Introducción a las teorías políticas: situacionismo

(N del T: El sitio web libertario de habla inglesa Libcom.org publicó, entre 2006 y 2009, un conjunto de cinco textos introductorios a distintas teorías político-sociales pertenecientes a la esfera del socialismo libertario: comunismo anarquista, anarcosindicalismo, comunismo de consejos, situacionismo y sindicalismo. Iré publicando, empezando por el primero, la traducción al castellano de cada uno de estos textos, de valor introductorio y formativo.)

Las ideas situacionistas vinieron de la organización europea Internacional Situacionista, formada en 1957. Aunque solamente duró 15 años, sus ideas han influenciado profundamente, y han sido parte de la sociedad occidental – y los movimientos radicales – desde entonces.

Rasistiéndo cualquier intento de presentar sus ideas dentro de una ideología estática, el situacionismo, la IS llamó la antención sobre la prioridad de la vida real, la actividad del día a día, que continuamente experimenta y se auto-corrige, en vez de reiterar constantemente sobre eternas verdades como las ideologías del troskismo, leninismo, maoismo o incluso anarquismo. Las ideologías estáticas, por muy verdaderas que puedan ser, como todo lo demás en la sociedad capitalista, se vuelven rígidas y se convierten en fetiche, en una cosa más para consumir pasivamente.

En parte como resultado de esto, las ideas situacionistas son notablemente difíciles de explicar, y dejan un alto grado a la interpretación. Sin embargo, algunos datos se pueden afirmar. La mayoría de las introducciones a los situacionistas se centran en sus ideas culturales, particularmente en relación al détournement (subvertir elementos de la cultura popular) y al desarrollo del punk, pero las raíces de las ideas situacionistas se encuentran en el marxismo. El marxismo libertario, más cercano al anarquismo que a las tendencias autoritarias del marxismo tradicional, con la central idea de que los trabajadores son sistemáticamente explotados en el capitalismo y que deben organizarse y tomar el control de los medios de producción y organizar la sociedad en base a consejos obreros democráticos.

Los situacionistas, o situs, fueron el primer grupo revolucionario en analizar el capitalismo en su actual forma consumista. Entonces, como ahora, en Occidente la mayoría de los trabajadores no eran desesperadamente pobres, trabajando doce horas al día en fábricas y minas (las luchas obreras de los 150 años previos se encargaron de eso) pero la pobreza de la vida cotidiana nunca había sido tan grande. Los trabajadores no fueron golpeados con represión salvaje, sino más bien con ilusiones vacías de bienes de consumo, o espectáculos, que estaban imbuidos por una cultura y marketing cuyas característitas no poseían realmente. Por ejemplo, que la compra de este u otro artículo de tal marca de zapatos haría la vida de uno completa, o haría su triste vida igual que la de los famosos y modelos que la cultura muestra.

Los situs defendían que incrementar la riqueza material delos trabajadores no era suficiente para parar la lucha de clases y asegurar la existencia perpetua del capitalismo, como muchos en la izquierda defendían en el momento, mientras que los auténticos deseos humanos estarían siempre en conflicto con la alienante sociedad capitalista. Vieron en momentos de verdadera comunidad la posibilidad de una futura, alegre y no-alienada sociedad.

«La gente que habla sobre revolución y lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida del día a día, sin entender lo que es subversivo en el amor y que es positivo en el rechazo de las limitaciones, esa gente tiene cadáveres en sus bocas.» 1

En una (anti-)espectacular demostración de la validez de sus ideas, un grupo de situacionistas, junto con anarquistas, en la Universidad de Nanterre, fueron fundamentales para desencadenar la Revuelta de Mayo del 1968 que asoló el país, llevándolo a un estado cercano a la revolución, con diez millones de trabajadores en una Huelga General, muchos de ellos ocupando sus lugares de trabajo.

La figura clave en la IS, Guy Debord, se suicido en 1994 pero las ideas situacionistas viven, después de haber sido una parte fundamental de buena parte de la teoría anarquista actual, así como sus pensamientos sobre el comunismo que hoy se celebran como verdades por la mayoría de la gente.

“Tenemos un mundo de placer que ganar, y nada que perder salvo el aburrimiento.”2

  • 1. La revolución de todos los días – Raoul Vaneigem.
  • 2. ibid.

Kairós: Ocupar espacios para construir lo público

Iban a ser clases, iban a ser despachos, iba a ser un museo… Muchas excusas pero una sola realidad: La antigua librería de la Universidad Autónoma de Madrid era un espacio abandonado, sin uso, lleno de polvo y escombros. Como tantos otros en la UAM, que recientemente ha inaugurado su Plaza Mayor, un pabellón de servicios con el estilo arquitectónico de los modernos centros comerciales, moles horribles que se agolpan por las circunvalaciones de Madrid. Un pelotazo inmobiliario que no cubre ningún servicio nuevo, pero cuyo coste económico y social aún está por cubrir.

Hoy ese espacio abandonado, la antigua biblioteca de la UAM, es un espacio lleno de actividades y encuentros. Un espacio de trabajo colectivo, de formación e investigación multidisciplinar, donde la política se mezcla con las relaciones sociales, los estudios, las preocupaciones económicas y las ganas de transformar la realidad. Las asociaciones de estudiantes encuentran en Kairós un local donde pueden desarrollar sus proyectos y almacenar su material; las asambleas de estudiantes y trabajadores, un lugar donde centralizar las luchas contra los recortes y en defensa de lo público; profesores, estudiantes e investigadores, nuevos modelos de aprendizaje y enseñanza, lejos de la burocracia y las líneas fijas de los programas; los revolucionarios, un espacio donde conspirar para impulsar nuevas formas de relación; y cualquiera, un sitio donde encontrarse con sus iguales, que tienen mucho de diferente por descubrir.

Hay quien ha definido la situación social actual como un tango. En el baile, uno va ocupando rítmicamente el hueco dejado por su pareja. Del mismo modo el sector privado y la cultura mercantil van conquistando el espacio que deja lo público. Kairós es también un modo de dar un giro a este baile. En un momento en que no parábamos de retroceder, decidimos dar un paso adelante. Tomar un espacio privado en los terrenos de la universidad para convertirlo en un espacio gestionado de manera directa por los trabajadores y estudiantes. Donde en apenas una semana se han dado clases, se han proyectado películas, se han montado grupos de estudio (y se ha estudiado mucho), se ha discutido de literatura y de música, se ha hablado de recortes, de grupos de consumo, de feminismo y de la legitimidad política de una acción como esta. Se ha reactivado la lucha en la universidad y se ha recabado el apoyo de profesores, investigadores, trabajadores del PAS e, incluso, de vicedecanos que nos han propuesto la realización de exposiciones, que nos han echado una mano con las charlas o incluso con la limpieza del espacio. También ha habido problemas, discusiones y roces. Por ejemplo, con cierta burocracia sindical que justifica en cualquier normativa su más absoluta insolidaridad e inoperancia. Por supuesto, con el equipo rectoral, defensores del viejo mundo, cómodos con la mercantilización e incapaces de comprometerse con la universidad más allá de lo estético.

Con todo, las relaciones construidas, que rompen con el modelo social del individuo atomizado, ya tienen de por sí mucho de positivo. Lejos de conformarnos, queremos seguir profundizando en la brecha abierta, ahora que somos cercanos y nos conocemos tenemos más fuerza. Doy personalmente las gracias a los compañeros que nos han apoyado con la difusión en radios libres, periódicos, webs y redes sociales. Nos queda mucho que mejorar y aún hay mucho por hacer.

kairosuam.wordpress.com

Paseando por Atenas (IV)

En esta entrega relataré un par de reflexiones que me surgieron al pasar un tiempo por el centro de Atenas. Me salto las partes más «turísticas» por no ser relevantes a los temas de Regeneración.

Akadimias

Akadimias

La gran avenida céntrica que delimita el barrio de Exarchia alberga numerosas tiendas y kioskos, pero lo más llamativo son los edificios de la Universidad de Atenas, en concreto la Facultad de Derecho y Políticas donde influyentes grupos estudiantiles, como ARAN, agitan las protestas. En Akadimias, o mejor dicho, en los edificios de la universidad, diviso multitud de estudiantes disfrutando del sol que nos calienta amablemente. Tendremos unos diecisiete grados, y la gente para mi sorpresa sigue con los abrigos puestos—será que por fin me he vuelto británico, o tal vez les griegues tengan una aversión extrema al frío. Quién sabe.

Paseo por entre los edificios universitarios entreteniéndome con los jóvenes estudiantes que fuman, hablan, y ríen entre elles. Los edificios de la universidad son de estilo clásico, con estatuas y demás cosas que gustan a les turistas—y a les atenienses, digo yo. De nuevo me encuentro con que las paredes están llenas de pintadas políticas. Una me llama la atención, es reciente—¿del día de la huelga general? Es una gran pintada anticapitalista con la «A» de anarquía y no podría estar más visible. Me muevo por el campus y veo más propaganda comunista que otra cosa. De alguna manera, siendo partidario de este tipo de expresión política, pienso que algunos muros son tan bellos que no deberían ser pintados de esta forma—la pintada está en el muro que se puede ver en la foto.

Akadimias por estar muy cerca de Exarchia suele ser un punto de encuentro para salir por la noche. Además, al ser una gran avenida numerosos autobuses pasan por allí, incluido el trolley. Pero amigues, Akadimias cambia mucho de la noche a la mañana. Cuando el sol ya no calienta la capital griega, Akadimias cambia sus estudiantes por drogodependientes y sintecho. Numerosas noches me tocó pasar por allí de madrugada, y la sensación que une siente no es precisamente cómoda. Paso a relatar una experiencia concreta:

Una noche volvíamos de Exarchia a eso de las cuatro de la mañana. Nos dirigíamos hacia una de las avenidas que salen de Syntagma, así que teníamos que cruzar Akadimias. Yo ya me había fijado que de noche el lugar cambiaba mucho: varones todos ellos, de ropa sucia y rota (menos los de rasgos extranjeros, curioso), gritando, peleando, o simplemente deambulando por el campus. Tenía en mente lo que mi compañera me comentó, que la policía empezó hace tiempo a mover a los elementos problemáticos cerca de Exarchia para justificar intervenciones y demás. Pero uno es anarquista y piensa que las personas tienen un potencial solidario y afable que el capitalismo les niega—pero potencial que existe no obstante. Sin embargo, por mucho que te empeñes en ver el lado bueno de la gente, pasear por Atenas es como una bofetada en la cara, un cubo de agua fría a tus buenas intenciones, porque los problemas sociales y las oscuras callejuelas no ayudan nada a ser «bienpensado.»

Mi compañera que ya había tenido problemas con las personas que habitan Akadimias de noche me alertó que pasara de largo si se acercaba alguno de ellos. Pensé que mucha coincidencia sería que se nos acercará alguien, pero así sucedió. Un hombre joven, extranjero (¿de Pakistán, tal vez?), de tez morena y ropa cuidada pero conjuntada de forma llamativa, nos cortó el paso para preguntar por un cigarro. Yo que fumo de liar le dije que no tenía, que era de liar y que quería llegar pronto a la parada del autobús. Le dije esto en inglés, porque mi griego no llega para tanto, y él me contestó con una mirada seria y «cash.» Sinceramente no creo en la caridad, ni me daba la gana estar ahí parado a las cuatro de la madrugada con un hombre que se cabreaba por momentos. Cuando le dije que no, su ira era ya innegable. Total, que nos fuimos sin decir más y el hombre nos dejó en paz.

Al parecer relatos como éste no son extraordinarios: tirones, agresiones, provocaciones, y demás problemas son el pan de cada «noche» en Akadimias. Si ya la pobreza y la exclusión social son cosas tristes y deprimentes de por sí, que la policía y las autoridades locales jueguen a mover gente para crear problemas en barrios subversivos me parece razón suficiente para gritar eso de «batsoi, gourounia, dolofonoi!»—léase «bachi, guruña, dolofoni». Es uno de los cánticos anarquistas más comunes en las manifestaciones, que vendría a significar «maderos, cerdos y asesinos.»

Volviendo al tema de las sensaciones que se sienten paseando por Atenas de noche. Son tantos los problemas que puedes ver por la calle que es imposible no sentirte insegure. Precisamente, creo yo, esto es lo que quiere la policía que sientas cuando paseas por barrios contestatarios como Exarchia. Amigues de mi compañera me relataban el otro día que la gente problemática empieza preguntando por tabaco, luego pasan al dinero suelto, y de ahí puede que se tuerza la cosa y tiren de violencia y amenazas. Yo les preguntaba que si no estaban exagerando, a lo que me respondieron con tantas experiencias propias o de gente conocida que empecé a creerme la historia. De nuevo, esto es precisamente lo que quiere la autoridad que pensemos, que pasear por Akadimias no es seguro, que les inmigrantes son todes seres perjudiciales e indeseables. Quieren que nos quedemos con la parte más cruda de la realidad capitalista, sin poner rostro humano a esas personas forzadas por una realidad material asesina. Como varies de elles eran comunistas me daban «la chapa» con la historia de siempre: que si el lumpemproletariado, que si les marginales, que si esto o que si lo otro.

Lo que este grupo comunista—de ideología leninista-maoísta, según elles mismes—pasaba por alto es que por muy «lumpen» que seas sigues siendo persona, y por tanto sigues teniendo, primero, todas las potencialidades humanas que cualquier persona posee—sentimientos de solidaridad y afectividad—, y segundo que son precisamente estas personas las que tienen todas las razones del mundo para desarrollar una conciencia revolucionaria. Mientras hablaba con elles en el bar recordé el famoso texto de Karl Marx sobre Luis Bonaparte y su «ejército de lumpemproletarios.» En palabras de Marx, este «ejército» del sobrino de Napoleón Bonaparte estaba compuesto por toda la calaña insalvable de la sociedad: rateros, asesinos, prostitutas, alcohólicos… Bakunin tuvo mucho que decir al respecto y así lo hizo él, como así lo hice yo en aquel bar. Como el «discurso» se lo sabe todo el mundo lo omitiré, pero dejaré constancia de la reflexión que intenté hacer ver a este grupo de leninistas-maoístas.

Si realmente crees que una sociedad mejor es posible, entonces, no debes dar la espalda a nadie. Entender el comportamiento social de las personas en base a conceptos tan rígidos como «realidad material» y «conciencia de clase» es, a mi parecer, un error grave. Ni la realidad material constriñe de manera determinante, ni la conciencia es algo inexorable. La agencia humana siempre jugará un rol importante en el desarrollo de la historia, si bien es cierto que ésta tiene lugar en un contexto limitado por elementos externos al individuo como pueda ser la realidad laboral, las condiciones económicas, o las estructuras políticas de una sociedad. Sea como sea, yo les intentaba hacer ver que trabajar con esa gente que elles descalificaban como «lumpen» era una de las tareas más necesarias—si bien es cierto que también es una de las más difíciles. Rebajar a ciertas personas a la categoría de «lumpen», que en el discurso marxista casi carece de humanidad, es hacerle el juego a esa clase dominante que elles tanto odian. Primero porque estaríamos reconociendo y aceptando los resultados de las dinámicas capitalistas—empobrecimiento, marginalización, alienación, anomia, etcétera—, y segundo, porque pensar de manera tan determinista no lleva a ningún lado. ¿Cuánta gente de clase obrera nos ha dado alguna vez la puñalada trapera? ¿Acaso no puede el burgués ser un enemigo de su propia clase? ¿Se olvidaron de dónde venían Marx y Engels?

Pero como decía antes, es imposible no sentir temor al pasear por ciertas calles de Atenas a dadas horas de la madrugada. Una cosa es creer que la gente puede ser buena, y otra cosa es ser imbécil. Si las autoridades de la ciudad se empeñan en dar la espalda a les más necesitados, entonces seamos nosotres quiénes les tendamos una mano, les decía yo bebiendo un poco de raki con miel—en otra ocasión hablaré de esta fabulosa bebida. Elles parecían mirarme con condescendencia, como pensando: «ay estos anarquistas, que no saben lo que dicen. Mejor se vayan a lanzar otro molotov.» Si de algo me sirvió mi contacto con les estudiantes comunistas de Atenas fue para reafirmarme en la idea de que antes del problema del capital viene el problema de la autoridad, que es mucho peor y más antiguo. Me da igual si la autoridad viene de la policía, partidos políticos, o grupos estudiantiles supuestamente revolucionarios. Si alguien o algo me dice que tengo que deshumanizar a parte de mi sociedad por el motivo que sea, entonces, apaga y vámonos.  Cómo les gusta las jerarquías a estes comunistas…

Introducción a las teorías políticas: comunismo de consejos

(N del T: El sitio web libertario de habla inglesa Libcom.org publicó, entre 2006 y 2009, un conjunto de cinco textos introductorios a distintas teorías político-sociales pertenecientes a la esfera del socialismo libertario: comunismo anarquista, anarcosindicalismo, comunismo de consejos, situacionismo y sindicalismo. Iré publicando, empezando por el primero, la traducción al castellano de cada uno de estos textos, de valor introductorio y formativo.)

El comunismo de consejos fue un movimiento obrero militante que emergió por primera vez en Alemania y los Países Bajos en la década de 1920. Hoy en día continúa siendo una importante coriente teórica dentro del comunismo libertario.

El agumento central (y simple) del  comunismo de consejos, en marcado contraste con los reformistas socialdemócratas y los leninistas, es que los consejos obreros que surgen en los lugares de trabajo y las comunidades durante los periodos de intensa lucha son la forma natural organizativa de la clase trabajadora. Esta visión es completamente opuesta a los argumentos reformistas o leninistas que hacen hincapié en que la clase obrera es incapaz de hacer nada por si misma y la necesidad de contar con partidos de vanguardia, urnas (y las instituciones estatales que ambos conllevan) para solucionar sus problemas.

Estas conclusiones llevan a los comunistas de consejos a mantener posiciones muy similares a las sostenidas por los anarco-comunistas con la principal diferencia de que en ocasiones, aunque no siempre, mantienen un compromiso con Marx y sus métodos de análisis. Como tal, hay momentos históricos y presentes de una estrecha colaboración entre las dos corrientes, hasta el punto de que comunistas de consejos se convierten en miembros de grupos anarco-comunistas.

A raíx de esto, los comunistas de consejos defienden que la sociedad y la economía debe ser dirigida por federaciones de consejos obreros, compuestas por delegados elegidos en los lugares de trabajos y que pueden ser revocados en cualquier momento por los que les eligieron. Como tal, los comunistas de consejos se oponen al burocrático socialismo de estado. También se oponen a la idea de un partido revolucionario que tome el poder, considerando que cualquier agitación social liderada por uno de estos «revolucionarios» partidos solo puede acabar en una dictadura del partido.

También consideran que el rol del partido revolucionario no es llevar a cabo la revolución por la clase trabajadora, sino tan solo agitar dentro de la clase, animando a la gente a tomar el conrol de sus propias luchas a través de las instituciones de democracia directa de los consejos obreros.

A veces se piensa que los comunistas de consejos han mantenido una oposición «desde fuera y contra» la burocracia de los sindicatos reformistas, viéndolos como un freno a la militancia obrera y considerando que el liderazgo, cuyo rol es visto como poco más que «polis de gorra blanda (N del T: hace referencia a la típica boina o gorra del trabajador industrial)», que con el tiempo siempre venden al resto de miembros. Es verdad que, históricamente al menos, los comunistas de consejos han sido antisindicales. Sin embargo, esto ha sido debido en gran medida debido al contexto en que escribieron los comunistas de consejos. Por ejemplo, los comunistas de consejos alemanes de la década de 1920 eran plenamente conscientes del papel de los sindicatos alemanes en traicional los intentos de revolución obrera en 1918. Sin embargo, en la actualidad, aun manteniendo una visión muy crítica de los sindicatos y su naturaleza antidemocrática, los comunistas de consejos generalmente considera que tener un sindicato es mejor para los trabajadores que no tenerlo.

Los comunistas de consejos llevan a cabo, obviamente, una fuerte crítica de la «exitosa» Revolución Rusa de 1917. Apesar de que  sentían que originariamene tenía un carácter pro clase obrera, terminó siendo una revolución burguesa, con los nuevos líderes «comunistas» remplazando la vieja aristocracia feudal con la burocracia del capitalismo de Estado. Los comunistas de consejos sostienen que el partido bolchevique solo tomó el rol de los capitalistas individuales en lugar de deshacerse del capitalismo.

Los comunistas consejistas surgieron en gran medida del movimiento sindical de base alemán, que se oponía a sus sindicatos y que organizaron huelgas cada vez más radicales hacia finales de 1917 y principios de 1918. Éste se formó en el Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD), que es la unión de la AAUD y la AUUD-E, cuyo apogeo fue el intento de revolución alemana de 1918-19. Tendencias similares se desarrollaron en los movimientos obreros de Italia, Bulgaria y Países Bajos.

El brutalmente reprimido pero brevemente exitoso levantamiento obrero anti URSS de Hungría de 1956 se utiliza a menudo como ejemplo histórico de como los consejos obreros puedes surgir naturalmente de la clase obrera durante los periodos de intensa lucha de clases, incluso a pesar de la falta explícita de los trabajadores de compromiso con la teoría del cmunismo consejista.

Las ideas del comunismo de consejos han sido desde entonces tomadas por muchos comunistas libertarios de todo el mundo con grupos como Socialismo o Barbarie y la Internacional Situacionista siendo en gran medida influenciados por ellas.

Sin embargo, estos grupos son a veces designados despectivamente como «consejistas» por los comunistas de consejos, por obsesionarse abiertamente con la espontaneidad obrera y someterse a lo que Mark Shipway describe como «un énfasis vacío, formalístico en los consejos obreros que descuida completamente el contenido comunista de la ecuación del comunismo de consejos.» Esto es percivido como peligroso debido a que es posible que los trabajadores sean capaces de tomar espontáneamente los medios de producción durante una crisis pero solo para finalmente acabar estableciendo una forma de «capitalismo autogestionado» en el que los consejos obreros gobiernen el mundo pero desgraciadamente se conserven las relaciones salariales el capitalismo.

Los comunistas de consejos, en cambio, piensan que la clase trabajadora debe desarrollarse para poseer una fuerte consciencia política y tener marcados el comunismo y la abolición del capitalismo como fines; los consejos son solo los medios para que este fin pueda ser realizado. Esta fue también la crítica hecha por el KAPD/AAUD cuando la AAUD-E se escindió de ellos en el rechazo de una organización separada de los comunistas.

Por libcom, 2005.

Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ – varios kilos de manzanas – 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas…) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda…), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.

Paseando por Atenas (III)

Hoy publico mis experiencias del martes y miércoles—recordad que el segundo texto es solamente una parte del miércoles. En esta entrega podréis recorrer la Acrópolis, los barrios colindantes, Exarchia de nuevo, y un centro social okupado llamado Nosotros.

Acrópolis

Athens_Acropolis

La Acrópolis seguramente sea la mayor atracción turística de la ciudad de Atenas. El museo, que es nuevo y está a los pies de la colina, se puede visitar con detalle en unas tres horas. La entrada cuesta doce euros, pero por cosas de leyes europeas, les universitaries de la Unión entran gratis—así que paso con mi entrada en la mano y una gran sonrisa en el rostro, que no me hace gracia apoquinar doces euros.

Si la entrada me sale gratis el café en la cafetería de museo es otra cosa—siete euros por dos cappuccinos. Eso sí, las vistas son inmejorables porque todo el café da directamente a la colina de la Acrópolis. Hace un sol radiante y una ligera brisa que nos acaricia según subimos la colina por el parque público. El lugar está rodeado de casas antiguas que rezuman poder adquisitivo, de hecho mi compañera me explica que son de las casas más caras de toda Atenas—eso salta a la vista. En uno de estos lujosos edificios que tienen como vecina más próxima a la Acrópolis, una bandera del Estado español hondea tímidamente. Es la embajada—o una oficina de la misma, no estoy yo para leer chorradas. Es lo que tiene tener una reina griega, que te da el derecho de adquirir el mejor edificio de la ciudad para tus asuntos internacionales.

El parque que duerme a los pies de la colina es precioso. Está lleno de pequeños felinos callejeros que te miran con ojos atentos desde los árboles. Pero en medio de todo este despliegue de lujos, la pobreza vuelve a aparecer en Atenas. Mujeres mayores venden diez postales a un euro para ganarse la vida. Con voz quebradiza y toda una plétora de vivas y alabanzas a Atenas soy ofrecido un set de postales, el cual adquiero gustoso porque en el museo las postales estaban a cincuenta céntimos cada una—y no podían ser más feas, todo sea dicho.

De la Acrópolis diré poco más porque podéis leer la historia en Wikipedia—he dejado el link más arriba. Simplemente mencionar que desde las alturas se puede divisar toda la ciudad en su máximo «esplendor.» Yo me sorprendo ante la apariencia de la ciudad, muy distinta a mi Madrid natal. Mi compañera suspira y dice que desde aquí arriba «te das cuenta realmente de que Atenas es una bestia.» Me paro a pensarlo dos veces y le veo el sentido: una bestia de casas blancas—y más bien viejas—que se extiende devorando el paisaje tan bonito que la rodea con mordiscos de asfalto y hormigón. La ciudad, contando el área metropolitana, no llega a los cuatro millones, pero desde la Acrópolis me parece mucho más grande que Madrid—que tiene más o menos la misma población. Supongo que las colinas y montañas que rodean a la ciudad, más el mar en un costado, hacen crecer la densidad urbana. Lo dicho: Atenas la bestia blanca.

Anafiotika, Monastiraki

Anafiotika

Tras la Acrópolis soy guiado colina abajo  hacia una parte encantadora de la ciudad, un barrio de casas bajas, con jardines pequeños, y apiñadas en calles estrechísimas. Se llama Anafiotika en honor a una isla que se llama Anafi. La estampa me recuerda un poco a los pueblos Italianos, con grandes macetas de coloridas flores en las ventanas y puertas de colores. Las paredes están repletas de graffitis—de verdad, no he visto ciudad con tanta pintada en mi vida. Pocos de ellos son de carácter político. Casi no se ve ninguna consigna anarquista. En su mayoría las pintadas son obras muy artísticas: delfines, barcos, mariposas, Atenea con su escudo y lanza…

Bajamos el barrio, que está en la loma de la colina, y pasando por cafeterías muy apetecibles, llegamos a la plaza/barrio de Monastiraki, muy cerca del Ágora. Las calles se ensanchan aquí y mi compañera me indica uno de sus sitios favoritos para comer souvlaki, que viene a ser el «kebab» griego. Con la comida en las manos reanudamos nuestro camino calle abajo hacia Thissio, y para ello atravesamos un mercado en el que venden todo tipo de ropa, ajares, camisetas de fútbol, botas de montaña… Es algo así como el rastro de Madrid pero sin tenderetes. A lo largo de nuestro paseo por Monastiraki puedo ver un gran número de gente pidiendo dinero en la calle, sobre todo señoras con niñes en los brazos. Mucha de esta gente duerme tirada en el suelo de la plaza con el brazo estirado, tieso como un palo, sosteniendo el vaso de McDonald’s donde esperan recibir unos céntimos de euro.

Thissio, Keramikos

Llegamos a Thissio y el sol me achicharra con solemnidad—el tiempo está un poco loco estos días, llueve tan rápido como sale el sol para cegarte. En Thissio paseamos por una gran calle que da a la estación de metro. Una iglesia cercana y unas ruinas antiguas son la atracción del lugar, aunque mi compañera me cuenta que la gente suele venir a pasear y a tomar algo porque está a medio camino de Keramikos. En la plaza veo una gran congregación de sintecho que hablan jovialmente, aunque observo que varios de ellos están borrachos. Son hombres barbudos, de tez morena y ropa rota. Están sentados en el césped y escalinatas de la plaza, frente a un par de cafeterías con terraza donde varias familias europeas comen e intentan ignorar a sus «morenos» vecinos. Varios hombres de etnia gitana intentan vender cosas en la calle, y a esto que pasa un sacerdote ortodoxo con su larga barba, su sombrerete negro, y su sobria túnica a juego. Esto parece llamar la atención de les turistas.

Caminando por una ancha avenida rodeada de árboles se llega a Keramikos, donde se albergaba en su día el barrio de la alfarería. Desde el camino se pueden ver la ruinas que resisten al paso del tiempo, aunque no se puede bajar porque valla te impide el paso—así que me conformo con ver e imaginar que toco las columnas ruinosas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

En la zona de Keramikos, me cuenta mi compañera, han desarrollado una de las zonas «para salir» más de moda de Atenas. El barrio gay se encuentra en la zona, y los bares y clubes modernos se apiñan por doquier. Son como las cinco de la tarde, y las terrazas están llenas de jóvenes «muy a la moda» tomando café y cerveza. Peinados estrafalarios, gafas de marca, camisetas muy apretadas… En la plaza unos chavales de origen inmigrante juegan al fútbol y las madres observan sentadas. Según me cuenta mi guía, el barrio tiene casas muy caras y casas viejas donde vive gente humilde. El barrio está formado por edificios de dos o tres plantas más bien concentrados, por lo que volvemos a las callejuelas estrechas. Los graffitis son de nuevo una atracción, y tanto preguntar por traducciones siento que mi compañera está a punto de soltarme un bofetón a ver si me callo de una vez. Tras un rato paseando decidimos coger el metro y volver a casa.

Exarchia, de nuevo

Tras la manifestación en la mañana del miércoles decidimos dar un largo paseo por el barrio de mi compañera y luego bajamos a Exarchia para tomar algo con unes amigues. Casi todo está cerrado—por la huelga, me explica Helena, una amiga. Las calles de Exarchia a la luz de las farolas pueden ser algo intimidatorias: callejones oscuros, pintadas artísticas, pero también agresivas, sombras escurriéndose en las esquinas… Pero con todo, el barrio es un lugar seguro, según asegura mi compañera. Las calles están medio-llenas de jóvenes—anarquistas por su vestimenta—que fuman y beben sentados o de pie. En la plaza principal se congrega el mayor grupo de jóvenes. Las motocicletas están aparcadas cerca de la gente—¡Atenas está llena de motocicletas! Los canes van de un lado para otro como quieren. Pasamos el jardín okupado y entramos en un bar abierto, uno de los pocos. Por si no he hablado antes del jardín okupado digo ahora un par de cosas: es un pequeño parque donde les anarquistas están plantando todo tipo de cosas y reformándolo para que sea un lugar bonito de encuentro. La entrada y la casita que hay dentro están cubiertas de consignas políticas y más graffitis artísticos. Todo en Exarchia te recuerda que estás en territorio subversivo.

Poco hay que contar de mi experiencia en el bar, rodeado de gente hablando en griego, sin enterarme de nada, y teniendo que recurrir a mi compañera o a les jóvenes que hablan inglés para poder abrir la boca. En mis cuatro días en Atenas he podido re-confirmar que les griegues son gente muy abierta, simpática, y amigable. Tienen un sentido del humor muy parecido al que yo consideraría «nuestro», así que me entiendo muy bien con elles.

Tras despedirnos de les amigues de mi compañera nos dirigimos, hacia las doces de la noche, a un centro okupado llamado Nosotros. Es una casa de tres pisos en la que han montado un bar muy majo. El lugar es enorme, y las paredes, como no, están cubiertas de arte callejero—aunque no tan agresivo como en los muros de Exarchia. En el bar tienen mesas con tableros de juegos, libros, panfletos… incluso tienen un pequeño espacio para tocar música. Una futbolín preside otra habitación, y del piso superior no sé nada porque las puertas están cerradas—así que mi cotilleo finaliza aquí.

Según me comenta mi compañera, aquí en Nosotros se organizan conciertos pequeños, charlas, talleres, potlatchs, etcétera. De hecho, una simpática voluntaria en el bar me sugiere que me pase un día de estos a cocinar algo típico castellano. Le digo que van listos si quieren que les cocine algo, pero ella insiste y me dice que en la «cocina comunal» todo es bien recibido, esté bueno o malo, y que si tiene el añadido de ser «de fuera» pues que mucho mejor. Me lo pienso y acepto a medias con la condición de que no quiero quejas si la comida no gusta. Ella sonríe y me invita a pasarme cualquier día a la hora de la comida para cocinar.

Nos tomamos unas cervezas con un dulce típico de Grecia que la gente de la okupa ha preparado, y tras esto plegamos el ala y nos marchamos a casa. Un día muy interesante, sin duda. Mañana me espera un «tour político», es decir, me van a llevar a ver varias okupas y a conocer las actividades que hacen allí. Atenas cada vez me gusta más.

PD: añadir que de vuelta a casa desde Exarchia tuvimos que pasar por el barrio de las universidades—donde se encuentra la facultad de Derecho y Ciencias Políticas, una de las más activas en el movimiento comunista. Aquí es donde decía el otro día que la policía ha metido a todos los elementos problemáticos del centro de la ciudad. Con tan sólo pasear por la avenida los puedes ver consumiendo, bebiendo, trajinando… Según me contaron el otro día, esto lo hacen para debilitar al movimiento juvenil que se solía encontrar allí, y que ahora, por ser demasiado peligroso, se han tenido que mover más al interior de Exarchia.

1 76 77 78 79 80 96