso, actuando en aparente descordinación con lo planteado desde una posición derechista más “progresista” en tema de resolución social de los conflictos, que son solo palabras frente a la reorganización de las fuerzas armadas para el 2018, con un altísimo grado de establecimiento de batallones microfocalizados y fuerzas de tarea especializadas, dentro del llamado “Plan Estratégico Militar de Estabilización y Consolidación ‘Victoria’”3, redoblando el pie de fuerza en lugares donde históricamente la violación de derechos humanos ha sido una constante. Esto no es una mera táctica de desatinos oportunistas o palabras mal ubicadas: es el discurso oficial que construye y mantiene el régimen respecto al genocidio en la Colombia profunda de quienes se organizan en defensa de los intereses de las personas de abajo. Es importante superar el discurso que ha optado la centro-izquierda y los jefes políticos de la antigua insurgencia y hoy partido político legal de las FARC, donde a pesar de la abierta guerra declarada desde los mandos altos militares con su mirada puesta en otro lado, mantienen bajo la política de “cordialidad” y “no darse duro contra el enemigo” un discurso de “respeto y admiración”, incluso de ingenuidad, hacia el aparato militar-paramilitar del Estado (como en el saludo de Timochenko a las fuerzas militares, desconociendo que la lógica contrainsurgente de estas ni siquiera ha menguado4).

Ante esto, diferentes organizaciones campesinas, indígenas y afro han optado por, de un lado, no confiar en el supuesto copamiento estatal de las zonas antes controladas por las FARC, porque o bien las fuerzas militares entran con un sentimiento revanchista y de venganza (como la región de la Macarena), o simplemente dejan abiertas las puertas a la entrada de grupos paramilitares. La comunidad de paz de San José de Apartadó es una muestra clara de ello: en vísperas del fin de año, 4 paramilitares fueron detenidos por la comunidad cuando cumplían la misión de asesinar a uno de los líderes sociales del territorio, y a pesar de las advertencias que ya se habían hecho, el discurso del ejército y la gobernación de Antioquia es que dichos sicarios políticos eran “bandidos comunes” que iban a robar un supermercado, a pesar de las múltiples pruebas, y finalmente fueron dejados en libertad5. Esto no solo refuerza lo que ya se ha venido diciendo, sino que nos muestra la respuesta natural de las comunidades frente a la avanzada paramilitar de los territorios, en consonancia con la omisión (pero no inacción) del Estado: si bien la mayor parte de los movimientos sociales no están dispuestos a replicar la guerra bajo las lógicas que impartían en antaño las insurgencias, la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno y son los mismos pobladores organizados quienes van, generalmente de manera pacifica pero contundente y organizada, desarmando a grupos paramilitares, militares e incluso a insurgencias que desafían el poder popular construido por las mismas comunidades, esto último vislumbrado sobre todo en el caso del extremo militarismo del EPL (supuestamente maoísta) en el Norte del Cauca.

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“la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno”. En la imagen, militares detenidos por la guardía indígena de Nariño, luego de realizar incursiones no deseadas por la comunidad en territorio ancestral. Foto: La FM

 

Y lo anterior en el año 2017 fue historia, de abajo y sin grandes titulares, que sin embargo va marcando unos antes y después en determinadas veredas, resguardos y municipios: el desarme del ejército en Corinto (Cauca), las incautaciones al Ejército Popular de Liberación y disidencias de las FARC en Caloto y Toribío (Cauca), la captura de paramilitares en Apartadó (Chocó), el establecimiento de nuevas guardias campesinas, afros y populares en departamentos como Cauca, Tolima, Valle y Putumayo, la unión multicultural en defensa del territorio en el Catatumbo y Chocó, entre otras experiencias similares. En conclusión: de forma espontánea, a pesar de las equivocadas lecturas de aquella izquierda seducida por el discurso santista, el pueblo va cada vez asumiendo la defensa de su territorio, cosa que tarde o temprano chocará contra el monopolio de la fuerza terrateniente y gamonal que se mantiene en el país, tal como ha venido pasando por ejemplo en Túmaco. No sobra anotar que en esta parte el anarquismo militante ha estado más o menos ausente, y se requiere entender la lógica de la territorialidad como un eje fundamental programático para una certera apuesta por el establecimiento de proyectos políticos de carácter comunitarios y asamblearios, incluso, que abren las puertas hacia la discusión de Estado, el militarismo y la verticalidad dentro de los mismos movimientos sociales, sobre todo en un país como Colombia, donde las insurgencias han tenido una base social impresionante pero han impuesto su propio lógica a estas.

En el aspecto legislativo, a pesar de la supuesta esperanza que se asumían con los diálogos de paz, por ejemplo, respecto a participación política y distribución de la tierra, la ofensiva contra el pueblo no paró. Muchas de las zonas que se negociaron en La Habana y que se iban a dar a los antiguos guerrilleros, así como a familias sin tierra, se han embolatado en proyectos productivos que no han tenido plena financiación, repercutiendo incluso en el abandono de ex-combatientes de sus zonas veredales a causa de la desilusión6. Esto se suma a la ya avanzada de los ejércitos paramilitares anti-restitución, promovidos por terratenientes de diferentes regiones, mientras la legislación de entrega de tierras se encuentra lenta o su ejecución directamente frenada. En vía de ello, la supuesta apertura democrática negociada con las FARC fue pateada por el congreso de la república, no solo por la bancada de extrema-derecha sino por la desidia dentro de los mismos partidos oficialistas, quienes con macabras jugadas legislativas tumbaron la propuesta de entregar 16 curules a los movimientos de víctimas de los municipios que más sufrieron el rigor de la guerra en el país. Como se verá más adelante, a pesar de lo lamentable de la situación, da pie a experiencias democráticas en dichos territorios que pueden ser favorables a posturas libertarias, dada la desesperanza que invade a los movimientos agrarios que pierden cada vez más la fe en el supuesto camino trazado que dejó las negociaciones con la insurgencia, pero aumenta la confianza en la propia organización popular (un poco perdida en varios aspectos, bajo el establecimiento vanguardistas de algunas insurgencias, cuyo diálogo con los actores sociales si correspondía con una lógica militarista de arriba/abajo-ejército/pueblo).

Y a parte de la legislación meramente parlamentaria, dentro de los movimientos sindicales también queda un precedente gravísimo con respecto a la huelga de pilotos de Avianca, donde a pesar de ser una manifestación que contó con una fuerza increíble (siendo la huelga aérea más larga en la historia del país), finalmente fue declarada ilegal, por supuestamente, estar vinculada a la prestación de “servicios públicos”, a pesar de ser eminentemente operada por particulares, y peor aun, particulares históricamente aliados del paramilitarismo como el dueño de la aerolínea, el señor Eframovich. Esto marca un precedente dentro de un movimiento sindical que cada vez da más pasos atrás, por ejemplo, con la pasividad que se asumió el año pasado el paupérrimo aumento del salario mínimo (escenario que se repitió de nuevo para este año) y el ataque a los bolsillos de los pobres que significó la reforma tributaria; en suma, todo ello, parece que la da ciertas ventajas judiciales y de precedentes a la ya poderosa patronal de Colombia.

Las fuerzas alternativas:

En la arena de la izquierda, como se puede entender en un año preelectoral, el establecimiento de alianzas fue el derrotero. Quedan ya marcadas para la contienda electoral 3 posiciones: primero, una complicada alianza anti-corrupción del Polo Democrático, la Alianza Verde y Compromiso ciudadano, que recoge desde las posturas centro cercanas al derechismo civilista (Sergio Fajardo) hasta la izquierda socialdemócrata (Jorge Robledo); segundo, de la izquierda, encabezada por el controvertido Gustavo Petro (movimiento Progresistas) y Clara López (antigua líder del Polo Democrático que viró hacia el ministerio de Trabajo de Santos), secundados por varios movimientos, entre ellos la Unión Patriótica (paralela al Partido Comunista); y finalmente, el movimiento político de las FARC, que ha renunciado a las alianzas con la confianza de las 10 curules legislativas ya aseguradas en La Habana y que le apuestan a cierta relevancia electoral en la presidencia, y sobre todo, en la cámara de representantes desde las regiones donde ha tenido presencia o ganó simpatía con las movilizaciones en defensa de los diálogos de paz en el 2016.

También se hace necesario hacer un balance de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, cuyo mayor logro en el año fue un cese al fuego para cerrar el mismo. Los avances han sido difíciles, de un lado, porque el ELN se ha fortalecido en regiones como el Cauca y Chocó, estratégicos por su pasado bajo el dominio de las FARC y que confrontan trincheras con el paramilitarismo, y de otro, porque dado los incumplimientos del gobierno con lo pactado con las FARC, el ELN no parece querer arriesgar, postura jalada por el sector considerado más “ortodoxo” e influenciado por el Frente de Guerra Oriental, que ha extendido su estrategia a otros frentes, aunque si bien, realmente el crecimiento dentro de una estrategia nacional es más bien corto respecto a lo que se esperaba con los “farianos” que no querían dejar las armas.

El balance a la derecha:

Finalmente, dentro del bloque dominante, el 2017 ha marcado la dinámica bajo la batuta pre-electoral también. Sin embargo, y contrario a otras veces, no son claras las alianzas, sobre todo por juegos de caudillismos y cálculos. El sector santista, que hasta ahora tenia cierto control político en el aparato estatal, entró en crisis tras la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional y los continuos escándalos de corrupción, lo que le ha puesto fecha de vencimiento a ese proyecto, que se ha dispersado sobre todo dentro del Partido Liberal, con la figura mediática de Humberto de la Calle, político tradicional que sin embargo ha recogido a una parte pequeña de la izquierda para su candidatura presidencial. La ultraderecha sin embargo está dividida: no ha podido consolidarse una postura entre los conservadores, el uribismo y sectores más independientes vinculados con el ultra-catolicismo, sobre todo porque no se han logrado consolidar los referentes y existen ciertas rupturas internas (como en el Uribismo, entre el sector ganador de la consulta de Iván Duque y el ala más radical de José Obdulio Gaviria); sin embargo, es muy probable que está alianza llegue a buen puerto, lo que deja en alerta tanto a la izquierda que está en disputa electoral como los movimientos sociales que han centrado su accionar en la movilización. Pero si el 2017 ha dado una sorpresa ha sido el lanzamiento al ruedo de Cambio Radical, un partido que venia acumulando casi en silencio un poderoso aparato electoral regional y fuerza política con la táctica del camaleón dentro del santismo, y que, con condiciones más propicias para lanzarse al ruedo solos, abandona el barco que durante 8 años ayudó a conducir. Vargas Lleras se lanza, si bien por firmas, con el aval de toda esa maquinaria con terrible fuerza en la costa Caribe y el centro del país, y a pesar de los escandalosos casos de corrupción de sus representantes electos, va en firme para una eventual segunda vuelta electoral en el 2018. Estas diferencias dentro de la derecha y los sonados casos de corrupción, hacen que una batalla entre izquierda y derecha se pueda dar, como no la ha habido desde el 2008 (y prácticamente nunca en la historia del país), aunque puede perderse la oportunidad con la división de la izquierda.

Un año que viene:

Elecciones y elecciones:

Como se ha hecho evidente, el reto coyuntural y táctico del 2018 será abordar el tema electoral. Claro, no bastará simplemente repetir de forma vacía la consigna anti-electoral de “el voto no sirve y la lucha sí”, si los sectores libertarios no evidenciamos, dentro del amplio espectro del campo popular, que efectivamente estamos a la altura histórica que requiere la lucha, y por sobre todo, que esa lucha da resultados. Así, el debate habrá que darlo desde las aristas que nos sean más favorables, que puedan recoger el amplio de los sentires de abajo pero que se puedan viabilizar en alternativas de resistencia, que trasciendan la coyuntura y se conviertan en un verdadero camino estratégico de mediano plazo.

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El 2018 será un año electoral, y el gran reto para el movimiento libertario inscrito dentro de la lucha social es lograr mantener la independencia mientras se acumulan fuerzas que no se vayan con la coyuntura.

Queda claro también que una postura en el 2018 frente a las elecciones parte de una gran claridad política, ya que no es extraño (como pasó en el plebiscito del 2016), que el miedo a la avanzada derechista lleve a varias compañeras a votar o incluso hacer campaña abierta por algunas de las alternativas, y tal cual como lo repite la socialdemocracia cada 4 años, “hay que ganar porque es mucho lo que está en juego”. Precisamente, las alternativas de verdadera transformación se cierran si se piensa que dentro de la Coalición Colombia hay una propuesta que, si bien su punta de lanza es la lucha contra la corrupción, no logra consolidar un programa mínimamente antineoliberal y mucho menos anticapitalista; de otro lado, dentro de la lista de la decencia de Petro y Clara López, esta última representa un sector oportunista y peligroso infiltrado dentro de la izquierda, que ante los mínimos coqueteos burocráticos cede sus supuestos principios por un cargo de verdugo contra las de abajo, legislando contra las trabajadoras como lo hizo López en el ministerio de Trabajo; y finalmente, las FARC parecen ensimismarse cada vez más en ellas mismas, producto de equivocados cálculos políticos, donde la práctica (y ciertas posturas ambiguas) les terminarán acorralando a sumarse a la campaña de De la Calle, bien sea directamente o indirectamente, pues es muy difícil que alguna de las otras candidaturas “alternativas” les quiera recibir. Así, el reto es saber expresar estas desconfianzas en los movimientos sociales, si bien tampoco reduciendo el mensaje al “no votar”, ni tampoco colocándolo como barrera comunicativa. Una postura que nos puede ser de utilidad es no colocar la contradicción del voto-no voto, sino precisamente dedicar las fuerzas a articular las luchas, de un lado, para darle énfasis a que es ahí donde se resuelven de fondo los problemas y bajo los ritmos que se decidan abajo, y de otro lado, que puede prepararse para enfrentar un gobierno de derecha o mantener la independencia de un gobierno progresista. Para ello, es preciso recurrir al “encontrarse desde la lucha”, donde se hace necesario mantener las lógicas de articulación, lectura de actualidad y proyecciones de todos los escenarios, donde lo trascendental no sea el voto, sino la fuerza e independencia que tengan aquellos movimientos populares cuyas prácticas se han venido intersectando con las nuestras.

Una propuesta estratégica:

Esto se puede materializar aun más para el largo plazo con la ola de consultas populares medioambientales que se han dado en el país, y que han logrado ser punto de encuentro de movimientos sociales, procesos de pobladores, campesinos, indígenas, afros, ecologistas y colectivos independientes, y puede desafiar el modelo minero-energético a la vez que no deja perder todas las fuerzas en la dinámica electoral, muy a pesar de que no tengamos la fuerza suficiente para que ello termine pasando.

“¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?”. Foto: Revista semana

Pero no es gratuito que se plantee la lucha contra la gran minería y la extracción de hidrocarburos como un punto de partida para dar un debate a nivel nacional, sino que precisamente recurrimos a aquello que ya nos hacia mención Murray Bookchin desde hace décadas: el capitalismo internacional va situando sus contradicciones cada vez más en declive del planeta contra el consumismo desenfrenado, donde una sociedad ecologista y libertaria no será ya una utopía de minorías militantes, sino una necesidad de supervivencia para los pueblos. Esto parece ser una preocupación central si analizamos coyunturas regionales en el año anterior, como los bloqueos al relleno sanitario doña Juana y el paro de la cuenca del río tunjuelo en Bogotá, así como las movilizaciones en defensa de los páramos en el Tolima o Santander, solo por citar unos ejemplos. No es de extrañar que esto se agudiza más con el escenario del posconflicto, donde las puertas de la mayoría de las grandes bioreservas nacionales quedaron abiertas tras la salida de las FARC como agentes armados, y que ya se ha saldado con el inicio del ecocidio en regiones como la serranía de la Macarena. Así, si lo pensamos, los conflictos socio-ambientales representan el nodo que puede articular diversas luchas, como las ya mencionadas respecto al ejercicio de control territorial de las comunidades (donde las guardias populares no solo tendrán que afrontar al paramilitarismo, sino también la entrada de multinacionales, si bien ambos aliados), y en la otra cara, recurre a un tema de importancia central para diversos movimientos sociales y personas desposeídas que aun se encuentran alejadas, por ignorancia o fastidio a la vieja izquierda, de la lucha popular, pero que tienen una preocupación ambiental. Esto además de ser un escenario donde resalta el abandono de las principales fuerzas de izquierda, quienes ahora enfilan militancia dentro de las urnas y que, como pasará en muchos casos, luego de salir “quemadas”, querrán volver a vincularse a las movilización más actuales y con resonancia. ¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?

Primero, organizar la casa:

Pero para consolidar una estrategia de dicha envergadura, no falta con diversos colectivos o militantes libertarios dispersos, sino que se hace necesaria la articulación libertaria. No es de extrañar a estas alturas, que así como la izquierda y la derecha llegan al escenario pre-electoral divididas, con cierta mofa, podamos hablar de que las libertarias llegamos al escenario pre-anti-electoral también divididas, y casi que por las mismas razones de personalismos y falta de voluntad, pero también, para ser críticos, por la falta de criterio político para establecer una linea común de trabajo, muy insuficiente en anteriores espacios de encuentro. En ello, quedan dos retos:

Primero, lograr establecer esos “objetivos” en común, es decir, como mínimo, que en el 2018 podamos, en el encuentro de la lucha y desde abajo, establecer metas comunes a pesar de no caminar estrictamente juntas, lo que podría dar pasos para en un futuro no tan lejano lograr establecer al movimiento libertario como un referente dinámico e importante dentro del campo popular colombiano. Se hace necesario que los espacios de encuentro sean lo más aterrizados posibles, y recurran incluso a ciertas delimitaciones necesarias para no llevar los debates a la estratosfera: encuentros de territorio, juveniles, agrarios o de economías alternativas son centrales en esto, que dejen acumulados sistematizados para poder luego evaluar lo conseguido o perdido, sobretodo si queremos realizar análisis serios luego de las elecciones.

Segundo, es importante establecer una corriente de acción y pensamiento clara. Para ello, las labores de propaganda, agitación, de referencias y discursivas son aspectos fundamentales, que debemos darlas con concreción y sencillez, para resolver las necesidades reales con procesos prácticos realizables. Esto se puede fortalecer si como punto de partida colocamos las luchas que ya acompañamos como referentes para otras regiones del país, tales como la liberación de la Madre Tierra del Norte del Cauca o los ya mencionados conflictos socio-ambientales de Cajamarca o el Santander, incluso, poniendo a diálogar otras experiencias internacionales como el confederalismo democrático de Kurdistán. Una propuesta que ha surgido últimamente ha sido la del autonomismo comunitario, desde la cual se intenta plasmar ciertas prácticas que podríamos llamar “antiautoritarias” y que buscan desarrollarse dentro de los movimientos sociales para logran horizontes de transformación, con una apuesta que pretenda desarrollar las diferentes caras de la autonomía: económica (con una apuesta autogestiva de producción), cultural (acompañadas de procesos educativos populares y étnicos, por ejemplo), política (bajo la batuta del asamblearismo, la democracia directa y participativa, y principios como la rotatividad, revocabilidad y no centralidad) y pueda superar errores tradicionales de las fuerzas alternativas (con principios antipatriarcales, antiracistas y descentralización); todo esto bajo una perspectiva de abocamiento completo por la comunidad, proyectos que sin embargo solo se dan mientras halla un territorio sobre el cual asentar el proyecto, lo que nos conecta con lo planteado antes: la necesidad de la disputa y defensa del territorio.

Así, como punto de partida para el año que viene, debemos organizar las perspectivas y caminar la defensa del lugar que nuestros pies pisan, y solo con ello, plantear que necesariamente, solo la lucha dará los frutos que los de arriba nos han negado históricamente.

Steven Crux
Enero 2018

3Para un análisis más detallado, se recomienda el Documento de análisis del PCC sobre cambios en política militar

2017, un año para no olvidar

Como tercer año consecutivo, llevo repasando el fin de año tratando de recordar lo más sonado este 2017, y seguir adelante con lo construido y lo que quede por hacer. Dejamos otro año repleto de muchísimas historias, de alegrías y penas, de aventuras y cambios, de tropiezos y aciertos, de victorias y derrotas… que sin duda nos marcarán en nuestras vidas.

Este 2017 sin duda marcará a la generación de los ’90 como el comienzo de la vida adulta, lo que significaría para muchas, madurar y, para todos los hijos e hijas de clase trabajadora, darse cabezazos contra la dura realidad marcada sobre todo por la falta de oportunidades, tanto en el mundo laboral como en la entrada a la Universidad, sin olvidar la dificultad para emanciparse por las altas tasas de paro juvenil, el precio de la vivienda y el trabajo temporal y mal remunerado. Y a pesar de que la crisis nos haya pillado en nuestra mejor etapa de la vida, salimos adelante sobreviviendo entre la precariedad y la emigración, luchando por una vida que merezca la pena ser vivida.

Recordamos la llegada del 2017 con un tarifazo de la luz así por la cara otro año consecutivo más, el conflicto de la estiba, la condena a Cassandra por los chistes de Carrero Blanco, las Marchas de la Dignidad, la cumbre del G20, el problema del turismo masivo en ciudades como Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Venecia…, los conflictos en Venezuela, la desaparición de Santiago Maldonado y posterior aparición de su cuerpo, la cuestión catalana y la movilización social durante y tras el 1O, la lucha incansable del pueblo de Murcia contra el muro del AVE, los incendios en Galicia y el norte de Portugal, la victoria sobre Raqqa, la masiva manifestación nazi en la capital polaca el día de su independencia, las manifestaciones contra la violencia machista, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, el tráfico de esclavos en una Libia destrozada por el imperialismo, el golpe de Estado en Honduras y la posterior resistencia popular…, el final de la neutralidad de Internet en EEUU y la chispa que volvió a incendiar Oriente Próximo cuando Trump firmó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. Dejo aquí muchos acontecimientos más en el tintero ya que no entrarían en este resumen.

Afrontaremos el siguiente año con un cambio climático cuyos efectos cada vez serán más graves sobre la Tierra pero que ningún país parece querer realizar acciones para revertirlo. La crisis económica aún estará lejos de solucionarse y más para España, cuya hucha de las pensiones fue saqueada por el PP y será deficitaria, mientras el BCE dejará de comprar deuda española. Dentro de Europa, hemos de considerar el auge del fascismo en los países del Este y en todo el mundo, ya está en marcha la ofensiva neoliberal. Un fantasma recorre el mundo y no es precisamente el de la URSS, sino una nueva ola conservadora reflejada en Trump, en Macri y en Macron y Le Pen.

Ante esta ola conservadora, las izquierdas —y en particular el movimiento libertario— debemos avanzar y tomar posición en la situación política actual. En América Latina, la apuesta del CNI en México es un ejemplo de la necesidad de pasar a la ofensiva con un movimiento popular indígena detrás para cambiar el modelo de país. Los movimientos sociales en Argentina también deberían plantearse una ofensiva que no solo frene los recortes de Macri, sino que también puedan configurar un nuevo modelo de país. En Chile, ponemos las esperanzas en el Frente Amplio y en la ruptura democrática en aras de hacer avanzar el movimiento popular. Tampoco olvidemos la resistencia campesina en Colombia y las luchas sociales en Brasil ante la represión contra los anarquistas. Yendo para Oriente Próximo, nos duele otra vez Palestina que sufre otra dura agresión por parte de EEUU e Israel contra Jerusalén, capital de Palestina. En Rojava destacamos la victoria sobre Raqqa y en algunas zonas de Bashur (Kurdistán iraquí) el PKK ha proclamado la autonomía democrática y hay en curso un levantamiento contra Barzani.

Volviendo hacia Europa, tenemos las miradas puestas en Catalunya, donde el Procés tras el 1-O ha dado protagonismo a la autoorganización popular a través de los CDR. Cuando la movilización social estaba prácticamente por los suelos, la llegada de septiembre y el curso de los acontecimientos pareció reactivar en Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones, sin olvidar tampoco la movilización del pueblo gallego durante los incendios ni al pueblo murciano que salió a las calles contra el muro del AVE. La cuestión catalana también ha abierto entre nuestras filas una serie de debates acerca de la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la cuestión nacional y la territorial. Estos debates sin duda han sido de los más sonados entre el anarquismo ibérico y catalán, y la izquierda en general. Para bien o para mal, era necesario una buena sacudida en nuestras filas para desechar viejas glorias y prejuicios acerca de la cuestión nacional, ya que entenderla es clave para conocer los movimientos populares del s. XXI: el Rif, las luchas indígenas y el movimiento de liberación kurdo principalmente.

Dejamos otro año atrás con un buen sabor de boca, al menos para mí, observando cómo comenzamos ya a caminar sobre suelo firme con proyectos y organizaciones como la FAGC, Apoyo Mutuo, la FEL, Embat y nuestras compañeras gallegas que estrenaron este 2017 Bátega. La construcción del poder popular requiere paciencia e inserción en las luchas sociales, como la vivienda, el movimiento estudiantil y la Educación, las remunicipalizaciones, el sindicalismo de clase, el medio ambiente y los barrios.

Para el año que viene, en Catalunya hemos de darle una salida por lo social al Procés y evitar volver al casillero de salida del ritmo institucional. La Asamblea Social Constituyente será decisiva para darle una nueva dirección y legitimidad a los movimientos sociales catalanes de cara a impulsar la construcción de una República y un proceso constituyente desde abajo a la izquierda, poniendo sobre la mesa la mejora de las condiciones materiales de la ciudadanía y la clase trabajadora en materias de: vivienda, barrios y pueblos, servicios públicos (Educación, Sanidad, pensiones, Seguridad social, suministros…), marco laboral y política económica, energías y medio ambiente, y soberanía territorial. Y para el resto de España, la ASC y los CDRs deberían ser ejemplos y motivos para que en el resto del territorio se active también la lucha social, en clave de configurar una política de alianzas entre anarquistas, los movimientos sociales y la izquierda radical de cara a construir una ofensiva contra el Régimen del ’78. Recordemos que el art. 155 no es solo para reprimir a Catalunya. También supondrá otra oleada de recortes en derechos y libertades en el resto del Estado español (ya ha sucedido con la intervención de las cuentas del Ayto. de Madrid y del de Cádiz). Debemos ir superando poco a poco los movimientos reactivos (contra la represión, contra …) para comenzar a plantearnos la ofensiva. Solo un pueblo fuerte será capaz de parar el fascismo y revertir los ataques neoliberales.

Como despedida hasta el año que viene, nos espera un 2018 movido, con un camino duro y lleno de retos que afrontar. Durante estas semanas de reencuentros familiares, no olvidemos cuidarnos nosotros y nosotras mismas junto con nuestros seres queridos y recibamos el nuevo año con alegría, ánimos, esperanzas y muchas fuerzas. Por ello, brindemos una vez más por las victorias que hayamos cosechado el movimiento popular alrededor del mundo este 2017. Iniciaremos el siguiente año con un ciclo político en el cual se nos hace cada vez más importante participar de los procesos de lucha social en las calles. Para el 2018, será clave activar un nuevo ciclo de movilizaciones con vocación de poder popular e ir construyendo una institucionalidad desde la base (asambleas de barrio, asociaciones de vecinos, sindicatos, grupos ecologistas, organizaciones feministas…) como foco de contrapoder y de clase. Tenemos que pasar a la ofensiva si queremos ganar, así que afrontemos el nuevo año con los mejores deseos y anhelos por ese nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones, y que tratamos de materializar en estos instantes.

¡Feliz solsticio de invierno para el Norte, equinoccio para el trópico y solsticio de verano para el Sur! La historia solo acaba de empezar. ¡Construyamos colectivamente el futuro en el que deseamos vivir!

Comencemos a tomar posiciones de fuerza

Antes que nada, sé que no es fácil asumir de primeras este planteamiento dado el estado actual del anarquismo en una coyuntura difícil. Pero lo veo como un ejercicio cada vez más necesario para romper con el inmovilismo y la continua derrota. No podemos seguir quedándonos en una posición reactiva o a la defensiva, en dinámicas que son únicamente el activismo por el activismo, el movimiento por el movimiento o no ir más allá de lo cultural (encuentros del libro anarquista, charlas, coloquios, y demás actos culturales, unos más y otros menos de autoconsumo). Con lo último no quiero decir que se dejen de hacer, sino que hay que ir más allá. Y hablo de tomar posicionamientos políticos ante los sucesos actuales que hayan tenido impacto en la sociedad y haya dado lugar a que la población comience a salir a las calles y politizarse. Casos como el 15M o la ola de movilizaciones en Catalunya que comenzó desde septiembre de este año ilustran cómo son acontecimientos excepcionales que abren una posibilidad de ruptura con el actual Régimen del ’78, y pienso que tenemos cierta responsabilidad en tomar partido en estos escenarios ya que es cuando la gente se politiza y comienza a ver las contradicciones de este sistema.

Dijo Errico Malatesta una vez que los y las anarquistas deberían estar con el pueblo y fomentando toda clase de organizaciones populares allá donde actuásemos. La autoorganización popular no nos debería asustar, al contrario, nos debe llamar a participar en ellas y hacer que las organizaciones sociales vayan asumiento posicionamientos cada vez más radicales, no solo hablo de las luchas a nivel social, sino también a nivel político. Sin embargo, nos ponemos excusas y nos autolimitamos criticándolos de ser parte de movimientos interclasistas, de ser reformistas, meramente independentistas que solo buscan un nuevo Estado-nación, que acabaríamos abandonando el anarquismo en pro de otros partidos o que acabarán siendo utilizados por la burguesía para sus intereses de clase. Una mirada menos ideológica y más a pie de calle nos demuestra que no es del todo cierto, sino que existe detrás una autoorganización popular dentro de lo que es un movimiento ciudadano e interclasista. La diferencia aquí entre tomar una posición de fuerza con seguir en una posición de debilidad, radica en cómo atajamos las contradicciones y damos las respuestas ante esta coyuntura.

Como durante el 15M, la cuestión catalana nos genera una serie de contradicciones (el interclasismo, los modelos de institucionalidad, el poder y la cuestión nacional principalmente) en nuestro pensamiento político y nos ha pillado a casi todas sin una respuesta clara sobre el momento. Sobre esta situación han aflorado dos vías:

-Por un lado, existe ese miedo a que con los cambios, el anarquismo deje de ser como tal (como si fuese algo universal y atemporal) con la incorporación de nuevas tesis sobre temáticas actuales. Este miedo junto con el rechazo a la necesidad de replanteamientos, relecturas y actualizaciones en los criterios de análisis y en la teoría política sobre las cuestiones que generan contradicciones, han llevado a algunos y algunas a asumir posicionamientos conservadores por el hecho de no querer enfrentarlas, manteniendo así unos principios inamovibles mientras los tiempos cambian. Esta actitud es conservadora por el hecho de que la realidad es siempre cambiante. Y al impedir acualizaciones en el corpus teórico-político, seremos incapaces de generar un discurso adaptado al momento y que nos permita avanzar. Recurrir a argumentos del pasado para justificar el presente pese a no encajar adecuadamente nos aleja de cualquier posibilidad de avance.

-Y por el otro, estamos quienes hemos visto la necesidad de enfrentar dichas contradicciones y encajar las piezas del rompecabezas para ser capaces de intervenir en esta realidad y poder cambiarla. Ciertamente como dije al principio, no es nada fácil ya que sentimos que aún hay camino que andar y mucho por construir. Nos aventuramos en terrenos pantanosos y nos rodea cierta incertidumbre, pero estamos convencidos y convencidas de que es la única vía de avance. Asumimos que siempre existirán las contradicciones pero que éstas no deberían echarnos atrás. Y asumimos también que si lo que queremos es la revolución social, hemos de trazar planes estratégicos y líneas políticas que nos permitan posicionarnos a la ofensiva, superando las inercias reactivas que llevamos arrastrando durante mucho tiempo.

Pero, ¿cómo asumir posiciones de fuerza cuando no la tenemos? Si no la tenemos, hemos de ganarla, y de ello depende de cómo juguemos las cartas ante las circunstancias del momento. En otras palabras, elegir la táctica o estrategia más adecuada a cada coyuntura. Un ejemplo de ello fue la Vaga General del 3-O, cuando desde la plataforma Triem Lluitar se lanzó una convocatoria de huelga general casi sin garantías, pero que resultó ser un éxito ya que obtuvo un amplio seguimiento y desbordaron las llamadas a la moderación de los sindicatos del regimen y la Taula de la Democracia. Similarmente ocurrió con los CDR que tomaron el protagonismo cortando las carreteras y las estaciones de Sants y de Girona, pese a que la convocatoria de huelga el 8N en Catalunya no tuvo seguimiento prácticamente. Y no solo esto, sino hasta el propio Procès fue arrastrado hacia posiciones independentistas gracias a la movilización ciudadana.

Pero ojo, esto no implica aunar esfuerzos por convocar grandes movilizaciones y/o huelgas, o acciones espectaculares sin tener en cuenta la coyuntura. Por ejemplo, estaba claro que la huelga del 8N no iba a tener el mismo seguimiento que el del 3-O. El movimiento por el movimiento produce también un desgaste, y sobre todo cuando no se tiene un objetivo claro. Esto es lo que acabó con el 15M, donde las movilizaciones no estaban provocando cambios en el sistema y la represión comenzaba a golpear.

Comenzar a tomar posiciones de fuerza implica tomar responsabilidad política de articular un cambio en este país, salir de la continua derrota y dejar de insistir en terceras vías que no cuelgan de ningún análisis materialista, ya que no se van a materializar porque no encaja en la coyuntura, sino solamente en nuestro propio imaginario ideal. Asumir esta posición nos obliga a organizarnos políticamente para poder crear un proyecto político propio; hacer una lectura en clave de oportunidades de los acontecimientos que tienen impacto a nivel de país con una visión estratégica, unas líneas políticas y objetivos claros; y poder articular un movimiento popular capaz de marcar agenda y generar relato y discurso que nos permita plantear una ofensiva desde abajo y a la izquierda contra el Régimen del ’78 y el statu quo neoliberal. De lo contrario, una izquierda débil —y en particular el anarquismo— dejaría vía libre a que las fuerzas políticas reaccionarias, en especial el fascismo, crezcan y puedan llegar al poder, cuyas consecuencias de sobras sabemos: recortes en derechos y libertades, aumento de las diferencias sociales, de la violencia en la vida cotidiana, del autoritarismo y la opresión en la vida cotidiana…

Dentro de 10 días habrá elecciones impuestas en Catalunya, en las cuales si gana el unionismo, tendrán mayor legitimidad para aplicar el 155. Y si gana el independentismo, la aplicarán igualmente aunque se les haya ganado en su terreno de juego. En ese momento habrá peligro de una vuelta al casillero de salida del Procès y que todo vuelva al ritmo institucional desmantelándose la calle, así que no debemos apostarlo todo en estas elecciones, a pesar de que es necesario votar en ellas para que no gane el unionismo. La clave estará en mantenerse en las calles y poder continuar en el escenario post-electoral, sobre el cual ya está en marcha la iniciativa Aixequem la República, desde donde hay posibilidad de articular un movimiento popular incidiendo la cuestión social y materialista bajo el paraguas de la construcción de la nueva República y el proceso constituyente.

No queremos ver otro ocaso del 15M, ni volver a casa otra vez con la moral por los suelos y desperdiciar así otra oportunidad de cambio que no sabemos cuándo volveremos a tener una coyuntura similar. En momentos así es cuando la gente comienza a politizarse y hay que aprovecharlo. Ya no tenemos nada que perder, y creo que vale la pena que nos arriesguemos.

Reformulación urgente de la cuestión nacional

¿Por qué el anarquismo no ha casado bien con la cuestión nacional? Es una de las preguntas que rondan en mi cabeza cada vez que oigo hablar de Catalunya en los ambientes libertarios. Por suerte, entre parte del movimiento libertario catalán y del resto del Estado español, se tiene claro qué implica todo esto. Antes de nada, la cuestión nacional no significa solo una bandera, un sentimiento, una patria o un Estado con una serie de características sociales y culturales. La cuestión nacional de la que quiero tratar y que se debe reformular en los ambientes libertarios trasciende lo superficial. Y es que más allá de toda identidad nacional, hay detrás una coyuntura política y una serie de actores políticos y sociales en disputa. Partiendo de aquí, podemos decir que es imposible desligar el nacionalismo con las condiciones materiales dadas en el mismo territorio.

Lejos queda ya atrás los primeros movimientos nacionalistas del s.XIX, y el internacionalismo del s.XX. En pleno s.XXI, las luchas de liberación nacional en algunas zonas del planeta son articulados desde el pueblo, como es el caso de Rojava bajo el Confederalismo Democrático. Lo que hace 200 años tenía un caracter burgués, actualmente se abre la posibilidad al pueblo para iniciar procesos de liberación nacional desde las naciones periféricas, y por supuesto, desde abajo. Esta nueva coyuntura de posibilidades nos debe hacer repensar el discurso antinacionalista decimonónico y el internacionalismo, en la cual, cada vez que se oye hablar de la cuestión nacional, se apelen siempre a los principios, a argumentos de autoridad de anarquistas del s.XX y a un cosmopolitanismo universalista que solo encaja en las conciencias tranquilas, pero no en la realidad material ni en la coyuntura actual. Es por ello que necesitamos una reformulación urgente de este tema, porque estamos quedando como nostálgicos del anarquismo decimonónico, conservadores y guardianes de las esencias del anarquismo. Los tiempos cambian, y si nosotras no sabemos cómo encajar estos cambios y nos resistimos a adaptar nuestra teoría y praxis políticas a la actual coyuntura, nos convierte en conservadores.

Urge pues un cambio de criterios de análisis y de visiones. La reformulación de la cuestion nacional pasa, primero, por pasar de una visión con base en principios universalistas, a tener una visión estratégica sobre la coyuntura que estamos atravesando. No es solo una cuestión de sentimientos e identidades, también hay detrás una serie de acontecimientos (antecedentes) que han llevado al actual escenario, y por ello, qué oportunidades tenemos para incidir. Como dije en párrafos anteriores, la cuestión nacional tiene como trasfondo una serie de condiciones materiales, tanto referente a la situación actual, como a unas nuevas condiciones materiales futuras. Y no solo de condiciones materiales, sino de qué actores políticos están impulsando los conflictos nacionalistas: éstos pueden ser desde la burguesía más conservadora, pasando por las clases medias, ser trasnversal, hasta ser impulsadas por las clases populares. Todo ello implica que cada actor, a través de la cuestión nacional, trata de implementar una serie de condiciones materiales que le favorezcan como clase social bajo el paraguas de un sentimiento e identidad nacional. Esto me lleva a otra pregunta: ¿por qué las luchas de liberación nacional-popular de las últimas décadas las han liderado los marxistas? La respuesta no es porque sean autoritarios, sino que nos lleva a pensar el por qué hemos sido incapaces de capitalizar las luchas de liberación nacional para escalarlas hacia una lucha  por la autodeterminación de los pueblos y en aras de construir un pueblo soberano.

Y como de tal palo tal astilla, la reformulación de la cuestión nacional también nos lleva al internacionalismo. Como tal, el internacionalismo debe basarse en el reconocimiento de la existencia de naciones oprimidas y su derecho a la autodeterminación, así como la hermandad entre los pueblos de distintas naciones y territorios. El internacionalismo que deberíamos reconocer es aquel que reconoce y defiende lo dicho anteriormente, y no aquel que se basa en un cosmopolitanismo cargado de valores universalistas que no encajan con la realidad coyuntural de las luchas de liberación nacional o lo niegan.

Volviendo al tema de Catalunya, el septiembre de este año nos ha venido como un vendaval en tiempos en que las movilizaciones sociales estaban bajo mínimos. Fueron días de cambios acelerados y las calles volvieron a activarse en Catalunya viendo cómo el desafío independentista pasaba a ser un mero conflicto independentista a ser una cuestión de derechos civiles. Este vendaval como agua de mayo significó la oportunidad de activación de un nuevo ciclo de movilizaciones. Entonces llegó el 1-O y la situación fue esperanzadora al ver la autoorganización vecinal desplegada para defender los colegios electorales, incluidos los y las anarquistas, que incluso llegaron a votar. La brutal represión desatada aquel día dio como resultado que la huelga general convocada el 3-O fuese desbordada a pesar de que CCOO y UGT se desmarcaran. Tras ese día de desborde, la situación pasó por momentos de impass, y pareció por un momento que las movilizaciones se iban a desinflar cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió 8 segundos después. Después de que el artículo 155 llegase al Senado y el mareo institucional, finalmente se aprobó la declaración de independencia, con la consiguiente disolución del Parlament para convocar unas elecciones el 21 de diciembre.

En medio de este vendaval, corrieron ríos de tinta de posturas muy diversas al respecto. No voy a hablar de la evidente actitud totalitaria de los unionistas, sino de los libertarios en sí. Dejando de lado el españolismo más rancio de Unidos Podemos, el cual su discurso encaja ya perfectamente con el Régimen del ’78, lo que hemos visto va desde un antinacionalismo esencialista y con olor españolista, pasando por un apoyo a la autodeterminación de los pueblos sin Estado, hasta la defensa estratégica de la construcción de la República catalana y de allí avanzar hacia un Procès Constituent cuyo protagonista sea el pueblo. Aunque nos parezca a todas la evidente contradicción de la última postura, realmente se trata más de una cuestión estratégica más que de principios, y es que todo estos acontecimientos han sido respondidos desde la autoorganización popular para defender el Referéndum, que ahora han pasado a ser Comités de Defensa de la República. Y remarco que a pesar de las innumerables contradicciones que implica siempre avanzar con el pueblo (lidiar con el interclasismo, intenciones de control de asambleas por parte de organizaciones verticales, sentimientos nacionalistas separados de la realidad material, aliarnos con otras fuerzas políticas autoritarias…), nuestra responsablidad como libertarias es acabar con ellas ensuciándonos y luchando junto al pueblo para conseguir que las reivindicaciones puramente nacionalistas y/o independentistas tengan un contenido materialista y socialista libertario sin ir por delante.

Muchas hemos dicho en ocasiones anteriores de que no debemos dejar pasar oportunidades de ruptura como habíamos dejado pasar el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M, y hemos acertado. Sabemos pues que la República no será el final, sino un inicio para la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, y sabemos que tampoco será el socialismo libertario en un solo país, sino que deberá ser el inicio de un ciclo de movilizaciones en el resto del Estado español.

La independencia de Catalunya, al margen de todos los memes y parodias que se han hecho sobre el tema con los cuales nos hemos alegrado estos días, nos ha demostrado que, primero, no es ya solo una mera cuestión nacionalista; segundo, que en el s.XXI en Europa aún hay posibilidades de cambios y rupturas en donde el pueblo sea un actor importante en los acontecimientos; y por último, que la unidad de España no será para siempre y que es posible romperla, y con ella, el Régimen del ’78. Esta ruptura pasará por una ofensiva popular en favor de una república federal en España que acabe con los resquicios del franquismo y establezca un nuevo marco coyuntural que implique una mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora del Estado español. La actual izquierda española, por desgracia, está demostrando no estar a la altura de las circunstancias al atrincherarse en posturas defensivas en medio de la polarización de la sociedad. Esta izquierda débil está dejando que el fascismo crezca y por ello, que acaben con cualquier otra vía de ruptura.

En resumen, no podemos permitir ahora una regresión, y por todo esto es necesario que los y las libertarias atajemos la cuestión nacional desde una perspectiva estratégica, que aunque llena de contradicciones, nos permita trascender el mero independentismo y poner así sobre la mesa temas materialistas tan importantes como la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, construcción de un nuevo modelo de institucionalidad a partir de los organismos populares (CDRs, sindicatos de clase, AAVV, cooperativas, …), la defensa de la soberanía popular (con ello, las soberanías polícia, económica, territorial, alimentaria, socio-cultural, energética…) antes que la soberanía nacional, y así avanzar hacia el modelo de sociedad socialista libertario por la que luchamos.

[Colombia] Ejército Nacional asesinó a un campesino en Cauca

Tomado del Centro de Comunicación y Educación Popular Enraizando: https://enraizandoprensalibre.wordpress.com/2017/09/21/ejercito-nacional-asesino-a-un-campesino-y-dejo-dos-mas-heridos-en-zona-rural-de-corinto/

Ejército Nacional asesinó a un campesino y dejó dos más heridos en zona rural de Corinto, Cauca:

La fuerza publica de nuevo dispara de manera indiscriminada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto-Cauca. En los hechos fue asesinado el campesino José Alberto Torijano, coordinador de la Guardia Campesina de la vereda Río Negro, además fueron gravemente heridos Jonathan Alexander Hernández Guevara y Gonzalo Iquinas Perdomo.

Desde las 4am efectivos del Ejercito Nacional iniciaron un allanamiento que buscó la destrucción de un laboratorio de coca en la vereda Medía Naranja. En el operativo dos comuneros fueron retenidos por el Ejercito Nacional, lo que ocasionó una acción espontanea de  solidaridad de las comunidades indígenas y campesinas, buscando la liberación de los comuneros retenidos. Ante la presión comunitaria los militares cedieron y liberan a los dos comuneros retenidos. Escoltados por las comunidades el Ejercito inició su retirada de la zona, pero entre las 8 y las 9am, a la altura de la vereda Pueblo Nuevo, comenzaron a disparar contra las comunidades, es allí que es asesinado José Alberto Torijano, mientras que otros dos civiles caen heridos por el fuego de los militares.

Es muy preocupante que militares y policías operen con impunidad, disparando de manera reiterada contra las comunidades indígenas y campesinas, como si la vida de los sectores populares de Corinto no tuviera valor. Es común que las comunidades indígenas de Corinto sean recibidas por ráfagas de fusil, disparadas por efectivos policiales durante la realización de las Mingas de Liberación de la Tierra. El asesinato del joven indígena Daniel Felipe Castro Basto, el pasado 9 de mayo, es el resultado de este modo de proceder represivo de los uniformados.  La reiteración de los hechos de muerte por parte de policías y militares indica que el asesinato registrado el día de hoy no es un hecho aislado, es evidente que existen ordenes expresas de altos oficiales de la Fuerza de Tarea de Conjunta Apolo y de la Policía del Cauca para disparar con impunidad y asesinar a las comunidades.

Este no es el primer ataque contra la comunidad campesina de Corinto, en octubre 19 del año pasado dos hombres armados en una moto llegaron a las 8pm hasta la casa de Esneider Gonzalez, ubicada en el casco urbano de Corinto, Cauca, y le dispararon en repetidas ocasiones, dejándolo gravemente herido con dos disparos en la espalda y uno en la cabeza.

Las guardias campesinas y populares han sido impulsadas en el departamento por la Organización para el Desarrollo Urbano y Campesino del Cauca, (ORDEURCA), como una forma de apropiación y ejercicio del poder campesino en los territorios, pero también como una forma de defensa de la vida de las comunidades. Este proceso campesino se encuentra inspirado en la experiencia exitosa de organización de las comunidades indígenas nasa del Cauca, ya que la Guardia Indígena o Kiwe Thegna, ha permitido que las comunidades ejerzan un control efectivo sobre el territorio y defensa de las comunidades en su lucha por la tierra.

De acuerdo con el reciente informe de Somos Defensores, sobre la violación de derechos humanos contra activistas sociales en Colombia, de enero a junio de 2017 se presentaron 335 agresiones y 51 asesinatos de activistas sociales. De acuerdo con diferentes fuentes, desde el 2016 el departamento del Cauca continua siendo el más golpeado por la violencia contra las organizaciones populares en Colombia.

Por otro lado el allanamiento realizado por el Ejercito el día de hoy fue una medida arbitraria de parte  de la fuerza publica ya que, desde inicios de este año, las comunidades han buscado mecanismos de dialogo con el Gobierno Nacional para realizar un acuerdo que permita  la sustitución permanente de cultivos de coca. Para el mes de abril German España,  funcionario de la Dirección para la Atención Integral de Lucha Contra las Drogas, se reunió con las comunidades de Corinto y reitero la disposición de dialogo del Gobierno Nacional, sin embargo nunca dieron respuesta a la propuesta de sustitución de cultivos presentada por las comunidades. El Estado no solo desconoce la voluntad de dialogo de indígenas y campesinos, por el contrario procede a criminalizar, perseguir y violentar a las comunidades que, abandonadas por la inversión estatal,  acosadas por las políticas económicas neo-liberales, se han visto obligadas a subsistir a través de los cultivos de coca.

Denunciamos el asesinato de José Alberto Torijano

Rechazamos la política de muerte contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

Hacemos un urgente llamado a las organizaciones de derechos humanos para que realicen un seguimiento permanente de la violencia registrada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

No más represión, no más persecución , basta ya de tanta muerte contra los sectores populares en Colombia.

(Foto: Tomada hoy por comunero indígena en el lugar de los hechos. A quien le agradecemos y reconocemos su importante trabajo de registro fotográfico )

La independencia catalana y la activación de un nuevo ciclo de movilizaciones

A dos semanas del 1O, todavía al parecer buena parte de la izquierda no tiene un posicionamiento claro respecto al Procés. Lamentablemente, hemos de reconocer que en el independentismo la burguesía catalana tiene bastante peso, pero quedarnos con la idea simplista de que, como suena burgués y nacionalista, apelemos al «ni Estado catalán ni Estado español», o a los principios, o a que no tiene nada de anarquista y por ello no nos posicionamos. Sin embargo, no es realista, sino una mera consigna para calmar conciencias y lo que buscamos es que seamos capaces de intervenir en la realidad material con propuestas políticas viables. La clave de la cuestión catalana no radica solamente en la independencia, sino en la apertura de una ventana de oportunidades para activar los movimientos sociales y saltar al escenario de la política del país. En otras palabras, disputarle a la burguesía el Procés. Por ello, aclaro aquí tres claves que considero imprescindibles para el papel que juguemos en esta coyuntura.

Primero, la activación de los movimientos sociales en Catalunya en torno a la cuestión catalana poniendo sobre la mesa no solo la independencia, sino también marcando las condiciones materiales sobre el proceso de independencia, estando en los debates y en las negociaciones de un nuevo marco, donde el movimiento popular sea reconocido como actor político legítimo de cara a la toma de decisiones que afecten a la política del futuro país en materias como: servicios públicos, transporte, remunicipalizaciones, vivienda, laboral, medio ambiente, energía… en clave soberanista popular.

Segundo, acentuar las contradicciones del Estado español que está reprimiendo con todo su aparato legal contra las instituciones catalanas y contra el pueblo catalán. Las políticas que están tomando el gobierno central contra Catalunya muestra su incapacidad para gestionar la situación y su cara más reaccionaria, dejando claro así que la democracia no llegó a España, y que es responsabilidad del movimiento popular defenderla, pero no el modelo parlamentario, sino la democracia directa de las asambleas populares.

Tercero, la profundización de la ruptura con el Régimen del ’78 debe servir como punto de partida para el debilitamiento de este modelo de Estado fascista, llamando así a la activación de los movimientos sociales en el resto del Estado español.

Estamos ante una coyuntura en la cual tenemos que aprovechar estas oportunidades para activar un nuevo ciclo de movilizaciones y escalar el conflicto. No puede ser que sigamos mirando el dedo cuando nos señalan la luna. No puede ser que obviemos la represión del Estado español. No puede ser que desaprovechemos otro ciclo de movilizaciones. No puede ser que nos importe más tener la conciencia tranquila y quedarse de brazos cruzados mientras vemos cómo aquí detienden alcaldes y concejales y cómo allanan imprenta tras imprenta, nave tras nave acosando a los y las trabajadoras que allí trabajen. No puede ser que a estas alturas sigamos tan miopes, cegados por los principios e incapaces de tener una visión estratégica al respecto.

Basta ya de tanta inoperancia. Queremos la ruptura con España, pero no queremos otro Estado igual que España. Por eso, también queremos solucionar los problemas que tenemos la clase trabajadora en el capitalismo, y para ello hay que trabajar en la creación de nuevos marcos en las materias mencionados anteriormente desde los sindicatos de clase, desde las asambleas de barrio y grupos de vivienda/sindicato de inquilinos, desde las organizaciones ecologistas, desde las organizaciones estudiantiles… y todas aquellas organizaciones del poder popular. Y nuestro papel aquí es articularlas y dotarlas de orientación política socialista libertaria organizándonos a nivel político.

Sé que es muchísimo trabajo por delante, pero si elegimos luchar, tenemos que creernos que la revolución social es posible y solo se materializará escalando los conflictos construyendo pueblo.

Visca Catalunya lliure!
Visca el poder popular i la sobiranía del poble!

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