Elecciones en México: Guerra, dominación y lucha contra el Estado

Colaboración compartida por Marcelo Sandoval Vargas, militante libertario en Guadalajara y profesor adjunto en el CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) en la Universidad de Guadalajara, México.

 

¿Qué gana el proletario con el hecho de depositar en la urna una boleta electoral en la que ha puesto el nombre de la persona que ha de formar parte del gobierno? […] el gobierno es fuente de la injusticia, del odio, de la guerra entre los seres humanos.

El trabajador que empuña una boleta electoral es digno de lástima, porque él mismo se nombra a sus verdugos, él mismo fabrica el látigo que ha de cruzarle el rostro, él mismo permite que perdure este sistema infame

Ricardo Flores Magón

 

El 1º de julio de 2018 a través de la jornada electoral que se vivió en México, asistimos a un espectáculo que mantiene al espectáculo general de la sociedad de clases, de la sociedad patriarcal, estatal y colonial. La sociedad actual es un espectáculo generalizado y es, al mismo tiempo, una acumulación de espectáculos. Para los poderosos el espectáculo es la única posibilidad de participación, una que se realiza en términos de apariencia y pasividad, donde la capacidad de hacer e imaginar está subsumida al mundo instituido. La política del espectáculo es la que llevan a cabo los ciudadanos, ese sujeto que se conforma en el momento en que un individuo atomizado delega el destino de su vida, cuando decide abandonar el compromiso de hacerse cargo de su propia existencia.

El proceso electoral mexicano se realizó en medio de una guerra, se organizó sobre fosas clandestinas, sobre la vida de desaparecidos, de mujeres asesinadas, de jóvenes y niños esclavizados. Los mecanismos y formas de despliegue de la etapa actual de la guerra histórica del capitalismo contra la vida dio inicio en 2006, momento en que se comenzó a experimentar un aumento de la violencia estatal contra los pueblos; violencia y represión que irrumpió de manera clara con dos acontecimientos que marcaron el inicio de una nueva política estatal, reflejo del recrudecimiento de los procesos de acumulación, a través de la destrucción de la vida, los territorios y los cuerpos de las personas.

En ese año el gobierno mexicano reprimió al pueblo de San Salvador Atenco, estado de México; pueblo que defendía su tierra desde el 2001 ante las pretensiones de construir sobre su territorio un aeropuerto. En mayo de 2006, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), organización que aglutinaba a los ejidatarios de Atenco, decidió acompañar a unos floristas que resistían un desalojo por parte de la policía, frente a este acto de solidaridad, la policía respondió con represión y violencia, por lo que algunos floristas y los lideres del FPDT se alojaron en una casa durante varias horas para protegerse. La acción represiva obligó a los miembros del FPDT a bloquear una carretera que comunica al estado de México con la ciudad de México, para exigir la liberación de los floristas y ejidatarios de Atenco. La respuesta por parte del gobierno fue un operativo policiaco-militar que tuvo la intención de aprehender a sus lideres, acusándolos de secuestro; el pueblo fue invadido por policías, que estaban en busca de cualquier poblador o persona que hubiera ido a solidarizarse con la gente de Atenco, cuando encontraban a alguien lo golpeaban y detenían. El saldo final fue dos personas asesinadas, decenas de mujeres vejadas y violadas por los propios policías, decenas de personas golpeadas y torturadas. A todos ellos se le encarceló por varios años por delitos que no cometieron. La represión se utilizó para romper la organización y resistencia del pueblo, así como amenaza a todas las luchas, movimientos y organizaciones del país.

La segunda acción represiva ocurrió en noviembre de 2006, fue otro operativo policiaco-militar; esta vez contra los pobladores de ciudad de Oaxaca, los pueblos indígenas y las organizaciones que protagonizaron este movimiento insurreccional, que desde junio de ese año organizaron una de las mayores experiencias de lucha y auto-gobierno de las últimas décadas. Fue conocido como la Comuna de Oaxaca y fue obra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). El movimiento irrumpió como respuesta al intento del gobierno de desalojaron un plantón de maestros de educación básica en el zócalo de esa ciudad, que se montó en mayo en exigencia de aumento salarial y mayores derechos laborales. Cuando los policías comenzaron a atacar a los profesores, la gente salió de sus casas en defensa de los maestros. Primero volvieron a instalar el plantón, pero la organización no quedó en eso, decidieron de manera espontánea tomar bajo su control la ciudad. La insurrección se llevó a cabo mediante la instalación de barricadas en todos los barrios, tomaron varias radios, universitarias, gubernamentales y comerciales así como la televisión estatal, utilizaron los medios de comunicación para dar a conocer su lucha y hacer denuncias del hostigamiento que llevaba a cabo el gobierno, pero no sólo, lo más importante fue que los usaron como organizadores del movimiento. Durante los meses de insurrección el gobierno se escondió y la gente organizó la vida de toda la ciudad. La experiencia duró alrededor de 5 meses, tiempo en el que fue permanente la violencia del Estado: convirtió a los policías, vestidos de civil, en un grupo paramilitar que por las noches salía a atacar con armas de fuego a la gente de las barricadas; todos los días había enfrentamientos con las fuerzas del orden en distintos puntos de la ciudad; constantemente se hostigaba los territorios controlados por los insurrectos. Finalmente, en el mes de noviembre el gobierno realizó un operativo policiaco-militar que recorrió calle por calle con tanques y hombres armados con la intención de destruir las barricadas, golpear, encarcelar y asesinar a quienes mantenían la resistencia. Hasta el momento no se sabe con seguridad cuantas personas fueron asesinadas, desparecidas y encarceladas, pero se calcula en cientos.

Lo que representan estas dos represiones es el inició de una nueva política estatal; una que está caracterizada por el estado de excepción para los pueblos, donde la violencia es la primer respuesta gubernamental con el fin de garantizar la acumulación y la ganancia de los capitalistas, lo que implica es la intensificación y reconfiguración de la guerra capitalista, esa conflagración de largo aliento entre los desposeídos y los poseedores. Lo que definitivamente redondeó dicho cambio en la política estatal, fue el fraude electoral que se organizó en el mismo año, fraude que se cometió contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (de tendencia socialdemócrata). La intencionalidad de fraude fue permitirle al candidato de derecha Felipe Calderón llegar a la presidencia, pues éste fue quien se comprometió con los poderosos, bajo el discurso de que iba a imponer una guerra contra el narcotráfico, concretar la nueva etapa de guerra capitalista contra la vida. Todo ello contribuyó a que se diera rienda suelta a un episodio de la historia de México que ha dejado un saldo de 118 mil personas asesinadas y decenas de miles de desaparecidos, según las cifras oficiales.

Hasta ahora son 12 años de guerra, puesto que el presidente que siguió a Felipe Calderón, el derechista Enrique Peña Nieto, ha sido continuador de la misma política terrorista por el control de territorios y de la vida, de esta guerra contra los pueblos, contra las mujeres y contra la naturaleza, pero que se ha enmarcado en los medios de comunicación y en los discursos de los gobernantes como guerra contra el narcotráfico. Durante este periodo, la gente se dio cuenta que el principal asesino y criminal es el propio Estado. Pues ha sido evidente, por ejemplo, la participación directa de la policía, el ejército y los gobernantes en el asesinato de 3 y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Se comprobó la masacre que realizó el ejército en Tlatlaya, estado de México, en el mismo 2014. Por esta razón emergió un grito de batalla que comenzó a repetirse en las calles: ¡Fue el Estado!

Como respuesta a la guerra capitalista, existen pueblos que se han organizado para resistir y defenderse. Algunos movimientos y luchas se han dado cuenta que no pueden esperar nada del gobierno, que el problema es el mismo Estado, por tanto, han surgido experiencias de autonomía y auto-gobierno, así como formas de seguridad y auto-defensa comunitarias. Las familias de los desaparecidos se han puesto a buscar a sus hijos e hijas, van de ciudad en ciudad, de fosa en fosa, saben que el gobierno nunca encontrará a sus familiares, pues es parte del mismo sistema que los desaparece. Sin embargo, en estos 12 años de terror y caos no se ha tenido la capacidad de conformar un proyecto revolucionario que aglutine parte del descontento, una alternativa real desde la cual los movimientos, pueblos y luchas sean capaces de combatir. No obstante es manifiesta la rabia y el dolor de la gente, los procesos de resistencia están dispersos y aislados, las sensación de desolación frustra las posibilidades de organización, convirtiendo es misma rabia y dolor en miedo paralizante.

Razón fundamental para que con todo y que a finales del año 2017 la legitimidad del Estado y los partidos políticos se encontraba en su peor situación en las últimas décadas, puesto que la clase política gobernante era despreciada de manera casi unánime y que se expresaba un temor y una rabia general contra el ejército, la marina y la policía por sus participaciones en desapariciones, masacres, despojos y detenciones injustas, no fue posible construir una salida revolucionaria a la barbarie capitalista. Dicha imposibilidad fue aprovechada por los partidos políticos en la apertura de las campañas electores, el candidato socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, apareció como en el 2006 arriba en las encuestas, a una distancia muy grande de sus dos competidores, los derechistas Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los cuales propusieron continuar con la misma política de terror, mientras que López Obrador desarrolló un discurso que llamaba a buscar la paz y el desarrollo en el país.

En el plano económico los tres principales candidatos representaban la continuidad del neoliberalismo, la misma búsqueda de ganancia y acumulación capitalista, sólo que Anaya y Meade hablaron explícitamente de continuar con la misma dinámica de violencia generalizada, de guerra civil no declarada; y López Obrador planteó que esa misma acumulación y ganancia se pueden concretar de una mejor manera si hay paz y cierta tranquilidad para la gente. Ese discurso, asociado a 12 años de desesperación para la gente, le permitió mantenerse muy arriba en las encuestas durante toda la campaña electoral y finalmente ganar las elecciones el 1º de julio de 2018.

El desprecio por las campañas electores de los diferentes partidos fue generalizado. El porcentaje de votación se mantuvo dentro del promedio para una elección presidencial, alrededor del 60% del electorado. En general se percibió desencanto, a pesar de que el candidato socialdemócrata López Obrador ganó por una distancia muy grande, obteniendo más del 50% de las preferencias; no se ha manifestado entre la gente de abajo esperanzas para que cambie la situación de forma profunda, aspiran a vivir con menos violencia, aspiran a que los asesinatos y las desapariciones disminuyan, que haya trabajo para que se pueda consumir, que haya tranquilidad para que se pueda producir.

Lo que se observa, con la victoria del López Obrador, es que se ha vuelto a legitimar el Estado. Además, al ser un personaje que tiene un discurso izquierdista en el plano social, estamos seguros que las formas de represión que se utilizaran por parte del gobierno que represente serán la cooptación y la guerra de baja intensidad. La clase media se ha vuelto su principal aliado y es su primer línea de defensa. Sin embargo, lo que olvida la clase media es que en un país como México, donde los fraudes electorales son la regla, el triunfo de López Obrador significa que las élites han dado su aprobación, significa que existe un acuerdo entre las dos partes y seguramente una  serie de compromisos que debe cumplir el nuevo gobierno que tomará posesión el 1º de diciembre de 2018.

Para quienes tratamos de posicionarnos de modo radical y revolucionario, el panorama es adverso de una manera diferente a como veníamos lidiando con los dos gobiernos anteriores, donde primera respuesta era la violencia para quienes estaban en defensa del territorio y de la vida. Esta vez nos enfrentamos a un consenso entre entre los medios de comunicación y la clase media en su apoyo al nuevo gobierno; los partidos políticos de todas las tendencias aceptaron su derrota fácilmente y se han alineado al que será el próximo presidente. Por ello la critica radical, antiestatista y anticapitalista, se volverá necesaria en un contexto donde se le va desdeñar aún más que antes.

Bajo el discurso de darle una oportunidad a un gobierno que por primera vez representa una postura socialdemócrata e izquierdista, se va a promover la pasividad. Y como en todos los gobiernos progresistas que ocurrieron en Sudamérica, cualquier crítica será tachada de reaccionaria y pro-imperialista. Eso deja un camino sinuoso para las opciones revolucionarias, que en la actualidad están dispersas, aisladas y débiles, mientras que los movimientos y pueblos que luchan y defienden el territorio se enfrentaran a mecanismos represivos basados en la cooptación y el asistencialismo, sin descartar, por supuesto, la violencia cuando los intereses del capital se vean amenazados.

No queda más que evitar que decaiga la crítica antiestatista y anticapitalista. Es necesario construir un proyecto real desde el cual se pueda articular una resistencia efectiva contra la dominación capitalista, que sea capaz de organizar la vida de una forma distinta. El Estado sigue siendo el mismo, sólo que ahora se ha vuelto más fuerte y tiene legitimidad otra vez, por lo que es un enemigo más peligroso, seguramente no dejará de recurrir a la violencia, las desapariciones y el despojo, sino que a esos mecanismos de opresión se le incorporan nuevos mecanismos de control. La jornadas electorales del 1º de julio y el desenlace que tuvo, confirma que el sistema capitalista está tratando de renovarse para seguir explotando y dominando. Las elecciones significaron una de tantas alternativas ilusorias que sólo llevan a la restauración de la misma dominación. A la persistencia de la guerra.

Para los pueblos indígenas y los oprimidos, para los desheredados y los desposeídos, no hay más alternativa que la resistencia. El mundo capitalista significa la destrucción de la vida, está contra quienes resisten, se rebelan y luchan. Por eso, nuestra única respuesta es la revolución social, entendida como acumulación de esfuerzos que apuesten por vivir en el ahora de la lucha bajo otros modos, desde otras relaciones sociales. Nuestro camino, en este sentido, se va a ir creando en tanto nos decidamos a ir enfrentando problemas cotidianos, enfrentándolos de modo colectivo y mediante el ejercicio de nuestra acción directa, sin representantes ni dirigentes. La auto-organización de los oprimidos para descolonizar la vida entera, la organización a través de la cual se logre desplegar la autogestión integral de nuestras existencias, significa la única opción de emancipación.

Ya lo dijo Aldous Huxley: Muerte accidental de la censura

La propaganda opinativa, debido al impacto de las redes virtuales globales, se constituye en opinión pública generalizada, y ayuda a banalizar cuestiones importantes, calma la indignación y se desvalorizan situaciones sociales de gravedad, como por ejemplo podrían ser la segregación de menores en las fronteras estadounidenses, o la muerte continuada de inmigrantes en el mar Mediterráneo.

La libertad de expresión actualmente carece de relevancia práctica en el funcionamiento global del mundo, ni su coerción ni su defensa a ultranza sobrepasan el puro plano abstracto, la libertad de expresión ha sido exiliada de un mundo en el que se controla, desde las instituciones educativas y medios de comunicación, nuestra libertad de pensamiento, paso previo a la libertad de expresión. Por censura en nuestros días no debemos imaginar el ocultamiento premeditado o la negación de informaciones, al menos no tan solo en esos términos. Sino que la información es lanzada públicamente de manera masiva, adaptada a unas concepciones ciudadanistas y desprovistas de cualquier análisis profundo o crítico.

Actualmente no se censura la información como se ha venido haciendo históricamente desde la aparición de la prensa generalista en el siglo XIX y en el siglo XX con el desarrollo de los medios de masas, ya que actualmente en el marco legal de los países sería muy mal vista la coerción de esa libertad de expresión; sin embargo, se ha configurado una estrategia que tiene el mismo objetivo que la censura: evitar que la información provoque una acción directa y toma de conciencia en nuestras vidas cotidianas. Para evitar la respuesta social a la censura, se ha establecido otro tipo de censura con unas características distintas pero la misma finalidad; se potencia la sobrecirculación de múltiples informaciones para que no sean asimiladas por la sociedad. La nueva censura consiste en la puesta en movimiento de un circuito de informaciones inmenso que quedan en un limbo de superficialidad y espectáculo como mercado. Esto significa que se inhibe el potencial activista social ligado al conocimiento de información, se torna en una actitud pasiva de consumidores de información.

Compartimos un texto en facebook o twitter y ya creemos haber cambiado nuestras vidas, sin haberlo debatido e incorporado verdaderamente a nuestros esquemas mentales y actitud diaria. El origen de por qué existen las noticias falsas responde directamente a esta sobreinformación, todo es noticiable, todo es falseable, todo aporta a la generación de un continuado estado de shock que promueva la inacción. Las noticias falsas son una herramienta más inserta en esta estrategia de los lobbies comunicativos, que promueven la sobrecirculación de informaciones, favorecen que todo aparezca confuso, que la verdad sea infravalorada y quede en entredicho continuamente, fomentan la desconfianza absoluta en cualquier información, es decir, que nada parezca verosímil. Entre tantísimo volumen de información actualmente, siendo mucha de ella puro marketing y propaganda, es bastante difícil encontrar la verdad. La investigación periodística pasa a segundo plano, tan solo se generan clichés, etiquetas y lemas lanzados para confundir y enturbiar análisis político-sociales profundos.

Si nada es creíble, nada es cierto, pero al mismo tiempo también puede ser todo cierto, creando un espacio de confusión y un agujero negro para el periodismo. El lanzamiento de las noticias falsas no parte de ninguna institución ni grupo empresarial concreto, pero sí de la superestructura de dominio en su conjunto, no tiene su origen una explicación ligada a alguna teoría conspirativa, sencillamente la estrategia planificada se traslada de arriba a abajo, y se pone en marcha por los mismos consumidores de informaciones, que facilitan su acceso a través de las redes sociales a un nuevo estatus de creadores de noticias. La sociedad se convierte a la vez en productora y consumidora de noticias, sin importar cuánta verdad hay detrás de las mismas, creando así un mercado de información que aumentan la crisis de nuestro modelo de vida desesperado y frenético, y genera una suculenta acumulación de capital a quienes recogen los beneficios de ese flujo.

Tener información se ha desvinculado de tener un correcto conocimiento sobre nuestro contexto social inmediato, a través de la tecnología se favorece la creación de apariencias de convivencia, vínculos virtuales efímeros y deshumanizados, que evitan el compromiso comunitario y nos lanzan al confort más individualista. El imperio de la superficialidad y la ficción de nuestras vidas, de momento, va ganando terreno, y en nuestra mano se encuentra que esto cambie de sentido.

Diversidad, clase e interseccionalidad

La cuestión de la diversidad ha dado mucho que hablar en estos últimos meses, sobre todo a raíz del libro «La trampa de la diversidad» del Bernabé. No obstante, no quiero hablar de su libro aquí, sino más bien transmitir unas reflexiones acerca del melón que ha abierto sobre el tema, el cual pienso que es importante comenzar a sacar unas conclusiones, no finales, pero sí necesarios para perfilar un relato que baje de la academia a las calles. Hablar de diversidad implica reconocer que somos diferentes: orígenes familiares y territoriales; género, sexualidad y orientación sexual, pertenencia de clase, edad, confesión religiosa o espiritual… que compartimos espacios en común, y por tanto, vivencias y condiciones materiales comunes. No obstante, lejos de ser reconocidas y respetadas, todo aquello que se salga de la norma es motivo de discriminación que puede derivar en una opresión. Aquí ya tenemos un punto de partida.

Un gran problema a la hora de hablar de diversidad es no tener en cuenta las condiciones materiales en que nos encontramos actualmente, ya que sin ello, no tendremos una base sólida que nos sirva como referencias e ideas base, y al final, quedaría en un discurso estrictamente moral, con tecnicismos propios de la academia y en el peor de los casos, acaba siendo criterios para definir perfiles de consumidores. Antes de continuar aclaro que la neutralidad es simplemente la ideología dominante, y por tanto, no pretendo que estas reflexiones partan de la neutralidad, sino claramente desde una posición materialista y de clase. Esto nos lleva a la pregunta del millón: ¿La clase lo es todo? Sí y no. Sí porque es la base de donde partimos, esto no quiere decir que toda cuestión de clase sea proritaria sobre otras cuestiones como la de género o raza y no porque, además de la clase, existen otras opresiones vinculadas a ella que refuerzan la explotación de clases. No nos creemos, por tanto, que erradicando solo la diferencia de clases mágicamente desaparecerían las otras opresiones. Volveremos sobre ello más adelante.

Ideología liberal

Cuando hablamos de ideología liberal en estos temas nos referimos a la falta de un análisis materialista que nos permita mantener un posicionamiento claro y evitar caer en abstracciones, simbolismos, el individualismo y la competencia. Sin una base materialista, nos perdemos en debates sobre problemas más simbólicos como los baños unisex, las casi infinitas identidades de género no binarias, si tal look es apropiación cultural o no, etc, en los cuales, la mayor parte de la población no se siente interpelada, dejando así de lado los problemas materiales de mayor impacto como el acoso callejero, la discriminación hacia personas LGTBi, la falta de guarderías, la explotación laboral de las temporeras de la fresa, la persecución de manteros, etc. Si bien una cosa no quita la otra, el darle más importancia a temas simbólicos en vez de materiales nos aleja de las luchas sociales y de los problemas reales que tienen las personas de clase trabajadora que puedan ser migrantes, y/o de la comunidad LGTBi. Otra importante consecuencia es la atomización y división en parcelas de las diferentes opresiones, individualizando cada vez más las luchas al centrarlas en lo particular y en los casos personales, en vez de buscar puntos comunes y trabajar a nivel colectivo, dando como consecuencia la creación de una especie de competencia tipo a ver quién tiene más opresiones.

Podríamos mencionar un caso paradigmático de cómo la «nueva política» en materia de diversidad no va más allá de izar banderas LGTBi en los ayuntamientos y colgar una pancarta de «Refugees Welcome» pero no se destina recursos en favor de la comunidad LGTBi (educación sexual, sanciones a escuelas concertadas, etc) ni para las personas refugiadas; o que en una universidad pongan baños unisex pero no muevan un dedo para fomentar espacios seguros. Así, mientras las izquierdas se pierden en simbolismos y no salen de las universidades, la derecha va ganando barrios obreros a base de apelar a los valores tradicionales y utilizando un discurso populista aparentemente de clase propio de la izquierda.

La falta de una perspectiva de clase hace que dichas luchas acaben siendo absorbidas por el sistema, como ya hemos visto en casos como el capitalismo gay, donde las empresas han creado un mercado enfocado a la comunidad gay con ofertas de viajes, moda, locales de ocio, etc… y que el día del Orgullo «oficial» sea patrocinado por empresas; el pinkwashing del cual hace gala Israel al apoyar al movimiento LGTBi o la campaña de la marca de tabaco Lucky Strike en los años ’20 en EEUU presentando a la mujer fumadora como ejemplo de empoderamiento. No se libra tampoco el veganismo cuando McDonald’s comienza a ofrecer menús veganos o en el Mercadona comienzan a vender productos veganos, sin mencionar tampoco aquellos restaurantes vegetarianos que no respetan los derechos de los y las trabajadoras.

Una sola clase

En la huelga minera en UK en los años 84-85, unos activistas por los derechos de las personas LGTB crearon el colectivo Lesbians and Gays Support the Miners con el fin de recaudar fondos para apoyar la huelga minera. Tuvieron dificultades y al principio sufrieron cierto rechazo, pero su perseverancia acabó por ganarse la simpatía de los huelguistas. Este acontecimiento histórico se puede ver en la película Pride y es un ejemplo de cómo han conseguido forjar una importante alianza entre estas dos comunidades en lucha en las cuales ambas partes salieron ganando fuerza. Sin ir demasiado lejos, el movimiento de liberación de la mujer dentro del movimiento de liberación kurdo o la reciente huelga del 8M en donde los colectivos feministas trabajaron conjuntamente con sindicatos CNT y CGT que ayudaron a legalizarla, difundirla y defenderla. Estos ejemplos ilustran la necesidad y el acierto que supone buscar puntos en común en vez de dividir. De hecho, todo movimiento revolucionario debe aspirar a integrar la diversidad dentro de la lucha de clases, así como darle un enfoque de clase a la diversidad.

Es imprescindible que al hablar de transversalidad e interseccionalidad, hablemos de tender puentes y entendernos entre las diferentes luchas, que tienen más en común de lo que se ve a priori. Por lo tanto, debe de haber una relación de reciprocidad, solidaridad e intercambio de experiencias para crecer juntos y juntas en las luchas sociales. Esto significa reconocernos como una clase social diversa, que además de padecer la misma opresión de clase, sufrimos también la del heteropatriarcado y del racismo. Por lo tanto, la lucha de clases está incompleta si no tiene una perspectiva feminista ni antirracista. Asimismo, hemos de introducir una perspectiva de clase tanto al feminismo como al antirracismo. Es cierto que existen varios feminismos, pero lo que nos debería interesar son los feminismos de clase, ya que el liberal solo favorece a aquellas que quieren ascender en la escalera social y a ocupar cargos en la política institucional. Similarmente ocurriría con el antirracismo de corte liberal. La necesidad de tener una perspectiva de clase en el antirracismo radica en que el racismo generalmente está más vinculado a las clases sociales y los status de las personas, ya que se da mayoritariamente hacia las personas pobres. Por esa razón, mientras se persigue a la inmigración y lo señalan como culpables de la delincuencia, la falta de trabajo, el derroche de ayudas sociales hacia ellos; se exportan armas a Arabia Saudí, se dan concesiones a los jeques que nos ponen mezquitas wahabbitas en suelo europeo y se les compra petróleo.

La interseccionalidad debe servir para superar la imagen de una lucha de clases hecha por el hombre blanco heteronormativo y evitar que se reproduzcan el patriarcado, el racismo y otras opresiones del actual sistema dentro de nuestras filas. Porque lo que realmente divide la lucha de clases es el obviar que la clase trabajadora es diversa, debilitando así tanto a los movimientos sociales como nuestros colectivos y organizaciones. Busquemos en la interseccionalidad reforzar nuestras luchas abriendo las puertas a todos aquellos colectivos sociales que, a parte de padecer la opresión de clases, sufren otras opresiones como la de género, orientación sexual, etnia, etc., pues juntas seremos más fuertes.

El PP ha vuelto

Con Casado, el PP se suma a la retórica fascista de las derechas europeas. El movimiento estratégico no es nuevo, el objetivo consiste arrastrar al centro y convertirlo en un rehén de la ultraderecha. El contexto parlamentario, con la caida del PP a la oposición, les facilita radicalizarse y disputar ese espacio político a Ciudadanos.

El problema, para la mayoría de la sociedad, es que este movimiento abre aún más puertas para el fascismo. No es casualidad que el caballo de batalla escogido para desgastar al gobierno sea, precisamente, la crisis de refugiados. A los movimientos sociales nos toca combatir la retórica xenófoba que pretende, una vez más, criminalizar a los migrantes. Apoyar a las personas que huyen de las guerras que provoca el capitalismo es una obligación ética. Pero además, en un país cuyos ricos no han dejado de aumentar sus beneficios en los últimos años, tenemos capacidad de sobra para afrontar la entrada de nuevos trabajadores y, al mismo tiempo, mejorar nuestras condiciones de vida. Tenemos que dejar esto muy claro. Sobre todo en este momento en que la derecha, carente de argumentos, acusa una vez más a los personas trabajadoras, en este caso extranjeras, de los problemas causados por el modelo económico criminal que ellos defienden.

Es una vergüenza ver a Casado paseándose por Algeciras e, incluso, saludando a aquellos a los que ataca sin que nadie le echase en cara su cinismo y su hipocresía. Afortunadamente, mientras esto ocurría los madrileños han dado una lección de convivencia impidiendo un acto racista en el metro de esta ciudad. También los taxistas, ejemplares en su lucha en defensa del transporte público, han retirado la pancarta de un grupo fascista que pretendía aprovecharse para propagar su ideología del odio. Estos ejemplos demuestran que la sociedad española entiende más de convivencia, respeto, democracia y solidaridad que buena parte de sus dirigentes. A pesar de los pataleos cínicos de la derecha, con estos mimbres puede construirse una respuesta antifascista a cualquier crisis humanitaria y a cualquier intento político de propagar la xenofobia. Ayudemos a construirla.

La solución para los trabajadores pasa por lograr comunidades diversas, populares, solidarias, cohesionadas y fuertes. Precisamente porque los migrantes no serán los únicos ni los últimos señalados. Casado irá también contra las mujeres o contra la diversidad sexual y de género, como ya ha hecho esgrimiendo una retórica machista y ultracatólica durante las primarias de su partido. Irá contra los catalanes por reclamar democracia y derecho a decidir, o por su rechazo a la derecha española. Irá contra todas las personas trabajadoras buscando enfrentarlas entre sí para mostrarse, a continuación, como solución a sus problemas. Lo hará del mismo modo que lo ha hecho Trump y el resto de fascistas como él que tenemos que aguantar hoy en el poder. Devolvamos al fascismo al basurero de la historia. Plantemos cara.

Anarca y Sumisa (II). Consenso y consentimiento.

Foto de Gemma Evans.

Puedes leer aquí la 1ª parte de la serie.


La Manada vs. La Realidad: ¿son situaciones tan distintas?

Volvamos a la lamentable historia de La Manada. La sentencia ha resonado con fuerza en gran parte de la sociedad debido a su injusticia y a que, quizá por primera vez, las mujeres en masa nos hemos empoderado para salir a la calle y gritar lo que ya sabíamos pero no decíamos: que algo diferente a un claro y contundente significa, simplemente, no*.

Tristemente, incluso cuando un no es articulado con claridad (tanto en el BDSM como en las relaciones vainilla), la voluntad de la persona puede ser atropellada –a esto nos referimos, en un contexto sexual, cuando hablamos de violación–. La gran lección que nos deja la respuesta ante agresiones como las de La Manada es que, en ocasiones, no negarse no significa inmediatamente sí. Es decir, que situaciones en las que la superviviente o la víctima no se defiende, no grita, no huye, no dice que no, son también, de facto, una violación. Quiero remarcar la importancia de esto para introducir un concepto, el de la date rape –violación durante una cita–, que suma un porcentaje muy alto de las agresiones sexuales. El término se refiere a las violaciones cometidas por una pareja, amigo, marido o conocido, y en EEUU supone el 78% del total**.

Por lo tanto, para hablar de consentimiento es necesario analizar cómo nos comunicamos y, sobre todo, cómo no nos comunicamos, pues es en este impasse de la duda o el silencio en el que las violaciones de los límites son más frecuentes.

Consentimiento explícito vs. consentimiento tácito.

En una entrada sobre la cultura del consentimiento (en inglés), Cliff Pervocracy escribe:

(…) forzar a la gente a que haga cosas forma parte de nuestra cultura, en general. Destierra esa mierda de tu vida. Si alguien no quiere ir a una fiesta, probar un plato nuevo, levantarse y bailar, o charlar durante la comida, está en su derecho [de no hacerlo]. Evita los “venga, anda”, y los “venga, sólo esta vez”, y los jueguecitos en los que obligas mediante bromas a alguien a participar [en algo que no quiere]. Acepta que no significa no –en cualquier situación.

Otro ejemplo, esta vez del mainstream más mainstream, acerca de la cultura de la no-comunicación y el no respeto a las necesidades de la otra persona: una reportera de Playground va entrevistando por la calle a hombres de todas las edades –y a alguna mujer– sobre el sexo y el orgasmo. La respuesta media a la pregunta «y ella, ¿llega al orgasmo?» es «ni lo sé ni me importa» (o, alternativamente, «no lo puedo saber porque las mujeres fingen», o sea, «todo es culpa de las mujeres, una vez más»).

La relación entre la cultura de la violación y la cultura de la no comunicación es bidireccional. No estamos educados para preguntar y, si preguntamos, no nos educan para respetar. La comunicación de los deseos no se enseña, y el consentimiento tácito, que es una práctica generalizada en la mayoría de interacciones sexuales, está basado en la normalización social de las mismas de acuerdo al patrón coitocéntrico que gira en torno al orgasmo masculino como punto final.

Quizá ayudaría, para comenzar a ponerle solución a esto, redefinir el consentimiento: pensar que va más allá de respetar una negativa, y enfocarlo desde la perspectiva de los privilegios, según la cual alguien en una situación de coerción no puede tomar una decisión plenamente voluntaria y consciente, dado que pesan muchas variables sobre su sí, quiero.

En un contexto como el BDSM, donde muchas veces las acciones pactadas acarrean dolor o incomodidad física, prima la necesidad de la comunicación clara y respetuosa. Dar por sentado el consentimiento puede llevar a malinterpretaciones con consecuencias graves, tanto físicas como psicológicas, por lo que la comunicación se establece como una parte fundamental de la relación desde un comienzo. Esto no significa que la escena kinkster esté exenta de dinámicas comunicativas nocivas; pero existe, por lo general, un interés muy marcado en el consentimiento, que tiene por resultado una defensa de la integridad de las personas y la denuncia de aquellos individuos que reiteradamente se niegan a respetar los límites marcados por sus compañeros. Es decir, que existe una comunidad local que vela, con más o menos éxito, por la seguridad y la ética de la práctica del BDSM.

La Lista de Límites: ¿realmente existe?

Usemos de nuevo ese boom editorial y cinematográfico que ha supuesto un aumento exponencial en la visibilización del (supuesto) BDSM: 50 Sombras de Grey y el resto de la saga***. Si no habéis leído la trilogía, no os lo recomiendo. Pero os cuento, para quien sea ajeno a la historia, que un multimillonario hecho a sí mismo se enamora perdidamente y a primera vista de una estudiante universitaria de último año. Además de acosarla, seguirla a todas partes y no permitirle ver a sus amigos sin que él esté presente, decidir por ella el método anticonceptivo que deberá usar, prohibirle la masturbación, e inundarla con regalos excesivos que ella no quiere y no puede reciprocar –una táctica de gaslighting y chantaje emocional en toda regla–, entre otras cosas, el tipo en cuestión le presenta una larga lista de actividades sexuales y kinks que ella debe aceptar o no.

Junto a cosas como el sexo anal, recibir latigazos, dejarse amordazar o el uso de pinzas en los pezones, aparecen las palabras mágicas: límite fuerte, límite débil, y no, en absoluto, de ninguna manera. Hasta aquí todo bien: las personas tenemos preferencias distintas, y si nos decidimos a mantener una relación sexual o de otro tipo con alguien lo más lógico es discutir qué y qué no nos gusta, qué nos apetece probar y qué está fuera de discusión. Lo que no es tan normal es pisotear las preferencias de alguien una vez que esta las ha expresado. Grey intenta convencer y revocar las decisiones de Ana en cada uno de los kinks que esta no quiere probar pero él sí. Esto es coacción, chantaje, y abuso. No BDSM.

La comunicación en torno a las preferencias sexuales o de juego de dos o más personas se articula siempre en base al consenso de todas las partes implicadas. Sin esto no puede existir el juego seguro. Recordemos los requerimientos para llegar a un consenso:

  1. Que todas las partes tengan un objetivo común.
  2. Que todas las partes quieran llegar al consenso.
  3. Que exista confianza y apertura entre las partes.
  4. Que las partes expresen sus deseos y necesidades, y que estos sean escuchados.
  5. Tiempo suficiente para hablar de los deseos y las necesidades de las partes implicadas.
  6. Un proceso definido para llegar a soluciones consensuadas.
  7. Participación activa de las partes implicadas.

Grey pasa como una apisonadora por encima de todos y cada uno de estos puntos: el objetivo no es común, sino el suyo propio; desde luego no quiere llegar al consenso, sino que la otra persona se atenga a sus normas; la confianza y la apertura desde luego no son su fuerte; las necesidades y deseos de la otra parte no están siendo escuchadas y consideradas con respeto; no le da a Anastasia el tiempo suficiente para reflexionar e impone límites; el proceso que se sigue para alcanzar el consenso es la firma sin cortapisas de un contrato redactado por él; y la participación activa no se valora, ya que él prefiere que Ana acepte y calle sin poner muchos problemas.

Nunca en mi vida me he encontrado con una persona dispuesta a relacionarse conmigo de esta forma. Espero que vosotras tampoco, sea en el BDSM o en cualquier otra relación. Y si lo habéis hecho, el consejo de hoy es: corred y no miréis atrás.

Negociaciones básicas.

No obstante, sí que existe una negociación inicial en el BDSM, especialmente si es tu primera experiencia con una persona. Se asume que existe un objetivo compartido –follar, pasárselo bien, recibir o dar dolor–, y las especificidades se consensúan de acuerdo a las necesidades y límites de las personas. –¿Quieres recibir dolor? +Sí, pero no con demasiada fuerza. –¿Está bien si utilizo una fusta? +No, no me gusta el dolor inflingido con instrumentos accesorios. –¿Sólo con las manos? + Sí, pero sólo con las palmas, no con los puños. –¿Podemos tener sexo mientras tanto? +No, cuando estoy sintiendo dolor no estoy en un estado emocional en el que quiera follar. –¡Perfecto!

Todo el mundo está contento, se ha hablado, los límites de la gente han sido escuchados y respetados, se han buscado soluciones comunes con las cuáles todo el mundo está cómodo, win-win, línea y bingo. Imaginémonos que por un momento todas nuestras interacciones fueran así; que no se asumiera que podemos abrazar o tocar el pelo a otra persona sin su consentimiento; que no insistiéramos para que otro nos acompañara a un festival o se bebiera otra copa más. Imaginémonos que un no significara siempre no, y que nada más que un sí, por favor significara sí.


*La polémica ha surgido, y con razón, en las redes sociales, cuando las violaciones sistemáticas denunciadas por un grupo de trabajadoras de la fresa no ha recibido tanta atención mediática ni la misma expresión de inconformismo y rabia social que el caso de La Manada; recibiendo críticas bastante acertadas sobre cómo afecta la racialización a este tipo de problemáticas y también cómo las respuestas de apoyo en Andalucía no han sido visibilizadas por el sector feminista mayoritario (o sea, urbano).

**No he encontrado estadísticas similares para el estado español o los países hispanohablantes, pero algo me dice que las cifras serían asombrosamente similares.

***Supuesto BDSM, porque nada en la relación de abuso psicológico entre los protagonistas tiene semejanza con un pacto voluntario y entusiasta entre dos personas.

De hueso y polvo. El valle de la memoria antifranquista

El Valle de Cuelgamuros, en el extremo sur de la sierra de Guadarrama junto a San Lorenzo del Escorial, podría ser un accidente geográfico más que pasara inadvertido, sin embargo es el espacio con mayor potencial de memoria colectiva de la historia reciente española y que aún sigue latiendo en la actualidad. Entre las repoblaciones de pinares y una diversa fauna de mamíferos y aves, encontramos la construcción monumental más infame ordenada por la dictadura franquista y símbolo de homenaje a esta aún a día de hoy.

La idea original de esta obra surge del mismísimo Francisco Franco que mediante dos decretos gubernamentales a fechas de 1 de abril de 1939 y 1 de abril de 1940 se decidía construir un monumento conmemorativo para honrar la memoria de los caídos por Dios y por España. Los trabajos comenzaron en 1940 y concluyeron en 1958, siendo inaugurado oficialmente el 1 de abril de 1959, coincidiendo con la fecha en la que el Franquismo celebraba la conclusión de la Guerra Civil española veinte años atrás. Es un monumento de exaltación de la ideología franquista y todos sus crímenes, y a partir de los años 50 la propaganda franquista se apropiaría del término “Reconciliación nacional” para modificar la publicidad sobre el conjunto monumental. Inmediatamente se convirtió en el mausoleo funerario de José Antonio Primo de Rivera, líder del falangismo español, y posteriormente en la tumba también de Franco a su muerte en 1975, estando aún enterrados bajo lápidas con honores en el centro del templo religioso.

El complejo monumental lo constituyen una basílica, una abadía de monjes benedictinos, una hospedería para el turismo, y una escolanía para niños cantores, dominado todo ello por la cruz más alta del mundo cristiano, de 150 metros de altura. En la basílica gestionada por los monjes en diferentes pisos y galerías hay un total de 33.847 personas enterradas, de las que 12.419 no están identificadas, siendo la fosa común más grande del Estado español. Si bien la idea inicial era convertirlo en un inmenso camposanto de los vencedores en la contienda, muchos familiares de combatientes sublevados no autorizaron exhumar a sus muertos de los cementerios municipales o de los lugares de batalla, por lo que varios cientos fueron extraídos ilegalmente por el régimen franquista. No contentos con esto, y también sin el consentimiento de las familias, llevaron allí numerosos restos de combatientes antifascistas recogidos de fosas comunes de Brunete, Gandesa, Tarragona, Badajoz o Teruel entre otras, hasta el último traslado en el año 1983.

La construcción de este monumento franquista fue en gran parte realizada con mano de obra esclava de presos políticos antifascistas, se calculan unos 20 mil, a los que se les prometía aplicar una redención de pena por trabajos, buena conducta y voluntad de expiar sus delitos en el imaginario ideológico nacional-católico del régimen. Fueron miles los presos que muertos de inanición, enfermedades, cansancio extremo, accidentes, torturas etc. también serían enterrados allí mismo en el complejo monunental. Empresas como Agroman, OHL o Dragados iniciaron sus negocios en el Franquismo, y concretamente con la construcción de este complejo monumental, aprovecharon la mano de obra esclava para enriquecerse, y ya durante el régimen monárquico saltaron al Ibex35, un negocio redondo.

Actualmente se están dando pasos institucionales para exhumar los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, proceso que esperamos que concluya prontamente. Sin embargo, las asociaciones de memoria histórica reclaman que esto no es suficiente. Se reclama que la actuación sobre un espacio de exaltación al Franquismo, construido con el sudor y la sangre de millares de presos antifascistas, merece ser mucho mayor y más profunda. A este proceso le deberían seguir la desacralización de la basílica y todo el complejo monumental religioso, y convertir ese espacio en un lugar de reconocimiento y homenaje a la memoria colectiva antifascista. Lejos de las tesis reconciliacionistas, las cuales ya solo algunos franquistas que no se reconocen como tal cosa, y algunos individuos desfasados de la vieja guardia del PCE reclaman, el ejemplo a seguir deberían ser los campos de concentración nazis en Alemania. En estos lugares la información objetiva y los datos, apartados del victimismo que siempre siente el antifascismo, no enturbian un claro discurso antinazi, no por ello menos histórico y fiel a una argumentación científica.

El Franquismo debe ser condenado socialmente, algo que parece difícil desde unas instituciones en cuyas cloacas aún se perpetúa la herencia de este régimen y su potencial ideológico, sin embargo, el fascismo no tendría ninguna cabida en la reconversión de este espacio en un encuentro de memoria, no es posible ninguna reconciliación ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro; y no se trata de rencor, se trata de asumir calmadamente la necesidad de construir desde el pueblo trabajador una dignidad y una paz efectiva practicando el más contundente rechazo al fascismo, cualquier otro escenario será un lavado de cara del régimen perpetuado en la monarquía y los gobiernos de turno actuales.

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