De la teoría a la práctica.

Una vez ya estamos en Septiembre, todo vuelve a marchar, entre todas, volvemos a nuestros lugares en los cuales nos desarrollamos como activistas y dónde muchas llevamos o intentamos llevar a la práctica nuestras propias teorías, opiniones, reflexiones y maneras de entender el trabajo cooperativo.

En muchas ocasiones, a todas se nos llena la boca hablando del apoyo mutuo y de lo enriquecedor de esta acción y este término. En todo aquello que nos despierta una sensibilidad política y como no, también personal y vemos, cada vez de una manera más definida, como en base a la construcción de soluciones de forma común a problemas candentes en la sociedad es la única manera de abrir la brecha en la roca inmovilista en la que vivimos.

En esta entrada, abusando además del centralismo madrileño, se presenta una entrevista a un colectivo que habita en el barrio de Ciudad Lineal. Concretamente, este colectivo se denomina Apoyo Mutuo Ciudad Lineal, un grupo de personas de muy distinta índole política capaz de articular eso a lo que llamamos poder popular, dándole sentido a estos dos términos, además de llevarlo al terreno más real, y usar la inteligencia colectiva, para afrontar y abordar distintas batallas que se nos presentan continuamente. Aún así, este camino no ha sido ni es fácil, no todo es tan perfecto.

En este sentido, una cosa se nos escapa y queda mucho mas soterrada. Toda esta manera de hacer política tiene un efecto pedagógico y nos enseña que la confluencia política al margen de las instituciones, dogmatismos y autoritarismos puede abordarse sin miedo y sin necesidad de que ningún «ghetto» político lleve la voz cantante.

Por último y dejar ya la entrevista integra, me gustaría dar la gracias a las compañeras de Apoyo Mutuo Ciudad Lineal por su colaboración y por el trabajo continuo que desarrollan.

  • ¿Qué es apoyo mutuo Ciudad Lineal? ¿Como nace este colectivo/asamblea?

El colectivo nace a partir de un grupo de vivienda de las asambleas del 15M del distrito. En septiembre de 2012 compañeros provenientes de las asambleas de Pueblo Nuevo, La Conce y La Elipa forman una asamblea de vivienda a nivel de distrito. En 2013 surge, a partir del ejemplo de la OFIAM de Manoteras y otras iniciativas similares, la idea de extender las prácticas de apoyo mutuo y autoorganización en el barrio a la solución de otras problemáticas. Surge un grupo de laboral, una despensa de alimentos y más tarde un grupo de apoyo a las personas migrantes. También algunas compañeras del colectivo están arrancando un grupo no mixto de feminismo, con la idea de tejer redes con otros colectivos feministas de Madrid. Por el camino se han quedado algunos proyectos como crear un banco de tiempo y una tienda gratis.

  • ¿Qué entendéis vosotras por apoyo mutuo?

El apoyo mutuo lo entendemos como la construcción de soluciones a nuestros problemas desde la cooperación entre iguales. Un método de lucha para instituir derechos y libertades a partir de la construcción de comunidades combativas y solidarias.

  • ¿Cómo se organiza y coordina AM Ciudad Lineal? ¿Cómo llegáis a tantos sitios donde se necesita de este apoyo mutuo?

Desde luego nos gustaría llegar a mucho más. No siempre es sencillo conseguir un compromiso amplio y estable con el proyecto de parte de quien se acerca a partir de un problema puntual que le acecha. Gran parte del trabajo acaba recayendo en un núcleo activista y cuando la presencia de este se reduce, la capacidad de trabajo se resiente.

Actualmente, Apoyo Mutuo Ciudad Lineal está compuesto por un grupo de alimentos (y su despensa solidaria), uno de vivienda, uno de apoyo a migrantes y uno de laboral. Cada grupo se reúne semanalmente y una vez al mes nos reunimos todas para coordinarnos, varios de los grupos activos se encuentran ahora mismo en proceso de recomposición y reflexión, buscando la forma de asentarse y crecer como proyecto. En la medida de lo posible, nos gustaria conseguir una implicación más duradera de todas las participantes que nos aleje de ciertas lógicas asistencialistas.

  • ¿Qué proyectos tenéis entre manos?

Últimamente hay dos temas que nos están llevando mucho tiempo:

Por un lado, desde finales de 2014 tenemos un local propio, situado en la calle santa Felicidad 13 (La Elipa), que nos cedió una vecina del barrio. El local, que hemos llamado “La Franja”, estaba en mal estado y llevamos meses acondicionándolo. Cuando esté terminado del todo (ya queda poquito) queremos que se convierta en un espacio de actividad de todo tipo en el barrio. Hay ideas como charlas, jornadas, ciclos de cine, actividades lúdicas y culturales… y queremos ceder su uso a otros colectivos.

Por otro lado, hace dos años detuvieron a un compa en una manifestación contra la corrupción. Le acusan de golpear a cuatro UIPs, le piden un año y medio de cárcel y 1000 € de multa. De momento estamos organizando conciertos y jornadas para recaudar el dinero de abogados y que el coste del proceso lo cubramos entre todas. Para más adelante, cuando se acerque el juicio, haremos campaña sobre este caso.

También estamos pensando en otras formas de financiación más estables. Nada original, pero quizás en un par de meses tengamos camisetas o material similar.

  • Entrando un poco más en política: ¿Qué perspectiva ideológica tiene AM Ciudad Lineal? ¿Crees necesario alinearse en una opción política para creer en la autogestión y en el apoyo mutuo?

Nuestra aproximación ha sido siempre bastante «15M», por lo que una definición ideológica específica y cerrada nunca estuvo sobre la mesa. Más bien nos aglutinamos en torno a unas prácticas, luego cada cual tiene su perspectiva: más libertaria, más comunista, más posibilista o desprovista de una perspectiva política definida.

Lo que sería «necesario» promover ideológicamente es otro debate, pero lo interesante es ver en qué medida se pueden poner en práctica iniciativas que funcionen en la creación de cierto contrapoder comunitario. A partir de ahí es importante el respeto mutuo y el antidogmatismo.

  • ¿Qué objetivos a corto y largo plazo tenéis?

En el corto y medio plazo, quizás un tema es mejorar la coordinación y colaboración entre los diferentes grupos que componemos el colectivo, que a veces funcionamos un poco “estanco”. Y crecer como colectivo, nos gustaría que entrase mucha más gente con ganas de currar.

También ver cómo responde el ayuntamiento ante la entrada de gente a priori más permeable (y cercana) a algunas de nuestras demandas. Si los servicios sociales responden ante la situación desesperada de algunas familias que se acercan al colectivo, quizás podamos dedicar más tiempo y energías a otras tareas que siempre vamos dejando en pos de “lo urgente”.

  • ¿Qué opináis del contexto político actual tras la intrusión de estos partidos de “unidad popular”?

Está por ver que sucede con esa apuesta institucional compuesta de gente de movimientos sociales y de la izquierda tradicional. Hay compañerxs del colectivo que han formado parte de ese proceso. Y otra gente bastante escéptica al respecto.

En principio pensamos que puede haber cambios positivos en la orientación de la políticas públicas, y respetamos la trayectoria e ideas de muchos de los involucrados. Tenemos claro, por otra parte, que los movimientos sociales deben mantener su independencia respecto de las diferentes instituciones administrativas del estado. Lo que sería interesante es pasar a ser considerados un agente con voz por parte de éstas, sin que esto constituya una dinámica de asimilación que disuelva la tensión y el conflicto.

El comienzo de la nueva administración madrileña ha sido errático desde este punto de vista. Hubo una muy mala gestión del intento de desahucio de Asun, que puede leerse incluso como oportunista (emitimos un comunicado al respecto: https://apoyomutuocl.wordpress.com/2015/06/16/aclaraciones-ante-las-noticias-difundidas-sobre-el-desahucio-de-asunsequeda/ ). Y el descontento por parte del movimiento por la vivienda madrileño, del que formamos parte y compartimos, respecto de las primeras medidas y declaraciones de la alcaldesa y parte de su equipo es claro (aquí otro comunicado: https://apoyomutuocl.wordpress.com/2015/06/17/si-se-pueden-parar-los-desahucios/ )

No obstante, las reuniones con concejales se van produciendo y es evidente que la actitud es otra. Esperaremos un poco antes de hacer más valoraciones.

  • Para acabar,¿ Cómo y dónde la gente puede contactar con vosotras o donde puede acudir para unirse a vosotras?

En redes, puede contactarse con nosotras por correo (apoyomutuociudadlineal@gmail.com), twitter (@AM_CLineal), Facebook (https://www.facebook.com/apoyomutuodeciudadlineal) o en nuestro blog (apoyomutuocl.wordpress.com).

De forma física, en nuestro local, que está en la calle Sta Felicidad 13 (<M> La Elipa). Ahora mismo los horarios son: lunes a las 19:00 reu del grupo de alimentos, martes a las 19:30 vivienda, miércoles a las 21:30 h migrantes y jueves a las 19:30 laboral, aunque en agosto paramos y en septiembre puede que cambie algún horario. El primer miércoles de mes, a las 19:00, hacemos la reu de coordinación.

Y en las calles, ahí puede encontrarnos cualquiera: en un desahucio, acompañando a una persona sin papeles al centro de salud, en un piquete…

  • Antes de acabar, si queréis añadir algo o mandar saludos a alguien este es el momento        

Agradeceros a vosotras por contactarnos y dejarnos este espacio para expresarnos.

Enlaces del mes: Agosto 2015

Este dossier sobre refugiados en occidente que elabora Diagonal, contrasta con la desobediencia y resistencia desde los cuidados de Las Patronas, que dan refugio y alimento desde hace años a los inmigrantes que parten hacia EEUU.

Un repaso a lo que está pasando en Rojava, por si alguna persona anda aún despistada.

El progresismo latinoamericano ¿Avance o retroceso? Una pequeña reflexión que termina con unas palabras muy apropiadas para el contexto actual y que apuntan directamente a la socialdemocracia: Una parte sostiene que los gobiernos progresistas fueron un avance, siendo su principal argumento que redujeron la pobreza llevándola a los niveles más bajos en la historia reciente. […] otro sector, en el que me incluyo, argumenta que no hubo cambios significativos en la desigualdad, ni reformas estructurales, que hubo desindustrialización y se registró una re-primarización de las economías (centralidad de las exportaciones de bienes primarios). En este sentido se puede afirmar que el progresismo no fue un avance. […] El problema ahora es cómo enfrentar la ofensiva de las derechas con sociedades despolitizadas y desorganizadas, porque la izquierda dilapidó la energía social acumulada bajo las dictaduras.

Como consecuencia de la guerra en Ucrania viviremos el mayor despliegue militar desde la Guerra Fría. Además, España liderará las fuerzas de despliegue rápido durante 2016. Las protestas no se han hecho esperar.

Breve análisis en clave libertaria sobre el acercamiento entre Cuba y EEUU que podría dejar en situación de desamparo a las mayorías de trabajadores cubanos.

Destacamos por último esta reseña sobre el último libro de Mumia Abu Jamal desde la cárcel de Pensilvania: La escritura en la pared. «Fanon murió en 1961, un año antes de que Argelia obtuviera la independencia que él había dado su vida a ganar, pero su brillante obra, publicado póstumamente, Los Condenados de la Tierra, se volvió un libro esencial para los revolucionarios negros en Estados Unidos e influyó profundamente su pensamiento. El análisis de Fanon pareció explicar y justificar la violencia espontánea que azotaba a los guetos negros por todo el país, y relacionó las incipientes insurrecciones con el surgimiento de un movimiento revolucionario….Fanon explicó cómo la violencia era intrínseca a la imposición de la dominación colonial blanca, y retrató a los oprimidos que respondieron con violencia como personas involucradas en restaurar la dignidad humana que se les había quitado en el proceso de colonización…»

La articulación del poder popular desde los barrios

Por Mike G., militante de Embat

Este artículo tiene como objeto razonar sobre la militancia social que tiene como su ámbito de actuación el barrio.

Los movimientos anticapitalistas tienen numerosas personas militando en los barrios de las grandes ciudades y en los pueblos y ciudades dormitorio que las rodean. De hecho es el ámbito junto con el sindicalismo en el que existe un mayor número de militancia relativa del anticapitalismo. Por tanto se da la lógica de que cada cierto tiempo hay llamamientos para construir un «movimiento de barrios» o una espece de coordinación de las distintas luchas de los barrios.

Aquí chocamos con la realidad cambiante de cada zona, con sus particularidades y sus características identitarias. Por tanto se generan diferentes tradiciones militantes. Toda esta variedad, aunque positiva a escala local, en realidad no es fácil de replicar. Se puede hacer, pero para ello se necesita disponer de un número de personas –que han posibilitado que en el barrio referente exista lo que haya llamado la atención en los otros barrios– que no es fácil de conseguir.

Entonces se producen concentraciones de militantes en ciertos barrios en detrimento de otros. Esto tiene sus riesgos de ghettización, de caer en el nacionalismo de barrio o «barrionalismo» que consiste en poner todos los esfuerzos en un solo territorio mientras se abandonan los demás a su suerte. No es fácil, dada la correlación de fuerzas existente, tener gente suficiente en todos los barrios pero la extensión territorial debería ser una prioridad de los movimientos anticapitalistas; al menos después de conseguir que funcionen las cosas en un barrio.

Sin embargo una vez que se ha alcanzado una buena incidencia social en un barrio determinado, aparece una crisis del movimiento, en tanto que no es capaz de seguir creciendo o extendiendo su influencia. Esto se da por que no es posible articular mayorías sociales exclusivamente basándose en «lo social» y ni mucho menos en lo vivencial. Las mayorías sociales se generan a partir de lo político y lo cultural, entendido de forma gramsciana como cambio de paradigma. Entonces se pone de manifiesto una de las principales carencias de los movimientos de barrio, y es que les falta esta vertiente política. No me refiero a el partido del barrio, sino a entidades que consigan legitimidad ante la población y que vayan disputando la gestión y el control del barrio a las instituciones del ayuntamiento.

Para mí la clave está en lograr pasar de un entorno basado en centros sociales y movimientos sociales a unos contrapoderes de pequeña escala que vayan creando esos organismos legítimos que pueden ser asambleas populares, asociaciones vecinales o bien grandes ateneos populares. El caso es que la población organizada debe intentar gestionar equipamientos públicos, o al menos intentar participar de la toma de decisiones en pie de igualdad con las instituciones del estado en tanto que organismo legitimado debido a sus luchas populares previas. Eso es generar un contrapoder vivo y no dependiente de los ritmos militantes del barrio. Se tiene que buscar la estabilidad debido a un continuo relevo generacional formando la nueva militancia en las experiencias de las anteriores generaciones impidiendo una ruptura o un olvido del relato de luchas.

No obstante, el contrapoder tampoco garantiza nada en sí. Lo construido un día se puede erosionar con el tiempo. Se trata de un medio para acercarnos a la sociedad que pretende el anticapitalismo, que en palabras sencillas es a socialización de la economía y su gestión directa por parte de la población. Pues bien, el contrapoder sirve para arrebatarle el poder al estado, en tanto que a más poder real tenga el barrio, menos cosas controlará el ayuntamiento. Y al revés el ayuntamiento se deberá adaptar a las reglas que impongan los barrios. Incluso lo hará para no perder votos.

Pero veo un problema aquí, y es que la hegemonía cultural actual está en manos del capitalismo. Que las plazas de nuestro barrio estén llenas y que las calles bullan de proyectos no garantiza que la gente siga con su vida cotidiana dentro del capitalismo. En este sentido hay que disputar esa hegemonía y ganarnos a la mayoría social, esa que sólo se moviliza una vez al año, o esa que hoy en día es totalmente favorable al capitalismo neoliberal. Se puede disputar mediante lo cotidiano, a base de participar en la cultura popular, en las fiestas alternativas o bien hacer nuestras las fiestas de los barrios, a base de participar en el deporte base o en otros actos y espacios de socialización. Pero se tiene que disputar en todas las facetas de la vida.

Y aún así nos faltará otro medio a disputar que es la cuestión política. No podemos permanecer en lo social permanentemente por que algún día algún partido político puede copiar nuestro discurso y cooptar a parte de la militancia social y después hacer y deshacer lo construido. Se necesita que la militancia activa tenga en la cabeza un proyecto de país, y no sólo de barrio, un modelo social al que aspirar. Y este modelo no se puede crear con ideología, sino con proyectos concretos de barrio, de ciudad y de país.

Para esto sirve organizarse políticamente: para poder llegar a este modelo social a construir desde abajo y en confluencia con otros sectores del pueblo organizado ya que hay espacios que trascienden los márgenes del barrio. Por ejemplo el modelo educativo y el movimiento estudiantil va más allá del vecindario. También la sanidad, el modelo de vivienda, el modelo energético, el mundo rural, la soberanía alimentaria y el mundo del trabajo. Si nos organizamos políticamente es para llegar a ese modelo social futuro tendente a la socialización y hacia la libertad y sólo lo haremos si trabajamos en conjunción con todos estos ámbitos.

En resumen, el barrio es un campo de militancia muy interesante capaz de conseguir un entorno simpatizante a las ideas anticapitalistas y libertarias. En cuanto se logren unos mínimos (es decir, que existan unos movimientos sociales, que éstos formen una mesa coordinadora de movimientos, que existan ateneos o centros sociales) se debe pasar a una fase de creación del poder popular, que puede ser tanto simbólico (hegemonía cultural) como tangible (contrapoder político-social). Y este proceso debe florecer en muchos otros lugares para no morir de aislamiento. La dispersión y el aislamiento matan toda oportunidad de que nuestras ideas puedan trascender.

No sólo esto, sino que también el poder popular de los barrios debe confluir con los demás procesos de luchas colectivas que producen empoderamiento y un empuje hacia un mundo nuevo. Pero para que todo ese gran esfuerzo colectivo esté bien coordinado y enfocado hay que generar la alternativa política que dibuje ese mundo nuevo que deseamos.

Espero sinceramente que en los próximos años podamos ver un pueblo digno que teje el poder popular para llegar a una sociedad libre, justa e igualitaria.

Trastornos mentales en el movimiento libertario

Nota preliminar: Mi intención principal con este artículo, antes que transmitir el mensaje que contiene, es no ofender a ninguna persona con mis palabras. Espero sinceramente que así sea. Soy consciente de mis limitaciones y posibles actitudes erradas y estoy abierto a que se me señalen para poderlas corregir. Al tratarse mi persona de alguien que no presenta ningún trastorno mental o psíquico conocido (con lo que podría decirse que soy un privilegiado dentro de la sociedad capacitista), hablo siempre desde el punto de vista de una persona no neurodivergente, con todo lo que ello conlleva.


Si nos pusiéramos a pensar, estoy seguro de que muches llegaríamos a la conclusión y caeríamos en, que, en efecto, dentro de lo que podríamos denominar movimiento anarquista, el número de personas que sufre uno o varios trastornos mentales o psíquicos es mayor de lo que estamos acostumbrades a tratar en nuestro día a día¹.

En mi caso personal, desde que tuve una experiencia muy importante con una persona de este tipo, que tenía TLP, comencé a analizar algunos casos y la vida en general de una manera distinta. Y es que, efectivamente, hay cosas que no podemos llegar a entender bien. Existen ciertas pautas de comportamiento que no nos encajan, que nos desconciertan; acciones de compañeros y compañeras que nos extrañan y nos hacen dudar y, en muchos casos, nos queman. En multitud de ocasiones, no podremos llegar a entender nunca el porqué (racional) de estas actitudes, pero, quizá, sí podremos hallar la causa que las origina, con lo cual podremos afrontarlas mejor.

En mi humilde experiencia, he llegado a la conclusión de que, ante la realidad, lo importante, a final de cuentas, no es comprender, sino aceptar, principalmente porque en la labor de comprender podemos acabar desquiciades. No podemos medir con los mismos parámetros a una persona que podríamos calificar como normal mental y estadísticamente hablando y a una que alberga uno o varios trastornos psíquicos. No podemos hacerlo porque se trata de personas distintas con unas pautas mentales que, dependiendo del caso, pueden variar de una manera extrema. Esto puede redundar en problemas de comunicación y de trabajo que frustren la labor del colectivo u organización.

Actualmente, el término que se ha acuñado para denominar a las personas que no encajan en el marco mental normal es el de neurodivergentes. Las personas neurodivergentes son aquellas cuya mente funciona de una manera “atípica” o “distinta”, que procesan el mundo de una manera no habitual.

Volviendo al caso, desde que tuve aquella experiencia en la que aprendí mucho sobre las personas neurodivergentes y los trastornos mentales, he prestado más atención a este tipo de individues y situaciones, y me he dado cuenta de que los movimientos y colectivos contestatarios, y los libertarios especialmente, presentan una tasa de personas neurodivergentes más alta de lo corriente.

Indagando con el objetivo de encontrar las razones de esta anómala diferencia, he llegado a la conclusión (contrastándolo también con otres compañeres neurodivergentes) de que dos motivos pueden ser los principales impulsores de esta causa:

  1. Que las personas neurodivergentes se ven mejor acogidas y entendidas dentro de nuestro movimiento.
  2. Que, al procesar dichas personas el mundo de una manera distinta, les surgen más conflictos con la sociedad, lo que las conduce a experimentar un rechazo directo o indirecto por parte de ésta. Ello las lleva a querer encontrar las causas y soluciones a este rechazo, así como a comprometerse a cambiarlo en la medida de sus posibilidades, derivando, así, en la inserción en los movimientos populares, y muy especialmente en el anarquista².

Dado que dichas personas son generalmente mejor acogidas y menos invisibilizadas en los colectivos y organizaciones libertarias que en la mayor parte de situaciones de nuestra sociedad, y debido también a que una buena parte del movimiento libertario actual rehuye las contradicciones y adopta una postura que podría tildarse de cómoda (dentro de la diferencia que supone), relacionándose menos con la sociedad civil y no dejando de ser espacios endogámicos a los que suele acudir siempre la misma gente, las personas neurodivergentes tienen mayor facilidad para asentarse en ellos.

Evidentemente, las personas neurodivergentes que entran en el movimiento popular o libertario son afines ideológicamente hablando (o deberían serlo) en mayor o menor medida, pero no considero que ésa sea una causa que explique la anómala diferencia que estamos tratando, dado que no creo que se pueda suponer que las personas que presentan trastornos mentales sean generalmente activistas y/o anarquistas.

De este modo, es posible encontrarse con situaciones en que compañeres neurodivergentes muestren actitudes extrañas y/o reprobables debido a su(s) trastorno(s). Escribo este artículo precisamente porque la gran mayor parte de las veces que ocurren estas cosas no somos conscientes de su origen. Esta inconsciencia puede explicarse porque la persona neurodivergente en cuestión no nos haya puesto en conocimiento de su caso (bien porque no ha deseado hacerlo o no ha visto necesidad o el momento adecuado, o bien porque ni ella misma lo sabe) o porque ni siquiera hayamos considerado la posibilidad de que esto pueda ocurrir.

Por ende, a mis compañeres no neurodivergentes les diría que, a partir de ahora, consideren esta posibilidad en sus futuras situaciones militantes y personales, y que traten digna y justamente a sus compañeres neurodivergentes, como todes nuestres compañeres se merecen³, pero que, por supuesto, no dejen de seguir construyendo sus proyectos políticos. Siempre hay que seguir adelante.

A mis compañeres neurodivergentes les diría que tienen mi apoyo y cariño para lo que necesiten (como lo tiene cualquier persona que considere mi compañera).


Notas

1. He buscado estudios e investigaciones que avalaran esta afirmación, pero al parecer no existen, o no he sido capaz de encontrarlos. Agradecería sinceramente cualquier aportación en este sentido.

2. Es importante señalar aquí que muchos casos (ojo, no todos) se encuadran dentro de la rama del anarquismo que se acerca más a lo antisocial o al nihilismo como forma de rechazo a esta misma sociedad.

3. Con estas palabras no quiero decir que se deban respetar y pasar por todas las actitudes que se pudieran presentar aguantando de una manera estoica las arremetidas de quien fuera como quien resiste los golpes de las olas como una estatua. Eso sería un error y, además, una injusticia tanto consigo como con el colectivo y la misma persona que se ve impulsada a tener actitudes reprobables por el trastorno que tuviese, al victimizarla y pasarle por alto cualquier tipo de acción. En mi experiencia vital, creo que una opción viable y saludable es buscar ayuda profesional psicóloga sana en el caso de que no se esté brindando, o apoyar/animar al compañere a pasar por terapias alternativas a la psiquiatría tradicional si se cree necesario (no todos los trastornos son iguales ni todas las personas los llevan igual). En cualquier caso, lo que nunca debe hacerse es señalar a la persona en cuestión con el objetivo de que se sienta culpable y aislada.


Querría mostrarle mi agradecimiento a les compañeres neurodivergentes que me han ayudado con el artículo por su generosidad.

Estrategias para afrontar la represión

La escalada represiva en estos últimos tiempos ha venido a raíz del aumento de la protesta social ante la crisis, y por ello, el Estado se encuentra en la necesidad de blindarse ante una posible escalada de conflictos sociales que desestabilicen los cimientos del sistema. Con ETA disuelta (fuera del escenario político actual), el Estado esta tratando de fabricar nuevos enemigos, y en este caso, ha tocado a las anarquistas, aunque no solamente. Colectivos antifascistas y la izquierda extraparlamentaria también se están viendo afectados por la represión, incluidas las plataformas ciudadanas. Casos como el de Alfon, el de Carlos y Carmen y otras detenciones a raíz de las últimas huelgas generales, las operaciones Pandora y Piñata, Aturem el Parlament, el Caso Expert en el cual piden años de cárcel a quienes defendieron su puesto de trabajo, represaliadas en la huelga indefinida de técnicos y técnicas de Movistar… son conocidos en nuestros ambientes. Ahora nos preguntamos, ¿qué es la represión y cuál es su objetivo? ¿en qué medida nos afecta y qué consecuencias nos produce? ¿estamos respondiendo adecuadamente a toda esta oleada represiva? Son cuestiones que iremos respondiendo a continuación para que podamos enfrentar la represión más eficazmente.

¿Qué es?

La represión es la manifestación del monopolio de la violencia del Estado, la cual, es utilizada para establecer el actual orden capitalista evitando el surgimiento de nuevas formas de organización política y social que amenacen su paz social. Hay que entender que la represión no es una deriva autoritaria de los Estados ni por su corrupción, sino que es inherente al capitalismo para que este sistema económico pueda mantenerse. La represión se materializa en varios niveles:

– En el más ‘directo’ encontramos a los cuerpos policiales y las fuerzas armadas, pues éstas actúan como fuerzas de choque que neutralizan las nuestras a través de la violencia tanto fisica como psicologica.

– En el nivel intermedio encontramos al poder judicial y el Código Penal. A través del entramado judicial y legal, nos llevan aquí al terreno del Estado, donde nos obligan a jugar sus cartas y donde nos podemos jugar la prisión o multas.

– Y finalmente, el tercer nivel es el castigo: las multas, la prisión y el sistema penitenciario. Las multas son castigos economicos, para dejarnos sin recursos, mientras que la cárcel, a parte de privarnos de libertad, sirve para destruirnos fisica y moralmente apartándonos de nuestros seres queridos y la socialización con el resto de la sociedad.

El objetivo principal de la represión es obstaculizar y neutralizar nuestra capacidad de lucha así como impedir que crezcan alternativas políticas que rompan con la explotación capitalista y aspiren a una sociedad más justa. Para ello, las estrategias represivas van encaminadas a, por un lado, aislarnos de la sociedad y evitar que nuestras actividades ganen apoyos populares, y por otro, generar miedo entre la población, evitando así que la gente comience a cuestionar las continuas medidas antisociales (recortes en general, privatizaciones, precarización laboral, pérdida de derechos sociales…) que nos imponen. La recientemente aprobada ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza, es un intento del poder político de avanzar en este camino, es decir, establecer un marco legal sobre la represión y preventivo en su aplicación. La finalidad es violentar directamente la organización colectiva, la protesta social y las acciones cuyo objetivo sea construir alternativas a su sistema. Con el tiempo se pretende que, no solamente desde el activismo anarquista se tenga temor, sino que en general como sociedad asumamos y acatemos una serie de normas que van en la línea de reforzar su control dictatorial, a costa de normalizar la represión y amenazar preventivamente con severos castigos y venganzas ejemplarizantes ante la lucha social.

No debemos olvidar que, como herramienta inherente al capitalismo, la represión ha estado presente en toda la contemporaneidad histórica, por situar un periodo concreto que desemboca en la actualidad. A distintos niveles y con una gradualidad muy variada, las prácticas represivas por parte de la clase dominante hacia las disidencias políticas y sociales, se han venido dando de manera interrelacionada en el mismo espacio temporal y en lugares geográficos distintos. Podemos hablar de periodos temporales de distintos grados de represión en todos los países del mundo, ejercida esta represión siempre en escalada creciente cuanto mayor es la organización y resistencia ofrecida por la clase trabajadora.

Los montajes policiales, como un recurso de la perfecta maquinaria del Estado, como herramienta para la represión con el fin del mantenimiento del statu quo, deben ser asumidos como lo que son: una aberrante manipulación judicial y mediática que tratan de poner al conjunto de la sociedad en contra de los movimientos sociales comprometidos con la lucha. Estos montajes no son casuales sino sistemáticos, donde las irregularidades en los procesos judiciales, la manipulación de las pruebas, los testimonios sesgados, las declaraciones embusteras de la policía, etc, están a la orden del día. Actualmente, la represión nos está salpicando de dos maneras fundamentales: Primeramente, en manifestaciones en las que expresamos nuestras sensaciones de hartazgo y rabia, acabando arrolladas por la apisonadora policial. Segundo, organizando la solidaridad, y la lucha por la búsqueda de alternativas sociales, nos vemos atacadas antes incluso de llegar a crear una organziación potente o una red de coordinación, porque se infiltran en nuestras filas y consiguen reprimirnos antes de hacernos fuertes y difundir nuestras propuestas, criminalizando pensar o tener determinada ideología.

¿En qué medida la represión nos afecta?

Aunque la represión parezca que caiga con mayor peso sobre las anarquistas, la realidad ha demostrado que no. La represión cae sobre todos aquellos colectivos, personas u organizaciones que tengan el potencial de romper con su paz social, y por tanto, afecta a todo el movimiento popular: desde las activistas de la PAH y otros movimientos sociales, pasando por militantes de diferentes tendencias de izquierdas (comunistas, antifascistas, anarquistas, republicanas socialistas…), hasta huelguistas de cualquier sindicato mínimamente combativo o sin sindicar pero no agachan la cabeza. Entonces, ¿por qué los montajes policiales llamados Operación Pandora y Piñata han ido dirigidos expresamente contra anarquistas? La razones son sencillas: primero, a causa del cese de la actividad armada de ETA y su desaparición de la escena política, necesitan fabricar nuevos enemigos para infundir miedo entre la población. Y segundo, porque saben que el anarquismo no tiene una base social como otros movimientos sociales y que la estética insurreccionalista del anarquismo es fácilmente criminalizable, y por tanto, más facilidad para aislarnos política y socialmente del resto de la sociedad empujándonos hacia el bandidismo.

La represión es el principal factor de riesgo en la militancia política y social que puede caer sobre cualquier militante. Los daños producidos por la represión se traducen en un enorme desgaste en todos los niveles. Así pues, como activistas, somos conscientes del desgaste tan acuciante que supone la represión. En primer lugar, el daño físico: contusiones, lesiones y dolor al vernos expuestos a las agresiones policiales, además bastantes personas sufren consecuencias físicas graves y con secuelas para toda su vida (pérdida de órganos por pelotazos de la policía, marcas y disfunciones debido a torturas etc.) En segundo lugar, el desgaste psicológico: tanto para nosotras, como para las familias de represaliadas, puede ser muy grande la desestabilización emocional, las secuelas psicológicas, traumas, la inoculación del miedo, sensaciones de vulnerabilidad, impotencia, paranoia y debilidad, o sentirnos estigmatizadas socialmente. Pero la represión no solo afecta a nuestra integridad, también repercute en nuestra economía como es el caso de las multas y la necesidad de dinero para gastos judiciales tanto propios como para otras represaliadas además de para poder realizar campañas de visibilización, grupos y colectivos de apoyo y solidaridad con los y las presas… A nivel colectivo, la represión nos produce otro desgaste que tiene que ver con la carga de trabajo extra pero necesario al invertir esfuerzos en apoyar a nuestras compañeras, pues abandonar a las represaliadas supondría levantar la bandera blanca. En esta línea, se quiere decir que sin descuidar las principales vertientes en nuestro activismo, es cierto que mientras estamos trasladando bastantes de nuestros esfuerzos a la labor antirrepresiva, el trabajo constructivo de base en el que estamos inmersos los movimientos sociales existentes, se ve mermado en gran parte a costa de este esfuerzo de reacción frente a los golpes represivos que sufrimos.

No obstante, la represión no solo recae sobre los movimientos sociales, también afecta a los sectores más empobrecidos de la sociedad más preocupadas por buscarse la vida que por su estabilidad, a menudo mejor integradas en sus espacios (familia, pandilla, barrio) que en las conveniencias sociales y legales, tienden más a cometer lo que se suelen llamar «delitos comunes», como por ejemplo, delitos contra la propiedad, trapicheo con drogas… Este aspecto invisibilizado pero real, es otro castigo más a la pobreza. Esta clase de represión invisibilizada y aceptada socialmente, tiene su raíz en habernos robado la capacidad de análisis de las arduas situaciones sociales a las que el sistema capitalista nos expone en nuestra vida cotidiana, y que en concreto, empuja a las capas más azotadas por la pobreza de la clase trabajadora a cometer actos que provocan rechazo social. Hemos aceptado simplonamente el código moral dominante y sus normas sociales, de esta manera moralmente condenamos la usurpación, el hurto, la delincuencia común y juzgamos a las «malhechores» como si de defender a ultranza el bien social se tratara. Con ello, olvidamos que deberíamos analizar y establecer críticas sobre cuál es el origen de estos hechos, por qué somos los y las pobres quienes para sobrevivir nos vemos arrastradas en muchas ocasiones a estas prácticas. La delincuencia es el reflejo de que algo va muy mal en una sociedad, y que la desigualdad social y económica es la causa principal de la misma.

Ante todo esto, ¿cómo estamos reaccionando?

Cuando se parten de análisis erróneos, se llegan a conclusiones erróneas. Tal es el caso que los análisis hechos desde el anarquismo hasta hoy apuntaban solamente a que la represión era más fuerte contra las anarquistas porque somos la única tendencia que pone en peligro al sistema, y puesto que estamos contra el Estado, era normal que nos persiguieran con más saña que contra el resto de tendencias políticas. De ésto han salido incluso ideas románticas acerca de la persecución del Estado contra las anarquistas, presentándonos como una suerte de inocentes justicieras que luchan por una sociedad libre. ¡Craso error si tenemos en cuenta los puntos anteriormente expuestos aquí!

De este manera, en cuanto al modo de enfrentar esta represión, se ha enfocado mucho en un pulso de tú a tú, es decir, del «anarquistas vs Estado», lo que ha llevado a un enfrentamiento de tipo guerra de guerrillas dentro de un contexto marcado por una desigualdad descomunal de fuerzas, en el cual, los únicos actores de la contienda son la maquinaria represiva del Estado (policía, sistema judicial y penitenciario) contra anarquistas, que operan en pequeños grupos de afinidad informales en estado de semiclandestinidad en muchos casos, aunque existan otros casos donde hay más anarquistas involucradas en la lucha antirrepresiva. No obstante, el gran problema es el propio hermetismo de estas luchas hasta hoy. Al mirar solamente a las presas anarquistas y no al resto de represaliadas, ha llevado a las anarquistas a una lucha meramente autorreferencial y únicamente enfocada a las propias anarquistas, alejando este frente del resto de los movimientos populares, cuyas activistas también sufren golpes represivos y condenas, culpando además al resto por no solidarizarse con las anarquistas represaliadas.

De hecho, esta desigual correlación de fuerzas ha ocasionado que las luchas antirrepresivas de carácter anarquista adquieran una forma defensiva, donde al Estado le es fácil hacernos la guerra sucia y manejarnos como quieran, sea infiltrando secretas en nuestros colectivos o forzar a que nos solidaricemos con unas compañeras atacadas por puro azar para obtenernos más información, ficharnos y así mantenernos más controladas sabiendo de antemano que somos muy pocas y prácticamente sin apoyo popular. Esto supone también que acabemos actuando por inercia y forzadas por la coyuntura, cuyo principal síntoma es el tirar del acción-reacción, lo que se traduce en «golpe policial importante – respuesta en las calles». Incluso en ocasiones, las respuestas en las calles provocan el efecto contrario al deseado: en vez de ganar más apoyos populares, provoca su rechazo (como pueden ser armar unos disturbios en actos antirrepresivos, utilizar la estética del encapuchado y las consignas autorreferenciales). Estas dinámicas dan como consecuencia que en la cuenta de resultados nos salgan números negativos, es decir, suponen más detenciones y rechazo popular, lo que provoca más aislamiento y pérdida de simpatía entre la población e incluso entre los propios movimientos sociales.

Otro problema que se observa es la repetición de modus operandi que se ha demostrado que no funcionan: los mensajes autorreferenciales en las manifestaciones, el autoaislamiento culpando al resto de personas su indiferencia ante la represión, y el peor de todos, una estética inapropiada traducida en campañas antirrepresivas en que aparecen imágenes de disturbios, ataques a la policía, barricadas y encapuchadas, con lemas que no buscan el apoyo popular, sino que desafían directamente al Estado. Con esto además, alzamos a nuestras presas casi a la posición de mártires, haciendo flaco favor al movimiento antirrepresivo, porque somos útiles en las calles y no llenando las cárceles. La automartirización además es un signo de debilidad al basarse en el victimismo, o llegando en otras ocasiones a adoptar posiciones arrogantes y vanguardistas donde relacionan la radicalidad de las luchas por la cantidad de militantes presas. En muchos casos descontextualizamos los hechos y algunos movimientos buscan dar a conocer sus siglas, a través de los mártires de las luchas sociales. Parece que la consigna única y válida es la demostración a cualquier precio de la inocencia de nuestras compañeras. Sabemos que en muchas ocasiones, según los códigos penales de cada Estado, estaremos incurriendo en delitos que sabemos tipificados como tales, si aceptamos la legitimidad de una lucha contra el poder dominante que ejerce su violencia estructural, nos debería importar poco la culpabilidad de una compañera represaliada, y por lo tanto ejerceremos el apoyo mutuo automáticamente, porque asumiremos que los principios que nos mueven son los mismos. En otras palabras, atendemos a la legitimidad de las luchas, no a la legalidad. Más aún, en un escenario social donde la norma es «todas contra todas», seguimos abiertas a críticas por nuestras acciones -legales o ilegales-, pero de otros miembros de nuestra clase esperamos, en ese caso, un tirón de orejas, no que nos denuncie a las instituciones de la clase opresora. La represión no es motivo para exigir adhesiones acríticas, pero la crítica no es motivo para entregarnos unas a otras a la represión.

Hasta ahora, hemos estado repitiendo esquemas que se han demostrado ineficaces. No hemos visto que uno de los objetivos de represión es aislarnos para tenernos controladas. Por ello, es necesario romper este aislamiento, situación no solo provocada por la represión estatal, sino fomentada incluso entre las propias anarquistas, lo cual supone condenarnos a nosotras mismas. El distanciamiento con los movimientos sociales y los procesos de lucha actuales nos relega únicamente a los ghettos políticos, espacios herméticos incapaces de influir en la realidad material, lo que nos lleva también a esta incapacidad para enfrentar la represión marcada por la dificultad de encontrar apoyos fuera de nuestros círculos. La ineficacia de los métodos ocasiona otro desgaste extra en forma de frustración y desmoralización al invertir enormes esfuerzos para cosechar pocos resultados, aun teniendo que afrontar las propias personas solidarias la represión. Por ello, es momento de replantearnos un cambio de tácticas y estrategias con el fin de encontrar una salida hacia delante ante esta escalada represiva y no ya responder solo como anarquistas, sino también como todo el movimiento popular.

Unas pinceladas para el avance.

Por supuesto, no todo va a ser flagelarnos o hundirnos ante los peligros que sufrimos como militantes políticos, ni acabar siendo correa de transmisión del miedo al resto de la sociedad, ese ya es el trabajo de los medios de comunicación controlados desde la clase dominante. No obstante, después de conocer los detalles sobre lo que es la represión y lo que nos supone física, psicológica y socialmente, nuestra labor para avanzar será encontrar nuevos caminos o explorar algunos ya conocidos para autodefendernos y protegernos unas a otras en el ejercicio de nuestra lucha según nuestras convicciones. Por ello, expondremos unas bases de cara a construir unas estrategias de avance. Debemos aprender a informarnos colectivamente sobre la represión que podemos sufrir, dado el riesgo que corremos en cualquier protesta social actualmente. Es imprescindible difundir la información a nuestro alcance y realizar talleres y charlas, dando a conocer diversas experiencias represivas, con el objetivo de saber identificar de dónde viene esta represión y cuál es la legitimidad de quien la ejerce. Solo de esta manera podremos comprender que necesitamos el apoyo colectivo, y estar conectados con los movimientos sociales de manera amplia, pues si algo nos puede unir es la lucha contra la represión.

La maquinaria represiva tiene tácticas y estrategias. La policía no es tonta, al contrario, sabe en todo momento lo que está haciendo. El Estado justamente nos quiere empujar hacia el bandidismo o el terrorismo de baja intensidad, despojándonos de cualquier contenido político y social constructivo y jugando a una guerra de desgaste donde nos manejan como quieren, recibimos y encajamos duros golpes y nos hacen la vida imposible. En esta posición, aunque el Estado podría tranquilamente acabar con nosotras, les beneficia mantenernos en una lucha de tú a tú permanente para pintarnos como enemigo interno de cara a infundir miedo a la población. Tenemos que buscar, por tanto, una salida hacia delante ante semejante situación y a partir de aquí es donde tenemos que trazar hojas de ruta para superar esta dinámica.

Primero, tenemos que fortalecernos internamente. Por ello, lo esencial es cuidarnos a nosotras mismas, lo que nos lleva a tomar medidas de prevención adecuadas. Como primera barrera: medidas de seguridad y discreción en las redes y en la vida real, no compartir información sensible evitando facilitar información a los cuerpos represivos. Actualmente, las medidas de ataque del aparato estatal están íntimamente relacionadas con el avance tecnológico, por lo tanto, para conocer cuáles son las metodologías de represión actual y qué pretenden cada una de ellas, deberemos aprender cuáles son estas herramientas utilizadas contra nosotras y las estrategias para evadirlas. Para evitar la represión debemos acercarnos a la mimetización, sin destacar e incluso trabajar con suma discreción, como se ha hecho tantas veces. Como segunda barrera, establecer anteriormente en un documento que entregaremos a algún familiar o compañera de confianza, cómo se ha de proceder en la coyuntura de que nos veamos atacadas por la represión estatal, es decir, estar prevenidas y que no nos sorprenda desorganizadas. En caso de caer sobre nuestras compañeras, los cuidados y la asistencia, tanto psicológica como legal, para evitar que se derrumben o se quemen es vital para no tener bajas en nuestras filas. Estos cuidados van desde el envío de cartas de apoyo a las personas presas hasta estar cerca de aquellas envueltas en procesos judiciales, los grupos de apoyo y plataformas de solidaridad son la única manera de sentir cerca los lazos de amistad de quienes nos apoyan. Entran también en la prevención, como tercera barrera, el minimizar o evitar en todo lo posible más represalias en los actos de solidaridad con las personas represaliadas, esto es, tratar de no generar más carga de trabajo y no encajar más golpes represivos cuando salimos a las calles en apoyo a las personas detenidas, multadas y/o presas.

Lo segundo es la necesidad de dotarnos de herramientas de análisis para conocer a qué nos enfrentamos y poder dar respuestas efectivas. En este sentido, es necesario documentar las experiencias de otras luchas antirrepresivas para aprender de sus errores y aciertos. Todo esto servirá para elaborar estrategias con las que enfrentar la represión de forma eficaz, superando la inercia, minimmizando el desgaste y poner un punto de inflexión en las luchas sociales, asi para no caer una y otra vez en los mismos errores señalados. Difundir cada caso de represión en un contexto social concreto, como ejemplo de la injusticia del sistema capitalista. Afirmar a otras personas que no se tratan de formas autoritarias puntuales del sistema político, ni son casos aislados, sino que la represión es inherente al sistema de dominación impuesto. En este sentido, ayudar a construir una memoria viva sobre la represión contra las disidencias obreras organizadas tanto en el Estado español como internacionalmente, facilitará atesorar una perspectiva histórica enriquecedora, encaminada a comprender el presente.

De cara al exterior, necesitamos superar el problema del aislamiento y la marginalidad para poder conseguir más apoyos. Las campañas antirrepresivas tienen que tener la mayor visibilidad posible, por ello, es de vital importancia que trascendamos el hermetismo. Ante esto, tenemos que seguir trabajando en los siguientes puntos:

– La inserción en los movimientos sociales/populares. Debemos reconocernos en las luchas cotidianas como personas que luchan contra toda esta serie de injusticias que azotan a la clase trabajadora a causa de la reestructuración del capitalismo, y que las anarquistas somos personas que también compartimos problemas comunes con el resto de mortales pero que no se encierran en épocas nostálgicas, ni se quedan contemplando los disturbios de otras partes del mundo ni se quedan en eternos debates teóricos, sino que estamos igual que otras personas en primera línea presentando batalla. Y que además, desde el anarquismo planteemos alternativas políticas realizables y permitan mantener y escalar los actuales conflictos sociales al margen de las instituciones. Solo formando parte de los movimientos populares, es decir, completamente insertos en ellos, conseguiremos que, al caer sobre nosotras la represión, tengamos una base social de apoyo amplia. Logrando esto, superaremos el aislamiento.

– Estrategias comunicativas y renovación estética. ¿A quiénes benefician cuando el anarquismo es visto como caos, barbarie, destrucción, fuego, barricadas, terroristas, etc? Exacto, a la clase dominante. Claro que de cara para dentro, sabemos las propias anarquistas que no somos esas definiciones pero de cara al exterior, ¿qué hacemos para demostrar lo contrario a estas descalificaciones? Más estética del encapuchado, los disturbios y sus justificaciones, en vez de aportar experiencias constructivas de las anarquistas en las luchas sociales. Otro punto importante es no reivindicar siempre la ideología, pues la represión no cae solo encima de las anarquistas, cae sobre la clase trabajadora en su conjunto, en concreto a aquellas personas que luchan, independientemente si son sindicalistas, comunistas, socialistas, anarquistas o sin ideología definida, hasta sobre aquellas personas sin recursos que terminan cometiendo pequeños delitos. Resaltar siempre la ideología (¡son anarquistas y por eso los encierran!) en vez de su condición social (trabajadora, en paro, precaria, estudiante, …) en las campañas antirrepresivas solo servirá para movilizar a anarquistas minimizando la posibilidad de conseguir adhesiones de personas no anarquistas. Sin embargo, la reivindicación de la ideología de la represaliada tendrá más o menos éxito dependiendo del grado de inserción del anarquismo en los movimientos populares, lo cual indica que existe una retroalimentación entre estrategias comunicativas e inserción social. También es importante presentar una imagen cercana de las represaliadas: como vecinas, personas integradas en el barrio y con buenas amistades, que poseen una conciencia social y por ello luchan por causas justas, evitando que las represaliadas se vean como locas, extrañas y antisociales.

Una buena estrategia comunicativa debe enfocarse a lograr el máximo apoyo y difusión posibles, y debe encaminarse a despertar la solidaridad de otras personas al margen de su ideología. Para ello hay que huir de las estéticas agresivas y la autorreferencialidad, optando por unas imágenes más cercanas.

– Multisectorialidad y política de alianzas. Como ampliación de la inserción social, la multisectorialidad es una estrategia que parte de trascender el propio sector de lucha, en este caso, tender puentes desde los frentes antirrepresivos con otros frentes tales como el sindicalismo y el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, las mareas en defensa de los servicios públicos, movimientos barriales (vivienda, okupación, vecinales), luchas territoriales/ambientales/ecologistas, etc…, puesto que la represión nos golpea a todas las que luchan en estos ámbitos. La política de alianzas implica tejer alianzas tácticas con otras tendencias políticas con quienes compartamos objetivos inmediatos comunes (que no metodologías, metas políticas y programáticas). Esto quiere decir que tenemos que superar la costumbre de mirar hacia nuestras propias presas y solidarizarnos con represaliadas de otras tendencias políticas con las que podamos compartir espacios de lucha, así como tratar de trabajar conjuntamente para sumar fuerzas con el fin de fortalecernos ante la escalada represiva no solamente como anarquistas, sino como movimiento popular en conjunto. A través de esta propuesta, pretendemos una escalada en los conflictos y suponga además una estrategia de avance.

Unas palabras finales

De las numerosas experiencias de luchas antirrepresivas, podemos extraer importantes lecciones que nos sirvan para la reflexión colectiva, sortear los callejones sin salida y construir metodologías, hojas de ruta y estrategias eficaces. Podemos ver el ejemplo de la lucha antirrepresiva del pueblo vasco y su masividad, así como la campaña por la libertad de Alfon. En todas estas campañas se ha buscado la mayor difusión posible y que se sumen la mayor cantidad de personas a la causa. No obstante, en las campañas por la libertad de las detenidas en las Operaciones Pandora y Piñata, tuvo un enfoque más dirigido a anarquistas convencidas que a personas no anarquistas, y lo único que provocó la solidaridad de personas fuera del ámbito anarquista con estas anarquistas detenidas fueron los montajes policiales chapuceros acusándoles de terrorismo por tener libros, petardos y botes de campingás. Sirva también como experiencias la manifestación del 232º Centígrados en Madrid, donde se logró la multisectorialidad (confluencia con huelguistas de Telefónica-Movistar y trabajadoras de Correos, entre otros colectivos de barrio), aunque no se superaron algunos lemas autorreferenciales como «Muerte al Estado y viva la anarquía». Ese mismo día tuvo lugar también la manifestación #LluitantRespondrem en Barcelona, en cuya convocatoria acudieron casi todas anarquistas, y además hubo destrozos en el transcurso de los actos, terminando disuelto la convocatoria por cargas policiales y pasadas unas horas, 6 personas fueron detenidas. En cambio, en la convocatoria de Madrid, los actos terminaron más tarde y el ambiente ha sido propicio para sumar apoyos y tejer lazos de unión entre quienes acudieron.

El balance muestra diferentes resultados: mientras que en Madrid el saldo salió positivo al darse unos pequeños pasos adelante pese al pequeño fallo de la autorreferencialidad en algunos lemas, en Barcelona, la cuenta de resultados dio negativo, ya que se optó por una metodología que se demostró no funcionar y que provocó más rechazo que simpatías de cara al exterior generando justificaciones de culpabilidad contra las anarquistas, contando además con las 6 detenciones horas después.

Ahora con la entrada en vigor de la Ley Mordaza que supone un retroceso más de libertades y derechos civiles, urge que trabajemos en formar frentes antirrepresivos que trasciendan nuestro propio mundo militante, que se integren en la lucha social y suponga además un cambio radical en nuestros métodos de lucha en otros ámbitos. Podríamos entender el movimiento antirrepresivo también como una forma de ataque y no solo defensivo. Normalmente tendemos a reaccionar frente a la represión de una forma defensiva pidiendo como mucho la libertad de nuestrxs compas encarcelados, hay que dar un paso más y avanzar de la necesidad militante a la necesidad social, hay que hablar de las chavalas que son diarimente secuestrados por el estado por temas relacionados con el trapicheo de drogas o pequeños robos, esto es al final el 90% de los casos de gente que entra a prisión, dato como que somos unos de los paises con menor tasa de crimen y mayores condenas creo que son importantes a la hora de analizar todo esto. Las únicas armas contra la represión son, no solo la solidaridad y el apoyo mutuo, sino también la inserción social, las estrategias comunicativas y la multisectorialidad. Aspiremos a superar las dinámicas de acción-reacción y el aislamiento. Hay que ganar en eficacia y hacer que enfrentar la represión no sea una carga de trabajo extra, sino que dicha carga de trabajo se traduzca en un mayor fortalecimiento de los movimientos populares al tejer redes de solidaridad más sólidas para que nuestra legitimidad supere la legalidad burguesa.

Lusbert y Angel Malatesta
Con aportaciones de Bari y MrBrown

La Mutualidad de Estudiantes

Víctor T.P. – Colectivo Brumario

Más textos de este colectivo pueden leerse en https://colectivobrumario.wordpress.com/

A principios de 2013 un grupo de estudiantes de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM decidimos involucrarnos en la construcción de una herramienta que fuese capaz de evitar la expulsión de nuestras compañeras de la universidad por no poder hacer frente a los pagos de la matrícula, desorbitados ya incluso para la lastimera socialdemocracia. Las autoridades universitarias, plenamente informadas de la existencia de este problema, no solo mantuvieron una descarada inactividad en la línea de la solución del problema, sino que, actuando de forma consecuente con su condición de cargos políticos, tomaron una posición enfrentada a la nuestra al ejecutar en última instancia las expulsiones de nuestras compañeras.

Así, consideramos necesario dotarnos de herramientas capaces de vincularse a la materialidad y de conseguir victorias reales o, al menos, frenar realmente los ataques a los que nos veíamos sometidas. Asimismo, esta debería ser una especie de nodo que aunase  la lucha estudiantil para, partiendo de esas victorias materiales, pasar al ataque. Así concebimos la Mutualidad de Estudiantes. Como un instrumento al servicio de las estudiantes y en las que estas participasen haciendo de las redes de solidaridad más que una mera enunciación, volviéndolas reales.

De esta manera, el eje central en torno al que se movía toda la estrategia era precisamente algo tan material y tangible como un fondo económico financiado por las aportaciones de las participantes en el proyecto. Se vio necesario establecer un sistema de cuotas por la simple razón de que si ese fondo no estaba bien nutrido, la Mutualidad perdía pie. La idea no era otra que, con ese fondo, responder a las necesidades económicas de las compañeras haciendo frente a los pagos que estas no pudieran efectuar. Por la misma naturaleza de la idea, entendíamos que no podía ser algo abarcado solo por un grupo, sino que si queríamos tener algo útil, debía tener cierto carácter de amplitud o, si se quiere, masividad. De hecho, solo así, al menos de la forma en la que estaba planteada la idea, hubiésemos podido hacer frente a la subida de tasas que posteriormente dinamitó el proyecto, siéndonos imposible abarcar la magnitud de los pagos.

Como es intrínseco a una iniciativa de este tipo, veíamos que existía un riesgo importante de que este cayese en el asistencialismo hacia personas que acudiesen a resolver su problema y se marchasen una vez se hubiese solucionado. No obstante, y aún sin tener muy claro de qué manera evitar esto, decidimos que era un riesgo que bien valía la pena correr. Para minimizar este pretendimos trasladar el espíritu de la lucha por la vivienda y otros ejemplos en los que las redes de resistencia y solidaridad toman protagonismo. Consideramos que en estos casos se había conseguido reducir los casos de asistencialismo al mínimo posible, logrando implicar en mayor o menor medida a las afectadas y proyectando esa energía nacida de la solidaridad hacia otros casos o problemáticas, convirtiendo lo que hasta entonces eran casos individuales en organización o movimiento, entendiendo estos en un sentido amplio.

Mutualidad

Como se ha mencionado brevemente más arriba, este era también el objetivo de la Mutualidad. Observando que el movimiento estudiantil, el que participábamos, se encontraba sumido en una continua derrota que no parecía tener visos de revertirse haciendo  lo mismo una y otra vez y sin capacidad para conseguir victorias concretas, pensamos que era sobre estas últimas sobre las que debíamos centrarnos. No quisiera que esto se entendiese como si un grupo elevado por razón divina mirase desde arriba lo que hacían el resto de sus compañeras y lo juzgase erróneo. Quienes trabajamos en esta iniciativa también participamos en las asambleas estudiantiles y en muchos casos fuimos partícipes de sus errores. La razón de separar la Mutualidad de la Asamblea radica en que pensamos que la primera necesitaba de una dedicación que no podía ser asumida por la asamblea sin ralentizar su funcionamiento o asumir un importante giro estratégico que no estábamos seguras de que esta fuese a aceptar.

Algo que consideramos reseñable es que las primeras asambleas abiertas que tuvimos atrajeron especialmente a compañeras que no ubicaríamos en el perfil de típica activista o que, desde luego, no participaban en la Asamblea de facultad. Esto parecería confirmar lo que dijimos unas líneas atrás de que en la Asamblea operaba otro tipo de estrategia, distinto a lo que se quería plantear desde la Mutualidad. Entendemos esto como debido a que una, la Mutualidad, y otra, la Asamblea, toman el problema del acceso a la universidad desde perspectivas distintas, partiendo la primera de la más estricta realidad material, y la otra, de disquisiciones sobre la naturaleza de lo público, consignas de abajo los recortes y cierta premilitancia de futuros cargos políticos. Dejando a un lado el tono sarcástico o caricaturesco, lo que queremos decir es que la lucha estudiantil durante estos últimos años y en un sentido amplio rara vez ha conseguido vincular a gente más allá de los círculos activistas debido a sus escasos resultados, producto, a su vez, de una observación maximalista de la realidad que dejaba a un lado nuestra cotidianidad y, consecuentemente, nuestro mayor potencial.

Este texto quiere rescatar brevemente una experiencia también de muy corta existencia, que no consiguió sus objetivos al no conseguir vincular la gente necesaria, no poder hacer frente a la subida de tasas o un conjunto de estos y otros factores que se nos escapen. Sin embargo, pese a su aparente fracaso, creemos que este es, al menos, el camino que debieran recorrer las próximas iniciativas en el campo universitario, o fuera de él, donde parece que sí están teniendo mejores frutos. Hacer efectivas la resistencia y la solidaridad, pasar a la ofensiva, transformar la realidad.

Si alguien quiere echarle un vistazo a la página de Facebook de la mutualidad, es esta https://www.facebook.com/MutualidadDeEstudiantes?fref=ts

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