Respuesta al artículo de La Colectividad sobre los espacios no-mixtos

Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas

de estas personas defienden los grupos no-mixtos»1

Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. No me siento nada cómodo hablando sobre estos temas de esta forma, es decir, con proyección pública, más allá de los grupos en los que me muevo y siempre más dispuesto a escuchar que a hablar, pues precisamente, al pertenecer al grupo opresor, me siento sumamente hipócrita. Además, creo que al hacerlo concurro precisamente en uno de los hecho que critico, como es el de elevarme como defensor de un grupo que no me lo ha pedido y que si necesita ayuda, la pedirá.

Dicho esto, el texto no me ha dejado nada indiferente y, puesto que apoya su argumentario en una forma de vida que yo mismo he escogido, me he tomado el lujo de contestar, aun sabiendo que cualquier mujer podría rebatirlo fácilmente. Espero que se me perdone.

He decido comenzar la respuesta con una cita extraída del propio texto que me parece que resume perfectamente los pecados capitales encontrados en él. “Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos”, es una frase que aúna en sí una superioridad, una arrogancia y una condescendencia fatales, muy intrínsecas al hecho de ser hombre, que nos creemos en conocimiento de todo, así como me parece que muestra una gran falta de comprensión en el tema.

Simplemente por el hecho de que hayas escrito un texto así siendo hombre, por el hecho de que cuestiones los espacios no-mixtos desde esa posición, por el hecho de que intentes organizar su lucha, de la que nosotros somos cómplices y perpetuadores (aun cuestionándonos y revisándonos todo lo que nos dé la gana), creo que estos espacios se justifican al 100% solos, sin que nadie los tenga que defender.

Sin embargo, decides dar “una vuelta de tuerca más”, en el 5º párrafo, con las siguientes líneas:

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.”

El ser machista no se trata sólo de ser paternalista, por desgracia tiene muchas caras, algunas más sutiles (digo sutiles porque a piori es posible que no se aprecien tan claramente), aunque igual de dañinas. Una de ellas puede ser la apropiación del espacio público, que en este contexto situamos en una asamblea. La capacidad para ser escuchado siendo hombre, así como su capacidad para hacer suyo el espacio, mediante el lenguaje no verbal y el verbal, es bastante más alta de la que parte la mujer, con las consiguientes dificultades para expresar su opinión, tratándose éste, además, de uno de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar, la imposibilidad histórica de mostrar su opinión, su pensamiento. Me parece un fallo garrafal el no cuestionarse eso viniendo del mundo anarquista, cuando toda nuestra actividad política es determinada por las asambleas (a nivel colectivo). Si se quiere un movimiento realmente igualitario y de apoyo mutuo, puede que el primer paso sea espacios donde bregarse, donde adquirir confianza y hacerse fuerte, como los espacios no-mixtos. No obstante, mi labor aquí no es abogar por tales espacios, pues como digo un poco más arriba, se defienden prácticamente solos.

Pero aparte de todo esto, existen las conductas machistas que saltan a primera vista y, en este párrafo, brillan con luz propia. El hecho de infantilizar, de reducir a lo pueril y a lo estúpido un argumentario serio como el de los espacios no-mixtos, muestra precisamente ese paternalismo del que tanto te quejas, ese falso tópico de que sabemos más y esa falsa creencia, consciente o inconsciente, de que tenemos que ser quienes guíen a los distintos grupos poblacionales a la emancipación. Muy propio de nosotros, hombres, y muy propio de los europeos, si se me permite.

Me gustaría pasar ahora al tema de las identidades. En el 4º párrafo comentas: “De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción”. Me resulta muy curioso que te arrogues la capacidad de decidir qué es o no anarquismo en un tema así, cuando la mayoría de textos políticos con los que partimos vienen dejados por hombres. Personalmente, me parece lo más lógico del mundo que en una persona convivan varias identidades y, siendo mujer, me parece aún más lógico centrarse en la identidad género si ves que otras, como el anarquismo, no actúan eficientemente para resolver tus problemas. Ejemplos como este texto creo que refuerzan esa opción e “igual” la solución no está en criticarlos, sino en revisar comportamientos y hacer autocrítica, sin olvidarnos, por supuesto, de llevar las conclusiones a cabo, que si no hacemos nada. Por todo ello no entiendo que digas que eso no es compatible con el anarquismo, pues precisamente en nuestro mundo, en el que por otro lado tanto nos enorgullecemos del tema ideas-hechos, ha sido tradicionalmente más fácil la introducción de distintas tendencias o pensamientos, como el veganismo o el feminismo, al no tener tan claramente dibujados sus contornos, pero sobre todo, por la importancia que damos a la autonomía y auto-organización, cuestiones ambas que definen perfectamente los grupos no-mixtos. Me gustaría que me explicaras qué problema ves en que un colectivo de mujeres, soberano y autónomo, se integre en, por ejemplo, una estructura federalista, dispuestas a cooperar en el panorama general en todo lo posible, pero decididas y conscientes en que o lideran su lucha o nadie lo hará por ellas. Se me escapa.

Siguiendo con este tema, del párrafo 6º a mí también me gustaría resaltar lo siguiente: “Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar”. Sinceramente, yo no sé dónde encuentras la política de apartheid. Un grupo autónomo y consciente, siento repetirme, te está diciendo que no quiere que te metas en su modo de hacer las cosas, que lo consideran necesario y que están hartas de que los machitos revolucionarios tengamos que ir a liderar su lucha o sus protestas en cuestiones que les afectan a ellas por el hecho de ser mujer. ¿Te gustaría que gente que no es afín a tus ideales o prácticas, o que en muchos casos incluso consideras enemiga, se metiera en tu asamblea a decirte cómo coño tienes que hacer las cosas? Y parece mentira que siempre haya que poner ejemplos de este tipo, que nos toque personalmente, para sentir un mínimo de empatía o para intentar comprender las cosas. Además, no dejo de preguntarme cuántos iríamos o dejaríamos de “poner el grito en el cielo” si nos invitasen o pudiésemos transitar libremente por estos espacios, ya que muchos de nosotros ni siquiera somos capaces de dar difusión a eventos feministas o transmaribibollos, por no hablar del hecho de sacarlos adelante.

El remate final a este cúmulo de despropósitos lo encuentro en los párrafos 7º y 8º, donde comparas la situación con los colectivos de inmigrantes. Per se, noto de nuevo falta de comprensión, al tener que estar continuamente comparando grupos de opresión y no entender cada cosa en su contexto, a lo que se suma la petición, realmente asombrosa, de que: me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. Si un colectivo de inmigrantes te dicen que no ven lógico que tú, como persona que no es inmigrante (=mujer) formes parte de su colectivo porque culturalmente eres heredero de un sistema de valores que perpetúa su opresión, europeo-raza blanca (si no te ajustas a los parámetros, perdón, pero quiero poner el ejemplo máximo), ¿te enfadarías igual?, ¿les llamarías estúpidos?, ¿les negarías la ayuda cuando ELLAS Y ELLOS te la pidiesen?

Por eso hablo de remate final, porque para empezar, te vuelves a erigir como voz autorizada pública de un colectivo que quizás no sea el tuyo y que no te lo ha pedido. Junto a esto, pasas a comparar una parte un colectivo (grupos no-mixtos) con un colectivo en su totalidad, para reforzar vanamente tu argumentación. Pero además, porque en este caso también me da la sensación de que hablas de ellas y ellos sin cuestionarte seriamente tus privilegios. No somos los salvadores del mundo, hay cosas que no llegaremos a entender del todo bien (determinadas por el género, la raza o la cultura) y lo que veo más lógico es hacerse a un ladito, aprender, escuchar y ayudar o solucionar problemas CUANDO TE LO PIDAN.

A modo de conclusión, que creo que me estoy extendiendo demasiado, me gustaría exponerte que hay grupos donde “hombres honestos que luchen en el frente del feminismo” pueden empezar a cuestionarse sus privilegios y llevar las conclusiones obtenidas a su realización, como Desmachirulándose, salido de la asamblea de Lavapiés, así como recordarte que esta iniciativa es posible en cualquier ámbito, no es necesario que acudas allí. Por último, decirte que justificar tu rabieta (feminazi stole my ice-cream) con algo como el anarquismo, que en mi opinión tiene la capacidad intrínseca de cambio donde se podría dar una igualdad más o menos real (a lo largo de muchas y duras décadas de cambios, por supuesto), me parece realmente horrible.

Termino esperando no haber metido la pata demasiado, recordando que soy consciente de que soy parte del problema y pidiendo disculpas por si me he erigido en defensor de algo en lo que creo fervientemente que debemos participar, pero no dirigir.

Sergio Buendía

1 Cita extraída del texto en cuestión, 4º párrafo.

Neofascismo en las aulas III (FIN)

Nota: puedes leer la primera parte haciendo click aquí, y la segunda parte está disponible aquí.

Admito que para ser diferente se necesita coraje y valor para no temer singularizarse, cuando la mayoría se acomoda y se adapta para funcionar sin perturbaciones en ésta sociedad. A nivel personal, dice Juan Sabrelli, que el miedo de pasar por un solitario, un anormal o un loco, no es sino el deseo de conquistar la seguridad, la quietud, la confianza, la comodidad, liberándose de la angustia de las decisiones, de la responsabilidad de crear su propio destino.

En la película Atrapado sin salida [1] basada en la novela One Flew Over the Cuckoo’s Nest de Ken Kesey, dirigida por Milos Forman, con la excelente actuación de Jack Nicholson, se muestra la manera en que el orden suele ocultar el verdadero desorden de las injusticias, y en la injusticia la adaptación, la acomodación y el ajuste del individuo –en este caso, Randall McMurphy (Jack Nicholson)- en relación a otros individuos, grupos o sociedad que no es otra cosa que un procedimiento para someter y hacer feliz (mediante una cantidad considerable de medicamentos que si algún “enfermo” se niega a ingerirlos, se le obliga por la fuerza) en la alienación mediante un proceso educativo que, en realidad, es un aprendizaje de la resignación, que actúa como amortiguador de los conflictos existentes.

Sin embargo, McMurphy, cuando es internado en el centro psiquiátrico (metáfora de la estructura y del sistema social) por ser considerado peligroso para la sociedad, sacude lo establecido y las normas ahí dentro, de tal forma que permite el progreso, porque, precisamente, está inadaptado en un ambiente totalmente estricto, monótono y cuadrado (no obstante que si alguno de los “enfermos” se sale del orden establecido, se le castiga con descargas eléctricas [electro shock]).

El inadaptado es el que transforma el entorno, y el rebaño es un simple contenido que se vierte en ese entorno, en otras palabras, el inadaptado es el que hace la historia y el rebaño es el que la goza o la padece. Dicho de otra manera, cito unas palabras del escritor irlandés, ganador del premio Nobel de literatura en 1925, George Bernard Shaw: “El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable trata siempre de adaptar el mundo a sí mismo. Por lo tanto, todo el progreso depende del hombre irrazonable.”[2]

Y, finalmente, para concluir, desde que hice conciencia como estudiante de la educación tradicional, ya no me ciño a la prudencia, ni al padecer callado, ni a ejecutar el dominio de mí mismo y mi sufrimiento a través de la tolerancia. Ya vimos que éste comportamiento no insta al cambio o a la transición. La aceptación pasiva no es una respuesta deseable para el salón de clases, porque hace del alumno un enemigo de sí mismo que no confía en su juicio independiente y depende simplemente de la voz de la autoridad.

De modo que, de continuar la subordinación pasiva del individuo a la autoridad, “el mundo del futuro será muy semejante a los hormigueros, a las colmenas, a las moradas de los comejenes. El yo será muerto, se renegará de la fantasía, el individuo será reprimido y oprimido, la libertad y la iniciativa serán abolidas; sólo a costo de ese durísimo precio podrá sobrevivir el género humano (Papini, 1967:295).

En contra de lo anterior, deseo que el objetivo de la educación sea hacer hombres libres y activos, y no simples ciudadanos útiles y sumisos. Que el sentimiento no sea ajeno a la educación, y que no se discrimine al alumno por su manera de vestir o de hablar, pues cada uno se expresa a sí mismo (en un sistema capitalista desigual donde cada vez es mayor la pobreza en muchos sentidos), según su condición económica, social y cultural a la que pertenece.

Por lo tanto, para el bien de las actuales generaciones, de las que están por llegar y, más aún, por las que todavía no han nacido, no deseo una escuela que funcione para perpetuar el orden establecido, sino para que se fortalezca el espíritu de oposición. Que lo que aprendamos en la escuela, por medio de los libros y de algunos profesores, sea para cambiar las cosas y mejorarlas, esto es, que el conocimiento se convierta en voluntad y en acción. Que después de la escuela y una vez que se haya obtenido el documento – llave burocrático, que se supone abrirá las puertas del empleo, no muera el aprendizaje. Es decir, que el individuo mantenga el control sobre su propia educación, que sea autodidacta y que disfrute el aprendizaje libre. Dice el maestro, y poeta, Ronald Gross que “la vida, los libros y el trabajo son maestros poderosos que dejan muy atrás a la escuela y a las instituciones de educación superior”.

Por consiguiente, el aprendizaje debe ser personal, voluntario y compañero de la vida. Tal es el aprendizaje libre; el que no está limitado por el tiempo, el espacio y la coerción de una autoridad. Hay que sacudirse el polvo de las aulas y luchar por una educación continua que se da en cada momento, en cualquier espacio donde confluya la acción humana. Los maestros más influyentes estás en los libros, en la música, en los revolucionarios, en los filósofos, en las calles, en una obra pictórica, etc., no en el salón de clases. Por ello, recordemos las palabras de la antropóloga cultural estadounidense Margaret Mead: “Mi abuela quería que yo tuviera una educación, de modo que me mantuvo fuera de la escuela”. O como dijera, alguna vez, Ernesto Guevara, el rebelde, “seamos realistas, soñemos lo imposible”.

Notas

[1] Milos Forman, Atrapado sin salida (One Flew Over the Cucoo’s Nest, 1975). Guión de Bob Goldman y Lawrence Hauben; con Jack Nicholson (Randle Patrick McMurphy), Louise Fletcher (enfermera Mildred Ratched), Danny DeVito (Martini), Christopher Lloyd (Max Taber), William Redfield (Dale Harding), Brad Dourif (Billy Bibbit).

[2] Baste, como muestra, en la realidad histórica de la isla de Cuba, el acto heroico, ejemplar e irracional del excomandante Fidel Castro Ruz, Ernesto Guevara y demás revolucionarios al derrocar, por medio de las armas y la osadía, al dictador Fulgencio Batista, en 1959, y transformar, de este modo, una parte pequeña de la fisonomía de América Latina.

Bibliografía

Blest Gana, Alberto (1943), El ideal de un calavera, Ed. ZigZag, Santiago de Chile.

Fromm, Erich (1967), El arte de amar, Paidós, Buenos Aires.

Fromm, Erich (1999), El miedo a la libertad, Paidós, México.

Ortega y Gasset, José (1985), La rebelión de las masas, Planeta, México.

Papini, Giovanni (1967), El libro negro, Época, México.

Grupos no-mixtos

El otro día leía con cierto asombro un debate entre varias personas en Twitter—sí, sí, ya sé que no es el mejor lugar para debatir—sobre una manifestación feminista no-mixta. Tal vez, lo que más me sorprendió fue la virulencia con la que algunas personas defendieron la manifestación, una virulencia que, a mi parecer, adoptó tintes nada anarquistas.

Nadie va a negar que la separación de la sociedad en géneros es problemática, sobre todo si esta separación es jerárquica. Recordemos que los géneros son construcciones sociales en base al sexo biológico—que por cierto, no tiene por qué ser binario como nos enseñan en la escuela. Vivimos en sociedades machistas donde los roles sociales asignados a las mujeres son degradantes respecto a la dignidad inherente de cualquier ser humano, sea del sexo que sea. Desde mi personal visión anarquista de la vida, no veo ni útil, ni moralmente aceptable, dividir la sociedad en géneros jerarquizados, pues a fin de cuentas todas las personas, sean del sexo que sean, tienen las mismas potencialidades en casi todos los aspectos de la vida—digo «en casi todos» porque, por ejemplo, los hombres no pueden parir.

Como individuos, todos los seres humanos, independientemente de su género, tienen la misma dignidad, la misma necesidad de libertad y, sobre todo, la misma capacidad para encontrar ésta. Una de las cosas que más me atrae de la filosofía anarquista es su clara argumentación en favor a la cooperación, a la ayuda mutua, a la solidaridad entre individuos, especies, géneros, etnias, o lo que sea. El anarquismo rechaza esa concepción furibunda y competitiva del capitalismo y del darwinismo. La vida florece en todos los lugares gracias a la cooperación; no hace falta competir por recursos escasos; no hace falta competir por mejorar, por ser les mejores. La vida es un camino que se puede caminar de la mano, sin cadenas y sin grilletes.

De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción. Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos. Es más, comparto dos de las argumentaciones, las cuales yo resumiría en:

  • Los grupos no-mixtos empoderan a las personas oprimidas.
  • Los grupos no-mixtos enseñan a las personas oprimidas a desarrollar tácticas de lucha más efectivas.

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.

El machismo es algo internalizado, socializado, e institucionalizado. Eso nadie lo niega. Decir que el machismo está socializado significa decir que los comportamientos machistas puedes darse de manera subconsciente. Un grupo feminista no-mixto puede, potencialmente, evitar este machismo subconsciente al rechazar la presencia de ciertas personas. De ahí que, personalmente, sí que defienda la creación puntual de grupos no-mixtos y la realización de acciones de lucha no-mixtas. Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar.

El problema, a mi parecer, surge cuando se confunde la exclusión con la expulsión. En un grupo de afinidad, por ejemplo, podemos encontrar personas autoritarias cuyo quehacer no es de agrado. En este sentido, el grupo expulsa a dichas personas, pero no las excluye a priori—o las personas que no se sienten cómodas abandonan el grupo y forman otro. De esta manera, lo que me sorprendía de aquel debate en Twitter era la facilidad con la que ciertas personas excluían, sistemáticamente, cualquier opción de participación «masculina» en grupos feministas—desde luego, con esto no quiero decir que toda persona feminista opte por esta exclusión, ni que toda persona que opte por grupos no-mixtos lo haga siempre de forma sistemática.

Una vez más, y para dejarlo claro, los grupos no-mixtos tienen una gran utilidad en muchas ocasiones, pero no es así de forma sistemática. Siguiendo la lógica de las personas que deciden excluir sistemáticamente a otras personas de ciertos grupos de acción, entonces, me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. ¿No es acaso la etnia de las persona otro frente de batalla en nuestras sociedades capitalistas? ¿Qué pinta una persona del grupo étnico dominante en una manifestación de grupos minoritarios? Espero que se vea lo absurdo de estas dos preguntas.

Para finalizar, me gustaría dar una vuelta de tuerca más a la cuestión del empoderamiento. Sigamos con el ejemplo de les migrantes. Es cierto que estos grupos minoritarios tienen una limitada capacidad de acción por multitud de razones—un ejemplo puede ser la condición irregular en un Estado que les puede deportar, encarcelar, e incluso matar. Ninguna persona anarquista sensible al tema negaría que un escenario ideal para estas personas migrantes sería un espacio de acción autónomo en el que elles mismes pudieran organizarse y luchar, sin necesidad de personas pertenecientes al grupo étnico dominante. No obstante, también sería absurdo decir que todas las personas no-migrantes que a diario luchan en este frente de batalla son, o se comportan, de manera paternalista. Desde luego puede haber paternalismo en un sinfín de ocasiones, pero no tiene sentido subsumir, de manera sistemática, el comportamiento de todas las personas en el paternalismo.

La ayuda mutua y la solidaridad no conoce de géneros, sexos, etnias, edades, o lo que quiera que sea, pues son cualidades inherentes a la raza humana—y solamente hay una única raza humana. Habrá hombres honestos que luchen en el frente del feminismo, y habrá otros que lo hagan de forma paternalista, autoritaria, y sexista. O tal vez encontremos hombres honestos que quieran genuinamente librarse de la lacra del machismo socializado. Y si algo creemos les anarquistas, pienso yo, es que se aprende haciendo; es decir, mediante la acción.

Fuego al patriarcado mediante la ayuda mutua entre seres humanos, sin distinción de género o sexo, pues nosotres somos la medida de nuestras jaulas personales.

Neofascismo en las aulas II

Nota: Puedes leer la primera parte de este artículo haciendo click aquí.

Ahora bien, si aceptamos que el hombre no es lo que debiera ser, y debe ser lo que podría ser, como dice Erich Fromm, el modelo tradicional amputa lo que podría ser en la vida concreta del alumno, y en su ausencia de su libertad mutila su existencia. ¡Qué paradójico resulta que la persona se deshumanice! ¿No creen? En cambio, en el reino de la fauna, como diría Ortega y Gasset, un tigre no pierde su “tigreidad” ni un perro su “perruneidad” ni un gato su “gatuneidad”, y respecto a los vegetales, les basta simplemente con estar en el mundo, pero la compleja existencia humana debe realizarse y ser en el mundo.

Y cómo llegar a serlo en el salón de clases, cuando los maestros (as) no conocen nuestros nombres, ni yo los de mis compañeros, ni mis compañeros el mío. Nosotros no nos encontramos y vivimos como personas, sino que cada uno siente y vive la indiferencia de los otros; muchedumbre solitaria en la que muchos viven bajo una inmensa indiferencia y soledad. Ésta soledad es la ausencia del otro, la carencia o falta de encuentros personales. Cuando esto falta, las relaciones personales se vuelven alienantes. “Sin amor, una persona o una sociedad vegeta pero no vive, está pero no existe acorde con lo que es y debiera ser”, dice Erich Fromm.

¿Y cómo va a vivir y existir acorde con lo que es y debiera ser, en un sistema que contamina, reprime y degrada, como el tradicionalmente educativo que destruye a la gente para convertirla en personal de un aula, un cubículo, una oficina ó una fábrica? En realidad, esto me parece que son los síntomas de la enajenación burocrática que, en algunas ocasiones, suele eliminar la iniciativa y la expresión creativa.

Me explico: en particular, el profesor-burócrata hace lo que hace aplicando al pie de la letra lo ya establecido, porque no quiere complicaciones y teme al riesgo; de ahí que no innove y no haga nada si no hay un papel de por medio que le diga lo que tiene que hacer; todo debe estar en una nota, expediente o paquete curricular. Además, el que no emprende nada, no crea nada, se atrofia como persona en una especie de robot que funciona conforme al reglamento y la ley.

El maestro-burócrata, en aras de la organización prescinde de sus propios sentimientos, pensamientos y convicciones, no llega a emprender caminos nunca transitados, y la persona en ésta circunstancia ya no trabaja para la organización, sino que es una parte de la organización en una especie de rito que le impide salir de la repetición de actos tradicionales. El educador-burócrata no puede imaginar ningún futuro que no sea su carrera burocrática hasta la jubilación, con la esperanza de que se le reconozca después de veinticinco o cuarenta años de trabajo – que siempre ha sido fiel a la institución -.

En consecuencia, el método de enseñanza tradicional quiere hacer del alumno un burócrata, porque lo prepara o lo educa para el trabajo, lo estereotipa y lo conforma a la personalidad del burócrata a partir de los reglamentos, diplomas y normas de conducta. La educación tradicional está enfocada en la enseñanza, no en el aprendizaje, misma que, por lo común, olvidamos, pero si llegamos a recordar algo, lo que recordamos es irrelevante.

El modelo tradicional concibe al alumno como una página en blanco, un pedazo de mármol al que hay que modelar, un vaso vacío al que hay que llenar, no lo educa para ser creador, sino para ser adiestrado y aceptar lo establecido mediante exámenes estandarizados que consisten en sentarse y amordazar la palabra hablada o escrita (en caso de los exámenes de opción múltiple). Así nadie dialoga con nadie ni se pregunta ni se escribe nada para nadie. Todo está estructurado para enajenar y ser enajenado en la prisión, aquí sí, inconsciente del silencio. Por lo común todo debe estar en el pizarrón para ser copiado sin cuestionarlo y, por tanto, para escribir notas irreflexivas. De esta forma, al alumno se le automatiza en el salón de clases y se le prepara para el futuro para ser un engrane más en la maquinaria burocrática del sistema. O como dijera Roger Waters en su tema Another brick in the wall: “…y finalmente llega a ser un ladrillo más en la pared”.

Por tanto, como nuestra vida es rutinaria, monótona y de un solo giro, creemos que todo es normal en una época de masas en la que, paradójicamente, la gente suele ser individualista, pero no es individualista en el sentido de que tenga ideas, convicciones y decisiones propias, sino que sus ideas, convicciones o decisiones son las de la mayoría de la gente, es decir, que se conforma con el rebaño, y es aquél tipo de hombre- masa que describe Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas.

El hombre-masa es un tipo de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres abstracciones y que, por lo mismo, es idéntico de un cabo de Europa al otro. A él se debe el triste aspecto de asfixiante monotonía que va tomando la vida en todo el continente. Éste hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas […] carece de un dentro, de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar (Ortega y Gasset, 1985:17).

Tanto en Europa como en América ser conformista es hacer lo que hacen los otros, es renunciar a una personalidad, a andar por caminos no explorados. Aceptar lo establecido es como hacer lo que la responsable del Sistema de Enseñanza Abierta, del Colegio de Bachilleres, alguna vez me dijo, al interponer mi queja, respecto al modelo tradicional educativo “¿…y yo qué quieres que haga?, al pueblo que fueres, haz lo que vieres”. Frase esencial para que se integre al individuo al sistema y perpetuarlo.

El novelista chileno Alberto Blest Gana, en su libro El ideal de un calavera, distingue tres tipos de tontos que produce la sociedad burguesa. Menciona primero al tonto satisfecho que critica sin compasión, no hace nada importante porque no le da la gana y pocas mujeres lo resisten; habla sólo de miles de pesos. Ha ido o piensa ir a Europa. Para él la gran cuestión es el traje.

El segundo tipo es el tonto simple que vive a la sombra del primero y en continua admiración de sus proezas. Para él el estudio es cosa de literatos y la política negocio de delincuentes. Y el tercer tipo es el tonto grave que tiene el talento del hombre que no dice nada y el genio o la inteligencia de chocar con ninguna de las preocupaciones reinantes, porque el tonto grave no comprende ninguna situación ni tiene opinión propia; es una especie preciosa para fabricar ministros de Estado, senadores y consejeros; el tonto grave es conservador por excelencia, conserva los modelos viejos, las ideas viejas, las conversaciones viejas. Tiene a los libros una antipatía clásica. No habla nada, pero la ignorancia del vulgo le creerá capaz de milagros.

Sin duda, ser diferente es alejarse del rebaño, es no prestarse al juego de competencia y condescendencia, es aquél que el hombre masa cataloga de inadaptado. Además, salir del rebaño no es fácil, porque, el hombre masa, aparte de que considera inadaptado al que sale del rebaño, le dice que perturba el orden establecido, y de ésta manera se vuelve el inconforme en blanco de críticas de la sociedad. Es cierto que el hombre desde que nace es moldeado para que se adapte al orden social existente, como dice Erich Fromm: “La conformidad tipo rebaño ofrece tan sólo una ventaja; es permanente y no esporádica. El individuo es introducido en el patrón de conformidad a la edad de tres o cuatro años, y a partir de ese momento, nunca pierde contacto con el rebaño. Aún su funeral, que él anticipa como su última actividad social importante está estrictamente de acuerdo con el patrón”.

Neofascismo en las aulas I

Nota del autor: En mi experiencia de estudiante, cuando cursaba el nivel medio superior, escribí el siguiente texto para una docente de matemáticas del Colegio de Bachilleres 3, egresada de la carrera de ingeniería, de mentalidad hermética, adversa y ordinaria. Teniendo en cuenta que se negó a dialogar conmigo sobre su método de enseñanza, al considerar que no estaba a su nivel y que, además, ella sólo podía hablar con matemáticos e ingenieros, y que yo sólo era un estudiante mediocre de bachilleres. Pero, por otro lado, en un lapsus, dijo que yo ya tenía otra formación diferente a la de ella. Posteriormente, al saber de mi texto, se negó a recibirlo y me prohibió, sin saber de su contenido, que se lo leyera a mis compañeros. Semejante contradicción, entonces, anuló la posibilidad de establecer un diálogo constructivo y crítico entre ambos (Darío Cruz Jaramillo).

¿Por qué soy tan extraño y tan rebelde, enemistándome con los profesores y distanciándome de los otros jóvenes? Fíjate en los alumnos buenos y en los que no salen de su medianía, cómo ellos no encuentran cómicos a los profesores, no hacen versos y únicamente piensan en cosas en las que todo el mundo piensa y de las que se puede hablar en voz alta. ¡Cuán ordenados y cuán conformes con todo y con todos deben sentirse! Esto debe ser bueno… Pero, ¿qué me pasa a mí, y a dónde iré a parar con todo esto? — Thomas Mann, Tonio Kröger

La palabra fascismo designa un movimiento y doctrina política y social, creada por Benito Mussolini en Italia. Dicha doctrina, en esencia, anula la esfera personal de la vida, suprime las libertades individuales, rechaza la democracia, militariza el aparato estatal y la vida social, exalta el nacionalismo y propugna un belicismo esencial. Tiene como lema; “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, y nada en contra del Estado”.

Lo anterior, desde mi punto de vista, no es más que un reflejo caricaturesco de lo que sucede en el salón de clases, pues, el modelo educativo tradicional simboliza el Estado como un ente abstracto enajenado y enajenante. De modo que he reflexionado acerca del método de enseñanza, y de su arquetipo fascistoide que, desde luego, considero represivo e inhumano.

Comienzo mi texto enunciando la alienación de las relaciones interpersonales en el salón de clases, en las que no se es uno con los otros, en las que no se asume de algún modo la tarea más insoslayable e importante: la empresa de ser persona, y en las que uno solo no puede ser plenamente persona si los otros no son también; terreno infértil -por improductivo- donde no se establece ningún tipo de relación personal, debido a que no hay una relación estrecha desde el núcleo mismo de la existencia humana. Posteriormente, aludo a los síntomas modernos de la enajenación burocrática que, en algunos casos, suele eliminar la iniciativa y la expresión creativa en las aulas. Y, por último, abordo el conformismo y el temor a ser diferente, en esta nuestra época de masas alienadas en el trabajo, en el consumo y en la búsqueda de estatus.

No me imagino (y no quiero imaginar) el número de estudiantes que han sido instruidos en ese modelo educativo tradicional, en el que permea la ignorancia, la sumisión y los prejuicios. Modelo en el que el estudiante más bien debería ser una pieza clave de un sistema de vida democrático, fundado en el mejoramiento social y cultural de los estudiantes.

Modelo donde se tienda a desarrollar armónicamente las facultades del ser humano, se contribuya a regular la convivencia, el aprecio por la dignidad de la persona, el interés general que se debe dar a todos los estudiantes, y un lugar en el que exista la fraternidad e igualdad de derechos de toda la comunidad estudiantil. En cambio, el lugar común del modelo tradicional, es imponer un método de enseñanza despersonalizado al no considerar la personalidad, las preguntas y las necesidades de los educandos.

A continuación, si aceptáramos que no existe el yo sin el , que no existe más que con la existencia de los otros, de modo que los otros y yo, yo y los otros nos realizamos en la mutua relación al abrir nuestro yo, ¿cuándo soy yo? cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada, de esta manera, al sustituir el “pienso luego soy” que enunciaba Descartes, por “soy nombrado, luego soy”, el método de enseñanza tradicionalmente rígido y represivo, no permite la interacción y la relación recíproca –necesaria- para que la persona, en este caso el estudiante, pueda ser él mismo.

Al estudiante, el modelo tradicional, no lo respeta como individuo, lo vuelve un ser aislado al controlarlo mediante la intimidación, el acallamiento, si éste decide ejercer el libre uso de la palabra. Tampoco se produce la emergencia del yo, porque no hay una correspondencia de aquello que no soy yo, es decir, de su yo absoluto que no permite la posición de igualdad, ya que el modelo demuestra hostilidad si un estudiante pide que se le aclare alguna duda.

Su yo grande de maestros contra nuestro yo pequeño de estudiantes, hace que con su comportamiento haga el aprendizaje difícil e imposible y, además, inhiba el salto a la imaginación. “Es normal que todos los que se sienten frustrados en su expresión emocional y sensual y también amenazados en su existencia misma, experimenten como reacción un sentimiento de hostilidad” (Fromm, 1999:105).

Bajo este modelo, es indudable que, en el salón de clases, no existe una relación afectiva e interpersonal con el estudiante, pues se da un trato de seres autómatas y de excesivo paternalismo o maternalismo, confundiendo el afecto con el control de la conciencia del estudiante como persona. Porque pienso que el afecto se demuestra con los actos, más que con las palabras.

De hecho, los maestros (as) que se conforman con el modelo en ningún momento superan la separatividad, es decir, no trascienden su propio método al no tener un encuentro con nosotros los estudiantes. Tal parece que la educación que conservan no ha influido en su acción ética. Recordemos lo que dicen los filósofos humanistas como Sartre, Foucault, Lévinas: que el ser del hombre sólo se halla y se realiza en la vida social.

Asimismo, las maestras (os) que se conforman al modelo educativo tradicional, no establecen una relación auténticamente humana. Más bien sus relaciones interpersonales son de apatía porque se enfrentan insensiblemente con los estudiantes; son de indiferencia porque éstos no les importan realmente, aunque se pretenda que sí. Al modelo sólo le preocupa que el estudiante no cumpla con el trabajo en clase, así también que no aprenda a la velocidad requerida por los cursos.

¿De qué manera va a aprehender el estudiante y asimilar el conocimiento, sin que se atragante, con lo que quizá aprenda, mediocremente, en un semestre? Los maestros (as) de semejante modelo educativo, se limitan a lo que establece la norma y su camisa de fuerza curricular, a lo que les corresponde no como guías del conocimiento que fomente la libertad de expresión, sino como autoridades absolutas e incuestionables.

En la película Pink Floyd The Wall [1] dirigida por el británico Alan Parker, basada en el álbum de Pink Floyd de 1979 The Wall, no hay intercambio afectivo en el salón de clases, sólo hay rigidez, nerviosismo y agresividad. Película en la que también se demuestra el autoritarismo a ultranza, la enajenación del cuerpo social burgués, ególatra, entre otros lugares cubiertos de simbolismo (como la figura del muro que significa la represión, la exclusión de la sociedad), la insuficiente potencia que tiene el hombre libre de adaptarse a un estado de masas enajenante, bajo un régimen político fascista y uniforme. Síntoma de un poder patológico hitleriano que lleva consigo destrucción, caos, nomadismo, barbarie y muerte a una cultura o a un individuo que defiende su libertad de elegir, en un campo de batalla donde las personas cada vez construyen menos su propia personalidad.

Yo, realmente, quiero ser tratado, supongo que también mis compañeros y compañeras, como “alguien”, no como “algo”, como persona que tiene dignidad al ejercerla para su propia realización y desarrollo humano. Me pregunto ¿qué tan masoquistas somos al no quejarnos y someternos a las querencias sádicas de los maestros y de las maestras, al renunciar a nuestra integridad para convertirnos simplemente en sus instrumentos? Bajo el modelo tradicional, los maestros (as) condicionan e inhiben el pensamiento crítico, el espíritu de lucha (esencial) para la vida del hombre y su sobrevivencia. El miedo es un arma poderosa para dominar a los débiles y a los oprimidos.

De modo que tal modelo educativo crea una relación simbiótica frommiana de dependencia con nosotros,  en la que dicho modelo depende de nosotros  y nosotros de él. Dice Erich Fromm que un ser dominado necesita que otro lo domine, que el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad, que sólo existe el acto de amar cuando implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura o de una idea. Que significa dar vida y aumentar nuestra vitalidad. El modelo tradicional que aplican algunos maestros (as) se aleja de estos conceptos básicos en el salón de clases.

¿Acaso no están conscientes, quienes llevan a cabo el modelo, de la juventud con su irracionalidad, su espontaneidad de ocasión, su a veces ser todo emotividad que lo hace un mero cúmulo de instintos? ¿Acaso no saben de su manera de hablar, de acuerdo a su edad, y de su estrato social, económico y cultural al que pertenecen? No sé cuánto tiempo tenga dando clases los maestros (as) que aplican este modelo tradicional, pero creo que no se han percatado de los estímulos externos de los jóvenes en un ambiente de hostilidad y represión.

Por ejemplo, en mi experiencia de estudiante, recuerdo haber visto cómo, y más de una vez, uno que otro alumno hacía una señal obscena con la mano levantando el dedo medio cuando la maestra de matemáticas escribía en el pizarrón, y a pesar nuestro, con gis azul, porque decía que “así se ve más bonito”, sin importarle que la luz que atravesaba por la ventana se proyectara en lo que escribía, quedando parcialmente difuso el plano cartesiano y el Teorema de Pitágoras flotando en un banco de bruma.

Es cierto, algunos alumnos, si no es que la mayoría, sólo tienen como medio de defensa su dedo y un montón de palabras obscenas que, por supuesto, no dirigen abiertamente. Por esta razón, los maestros (as) no gozan la enseñanza con nosotros, y nosotros no gozamos el aprendizaje con ellos (as). “No dan vida, no aumentan nuestra vitalidad”.


Notas

[1] Alan Parker, Pink Floyd The Wall, 1982. Guión de Roger Waters; con Bob Geldof, Chirstine Hargreaves, Eleanor David, Alex McAvoy, Bob Hoskins, Michael Ensign.

El proyecto «independentista» desde una perspectiva revolucionaria

Introducción

En los últi­mos años he­mos sido tes­ti­gos de un auge in­de­pen­den­tis­ta en la so­cie­dad ca­ta­la­na, que se ha vi­sua­li­za­do en di­fe­ren­tes mo­vi­li­za­cio­nes ma­si­vas. En Ca­ta­luña ha cul­mi­na­do con el anun­cio de la con­vo­ca­to­ria de un re­feréndum el próximo 9 de no­viem­bre para con­sul­tar a la ciu­da­danía so­bre la for­ma­ción de un Es­ta­do ca­talán.

Este auge ha sido atri­bui­do a dos he­chos prin­ci­pa­les: el aho­go económico por par­te del Es­ta­do español a Ca­ta­luña en for­ma de «es­po­lio» fis­cal y boi­cot a las in­fra­es­truc­tu­ras ca­ta­la­nas, así como los di­fe­ren­tes ata­ques a la len­gua ca­ta­la­na para fa­vo­re­cer la im­po­si­ción he­gemónica del cas­te­llano. Es­tos efec­tos se han he­cho más pa­ten­tes des­de el es­ta­lli­do de la cri­sis económica en el 2007 y des­de la sen­ten­cia del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal en el 2010 so­bre el Es­ta­tut.

El Es­ta­do español ha ejer­ci­do históri­ca­men­te la for­ma de pro­ce­der intrínse­ca a todo Es­ta­do, es de­cir, el pa­pel de agen­te es­po­lia­dor y aca­pa­ra­dor de re­cur­sos de­ri­va­do de la con­cen­tra­ción de po­der que re­pre­sen­ta y de la le­gi­ti­ma­ción que se le otor­ga, así como el pa­pel de agen­te et­no­ci­da de­ri­va­do de su vo­lun­tad uni­for­ma­do­ra y cen­tra­li­za­do­ra ne­ce­sa­ria para su buen fun­cio­na­mien­to.

Ante el pa­no­ra­ma político-so­cial que se está desa­rro­llan­do en Ca­ta­luña a raíz de este auge in­de­pen­den­tis­ta, di­ver­sas vo­ces des­de los mo­vi­mien­tos so­cia­les han ad­ver­ti­do so­bre la cor­ti­na de humo que este pro­ce­so im­pli­ca: a me­di­da que el des­con­ten­ta­mien­to po­pu­lar se va trans­for­man­do en in­dig­na­ción y ra­bia, las éli­tes bus­can ma­ne­ras de des­viar el foco de aten­ción de los te­mas cla­ve, es de­cir, de las cau­sas es­truc­tu­ra­les y sistémi­cas de la cri­sis, y la desvían a te­mas se­cun­da­rios para neu­tra­li­zar y di­ri­gir las ac­cio­nes del pue­blo. En Ca­ta­luña el ins­tru­men­to de dis­trac­ción más útil está sien­do el in­de­pen­den­tis­mo.

Con ex­pre­sio­nes y vo­ca­blos como «de­re­cho a de­ci­dir», «au­to­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos» o «au­to­go­bierno» se está crean­do un dis­cur­so, tam­bién des­de la su­pues­ta iz­quier­da ra­di­cal, que fa­vo­re­ce la per­pe­tua­ción de las es­truc­tu­ras he­teróno­mas (1) y si­gue pro­mo­vien­do la in­mo­vi­li­dad y la de­le­ga­ción del po­der a la cas­ta política go­ber­nan­te y a las es­truc­tu­ras oligárqui­cas de la «Ad­mi­nis­tra­ción públi­ca». Cree­mos que es im­por­tan­te que que­de cla­ro que cons­truir un Es­ta­do pro­pio no es lle­gar al au­to­go­bierno, y que con­tes­tar un re­feréndum re­dac­ta­do y pro­mo­vi­do por las éli­tes no es ejer­cer nues­tro de­re­cho a la au­to­de­ter­mi­na­ción.

Des­de este tex­to in­ten­ta­re­mos in­da­gar en aque­llo que podría im­pli­car la crea­ción de un Es­ta­do pro­pio para de­ba­tir y ave­ri­guar des­de la base cuál o cuáles es­tra­te­gias que­re­mos se­guir a la hora de cons­truir una so­cie­dad ver­da­de­ra­men­te de­mocrática –de ver­da­de­ro au­to­go­bierno- y ejer­cer con­se­cuen­te­men­te nues­tro de­re­cho de au­to­de­ter­mi­na­ción como pue­blo.

Relación entre Estado y capitalismo

¿Cuál es la razón de ser de la fi­gu­ra del Es­ta­do? Como ya hi­ci­mos re­fe­ren­cia en el «Ma­ni­fies­to No-Si», «el Es­ta­do-nación es un apa­ra­to de do­mi­na­ción y de coer­ción pro­fe­sio­nal que se ins­tauró so­ca­van­do y des­man­te­lan­do las ins­ti­tu­cio­nes real­men­te de­mocráti­cas de la so­cie­dad po­pu­lar tra­di­cio­nal, como el Con­se­jo Abier­to y el Co­mu­nal en la Penínsu­la Ibérica. (…) No hay un solo Es­ta­do en el mun­do que no esté man­cha­do de san­gre, lleno de in­jus­ti­cia, eri­gi­do en base al engaño y a la ex­plo­ta­ción de los se­res hu­ma­nos y la na­tu­ra­le­za».

«Un sis­te­ma de Es­ta­do con eco­nomía de mer­ca­do ca­pi­ta­lis­ta es siem­pre an­titético a la ver­da­de­ra in­de­pen­den­cia: un Es­ta­do su­po­ne, por de­fi­ni­ción, la im­po­si­ción de de­ci­sio­nes al con­jun­to de la po­bla­ción por par­te de una élite política que con­cen­tra la po­tes­tad de man­dar a través de un con­glo­me­ra­do de ins­tan­cias bu­rocráti­cas y oligárqui­cas; una eco­nomía de mer­ca­do su­po­ne, por de­fi­ni­ción, que las de­ci­sio­nes económi­cas fun­da­men­ta­les que­dan en ma­nos de las dinámi­cas de la com­pe­ten­cia mer­can­til y de cada una de las en­ti­da­des em­pre­sa­ria­les pri­va­das. No hay ningún es­ta­do en el mun­do que apli­que ver­da­de­ra­men­te el prin­ci­pio de au­to­de­ter­mi­na­ción i de sub­si­dia­rie­dad, sen­ci­lla­men­te, por­que la des­cen­tra­li­za­ción y la au­to­nomía son an­titéti­cas a la na­tu­ra­le­za del ente es­ta­tal.»(2) Esto im­pli­ca que la lu­cha con­tra el ca­pi­ta­lis­mo y por la au­to­de­ter­mi­na­ción tie­ne que ser siem­pre y en cual­quier caso una lu­cha con­tra el Es­ta­do.

Los Es­ta­dos al­re­de­dor del mun­do bus­can con­ver­tir­se en po­ten­cias económi­cas com­pe­ti­ti­vas den­tro del mer­ca­do in­ter­na­cio­nal. Como sa­be­mos, una de las prin­ci­pa­les ra­zo­nes económi­cas por las cua­les hay tan­tos de­fen­so­res de la crea­ción de un Es­ta­do ca­talán es pre­ci­sa­men­te la alta con­si­de­ra­ción que se tie­ne ha­cia el con­glo­me­ra­do in­dus­trial y em­pre­sa­rial de es­tos la­res, y la atri­bu­ción de su me­nor com­pe­ti­ti­vi­dad a la pre­sión que des­de el Es­ta­do español se hace a es­tas es­truc­tu­ras. Ve­mos en­ton­ces, que el sueño de la ri­que­za y del con­se­cuen­te sub­si­dio es­ta­tal a la so­cie­dad va de la mano del ima­gi­na­rio ca­pi­ta­lis­ta, de la ne­ce­si­dad de cre­ci­mien­to económica y com­pe­ti­ti­vi­dad con el res­to de re­gio­nes del mun­do. Es pa­radójico como el dis­cur­so crea­do con­tra la po­ten­cia im­pe­ria­lis­ta es­ce­ni­fi­ca­da por el Es­ta­do español, aca­ba con­vir­tiéndo­se en un dis­cur­so pro­pio de una po­ten­cia im­pe­ria­lis­ta que re­que­rirá para con­se­guir los fi­nes a los que as­pi­ra de la su­mi­sión de otros pue­blos del mun­do y del es­po­lio de sus re­cur­sos.

Des­de la iz­quier­da in­de­pen­den­tis­ta, in­clu­so de la que se au­to­de­no­mi­na «an­ti­ca­pi­ta­lis­ta» o «so­cia­lis­ta», no han sur­gi­do vo­ces que pro­po­nen un mo­de­lo de es­truc­tu­ra so­cial que vaya más allá de la na­cio­na­li­za­ción de los sec­to­res bási­cos, sin cues­tio­nar­se el fun­cio­na­mien­to ca­pi­ta­lis­ta de sec­to­res como la sa­ni­dad con­ven­cio­nal, la pro­pie­dad pri­va­da o es­ta­tal de los re­cur­sos, el tra­ba­jo asa­la­ria­do o el cre­ci­mien­to económico ne­ce­sa­rio para el man­te­ni­mien­to de un co­rrec­to fun­cio­na­mien­to del mer­ca­do. Es de­cir, sin cues­tio­nar­se en ningún mo­men­to las pa­tas bási­cas del sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta (3), y sin en­trar, la ma­yoría de ve­ces, a de­fi­nir ni si­quie­ra míni­ma­men­te qué se en­tien­de por in­de­pen­den­cia (4). La fal­ta de este análi­sis en pro­fun­di­dad so­bre cómo se tendría que diseñar un Es­ta­do o la or­ga­ni­za­ción de una so­cie­dad para no aca­bar re­pro­du­cien­do las mis­mas dinámi­cas des­truc­to­ras e im­pe­ria­lis­tas con­tra las que lu­cha­mos nos hace pen­sar que es­tos sec­to­res de la iz­quier­da no tie­nen cla­ra la apues­ta por un pro­yec­to real­men­te eman­ci­pa­dor.

Así mis­mo, como ya he­mos vis­to en el de­ba­te so­bre re­for­mis­mo, los dis­cur­sos de la iz­quier­da «ra­di­cal» y de la so­cial­de­mo­cra­cia por los cua­les se de­fien­de el re­torno a un Es­ta­do de bie­nes­tar como el an­te­rior a la cri­sis su­po­nen caer en retórica utópica y a-histórica, ya que el fun­cio­na­mien­to de un Es­ta­do don­de pre­val­ga el asis­ten­cia­lis­mo so­cial iría en con­tra de las dinámi­cas de mer­ca­do in­ter­na­cio­na­li­za­do y a la lar­ga es­taría abo­ga­do al fra­ca­so (5).

El papel del Estado como «garante de la cultura»

Uno de los ar­gu­men­tos prin­ci­pa­les que se es­gri­me en la de­fen­sa de la crea­ción de un Es­ta­do ca­talán es la ne­ce­si­dad de pro­te­ger la cul­tu­ra y len­gua ca­ta­la­na con­tra los ata­ques del im­pe­ria­lis­mo español. Este ar­gu­men­to nos ge­ne­ra mu­chas du­das ya que se pro­po­ne la crea­ción de un Es­ta­do como so­lu­ción; en el caso de la len­gua, no hace fal­ta ir más allá de la Penínsu­la Ibérica para ver ejem­plos de aque­llo que im­pli­ca «ofi­cia­li­zar» o «nor­ma­ti­vi­zar» una len­gua por par­te del Es­ta­do –que mu­chas ve­ces se tra­ta de im­po­ner como ofi­cial el dia­lec­to he­gemónico o de ha­cer una mez­cla ar­ti­fi­cial de dia­lec­tos que no tie­ne con­tra­par­ti­da oral en la so­cie­dad- en per­jui­cio de los otros dia­lec­tos que serán con­si­de­ra­dos subor­di­na­dos o de­ri­va­dos del ofi­cial (6). Esto da lu­gar a una je­rar­qui­za­ción y cen­tra­li­za­ción cul­tu­ral im­pues­ta de for­ma he­terónoma por el ente es­ta­tal. Pero, ¿cuál es la razón de ser de esta es­tra­ta­ge­ma es­ta­tal?

«La pre­ten­sión de que el he­cho na­cio­nal pue­da de­li­mi­tar­se con fron­te­ras es una en­te­le­quia que com­por­ta siem­pre un for­za­mien­to de la reali­dad, mien­tras que la ideo­logía según la cual las es­truc­tu­ras políti­cas han de coin­ci­dir con esas fron­te­ras, es de­cir, la ideo­logía na­cio­na­lis­ta, es una fuen­te inago­ta­ble de in­con­gruen­cias y pro­ble­mas»(7). El pro­yec­to de los Es­ta­dos-na­cio­nes pre­ten­de dis­cre­ti­zar aque­llo que es con­ti­nuo, como si qui­siése­mos pin­tar a cla­pas de co­lo­res un mapa, cuan­do en reali­dad los co­lo­res pa­san pro­gre­si­va­men­te de uno a otro. Esta sim­pli­fi­ca­ción de la reali­dad y la con­se­cuen­te pérdi­da de di­ver­si­dad no co­rres­pon­de a los in­tere­ses de la hu­ma­ni­dad; sólo en­cuen­tra ex­pli­ca­ción como con­se­cuen­cia de los di­ver­sos pro­yec­tos de Es­ta­do-nación, que a su vez es­con­den los in­tere­ses de unas éli­tes de­ter­mi­na­das y to­davía más al fon­do las dinámi­cas de un sis­te­ma de or­ga­ni­za­ción so­cial per­ni­cio­so (8).

El Es­ta­do se con­vier­te en la ma­te­ria­li­za­ción de la co­mu­ni­dad ima­gi­na­ria que su­po­ne la nación, or­ga­ni­za­da y fo­men­ta­da de tal ma­ne­ra para que coin­ci­da con el te­rri­to­rio que se quie­re de­li­mi­tar y do­mi­nar para una me­jor ges­tión de la es­truc­tu­ra es­ta­tal. «El sis­te­ma edu­ca­ti­vo y mediático es­ti­rará y ejer­ci­tará, des­de la in­fan­cia, a cada uno en este uni­ver­sa­lis­mo frac­tal y na­cio­na­lis­ta. Cada in­di­vi­duo pen­sará en los térmi­nos de los ob­je­tos so­cia­les del po­der y se iden­ti­fi­cará so­bre ellos has­ta el pa­ro­xis­mo. La razón de Es­ta­do, razón al fin del Es­ta­do na­cio­nal, podrá en­ton­ces con­fun­dir­se con la razón de­mocrática y sólo ella será so­cial­men­te ra­zo­na­ble»(9).

Echa­mos de me­nos, en cam­bio, des­de mu­chas vo­ces de la iz­quier­da in­de­pen­den­tis­ta y de la iz­quier­da en ge­ne­ral, una de­nun­cia explícita al im­pe­ria­lis­mo que más mal ha he­cho y hace a la cul­tu­ra po­pu­lar de nues­tras tie­rras: el mo­de­lo de vida con­ver­ti­do en he­gemónico ba­sa­do en el con­su­mis­mo, el tra­ba­jo asa­la­ria­do, la pérdi­da de los co­no­ci­mien­tos po­pu­la­res, la ato­mi­za­ción de las vi­das, la fa­mi­lia nu­clear, el ocio pa­si­vo, etc. El mo­de­lo de vida co­no­ci­do como «the ame­ri­can li­festy­le», de­fen­di­do y pro­te­gi­do cada vez más por prácti­ca­men­te to­dos los Es­ta­dos del mun­do ya que im­pli­ca una con­di­ción ne­ce­sa­ria para el buen fun­cio­na­mien­to de la eco­nomía de mer­ca­do en la que nos en­con­tra­mos im­bui­dos.

Ve­mos así, que la única de­fen­sa ver­da­de­ra y explícita de la cul­tu­ra po­pu­lar y de la len­gua pro­pia es la que da en el mar­co del pro­yec­to re­vo­lu­cio­na­rio, de la crea­ción de co­mu­ni­da­des li­bres y de­mocráti­cas, que va­yan en con­tra de la na­tu­ra­le­za uni­for­ma­do­ra y ani­qui­la­do­ra de la di­ver­si­dad que re­pre­sen­tan los Es­ta­dos.

La de­mo­cra­cia como ho­ri­zon­te

Ante las vi­ci­si­tu­des que se nos pre­sen­ta en el con­tex­to en el que vi­vi­mos, nos en­con­tra­mos con el reto histórico de de­di­car nues­tras fuer­zas a idear, cons­truir y «des­truir cons­tru­yen­do» (10) una so­cie­dad ver­da­de­ra­men­te de­mocrática don­de po­da­mos aca­bar con los ma­les que azo­tan al mun­do, como las de­sigual­da­des, la do­mi­na­ción, la po­bre­za y la vio­len­cia, e ir ci­men­tan­do las ba­ses para or­ga­ni­zar­nos de acuer­do con los va­lo­res que que­re­mos como ejes trans­ver­sa­les de nues­tras re­la­cio­nes y de nues­tras vi­das, como la igual­dad, la au­to­nomía, la paz y la li­ber­tad.

Es esta con­cu­rren­cia de in­ten­cio­nes la que nos tie­ne que ha­cer unir fuer­zas en­tre to­das las per­so­nas que es­ta­mos lu­chan­do por la con­se­cu­ción de es­tos ob­je­ti­vos. Por esto un análi­sis en pro­fun­di­dad de las di­fe­ren­tes es­tra­te­gias que se plan­tean des­de los mo­vi­mien­tos que quie­ren trans­for­mar la so­cie­dad es pri­mor­dial en los mo­men­tos que es­ta­mos atra­ve­san­do en Ca­ta­luña.

Aten­dien­do a la his­to­ria, ve­mos que to­das las es­tra­te­gias re­for­mis­tas-so­cial­demócra­tas, in­clui­das las que han im­pli­ca­do la crea­ción de nue­vos Es­ta­dos, siem­pre han es­ta­do ba­sa­das en es­truc­tu­ras y dinámi­cas he­teróno­mas. Además, la crea­ción de un nue­vo Es­ta­do com­por­ta el pe­li­gro de que se vuel­van a le­gi­ti­mar –como ya está su­ce­dien­do a raíz de ini­cia­ti­vas como el Pro­ce­so Cons­ti­tu­yen­te (11) o el re­feréndum por la in­de­pen­den­cia- las es­truc­tu­ras de con­cen­tra­ción de po­der. Este sería un fenómeno pa­re­ci­do al que se pro­du­jo du­ran­te la «Tran­si­ción» española. Al pa­sar del régi­men dic­ta­to­rial fran­quis­ta a un régi­men de «de­mo­cra­cia» re­pre­sen­ta­ti­va, el Es­ta­do ganó au­to­ri­dad y pudo man­te­ner prácti­ca­men­te in­tac­tas to­das las es­truc­tu­ras le­ga­les de es­po­lio del pue­blo. Los mo­vi­mien­tos so­cia­les se re­la­ja­ron y con­fia­ron en el apa­ra­to político para so­lu­cio­nar los pro­ble­mas, de ma­ne­ra que el Es­ta­do pudo re­du­cir su ni­vel de re­pre­sión, lle­gan­do a co­tas cada vez más per­fec­cio­na­das y su­ti­les en los méto­dos de do­mi­na­ción y ejer­ci­cio del po­der.

Así mis­mo, se re­pi­te de for­ma dogmática que un Es­ta­do más pe­queño es por de­fi­ni­ción un Es­ta­do más de­mocrático y más ac­ce­si­ble a la so­cie­dad. Sa­be­mos que la fi­gu­ra es­ta­tal, sea cual sea su tamaño, es intrínse­ca­men­te an­ti­de­mocrática des­de el mo­men­to en que hay un sec­tor de la po­bla­ción que os­ten­ta el po­der y un sec­tor de la po­bla­ción el po­der del cual se li­mi­ta a un voto cada cua­tro años para es­co­ger quiénes serán sus «re­pre­sen­tan­tes». Res­pec­to a la ac­ce­si­bi­li­dad, no se pue­de de­mos­trar que esta afir­ma­ción cons­ti­tu­ya una con­di­ción ne­ce­sa­ria para lle­gar a una ver­da­de­ra de­mo­cra­cia, aún más cuan­do se rea­li­za sin acom­pañarse de ningún otro ar­gu­men­to – ¿es un Es­ta­do de 8.000.000 ha­bi­tan­tes su­fi­cien­te­men­te pe­queño para ha­cer­lo sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te más ac­ce­si­ble? ¿Cómo podríamos in­fluir real­men­te en las de­ci­sio­nes del Es­ta­do si este está so­me­ti­do a mu­chos otros fac­to­res que im­po­si­bi­li­tan que las políti­cas so­cia­les sean fac­ti­bles? Etc.

Sa­bien­do todo esto, ¿cuál es la es­tra­te­gia que con­si­de­re­mos más im­por­tan­te a de­fen­der? Aque­lla que su­pon­ga una sub­ver­sión de to­das las es­truc­tu­ras an­ti­de­mocráti­cas del sis­te­ma y que for­man par­te de las cau­sas últi­mas de la cri­sis mul­ti­di­men­sio­nal que es­ta­mos su­frien­do: el Es­ta­do, la pro­pie­dad pri­va­da de los re­cur­sos, el tra­ba­jo asa­la­ria­do, el cre­ci­mien­to económico, la ato­mi­za­ción de las per­so­nas y los va­lo­res que acom­pañan, como el egoísmo, la com­pe­ti­ti­vi­dad, el odio, el nihi­lis­mo o la apatía ge­ne­ra­li­za­da. Por esto, abo­ga­mos por una re­vo­lu­ción in­te­gral, que, como bien se ha de­fi­ni­do con­sis­te en un «pro­ce­so de sig­ni­fi­ca­ción histórica para la cons­truc­ción de una nue­va so­cie­dad au­to­ges­tio­na­ria, ba­sa­da en la au­to­nomía y la abo­li­ción de las for­mas de do­mi­na­ción vi­gen­tes (…). Im­pli­ca una acción cons­cien­te, per­so­nal y co­lec­ti­va, para la me­jo­ra y la re­cu­pe­ra­ción de las cua­li­da­des y los va­lo­res que nos ca­pa­ci­ten para una vida en común. Al mis­mo tiem­po, im­pli­ca la cons­truc­ción de nue­vas for­mas y es­truc­tu­ras or­ga­ni­za­ti­vas en to­dos los ámbi­tos de la vida que ga­ran­ti­cen igual­dad de de­ci­sión y equi­dad en la co­ber­tu­ra de las ne­ce­si­da­des vi­ta­les»(12).

Este ca­mino ha­cia la re­vo­lu­ción lo me­di­mos en gra­dos de au­to­nomía a la hora de de­fi­nir nues­tra es­tra­te­gia: aque­llos mo­vi­mien­tos o ac­cio­nes que nos acer­quen más ha­cia una vida autónoma y ha­cia una men­ta­li­dad autónoma serán los pa­sos que nos es­tarán acer­can­do más a una re­vo­lu­ción in­te­gral. En cam­bio, los pa­sos que nos so­me­tan más a es­truc­tu­ras he­teróno­mas o que le­gi­ti­men más es­tas es­truc­tu­ras, serán pa­sos que nos ale­jarán de la re­vo­lu­ción. Las lu­chas tácti­cas y pun­tua­les para evi­tar que el Es­ta­do y el sis­te­ma nos res­trin­jan cada vez más los de­re­chos y nos de­jen cada vez más desam­pa­ra­dos las ha­re­mos siem­pre des­de una pers­pec­ti­va re­vo­lu­cio­na­ria, im­pug­nan­do la na­tu­ra­le­za no de­mocrática de es­tas ins­ti­tu­cio­nes y de­fen­dien­do la ne­ce­si­dad de crear nue­vas que sean au­to­ges­tio­na­das y ver­da­de­ra­men­te de­mocráti­cas (13).

No obs­tan­te todo lo ex­pues­to an­te­rior­men­te, mu­chos de­fen­so­res de la crea­ción de un Es­ta­do pro­pio nos re­cuer­dan la im­por­tan­cia de dar peso a las ne­ce­si­da­des bási­cas de la so­cie­dad. Por esto hace fal­ta una es­tra­te­gia re­vo­lu­cio­na­ria que se base en gran me­di­da en la prácti­ca au­to­ges­tio­na­ria, sa­can­do re­cur­sos del sis­te­ma para de­di­car­los a la re­vo­lu­ción. Esto se ma­te­ria­li­za en for­ma de di­ne­ro in­ver­ti­do en pro­yec­tos re­vo­lu­cio­na­rios, co­lec­ti­vi­za­cio­nes de tie­rras, au­to­ges­tión de los re­cur­sos na­tu­ra­les, crea­ción de es­cue­las au­to­ges­tio­na­das y de me­dios de co­mu­ni­ca­ción autóno­mos, li­be­ra­ción del tra­ba­jo asa­la­ria­do para de­di­car el tiem­po a prácti­cas re­vo­lu­cio­na­rias, etc. Si cons­trui­mos nues­tras pro­pias es­cue­las no he­mos de su­frir por la im­po­si­ción del cas­te­llano en las au­las es­ta­ta­les. Si crea­mos un es­pa­cio de co­mu­ni­ca­ción po­pu­lar no nos afec­tan los cie­rres de las emi­so­ras que emi­ten en ca­talán. Si cons­trui­mos re­des de apo­yo mu­tuo, y nos or­ga­ni­za­mos para te­ner abas­to a los ali­men­tos, a la vi­vien­da y a otros ser­vi­cios bási­cos, no ne­ce­si­ta­mos un Es­ta­do que nos pro­por­cio­ne es­tos ser­vi­cios ni te­ne­mos que in­dig­nar­nos por la in­jus­ti­cia de unos im­pues­tos que no pa­ga­mos. En el caso de que nos en­con­tre­mos in­mer­sos en lu­chas den­tro de las ins­ti­tu­cio­nes del sis­te­ma es­ta­ble­ci­do –es­cue­las «públi­cas», sa­ni­dad «públi­ca», trans­por­te «públi­co», etc- in­ten­ta­re­mos siem­pre con­du­cir­las ha­cia el máximo de au­to­ges­tión y auto-or­ga­ni­za­ción y co­nec­tar­las con la trans­for­ma­ción ne­ce­sa­ria de la glo­ba­li­dad de la so­cie­dad.

Sa­be­mos que el ca­mino es lar­go y ar­duo y las energías son li­mi­ta­das; por esto apos­ta­mos por una es­tra­te­gia que nos acer­que tan­to como sea po­si­ble a la au­to­nomía en to­dos los ámbi­tos de nues­tras vi­das, mi­ni­mi­zan­do aque­llas ac­cio­nes que pue­dan po­ner­se en con­tra de nues­tros ob­je­ti­vos y ma­xi­mi­zan­do el diálogo en­tre to­das las vo­ces que par­ti­ci­pa­mos en este es­ce­na­rio para au­nar las fuer­zas y cons­truir so­bre la base del apo­yo mu­tuo, el es­fuer­zo, la con­vi­ven­cia y la de­mo­cra­cia.

(1)Del grie­go «he­te­ro» otro, y «no­mos» ley. Que la ley sea im­pues­ta por al­gu­na otra per­so­na que no sea uno mis­mo. ↑

(2)Grup de Re­fle­xió per a l’Au­to­no­mia: «Manifest pel No-Si». ↑

(3)Para in­da­gar más so­bre la re­la­ción en­tre ca­pi­ta­lis­mo y Es­ta­do, ver Ro­dri­go Mora, Félix: «Es­tu­dio del Es­ta­do», y Fo­to­po­ulos, Ta­kis: «Crisis multidimensional y Democracia Inclusiva». ↑

(4)Un ejem­plo de esto sería la cam­paña «Independència per canviar-ho tot», don­de no se hace en ningún mo­men­to re­fe­ren­cia explícita a qué im­pli­caría esta in­de­pen­den­cia, y las po­cas re­fe­ren­cias que se ha­cen (so­be­ranía económica, na­cio­na­li­za­ción sec­to­res es­tratégi­cos, bue­nas con­di­cio­nes de tra­ba­jo, etc.) si­guen la línea re­for­mis­ta de no cues­tio­nar­se en pro­fun­di­dad las pa­tas del sis­te­ma es­ta­tal ca­pi­ta­lis­ta. ↑

(5)Para más in­for­ma­ción so­bre este tema, leer el tex­to so­bre el de­ba­te del re­for­mis­mo. «Un caso ilus­tra­ti­vo de esto es el pro­yec­to de Uni­dad Po­pu­lar de Chi­le (1970-1973), don­de unas re­for­mas de­ma­sia­do am­bi­cio­sas lle­va­ron al país a una si­tua­ción de ex­tra­or­di­na­ria ines­ta­bi­li­dad económica (…)». ↑

(6)Un ejem­plo sería el eus­ke­ra ba­tua en el País Vas­co, len­gua ar­ti­fi­cial ofi­cia­li­za­da crea­da me­dian­te los dia­lec­tos cen­tra­les del eus­ke­ra que pro­vocó mu­cho re­cha­zo por for­zar des­de las ins­ti­tu­cio­nes «públi­cas» el apren­di­za­je de una len­gua sin uso oral en de­tri­men­to del res­to de dia­lec­tos con­cu­rren­tes en cada región, he­cho que ha ten­di­do a uni­for­mar la gran ri­que­za lingüísti­ca pro­pia del País Vas­co. Otro ejem­plo a ni­vel del Es­ta­do español son las ex­pre­sio­nes co­no­ci­das como «vul­ga­ris­mos» de la len­gua cas­te­lla­na, añadien­do una con­no­ta­ción de pa­la­bra «mal di­cha» a ex­pre­sio­nes pro­pias de mu­chas re­gio­nes de la pe­ri­fe­ria pe­nin­su­lar. Des­de los de­no­mi­na­dos «Países Ca­ta­la­nes» ve­mos una ten­den­cia a la mis­ma es­tra­te­gia je­rar­qui­za­do­ra, es­ta­ble­cien­do como ofi­cial el ca­talán cen­tral de la pro­vin­cia de Bar­ce­lo­na, y to­das las demás va­ria­cio­nes y dia­lec­tos, como el va­len­ciano, el ma­llor­quín o el ga­rro­txí, como de­ri­va­dos de este. ↑

(7)Grup de Re­fle­xió per a l’Au­to­no­mia: «Manifest pel No-Si». ↑

(8)La razón de ser del es­pe­ran­to y su re­la­ción con la tra­di­ción anar­quis­ta es muy sig­ni­fi­ca­ti­va para en­ten­der la re­la­ción que hay en­tre las len­guas y los Es­ta­dos. El es­pe­ran­to se con­si­de­ra una len­gua neu­tra que no fo­men­ta ningún im­pe­ria­lis­mo lingüísti­ca de una nación so­bre otra. En con­tra­po­si­ción nos en­con­tra­mos con que la len­gua vehi­cu­lar a ni­vel in­ter­na­cio­nal ac­tual­men­te es el inglés, len­gua del im­pe­rio an­glo­ame­ri­cano. ↑

(9)Dké, Antón: «La diferencia entre pueblo y nación». ↑

(10)Tsiou­mas, Aris: «Anarquismo social, una corriente de futuro». ↑

(11)Dal­mau, Blai: «Procés Constituent o Revolució Integral?»↑
http://integrarevolucio.net/ca/revoluci … -integral/

(12)Para más in­for­ma­ción so­bre este tema, leer el tex­to so­bre el de­ba­te del Es­ta­do de bie­nes­tar. ↑

1 41 42 43 44 45 64