La Universidad Autónoma de Madrid se pregunta: ¿Monarquía? No, gracias…

Algo se está cocinando lentamente en el Estado español desde los barrios y universidades, huele  sutilmente a Borbones chamuscados; un movimiento popular sin precedentes está tomando forma y cuerpo para derrocar al principal pilar del régimen: la institución monárquica. Sin querer menospreciar al trabajo que históricamente se viene haciendo por mantener viva una crítica a la monarquía borbónica, y enraizada en la lucha antifascista y la memoria colectiva del movimiento obrero; la actual coyuntura tiene su punto de partida el 23 de junio de 2018. En los albores del verano tuvo lugar un referéndum por la plataforma ‘Vallekas Decide’, donde más de doscientos voluntarios sacaron treinta y tres urnas a las calles en un referéndum sobre la monarquía y el derecho a decidir.

Durante los dos últimos meses se ha estado gestando un referéndum sobre la monarquía en la Universidad Autónoma de Madrid a través de una asamblea abierta de estudiantes, es el primer centro universitario que lleva a cabo esta iniciativa, a la cual le seguirán otras veinticinco universidades de todo el Estado español durante el mes de diciembre. Aunque la atención mediática se la está llevando el movimiento estudiantil, este próximo domingo 2 de diciembre tendrá lugar una consulta popular sobre la monarquía en doce distritos de Madrid capital, siete municipios madrileños, y dos municipios más fuera del territorio: Miranda de Ebro (Burgos) y Talavera de la Reina (Toledo).

El éxito de participación el jueves 29 de noviembre en el referéndum en la UAM ha sido total, se contabilizaron 7.303 votos, de los cuales 6.111 votos fueron favorables de abolir la monarquía, y 6.038 votos a favor de la apertura de procesos constituyentes; 43 votos en blanco y 51 votos nulos. Fueron un total de ocho mesas con urnas, una por cada facultad, que estuvieron abiertas desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde ininterrumpidamente, además de dos urnas móviles en el campus de Cantoblanco. Debido a que el rectorado no facilitó un censo oficial, y cumpliendo la Ley de protección de datos, la comunidad universitaria ha votado bajo la honestidad propia de los movimientos populares y haciendo una marca simbólica en la mano para que no se pudiera votar más de dos veces. Muchas estudiantes opinaban que esto no suponía un problema porque no es un referéndum vinculante, pero que legítimamente estaban realizando un ejercicio de acción directa, toma de decisión y autonomía; es decir, un acto político con valor en sí mismo por ser un movimiento organizado desde la base. El 83% ha votado por la abolición de la monarquía, pero los datos no solamente se quedan en ese aporte cuantitativo absoluto, sino que además, comparando con las elecciones a rector del 2017, que acudieron a las urnas 3.727 personas en total, esta consulta ha doblado casi la participación de unos órganos oficiales. Además, si bien en la universidad hay en torno a 30 mil personas matriculadas, y se estima que a lo largo de un día normal son 15 mil las personas de la comunidad universitaria que acuden al campus, esto significa que la mitad de las personas que acudieron hoy a la Universidad Autónoma de Madrid han participado de la consulta.

El objetivo sin duda de dar protagonismo a un sentimiento cada vez más amplio, generalizado y profundo de rechazo a la monarquía, se ha conseguido con creces. El movimiento estudiantil por primera vez en mucho tiempo no se ha organizado tan solo contra algún elemento coyuntural como bien pudiera ser una ley educativa o una subida de tasas universitarias (realidades materiales que también afectan duramente al estudiantado), sino que ahora están actuando contra la espina dorsal del régimen, es decir, su monarquía y su Constitución de 1978, que en pocos días será su aniversario, y que más que nunca recuerda la herencia franquista. Este movimiento está acaparando la acción política en las universidades, en los barrios y quién sabe dónde más podrá extenderse próximamente. Se está construyendo una red amplia, sólida e imparable que está tomando un camino propio, y además, ligada a todas y cada una de las reinvidicaciones del pueblo trabajador, tanto laborales, como sociales, culturales…

Ya fuera por los pasillos de las facultades, en los trenes de la renfe o en los despachos de trabajo del personal docente y administrativo, hoy no se hablaba de otra cosa. Son bien curiosas algunas de las conversaciones o comentarios que podían escucharse, y que también dice mucho de nuestras resistencias políticas e inacción, los pedestales y dogmas que nos sostienen muchas veces, y la falta de análisis global sobre el potencial libertario que pueda tener un movimiento popular.

‘―Pues yo la verdad que como anarquista no quiero ninguna forma autoritaria de Estado, ni republicano,  ni monárquico.― Anda, claro, ni yo tampoco quiero cambiar uno por otro ni que los nuevos dirigentes digan representar a la clase obrera, pero el objetivo primero es echar abajo la monarquía.―’

‘―Yo la verdad que no participo porque detrás hay partidos políticos marxistas, y no me fío ni un pelo.― Ya, y qué importará dónde se posicionen quienes participen activamente en la iniciativa desde el comienzo, si esto es un movimiento que trasciende las siglas y las rencillas que poco preocupan a las trabajadoras en su día a día.―’

―Yo no creo que vaya a servir de nada votar o no votar, si total todo seguirá igual mañana mismo tras la consulta.― Bueno, no tendrá base legal de acuerdo a sus reglas de juego, pero es un acto político directo y legítimo, igual que pudiera serlo una manifestación por las calles, se trata de practicar un empoderamiento colectivo y la toma de decisiones en nuestra vida.―

A pesar del desinterés que podamos achacarle a los movimientos universitarios actualmente, y aunque en las facultades podamos comprobar que haya estudiantes que reproducen una ideología sumamente conservadora, más que antes cuando los hijos e hijas de la clase media llegaban rechazando esa ideología de comodidad de sus progenitores; hoy, la comunidad universitaria ha reclamado que pueden organizarse y que pueden marcar un camino con profundas raíces antimonárquicas. Si bien otras estudiantes de otras universidades de Madrid han acudido como voluntarias a echar una mano en el referéndum de la Autónoma, las próximas semanas ellos y ellas recibirán el apoyo de muchas para que este movimiento popular continue creciendo. No ha habido contratiempos en las urnas, tampoco percances reseñables, en general se ha desarrollado en un ambiente tranquilo y animado el referéndum; es la institución monárquica la que parece tener un tiempo marcado a contrarreloj, y muchas de nosotras no estamos dispuestas a perdérnoslo.

Díselo con contenedores

Qué extraña imagen: Pedro Sánchez quemando contenedores, Rajoy prendiendo fuego a papeleras, la élite política entregada en pleno al vandalismo. Suena imposible, el vandalismo es cosa de gente desharrapada: chavales aburridos y/o hooligans políticos, ¿no? Después de según qué huelgas o manifestaciones, oímos hablar de destrozos, ¿cuánto cuestan? He intentado averiguar cuánto cuesta un contenedor de basura nuevo y veo una gama de precios que oscila muchísimo (entre 200 y algo más de 1.000 €) en función de la marca, el modelo y, cabe suponer, el volumen de los pedidos, el transporte y -quién sabe- quizá prefiramos comprárselos a algún amigo o familiar que casualmente se dedique a ese ramo. Suspicacias aparte, el resultado es interesantísimo.

Por ejemplo, el regalo que le hizo el Estado al BBVA al venderle Catalunya Caixa-Catalunya Banc (fusión de Caixa Catalunya, Caixa Manresa y Caixa Terrassa), por ejemplo, que ascendió a 11.400 millones de euros -es la diferencia entre el precio que se les pidió y el precio de mercado- son casi doce millones de contenedores-de-los-caros quemados, más de 50 millones de los más baratos. Los 15.000 millones de euros que los vándalos de la Comisión Europea reclamaban que nos recortaran a corto plazo cuestan, pues, al menos quince millones de contenedores quemados, hasta 75. Podríamos seguir con los recortes en sanidad, que en el periodo 2009-2016 fueron de 33.167 millones de euros, serían de al menos 33 millones de contenedores -insistimos, hasta 165 millones de ellos- o el esperpento de los submarinos S-80 del ejército español. La diferencia entre el coste previsto y el que finalmente han tenido los bochornosos submarinos -no se hicieron de forma que se pudiera garantizar que volvieran a la superficie- estaría entre 1.771.000 y 8.500.000 contenedores quemados de sobrecostes. Las obras en el muelle de Cartagena para que entren los dichosos submarinos, entre 16.000 y 80.000 contenedores.
La joya de la corona, por supuesto, es el rescate de Bankia, estimado en 147.800 millones de euros entre capital, avales y otros, así que nos está saliendo por entre 150 y más de 700 millones de contenedores (pero ¿hay tantos contenedores en toda la región española?).

Si buscamos el morbo, no será por cálculos: al sueldo de un juez español (unos 4.000 €/mes) le podemos descontar el de un pobre diablo (salario mínimo interprofesional = 655,20 €/mes), y la sobrealimentación de más de 5.000 jueces nos sale como quemar 16.000-80.000 contenedores al mes. La manida «equiparación» salarial de Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía con Mossos y Ertzaintza costará 366,7 millones de € (al año), que es como 350.000-1.833.333 contenedores. La elusión fiscal (fraude fiscal legal practicado por multinacionales), entre casi 5 y 25 millones de contenedores. Las subvenciones para que los sindicatos siguieran dando la patita y pasando por el aro de fuego en 2016 (10,33 millones), un poco más caras que la familia Borbón, nos salen a 10.000-50.000 contenedores churruscados  y las de los ayuntamientos a la tauromafia (20.116.278 € en 2013), 20.000-100.000 contenedores on fire.
Quien después de todo eso considere más preocupantes los disturbios que el vandalismo presupuestario tiene un problema de percepción aún mayor que el de echar cuentas.

[Manifiesto] El ridículo fascismo de Brasil / O fascismo caricato do Brasil

– Versión en castellano –

A pesar de que la carrera política de Jair Messias Bolsonaro, actual candidato a la Presidencia de la República de Brasil por el PSL (Partido Social Liberal), comenzara en 1989, su popularización se ha dado a raíz de sus impúdicas declaraciones criminales acerca de la necesidad de ‹‹asesinar a 30 mil personas›› para solucionar los problemas del Brasil, o su eterna defensa por la vuelta del régimen militar.

Por tres décadas nadie ha tomado en serio la política de Bolsonaro más allá de su vieja clientela extremista. La novedad ahora es que su falacia discursiva ha llegado al encuentro de aquellos que sufren una esquizofrenia política ilusoria y a los potenciales nazi-fascistas que de ese lado del océano ya caminaban de manera creciente.

Bolsonaro ha aparecido en un escenario político absolutamente convulsionado, cuyo principal quiebra sucedió en el año 2016 con un golpe jurídico-parlamentario en el que derrocó a la entonces presidenta Dilma Rousseff del gobierno, para convertirse en agente de la “nueva política” imperialista, rompiendo el pacto de conciliación de clases y abriendo una actuación aún más severa del capitalismo en el país.

Sus electores tradujeron el pasado dictatorial del país y la dolorosa memoria de las torturas y las muertes en sus sótanos en un sentimiento nostálgico, eclosionando fuertemente en nuevas manifestaciones políticas con consecuencias oscuras: la popularización del fascismo.

Aquellos que anteriormente pedían la vuelta del período sangriento del país promovieron el nombre de Bolsonaro, haciéndolo crecer en las encuestas sin a penas hacer campaña. Se convirtió en la personificación del proto-fascismo hace mucho tiempo enclaustrado, haciendo de él un “Führer” brasileño.

Para sus electores, lo más importante no es lo que dice, sino lo que representa. Bolsonaro representa la privatización de las empresas públicas, la pérdida de derechos sociales, la violencia patriarcal contra las mujeres, el racismo violento y la violencia contra el colectivo LGBT, los indígenas y todas las minorías sociales.

Tales violencias salieron del ideal abstracto y se materializaron en miles de víctimas de ese fascismo: Mujeres agredidas, travestis golpeadas, ataques esparcidos por el territorio brasileño y un brutal asesinato de un representante de la cultura negra, Mestre Moa del Katendê.

El resultado de las urnas del 28 de octubre no será relevante en cuento al estrago que ya está causando. La expresión popular del fascismo en las vías institucionales en la primera vuelta de esas elecciones nos ha probado que ese problema no se resolverá en esas mismas vías que lo ha ensalzado, y prolongar ese escenario no es una opción.

¡Seguimos en lucha contra el fascismo y contra la barbarie neoliberal!

 

– Versão em português –

Apesar da carreira política de Jair Messias Bolsonaro, candidato à Presidência da República pelo PSL, ter começado em 1989 a sua popularização se deu por suas despudoradas declarações criminosas como a necessidade de “matar 30 mil” para solucionar os problemas do Brasil e a sua eterna defesa pela volta do regime militar.

Por três décadas ninguém levou a sério a política de Bolsonaro, fora sua velha clientela radical. A novidade é sua falácia ter ido de encontro aos ouvidos daqueles que sofrem uma esquizofrenia política ilusória e os potenciais nazi-fascistas que desse lado do oceano já caminhavam para uma crescente.

Bolsonaro se apresenta em cenário político absolutamente convulsionado, cujo o principal corte foi dado no ano de 2016 em golpe jurídico-parlamentar no qual derrubou a então presidente Dilma Rousseff do governo, para se tornar agente da “nova política” imperialista quebrando o pacto de conciliação de classes para abrir caminho para uma atuação ainda mais severa do capitalismo no país.

Seus eleitores traduziram o passado ditatorial do país e a dolorosa memória das torturas e mortes em seus porões em um sentimento nostálgico, trazendo em uma eclosão de novas manifestações políticas com consequências obscuras: a popularização do fascismo!

Junto ao vácuo social deixado pela centro-esquerda, a frustração econômica e a falha no reconhecimento popular nas soluções políticas elitistas apresentadas pelo decenário político conciliatório petista, a dita nova direita transferiu seu discurso para o notório radicalismo anti-político tornando-se populista e atuando no hiato periférico abandonado pela esquerda.

Aqueles que anteriormente pediam a volta do período sangrento do país promoveram o nome de Bolsonaro, o fazendo crescer nas pesquisas sem ao menos fazer campanha. Tornou-se a personificação do proto-fascismo há muito enclausurado, o fazendo ser um “Führer” brasileiro.

Para seus eleitores, o mais importante não é o que diz, mas sim o que representa! Bolsonaro representa a privatização das estatais, o desmonte de direitos sociais, a violência patriarcal contra as mulheres, o racismo violento e escancarado, violência contra os LGBTs, indígenas e todas as minorias.

Tais violências saíram do ideal e se materializaram em milhares de vítimas desse fascismo: mulheres agredidas, travestis espancadas, suásticas espalhadas pelo território brasileiro e um brutal assassinado de um representante da cultura negra Meste Moa do Katendê.

O resultado das urnas do dia 28 de outubro não será relevante quanto ao estrago que já está dado. A expressão popular do fascismo por vias democráticas no primeiro turno dessas eleições nos provou que esse complexo não será resolvido desta forma e prolongar cenário não é uma opção.

Seguimos em luta contra o fascismo e contra a barbárie neoliberal!

 

Por la activista Pabs Risoflora

¿Qué es la contracultura?

Transcripción de la charla impartida en el pasado mes de septiembre por Marcelo Sandoval Vargas, profesor en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara (México)

 

Para forjar una afinidad con la temática que nos convoca voy a dar lectura a lo que prepare acudiendo al método que desarrolló Guy Debord: el desvío, que implica el arrastre hacia “la subversión de las conclusiones críticas pasadas que se ha fijado como verdades respetables”, todo ello con la intención de mejorar las ideas.

La única cita que haré explicita, porque es el eje articulador de este comentario corresponde a una persona que cayo combatiendo contra el fascismo y el stalinismo, contra la sinrazón y la mentira. este pensador que para Hannah Arendt era un “alquimista practicando el arte misterioso de transmutar los elementos fugitivos de lo
real en el oro brillante y duradero de la verdad”.

La cita dice:

Quienes dominan en cada caso son los herederos de todos aquellos que vencieron alguna vez. Por consiguiente, la empatía con el vencedor resulta en cada caso favorable para el dominador del momento […] Todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo. Y como ha sido siempre la costumbre, el botín de guerra es conducido también en el cortejo triunfal. El nombre que recibe habla de bienes culturales, los mismos que van a tomar en el materialista histórico un observador que toma distancia. Porque todos los bienes culturales que abarca su mirada, sin excepción tiene para él una procedencia en la que no puede pensar sin horror. Todos deben su existencia no sólo a la fatiga de los grandes genios que los crearon, sino también a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. No
hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así como éste no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de la transmisión a través del cual los unos lo heredan de los otros.

Walter Benjamin

Estamos parados sobre el horror. Estamos dentro del horror. Un horror que se nos presenta bajo la apariencia de cultura. Pero que en realidad sólo es para encubrir la barbarie. ¿Por qué he comenzado con uno de los últimos pensadores de la modernidad tardía que apostó siempre por la revolución, la memoria, la razón y la verdad? Porque quiero iniciar mi charla sobre la contracultura partiendo del documento de cultura que nos convoca, el museo regional, y que a propósito de su centenario nos ha convocado el Grupo Crítica y Memoria a una ejercicio de conmemoración y de rememoración, lo señalo de este modo porque hasta ahora hemos tenido imágenes y palabras que representan las dos perspectivas de análisis. Para Benjamin la conmemoración y la rememoración son dos modos antagónicos de pensar el pasado y de pensar la cultura. La conmemoración es la que forja una empatía con los vencedores de la historia, quienes producto de esa victoria se han apropiado del botín de guerra que llamamos bienes culturales y que se concentra en espacios como éste, como cualquier museo, galería de arte, universidad, biblioteca y
archivo histórico. Y así como hemos padecido conmemoraciones, también hay experiencias donde irrumpe el esfuerzo por rememorar, es decir, por cepillar la historia a contrapelo para tomar en el momento de la acción y la reflexión la barbarie, las luchas de los oprimidos de todos los tiempos, los proyectos frustrados.

En el museo regional están condensados dos momentos, a través de los cuales podemos ver la cultura; y la barbarie que le es inseparable. Al mismo tiempo que podemos ver atisbos de contracultura, de rebeldía y resistencia. El primer momento es la conquista y colonización de está región por parte de los europeos y el segundo instante es la revolución mexicana. Este documento de cultura, su proceso de creación y el aura que se alcanza a ver como imagen, nos recuerda todo los días el sufrimiento de los pueblos que significó la conquista y colonización. Este edificio fue hecho con el trabajo, la sangre, el sufrimiento y el dolor de cientos, quizá miles de indígenas a los que se les forzó a trabajar desde el momento en que unos cristianos, llegados de Europa dijeron, estas tierras son mías, ustedes de ahora en adelante son infieles, y deben desaparecer sus formas de organizar la vida, su cultura, sus costumbres y sus modos. Su vida, sus bosques, su agua, sus minerales, sus montañas, ya nos les pertenecen, ahora son propiedad del rey por mandato divino.

Desde ese momento nace la cultura en esta región, es decir, la cultura nace siempre de la separación, de la dominación. De la creación de una sociedad dividida en amos y esclavos, colonizadores y colonizados, fieles e infieles, poseedores y desposeídos. La cultura, en tanto velo, en tanto apariencia, nos hace olvidar que su origen es la
fragmentación de la sociedad mediante la imposición de una jerarquía, de un proceso de estratificación social. Y al mismo tiempo, en ese mismo momento las cosmovisiones de los indígenas se convierten en contracultura, en resistencia y rebeldía.

El otro momento, del que nos hablan estas paredes es la Revolución Mexicana. Este museo no se consolidó gracias a la revolución. Fue el resultado de la apropiación del botín del guerra por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias. Nunca debemos olvidar esto. Carranza, Obregón, Diéguez, Zuno… no son los representantes revolucionarios a los que debemos documentos de cultura como el museo regional. El museo regional es producto, en dos sentidos, de la derrota de la revolución, del triunfo de las fuerzas reaccionarias sobre los verdaderos rebeldes, zapatistas del Ejército
Libertador del Sur y los anarquistas magonistas, que dieron su vida por una revolución social universal. Por tanto, la labor de Iska Farías debemos entenderla de un modo totalmente contrario a como nos lo han repetido una y otra vez en las charlas que se han dado estos meses aquí. El arte y la cultura que se mantuvo vivo dentro de estas paredes no fue gracias al beneplácito de quienes se hicieron llamar revolucionarios. Una parte del arte y la cultura que se mantuvo vivo aquí fue el último reducto de libertad, rebeldía y crítica. Fueron las cenizas de un instante de peligro donde los oprimidos, los indígenas y campesinos, buscaron tomar el destino de sus vidas en sus manos, pero las fuerzas estatistas y capitalistas de México y Estados Unidos no lo permitieron, por tanto el espíritu de rebeldía sólo pudo mantenerse vivo, una vez más, en el arte y la contracultura.

Cuando se tiene todo en contra, la resistencia toma formas que para los poderosos les resulte imperceptible. Crean un lenguaje que se intraducible para los dominadores. Ese lenguaje, esas imágenes, esas creaciones, en algunas ocasiones toman la forma del arte y se convierten en verdaderas contraculturas. Y a veces esas contraculturas toman una expresión totalmente radical, es decir, apuestan por dejar atrás la separación entre el arte y la vida, para fusionarlas en una vida poética, en una vida apasionante. el arte se convierte en uno de los últimos reductos para la insubordinación y para hacer manifiestas las posibilidades de ruptura y de elucidación de otros modos de vida. Rompen el conformismo y la contemplación. Desajusta la normalidad. Tiene como punto de partida una crítica a la cultura instituida, es una ruptura con las formas dominantes de hacer arte; se posiciona contra todo aquello que se convierte en moda para venderse en el mercado capitalista. Es rechazo de los valores y tradiciones, como la familia, el trabajo, la Patria, la religión. Rechazo de la civilización occidental.

La negación de la cultura dominante, hace estallar y descubre la fantasmagoría de que “los presupuestos culturales admitidos son proposiciones hegemónicas acerca del modo en que se supone que funciona el mundo” (Marcus, 2011: 11). Por medio de la contracultura y del anti-arte, se rechazo a Dios y al Estado, al trabajo y al ocio, al hogar y a la familia, al sexo y al juego, al público y a uno mismo, durante un breve tiempo […] hizo posible experimentar todas estas cosas como si no se tratase de hechos naturales sino […] cosas que alguien ha hecho y que consecuentemente pueden ser alteradas, o incluso eliminadas (Marcus, 2011: 14).

Y entonces qué es la contracultura. Es un movimiento de negación. Es un rechazo general del mundo. Es nada, como decían los dadaístas, por eso mismo es la vida; pero no la nada de los nihilistas, sino el No de los rebeldes, de los Espartaco, los Zapata, de los Makhno, las Emma Goldman, las Luisa Michel, las Rosa Luxemburg, los Flores Magón…

La contracultura es reconocer que la barbarie es la misma civilización, por eso mismo, los surrealistas creían:

‘En la necesidad ineludible de una liberación total… queremos… proclamar nuestro distanciamiento absoluto… de las ideas que forman la base de la civilización europea, no muy lejana todavía, y de toda civilización basada en los insoportables principios de la necesidad y del deber… Por cierto que somos unos barbaros, puesto que una cierta forma de civilización nos da asco… No aceptamos las leyes de la Economía ni del Intercambio, no aceptamos la esclavitud del Trabajo, y en un ámbito más vasto todavía, declaramos la guerra a la Historia… Lo estereotipado de los gestos, los actos, las mentiras de Europa ha concluido el ciclo de la repugnancia […]. Ahora les toca a los mongoles acampar en nuestras plazas’

La revolución ante todo y siempre – La revolución surrealista.

Este grito contra el mundo instituido que nos ayuda a volver un poco más atrás, con la pregunta: qué es la cultura. Ésta surgió como un intento de restablecer la unidad perdida como consecuencia de la alineación social, consecuencia del momento en que surgieron la jerarquía y el patriarcado; de la destrucción de la sociedad orgánica. Bajo esta perspectiva es una ilusión, una ilusión como las propias representaciones religiosas, entendiendo las ilusiones como aquello que se encuentra en contradicción con la realidad, pero que al mismo tiempo contiene una contradicción: nos pone de frente a la historia, nos pone ante la posibilidad de bajar el velo para ver el mundo fragmentado, gracias a que nos hace preguntarnos por nuestro pasado, por tanto, por nuestro futuro. Y para caminar en ese sentido debemos romper con las miradas inmanentes y trascendentales, que a lo que único que contribuyen es a reificar la cultura, tenemos que dejar atrás las formas ingenuas de vivenciar nuestro mundo, para ser capaces de apreciar los contenidos. Se hace necesario renunciar a todas las ilusiones.

Para Guy Debord “la cultura es la esfera general del conocimiento y de las representaciones de lo vivido en la sociedad histórica dividida en clases”. Es una apariencia de unidad. Unidad que sólo puede restablecerse con la destrucción de la alienación en todos los resquicios de la vida. La abolición de la dominación y de la explotación que conllevará la abolición de la cultura como esfera separada de la sociedad. De ahí que la contracultura surge cuando la enemistad individual hacia la cultura se hace colectiva, surge de la conciencia de que las creaciones humanas también pueden servir para el aniquilamiento, de la conciencia de que la cultura dominante sirve para que una minoría se beneficie mediante la opresión de la mayoría, cosificando a esa mayoría como fuerza de trabajo, convirtiéndola en una mercancía más.

La cultura dominante es el gobierno de las pulsiones humanas, Y cuando esa pulsiones humanas toman la forma de oposición, rebelión y destrucción irrumpe la contracultura. Para la contracultura como sentimiento y práctica de insubordinación el punto de partida es que si una cultura se sostiene en el sufrimiento de la mayoría no tiene perspectiva de perpetuarse, ni lo merece. Y si se perpetua sólo será gracias a la dosis de violencia y control que requiere todo sistema de dominio. Bajo esta perspectiva, si la contracultura es capaz de configurar una praxis radical, entonces tendrá que dirigirse a lo que Debord plantea: “solamente la negación real de la cultura conservará su sentido. Ella ya no puede ser cultural […] En el lenguaje de la contradicción la crítica de la cultura se presenta unificada: en cuanto que domina el todo de la cultura –su conocimiento como su poesía– y en cuanto que ya no se separa más de la crítica de la totalidad social. Es está crítica teórica unificada la única que va al encuentro de la práctica social unificada”.

Únicamente de esa manera se puede combatir desde la contracultura el espectáculo actual que se expresa en forma de cultura. Y para dar cuenta de esto, basta una imagen de la modernidad capitalista tardía, en lo que respecta a una de sus industrias, la editorial, que demuestra lo que para las demás industrias y mercados culturales es la regla, producto de que las creaciones culturales clásicas se encuentran fuera de moda. Ahora los “analfabetos intelectuales persiguen en vano la remisión de su ignorancia publicando todas las pruebas existentes de ella en una multitud de ilegibles volúmenes. Volúmenes que nuestra industria cultural se encarga de erigir en una suerte de barricadas contra la verdadera cultura” (Palabras del situacionista Gianfranco Sanguinetti). En la actualidad “puede que muchas de las manifestaciones culturales actuales se muestren transgresoras y rebeldes, pero la verdad es que vivimos un periodo de calma cultural, donde prevalecen la frivolidad y la inocuidad de las obras, y en el que los artistas, antes de oponerse a la sociedad en la que viven, producen un arte que celebra los aspectos más rentables y degradantes del capitalismo contemporáneo: La banalidad (Koons), el plagio (Prince y Levine), la explotación (Sierra)…” (Granés, 2011: 459).

Por eso para las contraculturas de los años sesenta y setenta la apuesta era negarlo todo: la familia, el trabajo, el arte y la cultura. Llamaron a cerrar los museos y las escuelas de arte. King Mob gritó en un panfleto: “Las escuelas de arte están muertas: el fuego en su avance se apoderará y lo juzgará todo. Un fantasma rodea el arte, el fantasma de la aniquilación. Todos los poderes de la antigua orden se han aliado en un pacto sagrado para exorcizar este espíritu: policías y rectores, escultores y pintores, poetas y filósofos, diseñadores y arquitectos, historiadores del arte y sociólogos”. Pero ellos mismo sucumbieron ante la vida convertida en espectáculo. Entonces de nuevo la contracultura como resistencia, como posibilidad de que “el arte pueda volver a entrar en la vida, como juego, como celebración, como critica, y no como esta apología por la supervivencia” (King Mob).

Durante este periodo se renegó de los padres, quienes han dejado de luchar por un mundo diferente del modelo familiar hegemónico, donde sólo se puede aspirar a tener una casa y un automóvil. Provocó un shock, trastoca la vida cotidiana y desacomoda el paisaje urbano mediante su hacer ser en las calles, niega las formas dominantes de hacer política —esas donde los adultos se dedican a hacer partidos políticos y sindicatos reformistas para dirigir y representar a los demás— que forman personas que aspiran a ser profesionales y expertos en la política, a hacerse del control del poder y ser los nuevos amos que dicten los destinos de la sociedad o que se contentan con la reproducción mecánica de la vida, el conformismo y la servidumbre voluntaria en palabra de Etienne de la Boétie (2009). Se planteó una política diferente, no quiso competir ni ganarle espacios a la política institucionalizada, o que demuestra que sus expresiones marginales se encontraban “más cercanas de las tradiciones anarquistas” (Rimbaud, 2010: 12). Se desplegó de modo descentralizado, creando espacios de encuentro e intercambio horizontal de saberes, los grupos de afinidad se basaban en la amistad y las relaciones cara a cara del barrio, porque entendían que “un cambio verdadero sólo puede ser logrado en el lugar que más entiendes —en tu tierra” (Rimbaud, 2010: 10).

La contracultura como el blues es un lamento, expresa melancolía y sufrimiento, por eso en su expresión radical e insumisa pone en el centro la vida, es decir, pone en el centro la imaginación y la creación, es decir, pone en el centro la destrucción y la negación. Permite trastocar la vida desde la clandestinidad de la cotidianidad (Debord, 2002). Así, la auténtica creatividad, es decir, que permita el despliegue de la espontaneidad – en tanto dimensión no determinad del ser humano– es irrecuperable para el poder (Vaneigem, 1988), rompe con la alienación social, por tanto, el arte entendido como poesía significa “la organización de la espontaneidad creadora en tanto que la prolonga en el mundo. La poesía es el acto que engendra realidades nuevas. Es la organización de la teoría radical, el gesto revolucionario por excelencia” (Vaneigem, 1988: 200).

Esta poesía hecha por todos conlleva sacar el arte a las calles, conlleva el esfuerzo para que el arte tenga resonancias en cada dimensión de la vida, y que la creatividad espontanea se convierta en el motor del mundo social. Se trata de romper con la política instituida que se impone sobre las creaciones artísticas El encuentro de la política y el arte, que logra la contracultura, para lograr una inversión de perspectiva significa “un momento unitario, es decir, uno y múltiple. La explosión del placer vivido que hace que, perdiéndome, me encuentre; olvidando quién soy, me realice” (Vaneigem, 1988: 212).

La poesía significa un despliegue revolucionario discontinuo, que rompe con el poder jerárquico y se sitúa en la vida misma para desde ahí crear nuevas relaciones sociales, que reconozcan en la imaginación, la espontaneidad, la creatividad y lo cualitativo la posibilidad de destruir el mundo de las mercancías.

Cierro entonces con una cita de John Berger, una persona para la que el arte y la contracultura eran sinónimo de protesta. Protesta que es capaz de realizarse con la mayor ternura o a través del mayor acto de devastación:

‘No puedo decirte lo que hace el arte ni cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, exhortado a los inocentes a la venganza y mostrado al futuro el sufrimiento del pasado para que no fuera olvidado. Sé también que cuando el arte hace eso, cualquiera que sea su forma, los poderosos le temen y que entre el pueblo ese arte corre a veces como un rumor y una leyenda porque le da sentido a lo que no pueden dárselo las brutalidades de la vida, un sentido que nos une, pues al fin y al cabo es inseparable de un acto de justicia. Cuando funciona así, el arte se convierte en el lugar de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo perdurable, las agallas y el honor.’

 

A vueltas con el discurso

La ventana de Overton es una teoría política que describe el mecanismo mediante el cual se puede modificar la aceptación de posturas políticas o morales por parte de la sociedad, estableciendo la viabilidad política de una propuesta.

Y creo que es la clave de lo que ha sucedido a raíz de la noticia del Sindicato de Prostitutas OTRAS. No se trata solo de los problemas legales que impiden que pueda incluirse en el registro del Ministerio de Trabajo (el sindicato de manteros tampoco es reconocido como tal de facto, pero da igual porque se trata de una organización creada para apoyar a los mismos y toma ese nombre). En su artículo 6 concreta y cierra la afiliación a quien ejerza la prostitución por cuenta ajena.

El problema es que la prostitución por cuenta ajena implica proxenetismo, recogido este en el CP.

Por otro lado, existe también una contradicción con su art 22.

Pero al margen de estas problemáticas legales, a mi lo que me interesa ahoraes enfocarlo desde el punto de vista del discurso.

En sus inicios, el movimiento se autodenomina prosex. Esto a mi me recuerda al término “provida” de los que están en contra de la capacidad de decidir sobre el propio embarazo. Ahora hay quien responde que se refiere a “profesionales del sexo”, pero en realidad viene de una traducción del término estadounidense sex-positive, dejando deducir que el que no lo es,es sex-negative o algo. Mal vamos cuando nos imponen un marco falso y nos dejamos encerrar en él.

Pero además en sus inicios, el discurso prosex hablaba de que frente a todas esas prostitutas atrapadas en burdeles, había muchas ejerciendo por cuenta propia, siendo sus propias jefas, estableciendo sus horarios, clientes y servicios en base a sus propias necesidades y situaciones. Se hablaba mucho de que ese modelo podía aportar mucha más autonomía que el de las trabajadoras de la limpieza o muchas otras profesiones también feminizadas, devaluadas, con riesgos para la salud, violencias y estigmatizadas. Pero sí se establecía esa condición de prostitución autónoma para poder decidir. Durante un tiempo el argumento fuerte era precisamente esa autonomía sobre el propio cuerpo. A pesar de que podamos o no ideológicamente estar cómodas con la idea de que mercantilizar el cuerpo sea algo que nos acerque como grupo social a una mejora, el hecho es que es difícil contraargumentar que alguien que prefiera poner su cuerpo en una prostitución donde decide cliente, servicio, horario y condiciones (salvo lo que viene impuesto por el mercado, claro) a ponerlo limpiando váteres, o trabajando de percebeira (por poner otros ejemplos de trabajo arriesgado y mal pagado y no concentrarlo siempre en las trabajadoras de la limpieza como ejemplo eterno de “lo que nadie quiere hacer”, que tampoco me parece ni neutral, ni casual ni ajeno a la moral actual donde limpiar váteres y culos da mucho asco a todo el mundo, por muy necesario que sea).

Lo que plantea este sindicato sin embargo es precisamente formalizar una contratación, que precisamente se requiere de jefes que den de alta en la SS, que regulen horarios, etcétera. Y yo aquí lo que observo es lo que puede representar un sutil cambio de discurso, pero el suficiente como para que comencemos a asumir con naturalidad la prostitución de burdel. Algo en lo que parece que podíamos estar de acuerdo, que era la firme oposición al proxeneta, parece que se diluye. ¿Por qué? Simplemente porque asumir que existe ese sindicato con ese estatuto implica que se asume como “normal” esa relación contractual. Pero no sólo no lo es, sino que algunas entendíamos que desde ninguna de las propuestas para la prostitución se pretendía que lo fuera.

Algunas leímos, preguntamos, escuchamos e incluso varias nos planteamos personalmente sobre la prostitución. Al margen de que añorásemos una sociedad no mercantilizada, comprendemos que la realidad actual es la que es. Vimos noticias de la creación de alguna cooperativa y asociación y nos pareció bien (y si no, podría también haber dado igual, no lo digo como intento de “avalar nada”). El problema es que lo hicimos concibiendo que una cosa estaba clara y es que, trata mediante o sin trata, los burdeles eran infernales, los proxenetas unos cabrones y los clientes de esos establecimientos mucho más agresivos e incontrolables. Así que era lógico concebir, porque fue lo que muchas dijeron desde el discurso prosex, lo que mejoraba los derechos de las putas era apoyarlas en su autonomía e independencia de empresarios.

Ahora sin embargo estamos debatiendo sobre nuevas necesidades y nuevas formas de favorecer a las putas que esta vez implican aceptar el burdel como un espacio de seguridad y mejores condiciones para las putas. Y lo que ha sucedido con este acontecimiento es modificar el marco de lo aceptable. Y a mí no me parece adecuado aceptar la prostitución en burdeles, porque son espacios de aislamiento y donde las putas dependen y se ven forzadas de maneras más o menos sutiles o violentas a acatar las órdenes del proxeneta.

Esta relación contractual implica quizá un avance en algunos derechos, como Seguridad Social, vacaciones, cotización, etc. El problema es que todo trabajo implica una serie de derechos acompañados de deberes: tareas a realizar por la trabajadora, no puedes seleccionar las que te apetece realizar y cuando sino que debes obedecer a las indicaciones de tu jefe. Así que lo que hacemos es normalizar que “libertad sobre tu cuerpo” implica entregar esta capacidad de decisión bajo contrato. No sabemos tampoco si podría haber un convenio colectivo acerca de condiciones y servicios, pero lo más probable es que no y esa autonomía no se tenga. Se podría pensar que eso ya les sucede en los burdeles, y es terrible. Así que en todo caso tendrían el mismo maltrato pero ahora con algunas de las ventajas expuestas anteriormente. Pero el golpe no ya a las putas, sino a todas las mujeres y a toda la clase obrera con el establecimiento de un tipo de contrato tal que tenga sustento legal el hecho de tener que verte forzada por cumplimiento de contrato a realizar determinadas prácticas y no poder negar a clientes desde luego suena a una horrible distopía y no a ganancia de derechos de ningún tipo. Al respecto por cierto hay varias noticias sobre en qué ha derivado el modelo alemán, holandés y neozelandés al respecto.

Pero además porque es una herramienta para asumir algunos preceptos que tienen mucho que ver con la moral hegemónica según la cual el mundo se afronta desde una serie de decisiones individuales. Como comentaba, esto no sólo puede afectar a las relaciones entre hombres y mujeres, sino a la relación de toda la clase obrera con el capital. Eso, unido al desparpajo con el que se utiliza la neolengua desde hace tiempo, creo que no es adecuado aceptar acríticamente todo lo que por nombre o aspecto suene a “revolucionario”. Igual lo que hace es conseguir que normalicemos la mercantilización de cada aspecto social, que normalicemos que tenemos derecho a comprar aquello que deseamos y podemos pagar, que normalicemos que todo son “libres contratos entre adultos”, mito clásico del liberalismo y que menciona Despentes, causando no poca acidez estomacal a muchas de nosotras que como poco vemos una confusión clara de conceptos, etc.

Desde cualquiera de las perspectivas del feminismo yo entiendo que no se pretende atacar a las putas. Se estará en desacuerdo respecto a la sociedad que queremos lograr e incluso a las herramientas para conseguirla. Pero no me he encontrado aún una feminista que persiga causar perjuicio a las putas como colectivo.

Tras conocer, hablar, leer, escuchar a un amplio abanico de putas, creo que las putas no son un grupo monolítico y con una misma visión sobre las herramientas que puedan favorecerles. Algunas hacen mucho hincapié en la inserción laboral para salir de la prostitución. Otras prefieren incidir en la eliminación de Ordenanzas Municipales persecutorias, pero mantener la situación en esta situación de alegalidad, por motivos que van desde ahorrarse la cotización a concebir que la legislación lo que va a hacer es convertir al Estado en proxeneta y muchas veces conlleva más estigma al ser ellas las que son obligadas a realizarse analíticas de ETS periódicamente, etc; las hay que no quieren ni de broma eso de que se legalice; otras sí prefieren la despenalización confiando en el modelo neozelandés y las hay incluso abolicionistas.

Y existe esta variedad porque las prostitutas son personas, con distintas perspectivas de lo que debería ser un mundo mejor y cómo encaminarnos a él, así como de lo que hay que hacer para sobrevivir en este en mejores condiciones.

Siempre se eleva el mantra de que la visión que se opone a todo esto, lo hace desde una postura moral. Como si existiera una neutralidad moral desde la que se pudiera proponer algo. Como si concebir la mercantilización, la libertad de comprar, la atomización del funcionamiento social, no respondiera a una visión moral. Sucede que si coges un lápiz de pintura blanca y pintas sobre un folio, no puedes apreciar casi el trazo, no se ve y pasa desapercibido. Así que si algo parece carente de carga moral es sencillamente porque está avalado por la moral que rige en ese momento. Y hoy en día esa moral es la del capitalismo, la del neoliberalismo, incluido el sexual, y la invisibilización de las estructuras de poder. Es imposible que una propuesta sea ajena a la moral.

Y estas críticas a este sindicato y a lo que establece no significan deseos de taparle la boca a las putas. Pero me preocupa mucho el cambio de discurso que en un primer momento se centró en la imagen de la puta autónoma, empoderada y con capacidad de decisión sobre su cuerpo, para situarse ahora en el de la puta bajo mando del proxeneta. Y me preocupa porque no creo que nos esté acercando a la sociedad que realmente queremos, y lo que es peor, lo está haciendo con juegos discursivos. Así que sería interesante que por lo menos fuéramos conscientes de ellos para poder debatir con claridad sobre lo que se quiere conseguir, lo que se puede conseguir y lo que se pretende.

Nuki

A la gente trabajadora nos alimentan con basura

Pasear por un supermercado es recorrer pasillos repletos de productos anteriormente conocidos como comida, especialmente si nuestro presupuesto es limitado. La gran mayoría de alimentos son una mezcla poco saludable de azúcares, aceites de muy baja calidad (palma, colza), conservantes, almidón, agua y saborizantes.

Comer en restaurantes, especialmente aquellos de comida barata que frecuentamos la mayoría de personas trabajadoras (como pizzerías, hamburgueserías de comida rápida, restaurantes chinos u otros establecimientos similares) no mejora las perspectivas. Y lo mismo ocurre al adquirir alimentos precocinados y otros ultraprocesados. ¿Cómo es posible comprar una hamburguesa o una lasaña de carne por sólo 1€? Lo es porque, aparte de elaborarse y servirse gracias al trabajo ultraprecario, suelen contener más basura disfrazada que alimentos reales. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de estos alimentos, ya que existen estudios científicos que han relacionado el consumo de carnes procesadas (como son también el bacon, las salchichas, la mortadela y el choped o los nuggets, entre otras) con un mayor riesgo de sufrir cancer o enfermedades cardiovasculares.

Hablando de carnes, la sección de embutidos envasados y, especialmente, las carnes magras como el pavo, son un engaño aterrador. Las supuestas «pechugas de pavo» que nos venden en formato fiambre tienen menos de un 50% de carne de pavo y son más bien un preparado de almidón, agua y saborizantes como el glutamato. Existe comida para perros de mayor calidad. Tampoco cambia nada el optar entre marcas blancas y otras marcas. La mayoría de las marcas más conocidas se encarecen como consecuencia de su mayor inversión en publicidad o en un diseño atractivo del envase. Sin embargo, habitualmente su calidad es similar y, en algunos casos, incluso inferior.

 ¿Por qué resulta más barata la comida basura que una dieta saludable? Los procesos industriales, la globalización y, más en concreto, el capitalismo, han dado pie a que esto ocurra. No se necesita que las personas trabajadoras estemos sanas, sólo que nos alimentemos con cualquier cosa para seguir produciendo y no desfallecer. Lo justo para que tampoco colapsemos de enfermedades crónicas una sanidad cada vez más infrafinanciada. Podríamos hablar también de los zumos envasados o la leche; de los abusos de toda la cadena industrial de producción agrícola, pesquera o ganadera; de las cantidades de azucar en cereales, galletas o artículos dirigidos a los más pequeños… únicamente para redundar en la cuestión de cómo se produce y se consume bajo el capitalismo, un sistema tóxico con la vida y el medio que no tiene problemas en envenenar a la mayoría de la población con tal de mantener los beneficios de unos pocos. Nos venden basura con apariencia de comida sana a bajo precio para que llenemos el estómago y, desde los legisladores a los supermercados pasando por cada uno de los intermediarios de esta cadena, todos contribuyen a mantener la industria funcionando. Salimos perdiendo los productores primarios, los trabajadores de las empresas intermediarias y la gran mayoría de consumidores. En definitiva, salimos perdiendo toda la gente trabajadora, una mayoría de la sociedad atenazada por la pinza que generan los bajos salarios y el alto coste de comer algo que no sea basura.

A pesar de habernos inculcado con disciplina la mercantilización, no ha podido hacernos olvidar del todo los alimentos locales, con una producción distribuida y no industrial. Permanece nuestro deseo de comer comida de verdad, con sabor y de buena calidad. Es tan claro este deseo que el propio capitalismo se ha adaptado para tratar de sacar beneficio de la alimentación sana convirtiéndola en una línea más del supermercado, la de los productos bio o ecológicos. Esto no es más que un sucedaneo (a un alto precio) de lo que nos ofrecen otras formas producción y de relación social. Un ejemplo de ello son los grupos de consumo organizados para eliminar intermediarios entre productores y consumidores de producción, y que impulsan las prácticas agroecológicas. También es un ejemplo la subsistencia de cierta economía del don lejos de las ciudades, donde los vecinos se regalan patatas, pimientos u otros productos que sobran de la cosecha y que prefieren compartir antes de que se echen a perder.

Lejos de idealizar un pasado anterior al triunfo casi absoluto de la economía de mercado, el objetivo hoy es construir nuevas prácticas en torno al deseo de comer bien, local, sin productos tóxicos o aditivos insalubres y sin destruir el medio. La izquierda, especialmente los anarquistas, llevamos años proponiendo una alternativa basada en el consumo local, la soberanía alimentaria, la agroecología, las dietas vegetarianas o veganas, el consumo consciente… Principios y formas de consumo y producción que permiten no sólo una alimentación más saludable, sino sobre todo una relación más sana entre las personas, con el resto de seres vivos y con el medio en que vivimos. Impulsar los grupos de consumo, las huertas urbanas o incluso la vuelta a lo rural son sólo pequeños pasos a contracorriente, mientras la mayoría de la gente trabajadora aún compramos en el supermercado o en restaurantes de comida basura. También la lucha sindical, tanto por la mejora de las condiciones de trabajo como por la denuncia de prácticas industriales insalubres, permite ensanchar los estrechos márgenes de acción. Disputarle a la economía de mercado la hegemonía sobre nuestra alimentación, como sobre otros tantos otros derechos, va a requerir de audacia y multitud de estrategias conjuntas.

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