Breve introducción al surgimiento de las jerarquías

La jerarquía no es sólo una situación interpersonal, identificada comúnmente con la subordinación de unas personas a otras. Es un concepto interiorizado hasta tal punto que tratamos de explicar la naturaleza basándonos también en estructuras jerárquicas, ya sea cuando decimos que una manada de lobos tiene un líder o hablamos de la «abeja reina». Estos ejemplos que alguien podría identificar como relaciones de jerarquía en la naturaleza no se corresponden con ella, ya que en el primer caso ese liderazgo está sujeto a un individuo concreto en situaciones concretas, y no una institución como tal que perdure en la especie, y en el segundo es la «mamá» del enjambre que no dirige, sino que provee de mano de obra y de una nueva «mamá» cuando es necesario para que el grupo perdure. Incluso los mandriles se han usado como ejemplos de jerarquía y patriarcado, sin tener muchas veces en cuenta que es con el gibón, simio que no presenta este tipo de actitudes, con quien los humanos compartimos más rasgos físicos y evolutivos.

El proceso que nos ha llevado a un pensamiento jerárquico al nivel de reflejarla en nuestros modelos de la naturaleza y justificarla en ellos ha sido largo y complicado, por lo que sólo presentaré una visión a grandes rasgos de su aparición.

En las sociedades previas a la aparición de la jerarquía existía una división del trabajo en la que los distintos elementos del grupo se complementaban. Esta complementariedad en el reparto de tareas se daba también en la división entre hombres y mujeres, diferenciación que apareció, principalmente, por la menor movilidad de éstas en periodo de gestación y crianza. El papel de la mujer no era inferior al del hombre, ya que el deber de alimentar a la comunidad mediante la recolección y posteriormente la agricultura era tan imprescindible como el de la caza. Esta situación comenzó a cambiar con las guerras entre clanes por el territorio. La figura del guerrero cobró importancia. En términos de defensa comenzó la subordinación de la mujer. Una vez que nos adentramos en el neolítico y tenemos tierras cultivables la reclamación de las tierras del clan invadido como trofeo personal comenzó de algún modo con la acumulación desigual de la tierra, ya que las tierras de la tribu pertenecían en la colectividad. Los vencidos se convierten así en desposeídos y posteriormente en esclavos. Entre los líderes militares aparecen patriarcas con posesiones materiales y autoridad respecto a las relaciones con el exterior. Pero esto no es suficiente para explicar una jerarquía más elaborada y estratificada.

Una explicación más completa sobre cómo llegan a aparecer las jerarquías nos la da el estudio de los ancianos de las tribus. Si en un principio éstas se regían por asambleas o consejos de ancianos, estos consejos no constituirían una jerarquía real, ya que todos los miembros de la tribu están destinados a formar parte de este grupo (siempre y cuando sobrevivan para alcanzar una edad avanzada). Además esta tarea podía ser interpretada como una especie de compensación ya que su capacidad para actividades como conseguir alimentos o edificar viviendas están claramente limitadas. En los ancianos aparece un rencor hacia la naturaleza cruel, que transforma su cuerpo y espíritu limitando sus capacidades. Estos ancianos además necesitan asegurarse un puesto imprescindible en el grupo, ya que en épocas de necesidad son los primeros en ser abandonados ya que su labor es, por así decirlo, la menos necesaria para la supervivencia del grupo. Aconsejan a la comunidad, apareciendo sabios y hechiceros que ponen bajo su mando a las fuerzas de la naturaleza que les ha maltratado. Comienza la dominación por el miedo a los espíritus de la naturaleza, pero este grupo tiene ciertos fallos, que se subsanan con la aparición de las religiones. Las catástrofes y las enfermedades no tenían ninguna justificación en el marco de la hechicería, pero si incluimos a unos dioses con una moral estricta que nos castigan si incumplimos sus normas, el sacerdote se convierte en un mediador que les puede aplacar, pero aún así las catástrofes ocurren, porque incumplimos determinadas leyes. De ese modo estos sacerdotes se convierten también en legisladores y se enriquecen por las ofrendas que presentan como necesarias para el beneficio del pueblo. Se crea así una estructura estatal completa al institucionalizarse esa labor. Los consejos a la comunidad se convierten en dirección de la comunidad entrando en juego intereses personales. Estos grupos se politizan y transforman, llegando a perder toda relación con la mitología de la que surgieron y afirmándose como estados políticos.

El cambio en la mente colectiva se refleja en la transformación de las divinidades. A las primitivas diosas madres dadoras de vida les aparecen compañeros que poco a poco usurpan sus labores y aparecen figuras como Pandora y Eva, mujeres culpables por su curiosidad de los males de la humanidad, culpabilidad y relación directa con el pecado que se ha establecido sobre las mujeres a lo largo de la historia. Las divinidades naturales cambian por divinidades antropomórficas apareciendo en este proceso de cambio criaturas intermedias como esfinges y minotauros y en los grupos de divinidades que se complementaban, reflejo de las comunidades que se regían de forma asamblearia, aparece un dios superior que dirige a los otros (Zeus). Esto alcanza su apogeo con Yahvé, dios único y verdadero, celoso de sus fieles.

Si juntamos esto con el poder militar citado anteriormente, tenemos todos los ingredientes necesarios para la gerontocracia patricéntrica hacia la que se evolucionó. Se llega a un núcleo familiar en el que el padre tiene poder absoluto sobre todos los miembros de ésta, poder que posteriormente le será reclamado por el estado, que exigirá a los hijos para que sean sus soldados, burócratas…

Si bien los dos grupos citados (jóvenes líderes guerreros y ancianos «guías» políticos) no siempre estuvieron unidos y a lo largo de la historia han aparecido diferentes tensiones entre el poder militar y el poder político/eclesiástico, juntos conforman la estructura jerárquica que ha evolucionado en los estados actuales.

1 de Mayo. Poder popular desde abajo. Entre todas, en todas partes

1M-2El Primero de Mayo es el día tradicional de la clase trabajadora. Se celebra desde hace más de un siglo en recuerdo de los «mártires de Chicago», militantes obreros que lucharon por la jornada de las 8 horas. En el Estado español las 8 horas de jornada laboral se implantaron a raíz de la poderosa huelga de «La Canadiense» en 1919, en un año de importantísimas luchas sindicales y sociales. Hoy en día, en tiempos de recortes y de retrocesos de los derechos sociales esta jornada no es siquiera respetada. Horas extras, jornadas partidas, pluriempleo para llegar a fin de mes, desempleo masivoo temporalidad generalizada: así es nuestro panorama laboral.

Las clases populares vivimos en una constante lucha contra la precariedad a todos los niveles. El empleo generado en los últimos años es prácticamente todo de carácter temporal, lo que implica cada vez peores condiciones laborales. Una de cada cinco personas activas está en paro. Pero es que de las otras cuatro hay dos encadenando un trabajo temporal tras otro, y otra de esas cinco está encadenada a un empleo cubriendo jornadas inacabables.

  • La situación para la juventud trabajadora, la supuesta generación mejor preparada y cualificada de la historia, se enfrenta a una tasa de paro tan grande que implica que la mitad de la juventud no puede encontrar trabajo. Y esto sin contar con que la cantidad de jóvenes que estudian o se hallan inscritos en incontables cursos de formación que maquillan los datos de desempleo. El resultado es conocido: vivir de la familia hasta edades tardías, subsistir a duras penas a base de trabajos precarios o la emigración en busca de otros futuros. En cualquier caso, la falta de perspectiva hace muy dificil poder proyectarse hacia el futuro y hace patente una sensación de estancamiento.
  • Un sector con frecuencia olvidado es el pensionista. Bien por jubilación, bien por enfermedad o dependencia, es una parte de la población que hoy en día, en plena crisis, aguanta el peso económico de muchas familias y también contribuye al cuidado de sus nietas y nietos cuando no lo pueden llevar a cabo sus hijas e hijos. Ademas, en estos últimos años la caja de las pensiones ha servido para tapar los despilfarros del capital, algo que sin duda, traerá consecuencias muy negativas de cara al futuro. Entendemos estos recortes como ataques contra nuestra propia esperanza de vida.
  • La mujer trabajadora es la que sale peor parada en todo este contexto. Las cifras más altas de paro se dan en este colectivo, siempre con tasas superiores a las de los hombres. La mujer encuentra mayores dificultades a la hora de acceder a un puesto de trabajo por el «riesgo» (para el capitalista) de que sea madre. Además, en caso de tener un empleo, generalmente cobrará menos que sus compañeros varones. Somos el sustento de la familias, y no pocas veces tenemos que afrontar solas la crianza de los hijos o el cuidado de nuestros mayores.

Todos estos ataques económicos contra la clase trabajadora se retroalimentan con otros ataques políticos y culturales que incluso niegan nuestra propia existencia como clase. Ahora, bajo el neoliberalismo más cruel, todas somos clase media y quien es pobre es poco menos «porque se lo merece». Esta ideología deja entrever que quien se hace rico, los emprendedores, también se lo merece aunque sepamos que su riqueza nace de nuestro trabajo, de nuestra falta de derechos o de que se salten los que aún conservamos, y cuando no de la corrupción, el engaño y el robo sistematizado.

El avance del capitalismo no hubiese sido posible sin los grandes partidos de izquierdas ni los sindicatos mayoritarios, puesto que sus élites al menos, han sido y son igualmente partidarias de la doctrina neoliberal. La mayor victoria del capitalismo ha sido convertir a sus antagonistas en sus defensores y haber dado a entender que no hay otro mundo posible.

Pero la crisis que hoy en día nos azota no es una crisis puntual de la que pronto saldremos, como vaticinan los voceros mediáticos del régimen, sino más bien la expresión de una crisis de sistema, de civilización, que se extenderá irremediablemente a lo largo de las próximas décadas. No podemos perder de vista que vivimos en un mundo finito, con recursos limitados y que estamos agotando algunos de ellos, como el petróleo, vital para los procesos de acumulación capitalista.

Desde esta visión, de que el propio capital lleva ya tiempo acercándose cada vez más rápido al precipicio y que sin duda intentará arrastrarnos en su caída, tenemos que ser conscientes de que debemos articular las resistencias y apuestas políticas desde ya, puesto que de ello dependerán los escenarios en los que nos movamos en adelante.

El 1 de Mayo representa una fecha importante. Es un día en el que recordamos las conquistas obtenidas a través de la lucha y tomamos conciencia de nuestra dignidad, de que somos nosotras las que movemos el mundo, las que hacemos la economía real, las que sostenemos la vida frente a la maquinaria de muerte que sostiene el sistema. Desde este empoderamiento que nos da saber lo que somos y lo que podemos ser, de ir desarrollando políticas que pongan la economía al servicio de las personas, que pongan la vida, y no el beneficio, en el centro. Una vida que merezca la pena ser vivida y que por tanto no sea a costa de otras personas ni del planeta, que a fin de cuentas es nuestra casa común.

Por eso tenemos que organizarnos cada vez más y mejor, a todos los niveles. Desde colectivos de barrio, feministas, de jóvenes, centros sociales y ateneos, redes y organizaciones políticas y por supuesto también sindicatos de clase, entre los que sería deseable una mayor capacidad de confluencia. Solo entre todas, generando poder popular, seremos capaces de hacer frente a lo que viene y estaremos ya ensayando la construcción de una nueva sociedad libre, igualitaria, solidaria y verdaderamente democrática.

¡Viva el Primero de Mayo!

¡Participemos en todos los actos y manifestaciones!

El makhnovismo y el anarquismo

Nota preliminar: Este es un fragmento del libro «Historia del Movimiento Makhnovista», escrito por Piotr Arshinov, que me pareció interesante rescatar ya que sigue siendo de actualidad, pese al contexto en que se escribió el libro. No obstante, en este fragmento se describen muchas semejanzas con el actual estado general del movimiento libertario y de buena parte del imaginario que hay en él. Sin más, os dejo que disfrutéis de su lectura.
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La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas  proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden. Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edifcación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.

Al considerar el makhnovismo se destacan de inmediato dos aspectos esenciales del movimiento:

1) su carácter verdaderamente popular y su nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron;

2) a ello se debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos principios incontestables del anarquismo:

a) el derecho de los trabajadores a la iniciativa;
b) el derecho a la autogestión económica y social;
c) el principio del no estatismo en la edificación social.

En todas las fases de su desenvolvimiento, el makhnovismo ha mantenido esos principios con tenacidad y consecuencia. En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos mil o trescientos mil  de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera igualdad en el seno de la sociedad nueva. Vemos en el makhnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas, no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la vía del anarquismo. Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba a establecer a tiempo sus ideas y sus consignas, a elaborar sus formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos, vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron.

Era de esperar que los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a fundirse en él. Pero fue de otro modo. La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no parecía ser puramente anarquista. Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura, lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la inactividad y a la esterilidad.

Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos, dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual, pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida. Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa considerar con alguna atención. Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran signifacación. Aun colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso dirigente inmediato. Ahora bien, el makhnovismo comenzó bien lejos de ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad moderna. Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era precisamente aquel que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos los anarquistas “intelectuales” y teóricos, Volin fue el único que participó en el Movimiento Makhnovista con entera decisión, poniendo a su servicio todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del anarquismo quedaron al margen.

Esto naturalmente no podría significar nada ni contra el makhnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y las ideas del anarquismo. Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la organización.

A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su pensamiento y de su programa práctico. Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad. Ésta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica anarquista luego.

La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún sufi cientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio “yo” comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual se retira a su oasis, imagina su obra y predica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.

De tal estado de cosas resulta un gran número de diferentes sistemas prácticos preconizados por los anarquistas rusos. De 1904 a 1907 hemos visto los programas prácticos de los Besnachaltzy [los “Sin autoridad”] y de los Chernoznamentzy [“La bandera negra”] que predicaban las expropiaciones parciales (la toma individual) y el terror general como método de lucha anarquista. Es fácil ver que esos programas no podían significar nada más que la expresión de las inclinaciones particulares de personas que se encontraban mezcladas al anarquismo por casualidad y que no eran posibles más que a consecuencia del débil desarrollo del sentimiento de la responsabilidad hacia el pueblo y la revolución. Últimamente hemos visto aparecer una gran cantidad de teorías, en algunas de las cuales se nota cierta tendencia hacia la autoridad estatista y la dirección autoritaria y centralizadora de las masas, mientras en otras se rechaza todo principio de organización y se proclama la libertad absoluta de la personalidad y otras aun se preocupan de aspiraciones demasiado “universales” del anarquismo, que en realidad no son más que simulaciones para esquivar las arduas obligaciones del momento histórico.

He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el makhnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se encontraban tan débiles y poco preparados. El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello, ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden apoyarse con confianza para dirigir su lucha.

Pero para justificar esa confianza no basta que el anarquismo sea una gran idea y los anarquistas sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en calidad de obreros. Sólo entonces respirará ese movimiento la atmósfera verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción, obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.

La esencia del makhnovismo resplandecía con el fulgor del anarquismo y sugería involuntariamente la idea de este último. Fue entre todas las doctrinas la que prefirieron los guerrilleros. Muchos de ellos se titulaban anarquistas, sin renunciar a ese título ni ante la muerte. Y al mismo tiempo el anarquismo dio al makhnovismo algunos militantes admirables que, con amor y abnegación, pusieron sus fuerzas y sus conocimientos al servicio de ese movimiento. Ese cruce de los destinos del anarquismo y del makhnovismo comenzó hacia mediados de 1919. Fue sellado en el verano de 1920 por el ataque simultáneo, que dirigían los bolcheviques contra los makhnovistas y los anarquistas en Ucrania y subrayado de una manera particularmente brillante en octubre de 1920 en el momento del acuerdo militar y político entre las autoridades soviéticas y las makhnovistas, cuando estos últimos exigieron, como condición absoluta del acuerdo, que todos los makhnovistas y anarquistas fuesen liberados de las prisiones de Ucrania y de la Rusia Central, y que se les concediese libertad completa para profesar y proclamar sus ideas y sus teorías.

Anotemos por orden cronológico la participación de los anarquistas en el Movimiento Makhnovista. Desde los primeros días de la revolución de 1917 se formó en Guliay Polié un grupo de anarquistas comunistas que desarrolló un trabajo revolucionario considerable en la región. De ese grupo salieron después los militantes y los conductores más notables del makhnovismo: N. Makhno, S. Karetnik, Marchenko, Kalachnikov, Liuty, Grigori Makhno, etc. Ese grupo estuvo íntimamente ligado con los comienzos del Movimiento Makhnovista. Hacia fines de 1918 y comienzos de 1919 se formaron otros grupos en la región y trataron de ponerse en relación con el makhnovismo. Sin embargo algunos de esos grupos, como por ejemplo en Berdiansk y en otras partes, no estaban a la altura de la situación y no podían ser sino perjudiciales al movimiento. Afortunadamente el movimiento era de tal modo sano que los pasó por alto.

En los primeros meses de 1919 Guliay Polié albergó ya, no sólo a los militantes campesinos del lugar, anarquistas tan notables como Makhno, Karetnik, Marchenko, Vasilevsky y otros, sino también a algunos que habían llegado de ciudades distantes y que representaban a ciertas organizaciones anarquistas: Burbyga, Mikhalev-Pavlenko, etc., trabajaban exclusivamente entre las tropas insurreccionales del frente o de la retaguardia. En la primavera de 1919 varios camaradas llegaron a Guliay Polié para entregarse principalmente a la organización de los asuntos de la cultura y de la instrucción en la región: crearon el periódico Put k Svobode, órgano fundamental de los makhnovistas y fundaron la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié que se dedicó a la propaganda en el ejército y entre los campesinos.

Al mismo tiempo se fundó en Guliay Polié un grupo anarquista asociado con la federación Nabat. Trabajó en contacto estrecho con los makhnovistas en el dominio cultural e hizo aparecer el periódico Nabat. Poco después esa organización se fundió con la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié en un solo cuerpo. En el mes de mayo, treinta y seis obreros anarquistas llegaron de Ivanovo-Voznesensk a Guliay Polié; entre ellos se encontraba Cherniakov y Makeev. Una parte de ellos se instaló en la comuna anarquista situada a siete kilómetros de Guliay Polié; otros se entregaron a trabajos de cultura en la región, otros entraron en el ejército insurreccional.

En el mes de mayo de 1919 cuando la Confederación Nabat,que era la más activa de todas las organizaciones anarquistas de Rusia, se dio cuenta que el flujo principal de la vida revolucionaria de las masas estaba en la región de los guerrilleros. A comienzos de junio de 1919 envió a Guliay Polié a Volin, a Mrachny, a Josif, El emigrado y a varios otros militantes más. Se tenía la intención de transportar a Guliay Polié las instituciones principales de la Confederación después de las sesiones del congreso extraordinario de los obreros y campesinos convocados por el Consejo Militar Revolucionario para el 15 de junio. Pero el ataque simultáneo contra la región por parte de Denikin y de los bolcheviques no permitió poner en ejecución este proyectó. Mrachny fue el único que pudo llegar en ese momento a Guliay Polié, pero se vio obligado, a consecuencia de la retirada general, a regresar al punto de donde había venido, uno o dos días después de su llegada.

En cuanto a Volin y sus compañeros, no pudieron abandonar Ekaterinoslav y sólo en agosto de 1919 lograron unirse cerca de Odessa al Ejército Makhnovista en plena retirada. Los anarquistas se mezclaron pues al movimiento tarde, cuando su desarrollo normal había sido ya interrumpido, cuando había sido arrojado violentamente de las bases del trabajo de edificación social y cuando, bajo la presión de las circunstancias, había entrado principalmente en la vía de la acción militar.

Durante el período que se extiende desde fines de 1918 hasta el mes de junio de 1919, las condiciones para un trabajo positivo en la región habían sido más favorables: el frente había quedado a doscientos o trescientos kilómetros de distancia, cerca de Taganrog, y la población de la región, de varios millones de habitantes diseminados a través de ocho o diez distritos, se encontraba abandonada a sí misma.

Pero a partir del verano de 1919 los anarquistas no podían trabajar ya más que sobre el terreno de las operaciones militares, bajo un fuego continuo, obligados a cambiar de lugar todos los días. Los anarquistas que se habían unido al ejército hacían todo lo que podían en ese medio. Unos, como Makeev y Kogan, tomaron parte en la acción militar; la mayoría se ocupaba de trabajos culturales entre los insurrectos y en las aldeas que atravesaban los makhnovistas. Pero ése no era un trabajo verdaderamente creador, en el sentido real y vasto de la palabra. La atmósfera saturada de combates la había reducido principalmente a una propaganda volante. Era imposible pensar en una obra de creación, en una obra positiva. En algunos casos, como por ejemplo después de la toma de Aleksandrovsk, Berdiansk, Melitopol y otras ciudades, los anarquistas y los makhnovistas tuvieron la posibilidad –por un tiempo por lo demás muy restringido– de plantear los esbozos de un trabajo más profundo y más vasto. Pero luego llegaba por una parte o por otra una ola militar que lo arrasaba todo; y de nuevo era preciso limitarse a una propaganda sumaria entre los guerrilleros y los campesinos.

Las condiciones en aquel momento eran claramente hostiles a un vasto trabajo creador entre las masas. Algunos individuos que no habían participado en el movimiento o que no lo hicieron más que durante un tiempo breve, llegaron a erróneas conclusiones fundadas en la experiencia de aquel período, de que el makhnovismo era de carácter militar, que se preocupaba demasiado por esos aspectos y muy poco por el trabajo creador entre las masas, pero, en realidad, el período militar en la historia del makhnovismo no fue de ningún modo el producto de su esencia misma, sino sólo de las condiciones exteriores, tales como las que se plantearon desde mediados de 1919.

Los bolcheviques han tenido en cuenta la significación del Movimiento Makhnovista y la situación del anarquismo en Rusia. Sabían que él, privado de contacto con un movimiento popular de una importancia tal como el makhnovismo, carecería de base y no podría ser más que un fenómeno inofensivo sin peligro para ellos. Y viceversa, comprendieron bien que el anarquismo era la única concepción social sobre la cual podía apoyarse el makhnovismo en su lucha implacable contra el bolcheviquismo. He ahí por qué no ahorraron esfuerzo alguno para separar un movimiento del otro. Y es preciso reconocer que persiguieron ese objetivo con gran energía: han puesto al makhnovismo fuera de toda ley humana. En Rusia y particularmente en el extranjero los bolcheviques se comportan como si ese hecho fuera natural y no debiera despertar ninguna duda y como si sólo los ciegos o los que nada conocen de Rusia pudieran vacilar en reconocer la justa y razonable medida adoptada.

En cuanto a la idea anarquista, no ha sido declarada oficialmente ilegal; pero los bolcheviques califican todo acto revolucionario de los anarquistas, todo acto de honestidad vehemente o cometido por ellos, como makhnovista y con un aire de naturalidad, como si no pudiera ser de otro modo, los arrojan al calabozo, o les cortan la cabeza. En suma, el makhnovismo y el anarquismo, que no consienten en humillarse ante los bolcheviques, son tratados de la misma manera.

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C’s o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración… que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria…

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, …), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio…, secciones sindicales… Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc… Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc… y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

La cuestión de las asambleas

Por @blackspartak

Por qué el asamblearismo no es un principio anarquista

Hoy quiero comentar una de las cuestiones clave en los movimientos sociales. Se trata del proceso de toma de decisiones, el asamblearismo (con todas sus problemáticas asociadas). A menudo esta forma de funcionar se la encuentra elevada a la categoría de «principio» básico del anarquismo. Y los principios, ya se sabe, suelen ser irrenunciables e intocables. Yo hace tiempo que reniego de ello, no porque no me gusten las asambleas, que a veces me gustan (y otras veces no) si no porque no veo claro que un proceso de toma de decisiones sea válido y otro no. De todas formas la asamblea me parece un mal menor, necesaria si queremos que la gente se vea reflejada en la decisión, pero muchas veces mal planteada y utilizada.

En este aspecto quiero hacer notar que hay una confusión muy difundida en todos los ambientes libertarios (ateneos, sindicatos, okupaciones, colectivos, etc.), que no es otra cosa que tomar la parte por el todo: el principio «anarquista» no es el asamblearismo si no la participación general del grupo en la toma de decisiones. Es decir, la horizontalidad.

El asamblearismo como método de decisión parece ser que surgió de los cuáqueros norteamericanos, que entraron en el movimiento anti-nuclear (contra las bombas atómicas) en los años 50. Este movimiento se contagió de la forma de funcionar de esta gente y la traspasó a los movimientos contestatarios de los años 60, especialmente el que se opuso a la guerra de Vietnam. Gran parte de la New Left norteamericana la adoptó y difundió en Europa. Finalmente en los años 80 ya muy pocos grupos funcionaban de manera distinta a la asamblea.

Una asamblea no garantiza la horizontalidad

Algunas veces me he puesto a analizar las asambleas a las que asistía, quizá por aburrimiento o quizá como experimento sociológico. En ellas veía claramente los «rangos» de cada asistente o esto que otras veces llamamos «jerarquías informales». Las asambleas del mundillo activista funcionan de una forma muy parecidas unas de otras. En todos los grupos humanos existen liderazgos. Estos se dan de forma evidente en las organizaciones, y de forma más sutil en los colectivos más pequeños. En los movimientos asamblearios se dan en forma de «poder carismático», es decir, ese poder que otra gente te otorga sin tenerla coaccionada. Los privilegios.

Hay personas que hablan mejor que las demás, otras son capaces de reflejar la opinión común del colectivo, otras cuentan con un prestigio a ojos de las demás basado en la experiencia (o bien en otros factores como que haya represaliada o que se haya enfrentado al problema a tratar en otras ocasiones). Todo esto conforma un halo de «meritocracia» que hace que se le haga más caso a quien ha trabajado anteriormente por el grupo (u otros grupos anteriores) que a otra persona cualquiera. Evidentemente quien hace más méritos por el grupo tiene más poder simbólico ante él. Sus opiniones serán mucho mejor valoradas.

Entonces tenemos una serie factores que dan privilegios (que nadie se atreve a admitir por miedo a quedar mal ante el grupo) como por ejemplo el género: se le hace más caso a los hombres que a las mujeres; la edad: a las personas entre 25 y 40 años frente a las demasiado jóvenes o a las demasiado mayores; la belleza: se le hace más caso a la gente guapa que a la menos guapa, a quien no tiene defectos físicos que a quien va en silla de ruedas; la capacidad cultural: quien se expresa mejor domina las asambleas mejor que a quien tiene una cultura basada en la TV, el fútbol o las revistas del corazón; la procedencia: las personas locales sobre las inmigradas; las personas con una gran seguridad en sí mismas respecto a las tímidas; en ciertos grupos las personas que tienen más relaciones sexo-afectivas sobre las que no tienen ninguna… y podríamos añadir muchos otros factores que en un grupo humano asambleado le da rango a unas personas sobre las demás.

Quiero decir con esto que cuando se reune un grupo se ponen en marcha muchos mecanismos sutiles de dominación. No pretendo decir que las asambleas sean mecanismos de sometimiento, si no que destaco que en muchos casos no se trata de mecanismos válidos de toma de decisiones que puedan ser aceptadas por todo el grupo. Para gestionar una reunión asamblearia tenemos que poner estas posiciones de privilegio sobre la mesa. Lo más difícil de todo es ser consciente del rango que tiene uno mismo. Si se tiene en cuenta ésto, la decisión tomada probablemente sea más legítima (ya que todo el mundo conoce qué se cuece en la asamblea) que una donde la asamblea niega ciegamente que haya personas por encima de las otras.

Cuando hay estas divisiones tan claras como las que expongo es cuando llegan las exclusiones y los abandonos, es decir esta gente que abandona el colectivo sin decir nada, sin exponer una crítica dentro de la asamblea (ya que esto sería cuestionar el grupo entero y entrar abrir el conflicto). Una vez ví un grupo anarquista que al que cuando se le planteó esta situación zanjó rápidamente el tema: «en un colectivo anarquista no hay jerarquías». En cosa de 3 meses se fue medio grupo, de uno en uno. Y nadie se planteó absolutamente nada porque tras el verano siguiente llegó gente nueva (que volvió a irse poco a poco). Todo va bien.

Y es que el asamblearismo funciona cuando se tienen todas las cartas sobre la mesa. La gracia de una asamblea es que todo el mundo tenga acceso a toda la información para poder decidir en base a la misma y que se asuman los privilegios personales abiertamente. Por contra si hay una persona que controla la información ya no tenemos un proceso decisorio democrático. Información y gestión de privilegios, esa es la clave.

Ante esta situación el conflicto lo suele traer una persona que actúa de forma consciente o inconsciente en contra de la asamblea. Se posiciona como una figura de «terrorista» y se opone a los consensos vetando la opinión predominante o desviando los debates hacia temas secundarios. El grupo la ha posicionado permanentemente en la minoría y responde boicoteando el grupo buscando que se la excluya definitivamente.

El asamblearismo requiere tiempo

Otra de las cuestiones clave es que quien va a todas las asambleas… por algo será. La vida cotidiana nos lleva tiempo. Trabajo, estudios y familia son las prioridades humanas por excelencia. Y esto hay que tenerlo en cuenta para que el máximo posible de gente pueda participar en las asambleas. La economía feminista lo dice: hacer asambleas a las 8 de la tarde es negar la posibilidad de participación de la gente con hijos pequeños. También se excluye a la gente con familia con la falta de puntualidad. Cuando solo tienes una hora o dos para dedicar a un colectivo, no puedes permitirte perder media hora esperando. Y por contra tampoco se puede hacer una asamblea por la mañana, o a media tarde por que la gente estudia y trabaja. ¿Se entiende porqué el movimiento obrero de 1900 hacía las reuniones a las 11 de la noche?

Y no solo eso, hacer muchas asambleas o hacerlas en base a las necesidades del activismo provoca que vayan a ellas un grupo de personas de un perfil determinado: principalmente gente joven estudiante, o gente en el paro o con jornadas flexibles, o incluso personas jubiladas o en tiempo de excedencia. La gente trabajadora está lo bastante cansada como para no ir a las mismas. Y sinceramente no es lo mismo «estar cansada» con 26 años que «estar cansada» con 47 y dos hijos.

El gran handicap de la toma de decisiones asamblearia es éste. Que se excluye a una gran parte de la población que no puede permitirse ir. Por supuesto organizar una asamblea semanal es aumentar esta exclusión, puesto que si empiezas a no ir a alguna asamblea por falta de tiempo, cuando vas a las que puedes ir te das cuenta de que el grupo ha avanzado sin tí y ha generado una forma de pensar colectiva que no te incluye, a no ser que hagas un esfuerzo relativamente grande por integrarte… que a veces no vale la pena. Es decir, que no sólo la hora de la asamblea sino también la frecuencia son factores a tener en cuenta.

¿Cómo podemos hacer una integración más amplia de nuestros grupos? Se les puede enviar toda la información esperando que se la lean. Quizá no lo harán. De todas formas recalco que lo importante es que exista algún espacio de socialización común entre estas personas que se están quedando al marge y otras personas del colectivo que la puedan poner al día. Tiene que haber canales informales de información en las dos direcciones.

Además existe un concepto que se conoce como «metacomunicación», que se basa en no discutir el mensaje sino el cómo, el quién y la forma en que se está diciendo el mensaje. Por ello se alargan las asambleas. Por ejemplo, si alguien propone hacer un cartel de color verde, y otra lo quiere azul, en vez de decirlo se abre una discusión por el tono, las palabras utilizadas y los gestos que se han usado para expresarse. O directamente la está vetando porque en otra asamblea fue al revés. En defintiva, no se discute el contenido sino el continente. Y esa metacomunicación (que también puede llevar a nuevos conflictos) hace perder a los grupos asamblearios un montón de tiempo. A veces es una manifestación de que no se está de acuerdo con los privilegios de determinada persona o a veces es un boicot consciente hacia ciertas opiniones.

La burocracia asamblearia

Uno de los problemas de fondo es cómo se concibe el asamblearismo. En muchos sitios se hacen asambleas rutinarias semanales o quincenales aún cuando no hay nada que decidir. De hecho si lo que hubiera, muchas veces lo podrían ventilar en 15 minutos quienes se encontraran el problema sin tener que preguntarle a todo el mundo cada semana.

Es una pérdida de tiempo hablar en las asambleas de cómo se hará tal o cual actividad, de qué color poner en el cartel o de si hacemos 3 o 7 pancartas. La cosa es fácil: se hace y punto. No tienes que preguntar nada. Si no quieres hacerlo, no lo hagas. Yo valoro la iniciativa personal y entiendo que a veces habrá equivocaciones, pero ¿dónde está el problema? Si no te gusta el resultado participa en el grupo que hace las cosas. Quien hace las cosas se equivoca, quien no hace nada no se equivoca nunca.

Lo peor de las asambleas es cuando un punto queda encallado por que hay oposición, y luego alguien propone otra asamblea temática o un grupo de trabajo para tratarla durante los meses que dure. Es decir, que conseguimos aumentar exponencialmente el tiempo que dedicamos a las asambleas.

Parte de la burocracia asamblearia consiste en obligar a la gente externa a tragarse tu asamblea para decidir sobre una actividad o un tema. A veces se trata al principio o al final de la asamblea y se ventila rápido. Pero en otras ocasiones la persona externa se tiene que quedar a casi toda la asamblea siendo testigo de las interioridades del colectivo. ¿Es necesaria su presencia física?

Otro caso bastante frecuente es el «amiguismo». Nuestra asamblea permite saltarse el protocolo a nuestros amigos mientras obliga al resto de la gente a seguirlo al pie de la letra. Esto ocurre con más frecuencia de la que parece. Estas pequeñas injusticias juegan en contra del proceso asambleario y dan la razón a sus detractoras. Hay quien espera meses para conseguir un local para su concierto o para celebrar su taller y hay quien se salta la asamblea y lo hace en base a sus contactos personales dentro de la misma. Esto suele acentuarse en el entorno okupa donde quienes viven en el espacio tienen privilegios sobre las personas que gestionan las actividades del local.

Por último podríamos nombrar el caso de las asambleas controladas. Por ejemplo son aquellas donde hay un grupo de personas que controla toda la información y los tiempos de las asambleas. Son bastante frecuentes en las Asociaciones Vecinales, en la PAH o en algunos sindicatos. Así funcionaba el viejo movimiento obrero. La asamblea juega un papel de cohesión social y sirve como un espacio de empoderamiento personal y colectivo donde ver gente con tus mismos problemas. La contrapartida es que es muy difícil tener una opinión bien formada e informada sin militar a tope durante un tiempo. Aquí funciona el delegacionismo y el peso del trabajo del colectivo recae en unos pocos hombros. Y a la vez ese delegacionismo hace que esta gente que lleva el peso no tenga relevo hasta que se queman y exponen su caso ante el colectivo, que tras varias asambleas de auto-reflexión y auto-flagelación colectiva terminan cambiando su funcionamiento o las personas de referencia.

Responsabilidad vs. Asamblearismo

Alguien hizo la broma una vez de que si los Comités de Defensa de 1936 hubieran sido asamblearios, habrían tardado en responder 3 meses al golpe de estado militar (y no en un par de horas levantar cientos de barricadas y movilizar decenas de miles de personas en Barcelona y Madrid como ocurrió).

Los Comités, organismos anarquistas, funcionaban por delegación. Había una persona encargada. Y tenía la posibilidad de decidir por su cuenta y riesgo. Estas personas se reunían en comités superiores y tenían otra persona encargada por encima suyo. Era una jerarquía. Hoy en día estas cosas nos chocan y no nos parecen «anarquistas». Pero soy de la opinión de que es más libre y funcional tener una persona responsable y que todo el mundo conozca sus atribuciones que no las jerarquías informales que controlan todo en la sombra con sutileza o las burocracias asamblearias que realentizan todas las decisiones a veces durante meses. Prefiero la iniciativa personal y unilateral que lleva nuestra línea de actuación (aunque haya errores, lógicos en nuestra imperfección humana) que no tener que planificarlo todo en una asamblea y que en la siguiente asamblea se cuestione todo nuevamente por que viene dos personas nuevas.

Y aquí es donde voy. En el pasado las asambleas en el movimiento anarquista se hacían con cuentagotas. Los sindicatos una vez cada varios meses, y los grupos anarquistas también. Se reunían en pequeño comité a hacer tertulias. Estaban todo el tiempo conectados, como hoy con las redes sociales, internet y los móviles. Y decidían sobre la marcha en pequeños grupos de afinidad. Era una forma muy veloz. Las asambleas eran por lo general muy grandes y en ellas se decidía (votando) las líneas de actuación importantes para el movimiento (¿hacemos esto o hacemos esto otro?).

La cuestión es buscar una toma de decisiones capaz de que sea aceptada por el grupo para que luego éste la lleve a cabo lo más eficazmente posible.

Recomendaciones para una toma de decisiones ágil y representativa

Creo que lo básico hoy en día es separar la asamblea decisoria de las asambleas deliberativas. Hay que intentar que la información llegue a todo el mundo. Y en la medida de lo posible también deberían llegar los debates con los pros y los contras de cada opción. Una vez que todo el mundo tenga el material hay que encontrar la forma de decidir. En este caso se trata de ver la forma mejor. Y no descartar ninguna (como el voto o la delegación), en caso de tener que decidir muchas cosas.

Se pueden hacer dinámicas para hacer las asambleas largas mucho más amenas. Las dinámicas sirven para que todo el mundo tenga una mejor comprensión de lo que se está tratando. Sirven para que todas las opiniones sean escuchadas. No necesariamente todas las voces, ya que hay quien prefiere callarse y escuchar, si no todos los puntos de vista de las personas que componen la asamblea.

Y también debería haber espacios de socialización que sustituyan las asambleas más rutinarias en donde se pueda hablar de la actividad del colectivo. Esto ocurre de forma informal en la cerveza de después de las asambleas. Pero no todo el mundo se puede permitir quedarse. Se podría resolver teniendo algún día fijo a modo de tertulia, sin pretender decidir nada, sino solo hablar de los temas que respectan al colectivo. Sirven como balance, análisis, intercambio de opiniones y como espacio de socialización. Y pierden el caracter ceremonioso y ritual de la asamblea.

Cuando se iba diluyendo el 15M un grupo realizó un interesante texto sobre porqué dejaba de ir la gente a las asambleas. Los problemas son estructurales. Y se resumen en que nadie en su sano juicio puede estar de por vida en las asambleas. No tenemos que estar decidiendo cosas todo el tiempo. Tenemos que hacerlas. Muchas personas que se pasan la vida en asambleas son casi incapaces de llevar a la práctica las decisiones colectivas. No entender esto es mandar a la gente a su casa pensando que estamos locas y no tenemos vida, y nosotras pensando que «no se implican».

Queremos un pueblo empoderado. Que debata y discuta, que se informe. Que lleve a la práctica las cosas con las que sueña. Pero para ello muchas veces es mejor hacerlo en tu casa que no rodeado de gente chillando. Para tomar una decisión hay que reflexionar, luego decidir. Y más importante que decidir, cumplir. Si no, no sirve de nada el tiempo que hemos invertido en decidir. Esta sería otra de las cuestiones que hacen que la gente desaparezca de las asambleas.

Tenemos que ser conscientes que puede haber algunos contextos en los que votar sea más horizontal que una asamblea. Incluso puede ser que la relación mayorías/minorías sea más justa que el consenso (dado que no pocas veces se utiliza el veto como forma coactiva para imponer una postura minoritaria a la mayoría). Quiero decir que la asamblea no es ni buena ni mala per se. Tiene que valorarse por su utilidad, no por que sea más o menos «anarquista». Por que lo que realmente es «anarquista» es el resultado de nuestras acciones y el mundo que queremos crear.

Links

Sin pretender ser exhaustivo pongo una breve recopilación de textos para justificar los argumentos dados, y animo a que pongamos en cuestión nuestra forma de hacer las asambleas. Quiero un movimiento maduro consciente de sus interioridades, capaz de cambiar para mejorar.

Biografía de Georges Fontenis

Traducción de Lusbert e Ivan Lopez del texto original en Libcom

Fontenis, Georges 1920-2010
Una biografía de Georges Fontenis, una de las figuras más controvertidas del movimiento libertario francés.

Con la muerte de Georges Fontenis, desaparece una de las últimas figuras más importantes del movimiento anarquista francés durante las décadas de 1940 y 1950. Él fue uno de los más polémicos, incluso hoy aún inspira tanto odio como respeto. Nació el 27 de abril de 1921 en Lilas (París), en una familia de clase obrera, hijo y nieto de militantes socialistas. Hizo contacto con el movimiento anarquista a través del trabajo solidario español en 1936, uniéndose a un grupo de jóvenes militantes. En 1944, se unió a la CGT clandestina (el principal sindicato francés), se convirtió en el secretario de las Jeunesses Anarchistes y participó en las comisiones para erradicar Vichyists de la educación nacional en 1945 como miembro de un sindicato de maestros. Tomó parte en la reconstrucción del movimiento anarquista en 1945 y la fundación de la Federación Anarquista, además fue secretario general en 1946-1948 y 1950-1953, también director de la publicación semanal de la FA: Le Libertaire.

En 1950 fundó la Organización Pensée Bataille (OPB), un grupo secreto dentro de la FA, que obtuvo el control sobre algunas regiones y muchos puestos principales. En 1953, el OPB forzó la expulsión de los anarquistas individualistas y dirigió la FA en la Fédération Communiste Libertaire (FCL), adoptando el Manifiesto del Comunismo Libertario, escrito por Fontenis. Fueron excluidos o abandonados los miembros de otras tendencias y esto incluye a anarquistas de lucha de clases como Maurice Fayolle y Maurice Joyeux (entre los militantes para fundar, o más bien re-fundar la Federación Anarquista que todavía existe). En 1951 participó en un intento de asesinato contra Franco, el fracasado «atentado aéreo” implicando a una avioneta junto a los exiliados anarquistas españoles.

La FCL también se volcó en el apoyo a la lucha anticolonialista en Argelia, lo que resultó en multas, redadas y encarcelamientos. Fontenis fue encarcelado en julio de 1957 durante casi dos años. El mismo año, la FCL participó en una campaña electoral desastrosa (anatema para la mayoría de los anarquistas) que condujo a la salida de algunos de sus militantes. Los resultados fueron irrisorios y el objetivo principal parecía haber sido atraer una tropa de miembros del partido comunista mientras que se trazaba una línea entre la FCL y el anarquismo tradicional. Estos eventos llevaron al colapso de la FCL. Otros factores en juego eran lo que otros militantes vieron como la continuación de la OPB, injustificadamente para ellos después de la exclusión de los individualistas.

Después de cumplir su condena, obtuvo empleo en la educación nacional pasando a convertirse en un inspector de las escuelas de la zona rural de 1962 a 1967 y luego profesor de psicopedagogía en L’Ecole Nationale d’Instituteurs en Tours. En 1968 y 1969, Fontenis, junto con Daniel Guérin, fundó el Movimiento Comunista Libertario y fue miembro de su sucesor, la primera Organización Comunista Libertaria. Desafortunadamente, las tendencias espontaneístas y anti-organizativas bajo la influencia de una corriente particular del comunismo consejista dentro de la primera OCL, les llevó al colapso en noviembre de 1976, para gran consternación de Fontenis.

Durante los sucesos de 1968 él tuvo un papel destacado en el Comité de Acción Revolucionaria en Tours. Éste fue activo en las universidades, en las puertas de las fábricas, y en varios lugares de trabajo. En 1979, se unió a la Unión des Travailleurs Communistes Libertaires (UTCL) y fue miembro de su sucesor, Alternative Libertaire. Dentro del UTCL hizo críticas a su «superactivismo». En 1990 escribió communisme L’Autre, su visión de los acontecimientos de la década de 1950 y un folleto importante de los Amigos de Durruti sobre los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona. Fue uno de los militantes que aparecieron en una emisión de UTCL, la televisión nacional francesa en 1982.

A principios de los 80 yo estaba viviendo en Francia desde hace varios años y me uní al UTCL .Conocí a Fontenis en varias de sus conferencias. Él siempre había estado involucrado en el movimiento para mantenerse en la clase obrera ejercitándose en una base diaria y manteniendo su aspecto esbelto así como vistiendo siempre muy elegantemente. Había establecido contacto con un grupo de anarquistas británicos alrededor de Ken Hawkes en los años 50 y se decepcionó cuando le informé que Hawkes estaba desaparecido.

La creación y métodos de la OPB lamentablemente han dado a Fontenis una controvertida reputación que persiste hasta el día de hoy. En su libro Haciendo Frente al Enemigo, Alexandre Skirda, favorable a la organización comunista-anarquista, ha otorgado a Fontenis la responsabilidad de estos métodos y todavía produce arrebatos de condena y asco en ciertos sectores del movimiento anarquista francés. Contra esto, están los cálidos recuerdos de los que fueron sus antiguos camaradas en los grupos de los que se rodeaba. Uno de estos recuerdos fue de jóvenes trabajadores ferroviarios anarquistas que aparecieron en una manifestación de mayo de 1968 con una bandera rojinegra. La administración del Partido Comunista, en su habitual matonismo, intentaron incautar esa bandera. De repente, apareció un hombre de unos cincuenta años y reclamó que qué derecho tenían para hacer eso. Esto trajo respuestas simpáticas dentro de la manifestación y los matones se vieron obligados a retirarse. Los trabajadores ferroviarios descubrieron rápidamente que este hombre era Fontenis y algunos de ellos llevaron con él la colaboración sucesiva en la MCL/OCL y luego la UTCL.

Como ateo convencido, Fontenis, no tenía tiempo para religiones y cuando el Papa Juan Pablo II se preparaba para visitar Tours en 1996 fue uno de los principales activistas en la creación de un colectivo antivisita. El colectivo finalmente movilizó a varios miles de personas en una manifestación en Tours y fue Fontenis, vestido con ropas papales, quien cabalgaba a la cabeza del acto en el “Condón-móvil», una parodia del «Papa-móvil», con un carcasa de plástico y cuatro ruedas de madera, llevando una escoba en lugar del cetro del Papa.

Murió el 9 de agosto de 2010 en Reignac sur Indre, cerca de Tours. En los últimos años, el deterioro de salud le hizo renunciar a la actividad militante. Dejó una esposa y una hija.

Fuente: Issue 75 of Organise! La revista de la Federación Anarquista.

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