Jorge de Distrito-14: No vamos a dar dinero a un policía que se dedica a desahuciar familias

Jorge es miembro de Distrito-14, un colectivo de jovenes militantes en Moratalaz que se enfrenta a 7 meses de prisión por un montaje policial al intentar parar el desahucio de una mujer y su bebé. Aprovechando la charla que iba a dar Jorge en Mallorca le propuse una entrevista para conocer mejor su caso, a Distrito-14 y su trabajo. En lo primero que me fijo es que lleva una camiseta en la que se lee «Ama a tu barrio, odia a Cifuentes» y creo que es la mejor definición de como es Distrito-14. Nos vamos a una sala más apartada y pongo en marcha la grabadora del móvil como si fuera un policía.

Podrías hacenos un resumen del caso desde el principio?

Había un desahucio en Vallecas y acudimos, al principio no había policía. Luego llegó una patrulla que quiso entrar y no pudo, nos identifico a varias personas, pidieron más refuerzos y como suelen hacer llevaron a cabo el desalojo de forma violenta. Hirieron a varias personas y varios policías fueron denunciados también, están aún pendientes de un juicio.

Al día siguiente es cuando me llama la policía a mi teléfono y me comunica que estoy imputado por un delito de lesiones y de atentado a la autoridad. Al año nos llega la petición de fiscalía y nos piden un año de prisión y una indemnización de 2400 euros y una multa. El Juicio se celebra en febrero de este año, salimos bastante contentos, porque la policía no puede demostrar nada salvo la palabra del que me acusa, de que lo que dice es verdad. El lleva cuatro testigos y ninguno puede afirmar que viera nada, la perito forense no pudo afirmar que las lesiones que presentaba el policía se correspondieran con lo que decía. La sentencia llega al mes siguiente, en marzo, me condenan a 7 meses 1200 euros de indemnización y una multa de 90 euros.

Recurrimos a la Audiencia Provincial de Madrid, nos rechazan el recurso, recurrimos al Supremo y en septiembre de esta año nos comunican que no se ha admitido el recurso y acudimos al juzgado a comunicar que no vamos a pagar la indemnización y ahora mismo a nivel judicial estamos pendientes de que nos llegue la carta de ingreso a prisión que seguramente será antes de finales de año pero no sabemos exactamente cuando llegará. Cuando nos llegue tendré 10 días para ingresar en prisión.

Como estáis llevando tu y tu entorno que puedas entrar a la cárcel en cualquier momento?

A nivel político en cuanto salió la fecha del juicio empezamos a preparar la campaña de difusión y practicamente cada semana llevábamos a cabo algún tipo de acción, no solo a nivel de redes sociales sino en el barrio, pintadas, carteles, en los conciertos de algunas fiestas se sacaron pancartas y se leyó el comunicado para explicar el caso, recabando apoyos y dando charlas donde podemos para explicar un poco el caso y que se conozca.

Luego personalmente está siendo duro por todo lo que conlleva, por la incertidumbre de no saber cuando vas a ingresar. Con tus amigos igual, saben que un amigo suyo se va a pasar 7 meses en prisión, la familia igual, a mis padres a pesar de que todo esto les sobrepasa, está la tensión que genera el no saber cuando tu hijo va a entrar en prisión, lo que va a pasar dentro, lo que va a pasar despues, un poco eso.

Porque decidisteis no pagar la multa?

Yo lo he tenido claro desde el principio de que no iba a pagar la indemnización al policía, en primer lugar porque yo no hice lo que el dice, en segundo lugar porque no vamos a dar dinero a un policía que se dedica a desahuciar familias y mentir, en tercer lugar para poner de relieve que sigue habiendo desahucios y por otro lado porque sigue habiendo montages policiales y que con la palabra de uno solo me puede condenar a mi o como ha pasado en muchas otras ocasiones a prisión por su actividad política.

Os he buscado por internet y he visto que en Distrito 14 habéis repartido comida a la gente que lo necesitaba y que ultimamente habéis puesto en marcha una campaña contra las casas de apuestas. ¿A que más os dedicáis?

El banco de alimentos lo montamos a nivel de nuestro barrio en 2013 cuando empezamos más o menos, estuvimos durante dos años y pico hasta que se independizó de tal manera que pueda funcionar autonomamente con las personas autogestinandose, a día de hoy sigue funcionando con decenas de familias que siguen consiguiendo de manera autogestionada la comida que no pueden conseguir por curros precarios o por falta de trabajo.

Ahora mismo estamos centrados en la campaña de casas de apuestas que en Moratalaz han subido un 66% en los últimos años, también con las inmobiliarias con el tema de la subida del alquiler y la especulación haciendo acciones contra ellas para visibilizarlo y en las dos nos estamos encontrando con bastante apoyo vecinal, incluso con gente que no comparte nuestra ideologia. A nivel Madrid participamos en tema antifascismo, compartimos espacio con la Coordinadora Antifascista de Madrid y participamos en el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, creado recientemente con el tema de Valtonyc y se ha hecho más grande para recabar más casos represivos y acudir a todas las movilizaciones de STOP desahucios y de la vivienda.

Algún consejo para la gente que quiera sacar adelante un proyecto parecido a Distrito-14?

En primer lugar yo creo que lo básico es conocer un poco a la gente de tu barrio y sus problemas, muchas veces nos pensamos que los problemas de la gente del barrio son unos y luego en realidad son otros. No son los de las redes sociales, lo que ves en Twitter no son los problemas que realmente tiene tu gente. Nosotros a raíz de la huelga general que es cuando nos creamos vimos los precarios, la gente estaba hasta las narices de que si no tienes curro no tienes para darle de comer a tu familia, no tienes dinero para pagar el alquiler o la hipoteca, entonces los básico es conocer a la gente de tu barrio. En nuestro caso jóvenes porque eramos un colectivo juvenil, que tengan ese tipo de inquietudes y también es importante tener un lugar de reunión, nosotros estamos en una sucursal de Bankia que lleva okupada hace tres años. Antes estábamos en un colegio que llevaba mucho tiempo okupado del que nos desalojaron también. Es importante tener un lugar donde reunirte, porque te da mas seguridad, te da la opción de poder guardar material para pancartas, carteles, etc y sobretodo estar muy presentes a nivel de calle, que la gente vea que hay un colectivo que trabaja, que hace acciones y que intenta concienciar.

No apartarse, no formar un gueto, hacer visible que tenemos unas ideas y que no nos escondemos.

Como te definirías ideologicamente?

Bueno, es una buena pregunta. Yo creo que al final estas durante toda a vida formandote y que decir yo soy tal es un poco así. Yo soy más anarquista o tengo esas ideas pero también trabajo con gente comunista. Yo ahora estoy en una posición en la que si compartes unos mínimos podemos trabajar. No estamos en un punto en el que podamos ponernos tan puristas de decir como tu eres tal no. Anarquista, pero no soy sectario.

Ideológicamente, como es Distrito-14? Tiene ideología?

Tiene ideologia pero no se define en cuanto anarquismo, comunismo o otras ramas ideológicas en ese sentido. Compartimos unos mínimosanticapitalismo, antifascismo y feminismo. A partir de ahí nos organizamos porque creemos que es importante visibilizar esos tres bloques porque al final son los que nos condicionan en todos los niveles de nuestra vida. Creemos que debe ser amplio y como comentaba antes no estamos para ponernos puristas para decir que preferimos ser 3 y pensar todos iguales a ser 40, compartir unos mínimos y trabajar sin problema.

Habéis sido víctimas de otros casos de represion?

Nos ha denunciado el Hogar Social, nos acusaron de haber atacado la caseta de Ciudadanos, que esta aun pendiente de juicio pero es algo que no tiene ningún recorrido. Hemos sido detenidos en varios desahucios, en la mayoría nos han absuelto aunque todavía hay algún compañero que esta esperando un juicio por un desahucio. Pero sobretodo tema fascismo y desahucios, la mayoría van por esa linea.

Que relación tenéis con otros colectivos de Moratalaz y Madrid en general?

En nuestro barrio esta un poco parada la cosa pero también hay otro colectivo, Moratalaz Despiesta que es otro colectivo que se creo hace un par de años, tenemos relación con ellos y compartimos espacio. A nivel colectivo no solemos trabajar ya que es otro tipo de lucha que hacen y otro tipo de lucha además de la diferencia generacional, no compartimos mismas acciones pero si hay que juntarse para cualquier historia nos juntamos.
A nivel Madrid, estábamos en la Coordinadora Antifa de Madrid, pero seguimos colaborando, con el Movimiento Antirrepresivo de Madrid que quiere llevar los casos antirrepresivos de Madrid.

Que relación tenéis con los vecinos? Habéis tenido algún problema? Que ta ha sido la respuesta de los vecinos?

Moratalaz al final es un barrio de 100 000 personas y hay un poco de todo. Hay gente que nos tiene en muy alta estima,hay gente que nos odia pero al final en un barrio tan grande es lo normal. Lo mas llamativo es que por ejemplo con las casas de apuestas gente que practicamente es del signo contrario, gente de derechas y liberales nos felicitaban por la acción. Porque es algo muy llamativo que se ve, que las casas de apuestas están saliendo como setas que lo que hacen es chupar el dinero a la clase trabajadora haciendoles creer que van a mejorar su futuro jugándose su dinero. Nos han llegado bastantes apoyos a nivel de calle y por las redes sociales.

Con el vecindario hay de todo desde apoyo, a gente de derechas que por muy justas que sean tus causas no comparten ni las formas ni el fondo.

Enlaces del mes: Abril 2016

Estupendo artículo que analiza si realmente nuestra postura como militantes de izquierdas es verdaderamente decidida de manera autónoma con unas líneas claras sobre la lucha de clases y las alternativas al capitalismo, o si por el contrario empleamos nuestro esfuerzo en generar movimientos autorreferenciales que apuntalan mejor el sistema social del capital. ¿Por qué ha fallado la izquierda a la hora de oponer resistencia al neoliberalismo?
 
El pasado 2 de abril tuvo lugar en la barriada obrera de Orcasur, Madrid, un encuentro estatal con la presencia de más de un centenar de personas, todas ellas militantes políticas, que fundaron las bases de un nuevo frente anticapitalista y de clase. Se sucedieron debates sobre el texto programático, al que se propusieron diversas enmiendas, además de acordar la organización y resoluciones políticas durante una larga jornada de más de 10 horas.
Enric Durán es un activista político y social que en 2008 anunció que, como parte de una acción política, estafó cerca de medio millón de euros a diferentes entidades financieras. En esta entrevista nos relata su posicionamiento crítico sobre las filtraciones de los famosos «Papeles de Panamá», en los que no aparece ningún afectado alemán o estadounidense, ni las grandes corporaciones de datos. Esto parece indicar que las filtraciones de documentos como estos, son más bien herramientas de ataque de los propios lobbies empresariales con los Estados.  
 
La propuesta de reforma laboral del gobierno de Valls en Francia ha provocado una inesperada respuesta que recuerdan a los tiempos de los orígenes del 15M en España. Así nace #NuitDebout, que está generando una nueva ola de protestas que van más allá del rechazo de la propuesta de reforma laboral. Durante este mes, ha habido diversos enfrentamientos con la policía además de duras cargas y detenciones, discrepancias entre posturas acerca de la violencia, asambleas masivas y multitud de propuestas con la idea de atajar los problemas sociales concretos y aspirar a la confluencia de los movimientos sociales. Veremos hasta dónde puede llegar este movimiento.
¿Recordáis cuando la PAH salía en los primeros minutos de los telediarios de las principales cadenas de televisión del país? Hace unos años, se puso sobre el escenario público el gran problema de los desahucios. Las escenas de ,personas solidarias atrincheradas en los portales para evitar el desahucio, las ocupaciones temporales de oficinas bancaras y luego su correspondiente decoración con pegatinas de STOP Desahucios, eran casi diarias en las ciudades del territorio español. Hoy, la cosa ha cambiado bastante, pero ¿por qué? Aquí nos lo explican.
Uno de los detenidos por la anterior Operación Pandora, cuyo nombre es Quim Gimeno, sufrió un intento de soborno por parte de la policía para hacerle confidente. Se le ofrecía unos 200€ como parte fija y un plus que varía según la calidad de información que Quim supuestamente daría a la policía. «Captarás información del entorno de los Casales del Poble Sec«, esa era la misión que la policía le quería encomendar al militante de Embat. Ante esta situación, Quim ha sabido darle la vuelta a la tortilla haciendo público esta jugada de la «seguridad del Estado».
En EEUU la adicción a la heroína está en auge y se considera casi una epidemia que azota a todas las capas de la población blanca del país. En la ciudad de Dayton es donde se registran los índices de muertes por sobredosis más altos del país. Unos estudios apuntan a que uno de los posibles motivos de esta epidemia podría estar en cierta medicación opioide que recetaban los médicos. Otro dato interesante es que la población negra no sufre esta epidemia, ya la sufrieron décadas atrás y aprendieron la lección. Ahora, la drogadicción no es sinónimo de ghettos pobres de población negra.

El barrio y la organización popular

Cuando hablamos de lucha y organización de los trabajadores, nos solemos centrar en imaginarla en los centros de trabajo y en el local sindical. Sin embargo, aunque pienso que no se olvida, sí creo que se suele dejar un poco de lado del esquema el barrio y toda su amplia problemática social y vivencial del trabajador.

Este trabajo barrial de organización y capacitación del pueblo fue impulsado en otro tiempo por los afiliados a los sindicatos (por ejemplo en los años 30 con las organizaciones de inquilinos) y generalmente en forma de ateneos donde se trabajaban todas las temáticas que influyeran en la vida obrera. En la Transición este espacio lo recogieron las asociaciones de vecinos y, de forma efímera, los ateneos libertarios.

En la actualidad, con la pérdida de influencia de las asociaciones de vecinos, y la irrupción del 15-M (con su extensión en los barrios), esta última impulsó toda una serie de respuestas ante la necesidad de resolver unos problemas propios de la gente y de convivencia en el barrio: vivienda, empleo, alimentación, salud, cultura, educación, transporte…

De esta ebullición nacieron los grupos de la PAH, una reactivación de las asambleas de parados, redes de cooperativas sociales, las mareas de los servicios públicos y en ciertos barrios oficinas o redes de apoyo mutuo.

Pasada la efervescencia social, los proyectos en los barrios continúan en muchos casos de forma aislada unos de otros, es por eso que se hace necesaria una convergencia de los proyectos, en dirección a una organización popular que aglutine en sí misma estas iniciativas, de cara a formar un referente físico en el barrio. Lo que suma de este proceso es el poder capacitar a los participantes en una proyección barrial-local de forma global, en tanto que responde a las problemáticas de la gente en el barrio. Además, esta respuesta se enmarca en las necesidades básicas (alimentación, vivencia, trabajo, educación, cultura, transporte…).

Son muchos años ya los que hemos mamado por el sistema capitalista la idea de que los problemas colectivos hay que enfrentarlos de forma individualizada. Hay que señalar, por tanto, la importancia que tiene el estar unidos frente a lo que nos afecta en lo cotidiano, ya que genera unas prácticas sociales que fortalecen las relaciones con nuestros vecinos. Porque con ello avanzamos en la formación de un movimiento social que construye nuevas relaciones interpersonales y que configura una sociedad solidaria y contraria al sistema de valores capitalista. Un ejemplo actual es el desarrollo de la lucha emprendida por el barrio burgalés de Gamonal.

Otro efecto de la ideología individualista dominante es la ruptura de ese apoyo mutuo de barrio que vivieron nuestros abuelos y padres, lo que genera un efecto de dejación ante el devenir de la vida de nuestros vecinos que es suplantado por la caridad. Una práctica que es promovida por el Estado y las grandes fortunas en colaboración con las organizaciones de la Iglesia. La caridad, por tanto, se torna paternalista e humillante al ejercerse verticalmente y desde arriba, mientras que la solidaridad se practica de forma horizontal e implica apoyo mutuo. Por eso, un barrio en donde sus vecinos son conscientes de la cuestión social que viven y generan herramientas con las que apoyarse unos a otros, es un barrio vivo que es capaz de hacer frente a las desigualdades que le impone el sistema capitalista.

Concluyendo, para pensar hoy la organización popular en el barrio es necesario pensar cómo coordinar y aglutinar distintos proyectos sociales o fomentarlos en cada barrio, así como federarlos a toda la localidad. Pensar cómo tener un referente físico y una estructura de clase que sea capaz de empoderar las fuerzas vivas en cada barrio y que responda a las necesidades básicas de los trabajadores (alimentación, vivienda, trabajo, educación, cultura, ocio…) con proyección barrial y municipal.

Julio F.

Contra la PAH: Sobre la falsa moralidad burguesa

A raíz de los acontecimientos recientes, en los que se ha visto a los adalides de la legalidad soltando soflamas y sofismas contra la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), todas tan burdas como intentar asociar el escrache que ha venido desarrollando en las últimas semanas contra diversas personalidades políticas con lo acaecido con los nazis y su persecución sistemática a los judíos (he aquí el nivel político de la reacción) o, no menos absurdo e insultante, inventarse no se sabe muy bien qué vínculos con el entorno de ETA, táctica retórica que tan buenos resultados le ha dado siempre a unos y a otros, he decidido escribir este pequeño texto que espero sirva para hacer denotar al lector el fariseísmo de los que profieren tales exabruptos. Esta actitud desacreditadora la podemos ver plasmada en los dos partidos que pugnan por conseguir el voto derechista, incluyendo aquí al progresismo, a saber: UPyD y PP; personificado, a su vez, en algunos de sus miembros más ilustres: Rosa Díez, por el lado del primero, a la que le ha gustado siempre de las asociaciones lógicas ETA-nazismo, y la conocida represora Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno de España en Madrid, que representaba, no hace tantos años, el sector más liberal del PP, y que ahora vemos como lo que acaba por ser todo sujeto que se acerca siquiera un rumor al poder: un opresor, antes potencial, ahora fáctico. Sus deplorables declaraciones son conocidas por todos, así como sus intenciones desestabilizadoras, por lo que pasaré a otro aspecto que yace en el trasfondo del asunto y que creo que se está obviando.

 No es casualidad que justo ahora que los movimientos sociales se están radicalizando, aunque sea con liviandad, al ver lo falaz de la democracia burguesa y mercantil, los reaccionarios se guarden asustados bajo las mismas faldas, arguyendo continuamente y dirigiendo el debate hacia dos principios morales que creen, a todas luces, absolutos: El primero de estos dogmas de fe bebe directamente del cristianismo, y de hecho está recogido en los textos bíblicos, concretamente en Mateo 7:12, y dice así: ‘’Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley (…)’’. Fórmula coloquial que, a buen seguro, todos reconocemos bajo el siguiente aspecto: ‘’No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti’’. Son por lo menos tres las ocasiones en las que, en distintos debates televisivos, me he topado con esta cantinela cristiana, convertida en tótem moralizador para todo el mundo. De otro lado, y como anverso liberal, está la también conocida máxima moderna según la cual ‘’Mi libertad –la de todos– termina donde empieza la del otro’’; que el anarquismo recoge y potencia hasta los límites del infinito del ser humano.

A priori, ambas sentencias morales parecen no sólo deseables para todos los hombres, sino el súmmum de todo pensamiento que persiga unos fines mínimamente humanos. Dudo que haya alguien que no se halle atraído de una forma u otra por estos dos asertos. Incluso yo, que voy a intentar desentrañarlos como enunciados contraproducentes y falaces, me asombro por las vibraciones positivas que levantan en mí, aun cuando provengan de bocas y mentes de lo más aviesas y retrógradas. Y es que estos argumentos han sido usados por los sectores más conservadores desde hace, me atrevería a decir, cientos de años. De hecho, al empezar a bosquejar este escrito en la imaginación, me vinieron a la cabeza unas cuartillas escritas por el anarquista Antonio Faciabén, y que recoge Xavier Díez en su magnífico libro El anarquismo individualista en España [1], que tratan precisamente sobre estas leyes morales absolutas, particularmente de la primera, pero que sin duda puede extenderse a la segunda; en éstas, como digo, Faciabén afirma lo siguiente:

«Esta máxima, que parece encerrar la suprema ley moral, que todos deberían acatar para establecer la verdadera armonía de las relaciones humanas, si bien reflexiona, no es más que uno de tantos sofismas que existen en la sociedad autoritaria, tan apegada a las frases huecas y a la petulancia. Tendría algún valor ese postulado en una sociedad igualitaria, en la que todos se hallasen con las mismas facilidades externas para vivir y prosperar (…)».

En este breve fragmento, tomado de consideraciones más amplias, el autor sentencia, muy acertadamente, que toda la letanía moralizante por la que la burguesía ha optado, más cercana a la moralina barata, tendría alguna razón en una sociedad erigida en principios libertarios e igualitarios, pero no así en una autoritaria, asentada en principios mercantiles y cosificadores de la vida humana. En efecto, poco sentido tiene para el individuo que se ve abocado a la pobreza más miserable a causa de la insolidaridad y la falta de ética de unos cuantos, el respetar las convenciones que precisamente esa minoría parasitaria del esfuerzo individual del trabajador ha consolidado como evangelio. Han hecho de sus intereses particulares derecho y ley, perjudicando así a la mayoría.  Es más, puedo afirmar, pues no hace mucho yo mismo fui uno de ellos, un retrógrado, que estas ideas de igualdad ni siquiera asoman por su mente. La legalidad vigente les ha vuelto ciegos y mecánicos, haciendo tábula rasa con toda persona que se sale de sus cuentas economicistas, de sus parámetros, pasan a despreciar cualquier valor humano basado en la fraternidad y en la solidaridad. La libertad sin igualdad es una entelequia. ¿Con qué cara podría yo decirle al mendigo que duerme en frente del Palacio de Liria –el ejemplo no es casual, es real– que no asalte o se sienta violento para con los ricachones que podrían alimentar con sus sobras a miles de individuos? ¿Cómo se le podría decir a este compañero que ‘’Su libertad termina donde la del otro’’ o que ‘’No haga a los demás lo que no quiera que le hagan a él’’? Vergüenza me da este hecho del que me considero cómplice directo, no así que los hijos de un dirigente popular lloren por un escrache.

 Han tomado la educación y los medios de comunicación y con estos, la conciencia de la población, dándole la vuelta a la ética. Ya no son los insolidarios que acaparan toda la riqueza humana, aquellos que con su avaricia evitan la fortuna de otros, los que se deben sentir apesadumbrados por su actuar; no, ahora son los pobres, los desahuciados, los que no tienen nada que perder pero sí mucho que ganar, los que al parecer deben pedir disculpas por acciones que no llegan ni a lo que se merecen todos estos arribistas modernos. Hemos llegado a un punto totalmente kafkiano.

En definitiva, para no extenderme mucho más, finalizaré con una cita de Bakunin, la cual se ajusta a lo que quiero expresar en este texto: «No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres». Por tanto, no se debe aceptar ninguna moral –que no ética– hasta llegar a la mayor igualdad posible de todos los hombres, que no es sino la consecución de la libertad definitiva, máxima aspiración histórica de todo ser humano.

[1] DÍEZ, Xavier. El anarquismo individualista en España (1923-1938) (pg. 196-197)

Vía institucional, falsas ilusiones y organización popular

Eduardo Pérez

 “A los jóvenes del 15-M: fundad un partido y nosotros os lo financiaremos para que seáis como el resto” (El Roto)

De un tiempo a esta parte, se vienen repitiendo en algunos ámbitos de los movimientos sociales de izquierda análisis que propugnan, de una forma u otra, dar el salto hacia la política institucional. Por otro lado, la socialdemocracia clásica (IU y sus variantes) redobla su discurso, ya conocido, de intentar cooptar a estos movimientos sociales. Mientras que los intentos de IU, presa del recelo que despierta su papel histórico y su estructura interna, por el momento no han tenido mucho éxito, Catalunya ha sido el espacio de experimentación del autodenominado “caballo de Troya” en las instituciones del régimen. Características específicas de Catalunya, como el auge autodeterminista y la “necesidad de posicionarse en un momento histórico”, así como la habilidad por parte del independentismo de izquierda para abrirse a sectores de los movimientos sociales de los que ya formaba parte, con una práctica más horizontal que la acostumbrada por las verticales estructuras partidistas, ha favorecido que el “salto” se haya producido allí antes que en otro territorio.

Es probable que entre los activistas que defienden la participación institucional podamos encontrar personas ávidas de poder, fama o simplemente un sueldo digno, cuestiones que el ingrato activismo de base desde luego no garantiza. Sin embargo, para entender este cambio de discurso en unos movimientos sociales que tradicionalmente rechazaban o al menos ignoraban la participación en los órganos políticos del régimen, no basta con reduccionismos simplistas sino que hay que referirse a la situación política que se vive en el Estado español.

En primer lugar, ésta se caracteriza por una clase política, capitaneada por el bipartidista PPSOE, muy deslegitimada por su papel de gestora del huracán neoliberal en que nos ha sumido la dinámica del capitalismo global. No parece probable que a corto plazo éstos puedan ser sustituidos por partidos satélites como IU y UPyD, que por diversas circunstancias están lejos de alcanzar a sus hermanos mayores y desde luego no prometen nada especialmente diferente. La clase política o partitocracia nunca ha sido muy popular, manteniéndose sin problemas debido a la falta de alternativas y el sentimiento del “mal menor” en uno u otro sentido del espectro ideológico, pero ahora vive una de sus horas más bajas.

En segundo lugar, el proceso de movilización, tanto del 15-M como en sus repeticiones más o menos periódicas, como en la resistencia a las políticas neoliberales de saqueo generalizado impuestas primero por José Luis Rodríguez Zapatero y después por Mariano Rajoy, ha logrado escasas victorias.

Considerando ambas circunstancias, el razonamiento para entrar en las instituciones políticas del régimen puede argumentar fácilmente dos cuestiones. Primero, “si no nos representan, busquemos una nueva representación”. Segundo, “si no nos hacen caso en la calle, intentémoslo en las instituciones”.

“Una nueva representación”

Siempre quedó la duda de a qué se referían los millones de personas que en mayo-junio de 2011 gritaban “No nos representan”. ¿Quién no nos representa? Si son los políticos actuales, se pueden buscar otros que actúen de otra manera. Si es el sistema político

como tal, no hacemos nada ahí dentro. Quienes abogan por la participación institucional parecen inclinarse por la primera respuesta y, según versiones, proponen una entrada en las instituciones pero teniendo en cuenta consideraciones como la necesidad de una base asamblearia y participativa, con representantes obligados a respetar las decisiones desde abajo, etc.

El problema con este argumento es que considera al Estado como un órgano neutro, el cual puede virar hacia un lado u otro teniendo en cuenta la voluntad de quien ocupa sus cargos. Es un razonamiento sin base histórica y completamente utópico, que se olvida de que todas las formaciones que han intentado hacerse con el Estado han mutado de forma más o menos rápida, independientemente de su radicalidad inicial, y se han convertido en engranajes del Estado capitalista, llamado así precisamente porque sirve a quien sirve. Quizá deberíamos repasar la historia de movimientos sociales mucho más potentes y radicales que los nuestros que, tras la oleada de contestación de los ’60 y ’70 en distintos países, decidieron convertirse en “caballos de Troya”. Resultó que el caballo de Troya se lo habían metido a ellos. Lo mismo podemos decir de la socialdemocracia original: el PSOE, por extraño que parezca, no ha sido siempre este engendro capitalista, sino que en sus inicios tenía como objetivo conseguir una sociedad gestionada por los trabajadores. Pero buscaba hacerlo a través de las instituciones, y así ha acabado.

Además, es idealista (en el peor sentido de la palabra) pensar que el funcionamiento de unos cargos públicos puede someterse a los designios democráticos. Precisamente todo el entramado institucional español está diseñado para que funcione de forma antidemocrática, y los cargos públicos son absolutamente independientes de quienes les han colocado ahí con sus votos o con su trabajo de base. No son movimiento, son partitocracia. El Estado no es un centro social ni una asamblea en la Puerta del Sol, y no entiende ni de democracia, ni de participación ni de horizontalidad. La deformación total o parcial de la forma de funcionamiento que se defiende como justa es un riesgo que por lo menos deberían valorar quienes apuesten por la vía institucional.

“No nos hacen caso”

El segundo argumento es más comprensible. En efecto, el ciclo de movilizaciones 2011-2013 ha sido bastante potente en comparación con el período anterior. Los resultados de la movilización, del cansancio, los porrazos y las multas no son precisamente maravillosos. De hecho, cada vez estamos peor. Así que, ¿por qué no intentar entrar en las instituciones?

Responderé primero a la pregunta antes de adentrarme en nuestra falta de efectividad. Insistimos de nuevo en la memoria histórica, que no consiste sólo en saber a cuánta gente mató Franco sino en analizar el pasado para no repetir lo que no funciona. El mayor número de diputados y cargos públicos procedentes de los “movimientos sociales”, léase sindicatos, movimiento estudiantil y asociaciones vecinales de la época, se dio a principios de los ’80. Ésa fue precisamente la época conocida como “desencanto”, donde no sólo no se dio ningún auge en la conquista de derechos sino que se iniciaron los grandes vicios que hemos padecido durante 30 años: un sindicalismo burocratizado que más bien parece un ministerio y unas asociaciones vecinales esclerotizadas en su inmensa mayoría. Algo parecido ocurrió con otros movimientos populares de los ’60-‘70 como parte del ecologismo revolucionario alemán o, en Estados Unidos, con el Partido Panteras Negras. Este último caso fue especialmente curioso. Tras varios años despreciando la pugna electoral y estando en la punta de lanza

del movimiento revolucionario estadounidense, cayó bajo la represión. Después de ello, con el partido destrozado y derrotado, alcanzó sus mejores resultados electorales.

En cuanto a la falta de efectividad, primero hay que señalar que ésta no es absoluta. Las grandes mareas contra la privatización han conseguido en ocasiones frenar algunas medidas del saqueo. En el ámbito laboral, se han conseguido varias victorias defensivas en los últimos meses, tanto en sectores como la limpieza urbana como en otros como la informática. Mención aparte merecen la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y los grupos Stop Desahucios del 15M, que han conseguido situar en todas las portadas el derecho a la vivienda y sus reivindicaciones, además de dar soluciones prácticas a miles de familias.

Ahora bien, hay que reconocer que, en general, vamos perdiendo. Y de goleada. Pero ¿de verdad podíamos esperar otra cosa tras décadas de dependencia de una izquierda institucional que en realidad es derecha o es inoperativa? ¿con unos sindicatos mayoritarios que no se merecen ese nombre y asociaciones profesionales corporativas que siguen siendo demasiado necesarios para que echen a andar formas relativamente novedosas como las mareas? ¿con una izquierda radical en buena parte dedicada, durante años, a buscar conflictos en su interior y empeñada en organizar cinefórums o manifestaciones en solidaridad con el país más recóndito del planeta, sin hacer el menor caso a la guerra de clases desde arriba que estábamos viviendo? Lo extraño es que no estemos peor.

¿Qué hacemos entonces?

La solución no está en la vía institucional. Como dice Carlos Taibo, “pretender que desde esa atalaya, o desde alguna parecida, podemos salir de esto me parece más ingenuo y trabajoso que la apuesta por la vía autogestionaria. Es, más allá de ello, una garantía sólida de que acabaremos absorbidos por lo que queremos contestar”. La solución está en crear, con las bases de las que disponemos, un movimiento popular potente que esté en posición de agrupar a las víctimas del sistema tanto en el terreno de la producción como en el del consumo. Tenemos sindicatos combativos que avanzan poco a poco y han mejorado sus relaciones. Tenemos cooperativas, redes de consumo y financiación solidarios. Tenemos las PAHs y un 15M proletarizado en base a la lucha por la vivienda. Tenemos organizaciones como Juventud Sin Futuro que están entrando en la arena de la lucha contra la precariedad.

El reto es mejorar y unificar esas redes económicas de cooperación y autodefensa. Buscar un programa de avance que, con las tácticas adecuadas, nos permita defendernos de forma efectiva y acumular fuerzas. Consensuar el tipo de sociedad en el que queremos vivir, la democracia real en la que disfrutemos de propiedad común, igualdad y libertad organizada de abajo hacia arriba.