¿Qué es la acción directa?

Sin duda alguna, el concepto de acción directa es uno de los más usados en el vocabulario anarquista. No obstante, ante la creciente (relativamente) nueva actividad política de asambleas vecinales, mareas, colectivos, y redes, creo conveniente definir una vez más que es eso de la acción directa, sobre todo porque existe una concepción negativa entre la gente y los grandes medios capitalistas de comunicación sobre el proceder anarquista. Empecemos.

Acción directa y anarquismo van íntimamente de la mano. El anarquismo propone una forma distinta de participar en política y sociedad: les anarquistas no aceptamos la autoridad del Estado y su maquinaria institucional, así como tampoco nos contentamos con delegar nuestra voluntad y responsabilidad en terceras personas (como polítiques, representates, partidos etcétera). La filosofía anarquista propone la existencia de individuos libres, responsables, y autónomes. Actuar acorde con esta visión sería, en pocas palabras, acción directa, y se me hace difícil imaginar otra forma en la que actuar desde una filosofía anarquista.

La praxis anarquista reflejada en la acción directa apunta a la resolución de los problemas de une misme por une misme. Imaginemos que vivimos en un barrio donde una discoteca atormenta a les vecines por las noches con su música a todo volumen. Ante este problema tenemos dos opciones: 1) denunciar a la policía el excesivo ruido del establecimiento, o 2) resolver el problema por nosotres mismes. Si optamos por la segunda opción (seamos o no anarquistas) estamos actuando de manera directa. Ahora, como es obvio, existen muchas maneras de «resolver el problema por nosotres mismes.» Podríamos optar por hacerlo de manera individual (aunque en este caso no sería muy eficiente) o de manera colectiva (con el resto de vecines). Podríamos optar por hacerlo de manera pacífica (ir a hablar con el o la dueña de la discoteca, suponiendo que esto pone fin al problema) o de manera no-pacífica (entrar en el establecimiento, ocuparlo, bloquear el acceso, o hasta destruir el equipo de sonido). Sea como sea que actuásemos estaríamos haciéndolo de manera directa.

En el ejemplo anterior, optar por la segunda opción es el resultado lógico de aceptar nuestra autonomía como personas libres. Llamar a la policía o poner una denuncia en comisaria sería aceptar la autoridad legal y moral de las instituciones estatales. El anarquismo y la acción directa no ven en esta opción una solución moralmente óptima. ¿Por qué? Veámoslo con el mismo ejemplo. Supongamos que en la localidad en la que vivimos es legal el nivel de decibelios que atormenta a nuestra comunidad de vecines, por lo que esa discoteca que no nos deja dormir está operando dentro de la legalidad impuesta por la Administración. Además, supongamos que el establecimiento tiene todos los documentos y permisos necesarios para desarrollar su actividad en el barrio. Aun así, no podemos dormir por la noche porque escuchamos mejor su música que nuestra propia respiración en la cama. ¿Qué hacemos ante esto? La opción de presentar una denuncia sería inútil, y llamar a la policía terminaría en una medición de decibelios que cumple con la ley. Resultado: el problema no se soluciona. El anarquismo y la acción directa no ven autoridad alguna en la discoteca, en la policía, o en la ley burguesa, para decidir qué nivel de decibelios es aceptable o no. Son les vecines del barrio les que sufren de insomnio y son elles mismes les que han de decidir qué hacer al respecto. Así pues, cerrar la discoteca por la fuerza se convierte en una opción moral, afirmativa, y reconstitutiva de la libertad y autonomía de las personas del barrio.

A menudo los medios de comunicación del capital muestran una imagen destructiva, violenta, y caótica de la acción directa. Siguiendo con el ejemplo de la discoteca: imaginemos ahora que les vecines deciden cerrar la discoteca por su cuenta, ocupándola, desconectando el equipo de sonido, e impidiendo por las noches el acceso a la gente hasta que les responsables del establecimiento no decidan bajar el volumen de la música. Una decena de cámaras se traslada hasta el lugar y empieza a emitir imágenes de vecines enfurecides entrando en una «propiedad privada», tirando los altavoces al suelo, y forcejeando con les clientes del local a sus afueras. Los titulares rezan: «masa enfurecida de vecinos arrasa propiedad privada y agrede a ciudadanos libres que quieren bailar.» Así, queda muy claro que esto de la acción directa es cosa de «vándales» y «radicales anti-sistema.» Lo que los medios de comunicación no muestran, en este ejemplo, es que la fuerza de las personas autónomamente organizadas y actuando acordemente es no solamente moralmente superior a la injusta ley de decibelios, sino que además es suficiente como para poner del revés la administración civil y económica de la localidad.

Si la acción directa está tan negativamente concebida en la democracia burguesa (y así lo internalizan las personas mediante procesos de socialización institucionalizados), es porque la autoridad del sistema requiere de personas sumisas y pasivas. Si tenemos un problema se nos enseña a denunciar, a llamar a la policía, a buscar la ayuda de una persona mediadora. En definitiva, se nos enseña aquello de «no tomar la justicia por nuestra mano.» ¿Pero qué hay más justo que buscar justicia por une misme? Actuar directamente es afirmar nuestra condición de seres humanos libres, sin reconocer la autoridad de instituciones o machotes en uniforme azul. Acción directa es solucionar nuestros problemas de forma digna.

Por otro lado, debido a que la acción directa deriva a menudo en confrontación física, los medios de comunicación y las personas complacientes de vivir sus vidas con obediente sumisión no encuentran problema para aborrecer la praxis de las personas autónomas y libres (que todes lo somos, pero algunes parecen no querer aceptarlo). La persona que decida actuar de forma directa (es decir, libre) tiene que aceptar que las probabilidades de conflicto físico son muy altas. Volvamos al ejemplo: hemos ocupado y bloqueado la discoteca, pero a la hora la policía se ha sumado a las cámaras de televisión. De buena fe decidimos hablar con les agentes de policía para anunciar nuestras demandas: no queremos tal ruido en nuestro barrio. No obstante, el sargento (o lo que sea) nos dice que la ley es la ley y nosotres la estamos incumpliendo (de hecho, como estos monos de azul no piensan mucho, nos demandarán que entreguemos a les líderes de la acción para que vayan a comisaria. ¡Como si un vecindario no pudiera organizarse sin representantes o voceres de turno!). Ante esta situación podemos actuar de dos maneras: 1) rendirnos ante la policía y cesar la acción, y 2) resistir y seguir con la acción. Si optamos por la primera opción estaríamos ante un caso de desobediencia civil. La segunda opción es la única manera consecuente de aceptar nuestra libertad y autonomía (además que muches vemos en esta opción una decisión mucho más digna).

La diferencia entre desobediencia civil y acción directa es más bien sutil, pero claramente la última lleva la búsqueda de justicia mucho más lejos, hasta las consecuencias finales de actuar libremente. Es por ello que decía que las personas que decidan actuar de manera directa tienen que tener claro que la confrontación física (y la represión estatal subsecuente) son consecuencias frecuentes de querer ser una persona libre. No obstante, han de tener también claro que el nivel moral de dichas acciones justifica tal confrontación (sea más o menos violenta). He aquí otro punto clave: el anarquismo, mediante la acción directa, aúna medios y fines en un mismo ente. La moralidad de nuestros medios ha de ser afín a la moralidad de nuestros fines. «Actuar de manera consecuente», que diríamos. ¿Por qué un armario en uniforme azul tiene más autoridad moral para decidir con qué nivel de ruido puedo dormir por las noches? O para tal caso, ¿qué autoridad tiene un remilgado juez para imponer su criterio sobre mi sueño? Nosotres decidimos cómo queremos dormir, y el barrio decidió poner fin al ruido de la discoteca. Es por ello que la confrontación física con aquellas personas represoras que intenten imponernos su criterio es una opción moralmente aceptable. Y nadie debiera rechazar dicha confrontación.

Finalizando. Son muchos, sin embargo, los problemas a la hora de definir acción directa. Históricamente se ha desarrollado un intenso y grandísimo debate entorno a esta cuestión. Ya a principios del siglo veinte, muchas voces anarquistas afirmaban que una huelga, por ejemplo, no es acción directa por no mediar directamente con la fuente del problema (argumentaban que una huelga busca unos fines que  no solucionan el problema, sino que lo reforman). Este texto solamente pretende presentar de forma sencilla la definición más laxa de acción directa. Dejemos para otro día estas otras cuestiones de mayor calado.

Comunicado del Frente Anarquista Organizado (Región Chilena)

Declaración del Frente Anarquista Organizado [FAO] ante la coyuntura electoral y el quiebre en el movimiento comunista anárquico y libertario.

Las Elecciones Presidencial, Parlamentarias y de Consejeros Regionales de este año 2013, sin duda, han acaparado como nunca antes desde el ‘Plebiscito del Sí y el No’ la atención de la llamada opinión pública. Es la primera elección de Presidente y Parlamento con voto voluntario e inscripción automática (desde los 18 años), la primera ocasión que se realizan primarias, por vez primera se podrá elegir a los CORES, y por primera vez en Chile se presentan tantos candidatos a Presidente de la República, como son los 9 participantes. Los últimos meses han estado marcados por la propaganda electoral masiva e invasiva en las calles, plazas, transporte urbano, entre otros, por un seudo debate presidencial de 2 días televisado, por entrevistas en medios de comunicación masivos, en internet ocupando las redes sociales, por salidas a terreno y por actos de campaña a lo largo del país. Las últimas encuestas en torno a las elecciones dan por ganadora a la candidata del pacto ‘Nueva Mayoría’[i] Michelle Bachelet, pero aún no está claro si será en primera o segunda vuelta, ni menos quien acompañaría a ésta en segunda vuelta, ya que con la apabullante baja que ha sufrido la derecha con su candidata Matthei, el abanico se abre. Ahora veamos cuáles son los fenómenos y procesos que han desencadenado el actual panorama.

En el territorio de Chile desde el año 2006 se abre un ciclo de luchas destacando la de estudiantes secundarios –conocida como ‘Revolución Pingüina’-, de trabajadores contratistas del cobre de CODELCO, y de pobladores en torno a la problemática de la vivienda con los deudores habitacionales y los allegados (sin casa) en pleno gobierno de Bachelet; dando con esto el puntapié inicial para la multiplicación y visibilización de estas luchas. Pero sin duda, es el año 2011 el que marca un antes y un después para el Chile actual. La segunda década del siglo XXI comienza expresando un salto cualitativo en la Lucha de Clases en el territorio, con el conflicto por el gas natural en Punta Arenas, XII región de Magallanes, al extremo sur del país. Este fenómeno sería el primer conflicto regional que le toca enfrentar al gobierno de derecha de Sebastián Piñera, al que se sumarían huelgas de sindicatos en el campo laboral, además del conflicto principal y más profundo por la Educación, que es transversal a todo el territorio extendiéndose aproximadamente por 10 meses desde el mes de Mayo con mayor visibilidad. La masividad de las movilizaciones sociales, su proliferación y radicalización en el sector estudiantil, sindical, territorial, regional y en el pueblo-nación mapuche en lucha desde el 2011 nos lleva como organización política a releer la realidad social del Chile contemporáneo. Es así que visualizamos que como pueblo y sociedad de esta larga y angosta franja de territorio, estamos comenzando a despertar de un profundo sueño y letargo, a perder el miedo a organizarnos con nuestras/os compañeros de trabajo, de estudio y vecinas/os. ¿Pero es que acaso este despertar implica que se vuelve importante para las/os trabajadores y el conjunto del pueblo quien salga electo presidenta o presidente de la República por los próximos cuatro años? ¿Se vuelve condicionante para nuestros intereses quienes salgan electas/os senadores, diputados o consejeros regionales?

Desde nuestra postura política, en base a un análisis materialista histórico de la realidad, consideramos que sigue siendo irrelevante quien sea presidenta/e, senador/a, diputado/a y consejeras/os regionales: tendremos que salir a trabajar o estudiar de todas maneras, tendremos que seguir luchando y organizándonos por reconquistar los derechos usurpados a sangre, fuego y terror en Dictadura. A pesar de que una encuesta con trayectoria como la CEP[ii] en su muestra concluye que las/os habitantes de Chile quieren reducir las diferencias de ingresos (85%), nacionalizar el cobre (83%), en educación privilegiar la universitaria gratuita (74%), descentralizar el país (73%) y realizar una reforma tributaria (67%), esto no nos puede llevar a establecer de forma mecánica y determinante que el movimiento popular o que el pueblo y la sociedad chilena están preparados y dispuestos a organizarse y luchar por estas demandas. Es debido a lo anterior que candidaturas anti-neoliberales con atisbos de anti-capitalismo como las de Roxana Miranda y Marcel Claude no generan mayor aceptación ni expectación, siendo más bien candidaturas testimoniales de denuncia y programas irrealizables en el contexto actual, porque no existen grandes bases de apoyo en la población popular que las socialice, que opte por ellas y que las materialice. Más que apostar en términos tácticos por visualizar un programa de gobierno y reformas estructurales, hay que apostar por seguir creando, construyendo y fortaleciendo a nivel social, organizaciones populares con vocación de independencia de clase; con capacidad creativa, constructiva y orgánica autónoma y contraria a los intereses de los partidos políticos del bloque dominante (duopolio político Alianza por Chile/Nueva Mayoría), y de fuerzas y/o partidos políticos aventureros de izquierda que las pretendan representar (incluso en el caso de defender sus intereses), por arriba dentro de la institucionalidad democrático-representativa mediante la consecución de puestos en Municipios, Intendencias, Parlamento u obteniendo un Gobierno. Esto no debe leerse como una negación de la política, sino todo lo contrario como su afirmación más plena. La política debe estar presente y se debe avanzar en terminar con su disociación con lo social: pero la política debe estar anclada en el campo popular, surgir desde, con y para las/os trabajadores y el conjunto del pueblo.

Nuestra caracterización del período que se inicia en la segunda década del siglo XXI (concretamente el año 2011), hace hincapié en reconocer que, en general, la sociedad del territorio de Chile está cambiando y, en particular, la clase trabajadora y el conjunto del pueblo también: en clave de hastío de tanto abuso, robo, mentiras y promesas incumplidas que hemos sufrido desde 1990, cuando las/os políticos y tecnócratas que luego nos gobernaron por 20 años (la Concertación) nos instaron a inscribirnos y votar en el Plebiscito por el No con el lema ‘Chile, la alegría ya viene’. Pero la alegría nunca llegó y se convirtió en un trago amargo, y como somos una sociedad y pueblo alcoholizados fueron varios tragos amargos hasta que empezamos a despertar de esa larga resaca, a levantar cabeza en búsqueda de esa negada dignidad.

Sin duda esos cambios se han materializado en concientización, organización y lucha por parte de franjas del pueblo, las/os trabajadores y la sociedad en términos principalmente de reivindicaciones económicas sectoriales (estudiantil, laboral, vecinal), transversales (medioambientales, regionales), culturales-nacionales (pueblos originarios) y demandas por avances en derechos sociales (salud, previsión, educación, vivienda, transporte público) y/o servicios básicos (gas, luz, agua). Sin embargo, el grueso de la movilización y organización social se mantiene parcelado y con vocación gremialista, careciendo de tácticas, estrategias y objetivos comunes. No existe un plan o plataforma de lucha intersectorial potente en los campos sindical, estudiantil y territorial a nivel provincial, regional y nacional, que no haya sido elaborada por militantes y referentes más politizados de izquierda; sin duda que esto es un avance, pero debemos apostar a construir como movimiento popular en conjunto organizaciones profundamente democráticas, participativas y autónomas que avancen en clave clasista libertaria en lo orgánico, táctico, estratégico y programático; apostando a referenciar un proyecto sociopolítico intersectorial con unidad desde las luchas, que se sustente sobre la base del apoyo mutuo y la solidaridad de clase al interior del movimiento popular, esto es desde las/os trabajadores y el conjunto del pueblo organizado. La solidaridad de clase expresada por los trabajadores portuarios a nivel nacional con sus pares del puerto de Mejillones, materializada en el paro de actividades; así como el paro del 26 de Junio del presente año -bajo la consigna ‘A recuperar el cobre para la Educación’- convocado por CTC [Confederación de Trabajadores del Cobre], el SITECO [Sindicato Interempresa de la Gran Minería y Ramas Anexas], la Unión Portuaria de Chile y otros sindicatos portuarios, así como por la CONFECH [Confederación de Estudiantes de Chile], ACES [Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios] y CONES [Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios], entre otros, constituyeron hitos importantes en pos de dar pasos importantes en la configuración de un proyecto sociopolítico clasista intersectorial y un salto cualitativo de las correlaciones de fuerzas de los procesos de Lucha de Clases en el Chile actual; sin embargo, no debemos pecar de un optimismo voluntarista traspasando un fenómeno y contexto determinado al conjunto del movimiento popular; por lo demás tener claro que dicho paro del 26 de junio, en el mundo de los trabajadores fue principalmente promovido por dirigencias y fuerzas políticas, y que dichas organizaciones sindicales aún no son tan democráticas, honestas, participativas y clasistas como lo deseamos. A consecuencia, es necesario seguir fomentando las luchas reivindicativas y socioeconómicas en el seno de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo para de esta forma, en praxis dialéctica, ir avanzando en la conformación de una conciencia de clase para sí y la politización de las/os trabajadores de base. Esto último bajo un prisma materialista histórico de la realidad social y de la lucha de clases, rechazando lecturas apresuradas e idealistas que apuestan a que desde el mundo político, desde la democracia representativa en sintonía burguesa, en definitiva desde el Estado- Gobierno y Parlamento- se puede romper el cerrojo de la institucionalidad dictatorial heredada y la Constitución de 1980. Contrariamente a lo planteado por algunos, es precisamente esta táctica electoral aventurista la que contribuye a disociar lo político de lo social, al apostar a realizar las transformaciones por arriba, avalando la profesionalización de la política al interior de una democracia representativa con cimientos dictatoriales que permite la participación y toma de decisiones políticas-legales a un puñado de ‘profesionales’- a una élite política-, excluyendo al pueblo y mundo social mediante el acostumbramiento a la delegación de la participación y la toma de decisiones que nos atañen a todas/os, limitándolo al voto en urnas cada 4 y/o 6 años. Las apuestas electorales que en sus supuestos abogan por transformaciones estructurales profundas del sistema económico (Capitalismo neoliberal) y político-jurídico (Democracia representativa, Constitución de 1980) deben- para no terminar siendo cooptadas y absorbidas por la praxis del bloque dominante- necesariamente apostar por construir un frente social de masas a nivel nacional, de las/os trabajadores y el conjunto del pueblo, con capacidad de auto-conducción y plena autonomía de clase, con unidad táctica y programática desde la lucha concreta, y con una praxis en clave de acción/democracia directas de masas; esto es un programa que apunte a avanzar en conquistas materiales (sociales y económicas) en áreas como trabajo, previsión, salud, educación, vivienda, transporte público y medioambiente, mediante dos mecanismos que van a la par de manera dialéctica: la organización social de lo particular a lo general, de lo comunal a lo provincial, de lo regional a lo nacional, con la asamblea y el federalismo como metodologías orgánicas; y por medio de la presión social ejercida en las calles por las organizaciones populares que lo compongan abarcando un abanico de opciones operativas de la movilización social: marchas, mítines, volanteo, actividades político-culturales, foro-debates, talleres, barricadas, recuperaciones, y técnicas de autodefensa y violencia revolucionaria de masas como mecanismos de resistencia a la represión y terror del sistema imperante. Es decir, las transformaciones estructurales y avances en reformas político-jurídicas necesarias para romper con la herencia dictatorial-neoliberal deben surgir desde el movimiento popular y ganarse en el campo social; en el caso de que el frente social de masas apueste por la dualidad de hacer política desde lo social y desde lo electoral-institucional, se debe mantener su autonomía de clase supeditando el componente electoral al sociopolítico enraizado en las organizaciones de base. Pero sin duda que esto no será fijado por decreto, sino que se verá en la praxis, en las disputas ideológicas, tácticas, programáticas y estratégicas de las diversas fuerzas políticas que lo compongan; por lo cual dependerá en gran medida de la capacidad de referenciar y tendenciar que las/os militantes de sectores políticos comunistas anárquicos[iii]- en particular- y libertarios- en general-, tengamos al interior de las organizaciones de base, de un posible frente social de masas y del movimiento popular en su conjunto.

En torno al debate abierto al interior de las/os comunistas anárquicos y las/os libertarios: disputa democrática v/s disputa revolucionaria.

Más arriba ya hemos dado luces de nuestra posición respecto a las Elecciones 2013 y la táctica electoralista al interior de los sectores de izquierda, clasistas y potencialmente revolucionarios. Ahora queremos abocarnos particularmente a lo que ha estado sucediendo al interior de nuestro sector político comunista anárquico, en particular, y libertario, más amplio, en lo sociopolítico. En primer lugar, este posicionamiento no se refugia en lecturas estáticas y a-históricas de la lucha de clases y la realidad social, como ya se ha dejado entrever más arriba; no establece lecturas idealistas como pueden ser las puristas-moralistas, principistas y/o dogmáticos. No desea abrir un debate que ya está en curso y del cual, humildemente pensamos, se deben tomar posiciones al respecto. No deseamos revelar una suerte de verdad absoluta, de orden metafísico o mesiánico frente a qué es ser anarquista y/o libertario y qué no lo es (o cuando se deja de serlo); tenemos bien presente que hay lecturas diferentes con una flexibilidad táctica en base al diagnóstico y a la estrategia del período que haya tomado tal o cual organización o plataforma de trabajo, es decir, existen praxis distintas; esto sin duda ha sucedido en la historia de la izquierda en general y del movimiento anarquista/libertario en particular. Sin duda, como movimiento, nos hemos hecho más conocidos por nuestra coherencia entre medios y fines, que por una política homogénea. Es por esto que nuestro posicionamiento no contiene la equivocada tendencia de confundir los principios con la táctica o estrategia, sino más bien se articula a partir de la necesidad de mostrar una línea de soporte del trabajo político que hemos venido desarrollando un amplio sector anarquista/libertario y que se ha visto emplazada frente a las postura tomada por la ‘Red Libertaria’[iv] al interior del movimiento. Esto último, sin duda, se debe a la falta de estrategia que ronda en gran parte del movimiento. La tarea a nuestro juicio para el período que se abre con la segunda década de este siglo XXI, es plantearse tácticas, lineamientos programáticos y estrategia unitarias al interior del movimiento anarquista/libertario, que tengan la ardua tarea de llevar a otra etapa la Lucha de Clases en Chile posicionando el clasismo libertario como un referente gravitante dentro del movimiento popular, teniendo en cuenta los últimos avances en materia de lucha reivindicativa de un no menor sector de trabajadores y de otros sectores en lucha en el territorio del Estado chileno.

Respecto al debate y a la opción táctica-estratégica denominada Ruptura Democrática tomada por un sector del movimiento comunista anárquico/libertario, reflexionamos los siguientes puntos:

1.- Ruptura Democrática v/s Ruptura Revolucionaria como horizonte estratégico: estamos conscientes que la ruptura democrática es entendida a nivel coyuntural y táctico como socialización de un programa de gobierno, pero que sobretodo es una estrategia para el período a construir. Sin embargo, ante esta estrategia entendemos que las/os comunistas anárquicos y libertarios debemos oponer el horizonte estratégico de la ruptura revolucionaria, desde las bases y por fuera de la institucionalidad burguesa estatal del gobierno y parlamento, oponiendo como estrategia el clasismo libertario.

2- Construcción social de pueblo organizado desde las bases: apostar por la democratización profunda y radical barriendo con las burocracias al interior de las organizaciones populares y de clase en base al método de democracia directa, asamblearismo y federalismo, para no sólo dotarlas de perspectiva clasista libertaria, sino que además transformando su lógica vertical-autoritaria, por una horizontal y antiautoritaria, en búsqueda de cambiar sus estatutos orgánicos. Abogar por la unidad de las luchas (multisectorialidad), por el diálogo fraterno desde estas mismas luchas al interior de nuestro movimiento. Por último, desarrollar la capacidad de avanzar en procesos de autogestión social en el seno del movimiento popular.

A modo de conclusión, bajo un análisis materialista histórico retrospectivo, planteamos que no debemos ilusionar a las masas con la vía electoral, ya que esto sería insistir en un experimento político que fracasó, lo cual implicaría llevarlas al matadero, como sucedió con el Golpe de Estado en 1973, donde se barrió con las esperanzas de democracia socialista.

Con la derechización del Partido Comunista, queda vacante un espacio político que sectores de izquierda pretenden copar apostando a la lucha electoral e insistiendo en la ‘vía democrática’, sin asumir los aprendizajes que, a nuestro juicio, nos deja la historia del movimiento popular en Chile.

Finalmente, reflexionar sobre el quiebre que ha provocado en el movimiento comunista anárquico y libertario la estrategia de ruptura democrática y la táctica de apuesta electoral del movimiento TALM [Todas/os a la Moneda] y la candidatura de Marcel Claude. Planteamos al sector que ha optado por esta vía, reflexionar sobre los costos y oportunidades que ha tenido (y que seguirá teniendo) el asumir esta postura en la actual coyuntura electoral, precipitando un quiebre político justamente en un momento de acumulación de fuerzas y experiencias de lucha a nivel social y sociopolítico, estancando e hipotecando, en cierto grado, el crecimiento cualitativo y cuantitativo de las mismas. Una lectura idealista, dejando en segundo plano el materialismo histórico, ha llevado a querer transformar la realidad social no sólo de abajo hacia arriba, sino también desde arriba hacia abajo. Esta lectura privilegia la apuesta por las transformaciones políticas, las que al abrir el cerrojo institucional permitirían el rearme orgánico del movimiento popular y el avance en sus reivindicaciones socioeconómicas.

Esta división de aguas ha desnudado la falta de correlación de fuerzas al interior de nuestro movimiento, así como la ausencia de organizaciones sociales, sociopolíticas y políticas con una clara perspectiva clasista libertaria. La subjetividad política de nuestra clase trabajadora y del conjunto del pueblo no ha cambiado significativamente, como para aventurarse en proyectos que ni siquiera colocan como componente central el clasismo y el anticapitalismo. Estas apuestas pueden inclinar la balanza hacia una salida socialdemócrata al creciente conflicto social y lucha de clases en el Chile actual, desplazando la vía de ruptura revolucionaria; y es en este sentido que se puede esbozar que su planteamiento programático es más propio de la colaboración de clases que de la lucha de clases.

Para cerrar, hacemos un llamado a los grupos, militantes, referentes y sujetos de nuestro movimiento comunista anárquico y libertario (a nivel regional y nacional) a entrar en un proceso de profundo debate fraterno en pos de la refundación orgánica del Comunismo Anárquico en Chile, con el objetivo de establecer lineamientos tácticos, programáticos y estratégicos unitarios y comunes transversales, que permitan posicionarnos como un referente sociopolítico gravitante al interior del movimiento popular que permita llevar a otro nivel la Lucha de Clases en el territorio del Estado chileno.

Frente Anarquista Organizado -FAO-

¡¡Construyendo Autogestión Social desde  las bases para la Lucha de nuestra Clase!!

Notas

[i] Ex pacto Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó por 20 años Chile (1990-2010). Desde este año 2013 suma al PCCH [Partido Comunista de Chile] y al MAS [Movimiento Amplio Social] convirtiéndose en pacto ‘Nueva Mayoría’.

[ii] Nos referimos al último ‘Estudio Nacional de Opinión Pública’ (Septiembre-Octubre 2013) del Centro de Estudios Públicos [CEP] de Chile, con experiencia en estudios desde 1987. Más información en: http://www.cepchile.cl/

[iii] El término ‘comunista anárquico’, para el caso, lo entendemos como sinónimo de: ‘anarquismo de lucha de clases’, ‘anarquismo organizado’, ‘comunismo libertario’ o ‘anarco-comunismo’. Refiere a la unidad político-ideológica característica de una organización política. En cuanto al término ‘libertario’, lo entendemos con mayor amplitud que el anterior y referente más que todo a la unidad táctica y programática, a la vez que una metodología de construcción social en el seno del movimiento popular.

[iv] Para conocer esta posición, revisar el comunicado público disponible en: http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-publica-de-la-red-libertaria/

Manual Insurreccionalista

Hace unos días me topé, por casualidad, con un texto muy interesante. El «Manual Insurreccionalista» recoge textos de la revista Insurrection y de los panfletos incendiarios de Elephant Editions. Como hace ya meses que quería traducir los textos de CrimethInc, pero me daba lata, me animé a editar el «Manual Insurrecionalista» aprovechando que ya alguien había traducido los textos. Por ello, no me adjudico la autoría de ninguna parte del documento, al cual simplemente he añadido la portada (completa), y la rotulación de los capítulos. Todo lo demás está como lo encontré. Si lxs autores de la traducción leen esto y quieren ser incluidxs en la portada, por favor que manden un email a Regeneración Libertaria.

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[Recomendación] Lectura: Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

¿Qué papel jugaríamos los anarquistas ante la ofensiva neoliberal contra la clase trabajadora? Ante tales atropellos que se han agudizado más con la excusa de la crisis, han surgido diversos movimientos sociales que empezaron a actuar y a intentar parar estos ataques. Pero, ¿dónde estamos los anarquistas? Llega un momento en que la coherencia ideológica se vuelve un lastre más que como base para la praxis. Es un error pensar que de la teoría parte la praxis y que han de aplicarse los principios en ella como si fuesen mandamientos. Ante esta coyuntura, urge la necesidad de integrarnos en los movimientos sociales y cooperar con otras fuerzas políticas afines como una posición táctica a corto plazo. Esto no quiere decir una renuncia a nuestros principios, el apoyo táctico no significa apoyar políticamente a otras fuerzas políticas. El texto que hoy recomiendo trata expresamente de replantearnos las tácticas que hasta ahora hemos seguido:

Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

 

Por la destrucción de la moderación

Una de las ideas más manidas en esto que llamamos democracia liberal es aquella del «término medio.» Maldito el día en el que Aristóteles dijo, con precisión matemática, que la virtud se encuentra allá entre los dos extremos, en el «término medio.» Y así nos inculcan el «término medio» por medio de la escuela autoritaria, de los anuncios de televisión, de los discursos vacíos de les polítiques… Todo rezuma «término medio» en democracia liberal.

Desde chiques nos enseñan a evitar los extremos. Nos dicen «ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha.» Ésa parece ser la fórmula divina para un gobierno perfecto. Nos cuentan que «el término medio nos permite obtener lo mejor de los extremos sin contagiarte de lo malo»—que para algo son extremos, oiga. Y cuando nos creemos el cuento nos olvidamos que, tal vez, por alguna remota casualidad, resulte que el dichoso «término medio» sea otro extremo—usando la concepción que la democracia liberal da al término. ¿Acaso no es el «término medio» de la democracia burguesa la que causa que más del 50% de jóvenes en España no tenga empleo? ¿No es el maldito «término medio» el que hace pensar que los ataques del 11-S fueron cosas de terroristas, pero la invasión de Afganistán e Iraq no lo fueron? ¿No es el «término medio» el que produce el hambre en el hemisferio sur del planeta?

Maldito «término medio.»

Así nos olvidamos que vivir en una sociedad que mantiene a la inmensa mayoría esclava no es extremo. Nos olvidamos que una sociedad que reproduce las mismas desigualdades a lo largo de los siglos no es extremo. Nos olvidamos que los seres humanos somos capaces de organizarnos y ser felices sin necesidad de Estado, polítiques, o policía para mantener el orden.

No penséis que esto pasa solamente fuera del movimiento anarquista. Dentro de nuestra gran familia también encontramos ideas que, a mi parecer, tienen mucho que ver con esto del «término medio.» Aquelles que defienden una postura radical en el movimiento anarquista tienen una ventaja sobre el resto de personas. Si establecemos que la realidad material impone límites a nuestras acciones y pensamientos, mediante la radicalidad de nuestras existencia podemos demostrar que dichos límites se pueden romper y superar. Así, cuando el movimiento por los derechos civiles rompió con todos los esquemas de la sociedad estadounidense de una forma radical para la época, elles demostraron que los extremos no existen en realidad. Y si los extremos no existen, el «término medio» tampoco lo hace, pues ¿qué sentido tiene hablar de «término medio» cuando las personas rompen con los límites extremos de nuestra realidad?

El reto, y la propuesta de este texto, es aplicar esa ruptura con los extremos en todos los aspectos de nuestra vida diaria. En vez de estar esperando a otro 1936 u otro 1968, ahora mismo podríamos estar superando los extremos categorizados por la sociedad. Mediante la radicalización de la cotidianidad erradicamos del mapa la absurda idea de que existen extremos y «término medio.»

¿Para qué esperar a otro 1848 si podemos vivirlo hoy mismo a nuestra manera?

No obstante, nada de esto significa que haya una única manera de radicalizar la vida cotidiana. Y he aquí lo bonito de la propuesta más radical del anarquismo insurreccionalista—lo que en ciertos círculos estadounidenses se ha venido a llamar «maximum ultraism.» Dado que lo «radical» se refiere a la «raíz» de algo, podemos establecer que cada individuo puede tener una manera específica de ser radical, de romper con el apaciguador «término medio» mediante la superación de lo extremo. Así pues, el oficinista de clase media puede superar su condición alienada cuando empieza a expropiar material de oficina para repartirlo entre les chiques de su vecindario. La cajera del gran supermercado puede ser radical al separar en distintas bolsas la comida que puede ser comida por otras personas y que de otra forma acabaría mezclada con productos de limpieza en el mismo contenedor de basura.

De esta manera, el «término medio» se convierte en una ficción pues los extremos se pueden redefinir constantemente. Algunes encontrarán su camino en la quema de oficinas bancarias; otres lo encontrarán en la pequeña expropiación de material de oficina. Sea como sea, cada persona que decida romper con las cadenas invisibles que nos atan, al estar atacando la raíz del problema, estará siendo radical.

El gran problema en el movimiento anarquista viene cuando diferentes grupos con diferentes formas de «romper nuestras cadenas» empiezan a dogmatizar su propia postura y referirse al resto como «ignorantes» o «extremistas.» Y esto se aplica al insurreccionalismo que acusa de reformista al anarco-sindicalismo, y al anarco-sindicalismo que acusa al insurreccionalismo de violento y destructivo. ¿Cuán beneficioso sería para todes les anarquistas aceptar que pueden existir anarquistas con diferentes formas de superar la realidad que nos oprime, y que todes podemos «remar» hacia la misma orilla de distintas maneras?

Pero esto da para otro tema que será tratado en el siguiente artículo. Hasta entonces, tratemos de encontrar nuestra propia radicalidad.

Pongamos los pies en el suelo

La historia es eso, historia. Que si bien es imprescindible la memoria histórica, no podemos seguir durmiendo en los laureles de las glorias del pasado y en sus logros. La historia nos ayuda a concer nuestro pasado y nuestros orígenes, y a la vez nos debe servir para ver en qué hemos fallado y en qué hemos acertado. Pero toca el ahora y el panorama actual no es para tirar cohetes ni por asomo. Nos encontramos con un movimiento anarquista reducido casi a la marginalidad dentro los conflictos sociales, ya no somos una fuerza política capaz de movilizar a las masas como lo fue antaño. ¿Qué es lo que nos ha pasado? Ante la actual coyuntura con la agudización de la crisis capitalista, urge que nos sentemos en la mesa, debatamos, valoremos y reflexionemos sobre nuestro papel hoy y cómo afrontar la situación en lo inmediato y de cara a la reconstitución como fuerza política con presencia en las luchas sociales, elaborando tácticas y estrategias que nos permitan avanzar y crecer tanto cuantitativamente como cualitativamente.

Hablando a nivel de España, la trayectoria del movimiento anarquista desde su desmoronamiento después del Caso Scala hasta hoy, ha estado en general marcado por la poca influencia en la realidad social que ha tenido. Sin embargo, en estos últimos años ha habido un cierto repunte y han emergido recientemente organizaciones de aspiraciones libertarias prometedoras. Aun así, queda mucho por hacer. Paralelamente, debemos reconocer, aunque desde un punto de vista muy crítico, el despertar de la ciudadanía con el 15M, pero al no haber una continuidad y ante la falta de objetivos y estructuras orgánicas más sólidas en muchas ciudades desaparecieron. Cabe especial mención las PAH que irrumpieron en el imaginario colectivo como un movimiento social que visibilizó el problema de la vivienda y toda la trama especulativa que se estaba detrás de ello y superó las espectativas de movilización incluso a los anarquistas, aunque nos duela reconocerlo. Y continúan hoy incansables en la defensa del derecho a la vivienda.

Ahora miremos hacia nosotros mismos. Nos hemos apartado de casi todo y lo que rescataría sería algunas CNTs y CGTs en el ámbito laboral. Pese a que nos duela, la autocrítica se hace imprescindible en estos momentos en los que más necesitamos estar presentes en los conflictos sociales. Si dejamos un vacío político en las calles, serán copados por otras fuerzas políticas que estén dispuestos a involucrarse, como pueden ser la izquierda parlamentaria, la izquierda marxista e incluso grupos filofascistas y neonazis. Sí es verdad que hay, en cierta medida, un anarquismo organizado, aunque en cierto modo de carácter endogámico y autorreferencial. ¿En qué fallamos? Sobrevivimos en gran parte como individualidades aisladas, ha habido cierta tendencia a atrincherarse cada grupito en sus chiringuitos, en algunos casos se llega al panfletarismo incendiario que solo leen la gente dentro del ghetto, a mantenernos al margen de los movimientos sociales por ser reformistas y alardear de nuestra pureza ideológica lanzando proclamas maximalistas… Incluso en algunos casos, el rechazo a la organización en sí y la renuncia a disputarnos un hueco entre los movimientos sociales que no se adapten a nuestro corpus ideológico. Ni tan siquiera algunos han sabido superar una rivalidad que en verdad no tendría mucho sentido entre las CNTs y CGTs. No digo que sean acertadas algunas críticas pero si nos ceñimos a eso, no iremos a ninguna parte.

Y nos preguntamos, ¿de qué nos ha servido mantener la pureza ideológica?  ¿De qué nos sirven organizaciones sobreideologizadas si no son capaces de dar una respuesta en lo inmediato? O lo mismo, ¿de qué sirve ir por nuestra cuenta separados de la realidad social y construyendo torres de marfil para sobrevivir? ¿De qué nos sirve encerrarnos en un individualismo autocomplaciente y reivindicar las acciones individuales? ¿Es que los movimientos sociales se tienen que adaptar a nosotros? Que el lector o la lectora se responda a sí mismo/a. Asumámolo de una vez: no tenemos la capacidad material para materializar nuestros intereses y reivindicaciones, es algo que hay que ir construyendo, en el cual, el primer paso que debemos dar es poner los pies en el suelo y analizar la realidad social que nos rodea, teniendo en cuenta la coyuntura en que nos desenvolvemos y escoger cuáles son las tácticas y estrategias adecuadas para llevarlas a cabo y trabajar conjuntamente con los movimientos sociales en todos los ámbitos como en lo laboral, lo estudiantil, la vivienda, etc. Asumamos también que la revolución social no será puramente anarquista ni la haremos los anarquistas, sino que será resultado del empoderamiento de la clase trabajadora y el conjunto de explotados como pueblo fuerte.

Derribemos las torres de marfil como refugio para mantenernos puros ideológicamente, derribemos los chiringuitos como muestra de atomización, destruyamos los mitos e idealizaciones nostágicas, dejemos de hacer un anarquismo endogámico solo para consumo propio. Dejemos los personalismos y las proclamas maximalistas, despojémonos la idea de llevar una lucha en solitario sin contar con el resto de fuerzas sociales, dejemos de medir si ésto es reformismo o no y planteemos desde el punto de vista táctico y saber arrancar victorias parciales por la vía de la lucha colectiva y no por la vía institucional. En definitiva, dejemos de actuar como una fuerza al margen, como una estética, como un estilo de vida o una simple filosofía para el desarrollo individual y reconstituyámonos como una fuerza político-social para comenzar a salir del letargo y a caminar sobre suelo firme. Esto supone estar insertos en las luchas sociales aportando nuestras alternativas y nuestras praxis, a la vez que vamos dotando, en la medida de lo posible, a los movimientos sociales de un carácter libertario y mantener en todo momento un horizonte revolucionario. Superemos de una vez por todas el inmovilismo y la inoperancia en que estamos envueltos y aprendamos a avanzar en medio de nuestras contradicciones superándolas. Hagamos de la organización anarquista una herramienta efectiva para la lucha social y clasista, tanto en el plano político como de cara a formar un frente de masas.

Tenemos las bases teóricas y hemos de ponerlas en práctica en el aquí y en el ahora, que a la vez servirá para enriquecernos en la teoría e innovar en la praxis.

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