Enlaces del mes: Octubre 2014

La Revolución se está jugando en el norte de Siria, en manos de los kurdos partidarios del Confederalismo Democrático. Mientras tanto, la mayoría que quiere transformar el mundo lo ignora. ¿Por qué? También merece la pena echar un ojo a la entrevista a Acción Anarquista Revolucionaria sobre Kobane. Finalmente, recordar que el blog Solidaridad Kurdistán vuelve a funcionar de nuevo. ¡Una inmensa alegría!

Ante la posible llegada al poder de propuestas anticapitalistas (como Syriza en Grecia) leemos podemos leer esta entrada en Diagonal respecto al papel que deberían jugar los movimientos sociales. Los movimientos autónomos están orientados no a la toma de poder, sino a su dispersión: imaginan nuevas instituciones descentralizadas para la gobernanza de la vida social y económica para reemplazar la democracia burguesa, que está inmersa en una profunda crisis estructural de reproducción social, representación política y sostenibilidad ecológica. […] Las luchas por los comunes, por el conocimiento, la tierra, el agua y la salud, dejan tras de sí un legado de instituciones accesibles y participativas, que pueden formar la columna vertebral de un nuevo tipo de poder: el poder de las personas y no de los representantes. Los esfuerzos del comunitarismo libertario apuntan hacia la creación de comunidades políticas activas y al uso de las instituciones locales como bastión contra el capitalismo global y como un campo apropiado para la aplicación de los preceptos del decrecimiento y de la intervención local. La promesa de la autogestión del trabajo, de las cooperativas de trabadores y de la producción entre pares indican un camino dentro, contra y más allá del estado y del mercado. En cualquier caso, la nueva fuerza constituyente será diversa, reflejando la infinidad de subjetividades militantes que engendra la dominación del capital en todos los aspectos de la vida social.

Al mismo respecto también conviene echar un ojo a este artículo de la revista Argelaga: En Grecia, el Estado se hunde, los barrios se organizan.

Sobre los objetivos y el potencial del movimiento estudiantil chileno nos habla Francisco Sainz del FEL. Lejos de confiar en las promesas de Bachelet, argumenta que la capacidad del movimiento social y sus estrategias será la que marque los cambios sociales esenciales en la sociedad chilena. Una apuesta por fortalecer lo popular para que pueda marcar su propio futuro. Se está en proceso de fortalecimiento de la unidad con otros actores sociales del mundo de la educación, poniendo el acento en los acuerdos programáticos centrales para llegar a acuerdo y en la capacidad de movilización que se debe tener. […] El movimiento social por la educación es el único que puede resolver el conflicto favorablemente para las miles de familias chilenas que hoy están endeudadas o excluidas del sistema educacional chileno. Es por este motivo que hoy exige ocupar el espacio que le pertenece y se ganó por derecho propio gracias a su movilización. 

En Píkara podemos leer un artículo sobre cómo el poliamor tiende erroneamente a concebirse como una solución mágica frente al modelo opresivo de relación monógama tradicional. El poliamor puede, pese a todo, reproducir las dinámicas opresivas de la monogamia patriarcal y es en el reconocimiento de las dificultades, las incapacidades, los problemas y las dudas donde se encuentra su potencial. Es naíf pensar que toda esta inmensa trama del sistema monógamo se soluciona teniendo más de una relación. Y es violencia coaccionar a los y las demás para que se “liberen” de todo este armazón con argumentos que refieren a los grandes discursos, pero que no contemplan los dolores ni las dificultades. Cacarear la liberación ajena sin atender al precio que se paga por ella es otra de los infinitos discursos que nombran la libertad con fines neoliberales. Cada vez que alguien presume de modernez o libertad por tener varias parejas, no es que muera un gatito, es que muere un futuro posible: nadie sale de los sistemas opresivos en un solo click, firmando un papel o leyendo un par de libros. La única vía de escape está en boicotear sus dinámicas opresoras.

Complementando, este artículo en Órbita Diversa sobre la soltería como decisión vital. Mi vida no está definida por los deseos de otra persona. Solo mis pensamientos tienen el poder de controlar mi actitud hacia la vida. Soy amada. Sé amar. Y en este momento soy la mejor versión que hay de mi misma. Y a pesar de que no tengo la situación que tú consideras como ideal, esta es la vida que he elegido para mí.

Sobre la organización económica bajo un modelo socialista y libertario, podemos leer en la revista Polémica (rescatando una publicación de mediados de los 80). Es interesante ahora que se acerca el I Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria.

¿Es la anarquía una propuesta de presente y, sobre todo, de futuro; o pertenece más bien al pasado? Podemos leer las opiniones de Laura Vicente, Jose Luis Carretero y Carlos Taibo en esta entrada.

Las razones del anarquismo social

He prometido dar una respuesta a la altura de las circunstancias y espero dar la talla en este aspecto. Este artículo es una respuesta a las críticas al anarquismo social del compañero La Colectividad en este artículo y en éste otro, y aprovecho para dejar claro que este artículo no representa al anarquismo social en general, sino mi concepción del mismo apoyado en otras lecturas. Encuentro un cierto paralelismo en este debate con el que se dio hace un siglo aproximadamente, cuando sobre la mesa se planteaba la inserción del anarquismo en el sindicalismo. Al respecto, Malatesta ya en los años ’20 del siglo XX ya defendía la idea de que los y las anarquistas en todo momento no deberíamos separarnos del pueblo, y aunque tales movimientos no sean expresamente antiautoritarios, nuestro papel debería ser el de tratar de que sí lo sean demostrándolo mediante el ejemplo, o al menos hacer de las luchas lo más antiautoritarias posibles. Desde esta premisa parte el anarquismo social.

Orígenes y definición

El anarquismo social se desarrolló en América Latina por parte de la FAU (Federación Anarquista de Uruguay), la FARJ (Federación Anarquista Río de Janeiro), la FEL-Chile, entre otras, hace unos años y fue de reciente importación al Estado español. Entre algunos autores influyentes podemos destacar a Murray Bookchin, Felipe Correa, Frank Mintz y Wayne Price, teniendo influencias también de personajes históricos como Nestor Makhno, Rudolf Rocker, Malatesta, entre otros. El anarquismo social se podría definir como una corriente que pretende ser una vía política que incida en la realidad social, material y política a través de los movimientos populares, y a partir de allí, crear nuevas estructuras sociales que se traduciría en la articulación del poder popular y la acentuación de la lucha de clases llevada por la clase trabajadora misma sin necesidad de partidos. El anarquismo social aspira a ser un actor político que no solo ofrece respuestas ante los problemas inmediatos, sino también construir proyectos de futuro, siendo una fuerza política revolucionaria sobre la cual se lleva a cabo la lucha de clases encaminado a la revolución social y la construcción de una sociedad libertaria. Para ello, se fundamenta sobre los pilares de la organización de los y las anarquistas a dos niveles: social (frente de masas e inserción social) y político-ideológico (articulación de organizaciones específicas anarquistas y creación de programas políticos). Por supuesto, desde el anarquismo social defendemos la necesidad de participar en las luchas sociales que se dan en lo inmediato, sea en asambleas de barrio, en asambleas de parados, en el tajo mediante el anarcosindicalismo, en el movimiento estudiantil, en la defensa de los servicios públicos, etc… pero con ello no pretendemos imponer un método, sino aportar las herramientas que permitan mantener las luchas activas, estructuras horizontales, acumular experiencias en el curso de las luchas, conectar con otros sectores en lucha, mantener su autonomía, así como radicalizar los conflictos y definir proyectos de futuro. En definitiva, construir comunidad a partir de las luchas presentes, sabiendo que si no somos capaces de arrancar victorias en el presente, menos podríamos lograr objetivos futuros.

Como he señalado antes, en el Estado español es una corriente bastante reciente, lo cual es falso decir que es la corriente mayoritaria. La que sí es mayoritaria, es el anarcosindicalismo representado en la CNT y la CGT, incluido ciertos aires de romanticismo por la revolución del ’36. Aun así, con el poco tiempo de implantación del anarquismo social aquí, podemos ver reflejado sus características desde una parte el movimiento estudiantil. Tal es el caso del ELS (Estudiantes Libertarios de Sevilla), el CEL (Colectivo Estudiantil Libertario) con presencia en A Coruña, Compostela, Vigo y Ourense, FES (Frente Estudiantil y Social) en Zaragoza, por mencionar las más destacadas, que comenzaron hace pocos años a andar y siguen la estrategia de la inserción social. Ahora mismo, en verano se reunieron en un congreso en Madrid y fundaron la FEL a nivel estatal. Tampoco nos olvidamos del Procés Embat, un proceso para levantar una organización anarco-comunista a nivel de Catalunya como actor político anarquista de cara a la construcción del poder popular.

Social o antisocial. Normal o anormal

Respecto a las críticas al anarquismo «antisocial» desde el anarquismo social, sobra decir que desde el anarquismo social defendemos la libertad individual, pero no una libertad individual como excusa para rehusar de la responsabilidad colectiva y la asunción de compromisos, una suerte de egocentrismo que sirve solo como autocomplaciencia, sino una libertad individual lograda a través de la libertad social. Esto se puede resumir en un párrafo de Piotr Arshinov que dice así: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres [y mujeres] de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los [y las] que no conocen la pasión de la revolución y los [y las] que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los [y las] anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» Esta crítica está contextualizada en las experiencias del movimiento makhnovista, claramente marcado por la organización en la disciplina voluntaria, la unidad teórica y de acción.

Ciertamente debo admitir que lo «social» está siendo tan utilizado como «democracia», en el cual diferentes corrientes políticas han utilizado estos términos para su favor y camuflar populismos bajo el paraguas de lo «social». Sin embargo, que sea utilizado para esos fines no quiere decir que por ello les demos vía libre. ¿Acaso aceptamos anarquismo como caos, desorden y barullo porque así lo describe la RAE y la mayoría de la gente lo toma así? ¿Vamos a dejar que sigan creyendo que el anarquismo es caos y destrucción? Lo «social» de esta corriente del anarquismo viene por la necesidad de articular, de forma colectiva, un movimiento anarquista organizado como actor político y referente en la lucha de clases y contra todas las opresiones, diferenciándose de las tendencias individualistas que apuntan a la liberación personal en vez de la liberación social, en en el estilo de vida y no en una vía política, en las alternativas de huida (desentenderse de los problemas actuales y marcharse al monte) en vez de las alternativas de confrontación (enfrentarse al sistema dominante y aspirar a derrocarlo construyendo el socialismo libertario). Recuperar el significado de lo «social» como sinónimo de comunidad, lazos de solidaridad y cooperación entre las personas no es para nada descabellado.

Lo «social» aquí no significa tener una visión idealizada de la sociedad, sino en defender la acción colectiva y la autoorganización del pueblo trabajador. Obviamente, pretender abarcar toda la sociedad es, hoy por hoy, idealista, lo cual, sí somos conscientes de la inercia de la mayoría de la gente hacia las posturas revolucionarias y antiautoritarias y que a la mayoría no le interesa la política. Así que en lo que se enfoca el anarquismo social es en los movimientos sociales/populares y conflictos inmediatos que surgen en el día a día, en otras palabras, el anarquismo social pretende ser una herramienta útil para llevar adelante las luchas presentes dando unas respuestas ante los problemas inmediatos. Ya de paso, incluso se nos ha llegado a acusar de idealizar a la clase trabajadora, pero cuando se parte de análisis erróneos se llega a conclusiones erróneas, tal es el caso de partir de la confusión entre conciencia de clase y condición de clase. La condición de clase son las condiciones materiales objetivas de un individuo o grupo social, pero no expresamente va ligada a la conciencia de clase. La conciencia de clase es tener conocimiento de la situación material y la realidad que lo rodea, y saber que dicha realidad puede ser transformada. La conciencia de clase se adquiere de una manera u otra, no se nace con ella, sin embargo, las condiciones de clase, vienen en muchas ocasiones, dada. Las condiciones de clase no determinan la conciencia de clases, aunque puedan ejercer cierta influencia. Por tanto, no creemos que por ser clase trabajadora se es santo o santa. Lo mismo que un obrero puede ser liberal y de derechas, una mujer puede reproducir actitudes machistas o una persona no blanca puede reproducir actitudes supremacistas blancos. Y no, no pretendemos poner a las personas pertenecientes a colectivos socialmente oprimidos como víctimas y santos de devoción con una moral y ética muy cultivadas, sino como personas que por sus condiciones materiales se encuentran desfavorecidos en una estructura social autoritaria, racista, heteropatriarcal y clasista.

En cuanto a los interese de clase, habría que diferenciar entre intereses personales e intereses comunes. Todas tenemos nuestros propios intereses personales independientemente de la clase social a la que pertenecemos, no obstante, podemos compartir intereses comunes con el resto de personas. En particular, los intereses de clase no son inherentes a cada clase, aunque, al igual que la conciencia de clases, las circunstancias materiales influyan en mayor o menor medida. En la misma clase obrera, pueden haber intereses diferentes, como por ejemplo, ganar más dinero, levantar el país, gozar de más derechos o aspirar a realizar una revolución. En ningún momento creemos que por ser clase trabajadora ya aspiren a realizar la revolución, porque si fuese verdad eso, ya estaríamos viviendo en socialismo libertario. La clave aquí es que a través de las luchas, consigamos extender los intereses a realizar una revolución social expropiando y autogestionando los medios de producción, en detrimento de los intereses inculcados por el sistema capitalista.

Pero ni la conciencia de clases ni las ideas anarquistas ni el feminismo ni el antirracismo caen del cielo, se adquieren por influencia externa y no por revelación divina. Preguntémonos cómo hemos llegado a ser lo que somos y hallaremos las respuestas. Es por eso que tenemos que saber comunicar nuestro mensaje demostrando que este mundo lleno de injusticias, explotación y autoritarismos puede cambiarse radicalmente. Por tanto, si el anarquismo se aparta de la sociedad, y más concretamente de las luchas sociales y de clases, el único sitio que le quedaría sería el olvido y el ostracismo, o la más absoluta marginalidad. Otra cosa a tener en cuenta es que incluso siendo anarquista, no se es mágicamente feminista, antirracista o anti-homófoba, lo que quiere decir que no basta solo la conciencia de clases, sino también deconstruirnos. Así que pregunto, ¿dónde ves la idealización?

Hemos sido en el pasado lo que ahora, una vez politizados y politizadas, llamamos «gente normal». Es idealista pensar que por ser anarquista se es mejor que los y las demás, y por ello, los y las anarquistas estén desligados de las circunstancias materiales. Nada más lejos de la realidad, las circunstancias materiales nos afectan como a cualquier otro mortal. Del mismo modo, de cerca, nadie es normal, aunque socialmente esa normalidad sea lo que tú has descrito: autoritarismos, sexismo, racismo, insolidaridad, e incluso el propio individualismo. Rechazo estos valores como parte de la normalidad, no la normalidad en sí porque ¿y si la normalidad fuese todo lo contrario, que las ideas extendidas sean el feminismo, el antirracismo etc? Claro, para que eso fuese así, tendríamos que construirlo, no solo destruir los valores ya existentes. «Solo se destruye lo que se sustituye», esto es, extender los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, la cooperación, etc, para sustituir los vicios de esta sociedad. Sacar a relucir clichés estéticos como que el anarquista es aquella persona que solo rompe cosas, vive del pillaje y la okupación, no se relaciona con la gente considerada normal, no trabaja ni estudia ni se preocupa de los problemas sociales, etc; no es sino buscar la marginalidad en el desesperado intento de creerse especiales siguiendo el «no me gusta, pues cojo y me voy» en vez del «no me gusta y aspiro a cambiarlo y que la gente en mis mismas condiciones materiales trate de comprenderlo». Hay que destruir estos clichés y no tanto rechazar una normalidad para refugiarnos en estéticas destructivas de rebeldía adolescente. Hay que hacer del anarquismo una ideología política y práctica como herramienta para la emancipación social y no un juego de egos.

Estrategia y acumulación de fuerzas

El anarquismo en gran parte adolece de estrategia política, es por ello que desde el anarquismo social se pretende paliar este problema. La falta de una estrategia política clara nos lleva a actuar como una fuerza marginal, en muchas ocasiones, incluso sin llegar a ser una fuerza. En muchas ocasiones se repite el esquema del «todo o nada», sin haber antes analizado rigurosamente el entorno que nos rodea. El resultado es que al final terminamos en nada. Nada más idealista el pensar que podemos tomar el todo de un día para otro o en un período de tiempo relativamente corto, de un plumazo y por la acción de unas pocas personas que, declarándose completamente libres, van iluminando el camino mediante la destrucción del espectáculo capitalista, y que por ello se van uniendo cómplices. Sin embargo, la realidad material no es tan simple y todos los acontecimientos sociales son procesos en los cuales entran en juego multitud de factores, tales como: antecedentes (evolución histórica), causas del conflicto, tejido social y actores políticos. Entender estos procesos sociales nos lleva a jugar nuestro papel en el escenario político y social si realmente queremos aspirar a la revolución social y no quedarnos como fuerza marginal.

El compañero La Colectividad ha expuesto en un comentario un ejemplo sobre estrategia con el ajedrez. Bien, pero en el ajedrez no se trata solo de hacerle jaque al rey para luego dar el mate, sino que implica saber desplegar correctamente las piezas, encontrar flancos débiles o crear situaciones para desestabilizar las defensas enemigas, y a la vez, no descuidar las defensas de casa; hasta poder darle el mate. No obstante, una partida de ajedrez puede estar ganada incluso antes de dar el mate: quien haya conseguido una mejor posición respecto al enemigo, tendrá prácticamente la partida en su favor. En este caso, se podría decir que no siempre se gana por el jaque mate, sino también por quién haya obtenido una mejor posición con respecto al enemigo. Pero el ajedrez es insuficiente para explicar este tema porque se parte desde la igualdad de fuerzas, mientras que en la vida real, jugamos en desventaja. Para ello preferiría tomar el ejemplo en un juego de mesa de estrategia militar llamado Risk. En este tablero, cada fuerza política quedaría representada en una facción militar, con su territorio y sus efectivos, en los cuales se disputan el control de todos los territorios, la mayor parte de éstos o neutralizar a las otras facciones. Si partimos de una desventaja, tratar de combatir a un enemigo superior sería un suicidio, o en el mejor de los casos, un enorme desgaste de fuerzas. Esto nos lleva a adoptar otra estrategia. Tendremos que jugar a las alianzas: con quiénes sería más favorable aliarnos, es decir, qué facción o fuerza política es más afín y concuerda más con nuestros intereses inmediatos. Tendremos que ver quiénes son los enemigos potenciales (que serían una amenaza futura), quiénes los reales o inmediatos. Conocer cómo funciona, cuáles son sus movimientos y qué aliados tienen los enemigos. Qué territorios nos serían favorables, en dónde conseguir provisiones o tomar posiciones estratégicas… En definitiva, ganar fuerzas para tener mayores posibilidades para derrocar al enemigo o enemigos. Aquí es de donde parte la estrategia de acumulación de fuerzas.

Analizando la realidad material, nos encontramos en un escenario en el cual actúan múltiples fuerzas dentro de la misma sociedad. Volcando el ejemplo del Risk a la vida real, podemos observar que las fuerzas políticas dominantes buscan su perpetuación a través de la persuasión y la represión física, incluso dentro de las fuerzas políticas dominantes hay disputas entre, por ejemplo, una burguesía más progresista y liberal y otra más conservadora y autoritaria. Mientras, en las fuerzas de oposición están, desde las que buscan una conciliación de clase, hasta las que quieren imponer una dictadura fascista o «del proletariado». En este terreno, el anarquismo busca tanto la destrucción del sistema capitalista como del Estado para construir una nueva sociedad basada en la libertad y la cooperación. Si queremos que nuestras aspiraciones materiales se materialicen, hemos de construirlas en el aquí y ahora, impulsando los conflictos ya existentes y aportar alternativas políticas reales.

No obstante, aquí existe una bifurcación en las estrategias a seguir. Mientras que la propuesta insurreccional es mediante el combate directo con el sistema dominante contra toda autoridad y conquistar la libertad por la destrucción de este sistema mediante la revuelta armada; la propuesta del anarquismo social es la de la acumulación de fuerzas y la inserción social. Pero ¿por qué la estrategia de acumulación de fuerzas? Porque para derrotar a un enemigo superior militarmente que ejerce el poder a través de una estructura material, es inútil tratar de golpearle directamente sin tener una base social que articule las luchas. En este sentido, tratamos de crear esta fuerza necesaria a través de las luchas que se dan actualmente, aportando las herramientas adecuadas para la construcción del poder popular, que sería la fuerza para crear estructuras horizontales y autogestionadas que desafíen al poder burgués. Pero a diferencia del marxismo, entendemos poder popular como capacitación material del pueblo, el cual, a través de la autoorganización se construya un pueblo fuerte que no necesite partidos ni cuadros centralizados que lo guíe. Una estrategia de acumulación de fuerzas se basa en el constante análisis de la coyuntura y saber cómo incidir en la realidad material e impulsar cualquier lucha que nazca en el seno de la clase trabajadora, de manera que sea a través de la acción directa y la organización, el medio para conseguir victorias en lo inmediato. Y la inserción social es la parte de la estrategia de acumulación de fuerzas por la cual insertamos los métodos anarquistas en las luchas sociales, buscando puntos comunes y tratar de que se extienda la autoorganziación. Cada victoria podría ser insignificante, pero ayuda levantar la moral, ofrece experiencias y facilita los medios para que la gente que no esté involucrada en la acción política, pueda participar.

Los números y la orientación política

Nuestra posición no es la de hacer proselitismo y actuar como vanguardia ni actuar aislados de la realidad material preocupándonos solo de nuestra propia liberación, hacer una suerte de política asistencialista o caritativa desde una posición de superioridad moral, sino impulsar las luchas desde abajo «fomentando toda clase de organizaciones populares…» (Malatesta). La inserción social parte de este punto, de analizar la coyuntura teniendo en cuenta factores como el panorama laboral y sindical, el grado de presencia de movimientos sociales y las fuerzas políticas existentes, y actuar en el seno de la clase trabajadora en conjunto con aquellas personas que vean la vía de la lucha como opción de cambio, ofreciendo herramientas tanto para la organización popular como para conseguir victorias a través de ello, a la vez que vemos imprescindible la organización de los y las propias anarquistas y la definición de programas políticos anarquistas. No creemos por ello que la clase obrera sea per se revolucionaria, pero es la única clase social potencialmente revolucionaria«potencialmente» en sentido aristotélico, es decir, aquello que tiene posibilidad de materializarse, que permanece latente—, ya que el trabajo es la única fuente de valor y es la clase trabajadora la que realmente pone en marcha el sistema productivo y la que sería capz de gestionar la producción y reorganizarla. No obstante, que sea potencialmente revolucionaria no implica que inevitablemente se haga real. Esa potencialidad podría permanecer eternamente allí, a no ser que seamos capaces de impulsar y extender las luchas. Además, lucha de clases no sería completa si en ella no se incluye el feminismo, el antirracismo, el antiautoritarismo y el internacionalismo basado en el reconocimiento de la diversidad cultura de los pueblos, ya que todas las opresiones están relacionadas unas con otras.

Si aspiramos a la revolución social, debemos saber que la revolución no es precisamente un estallido violento surgido de la nada, sino que es el resultado de un proceso de acumulación de fuerzas a favor de las clases explotadas. Una revolución jamás se hizo porque al primer loco se le ocurrió que el sistema estaba mal y comenzó a atacarlo, jamás se hizo desde grupos clandestinos que practicaban el terrorismo y las guerrillas urbanas. Todas las revoluciones se hicieron, no porque fuese guiada por un grupo reducido de iluminados e iluminadas, sino, básicamente, porque las clases populares en masa se organizaron, crearon nuevas estructuras materiales y se lanzaron contra el sistema. Otra cosa sería el rumbo que tomase y quiénes terminen absorbiendo el descontento popular recuperándolo para sus intereses de clase, realmente opuestos a los de las clases populares. Estudiando la historia podemos ver, desde las insurrecciones campesinas en la Edad Media, la Revolución francesa (aunque fuese burguesa ya que cooptaron las luchas populares, realmente fue el pueblo llano quienes tuvieron un importante papel), la Revolución Rusa (no fue Lenin, sino gran parte del proletariado que se organizó en soviets antes del ascenso de Lenin para dirigir la revolución), la Revolución Makhnovista, la Revolución social del ’36, la Comuna de Shinmin… y la lista sería larga hasta llegar a la Revolución de Rojava o la insurgencia zapatista. El común denominador de todos estos acontecimientos revolucionarios siempre ha sido y es la base social, la comunidad, la organización popular y la presencia de uno o varios actores políticos revolucionarios.

Las luchas inmediatas, pese a sus marcadas limitaciones al ser éstas en su mayoría articulada desde estructuras volátiles, reivindicaciones cortoplacistas y únicamente defensivas en vez de posturas de avance; sí que a través de ellas se gestan los gérmenes que podrían llevar a una escalada del conflicto y articular una fuerza revolucionaria: la construcción de comunidad. La unión y el encuentro entre distintas comunidades en lucha formarían el tejido social y a partir de allí, se crean los movimientos sociales. Tales movimientos sociales no nacen de la conciencia de clases, sino de la puesta en común de los problemas cotidianos y la búsqueda de una solución a ellos mediante la lucha social. Pero ante la ausencia de actores políticos revolucionarios, serán propensos a caer en el reformismo y a ser extensiones de partidos para captar votos. Es por eso que debemos tener en cuenta este factor si queremos que no terminen recuperados y desmovilizados, tendríamos que ver en los movimientos sociales una oportunidad para el encuentro entre anarquistas con otras personas y colectivos en lucha para dar la posibilidad de pasar de la mera defensa de lo que tenemos, a poner sobre la mesa problemas comunes, análisis, posibles soluciones, etc, y perseguir objetivos más ambiciosos a medio plazo, tales como el control obrero o la autogestión de las empresas privadas, la gestión popular de la Sanidad, la Educación, etc, barrios autogestionados…

Se nos critica peyorativamente que sumar es malo, que el preocuparnos por la cantidad es absurdo, cuando en verdad, el número sí cuenta. Lo podemos encontrar en el mundo animal, en aquellas especies gregarias, las cuales son descritas por Kropotkin como las que más éxito en la supervivencia tienen y las cuales pueden defenderse mejor de depredadores más fuertes. En la lucha social sucede lo mismo: desde el simple acto de parar un desahucio o parar un desalojo de una okupa; hasta hacer retroceder a la policía en una manifestación, correr a los fascistas de nuestros espacios, llevar una huelga con éxito, impedir que la policía y los fascistas entren en el barrio, etc… Incluso para superar la represión es necesario tener una amplia red antirrepresiva y de apoyo a los y las presas políticas, que provendría desde las comunidades creadas a través de la lucha social, del tejido y las bases sociales creados. Aunque claro, evidentemente, esto tiene sus limitaciones y si nos obsesionamos por sumar nos podría llevar a perder nuestros objetivos a largo plazo. Por esta razón, es necesaria una orientación política. La orientación política no es más que aportar dentro de las luchas sociales. no solo las herramientas para mantener la autonomía y la creación de estructuras horizontales, sino también para dar la posibilidad de un salto cualitativo, de darle continuidad a las luchas y radicalizar los movimientos. En este sentido, las luchas presentes nos ayudarían a definir programas políticos acordes al contexto en el que se dan los conflictos. Dichos programas serían hojas de ruta no solo para mantener las luchas constantes, sino para que avancen cualitativamente.

La práctica del anarquismo social

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social» Amélée Dunois en una intervención del Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907.

Recordemos que el anarquismo social aspira a ser un actor político revolucionario, ¿qué es eso? Ser actor político es ser una fuerza política referente para las luchas sociales y orientarlas hacia una vía revolucionaria, de transformación radical del sistema. A diferencia de la vanguardia leninista construida por un partido central y cuadros militantes satélites, una fuerza política anarquista sería aquella fuerza emanada desde la propia organización popular y de clase con sus múltiples colectivos y asociaciones según su ámbito de lucha: sindicatos de todos los sectores productivos, prensa, asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales okupados o no, organizaciones medioambientales, juveniles… y organizaciones políticas, las cuales serían las que mediante el análisis de coyuntura, definan programas generales y hojas de ruta para coordinar las distintas organizaciones de ámbito más específico. Éstos constituirían una red federativa o confederal desde donde se articularía el poder popular. Este modelo se dio en el Estado español del primer tercio del siglo XX y es el que permitió realizar la revolución social cuando se produjo el golpe de Estado fascista, y también comparte cierta similitud con el confederalismo democrático.

Podría teorizar hasta el infinito la inserción social, así que expondré dos ejemplos prácticos que conozco que resultaron bastante exitosos:

—El primer reconocimiento es para la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) por su labor en la lucha por una vivienda digna. Han llevado a cabo con éxito su programa de realojo de familias desahuciadas, así como en parar desahucios, y han permitido la creación de una comunidad de vecinos y vecinas conocida como la Comunidad La Esperanza. Pero lejos de buscar protagonismo, han recalcado que es la gente la que, organizada y a través de la acción directa, pueden lograr victorias. Otro aspecto importante es que han roto los falsos estereotipos dela anarquista que todo lo critica y se desentiende de las luchas sociales, dela anarquista que solo busca el caos y la destrucción.

—Otro merecido reconocimiento sería para el FEL-Chile, que a pesar de la deriva electoralista que tiene, han conseguido ser una fuerza anarquista estudiantil destacada dentro el movimiento estudiantil chileno. Comenzaron a andar hace más de diez años y ahora tiene fuerte presencia en las principales universidades chilenas, constituyéndose a la vez como uno de los referentes en la lucha estudiantil. De igual manera, también podría mencionar a las organizaciones estudiantiles del Estado español mencionadas al principio.

No terminaría sin mostrar casos del cómo mediante la construcción de comunidad y el aumento cuantitativo, se han permitido victorias en las luchas, también tiene su reflejo en la praxis, tanto históricamente como en los conflictos recientes:

—El ejemplo más visible es la defensa de Can Vies. De cómo el barrio de Sants pudo parar el derribo y conseguir que les dejaran en paz no se debe únicamente a la violencia desatada, sino a sus 17 años de presencia y actividades para el barrio. Hay que sumarle a esto que Sants ha tenido desde hace mucho más tiempo un tejido social mayoritariamente obrero.

—Las protestas por el parque Gezi en Turquía hace unos años es otro ejemplo de que la suma de fuerzas unida a la solidaridad y la organización popular, consiguieron defenderlo exitosamente. El mismo reflejo lo tendríamos en Gamonal.

—El conocido barrio anarquista de Atenas Echarxia no sería tal de no ser por la presencia de un tejido social construido muchos años atrás. No todas las que viven en ese barrio son anarquistas, sino gente cualquiera que ve en la autogestión y la cooperación social una solución real y efectiva.

—Las comunidades zapatistas y el movimiento de liberación kurdo del Kurdistán turco y sirio también son ejemplos vivos que tuvieron y tienen como base la construcción de comunidad en torno a una identidad colectiva cultural.

Si los números no cuentan, ¿no se debió el triunfo de Gamonal por la solidaridad que se desplegó en casi todo el Estado español? ¿Cómo se podría haber parado el derribo de Can Vies de no ser por las miles y miles de personas que bloquearon las calles durante el día y se enfrentaron con los mossos al caer la noche? Si el tejido social y la comunidad no son importantes, ¿cómo habrían conseguido los y las zapatistas lograr un territorio autónomo y el autogobierno? ¿Cómo en el barrio de Echarxia podría estar limpio de policías, tener parques autogestionados, numerosas cooperativas y hasta un centro de salud formado por personal sanitario voluntario? Es más, sin comunidad ni tejido social, no existiría en Chile un movimiento estudiantil tan extendido ni sobrevivirían las comunidades mapuche. Sin comunidad ni tejido social, la revolución social de Rojava no hubiese sido posible, ¡siquiera existiría el movimiento de liberación kurdo! De hecho, sin estos factores, no hubiese siquiera existido el movimiento obrero ni llegaríamos a conocer siquiera el anarquismo.

Desde el anarquismo social, pretendemos romper con la marginalidad en que está envuelta el anarquismo y volver a ser una fuerza política en la lucha de clases como lo fue antaño en las revoluciones sociales de la historia. Para ello, creemos necesario la reconstrucción del tejido social perdido en los barrios y las comunidades en lucha, potenciar el sindicalismo de clase en los conflictos laborales así como el movimiento estudiantil de base, etc, para extender los valores de la solidaridad de clase, el apoyo y mutuo y la cooperación, y sobre estas bases, articular un movimiento que no solo responda a las necesidades inmediatas, sino que tenga capacidad para aspirar a objetivos más ambiciosos. Todavía aquí en el Estado español la presencia no es muy grande pero demuestra ser esperanzador pese a los pocos ejemplos que hay. Llevamos desde la «Transición» muchos años sin levantar cabeza y reproduciendo discursos caducos, ya es hora de que volvamos a ser movimiento social y fuerza política.

El papel de la organización anarquista

 Traducción de los acuerdos del WSM (Workers Solidarity Movement) aprobados en octubre de 2014.
Texto original: Role of the Anarchist Organization

Nota: Aunque estos puntos sean acordados en el contexto irlandés, pienso que sería igualmente interesantes para tomarlos como una pequeña aportación de cara a construir y fortalecer un movimiento anarquista organizado:

1. Popularizar la idea de que una sociedad anarquista es deseable y alcanzable si mucha gente se organizase por ello.

2. Potenciar el uso de la metodología anarquista en el día a día organizando sus esfuerzos.

3. Visibilizar la naturaleza de clase de la sociedad capitalista y demostrar que la organización de clase es fundamental para derrocar el capitalismo y crear una nueva sociedad.

4. Demostrar las conexiones entre los problemas por las que la gente lucha y cómo esas luchas no siempre están aisladas unas de otras.

5. Fomentar el rigor en los métodos y análisis de la organización como un cuerpo colectivo en lugar de una colección o conjunto de individualidades.

6. Actuar como estructura sobre los que se podrán formar rápidamente nuevas redes.

7. Conservar los contactos procedentes de una lucha para transportarlos a otras.

8. Mantener la experiencia de una lucha para transmitirla a otras.

9. Recopilar noticias e información de la comunicación con las grandes redes de personas y presentar esa información para las nuestras.

10. Participar constantemente en los debates colectivos y análisis de cara a desarrollar una comprensión más profunda de los retos y oportunidades.

11. Transmitir estos análisis a un gran círculo de personas interesadas.

12. Actuar como centro de entrenamiento para acumular y transmitir las habilidades esenciales para el desarrollo de redes.

13. Traer entre todos y todas las experiencias de una amplia gama de luchas a través del tiempo y el espacio para desarrollar y propagar un análisis intersectorial completo del cambio que es requerido.

14. Desarrollar las SOP (Procedimientos Operativos Estándar, algo que supongo que será similar a los principios, tácticas y finalidades) para maximizar los resultados de la organización de los esfuerzos y preparar a los miembros en su uso.

15. Construir grandes redes de comunicación tanto en términos de infraestructura como también en la propagación de la verdad.

16. Acumular recursos en la forma de espacios físicos, equipos y fondos, para que la infraestructura esté disponible sea para el curso de la organización como en el auge  de la lucha.

17. Crear más y más redes entre personas quienes están convencidos de que el capitalismo debe ser sustituido por el comunismo libertario.

18. Preparar os miembros y organizadores capaces de:

  • Motivarse para una fuerte administración.
  • Prepararse mediante una serie de habilidades.
  • Comunicarse efectivamente tanto mediante la palabra como en lenguaje escrito.
  • Pensar críticamente de manera colectiva.
  • Tomar decisiones colectivas bajo presión.

19. La organización revolucionaria necesita ser escalable. Eso es lo que necesitamos, y preparar métodos que serán útiles para desarrollar unos procedimientos organizacionales e integrar un número significante de nuevos miembros en períodos relativamente cortos de tiempo.

A Bandazos. Respuesta a La Colectividad

Empezaré diciendo que encuentro muy necesario el artículo que planteaba La Colectividad dentro de esta página web. Me considero heredero de una perspectiva anarcosindicalista, para situarnos en el debate que se plantea.

Primero estoy de acuerdo en que está existiendo una reconcepción del anarquismo, y es visible en tanto que se están formando muchos colectivos varios por el Estado, a la vez que algunos se están planteando organizaciones bastante grandes (FEL, FAC…). Pero dudo que el Anarquismo Social sea el mayoritario en el movimiento anarquista. Primero deberíamos definir bien qué es el “anarquismo social”, y luego deberíamos definir bien qué es el “movimiento anarquista”. Yo creo que ambas categorías serían difíciles de definir, y seguramente lo que encontraríamos sería una gran variedad muy heterogénea. Si tomamos de muestra esta página, sí encontraríamos una serie de discursos más o menos definidos, pero no creo que todas las críticas, actitudes y concepciones que entre las diferentes corrientes se puedan extrapolar al conjunto del movimiento anarquista. Parto de la idea de que no existe un discurso anarquista articulado (ni social ni anti-social) más allá de pequeños grupos y las pocas personas que les gusta escribir, y que entonces es difícil medir hasta qué punto existiría esa hegemonía.

En la reconcepción que explicaba al principio, sí que existen una serie de temas que se reproducen continuamente, el hecho de salir del gueto, trabajar con otros colectivos no anarquistas, etc. Si queréis, se le podría atribuir una etiqueta de anarquismo social, pero además de inadecuado, habría que diferenciarlo de un Anarquismo Social con mayúsculas, con una serie de aspectos más diferenciados (como puede ser la estrategia de la inserción social, la visión materialista que criticas, etc.) y con una diferenciación clara de lo que es. y en especial en contraposición a lo que no es (a veces llamado anarquismo personal, individualista, etc.).

Tenemos que contextualizar el porqué de esta configuración de un anarquismo así. En mi opinión personal, es en parte a la situación de crisis en la cual muchos nos preocupamos por defender unas condiciones de vida cada vez más precarias y con menos derechos sociales, a la vez que posiblemente sea una reacción al estancamiento, aislamiento y dogmatismo de los anarquismos anteriores (estén estos estancados, aislados, etc. o no). Si combinamos estos dos factores en el hecho de que como anarquistas da la sensación de que no tenemos una fuerte capacidad de intervención en el cambio social, es normal que la gente que compone el movimiento esté en este estado de autocrítica.

El segundo punto que plantea el artículo, es sobre la concepción social. La Colectividad, apunta en que el Anarquismo Social plantea que la única vía válida enfrente a proyectos individualistas son las luchas de masas a través de dar “orientación política”, dado un análisis concreto de la realidad. Empezaré sobre esto último, que creo que es la base que lleva a la estrategia.

Sobre el análisis social

Estoy de acuerdo en que el materialismo tiene sus limitaciones, y muchas. Cualquier explicación simplista sobre un hecho tan cambiante como la sociedad, tenderá a estar equivocada. Porque cuando se realizan enunciados generalizadores, siempre ocurre que “sí, pero yo conozco un caso…” y luego, estos casos son más habituales de lo que nos creemos, poniendo la norma social en total cuestionamiento. Como un día me dijeron, los siempre, todo, nunca, etc. no son amigos de la sociología. En el otro extremo encontramos el relativismo extremo donde nada es enunciable, existiendo tantas realidades como individuos.

Este hecho creo que seria falso, pues las personas como seres sociales, tenemos nuestras particularidades y visiones subjetivas, pero también una capacidad de comunicarnos que hace que existan realidades compartidas (más o menos homogéneas). La tensión entre el materialismo y el llamado “idealismo” (y otras dicotomías como sociedad/individuo, universalismo/particularismo…) es un conflicto continuo entre las diferentes ciencias sociales, políticas, ideologías, etc. que suele depender del contexto histórico, el cual hace girar la balanza a favor de uno u otro. Y tenemos la manía de ir a bandazos.

Ya sea en la concepción de la sociedad, en la teoría o en la práctica, vamos de lado a lado. De la efervescencia organizativa de la CNT al volver del franquismo, al Insurrecionalismo anti-organizaciones formales. Y ahora parece que vamos otra vez hacia el formalismo. Entender las teorías en su contexto creo que es vital para entenderlas. Quizás, sin el Insurrecionalismo y los movimientos contraculturales (punk, okupa, etc.) hoy el anarquismo seria aun más marginal, pues estos pudieron sacar el anarquismo fuera de los locales de sindicatos que se peleaban para erigirse como los verdaderos y acercarlo a la juventud. Aunque advierto que estoy explicando una historia que no he vivido, y que la construcción de esta es a partir de pequeños relatos que voy rescatando, pero al menos lo he llegado a entender así., Creo que sería muy necesario socializar un poco la historia de los años 90 a los 10 de este siglo, para comprender mejor dónde estamos y tejer puentes con gente que quizás dejó todo esto, a la vez que sería útil para aprender de sus errores y escuchar de sus debates.

Continuando con la concepción social, la distinción sociedad (pueblo, clase, etc.) contra el Estado es una distinción que no solo ha sido tradicional en el anarquismo, sino también de otras corrientes ideológicas y asumidas por la misma gente “de la calle”. Lo cierto que del mismo modo que me gusta entender las teorías sobre la sociedad desde una perspectiva integracionista de la dicotomía “materialista-idealista” como complementarios y no opuestos, lo mismo sucede con la mayoría de hechos sociales. (Esta) sociedad y el Estado, se entrelazan entre sí y se necesitan mutuamente. Por eso hay que cambiar esta sociedad para acabar con el Estado, porque dicha contiene elementos clave para la reproducción de este. Pero el hecho de separarlos también nos es útil para señalar que el Estado institucionalizada particular e histórica, y no un hecho insalvable. Lo que no se puede destruir es el hecho social que une a los individuos. Entiendo que haya anarquistas que se definan como anti-sociales, al hablar de destruir esta sociedad, pero siempre tiene que existir un tipo de sociedad, pues somos seres sociales. Y opino que aquí existe un error, que nos lleva a otro punto, el tema estratégico.

Sobre la estrategia

Creo que es un error comunicativo autodenominarse antisocial, o nihilista. Aunque pueda tener una argumentación al detrás en la cual puede estar de acuerdo en muchas cosas, no creo que sea efectivo a nivel de extensión de nuestro mensaje. Y sí, eso presupone parte de una de las concepciones donde se enfoca el anarquismo social. Algunos de los motivos que se me ocurren, de manera rápida, son los siguientes:

—Entendiendo el cambio social como un juego de tirar a la cuerda: Según el tiempo histórico, a veces un poco menos dominados, y otras veces más. No sé si algún día ganaremos la partida, pero es importante tirar porque están en juego nuestra capacidad de decisión sobre el entorno que nos rodea. En eso si estoy en desacuerdo en algún artículo de La Colectividad donde decía que la libertad no era cuantificable, pues hay cosas concretas que si se pueden medir. Que eliminen los domingos como días festivos o prohibían el aborto, son hechos que tienen un gran impacto sobre estas. El problema es que el bando de la dominación suele jugar muy bien en equipo, y a nosotras nos cuesta mucho más coordinarnos, y muchas veces tenemos objetivos diferentes.

—Para hacer más fuerza, hace falta gente. Cuanto más esté un discurso socializado, una práctica extendida, es más probable que esta praxis se materialice. Entonces, no veo ningún problema al intentar extender la praxis anarquista. Por otro lado, contamos con aparatos de control y propaganda que son muy difíciles de contrarrestar y hacen que la sociedad que rechazamos se reproduzca y tienda aún más hacia una más controlada. Por eso es muy importante cuidar el cómo, ya que los contenidos se pueden decir de muchas maneras, pero no todas resultaran efectivas al conectar con la gente. En ese aspecto, a partir de la autocrítica y una evaluación constante de lo que somos, hacia dónde vamos y qué conseguimos, es necesaria.

—Sobre “la inserción social”, es muy importante plantear el qué queremos decir con esto. Una cosa es trabajar con unos colectivos con los que puedes compartir cosas (como el realojo de una persona) con una perspectiva propia, pero otra seria el hecho de entrar en las llamadas organizaciones “heterogenias” con la intención de orientar políticamente estas. Creo que eso conduce a batallas internas ideológicas por la lucha del control de estas, además de ser perjudiciales para la gente a la que forma parte. Quizás el punto está en dotarse de estructuras propias, que trabajen mayoritariamente problemas propios. Estas estructuras pueden estar más orientadas a la resistencia dentro del capitalismo, como la construcción de alternativas limitadas por estar dentro del capitalismo. Obviamente ni hace falta que se reclamen como anarquistas, y deberían ser puestas al alcance de todo el mundo sin distinción ideológica.

Yo creo que como libertarios tenemos un proyecto propio y luchamos por él. En ese sentido. toda persona que se adscribe a una ideología establece una jerarquía de ideas y pensamientos, ya sea el anarquista social vs el nihilista, el antidogmático vs el vanguardista o el revolucionario vs el reformista. En ese punto, creo que no hay ningún problema. Creo que este está en el cómo se socializa, pues una cosa es aportar una perspectiva y otra cosa es mediante la toma de decisiones forzar a la mayoría a actuar bajo tus parámetros incluso cuando la mayor parte no está de acuerdo. Creo que hay que trabajar con los movimientos sociales en lo que sea necesario, pero no instrumentalizarlos. Ya veremos cuáles serán los frutos del anarquismo que hoy en día se está organizando.

Últimos apuntes

Si el Anarquismo Social se ha intentado definir en base a propuestas concretas, pediría un resumen de algunas de lo que no-sea-Anarquismo Social. Estas seguramente pueden ser debatibles en una escala donde lo cotidiano tiene un valor más cercano a la realidad. Y seguramente volveríamos a cuestiones abstractas pues práctica y teoría están ligadas.

En mis textos suelo añadir que no existen soluciones mágicas (aunque priorice mucho el tema de defender los servicios sociales). Finalmente me gustaría añadir, que nadie se escapa de la sociedad, incluso la gente que la rechaza. Relaciones de poder se establecen en todos lados, y formamos parte de lo que queremos cambiar. Reconocer que tenemos incoherencias, que existen términos medios, creo que es el primer paso para trabajarlos y cambiarlos. Del mismo modo que me dijeron que todo, siempre, nunca no son amigos de la sociología, la sociedad no se cambia radicalmente de un día a otro, por decreto. Reconocer que no somos perfectos y que el cambio es difícil, nos permite ir trabajando poco a poco para cambiar estos aspectos que rechazamos.

Si vamos de lado a lado, nunca podremos reconocer las aportaciones que nos ofrecen las diferentes perspectivas, yendo de un dogma (individual) a otro dogma (social) aunque el equilibrio es difícil. Espero haber aportado algo.

Víctor A

[Recomendación] Lectura: El problema de la organización y la noción de síntesis

La necesidad de un movimiento anarquista amplio y unificado ha generado numerosas cuestiones en torno a cómo se constituiría. La idea de la síntesis consiste en aunar todas las corrientes anarquistas en una sola organización, en la cual se incluyen las tres principales tendencias de aquellos tiempos: la sindicalista, la comunista libertaria y la individualista. No obstante, desde el grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero, constituido por anarquistas ucranianos exiliados en París, han criticado esta propuesta de unión. Además de no tomar en cuenta otras corrientes más allá de las tres mencionadas, hace un breve análisis teórico de estas tres corrientes más extendidas. Entre el sindicalismo y el comunismo realmente no hay conflicto ya que muchos comunistas libertarios participan en el sindicalismo. El problema, según este grupo, es la discrepancia insalvable entre comunismo e individualismo.  Declaran que en el comunismo libertario es el mejor modelo para el desarrollo de las facultades individuales y creen innecesario reivindicarlo. A la vez, critica los vicios liberales de ciertos individualistas como Tucker.

A pesar de todo, no se muestran contrarios a los esfuerzos por construir una praxis anarquista organizada.

El problema de la organización y la noción de síntesis

Como complemento, el texto precedente vendría a ser una crítica a la noción de síntesis elaborada por el anarquista ruso Volin, el cual sí expresa la compatibilidad entre estas tres corrientes: la sindicalista como método de acción revolucionaria, la comunista como finalidad y la individualista como la emancipación total del individuo. La síntesis de Volin parte de la disgregación entre anarquistas de diferentes ramas, en las cuales hicieron de la diversidad una división profunda en que cada corriente se pinta como «la verdadera». Es por ello que Volin trata de conciliarlas a través de la unión bajo un programa común o una misma base teórica.

La síntesis anarquista

[Recomendación] Lectura: Anarquismo y organización: El Debate en el Congreso Internacional Anarquista de 1907

El debate sobre la cuestión organizativa en el anarquismo ha estado presente desde la I Internacional hasta la actualidad. Incluso hoy en día no existe un consenso claro entre los y las anarquistas en general. Este texto recoge una parte del Congreso Anarquista de Amsterdam, celebrado entre el 23 y 31 de agosto de 1907. En este congreso se trataron muchos temas más como el sindicalismo revolucionario y los anarquistas, la cuestión del alcoholismo, entre otros. Pero aquí solo os traeré una recopilación de los ponentes Amédée Dunois, Errico Malatesta, Emma Goldman y Max Baganski tratando la cuestión organizativa.

En ese contexto, el anarquismo estaba en desarrollo y comienza a entrar en contacto con la vida de entonces, con la clase trabajadora. Aquí hay duras críticas al individualismo y las tendencias reacias a la organización con la razón de que el anarquismo no es una teoría filosófica para soñadores ni bellos ideales para satisfacción personal, sino una teoría revolucionaria para la praxis y la transformación radical de la sociedad. De hecho, Amédée niega que el anarquismo sea individualista, sino federalista, así como niega que la organización sea dañina para el individuo, aunque Malatesta matiza que los y las anarquistas sí son individualistas, pero diferencia entre un individualismo solidario, basado en el respeto a los demás y en la asociación cooperativa; con un individualismo egocéntrico y burgués que solo se preocupa de sí. Para Emma Goldman, la idea de organización no debería atentar contra la libertad individual.

Resulta curioso también la similitud entre los debates sobre la relación entre el sindicalismo y el anarquismo que se dieron un siglo atrás, con los actuales debates sobre la relación entre movimientos sociales y el anarquismo. El cómo aborda el sindicalismo como herramienta de lucha en aquellos principios del siglo XX tiene un cierto paralelismo con la actualidad respecto a los movimientos sociales, al igual que la idea de estar inserto en las luchas sociales , en no alejarse del pueblo. Además, Dunois defiende la necesidad de, no solo estar en dentro del sindicalismo y otros movimientos populares, sino también construir un movimiento específicamente anarquista. De igual modo, critica también la tendencia al autoaislamiento y a construir templos opacos donde solo se discuten lo ideológico pero rehúsan de la praxis alejándose de las luchas inmediatas.

Pese a todo, el debate sigue abierto hasta hoy, sabiendo que la organización anarquista debe partir de la descentralización y la cooperación. Sin más, invito a la lectura de este texto y quien quiera comentar, que por favor lea el texto primero y luego se exprese.

Anarquismo y organización

PD: Todo lo anterior es una reseña que no representa el contenido completo del texto, así que me abstendré de responder críticas a mi reseña.

1 6 7 8 9 10 13