[Manifesto presentación] Bátega: Presente de loita, futuro en común.

[GA]

Raro é o día no que non escoitamos que o que temos que facer agora mesmo é estudar. Que cando teñamos a nosa propia casa e fillas xa mandaremos nas nosas vidas e nas delas. Que a familia é o primeiro e que os problemas da casa quedan na casa. Que se non atopamos traballo é porque non queremos e que nos pasamos o día pensando nos biosbardos e en que cadra o vindeiro festivo. Que temos que saír de festa a romper para esquecer a rutina porque esa é a diversión, o único xeito de pasar un bo rato. Que temos que competir e ser as mellores a costa das demais. Que é moi perigoso voltar soa pola noite. Que algo faría para que el me levantase a man. Que levo a saia moi curta ou moi longa. Que falando en galego non imos a ningures. Que que gracioso é o acento que temos e que á xente de fóra hai que falarlle en castelán e non ser maleducadas. Que aproveitemos que somos mozas para emprender, para explorar mundo. Que collamos as oportunidades que temos porque xa lles gustaría a moitas estar na nosa situación. Que non podemos queixarnos se temos un traballo e que somos novas, non precarias. Que se te gusta unha persoa tes que ir conquistala ou esperar a que te conquiste. Que o ciume é parte do amor. Que o sexo é violento e que tes que facer o que el queira: lamber, quedar quieta ou berrar, que tes que agardar a que pase rápido e ficar calada. Que tes que azoutar, forzar ou correrte na súa cara.

Fartas da apatía e da tristeza, é tempo de que a mocidade tomemos partido. Porque o que nos ofrecen con gravata ou camisola dende escanos é pedir e agardar, nós propomos tomar e facer. Sorrir e avanzar xuntas. Despoxarnos das obrigas e núcleos familiares, da precariedade, da emigración e da submisión. Do paternalismo ideolóxico ao que nos vemos sometidas. Desfacer as formas consumistas e controladoras de relacionarnos e divertirnos para coidarnos rachando co imposto. Aprender que, falar na lingua que escoitamos dende que somos cativas, non é algo polo que teñamos que sentir vergoña. Que formarnos e aproveitar as oportunidades non é illarnos do mundo, senón mellorar a realidade na que vivimos.

É preciso pasar á acción para defender as nosas vidas. A mocidade temos a necesidade de facer tremer o existente, nas nosas vilas e nos nosos barrios. Construamos alternativas en común para combater a miseria, levantemos comunidades e tomemos o que nos pertence. Ocupar, resistir e encher de ledicia é recuperar os nosos territorios. Unidas e organizadas podemos evitar que nos despidan, defendernos de agresores e repartir o traballo.

En Bátega, aquí e agora, pularemos por un movemento revolucionario dende o poder xuvenil. Apostaremos por construír o socialismo dende a base e o feminismo radical e de clase mentres defendemos a nosa terra. Lanzámonos adiante para constituír o proceso de formación da organización revolucionaria da mocidade galega. Impulsaremos coas nosas forzas mecanismos colectivos de emancipación, fortes e radicalmente democráticos. Temos claro que a mocidade debemos estar na vangarda, tomando a acción directa e a solidariedade como ferramentas de clase e empoderamento feminino. O materialismo dános a capacidade de análise, mais está nas nosas mans construírmos unha vida digna de ser vivida.

Presente de loita, futuro en común

 

El Referèndum de Catalunya como oportunidad de avanzar

Por @BlackSpartak

En estos días, con la aprobación de la convocatoria del Referendum de Autodeterminación y de las leyes de transición hacia la República Catalana – y su consiguiente impugnación automática por parte del Estado que ha utilizado todas sus palancas (Gobierno, Tribunal Constitucional, Fiscalía, Delegación de Gobierno, Guardia Civil) – se ha iniciado la precampaña del 1 de Octubre. Todos los medios de comunicación hablan de ello. Los cruces de acusaciones son continuos, igual que las maniobras de cada lado.

La militancia social y obrera (sea ésta libertaria, autónoma o comunista) llega a esta cita con pocas energías dado el vaciamiento de las calles en los últimos años. Por fortuna las luchas laborales (TMB, estibadores, aeropuerto, kellys, manteros, etc.) y las campañas vivienda/turismo están sirviendo para agitarlas, y esperemos que sea ésta una via creciente en los meses que vienen. Las necesidades materiales deben ser el centro de la actuación de la militancia.

Pero sería absurdo negar la realidad y dar la espalda al choque de trenes que está teniendo lugar en estos momentos en torno a la cuestión catalana. Las Instituciones catalanas están cortando sus vínculos con el estado español. Y éste se defiende de la manera más desastrosa posible, apagando el fuego con gasolina, a base de declaraciones desafortunadas y amenazas… y utilizando el fantasma de la represión. En Catalunya se corre el peligro real de una ocupación policial (militar me parecería un calificativo exagerado) que podría alcanzar un nivel similar al que padece Euskal Herria (doy por hecho que el estado meterá en vereda a los Mossos d’Esquadra; me sorprendería que no lo consiguieran) en unas pocas semanas, de seguir así las cosas.

Bien, y no solo ocurren estas cosas por arriba. A nivel de base la población, al menos la de las comarcas, ya hace tiempo que ha roto todo vinculo emocional con España. Para ellas, ésta ejemplifica todo lo malo: monarquia, autoritarismo, facherío, caspa… y la idea de la República Catalana viene a significar el progreso y la democracia. No hablo en absoluto de revoluciones, que conste, pero la población está en una fase de desafección que podrá llevar a la desobediencia civil. Ya lo podemos ver hoy mismo con la concentración espontánea en Valls contra los registros de la Guardia Civil en una imprenta y su repercusión en Tarragona haciendo ya una concentración delante del cuartel de los civilones.

La realidad social es que la clase media y la juventud catalanas están rompiendo (si no lo han hecho ya) con España. Solamente queda por definirse la clase trabajadora de los barrios obreros. En los barrios la independencia no nos quita el sueño. Nos quita el sueño no poder pagar el alquiler, no encontrar trabajo, la incertidumbre de nuestra pensión o tener unos servicios (sanidad, educación) cada día en peores condiciones. Por si fuera poco quien más ha hecho por machacar a la clase trabajadora ha sido la burguesía catalana, parte de la cual nos pide hoy su ayuda para lograr la independencia. Por otro lado sería ingenuo equiparar toda persona movilizada por el tema soberanista a burguesía. Habría dos millones de burgueses, entonces, cosa imposible. Hay un buen porcentaje obrero en las movilizaciones independentistas y sería lo suyo reconocer su participación en las movidas sociales (en la defensa del territorio, en las mareas, en las remunicipalizaciones o incluso en las huelgas generales) de muchos de sus militantes.

La desafección al régimen del 78 en Catalunya comenzó a finales de la década pasada. Tuvo una incidencia directa la crisis económica, que arruinó a parte de la clase media (en realidad una parte de la clase obrera que había ido “a más”). Es decir, que existen unas causas materiales latentes. Y sin embargo, la crisis está estallando por lo político y lo simbólico: la cuestión nacional. Posiblemente porque todo estallido en el eje social ha sido evitado por la aparición de la Nueva Izquierda y por la negativa de UGT y CCOO a convocar nuevas huelgas generales.

Bien, quizá tenemos que reconocer nuestra incapacidad de lograr un conflicto construido en torno a las causas materiales. Y en esto hay una razón que veo una y otra vez: la falta de organizaciones de masas que aglutinen las luchas materiales. No existe una gran organización popular o (movimiento de movimientos) que junte unas cuantas decenas de miles de personas en base a algunos puntos comunes. Es una debilidad estructural de la izquierda que provoca que llegado este momento histórico no tengamos fuerza propia y no podamos influir en los acontecimientos. El lugar de la izquierda revolucionaria es dentro de estas grandes organizaciones de masas. En vez de esto tenemos una atomización enorme de las luchas sociales y una segmentarización o especialización. Esto genera indirectamente un espíritu de competencia y no de unidad o solidaridad, que nos mantiene en la marginalidad.

Por otro lado, veo con vergüenza ajena el papel de la izquierda institucional (los Comunes, Iniciativa per Catalunya) jugando el rol de apagafuegos e intentando desactivar el conflicto (no lo olvidemos: el único conflicto con posibilidades que hay planteado contra el Régimen del 78). Y la izquierda revolucionaria va más o menos en este mismo sentido, salvo los grupos marxistas de liberación nacional, que lógicamente apoyan la ruptura de España. En tanto al papel de la CUP, éste ha sido el de radicalizar el Procés Soberanista, arrastrándolo hacia posturas más ambiciosas utilizando su fuerza parlamentaria y su presencia institucional. Durante un tiempo parecía que todo era un bluff, y que los dirigentes del Procés nunca se atreverían a llevar a cabo lo que afirmaban en los mítines.

Seamos claros, el Referendum del 1 de Octubre, no significa la independencia. Eso tardará años en darse, si se da. De celebrarse es posible que se pongan sobre la mesa nuevos debates como el del modelo de estado, el rol de las autonomías, el autoritarismo identitario español, etc. Entrar en estos debates significa una oportunidad para la izquierda revolucionaria. No por que vayan a concedernos minutos de televisión, si no porque por primera vez desde el 15M la población tendrá orejas atentas a su discurso. Y allí sí, podremos plantear las cuestiones materiales como eje central del conflicto.

En cuanto a qué ocurrirá si no se puede celebrar el referendum, yo veo dos posiblidades: o una escalada hacia enfrentamientos más serios (y violentos) que traería una semi-ocupación policial de Catalunya con controles de carreteres y un acoso constante, multas, destitución de ayuntamientos, algunas detenciones, etc. y el otro escenario sería el de la derrota. No nos autoengañemos, una derrota en Catalunya significa la desactivación de la militancia de una de las partes más dinámicas del estado. Y esto afectará de lleno a la lucha social en otros ámbitos (porque una derrota importante te envía a casa y no al colectivo de al lado). Igualmente tendrá repercusiones en otros territorios, de la misma forma que una contestación más amplia en Catalunya tendrá inevitable repercusión en el País Valencià, Baleares y Euskal Herria. Por ello necesitamos la multiplicación de conflictos y movilizaciones en este mes en todas partes.

Estamos aún lejos de cualquier revolución socialista y libertaria, pero estamos relativamente cerca de vivir una revolución democrática en un territorio europeo. Nuestra tarea de revolucionarias es contribuir a que se dé, o, al menos, a arrastrarla hasta el máximo, explotando todas las contradicciones. No me produce especial gracia el hecho de que la clase media sea quien esté liderando este proceso de liberación y eso habla de nuestra debilidad estructural. Por supuesto, para seguir explotando todas las contradicciones y avanzar nuestra prioridad número 1 debe ser la creación de un bloque popular de masas que recoja las reivindicaciones de las de abajo. Sólo esto podrá arrastrar todo el Procés hacia nuevas confrontaciones en el futuro en una dirección socialista.

Apuntes para respirar más con el cerebro y menos con el corazón

Cada vez que estoy en un proyecto en el que me siento identificado, suelo ofrecerme para coger cargos de trabajo. No puedo explicarlo a ciencia cierta, pero es así. Me cargo de tareas, desarrollo ideas y propuestas… estoy en mi salsa como se suele decir. No siempre ocurre esto, lo de sentirme uno con el proyecto. En las pocas ocasiones en las que esto no pasó, bien porque dejé de sentirme identificado o porque en realidad nunca llegué a ser uno con el mismo, me disculpé por el posible daño que provoqué y abandoné el proyecto. Y ¿Cómo es que me di cuenta de que ese no era mi sitio? Pues tomando aire, me explico.

Normalmente entras en un colectivo, proyecto… bien por afinidad ideológica, afinidad práctica y/o amiguismo, es decir, si te gustan los principios e ideas que se defienden, si te gusta la actividad que se está teniendo y/o porque haces y/o tienes colegas en el mismo. El sumatorio de los diferentes grados de intensidad de cada uno de estos factores hará que te declines o no por dicho colectivo, proyecto… Esto es una vez ya has decidido en tu interior participar en algo, pero estas barajando en donde meterte dentro del “sector” (vivienda, estudiantil, laboral…). Las cuestiones del por qué decides “activarte” y cuál es el “sector” que eliges para meterte son conceptos interesantes a analizar pero que aquí no se tratan.

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Los perfiles de ejemplo son de sensibilidades muy características, no reflejan que solo existan estos tres tipos de perfiles

La actividad que vas a tener dentro del mismo también va a depender de cuál fue el factor, de los tres, que influyó más a la hora de tomar la decisión. Esto es así porque igual entraste solo por amiguismo saltándote las dos cuestiones anteriores: ¿Quiero activarme?, ¿Dónde?, y de esta manera lo más probable es que en un principio no te sientas identificada con el proyecto, colectivo… y acabes siendo un número más en un grupo de whatsapp que tienes silenciado. En el peor de los casos esto le podría ocurrir a alguna estudiante en sus primeras experiencias en el activismo, llevando a esta a abandonar su posible actividad en el movimiento estudiantil.

Pero vamos a suponer que estas dentro del proyecto y que los factores que más influyeron a la hora de entrar fueron, bien que te gusta su actividad o bien porque te gustan los principios e ideas que se defienden. En ambos de primeras sí que te vas a sentir identificada con el proyecto, colectivo… pero tu propia actividad, normalmente, tendrá sus matices.

Si el mayor empujón lo dio la actividad, seguramente tus propuestas e ideas girarán en cuanto a realizar acciones, actividades, campañas, jornadas… a cuestiones “prácticas” por así decirlo. Sin embargo, si fueron los principios e ideas las responsables de que estés ahí probablemente estarás más atenta a los análisis, estrategias y tácticas, es decir, a cuestiones “teóricas”. Esto no quiere decir que cada una solo se encargue de estas cuestiones, sino que destacan las posibles mayores sensibilidades que se pueden tener.

Al sentirte identificada y asumir como propio el proyecto, aunque no hayas formado parte de su fundación, tiendes a mirar la realidad con el corazón a parte de con el cerebro, por lo menos a mí es lo que me pasó en varias ocasiones. El problema de esto es que no te deja ver con claridad si el trabajo, tiempo y recursos que estas dedicando se corresponde con los resultados que obtienes del colectivo, proyecto… o lo que es lo mismo, mirar con el corazón y el cerebro te impide tomar aire y valorar, a priori, el rendimiento de tu actividad y la del colectivo, proyecto… en el que estas.

Valorar este rendimiento es muy importante, tanto por el objetivo por el que te estas moviendo, tanto por tu salud. Si, tu salud. Recuerdo estar en un proyecto, dedicándole cuatro horas al día, desde las doce de la noche a las cuatro de la mañana, teniéndome que levantar a las siete-ocho de la mañana para ir a clase y tras el paso del tiempo y poder tomar ese aire, darme cuenta de que estaba tirando mi trabajo, tiempo, recursos y salud en algo que no tenía ningún resultado real. Y ¿Por qué no lo pude ver antes? Porque eso que antes llamé corazón, desviaba parte del oxígeno que necesitaba mi cerebro y así no se puede pensar bien (no estudio ciencias puras así que no me fiaría mucho de esta explicación pero creo que se entiende la idea).

Una herramienta sencilla de aplicar que puede ayudar para valorar situaciones, tomar decisiones, o elegir entre alternativas, disminuyendo de manera efectiva el efecto opiáceo que hay en las mencionadas ocasiones, pueden ser los Análisis DAFO.

Para hacerlo lo primero es designar un Objetivo y elegir el Ambiente a analizar. A continuación se elabora una lista de las Debilidades (puntos flacos en el presente), Amenazas (consecuencias de los puntos flacos), Fortalezas (puntos fuertes en el presente) y Oportunidades (consecuencias de los puntos fuertes) del proyecto, colectivo… en un determinado Espacio-Tiempo. De esta forma las listas de Debilidades y Fortalezas se hacen mirando internamente el proyecto, colectivo… y las de las Amenazas y Oportunidades serán fruto tanto de las dos listas anteriores como de las posibles consecuencias del Entorno que rodea al Ambiente a analizar en ese determinado Espacio-Tiempo.

El resultado a analizar hay que valorarlo tanto cuantitativamente (el número de Oportunidades frente al de Amenazas) como cualitativamente, es decir, teniendo en cuenta la calidad o importancia de cada Oportunidad y Amenaza. Así mismo hay que sumarle el trabajo, tiempo y recursos que supondría el solucionar las Debilidades, desde una perspectiva realista.

Esta herramienta es eficaz y útil si se trata de ser exhaustiva a la hora de realizarla, dedicándole tiempo y esfuerzo, sin dejarse llevar por decisiones que ya se tengan tomadas de antemano. Si se tiene la oportunidad es mejor realizar el análisis en grupo.

Para terminar, comentar que tanto las veces que abandoné un proyecto, colectivo… porque dejé de sentirme identificado con el mismo, o porque en realidad nunca llegué a estarlo, me disculpé porque entiendo que en las primeras ocasiones, con el cese de mi actividad estaba dejando medio de lado a compañeras que dependían de mi trabajo, y en las segundas ocasiones, porque estaba ocupando un espacio y se esperaba de mi algo que no iba a aportar, creando esperanzas y/o restándole tiempo al colectivo, proyecto… para que encontrara a la persona adecuada para el sitio que yo ocupaba.

No obtuve la misma reacción siempre que decidí irme (las últimas veces con mi DAFO bajo el brazo). Unas veces perdí compañeras, otras veces compañeras se convirtieron en amigas, pero lo que si gané siempre fue en salud y oportunidades de seguir construyendo poder popular.

Peligro: Infiltración de la extrema derecha en el movimiento animalista

Cuando hablamos de “Animalismo”, por regla general nos referimos a menudo a una corriente de pensamiento, más que a una corriente política. En las últimas décadas el movimiento animalista se ha tenido que dotar de instrumentos políticos orgánicos, supongo que debido a una reflexión bastante lógica, puesto que si el pensamiento animalista concede a los animales la condición de sujeto de derecho y no una mera propiedad del ser humano, estas reclamaciones (pensaron) van a ser más eficaces en forma de movimiento político y no una mera corriente filosófica.

A pesar de todo esto, existen movimientos políticos animalistas que declaran su apoliticismo y tienden a dejar pasar a sus entornos a cualquier persona que, simple y llanamente, defienda los derechos de los animales. Esto ha dado paso a núcleos de extrema derecha, es más, aunque por ahora de ínfima repercusión, se sabe que incluso existen organizaciones de extrema derecha de perfil animalista, los tenemos en ejemplos como el grupo PECTA (Patriotas Españoles Contra la Tortura Animal) y sus panfletos con simbología nacional-socialista, o bien DANR (Defensa Animal Nacional Revolucionaria) que, aunque no nacional-socialistas, ellos mismos se autodenominan “Cristianos Tradicionalistas” y además sus vínculos con organizaciones como Nueva Derecha o Resistencia Cristiana están más que probados. Estos son solo dos ejemplos en el Estado Español, hay más (tal y como denuncia la Asamblea Antiespecista de Madrid), y en el mosaico europeo alcanza grados preocupantes.

Ejemplo muy llamativo de esto es la expulsión del grupo (de izquierda libertaria) animalista francés Panthères Enragées del International Animal Rights Gathering 2013, celebrado en Bélgica, por promover el boicot de la proyección cinematográfica “ALF: La Película”. Debe mencionarse aquí que dicha película cuenta con el inestimable apoyo de la fundación de Briggite Bardotte, que para quien no lo sepa, ha sido condenada por diversos delitos de odio racial y homofobia, además de ser una públicamente auto reconocida partidaria de Marie Lepen.

Ejemplos idénticos se dan en Italia y en el Reino Unido, en éste último lugar, donde por cierto el conservadurismo y la extrema derecha va tomando gran auge a raíz de la crisis de los refugiados, los elementos ultras en expansión buscan todo tipo de huecos en donde hacerse una plataforma. Este análisis conllevaría un artículo propio, por la enorme cantidad de latitudes en la que se ve contagiada la sociedad británica, acabaremos en esta ocasión por mencionar simplemente que, como es lógico, el movimiento animalista no ha sido ninguna excepción.

Aunque ciertamente, como hemos visto al menos en lo que al Estado Español respecta, son grupos de ínfima implantación, estuvieron presentes entre las multitudes en el caso del perro Excalibur en el 2014 y esto nos ofrece el claro indicio de la infiltración entre movimientos (a menudo considerados populares) animalistas y como mínimo en sus protestas sociales. Salten las alarmas.

Mencionados estos pocos datos, y haciendo un punto y aparte de siglas sino más bien centrándose, a modo de orientación, en un sentido más genérico acerca de la participación de determinados elementos ideológicos dentro del movimiento animalista, me parece que debemos hacer un parón y elaborar una profunda reflexión, en lo político y en lo ético, sobre esta realidad y sus peligros.

Desde el punto de vista político ¿qué desea esta gente?

El capitalismo salvaje es el mayor enemigo de los animales, aquel sistema que cría en cautividad incontables especies, las ceba o incluso adultera, sometiéndolas a la tortura de las conexiones permanentes de sus máquinas, producciones en cadena y finalmente ejecución… aprovechar hasta sus pezuñas para realizar gominolas infantiles. Aquel capitalismo salvaje cuya calidad de compra-venta exige matar a golpes a un pobre animal para obtener una piel adecuada, que experimenta con crueles métodos sobre indefensas criaturas ¡No para salvar vidas humanas! Sino para el diseño de maquillaje, cremas y productos para el cabello al servicio de la pérfida belleza burguesa

¿Cómo puede ser la derecha, y aún mas la ultraderecha, defensora de los animales cuando su existencia y su supervivencia la exige mantener y defender el mismo sistema socio-económico que, precisamente, niega la condición de sujeto de derecho para los animales por ir frontalmente en contra de los intereses de su economía?

No pueden existir derechos plenos para los animales dentro del capitalismo, ni tan si quiera nosotros los seres humanos tenemos esos derechos cuando el azar nos sitúa nativos de África o de Oriente Próximo, de hecho en muchos sentidos ni tan si quiera en Occidente ¿acaso podemos concebir un capitalismo respetuoso con los animales, cuando ni con su propia especie lo es?

Seguramente sea mucho mayor el insulto y el “pecado” de la ultraderecha “animalista”, a propósito de su intento de lavado de cara y su infiltración en sectores masivos despolitizados con intención de captación y propaganda. De forma muy parecida a cuando compran cerebros en Grecia, por apenas unas pocas bolsas de comida entre las familias más desgraciadas, a cambio de escuchar horas de discursos racistas y xenófobos y, por supuesto, un sufragio a su favor.

Habrá movimientos que pudiesen discutir esto, reafirmándose “anticapitalistas” a la vez que desvelándonos su situación tercerposicionista. Esta posición que llama, desde el ultra-nacionalismo y el populismo, a los valores tradicionales. Sin embargo me temo que la experiencia histórica ya nos habla con cierta profundidad sobre el Tercerposicionismo en Europa.

En cuanto al factor ético ¿en donde debemos tener los límites?

Personas que, dicen ser tradicionalistas cristianas, niegan el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo ¿vamos a defender junto a ellos la integridad de un animal? Aquellos que niegan los derechos de los homosexuales, propagan el odio racial ¿compartiremos espacios comunes creyendo hacer un bien?

Esto es lo que esos movimientos “apolíticos” animalistas deben de reflexionar con mucha atención. Una cosa es no dividir a la sociedad consciente de la problemática del maltrato animal a causa de factores secundarios, y otra muy diferente es pensar que la ultraderecha y todas sus consecuencias son uno de esos factores secundarios. El Fascismo, bajo cualquier nomenclatura, tiene un alcance mayor que este aspecto de las innumerables problemáticas que vive nuestra sociedad. Otorgarles capacidad de protagonismo en una, es arriesgarse a alcanzar cotas de mayores plataformas en realidades ajenas a la inmediatamente animalista que nos llama, en esta ocasión. Será en ese momento cuando lo lamentemos.

Otra reflexión merece darse en los núcleos militantes, en los que urge mayor proyección en el asunto animal y una militancia más arrojada, formada y consciente en estos aspectos, priorizando más la protección de estas criaturas partiendo del entendimiento que, como seres sintientes, son también dramáticas víctimas del capital, probablemente a menudo más de lo que nosotros lo somos. Como seres pensantes y racionales, la naturaleza nos ha otorgado la responsabilidad y la obligación de defenderlos, porque lógicamente ellos no poseen nuestros medios. Sin embargo, sin olvidar nunca el análisis político de su situación y la pedagogía social necesaria que indique a la sociedad que este tumor, lejos de estar centrado en “malas personas”, está centrado en un sistema inhumano, sanguinario y explotador que, desde luego, ni la derecha ni la ultraderecha (si acaso hubiese diferencia radical) puede combatir debido a su naturaleza endémicamente capitalista.
Son muchas compañeras y compañeros los que están involucrados en movimientos animalistas, para esas individualidades también deseo arrojar una reflexión añadida: con el fascismo no se comparte espacio, al fascismo se le detecta y se le combate.

Todo el mundo puede decir cosas bien parecidas, que muchos compañeros han dicho alguna vez, recordemos aquel “El mundo del futuro será vegetariano” de Adolf Hitler, pero los compañeros y compañeras que ven una alternativa en un futuro vegetariano no comparten la ideología y mucho menos la estrategia del genocida alemán. En los hechos y en la naturaleza pragmática y programática radica una lectura real de lo que esconden frases grandilocuentes o propósitos aparentes. No hay que olvidarlo.

La ideología sí importa.

La cultura de la rebeldía

No ya únicamente desde las primeras elecciones al ejecutivo del Estado Español, sino incluso desde aquellas relacionadas a ese gran monstruo devorador e imperialista llamado “Unión Europea”, hemos sido testigos de un auténtico fenómeno inédito en nuestra historia reciente con la irrupción en el panorama institucional y político de PODEMOS. En todo el Estado Español, tal vez salvo en aquellas naciones cuyos movimientos populares están en gran medida involucrados en movimientos de liberación nacional, y cuyas claves a menudo responden a diferentes dinámicas, hemos podido ver como grandes sectores de la sociedad se han ilusionado con este circo mediático. Recientemente, incluso intereses de sectores concretos del PSOE nos han querido vender una faceta “guevarista” del ex candidato a la presidencia Pedro Sánchez. Irónicamente, los únicos auténticos y fieles a su idiosincrasia, cuya naturaleza es de sobra conocida, ha sido precisamente el PP que Mariano Rajoy representa.

Escucho a mi alrededor personas que miran, o han mirado, con expectación todo este espectáculo. Como si realmente esperaran que de todo ese embrollo pudiese surgir algo, lo que más me ha asustado es que entre esas personas también se encontraban gente en teoría formada e incluso con cierta experiencia en la praxis militante. Claro que… hablo desde la heterogeneidad política, no desde una corriente o familia concreta.

No niego que pueda ser interesante observar el devenir de las circunstancias entre la izquierda institucional y la demás fauna a la que estamos acostumbrados desde siempre, entre otras cosas por la demostración de la inviabilidad parlamentaria y los profundos límites que cualquiera puede ver en “este juego con cartas marcadas”. Tampoco niego que el enfrentamiento al que parecen conducirse la oligarquía central (estatal) con la oligarquía local, en el proceso de Catalunya, puede ser interesante de vigilar con cierta atención pendientes de que ciertas contradicciones sean incuestionables cuando éste enfrentamiento saque su lado más oscuro y represor y se abran brechas en Catalunya que canalicen el hartazgo social.

Pero aunque no niego estas cosas, tampoco puedo negar como todo este circo ha anestesiado a los movimientos populares y ha vaciado calles y asambleas. Se han colocado, como tantos clásicos han desaconsejado, los destinos de las personas en las manos de los “del sillón». Aquellos elementos que han seguido funcionando, si alguna vez tuvieron el apoyo de estos sectores de la izquierda política, ahora no los tienen. El propio Iglesias, tras su más que evidente derrota, reconocía que “había que retomar las calles” y en la misma línea hablaba Alberto Garzón. En sus propias propuestas de «a futuro» puede comprobarse la semilla de su vil confesión.

Hoy en día si en algo parece estar todo el mundo de acuerdo es en que las calles deben de ser ocupadas, regresar a la tensión social; “ahora toca el momento de luchar”. Da igual a qué punto del Estado me vaya, la máxima es esa… y yo me pregunto ¿es completamente cierto eso? ¿Realmente es el próximo paso?

Da igual si el estado es administrado por el PP, el PSOE o incluso PODEMOS. La configuración del Estado en muchos aspectos, y coincide que en los más importantes, es de carácter esencialmente supra electoral. El Estado, en todos pero en una monarquía aún más, está configurado categóricamente para sustentar el régimen y sistema económico que lo envuelve y por tanto, administre quien administre este Estado, su naturaleza impide la realización del socialismo. No te olvides de que, además de todo, el Estado tiene el monopolio de la violencia (en este punto y sobre este asunto, entieneo como recomendable la obra “La política como vocación” del economista Max Weber) y esto, además de lógicamente viabilizar su violencia por encima de la violencia popular, supone que si se diese la «iluminación” y el Estado se colocase en jaque, éste siempre podrá ejercer este monopolio a través de sus fuerzas armadas y aparatos represivos.

El Estado Español va a ofrecernos coquetas y danzarinas reformas, a lo largo de las mismas nos van a querer cautivar con innumerables renovaciones; van a legalizar el matrimonio homosexual, van a proteger a los animales (por cierto, un día escribiré sobre la infiltración de la extrema derecha en movimientos “animalistas”), la leyes comenzarán a ser más equitativas para hombres y mujeres; en otras palabras, maquillarán la monstruosa maquinaria que se esconde detrás. Y muchos podrán decir “¡Oh, son metas alcanzadas!”, más el Estado siempre, por naturaleza, estará edificado en su configuración más íntima para imposibilitar la realización del socialismo, día y noche elaborará formas y más formas de asegurar su esencia. En momentos donde la crisis sistemática se ha agudizado, como ocurre desde hace algunos años, y pueda considerar esa falsa «paz social» en peligro: rápidamente cesará esa inercia y coqueta danza para mostrarnos sus dientes: cadena perpetua revisable, ley mordaza, entre otras armas preventivas que dispondrá para afrontar cualquier eventualidad que pueda poner en peligro su naturaleza.

Debo decir que respeto la construcción “del partido” para aquellos que, en su corriente política, lo ven como indispensable. Pero no es mi caso. Ni me parece tampoco la formula, tanto por cuestiones de coyuntura así como históricas en referencia a la degeneración y burocratización de tantos proyectos de «estados socialistas».

No me parece que la lucha sea el primer paso. El primer paso es lo que, aquí llamaré, “cultura de la rebeldía”. Voy a lanzar una serie de puntos que deseo arrojar como ideas, no pretendo realizar un “manual” (las neuronas no me dan para tanto), pretendo lanzar una reflexión con puntos fácilmente eliminables, substituibles, y por supuesto espero toneladas de otros puntos añadidos.

  • La realidad es que podemos organizarnos. No necesitamos el permiso de nadie para empoderarnos. Al menos en mi experiencia personal, he descubierto que organizarse en pequeñas comunidades es más eficiente que hacerlo en grandes. Esto es debido a que cada pequeña comunidad experimenta necesidades muy específicas. No es lo mismo un barrio castigado por la droga y la pobreza extrema, que un barrio donde los problemas son el paro juvenil y algún desahucio esporádico. Ambos son diferentes a un barrio con presencia policial intensa por un auge político desorbitado que ha obligado al Estado a ejercer una suerte de «estado de sitio».
  • El nivel de organización debe de ser singular. Como he dicho, cada pequeña comunidad tiene sus necesidades particulares. Nadie mejor que la comunidad (barrios, pueblos) para saber qué metodologías aplicar a sus peculiaridades. Claro que difícil de proyectar una evolución eficaz sin principios de apoyo mutuo y horizontalidad.
  • La autoridad en la lucha. Esta no la otorga una nomenclatura política, mucho menos una persona o un conjunto de las mismas, ni ninguna organización que pretenda vampirizar estas comunidades. A través de la consecución de sus propias metas, la comunidad en su conjunto se verá empoderada y por ende ganará la experiencia necesaria para afrontar retos mayores.
  • Cultura. Es necesario que las comunidades se culturicen y serán necesarios grandes Ateneos, expresiones propias de medios de comunicación, debates, importación de pensadores y activistas extranjeros que relaten su experiencia a la comunidad y la ofrezcan su apoyo en forma de inspiración.
  • Dinámicas diversas en las que poseemos ya experiencia. Cooperativismo, ocupación, autoconstrucción de viviendas e infraestructuras comunales, vías alternativas de producción unilateral, organización para el rechazo de represión externa, rechazo al desahucio de viviendas. En definitiva, imponiendo la vía alternativa al sistema capitalista de manera unilateral, pese a que suponga la instauración de una subsociedad. Al menos en mi manera de pensar, aquellas personas ajenas a estas iniciativas no deberían de ser excluidas de los beneficios de las mismas debido a que, en muchos casos, estos elementos están atomizados por los medios y son drogadictos del capital. Su beneficio inmediato puede suponer su incorporación futura. Claro que debemos marcar en este sentido unas vías adecuadas de seguridad frente a la infiltración de elementos reaccionarios.
  • Coordinación. En vías avanzadas, estas células representadas en pequeñas comunidades, deberán evolucionar a metas conjuntas entre otras adyacentes, creando una red incluyente y cooperativa. Siempre se encontrarán elementos de interés común ¡pero cuidado! No caigamos en el error que algunos cayeron en Euskal Herria supeditando estrategias globales a aquellas esencialmente inmediatas y de clase: el resultado en Euskal Herria es una auténtica enfermedad que ha desactivado los sectores históricamente más combativos en barrios y pueblos conocidos por su trayectoria, verticalizando lo que hasta los 90 era horizontal en muchos sectores obreros y populares en general. Aprendamos de los errores.
  • Hegemonizar el proyecto. Llegará un momento en el que imperará la necesidad de la puesta en común de las líneas políticas, cara a definir la sustancia revolucionaria del proyecto. También la estrategia necesaria para alcanzar una gradual hegemonia.
  • No otorguemos alegrías. Grábate esto en la cabeza: el Estado vive deseando utilizar su monopolio sobre la violencia. Y no te estoy hablando únicamente de la violencia típica, los porrazos y los presidios, te hablo de multas, listas negras, ataques mediáticos. No es el momento de darles esa alegría con tus algaradas. Cada acción debe ser coherente con la situación y evolución en un proceso, las acciones prematuras son desaconsejables e infantiles.
  • Convencernos de que somos parte de la sociedad. Esto no podemos hacerlo permaneciendo en los lugares de siempre con personas que piensan como nosotros. Esto incluye a todos y supone “salir del armario” para hacer partícipe al conjunto social: desde abajo.

Hemos tenido a lo largo de los tiempos innumerables momentos históricos en los que hemos pretendido realizar socialismo a golpe de decreto o incluso a golpe de violencia. La experiencia griega es una de las más llamativas en un contexto similar al nuestro, por aquello de la proximidad y la coincidencia continental. Quedan en nuestras retinas grabadas las imágenes de Atenas ardiendo, pero también del fracaso y la traición de la socialdemocracia.

Las promesas de los partidos políticos son inviables, basta preguntar a PODEMOS por la hoja de ruta y fondos para realizar alguna cosa “super espectacular” prometida en su programa y no te sabrán tan si quiera responder. No es que “ahora sea el momento”, el momento siempre lo fue y siempre lo será, y el sujeto siempre hemos sido nosotros y no es sino nosotros los que debemos empoderarnos y comenzar a hacer socialismo. No existen manuales perfectos, ni formulas mágicas, ni tampoco garantes políticos o militares. La eterna movilización detrás de las pancartas a menudo nos conducen al desgaste, la vía rápida se agotará cuando, pasado un tiempo de paralización a causa de un triunfo revolucionario, sencillamente, nos demos cuenta de que no somos capaces de producir por nosotros mismos debido a una ausencia total de redes transformadoras que hayan acumulado la experiencia necesaria a través de un transcurso de metas alcanzadas. Si no fuese así, los sectores más débiles terminarán deliberando que, al menos, el viejo sistema aseguraba unos mínimos.

El socialismo debe de realizarse poco a poco, con tiento, aprovechando coyunturas y consiguiendo pequeñas conquistas. El socialismo se impone, no de forma abrupta, sino que es desarrollado de manera natural a golpe de permanente inercia empujada por una marea horizontal drogada de pueblo.

Los modelos de organización de un movimiento revolucionario. La relación entre una minoría activa y un movimiento social

@BlackSpartak

Estamos en una época en la que podemos hacer ya un balance serio de los procesos revolucionarios sucedidos en los últimos dos siglos. Si nos interesa hacer las cosas de cierta manera deberá ser porque así lo hemos elegido, sabiendo bien porqué lo elegimos y en qué nos puede beneficiar.

En este sentido pretendo hacer un esquema con los tipos de relación entre una «minoría activa» y un movimiento de masas. Para aclararnos: por un lado la minoría activa de personas militantes será en algunos casos una organización estructurada y en otros casos simplemente estarán organizados de forma informal pero sin pretender conformar nada estable. Por otro lado en cuanto a movimiento de masas me puedo referir a un movimiento social (feminismo, ecologismo, vivienda, salud, juventud, etc.) o a un movimiento popular (obrero, campesino, indígena, liberación nacional, etc.)

Para hacerlo más entendible utilizaré ejemplos de la izquierda revolucionaria europea, concretamente del movimiento obrero y libertario ibérico, aunque con lógicas referencias a otras partes del mundo. Por último, una vez expuestas las partes quiero poder aplicarlas a otros movimientos revolucionarios de la historia, para ver de qué modo encajan.

Monismo organizativo (una organización que es política y social a la vez)

Se trata de la equiparación de un movimiento de masas a los intereses, forma de funcionamiento y objetivos de la minoría activa. Es decir que los principios, tácticas y finalidades de ambos coinciden plenamente.

Para este apartado recomiendo la lectura del texto La búsqueda de la unidad anarquista: la Federación Anarquista Ibérica antes de la II República.

Se trata de una historia de la FAI previa a la II República y todos los debates que tuvieron en torno a la relación con la CNT. Pienso que aclarará mucho las cosas.

– Movimiento social autónomo

Este caso es siempre así como comienza un movimiento social en nuestros días. Existe una problemática. La gente se organiza en torno a ella. El movimiento crece y se van formando tendencias en cuanto a la práctica y en cuanto a la teoría. Por tanto aparece la política.

En el ejemplo del movimiento obrero tenemos la aparición instintiva de anarquistas organizados dentro de los sindicatos. Estos militantes hablaban entre sí, tenían sus congresos y sus periódicos, pero no tenían una organización propia. Las decisiones estratégicas se hacían en forma de consigna que podría salir de un pleno o bien que aparecía en sus periódicos: «Todos a hacer X a partir de ahora». Pero lógicamente no todo el mundo las seguía.

Este tipo de estrategia se dio durante la creación de la CNT. En aquella época los anarquistas estaban dentro de las sociedades obreras. Aunque querían que ésta central sindical fuese lo más acorde con sus ideas, como es lógico, no presionaron para definirla ideológicamente. Al contrario, la planteaban como un organismo unitario de la clase trabajadora. El anarquismo jugaría el papel de «minoría activa», pero una minoría que se veía a sí misma como un «motor» del movimiento, un garante de que este movimiento iba a hacer bien las cosas.

De manera parecida hoy en día ocurre en muchos movimientos sociales o luchas populares grandes. Por ejemplo en la Z.A.D. contra el aeropuerto de Nantes, hay un sector de militantes influido por las ideas del «Comité Invisible» y similares. Logicamente sus posiciones no son iguales que las del resto del movimiento (campesinos de la zona, otros jóvenes que apoyan, gente de otras ideologías). En su caso se puede decir que conforman una minoría activa que influye en el movimiento en su conjunto.

– Anarcosindicalismo y sindicalismo «puro»

El siguiente estadio del desarrollo político de los movimientos es que si existe una tendencia que predomina y logra la hegemonía, lo normal es que intente equiparar el propio movimiento consigo misma. Esto le ocurrió al anarcosindicalismo.

En este caso el movimiento sindical, la CNT, era a la vez política y social. Esto ocurría por el claro predominio del sector libertario en los sindicatos. Manuel Buenacasa decía que en el Congreso de Sants «las diecinueve veinteavas partes de los delegados eran anarquistas», y aún así habían respetado la naturaleza autónoma del sindicato. Aún así, a partir de entonces se comienza a hablar de «anarcosindicalismo». Se trataba de un «sindicalismo revolucionario» hecho por anarquistas (que habían logrado la hegemonía). El sindicalismo era la potencia, la capacidad para hacer la revolución. El sindicato era la entidad que gestionaría la sociedad socialista, su columna vertebral. De hecho los anarcosindicalistas nunca llegaron a aceptar en serio que los municipios fueran otras unidades administrativas válidas en la sociedad socialista.

Por otro lado, el concepto «sindicalismo puro» viene de aquella tendencia que existió dentro del sindicalismo revolucionario que rechazaba el anarquismo por lo que fuera (les caían mal, no les parecía practicable lo que decían, querían consolidar los sindicatos primero, eran etapistas… lo que fuera). Entonces se generó una «minoría activa» que defendía el sindicalismo «a secas» a capa y espada contra lo que entendían una «anarquización» de la CNT (que entendían como errónea, como veremos ahora). De ahí saldría años más tarde la tendencia «treintista». Otro apunte, que fueran sindicalistas «puros» no quiere decir ni que fueran republicanos ni que fueran socialistas: eran sindicalistas y querían que los sindicatos fuesen independientes y también determinantes tanto para hacer la revolución como para gestionar la sociedad después.

– Movimiento Obrero Anarquista (MOA) o «forismo»

La FORA de Argentina tenía una minoría activa de anarquistas, que en su Quinto congreso lograron que triunfara su visión sobre sus finalidades (comunismo anárquico), sus estrategias (la huelga general y la insurrección obrera) y sus principios (los principios comunes a todo el anarquismo). Poco a poco los sindicatos de esta central sindical fueron pareciéndose cada vez más a grupos anarquistas que hacían sindicalismo en vez de sindicatos que tuvieran principios libertarios. Es decir, que se le dió la vuelta a la idea de sindicato. Esto provocó a su vez que todos los sindicatos que no estaban de acuerdo con ello, rompieran y crearan otra central sindical de carácter más neutro.

Esta manera de hacer las cosas fue teorizada más tarde por Abad de Santillán y López Arango en los años 20 y traía a Europa. En bastantes grupos anarquistas del momento (entre 1915 y 1925) esta idea caló. Por ello también intentaron «anarquizar» la CNT. Pero la desarticulación de los sindicatos en la dictadura de Primo de Rivera impidió que pusieran en práctica sus ideas y en vez de en el sindicalismo estuvieron muy activos en los ateneos y en la cultura o participarían de las conspiraciones contra la Dictadura.

Este tipo de movimiento también se propuso en la USI italiana. Se propuso que se debía fusionar con la Unione Anarchica Italiana, que era la específica. Fue rechazado, pero vemos que este debate también se dió en otros lugares.

En el exilio de la CNT en Francia en los años 50 y 60 esta idea organizativa fue puesta en práctica. Llegó a existir una estructura de CNT en las diversas ciudades y pueblos franceses pero que no tenía ningún tipo de actividad sindical, sino que trataban únicamente de temas políticos (siempre mirando a España) y culturales, ya que si querían hacer sindicalismo lo que tenían que hacer era unirse a los sindicatos franceses. En este caso hablar de CNT (la del exilio) era hablar de una organización anarquista sin lugar a dudas.

En nuestros días lo propone el sector ‘ortodoxo’ de CNT (la de los 80 y 90), y buena parte de la AIT, que entiende que los sindicatos anarcosindicalistas tienen que ser anarquista. De hecho equiparan anarcosindicalismo con anarquismo indistintamente.

No es exclusivo esto al sindicalismo, sino que también en algunos lugares se ha visto plantear un movimiento de vivienda exclusivamente anarquista, y hay otros ejemplos como el anarcofeminismo. Porque, ¿el anarcofeminismo es un feminismo hecho por anarquistas? ¿es un anarquismo que deviene en feminista? ¿una confluencia de ambas ideas? Dependiendo de la respuesta tendremos una estrategia que encaja en este apartado.

La crítica que se le puede hacer, es que si el movimiento social es grande, por lógica será plural política e ideológicamente. Por tanto si los anarquistas quieren montar su movimiento lo que están haciendo es cediéndole el resto del movimiento social a sus rivales políticos.

– Movimientismo

Es una crítica que hacen las organizaciones leninistas a estos movimientos que se niegan a admitir el dualismo organizativo (esto lo veremos más adelante). Es decir, que quieren mantener su movimiento social totalmente autónomo. Pero va más allá, el movimientismo es el movimiento por el movimiento y en ocasiones llega a ser hostil a cualquier organización política que intente marcarle el camino.

Sus peligros son que muchas veces este movimiento no tiene desarrollada su capacidad política y cae en el reformismo o bien es embaucado por otras fuerzas políticas mejor organizadas y lo canalizan por donde quieren. También puede significar sectorializar la lucha y centrarse en lo concreto ya que carece de objetivos a largo plazo más allá de la lucha en sí misma.

El ejemplo típico es el de algunos movimientos estudiantiles, que se agotan en sí mismos y que no consiguen ni relevo generacional ni aprender de los errores y fracasos de otras luchas previas. Muchas asambleas del 15M tuvieron esta manera de entender las cosas.

– Tendencias organizadas

Se trataría de ir un paso más allá de la minoría activa y organizarse «de verdad» a la hora de participar en movimientos amplios.

Por ejemplo en la Primera Internacional había unas organizaciones sindicales (la Federación de la Región Española por ejemplo), que eran mayoritarias y también había sectores políticos como por ejemplo un sector marxista y otro sector bakunista (en realidad había otros sectores socialistas y republicanos como los blanquistas, mazzinianos, carbonarios, proudhonianos, lassalianos, etc.). Todos estos sectores políticos competían entre sí. Y algunos de ellos tenían su propia organización política de manera «disimulada». En el caso de los partidarios de Marx tenían vínculos estrechos desde la Liga de los Comunistas, ya disuelta. Y los partidarios de Bakunin tenían la Alianza por la Democracia Socialista.

En el caso español los bakunistas estarían en la Alianza, a la que se fueron afiliando por juramento (se supone que una vez aceptado su programa). Eran decenas de militantes anarquistas que a su vez eran miembros de la Federación de la Región Española (el sindicato) y de hecho solían tener cargos en ella. En este caso la Alianza permanecía bastante a la sombra, aunque años después era muy obvio y era en ocasiones un punto de los plenos y congresos de los sindicatos.

Este tipo de organización también lo quiso hacer el grupo de marxistas que había en CNT a primeros de los años 20. Entonces crearon a iniciativa de Maurín los Comités Sindicalistas Revolucionarios. Su objeto era crear su tendencia y estructurarla para con el tiempo crear su partido sobre ella. No era un partido al margen del movimiento social, sino que vivía en su interior. En los años 30 ya tenían sus partidos y animaron lo que se llamó sindicatos «autónomos». En realidad eran autónomos de los anarquistas, pero afines al comunismo del BOC y del POUM.

Dualismo organizativo (2 organizaciones, una política y una social)

Se trata de la separación de lo político y lo social en dos organizaciones diferentes. Las dos estarán en relación para complementarse, pero cada una tendrá una vida autónoma.

– Partido-movimiento

La manera típica de entender la lucha de masas es el duo partido-movimiento. El marxismo lo esbozó y el leninismo lo sistematizó. Aún así esta manera de hacer las cosas la puede utilizar cualquier tendencia. Lo más conocido podría ser el ejemplo del socialismo, creando un partido y un sindicato, como fue el PSOE y la UGT. El anarquismo en ocasiones lo utilizó como fue la OARE de la década de 1880s respecto del movimiento sindical (primero FTRE y luego Pactos de Solidaridad).

Es decir, que se pasa de una tendencia organizada en el seno de un movimiento para convertirse en una organización independiente. En el caso de la Alianza por la Democracia Socialista, al disolverse oficialmente para entrar en la AIT, deja de ser una organización independiente para ser una tendencia organizada. Aquí podría haber un debate sobre si de verdad estaba disuelta o aún seguía existiendo. Si estaba disuelta y sus miembros hablaran entre sí, estaríamos ante el ejemplo de una tendencia. Pero si la organización siguiera con vida (guardando las apariencias para poder estar dentro de la AIT), entonces estaríamos ante el ejemplo de partido-movimiento. Tanto da, porque el resultado fue el mismo.

Será el mismo caso de los siguientes ejemplos.

– Plataformismo / especifismo

Algunos anarquistas tras la Revolución rusa hicieron balance. No les gustó nada la actuación del movimiento libertario ruso y achacaron gran parte de los errores a la desorganización crónica de éste que le dio mucha ventaja al bolchevismo justo en el momento clave. Por tanto para evitar que esto se repitiera le proposieron al movimiento libertario una estrategia, la plataforma.

La plataforma consistía en crear una organización anarquista unida por unas estrategias (la lucha de clases), unas tácticas (utilizar el sindicalismo), un objetivo (el comunismo libertario), un programa y una disciplina. Entonces la plataforma no aúna a cualquier anarquista, sino que solo junta a quienes aceptan todo eso.

Como dice el texto enlazado, la plataforma apareció en un momento inoportuno en Francia. En aquellos años el movimiento libertario había abandonado los sindicatos (el movimiento social) y estaba generalmente inclinado hacia la bohemia, el individualismo y la búsqueda de la vida libre. Por tanto cuando aparecieron unos militantes que hablaban de programa y disciplina, les debió sonar a bolchevismo.

Sin embargo no era más que volver a Bakunin (en su época programa se llamaba catecismo revolucionario; se hacía juramento solemne, etc.). El movimiento de Bulgaria se estructuraba siguiendo la plataforma y entre 1944 y 1948 tuvo su oportunidad revolucionaria.

Luego estas ideas las recogió la FAU de Uruguay en los años 50-60-70 y las actualizó. Entre otras cosas también cambió el nombre a especifismo (que tiene su origen en la organización «específica», como la FAU) y le cambió el ámbito de actuación, que ya no era la lucha de clases como motor de la historia, sino que lo ampliaba a todo el «pueblo» o a la «lucha popular» en toda su amplitud, de la cual la lucha de clases era uno de los frentes. De ahí que se diga que la FAU era una organización nacional-popular similar a las organizaciones marxistas y latinoamericanistas de izquierdas que abundaban en aquella época.

– El modelo FAI o la síntesis

El faísmo pretendía tener dentro de la organización libertaria a todo tipo de libertarios. Lo que le importaba era la unidad anarquista y no tanto el programa. Quizá por eso algunos plenos eran tan conflictivos. Con esta forma de actuar realmente seguían lo que en el siglo XIX se llamó «anarquismo sin adjetivos».

Pero a nivel práctico la FAI actuaba de forma bastante seria y quería vincularse a la CNT para que ésta no se conformara con un sindicalismo reformista o bien que acabara en manos del marxismo. Para ello consiguieron convencer a los anarcosindicalistas de los comités de CNT para poder impulsar dos organismos unitarios: el comité de acción revolucionaria y el comité pro-presos. En la República esto se amplió a los Comités de Defensa (que en principio eran solo de CNT, pero en la práctica los formaba gente en la órbita de la FAI). Ambos iban a ser conjuntos CNT-FAI. Este es el inicio de lo que se llamó la «trabazón». Esto es básicamente lo mismo que lo que tenía el PCE con sus sindicatos o el PSOE con la UGT. De hecho en inglés los historiadores libertarios usan la misma palabra tanto para hablar de la trabazón de la FAI como la relación del PCE con sus sindicatos.

Sin embargo, no se puede decir que la FAI en bloque controlase la CNT. Eso no fue así. La FAI nunca fue un bloque. Lo que ocurrió fue que dentro de la FAI había distintos grupos anarquistas con prestigio que tenían grandes redes de grupos afines. Por ejemplo el grupo «Nosotros» tenía grupos afines en media España. Lo mismo con el grupo «Nervio», y así con otros. Cada uno de estos grupos representaba una tendencia política (táctica y estrategia) en el seno de la FAI. Por eso no había unidad política sino que la unidad era simbólica de puertas afuera.

– El «treintismo»

Si bien comenzó siendo una tendencia de la CNT, con el tiempo creó su propia organización política, que fue la Federación Sindicalista Libertaria. Su objetivo era terminar controlando el movimiento obrero e impulsarlo hacia la gestión de la economía. De cierta manera se convirtió en una anti-FAI cuando perdió el control de las secretarías, los comités y de Solidaridad Obrera. Sin embargo no pudieron desarrollar su corriente política más allá de 1934 y en el Congreso de Zaragoza de 1936 la mayoría volvería a CNT. En CNT esta corriente volvería a tener fuerza durante la Guerra civil llegando a determinar gran parte de la estrategia de la Confederación. Desde la postura más revolucionaria en 1937 se acusaba a los comités superiores de CNT de ser «treintistas».

Otro caso distinto sería el de Angel Pestaña, que crearía en 1928 una «unión de militantes», para poder dirigir CNT, aunque no tuvo mucho éxito. Recordemos, una unión de militantes sería una tendencia interna ya que no pretendía crear nada independiente del movimiento sindical. En los años de la República su estrategia derivó en la creación del Partido Sindicalista, que al ser boicoteado por el anarcosindicalismo y las específicas FAI y JJ.LL. (e incluso por la FSL) no pudo llegar lejos.

Casuística

Pasemos a analizar entonces algunos ejemplos de la historia revolucionaria para ver donde encajarían.

– Consejismo

El movimiento de los consejos obreros alemán era una opción de gestión socialista de la sociedad. Se basaba en los consejos obreros como organismos de poder. Su principal fuerza partidaria fue el KAPD alemán, y tuvo varios partidos hermanos en Holanda, Gran Bretaña, etc. En este momento vemos una estrategia de partido-movimiento: el KAPD influye en el movimiento de los consejos. Además el partido impulsó un sindicato, la AAUD, que era una especie de sindicato formado por asambleas de trabajadores que se oponían a los sindicatos socialdemócratas en la defensa de los consejos obreros.

Sin embargo con el tiempo tuvo su escisión. De este partido salió un buen número de gente para formar la AAUD-E que era un movimiento político y social a la vez, en una sola organización. Y por tanto exigía la disolución del partido.

– Autonomía

La autonomía no es fácil de explicar ya que tuvo diferentes facetas según las épocas y los distintos territorios en donde se ponía en práctica.

En principio todo parte de la autonomía obrera o autonomía proletaria (u operaia) de Italia. En este momento existían diversos partidos pequeños (algunos no tan pequeños) que la defendían. Pero la autonomía se daba en las asambleas de trabajadores, de estudiantes, en los barrios, etc. A mediados de los 70 aquella fase fue superada y la autonomía se generalizó en una parte de la población, que comenzó a actuar sin necesidad de consignas de los partidos. Por tanto la mayoría de los partidos de extrema izquierda se terminaron disolviendo en el movimiento autónomo.

En este caso adoptaron en gran medida el movimientismo, ya que el movimiento (o el movimiento de movimientos) se bastaba a sí mismo. El rol de partido lo tomaban las revistas, que se difundían masivamente y era el foro de debate de todo el movimiento. Aunque el movimiento intentó llevar a cabo algun congreso para determinar la estrategia, en realidad tampoco serían representativos ya que la gente actuaría a su manera sin hacer caso de las mayorías.

En América Latina las actuales autonomías toman de referente la Europa de los años 70, pero lo adaptan a su experiencia política propia. Los pueblos indígenas y campesinos la practican. Pero tienen sus congresos indígenas y su estrategia compartida. De alguna manera la existencia de un EZLN ha marcado las pautas a seguir, sin necesidad de estar sometidos a ese movimiento.

En Europa la autonomía se desarrolló con el movimiento de las okupaciones. También entró en los distintos movimientos estudiantiles de distintas épocas. Tuvo fuerza en Alemania y Holanda en los años 80. Y de vez en cuando tiene períodos de expansión, como ahora ocurre en Francia. Oscila entre el movimientismo y el movimiento social autónomo (consciente de sí mismo) pero con tendencias internas basadas en las influencias políticas de cada sector.

– La CNT en sus períodos

Podemos reconstruir las diferentes etapas de CNT según ha predominado una estrategia u otra.

  1. desde 1910 a 1918-23 predomina la participación de los anarquistas sin organizarse en cuanto a tendencia propia. Éstos construían el movimiento social y sindical. El anarquismo adopta la idea del sindicalismo revolucionario (→ es decir, que los sindicatos serán los organismos de gestión de la futura sociedad socialista // nada que ver con radicalismos verbales de hoy en día).

  2. Período 1918-23. Comienza el anarcosindicalismo. La mayoría de los sindicatos se han «anarquizado» y se reivindican como parte del movimiento libertario. A la vez existe una tendencia interna organizada que encabezan los marxistas (Maurín, Nin, Andrade…)

  3. Período 1923-28. Hay bastantes grupos anarquistas que plantean que CNT debería ser un MOA, un movimiento anarquista y no anarcosindicalista. Sin embargo en los debates gana la idea de crear una organización aparte.

  4. 1927-33. Existencia de la FAI que se postula como organización hermana de la CNT. Se desarrolla la trabazón, y existe un dualismo organización política-movimiento sindical. A la vez existe una tendencia interna de oposición (aunque también querían controlar la CNT a su manera) que es el treintismo. Se expulsa el sector marxista en bloque (PCE en Andalucía y Asturias y BOC en Catalunya).

  5. 1934-36. El treintismo rompe el movimiento y creará su propia organización, la FSL.

  6. 1936-39. Se da la paradoja que en el momento clave de la guerra civil la FAI no tiene una postura unitaria. Por tanto se cae en cierto seguidismo respecto la postura de los sindicatos (en donde existe influencia del treintismo). Por tanto es el sindicato el que marcará la dirección estratégica de todo el movimiento libertario. Incluso la FAI se irá amoldando a esta situación, que reconocen como natural.

  7. 1939-45. Reconstrucción

  8. 1945-75. En el interior predomina una orientación de CNT como sindicato y nada más. Los grupos anarquistas del interior actúan normalmente al margen de CNT. En el exilio se convierte en la práctica en dos partidos, según las dos posturas mayoritarias en las que estaban divididos los anarquistas. Entienden la CNT como organización anarquista unos y los otros como organización sindicalista revolucionaria que tendría como prioridad la consecución de una República (sería el sector partidario de la colaboración con el resto de fuerzas antifranquistas).

  9. 1976-79. Se prioriza la creación de un gran sindicato, CNT. Es la organización vehiculadora del movimiento. Dentro existirán diversas tendencias que se enfrentarán.

  10. 1979-89. Periodo de enfrentamientos en el seno del anarcosindicalismo. El sector posibilista aceptarán los comités de empresa como gestores de los intereses de la plantilla, y el otro sector se niega. De hecho al tampoco tener activas muchas secciones sindicales cae en el forismo, el MOA. Para este sector CNT suele ser igual a una organización anarquista.

  11. Con los años una buena parte de CGT ha olvidado que la razón de ser del anarcosindicalismo es que los sindicatos gestionen la economía (quizá culpa de la penosa correlación de fuerzas que tenemos los sectores revolucionarios en general). Mientas que la CNT-AIT tuvo dos tendencias importantes, una la de que los sindicatos eran casi lo mismo que un grupo anarquista. La segunda de intento de volver al anarcosindicalismo, que ha ido ganando terreno en los últimos tiempos.

Todo esto es evidentemente opinable. Escribo bastante a grandes rasgos, pero con la idea de hacer una reflexión sobre la estrategia organizativa concreta de nuestras organizaciones.

– Movimiento popular vasco

En este caso siempre se ha dotado de la figura del partido. En ocasiones varios. El movimiento popular tiene una parte formal conformada por Sortu/Bildu, Ernai y LAB, y por otra parte tiene un gran entorno informal que es la lucha por el Euskera, la lucha ecologista y feminista, su red de gaztetxes sus grupos de música, prensa y radios, etc. No tiene organización estratégica (como fue EKIN) sino un partido de masas que es quien marca el rumbo de todo el movimiento. Este sistema es el que se calca desde otros movimientos de liberación nacional.

Conclusiones

En definitiva, vuelvo a insistir que nunca se debe mitificar una estrategia, porque lo que es adecuado para un contexto puede que no lo sea para otro. Por ello los movimientos revolucionarios deben fomentar el análisis y el estudio de los escenarios y las coyunturas en las que se encuentran para poder determinar el camino hacia sus objetivos.

 

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