La independencia catalana y la activación de un nuevo ciclo de movilizaciones

A dos semanas del 1O, todavía al parecer buena parte de la izquierda no tiene un posicionamiento claro respecto al Procés. Lamentablemente, hemos de reconocer que en el independentismo la burguesía catalana tiene bastante peso, pero quedarnos con la idea simplista de que, como suena burgués y nacionalista, apelemos al «ni Estado catalán ni Estado español», o a los principios, o a que no tiene nada de anarquista y por ello no nos posicionamos. Sin embargo, no es realista, sino una mera consigna para calmar conciencias y lo que buscamos es que seamos capaces de intervenir en la realidad material con propuestas políticas viables. La clave de la cuestión catalana no radica solamente en la independencia, sino en la apertura de una ventana de oportunidades para activar los movimientos sociales y saltar al escenario de la política del país. En otras palabras, disputarle a la burguesía el Procés. Por ello, aclaro aquí tres claves que considero imprescindibles para el papel que juguemos en esta coyuntura.

Primero, la activación de los movimientos sociales en Catalunya en torno a la cuestión catalana poniendo sobre la mesa no solo la independencia, sino también marcando las condiciones materiales sobre el proceso de independencia, estando en los debates y en las negociaciones de un nuevo marco, donde el movimiento popular sea reconocido como actor político legítimo de cara a la toma de decisiones que afecten a la política del futuro país en materias como: servicios públicos, transporte, remunicipalizaciones, vivienda, laboral, medio ambiente, energía… en clave soberanista popular.

Segundo, acentuar las contradicciones del Estado español que está reprimiendo con todo su aparato legal contra las instituciones catalanas y contra el pueblo catalán. Las políticas que están tomando el gobierno central contra Catalunya muestra su incapacidad para gestionar la situación y su cara más reaccionaria, dejando claro así que la democracia no llegó a España, y que es responsabilidad del movimiento popular defenderla, pero no el modelo parlamentario, sino la democracia directa de las asambleas populares.

Tercero, la profundización de la ruptura con el Régimen del ’78 debe servir como punto de partida para el debilitamiento de este modelo de Estado fascista, llamando así a la activación de los movimientos sociales en el resto del Estado español.

Estamos ante una coyuntura en la cual tenemos que aprovechar estas oportunidades para activar un nuevo ciclo de movilizaciones y escalar el conflicto. No puede ser que sigamos mirando el dedo cuando nos señalan la luna. No puede ser que obviemos la represión del Estado español. No puede ser que desaprovechemos otro ciclo de movilizaciones. No puede ser que nos importe más tener la conciencia tranquila y quedarse de brazos cruzados mientras vemos cómo aquí detienden alcaldes y concejales y cómo allanan imprenta tras imprenta, nave tras nave acosando a los y las trabajadoras que allí trabajen. No puede ser que a estas alturas sigamos tan miopes, cegados por los principios e incapaces de tener una visión estratégica al respecto.

Basta ya de tanta inoperancia. Queremos la ruptura con España, pero no queremos otro Estado igual que España. Por eso, también queremos solucionar los problemas que tenemos la clase trabajadora en el capitalismo, y para ello hay que trabajar en la creación de nuevos marcos en las materias mencionados anteriormente desde los sindicatos de clase, desde las asambleas de barrio y grupos de vivienda/sindicato de inquilinos, desde las organizaciones ecologistas, desde las organizaciones estudiantiles… y todas aquellas organizaciones del poder popular. Y nuestro papel aquí es articularlas y dotarlas de orientación política socialista libertaria organizándonos a nivel político.

Sé que es muchísimo trabajo por delante, pero si elegimos luchar, tenemos que creernos que la revolución social es posible y solo se materializará escalando los conflictos construyendo pueblo.

Visca Catalunya lliure!
Visca el poder popular i la sobiranía del poble!

Barcelona. Entre el caos y el miedo

Antes que nada, mi más sincera muestra de solidaridad y apoyo a las víctimas de este horrible atentado, y de muchos más cometidos a lo largo y ancho del globo. Aquel 17 de agosto sobre las 17h de la tarde se produjo en Barcelona un atentado similar al vivido días atrás en Charlottesville, donde un neonazi atropelló a una veintena de personas al conducir su coche hacia un grupo de personas en una manifestación antifascista, dejando una víctima mortal. Esta vez el autor es un terrorista del Daesh que alquiló una furgoneta y arrolló una veintena de personas en la Rambla. Posteriormente, hubo un atropello a varios policías en Espluges y otro intento de atentado en Cambrils a la madrugada. Estos hechos se suman ya a los anteriores atentados en París y Bruselas, por mencionar los más recientes, en suelo europeo, sin olvidar la situación casi diaria en Siria, Turquía e Iraq, y las zonas donde opera Boko Haram.

A estas alturas ya no nos deberíamos sorprender de cómo el foco mediático recae sobre los atentados en suelo europeo, mientras que los cometidos en otros países donde derraman además mucha más sangre quedan en segundo plano. No nos dejemos llevar por el pánico, el sensacionalismo y el morbo que retransmiten en los medios de comunicación e individuos irresponsables en las redes sociales. En medio de todo el caos y el estado de shock, el poder dominante aprovecha para recortar libertades e imponer estados de excepción. En esta situación la derecha (desde la más liberal a la más fascista) aprovecha para soltar sus discursos racistas, xenófobos, autoritarios e islamófobos, señalando como culpables a la inmigración y a la afluencia de refugiadas a Europa bajo un discurso de odio al diferente.

No obstante, ante la percepción distorsionada y llena de prejuicios sobre la situación de la derecha, -además intencionada-, ya que precisamente ese posicionamiento beneficia a las clases dominantes, la realidad que vivimos es otra: las víctimas son en su gran mayoría de clase trabajadora, personas que además de tener que enfrentarse a los riesgos en sus centros de trabajo, pagan con su sangre los viles actos terroristas de un grupo financiado y alimentado por Occidente bajo unos intereses económicos y geoestratégicos en Oriente Próximo.

A Occidente lo le interesa la paz en Oriente Próximo, no le interesa que hayan países soberanos que les planten cara frenando el saqueo de los recursos naturales de dichos países, y por eso, cuenta con Turquía, Israel y Arabia Saudí principalmente para seguir manteniendo la zona en conflicto. Ahí tienen un suculento negocio con las armas y el petróleo, mientras promueven la expansión del wahabbismo y el salafismo, ramas extremistas del islam las cuales constituyen las bases ideológicas del Daesh, Boko Haram y Al-Qaeda. Y ahora mismo, las únicas fuerzas que están en primera línea combatiendo al Daesh son el YPG/YPJ aliadas con las SDF, las cuales apuestan por un proyecto político de paz laico, democrático y socialista no solo para Siria, sino para todo Kurdistán y Oriente Próximo. Pero mientras la guerra continúe, a parte de los atentados en zonas de conflicto, vendrán los terroristas a cometer atentados que se cobrarán más víctimas inocentes, a costa además de los recortes en libertades y derechos civiles con la excusa del terrorismo, así como anular la legitimidad de las luchas sociales.

Hoy más que nunca la clase trabajadora debe permanecer unida ante estas situaciones de barbarie. Las muestras de solidaridad ya se han visto entre los y las trabajadoras de Eulen que suspendieron su huelga, taxistas que ofrecieron un servicio gratuito para evacuar la zona, colas para donar sandre y personas que prestaron asistencia a los heridos en el lugar del atentado. Esto demuestra que solo el pueblo salva al pueblo y levanta los ánimos y esperanzas por un mundo más justo. Hoy más que nunca tenemos que seguir trabajando en la integración de todos los colectivos sociales y seguir adelante con la lucha social construyendo pueblo. Tenemos que saber reaccionar ante esta oleada de paranoia y de discursos de odio fáciles reivindicando la diversidad cultural, el apoyo a las personas migrantes y refugiadas, la defensa de nuestras libertades y derechos, el bloqueo de la venta de armas a países que financian y alimentan el terrorismo como Turquía, Arabia Saudí, Qatar e Israel, y el fin de la guerra en Siria y Yemen. Por todo eso y más, digamos basta ya de jugar con nuestras vidas, basta ya de engañar y amedrentar a la población, basta ya de justificar guerras contra el fantasma del terrorismo que ellos mismos han fabricado directa e indirectamente.

Se nos avecinan tiempos difíciles, y es fundamental que continuemos con la gran labor de construir un pueblo fuerte que oponga la soberanía popular frente al neoliberalismo y al fascismo en auge.

 

El 19 de julio y la construcción de pueblo

Como cada año, conmemoramos el 19 de julio de 1936 como el día en que el alzamiento fascista fue detenido por el pueblo en armas principalmente en Barcelona y otras regiones como Andalucía, Madrid… En ese momento, el Estado republicano se derrumbó pero el golpe de Estado no pudo consumarse y acabó desencadenando una guerra civil. En ese momento, la CNT-FAI fue la fuerza sindical mayoritaria, ya que el anarquismo arraigó entre buena parte de la clase trabajadora española. Pero, ¿nos hemos parado a pensar cómo arraigó y desembocó en una revolución social al alzarse el fascismo? Toda esta trayectoria viene de la construcción de pueblo años atrás desde que llegó Fanelli y la AIT a España. Por eso, no hay que desmerecer todo ese trabajo de hormiga día a día entre la clase trabajadora y de la inserción del anarquismo en las luchas obreras durante el período conservador, es decir, en una coyuntura donde el capitalismo junto con la democracia burguesa es el sistema dominante.

La pedagogía, la constancia y la perseverancia en las luchas en el día a día, es la que dio finalmente estos frutos: la construcción de la clase trabajadora como sujeto político con el poder real para gestionar la producción y el control de la economía en clave socialista libertaria. Este legado histórico no debe caer en el olvido, debe servir como lecciones para tener claro lo que queremos. Ahora hay que mirar el presente y dejar los elogios al pasado, por eso este artículo no será el enésimo que hable sobre la historia.

Construir pueblo significa insertarse en las luchas cotidianas ante la problemática común a la clase trabajadora, crear comunidad y nuevas relaciones sociales basadas en el respeto, la solidaridad y la ayuda mutua, generando así una cultura de lucha social y configurando un sujeto político. Sobre esta misma base se hicieron otras revoluciones cuya fecha clave es esta: la española del 1936, la sandinista en 1979 y la de Rojava en 2012. Todas ellas parten de una misma base: años y años de construcción de pueblo escalando la lucha de clases construyendo un nuevo modelo de sociedad que supere el sistema capitalista. Y por eso hoy, en esta coyuntura de crisis interminable y de una nueva ofensiva del neoliberalismo, tenemos que seguir construyendo pueblo desde las luchas ya existentes: vivienda, sindical/laboral, servicios públicos, … sobre nuestros territorios, sin descuidar tampoco intervenir a nivel político y en la política a nivel macro: soberanía popular (territorial, política, económica, medioambiental, energética…), internacionalismo, política de alianzas con otras fuerzas afines, posicionamientos sobre cuestiones que afecten a la política del país…

Atravesamos una coyuntura difícil donde el neoliberalismo está a la ofensiva y el fascismo está en auge gracias a la crisis y a que supieron actualizarse. Ahora bien, es nuestra responsabilidad articular un movimiento popular cohesionado en la diversidad y masivo capaz de influir en la agenda pública del país y arrancar conquistas tanto en lo inmediato como más ambiciosas a largo plazo, así como la necesidad de las anarquistas el organizarnos a nivel político para dotar al movimiento popular de una orientación política. Por eso el día de hoy debe servir para recordarnos que tenemos que ponerle esperanzas e ilusión frente al derrotismo y la frustración, poniendo en marcha una gran labor de construcción de pueblo, labor por la cual los pueblos cambiaron el rumbo de su historia y son los protagonistas de ella.

Por un 1º de mayo que sirva para demostrar el poder obrero

Ha llovido muchísimo desde aquella revuelta de Haymarket y queda mucho por recuperar la fuerza que tuvo el movimiento obrero antes de la II Guerra Mundial. Pero el pasado ya es pasado, estamos en 2017 en un contexto en el que el PP ha vuelto a ganar las elecciones y se ha cerrado el ciclo electoral en España. Creo que más que hablar del sentido del primero de mayo habria que plantear este día no solo como día para movilizarnos en las calles, sino para hacer un repaso de los conflictos laborales en este año. Se ha criticado este dia que por las manifestaciones solo es reproducir un folclore, un ritual en el cual hay que salir a las calles a la manifestación de la ciudad para demostrar que se apoya a la clase obrera. Del mismo modo, se critica que mucha gente se vaya al Viña Rock por simple postureo revolucionario.

Cómo lo estamos haciendo

Sea cual sea la cuestión, estos últimos años el 1 de mayo, al menos en Barcelona, está siendo de todo menos obrero, demostrando la división y las luchas intestinas dentro de la izquierda radical: ronda de contactos desde diciembre para hablar sobre qué hacer el 1 de mayo, varias convocatorias para un solo día con diferentes horas y recorridos, manifestaciones con bloques de cada ideología cada cual con su bandera, reivindicaciones autorreferenciales y de cualquier cosa menos de clase, folclore hablando del pasado, disputas de a ver quién hace la acción más espectacular… Y con todo este panorama, no nos damos cuenta de dónde estamos la clase obrera y que nos estamos alejando de ella: paradas, camareras, el botones de los hoteles, las kellys, trabajadores y trabajadoraas del sector TIC y de la industria, manteros, reponedores, cajeros, bomberos … en general todas aquellas personas que están sufriendo la explotación laboral para poder vivir. Y sobre todo ellas, las cuales perciben de media un salario menor al del hombre además de tener que asumir tareas de cuidados que no son reconocidas ni remuneradas. Es penoso que ante esta coyuntura de precariedad generalizada no nos planteemos líneas de trabajo que vayan encaminadas a dar cobertura sindical ante una buena parte de la clase trabajadora abandonada por los sindicatos de concertación. Esta gran mayoria nos ve como frikis, vividores, radicales violentos, vagos y maleantes… en fin, algo ajeno a ellos.

Cambio de dinámicas. Una propuesta estratégica

Hemos de dejar de pensar que el 1 de mayo solo sea un día para tocarse los huevos, manifestarse, homenajes al movimiento obrero del siglo anterior o irse al Viña, para ir viendo más allá de un día. La clave está en que no debemos ver este día como especial y aislado de resto de días, sino como una fecha cuyo significado tenga que ver, y esté vinculado, con las luchas obreras en la actual coyuntura. De este modo, podemos tratar este día con contenidos que permitan la continuidad de la lucha:

  • Mapeo de la situación laboral en el último año: efectos de la reforma laboral, sectores, tasa de desempleo, condiciones laborales, situación de los sindicatos concertados y de los alternativos…

  • Análisis de los conflictos dados estos últimos años (el correscales, telemarketing, estibadores…) teniendo en cuenta los orígenes, su trayectoria, cómo han terminado (o siguen en pie) y qué experiencias podemos aprender de ello.

  • Situación del sindicalismo alternativo. Qué se está haciendo bien y qué no. Qué se ha avanzado respecto al año anterior en los sectores y cómo van evolucionando: artes gráficas y espectáculos, sector TIC, las kellys, sindicato de manteros…

  • Sobre los conflictos aún vigentes, aprovechar este día para darles visibilidad en las calles rompiendo el aislamiento y el corporativismo, demostrando que los problemas, aunque en distintos centros de trabajo, tienen una base común: el capitalismo.

  • Proyecciones de futuro en clave de trazar unas líneas de trabajo sobre cuestiones como cambiar las dinámicas que lastran, cómo afrontar la temporalidad, la subcontratación, las situaciones de indefensión, horarios interminables… Posibilidad de implantación más allá del centro de trabajo: el barrio, la vivenda y grupos de apoyo mutuo…

Otro punto importante viene de parte de las organizaciones sindicales, los cuales deberián de aparcar el afán de protagonismo, dejar de centrarse en marcar diferencias las unas con las otras y más buscar confluencias, dejar de criticar demasiado a los sindicatos concertados (en clave estrátegico: si CCOO y UGT abandona las calles, las ocupamos nosotras. Si abandonan un sector, buscaremos implantacián allá donde se hayan ido. Si venden a la plantilla, recogemos el descontento y le damos herramientas/alternativas…).

Nunca más un 1º de mayo sin lucha de clases

El objetivo de este día pues no es para pasear las banderas ni salir en procesiones, ni liarla, ni ver quién monta la acción más espectacular, sino decir que hoy hablar de clase sí tiene sentido, y demostrarlo visibilizando la unidad de la clase obrera, los conflictos que se han ganado y los que quedan por ganar. Todo ello debe ser fruto del traajo de hormiga en el día a día en los tajos con un horizonte revolucionario: que la clase obrera asuma el control de la economía enmarcado en un proyecto político socialista libertario. En este sentido, articular el movimiento obrero a través de los sindicatos (tanto laborales como de barrio) como sujeto político e interlocutor legítimo en la lucha de clases. Solo así podremos recuperar el significado del 1º de mayo para la clase obrera: un día para demostrar que la clase trabajadora organizada tiene el poder y es capaz de cambiar las cosas.

Este artículo también está disponible en la edición en papel del periódico Solidaridad Obrera

Los gases y la política. ¿Dónde está la izquierda revolucionaria?

Tras la primera ronda de las elecciones en Francia, en el mapa político del país vecino, Mélenchon queda fuera de la segunda ronda, el candidato de izquierdas que pudo haber sorprendido en estos comicios con un discurso que apuntaba a la clase obrera y también a disputar el nacionalismo a la derecha. No obstante, al no haber pasado esta ronda, quedan como finalistas el nacionalismo conservador y supuestamente ‘euroescéptico’ de Le Pen y Macron, un neoliberal pro-UE. Efectivamente, a la izquierda revolucionaria ni se le huele, como ya ha expresado el compañero Ángel en su artículo más los comentarios debajo del mismo que tenéis que leer antes de continuar con éste. Sabemos que a estas alturas algo falla y hay huecos vacíos que estamos dejando. Por eso quiero hacer una aportación más al debate.

Como dije hace tiempo, la política es como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Así es cuando una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará. La política día a día en las calles, en los centros de trabajo, en el instituto o la Universidad, en los servicios públicos, en la vivienda, etc es un primer paso imprescindible de cara a la construcción de pueblo. Sobre ello no dudamos y estaremos de acuerdo prácticamente todas. No obstante, no he venido a hablar una vez más de la inserción social, sino de escalas: local, regional, nacional e internacional, o simplificando, de lo micro y lo macro. Cuando se habla desde un plano macro noto una ausencia desoladora. Una vez más, la metáfora de los gases nos indica una clara ausencia de la izquierda revolucionaria, pues ha dejado su vacío en lo que respecta a la política a escala nacional y la han ocupado los nacionalistas y neoliberales.

Siguiendo con Francia, las luchas que se han dado en este país el pasado primavera-verano han sido bastante potentes: las ZAD, la huelga general en rechazo de la propuesta de reforma laboral y Nuit Debout. No obstante, todo aquello no cristalizó en un proyecto político de país que se viese representado en algún programa de algún partido, hasta que apareció Mélenchon con un programa de izquierdas en el que quizás se pudiese ver representado todas esas luchas. Y continuando con la política nacional, ya mismo en el comentario de Black Spartak ha apuntado al tema de la soberanía nacional, concepto sobre el cual tanto el liberalismo como el nacionalismo de derechas tienen sus relatos y sobre el cual apoyan sus proyectos políticos. Si Podemos ha comenzado a hablar de patria y de España como Estado plurinacional, es precisamente para llenar ese vacío en lo que respecta a los debates sobre la cuestión nacional y al proyecto de país, ocupado por la derecha, la socialdemocracia y poco más. Eso me pregunté yo en su día aquí y aquí, ¿cómo un tema tan importante como la soberanía y la cuestión nacional generaba tal rechazo entre buena parte de la izquierda revolucionaria y más entre el anarquismo? ¿Porque no es algo que vaya con nosotras? ¿Porque es burgués? ¿O porque se nos escapa de las manos y no sabemos qué decir al respecto? Pues esto es un error garrafal, ya que en los debates sobre política a nivel nacional y de cara a la opinión pública nos quedamos fuera. No porque nos echen, sino porque nosotras mismas nos salimos al carecer de proyectos políticos y programas.

Volviendo a la política en lo macro, necesitamos recuperar este hueco si queremos avanzar y que nuestras alternativas se escuchen y sean tenidas en cuenta. Con esto no estoy diciendo que tengamos que abandonar los barrios. Al contrario, tenemos que seguir en las calles tratando de que los movimientos sociales avancen, abriendo otro ciclo de luchas y mantenerlo, ir construyendo pueblo, creando poder popular, y a la vez, organizarnos políticamente, trazar estrategias políticas e ir configurando un proyecto político sentado en la realidad. Y aquí es donde entran las claves de por qué hemos de incidir en la política a nivel macro:

1.- Legitimar las luchas en lo micro a través de la creación de discurso y relatos en favor de las luchas sociales influyendo en la agenda pública. Esto servirá para superar la inercia de esperar el golpe para responder, y así pasar a la ofensiva tomando la iniciativa.

2.- Crear un contrapeso a la derecha tanto conservadora como neoliberal en lo que respecta a la construcción de proyectos políticos, inclinando la balanza en favor de la clase trabajadora. Hay que evitar que la opinión pública vire cada vez más hacia la derecha.

3.- Construir un proyecto político que recupere la soberanía popular como proyecto de país en clave socialista libertario, cuyo programa incluya propuestas sobre la nueva institucionalidad (administración democrática, democracia obrera, como se le quiera llamar), con su modelo territorial, económico y social.

En resumen, si de verdad desde la izquierda revolucionaria nos planteamos salir de la marginalidad, deberíamos poner sobre la mesa la necesidad construir la política a nivel macro. Una mirada hacia el movimiento de liberación kurdo, hacia Izquierda Libertaria de Chile o el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas, y veremos que tras años y años de luchas han dado el salto a la configuración de actores políticos a nivel macro, con sus programas, proyectos y líneas estratégicas acordes a la coyuntura de cada país.

¿Por la República y el Socialismo?

Hoy por 86º año consecutivo, en España conmemoramos la proclamación de la II República. Quedan en nuestra memoria todas aquellas personas que lucharon por la libertad y la democracia, y más todos esos trabajadores y trabajadoras que lucharon por mejorar sus condiciones de vida. Por supuesto, no dudamos de que la II República haya traído avances, así como que tampoco olvidamos los retrocesos. Pero hoy no quiero hacer otro artículo histórico más de los miles que hay, sino ofrecer una lectura en clave estratégico respecto a lo que hoy vivimos. No es tiempo de discusiones ideológicas sobre el pasado, ni idealizar aquella época ni demonizarla. Podríamos quizás extraer lecciones de esa historia y saber de dónde venimos.

Una mirada hacia el presente nos dice ya muchas cosas: somos el segundo país del mundo con más fosas comunes sin exhumar detrás de Camboya, tenemos una monarquía herencia de Franco, los torturadores franquistas siguen impunes, las víctimas del franquismo están silenciadas… y el caso de la condena a Cassandra por unos chistes sobre Carrero Blanco mientras indemnizan a un nazi por haberle destruido su arsenal demuestran que el Estado profundo de España sigue siendo franquista. Toda esta herencia más la entrada del neoliberalismo (gracias a Felipe González) hace que hoy estemos en una coyuntura difícil para la clase trabajadora.

Actualmente, la monarquía española ya no está siendo tan bien vista como en tiempos de bonanza. Dicha monarquía representa además a esa España de los vencedores que hicieron un pacto de silencio durante la transición y lo que hoy llamamos el Régimen del ’78. Todo apunta a que España posee un déficit democrático. La reivindicación de un Estado republicano se podría leer de muchas maneras, pero en España, se toma como una república de izquierdas, al contrario que en EEUU que es conservadora. Entonces, si hacemos una lectura de la III República como un modelo de Estado socialista y no un Estado liberal, podríamos decir algo más sin caer en lo puramente ideológico. No obstante, en esta coyuntura de crisis permanente y globalización, un Estado socialista como tal en Europa sería un imposible. Como mucho podría llegarse a una república social-liberal con mayor o menor grado de depuración de elementos franquistas en las instituciones. No obstante y por otro lado, estos debates y reivindicaciones se queden en el plano institucional y seguramente sea así. Hablar de modelos de Estado y pretender cambiarlo jugando al juego institucional es malgastar tiempo y fuerzas en falsas ilusiones, ya que las relaciones de poder actuales claramente nos ponen en desventaja con respecto a la derecha en este país.

Entonces, ¿qué falta aquí? Al hablar de política a nivel macro o estatal, nos estamos olvidando de las luchas en las calles y de la política del día a día en los barrios y en los centros de trabajo. Aquí es donde querría yo incidir y pienso que estamos cayendo en el mismo error del cambio en las instituciones antes de tener un movimiento popular fuerte y capaz de marcar agenda en las políticas a nivel estatal. Reivindicar una república socialista sin construir pueblo es construir la casa por el tejado. No haremos más que perder el tiempo. Los ejemplos están a la orden del día:

—En Grecia, el triunfo de Syriza no impidió que finalmente los sectores más radicales del partido se dieran de baja y Syriza acabe reculando, agachando su cabeza ante la Troika y vendiendo las infraestructuras del país a Alemania.

—Los Estados socialistas como Cuba o Venezuela, a pesar de sus avances a nivel social con respecto a países capitalistas occidentales (Sanidad Pública, Educación, programas de investigación, lucha contra el hambre…), están caminando hacia el liberalismo en vez de profundizar en el socialismo.

—La coalición de izquierdas en Portugal está aplicando recetas keynesianas para reducir el impacto de la crisis pero no van a acabar con el capitalismo en sí. Es cierto que su economía ha mejorado pero aún tienen una deuda pública considerable.

—Las medidas de los ayuntamientos del cambio encuentran mucha dificultad para aprobarse ya que PP, PSOE y Cs se ponen de acuerdo para bloquearles. Y qué decir de políticas que no satisfacen lo que recogen sus programas electorales, como la lamentable política de vivienda de Carmena que no solucionan los casos de alquileres y ocupaciones o las políticas deficitarias para hacer frente al turismo masivo en Barcelona.

Estos pequeños ejemplos, a excepción de Venezuela que tiene oposición interna del país apoyada internacionalmente para acabar con lo poco que le queda de socialismo, denotan que ante la falta del pueblo como sujeto político, la izquierda en las instituciones es incapaz de implementar sus programas políticos. Incluso Podemos ha tenido que renunciar a muchas reivindicaciones más o menos radicales para poder entrar en las instituciones. Sin embargo, en el caso de existir un movimiento popular fuerte, las cosas ya no son las mismas:

—El ejemplo más claro que tenemos es el movimiento de liberación kurdo. Como ya sabemos, dicho movimiento articulado en torno al PKK y bajo el proyecto político del confederalismo democrático, ha logrado en Rojava crear una nueva institucionalidad democrática, no un nuevo Estados-nación, sino una administración basada en la democracia directa. En Turquía, la coyuntura es distinta pero sigue habiendo una fuerte presencia del movimiento kurdo en Bakur (la parte del Kurdistán que está dentro de las fronteras turcas), el cual llevó candidaturas en coalición con la izquierda turca bajo el partido HDP al parlamento, además de conseguir alcaldías en los pueblos de mayorías kurdas.

—Otro caso similar pero sin estar en un contexto de guerra lo podemos ver en la Izquierda Libertaria de Chile y su programa de ruptura democrática, que consiste básicamente en enviar candidaturas para desestabilizar la política institucional tras tener un movimiento popular articulado.

—No estaría demás aquí mencionar al CNI (Congreso Nacional Indígena). Una candidatura a la presidencia de México formada por las voces de las luchas indígenas del país para romper el silencio mediático y avanzar en sus luchas.

Por contra, un movimiento popular fuerte que no tenga un proyecto político a nivel macro o sin tenerlo bien definido y articulado, puede igualmente ser derrotado por la oposición que esté mejor articulada políticamente o esté copando las instituciones. Hay unas ideas simples y lógicas detrás de todo esto: uno, que no es suficiente con tener músculo en los barrios y en lo cotidiano. Dos, que hace falta un programa para lo macro para darle proyección y legitimidad a todas las luchas sociales. Y tres, que no tiene sentido que gobierne el enemigo teniendo un movimiento popular fuerte con capacidad para implementar su proyecto político. Como solo se destruye lo que se sustituye, es necesario crear una nueva institucionalidad democrática y bajo un proyecto político socialista libertario que supere las instituciones burguesas. Pero como esta nueva institucionalidad choca radicalmente con las del enemigo de clase, es preciso derribarlas, copando así todo el espacio político posible por parte de la clase trabajadora y el pueblo, como es hoy Rojava.

Y volviendo al tema de la República con estos ejemplos expuestos, primero hemos de dejar atrás el folclore, los moralismos y las discusiones ideológicas, para comenzar a hacer lecturas en el presente en clave político-estratégico para la coyuntura en el Estado español: el ciclo de movilizaciones del 15M ha terminado con el ‘asalto institucional’, y tras ello, hemos dejado atrás también el ciclo electoral de las municipales y generales. Las calles se han vaciado bastante y ya no volveremos a las grandes movilizaciones de hace unos años, pero tenemos ejemplos de luchas potentes como la del Correscales y los estibadores. Nos queda por delante reactivar un nuevo ciclo de luchas que supere la periodicidad de las movilizaciones por las movilizaciones y el activismo por el activismo. Ahora nos es prioritario construir pueblo como sujeto político fuera de las instituciones más que hablar de sustituir un rey por un jefe del Estado civil. Cuando hayamos construido ese movimiento popular, podremos hablar de ruptura democrática.

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