[Recomendación] Lectura: Los anarquistas y la cuestión palestina

Algunos y algunas preguntarán por qué nos ponemos automáticamente del lado de Palestina siempre. Pero lo hacemos con razón: el pueblo palestino está sufriendo un genocidio por parte de Israel. Profundizando más en el tema, el anarquismo es poco conocido entre el pueblo palestino, así como en Israel la población no es toda sionista. También existen anarquistas israelíes. No obstante, el anarquismo no tuvo mucha incidencia social en esos lugares aunque sí existieron movimientos de inspiración anarquista tanto locales como internacionales contra la ocupación sionista y no existe un movimiento anarquista organizado. Entre las organizaciones en que participaron los anarquistas podemos destacar ISM (International Solidarity Movement), Anarchists Against The Wall, entre otros grupos y colectivos. Las acciones directas y de desobediencia civil fueron principalmente pacíficas pero también hubo momentos en que se tornaron resistencias activas. A partir de la década de 1990, confluyeron otros frentes de lucha como el anticapitalismo, el ecologismo, el feminismo y el queer y las luchas por los derechos de los animales.

No queda atrás tampoco la cuestión nacional, pues en un conflicto de este tipo se ven involucradas las identidades culturales. Desde algunas perspectivas anarquistas, predomina la idea de que el nacionalismo va ligado a una construcción ideológica artificial articulada desde el Estado y por ello hay veces que se omiten estos componentes o son tratados de manera secundaria. Esto genera que las luchas de liberación nacional sin Estado queden ciertamente desatendidas. Es por ello que no se puede concebir a un pueblo sin unas identidades culturales, que para nada tienen por qué ir ligados al Estado-nación. El otro concepto de nación de Rudolf Rocker precisamente trata de esas identidades culturales de un pueblo en base a su historia, territorio, lenguaje, etc. Estas identidades nacionales forjadas desde abajo pueden ser elementos aglutinadores que unan al pueblo en su lucha contra la opresión imperialista. Sin embargo, existe una contradicción en lo que concierne a la lucha palestina y es que muchos palestinos y palestinas están a favor de crear un Estado-nación y en este dilema estamos tratando de resolver. ¿Cómo apoyar la lucha del pueblo palestino contra la ocupación sionista pero sin apoyar la creación de un Estado palestino?

Como anarquistas, sería acertado nuestro apoyo a la causa palestina en su lucha contra Israel, pero tampoco debemos apoyarles desde el paternalismo diciendo qué tienen que hacer y cómo han de luchar. El pueblo palestino sabrá lo que quiere y a pesar de ciertas contradicciones, la solidaridad entre pueblos debería mantenerse. Sin más, animo al lector o la lectora a conocer más de fondo este tema:

Los anarquistas y la cuestión palestina

PD: Agradecería al personal que desease expresarse, no opine en base a mi reseña sino que lo haga tras haber leído el texto.

Las malas anarquistas

Hay quienes panfleto tras panfleto y fanzine tras fanzine hemos sido arrojados por la borda del anarquismo. Hemos oído una y otra vez a gente decirnos que no van a ir en nuestro mismo barco. Que somos malas anarquistas, que no merecemos el nombre, que somos más de lo mismo.

¿Malas anarquistas? ¿No será que simplemente no somos anarquistas?

Para obtener respuestas acertadas hay que plantear las preguntas correctas. Ser anarquista no puede tomarse como una esencia –se es o no se es- y aunque se intentara, un término tan eminentemente político no puede significar nada de cada una de nosotras si no se explica nuestro contexto. Vivimos en sociedad y en la sociedad no hay líneas ni compartimentos estancos, por lo que difícilmente se nos puede diferenciar de forma tajante frente al resto con un término que nos relaciona tanto con los demás.

La anarquía se ha formulado de mil maneras. Desde que Proudhon creó el concepto para aplicarlo sobre la política es difícil hacer un recuento de las derivaciones que ha tenido. Hubo gente que lo interpretó de forma mística, otra gente como una propuesta política, económica y social concreta, otra gente como una pulsión humana. El anarquismo vino después, a conformarse como movimiento y eso como era de esperar no fue uniforme ni en todos los tiempos ni en todas las culturas. Es comprensible que el anarquismo, en tanto que movimiento social se atenga a la realidad de las personas que lo forman. Es comprensible, por tanto, por qué en ese movimiento aparecen claras influencias de la cultura existente en la sociedad en que nace. Claro, la cultura de las sociedades con dominación reproduce la dominación, la extiende, la perpetua.

Entonces… ¿el anarquismo perpetúa la dominación?

Responder a esto necesita un largo rodeo sobre cómo se sintetizan y reproducen las ideas, para poder responder con rigor.

Muchos compas han apuntado ya a los vicios intelectuales del anarquismo decimonónico: determinismo, machismo, antropocentrismo, obrerismo, mecanicismo…Obvia decir que propios de su época. Cuando hay quién pretender rescatar 50 o 100 años después determinadas ideas tal cual se presentaron en su día, chocan con una realidad cultural distinta, en la que no se conciben igual ni los conceptos más básicos, como puede ser la idea de pueblo: de como se percibía en la génesis de lo libertario a cómo se concibe hoy hay un mundo, lo que lleva a que no produzcan el mismo impacto entre la gente. Sin embargo, ese anarquismo decimonónico, aunque sosteniendo cosas injustificables a nuestros ojos, supuso una ideología influyente para ciertos pueblos y una práctica útil para ciertos segmentos sociales.

Las corrientes ideológicas, las libertarias también, se construyen. No se inventan ni aparecen de la nada. Es por ello que la importación acrítica de ideas del pasado o de otras culturas suele producir un nulo efecto socia, precisamente lo contrario de lo que buscan las ideas transformadoras. La sociedad genera sus propias corrientes ideológicas, en función de infinidad de variables, algunas manejables y otras no. Por ejemplo, el ciudadanismo del 15M o las mareas, que ahora es el principal sostén del movimiento en torno a Podemos, no se ha inoculado así sin más por “grandes laboratorios culturales”, ni por “élites académicas”, ni por “la ignorancia de la gente”. El ciudadanismo es una corriente de inmenso peso en nuestro pueblo porque ha ido creciendo con él, con las condiciones materiales y culturales en las que se han desarrollado las últimas generaciones. Es normal que en un clima social en que el ciudadanismo es la ideología mayoritaria, quienes lo manejan y defienden se alcen como iconos de “el pueblo”. Pablo Iglesias lleva años cabalgando la ola ciudadanista, adaptando el lenguaje y las formas, y eso ha hecho de él un icono. Querer ver en las ciencias sociales linealidades o agentes que causan efectos de forma unilateral es un error, pues no funcionan así. La consecuencia directa del anterior error es pretender producir cambios sociales desde una “periferia”, ajena y alejada de las realidades que pretende transformar.

La realidad social, en ese sentido, es fractal. Hay dinámicas sociales que se repiten de forma semejante, no igual, a menor escala hasta llegar a la individualidad. De la misma manera que las sociedades construyen sus ideas hegemónicas en una dialéctica constante delimitada por su Historia, las personas vamos adoptando ideas, discursos y formas de actuar según nuestras condiciones, hechos significativos y nuestras propias decisiones. Por lo general los individuos somos situacionales, estamos más atados a nuestra situación que a nuestras decisiones. Confrontamos con la policía y creemos en la insurrección en un momento de revuelta, pero luego al volver a la normalidad tememos el conflicto y lo rehuimos, sean cuales sean nuestras ideas declaradas. Quienes militamos conocemos lo que es quemarse, pero también emocionarse y volver con ganas cuando nuestra situación cambia, aunque no lo hagan nuestras ideas. Pues la sociedad funciona a semejanza: la situación es fundamental para promover una u otra sensibilidad, sin perder de vista que en último término es la decisión -individual o colectiva, racional o emocional- la que va a inclinar la balanza.

Pero… ¿qué elementos de la dominación se han integrado en el anarquismo?

La ola post -postmarxismo, postmodernismo, postanarquismo, post…- nos ha dejado decenas de regalos, combinados muy discretamente con las cambiantes condiciones sociales, políticas y culturales. El relativismo, la disolución de “El sujeto social” en un mar de “movimientos” o la nueva teoría del poder como realidad indestructible sumados con el consumo y la derrota de toda disidencia organizada han dado pie a algunas dinámicas en la sociedad con las que los anarquismos no han sabido enfrentarse.

La diversidad identitaria es una de ellas. La subdivisión de la sociedad en una suma simple de compartimentos culturales y sociales sin aparente relación entre ellos-excepto las relaciones de mercado- ha calado tan hondo que hay quién ha creído que los movimientos sociales y los movimientos políticos se forman de la misma forma que las identidades culturales. Así como hay gitanas o heavys, hay anarquistas o quincemeros. Pero además no todo es nuevo mundo, por desgracia. Si a esta tendencia social le sumamos las inercias internas del anarquismo que se enfrentó a ello -perfectamente descritas en “La epidemia de rabia en España (1996-2007)”- nos encontramos con un “movimiento” acostumbrado a la excomunión heredada del Anarquismo Oficial de los 90 (CNT-FAI-FIJL) y a la improvisación permanente supuestamente importada de otras corrientes, como el insurreccionalismo. La reciente importación de la interpretación antiautoritaria de la estrategia del Poder Popular así como la importación de sus detracciones está evidenciando viejos vicios-excomuniones, sectarismo, tendencia a la atomización- combinados con polémicas teórico-prácticas legítimamente vigentes, todo ello dentro de un movimiento identitario–con sus símbolos, ritos, lenguajes, mitos- y cerrado -al que hace falta “entrar”-, que está lejos de ser tanto una fuerza social como un ghetto relevante. La conversión del anarquismo en una identidad cultural ha estancado su dinamismo, encerrando en sí mismas a varias generaciones de militantes. Ese encierro ha supuesto que las ideas y prácticas libertarias sigan en ese cajón del que la gente entramos y salimos según nuestros ciclos vitales mientras que las que han calado en el cuerpo social se hayan separado del movimiento, como el asamblearismo, del que un importante sector antiautoritario se ha desentendido como práctica propia precisamente cuando se generalizaba su uso para la acción social.

Otra dinámica social extraña a lo libertario y que no se ha encajado nada bien es la idea de “El fin de la Historia”. Aunque siempre se haya renegado de ella ha, ha calado muy profundo en toda nuestra sociedad, incluidos quienes militamos por supuestos cambios. Esto se suma a la confusión entre la “prefiguración de los medios de acción” y el eterno presente, esto es, confundir el hecho de que los medios tienen que ser coherentes con los fines con que los medios deben ser inmediatamente los fines y por tanto, que no futuro que construir. La extinción del horizonte revolucionario ha viciado los debates, centrándolos en el presente y en el pasado y sin intención alguna de ver más allá de los cambios que podemos crear. Hemos cambiado la revolución social por la insurrección y los levantamientos, por definición siempre condenados a extinguirse. Y eso en el mejor de los casos, cuando no estamos volcados en la “resistencia” y en la eterna espiral represiva, de la que no podremos salir sólo resistiendo. Tras 6 años de “crisis” mucha gente ha espabilado y ha entendido que la Historia ni mucho menos ha parado…pero esto no ha sido gracias a nuestra acción.

Ambos lastres teórico-prácticos mantienen en un movimiento cíclico a buena parte del movimiento . Y sin embargo se mantienen constantes las clásicas “Influencias burguesas”, que llamó Luigi Fabbri. La violencia verbal en los debates, meterse en el papel de malotes que la prensa nos adjudica, el sectarismo entre corrientes, la pureza, el elitismo ante la gente no-militante…

En fin. Las malas anarquistas, heréticas de los Principios, acabamos señalando al propio movimiento como una ficción de la que no podemos ser partícipes con el grado de implicación y coherencia que desde algunos púlpitos se nos exige para poder ser dignas de su solidaridad, tanto a nosotras como al resto de nuestra gente. Vemos con pavor esos textos en los que se nos acusa de traidores y vendidas por luchar a brazo partido y codo con codo con personas a las que respetamos y que nos respetan. Se pone por encima una catalogación -la de anarquista, que al parecer debe condicionar una realidad material ya bastante chunga -la de estudiante, vecina, precario, currante… Y no. Anarquismo no puede ser un cajón cerrado de modos de vida, discursos y prácticas. Anarquismo debe ser una tendencia en los modos de vida, discursos y prácticas existentes que los acerquen hacía la anarquía, aunque no la provoquen de inmediato.

Al final, las preguntas que nosotras nos planteamos son otras:

¿Cómo se está construyendo hoy “anarquismo”? Y ¿”qué” es lo que está construyendo el movimiento libertario?

@botasypedales

Las miserias del colaboracionismo

«Nosotros no estamos por una mayor libertad, una mayor libertad se da al esclavo cuando se le alarga la cadena, nosotros estamos por la abolición de la cadena, consecuentemente estamos por la libertad, no por una mayor libertad. Y la libertad quiere decir ausencia de cadenas, quiere decir ausencia de límites con todo lo que de esta afirmación se desprende.» – Alfredo M. Bonanno (La tensión anarquista)

No dejan de sorprender les que se ilusionan por esas cosas como las «plataformas ciudadanas» o las «mareas.» No sorprende cualquier, sino les que se dicen anarquistas, anti-estatistas, o anti-autoritaries. Entre Podemos y el 15M ya nos han dado dos (o tres) tazas de caldo. Que si «poder popular», o que si «empoderamiento de las masas»; que si «la política ahora se hace desde abajo», o que si «lo que se necesita es un frente de unidad popular»… Todo parece querer apropiarse del vocabulario más vacío e inútil, del vocabulario más oportunista y populista. Si algo aporta el pensar ácrata al análisis de la realidad social es la certeza de que la autoridad y el poder son dos cosas a erradicar, pues son dos elementos que generan y perpetúan situaciones sociales de explotación y opresión. De ahí que empiece con Bonanno: no tiene sentido alguno (en otras palabras, es una gilipollez máxima) querer más libertad, porque la libertad no se puede medir ni dosificar. Une es libre o no lo es, pero no se es más o menos libre (como si hubiera un mínimo y un máximo cuantificables). Por la misma razón un Estado no puede ser más o menos opresor: todo Estado es opresor (y por extensión su sistema de leyes, su entramado institucional, y por supuesto sus brazos armados).

Hasta aquí las pajas filosóficas, vayamos a lo que interesa que es la acción o el hacer (o más bien cómo el pensar y el hacer se entrelazan de maneras complejas e inseparables). Partiendo de la base de que la opresión, la autoridad, el poder, la libertad, etcétera, son conceptos que no tienen sentido ser cuantificados (aunque la gente y el sistema lo hagan), que alguien me explique la coherencia ética de une supueste libertarie que jalea a les compañeres para que se unan a tal «marea» o a tal partido político (todes tenemos el nombre en la punta de la lengua, ¿no?). Que alguien me explique también eso de «los frentes de unidad» y «el empoderamiento de las masas.» Todo esto me parece tan poco productivo como consecuente. Las «masas» difícilmente me representan (creo que nunca representaron a nadie más que a les charlatanes que van de guías espirituales del proletariado), y no estoy tan segure de si me gustaría colaborar con ciertas personas por algo que me imponen como «causa común.» Porque no creo que tengamos una causa común, vamos a decirlo de una vez alto y claro. No veo qué causa nos une con les marxistas-leninistas, con les socialdemócratas, o con le «ciudadane» de turno de buen hacer y mejor pensar. Mi causa, como ácrata, es la libertad; su causa, como no-ácratas, es la libertad falsamente cuantificada (o, para el caso, la libertad tutelada). Así que no sé yo qué gano (más que enfadarme y hacer a mi patata desgastarse más rápidamente) con las «mareas», con «los frentes de unidad», o con las «masas empoderadas.»

Si aceptamos que nuestras causas son distintas, tampoco veo el porqué de no aceptar que también somos tipos de personas contradictorias. A veces leo cosas, o escucho a compañeres decir cosas, que parecen más el discurso de una monja de beneficencia. ¿Hasta cuándo seguiremos creyéndonos eso de que las personas son buenas por naturaleza? ¿De que hay une ácrata en potencia en todes nosotres? Además que ciertos planteamientos suenan bastante elitistas: que si hay que trabajar en los barrios para enseñar a la gente cómo funciona la anarquía, que si hay que abrir los ojos a la gente, que si hay que esto, o que si hay que lo otro. Y con esto no quiero dar a entender que pienso que nacemos sabiendo. No, la idea de la anarquía y de la libertad nos llega de forma contextual: amigues que nos introducen al tema, vivencias individuales que nos hacen pensar y buscar, y también organizaciones (para que mentir) que nos muestran, nos desilusionan, o nos insinúan. En definitiva, sea la experiencia negativa o positiva, la idea de la libertad puede venir por muchos caminos. Pero quiero hacer ver la diferencia entre «llegar a la idea de libertad y anarquía» y «querer meter en las cabezas la idea.» Pero bueno, digamos que ese «trabajo de barrio» con el vecine secretamente racista, con le otre que se siente celose por los éxitos de su pareja, o con el que pasa de causalidad y no sabe muy bien si quiere montar su propio negocio u opositar a funcionarie, tiene más de «hacer llegar a la idea libertaria» que de «meter en la cabeza.» Aun así, trabajando en proyectos que no atacan directamente la raíz de los problemas (es decir, proyectos como la petición de una ley «más justa», unos precios «más baratos», etcétera), lo único que se consigue es agrandar el problema y perpetuar la causa originaria.

Con todo esto quiero decir dos cosas que resumo a continuación (porque a veces se me va y me enrollo demasiado). Una es que hay que trazar, de una vez por todas, la línea que separa a les que queremos libertad y anarquía, y a les que no quieren libertad (ya sea porque piensan en ella en términos cuantitativos, dosificados, o porque simplemente son unes fascistas). En este segundo grupo incluyo a les «progres» demócratas que con sus discursos envenenados de falsa tolerancia y paz social emponzoñan las mentes de las personas. Esta línea la creo necesaria, e implica admitir que no todo el mundo piensa (ni pensará) como nosotres, es decir: que la vida es conflicto y nunca paz, incluso entre nosotres y/o con nosotres mismes. De este conflicto nace la tensión de la que hablaba Bonanno en el texto que citaba al principio. La otra cosa que quería mencionar es que de dicho conflicto, de dicha delineación de posiciones, nace la identidad y la solidaridad, las cuales llevan a la organización revolucionaria. Sin líneas que demarquen todo vale, y si todo vale no somos más distintes que le demócrata populista de turno que un día da agua, y al otro veneno. No tenemos que amar a todes, ni tenemos que complacer a todes, porque la existencia de ciertas personas ponen en peligro nuestra idea de libertad y anarquía. Finalmente, de la organización y solidaridad revolucionaria nace la posibilidad de «llegar a la idea de libertad.» Y aquí enlazo con el «trabajo de barrio.» Es inútil integrarse en colectivos que no operan con la idea de libertad, porque al final se termina perdiendo el rumbo y diciendo cosas como «votad a Podemos» (y en casos extremos haciéndolo). La organización anarquista pienso que debe ser eso, anarquista. Que se acerque quien quiera, que se organicen «jornadas a puertas abiertas», ferias y eventos abiertos. Las personas al otro lado de la línea que pasen a éste otro si quieren (como hicimos nosotres en su día). Pero nadie podrá decir que colaboramos con las personas al otro lado de la línea o que nosotres nos pasamos allá para traer gente acá.

No os dejo en paz sin mencionar a todas aquellas personas que luchan, fuera y dentro de las cárceles, por una idea clara, sencilla, y cualitativa de libertad, siendo consecuentes hasta el final con la relación pensar-actuar. A les que actúan como piensan, salud y rebeldía.

Apuntes existencialistas I: el abrecartas de Sartre

Como dice el título, este texto aporta meros apuntes sobre existencialismo. No busques aquí profundas disertaciones ni guías espirituales. Tampoco busques un trabajo para copiar-y-pegar, porque no te lo voy a dar mascado. Si quieres profundizar en la filosofía existencialista al final de cada texto (como te habrás fijado el título también indica que éste es el primero de una serie de textos por venir) listaré unas lecturas que, a mi parecer personal, son suficientemente interesantes. Finalmente, tampoco esperes una defensa a ultranza del existencialismo o de la filosofía de Sartre. Lo que aquí presento son apuntes de una visión de la vida humana que me parece interesante (y más o menos acertada, sin querer con ello decir que esté libre de crítica o problemas). Me dejo de rodeos, vamos a ello.

La libertad de existir

Desde antaño (pero que muy antaño) les humanes hemos venido manejando una idea que ha vertebrado, con mucha consistencia, la filosofía (especialmente la occidental). Esta idea es la idea de esencia. Así, innumerables pensadores han propuesto que les seres humanes tienen una naturaleza, una esencia, que no cambia con el tiempo, que se mantiene inmutable a lo largo y ancho del planeta, y que nos define como seres humanes (distinguiéndonos así del resto de cosas en el universo). Sin importar el contexto, sin importar las circunstancias, esta idea sugiere que les seres humanes, todes elles, comparten las mismas cualidades esenciales. El existencialismo ve un gran problema en esta idea: si estamos definides por nuestra supuesta esencia… ¿dónde queda nuestra libertad?

Jean-Paul Sartre articuló (sin ser le únique) una crítica a esta forma de pensar sobre les seres humanes, diciendo así que la existencia humana precede a su esencia. Esto normalmente se explica con el ejemplo del abrecartas. Imagina un abrecartas: es un cuchillito que está diseñado y fabricado de una manera muy específica. Tiene que ser lo suficientemente largo y estrecho para abrir los sobres de tus cartas, pero ni muy largo ni muy estrecho. Tiene que tener un peso ligero para que lo podamos sostener con una sola mano, y tiene que estar fabricado con un material duro y afilado para abrir la carta (así que no puede estar fabricado con gelatina, por ejemplo). Tampoco puede estar muy afilado porque entonces nos podríamos hacer daño, pero sí lo suficientemente afilado como para cortar el papel. Aquí hay mucho en juego. Este cuchillito tan específico que es el abrecartas fue diseñado por una persona que tuvo la idea de diseñar y fabricar una herramienta específicamente para abrir cartas. No es una herramienta para cortar el pavo, ni es una herramienta para podar el jardín. Es una herramienta para abrir cartas. Así pues, dice Sartre, la esencia del abrecartas antecede a su existencia. Pero, ¿pasa lo mismo con les seres humanes?

Sartre responde enérgicamente: no. Les seres humanes, lógicamente, no son abrecartas que son ideados de antemano. No hay un plan detrás de nuestra existencia, es decir, no tenemos ningún uso particular ni ningún propósito específico. No somos abrecartas, por lo que en les humanes la existencia precede a la esencia. Desde luego, esto implica negar la existencia de dioses, creadores cósmicos, y planes maestros (pero creo que esto no será un problema en una publicación anarquista). Dado que no hemos sido creado por ninguna entidad divina, y dado que no estamos en este planeta por ninguna razón en concreto, somos nosotres mismes quienes tenemos que crear una razón para existir, un propósito por el que vivir. Aquí es cuando empezamos a ser libres.

Libertad, elección, y responsabilidad

Ser libre conlleva elegir, y las elecciones derivan a su vez en responsabilidad. Les seres humanes no solamente somos libres de decir que no estamos determinades por una esencia natural o divina, sino que también somos libres de decidir en qué nos queremos convertir, cómo queremos vivir nuestras vidas. Para Sartre, les seres humanes poseen la capacidad de construirse activamente. Las piedras son piedras, y los mares son mares. Pero un ser humane es une agente active que puede darse forma precisamente porque no está pre-diseñade. El ser humane es libre, y Sartre abogaba por una libertad consciente y responsable. Consciente porque por muy libres que seamos siempre estaremos constreñides de una forma u otra. No importa cuanto quiera vivir debajo del mar: nunca podré respirar como lo hace un pez. No importa cuanto quiera sobrevolar las montañas: nunca podré tener alas como un pájaro (aunque sí que puedo construir una máquina que me permita volar). Pero aunque estemos limitades por ciertas cosas, siempre podremos decidir en todo lo demás aunque no lo parezca. Y, ¿por qué no lo iba a parecer? Por la sencilla razón de que a menudo les seres humanes actuamos siguiendo la educación que nos han inculcado, o los valores que nos han metido en la cabeza. También tendemos a actuar siguiendo las tradiciones de nuestra comunidad, o las reglas que nos imponen. Es por ello que Sartre decía que tenemos que romper con estas formas «habituales» de pensar. Es hora de decidir, de ser libres, y de ser responsables.

¿Por qué responsables? Al ser libre decidimos, y al decidir estamos dando a entender cuáles son nuestras preferencias sobre cómo ha de ser la existencia humana. Al decidir, también modificamos nuestros alrededores. Es decir: nuestras decisiones tienen consecuencias en nuestra vida y, potencialmente, en la del resto de personas. Es por ello, decía Sartre, que la libertad conlleva la más grande de las responsabilidades. Pero Sartre fue todavía más lejos al afirmar que estamos condenades a ser libres. Al no estar pre-diseñades, les seres humanes no tenemos excusa alguna para justificar nuestras elecciones. Somo nosotres quiénes decidimos qué hacer y cómo vivir. Somos nosotres les úniques responsables de nuestras acciones. Para bien o para mal, estamos condenades a elegir, a ser libres.

¿Y qué me quieres contar con esto?

Si hasta aquí he venido exponiendo las ideas básicas del existencialismo de Sartre no es por mero gusto (que en lo político no le tengo mucha simpatía), sino que es porque creo que tienen muchas cosas que decirnos sobre nuestra vida, sobre todo cuando la pensamos desde una óptica anarquista. Como persona que se define anarquista, lo más importante para mí es la libertad. No solamente mi libertad, sino la libertad de todes (incluyendo la libertad de les animales no-humanes). El existencialismo me permite pensar que no estoy atade a ninguna divinidad ni a ningún plan maestro universal; me dice que puedo escoger dado que mi existencia viene antes que mi esencia. Al poder escoger disfruto de una libertad existencial que me da la posibilidad de escoger qué tipo de vida quiero llevar, acorde con mis emociones, con mis ideas, y con mis valores. Si opto por el existencialismo como una forma de pensar el mundo, también es porque me inclina hacia el rechazo de lo establecido, a la crítica constante de lo que hago y de lo que hacen les demás. Me empuja a pensar y re-pensar mis actos y los de la sociedad en la que vivo, como también me invita a la superación de los hábitos, de lo arraigado, de la tradición, de los dogmas… Creer que yo misme soy el dueñe de mi existencia me hace, en definitiva, no solamente una persona libre sino una persona con mayor posibilidad para cambiar todo aquello que me oprime.

No obstante, no todo es coser y cantar, como tampoco es oro todo lo que reluce. La ética del existencialismo es atractiva, pero tiene sus límites. Si les seres humanes somos libres para crear nuestra existencia según creamos conveniente, es igualmente cierto que existen muchas barreras que nos impiden ejercer dicha «condena.» Liberarse de una educación autoritaria o de unos valores capitalistas puede ser más o menos sencillo (o difícil), pero liberarse de las constricciones del Estado, sus instituciones, y sus agentes, es harina de otro costal. Por mucho que odie el capitalismo y la vida que me impone, no puedo escapar con totalidad de él. Por mucho que quiera ver la revolución social ante mis ojos, no puedo hacerla realidad solamente con mis propias manos de la noche a la mañana. La vida en nuestra sociedad se torna así en un querer-y-no-poder. Sin embargo, una postura existencialista nos da (o al menos a mí) una buena razón para trabajar activamente contra todo aquello que nos niega la libertad. Por muchas constricciones que nos imponga la sociedad, los grupos, las costumbres, las estructuras, o lo que sea, si negamos la existencia de dioses y destinos entonces nos queda solamente nuestra existencia libre de esencias pre-diseñadas. Nosotres somos responsables de nuestras vidas y, en último término, de nuestras acciones. Siempre hay una alternativa, siempre hay un espacio para decir «no.» En otras palabras, no tenemos la opción de no ser libres.

Ante la explotación capitalista siempre tenemos la opción de resistir y decir «no» a todas las comodidades engañosas que nos venden. Ante la educación patriarcal y autoritaria siempre tenemos la opción de llevar una vida al margen, contra corriente, rompiendo el sistema de valores dominantes. Ante una vida de sumisión y esclavitud tenemos la opción de «romper nuestras cadenas» y «quemar la casa de les ames.» Siempre hay una opción, nos guste o no. Siempre hay una alternativa. El problema es que tal vez nos dé miedo la libertad y la responsabilidad que ella conlleva. Para finalizar, esto también nos muestra lo hipócritas que somos todes: dado que nuestras decisiones en esta vida son cosa nuestra en última instancia, todes somos unes cobardes en potencia; todes preferimos ceder más o menos al sistema que nos esclaviza. De no ser así, de ser consecuentes de verdad con nuestras ideas, escogeríamos el camino de la revolución hoy mismo. Algunes ya lo hacen. De ahí que muramos les que esperamos; les que no decidimos abrazar la libertad que nos corresponden con total plenitud.

Referencias bibliográficas

Sartre, Jean-Paul (1943), El Ser y la Nada [online]. Accesible desde: http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Sartre_Jean_Paul-El_ser_y_la_nada.pdf

Sartre, Jean-Paul (1946), El Existencialismo es un Humanismo [online]. Accesible desde: http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/766.pdf

Grecia: experiencias de diciembre

El texto que presento está sacado de un panfleto muy interesante que revisa el movimiento anarquista griego a raíz de las acciones militantes de 2008. Se puede leer/descargar en inglés aquí. Yo paso a traducir una parte que me parece de especial interés.

Repasando diciembre

Extracto de un texto más largo de la Void Network respondiendo a preguntas de anarquistas de los Estados Unidos.

Desde diciembre… ¿qué nuevas herramientas y estrategias tiene la gente?

Lo más importante es:

Coherencia: esfuerzos para ofrecer soluciones y respuestas directas a todos los movimientos del Estado, así como esfuerzos para mantener viva la lucha con acciones y eventos que prácticamente tienen lugar todos los días. También existen esfuerzos conscientes para evitar movimientos suicidas y sacrificatorios que puedan causar arrestos o derrotas duras. Los disturbios y las confrontaciones con la policía están bien organizadas, bien equipadas, y suceden en los lugares y  tiempos en los que la posibilidad de hacer gran daño es máxima y la posibilidad de personas en serio peligro es mínima. Con estas victorias la lucha atrae a nuevas personas.

Trabajo político: basado en la conexión directa con los problemas de la sociedad y en abstracciones ideológicas. Los esfuerzos por escuchar a la sociedad, manteniendo el contacto con las preocupaciones y miedos de la gente, dan respuesta a las situaciones que aparentemente no la tienen, atacando a las causas de los problemas y no a sus resultados. La habilidad del movimiento para jugar un rol importante en la vida política del país depende de la creación de lazos profundos con las luchas sociales , así como de la habilidad de inyectar ideas y prácticas anarquistas en los corazones de la gente común y jóvenes radicales. Esto es posible mediante el cultivo personal de una mentalidad crítica y la creación colectiva de una confrontación pública e inclusiva contra toda forma de autoridad.

Trabajo cultural: reuniones, asambleas, plazas, parques, y la vida pública tienden a reunir gente con coraje para luchar y capacidad para pensar y crear. Por primera vez en muchos años, lxs anarquistas están preparadxs para alcanzar una alta visibilidad en la sociedad y atraer así nueva gente no solamente mediante su fuerza destructiva sino también mediante su defensa de los espacios públicos (como los parques), y la creación de espacios políticos (como las okupas y los centros sociales en toda Grecia). También es importante la cultura colectiva que permite a todas las individualidades beneficiarse de las comunas sin perder su propia personalidad en ellas (como sucede en la organización tradicional de izquierdas).

Constante difusión de contra-información: es vital la importancia de la tipografía (¡no de la impresión digital sino de la impresión offset de 70cm x 50cm!) para imprimir miles de copias de carteles grandes y pegarlos por todas partes. Dado que muchos grupos diferentes producen muchos carteles diferentes, todo un espectro de teoría emerger en las paredes de la ciudad. Ya no tienes que leer libros sobre anarquismo. ¡La teoría está en los muros! Evidentemente es muy importante usar máquinas offset (!) para distribuir de forma gratuita miles de comunicados y copias de libros. Estas prácticas van de la mano con el uso de pintura en spray para pintar en los muros eslóganes políticos firmados por una «-A» en un círculo, y tapar los graffiti neo-nazis. También, lxs compañerxs acuden con frecuencia a la plaza central de sus localidades con un pequeño generador eléctrico y un pequeño sistema de sonido para poner música, leer sus comunicados, y repartir panfletos. Con este método de contra-información atraen la atención de la gente hacia luchas sociales específicas, crean solidaridad y mantienen interminables diálogos con la gente que pasa por allí.

¿Qué ejemplos concretos existen?

– Las asambleas de barrio, organizadas mediante invitaciones distribuidas de puerta en puerta, ofrecen respuestas a los problemas locales y los conectan con los problemas sociales más generales.

– Los parques okupados ofrecen una conexión directa con los problemas ecológicos y la vida urbana del día-a-día, produciendo nuevos espacios públicos liberados donde distinta gente puede encontrarse y coexistir (o intentar coexistir).

– Las diferentes okupas nuevas permiten que diferentes corrientes del anarquismo obtengan más visibilidad.

– Los nuevos centros sociales ofrecen talleres, lecciones gratuitas, comida gratis, alcohol barato, libros gratis, clases, proyecciones de películas, herramientas para DJs, conciertos, y espacios  de encuentro, sociales y públicos, para todo tipo de persona. Estos centros conectan a lxs activistas políticxs con la gente común y estudiantes.

– Los grupos guerrilleros urbanos siguen incendiando y luchando. Están formados por personas que se conocen y confían las unas en las otras al 100%. Ellxs continúan escalando los ataques semanales contra objetivos estatales y capitalistas. El gran catálogo de ataques incendiarios expande la cartografía de instituciones, corporaciones, bancos, y oficinas que la sociedad tiene que eliminar para que las personas puedan ser libres e iguales. De esta manera, lxs incendiarixs ofrecen a la sociedad una señal que eleva la desconfianza de la gente hacia estos objetivos específicos, así como fomentan sospechas sobre las funciones explotadoras de los mismos.

– Los activos grupos de estudiantes anarquistas no permiten a la burguesía controlar la universidad. Estos grupos se comunican entre sí todos los días, así como con el resto de estudiantes. Convierten la universidad en un espacio público que aloja decenas de eventos semanales, también organizados por compañerxs de otros colectivos políticos y culturales. Por supuesto las organizaciones de izquierda y grupos culturales también participan en la lucha por la defensa del asilo universitario, y por la defensa de la apertura nocturna de las universidades.

– La defensa de zonas públicas y autónomas como parques, colinas urbanas, universidades, áreas urbanas, esquinas, plazas, y puntos de encuentro como Exarchia y similares en toda Grecia de los ataques de la policía, mafia, traficantes de drogas, neo-nazis, e inversorxs capitalistas unen a la gente. Los encuentros en los espacios públicos producen una mezcla explosiva de gente muy diferentes proveniente de distintos contextos que aprenden a plantar cara a la policía, la mafia, lxs traficantes de drogas, lxs neo-nazis, y lxs inversorxs. Las asambleas diarias en los espacios públicos fortalecen los grupos y amistades para combatir contra lxs enemigxs en caso de espontánea necesidad, así como para pensar que estos espacios públicos son áreas totalmente distintas al resto del territorio que las rodea.

– El fortalecimiento de la imaginación, la inteligencia, y la mentalidad crítica es la mejor estrategia.

– Los movimientos de solidaridad animan a la gente a continuar luchando y cuidar, en la máxima medida posible, de lxs prisionerxs de esta guerra.

– La solidaridad pública y abierta hacia todxs lxs prisionerxs, criminales y prisionerxs políticos por igual, expresa la negación total de las instituciones carcelarias, revela las causas reales de la criminalidad en nuestra sociedad, y une más estrechamente a lxs prisionerxs anarquistas con el resto de prisionerxs, ganando así respeto y apoyo desde dentro de las cárceles.

– La lucha por Kostantina Kuneva y el resto de trabajadorxs manda un mensaje directo a lxs patronxs de que si atacan a unx de nosotrxs se las tendrán que ver con todxs. También, esta lucha demuestra que la lucha colectiva puede revelar cuestiones teóricas que interesan y atraen al conjunto de la sociedad.

– Todas las luchas y acciones directas sindicalistas, autogestionadas desde la base depositan en la mentalidad de la gente, año tras año, una estrategia profunda y radical de intervención en la esfera del trabajo.

– Indymedia funciona como un centro estratégico para la organización de las luchas y como un espacio digital y público donde todas las convocatorias, debates, e invitaciones pueden obtener notoriedad. De algún modo, todxs lxs compañerxs comienzan sus días echando un vistazo al calendario de Indymedia para decidir en qué acción social o asamblea desean participar.

– Las radios piratas y colectivas en universidades y centros sociales lanzan a las ondas el mensaje de resistencia creando así comunidades culturales y políticas.

– Las marchas críticas, las demostraciones en las calles, las fiestas gratuitas, las raves ilegales, los eventos en las okupas, los conciertos DIY, el hip-hop político, el punk, el indie rock el drum ‘n bass, el techno y el trance atraen a miles de jóvenes hacia espacios públicos temporalmente liberados. Estos espacios ofrecen un contacto existencial con las culturas underground y los movimientos radicales. Los encuentros de las culturas underground, cuando están conectados en solidaridad con el espacio político anarquista, ofrecen una introducción de primera mano con la conciencia política y social que los libros no pueden reproducir.

– Las protestas en centros comerciales, áreas de lujo, o en las estaciones del metro transfieren el mensaje de insurrección hacia los espacios privatizados de la ilusión capitalista.

– La okupación del Teatro Nacional de la Ópera y la interrupción de los espectáculos comerciales crearon un ejemplo de punto de encuentro entre las esferas del arte, de la filosofía, y de las ideas y prácticas insurreccionalistas.

– La okupación del edificio de la Confederación General de Trabajadorxs de Grecia creó una negación pública y visible del rol del liderazgo sindicalista y su fracaso durante más de 100 años de lucha obrera.

– La okupación de las oficinas de periódicos por periodistas en insurrección y compañerxs activxs en la creación de medios de contra-información produjo un vivaz punto de encuentro para la crítica directa del rol que los medios de comunicación juegan en la creación de apatía social.

– La okupación del estudio de la Televisión Nacional por jóvenes artistas y activistas arruinó el discurso del Primer Ministro, difundió desconfianza sobre los medios de comunicación, y mandó el siguiente mensaje a todas las televisiones de Grecia: «apaga tu televisión. Sal a las calles.»

– Las distintas okupaciones de edificios gubernamentales y municipales a lo largo y ancho del país mandó a la sociedad un mensaje muy diferente sobre nuestra concepción de las instituciones públicas, así como constituyeron satisfactorias victorias en diferentes luchas y causas.

– La lucha anti-fascista expresa el mensaje de que no hay piedad para lxs enemigxs de la libertad.

– Las manifestaciones anti-fascistas en solidaridad con lxs migrantes hizo obvio para todxs ellxs que nosotrxs estamos de su lado (pero sin esto significar que no critiquemos sus propias limitaciones).

– Vídeos y demás material subido a Internet y difundido por los canales de televisión convencionales probaron que la policía trabaja junto a lxs neo-nazis contra lxs migrantes y los movimientos sociales. También se probó que lxs neo-nazis no son más que una herramienta del Estado que usa contra cualquier tipo de resistencia social.

– Vídeos independientes y amateur, como el vídeo del asesinato de Alexis, o vídeos de la brutalidad policial, jugaron un papel muy importante en la construcción de un nuevo tipo de opinión pública.

– La creación de cientos de blogs desde muchas iniciativas de distinto tipo aportó un espacial digital para la expresión directa de las causas y teorías de cada lucha, atrayendo así a miles de lectorxs y participantes. Los blogs rompieron, para siempre, con la autoridad y monopolio  de los medios de comunicación convencionales.

– La imparable escritura, impresión, y distribución de mano en mano de cientos de publicaciones GRATUITAS de muy distintos tipos, panfletos, libros, CDs, DVDs, y el diseño y pegado de miles de carteles en todas las ciudades llevan el análisis a tal nivel que es posible cubrir muchas diferentes problemáticas que conciernen prácticamente a todas las partes de la sociedad. También, estos materiales expresan a las personas de nuestro tiempo la práctica anarquista de pensar directamente, y no a través de teorías abstractas y laberintos ideológicos.

Void Network

Traducción de La Colectividad del inglés para Regeneración Libertaria

[Recomendación] Lectura: Cuestiones organizativas del anarquismo

Mucha gente cree que los y las anarquistas renegamos de la organización y la política. No obstante, la realidad es que las cuestiones organizativas y el cómo articular una estructura de manera horizontal y federativa han sido y son principales entre anarquistas, aunque hayan corrientes anarquistas que defiendan la desorganización y las acciones espontáneas e individuales o en pequeños grupos. Este texto documenta las principales formas y posiciones organizativas del anarquismo, las cuales destacamos:

  • La organización informal o el antiorganizacionismo. Sin estructuras fijas y basadas en la afinidad, reniegan de cualquier formalización de las mismas, son volátiles y dadas al espontaneísmo.
  • La organización de masas o el sindicalismo/comunitarismo. Articulada a nivel sindical y comunitario, pretende ser una herramienta de lucha a nivel popular y de masas sin marcar una clara orientación política.
  • La organización específica o dualismo organizacional. Esta corriente defiende la necesidad, además de la articulación del movimiento a nivel sindical y comunitario, una organización específicamente anarquista que dote a los frentes de masas una orientación política anarquista.

La defensa de la organización informal viene porque creen que la mera existencia de estructuras formales y fijas, acuerdos y estatutos suponían coartar la libertad individual. Por eso, pretenden que sea en grupos pequeños y mediante la afinidad articular las acciones. Sus tesis son principalmente defendidas por Luigi Galleani. La estrategia organizacional a nivel sindical y comunitario viene dada porque se cree que con la participación de los y las anarquistas en el sindicalismo revolucionario era suficiente como para darles orientación revolucionaria y llevar a las masas trabajadoras y al pueblo a hacer la revolución, lo cual prescindirían de una organización específicamente anarquista. Entre las figuras destacadas que defienden esta postura está Pierre Monatte. No obstante, desde el dualismo organizacional sí se ve esa necesidad de articular una organización a nivel político-ideológico además del nivel sindical y comunitario, puesto que el sindicalismo revolucionario es de por sí insuficiente y requiere de una línea política para su avance en la lucha de clases. El dualismo organizacional es defendido por Bakunin y Errico Malatesta.

Sin más, animo al lector o la lectora a profundizar en estos temas, ya que constituye uno de los más importantes entre el anarquismo y sirva para dotarnos de las herramientas necesarias para constituirnos como una fuerza política y social revolucionaria.

Cuestiones organizativas del anarquismo

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