Espacios de disputa

Ante una coyuntura de conflictividad social que involucre a diversas fuerzas políticas en pugna por ser la fuerza hegemónica, ¿qué papel tenemos como anarquistas? ¿En qué bando nos posicionamos y con quiénes trabajaremos? Preguntas así por el estilo nos llevan a la necesidad de espacios físicos en el cual llevar a la praxis nuestras aspiraciones a una sociedad libre. No basta con soñar modelos ideales de sociedad, pues no llegará inevitablemente con el paso del tiempo, sino que la posibilidad de su realización depende de la lucha que desarrollemos actualmente. No vivimos en universos paralelos, ni en mundos diferentes. Vivimos en una sola realidad material que compartimos con el resto de la clase obrera, que sufrimos la explotación capitalista y por tanto, las luchas populares en diversos ámbitos como la vivienda, la Educación, lo laboral, etc no nos son ajenas.

Es hora de aparcar la idea del «apaga y vámonos» solo porque dentro de un determinado espacio de lucha, los movimientos existentes no concuerde con nuestro corpus teórico y práctico. La coherencia se vuelve un lastre en tanto que obstaculiza el desarrollo de una orientación libertaria en dichos espacios y la inserción de los anarquistas en las luchas sociales. Requerimos de espacios de acción política, darles un contenido libertario ante su acaparamiento tanto por parte de la izquierda institucional como de los mercados. Dicho esto, vamos a repensar las tesis que algunos sostienen de actuar al margen de los movimientos sociales y populares en pos de avanzar hacia la idea de la inserción social y de crear espacios de disputa, de ganarnos un hueco en ella y no de abandonarlos. He aquí unos ejemplos que explicaré brevemente:

-El espacio educativo y la Universidad. Como es bien sabido, el actual sistema educativo no deja de ser un espacio de reproducción de la ideología dominante y que por ello, entre algunos colectivos, se opten por crear una educación alternativa al margen de éste. Sin embargo, estos proyectos educativos alternativos, pese a ser interesantes y demostrar que existe otro modelo educativo no basado en la competencia y la autoridad, bajo el sistema capitalista quedan como centros educativos privados y aislados de la conflictividad del mundo estudiantil. Si pretendemos un modelo educativo al servicio de la clase obrera y de carácter libertario, no podemos dejar un vacío político en los centros de enseñanza estatales, ni mucho menos apartarnos del movimiento estudiantil, de cuya estructura y orientación dependerá de las diversas fuerzas políticas que lo impulse. Ante el panorama actual de la ofensiva neoliberal sobre la Universidad, debemos responder que tenemos la necesidad inmediata de frenar su avance, pero a la vez, crear alternativas políticas y sociales encaminadas a la socialización del espacio universitario y de todo el ámbito educativo.

-Lo anterior nos lleva inevitablemente a conectar con el movimiento obrero y el sindicalismo, pues, además de que la mayoría de estudiantes se incorporarán en el mundo laboral, existe una clara contradicción en la existencia de una educación antiautoritaria en una sociedad capitalista. Desde el anarcosindicalismo, debe articularse un movimiento obrero que tenga fuerzas para hacer frente a las agresiones de la patronal y conseguir victorias en el terreno inmediato desde la autoorganización y la acción directa, y a la vez, que la clase obrera mediante el anarcosindicalismo y en el curso de las luchas, se prepare para la futura autogestión de los medios de producción en una futura sociedad anarquista. Las experiencias de las empresas autogestionadas en el capitalismo nos demuestran que la autogestión obrera es posible, como lo fue durante las colectivizaciones de gran parte de la industria catalana y del campo aragonés. Sin embargo, competir en el mercado capitalista como una empresa más, éstas acabarían siendo asimiladas por el sistema. Es por ello que vemos la necesidad de extender la lucha de clases.

-El problema de la vivienda y la okupación. No solo no vivimos del cuento, sino que al estar en dentro del sistema capitalista, también tenemos la necesidad de un techo. Y no todo el mundo puede marcharse a vivir al campo. Hoy más que nunca, el derecho a una vivienda digna se está convirtiendo -de hecho creo que ya lo está- en papel mojado, convirtiéndose éste en un privilegio y un negocio lucrativo para las inmobiliarias y la banca. Si bien la okupación es una respuesta directa contra el problema de la especulación, es necesario que conecte con las luchas por la vivienda y contra la especulación inmobiliaria.

El fútbol de tradición obrera. El deporte de élite en que se ha convertido actualmente el fútbol ha hecho que en los estadios prácticamente no existieran mensajes reivindicativos y de carácter anticapitalista, convirtiéndose en un espectáculo de masas y vehículo transmisor de la ideología dominante. Sin embargo, el fútbol constituye un elemento aglutinador que puede generar en torno a ello un fuerte sentimiento colectivo, base esencial para la creación de cualquier movimiento revolucionario. El ejemplo de Bukaneros es una muestra de ello, de cómo los mensajes como la exigencia de la libertad de los y las detenidas del 22M aparecen en los estadios, cosa que sería imposible transmitir un mensaje así de no ser por esa hinchada. O de cómo otros casos como el St. Pauli y aficionados del FC Manchester United crearon su propio equipo de gestión democrática. Antes de que los clubes de fútbol pasasen a ser Sociedades Anónimas Deportivas, eran clubes con cierta democracia interna y financiada por socios, en los cuales tenían cierto poder de decisión sobre el club. Hoy en día, ese modelo quedó apartado de la LFP, que no así de otros clubes de categorías inferiores. Aquí los y las anarquistas debemos recuperar el fútbol como deporte de tradición obrera, pese a que se nos presente muy difícil; pero al fin y al cabo, de transformar un espacio de transmisión de la ideología dominante en espacios que aglutine las organizaciones populares.

Las luchas de liberación nacional. No es posible concebir un internacionalismo homogéneo, con un marcado carácter eurocentrista. En cada territorio existe un componente sociocultural que caracteriza los numerosos pueblos del mundo. Así, el internacionalismo obrero debe construirse reconociendo esas particularidades socioculturales. Tanto el EZLN como el pueblo kurdo, o los pueblos indígenas latinoamericanos, llevan ese sentimiento de pertenencia a una comunidad, un territorio, una lengua, una historia y unas costumbres comunes que los une y que les impulsa a luchar contra imperialismo. En España, los pueblos catalán, andaluz, vasco, etc también llevan ese componente que no debemos dejar de lado, sino que debemos construir una alternativa libertaria en contra del concepto de nación Estado, haciendo hincapié en el pueblo trabajador.

Todos estos espacios nombrados responden a la necesidad de crear frentes de masas que conecten las reivindicaciones políticas del anarquismo con la lucha de clases y los movimientos populares, en pos de la construcción del socialismo libertario, que nos permitan mejorar las condiciones de vida en la sociedad capitalista, fortalecer las organizaciones populares y la creación de programas políticos de carácter libertario que nos permitan superar el capitalismo. No dejemos los espacios políticos vacíos, disputémonos, tanto a la izquierda institucional como al capital y la reacción fascista, un hueco entre ellos y desplacémosles.

La empanada leninista

Recientemente las juventudes asociadas al PCPE, los CJC, han publicado en la edición digital de su revista Tinta Roja un artículo, escrito por Jorge Orts, dedicado por entero a explicar su particular visión del anarquismo. Como buen oportunista, aprovecho mi oportunidad para escribir una respuesta.

Ya en la entradilla del artículo comienza a anunciarse el tono general. Nos dice el camarada que, desde que Bakunin lo formulara, el anarquismo se convierte en un enemigo ideológico del marxismo leninismo. Esto es cuanto menos sorprendente, dado que para cuando Bakunin muere Lenin tenía seis años. El primer contacto de Lenin con el socialismo revolucionario le vendría, pocos años más tarde, por su hermano Aleksandr, precisamente de ideología anarquista. Resumiendo, que si tenemos en cuenta que Bakunin escribe la mayor parte de su obra en la década de 1860, se puede considerar un auténtico logro convertirse en un enemigo del marxismo-leninismo 40 años antes de la fundación del partido bolchevique.

Merece la pena detenerse en el tratamiento que hace el camarada de la historia a lo largo de todo el artículo. Parece ser que ahora el materialismo histórico consiste en ignorar los datos objetivos para que todo coincida con las directrices del partido. Dice que el anarquismo «toma fuerza a mediados del siglo XIX». El anarquismo a medidados del siglo XIX no toma fuerza, sino que empieza a formularse de la pluma de Proudhon. Es a finales de este siglo y, sobre todo, a comienzos del siglo XX, cuando el anarquismo vinculado al movimiento obrero se hace fuerte. La huelga de la CNT 1919 que logra las ocho horas en España; la semana trágica argentina que mantiene al gobierno una semana en jaque, también en 1919; el Biennio Rosso italiano entre 1919 y 1920; o la revolución anarcosindical de 1936 son todos eventos de comienzos del siglo XX.

Justo después el camarada nos relata que el anarquismo «cala especialmente en la pequeña burguesía y el campesinado con pequeños privilegios», siendo propio de aquellos lugares donde el capitalismo no ha alcanzado un gran estado de desarrollo y donde, por tanto, existe una pequeña burguesía asustada ante el avance. Si examinamos las zonas donde el anarquismo cobra especial importancia nos encontramos con la industrial Cataluña, donde es hegemónico entre la clase trabajadora (la clásica de los panfletos leninistas, con mono azul y todo), en el Norte de Italia (también eminentemente industrial), o en Argentina, uno de los pocos lugares de Latinoamérica que por entonces poseía un desarrollo industrial. En otros lugares, como EEUU, sindicatos revolucionarios afines al anarquismo como la IWW también alcanzarían un notable nivel de desarrollo (¿Hace falta recordar que los mártires de Chicago, primer lugar en el que se lograron las 8 horas, eran todos anarquistas?). Es cierto que el anarquismo también llega a tener implantación en áreas rurales como Andalucía, sin embargo, aquí no encontramos un campesinado pequeñopropietario, sino auténticos trabajadores del campo, sin ninguna clase de privilegio y a menudo sin más propiedades que sus manos desnudas.
El marxismo-leninismo, más bien al contrario, tiene su principal foco de desarrollo en la Rusia zarista, país atrasado y sin industria donde el campesinado sí era, tras la manumisión de los siervos, pequeño propietario. En otros lugares las filas de los partidos adheridos a la tercera internacional a menudo se llenarían de intelectuales orgánicos, esto es, pequeña burguesía, pero por lo general no de obreros. La Profintern, intento del marxismo-leninismo de constituir una internacional sindical, fracasó estrepitosamente. Tan solo lograría extenderse el marxismo-leninismo, tras la Segunda Guerra mundial, a otros países igualmente atrasados y de base campesinacomo las repúblicas del Este de Europa o lugares como China en el continente asiático.

El camarada llega incluso a confundir nombres, llamando «Internacional Socialista» a la Asociación Internacional de los Trabajadores. Bakunin entra en ella, frente a los que querían convertirla en un partido parlamentario, defendiendo la necesidad de una AIT sindical y federalista. La causa de la escisión en la AIT no es pues el debate ideológico entre Marx y Bakunin (esto sería, desde luego, una concepción idealista de un hecho histórico) sino las tensiones orgánicas entre las regionales del Sur (Suiza, Italia o España), federalistas y las del Norte (Francia, Inglaterra), centralistas. Una concepción que tiene más que ver con las primitivas formas de organización obrera y sindical que se estaban desarrollando en esos países que con un debate de salón.
El anarquismo, dice el compañero, «coge el estado como una entidad abstracta y lo culpa de todos los males» centrándose únicamente en la abolición del Estado y, además «carece de bases científicas en su análisis». Quien afirma esto, evidentemente, no ha leído una sola página escrita por Kropotkin (reconocido ideólogo del anarquismo). Kropotkin, siendo un reconocido científico (geógrafo y naturalista) se apoya en un análisi científico para desarrollar sus tesis del Apoyo Mutuo. Lenin, por cierto, se entrevistaría con él para conseguir los derechos de reproducción de la obra para incorporarla al sistema educativo soviético. Otros científicos, como Elisée Reclus, participarían igualmente en la formación de las ideas anarquistas. Frente a ello, en la formación del marxismo leninismo, encontramos muchos políticos profesionales, pero científicos más bien pocos. También Kropotkin realizará un complejo análisis del Estado, como ya antes lo había hecho Bakunin, definiéndolo como el instrumento de mantenimiento de los monopolios, de sometimiento de una clase sobre otra y defiendiendo la necesidad de que la revolución acabe con el Estado y la propiedad privada de un mismo plumazo, pues la existencia de uno de los dos factores alimenta al otro.

El camarada no solamente no ha leído a Kropotkin sino que, aparentemente, tampoco ha leído a Marx. Dice que para éste el socialismo (asociado a la dictadura del proletariado) es una sociedad intermedia entre el capitalismo y la Comuna. Curioso, cuando Marx escribe «La guerra civil en Francia» en ningún momento argumenta que los franceses hayan necesitado de un estado intermedio para levantar su Comuna. Engels, el segundo padre del marxismo, dirá:

«Últimamente, las palabras ‘dictadura del proletariado’ han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí al dictadura del proletariado!».

Vaya, parece ser que la Comuna y la dictadura proletaria son para Marx y Engels exactamente la misma cosa. El socialismo, el estado intermedio del que habla Marx, no es una categoría política, sino económica, que se corresponde con un periodo en el que los medios de producción todavía no están lo suficientemente avanzados como para implantar el «a cada cual según su necesidad», siendo necesario un reparto de acuerdo al valor-trabajo.

El último párrafo parece una colección de tópicos sacados de algún cuaderno de primero de bachillerato. Dice el compañero que el anarquismo lleva necesariamente a la abstención. El anarquismo, contrario al parlamentarismo burgués, recurre a la abstención activa como táctica política, no teniendo problemas en abandonarla cuando ha sido necesario (caso de 1936, cuando el voto anarquista da el triunfo al Frente Popular). Tampoco reniega el anarquismo de la organización política de la minoría consciente, al contrario, es algo que promueve desde sus orígenes. Este es el caso del Partito Socialista Anarchico Rivoluzionario de Errico Malatesta, la Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin, o de las distintas federaciones anarquistas y anarco-comunistas existentes actualmente (Federación Anarquista Ibérica, Federación Anarquista Uruguaya, Alternative Libertaire…).

La idea de formar cooperativas hasta lograr la revolución, si bien es formulada por Proudhon, es desestimada por absurda por todo el anarquismo posterior. La acción histórica del anarquismo se ha basado, ante teorías socialistas descendientes del jacobinismo burgués como el marxismo leninismo, en la transformación social de las fuerzas productivas (mediante la acción sindical) y en la transformación política de la sociedad (mediante la revolución violenta, expropiatoria y anti-estatal). Las ideas cooperativistas propias del socialismo utópico no aparecen en ninguno de los lugares en los que el anarquismo adquiere importancia. Es sin embargo la concepción burguesa del Estado socialista que posee el marxismo leninismo el que ha provocado revoluciones que han acabado en agujeros sin salida, siéndoles imposible abolir el Estado tras reforzarlo y volviendo, al cabo de unas décadas, al capitalismo de libre mercado (URSS, China, Vietnam…). Sirviendo, en este proceso, para reprimir procesos revolucionarios (Ucrania, Kronstadt, Cataluña…). El marxismo leninismo, al menos el que defiende el camarada Jorge, no llama a la cordura, sino a repetir estos experimentos fracasados en un arranque de idealismo y fetichismo.

El anarquismo es la corriente del socialismo crítica con las concepciones estatistas, que pone el acento sobre la necesidad de llevar  a cabo una revolución totalitaria que se desarrolle a todos los niveles en los que el capitalismo sufre contradicciones, teniendo en cuenta la necesidad material de eliminar no solo a la burguesía sino a la estructura política de denominación que reproduce el orden burgués.

Respuesta al artículo de La Colectividad sobre los espacios no-mixtos

Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas

de estas personas defienden los grupos no-mixtos»1

Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. No me siento nada cómodo hablando sobre estos temas de esta forma, es decir, con proyección pública, más allá de los grupos en los que me muevo y siempre más dispuesto a escuchar que a hablar, pues precisamente, al pertenecer al grupo opresor, me siento sumamente hipócrita. Además, creo que al hacerlo concurro precisamente en uno de los hecho que critico, como es el de elevarme como defensor de un grupo que no me lo ha pedido y que si necesita ayuda, la pedirá.

Dicho esto, el texto no me ha dejado nada indiferente y, puesto que apoya su argumentario en una forma de vida que yo mismo he escogido, me he tomado el lujo de contestar, aun sabiendo que cualquier mujer podría rebatirlo fácilmente. Espero que se me perdone.

He decido comenzar la respuesta con una cita extraída del propio texto que me parece que resume perfectamente los pecados capitales encontrados en él. “Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos”, es una frase que aúna en sí una superioridad, una arrogancia y una condescendencia fatales, muy intrínsecas al hecho de ser hombre, que nos creemos en conocimiento de todo, así como me parece que muestra una gran falta de comprensión en el tema.

Simplemente por el hecho de que hayas escrito un texto así siendo hombre, por el hecho de que cuestiones los espacios no-mixtos desde esa posición, por el hecho de que intentes organizar su lucha, de la que nosotros somos cómplices y perpetuadores (aun cuestionándonos y revisándonos todo lo que nos dé la gana), creo que estos espacios se justifican al 100% solos, sin que nadie los tenga que defender.

Sin embargo, decides dar “una vuelta de tuerca más”, en el 5º párrafo, con las siguientes líneas:

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.”

El ser machista no se trata sólo de ser paternalista, por desgracia tiene muchas caras, algunas más sutiles (digo sutiles porque a piori es posible que no se aprecien tan claramente), aunque igual de dañinas. Una de ellas puede ser la apropiación del espacio público, que en este contexto situamos en una asamblea. La capacidad para ser escuchado siendo hombre, así como su capacidad para hacer suyo el espacio, mediante el lenguaje no verbal y el verbal, es bastante más alta de la que parte la mujer, con las consiguientes dificultades para expresar su opinión, tratándose éste, además, de uno de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar, la imposibilidad histórica de mostrar su opinión, su pensamiento. Me parece un fallo garrafal el no cuestionarse eso viniendo del mundo anarquista, cuando toda nuestra actividad política es determinada por las asambleas (a nivel colectivo). Si se quiere un movimiento realmente igualitario y de apoyo mutuo, puede que el primer paso sea espacios donde bregarse, donde adquirir confianza y hacerse fuerte, como los espacios no-mixtos. No obstante, mi labor aquí no es abogar por tales espacios, pues como digo un poco más arriba, se defienden prácticamente solos.

Pero aparte de todo esto, existen las conductas machistas que saltan a primera vista y, en este párrafo, brillan con luz propia. El hecho de infantilizar, de reducir a lo pueril y a lo estúpido un argumentario serio como el de los espacios no-mixtos, muestra precisamente ese paternalismo del que tanto te quejas, ese falso tópico de que sabemos más y esa falsa creencia, consciente o inconsciente, de que tenemos que ser quienes guíen a los distintos grupos poblacionales a la emancipación. Muy propio de nosotros, hombres, y muy propio de los europeos, si se me permite.

Me gustaría pasar ahora al tema de las identidades. En el 4º párrafo comentas: “De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción”. Me resulta muy curioso que te arrogues la capacidad de decidir qué es o no anarquismo en un tema así, cuando la mayoría de textos políticos con los que partimos vienen dejados por hombres. Personalmente, me parece lo más lógico del mundo que en una persona convivan varias identidades y, siendo mujer, me parece aún más lógico centrarse en la identidad género si ves que otras, como el anarquismo, no actúan eficientemente para resolver tus problemas. Ejemplos como este texto creo que refuerzan esa opción e “igual” la solución no está en criticarlos, sino en revisar comportamientos y hacer autocrítica, sin olvidarnos, por supuesto, de llevar las conclusiones a cabo, que si no hacemos nada. Por todo ello no entiendo que digas que eso no es compatible con el anarquismo, pues precisamente en nuestro mundo, en el que por otro lado tanto nos enorgullecemos del tema ideas-hechos, ha sido tradicionalmente más fácil la introducción de distintas tendencias o pensamientos, como el veganismo o el feminismo, al no tener tan claramente dibujados sus contornos, pero sobre todo, por la importancia que damos a la autonomía y auto-organización, cuestiones ambas que definen perfectamente los grupos no-mixtos. Me gustaría que me explicaras qué problema ves en que un colectivo de mujeres, soberano y autónomo, se integre en, por ejemplo, una estructura federalista, dispuestas a cooperar en el panorama general en todo lo posible, pero decididas y conscientes en que o lideran su lucha o nadie lo hará por ellas. Se me escapa.

Siguiendo con este tema, del párrafo 6º a mí también me gustaría resaltar lo siguiente: “Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar”. Sinceramente, yo no sé dónde encuentras la política de apartheid. Un grupo autónomo y consciente, siento repetirme, te está diciendo que no quiere que te metas en su modo de hacer las cosas, que lo consideran necesario y que están hartas de que los machitos revolucionarios tengamos que ir a liderar su lucha o sus protestas en cuestiones que les afectan a ellas por el hecho de ser mujer. ¿Te gustaría que gente que no es afín a tus ideales o prácticas, o que en muchos casos incluso consideras enemiga, se metiera en tu asamblea a decirte cómo coño tienes que hacer las cosas? Y parece mentira que siempre haya que poner ejemplos de este tipo, que nos toque personalmente, para sentir un mínimo de empatía o para intentar comprender las cosas. Además, no dejo de preguntarme cuántos iríamos o dejaríamos de “poner el grito en el cielo” si nos invitasen o pudiésemos transitar libremente por estos espacios, ya que muchos de nosotros ni siquiera somos capaces de dar difusión a eventos feministas o transmaribibollos, por no hablar del hecho de sacarlos adelante.

El remate final a este cúmulo de despropósitos lo encuentro en los párrafos 7º y 8º, donde comparas la situación con los colectivos de inmigrantes. Per se, noto de nuevo falta de comprensión, al tener que estar continuamente comparando grupos de opresión y no entender cada cosa en su contexto, a lo que se suma la petición, realmente asombrosa, de que: me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. Si un colectivo de inmigrantes te dicen que no ven lógico que tú, como persona que no es inmigrante (=mujer) formes parte de su colectivo porque culturalmente eres heredero de un sistema de valores que perpetúa su opresión, europeo-raza blanca (si no te ajustas a los parámetros, perdón, pero quiero poner el ejemplo máximo), ¿te enfadarías igual?, ¿les llamarías estúpidos?, ¿les negarías la ayuda cuando ELLAS Y ELLOS te la pidiesen?

Por eso hablo de remate final, porque para empezar, te vuelves a erigir como voz autorizada pública de un colectivo que quizás no sea el tuyo y que no te lo ha pedido. Junto a esto, pasas a comparar una parte un colectivo (grupos no-mixtos) con un colectivo en su totalidad, para reforzar vanamente tu argumentación. Pero además, porque en este caso también me da la sensación de que hablas de ellas y ellos sin cuestionarte seriamente tus privilegios. No somos los salvadores del mundo, hay cosas que no llegaremos a entender del todo bien (determinadas por el género, la raza o la cultura) y lo que veo más lógico es hacerse a un ladito, aprender, escuchar y ayudar o solucionar problemas CUANDO TE LO PIDAN.

A modo de conclusión, que creo que me estoy extendiendo demasiado, me gustaría exponerte que hay grupos donde “hombres honestos que luchen en el frente del feminismo” pueden empezar a cuestionarse sus privilegios y llevar las conclusiones obtenidas a su realización, como Desmachirulándose, salido de la asamblea de Lavapiés, así como recordarte que esta iniciativa es posible en cualquier ámbito, no es necesario que acudas allí. Por último, decirte que justificar tu rabieta (feminazi stole my ice-cream) con algo como el anarquismo, que en mi opinión tiene la capacidad intrínseca de cambio donde se podría dar una igualdad más o menos real (a lo largo de muchas y duras décadas de cambios, por supuesto), me parece realmente horrible.

Termino esperando no haber metido la pata demasiado, recordando que soy consciente de que soy parte del problema y pidiendo disculpas por si me he erigido en defensor de algo en lo que creo fervientemente que debemos participar, pero no dirigir.

Sergio Buendía

1 Cita extraída del texto en cuestión, 4º párrafo.

Grupos no-mixtos

El otro día leía con cierto asombro un debate entre varias personas en Twitter—sí, sí, ya sé que no es el mejor lugar para debatir—sobre una manifestación feminista no-mixta. Tal vez, lo que más me sorprendió fue la virulencia con la que algunas personas defendieron la manifestación, una virulencia que, a mi parecer, adoptó tintes nada anarquistas.

Nadie va a negar que la separación de la sociedad en géneros es problemática, sobre todo si esta separación es jerárquica. Recordemos que los géneros son construcciones sociales en base al sexo biológico—que por cierto, no tiene por qué ser binario como nos enseñan en la escuela. Vivimos en sociedades machistas donde los roles sociales asignados a las mujeres son degradantes respecto a la dignidad inherente de cualquier ser humano, sea del sexo que sea. Desde mi personal visión anarquista de la vida, no veo ni útil, ni moralmente aceptable, dividir la sociedad en géneros jerarquizados, pues a fin de cuentas todas las personas, sean del sexo que sean, tienen las mismas potencialidades en casi todos los aspectos de la vida—digo «en casi todos» porque, por ejemplo, los hombres no pueden parir.

Como individuos, todos los seres humanos, independientemente de su género, tienen la misma dignidad, la misma necesidad de libertad y, sobre todo, la misma capacidad para encontrar ésta. Una de las cosas que más me atrae de la filosofía anarquista es su clara argumentación en favor a la cooperación, a la ayuda mutua, a la solidaridad entre individuos, especies, géneros, etnias, o lo que sea. El anarquismo rechaza esa concepción furibunda y competitiva del capitalismo y del darwinismo. La vida florece en todos los lugares gracias a la cooperación; no hace falta competir por recursos escasos; no hace falta competir por mejorar, por ser les mejores. La vida es un camino que se puede caminar de la mano, sin cadenas y sin grilletes.

De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción. Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos. Es más, comparto dos de las argumentaciones, las cuales yo resumiría en:

  • Los grupos no-mixtos empoderan a las personas oprimidas.
  • Los grupos no-mixtos enseñan a las personas oprimidas a desarrollar tácticas de lucha más efectivas.

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.

El machismo es algo internalizado, socializado, e institucionalizado. Eso nadie lo niega. Decir que el machismo está socializado significa decir que los comportamientos machistas puedes darse de manera subconsciente. Un grupo feminista no-mixto puede, potencialmente, evitar este machismo subconsciente al rechazar la presencia de ciertas personas. De ahí que, personalmente, sí que defienda la creación puntual de grupos no-mixtos y la realización de acciones de lucha no-mixtas. Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar.

El problema, a mi parecer, surge cuando se confunde la exclusión con la expulsión. En un grupo de afinidad, por ejemplo, podemos encontrar personas autoritarias cuyo quehacer no es de agrado. En este sentido, el grupo expulsa a dichas personas, pero no las excluye a priori—o las personas que no se sienten cómodas abandonan el grupo y forman otro. De esta manera, lo que me sorprendía de aquel debate en Twitter era la facilidad con la que ciertas personas excluían, sistemáticamente, cualquier opción de participación «masculina» en grupos feministas—desde luego, con esto no quiero decir que toda persona feminista opte por esta exclusión, ni que toda persona que opte por grupos no-mixtos lo haga siempre de forma sistemática.

Una vez más, y para dejarlo claro, los grupos no-mixtos tienen una gran utilidad en muchas ocasiones, pero no es así de forma sistemática. Siguiendo la lógica de las personas que deciden excluir sistemáticamente a otras personas de ciertos grupos de acción, entonces, me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. ¿No es acaso la etnia de las persona otro frente de batalla en nuestras sociedades capitalistas? ¿Qué pinta una persona del grupo étnico dominante en una manifestación de grupos minoritarios? Espero que se vea lo absurdo de estas dos preguntas.

Para finalizar, me gustaría dar una vuelta de tuerca más a la cuestión del empoderamiento. Sigamos con el ejemplo de les migrantes. Es cierto que estos grupos minoritarios tienen una limitada capacidad de acción por multitud de razones—un ejemplo puede ser la condición irregular en un Estado que les puede deportar, encarcelar, e incluso matar. Ninguna persona anarquista sensible al tema negaría que un escenario ideal para estas personas migrantes sería un espacio de acción autónomo en el que elles mismes pudieran organizarse y luchar, sin necesidad de personas pertenecientes al grupo étnico dominante. No obstante, también sería absurdo decir que todas las personas no-migrantes que a diario luchan en este frente de batalla son, o se comportan, de manera paternalista. Desde luego puede haber paternalismo en un sinfín de ocasiones, pero no tiene sentido subsumir, de manera sistemática, el comportamiento de todas las personas en el paternalismo.

La ayuda mutua y la solidaridad no conoce de géneros, sexos, etnias, edades, o lo que quiera que sea, pues son cualidades inherentes a la raza humana—y solamente hay una única raza humana. Habrá hombres honestos que luchen en el frente del feminismo, y habrá otros que lo hagan de forma paternalista, autoritaria, y sexista. O tal vez encontremos hombres honestos que quieran genuinamente librarse de la lacra del machismo socializado. Y si algo creemos les anarquistas, pienso yo, es que se aprende haciendo; es decir, mediante la acción.

Fuego al patriarcado mediante la ayuda mutua entre seres humanos, sin distinción de género o sexo, pues nosotres somos la medida de nuestras jaulas personales.

[Recomendación] Federica Montseny

Hoy se celebra, como muchas podréis ver en la web de Google, el 126º aniversario del nacimiento de Clara Campoamor.

Sin embargo, este artículo no va dirigido a ella, si no a otra gran mujer, mucho menos conocida (o al menos, publicitada), probablemente por su condición de militante libertaria. Hoy se celebra el 109º aniversario de su nacimiento: Federica Montseny.

Y para hacer honor a esta gran mujer y militante, además de servir como recordatorio para todas nosotras, os recomiendo un documental, en forma de entrevista, sobre su vida, que se realizó en 1991 en Touluse, donde vivió su obligado exilio tras la guerra civil española, hasta su muerte, el 14 de enero de 1994.

Para ver el documental, pinchad aquí.

Assata Shakur

Acción directa y desobediencia civil: diferencias

Publicaba la otra semana un artículo sobre acción directa (que podéis leer de nuevo haciendo click aquí). En aquel texto presentaba las ideas básicas de la acción directa, así como ésta se relaciona directamente con el anarquismo. De pasada mencionaba que acción directa y desobediencia civil no son exactamente la misma cosa, lo que generó cierta reacción en algunes lectores. En este artículo pretendo explorar de mejor manera las diferencias entre estos dos elementos. [1]

Tomemos de nuevo el ejemplo que puse en el texto sobre acción directa. [2] Supongamos ahora que la función social que cumple la discoteca (es decir, la función de proporcionar diversión musical y un espacio para relacionarse con otras personas) es considerada como necesaria por el barrio. Ante esta situación les vecines pueden optar por un sinfín de acciones. Supongamos que deciden bloquear por la noche la entrada de la discoteca. Hasta aquí estaríamos ante un ejemplo de desobediencia civil en tanto que se está desobedeciendo la ley impuesta (bloquear la entrada a un establecimiento «correctamente» regulado). Sin embargo, el problema del ruido sigue presente.

Así pues, imaginemos que les vecines deciden no solamente bloquear la entrada, pero también cortar el suministro de electricidad de la discoteca (de esta forma el ruido cesa). Una vez más, teniendo en cuenta lo que hemos dicho de «la función social de la discoteca», estamos ante un ejemplo de desobediencia civil. ¿Por qué? Porque no se está supliendo la función social del establecimiento ahora bloqueado y «cortado» de la red eléctrica. No hay ruido, es cierto. Pero tampoco hay un espacio óptimo en el que divertirse, escuchar música, y relacionarse con otras personas.

Como se puede derivar del ejemplo anterior, la desobediencia civil simplemente desacata la normativa de la Administración (por la razón que sea), pero no cuestiona la autoridad legal y moral del Ayuntamiento y de la policía. La acción directa que proponemos les anarquistas es muy diferente: no solamente queremos bloquear y «cortar» a la ruidosa discoteca, sino que también proponemos suministrar (por nuestra propia cuenta) la misma función social que proporcionaba el establecimiento. Entonces, ¿qué sería acción directa? Siguiendo con el mismo ejemplo, acción directa sería bloquear la discoteca, «cortar» la música, y abrir una nueva discoteca que no haga ruido y cumpla solidariamente con las necesidades del barrio. Así de sencillo.

Me vais a permitir ahora un poco de disertación teórica para ahondar un poco más en la cuestión. Como hemos dicho, la desobediencia civil no cuestiona la autoridad del Ayuntamiento o del Estado. La desobediencia civil se limita a señalar y mostrar que cierto grupo de personas no está conforme con la legalidad vigente. No obstante, se deriva que este grupo de personas está a la espera de que la Administración predisponga de nuevas leyes que satisfagan las expectativas de dicho grupo movilizado.

Por otro lado, la acción directa planteada por el anarquismo no solamente señala las injusticias de la legalidad vigente, sino que además incita a las personas a vivir sus vidas como si no existiera ningún aparato estatal o administrativo que impongan leyes y normas de comportamiento. La acción directa nos hace ser libres, o mejor dicho, nos hace vivir nuestras vidas como si fuéramos libres. Si necesitamos un colegio público en nuestro barrio, la acción directa propone abrir uno (para satisfacer las funciones que proporciona un centro escolar) por nuestra cuenta. La desobediencia civil propondría bloquear el Ayuntamiento o acciones similares. La diferencia es más que clara: la desobediencia civil depende de la autoridad y poder de la Administración, mientras que la acción directa niega todo poder y autoridad vertical.

En conclusión, la desobediencia civil no llevará a las personas más allá de la reforma del sistema imperante. La acción directa, por su parte, no solamente bloquea el funcionamiento del sistema vigente, sino que además propone un marco de acción más libertador, pues se basa en la concepción del ser humano como un ente libre y creador de su propia realidad, sin necesidad de Administración, Estado, policía, o representantes. Lo que queremos, lo creamos nosotres mismes.

Notas

[1] Convendría mencionar que la diferencia entre acción directa y desobediencia civil va más allá de los debates teóricos. Es decir, ésta también es una cuestión práctica.

[2] Recordemos de manera rápida: en un barrio encontramos una discoteca con todos los permisos del ayuntamiento. No obstante, los niveles de ruido son insoportables (por mucho que la Administración diga que el nivel de decibelios cumple con la normativa). Ante esto, les vecines deciden cerrar la discoteca por la fuerza.

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