[Traducción] Un Debate sobre la Política de Alianzas

Caminos de un proyecto militante

Introducción

La política de alianzas de una organización anarquista, de una tendencia, o de un movimiento social responde básicamente a dos cuestiones: con quién y cómo nos vamos a unir para alcanzar un determinado objetivo, sea este de corto (objetivo táctico), medio o largo plazo (línea estratégica). La Política de Alianzas sólo puede ser eficiente cuando responde a un programa propio bien establecido (comprendido por sus militantes), que es posible aplicar. La discursión del programa precede a la discursión de las alianzas. Para saber con quién y cómo nos vamos a unir de forma transitoria o permanente, debemos saber para qué vamos a hacerlo, y eso sólo es posible si sabemos con toda certeza lo que queremos concretamente. Saber lo que queremos es basicamente trazar planos de medio y largo plazo. Si no sabemos lo que queremos, nos vamos a guiar por las demandas y urgencias de las agendas de los dominadores, en vez de construir nuestras agendas y, por tanto, pautar nuestro ritmo de lucha. El programa y la formación de la línea estratégica (conjunto de objetivos, estrategias y tácticas) de una determinada organización, que sirve de base a todos sus miembros y orienta toda su actuación. El programa define a los determinantes de una organización determinada los «caminos» con los que llegar a ciertos objetivos y qué «herramientas» «usarán» sus militantes para que éstos sean atendidos.
Aplicar una Política de Alianzas eficar requiere que la organización fortaleza más intensamente ciertas relaciones políticas en detrimento de otras y priorice determinadas actividades en su militancia. Pues, como diría Bakunin, «quien mucho abarca poco aprieta». No definir con nitidez una política de alianzas, significa articularse políticamente al azar; a la buena ventura de alianzas f´ragiles e inestables que, lejos de contribuir con los objetivos de la organización, la subordinan a un programa ajeno o tornan su acción impotente. Como nuestras energías militante sson escasas, definir con quién nos vamos a relacionar políticamente y cómo van a darse estas relaciones es fundamental, no solo para prevenir el exceso de sobrecarga de nuestros militantes (hecho corriente en los movimientos sociales) sino también para lograr que la organización avance siguiendo sus objetivos estratégicos.
La unidad con otros sectores políticos  –  sean ellos organizaciones ideológicas o del movimiento popular  –  no debe buscarse a cualquier coste, ya que la unidad de acción no puede significar someter o postergar nuestro propio programa, mucho menos nuestros principios. Una organización que tenga lucidez programática y de contuinidad en su propio trabajo social conseguirá firmar alianzas correctas sin quedar presa de las coyunturas, caminando, así, rumbo a los objetivos que decidió atender.

Entre a la Política de Alianzas y las Redes Informales

La política de alianzas es diferente de lo que muchos movimientos sociales, autónomos y otras corrientes del anarquismo llaman fortalecimiento de las «redes». No podemos olvidar que, dentro de los movimientos sociales, sindicatos o comunidades en que trabajamos, hay redes informales, sin «estructura» (o sea, no están restructuradas por algún tipo de regulación «institucional» qu elas defina), que forman y construyen relaciones afectivas, sociales y políticas entre sus sujetos. Ignorar la existencia de esas redes es reducir el trabajo militante a cierta miopía política, incapaz de percibir las distintas relaciones que los sujetos van estableciento perifericamente, o en su interior. Esto puede ser desastroso en una práctica política que se desea «inmediata», atropellando relaciones que merecen sensibilidad por parte de nuestra militancia.
Sin embargo, una organización política anarquista de matriz especifista, debe trabajar siempre en el sentido de avanzar más allá de esas redes informales. Esto no significa creer que estas redes dejen de existir, sino, simplemente, que la organización trabaja para formalizar sus estructuras, impidiendo que esas redes informales «asuman» el control de procesos decisorios en los movimientos sociales en que están. Tarea importante en este sentido es, por ejemplo, formalizar los procesos de ingreso de los militantes y decisión en los movimientos sociales en que actuamos, en vez de dejar que una cuestión política sea establecida por meras relaciones informales.  El problema de la manipulación de los movimientos sociales por los partidos políticos está, en gran medida, determinado por falta de estructuras claras de decisión que posibilitan, a todos sus participantes, entender la dinámica de su funcionamiento. Interesa a grupos más organizados (o liderazgos «carismáticos») mantener los movimientos sociales inestructurados internamente, o mal estructurados, para seguir manteniendo el dominio interno sobre sus miembros y las relaciones de poder «intactas» (no siempre conscientes).
Otro punto importante es trabajar para superar la mentalidad que cree que cada trabajo aislado, descentralizado y (des)estructurado en redes informales y formales de relación, contribuye decisivamente a una transformación radical de la sociedad. Al contrario que algunos marxistas, nosotros sabemos que una revolucación también está hecha de aspectos espontáneos que son difíciles de preveer o analizar adecuadamente. Pero en ningún momento, como anarquistas organizados, creemos que los proyectos revolucionaros acontazcan espontáneamente, como nos acusan «eternamente», como un disco rayado, nuestros adversarios. Una revolución sólo acontecerá con mucha organización. Por lo menos, esa es la lectura de los procesos históricos revolucionarios, que solamente ocurrieron después de que fueran antecedidos por un trabajo militante de muchos años o décadas. Los procesos revolucionaros o insurreccionales amplios también acontecen cuando una política de alianza amplia de los oprimidos es realidaza efectivamente. Vimos eso en la Revolución Rusa, en que campesinos y obreros participaban cogidos de la mano en los sóviets; en la Revolución Española, en la que los trabajadores del campo y de la ciudad formalizaron alianzas estables y también, asistimos a los límites de la política de alianzas cuando, por ejemplo, los estudiantes franceses intentaron, sin éxito, establecer una política de alianzas con sus compañeros trabajadores, resultando en la incapacidad del movimiento en transformarse en una verdadera revolución.
Más recientemente, el éxito de una política de alianzas estable fue la formación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, que reunió organizaciones populares de todos los colores en una sola coordinadora. La Revuelta de Oazaca aconteció justamente cuando una política de alianzas eficaz fue realizada entre profesores, estudiantes y amas de casa, caminando por un proceso insurreccional amplio. Si una organización política o movimiento social no sabe con quien va a aliarse, provablemente no sabe también qué objetivos a medio y largo plazo quiere cumplir.  Esto es porque tal vez muchos de sus miembros son contrarios a la burocratización, cuando en realidad, organizarse, parafraseando a Errico Malatesta, es la única garantía eficiente contra la burocratización, y no al revés. Algunos de esos militantes pueden creer también que, en la militancia, las cosas van ocurriendo «espontáneamente», hasta un día en que un punto crítico en la relación entre las clases «explotará» en la forma de una revolución. Salvando las distancias, esa idea es semejante al mito marxista de la contradicción causada por el desarrollo crítico de las fuerzas productivas. El fondo común de esas ideas es siempre la disminución de la dimensión posible de acción humana y, por tanto, que los propios militantes se eximan de la responsabilidad sobre la ineficiencia de la táctica escogida por sus movimientos y organizaciones.
Una organización  y un movimiento social que se hayan estructurado de acuerdo con el avance de su trabajo se verán confrontados, en algún momento, con los límites de sus demandas. Hoy, en Brasil, vemos una serie de movimientos sociales e iniciativas populares completamente divididos y, peor aún, divididos por demandas extremadamente específicas. Hay colectivos culturales, cooperativas de consumo y producción, colectivos feministas, de educación, arte o agroecología que, en muchos casos, se reestringen a cumplir sus propias demandas. Esta sectorización de los movimientos sociales es vista por algunos como una consecuencia de la nueva configuración que los movimientos asumen en un mundo cada vez más avanzado: lo que algunos llaman de modernidad líquida o posmodernidad. Es elmito de la historia que se desarrolla pacientemente ante los ojos de los acotres. Desde esa perspectiva nos queda que «naveguemos sobre las olas» de la historia y aceptar el destino que alguna fuerza oculta ha establecido secretamente. Pero no nos engañemos con esta auto-ilusión. La historia no se desarrolla por sí mismo y no es producto de una fuerza secreta (o de las fuerzas productivas, en el mito hegeliano-marxista descrito anteriormente). Aunque reconozcamos que existen cambios que no podemos controlar la acción humana y de las obras creadas por los individuos es decisifa. Las ONG´s han sabido aprovechar (y reforzar) este movimiento. Sectorizan las demandas de la clase trabajadora y enganchan la resolución de estas demandas en los acuerdos con el Estado. El resultado de este movimiento es la incapacidad de la clase trabajadora y de los oprimidos para forjar instrumentos efectivos para contraponerse al Estado y a la burguesía.
Eso no significa que, como organización política anarquista, debemos despreciar las metas de los movimientos sociales en los que estamos insertos. Esta es la práctica del leninismo, que condenanos y repugnamos como libertarios. Pero es preciso trabajar para quela sectorización sea superada y no reforzarla apelando siempre a una supuesta «singularidad» de lad luchas. Un movimiento que tenga una demanda específica (como por ejemplo la cultura) puede, en el avance de su trabajo, efectivamente integrar otras formas de lucha, o establecer una política de alianzas eficaz, que consiga superar la sectorialización.
Las luchas y sus condiciones de expansión son obviamente siempre singulares, los contextos históricos en los que emergen también. Pero no podemos extraer ninguna «regla» general de los procesos revolucionarios o de los movimientos sociales en su dinámica organizativa, eso no significa decir que ninguna forma de conocimiento o de análisis sea posible. Por tanto, un análisis de procesos reales implica examinar sinceramento los éxitos y los fracasos, intentando incorporar críticamente elementos que puedan hacer eficaces la organización política y los movimientos sociales en los que militamos.
Una perspectiva interesante es trabajar para agregar diferentes demandas a un mismo movimientos social, en vez de insertarnos en distintos movimientos sociales sectorializados. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin-Tierra (MST), a pesar de tener como bandera central la cuestión de la tierra, sabe como la cultura, la educación y otros elementos, son fundamentales en la constitución del movimiento. Otros movimientos con los que tenemos contacto y respetamos trabajan en el sentido de resolver diferentes demandas en el interior de un mismo movimiento: económicas, culturales, educativas y profesionales. En el caso de que sus militantes huiieran elegido crear un grupo, colectivo o movimiento para cada demanda (una cooperativa económica, un colectivo de cultura, un grupo de arte, etc.) no tendría el éxito que hoy poseen en muchos casos.
Es central que reforcemos el aspecto clasista de nuestra propuesta. Una propuesta de clase debe ser el»cimiento»  que une las diferentes demandas de los trabajdores. Lo que la clase dominante teme es, justamente, cuando esos movimientos superan su especifidad y se insertan en un proyecto popular amplio y clasista que articule, en las bases que aprendemos con Bakunin y Malatesta, un verdadero arco de oprimidos. La tarea de la organización política anarquista es justamente potenciar como minoría activa la estructura de los movimientos sociales en los que está inserta. Un movimiento social bien estructurado y organizado supera la mentalidad de las redes y formaliza sus objetivos, métodos y estrategias. Y, principalmente, consigue formalizar eficientemente su política de alianzas. Para formalizar una política de alianzas los agentes históricos, o sea, los militantes de carne y hhueso, deben asumir que son ellos los responsables de efectuar esa política. Hoy no hay ninguna organización anarquista (o de la izquierda) que consiga participar en todas las luchas. Una organización que opte por involucrarse «en todas las luchas» probablemente no tiene un programa estratégico bien definido, o este no es comprendido por sus miembros. Puede ocurrir que esta participe superficialmente en las distintas luchas en detrimento de su trabajo de base, lo que tendrá consecuencias terribles a largo plazo para la organización.
Un programa bien definido prioriza ciertas actividades y, por tanto, participa en aquello que contribuye al proyecto estratégico de la organización. Si no hay entendimiento sobre lo que contribuye o no a ese proyecto, la organización probablemente no interiorizó su programa. Tener un horizonte estratégico implica decir «no» a ciertas actividades y participar en otras con más intensidad. Lo contrario de esto es participar aleatoriamente en lo que aparece, sin reflexionar, ni siquiera rápidamente, sobre en lo que y por qué nos estamos involucrando en una actividad determinada. Reitero que este trabajo de reflexión no es un trabajo «separado» de la realidad, en muchos casos acontece en el interior del proceso, en el «ojo» del huracán», entre errores y aciertos de la organización política.
Un programa político y un horizonte estratégico bien definido, por lo tanto, hacen que no subordinemos nuestra militancia a lo que de más visibilidad en el momento, o que la prensa burguesa cubra con más atención. Ese es el caso de muchos partidos trotskistas, que se guían de acuerdo al oportunismo de la ocasión. La actuación de vanguardia es profundamente dependiente de la imagen de «estar en todas las luchas» (aunque en muchos casos sea superficialmente). Esta imagen construída sirve como polo de atracción paa nuevos militantes. Aún así es preciso no caer en el otro extremo. Hay luchas y actividades que, aunque distantes del plano tráctico que la organización política ha establecido, puden ser actividades interesantes para la propaganda de esa organización o de determinado movimiento social. Una organización con un trabajo de base relevante, pero que no «aparece», corre el riesgo de trasmitir una imagen política asimétrica. Creo que no hay una regla a seguir, más allá de que los militantes de «carne y hueso» vayan corrigiendo entre errores y aciertos la línea estratégica de la organización y su política de alianzas en su propia dinámica. No discutir eso puede trajer prejuicios a toda organización y limitar profundamente el alcance de su política.
Es fundamental que los/las militantes tengan conciencia de que la organización política anarquista nunca está acabada y que discutir una política de alianzas eficaz es saber con quien podemos contar para los próximos pasos en una empresa que solo puede ser colectiva.
Rafael V. da Silva
Septiembre de 2012
Referencias
DANTON, José Gutiérrez. Problemas e Possibilidades do Anarquismo. São Paulo, Editorial Faísca, 2011.
FREEMAN, Jo. A Tirania das Organizações Sem Estrutura, 1970. Disponible en http://www.nodo50.org/insurgentes/textos/autonomia/21tirania.htm. Visitado en 03/08/11.
Publicado en Anarkismo.net

 

Activarse II

Como concluíamos en el anterior artículo, la activación política es un proceso personal que depende de una componente colectiva: Las condiciones materiales y psicológicas que permiten el proceso. Por ello, podemos centrarnos en el aspecto personal de la militancia política libertaria para analizar cómo esta puede iniciarse.

Formación

Un individuo que desea activarse debe estar decidido a formarse. “Un pueblo inculto es un pueblo facil de dominar”. Formarse implica ser crítico con todo comportamiento adquirido por la cultura hegemónica, pero también serlo con el espacio de militancia y con la adquisición de nuevos códigos, comportamientos o valores. La formación no puede consistir, como está ocurriendo, en la repetición y adopción de códigos del gueto estético-político. Este parece ser el deseo de algunos anarquistas, que se limitan a discurrir por los mismos callejones sin salida en los que llevamos años enredados. La formación libertaria consiste en la reflexión constante sobre las formas de actuación de cada uno, desde una perspectiva no sólo ética, sino también estratégica. La crítica social unida a la autocrítica personal, pero asumiendo las incoherencias que sólo se superarán en el proceso de ruptura revolucionaria que se está construyendo. Una persona decidida a activarse debe ser capaz, por tanto, de separar críticamente las aportaciones radicales y revolucionarias (que le interesa asumir e interiorizar) de aquellas superfluas, marginantes y desmovilizadoras.

Con la idea de formación pretendo englobar todos los aspectos individuales del proceso de activación. Así pues, formarnos no quiere decir únicamente leer libros de autores anarquistas. Formarse es un proceso teórico y práctico donde cada cual va adquiriendo madurez en sus ideas (a base de confrontarlas con la realidad y entender sus errores y sus aciertos). De tal modo se aprenden y se refinan las estrategias para la participación política en un proceso que no termina nunca. En este aprendizaje es importante que los movimientos, agrupaciones y colectivos recojan las valoraciones sobre aciertos y errores de luchas o actividades concretas llevadas a cabo, pues permiten la acumulación de conocimiento y evitan en la medida de lo posible la repetición de viejos errores.

Para ello, también es necesario que los colectivos no desaparezcan o se diluyan cada pocos años, si no que al menos algunos de ellos constituyan referentes, que acumulen lo aprendido en una herencia rica de luchas y de reflexiones sobre las mismas, que aborden desde ahí el aspecto formativo de las personas que se activan y que alberguen en su seno debates de corrientes a nivel estratégico.

Por último, apuntar que no se trata sólo de formación política. El conocimiento técnico, científico, sensible, humanista e incluso la misma intuición pueden ser perfectamente aplicados al trabajo revolucionario. Quienes defendemos una gestión directa de los asuntos públicos debemos estar capacitados para gestionar en común todos los aspectos de la sociedad.

Sófocles Parra Salmerón, uno de muchos anarcosindicalistas encarcelados tras la Guerra Civil, cuenta cómo en la prisión él y sus compañeros tomaron todos los puestos posibles para acceder al control de aspectos vitales de la cárcel con el objetivo de mejorar las condiciones de vida y empoderar a los presos, recordarles sus capacidades, su inteligencia, su dignidad: cocinas, correos, comunicaciones… hasta convertir el funcionamiento de la propia cocina en un modelo de colectividad.

Del mismo modo, para liberarnos de la autoridad es indispensable aprender a encargarnos colectivamente de desarrollar y mantener nosotros mismos las estructuras sociales, con el fin de transformarlas.

Enlaces del mes: Febrero 2015

Entrevista a las compañeras de La Alzada, agrupación feminista y libertaria chilena, de parte de la IWW. En ella hacen un repaso de su recorrido como organización, de sus objetivos, de sus alianzas y de sus prácticas. Su perspectiva es antipatriarcal, anticapitalista, de acción directa y se encuentra inserta en los movimientos sociales: «nuestro trabajo se dirige hacia una crítica conjunta contra el patriarcado y el capitalismo en tanto sistemas de dominación […] Nuestra intención es apuntar a un trabajo que, desde el género como lectura primordial, pueda funcionar como un lugar para interpelar las contradicciones derivadas del sistema económico«. Defienden una militancia organizada, comprometida, esforzada y activa: «La Alzada requiere de un compromiso mucho más fuerte y fehaciente«; «nosotras consideramos que justamente éste [la estructura organizativa] es el fundamento de una repartición horizontal de las tareas dentro de una organización.» Sobre sus actuaciones, destacan su trabajo social: «trabajando con organizaciones sindicales, territoriales y estudiantiles, haciendo uso de varias metodologías provenientes de la educación popular y de las técnicas participativas, como lo es el Teatro del Oprimido, en particular el Teatro-imagen y el Teatro-foro. Estas herramientas, que permiten concientizar una condición de opresión haciendo vivenciar el problema a través del lenguaje del cuerpo, han constituido un aporte fundamental dentro de nuestra organización, tanto para el desarrollo interno, para llevar nuestras discusiones y reflexiones estratégico-tácticas, orgánicas o teóricas; como para los talleres externos, permitiendo potenciar la oratoria y la expresión corporal de las mujeres del sindicato de casa particular con el cual trabajamos desde varios meses usando esta herramienta«.

Sobre la necesaria influencia de los trabajadores y los movimientos sociales en el proyecto de transformación social podemos leer este artículo. «Desde los barrios, desde los centros de trabajo, desde la precariedad, la clase trabajadora intentará ser cada vez más consciente de sus intereses y posibilidades, y procurará organizarse autónomamente. A las fuerzas democráticas, si pretenden algo más que un simple recambio de élites, de nada les servirá ignorarla«. En una linea que confluye con el manifiesto de Construir un pueblo fuerte.

Una vez más Sudamérica aportando ejemplos de lucha y organización: Una propuesta para el movimiento estudiantil, por parte del Grupo Estudiantil Anarquista de Colombia. Especialmente interesantes sus consejos al respecto de lo que NO HACER: No usar lenguaje autorreferencial ni hacer planteamientos que se salen de las bases sociales. Tampoco infantilizar a tus interlocutores. No cooptar espacios amplios. No caer en la repetición ni en la falta de autocrítica… Al respecto del movimiento estudiantil en España, el periódico anarquista Todo por Hacer analiza la reforma universitaria que impone el 3+2 frente a la oposición de la comunidad educativa. Un proyecto que viene a apuntalar la mercantilización de la educación superior.

En alasbarricadas.org, un artículo sobre horizontalismo y anarquismo, o las diferencias entre movimientos de protesta y de transformación social. «El horizontalismo, sin visión ni método revolucionarios, lo único que aporta son protestas más allá de las que lo único que sucederá es que un gobierno en sustituya otro. Esta fue una de las lecciones de las experiencias de Argentina en 2001 cuando se gritaba ‘que se vayan todos’, un eslogan que se refería a todos los gobernantes pero que después de un tiempo, se impuso la estabilidad y un nuevo gobierno estable subió al poder y permaneció«.

En Píkara encontramos un artículo que habla de lo que ahorra el capitalismo en reproducción, asistencia y cuidados explotando a las mujeres. Los recortes en dependencia solo son una vuelta de tuerca más para las que ayudan a vivir.

El sector de la economía social y las cooperativas ha vivido un auge como resultado del 15M. Su papel en el proyecto revolucionario anticapitalista podría ser motivo de un amplio análisis. En la revista economía crítica se centran en el aspecto ecológico del asunto, analizando con qué potencial cuentan las Cooperativas en la transición energética [PDF], tan necesaria para un mundo libre.

Una reflexión sobre urbanismo y feminismo (que es por tanto una reflexión entre urbanismo y anticapitalismo) en el periódico Diagonal. ¿Es posible una ciudad pensada para todas las personas y no para la reproducción del capital y la circulación de individuos entregados a los roles que este impone?

Enlaces del mes: Enero 2015

En el número de enero del periódico CNT pudimos leer la siguiente entrevista al proceso Embat. «[El anarquismo] es un movimiento profundamente atomizado, […] aún estamos en una fase de colectivos y no de organizaciones. Es decir, que la gente que se considera libertaria ha pasado de estar desorganizada u organizada por afinidades personales (y no en base a posturas políticas) a militar en pequeños colectivos de ámbito local. […] Apenas hay ámbitos de trabajo más generales, como por ejemplo, cómo dar una respuesta libertaria al TTPI, cómo intervenir en el tema de la vivienda, qué propuesta como movimiento tenemos ante la sanidad, las pensiones, la enseñanza, el paro, etc. Cosas que nos afectan a todas y que las respuestas que damos son fragmentadas y a veces incluso contradictorias.»

Antonio Turiel hace una recapitulación en su blog sobre la situación de las reservas y el mercado de petroleo a nivel mundial. Muy interesante por cómo argumenta que este será el año en que alcancemos el pico de producción de hidrocarburos líquidos en volumen. Un buen repaso para lanzarse a abordar la cuestión de cómo (o, incluso, de si es posible ya) construir un mundo más libre y ecológico, que reduzca sus necesidades energéticas. Interesante complementar la lectura con este texto de la revista Argelaga, también sobre la situación energética, con una lectura más política y haciendo referencia a las posibilidades de aumento de la conflictividad social derivadas del futuro (ya presente) que se dibuja.

Dos artículos en la Marea, este primero, y este después, sobre los desastres en la gestión de la Sanidad pública madrileña, que la llevan al colapso. Siendo la sanidad un servicio tan esencial en manos de una gestión tan corrupta, injusta y demoledora, creo que debería despertar la necesidad de un programa libertario. Que deberíamos organizarnos para conseguir una gestión más democrática y más directa por parte de los usuarios y trabajadores del sector.

Sobre la xenofobia y el ataque a Charlie Hebdo, considero interesante la reflexión que realizan en Anarkismo.net. Pues bien, yo no soy Charlie. No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de anti-semitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neo-nazis se están haciendo nuevamente respetables 80 años después gracias a este repugnante sentimiento. Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, Je ne suis pas Charlie.

Reconstruir la acción colectiva. Una aportación reflexiva del colectivo Equilibrismos al respecto del momento histórico y las posibilidades del anticapitalismo revolucionario, sobre la (re)construcción de espacios de socialización política («sólo donde hay una cultura política mínima se pueden proponer cuestiones que pongan sobre la mesa críticas radicales del capitalismo») y sobre las posibilidades de intervención no institucional, sobre lo que se extienden más en la segunda parte del artículo.

En Píkara nos hablan del compromiso feminista dentro de las comunidades zapatistas y la necesidad de descolonizar el feminismo poniendo a dialogar a las mujeres de diferentes contextos.

Rafael Cid habla en Red Libertaria sobre los tejemanejes de Podemos de cara a las elecciones en Andalucía, que bien pudieron dirimirse en las conversaciones mantenidas con miembros destacados de eso que llaman la casta como Zapatero o José Bono. A esta crítica se le unen otras muy certeras, como las que hace Carlos Taibo también desde el periódico CNT, «esa cercanía a las instituciones y ese desdén por la movilización y por la lucha acaso se deben a que Podemos considera los movimientos sociales como meros resortes al servicio de un proyecto que dicta una vanguardia omnisciente, en un escenario que no puede estar más alejado del retratado por la palabra autogestión«.

Finalmente, leemos sobre el Magonismo, una corriente indígeno-libertaria mexicana, en Reflexiones desde Anarres. Este movimiento que compartía con esta web el nombre de su periódico impulsor: Regeneración.

Hasta aquí los enlaces de este mes. Te animamos a comentar para completar con más propuestas, o incluso a reflexionar sobre los que hemos escogido.

Enlaces del mes: Diciembre 2014

Un artículo sobre el asesinato de un seguidor del Deportivo de la Coruña perpetrado por un fascista, al respecto de su tratamiento en los medios como una pelea de ultras: «No son iguales los fascistas, racistas y xenofobos que persiguen, amedrentan y apalean inmigrantes, activistas o personas con identidades culturales o nacionales distintas, que jóvenes y aficionados al fútbol comprometidos con sus barrios y comunidades que en muchas ocasiones tienen que enfrentarse a los ataques directos de las bandas fascistas como ocurrió en el Manzanares el domingo pasado. Una sociedad que no discrimina entre fascismo y antifascismo es una sociedad que puede albergar monstruos autoritarios en su seno y desarrollar tendencias políticas neonazis como Amanecer Dorado en Grecia.»

Carlos Taibo hace un llamamiento a la construcción de una organización libertaria, que revierta la dinámica desmovilizadora, que barra las miserias heredadas y permita una intervención realmente transformadora de la realidad social. Esa intervención partirá de la defensa de los espacios de autogestión y el impulso a los ateneos libertarios, anarcosindicatos y demás instancias libertarias organizadas.

Este artículo nos recuerda a Pippi Calzaslargas, icono infantil que se reía de la propiedad privada y las leyes. Todo un ejemplo de autonomía, feminismo y anticapitalismo para una generación.

Un debate en torno a la participación institucional, desde tres visiones libertarias contrapuestas. ¿Es favorable un escenario municipalista para la aportación ideológica y programática de los libertarios? ¿Merece la pena embarcarse en un proyecto de este tipo? ¿Debemos los libertarios permanecer aislados de las dinámicas de organización política? Ante la irrupción de Podemos y el nuevo municipalismo, los libertarios tienen tres opciones: el enfrentamiento, el diálogo y la participación. ¿Qué hacer?

Para el antropólogo anarquista David Graeber lo que está sucediendo en Rojava (Kurdistán) es una verdadera Revolución. Podemos leer en esta entrevista sus palabras gracias a la traducción de alasbarricadas: «Ahí está el autogobierno democrático que tiene todas las formas y atavíos de un estado –parlamento, ministerios, etc.– pero que fue creado para estar cuidadosamente separada de los medios de poder coercitivo. También tienes el TEV-DEM (Movimiento de la Sociedad Democrática), instituciones de democracia directa de-abajo-a-arriba. En última instancia –y esto es clave– las fuerzas de seguridad son responsables ante las estructuras de-abajo-a-arriba y no ante las de-arriba-a-abajo. Uno de los primeros lugares que visitamos fue una academia de policía (Asayiş). Todos tienen que realizar cursos sobre resolución no violenta de conflictos y teoría feminista antes de que se les permita tocar un arma. Los co-directores nos explicaron que su objetivo final es dar a todos los habitantes del país seis semanas de entrenamiento policial, con lo que podrían eliminar la policía en última instancia.» Sobre la falta de apoyo de algunos anarquistas sentencia: Creo que mucha gente en la izquierda internacional, incluyendo a la izquierda anarquista, en realidad no quiere ganar. No se pueden imaginar que pueda darse realmente una revolución y secretamente, ni siquiera la quieren, ya que significaría compartir su club guay con la gente común; ya no serían especiales. Así que de algún modo es bastante útil para distinguir a los verdaderos revolucionarios de los farsantes. Pero los verdaderos revolucionarios se han mantenido firmes.

Sobre los límites del petróleo, el cambio climático y la construcción de alternativas en transición nos hablaban este mes pasado en el periódico anarquista Todo Por Hacer.

En el mes del acuerdo entre Cuba y EEUU, leemos sobre el reencuentro entre Estados capitalistas de distinto signo en La Haine: «Hay que ver lo que sucede con las dinámicas emergentes, resistencias y construcción de formas de vida comunitaria del Buen vivir en general en todo el continente. Las izquierdas saludarán alborozadas el fin del bloqueo, pues están muy necesitadas de referentes e imágenes para disputar ideológica y propagandísticamente los espacios de poder con las derechas, aunque sin tocar el capitalismo como acumulación, pues es de allí que todos sacan dinero para el clientelismo […]La lucha ambiental y de defensa de la naturaleza y la vida serán pisoteados por el incremento del extractivismo, los monocultivos y las edificaciones urbanas, lo que llevará al aumento de las dinámicas de resistencia, en tanto ya es fácil percibir que muchas de esas dinámicas transitan de la lucha a las formas de autoorganización para instalar nuevas relaciones sociales que poco a poco van configurando un mundo nuevo reconstruido desde abajo y por territorios o localidades donde las formas de vida en común van siendo la tónica, a diferencia de las formas de vida de individualidades separadas articuladas por el poder, por los partidos y las ideologías.»

En Faktoria Lila nos hablan sobre el empoderamiento resultante de conocer y realizar los deseos propios: ¿No sería mejor probar a ver qué tal se vive decidiendo, cómo sienta decir “no, eso no me gusta”, “prefiero esto”? Y ver cómo es plantar, en tu territorio, tus propios deseos.

Un análisis, en forma de entrevista, sobre el fantasma de la recuperación económica griega y el posible ascenso al poder de la coalición Syriza.

Cuando el límite de x no tiende a infinito

Un día cualquiera me encontré con una pregunta de una servidora de Madrid bastante curiosa. No era de matemáticas, sino de política y en concreto son cuestiones acerca de las las limitaciones ideológico-políticas del anarquismo. Más específicamente, haciendo un balance de las distintas aportaciones teóricas a la actual coyuntura y sus limitaciones. Por un lado, estas cuestiones exigen mucho seso, pero por otro, me sabría mal dejarla plantada, dejando además, muchas cosas clave en el tintero. He aquí que me haya decidido responder, y el título precisamente es una parábola a dichos interrogantes.

Para contextualizarnos mejor, nos remontamos a los tiempos convulsos de la reestructuración del régimen franquista, llamado comúnmente como «Transición a la democracia», allá por los años ’77 del siglo XX. En esa época, comenzó a resurgir la CNT una vez ya en la legalidad y poco a poco comenzó a asmoar la cabeza otra vez el movimiento obrero y junto a éste, el movimiento libertario. Sin embargo, no estaban exentos de divisiones internas y pronto las excisiones y el caso Scala terminó por desmoronar el movimiento. Represión, cárcel, terrorismo de Estado y torturas, eso fue la cara oculta de la historia reciente de este país que no sale en los libros. Tras haber neutralizado el movimiento obrero, la historia desde finales de los ’80 hasta hoy ha sido la historia de los partidos políticos. El pueblo había dejado de ser protagonista. En ese período el anarquismo continuó como movimiento marginal, con aires nostálgicos de aquel pasado glorioso del ’36. En los años ’90, comenzó a aparecer tendencias insurreccionalistas que pretendían romper con el inmovilismo de entonces, aunque a falta de hojas de ruta y estrategia política, acabaron desentendiéndose del resto de las luchas y terminando por caer en mera literatura incendiaria. La crisis del anarquismo se hizo patente en ese momento, y se notó cuando estalló la crisis allá por el 2008 por una ausencia casi total de respuestas sociales desde el anarquismo.

Pero llegó el 15M y de allí, el punto de inflexión Si bien el 15M no supuso un impulso real al movimiento libertario, sí que preparó el terreno para la escalada de la movilización social y a la vez, en ese momento se visibilizó la inoperancia del anarquismo en general en el Estado español. Una de las mayores limitaciones dentro del movimiento libertario fue la incapacidad para transmitir nuestros mensajes al resto de la sociedad, concretamente, a gran parte de la clase trabajadora. Junto a ello, la falta de proyectos políticos y económicos claros unido al hermetismo del propio movimiento que llevamos arrastrando desde que se desmoronó tras el Caso Scala, hace del anarquismo algo opaco al resto de la sociedad, una suerte de utopía para soñadores incansables. Estos factores pueden tener raíz en la propia esencia del anarquismo: la diversidad. El anarquismo tiene multitud de interpretaciones, y hay ocasiones en que la diversidad degenera en atomización, que es la fragmentación de las ideas anarquistas en átomos en los cuales cada individuo se forja su propia concepción y se cierra en su burbuja. Por otro lado, la diversidad puede ser un punto fuerte. Para que fuese así, esta diversidad debería ser dialéctica y dinámica, que supere los viejos esquemas siguiendo el método científico y se adapte a las coyunturas donde se dan; una diversidad que admita la unidad teórica entre la diversidad de opiniones y se construya socialmente.

De la diversidad surgieron también diversas corrientes o tendencias dentro del mismo anarquismo. Así pues, podemos distinguir aquellas relativas a la finalidad: anarquismo individualista, mutualismo, colectivismo y comunismo libertario. De las cuales, han bebido las corrientes relativas a la forma organizativa o medios empleados: insurreccionalismo/anarconihilismo, anarcosindicalismo, anarquismo social, etc. Como tratar de detallar cada tendencia daría para escribir muchos artículos, voy a centrarme en aquellos relativos a la praxis inmediata que están más de actualidad y más determinante para los tiempos que corren. Aquí no trataré sobre las corrientes finalistas.

Comenzando con el insurreccionalismo, hemos de señalar que no es una tendencia exclusiva del anarquismo, sino que también puede ser del marxismo revolucionario. El insurreccionalismo no es más que un método que pretende transformar la realidad presente a través de la revuelta y con un claro discurso que apunta a la realización de un fin revolucionario en lo inmediato. Obviamente, esto tiene una gran limitación y viene dado por la omisión de dos importantes factores que determinan la posibilidad de creación y avance de un movimiento revolucionario: las comunidades en lucha y la acumulación de fuerzas. Si bien el insurreccionalismo podría ser una salida al estancamiento, si se desentiende de las problemáticas sociales y de sus procesos de movilización perdiendo así unas posibles bases que amplíen al movimiento, estará abocado al fracaso. Así lo demuestra, por ejemplo, la diferencia entre el anarquismo insurreccionalista griego y el ibérico, por mencionar las más destacadas. Resulta irónico que ciertos insurreccionalistas critiquen la idea de comunidad y de acción colectiva, cuando realmente, las tendencias insurreccionalistas que podrían tener posibilidades de ser actor revolucionario de cambio, son las que han sabido conectar con los problemas sociales inmediatos y crear comunidades. Exarchia, conocido barrio ateniense tomado por anarquistas, no está formado única y exclusivamente por anarquistas, sino también por numerosas personas que ven la autoorganización y la autogestión como alternativas factibles al sistema capitalista. Incluso la pequeña victoria arrancada por Nikos Romanós al ponerse en huelga de hambre, ha sido también gracias a las redes de apoyo y a la solidaridad del tejido social creado en Atenas (y también del resto del mundo), cosa que sin ella, no habría podido llegar hasta este punto y poder aspirar a victorias mayores. En resumen, el insurreccionalismo no tendrá éxito si no es capaz de conectar con la problemática social inmediata ni crear la base social que articule el movimiento. De hecho, es gracias a esa base social la que otorga contenido político y sentido a las luchas.

Hablando del anarcosindicalismo, aunque en el primer tercio del s. XX en el Estado español el anarcosindicalismo haya podido ser una fuerza mayoritaria, hoy no tiene mucha influencia en el panorama laboral, incluso entre el sector de la clase trabajadora sindicada. La principal limitación es su propia naturaleza de ámbito específico: el laboral. El anarcosindicalismo sirve como herramienta para la organización de la clase trabajadora, al margen de su ideología política, en los centros de trabajo en la coyuntura del sistema capitalista. En este sentido, a través del anarcosindicalismo se pretende articular una organización de clase que permita responder a las agresiones de la patronal, y que a su vez, sirva como punto de partida para la concienciación de la clase trabajadora, demostrando además, que mediante la acción directa podemos resolver los conflictos a nuestro favor y defender nuestros intereses inmediatos No obstante, el propio sindicalismo no va más allá de las luchas económicas al ser de ámbito específico y sectorial. Otro problema del anarcosindicalismo, al menos en el Estado español, ha sido la sobreideologización que ha obstaculizado y ha ocasionado que, en algunos casos, ciertos anarcosindicatos (no voy a tratar aquí ninguna sigla en concreto) se conviertan en ghettos y no en herramientas funcionales. Esto puede ser debido, en parte, a la influencia de lo que se podría llamar «anarquismo oficial», aquella corriente nostálgica con los años ’30 y que no supo conectar con la realidad social debido a la falta de análisis rigurosos y centrado únicamente en la pureza ideológica más que en una visión estratégica y de articulación de movimiento. En resumidas cuentas, el anarcosindicalismo debería, ahora más que nunca, constituir la alternativa real al sindicalismo de concertación y volver a impulsar el movimiento obrero de carácter autónomo.

Por último, no cerraría este artículo sin analizar el anarquismo social, de reciente importación al Estado español. La entrada de esta corriente supuso un soplo de aire fresco y una posibilidad real de salir del estancamiento y del estado languideciente del anarquismo actual en este país, para volver a levantar un movimiento libertario con capacidad para impulsar las luchas sociales a través de la organización popular. Otro punto importante a tener en cuenta es la necesidad de articular un movimiento libertario multisectorial, que conecten todas las luchas, tales como en el ámbito laboral-estudiantil, a nivel de barrio, comunitario y territorial, y a nivel político-ideológico. Posiblemente, la limitación residiría en la falta de tejido social en gran parte de la población de la península, tejido social que se perdió en el franquismo y por la «cultura de la Transición«. Aunque en estos últimos años, la movilización social ha ido in crescendo y, a falta de actores políticos revolucionarios que actúen fuera de las instituciones, podrían acaban como extensiones de partidos como Podemos y terminar vaciando las calles.

En general, al menos actualmente en el Estado español, al anarquismo le faltan proyectos políticos más concretos que apunten a finalidades cercanas nuestro alcance, que permitan el avance de las luchas inmediatas fortaleciendo la organización popular en vez de apuntar a la vía institucional y crear alternativas las cuales sean el propio pueblo trabajador y las clases oprimidas quienes sean los y las protagonistas. Una de las limitaciones son las pocas herramientas de análisis de coyuntura que tenemos, cosa que sí tiene el marxismo de los cuales nos podemos inspirar, y que nos permita conocer rigurosamente las distintas fuerzas políticas y sociales en el escenario político y determinar las estrategias adecuadas para impulsar la transformación radical de la sociedad. A pesar de todo, las experiencias históricas en las cuales se pudo materializar el anarquismo, así como las experiencias en Rojava, demuestran que es la única vía para la emancipación social y superar el sistema capitalista.

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