¿Qué más nos queda por perder?

El empeoramiento progresivo de las condiciones laborales de la clase trabajadora desde la primera ola neoliberal en los ’70 todavía sigue adelante imparable, precarizando sector a sector hasta que las actuales generaciones asumamos que ha sido así toda la vida, que lo normal es que el trabajo sea mayoritariamente precario y con pocas garantías, normalizando los contratos basura y condiciones de explotación como en el sector de la hostelería. A través de las externalizaciones, las privatizaciones y las reformas laborales que empeoraban las condiciones de trabajo, las políticas neoliberales avanzaban en medio de una lucha obrera en retroceso. Así comenzaron las reestructuraciones en el sector industrial, pasando por la minería, los astilleros, el transporte, los aeropuertos, la Sanidad y la Educación públicas… llegando al sector de las nuevas tecnologías, las telecomunicaciones y ahora, a los estibadores que se enfrentan a la liberalización del sector orquestada desde la UE, cuya sentencia dice que el sistema de estiba en España es «contraria a la normativa comunitaria». Para más inri, la UE chantajea con una multa diaria de más de 100.000€ al Estado Español.

La noticia del anuncio de la huelga de estibadores en los puertos españoles ha corrido por todos los medios del país. El decretazo del Ministerio de Fomento para liberalizar el sector pretende que las empresas de estiba no tengan que participar en el capital de las SAGEP (Sociedades de Gestión de Trabajadores Porturarios) ni contratar obligatoriamente a sus estibadores. Esto supondría, en resumen, empeoramiento de las condiciones en la contratación y despidos colectivos. Por ello, los estibadores anuncian para la próxima semana de febrero, jornadas de paro los días 20, 22 y 24 contra estas medidas.

En pocos días, no han tardado las calumnias y los intentos de desacreditar la huelga: se les acusa de ser un sector privilegiado, con salarios altos y derechos laborales, algo inadmisible en este país por lo visto. Las mismas acusaciones que se utilizaron contra los mineros, los controladores aéreos, y similarmente contra barrenderos y trabajadores del metro. ¿Realmente vamos a seguir permitiendo que sigan atacando sector por sector hasta que toda la clase trabajadora tenga condiciones de miseria y la concentración de riqueza quede en cada vez menos manos y menos empresas?

Aún recuerdo esa huelga del verano del año pasado en Francia, donde los sectores estratégicos del país pararon en contra de la propuesta de reforma laboral que pretendía ajustar aún más las condiciones laborales en el país vecino. Aquí ahora se vive con miedo de que un sector tan importante como el portuario parase. Porque por los puertos españoles pasan la mayoría de importaciones y exportaciones españolas, y allí le va a doler a la patronal y al gobierno si la huelga se realiza. No, no son privilegios los que tienen los estibadores, ni los mineros ni los controladores aéreos… ¡ni la clase trabajadora en general! Son derechos ganados a través de años y años de luchas que se están perdiendo con la excusa de la crisis mientras vemos cómo la brecha entre ricos y pobres aumenta, y cómo sus beneficios siguen creciendo mientras los salarios o se congelan o suben mínimamente. Que quede claro que no solo es un ataque a los estibadores, sino también al conjunto de la clase trabajadora. Porque ayer fueron a por los astilleros, luego a por la minería, recientemente a por el sector TIC, y ahora, por el sector de la estiba. ¿Qué más nos queda por perder? Rompamos el aislamiento, que no se queden solos ni solas como los y las trabajadoras de Movistar que fueron a la huelga general hace más de un año. Este 2017 tocará reactivar un nuevo ciclo de movilizaciones que apunte a una ofensiva por parte de la clase trabajadora en conjunto con el movimiento popular.

¡Todo el apoyo y la fuerza a la huelga de estibadores!

Hemos cogido la salida hacia delante

Cualquier parecido con el año pasado es casualidad o inercias. Se nos va otro año con muchas historias que contar, muchas experiencias, muchas cosas aprendidas y batallitas de todo tipo. Hace exactamente un año, escribí una metáfora de la rotonda el cual era a la vez un breve repaso a brocha gorda y reflexiones sobre cómo afrontar este 2016. Un año pasa rápido cuando echamos la vista atrás, y es momento también de hacer una valoración general de lo que hemos hecho y las expectativas que tuvimos. Comenzamos el año con una España sin gobierno, recordamos el atentado del ISIS en Bruselas y la militarización de la ciudad, la oleada de huelgas en Francia contra la reforma laboral este primavera-verano, las ZAD, la matanza de Orlando en un bar gay y en Xalapa, la temporada veraniega del trabajo precario, los incendios, el machismo en las Olimpiadas de este año, el referéndum por la paz en Colombia, el acoso policial al pueblo de Altsasu, la victoria de Donald Trump, los asesinatos de un embajador ruso y un miebro de la OTAN por investigar las fuentes de financiación del ISIS… y más acontecimientos de un mundo revuelto.

A pesar de que este año en España la política haya tenido su epicentro en las instituciones, en las calles no dejaron de haber movilizaciones. A pesar de todo, todavía queda pendiente reactivar un nuevo ciclo de luchas ya que el ciclo electoral ha tocado a su fin. Se puso sobre la mesa muchos puntos de vista acerca del sindicalismo revolucionario y la proyección que pueda tener sobre la actual coyuntura laboral, la Gestión Comunitaria como propuesta de modelo educativo es un gran avance de cara a plantear una ofensiva en el ámbito educativo en este país. No obstante, la amnistía social como salida en adelante para trabajar en el ámbito antirrepresivo no ha salido como se esperaba, ni la idea de la soberanía popular. Queda pues por consolidarse todas estas ideas y propuestas dentro de una línea estratégica enfocada al poder popular.

Vamos dejando atrás ya el seguir siendo la pescadilla que se muerde la cola o Homer Simpson incapaz de salir de la rotonda. Los tiempos han cambiado, la crisis para la clase trabajadora continuará en los próximos años y asistimos a la intensificación de conflictos armados. Sobre todo, hay que tener muy en cuenta la modernización de la ultraderecha, que utilizando un discurso obrerista y populista mezclado con el nacionalismo, están creciendo políticamente en casi todo el mundo occidental. Ante este contexto, las izquierdas que se declaren revolucionarias y más en concreto el anarquismo, tiene que saber leer los momentos y hacer política en el día a día de modo que devuelva la ilusión a la clase trabajadora, demostrando que la alternativa no la dará la derecha y que dicha alternativa pasa por la construcción del poder popular en aras de recuperar nuestra soberanía sobre todas las esferas de la vida: política, economía, sociedad y territorio. Una administración democrática, el control de la economía en manos de la clase trabajadora y los sindicatos, una sociedad basada en el apoyo mutuo, la libertad y la solidaridad, y un territorio soberano. Seguramente todo ello no llegará el año que viene, pero es un norte al que aspiramos como bases para un proyecto político revolucionario.

Para el año que viene, el activar un nuevo ciclo de movilizaciones y la consolidación de nuestras líneas políticas y estratégicas serán las claves para salir adelante, construyendo poder popular y un actor político libertario como interlocutor legítimo en la lucha de clases.

¡Feliz 2017 y que nada detenga nuestro avance!

[Debate] Sindicalismo, articulación multisectorial y poder popular

La escena

El ciclo de luchas abierto por el 15M se ha cerrado cuando llegaron a un techo en el cual hacían falta referentes políticos que diesen una orientación política a nivel cualitativo y con carácter ofensivo a los movimientos sociales. Ante la falta de dichos referentes en gran parte de la izquierda, más centrada en autodestruirse que en construir (y en el anarquismo fue casi la tónica general hace unos 2 a 3 años), muchas activistas terminaron atraídas por los cantos de sirena de Podemos y el asalto institucional. Pero esto ya es agua pasada. Ahora vemos que el ciclo electoral está tocando a su fin y tenemos que ver cómo podemos reactivar la lucha en las calles. Dicho de otra manera, abrir un nuevo ciclo de luchas partiendo de la actual coyuntura.

Si bien podemos decir que las luchas laborales son imprescindibles en la lucha de clases, no puede ser expresamente el eje central de la misma, ya que en estos momentos el capitalismo afecta a todas las áreas de nuestras vidas, no solo el trabajo. De hecho, siguen existiendo otras estructuras sociales de opresión como el patriarcado y el racismo que terminan relacionándose. Sin entrar ahora en estos temas, en el panorama laboral actual, a parte de la actual coyuntura de precarización, microempresas, trabajo temporal… encontramos un desencanto generalizado con los actuales sindicatos mayoritarios, convertidos en gestorías y servicios burocráticos corruptos. Todo esto es resultado de la ofensiva neoliberal de los ‘70, época en que las izquierdas estaban en retroceso y la afiliación sindical descendía. Llegaron las externalizaciones, las deslocalizaciones y las reconversiones industriales que reconfiguraron los tejidos laborales y empresariales de todo el mundo, hasta hoy en día. Con la llegada de la mal llamada crisis económica del 2007-2008, la situación de las izquierdas y el tejido sindical al estallar dicha crisis eran testimoniales frente a la hegemonía casi absoluta de la ideología liberal. Tampoco dejaba mucho que desear las opciones revolucionarias, que estaban relegadas al folclore y las discusiones en el pasado glorioso. Todo eso más una pasividad generalizada, el descontento de la población comenzó a poner el foco de la mirada en otros problemas como la corrupción, el paro, la vivienda y los servicios públicos principalmente.

Las luchas laborales de hoy

A pesar del desencanto con los sindicatos, una escasa conciencia de clase generalizada y la actual situación del mercado laboral, sí que hemos visto conflictos laborales importantes. Además de recordar los conflictos mineros, el de Panrico y Cocacola, habría que mencionar las de Correos, en el sector TIC en empresas como HP e Indra donde comenzaron a tener implantación sindical, y más en especial el de Movistar, sin dejar atrás la huelga reciente en Telemarketing por un convenio digno. También vemos que en el sector servicios comienzan a crearse secciones sindicales, en concreto, en la hostelería. No sin olvidar a las Kellys, las camareras de hoteles, el sindicato de manteros e incluso las empleadas del hogar, son ejemplos de cómo los sectores más precarios comienzan a organizarse. Además, cabe mencinar la llegada del sindicalismo en artes gráficas como el de figurantes o los sindicatos de músicos. Esto quiere decir que en el mundo laboral hay conflictos abiertos y aún por haber que desde las bases de un sindicalismo de clase debemos saber impulsarlas, dotándolas de herramientas y recursos para que dichas luchas crezcan sin importar las siglas, sino atendiendo al sentido estratégico.

En todos los conflictos mencionados anteriormente, los actores (sindicales) son diferentes así como la composición de la plantilla que está involucrada en estos conflictos. Todo ello nos indica la diversidad de sindicatos que están llevando a cabo las acciones y movilizaciones. Haré especial mención al caso de la huelga de Movistar como ejemplo de articulación multisectorial, el cual rompió la barrera de las luchas sectotiales para conectar con los movimientos sociales, lo que permitió que alcanzase tal envergadura y repercusión. En este sentido, tenemos que hacer análisis amplios que vayan más allá de nuestros espacios políticos o de implantación de nuestro sindicato que vayan en el sentido de tejer alianzas con otros sindicatos y movimientos sociales.

En qué fallamos

Basta ya de lamentos y de culpar al sindicalismo de concertación. Miremos ahora hacia nosotras. Un gran error es confundir el sindicato con una organización política y reivindicar la identidad del mismo y la ideología antes que atender al aspecto funcional. Cuando priorizamos la identidad sobre lo funcional, ocurre que pasa de ser sindicato a grupo de afinidad donde entran mayormente aquellas personas que tienen ciertas simpatías con el anarquismo, y que hace otras cosas desatendiendo el sindicalismo. Cabe pues preguntarnos sobre cómo estamos actuando y cómo pretendemos articular un sindicalismo funcional en este tejido laboral tan precarizado y descompuesto si lo que pretendemos es crecer. Es más, cómo podemos configurar un movimiento sindical que llegue a los barrios, qué aspiraciones se pueden realizar desde el sindicalismo alternativo y rellenar los huecos a donde el sindicalismo de concertación no llegan. En política, cuando una organización, una fuerza o un actor deja un espacio en el escenario, es una oportunidad para que otra fuerza la ocupe. Esto es lo que deberiamos saber leer y aprovechar.

Las preguntas que deberíamos hacernos para la reflexión y la autocrítica deberían tirar en estos sentidos: ¿cómo afrontamos la subcontratación? ¿Cómo podríamos dar cobertura sindical a sectores desprotegidos y temporalizados como la hostelería, las empleadas de hogar o las camareras de hoteles? ¿Qué hacer con los y las trabajadoras en microempresas y PYMES? El sindicalismo de barrio podría ser una respuesta interesante ante estas preguntas, ya que ampliaría el campo de acción hacia el barrio y facilitaría la articulación multisectorial.

Salida hacia adelante

Hemos de ir superando los debates sobre las formas, los contenidos y las identidades para pasar a centrarnos en análisis de coyuntura, hojas de ruta, propuestas y líneas estratégicas. Así que las cuestiones de fondo no son si el sindicalismo tiene que ser ésto o lo otro, si tiene que ser libertario o no, o si la estructura está burocratizada o no, sino que más bien debe ir en el sentido del papel que pueda jugar como herramienta para la emancipación de la clase trabajadora actual y qué lineas políticas asume como instrumento para la lucha de clases. Más allá de la legalidad vigente y de los métodos de lucha en sí, hemos de plantearnos unas líneas que permitan una ofensiva a nivel político-social. En este sentido, primero hemos de contar las fuerzas que tenemos y qué objetivos debe tener un sindicalismo revolucionario. Podemos poner como finalidad el asumir el control de la economía por parte de la clase trabajadora, pero en medio existen muchos otros objetivos: constituirse como referente en las luchas obreras, ofrecer herramientas y apoyo logístico en la formación de nuevas secciones sindicales y asesoramiento laboral, tener contacto con cooperativas, tejer lábeles sindicales en los barrios, tener bolsas de trabajo propias, cajas de resistencia para huelgas, bases para la recuperación de empresas, mutuas… Son por ahora solo una tormenta de ideas, pero realmente necesarias para ir concretando objetivos y avanzar en materia.

Luego, la relación del anarquismo con el mundo laboral debe, primero, dar respuestas en el corto plazo en el sentido de ofrecer herramientas funcionales que resulten efectivas para poder ganar conflictos laborales, como por ejemplo, propuestas para revitalizar un sindicalismo revolucionario. No es que la gente se tenga que acercar al anarcosindicalismo o sindicalismo revolucionario, sino cómo podemos ir acercando las herramientas del sindicalismo revolucionario a los sectores precarizados y al mundo laboral, qué soluciones podemos aportar a esta coyuntura laboral y qué estrategias llevar a cabo para avanzar. Tanto en los movimientos sociales como en el mundo laboral, nuestro papel como libertarios es asumir una responsabilidad política de constituirnos como tendencia organizada e insertarnos en las luchas existentes tratando de que estas luchas avancen siguiendo unas líneas políticas socialistas libertarias, no porque tengamos razón, sino por acierto estratégico. Si no queremos mantenernos más tiempo a la defensiva, necesitamos propuestas para pasar a la ofensiva. Una de ellas, ya que estamos tratando el problema de la escasa vinculación entre movimientos sociales y luchas laborales, es la articulación multisectorial, que consiste básicamente en tender puentes y, de alguna manera, sincronizar objetivos que puedan asumirse tanto desde la perspectiva laboral como desde los movimientos sociales, que existan lazos solidarios entre ellos, como lo sucedido en la huelga de Movistar, la cual recibió apoyos desde la PAH y otros colectivos.

La propuesta de articulación multisectorial servirá como primer paso para romper las barreras sectoriales y sentar las bases para la construcción del poder popular, esto es básicamente, la capacidad material del pueblo para realizar sus aspiraciones y decidir su propio destino en todas las esferas de la vida pública: política, economía, sociedad y territorio. Aquí el sindicalismo revolucionario entraría en el papel de la construcción de un nuevo modelo económico sin desligarse del resto de luchas. Y nuestro papel como libertarios es ser un actor político que impulse un movimiento popular fuerte e independiente.

También publicado en la Soli

Crónica de una resistencia colectiva: La Rimaia

Aquel lunes 24 de octubre me enteré de que amenazaron con desalojar La Rimaia con fecha abierta, es decir, que pueden venir los Mossos en cualquier momento. Así pues, se convocó una respuesta a través del hashtag #ResistènciaSorpresa ese mismo día a las 18:30, donde una hora después comenzaron a haber conciertos en el balcón y recitales de poesía, además de lectura de comunicados. ¿Que dónde estaba Rimaia? En Ronda Sant Pau nº12, llegando desde <M> Paral·lel L2 o L3. Más fácil imposible, contando de que además podéis hacer el viaje gratis. Decidí entonces pasar la noche aquel primer día aun sabiendo a lo que me estaba enfrentando. Decidí correr el riesgo y apoyar a la causa, a una causa totalmente legítima y que visibiliza el problema de la vivienda tanto en Barcelona como en el resto de las ciudades españolas.

El bloque okupado estaba categorizado por el propietario como pisos de alto standing construidos en los años 90 y no se consiguió vender ninguno. Fue entrar en él y ver que todo estaba equipado, nadie más vivió allí excepto quienes están ahora llevando adelante el proyecto de La Rimaia, desalojado varias veces y reokupado también. Ahora están en situación, de nuevo, de desalojo que puede llegar en cualquier momento. Esta es una de las peores situaciones a las que nos podemos enfrentar, puesto que es una especie de guerra de desgaste en la cual les obligan a los y las ocupantes a estar alerta y con la idea del desalojo en la cabeza constantemente. A esto hay que sumar a los secretas merodeando la zona del edificio a modo de acoso. Ante esta situación, no hay otra salida que plantear la resistencia colectiva y llamar a todas a participar en ella para que este proyecto no termine con las puertas tapiadas.

Así pues, acudí a echar una mano en lo que pueda y participar en la resistencia. Aquí, en La Rimaia, viven familias con hijos e hijas que como cualquier familia buscan un hogar donde poder vivir tranquilas. Ese día hubo bastantes personas durmiendo, pero hemos cabido todas allí. Llegamos unas cuantas personas de Sants y otras eran del barrio. Dormimos bien aquella primera noche, y a la mañana siguiente hemos tenido un buen desayuno con comida reciclada. Después he participado en tareas de limpieza, cocina, alguna asamblea, reciclaje de comida, hacer carteles… En estos tres días que me quedé me he llevado un buen sabor de boca (nunca mejor dicho, en alusión también a las buenas comidas populares). ¡Y estuve por aceptar que me diesen una llave para pasarme con frecuencia sin tener que llamar a la puerta! Aunque por tema de trabajo fuera de Barcelona he tenido que dejarlo. Volveré cuando pueda, he conocido muy buenas personas que me acogieron bien y siempre ha habido buen ambiente en todo caso. Os animo a las personas y colectivos de Barcelona (o de donde sea y podéis pasaros) que visitéis La Rimaia, sea para ver las actividades que se hagan allí, o sea para organizar unas para que se siga dinamizando el espacio y no decaigan los ánimos. Pasaros por el local, haced vuestras asambleas allí, participad en las reuniones que hayan y preguntad si podéis dormir alguna noche allí, os agradecerán las personas que viven allí por el apoyo. También, echad una mano en las tareas del día a día y participad en el mantenimiento del espacio.

Y nada más, os dejo mi pequeña contribución en forma de cartel y dibujito:

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¡Ante el desalojo sorpresa, resistencia sorpresa! ¡Este desalojo lo vamos a parar!

Cuando los asesinos y censores hablan de libertad de expresión

El miércoles 19 de octubre, los personajes Felipe González y Juan Luis Cebrián iban a dar una conferencia en la UAM (Madrid). Como respuesta, se organizó un escrache entre alumnos y alumnas de la Uni que terminó en éxito al lograr que lo suspendan. De este éxito, en los medios de comunicación comenzaron a salir noticias sobre el aconecimiento, y podemos encontrar entre ellos en El País y el ABC donde se criminalizaba a la FEL, vinculándolos con Podemos, con etarras e incluso con su supuesto brazo político la organización de militantes Apoyo Mutuo (AM), además de calificar la protesta como violenta cuando no hubo ningún daño material ni humano. Tampoco dudaron en señalar una pancarta sobre el fin de la política de dispersión de los presos vascos, denunciando así los GAL (1983 a 1987) y la política represiva contra ETA, cuya actividad ha cesado pero el Estado español sigue aplicándola.

Acusan a la FEL porque es una organización con trayectoria en el movimiento estudiantil, y un interlocutor legítimo dentro de ello. Por eso lo quieren usar como cabeza de turco y poner caras a los culpables, tratando de tapar las corruptelas de los conferenciantes.

No obstante, la realidad se aleja mucho de las versiones que criminalizan el suceso. Primero, la FEL no es la organizadora de la protesta, sino fue conjunta entre estudiantes. Segundo, ni Podemos ni AM tienen vínculos estrechos con la FEL, aunque haya un militante que esté en FEL y AM, y tercero, la legitimidad de la protesta no necesita justificación alguna si sabemos qué representan estos dos personajes que quisieron venir a una universidad. Si hacemos un poco de memoria, el Felipe González fue el responsable político de los GAL junto con las torturas y asesinatos que a través de dicha agrupación se realizaron, practicando impunemente el terrorismo de Estado con el pretexto de combatir a ETA. Pues bien, los nombres que aparecen en las caretas de los y las estudiantes son de las víctimas asesinadas y torturadas por los GAL, detalle que no quieren visibilizar los medios, sin quitar importancia tampoco a los casos de corrupción como los de los Fondos Reservados, Roldán, Juan Guerra, Filesa… También fue responsable de legalizar las ETT, derechizar el PSOE y meternos en la organización criminal más grande de la historia que es la OTAN, no dudando tampoco en apoyar a la oposición venezolana y las dictaduras de los regímenes marroquí y saudita. Y hablando de Juan Luis Cebrían, este señor acusa de censores a los y las estudiantes que boicotearon la conferencia cuando él es el CEO del Grupo Prisa. Franquista en sus tiempos mozos, demócrata disfrazado hoy, tiene la desfachatez de hablar de libertad de expresión cuando en su periódico El País publica lo que le parezca bien para el régimen español. Es otro personaje que aparece en los Papeles de Panamá.

Al contar con todo esto, sobran razones para decir bien alto y bien claro que No son bienvenidos en ningún lado, que no pueden dar lecciones de nada en este país y menos hablar de democracia y libertad de expresión, porque estos dos y sobre todo el expresidente, son en realidad anti-democráticos y estarán siempre contra los intereses del pueblo, de la clase trabajadora.

Cuando el pueblo le señala, ellos se esconden tras un periódico y una cámara para calumniarnos y llamarnos violentos, pero sabemos que son asesinos y cómplices de dictaduras que no quieren dar la cara. Desde aquí, una pluma más que se suma, junto con todo el colectivo de Regeneración, a solidarizarnos con la FEL y las estudiantes de la UAM por las posibles represalias que vayan a haber, y que vamos a seguir luchando por nuestra legitimidad y nuestros derechos sociales, impidiendo que estos personajes pisen los espacios públicos para contaminarlos de sus ideologías neoliberales y totalitarias. Que unos asesinos y censores no nos llamen violentos.

Aquí el comunicado de la FEL

Otra vuelta al tema de la soberanía

En otra ocasión os hablé aquí sobre este asunto, en donde planteaba la cuestión acerca de la noción de soberanía y qué implicaría. Ahora mismo, me parece interesante rescatar este tema para que se vaya puliendo un poco más ya que, al menos personalmente, podría tener tirada de nuevo para abrir un nuevo ciclo de luchas en este nuevo curso político. Como sabemos, tras las elecciones, la actividad de los movimientos sociales ha bajado bastante en estos últimos meses. Y no solo por el parón veraniego, habrá otros factores y uno de ellos es la falta de una dirección política desde fuera de las instituciones, en el sentido de una alternativa desde las calles que recoga los descontentos y las ilusiones de la clase trabajadora y no se termine apostando por la vía institucional. Bueno, esto ya es agua pasada, ahora necesitamos algo potente como base para ir tirando adelante y me parece acertado hablar de soberanía popular como un «norte» cuando hablamos de poder popular y queremos concretar qué es lo que queremos como clase, lo que servirá también para definir hacia qué modelo de sociedad aspiramos.

La clave está en que toque todos los problemas de la vida real hoy en el capitalismo. Así pues:

  • Soberanía política: control sobre los asuntos políticos que afecten al pueblo, tal que el pueblo soberano tenga el poder real de decidir qué políticas aplicar, los organismos a constituir, la diplomacia, el método de toma de decisiones, la participación, etc, de modo totalmente independiente de cualquier Estado. Un ejemplo de ello puede ser el establecimiento de una administración basada en la democracia directa y estructurado de abajo a arriba.
  • Soberanía económica: control sobre la economía del territorio, tal que el pueblo soberano decida sobre qué, cómo y para qué producir, a la vez que no dependa de las exportaciones e importaciones. Esto no quiere decir una autarquía, sino que el modelo económico esté sustentado localmente. Para ello, también implica que los medios de producción pasen a manos de quienes trabajen en ello, logrando una economía socialista de planificación descentralizada. Aquí tocaríamos temas importantes como trabajo, vivienda, modelo productivo, importaciones/exportaciones, …
  • Soberanía socio-cultural: capacidad para mantener y expresar toda la diversidad cultural del pueblo soberano, en la cual, dicha sociedad sea un «mundo donde quepan muchos mundos». En nuestro caso sería pues defender y aplicar los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, el feminismo, el internacionalismo, etc.. Aquí se podría tocar cuestiones como la religión, las tradiciones, culturas de otros pueblos, …

Lo anteriormente mencionado incluirá implícitamente lo siguiente:

  • Soberanía nacional: puede que a priori suene mal por estos lares, pero se trata más bien de la cuestión territorial donde el pueblo ejerza su soberanía, lo que en este caso se traduciría en la capacidad del pueblo para ejercer los tres tipos de soberanía mencionadas anteriormente. Además del control territorial, también habrá de tenerse en cuenta la cuestión del medio ambiente y la ecología, que entrará en lo que es la ordenación del territorio.
  • Soberanía energética: capacidad del pueblo a producir su propia energía sin tener que importarla o depender de ello.
  • Soberanía alimentaria: capacidad del pueblo para cultivar sus alimentos, producir lo suficiente para la población y decidir sobre qué producir, cómo distribuirlos, el modelo de consumo, y el control sanitario sobre los mismos.
  • Soberanía individual: no menos importante, cada individuo de la nueva sociedad será libre y podrá desarrollar todas sus capacidades como persona.

En definitiva, la soberanía popular sería una cuestión a tener en cuenta a la hora de construir poder popular y durante este nuevo ciclo de luchas que deberíamos abrir por responsabilidad política, ya que sabemos que se ha cerrado el ciclo electoral y tenemos que salir con proyectos políticos que ilusionen a la clase trabajadora, no con cantos de sirena como el «asalto institucional», sino en la conquista de la soberanía y en la lucha del día a día: sindicalismo de clase (el cual se englobarían desde los sectores más precarios como las Kellys y los manteros, hasta el sindicalismo social de los barrios, el del sector servicios y nuevas tecnologías, etc), la vivienda y contra la gentrificación, las remunicipalizaciones, la amnistía social, etc… Y, como he dicho al principio, sería interesante llevar este tema a los movimientos sociales, hablando de soberanía no en el sentido de reforzar el Estado burgués, sino en la construcción del poder popular y un nuevo modelo de sociedad como salida anticrisis y anticapitalista.

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