[Manifesto presentación] Bátega: Presente de loita, futuro en común.

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Raro é o día no que non escoitamos que o que temos que facer agora mesmo é estudar. Que cando teñamos a nosa propia casa e fillas xa mandaremos nas nosas vidas e nas delas. Que a familia é o primeiro e que os problemas da casa quedan na casa. Que se non atopamos traballo é porque non queremos e que nos pasamos o día pensando nos biosbardos e en que cadra o vindeiro festivo. Que temos que saír de festa a romper para esquecer a rutina porque esa é a diversión, o único xeito de pasar un bo rato. Que temos que competir e ser as mellores a costa das demais. Que é moi perigoso voltar soa pola noite. Que algo faría para que el me levantase a man. Que levo a saia moi curta ou moi longa. Que falando en galego non imos a ningures. Que que gracioso é o acento que temos e que á xente de fóra hai que falarlle en castelán e non ser maleducadas. Que aproveitemos que somos mozas para emprender, para explorar mundo. Que collamos as oportunidades que temos porque xa lles gustaría a moitas estar na nosa situación. Que non podemos queixarnos se temos un traballo e que somos novas, non precarias. Que se te gusta unha persoa tes que ir conquistala ou esperar a que te conquiste. Que o ciume é parte do amor. Que o sexo é violento e que tes que facer o que el queira: lamber, quedar quieta ou berrar, que tes que agardar a que pase rápido e ficar calada. Que tes que azoutar, forzar ou correrte na súa cara.

Fartas da apatía e da tristeza, é tempo de que a mocidade tomemos partido. Porque o que nos ofrecen con gravata ou camisola dende escanos é pedir e agardar, nós propomos tomar e facer. Sorrir e avanzar xuntas. Despoxarnos das obrigas e núcleos familiares, da precariedade, da emigración e da submisión. Do paternalismo ideolóxico ao que nos vemos sometidas. Desfacer as formas consumistas e controladoras de relacionarnos e divertirnos para coidarnos rachando co imposto. Aprender que, falar na lingua que escoitamos dende que somos cativas, non é algo polo que teñamos que sentir vergoña. Que formarnos e aproveitar as oportunidades non é illarnos do mundo, senón mellorar a realidade na que vivimos.

É preciso pasar á acción para defender as nosas vidas. A mocidade temos a necesidade de facer tremer o existente, nas nosas vilas e nos nosos barrios. Construamos alternativas en común para combater a miseria, levantemos comunidades e tomemos o que nos pertence. Ocupar, resistir e encher de ledicia é recuperar os nosos territorios. Unidas e organizadas podemos evitar que nos despidan, defendernos de agresores e repartir o traballo.

En Bátega, aquí e agora, pularemos por un movemento revolucionario dende o poder xuvenil. Apostaremos por construír o socialismo dende a base e o feminismo radical e de clase mentres defendemos a nosa terra. Lanzámonos adiante para constituír o proceso de formación da organización revolucionaria da mocidade galega. Impulsaremos coas nosas forzas mecanismos colectivos de emancipación, fortes e radicalmente democráticos. Temos claro que a mocidade debemos estar na vangarda, tomando a acción directa e a solidariedade como ferramentas de clase e empoderamento feminino. O materialismo dános a capacidade de análise, mais está nas nosas mans construírmos unha vida digna de ser vivida.

Presente de loita, futuro en común

 

La independencia catalana y la activación de un nuevo ciclo de movilizaciones

A dos semanas del 1O, todavía al parecer buena parte de la izquierda no tiene un posicionamiento claro respecto al Procés. Lamentablemente, hemos de reconocer que en el independentismo la burguesía catalana tiene bastante peso, pero quedarnos con la idea simplista de que, como suena burgués y nacionalista, apelemos al «ni Estado catalán ni Estado español», o a los principios, o a que no tiene nada de anarquista y por ello no nos posicionamos. Sin embargo, no es realista, sino una mera consigna para calmar conciencias y lo que buscamos es que seamos capaces de intervenir en la realidad material con propuestas políticas viables. La clave de la cuestión catalana no radica solamente en la independencia, sino en la apertura de una ventana de oportunidades para activar los movimientos sociales y saltar al escenario de la política del país. En otras palabras, disputarle a la burguesía el Procés. Por ello, aclaro aquí tres claves que considero imprescindibles para el papel que juguemos en esta coyuntura.

Primero, la activación de los movimientos sociales en Catalunya en torno a la cuestión catalana poniendo sobre la mesa no solo la independencia, sino también marcando las condiciones materiales sobre el proceso de independencia, estando en los debates y en las negociaciones de un nuevo marco, donde el movimiento popular sea reconocido como actor político legítimo de cara a la toma de decisiones que afecten a la política del futuro país en materias como: servicios públicos, transporte, remunicipalizaciones, vivienda, laboral, medio ambiente, energía… en clave soberanista popular.

Segundo, acentuar las contradicciones del Estado español que está reprimiendo con todo su aparato legal contra las instituciones catalanas y contra el pueblo catalán. Las políticas que están tomando el gobierno central contra Catalunya muestra su incapacidad para gestionar la situación y su cara más reaccionaria, dejando claro así que la democracia no llegó a España, y que es responsabilidad del movimiento popular defenderla, pero no el modelo parlamentario, sino la democracia directa de las asambleas populares.

Tercero, la profundización de la ruptura con el Régimen del ’78 debe servir como punto de partida para el debilitamiento de este modelo de Estado fascista, llamando así a la activación de los movimientos sociales en el resto del Estado español.

Estamos ante una coyuntura en la cual tenemos que aprovechar estas oportunidades para activar un nuevo ciclo de movilizaciones y escalar el conflicto. No puede ser que sigamos mirando el dedo cuando nos señalan la luna. No puede ser que obviemos la represión del Estado español. No puede ser que desaprovechemos otro ciclo de movilizaciones. No puede ser que nos importe más tener la conciencia tranquila y quedarse de brazos cruzados mientras vemos cómo aquí detienden alcaldes y concejales y cómo allanan imprenta tras imprenta, nave tras nave acosando a los y las trabajadoras que allí trabajen. No puede ser que a estas alturas sigamos tan miopes, cegados por los principios e incapaces de tener una visión estratégica al respecto.

Basta ya de tanta inoperancia. Queremos la ruptura con España, pero no queremos otro Estado igual que España. Por eso, también queremos solucionar los problemas que tenemos la clase trabajadora en el capitalismo, y para ello hay que trabajar en la creación de nuevos marcos en las materias mencionados anteriormente desde los sindicatos de clase, desde las asambleas de barrio y grupos de vivienda/sindicato de inquilinos, desde las organizaciones ecologistas, desde las organizaciones estudiantiles… y todas aquellas organizaciones del poder popular. Y nuestro papel aquí es articularlas y dotarlas de orientación política socialista libertaria organizándonos a nivel político.

Sé que es muchísimo trabajo por delante, pero si elegimos luchar, tenemos que creernos que la revolución social es posible y solo se materializará escalando los conflictos construyendo pueblo.

Visca Catalunya lliure!
Visca el poder popular i la sobiranía del poble!

El Referèndum de Catalunya como oportunidad de avanzar

Por @BlackSpartak

En estos días, con la aprobación de la convocatoria del Referendum de Autodeterminación y de las leyes de transición hacia la República Catalana – y su consiguiente impugnación automática por parte del Estado que ha utilizado todas sus palancas (Gobierno, Tribunal Constitucional, Fiscalía, Delegación de Gobierno, Guardia Civil) – se ha iniciado la precampaña del 1 de Octubre. Todos los medios de comunicación hablan de ello. Los cruces de acusaciones son continuos, igual que las maniobras de cada lado.

La militancia social y obrera (sea ésta libertaria, autónoma o comunista) llega a esta cita con pocas energías dado el vaciamiento de las calles en los últimos años. Por fortuna las luchas laborales (TMB, estibadores, aeropuerto, kellys, manteros, etc.) y las campañas vivienda/turismo están sirviendo para agitarlas, y esperemos que sea ésta una via creciente en los meses que vienen. Las necesidades materiales deben ser el centro de la actuación de la militancia.

Pero sería absurdo negar la realidad y dar la espalda al choque de trenes que está teniendo lugar en estos momentos en torno a la cuestión catalana. Las Instituciones catalanas están cortando sus vínculos con el estado español. Y éste se defiende de la manera más desastrosa posible, apagando el fuego con gasolina, a base de declaraciones desafortunadas y amenazas… y utilizando el fantasma de la represión. En Catalunya se corre el peligro real de una ocupación policial (militar me parecería un calificativo exagerado) que podría alcanzar un nivel similar al que padece Euskal Herria (doy por hecho que el estado meterá en vereda a los Mossos d’Esquadra; me sorprendería que no lo consiguieran) en unas pocas semanas, de seguir así las cosas.

Bien, y no solo ocurren estas cosas por arriba. A nivel de base la población, al menos la de las comarcas, ya hace tiempo que ha roto todo vinculo emocional con España. Para ellas, ésta ejemplifica todo lo malo: monarquia, autoritarismo, facherío, caspa… y la idea de la República Catalana viene a significar el progreso y la democracia. No hablo en absoluto de revoluciones, que conste, pero la población está en una fase de desafección que podrá llevar a la desobediencia civil. Ya lo podemos ver hoy mismo con la concentración espontánea en Valls contra los registros de la Guardia Civil en una imprenta y su repercusión en Tarragona haciendo ya una concentración delante del cuartel de los civilones.

La realidad social es que la clase media y la juventud catalanas están rompiendo (si no lo han hecho ya) con España. Solamente queda por definirse la clase trabajadora de los barrios obreros. En los barrios la independencia no nos quita el sueño. Nos quita el sueño no poder pagar el alquiler, no encontrar trabajo, la incertidumbre de nuestra pensión o tener unos servicios (sanidad, educación) cada día en peores condiciones. Por si fuera poco quien más ha hecho por machacar a la clase trabajadora ha sido la burguesía catalana, parte de la cual nos pide hoy su ayuda para lograr la independencia. Por otro lado sería ingenuo equiparar toda persona movilizada por el tema soberanista a burguesía. Habría dos millones de burgueses, entonces, cosa imposible. Hay un buen porcentaje obrero en las movilizaciones independentistas y sería lo suyo reconocer su participación en las movidas sociales (en la defensa del territorio, en las mareas, en las remunicipalizaciones o incluso en las huelgas generales) de muchos de sus militantes.

La desafección al régimen del 78 en Catalunya comenzó a finales de la década pasada. Tuvo una incidencia directa la crisis económica, que arruinó a parte de la clase media (en realidad una parte de la clase obrera que había ido “a más”). Es decir, que existen unas causas materiales latentes. Y sin embargo, la crisis está estallando por lo político y lo simbólico: la cuestión nacional. Posiblemente porque todo estallido en el eje social ha sido evitado por la aparición de la Nueva Izquierda y por la negativa de UGT y CCOO a convocar nuevas huelgas generales.

Bien, quizá tenemos que reconocer nuestra incapacidad de lograr un conflicto construido en torno a las causas materiales. Y en esto hay una razón que veo una y otra vez: la falta de organizaciones de masas que aglutinen las luchas materiales. No existe una gran organización popular o (movimiento de movimientos) que junte unas cuantas decenas de miles de personas en base a algunos puntos comunes. Es una debilidad estructural de la izquierda que provoca que llegado este momento histórico no tengamos fuerza propia y no podamos influir en los acontecimientos. El lugar de la izquierda revolucionaria es dentro de estas grandes organizaciones de masas. En vez de esto tenemos una atomización enorme de las luchas sociales y una segmentarización o especialización. Esto genera indirectamente un espíritu de competencia y no de unidad o solidaridad, que nos mantiene en la marginalidad.

Por otro lado, veo con vergüenza ajena el papel de la izquierda institucional (los Comunes, Iniciativa per Catalunya) jugando el rol de apagafuegos e intentando desactivar el conflicto (no lo olvidemos: el único conflicto con posibilidades que hay planteado contra el Régimen del 78). Y la izquierda revolucionaria va más o menos en este mismo sentido, salvo los grupos marxistas de liberación nacional, que lógicamente apoyan la ruptura de España. En tanto al papel de la CUP, éste ha sido el de radicalizar el Procés Soberanista, arrastrándolo hacia posturas más ambiciosas utilizando su fuerza parlamentaria y su presencia institucional. Durante un tiempo parecía que todo era un bluff, y que los dirigentes del Procés nunca se atreverían a llevar a cabo lo que afirmaban en los mítines.

Seamos claros, el Referendum del 1 de Octubre, no significa la independencia. Eso tardará años en darse, si se da. De celebrarse es posible que se pongan sobre la mesa nuevos debates como el del modelo de estado, el rol de las autonomías, el autoritarismo identitario español, etc. Entrar en estos debates significa una oportunidad para la izquierda revolucionaria. No por que vayan a concedernos minutos de televisión, si no porque por primera vez desde el 15M la población tendrá orejas atentas a su discurso. Y allí sí, podremos plantear las cuestiones materiales como eje central del conflicto.

En cuanto a qué ocurrirá si no se puede celebrar el referendum, yo veo dos posiblidades: o una escalada hacia enfrentamientos más serios (y violentos) que traería una semi-ocupación policial de Catalunya con controles de carreteres y un acoso constante, multas, destitución de ayuntamientos, algunas detenciones, etc. y el otro escenario sería el de la derrota. No nos autoengañemos, una derrota en Catalunya significa la desactivación de la militancia de una de las partes más dinámicas del estado. Y esto afectará de lleno a la lucha social en otros ámbitos (porque una derrota importante te envía a casa y no al colectivo de al lado). Igualmente tendrá repercusiones en otros territorios, de la misma forma que una contestación más amplia en Catalunya tendrá inevitable repercusión en el País Valencià, Baleares y Euskal Herria. Por ello necesitamos la multiplicación de conflictos y movilizaciones en este mes en todas partes.

Estamos aún lejos de cualquier revolución socialista y libertaria, pero estamos relativamente cerca de vivir una revolución democrática en un territorio europeo. Nuestra tarea de revolucionarias es contribuir a que se dé, o, al menos, a arrastrarla hasta el máximo, explotando todas las contradicciones. No me produce especial gracia el hecho de que la clase media sea quien esté liderando este proceso de liberación y eso habla de nuestra debilidad estructural. Por supuesto, para seguir explotando todas las contradicciones y avanzar nuestra prioridad número 1 debe ser la creación de un bloque popular de masas que recoja las reivindicaciones de las de abajo. Sólo esto podrá arrastrar todo el Procés hacia nuevas confrontaciones en el futuro en una dirección socialista.

El 19 de julio y la construcción de pueblo

Como cada año, conmemoramos el 19 de julio de 1936 como el día en que el alzamiento fascista fue detenido por el pueblo en armas principalmente en Barcelona y otras regiones como Andalucía, Madrid… En ese momento, el Estado republicano se derrumbó pero el golpe de Estado no pudo consumarse y acabó desencadenando una guerra civil. En ese momento, la CNT-FAI fue la fuerza sindical mayoritaria, ya que el anarquismo arraigó entre buena parte de la clase trabajadora española. Pero, ¿nos hemos parado a pensar cómo arraigó y desembocó en una revolución social al alzarse el fascismo? Toda esta trayectoria viene de la construcción de pueblo años atrás desde que llegó Fanelli y la AIT a España. Por eso, no hay que desmerecer todo ese trabajo de hormiga día a día entre la clase trabajadora y de la inserción del anarquismo en las luchas obreras durante el período conservador, es decir, en una coyuntura donde el capitalismo junto con la democracia burguesa es el sistema dominante.

La pedagogía, la constancia y la perseverancia en las luchas en el día a día, es la que dio finalmente estos frutos: la construcción de la clase trabajadora como sujeto político con el poder real para gestionar la producción y el control de la economía en clave socialista libertaria. Este legado histórico no debe caer en el olvido, debe servir como lecciones para tener claro lo que queremos. Ahora hay que mirar el presente y dejar los elogios al pasado, por eso este artículo no será el enésimo que hable sobre la historia.

Construir pueblo significa insertarse en las luchas cotidianas ante la problemática común a la clase trabajadora, crear comunidad y nuevas relaciones sociales basadas en el respeto, la solidaridad y la ayuda mutua, generando así una cultura de lucha social y configurando un sujeto político. Sobre esta misma base se hicieron otras revoluciones cuya fecha clave es esta: la española del 1936, la sandinista en 1979 y la de Rojava en 2012. Todas ellas parten de una misma base: años y años de construcción de pueblo escalando la lucha de clases construyendo un nuevo modelo de sociedad que supere el sistema capitalista. Y por eso hoy, en esta coyuntura de crisis interminable y de una nueva ofensiva del neoliberalismo, tenemos que seguir construyendo pueblo desde las luchas ya existentes: vivienda, sindical/laboral, servicios públicos, … sobre nuestros territorios, sin descuidar tampoco intervenir a nivel político y en la política a nivel macro: soberanía popular (territorial, política, económica, medioambiental, energética…), internacionalismo, política de alianzas con otras fuerzas afines, posicionamientos sobre cuestiones que afecten a la política del país…

Atravesamos una coyuntura difícil donde el neoliberalismo está a la ofensiva y el fascismo está en auge gracias a la crisis y a que supieron actualizarse. Ahora bien, es nuestra responsabilidad articular un movimiento popular cohesionado en la diversidad y masivo capaz de influir en la agenda pública del país y arrancar conquistas tanto en lo inmediato como más ambiciosas a largo plazo, así como la necesidad de las anarquistas el organizarnos a nivel político para dotar al movimiento popular de una orientación política. Por eso el día de hoy debe servir para recordarnos que tenemos que ponerle esperanzas e ilusión frente al derrotismo y la frustración, poniendo en marcha una gran labor de construcción de pueblo, labor por la cual los pueblos cambiaron el rumbo de su historia y son los protagonistas de ella.

Por un 1º de mayo que sirva para demostrar el poder obrero

Ha llovido muchísimo desde aquella revuelta de Haymarket y queda mucho por recuperar la fuerza que tuvo el movimiento obrero antes de la II Guerra Mundial. Pero el pasado ya es pasado, estamos en 2017 en un contexto en el que el PP ha vuelto a ganar las elecciones y se ha cerrado el ciclo electoral en España. Creo que más que hablar del sentido del primero de mayo habria que plantear este día no solo como día para movilizarnos en las calles, sino para hacer un repaso de los conflictos laborales en este año. Se ha criticado este dia que por las manifestaciones solo es reproducir un folclore, un ritual en el cual hay que salir a las calles a la manifestación de la ciudad para demostrar que se apoya a la clase obrera. Del mismo modo, se critica que mucha gente se vaya al Viña Rock por simple postureo revolucionario.

Cómo lo estamos haciendo

Sea cual sea la cuestión, estos últimos años el 1 de mayo, al menos en Barcelona, está siendo de todo menos obrero, demostrando la división y las luchas intestinas dentro de la izquierda radical: ronda de contactos desde diciembre para hablar sobre qué hacer el 1 de mayo, varias convocatorias para un solo día con diferentes horas y recorridos, manifestaciones con bloques de cada ideología cada cual con su bandera, reivindicaciones autorreferenciales y de cualquier cosa menos de clase, folclore hablando del pasado, disputas de a ver quién hace la acción más espectacular… Y con todo este panorama, no nos damos cuenta de dónde estamos la clase obrera y que nos estamos alejando de ella: paradas, camareras, el botones de los hoteles, las kellys, trabajadores y trabajadoraas del sector TIC y de la industria, manteros, reponedores, cajeros, bomberos … en general todas aquellas personas que están sufriendo la explotación laboral para poder vivir. Y sobre todo ellas, las cuales perciben de media un salario menor al del hombre además de tener que asumir tareas de cuidados que no son reconocidas ni remuneradas. Es penoso que ante esta coyuntura de precariedad generalizada no nos planteemos líneas de trabajo que vayan encaminadas a dar cobertura sindical ante una buena parte de la clase trabajadora abandonada por los sindicatos de concertación. Esta gran mayoria nos ve como frikis, vividores, radicales violentos, vagos y maleantes… en fin, algo ajeno a ellos.

Cambio de dinámicas. Una propuesta estratégica

Hemos de dejar de pensar que el 1 de mayo solo sea un día para tocarse los huevos, manifestarse, homenajes al movimiento obrero del siglo anterior o irse al Viña, para ir viendo más allá de un día. La clave está en que no debemos ver este día como especial y aislado de resto de días, sino como una fecha cuyo significado tenga que ver, y esté vinculado, con las luchas obreras en la actual coyuntura. De este modo, podemos tratar este día con contenidos que permitan la continuidad de la lucha:

  • Mapeo de la situación laboral en el último año: efectos de la reforma laboral, sectores, tasa de desempleo, condiciones laborales, situación de los sindicatos concertados y de los alternativos…

  • Análisis de los conflictos dados estos últimos años (el correscales, telemarketing, estibadores…) teniendo en cuenta los orígenes, su trayectoria, cómo han terminado (o siguen en pie) y qué experiencias podemos aprender de ello.

  • Situación del sindicalismo alternativo. Qué se está haciendo bien y qué no. Qué se ha avanzado respecto al año anterior en los sectores y cómo van evolucionando: artes gráficas y espectáculos, sector TIC, las kellys, sindicato de manteros…

  • Sobre los conflictos aún vigentes, aprovechar este día para darles visibilidad en las calles rompiendo el aislamiento y el corporativismo, demostrando que los problemas, aunque en distintos centros de trabajo, tienen una base común: el capitalismo.

  • Proyecciones de futuro en clave de trazar unas líneas de trabajo sobre cuestiones como cambiar las dinámicas que lastran, cómo afrontar la temporalidad, la subcontratación, las situaciones de indefensión, horarios interminables… Posibilidad de implantación más allá del centro de trabajo: el barrio, la vivenda y grupos de apoyo mutuo…

Otro punto importante viene de parte de las organizaciones sindicales, los cuales deberián de aparcar el afán de protagonismo, dejar de centrarse en marcar diferencias las unas con las otras y más buscar confluencias, dejar de criticar demasiado a los sindicatos concertados (en clave estrátegico: si CCOO y UGT abandona las calles, las ocupamos nosotras. Si abandonan un sector, buscaremos implantacián allá donde se hayan ido. Si venden a la plantilla, recogemos el descontento y le damos herramientas/alternativas…).

Nunca más un 1º de mayo sin lucha de clases

El objetivo de este día pues no es para pasear las banderas ni salir en procesiones, ni liarla, ni ver quién monta la acción más espectacular, sino decir que hoy hablar de clase sí tiene sentido, y demostrarlo visibilizando la unidad de la clase obrera, los conflictos que se han ganado y los que quedan por ganar. Todo ello debe ser fruto del traajo de hormiga en el día a día en los tajos con un horizonte revolucionario: que la clase obrera asuma el control de la economía enmarcado en un proyecto político socialista libertario. En este sentido, articular el movimiento obrero a través de los sindicatos (tanto laborales como de barrio) como sujeto político e interlocutor legítimo en la lucha de clases. Solo así podremos recuperar el significado del 1º de mayo para la clase obrera: un día para demostrar que la clase trabajadora organizada tiene el poder y es capaz de cambiar las cosas.

Este artículo también está disponible en la edición en papel del periódico Solidaridad Obrera

Toca mover(nos): CONSTRUIR CONTRAPODER

Desde los albores de la crisis, hasta los días más recientes, los diferentes sectores de la sociedad han venido sufriendo un conjunto de agresiones en forma de políticas neoliberales, que han hostigado a las clases populares y que además han torpedeado las distintas posibilidades de la articulación de un movimiento fuerte capaz de enfrentarse a estas.

Tras estos años de combatividad, por suerte o por desgracia, el trabajo político de los sectores golpeados, ha sido siempre de tipo “trinchera”, con este término me refiero a que debido a la coyuntura que hemos y estamos atravesando, solo nos ha permitido movernos en el plano defensivo, en el que nos teníamos que proteger de sus políticas y de sus agresiones y en el que las victorias se resumían en conseguir una disminución en la intensidad de estas, o en el mejor de los casos, su paralización. Decía por suerte porque haciendo un análisis de lo que han sido estos últimos años, el paraguas que hemos construido entre los movimientos sociales, no solo nos ha servido para protegernos de sus lluvias políticas, sino que por suerte, hemos sido capaces de construir unos canales de confluencia, de comunicación, que más temprano que tarde, nos pueden y deben servir para darle la vuelta a la tortilla. Cuando hablo de “dar la vuelta a la tortilla” hablo de cambiar el eje de defensa hacia un modelo propositivo, de creación de alternativas y, por qué no, de formación de espacios o instituciones por y para los movimientos sociales.

Es crucial para este hecho, avanzar hacia un posicionamiento político alejado de identitarismos, y apostar por el potenciamiento del activismo en su conjunto, con el fin de configurar un movimiento amplio tanto en el sentido  de “masas”, como (y casi más importante) en el de altura de miras, capaz de ejercer desde una postura revolucionaria, el dictado de alternativas, que posibiliten una transversalidad (entendida como alianzas fuertes entre sectores de la población)  en pos de unos avances en el discurso que nos permitan pugnar por victorias reales y formar así un contrapoder con propósitos de construir hegemonía (no de un imaginario libertario) enfocada en el fortalecimiento de las estructuras sociales de movilización popular.

En este punto nos encontramos un conjunto de personas militantes de distintas organizaciones libertarias, antiautoritarias o como nos queramos etiquetar, y no solo creo que sea una situación única de las organizaciones, sino que afecta a un conjunto de ideas que se veían reflejadas en un imaginario anarquista y que ahora se encuentran en una situación que las obligan a posicionarse ante dos escenarios distintos.

Por un lado, y como muchas ya hemos vivido durante algunos años, las distintas dinámicas que se dan en las variadas organizaciones que se aproximan a este ideario, lejos de intentar proyectar una manera de entender la política, la solidaridad o el apoyo mutuo, nos hemos y se han salvaguardado estas riquezas políticas para el conjunto de la organización, para autoreafirmarse y saber que nosotras, en nuestro purismo y sabiduría total, sabremos cómo destruirlo todo y comenzar, sin saber o sin reconocer que en la coyuntura social actual (no movilizada), votar a Podemos es un acto revolucionario y sin pensar siquiera que nuestra confluencia con el mundo exterior y nuestra inserción social tiene más de constructivo y de poder popular con un posible mayor reflejo social que cualquier postura marginal que nos pudiera mantener calentitas a la luz de nuestro grupo de afinidad.

Por otro lado, y definiendo el segundo escenario, las organizaciones tienen la oportunidad de realizar un giro de 180º, mirarse hacia afuera en vez de hacia dentro, para ver así, como una apuesta o un salto, la capacidad de transformación que puede poseer la confluencia, la transversal, y el bajar al barro, para mancharse y sacar trabajo. En este escenario, debemos situarnos en pos de potenciar los movimientos sociales, el tejido vecinal, y demás estructuras sociales con las cuales sepamos que un existo de estos, es un éxito para el empoderamiento de la clase popular y la configuración de un pueblo fuerte capaz de disputar y de ejercer de verdadero contrapeso. Está claro que es la opción dura, la de darse contra muros, la de no estar de acuerdo con las demás personas, la opción de disputa, la de las contradicciones, pero si nos agarramos a un razonamiento sencillo y lógico como es el de ensayo y error, llevamos muchos años a la deriva, errando en algunas cosas, en otras no, pero sin ser capaces de ganar, de formar algo fuerte, estable y alternativo. Por qué no apostar por algo “arriesgado” y probar.

Ahora, ¿qué nos jugamos con esto? Si en algo podemos estar todas de acuerdo, es que el tranquilo escenario de lo que es el régimen del 78, a partir de las movilizaciones del 15M, se ha visto alterado, apareciendo grietas en sus cimientos. Este hecho llevó a las casas y a las calles el debate de la legitimidad de los políticos, del sistema actual de “democracia”, el debate sobre el modelo capitalista… todo esto permitió formar un tejido movilizador y social potente, que a mi parecer, debido a la falta de éxitos (ingrediente máxime para nuestra propia motivación) se ha ido diluyendo por agotamiento. Esta situación como sabemos, ha sido capitalizada por las nuevas formaciones, partidos, que han sabido (y aunque nos pese decirlo, de forma brillante) devolver ese debate a las casas y esa ilusión de la gente por la política. Por eso digo que nos la jugamos,  porque a mi parecer, el escenario de disputa que se formó con la aparición de Podemos, no vino acompañan o no hubo una respuesta de los movimientos sociales en cuanto a formación de una estructura capaz de formar un contrapoder que permitiera tener en tensión a estas nuevas formaciones. Por ello, lo que creo que nos jugamos en la elección de ese segundo escenario que relataba antes, es la capacidad de intervención social, la capacidad de marcar la agenda política, la capacidad de reapropiarnos de términos como “lo colectivo”, “poder popular”, “democracia”, “socialismo”, “libertario”, términos que están en los escenarios de debate y que no estamos sabiendo ganar. En definitiva, creo que nos jugamos el participar o no en esas gritas de ese régimen del 78.

Creo que tenemos una oportunidad extraordinaria para formar un espacio movilizador, capaz de configurar una contrahegemonía propia, y que debido a las situaciones de debilidad que se están dando en la escena más institucional, como pude ver en el encuentro Desborda Madrid, sería capaz de actuar como contrapoder y desequilibrar la balanza de esos sectores hacia el poder popular.

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