La resistencia heroica de Afrin

El 20 de enero de este año, Turquía iniciaba la ofensiva sobre Afrin el cantón más occidental de Rojava, bajo el nombre de «Operación Rama de Olivo». Hasta ahora, este cantón había gozado de cierta paz en medio de la guerra, acogiendo parte del flujo de refugiados que huían del Daesh. La invasión turca en curso en estos momentos rompe con esta situación, y amenaza a la población civil que habita esta región que se encuentra separada del resto de cantones Kobane y Cizire. La unión de los tres cantones ya le era intolerable para Turquía.

Erdogan preveía que en unas pocas semanas Afrin caería bajo sus garras, pero la respuesta solidaria en el llamamiento a la resistencia y defensa de Afrin ha conseguido pararles los pies en cierto modo. Los refuerzos de las YPG e YPJ, SDF, más los batallones y brigadas internacionales acudieron rápidamente a la defensa del territorio. Aunque no sabremos por cuánto tiempo contra un enemigo tan grande. El 2º Ejército de la OTAN está a pocos km de llegar a Afrin, ciudad con el mismo nombre del cantón utilizando todos los medios a su alcance: artillería pesada, aviación, y por tierra, colaborando directa y abiertamente con grupos yihadistas.

La situación actual se está agravando conforme Turquía avanza sobre el territorio. La ciudad de Afrin está siendo objetivo constante de los bombardeos de la artillería pesada y aviación turca, destruyendo numerosas viviendas de la ciudad causando numerosas víctimas mortales entre la población civil. Los objetivos destruidos fueron infraestructuras civiles, patrimonio histórico y escuelas. Al tomar la presa de Meydanki, cortaron el suministro de agua a la ciudad dejando a alrededor de un millón de personas sin agua potable. A pesar de la gravedad del panorama, la moral que se respira entre la población kurda sigue muy alta. El apoyo mutuo entre la población está siendo clave para la resistencia: las familias han abierto sus hogares para aquellas que han perdido sus casas y el agua viene de un camión cisterna que recoge el agua de los pozos de los alrededores de la ciudad y lo reparte gratuitamente. Además, la resistencia no solo está en las trincheras, sino también en la retaguardia: han acudido a la resistencia convoyes de ayuda a la población civil. Internacionalmene, la solidaridad con Afrin se materializó en manifestaciones, marchas y actos en varias ciudades del mundo.

Todo esto ocurre ante el silencio de la comunidad internacional pese a la violación del derecho internacional y de la soberanía del territorio sirio. Las potencias imperialistas solo tuvieron en cuenta a los kurdos cuando esperaban tener posibilidades de influir en las políticas del confederalismo democrático. Pero el proyecto político kurdo se mantuvo independiente pese a las alianzas con dichas potencias, básicamente porque fueron alianzas tácticas que implica solamente llevar a cabo operaciones militares sin necesidad de compartir proyecto político. Por esa razón, no hubo en ningún momento influencias en la agenda política kurda. Hablando de alianzas, otra posibilidad estaría en llegar a un acuerdo con Al Assad para la defensa de Afrin y la soberanía del territorio sirio, acuerdo que todavía no llegó y que esperamos que llegue sin que suponga concesiones a Assad para materializarse el pacto.

Ahora el juego geopolítico va por otras vías. Turquía continúa con su política de limpieza étnica, mientras amenaza a Europa con una nueva oleada de refugiados y amenazas de atentados yihadistas en suelo europeo. Ni EEUU ni Europa tienen intereses en la defensa de Afrin, y seguramente Rusia tampoco debido a que el proyecto político kurdo choca de frente con las políticas imperialistas de dichas potencias. De primeras, EEUU y Turquía llegaron a un acuerdo en ManbijDentro del Estado turco, la represión se ha agudizado al suspender la libertad de expresión censurando aquellas opiniones que se muestran contrarias a la guerra y encarcelando a las personas que las expresen, mientras intoxica en sus medios de comunicación con propaganda negando los asesinatos a civiles y justificándose en una guerra contra el terrorismo de las milicias kurdas.

Estamos contemplando el abandono a su suerte de un proyecto político democrático para la paz en Oriente Medio por la comunidad internacional, dando además luz verde a Erdogan para que continúe con su política de limpieza étnica contra la población kurda, que ya dentro de su territorio se tradujo en la destrucción de numerosas ciudades y pueblos de mayorías kurdas. La ofensiva sobre Afrin solo es el principio para acabar con la Federación Democrática del Norte de Siria.

El pueblo kurdo debería de tener más amigos que las montañas: los pueblos del resto del mundo. No podemos permitir y contemplar cómo este crimen contra la humanidad se está cometiendo impunemente contra la población civil.

2017, un año para no olvidar

Como tercer año consecutivo, llevo repasando el fin de año tratando de recordar lo más sonado este 2017, y seguir adelante con lo construido y lo que quede por hacer. Dejamos otro año repleto de muchísimas historias, de alegrías y penas, de aventuras y cambios, de tropiezos y aciertos, de victorias y derrotas… que sin duda nos marcarán en nuestras vidas.

Este 2017 sin duda marcará a la generación de los ’90 como el comienzo de la vida adulta, lo que significaría para muchas, madurar y, para todos los hijos e hijas de clase trabajadora, darse cabezazos contra la dura realidad marcada sobre todo por la falta de oportunidades, tanto en el mundo laboral como en la entrada a la Universidad, sin olvidar la dificultad para emanciparse por las altas tasas de paro juvenil, el precio de la vivienda y el trabajo temporal y mal remunerado. Y a pesar de que la crisis nos haya pillado en nuestra mejor etapa de la vida, salimos adelante sobreviviendo entre la precariedad y la emigración, luchando por una vida que merezca la pena ser vivida.

Recordamos la llegada del 2017 con un tarifazo de la luz así por la cara otro año consecutivo más, el conflicto de la estiba, la condena a Cassandra por los chistes de Carrero Blanco, las Marchas de la Dignidad, la cumbre del G20, el problema del turismo masivo en ciudades como Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Venecia…, los conflictos en Venezuela, la desaparición de Santiago Maldonado y posterior aparición de su cuerpo, la cuestión catalana y la movilización social durante y tras el 1O, la lucha incansable del pueblo de Murcia contra el muro del AVE, los incendios en Galicia y el norte de Portugal, la victoria sobre Raqqa, la masiva manifestación nazi en la capital polaca el día de su independencia, las manifestaciones contra la violencia machista, la aplicación del artículo 155 en Catalunya, el tráfico de esclavos en una Libia destrozada por el imperialismo, el golpe de Estado en Honduras y la posterior resistencia popular…, el final de la neutralidad de Internet en EEUU y la chispa que volvió a incendiar Oriente Próximo cuando Trump firmó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. Dejo aquí muchos acontecimientos más en el tintero ya que no entrarían en este resumen.

Afrontaremos el siguiente año con un cambio climático cuyos efectos cada vez serán más graves sobre la Tierra pero que ningún país parece querer realizar acciones para revertirlo. La crisis económica aún estará lejos de solucionarse y más para España, cuya hucha de las pensiones fue saqueada por el PP y será deficitaria, mientras el BCE dejará de comprar deuda española. Dentro de Europa, hemos de considerar el auge del fascismo en los países del Este y en todo el mundo, ya está en marcha la ofensiva neoliberal. Un fantasma recorre el mundo y no es precisamente el de la URSS, sino una nueva ola conservadora reflejada en Trump, en Macri y en Macron y Le Pen.

Ante esta ola conservadora, las izquierdas —y en particular el movimiento libertario— debemos avanzar y tomar posición en la situación política actual. En América Latina, la apuesta del CNI en México es un ejemplo de la necesidad de pasar a la ofensiva con un movimiento popular indígena detrás para cambiar el modelo de país. Los movimientos sociales en Argentina también deberían plantearse una ofensiva que no solo frene los recortes de Macri, sino que también puedan configurar un nuevo modelo de país. En Chile, ponemos las esperanzas en el Frente Amplio y en la ruptura democrática en aras de hacer avanzar el movimiento popular. Tampoco olvidemos la resistencia campesina en Colombia y las luchas sociales en Brasil ante la represión contra los anarquistas. Yendo para Oriente Próximo, nos duele otra vez Palestina que sufre otra dura agresión por parte de EEUU e Israel contra Jerusalén, capital de Palestina. En Rojava destacamos la victoria sobre Raqqa y en algunas zonas de Bashur (Kurdistán iraquí) el PKK ha proclamado la autonomía democrática y hay en curso un levantamiento contra Barzani.

Volviendo hacia Europa, tenemos las miradas puestas en Catalunya, donde el Procés tras el 1-O ha dado protagonismo a la autoorganización popular a través de los CDR. Cuando la movilización social estaba prácticamente por los suelos, la llegada de septiembre y el curso de los acontecimientos pareció reactivar en Catalunya un nuevo ciclo de movilizaciones, sin olvidar tampoco la movilización del pueblo gallego durante los incendios ni al pueblo murciano que salió a las calles contra el muro del AVE. La cuestión catalana también ha abierto entre nuestras filas una serie de debates acerca de la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la cuestión nacional y la territorial. Estos debates sin duda han sido de los más sonados entre el anarquismo ibérico y catalán, y la izquierda en general. Para bien o para mal, era necesario una buena sacudida en nuestras filas para desechar viejas glorias y prejuicios acerca de la cuestión nacional, ya que entenderla es clave para conocer los movimientos populares del s. XXI: el Rif, las luchas indígenas y el movimiento de liberación kurdo principalmente.

Dejamos otro año atrás con un buen sabor de boca, al menos para mí, observando cómo comenzamos ya a caminar sobre suelo firme con proyectos y organizaciones como la FAGC, Apoyo Mutuo, la FEL, Embat y nuestras compañeras gallegas que estrenaron este 2017 Bátega. La construcción del poder popular requiere paciencia e inserción en las luchas sociales, como la vivienda, el movimiento estudiantil y la Educación, las remunicipalizaciones, el sindicalismo de clase, el medio ambiente y los barrios.

Para el año que viene, en Catalunya hemos de darle una salida por lo social al Procés y evitar volver al casillero de salida del ritmo institucional. La Asamblea Social Constituyente será decisiva para darle una nueva dirección y legitimidad a los movimientos sociales catalanes de cara a impulsar la construcción de una República y un proceso constituyente desde abajo a la izquierda, poniendo sobre la mesa la mejora de las condiciones materiales de la ciudadanía y la clase trabajadora en materias de: vivienda, barrios y pueblos, servicios públicos (Educación, Sanidad, pensiones, Seguridad social, suministros…), marco laboral y política económica, energías y medio ambiente, y soberanía territorial. Y para el resto de España, la ASC y los CDRs deberían ser ejemplos y motivos para que en el resto del territorio se active también la lucha social, en clave de configurar una política de alianzas entre anarquistas, los movimientos sociales y la izquierda radical de cara a construir una ofensiva contra el Régimen del ’78. Recordemos que el art. 155 no es solo para reprimir a Catalunya. También supondrá otra oleada de recortes en derechos y libertades en el resto del Estado español (ya ha sucedido con la intervención de las cuentas del Ayto. de Madrid y del de Cádiz). Debemos ir superando poco a poco los movimientos reactivos (contra la represión, contra …) para comenzar a plantearnos la ofensiva. Solo un pueblo fuerte será capaz de parar el fascismo y revertir los ataques neoliberales.

Como despedida hasta el año que viene, nos espera un 2018 movido, con un camino duro y lleno de retos que afrontar. Durante estas semanas de reencuentros familiares, no olvidemos cuidarnos nosotros y nosotras mismas junto con nuestros seres queridos y recibamos el nuevo año con alegría, ánimos, esperanzas y muchas fuerzas. Por ello, brindemos una vez más por las victorias que hayamos cosechado el movimiento popular alrededor del mundo este 2017. Iniciaremos el siguiente año con un ciclo político en el cual se nos hace cada vez más importante participar de los procesos de lucha social en las calles. Para el 2018, será clave activar un nuevo ciclo de movilizaciones con vocación de poder popular e ir construyendo una institucionalidad desde la base (asambleas de barrio, asociaciones de vecinos, sindicatos, grupos ecologistas, organizaciones feministas…) como foco de contrapoder y de clase. Tenemos que pasar a la ofensiva si queremos ganar, así que afrontemos el nuevo año con los mejores deseos y anhelos por ese nuevo mundo que llevamos en nuestros corazones, y que tratamos de materializar en estos instantes.

¡Feliz solsticio de invierno para el Norte, equinoccio para el trópico y solsticio de verano para el Sur! La historia solo acaba de empezar. ¡Construyamos colectivamente el futuro en el que deseamos vivir!

Comencemos a tomar posiciones de fuerza

Antes que nada, sé que no es fácil asumir de primeras este planteamiento dado el estado actual del anarquismo en una coyuntura difícil. Pero lo veo como un ejercicio cada vez más necesario para romper con el inmovilismo y la continua derrota. No podemos seguir quedándonos en una posición reactiva o a la defensiva, en dinámicas que son únicamente el activismo por el activismo, el movimiento por el movimiento o no ir más allá de lo cultural (encuentros del libro anarquista, charlas, coloquios, y demás actos culturales, unos más y otros menos de autoconsumo). Con lo último no quiero decir que se dejen de hacer, sino que hay que ir más allá. Y hablo de tomar posicionamientos políticos ante los sucesos actuales que hayan tenido impacto en la sociedad y haya dado lugar a que la población comience a salir a las calles y politizarse. Casos como el 15M o la ola de movilizaciones en Catalunya que comenzó desde septiembre de este año ilustran cómo son acontecimientos excepcionales que abren una posibilidad de ruptura con el actual Régimen del ’78, y pienso que tenemos cierta responsabilidad en tomar partido en estos escenarios ya que es cuando la gente se politiza y comienza a ver las contradicciones de este sistema.

Dijo Errico Malatesta una vez que los y las anarquistas deberían estar con el pueblo y fomentando toda clase de organizaciones populares allá donde actuásemos. La autoorganización popular no nos debería asustar, al contrario, nos debe llamar a participar en ellas y hacer que las organizaciones sociales vayan asumiento posicionamientos cada vez más radicales, no solo hablo de las luchas a nivel social, sino también a nivel político. Sin embargo, nos ponemos excusas y nos autolimitamos criticándolos de ser parte de movimientos interclasistas, de ser reformistas, meramente independentistas que solo buscan un nuevo Estado-nación, que acabaríamos abandonando el anarquismo en pro de otros partidos o que acabarán siendo utilizados por la burguesía para sus intereses de clase. Una mirada menos ideológica y más a pie de calle nos demuestra que no es del todo cierto, sino que existe detrás una autoorganización popular dentro de lo que es un movimiento ciudadano e interclasista. La diferencia aquí entre tomar una posición de fuerza con seguir en una posición de debilidad, radica en cómo atajamos las contradicciones y damos las respuestas ante esta coyuntura.

Como durante el 15M, la cuestión catalana nos genera una serie de contradicciones (el interclasismo, los modelos de institucionalidad, el poder y la cuestión nacional principalmente) en nuestro pensamiento político y nos ha pillado a casi todas sin una respuesta clara sobre el momento. Sobre esta situación han aflorado dos vías:

-Por un lado, existe ese miedo a que con los cambios, el anarquismo deje de ser como tal (como si fuese algo universal y atemporal) con la incorporación de nuevas tesis sobre temáticas actuales. Este miedo junto con el rechazo a la necesidad de replanteamientos, relecturas y actualizaciones en los criterios de análisis y en la teoría política sobre las cuestiones que generan contradicciones, han llevado a algunos y algunas a asumir posicionamientos conservadores por el hecho de no querer enfrentarlas, manteniendo así unos principios inamovibles mientras los tiempos cambian. Esta actitud es conservadora por el hecho de que la realidad es siempre cambiante. Y al impedir acualizaciones en el corpus teórico-político, seremos incapaces de generar un discurso adaptado al momento y que nos permita avanzar. Recurrir a argumentos del pasado para justificar el presente pese a no encajar adecuadamente nos aleja de cualquier posibilidad de avance.

-Y por el otro, estamos quienes hemos visto la necesidad de enfrentar dichas contradicciones y encajar las piezas del rompecabezas para ser capaces de intervenir en esta realidad y poder cambiarla. Ciertamente como dije al principio, no es nada fácil ya que sentimos que aún hay camino que andar y mucho por construir. Nos aventuramos en terrenos pantanosos y nos rodea cierta incertidumbre, pero estamos convencidos y convencidas de que es la única vía de avance. Asumimos que siempre existirán las contradicciones pero que éstas no deberían echarnos atrás. Y asumimos también que si lo que queremos es la revolución social, hemos de trazar planes estratégicos y líneas políticas que nos permitan posicionarnos a la ofensiva, superando las inercias reactivas que llevamos arrastrando durante mucho tiempo.

Pero, ¿cómo asumir posiciones de fuerza cuando no la tenemos? Si no la tenemos, hemos de ganarla, y de ello depende de cómo juguemos las cartas ante las circunstancias del momento. En otras palabras, elegir la táctica o estrategia más adecuada a cada coyuntura. Un ejemplo de ello fue la Vaga General del 3-O, cuando desde la plataforma Triem Lluitar se lanzó una convocatoria de huelga general casi sin garantías, pero que resultó ser un éxito ya que obtuvo un amplio seguimiento y desbordaron las llamadas a la moderación de los sindicatos del regimen y la Taula de la Democracia. Similarmente ocurrió con los CDR que tomaron el protagonismo cortando las carreteras y las estaciones de Sants y de Girona, pese a que la convocatoria de huelga el 8N en Catalunya no tuvo seguimiento prácticamente. Y no solo esto, sino hasta el propio Procès fue arrastrado hacia posiciones independentistas gracias a la movilización ciudadana.

Pero ojo, esto no implica aunar esfuerzos por convocar grandes movilizaciones y/o huelgas, o acciones espectaculares sin tener en cuenta la coyuntura. Por ejemplo, estaba claro que la huelga del 8N no iba a tener el mismo seguimiento que el del 3-O. El movimiento por el movimiento produce también un desgaste, y sobre todo cuando no se tiene un objetivo claro. Esto es lo que acabó con el 15M, donde las movilizaciones no estaban provocando cambios en el sistema y la represión comenzaba a golpear.

Comenzar a tomar posiciones de fuerza implica tomar responsabilidad política de articular un cambio en este país, salir de la continua derrota y dejar de insistir en terceras vías que no cuelgan de ningún análisis materialista, ya que no se van a materializar porque no encaja en la coyuntura, sino solamente en nuestro propio imaginario ideal. Asumir esta posición nos obliga a organizarnos políticamente para poder crear un proyecto político propio; hacer una lectura en clave de oportunidades de los acontecimientos que tienen impacto a nivel de país con una visión estratégica, unas líneas políticas y objetivos claros; y poder articular un movimiento popular capaz de marcar agenda y generar relato y discurso que nos permita plantear una ofensiva desde abajo y a la izquierda contra el Régimen del ’78 y el statu quo neoliberal. De lo contrario, una izquierda débil —y en particular el anarquismo— dejaría vía libre a que las fuerzas políticas reaccionarias, en especial el fascismo, crezcan y puedan llegar al poder, cuyas consecuencias de sobras sabemos: recortes en derechos y libertades, aumento de las diferencias sociales, de la violencia en la vida cotidiana, del autoritarismo y la opresión en la vida cotidiana…

Dentro de 10 días habrá elecciones impuestas en Catalunya, en las cuales si gana el unionismo, tendrán mayor legitimidad para aplicar el 155. Y si gana el independentismo, la aplicarán igualmente aunque se les haya ganado en su terreno de juego. En ese momento habrá peligro de una vuelta al casillero de salida del Procès y que todo vuelva al ritmo institucional desmantelándose la calle, así que no debemos apostarlo todo en estas elecciones, a pesar de que es necesario votar en ellas para que no gane el unionismo. La clave estará en mantenerse en las calles y poder continuar en el escenario post-electoral, sobre el cual ya está en marcha la iniciativa Aixequem la República, desde donde hay posibilidad de articular un movimiento popular incidiendo la cuestión social y materialista bajo el paraguas de la construcción de la nueva República y el proceso constituyente.

No queremos ver otro ocaso del 15M, ni volver a casa otra vez con la moral por los suelos y desperdiciar así otra oportunidad de cambio que no sabemos cuándo volveremos a tener una coyuntura similar. En momentos así es cuando la gente comienza a politizarse y hay que aprovecharlo. Ya no tenemos nada que perder, y creo que vale la pena que nos arriesguemos.

Reformulación urgente de la cuestión nacional

¿Por qué el anarquismo no ha casado bien con la cuestión nacional? Es una de las preguntas que rondan en mi cabeza cada vez que oigo hablar de Catalunya en los ambientes libertarios. Por suerte, entre parte del movimiento libertario catalán y del resto del Estado español, se tiene claro qué implica todo esto. Antes de nada, la cuestión nacional no significa solo una bandera, un sentimiento, una patria o un Estado con una serie de características sociales y culturales. La cuestión nacional de la que quiero tratar y que se debe reformular en los ambientes libertarios trasciende lo superficial. Y es que más allá de toda identidad nacional, hay detrás una coyuntura política y una serie de actores políticos y sociales en disputa. Partiendo de aquí, podemos decir que es imposible desligar el nacionalismo con las condiciones materiales dadas en el mismo territorio.

Lejos queda ya atrás los primeros movimientos nacionalistas del s.XIX, y el internacionalismo del s.XX. En pleno s.XXI, las luchas de liberación nacional en algunas zonas del planeta son articulados desde el pueblo, como es el caso de Rojava bajo el Confederalismo Democrático. Lo que hace 200 años tenía un caracter burgués, actualmente se abre la posibilidad al pueblo para iniciar procesos de liberación nacional desde las naciones periféricas, y por supuesto, desde abajo. Esta nueva coyuntura de posibilidades nos debe hacer repensar el discurso antinacionalista decimonónico y el internacionalismo, en la cual, cada vez que se oye hablar de la cuestión nacional, se apelen siempre a los principios, a argumentos de autoridad de anarquistas del s.XX y a un cosmopolitanismo universalista que solo encaja en las conciencias tranquilas, pero no en la realidad material ni en la coyuntura actual. Es por ello que necesitamos una reformulación urgente de este tema, porque estamos quedando como nostálgicos del anarquismo decimonónico, conservadores y guardianes de las esencias del anarquismo. Los tiempos cambian, y si nosotras no sabemos cómo encajar estos cambios y nos resistimos a adaptar nuestra teoría y praxis políticas a la actual coyuntura, nos convierte en conservadores.

Urge pues un cambio de criterios de análisis y de visiones. La reformulación de la cuestion nacional pasa, primero, por pasar de una visión con base en principios universalistas, a tener una visión estratégica sobre la coyuntura que estamos atravesando. No es solo una cuestión de sentimientos e identidades, también hay detrás una serie de acontecimientos (antecedentes) que han llevado al actual escenario, y por ello, qué oportunidades tenemos para incidir. Como dije en párrafos anteriores, la cuestión nacional tiene como trasfondo una serie de condiciones materiales, tanto referente a la situación actual, como a unas nuevas condiciones materiales futuras. Y no solo de condiciones materiales, sino de qué actores políticos están impulsando los conflictos nacionalistas: éstos pueden ser desde la burguesía más conservadora, pasando por las clases medias, ser trasnversal, hasta ser impulsadas por las clases populares. Todo ello implica que cada actor, a través de la cuestión nacional, trata de implementar una serie de condiciones materiales que le favorezcan como clase social bajo el paraguas de un sentimiento e identidad nacional. Esto me lleva a otra pregunta: ¿por qué las luchas de liberación nacional-popular de las últimas décadas las han liderado los marxistas? La respuesta no es porque sean autoritarios, sino que nos lleva a pensar el por qué hemos sido incapaces de capitalizar las luchas de liberación nacional para escalarlas hacia una lucha  por la autodeterminación de los pueblos y en aras de construir un pueblo soberano.

Y como de tal palo tal astilla, la reformulación de la cuestión nacional también nos lleva al internacionalismo. Como tal, el internacionalismo debe basarse en el reconocimiento de la existencia de naciones oprimidas y su derecho a la autodeterminación, así como la hermandad entre los pueblos de distintas naciones y territorios. El internacionalismo que deberíamos reconocer es aquel que reconoce y defiende lo dicho anteriormente, y no aquel que se basa en un cosmopolitanismo cargado de valores universalistas que no encajan con la realidad coyuntural de las luchas de liberación nacional o lo niegan.

Volviendo al tema de Catalunya, el septiembre de este año nos ha venido como un vendaval en tiempos en que las movilizaciones sociales estaban bajo mínimos. Fueron días de cambios acelerados y las calles volvieron a activarse en Catalunya viendo cómo el desafío independentista pasaba a ser un mero conflicto independentista a ser una cuestión de derechos civiles. Este vendaval como agua de mayo significó la oportunidad de activación de un nuevo ciclo de movilizaciones. Entonces llegó el 1-O y la situación fue esperanzadora al ver la autoorganización vecinal desplegada para defender los colegios electorales, incluidos los y las anarquistas, que incluso llegaron a votar. La brutal represión desatada aquel día dio como resultado que la huelga general convocada el 3-O fuese desbordada a pesar de que CCOO y UGT se desmarcaran. Tras ese día de desborde, la situación pasó por momentos de impass, y pareció por un momento que las movilizaciones se iban a desinflar cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió 8 segundos después. Después de que el artículo 155 llegase al Senado y el mareo institucional, finalmente se aprobó la declaración de independencia, con la consiguiente disolución del Parlament para convocar unas elecciones el 21 de diciembre.

En medio de este vendaval, corrieron ríos de tinta de posturas muy diversas al respecto. No voy a hablar de la evidente actitud totalitaria de los unionistas, sino de los libertarios en sí. Dejando de lado el españolismo más rancio de Unidos Podemos, el cual su discurso encaja ya perfectamente con el Régimen del ’78, lo que hemos visto va desde un antinacionalismo esencialista y con olor españolista, pasando por un apoyo a la autodeterminación de los pueblos sin Estado, hasta la defensa estratégica de la construcción de la República catalana y de allí avanzar hacia un Procès Constituent cuyo protagonista sea el pueblo. Aunque nos parezca a todas la evidente contradicción de la última postura, realmente se trata más de una cuestión estratégica más que de principios, y es que todo estos acontecimientos han sido respondidos desde la autoorganización popular para defender el Referéndum, que ahora han pasado a ser Comités de Defensa de la República. Y remarco que a pesar de las innumerables contradicciones que implica siempre avanzar con el pueblo (lidiar con el interclasismo, intenciones de control de asambleas por parte de organizaciones verticales, sentimientos nacionalistas separados de la realidad material, aliarnos con otras fuerzas políticas autoritarias…), nuestra responsablidad como libertarias es acabar con ellas ensuciándonos y luchando junto al pueblo para conseguir que las reivindicaciones puramente nacionalistas y/o independentistas tengan un contenido materialista y socialista libertario sin ir por delante.

Muchas hemos dicho en ocasiones anteriores de que no debemos dejar pasar oportunidades de ruptura como habíamos dejado pasar el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M, y hemos acertado. Sabemos pues que la República no será el final, sino un inicio para la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, y sabemos que tampoco será el socialismo libertario en un solo país, sino que deberá ser el inicio de un ciclo de movilizaciones en el resto del Estado español.

La independencia de Catalunya, al margen de todos los memes y parodias que se han hecho sobre el tema con los cuales nos hemos alegrado estos días, nos ha demostrado que, primero, no es ya solo una mera cuestión nacionalista; segundo, que en el s.XXI en Europa aún hay posibilidades de cambios y rupturas en donde el pueblo sea un actor importante en los acontecimientos; y por último, que la unidad de España no será para siempre y que es posible romperla, y con ella, el Régimen del ’78. Esta ruptura pasará por una ofensiva popular en favor de una república federal en España que acabe con los resquicios del franquismo y establezca un nuevo marco coyuntural que implique una mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora del Estado español. La actual izquierda española, por desgracia, está demostrando no estar a la altura de las circunstancias al atrincherarse en posturas defensivas en medio de la polarización de la sociedad. Esta izquierda débil está dejando que el fascismo crezca y por ello, que acaben con cualquier otra vía de ruptura.

En resumen, no podemos permitir ahora una regresión, y por todo esto es necesario que los y las libertarias atajemos la cuestión nacional desde una perspectiva estratégica, que aunque llena de contradicciones, nos permita trascender el mero independentismo y poner así sobre la mesa temas materialistas tan importantes como la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, construcción de un nuevo modelo de institucionalidad a partir de los organismos populares (CDRs, sindicatos de clase, AAVV, cooperativas, …), la defensa de la soberanía popular (con ello, las soberanías polícia, económica, territorial, alimentaria, socio-cultural, energética…) antes que la soberanía nacional, y así avanzar hacia el modelo de sociedad socialista libertario por la que luchamos.

Hablemos de institucionalidades

En relación a la cuestión catalana de estas fechas, se está hablando y comentando sobre esa transición hacia la República catalana, algo que implica muchas cosas y no solo la definición de unos nuevos marcos laborales, comunitarios, de servicos públicos, etc.. sino también de institucionalidad y administración territorial. Aquí entran una serie de conceptos que deberían ser aclarados y que no debería reducirse simplemente a «Estado». Obviamente en el corto plazo no podríamos hablar de la no creación de un nuevo Estado catalán y sabremos que otro Estado no será la solución, y entonces, si no es la creación de un Estado, ¿qué será entonces? La comuna de comunas, la anarquía, el control obrero son conceptos que quedan bien sobre papel, pero necesitamos una base más concreta sobre la que asentar nuestro futuro proyecto político. A lo que pretendo llegar es a aclarar qué es de lo que realmente estamos hablando cuando hablamos de institucionalidad, de administración etc… Diferenciaremos pues entre modelo institucional y Estado,  administración y gobierno, o política y arte de gobernar. Es clave que tengamos claro estos conceptos si asumimos que tenemos la responabilidad en ser parte activa del proceso que estamos viviendo en estos tiempos en Catalunya.

Puede sonarnos muy novedoso el concepto de institucionalidad, y por ello erróneamente suele relacionarse con el Estado o instituciones de la actual democracia burguesa. No obstante, estos conceptos ya los trató Bookchin y Janet Biehl, su alumna. Cuando hablamos de institucionalidades, nos referimos a cómo se configuran en conjunto las administraciones públicas, los mecanismos de tomas de decisiones, la justicia, los órganos legislativos, las defensas, etc… y ello no implica necesariamente un Estado. Los modelos de institucionalidad no estatales los podemos ver en el Consejo de Aragón, en la Comuna de Shinmin, los caracoles Zapatistas o Rojava mismo. En este sentido, cuando hablamos de configurar un nueva nueva institucionalidad, hablamos de cómo llevaremos a cabo la implementación de un nuevo modelo de sociedad en la cual las actuales funciones que están en manos del Estado sean, o bien eliminadas por ser innecesarias o bien, sustituidas por los órganos de la nueva sociedad. En otras palabras, el pueblo tomaría las riendas de su propio destino sin necesidad de ningún organismo centralizado, autoritario y separado de la sociedad decida sobre él, sino que la nueva sociedad constuirá su propia institucionalidad, que en el caso del socialismo libertario, se tratará de una institucionalidad basada en la democracia directa, el apoyo mutuo, la justicia y la igualdad social.

De dicha nueva institucionalidad, nos trasladamos hacia el modelo de administración, que no tiene por qué significar gobernar ni tampoco implica la toma de decisiones políticas. En un Estado, la administración está sujeta a decisiones políticas y al gobierno, es decir, depende de otros organismos que conforman el Estado y por tanto, funcionará acorde a las decisiones del gobierno. En cambio, una administración democrática como la de Rojava implica la separación entre las decisiones políticas y sus ejecuciones. Explicado de otro modo, las decisiones políticas se toman desde las asambleas de barrio y éstas se trasladan a la administración para que ejecute dichas decisiones. En ella vemos que la administración no toma realmente decisiones por sí misma, sino que su papel consiste en facilitar los recursos técnicos y logísticos para que desde los organismos (en este caso las asambleas de barrio, pero pueden ser igualmente consejos obreros/agrícolas, cooperativas…) decisorios deliberen sobre las opciones más acertadas, y se acordará con la administración el poner en marcha dichas decisiones en condiciones de igualdad. Es entonces cuando la administración pública se convierte en un organismo al servicio del pueblo, no para el mantenimiento del orden de un Estado.

Y finalmente, esto nos lleva a diferenciar entre hacer política y arte de gobernar. Hacer política significa tomar decisiones sobre todo aquello que atañen a los problemas y necesidades cotidianas o a la organización de la nueva sociedad. Pero esto no quiere decir que en lo inmediato no hagamos política, de hecho la tenemos que hacer hoy en día primero organizándonos a nivel político para luego ser una herramienta capaz de potenciar y radicalizar los conflictos sociales. Esto significa que la política no es algo que esté lejos del alcance de la población y que solo se realiza desde las actuales instituciones burguesas y el Estado a través de partidos políticos electoralistas, sino algo que hemos de recuperar sobre todo los y las libertarias para no estar siempre viendo cómo nos cuelan recortes en derechos y libertades, escándalos de corrupción, robo de dinero público, mentiras, destrucción de nuestro entorno natural…, y cómo juegan siempre a favor de los intereses de la clase dominante. Recuperar lo político nos permitirá tomar partido sobre los problemas cotidianos que nos están ocurriendo a la clase trabajadora para acumular fuerzas a nuestro favor, y volver al escenario como actor y fuerza política frente a lo que es el arte de gobernar, que es todo ese conjunto de artimañas de la actual política que siempre favorece a sus propios intereses en detrimento de la mayoría de la población, la cual es reducida a simples votantes que no tienen capacidad decisoria sobre las políticas del país. En otras palabras, el arte de gobernar es la política escenificada, espectacularizada y separada del alcance de la población para decidir por encima de ella.

Lamentablemente, la complejidad de nuestra actual sociedad implica ofrecer soluciones realistas en el medio-largo plazo, y ello implica entender que la nueva sociedad socialista libertaria necesitará estar fuertemente organizada para defender su soberanía. Por eso, hablar de la construcción de una nueva institucionalidad no nos debería asustar, al contrario, nos permite materializar nuestras bases políticas sobre la praxis, sabiendo además que las actuales estructuras asamblearias (sindicatos, cooperativas, asociaciones de vecinos, organizaciones políticas, etc) serán los futuros organismos que conformarán la nueva institucionalidad.

Nota: Lo expuesto en este artículo tiene base en el libro de Janet Biehl «Las políticas de la ecología social: municipalismo libertario», que me parecen claves para tener referencias en el medio plazo en los momentos en que el poder popular necesite consolidarse y reafirmarse como actor político de cambios y germen, por tanto, de la nueva sociedad socialista libertaria.

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