Breves apuntes sobre la situación actual del régimen español

El análisis de la actual situación del régimen español daría para realizar una tesis doctoral, pero desde aquí proponemos algunas notas sobre aspectos clave al respecto que compartir y poder debatir entre los partidarios de una transformación democrática socialista y libertaria.

1. Las élites económicas, a las que también también hemos llamado oligarquía o 1%, han sacado músculo ante la (remota) posibilidad de formación de un gobierno progresista con participación de Podemos. Con Felipe González y PRISA (la SER y El País) a la cabeza, no han dudado en cargar duramente contra el partido que «mejor ha representado a España desde la transición», el PSOE. El sacrificio puede quedarse a medias por la lejanía de las próximas elecciones una vez se entregue el gobierno, aunque lo más probable es que el PSOE siga perdiendo apoyos y la pasokización (o caida hacia la irrelevancia) es una posibilidad firme. Entre tanto, El País ha perdido un poco más su maltrecha credibilidad con sus editoriales infames. Se trata del régimen blindándose ante su crisis y confiándose al nuevo partido de estado, el PP, que sale impoluto de la sucesión de casos de corrupción y con una artillería mediática a su servicio.

2. Podemos, las confluencias y los procesos de independencia forman un cóctel que asusta al régimen. Se sitúan en la mejor posición para liderar a la izquierda en las instituciones del Estado. Sin embargo, respecto a Podemos no son pocas las tensiones internas en su seno, entre su militancia y para con sus votantes. Mucho más si hablamos de las confluencias e introducimos a los actores de la izquierda independentista en Catalunya y EH. La única posibilidad de plantar cara a las políticas neoliberales y reaccionarias es un frente amplio de izquierdas que abarque desde el populismo transversal representado por los errejonistas hasta los partidarios del poder popular autónomo, pasando por la izquierda independentista. Este frente no puede ni debe conformarse de manera uniforme, ni en base a una relación orgánica, sino a objetivos comunes que partan de la confluencia de intereses populares. El movimiento popular de clase, por tanto, debe liderar este ejercicio y cualquier herramienta electoral ha de jugar un papel subsidiario. Para ello, es necesario un pueblo fuerte y organizado mediante sindicatos y agrupaciones autónomas. Ahora mismo, las tímidas protestas de la redacción de El País sonrojan visto el arrojo con que el poder marca la linea editorial de este periódico, ejemplos similares encontramos en otros medios de comunicación donde el empoderamiento popular de la redacción podría, llegado el caso, poner coto al control mediático. También es necesaria una nueva política de clase, firme pero alejada de sectarismos, capaz de tejer alianzas estratégicas en lugar de generar fricciones y rupturas constantes.

3. Es necesario acabar con la impunidad del Partido Popular. Resulta más necesario que nunca abrir una brecha entre sus tendencias, además de airear sus vergüenzas. En lo político, este partido abarca un espectro desde el neoliberalismo capitalista de derechas a la añoranza autoritaria franquista. Más allá de lo ideológico, también distintas familias se disputan las cuotas de poder al interior del partido. Hasta hoy, apenas se ha profundizado en esas fracturas, atacando al bloque derechista como un todo inamovible que, a la postre, refuerza su unidad interna. Los juicios por corrupción nos dan una buena oportunidad de cambiar esto. Rajoy y su política de la inmovilidad, unida a la constancia del voto derechista, ejercen de tapón frente a las luchas internas que podrían desatarse en cualquier momento. Hay que recuperar la conflictividad social del tiempo entre el 15M y las marchas de la dignidad, cuando creíamos que el gobierno de Rajoy tenía los días contados. Con el fin de su mayoría absoluta, aunque llegue a gobernar, tendremos mayores oportunidades.

Contagio

Ni la sífilis. Ni la gripe española. Qué digo, ni la peste bubónica. Ninguna pandemia puede compararse al mortífero, endemoniado y brutal… contagio ideológico.

¡Qué dirían los padres y madres de la Revolución si nos vieran compartiendo alcoba con tan perjudiciales virus! ¡Semejantes bacterias infecciosas provenientes de todo tipo de fuentes perversas y promulgadoras de males tan corruptos como corruptores! ¡Protozoos reformistas! ¡Hongos socialdemócratas…!

Bueno… descansando un poco de tanta exclamación, me limitaré a decir que me parece, cuando menos, curioso. Que, ¿qué me parece curioso? Bueno, lo cierto es que muchas cosas; pero, como hay que empezar por algún lado, pues comenzaré diciendo que por la ignorancia. La ignorancia que algunas y algunos demuestran día sí y día también al realizar juicios de valorprejuicios en última (y primera, vaya) instancia– sobre todo tipo de personas que tienen un criterio político distinto al suyo; personas que por una u otra razón apuestan por unas vías y/o unas formaciones que, a ojos de estas otras, son y serán responsables de todos los males de la humanidad desde la antigua Sumeria hasta el día del juicio final. Y no solo me da rabia que hagan tales cosas por el error de análisis que supone y por lo injustos que pueden llegar a ser con esas personas (que además no conocen en la mayoría de casos), sino porque eso lleva a rechazar de forma directa la colaboración con unas personas con las que se comparten muchas más cosas de las que se difiere. Y, ojo, hablo de forma general. Evidentemente, como en todos los sitios, hay de todo. Y es por eso mismo por lo que al menos debería brindarse la oportunidad de comprobar si esto es así o de otra manera. Yo simplemente me limitaré a poner sobre la mesa que en no pocas veces he tenido la ocasión de darme cuenta de que comparto más cosas con dichas personas que con aquellas que se supone que, por definición ideológica, son más cercanas a mí. Y es que, ¿qué es y para qué sirve una etiqueta ideológica? Reza el viejo dicho aquello de Por sus hechos los conoceréis, y es ciertamente complicado ser revolucionario en los tiempos que corren si uno no está dispuesto a asumir el trabajo que conlleva preparar una revolución y, por ende, a un pueblo que sea capaz de llevarla a cabo.

Pero bueno, como no soy de aquellos a los que les gusta dar rodeos, explicaré de forma abierta a qué me estoy refiriendo, aunque creo que la cosa se intuye fácilmente. Me refiero a todas aquellas personas que no soportan o aíslan en su gulag ideológico a aquellas que apuestan por la vía electoral o que forman parte de partidos o candidaturas municipales concretas, léase Ganemos, Podemos, las CUP, Barcelona en Comú o lo que se quiera. Y cuando hablo de éstas últimas esto no me refiero a personas que ostentan cargos públicos con responsabilidades (cosa bien distinta y de la que también se podría hablar), sino de gentes que simple y llanamente apoyan la intención primigenia de la formación en cuestión y participan en ella. Lo que vienen siendo las bases de un partido.

Es posible que el lector conozca a estas personas más bien por el término comúnmente utilizado para denominarlas en el lenguaje de ciertos autoproclamados revolucionarios y revolucionarias de toda índole: esto es, reformistas. Gente que ha decidido brindarle su apoyo a otra gente que ha decidido entrar en unas instituciones que –sí, sí, ¡que yo también pienso eso!- están viciadas desde el mismo principio.

Y, por sorprendente que pueda parecer, con muchos de ellos y ellas compartimos muchas cosas. La mayoría de ellos y ellas apoyan la labor y el fortalecimiento de los movimientos y las organizaciones sociales –muchas de ellas de hecho han militado en los movimientos o lo siguen haciendo– y hasta desconfían de la propia institución y creen que sin un pueblo organizado la cosa es más bien oscura. Y yo creo que al rechazar cualquier tipo de colaboración con ellos y ellas cometemos un tremendo error. Porque no tenemos por qué apoyarles en sus objetivos electoralistas o partidistas, pero sí podemos unirnos por la consecución de algo en lo que todos y todas estemos de acuerdo –y además participemos en igualdad de condiciones–: por la (re)municipalización de algún servicio público, por la visibilización y la lucha contra las violencias machistas, por el fortalecimiento de los sindicatos combativos, por la auditoría y el impago de la deuda odiosa, por el fin de los desahucios o la gentrificación y un largo etcétera. Incluso por la crítica o la desobediencia a ciertas actuaciones de un gobierno (municipal, autonómico o estatal, da lo mismo) en el que su partido forme parte.

Y es que, de nuevo, me resulta curiosa otra cosa: esta vez la hipocresía o las contradicciones que pueden llegar a cabalgar algunas personas. A mí no me importa tener contradicciones, porque entiendo que eso es inherente al ser humano político y, de hecho, creo honestamente que no me hace menos coherente. Pero no deja de resultarme llamativo que algunas personas veneren o alaguen al 15-M (como yo también hago) mientras a la par critican cualquier tipo de relación con personas pertenecientes a partidos o candidaturas parlamentarias. Lo digo porque los hay que ponen el grito en el cielo si uno organiza una asamblea o encuentro y acuden personas de todo tipo entre las que se cuentan aquellas que apoyan las actuaciones de un ayuntamiento o gobierno. Pues mira que yo me harté de escuchar afirmaciones de ese tipo durante el 15-M (o, bueno, más bien de reivindicar cambios institucionales o de crear un partido, ya que todavía no había empezado la ola política de Podemos) y eso no me hizo ponerme a maldecir como un loco.

Siempre me parecerá increíble que algunas personas tengan la valentía de criticar una posición entre bastidores o entre cañas y luego no la tengan para hacerlo en un espacio público en el que se goza de la misma oportunidad de participación que el resto. Si tienes una opinión distinta a la de una persona que se ha pronunciado, toma la palabra y hazlo saber. Puedo asegurarte que el mundo mejor que deseas no va a venir por arte de magia, y menos aún si cuando se te plantea una situación así eliges callar y despotricar luego cuando ya nadie o solo los que piensan como tú escuchan.

Puede parecer sorprendente, pero, en cuanto una sale de su círculo político de confort, se encuentra con que –¡voilà!– existe gente que piensa distinto. Lo maravilloso de todo esto es que puedes convencer con argumentos –y con tu actitud y acción. Recordemos el viejo dicho de antes–. Lo que está claro es que el silencio o la difamación nunca han sido buenas herramientas para hacer ver nada a nadie.

Yo, desde luego, puedo garantizar que el intercambio de opiniones no mata a nadie. Lejos de eso, enriquece, incluso aunque se tengan conversaciones con personas que tienen una visión opuesta a la propia en algunos temas. El pensamiento es libre, puedes decidir lo que tú quieras. Y el pensamiento es algo vivo: si lo dejas encerrado entre cuatro paredes, tarde o temprano terminará pudriéndose.

Finalmente, entiendo que uno/a pueda sentir una sana desconfianza hacia gente que tiene un pensamiento distinto al suyo en ciertas cuestiones, pero lo que nunca entenderé es lo poco revolucionarios que pueden llegar a ser algunos autoproclamados revolucionarios. Gente que, en última instancia, parece odiar a ese pueblo que se supone que le gustaría ver libre. Bien porque les parece tonto, bien porque les parece políticamente “desviado”. Contagiado.

Y no vaya a ser que, por Dios mío, nos lo vayan a contagiar a nosotras.

Anónimo

Otra vuelta al tema de la soberanía

En otra ocasión os hablé aquí sobre este asunto, en donde planteaba la cuestión acerca de la noción de soberanía y qué implicaría. Ahora mismo, me parece interesante rescatar este tema para que se vaya puliendo un poco más ya que, al menos personalmente, podría tener tirada de nuevo para abrir un nuevo ciclo de luchas en este nuevo curso político. Como sabemos, tras las elecciones, la actividad de los movimientos sociales ha bajado bastante en estos últimos meses. Y no solo por el parón veraniego, habrá otros factores y uno de ellos es la falta de una dirección política desde fuera de las instituciones, en el sentido de una alternativa desde las calles que recoga los descontentos y las ilusiones de la clase trabajadora y no se termine apostando por la vía institucional. Bueno, esto ya es agua pasada, ahora necesitamos algo potente como base para ir tirando adelante y me parece acertado hablar de soberanía popular como un «norte» cuando hablamos de poder popular y queremos concretar qué es lo que queremos como clase, lo que servirá también para definir hacia qué modelo de sociedad aspiramos.

La clave está en que toque todos los problemas de la vida real hoy en el capitalismo. Así pues:

  • Soberanía política: control sobre los asuntos políticos que afecten al pueblo, tal que el pueblo soberano tenga el poder real de decidir qué políticas aplicar, los organismos a constituir, la diplomacia, el método de toma de decisiones, la participación, etc, de modo totalmente independiente de cualquier Estado. Un ejemplo de ello puede ser el establecimiento de una administración basada en la democracia directa y estructurado de abajo a arriba.
  • Soberanía económica: control sobre la economía del territorio, tal que el pueblo soberano decida sobre qué, cómo y para qué producir, a la vez que no dependa de las exportaciones e importaciones. Esto no quiere decir una autarquía, sino que el modelo económico esté sustentado localmente. Para ello, también implica que los medios de producción pasen a manos de quienes trabajen en ello, logrando una economía socialista de planificación descentralizada. Aquí tocaríamos temas importantes como trabajo, vivienda, modelo productivo, importaciones/exportaciones, …
  • Soberanía socio-cultural: capacidad para mantener y expresar toda la diversidad cultural del pueblo soberano, en la cual, dicha sociedad sea un «mundo donde quepan muchos mundos». En nuestro caso sería pues defender y aplicar los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, el feminismo, el internacionalismo, etc.. Aquí se podría tocar cuestiones como la religión, las tradiciones, culturas de otros pueblos, …

Lo anteriormente mencionado incluirá implícitamente lo siguiente:

  • Soberanía nacional: puede que a priori suene mal por estos lares, pero se trata más bien de la cuestión territorial donde el pueblo ejerza su soberanía, lo que en este caso se traduciría en la capacidad del pueblo para ejercer los tres tipos de soberanía mencionadas anteriormente. Además del control territorial, también habrá de tenerse en cuenta la cuestión del medio ambiente y la ecología, que entrará en lo que es la ordenación del territorio.
  • Soberanía energética: capacidad del pueblo a producir su propia energía sin tener que importarla o depender de ello.
  • Soberanía alimentaria: capacidad del pueblo para cultivar sus alimentos, producir lo suficiente para la población y decidir sobre qué producir, cómo distribuirlos, el modelo de consumo, y el control sanitario sobre los mismos.
  • Soberanía individual: no menos importante, cada individuo de la nueva sociedad será libre y podrá desarrollar todas sus capacidades como persona.

En definitiva, la soberanía popular sería una cuestión a tener en cuenta a la hora de construir poder popular y durante este nuevo ciclo de luchas que deberíamos abrir por responsabilidad política, ya que sabemos que se ha cerrado el ciclo electoral y tenemos que salir con proyectos políticos que ilusionen a la clase trabajadora, no con cantos de sirena como el «asalto institucional», sino en la conquista de la soberanía y en la lucha del día a día: sindicalismo de clase (el cual se englobarían desde los sectores más precarios como las Kellys y los manteros, hasta el sindicalismo social de los barrios, el del sector servicios y nuevas tecnologías, etc), la vivienda y contra la gentrificación, las remunicipalizaciones, la amnistía social, etc… Y, como he dicho al principio, sería interesante llevar este tema a los movimientos sociales, hablando de soberanía no en el sentido de reforzar el Estado burgués, sino en la construcción del poder popular y un nuevo modelo de sociedad como salida anticrisis y anticapitalista.

El amor romántico es perjudicial para nuestra salud. Autogestión de las emociones afectivas

El amor romántico es una creencia cultural y social asentada en una serie de mitos, formulada de tal manera que aparece como una verdad eterna, por encima de cualquier razonamiento lógico y que construye la supuesta verdadera naturaleza del amor. En realidad, se trata de un conjunto de percepciones ficticias y engañosas que apuntalan el establecimiento de falsas expectativas amorosas o relaciones basadas en la desigualdad, y que conducen irremediablemente a la frustración, al fracaso afectivo y a la violencia.

Mitos del amor romántico

Algunos de estos mitos son la fe ciega en el destino y la existencia de una media naranja predestinada para cada persona; el mito del emparejamiento heterosexual y monógamo con exclusividad como algo imperecedero a lo largo de la historia de los seres humanos; el mito de los celos como algo positivo y que refuerza una pareja; el mito de que el amor todo lo puede y es necesario sacrificarse y crear un armazón hermético de unicidad; el mito de los llamados problemillas de pareja o discusiones y que los polos opuestos se atraen; y por último el mito de que amor y enamoramiento son equivalentes.

Todos estos mitos están íntimamente relacionados entre sí, conforman un todo fuertemente arraigado en el imaginario colectivo, aunque algunos tienen un mayor potencial de peligrosidad y en un terreno emocional correctamente abonado, puede construirse el espacio idóneo para la manipulación y las agresiones –no referidas a las físicas, aunque también se incluyen–.

Reconstruir sobre la igualdad nuestras relaciones

Para ir desgranando paulatinamente estas referencias del amor romántico, comenzaré diciendo que es absolutamente incompatible una relación afectiva si el vínculo que se establece se sienta sobre la desigualdad. En la totalidad de los casos en nuestras sociedades estructuradas bajo este paradigma, las relaciones se asientan desgraciadamente en una desigualdad sistémica conocida como heteropatriarcado. Esto quiere decir, que debemos atrevernos a conocer y analizar cuidadosamente esta creencia del amor romántico, para comenzar a construir relaciones afectivas basadas en la igualdad y el respeto.

Este gigantesco paso exige como piedra angular de nuestro nuevo objetivo hacer introspección sobre nosotrxs mismxs, y descubrir profundamente nuestras emociones y deseos, asignatura completamente pendiente en nuestro desarrollo educativo. Una sana educación afectivo-sexual debe incluir el aprendizaje profundo de nuestras emociones y saber gestionarlas responsablemente de manera personal y junto con las personas que nos rodean. Esta creencia romántica no es algo de lo que sentirse culpable o asustadx por no saber cómo salir de la toxicidad que genera, es normal la confusión y sentirnos con frustración o ansiedad, pero recordemos que con amigxs siempre es más sencillo y las soluciones colectivas basadas en la confianza son mucho más duraderas y estables.

Cuando estamos inmersxs en la creencia del amor romántico, habitualmente nos embarcamos en relaciones afectivas que miran nuestros ombligos, no comunicamos sinceramente porque no se nos enseña a hablar con libertad de nuestras emociones, no poseemos las herramientas adecuadas, y de esta manera cada persona en esa relación tirará hacia sus deseos individualmente.

No debemos vivir para otras personas sacrificándonos continuamente, y mucho menos para una media naranja inexistente, tenemos que aprender a amar libremente, y querernos a nosotrxs mismxs es el primer reto ante el cual nos situamos. El amor no es condicional, si está condicionado es opresión, y por lo tanto algún día nos cansamos de esa opresión. Aprendamos a amarnos pero de verdad, sin comparaciones, sin establecer vínculos entre las maneras de amar y situaciones completamente distintas. No nos dejemos decepcionar siempre en esta vida creando expectativas para absolutamente todo, permitamos la espontaneidad en nuestras experiencias cotidianas y recibamos abiertamente sin esperar algo predeterminado.

Tal y como ya apuntaba, no considero que las relaciones afectivas sean comparables, no es mensurable porque cada persona en una fase de su vida no tiene por qué amar de igual manera, ni en los mismos términos, estamos en una evolución constante. Tampoco se puede comparar la intensidad con la que se quiere a personas distintas, pues los lazos afectivos que tendemos con cada persona tienen características diversas, de esta manera es completamente cierto que se puede querer a varias personas a la vez.

Poliamor, compersión y otras cuestiones amatorias

El amor no es eterno, pero sí es un recurso ilimitado y la naturaleza humana es proclive a la poliamoría; la exclusividad y los celos impuestos por el amor romántico rompen el apacible devenir de las relaciones libres que podríamos disfrutar las personas. Querer a otras personas siempre suma exponencialmente, nunca resta, y por ello frente a esto situamos la compersión, un estado empático de felicidad experimentado cuando un amante disfruta de otra relación. En ocasiones las experiencias poliamorosas que tratamos de crear pueden no tener el resultado que esperábamos a la primera, no nos defraudemos por ello, porque muchas veces aún no estamos preparadxs por el bagaje que arrastramos del amor romántico. Se trata de ir descubriéndonos sin prisa y sentar las bases de cómo queremos amar en un futuro tras deconstruirnos los malos vicios que iremos dejando atrás.

Si creamos relaciones basadas en la monogamia, y con una base de nula comunicación de deseos y sentimientos, al final se acabará rompiendo el contrato, pero la raíz del problema está en la estructura de género y sexual, las personas son infieles porque no entienden en qué se fundamentan conceptualmente las relaciones humanas. El problema es la ideología cultural, no los actos individuales.

Si se aspira continuamente a una relación como las representadas en las películas, entonces acabaremos frustradxs, porque la ficción genera patrones a seguir, pero la realidad amorosa es otra distinta, y debemos crearla nosotrxs mismxs, según nuestra libre necesidad emocional, no reproducir lo que podemos comprobar que no funciona en la mayoría de casos.

Si siguiendo ese modelo romántico exigimos que nos amen exclusivamente como nosotrxs queramos, entonces estamos volcando la balanza hacia nuestro lado con condiciones, y si un vínculo que debería ser libre se desequilibra se transforma en desigual, y entonces no es amor ya, porque para que sea amor ha de ser libre, quizá lo otro sea  rutina, sumisión, lástima, temor…

Conclusiones prácticas en nuestra realidad

Es completamente cierto que en la teoría se puede ver muy claro y declararnos decididamente opuestos a estos mitos románticos, pero en la práctica esta creencia es sumamente invisible y alcanza todos los niveles de nuestra vida, colonizando nuestro lenguaje, nuestro pensamiento y por lo tanto, también nuestra actitud. Son puntos extremadamente nocivos y lo único que consiguen es que construyamos nuestro concepto de amor en torno a falsas ideas de lo que no es en realidad.

Ve viviendo y evolucionando según tus necesidades emocionales, ámate y ama libre a personas que tengas alrededor, desea tu cuerpo y desea libremente a personas de tu confianza. Muchas veces si hacemos caso de lo que nuestra cabeza nos indique, nos estará dando las pistas necesarias para saber con quién podremos compartir un vínculo saludable y placentero.

Concluyendo, creo  que el amor romántico convencional que nos enseñan desde pequeñxs y que la mayoría reproducimos porque creemos que no existe otra alternativa, o porque nos hemos acostumbrado cómodamente a ello, en una infinidad de casos, y unido hacia la falta de comunicación sobre sexualidad y emociones, consigue que la mayoría de las relaciones afectivo-sexuales que establecemos sean nefastas para nuestra salud mental. El amor romántico es una herramienta más de opresión hacia todxs nosotrxs.

A todas aquellas personas que hayan iniciado su experiencia personal con el feminismo como herramienta de liberación, y para lograr la igualdad de género, saquemos la teoría a la calle, a nuestros grupos de amigxs, en nuestras conversaciones, y pongamos en práctica aquellos conceptos que tan rápido estamos asumiendo como nuestros.

 

¿Por qué no se movilizan?

Los niveles de paro en España son alarmantes desde hace años, los servicios públicos son saqueados, el capitalismo se recrudece, las instituciones burguesas son vaciadas del más mínimo barniz democrático… Y todo esto ocurre en medio de una pasividad sorprendente que se concreta en el apoyo electoral monolítico a partidos mafiosos y neoliberales.

Podemos refugiarnos en que la gente es pasiva y gilipollas. Pero esa explicación carece de soluciones. En sí, no es más que una excusa tranquilizadora para los críticos radicales que prefieren no mirar sus propias miserias. Lo cierto es que quizá los que realmente estemos limitados seamos nosotros, con una cultura militante más destructiva que constructiva, que malgasta esfuerzos y es dogmaticamente antiestratégica.

Esa cultura militante nos ha llevado de cabeza a un laberinto de difícil salida, en el que resulta imperativo empezar a tirar muros y trazar rutas de escape si queremos enfrentarnos a la tarea de cambiar la dura sociedad que nos espera. Me gustaría trazar aquí algunas coordenadas de dónde nos encontramos y cómo podemos empezar a andar.

Modelos y referentes

La hegemonía cultural de la derecha difunde modelos individualistas que se realizan con el consumo y el ascenso social. Necesitamos modelos culturales comunitarios, luchadores, comprometidos. Referentes políticos inspiradores, capaces de educar con el ejemplo.

Partimos de la desolación en la izquierda, con referentes de evasión, derrota, o radicalidad inoperante como los que vienen, por ejemplo, del rock y el punk. Escupir contra las miserias nos reafirma, pero no construye oposición alguna. Frente a la (políticamente) sobrevalorada Mr Robot, que difunde un mensaje antisistema pero inútil y sin futuro, encontramos ejemplos de líderes comunitarios inspiradores por ejemplo en Treme, la serie de David Simon sobre Nueva Orleans tras el Katrina. Un manual de acción social en un contexto complejo, en una sociedad con mil matices.

Mientras tanto, bien nos vendrían los gestos de algunos referentes de masas, aunque sean mínimos. El propio Nacho Vegas decía hace poco que la izquierda se beneficiaría de que Estopa se posicionase. El problema es que la izquierda ha sido tan crítica con todo aquel personaje público que mostrase un mínimo gesto progresista (acusándoles de hipócritas o vendidos o haciendo el juego a la burla desde los medios de derecha) que resulta mucho más fácil para cualquiera permanecer en la ambigüedad. Parte de la izquierda aún se niega a defender a personajes como Willy Toledo, con el que podemos tener importantes disensos, pero que merece nuestra defensa frente a los ataques reaccionarios recibidos en respuesta a su compromiso con diversas causas.

Necesitamos construir un ambiente menos nocivo y más solidario, capaz de construir nuevas lecturas en positivo entre lo que existe y en el que el surgimiento de referentes más comprometidos pueda tener lugar.

Comunicación

Necesitamos llegar a la gente explorando nuevas formas de comunicación, siempre desde el conocimiento de que el movimiento hace al medio y no a la inversa.

Por un lado, no basta con limitarnos al medio escrito. Si los malos cuentan con las televisiones tenemos que innovar. Impulsar a nuestros artistas. Trabajar estilos musicales poco explorados, de la rumba a la bachata, para lanzar mensajes de transformación. Generar más contenido audiovisual y de mejor calidad.

No sirve de nada mantener un periódico o un blog que se limita a la difusión cultural o a temáticas marginales. Hay que hablar del día a día de la gente y aportar propuestas y soluciones. ¿Cómo mejoro mis condiciones de vida y las de mi familia? ¿Cómo paramos los abusos del poder político y económico? ¿Cómo logro implicar a más gente?

Nuestros medios deben tener una visión más crítica y más ambiciosa de sí mismos. Deben tratar de establecerse como referentes, de tener una posición y un mensaje en las cuestiones de actualidad, de formar una cosmovisión de empoderamiento popular que sirva de contrapeso a los mensajes individualistas y reaccionarios del resto de medios.

Hay que difundir los ejemplos de organización popular (sindicarse o implicarse en los problemas del barrio) y comunicar como esta está presente y aporta soluciones en el día a día.

Estrategia

Más allá del trabajo social, hay que marcar objetivos políticos compartidos que permitan analizar nuestros avances.

Las organizaciones de militantes por el poder popular que han surgido en la península en los últimos meses (Embat, Apoyo Mutuo) son un espacio desde el que llevar adelante un programa conjunto de los movimientos sociales. Es necesario que estas organizaciones se establezcan y que sus militantes trabajen de manera activa en la construcción de un tejido popular fuerte y organizado.

El trabajo de estas organizaciones es ayudar al dinamismo de los movimientos sociales, con el objetivo de construir un pueblo fuerte que sirva como base de una sociedad democrática, basada en poner la gestión de los asuntos comunes en manos de los trabajadores y trabajadoras. Para ello todos sus militantes necesitarán un especial compromiso y ambición, una gran capacidad para saber leer cada momento, impulsar estrategias positivas, capacidad de crítica para analizar dichos resultados y solidaridad para realizarla de una manera constructiva. Además deberán servir como referentes y formadores de una nueva cultura militante basada en la solidaridad, el ánimo constructivo, la estrategia política y el impulso popular.

«Ha faltado confluencia entre las plazas y el mundo del trabajo». Entrevista a Embat.

Embat es una organización libertaria de Catalunya. Una red de militantes que hace un par de años iniciaron un proceso de análisis político y estratégico con el poder popular como base. Desde entonces han compartido sus posicionamientos en cuestiones como el Procés sobiranista catalán, las remunicipalizaciones o la represión, que han difundido también en redes como Facebook y Twitter. Ese proceso dio origen a una organización, como ellos mismos nos cuentan, nacida para fomentar y dar soporte al movimiento popular.

Charlamos sobre la actualidad de Catalunya y España; sobre los movimientos sociales, sus desafíos y su necesidad de confluencias; sobre nuevos tipos de sindicalismo y sus relaciones y, también, sobre su propia organización:

Regeneración: Las instituciones políticas del régimen parecen bloqueadas ante la falta de gobierno en el caso del Estado Español y la falta de acuerdo en los presupuestos en el caso de Catalunya. ¿Cómo analizáis el momento político al respecto? ¿Qué aspectos os parecen destacables?

Embat: Como decís en estos momentos las institiciones estatales están semi-paralizadas por falta de entendimiento entre los principales partidos políticos. En realidad deberíamos destacar el hecho de que la aparición de dos de estos partidos (Podemos i la CUP principalmente) se debe a la irrupción en la arena política de una parte de los movimientos sociales que se activaron y crecieron al calor del ciclo de luchas del Movimiento del 15M en el estado español y del «Procés Sobiranista» en Catalunya.

El hecho de que estos partidos de alguna manera hayan sido muy importantes en la política durante los últimos dos años puede ser un indicador de la fuerza social que tenían detrás y que daban o dan legitimidad a sus políticas.

…tener un gobierno no significa tener el poder de cambiar las cosas de verdad. Para ello se necesita un pueblo organizado

En el caso del desgobierno o del bloqueo institucional que estas opciones representan, no es más que la constatación y la puesta en práctica del espíritu que las movía. Por un lado Podemos no puede apoyar el corrupto Régimen del ’78 y debe hacer todo lo posible por romperlo, ese es el mandato de sus bases; por el otro la CUP no puede permitir que Catalunya siga ni un minuto más inserta en la reaccionaria España de las autonomías y debe hacer todo lo posible por lograr la independencia, respetando, eso sí, su propio espíritu anticapitalista que es quien le ha dado la razón de ser.

Ambos partidos presentan contradicciones en la ejecución de sus políticas o en la lucha institucional allá donde han conseguido el poder. Es este el campo de fricciones entre la política y la sociedad civil, que a menudo ve como a pesar de que estas opciones tienen el gobierno local la vida cotidiana de las personas no cambia prácticamente nada. Es este el campo de actuación de las opciones de intención revolucionaria como Embat y de los movimientos popurales que vemos que tener un gobierno no significa tener el poder de cambiar las cosas de verdad. Para ello se necesita un pueblo organizado detrás.

R: Si los movimientos populares son la llave para desbloquear esta situación de modo que resulte una salida más propicia para las opciones revolucionarias, ¿Cómo pueden presionar, de una manera más concreta, esos movimientos populares en Catalunya y en España? ¿Qué estrategias consideráis ahora que se retoma el curso político?

E: En estos momentos y hasta que se ponga en marcha un nuevo ciclo de movilizaciones lo más importante es tejer alianzas entre los distintos movimientos. Tenemos que tener claro que las luchas de uno son las de todos. En este aspecto hay que tener una vocación «multisectorial» de la lucha. Y además, toda lucha debería extenderse más allá de su territorio, tejiendo nuevos lazos solidarios.

… hasta que se ponga en marcha un nuevo ciclo de movilizaciones lo más importante es tejer alianzas entre los distintos movimientos

Es decir, que para que una determinada lucha social triunfe lo más sensato es «socializarla» todo lo posible. Esto lo hemos podido ver en los últimos tiempos tras los desalojos de Can Vies y el Banc Expropiat en Catalunya o en la huelga de Movistar, por poner unos ejemplos. Cada colectivo, organización o movimiento social debería implicarse, en la medida de sus posibilidades, en luchas de solidaridad. De esta manera se va creando un caldo de cultivo proclive a las alianzas y confluencias.

Una huelga o una lucha vecinal tienen muchas más probabilidades de triunfar si sus reivindicaciones son recogidas por la sociedad civil en su conjunto. Por eso el sindicalismo mayoritario intenta siempre aislar las empresas en conflicto. Lo potencialmente subversivo es que los trabajadores de distintas empresas hablen entre sí y descubran lo que tienen en común y su fuerza colectiva. Y lo mismo ocurre con los conflictos comunitarios o estudiantiles.

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R: ¿Qué relación encontráis entre el momento político que viven las instituciones del régimen y el de los movimientos sociales?

E: Si en estos momentos existe este desgobierno también vemos que existe un período de desmovilización. Por un lado el ciclo de luchas del 15M ya se ha cerrado y por el otro, aún no ha nacido otro ciclo. Creemos que los distintos procesos electorales han desencantado a la mayor parte de la gente militante o activista.

A una parte se la han integrado en las instituciones y se la ha sacado de la calle. Otra parte ya se ha ido para casa al no haber conseguido victorias visibles en las luchas sociales. Y por último hay otro sector que se ha hecho bastante antipolítico, si es que no lo era ya de antes, debido a este hartazgo de la política del que hablamos ayudado por la constatación de los límites de los llamados «gobiernos del cambio».

R: La situación actual llega después de un lustro de importantes movilizaciones, ¿Qué conclusiones podéis extraer y qué creeis que ha faltado en este tiempo?

E: En estos años creemos que ha faltado una confluencia real entre las plazas y el mundo del trabajo. Como hemos visto en Francia durante los últimos meses, esta es una de las claves para ganar fuerza.

En estas Marchas [de la Dignidad] salió un millón de personas a la calle, se hizo un programa bastante avanzado, se ponían las bases para convocar una huelga general desde el anticapitalismo…

En estos años hemos tenido tres huelgas generales que se convocaron bajo otros cálculos sin tener en cuenta los movimientos existentes en la calle. Pero estos movimientos de calle las hicieron suyas y lograron que la huelga ganara mucha fuerza en numerosos lugares. En muchas ciudades los movimientos confluyeron con el sindicalismo alternativo y anticapitalista y le dieron la espalda al sindicalismo oficialista. Esta alianza tenía mucho sentido y como luego vimos durante las «Marchas de la Dignidad» pudo haber sido un movimiento popular realmente masivo. En estas Marchas salió un millón de personas a la calle, se hizo un programa bastante avanzado, se ponían las bases para convocar una huelga general desde el anticapitalismo… Pero justo por aquel entonces apareció Podemos.

Este partido venía de gente del 15M y del activismo. No había nacido directamente de estos movimientos, desde las asambleas populares, sino que se generó en paralelo o por afuera. Pero a costa de aparecer en los medios de comunicación de masas durante meses y tener unos buenos resultados en las elecciones europeas mucha gente que podía simpatizar con los movimientos comenzó a pensar que era mejor apostar por este partido que a sus ojos decía lo casi mismo, y que además comenzaba a tener algunas posibilidades de influir en la vida política…

Como hemos dicho antes, pensamos que los movimientos no estábamos preparados para este momento crucial. Los distintos sindicatos, partidos y movimientos que impulsaban las «Marchas de la Dignidad» estaban marcados por la vieja política de izquierdas que ha predominado en los últimos 30 años, y todas sabemos las grandes dosis de sectarismo, de ansias de protagonismo, de unilateralidad, de falta de visión global que ha caracterizado la extrema izquierda política y sindical. Ante el auge de Podemos esta izquierda fue incapaz de capitalizar nada. Y por el otro lado el «movimiento de movimientos» que era el 15M nunca se pudo estructurar de forma completa. Había ciudades o barrios más avanzados que otros dependiendo del tipo de activistas que impulsara sus asambleas. En resumen, no se pudo madurar y cuando apareció un partido que parecía reflejar más o menos los intereses y objetivos del movimiento mucha gente se subió al carro sin más.

Desde las izquierdas anticapitalistas seguimos teniendo […] un planteamiento muy partidista y poco de movimiento. […] No pensamos que se pueda madurar sin plantear estos problemas en serio.

R: ¿Creeis que sería posible a día de hoy repetir una experiencia como la de las Marchas de la Dignidad? Es más, ¿Estamos mejor preparados en este momento? ¿Creeis que se ha madurado?

E: Creemos que en estos momentos no se podría repetir aquello. Desde las izquierdas anticapitalistas y los movimientos sociales seguimos teniendo los mismos planteamientos en tanto alianzas. Por así decirlo, se trata de un planteamiento muy partidista y poco de movimiento. Cada organización piensa que en una lucha conjunta se llevará el público que participa para su parcela. Por tanto se dan dinámicas de competición entre organizaciones y de desconfianza mútua. Todo esto va en contra del interés común que nos ha movilizado.

No pensamos que se pueda madurar sin plantear estos problemas en serio y de forma sincera en foros compartidos por todos los movimientos y no sólo de un sector ideológico. Se madurará cuando tengamos como prioritario lo colectivo sobre lo partidista. Pero para empezar no estamos ni siquiera generando estos espacios de debate estratégico.

R: ¿Qué aspectos os parecen más relevantes de cara al futuro de las luchas sociales y en qué líneas está trabajando Embat?

E: Nuestro objetivo es que aparezca en Catalunya, nuestro ámbito de actuación, un nuevo movimiento popular que active un ciclo de luchas. Este movimiento popular o movimiento de movimientos debería tener su propia orientación política y convertirse en un nuevo actor en el panorama político catalán. Deberá ser una entidad que los poderes existentes sean incapaces de ignorar y que esté presente en todos los barrios y pueblos. Ni podemos dejar el proceso soberanista en manos de la derecha burguesa ni podemos tampoco permitir que la contestación a las numerosas causas por las que luchar quede o bien en manos de una galaxia de colectivos que no se coordinan y que por tanto poco pueden lograr, o bien que queden en manos de fuerzas políticas que lo llevarán por la via institucional cooptando las luchas. Además este movimiento popular debería poder conectar con el sindicalismo de base, que es un aliado necesario para la activación del ciclo de luchas.

R: Sin embargo, parece que sigue dándose una cierta ruptura entre sindicalismo y nuevos movimientos sociales, hasta el punto de que parecen vivir cierto auge las redes de solidaridad y otros modelos que podríamos entender como sindicalismo barrial o vecinal. Iniciativas con una propuesta más integral, partiendo de lo laboral hacia ámbitos como la educación o el consumo. En realidad algo muy similar a lo que ha hecho el sindicalismo revolucionario a lo largo de su historia, pero renegando del sindicalismo o, al menos, de las organizaciones sindicales existentes. ¿Qué opinais de estas propuestas? ¿Qué puede hacerse para superar esa brecha entre militantes sindicales y sociales?

… las mareas, el sindicalismo alternativo, el sindicalismo precario y el sindicalismo de barrio le tenemos que dar la vuelta al panorama laboral de este país en los próximos años y contagiar el resto de la sociedad.

E: El sindicalismo en general está llevando a cabo un proceso de regeneración. Lo podemos observar a partir de esas redes de solidaridad que comentáis. Estas redes las lideran gente que proviene de los movimientos sociales y que no confía demasiado en los sindicatos de clase tal como funcionan ahora mismo. Igualmente surgen otros sindicatos de profesiones hasta ahora no sindicadas como los «manteros» de Barcelona, las «Kellys» de la limpieza, el sindicato de músicos…

También en el sindicalismo alternativo se van abriendo camino iniciativas para los sectores más precarizados. Esto lo ejemplifica el sector de las TIC organizado en CGT, o los del espectáculo, figurantes, estatuas humanas que se van organizando en CNT, así como sus secciones de hostelería… por poner unos ejemplos. Tampoco podemos olvidarnos del auténtico sindicalismo comunitario que ejemplifica la PAH, Stop Deshaucios, la FAGC y similares, y las luchas de la vivienda en toda su extensión.

Bien, como vemos se está abriendo paso un nuevo tipo de sindicalismo del precariado. Aún no confluye entre sí y cada cual va por libre, pero se trata de una clara estructuración de la clase trabajadora en nuevas organizaciones.

Pensamos que necesariamente este sindicalismo tendrá que confluir con todos los sectores laborales más normalizados y estables. La idea de las mareas (blanca, amarilla, verde, naranja, morada, etc.) que se dieron para protestar contra los recortes pudieron haber conseguido abrir una nueva forma de sindicalismo de base. Sin embargo, las burocracias sindicales estuvieron atentas y lograron controlar la disensión. De todo aquello quedan algunos buenos ejemplos como el de la huelga de profesorado de Baleares de hace un par de años o la huelga de Movistar. Desde luego cada vez que hay una huelga percibida como una huelga «de verdad», los movimientos sociales están dispuestos a echar una mano como ha ocurrido en Panrico, en Coca-Cola, o en Transportes de Barcelona.

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Volviendo al principio, las redes solidarias suponen una oportunidad de generar un sindicalismo comunitario, hecho desde los barrios. Sin embargo tienen el problema de que hoy en día hay tanta movilidad en la sociedad que casi nadie trabaja en el barrio en el que vive. Por tanto es obvio que para lograr victorias laborales tendrán que colaborar con otros sindicatos y con otros barrios. Creemos que estas confluencias serán lo que marcará la diferencia y que pueden tener el efecto de generar asambleas laborales de barrio hechas por sindicalistas y militantes solidarias de un determinado territorio, independientemente de la organización sindical a la que pertenezcan.

Entonces entre las mareas, el sindicalismo alternativo, el sindicalismo precario y el sindicalismo de barrio le tenemos que dar la vuelta al panorama laboral de este país en los próximos años y contagiar el resto de la sociedad.

R: Respecto a Embat, lleváis ya varios años funcionando. En este tiempo habéis pasado de ser proceso a constituiros como organización política ¿Cuáles son los principales avances que habéis experimentado y qué podemos esperar de Embat en el futuro?

E: Como decís ya hemos pasado la fase embrionaria de creación de identidad y estructuras, de generación de objetivos y de clarificación de tácticas y estrategias. Entramos en el momento de consolidar definitivamente nuestra estructura y expandirnos territorialmente y, por supuesto, mejorar de lo dicho anteriormente. Si bien somos una organización relativamente nueva, en estos momentos intentamos poner las bases para que surja ese movimiento popular del que hablamos que es nuestro objetivo estratégico. Sin él no podemos pensar en cambiar el estado de las cosas y por tanto seguiremos dependiendo de la gran política hecha desde arriba. Evidentemente Embat no es el movimiento popular, sino que seremos una de las muchas organizaciones, colectivos o movimientos que lo compondrán.

R: En el ámbito español existen organizaciónes como Apoyo Mutuo (apoyomutuo.net), que se define como organización de militantes por la democracia y apuesta por impulsar el movimiento popular, o la Federación Estudiantil Libertaria (felestudiantil.org), una organización del ámbito educativo que propone la gestión comunitaria. Os hemos visto firmando un comunicado conjunto respecto al 1º de Mayo ¿Creeis que hay ámbitos de confluencia más allá de los comunicados? ¿Qué papel pueden jugar en la construcción de un movimiento popular?

E: Deberá haber mayores ámbitos de confluencia que los de los comunicados, eso es obvio. Todo depende de en qué luchas nos encontremos y qué tipo de estrategias elaboremos. De momento son piezas que desde lo libertario pueden ir transformando la «galaxia» de colectivos y proyectos en los que está dividido el antagonismo en un movimiento popular hacia una sociedad libre, igualitaria y fraternal.

Nuestra responsabilidad es evitar la debacle hacia la que va el mundo de nuestro tiempo y solo lo haremos construyendo un pueblo fuerte consciente del tiempo en el que vive.

Somos una organización nacida para construir el poder popular en nuestros barrios y centros de trabajo y estudio.

R: Volviendo al marco de Catalunya ¿Cuál es la relación de Embat con las CUP y los movimientos sociales catalanes? ¿Qué aporta Embat a este contexto?

E: Con las CUP tenemos relación a nivel personal a base de militancias compartidas en los movimientos sociales. Es decir que en las luchas sociales militamos juntas. También tenemos relación con alguno de sus sectores a fin de generar alianzas para crear movimiento en la calle.

Embat aporta una red de militantes sociales, de recursos compartidos, de formación político-ideológica libertaria, de contactos… a quien los necesite. Somos una organización nacida para construir el poder popular en nuestros barrios y centros de trabajo y estudio.

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