Consideraciones sobre el reformismo

¿Reforma o revolución? Se considera reformista a todo aquello que apunta a modificar el sistema para mejorarlo, manteniendo sus estructuras y el status quo, mientras que es considerado revolucionario todo aquello que busca una transformación radical del sistema para sustituirlo por otro. Los anarquistas hemos rechazado el reformismo por considerarlo estéril y que apunta a reforzar el sistema en vez de destruirlo o debilitarlo y planteamos la revolución al no encontrar compatibilidad ni relación alguna entre ambas posturas. No obstante, al hacer un análisis más minucioso, encontramos una cierta interrelación ente ambos conceptos. Tal es el caso que pueden haber organizaciones revolucionarias con cierto discurso reformista (otro caso sería el posibilismo, es decir, la participación en las instituciones burguesas, pero aquí no se va a tratar) pero teniendo una estructura organizativa y unos principios revolucionarios. Puede sonar paradójico, sin embargo, no todo es blanco y negro y el reformismo puede en ocasiones favorecer las situaciones revolucionarias si se consigue dar con las estrategias adecuadas.

Cuando el ambiente social se torna hostil para la vida a causa de ciertas políticas y el pueblo empieza a tomar conciencia de ellas, esa conciencia puede tomar dos caminos: de tener el objetivo de reivindicar unas mejoras y el fin del malestar mediante reformas o el fin de la explotación, proponiendo la revolución como alternativa que termine con el sistema de explotación y se construya uno basado en la libertad e igualdad donde el pueblo sea quien posea los recursos y decida su destino. Lo primero terminaría por un camino estéril y haría que el sistema se perpetuase bajo otra máscara supuestamente más amable y lo segundo, sería una solución posible y efectiva. Sin embargo, la conciencia política no expresamente viene del hambre sino de la necesidad de cambiar un sistema injusto y ese deseo de cambio no se materializará si existe en el ambiente unos aires de desconfianza entre vecinos, miedo y aislamiento entre individuos.

Medidas como aumentos salariales, convenios colectivos o mayor regulación en los mercados son meramente reformistas pero atraen a gente con poca conciencia política que necesita de soluciones inmediatas para su supervivencia. Entonces, entre esa gente que comparte los mismos intereses tienden a asociarse. Ello supone el primer paso para romper el aislamiento y crear espacios que posibiliten la puesta en común de los intereses, para así visualizar las reivindicaciones y crear medios materiales para poder conseguir dichos objetivos. Tomemos como ejemplo el sindicalismo: el sindicalismo de por sí es reformista porque el objetivo de este movimiento es la consecución de mejoras laborales dentro del sistema capitalista. Cuando entraron los anarquistas en los sindicatos, posibilitó el acercamiento de las ideas anarquistas a la clase trabajadora y ello supuso la salida de la marginalidad del anarquismo que se encontraba allá a finales del siglo XIX. Gracias al contacto entre el anarquismo y la clase obrera, se pudo materializar los deseos de emancipación del proletariado. No obstante, el sindicalismo anarquista no dejó de tener reivindicaciones reformistas como las mejoras salariales, la readmisión de los despedidos, el cese de los abusos patronales, etc, pese a mantener una estructura organizativa antiautoritaria y unos principios revolucionarios, así como sus tácticas  como la acción directa.

En períodos conservadores -es decir, en momentos donde no existe una conciencia política subversiva generalizada-, el sindicalismo revolucionario sirve como herramienta de la clase trabajadora para conseguir sus reivindicaciones y hacer retroceder al patrón así como extender la lucha de clases poniendo en práctica la solidaridad entre la clase trabajadora, el asamblearismo y la autogestión. En pocas palabras, debe servir como herramienta que haga ver que mediante la asociación, organización de la clase trabajadora y la acción directa es posible materializar las reivindicaciones. En cambio, en situaciones revolucionarias -períodos en los cuales el conflicto social entre clases se generaliza-, los sindicatos se vuelven torpes para organizar la revolución y en su lugar, lo ocuparía la misma clase trabajadora que tomarán las riendas de sus vidas poniendo en autogestión las tierras, fábricas y talleres. No hay que olvidar que, además de sindicalistas revolucionarios, son anarquistas y es por ello que debe existir una organización política que impida que las reivindicaciones laborales se convierta en fin en sí mismo sino como medio para hacer ceder al patrón, para la asociación de los explotados y posibilite una revolución social que tenga como fin el comunismo libertario.

La relación entre el reformismo y la revolución radica pues en que las reivindicaciones reformistas sirven para impedir que el agua nos ahogue y tengamos terreno para poder movernos, lo cual nos posibilitaría organizarnos. Los gobiernos y los grandes propietarios ceden cuando ven peligrar su situación concediendo las reivindicaciones de la población para aliviar la tensión. No obstante, existe un gran riesgo si, pese a conseguir arañar muchas cesiones de las clases dominantes, se considere como un objetivo logrado pensando que los gobiernos y los capitalistas cedieron porque han recapacitado. Entonces, en vez de debilitar al sistema lo refuerza ya que las clases dominantes recuperaron su credibilidad al mostrar su cara benefactora.

Cuando la burguesía y la clase política decide conceder las reivindicaciones, supone una medida desesperada cuando la represión no consigue frenarlos. Si sucede ésto significa que el sistema se debilita, al ver que su sistema represivo no consigue terminar con la disidencia, lo que posibilita que podamos golpear si se consigue que la conciencia de clase se extienda y el movimiento libertario vuelva a ser un movimiento de masas organizado. Así pues, entraríamos un período revolucionario y en última instancia, las clases dominantes no dudarán en usar la fuerza para mantener sus privilegios. Es entonces cuando, mediante la exigencia de reformas, consigue llevarnos a una situación revolucionaria al despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarnos. Llegado ese momento, se tendría como objetivo la revolución social que terminaría por expropiar a las clases dominantes y recuperar nuestras vidas construyendo una sociedad libertaria.

Sacando algunas conclusiones, debemos tener en cuenta que el reformismo es estéril cuando es impulsada por movimientos ciudadanistas con reivindicaciones como la reforma de la ley electoral, el impuesto a los ricos y las transacciones financieras, mayor dureza contra la corrupción, etc que únicamente tienen el fin de conseguir un sistema más amable con una explotación más sutil. Sin embargo, hay ciertos aspectos como la lucha en el mundo laboral, la defensa de la Sanidad y la Educación, que si se consiguen conquistas mediante la acción directa, servirían para impulsar aspiraciones más ambiciosas y revolucionarias como la autogestión obrera tanto de los medios de producción como de la salud y la educación. Lo más importante de todo es que se vea que mediante la acción directa y la autoorganización es posible conquistar no solo nuestros derechos sino que desde la cooperación y la solidaridad, consigamos tener bases materiales para aspirar más allá de la defensa frente a las agresiones del capital. Los movimientos sociales quedarán inofensivos y absorbidos por el sistema cuando los objetivos son meramente reformistas y no aspiran a la transformación radical del sistema que es la destrucción del Estado y el Capital.

Nota: este artículo fue rescatado de Sección Libertaria por el motivo del cierre del blog.

Crónicas desde Estambul

Desde lo convulso que ha sido hoy (12/6)  el día en Estambul, voy a intentar resumir lo que está pasando. Hace alrededor de dos semanas comenzaron las protestas porque iban a destruir un parque en el centro de la ciudad (Gezi Park), al lado de su plaza más famosa, Taksim. Después de dos días y noches tranquilas con conciertos, charlas y reuniones, la policía dispersó de una forma extremadamente violenta las manifestaciones y concentraciones que se llevaron a cabo en la zona. Durante varias noches, Taksim fue zona de guerra. Rápidamente, se levantaron barricadas en cada uno de los accesos a la plaza, todo el mundo se equipaba con mascarillas, y bufandas, limones y leche, para evitar los efectos del gas.

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Mensajes y manifestaciones en solidaridad surgieron desde todas partes del país.

Teniendo en cuenta la gran difusión e importancia de los conflictos de Taksim, la estrategia del Gobierno y, por lo tanto, la actuación de la policía fue muy clara. La represión pasó a lugares menos transitados. Entre ellos, Izmir, tercera ciudad más poblada del país, y donde 40 twitteros fueron detenidos por sus publicaciones en la red social. Desde Ankara, donde cada noche la represión cobraba más fuerza, compañeros que viven allí nos comentaban que el centro de la ciudad es amplio y es muy complicado levantar barricadas o intentar detener a la policía. La represión en estas zonas tiene menos difusión y queda mucho más silenciada.

En Estambul, la situación no se tranquilizó hasta el jueves, mientras que en el parque las cosas se calmaron el sábado por la noche cuando la gente recuperó la ocupación de la plaza. Los conflictos estaban concentrados en una zona cercana llamada Besiktas, próxima al palacio del Dolmabahçe, uno de los accesos a la plaza. La policía lanzaba gas y agua a presión cada día. La gente que al principio llevaba mascarillas sanitarias, empezó a equiparse con máscaras especiales antigás, gafas de bucear, llevaba leche con antiácido, etc… El gas ya no era un problema. El único problema, el miedo. Miedo no sólo a ser detenido, miedo a ser golpeado y torturado durante la detención. Miedo a un juicio injusto, lleno de ilegalidades y de influencias gubernamentales.

El presidente del país, Tayyip Erdogan, no ayudó nada en estos momentos. Primero se fue a Marruecos a un congreso, donde el Rey se negó a recibirlo. Una vez de vuelta en Turquía, dio seis ruedas de prensa en un solo día. En ellas, se dedicó a lanzar mensajes provocativos, como “yo también tengo al cincuenta por ciento de la población de mi parte”, en mi opinión una clara llamada a la guerra civil, “los manifestantes atacan a mujeres con velo”, “entraron en la Mezquita de Dolmabahçe con zapatos”, afirmaciones erróneas y tergiversadas.

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El fin de semana el parque Gezi estuvo lleno de gente. Fue bonito volver a ver ese ambiente de paz y tranquilidad. Los manifestantes intentaban alejar a los vendedores de bebidas alcohólicas. Había aún demasiada tensión como para estar de fiesta. Las cocinas estaban llenas de comida y en todo el parque no había un solo rincón libre para levantar una tienda de campaña. El fin de semana fue tan tranquilo como se esperaba.

Todos sabíamos que el domingo o el lunes la policía iba a volver. Hasta la prensa turca lo estaba anunciando. Mi compañera de piso y yo fuimos de nuevo el domingo por la noche, pero no ocurrió nada, la gente estuvo bailando y cantando durante toda la noche. Había bastante poca gente. Unos dormían, mientras otros jugaban al voleibol y otros vigilaban las barricadas, que poco a poco, después de cuatro días sin ataques, habían perdido su utilidad y su fuerza. De los seis accesos a la plaza, uno de ellos nunca estuvo cerrado, pero ahora tres de ellos estaban libres de barricadas.

A las cuatro de la mañana, pensando que ya no pasaría nada, nos fuimos a dormir. Nos despertamos a las 6’30 de la madrugada al grito de ‘polis geldi’ o ‘polis geliyor’, vamos, que viene la policía. Pero justo después de prepararlo todo y de estar listas para ir a las barricadas, gente que venía de allí nos aseguró que era una falsa alarma, que no venía la policía. Volvimos a donde habíamos estado durmiendo y nos mantuvimos despiertas hablando con el resto de amigos turcos e intentando recabar información. Mientras soñábamos con un desayuno caliente y una enorme taza de café, volvemos a oír ‘polis geldi’ , nos levantamos, atravesamos la plaza y cuando nos encontrábamos en la primera barricada en la calle que se dirige a Besiktas, vimos una procesión de cascos blancos y el sonido de los cañones de agua. Uno de los cañones de agua nos pasó por encima, nos dimos la vuelta para volver a refugiarnos en el parque y la enorme cantidad de policía entre nosotros y el parque nos lo impidieron. Entre la confusión, intentamos levantar una barricada.

Pero la policía se movía más rápido que nosotras y nos quedamos atrapadas en un bar. Por la televisión, podíamos ver cómo la multitud de la plaza había quedado reducida a periodistas, algunas personas lanzando cócteles molotov, que, como ha quedado demostrado después eran policías secretas, y seguidores del SDP. El propio partido hizo mucho énfasis aquella misma tarde en que los manifestantes que se protegían bajo  escudos con sus siglas no eran afiliados suyos. Pero lo que los medios de comunicación no mostraban era cómo gente dentro del parque también estaba siendo atacada, cómo agredieron a un señor en silla de ruedas, y demás barbaridades que ocurrían al mismo tiempo.

Durante toda la tarde vivimos ataques de gas constantes, pero de un nivel medianamente pequeño. También nos enteramos a media tarde de que las cadenas de televisión que retrasmitían los hechos habían sido multadas con miles de liras turcas, argumentando que “las imágenes podían traumatizar a niños y personas sensibles”, ya que no eran de suficiente interés. Además vimos las imágenes de cuarenta y dos abogados detenidos en los juzgados por defender y apoyar públicamente a los participantes en las revueltas.

La policía intentó detener el acceso a la plaza cortando el Metro, gaseando a la gente que se dirigía hacia Taksim, pero a las 7 dejaron de intentarlo, eran demasiados. Alrededor de las 8 sufrimos otro gran ataque de gas, agua y pelotas de goma. Pero la gente resistió.

La noche transcurrió con un tira y afloja ente policía y manifestantes. Los ataques no fueron graves y parte de la gente pudo mantenerse en el parque. Un amplio número de personas se refugió en los lujosos hoteles al final del parque que han estado apoyando siempre, ofreciendo alojamiento, agua y a veces limones o café.

Esta mañana apenas queda gente en el parque, el alcalde de la ciudad y el jefe de policía lo han visitado y han dado una rueda de prensa en la que proclaman lo orgullosos que están de la actividad policial llevada a cabo. Según el Twitter del jefe de policía acabó a las 12 de la noche, cuando claramente no fue así. Veremos como transcurre la jornada de hoy después de que el primer ministro ya ha dicho hoy que quiere la plaza limpia para mañana.

Mi opinión personal acerca de este movimiento y gran revolución no está del todo definida, y se va modificando con el paso del tiempo, pero sí quería hacer algunas reflexiones. Es impresionante que toda estas personas se hayan unido estos días, pero ¿de qué sirve la unión si por todas partes de la plaza hay colgados o pintados símbolos de partidos políticos, organizaciones y sindicatos? Los huecos entre las tiendas de campaña albergan stands para publicitar organizaciones. ¿Es esa una verdadera unión? ¿Dónde queda representada la gente que no está organizada?

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Y finalmente, el movimiento se denomina pacifista, se limita a la defensa del parque. Pero, si no estamos dispuestos a jugarnos la vida, aunque sea con tácticas pacifistas, si no se aprende que cuando se lanza gas hay que resistir y no huir, sólo estamos esperando un final triste y sin ninguna victoria. Yo personalmente, no soy pacifista, pero no voy a ser violenta si ellos han decidido que esa no es la estrategia. Sin embargo, si uno quiere ser pacifista, hay que serlo hasta el final. Hay que volver a las acciones de pacifismo extremo. No puedes ser pacifista si no tienes valor para arriesgar tu vida por la causa. (La foto de la derecha es muy bonita, pero fue disuelta con la primera bomba de gas).

Aún así, debemos aprender de nuestros compañeros turcos, que tienen mucho valor, debemos colaborar con ellos en todo lo que podamos y mandarles todo nuestro apoyo. Esta no es solo su lucha, es una lucha de clases, es la opresión de la clase trabajadora una vez más. Y una vez más, no se debe permitir. ¡A la lucha!

Toda la información citada ha sido sacada de páginas web y periódicos: http://www.hurriyetdailynews.com/  o http://occupygezipics.tumblr.com/ o https://www.facebook.com/OccupyGezi?ref=ts&fref=ts o https://www.facebook.com/geziparkidirenisi?fref=ts y de experiencias tanto personales como de mis compañeros.

Sol

Apagón informativo en Grecia. Respuesta social

Como sabréis, hace dos días el gobierno griego de Samaras echó el cierre a la emisión de los canales públicos de televisión y radio (ERT). En total se van a la calle unes 2.600 trabajadores. Con el cierre de la ERT Grecia es el único Estado-nación en la Unión Europea sin radiotelevisión pública, y todo en el nombre del neoliberalismo impuesto por la Troika.

Los motivos para el cierre de la ERT no sorprenden a nadie: que si era muy cara, que si no era productiva… etcétera. Simos Kedikoglou, vocero del gobierno conservador y antiguo periodista de la ERT, excusó la decisión bajo el pretexto ya presentado.

“La ERT es un ejemplo único de falta de transparencia e increíble derroche. Cuesta de tres a siete veces más que otra cualquier cadena de televisión, además de tener de cuatro a seis veces más personal, para una audiencia tan limitada, más o menos la mitad de la audiencia de una cadena privada media.” (Simos Kedikoglou, traducción propia. Fuente).

Pero recordemos una vez más lo que la Troika impuso al Estado de Grecia: 2.000 trabajadores públicos a la calle para finales de julio, y 15.000 funcionaries en total para finales del año próximo. Ya no es solamente una cuestión de desmantelar los servicios públicos—que es importante—, sino de soberanía nacional, pues las decisiones administrativas no parecen venir del gobierno griego—que bajo la lógica democrática-representativa goza de «la voz del pueblo»—sino de organismos supranacionales que atienden a oscuros intereses económicos e ideológicos—y digo oscuros porque claramente son intereses que no pertenecen a la mayoría de la población humana.

Así pues, se habla de una estricta re-estructuración de la ERT que se finalizará en unos tres meses—aunque el cierre es indefinido hoy por hoy—y que contratará una nueva plantilla de unes 700 trabajadores. Pero las medidas neoliberalemedidas griegass de austeridad no se han encontrado el camino libre, pues les propies trabajadores de la ERT y la ciudadanía en su conjunto han mostrado su rechazo a la medida del gobierno de Samaras. Les trabajadores de la ERT decidieron seguir emitiendo en streaming, incluso el Partido Comunista les ofreció ayuda en términos de infraestructura para continuar con la emisión. No importa que la policía haya inutilizado los transmisores; les trabajadores siguen emitiendo por propia voluntad, convencidos de que la ciudadanía griega, la cual reunió una gran muchedumbre el otro día frente a la sede de la ERT, se merece un servicio público de calidad.

La resistencia sigue hoy, día para el cual se ha convocado una huelga general, apoyada por varios sindicatos incluyendo los dos grandes—uno del sector público y el otro del privado. Habrá paros de 24 horas en trenes, trolebuses, y autobuses. Los hospitales están funcionando con servicios mínimos, y los controladores aéreos se sumarán esta tarde con un paro de 2 horas. El país lleva paralizado desde esta medianoche pasada. Una manifestación unitaria ha sido convocada para las 11:00 a.m. hora local, por lo que desde aquí les damos todo nuestro apoyo y solidaridad a les que decidan salir a la calle hoy a luchar contra el neoliberalismo.

Recordemos también que no solamente se trata de defender un servicio público, sino de calidad. A pesar de que la ERT ha sido acusada de despilfarro y opacidad, lo cierto y verdad es que era la única cadena que ofrecía programas culturales de calidad que otras cadenas privadas no ofrecían. Y tampoco olvidemos que la información no sólo viene de cadenas privadas o estatales: cada vez hay más fuentes alternativas de contra-información que, de manera autogestionada y autónoma, pretenden informar y difundir. Prueba de que estos medios están creciendo en términos de audiencia e influencia fue el cierre de Indymedia Athens hace un tiempo.

Galiza NO es una mina

El capitalismo, en su afán desarrollista, no duda en llevar adelante las mayores agresiones al territorio. En este caso, la Xunta de Galiza, al dictado del capital lanza su nuevo slógan: Galiza es una mina. Por contra, múltiples campañas desde los más diferentes ámbitos, coinciden en su rechazo al plan de la Xunta, que pretende legalizar las minas en situación irregular y facilitar la apertura de otras en espacios protegidos. En concreto, la campaña ¡Que no arrasen Galicia! Paremos la megaminería contaminante ha recogido ya más de 200.000 firmas.

Algunas de las consecuencias de esta minería a cielo abierto serían:

  • Alteración del terreno: Alterar la morfología del terreno implica la destrucción irreversible de muchos acuíferos y desplazamiento de cursos de agua, además de dejar al descubierto yacimientos con grandes cantidades de materiales tóxicos.
  • Contaminación del aire con polvo residual y otros elementos nocivos originados a lo largo del proceso.
  • Contaminación del agua: Las aguas contaminadas, fruto del contacto entre los cursos de agua y los tóxicos presentes en la mina, se filtran y en ocasiones llegan a las fuentes naturale de abastecimiento, afectando a todo el agua.
  • Contaminación del suelo: El retiro de grandes masas de terreno para abrir la mina deriva en un proceso de erosión antinatural y constante que suele afectar también al área periférica esterilizando el suelo cercano con vertidos “accidentales”, además de causar destrucción de acuíferos.

Minería a cielo abierto en Corcoesto

La multinacional Edgewater pretende abrir una mina de oro a cielo abierto en la parroquia de Corcoesto (A Coruña). Corcoesto sería un banco de pruebas para explotar la veta aurífera que va desde Malpica hasta Tui. Para extraer el oro sería necesario reventar la roca con megadetonaciones que machacarán toneladas de piedra (liberando grandes cantidades de arsénico) y someterlas después a un proceso químico con productos como el cianuro de sodio, altamente contaminante.

Además de oro el filón también aloja arsenopirita, por lo que las detonaciones también liberarían arsénico. La explotación de la vieja mina ya da lugar a altas concentraciones de este tóxico en el río Anllóns, según estudios de la Universidade de Vigo y el Instituto de Investigacións Mariñas del CSIC. Se trata de un problema directamente relacionado con la minería y conocido como drenaje ácido.

ContraMINAcción

El pasado 2 de junio, la plataforma ContraMINAcción, que agrupa a diferentes colectivos, convocó una manifestación bajo el lema: «Galicia no es una mina. Defiende la tierra, defiende la vida». Esta convocatoria reunió a más de 12.000 personas en Santiago de Compostela. Las críticas se han hecho extensivas a la política minera del Gobierno de la Xunta de Galicia, que pretende destruir el territorio priorizando sus intereses personales y políticos y beneficiando a las grandes multinacionales.

Xosé Manuel Beiras, portavoz de Alternativa Galega en el parlamento, se ha manifestado a favor de que la sociedad tome la vía de la acción directa y ocupe el terreno mediante acampadas en las zonas donde se pretenden llevar a cabo estos proyectos mineros.

El chantaje del paro y el empleo

Una vez más la excusa del trabajo se utiliza para justificar la destrucción del medio, aprovechándose de manera sangrante de la situación de crisis y la desesperación de millones de parados. Desde diversos medios se habla de más de 250 solicitudes de empresas nacionales y extranjeras que darán empleo a los gallegos. En palabras de una afectada de O Galiñeiro en El País «Trabajo de enterradores, cavando la fosa del futuro de nuestros hijos».

Fuentes:

Sobre la minería a cielo abierto en Galiza.

Entrevista al secretario ejecutivo de la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza (ADEGA)

Plataforma pola defensa de Corcoesto e Bergantiños

Miles de gallegos protestan en Santiago contra los megaproyectos mineros

Enlaces del mes: Mayo 2013

 

El trabajo nos mata

El otro día me encontraba yo debatiendo con unes compañeres unos temas más bien abstractos: que si esto nos hacía más felices, que si nuestra percepción de la felicidad era imperativamente subjetiva, que si hay maneras para medir la felicidad… Y a todo esto, me acordé de un ensayo cortito de Bertrand Russell en el que, desde una perspectiva moral o ética, defendía la jornada laboral de 4 horas.

El ensayo se titula «Elogio de la ociosidad» (click para leer en castellano o el original en inglés aquí), y básicamente viene a defender lo que muches anarquistas defendemos: que el trabajo en las sociedades capitalistas nos mata; no el trabajo per se, sino más bien la forma en la que organizamos las dinámicas productivas. Y nos mata no solamente físicamente, sino mentalmente también, anulando el potencial que todo ser humano dispone desde su nacimiento por el mero hecho de formar parte de esta especie animal.

Si nos paramos a pensar, la vida de un humano adulto en sociedad capitalista está fragmentada en 3 tercios que son: trabajo, ocio, y descanso. El último tercio se suele descuidar mucho más que el resto, puesto que el trabajo es obligatorio—si no te despiden—, y el ocio es algo tan básico para el disfrute de la vida que siempre—o casi siempre—toma importancia sobre el descanso. Si a esto le sumamos que en las sociedades capitalistas gran parte de la población empleada trabaja en términos reales más de 8 horas diarias de media—ya sea por horas extras, porque le tienen que dedicar horas en casa al trabajo, o por lo que sea—entonces nos encontramos con que no vivimos nuestra vida humana como nos gustaría hacer. Y no lo hacemos por decisión propia—estrictamente hablando—sino porque el sistema económico en el que nos ha tocado vivir así lo dispone. Total, que nos están jodiendo la vida.

Pero no estoy re-inventando la rueda con este texto. No he escrito nada nuevo ni he aportado nada que no se supiera. Aquí es donde Bertrand Russell nos proporciona una conceptualización interesante del trabajo. Teniendo en cuenta que Russell era un tipo especial—ni sumamente liberal, ni sumamente marxista—, su ensayo tiene tintes revolucionarios en cuanto que pretende cambiar el estado de cosas materiales de una forma radical. En el ensayo ya mencionado, el filósofo británico aboga por la jornada de 4 horas sobre una base simple y sencilla: el trabajo no nos hace felices. Trabajar 8 horas—o más—para otra persona no nos hace felices. Ganar el suficiente dinero para sobrevivir mes a mes no nos hace felices. Y lo más importante para él: el trabajo en la sociedad capitalista nos quita horas de ocio, que es una parte fundamental de la naturaleza humana.

Si el ocio es tan fundamental para Russell es porque identifica el potencial creativo humano con el ocio. En nuestras horas de ocio podemos decidir, libremente—sin un jefe que nos obligue a hacer lo que sea—lo que queremos hacer: leer, pintar, esculpir, pasear, filosofar, ver a les amigues… De la mera acción de elegir libremente y dedicar tiempo a nuestra persona nace la felicidad, la cual es síntoma de un sistema ética superior—o si nos ponemos universalistas como Chomsky, sería el único sistema válido puesto que es el que nos aplicaríamos a nosotres mismes y por ende al resto de humanos.

Pero Russell va más allá y hace una fuerte crítica a los valores de la sociedad capitalista—recordemos el contexto histórico: años treinta—ya con la gran crisis económica presente—y viniendo de la aristocracia inglesa. Para él las sociedades dan más valor a unos trabajos, de tal forma que el médico es más valorado que el barrendero. También, dice Russell, nos enseñan que trabajar es lo que define al ser humano, que el trabajo es lo que dignifica y nos da honor y virtud. Y finalmente, recordándonos a las tesis marxistas, Russell afirma que hay únicamente dos tipos de trabajo. En resumen:

  1. El trabajo que se encarga de recolectar y modificar la materia del planeta.
  2. El trabajo que se encarga de supervisar que el anterior se haga.

Total, que tenemos a  lxs trabajadores y a  lxs burgueses definidos en otros términos. A esto Russell añada que la segunda categoría puede estar jerarquizada y anidada, de tal forma que tenemos supervisores de supervisores que, a su vez, podrían tener otros supervisores. Sea como sea, Russell identifica claramente a explotades y explotadores. Lo que me parece original e interesante a tener en cuenta es la argumentación moral para criticar a este sistema: el trabajo simplemente no nos hace felices; y dado que la felicidad es un componente básico del ser humano negar esta felicidad es algo a evitar. Si tuviéramos jornadas de 4 horas, dice Russell, primero no tendríamos desempleo, y segundo la calidad de vida humana sería digna y verdaderamente humana. La pintura se beneficiaría, la música también, la filosofía… todo se beneficiaría puesto que las personas perseguirían sus intereses existenciales, es decir, aquello que les hace felices. ¡Es más! Para Russell no habría ni guerras porque la gente asociaría el esfuerzo militar como «trabajo»—como una carga impuesta—por lo que no sucederían—además que en una sociedad feliz la tensión y nervios, como él dice, quedarían reducidos al mínimo.

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