La lucha y la Estrella

Es curioso ver como los propios movimientos de la izquierda anticapitalista -y dentro de estos la mayoría de grupos o colectivos que se podría decir que los forman- obvian de manera sistemática toda reflexión, crítica o polémica relacionada con el consumo, especialmente relacionada con el consumo de drogas y el consumo que llevamos a cabo en nuestros espacios y momentos de “ocio” (tanto haciendo referencia a los productos que consumimos como a los mismos espacios a los que vamos para consumirlos). Personalmente no me gusta hablar de momentos de ocio, ya que es perpetuar la división entre faena/ocio, trabajo/ocio, dando alas así al esquema que la propia dependencia y esclavitud del trabajo asalariado nos marca. Pero eso ya daría para otro artículo.

Si volvemos al tema del consumo, normalmente al consumo de drogas –incluyendo aquí evidentemente el alcohol- entramos en un terreno pantanoso que parece que conscientemente se quiera dejar de lado. Un debate que daría para mucho pero que ni tan siquiera hemos empezado a abrir. No son poco relevantes las consecuencias físicas que estas substancias conllevan y como afectan a las capacidades de los propios individuos, a los círculos sociales, familiares y de lucha. ¿Cuántas personas se han quedado por el camino directamente o indirectamente por el consumo de drogas? ¿Cuántas personas han abandonado la lucha y la implicación directa o indirectamente a causa de este consumo? Pero yendo más allá podemos encontrar muchísimas otras repercusiones negativas, que nos encasillan, que no nos dejan avanzar. ¿Cuántos espacios y causas son sustentados prácticamente de manera única gracias a la venta de estas sustancias? ¿No da para pensar la facilidad con que la mayoría de gente se gasta el dinero en tabaco, marihuana, alcohol y otras, y lo que les cuesta pagar por una camiseta antirepresiva, contribuir a un bote solidario, implicarse en un proyecto de productos “hazlo de mismx” o comprar un tíquet para una comida de un grupo autogestionado? Cada vez que vuelvo a ver cómo la gente pide latas de birra a la barra, mientras la hucha de resistencia o las paradas de fanzines, libros, ropa o música mueren por falta de recursos y por aburrimiento, se me agrieta alguna cosa dentro. Grietas que van haciendo un agujero cada vez más profundo y que llevan a plantearme, en consecuencia, muchas otras cosas de la resistencia, los ideales y de todas las personas que en teoría les damos vida. Y si aún damos un paso más, podemos debatir y analizar cómo, aunque llegásemos a considerar que anosotrxs y en nuestro espacio este consumo no nos afecta de esta forma, sí que inevitablemente deberíamos afrontar la parte de responsabilidad que tenemos al seguir perpetuándolo como parte indispensable de las relaciones sociales, de los momentos de “ocio”, de nuestras interacciones. ¿Qué es lo que estamos fomentando cuando vendemos/servimos alcohol por ejemplo? ¿Cuando decidimos gastarnos 3 euros en unas copas como forma de relacionarnos o quedar con lxs compañerxs?¿Cuando en un espacio liberado la mayoría de gente tiene en las manos una cerveza o un cigarrillo? ¿Qué es lo que poco a poco vamos interiorizando en nosotrxs mismxs y en las futuras generaciones que vendrán en los contextos de lucha y resistencia? Todas estas cuestiones y muchas otras son las que de forma cada vez más directa se me estampan en el cerebro. Las que ya no puedo hacer ver que no veo, ni puedo esconderlas más tiempo detrás de excusas y justificaciones, las que ya no puedo disimular más echándoles encima el aliento cargado de humo.

Pero creo que es difícil abordar este complejo tema, con el que la mayoría de gente se pone rápido a la defensiva, si ni tan siquiera se ha hecho el paso de cuestionar de donde viene ese alcohol que ingerimos, o el tabaco con el que nos liamos el canuto, o la mierda con la que nos destrozamos la nariz. Y es de eso de lo que me gustaría poder verter alguna cosa en estas líneas. Porqué el tema ya no es que los grupos de la izquierda anticapitalista no hagan crítica ni cuestionen como el consumo afecta a nivel individual, social, de grupo, de lucha, de saber construir alternativas… sino que tristemente ni tan siquiera se ha dado el primer paso, que haya un planteamiento de quien verdaderamente hay detrás, quien se enriquece, a qué estamos contribuyendo con todo eso que ingerimos, que vendemos, que forma parte de nuestros momentos y que tenemos prácticamente incorporado en nosotrxs mismxs.

Es paradoxal que Casales, Ateneos, sindicatos horizontales y otros colectivos que de manera directa atacan, combaten y tienen posiciones de confrontación –cada uno con sus matices y maneras de hacer- con el orden social establecido y el capitalismo que nos traga y devora, que en este tema se pase de puntillas, silenciosamente, casi como si no existiera. Seguramente el producto por excelencia que representa esta brutal incongruencia entre lo que defendemos y lo que después hacemos, es el alcohol. Y como ya he comentado no entraré ahora en hacer una crítica sobre su venta y su consumo. Sino que me centraré en el primer escalón del análisis de porqué cuesta tanto hacer un cambio en positivo, y que supuestamente, iría más concorde con lo que pensamos y por lo que luchamos. He podido observar incontables veces como las grandes marcas son las reinas de paraditas de sindicatos, de fiestas alternativas, de Casales de la izquierda independentista y de grupos varios de confrontación.Mientras que sobre papel y en nuestros lemas repudiamos multinacionales y marcas colonizadoras, explotadoras y expendedoras de miseria, cuando se trata de llevarlo a la práctica, sobre todo cuando se trata de ponerlo en práctica en nuestro ocio y consumo, le quitamos toda importancia, somos capaces de relativizarlo e incluso hacer mofa de los pocos grupos que por lo menos intentan no alimentar a los grandes monstruos que se han hecho con el control absoluto sobre todxs nosotrxs y han sabido acabar formando parte, curiosamente, tanto de los ambientes más selectos o institucionales, como de los ambientes más suburbanos o marginales.

Podemos encontrar la similitud con muchas personas que forman parte de grupos anticapitalistas o que ellas mismas se definen como tal, pero visten sin cuestionamiento pantalones o bambas adidas, nike o cualquier otra marca a la que se le tendría que vomitar encima. Y en la mayoría de veces no se trata de que aquella persona se haya encontrado unos pantalones, o un colega le haya regalado unos zapatos que no le van bien, sino que se compran enriqueciendo a los mismos poderes que después criticamos. Y se lucen hasta con orgullo. Pero incluso me pregunto, en los pocos casos en que realmente estos pantalones nos los hemos encontrado o han acabado en nuestras manos de formas casuales, si realmente tendríamos que ser un producto publicitario andante, trabajando gratis para estas asquerosas y asesinas empresas, mientras después decimos estar en contra de la explotación laboral, del imperialismo y de la destrucción del medio ambiente y de la tierra, entre muchas otras cosas. Pues lo mismo pasa –o aun peor- con el alcohol. Cuando vamos a manifestaciones con latas de xibeca compradas en el Mercadona, cuando hacemos comidas populares y ponemos sobre la mesa botellas de Coca Cola o cuando financiamos nuestros proyectos y espacios de resistencia con la venta de Estrella Damm (o otras grandes marcas corporativas) y vino cualquier supermercado que explota a sus trabajadrxs. Y es que en el caso del alcohol no es solo que nosotrxs consumamos estas marcas y por tanto hagamos publicidad cada vez que levantamos el codo, sino que encima las vendemos en nuestros espacios, las vendemos en las jornadas que nosotrxs mismxs organizamos, y las vendemos en los conciertos y espectáculos autogestionados y que intentan alejarse de las líneas convencionales y del consumo de masas.

Normalmente el debate es inexistente; ya ni tan siquiera se pone encima de la mesa el tema de porqué se está comprando Estrella Damm, Moritz, o qualquier otra. Y lo mismo podría aplicarse a los zumos, por ejemplo –si es que llegamos a ofrecerlos-. Ni tan siquiera se pregunta si hay alguna alternativa a comprarlos en cualquier supermercado, y de cualquier marca que llena botellitas con fruta de cámaras congeladas que viene de vete a saber dónde y añadiéndole toneladas de azúcar. O botellas de cristal conlúpulo cargado de pesticidas y agua contaminada del rio Llobregat, engordando aún más a la franquista familia Carceller. Las veces que se saca el tema las respuestas acostumbran a ser dos: decir que no hay alternativa, o decir que el cambio sería demasiado caro. En relación a la primera respuesta se puede estar de acuerdo en cierta parte. Encontrar bebidas de proximidad y fuera de las grandes multinacionales es más complicado. Pero no es imposible, ni tan siquiera diría que es muy difícil.

Especialmente por lo que hace a los productos alcohólicos cada vez es más fácil encontrarlos fuera de los engranajes habituales. Ya que dentro de los espacios “no oficiales”, dentro de los movimientos revolucionarios y de los grupos de lucha, la mayoría de personas hacen uso de las botellas –y no precisamente para lanzarlas contra la policía o los cristales de La Caixa-, también han nacido proyectos y opciones para adquirir alcohol. En relación a la segunda respuesta también decir que es cierta. Pero eso precisamente nos lleva, creo yo, a uno de los centros del debate, a uno de los pinchos más afilados que intentamos bordear para no pincharnos, pero que nunca nos atrevemos a quitar. Una botella de cerveza local, artesana, echa por una pequeña empresa o, aún mejor, por un grupo autogestionado, cooperativa o por algunos colegas en la casa que tienen en el pueblo, puede ser más cara. Pero es aquí donde debemos posicionarnos una vez más, como hacemos en muchos otros aspectos de nuestra vida, cuando tomamos decisiones que no dejan de ser política y declaraciones de principios. ¿Qué es lo que queremos? ¿Que la gente vaya a los espacios a emborracharse? ¿O lo que queremos es que sean y seamos conscientes de lo que hacemos, lo que tragamos, con qué y donde nos gastamos el dinero? Decir que si se vende esta clase de birra la gente no la va a comprar, es pensar y fomentar que las personas solo beban para emborracharse, para dejar en casa su consciencia o pisarla hasta enterrarla bajo el cemento. Por un lado estamos alimentando el circulo de que mejor vender y consumir mucho y barato, siendo una mierda, que vender y consumir menos pero de calidad, de la forma lo más coherente posible con lo que en la teoría pensamos. Es cierto que a menudo las personas prefieren tener en las manos todo el rato una lata llena, que comprar la mitad y degustar un producto con otra historia detrás, siendo conscientes de dónde va el dinero que sacan del bolsillo y volver a casa sin caerse por la calle. Pero precisamente esta cultura del alcohol como base para nuestras relaciones y fiestas, es con lo que deberíamos querer y poder ir rompiendo, aunque sea lentamente. Por otro lado, comentar que a veces el caro o barato son términos relativos y que van en función del valor personal que damos a cada cosa. Más de una vez he oído a alguien diciendo que “no se puede permitir” gastarse dos euros en una bebida local y casera, pero después veo que esta misma persona no parece tener problemas en dejarse 6o 8 euros tragando birras Estrella en la terraza de un bar pijo progre del centro un sábado por la tarde.

Personalmente, hasta que no empecé a plantearme toda una serie de cuestiones y a dejar de lado cervezas, porros y tabaco, no pude ver de manera fría como estaba de enganchada ya no solo a esas mierdas, sino a las relaciones basadas en esas mierdas. Hablando claro, me costaba estar dos horas sociabilizando con alguien sin tener entre las manos un vaso o un cigarro para ir llevándome a la boca. Y esto me condujo a ver lo poco libres que somos y la toxicidad en las formas con que nos relacionamos y llenamos nuestro tiempo. Creo que será difícil plantear un debate serio entorno al consumo de drogas, especialmente en nuestros espacios y en nuestros compañeros y compañeras de lucha, si ni tan siquiera nos queremos plantear qué estamos vendiendo, cómo lo estamos vendiendo y con qué finalidad. Abandonar las comodidades puede costar, pero sinceramente, si no somos capaces de renunciar a cosas como ir a llenar la nevera del local con latas del Spar, aún menos confió que podamos renunciar a privilegios más grandes que nos vienen dados, como los derivados del género o de nuestra piel blanca. O que seamos capaces de dejar de lado otras comodidades o maneras de hacer en pro de la lucha contra este sistema.

Diciembre 2016
Laia M.M.

Toca mover(nos): CONSTRUIR CONTRAPODER

Desde los albores de la crisis, hasta los días más recientes, los diferentes sectores de la sociedad han venido sufriendo un conjunto de agresiones en forma de políticas neoliberales, que han hostigado a las clases populares y que además han torpedeado las distintas posibilidades de la articulación de un movimiento fuerte capaz de enfrentarse a estas.

Tras estos años de combatividad, por suerte o por desgracia, el trabajo político de los sectores golpeados, ha sido siempre de tipo “trinchera”, con este término me refiero a que debido a la coyuntura que hemos y estamos atravesando, solo nos ha permitido movernos en el plano defensivo, en el que nos teníamos que proteger de sus políticas y de sus agresiones y en el que las victorias se resumían en conseguir una disminución en la intensidad de estas, o en el mejor de los casos, su paralización. Decía por suerte porque haciendo un análisis de lo que han sido estos últimos años, el paraguas que hemos construido entre los movimientos sociales, no solo nos ha servido para protegernos de sus lluvias políticas, sino que por suerte, hemos sido capaces de construir unos canales de confluencia, de comunicación, que más temprano que tarde, nos pueden y deben servir para darle la vuelta a la tortilla. Cuando hablo de “dar la vuelta a la tortilla” hablo de cambiar el eje de defensa hacia un modelo propositivo, de creación de alternativas y, por qué no, de formación de espacios o instituciones por y para los movimientos sociales.

Es crucial para este hecho, avanzar hacia un posicionamiento político alejado de identitarismos, y apostar por el potenciamiento del activismo en su conjunto, con el fin de configurar un movimiento amplio tanto en el sentido  de “masas”, como (y casi más importante) en el de altura de miras, capaz de ejercer desde una postura revolucionaria, el dictado de alternativas, que posibiliten una transversalidad (entendida como alianzas fuertes entre sectores de la población)  en pos de unos avances en el discurso que nos permitan pugnar por victorias reales y formar así un contrapoder con propósitos de construir hegemonía (no de un imaginario libertario) enfocada en el fortalecimiento de las estructuras sociales de movilización popular.

En este punto nos encontramos un conjunto de personas militantes de distintas organizaciones libertarias, antiautoritarias o como nos queramos etiquetar, y no solo creo que sea una situación única de las organizaciones, sino que afecta a un conjunto de ideas que se veían reflejadas en un imaginario anarquista y que ahora se encuentran en una situación que las obligan a posicionarse ante dos escenarios distintos.

Por un lado, y como muchas ya hemos vivido durante algunos años, las distintas dinámicas que se dan en las variadas organizaciones que se aproximan a este ideario, lejos de intentar proyectar una manera de entender la política, la solidaridad o el apoyo mutuo, nos hemos y se han salvaguardado estas riquezas políticas para el conjunto de la organización, para autoreafirmarse y saber que nosotras, en nuestro purismo y sabiduría total, sabremos cómo destruirlo todo y comenzar, sin saber o sin reconocer que en la coyuntura social actual (no movilizada), votar a Podemos es un acto revolucionario y sin pensar siquiera que nuestra confluencia con el mundo exterior y nuestra inserción social tiene más de constructivo y de poder popular con un posible mayor reflejo social que cualquier postura marginal que nos pudiera mantener calentitas a la luz de nuestro grupo de afinidad.

Por otro lado, y definiendo el segundo escenario, las organizaciones tienen la oportunidad de realizar un giro de 180º, mirarse hacia afuera en vez de hacia dentro, para ver así, como una apuesta o un salto, la capacidad de transformación que puede poseer la confluencia, la transversal, y el bajar al barro, para mancharse y sacar trabajo. En este escenario, debemos situarnos en pos de potenciar los movimientos sociales, el tejido vecinal, y demás estructuras sociales con las cuales sepamos que un existo de estos, es un éxito para el empoderamiento de la clase popular y la configuración de un pueblo fuerte capaz de disputar y de ejercer de verdadero contrapeso. Está claro que es la opción dura, la de darse contra muros, la de no estar de acuerdo con las demás personas, la opción de disputa, la de las contradicciones, pero si nos agarramos a un razonamiento sencillo y lógico como es el de ensayo y error, llevamos muchos años a la deriva, errando en algunas cosas, en otras no, pero sin ser capaces de ganar, de formar algo fuerte, estable y alternativo. Por qué no apostar por algo “arriesgado” y probar.

Ahora, ¿qué nos jugamos con esto? Si en algo podemos estar todas de acuerdo, es que el tranquilo escenario de lo que es el régimen del 78, a partir de las movilizaciones del 15M, se ha visto alterado, apareciendo grietas en sus cimientos. Este hecho llevó a las casas y a las calles el debate de la legitimidad de los políticos, del sistema actual de “democracia”, el debate sobre el modelo capitalista… todo esto permitió formar un tejido movilizador y social potente, que a mi parecer, debido a la falta de éxitos (ingrediente máxime para nuestra propia motivación) se ha ido diluyendo por agotamiento. Esta situación como sabemos, ha sido capitalizada por las nuevas formaciones, partidos, que han sabido (y aunque nos pese decirlo, de forma brillante) devolver ese debate a las casas y esa ilusión de la gente por la política. Por eso digo que nos la jugamos,  porque a mi parecer, el escenario de disputa que se formó con la aparición de Podemos, no vino acompañan o no hubo una respuesta de los movimientos sociales en cuanto a formación de una estructura capaz de formar un contrapoder que permitiera tener en tensión a estas nuevas formaciones. Por ello, lo que creo que nos jugamos en la elección de ese segundo escenario que relataba antes, es la capacidad de intervención social, la capacidad de marcar la agenda política, la capacidad de reapropiarnos de términos como “lo colectivo”, “poder popular”, “democracia”, “socialismo”, “libertario”, términos que están en los escenarios de debate y que no estamos sabiendo ganar. En definitiva, creo que nos jugamos el participar o no en esas gritas de ese régimen del 78.

Creo que tenemos una oportunidad extraordinaria para formar un espacio movilizador, capaz de configurar una contrahegemonía propia, y que debido a las situaciones de debilidad que se están dando en la escena más institucional, como pude ver en el encuentro Desborda Madrid, sería capaz de actuar como contrapoder y desequilibrar la balanza de esos sectores hacia el poder popular.

Hemos cogido la salida hacia delante

Cualquier parecido con el año pasado es casualidad o inercias. Se nos va otro año con muchas historias que contar, muchas experiencias, muchas cosas aprendidas y batallitas de todo tipo. Hace exactamente un año, escribí una metáfora de la rotonda el cual era a la vez un breve repaso a brocha gorda y reflexiones sobre cómo afrontar este 2016. Un año pasa rápido cuando echamos la vista atrás, y es momento también de hacer una valoración general de lo que hemos hecho y las expectativas que tuvimos. Comenzamos el año con una España sin gobierno, recordamos el atentado del ISIS en Bruselas y la militarización de la ciudad, la oleada de huelgas en Francia contra la reforma laboral este primavera-verano, las ZAD, la matanza de Orlando en un bar gay y en Xalapa, la temporada veraniega del trabajo precario, los incendios, el machismo en las Olimpiadas de este año, el referéndum por la paz en Colombia, el acoso policial al pueblo de Altsasu, la victoria de Donald Trump, los asesinatos de un embajador ruso y un miebro de la OTAN por investigar las fuentes de financiación del ISIS… y más acontecimientos de un mundo revuelto.

A pesar de que este año en España la política haya tenido su epicentro en las instituciones, en las calles no dejaron de haber movilizaciones. A pesar de todo, todavía queda pendiente reactivar un nuevo ciclo de luchas ya que el ciclo electoral ha tocado a su fin. Se puso sobre la mesa muchos puntos de vista acerca del sindicalismo revolucionario y la proyección que pueda tener sobre la actual coyuntura laboral, la Gestión Comunitaria como propuesta de modelo educativo es un gran avance de cara a plantear una ofensiva en el ámbito educativo en este país. No obstante, la amnistía social como salida en adelante para trabajar en el ámbito antirrepresivo no ha salido como se esperaba, ni la idea de la soberanía popular. Queda pues por consolidarse todas estas ideas y propuestas dentro de una línea estratégica enfocada al poder popular.

Vamos dejando atrás ya el seguir siendo la pescadilla que se muerde la cola o Homer Simpson incapaz de salir de la rotonda. Los tiempos han cambiado, la crisis para la clase trabajadora continuará en los próximos años y asistimos a la intensificación de conflictos armados. Sobre todo, hay que tener muy en cuenta la modernización de la ultraderecha, que utilizando un discurso obrerista y populista mezclado con el nacionalismo, están creciendo políticamente en casi todo el mundo occidental. Ante este contexto, las izquierdas que se declaren revolucionarias y más en concreto el anarquismo, tiene que saber leer los momentos y hacer política en el día a día de modo que devuelva la ilusión a la clase trabajadora, demostrando que la alternativa no la dará la derecha y que dicha alternativa pasa por la construcción del poder popular en aras de recuperar nuestra soberanía sobre todas las esferas de la vida: política, economía, sociedad y territorio. Una administración democrática, el control de la economía en manos de la clase trabajadora y los sindicatos, una sociedad basada en el apoyo mutuo, la libertad y la solidaridad, y un territorio soberano. Seguramente todo ello no llegará el año que viene, pero es un norte al que aspiramos como bases para un proyecto político revolucionario.

Para el año que viene, el activar un nuevo ciclo de movilizaciones y la consolidación de nuestras líneas políticas y estratégicas serán las claves para salir adelante, construyendo poder popular y un actor político libertario como interlocutor legítimo en la lucha de clases.

¡Feliz 2017 y que nada detenga nuestro avance!

Desterrar las masculinidades, construir la igualdad

En el camino por conseguir la igualdad de género la lucha contra las desigualdades sociales cotidianas, es también la lucha contra la construcción cultural de nosotros y nosotras mismas. La acción que nos permite descubrir y desmantelar las construcciones de géneros tradicionales y existentes en nuestra sociedad, es lo que nos permitirá avanzar hacia vínculos sociales y sexuales sanos y en verdadera igualdad. Esta es una labor profundamente crítica, una actividad transformadora cuya importancia se encuentra en cuestionar las estructuras y normas que en relación al género nos definen como individuos, sin antes haber podido decidir libremente.

El rol que jugamos en el patriarcado los hombres es el de individuos que debemos ocupar enteramente los espacios públicos, acaparando igualmente la cultura y por supuesto la racionalidad.  Sin embargo, entre otros muchos campos, uno fundamental que no se nos enseña en absoluto a los hombres en el patriarcado, y la faceta más importante para cualquier persona humana, es la gestión de las emociones. Es posiblemente la tarea más complicada, pero también la principal, trabajar el tema de las masculinidades desde la libre expresión de las emociones, expulsando de nuestro bagaje esa necesidad continua de demostrar sin sentir.

Debemos desarrollar conjuntamente las sensibilidades, seguramente no en grupos exclusivos de hombres, pues corremos el riesgo de retroalimentarnos en torno a nuestros privilegios. No tengamos ningún reparo en acudir a nuestras compañeras, y trabajarnos la correcta canalización de emociones, es probable que tras avanzar algunos pasos comencemos a vivir con mayor intensidad y sinceridad. Huir del oscurantismo de la demostración de quién es el más “macho”, nos alejará de la actitud de gallitos de corral en la sociedad, abandonaremos las manipulaciones para ligar, insertadas en la cultura de la violación, pues sabremos expresar y comunicar mejor qué intenciones tenemos, y comprender a nuestras compañeras, sus espacios y sus necesidades como oprimidas.

Por otro lado, los hombres debemos tomar conciencia de nuestros privilegios de género, y comprender que a costa de este hecho, estamos exentos de ser objeto de una continuada opresión en forma de cuestionamiento social constante. Estamos exentos de ser cuestionados por nuestra vestimenta, por nuestra edad, sobre si tenemos miedo de volver a casa solos de madrugada, exentos de depilarnos o de ser considerados una propiedad de otra persona. Porque a nosotros culturalmente no se nos cosifica ni se nos expone a la violencia sexual, no somos potenciales víctimas de violación, sino potenciales violadores lamentablemente. Darse cuenta de este hecho puede resultar traumático y asustarnos, pero debemos pensar que más asusta pensar que estás continuamente expuesta a una agresión sexual si eres mujer. Rechazar infantilmente esta conclusión no ayudará a resolver el problema, sino enquistarlo, y como consecuencia de ello, a seguir reproduciendo inconscientemente esas actitudes invisibilizadas y de total privilegio en nuestro favor. Tampoco debemos decidir desvincularnos de nuestras compañeras o abstenernos de ligar por miedo a ejercer acoso o agresión sexual, sino que una solución estable pasa por trabajar convenientemente nuestras actitudes sociales y junto a nuestras compañeras, estableciendo vínculos donde encuadremos una libertad sexual en igualdad y donde prevalezcan las relaciones sanas. Al formar parte de la posición de privilegio, si nos comunican que estamos ejerciendo alguna actitud de violencia, por nuestro bien y por el de nuestras compañeras, debemos dedicar toda nuestra energía en revisar dicho comportamiento.

Desde mi punto de vista personal, entiendo que el feminismo es una herramienta de lucha para la liberación de las mujeres, que conlleva en un futuro el establecimiento de de la igualdad de géneros. Como tal herramienta, nuestra posición como hombres no es de protagonista como estamos acostumbrados a serlo en otros muchos espacios públicos. Algunas mujeres deciden organizarse en colectivos no mixtos para potenciar su sororidad sin la interferencia inconsciente que pueda resultar nuestro comportamiento en torno al rol de masculinidad. Además, algunos de estos colectivos necesitan atender a mujeres que hayan sufrido violencias de género, por lo que es necesario crear colectivos no mixtos que sean espacios de seguridad para esas mujeres. No obstante, muchas organizaciones feministas no mixtas hacen actividades, eventos y comparten otros espacios con hombres donde podamos poner en práctica y de manera sana esta teorización y avance real.

Nuestro papel como aliados feministas está en revisarnos los privilegios que tenemos como hombres por el hecho de serlo, cuestionar nuestras masculinidades y sobre todo, ir cambiando nuestras actitudes y poner de relieve esto ante otros hombres. El feminismo es una guerra contra los roles de género que perpetúan la evidente opresión, y una lucha de las mujeres que deben ser apoyadas por nosotros, y cuyas consecuencias igualitarias son beneficiosas para todas las personas.

Si no nos sentimos incómodos realmente no estamos perdiendo privilegios, sino tratando de incorporar según nuestros intereses para mantener el statu quo patriarcal. No se trata de flagelarnos, ni de tomar una actitud de consentimiento inactiva, sino de entender que los esfuerzos y privilegios que nos quitemos ahora, serán una liberación en el futuro, pues las relaciones en igualdad verdadera nos aportarán una inmensa satisfacción compartida.

El papel de las egresadas

Durante los últimos años has estado estudiando mucho, agobiándote en las épocas de exámenes, pagando las matrículas una, dos, tres veces o más… igual te anotaste a la escuela de idiomas para sacarte el B2 de Inglés, quizás piensas que el tiempo que le dedicaste a la militancia en el movimiento estudiantil se lo podrías haber dedicado a los estudios y quizás así no hubieras repetido esta o aquella asignatura… o hasta te hubieras evitado aquel curso nefasto en el que casi no apruebas ninguna.

Es posible que llegues a pensar esto, o algo parecido, si tu situación es la de estar acabando la universidad y durante tus años en la misma has estado en el movimiento estudiantil. Esto es así porque en estos últimos años, pocos o ninguno son los casos en los que las organizaciones estudiantiles o el movimiento estudiantil donde lo hubiera, han tenido pretensiones reales de transformar la sociedad, de mejorarla.

Por un lado, la actividad ha estado girando en torno a inercias a la contra, de defensa contra lo que se quería imponer y recortar, pero sin tener la fuerza real como para ganar dichas resistencias. Esto implicó que no se alcanzara la victoria en tales luchas. Ejemplo de ello puede ser la implantación del plan Bolonia en la universidad, o la subida de tasas en la mayoría de territorios del estado español. En secundaria podríamos poner el ejemplo actual de la LOMCE, aunque este último tiene sus propias particularidades dada su instrumentalización por parte de la oposición parlamentaria.

Por otro lado tenemos a las organizaciones estudiantiles. Estas no han sabido o si quiera pretendido crear un movimiento estudiantil, no han trazado líneas estratégicas para intentar activar al mayor número de estudiantes, no han intentado sacar luchas asumibles que terminaran en victorias para hacer contrapeso a las derrotas que el movimiento estaba sufriendo… en definitiva, las organizaciones estudiantiles han estado en su lucha particular de siglas y “pesca” por recursos humanos para sus organizaciones juveniles y/o partidos parlamentarios, dejando de lado la creación de movimiento. Es decir, no han tenido pretensiones reales de cambiar nada, no han sido capaces de crear, con el estudiantado, un contrapoder, un cuerpo social con capacidad de transformar la sociedad… no han sido organizaciones revolucionarias.

Con este panorama, como decía, es normal que llegues a pensar que la época de practicar este “hobby” que conoces como activismo o estar organizada toque a su fin, pero hay otra forma de verlo y por lo tanto de actuar.

Esas horas que dedicaste a organizar tal o cual evento, esa experiencia a la hora de hablar en público o de moderar una asamblea, esa capacidad de buscar aquello que necesitas partiendo de cero y sin ayuda… son conocimientos, teóricos y prácticos, que adquiriste en base al ensayo error. Este conocimiento lo puede incorporar a tu currículum y completar así tu formación académica. Pero sé que tú no solo puedes hacer esto.

Tú eres una persona que ha estado estos años metida en asambleas infinitas, pegadas de carteles, reuniones improductivas, manifestaciones con mucha gente, con poca gente, procesiones, revueltas, debates… y no lo has hecho porque te daban créditos, lo hiciste porque sentías que debías hacer esas cosas, que debías estar ahí. Y esto lo sé porque si no fuera así, ya no estarías leyendo este artículo.

Es por eso que para ti tengo una propuesta, una propuesta que le puede dar un sentido a todas esas horas que aparentemente no te aportaron nada, una propuesta con la intención de que seas partícipe en la creación de contrapoder, una propuesta para llegar a transformar la sociedad… así pues, una propuesta revolucionaria.

El día de mañana cuando estés en tu puesto laboral, un puesto de “rango elevado” por así decirlo, ya que ese es tu perfil laboral como egresada, conviértete en algo más que en una trabajadora, convierte en una profesional al servicio del pueblo, sé un cuadro revolucionario dentro de la empresa en la que trabajes.

Cuando digo revolucionario no es para que quede bonito, me refiero a que seas participe con tu trabajo en la construcción de poder popular. ¿De qué forma?

Una forma puede ser el destinar un porcentaje de su salario al sindicato, teniendo de referencia no al sindicato corporativista que habitualmente tienen los puestos técnicos, sino al sindicato que busque la creación de poder obrero mediante el sindicalismo revolucionario.

Otra manera de contribuir sería el servir, dado tu puesto en el proceso productivo en la empresa, de enlace para el acceso a determinada información para dicho sindicato.

De igual modo, por tus conocimientos, podrías ayudar en la preparación para el futuro control de la empresa por parte del sindicato: desde formando a trabajadoras de planta para cubrir los puestos técnicos y no tener que “comprar en el futuro al cuerpo técnico de la empresa, hasta diseñando el proceso productivo que se planea tener en determinado momento.  Un ejemplo de esto último podría ser el proceso de expropiación y la gestión obrera del 80% de las industrias y servicios en Catalunya entre 1936 y 39.

Seguramente se me escapen otras razones por las cuales la existencia de cuadros revolucionarios dentro de las empresas será una cuestión indispensable el día de mañana si de verdad queremos transformar la sociedad y tener un pueblo organizado capaz de tomar las riendas de su futuro.

Pero de lo que si estoy seguro, es que igual que tú te activaste en el anterior periodo de movilizaciones que hubo, ahora se va a activar mucha más gente en este nuevo ciclo que comienza y en los siguientes que vendrán. Continuar avanzando y no abandonar la lucha es el combustible que hará funcionar el motor cuando todas las piezas estén listas y colocadas. Así pues, ¿Podemos contar contigo?

Cuando los asesinos y censores hablan de libertad de expresión

El miércoles 19 de octubre, los personajes Felipe González y Juan Luis Cebrián iban a dar una conferencia en la UAM (Madrid). Como respuesta, se organizó un escrache entre alumnos y alumnas de la Uni que terminó en éxito al lograr que lo suspendan. De este éxito, en los medios de comunicación comenzaron a salir noticias sobre el aconecimiento, y podemos encontrar entre ellos en El País y el ABC donde se criminalizaba a la FEL, vinculándolos con Podemos, con etarras e incluso con su supuesto brazo político la organización de militantes Apoyo Mutuo (AM), además de calificar la protesta como violenta cuando no hubo ningún daño material ni humano. Tampoco dudaron en señalar una pancarta sobre el fin de la política de dispersión de los presos vascos, denunciando así los GAL (1983 a 1987) y la política represiva contra ETA, cuya actividad ha cesado pero el Estado español sigue aplicándola.

Acusan a la FEL porque es una organización con trayectoria en el movimiento estudiantil, y un interlocutor legítimo dentro de ello. Por eso lo quieren usar como cabeza de turco y poner caras a los culpables, tratando de tapar las corruptelas de los conferenciantes.

No obstante, la realidad se aleja mucho de las versiones que criminalizan el suceso. Primero, la FEL no es la organizadora de la protesta, sino fue conjunta entre estudiantes. Segundo, ni Podemos ni AM tienen vínculos estrechos con la FEL, aunque haya un militante que esté en FEL y AM, y tercero, la legitimidad de la protesta no necesita justificación alguna si sabemos qué representan estos dos personajes que quisieron venir a una universidad. Si hacemos un poco de memoria, el Felipe González fue el responsable político de los GAL junto con las torturas y asesinatos que a través de dicha agrupación se realizaron, practicando impunemente el terrorismo de Estado con el pretexto de combatir a ETA. Pues bien, los nombres que aparecen en las caretas de los y las estudiantes son de las víctimas asesinadas y torturadas por los GAL, detalle que no quieren visibilizar los medios, sin quitar importancia tampoco a los casos de corrupción como los de los Fondos Reservados, Roldán, Juan Guerra, Filesa… También fue responsable de legalizar las ETT, derechizar el PSOE y meternos en la organización criminal más grande de la historia que es la OTAN, no dudando tampoco en apoyar a la oposición venezolana y las dictaduras de los regímenes marroquí y saudita. Y hablando de Juan Luis Cebrían, este señor acusa de censores a los y las estudiantes que boicotearon la conferencia cuando él es el CEO del Grupo Prisa. Franquista en sus tiempos mozos, demócrata disfrazado hoy, tiene la desfachatez de hablar de libertad de expresión cuando en su periódico El País publica lo que le parezca bien para el régimen español. Es otro personaje que aparece en los Papeles de Panamá.

Al contar con todo esto, sobran razones para decir bien alto y bien claro que No son bienvenidos en ningún lado, que no pueden dar lecciones de nada en este país y menos hablar de democracia y libertad de expresión, porque estos dos y sobre todo el expresidente, son en realidad anti-democráticos y estarán siempre contra los intereses del pueblo, de la clase trabajadora.

Cuando el pueblo le señala, ellos se esconden tras un periódico y una cámara para calumniarnos y llamarnos violentos, pero sabemos que son asesinos y cómplices de dictaduras que no quieren dar la cara. Desde aquí, una pluma más que se suma, junto con todo el colectivo de Regeneración, a solidarizarnos con la FEL y las estudiantes de la UAM por las posibles represalias que vayan a haber, y que vamos a seguir luchando por nuestra legitimidad y nuestros derechos sociales, impidiendo que estos personajes pisen los espacios públicos para contaminarlos de sus ideologías neoliberales y totalitarias. Que unos asesinos y censores no nos llamen violentos.

Aquí el comunicado de la FEL

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