Silencio, se rueda cine libertario I

 

Introducción. Cine y la construcción de ideología.

La premisa fundamental del cine es que las imágenes no son inocentes. Toda película influye en el modo que una persona tiene de percibir las cosas, influye en la concepción que tiene de sí misma y del mundo que le rodea. Genera hábitos, normas de comportamiento, mentalidades, formas de vida, mitos, en definitiva, imágenes que constituyen la ideología.

Según el ensayista francés Marcelin Pleynet, la aparente neutralidad de la cámara es continuadora de los códigos de representación creados por la clase social dominante que la elabora. Además, según el realizador francés Jean Paul Fargier, podemos encontrarnos muchas veces con películas que aunque resulten difíciles atribuirles intencionalidad política, perpetúan una ilusión y una representación de la realidad preexistente que se quiere difundir.

Por lo tanto, la acción política del cine se construye desenmascarando esta manera de hacer cine. Es necesaria la búsqueda de romper la forma tradicional de hacer cine e investigar en las formas del discurso, identificando el compromiso político con la investigación artística y tomar como ejemplos significativos los trabajos realizados por las vanguardias, debido su carácter de rechazo a los procedimientos visuales establecidos. El cine, por lo tanto, debe ser el reflejo del mismo proceso que lo hace posible, tratar de unirse a la lucha social a través de nuevos caminos, presentando el cine como lo que es, un conjunto de imágenes y sonidos.

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Biografía de Armand Guerra, director de cine anarquista 

Tras esta introducción ahora vamos a sumergirnos para conocer a un desconocido cineasta comprometido con los valores libertarios, un cineasta militante que buscó nuevos caminos para contar historias con una cámara cinematográfica.

José Estívalis Cabo nació en Valencia en 1886, su vida es difícil de rastrear debido a la falta de documentos. Nacido en el seno de una familia de campesinos, de joven abandonó un seminario donde había ingresado, debido a su creciente sentimiento anticlerical. Trabajó como tipógrafo en Valencia y participó en huelgas de la CNT. Tras ser encarcelado por su militancia, huyó a Francia y a Suiza y contactó con círculos anarquistas.

Viajó a través de numerosos países e incluso participaría en la Semana Trágica[i], escribe en francés e italiano en algunas publicaciones con el pseudónimo José Silavitse y traduce textos anarquistas del alemán y del francés. En París y en Berlín empieza a dirigir cine y a trabajar también como actor bajo el pseudónimo por el que será conocido en la historia del cine: Armand Guerra. Concretamente en París, rueda diferentes películas de cine mudo como Les miséres de l’aiguille, Un cri dans la jungle, Le vieux docker, La Commune I, todas ellas con fondos de la cooperativa Le Cinéma du People. En los años veinte trabaja para la UFA, estudio cinematográfico más importante de Berlín. Hace todos los oficios de cine, como rotulador, director de doblaje, productor, realizador, guionista y actor. En 1925 trabaja en los primeros ensayos de cine sonoro y presenta en varios viajes a Valencia algunos documentales sonoros en 1926. En 1932, los visos del auge del nazismo en Alemania le hacen regresar a Madrid.

El golpe franquista de julio de 1936, contrarrestado por la respuesta popular, le sorprende en mitad del rodaje de su película Carne de fieras. El equipo cinematográfico se encontraba en Madrid; Armand Guerra, quiso abandonarlo todo y alistarse a la milicia o donde más falta hiciera. Sin embargo, pasados los primeros días, decidió que lo mejor era proseguir con el rodaje bajo la intención de que los trabajadores implicados en su producción, y los futuros trabajadores de las salas de proyección, mantuvieran sus sueldos, ya que se avecinaban tiempos de carestía.

A finales de 1936, realizó una serie de documentales en el frente, bajo el título de Estampas guerreras, de los que se ha perdido gran parte del material. Tras acabar este trabajo y haber luchado en el frente de guerra en la región de La Mancha, la CNT necesitó de su talento de orador y Armand Guerra abandonó la filmación. Era un conferenciante muy notable, de esta manera, en los primeros meses de 1937 mientras sus reportajes Estampas guerreras se proyectaban en Madrid, participó sin descanso en una serie de conferencias en el sur de Francia hablando sobre la Revolución social española[ii]. Además, Armand Guerra escribe A través de la metralla. Escenas vividas en los frentes y en la retaguardia en 1937. Con una hija en París, se exilia al acabar la guerra y fallece en París a causa de un aneurisma en 1939.

En 1942, en Perpignan, cuando los nazis invadieron el sur de Francia, su compañera hizo desaparecer los últimos escritos que le quedaban, temiendo que el pasado de este anarquista, que había vivido durante más de diez años en Alemania, aflorase de nuevo y pudiera ser el pretexto de posteriores represalias. Durante más de cincuenta años Armand Guerra permaneció en el olvido, hasta que su más reconocida película, Carne de fieras, es descubierta en 1992 por la filmoteca de Zaragoza. Su vida se puede reconstruir, mejor o peor, a través de sus artículos en la prensa libertaria, en revistas de cine, a través de los archivos policiales y de las filmotecas.

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Industria cinematográfica de CNT

Entre julio de 1936 y mayo de 1937 gran parte de la industria cinematográfica española pasó a manos de los trabajadores debido a la labor revolucionaria de la CNT y de la FAI, que abolieron la propiedad privada de los medios de producción.

Durante este periodo, la producción se multiplicó llegando a realizarse cerca de un centenar de películas en menos de un año, la mayoría de carácter documental sobre diversos aspectos de la Revolución social.

El entusiasmo revolucionario desatado organizó y propulsó todas las actividades cinematográficas y teatrales de Barcelona desde agosto del 36 hasta mayo del 37. Se comenzó este proyecto uniformando los salarios para todas las características de trabajo de las distintas ramas de la industria del cine. Se establecieron algunas medidas laborales como el subsidio de enfermedad, invalidez, vejez y paro forzoso. Todo este sistema organizativo permitió dar trabajo a unas seis mil personas y mantuvo abiertas 114 salas de cine, 12 salas de teatro y 10 salas de música.

En el plano político, la colectivización del cine supuso una nueva manera de entender el arte cinematográfico radicalmente distinta al sistema burgués y capitalista. No hubo un criterio único en el proceso creativo, no se impuso el dogmatismo entre bastidores ni detrás de las cámaras, además la situación bélica propició una nueva forma de hacer reportajes documentales al sacar las cámaras directamente a las calles para rodar lo que ocurría a su alrededor. Se había puesto en marcha la movilización popular para contar lo que veía el pueblo directamente, generando la contrainformación que sustituía a la información del poder.

La producción cinematográfica anarquista fue una experiencia única y sin antecedentes. Sin embargo, a pesar de ser uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia silenciados y olvidados desde el régimen franquista hasta nuestro tiempo más reciente, es una labor encomiable recuperar toda esta información del pasado y difundirla en nuestros días como ejemplo de creatividad artística y organización laboral.

[i] Acontecimientos insurreccionales acaecidos en Barcelona en el verano de 1909, siendo desencadenante el decreto del primer ministro Antonio Maura de enviar tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, en ese momento muy inestables, siendo la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras.

[ii] Proceso revolucionario que se dio tras el intento de golpe de Estado del 18 de julio de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española. Su principal base ideológica fue el anarcosindicalismo y el comunismo libertario de la CNT-FAI.

Se buscan líderes anarquistas… ¡y referentes!

Seguramente os sonarán nombres como August Spies, Carlo Cafiero, Angel Cappelletti, Camilo Berneri, Nestor Makhno, Errico Malatesta, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Federica Montseny, Conchita Guillén y un sinfín de nombres que no cabrían en la lista. Os sonará igualmente David Graeber, Abdullah Öcalan, Felipe Correa, Murray Bookchin, Carlos Taibo… Todos ellos anarquistas, no anónimos y anónimas, pero tampoco dirigentes. Ni siquiera ocupan ni representan ni pretenden ser sus representantes del movimiento libertario. Estos personajes, tanto actuales como históricos, tanto de acción como teóricos y teóricas, realmente no inventaron nada nuevo aunque fueron personas creativas. De las primeras, simplemente, sintetizaron las ideas y las praxis a partir del estudio y articularon todos estos conocimientos bajo un ideario documentado que posee referencias a ideas de muy diversas autoras. De las segundas, personas de acción tales como Makhno, Durruti entre otras, destacan por su perseverancia, iniciativa, compromiso y voluntad férrea, con visión estratégica y sagacidad, ambición y capacidades comunicativas. Estas características son propios de líderes/lideresas, y esta es una de las razones por las que he querido responder a nuestro compañero La Colectividad, cuyo artículo es de lectura recomendada para seguir el hilo del temario. Y ya que estamos, ¿por qué no echarle un vistazo a éste también del sabio lagarto Acratosaurio?

Para ir abriendo boca, quisiera matizar una cuestión conceptual importante: no es lo mismo hablar de líderes que de dirigentes o jefes. La diferencia está en que los líderes y lideresas son personas que describí en el anterior párrafo: personas que destacan por su iniciativa, por su agudeza intelectual, su creatividad y su lucidez. Personas que dinamizan, que saben transmitir sus pensamientos y las opiniones de otras personas, que saben cómo comunicar sus mensajes (capacidad comunicativa), que mueven al grupo e instigan la participación de otras personas, que tienen ambición, que escuchan y resuelven, que consiguen su legitimidad y reconocimiento ganándose el respeto de las demás. Sin embargo, el dirigente, jefe o jefa es quien se impone por la fuerza, con base en la idea del respeto y obediencia a una autoridad. Un dirigente impone sus intereses sobre los de los demás, no es legitimado realmente por su base social (con algunas excepciones). Aunque el difigente pueda compartir características con los líderes y lideresas, hay un matiz que en la práctica se nota y mucho. Pongamos otra vez a Nestor Makhno y Buenaventura Durruti como ejemplos de líderes. Sí, líderes anarquistas;

Nestor Makhno era una persona que aparenta un temperamento frío y calculador, pero sentía dolor cuando veía caer a sus compañeros de lucha, aunque sabía ocultarlo bien, impidiendo así que se debilitara emocionalmente ante las pérdidas de sus compañeros. Poseía un caracter fuerte, fue un gran estratega y lo que aprendió en las cárceles, lo supo transmitir e implementar. Supo mover y organizar unos destacamentos guerrilleros en un Ejército popular compuesto principalmente por campesinos y campesinas. Supo sintetizar los problemas por los que atravesaba las mayorías campesinas entonces y recoger esa necesidad revolucionaria de derrocar toda forma de opresión a través de la lucha armada y la construcción de un nuevo orden social basado en el comunismo libertario. Allá donde su Ejército Negro libertaba pueblos del yugo de las diversas reacciones tanto monárquicas como capitalistas, allá se ganaba la simpatía de la población. Y desde allí creó movimiento. Este ejército se erigió como un ejército de liberación que defendía la libertad del campesinado y el proletariado, y así lo hizo. Así pues, Makhno lideró esta fuerza político-militar, pero no lo hizo porque se haya impuesto, sino porque se ganó el puesto por sus actuaciones, su personalidad, iniciativa y firmeza. Mucha gente admiraba su valor y sus grandes dotes estratégicos, y por ello, llegó hasta allí y cumplió su papel de liderar una buena parte del movimiento en el campo militar, pues lo demás no era competencia del Ejército. Dentro del Ejército Negro, la disciplina se aceptaba voluntariamente, nadie estaba obligado a ingresar en él, pero quien entrase, tenía que aceptar esta disciplina por voluntad propia, por ser consciente y estar convencido de formar parte de un ejército de liberación, cuya lucha es la defensa de la revolución.

Buenaventura Durruti en los inicios de su trayectoria política, ingresó en la UGT, aunque posteriormente haya sido expulsado por la radicalidad de sus ideas. Poco después conocería la CNT, donde se convenció firmemente de las ideas anarquistas. Durruti realmente no fue un gran teórico, ni fue un gran orador como Salvador Seguí, sino un hombre de acción. Pero su fuerza en los discursos y lo directo en cómo los transmite, con su entonación como a martillazos, junto con sus acciones, instigaba al resto de obreros a la lucha. Sus discursos transmitían esa fuerza y espíritu necesarios para avanzar, esa energía que motivaba y levantaba ánimos a quienes le escuchasen. No se andaba con rodeos ni se perdía en términos demasiado técnicos. Iba muy directo y sabía transmitir perfectamente su perseverancia e iniciativa. De hecho, su famosa frase «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y este mundo está creciendo en estos instantes», recogía el anhelo de todos y todas las anarquistas de aquella época y a la vez describía la expansión del anarquismo como fuerza política revolucionaria. Desde el inicio de su militancia anarquista hasta su muerte, estuvo siempre en pie de guerra, pasando por las cárceles y el destierro, formando parte del famoso grupo Los Solidarios y como uno de los comandantes de la célebre Columna Durruti, que comenzó reuniendo a unos 2.500 hombres y consiguó llegar a tener hasta más de 6.000.

Ambos hombres de acción murieron sin acumular ningún patrimonio. Su entrega a la lucha fue total y jamás disfrutaron de privilegio alguno cuando estuvieron al frente de la comandancia. Makhno huyó a Francia, llegando a París y murió allí enfermo en la miseria. Durruti murió en Madrid por una bala perdida, sin dejar tampoco nada de valor. No obstante, ¿qué tendría que ver esto con la actualidad? ¿Qué hay de la diversidad del movimiento libertario… o más bien su atomización? ¿De verdad la existencia de líderes y lideresas coarta la libertad individual? El caso de la okupación de la Universidad de Zagreb que menciona La Colectividad es bastante interesante e ilustrativo que sustentaría su argumentación. No obstante, el liderazgo no siempre supone una sola cabeza destacada y visible. El liderazgo se puede dar a cualquier escala. Cualquiera que en una asamblea o un grupo lleve cierta iniciativa, que dinamice, que cree, sintetice y exprese lúcidamente las inquietudes del resto, que sepa transmitir las demandas colectivas al exterior, jugaría su papel de líder o lideresa. Otra característica del liderazgo es que no siempre recae en una única persona, sino que puede rotar según qué circunstancias y cuánta base social sea su apoyo, así como cuántas les toman como referente.

Y ya que estamos, vamos a añadir la figura del o de la referente. Un o una referente sí que es una persona pública, que destaca sobre todo por su capacidad comunicativa y por su formación teórica, quienes son reconocidos por otras personas las cuales acuden a dichos referentes como fuentes de inspiración y conocimientos. Bakunin, Malatesta y demás hombres y mujeres de ideas son ejemplos de referentes ¡y hasta Bonnano para las insurreccionalistas!. Gracias a estos nombres conocidos, tanto líderes como referentes, el anarquismo sigue vivo hoy, y que con el anonimato y sin liderazgos, seguramente en las páginas de la historia no se habrían escrito revoluciones sociales como la del ’36, la Comuna de Shinmin o la Makhnovitschina, ni hubiésemos presenciado, desde la historia reciente hasta hoy, la resistencia del pueblo Mapuche, el levantamiento zapatista ni el Movimiento de Liberación Kurdo ni la Revolución social en Rojava (he de matizar aquí que Öcalan no es expresamente un líder, sino un referente, un símbolo que inspira la lucha del pueblo kurdo, que le guarda un profundo respeto).

El Acratosaurio posiblemente nos hable de referentes más que líderes, personajes públicos que recojan y transmitan a la sociedad las opiniones comunes de los y las anarquistas. Hemos de reconocer que los mass media siguen teniendo mucha más difusión que nuestros medios, y que ni nuestras páginas web, ni nuestros canales de vídeo ni la difusión en las redes sociales en las calles, pueden igualarse a los mass media. Seguramente, en un debate en La Sexta donde salga Carlos Taibo (o alguna otra cara visible del movimiento libertario) haga llegar el mensaje anarquista a más personas que personas anónimas difundiendo por medios alternativos. Y ahora bien, ¿qué es lo que queremos: comunicar mensajes a otras anarquistas o visibilizar nuestras alternativas políticas? En otras palabras, ¿hacemos política para sí o política para fuera? ¿Nos comunicamos únicamente dentro de nuestros círculos militantes o queremos transmitir nuestros mensajes de cara a los movimientos sociales y a la sociedad, en concreto, a las clases explotadas?

La necesidad de cabezas visibles y presencia mediática del anarquismo responde a la necesidad de visibilización, porque el aislamiento es nuestra condena. Sí es cierto que no puede haber nadie que represente y recoja TODAS las opiniones y pensamientos de la diversidad del movimiento, pero la idea no es tener solo una persona, sino muchas: destacados anarcosindicalistas, cabezas visibles de los feminismos, intelectuales académicos, economistas que promuevan la autogestión, y activistas y militantes de diversos ámbitos en los movimientos sociales y políticos.

Ahora bien, La Colectividad habla de que con los sabotajes también comunican, ¿pero qué? ETA también quema cajeros para comunicar un mensaje. De hecho, cualquiera lo puede hacer, hasta un hooligan del Ultras Sur. Entonces, ¿qué sentido tiene? Caer en lo mismo que critican las propias insurreccionalistas: el espectáculo. Quemar cajeros, levantar barricadas y demás acciones de guerrilla urbana, sin llevar detrás una base social amplia, no es más que simple espectáculo, el cual solo alimenta el riotporn, algo con lo que disfrutan otras anarquistas que no viven en directo las revueltas y se dejan llevar por el morbo del fuego y los cristales rotos. Dejando a un lado esto, analicemos la forma comunicativa en sí. ¿A quiénes se dirigen? ¿Realmente consiguen instigar las luchas? ¿Qué aportan? Este tipo de mensajes materializados en acciones desde el anonimato son mensajes que únicamente parecen enfocados a anarquistas convencidas, pero que dejan de tener sentido para aquellas que no lo son realmente, ni tampoco instigan a otras personas a luchar aunque hayan quienes odien a los bancos pero éstas únicamente se quedan con un «ya era hora de que ardan…» pero no mueven, no se organizan y solo disfrutan del espectáculo de la guerrilla urbana, ¡craso error creer que por liberar animales, quemar cajeros y montar barricadas lleven por arte de magia que ciertas personas se hagan anarquistas y sigan esas acciones! Porque no aportan nada constructivo, ni ofrecen más alternativas que reivindicaciones maximalistas por la libertad tras ataques simbólicos pero únicamente se enfrentan al brazo armado del Estado, sin ser conscientes de la enorme diferencia de fuerzas, motivo principal por el que a la represión le es fácil aislar al insurreccionalismo, y al anarquismo ya de paso, de posibles apoyos sociales.

Por otro lado, el fuego utilizado para comunicar algo en Gamonal o Can Vies o desde la misma Echarxia destaca no por su espectacularidad, sino que dicho mensaje fue legitimado por una base social, la cual es la fuerza real que le da contenido político-social a los cajeros rotos y sucursales en llamas.

Por último, ¿qué sentido tiene decir que somos ingobernables mientras vamos a la deriva y continuamente forzadas por la coyuntura, sin tener unas hojas de ruta ni estrategias políticas que permitan al movimiento libertario ser un actor político real para transformación social? La Colectividad acierta al decir que tenemos potencial, pero no toda persona es capaz de desarrollarla. Así como que las clases explotadas y los colectivos sociales oprimidos (de etnia y de género)  tienen el potencial de ser las únicas clases sociales con potencial revolucionario, no podrán materializarla si no existen referentes ni líderes ni lideresas que articulen discursos acordes a la coyuntura, que proponga hojas de ruta y que lleven iniciativas.

Ya para ir terminando, se necesitan líderes y lideresas anarquistas para callar la boca… ¡de quienes nos calumnian, de quienes nos explotan por costumbre y constantemente atacan el anarquismo! Necesitamos personas que no tengan miedo a hablar en público, que dinamicen las asambleas, que sean creativas y resolutivas, que en todo momento se mantengan constructivas, que dialoguen, que muevan y motiven al resto… Obviamente, esto NO significa que tengamos que quedarnos esperando a que salgan lideresas de debajo de las piedras, sino que no rechacemos de antemano los liderazgos, algo que siempre va a existir en cualquier grupo humano, y por ello lo aceptemos en sentido positivo, tal y como como nos dice el Acratosaurio, «necesitamos líderes anarquistas, personas que […] sepan articular todas esas ideas que tenemos en el ambiente: ese desdén por los partidos; ese rechazo a la política profesional; esa exaltación de la asamblea; ese impulso a la participación política de todos[as]; ese igualitarismo que exige el fin del saqueo; esas necesidades insatisfechas en vivienda, educación, sanidad, alimentación; esa indignación ante la explotación y el abuso… Ese anhelo de una sociedad diferente, y tal y cual.«. Eso sí, debemos cuidarnos de que los liderazgos no degeneren en dirigismos y jerarquías informales. No tengamos miedo de aquellas personas que recopilen y sinteticen las inquietudes libertarias y cree a partir de esos conocimientos y experiencias, nuevas formas de acción e intervención social y política, que nos saque del estancamiento, que se visibilice y mueva iniciativas y que, en general, construyan.

Se busca líder anarquista… para callarle la boca

Normalmente me leo los artículos de Acratosaurio rex con gran interés, por los temas que trata y con el humor tan característico suyo que gasta. Unos me gustan más, otros me gustan menos. Aun así me los leo todos. Pero en un artículo relativamente reciente, titulado «Se busca líder y anarquista», no sé si su psiquiatra le habrá subido la medicación o qué, pero al «Rex» se le ha ido del todo. Para todas aquellas personas que no hayan leído el artículo todavía, lo resumo de forma muy esquemática:

  1. El anarquismo necesita de líderes (anarquistas, por supuesto).
  2. El líder es aquella persona que representa lo que todo el mundo piensa, pero que nadie «sabe cómo decirlo.»
  3. El líder, además de «articular el pensamiento colectivo», es aquella persona que no da importancia a ser señalado y reconocido.

Ahora, no sé cómo de serio estaría Acratosaurio el día en que escribió tal cosa (porque nunca se sabe por dónde van su tiros exactamente), pero suponiendo que lo que dice va en serio, lo mínimo que puedo hacer es exponer mi reacción (¿me convierte esto en líder de aquellas personas que difieren en este tema? Pregunto). Aun si su artículo era pura sátira, el tema merece cierto tiempo para reflexionar sobre la cuestión (también ha dado que hablar en el foro de ALB. El hilo lo podéis leer aquí).

Lo primero (y que más me choca) es esa distinción  subyacente entre «buen líder» y «mal líder» en el texto. El «buen líder» es una persona que, por una u otra causa, está más capacitada para articulas públicamente lo que «todo el mundo piensa.» Asimismo, el «mal líder» sería aquella persona que crea personalismos y no articula con coherencia el sentimiento colectivo (usando las mismas palabras del texto). Esta distinción me choca por varias razones, pero sobre todo porque no llego a entender del todo cómo diablos una persona puede articular mejor que otra lo que «todo el mundo piensa.» No entiendo cómo otra persona puede expresar por mí lo que yo, como ente individual que puede (o no) compartir ciertas ideas y emociones con otros entes sin ello erradicar mi individualidad excepcional, pienso por dentro y quiero ver reflejado en la realidad en la que vivo. Vamos a ver si me aclaro con lo que se está proponiendo: dado que unas personas tienen mejores cualidades para comunicar (por hablado o por escrito) lo que «todes pensamos», estas personas deberían «salir públicamente» a gritar al mundo entero lo que «todes queremos.»

Este planteamiento no simplemente me parece erróneo, sino que creo humildemente (sin querer generar liderazgo) que hace un flaco favor a todo aquello por lo que el anarquismo apuesta. ¿Cómo diantres puede saber alguien lo que «todo el mundo» piensa? Y si lo supiera, ¿por qué no soy «yo misme» la persona más cualificada para dar mi opinión sobre algo? De fondo, aquí, hay otro planteamiento: la persona que mejor se desenvuelve en comunicar cosas es la que debería articular «la voz de la gente.» Lo primero (como ya he expresado en otros artículos), es que no creo que «la gente», como sujeto unitario, exista con la facilidad que ciertas teorías políticas defienden. Y lo segundo es que de esta forma (la de crear e impulsar líderes) no se da valor alguno (es más, se desprecia por completo) a la potencialidad que toda persona dispone para expresar por sí misma lo que piensa, quiere, y hacer. De nuevo me encuentro con el debate entre «colectivo» e «individuo.» El líder, dice Acratosaurio, canaliza y articula con coherencia lo que el colectivo piensa. Qué forma más bonita de matar al potencial individual, a la fuerza interna de las personas para actuar e interaccionar de forma libre e individual (que, desde mi punto de vista, es la única forma de crear un colectivo real).

Hace tiempo (de hecho fue en abril de 2013, ya llovió lo suyo) escribí una reseña de «The occupation cookbook.» Este libro-manual, escrito por las personas protagonistas de los hechos, trata de la okupación de la facultad de humanidades y ciencias sociales de Zagreb. Uno de los temas que tratan es la del liderazgo. Su okupación fue toda una experiencia de autonomía en continuo aprendizaje, y para hacer «saber» al resto de la sociedad lo que elles pensaban y lo que querían, lejos de elegir a un par de figuras líder (con buena facha, con buen vocabulario, etcétera) decidieron que cada día, una persona voluntaria y sin dar nombres y apellidos, aparecería en la rueda de prensa para explicar ante los medios lo que iban planeando hacer con la okupación. Y funcionó. Funcionó porque el anonimato es mucho más fuerte que la cara bonita del líder. Pero sobre todo funcionó porque esta dinámica creo el deseo en las personas de comprometerse todavía más; de no querer delegar nada en nadie ni en ningún momento; de potenciar las cualidades de cada cual y aprender a realizar cosas que antes pensaban imposibles para ellas. Les líderes niegan la existencia del potencial humano para la autonomía individual, y lo que al principio puede ser un acto de mera representación de lo que el colectivo piensa, si se perpetúa en el tiempo se termina convirtiendo en lo que todes sabemos (y no nos hacen falta líderes para expresarlo): se termina convirtiendo en delegación.

Que conste que con todo esto no estoy diciendo que les anarquistas no necesitamos representación en algún momento. Si yo participo de una asamblea y, en dado momento, necesitamos establecer puntos en común con otras asambleas de similar opinión, entonces puede que necesitemos un par de representantes para comunicar lo decidido en común. Pero dichas personas representantes no tienen por qué ser líderes, no tienen por qué ser siempre las mismas (ni es deseable, por lo expuesto más arriba). La existencia de líderes, se quiera o no, crea una especialización de labores en el seno del anarquismo, y todes sabemos que ciertas labores, al fin y al cabo, tienen más repercusión que otras para lo que se decida o haga al final en nombre del colectivo.

Otra cosa que me choca del texto de Acratosaurio es eso de (y aquí copio y pego) «[n]ecesitamos a líderes dispuestos a dar la cara, a señalarse, a ser reconocidos y conocidos…, y capaces de aguantar lo que les caiga encima.» ¿A ser reconocides por quién? ¿A aguantar lo que les eche encima quién? Entiendo que aquí se habla de comunicar al grueso de la sociedad lo que les anarquistas piensan, o mejor dicho, lo que les anarquistas de tal o cual grupo piensan (porque pensar que todes les anarquistas pensamos lo mismo sería un gran disparate). También entiendo que aquí se está hablando de salir en la televisión convencional, en la prensa tradicional, y ese tipo de cosas, porque si estamos hablando de comunicar dentro del ámbito anarquista, para eso está claro que no necesitamos «caras conocidas» (les que participan regularmente en conferencias y reuniones de cierto tamaño son de sobra conocides por les que estamos dentro del tinglado. Y aun así esto me produce cierta agonía). A todo esto yo me pregunto: ¿qué le podemos comunicar a la «gran sociedad» con nuestres líderes? Ya no es cuestión de si Fulanito o Manolita se desenvuelven mejor al hablar, o de si tienen tan poca autoestima como para querer ser líderes de algo, es cuestión de si estamos contentes con la ya existente expresión de nuestras ideas ácratas.

Cada vez que un cajero amanece destrozado en Atenas, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que un coche patrulla arde a las afueras de París, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que una granja de animales esclavizados es liberada en los Estados Unidos, la gente (alguna) está comunicando. Y todas estas «comunicaciones» me parecen mucho más directas y claras que mil horas de debate televisado entre líderes anarquistas y otras persona. Y también sobra decir que todas estas «comunicaciones» no necesitan de portavoces, líderes, o guías espirituales, pues en el anonimato reside su fuerza y la propia posibilidad de realizar dichas «comunicaciones.»

No hay mejor líder que tú misme. No hay mejor persona para comunicar abiertamente a la sociedad lo que piensas que tus actos diarios de sublevación y desobediencia, sea más pequeña o sea más grande. No necesitamos líderes, necesitamos creernos más que en toda persona reside el potencial para subvertir la paz social que tanto nos ahoga, y que esto es el mejor mensaje que podemos lanzar desde todos los rincones del planeta. Les que imaginativamente participan de estas pequeñas insurrecciones cotidianas saben que no necesitan ningún líder para transmitir esto o aquello, pues el conocimiento de las acciones de nuestras hermanas y hermanos en otros lugares nos comunican (y bien articulado) todo lo que necesitamos saber: que somos ingobernables.

Ofensiva y estrategia política

Anteriormente, hemos tratado la cuestión de los movimientos sociales, la multisectorialidad y la ofensiva. Ahora, finalizaremos esta improvisada y pequeña serie de artículos tratando la estrategia política. Para que cualquier movimiento popular pueda pasar a la ofensiva, es imprescindible también que tengan hojas de ruta y estrategia política. ¿Y qué es la estrategia política? La estrategia, en general, es un conjunto de tácticas orientadas a lograr un objetivo en un entorno complejo donde entran en escena multitud de factores. Y específicamente, la estrategia política tiene que partir del análisis de coyuntura, herramienta por el cual se extrae información detallada del entorno que nos rodea para poder intervenir en el escenario político y social con el fin de lograr una serie de cambios, permitiéndonos avanzar hacia la consecución de nuestras metas finales. Desde ese necesario análisis de coyuntura, podemos ver que nuestras metas finales son actualmente inalcanzables, siquiera en el medio y largo plazo, lo que lleva a plantearnos metas intermedias y más alcanzables, que nos permitan avanzar posiciones. Aquí es donde entra en escena la cuestión de la estrategia política.

La ausencia de estrategia polícia hace que los movimientos tiren por inercia, es decir, se muevan a la defensiva ante la necesidad de parar los ataques de la clase dominante sin saber contraatacar. En otras palabras, son forzados por la coyuntura y no impulsados desde una perspectiva de confrontación. La expresión «algo hay que hacer» ilustra perfectamente este problema, que se manifiesta en la realidad a través de las metodologías de acción-reacción, es decir, de responder solo cuando hay un ataque significativo, de propuestas vagas y muy generalistas o conservadoras de querer volver a una fase anterior o mantener el estado actual de las cosas. Las consecuencias principales de la falta de estrategias políticas son que los movimientos se encuentren desorientados y yendo a la deriva (esto en los peores casos), estando siempre influenciado por la coyuntura, encontrándose con callejones sin salida y llevando encima la volatilidad y vueltas a empezar de cero. Dentro del propio movimiento libertario, la dinámica es similar, aunque ya se está intentando superar con las nuevas iniciativas que surgieron recientemente. La falta de estrategia política nos ha condenado a la marginalidad y al aislamiento.

La necesidad de superar el «algo hay que hacer» pasa por tener una visión estratégica, esto es, superar los aires derroteros que suponen las movilizaciones por inercia y poner sobre la mesa estrategias de actuación e intervención en el escenario político y social. Por ello, hemos de preguntarnos algo que en su día lo hizo Lenin: «¿qué hacer?», que adaptándolo a nuestra coyuntura serían: ¿qué hacer con cada problema de ámbito sectorial (vivienda, servicios públicos, trabajo, educación, territorio…)? ¿Qué hacer ante la inoperancia y descrédito de otras fuerzas políticas rivales —que no enemigas porque las enemigas son las fuerzas políticas de la dominante que se haya en confrontación directa contra nosotras—? ¿Qué hacer ante los recortes en derechos sociales en general y la continua ofensiva neoliberal? ¿Qué hacer ante el oportunismo y el auge del fascismo?… cuyas respuestas serían las que sirvan de base para realizar hojas de ruta y programas enfocados en la intervención social. Desde esta visión estratégica, veremos las diversas opciones políticas como fuerzas, cuya fuerza real residirá en la legitimación que se les dé desde las bases. También hay que tener en cuenta que las fuerzas políticas tenderán a ocupar todo el espacio que puedan, o sea, que si una fuerza política abandona el espacio, será otra que lo ocupe. Así pues, si no se plantean alternativas fuera de las instituciones que apuesten por la autonomía, la confluencia y coordinación, y la radicalización de los movimientos sociales bajo discursos comunes que apunten a la superación del capitalismo y otras formas de dominación; no tardarán dichos movimientos en ser cooptados por partidos políticos que adecúen su discurso para llevar los movimientos sociales a las urnas, con su consiguiente desmovilización y asimilación por el sistema. Y esto es lo que está pasando actualmente.

Por ello, el planteamiento de la ofensiva no solo pasa por construir un movimiento multisectorial, sino también por adoptar estrategias políticas que permitan el avance de todo el movimiento popular. La ofensiva es inseparable de la estrategia política, de hecho, es desde la estrategia política lo que nos lleva a plantearnos estas premisas de ofensiva y multisectorialidad. E incluso añadiría que la visión estratégica debe partir desde el primer momento en que aspiramos a una transformación radical de la sociedad, que debe apuntar a construir, fortalecer y fomentar la autonomía de los movimientos sociales, que una vez realizado esta tarea aspire a la articulación de la multisectorialidad y por consiguente, construir una fuerza política con fuerza real capaz de conseguir cambios no solo en esta coyuntura, sino que aspire a transformar lo estructural (relaciones de producción capitalistas, neocolonialismo, heteropatriarcado, supremacismo blanco, etc…). En general, que esté enfocada en aumentar nuestra fuerza como clases sociales oprimidas.

Antes de terminar, para ilustrar mejor el concepto de estrategia política, podríamos tomar un supuesto práctico en el que, por un lado, los sindicatos mayoritarios pasen por un descrédito generalizado y vayan en decadencia por la pérdida de afiliaciones, de desencanto y desconfianza de la clase trabajadora, y su pérdida de capacidad de convocatoria; y por otro, el porcentaje de trabajadoras sindicadas sea relativamente bajo (alrededor del 10% vamos a suponer). Ante esta coyuntura en que una fuerza rival se esté debilitando, debemos aprovechar ese descrédito para llenar los huecos que han dejado. En este supuesto, sería acertado que los sindicatos de clase y alternativos se muestren como herramientas funcionales para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, que fomente la participación de la afiliación y de simpatizantes, que sepa responder ágilmente ante la precariedad laboral, la temporalidad y la subcontratación en todos los sectores productivos, tanto desde la pequeña empresa como hasta la gran empresa y, sobre todo, que arranque victorias, aunque sean pequeñas, pero que las consigan, las mantentan y aspiren a otras mayores.

También podríamos escalar este supuesto práctico y llegar hasta la confluencia del movimiento obrero y el sindicalismo combativo con las luchas estudiantiles y las luchas por la vivienda digna así como con el movimiento okupa. Y otro supuesto práctico, ya dentro de los ámbitos libertarios, sería el aparcar en todo lo posible a un lado el enfrentamiento ideológico con otras tendencias políticas dentro de la izquierda y optar por salir de la marginalidad y superarles en fuerza real antes que las otras tendencias, lo que nos lleva a trabajar en el terreno social a través de la inserción en los movimientos sociales, responder ante los problemas sociales inmediatos e impulsar las luchas, para conseguir la necesaria base social que impulse realmente los movimientos populares y que éstos tengan un carácter lo más libertario posible, capaz de plantar cara al sistema capitalista a través de la creación de alternativas de confrontación.

En resumen, la estrategia política apunta a empujar mediante la creación de alternativas políticas que aspiren a superar el orden existente. La estrategia política además implica algo de astucia y mucha ambición, insertarnos en la realidad material, aprovechar las oportunidades que se nos presentan e intervenir o atacar, pero no atacar simbólicamente, sino de manera sistemática y planeada; tener constancia en nuestras actividades políticas y sociales, y no dejarlo todo a la improvisación; acumular las experiencias y no tener que empezar de cero; y no atacar a través de la fuerza bruta, sino con la fuerza emanada desde la autoorganización popular y su articulación política. En este sentido, la estrategia política es la que da contenido a la ofensiva.

Opinión: La revolución colocada [+ Recomendación de lectura]

«¡Hagamos autocrítica!» decimos siempre las anarquistas. Pero cuando llevamos a buen puerto esa premisa, solemos acabar tratando temas teóricos, históricos o incluso, metodológicos, pero el que más nos cuesta tratar, muchas veces, es el tema actitudinal: deconstrucción del machismo, lucha antiespecista y anti-antropocéntrica, consumo de drogas… En esta entrada nos centraremos en este último punto: el consumo de drogas desde el prisma libertario.

¿Es sólo una decisión individual?

 Simpre que analizo este tema desde una perspectiva crítica, las compañeras suelen tratar de rebatir mi posición con argumentos un tanto simplistas. Uno de ellos, repetido hasta la saciedad vendría a ser el siguiente: «pero somos anarquistas, no podemos decirle a la gente que no se drogue, cada uno es libre de hacer lo que quiera».

La fuerza del argumento se halla en la última parte «cada uno es libre de hacer lo que quiera».
Estamos constantemente tratando de mejorar nuestra perspectiva de cara a las masas y no hacemos más que repetir, una y otra vez, una serie de consignas que no se distinguen mucho de las de aquellos que atacan con palabrería nuestro ideal, como es en este caso.
Libertad no es libertinaje.

Las drogas (tomando como definición de estas, todas aquellas sustancias capaces de inhibir o alterar ciertas capacidades físicas y mentales) suelen afectar a más de un individuo y por lo tanto, pueden convertirse en un problema social.
En el caso de las drogas legales, como el alcohol y el tabaco, es inevitable observar cómo no son sólo una decisión individual (realmente sí, pero la consecuencia es colectiva), sino que afectan a terceras personas (o animales no humanos).

En este punto tocaremos la primera variable, ya que todas las drogas son distintas: su afectación en función del ámbito de uso.

El ejemplo más claro del factor «tercerpersonista» del alcohol lo vemos en los accidentes de tráfico  aunque también, en menor medida, en casos de violaciones o acoso sexual (teniendo en cuenta que al desinhibirte, te conviertes en una persona capaz de hacer cosas que en un estado de sobriedad posiblemente no harías).

En el caso del tabaco también nos encontramos con dos ejemplos de afectación a terceros: complicidad con la experimentación en animales y creación del «fumador pasivo».
Si bien es cierto que el primero nos lleva a pensar «pero también existen tabacos no testeados» (cierto, pero suelen ser pequeñas empresas filiales a grandes marcas que si que testean), el segundo es un caso irrebatible. Fumar al lado de un no fumador es inferir en su salud, no hay más, y eso es profundamente egoísta y contrario a un ideal colectivo.

Teniendo en cuenta esto, nos encontramos con otro argumento «pero si lo hago en mi casa, sin molestar a nadie, no afecto tanto».
Es cierto, en gran medida, ya que reduces la afectación sobre personas (no sobre animales no humanos, aún así). Pero seamos realistas, si bien el tabaco sí puede emplearse en soledad, ¿cuánta gente abusa del alcohol en esa situación? Una minoría. Por ello hablamos de que el alcohol es una droga social la cual, difícilmente se empleará siguiendo el argumento de más arriba.

Dentro del campo de las drogas ilegalizadas, nos encontramos en una situación similar. Gran parte de las drogas son exportadas e importadas por mafias que se dedican a la elaboración, comercio y/o distribución.
Supongo que puedo omitir el motivo por el cual estas mafias son todo lo contrario a lo que el anarquismo propone…

Sin entrar más en profundidad, puesto que tan sólo quiero tocar cada punto por encima, también haré de abogado del diablo diciendo que no es lo mismo comprarle unos gramos a un camello en una rave que fumar un porro en casa de una planta tuya.

Contrarias a la liberación

Para este parágrafo quiero dejar clara una cosa: no todas las drogas afectan de la misma forma y por lo tanto, también su capacidad adictiva es distinta en cada sustancia.

En este punto podemos analizar otra variable: su afectación en función de la adicción.

El anarquismo propunga la abolición de toda autoridad sobre la totalidad del colectivo y con ello también, sobre cada uno de los individuos.
Partiendo de esta premisa, ¿si nuestro némesis es la autoridad moral, religiosa, económica o política (o en cualquier forma), no es contrario a nuestro ideal, precisamente, la creación de una nueva autoridad, esta vez, encima, artificial?

Una porcentaje de las drogas genera adicción mediante aditivos artificiales (el tabaco es su máximo exponente), generalmente, con la intención de que vuelvas a consumirlas debido al hecho de estar esclavizado a lo que ya no se distingue entre necesidad y vicio.

Otro porcentaje genera una adicción más débil (por el hecho de que no hay un aditivo que influya a seguir consumiéndola o incluso, dañándote a la salud cuando dejas de consumirla, como son el alcohol o las benzodiacepinas).
Esta adicción «débil» está estrechamente vinculada con el efecto que produce tras su consumo (generalmente placentero o relajante). Dentro de estas se encuentra la marihuana, la cual puedes dejar de consumir fácilmente, pues no crea una adicción por aditivos.

En resumen, en ambos casos estás sometido a su uso: en el primero por adicción, en el segundo por gusto.

Financiando al capitalismo

Sé que sonará tan repetitivo como lo de «un anticapitalista no ha de pisar un McDonalds», pero me parece una simple cuestión de coherencia.

Por desgracia, diariamente nos enfrentamos a situaciones que nos crean una tremenda disonancia cognitiva en relación a nuestra ideología y con las que debemos lidiar (trabajo asalariado, sistema de mercado…).
Pienso que, precisamente, por el hecho de estar sometidos a tantas situaciones que se contradicen con lo que promulgamos, debemos evitar todas aquellas que podamos.
Aquí entra mucho en juego la ética de cada uno y la consideración del entorno. Nadie es mejor que nadie por escoger una, otra o todas las opciones, pero si que me parece un ejercicio de madurez considerar su evitabilidad.
Esto engloba tanto nuestras actitudes (evitar actitudes segregacionistas, machistas, racistas, capacitistas…) como nuestro consumo diario y su procedencia (que puede implicar temas de comercio justo, veganismo y antiespecismo, o porque no, drogas).

No creo que haga falta añadir nada más, en el primer punto ya he hablado sobre el vínculo entre algunas drogas y las mafias sobre el cual me gustaría incluir también la mayor mafia: el estado (mediante los impuestos «extra» sobre tabaco y alcohol).

También se puede hacer hincapié en su potencial históricamente contrarrevolucionario: página 45 del PDF.

Este tema es tremendamente extenso y no considero necesario extenderme más en este post, ya que solo pretendo analizar un tema, por encima, que mucha gente rechaza tratar (porque de alguna manera, se sienten atacados, incluso).
Tampoco pretendo erigirme de gurú ni llamar «contrarrevolucionarios» a aquellos que se drogan, como ya he dicho, me parece un asunto más a tratar dentro de la autocrítica y la madurez como anarquistas.

Por último, animo a cualquiera a exponer sus opiniones y por supuesto, a reflexionar sobre el tema y recomendaros la lectura de «Drogas ¿Una opción personal?» (un genial análisis de una variedad de drogas desde el punto de vista revolucionario).

Comuna de Shinmin: La gran olvidada (I)

No son pocas las veces que, como anarquistas (o al menos, como analistas de la historia) hemos reconocido el gran valor y hemos exaltado las prácticas a contracorriente de las regiones libertarias de Ucrania y las colectividades españolas de la Guerra Civil. Tanto es así, que a veces, olvidamos mencionar la apoteósica pugna que tuvo lugar en el extremo oriente, concretamente al sur de la región de Manchuria, entre las actuales Corea del Norte y China.
Este proyecto comunista libertario, bañado en las ideas de Kropotkin y nacido en 1929, fue conocido como La Comuna de Shinmin (o Provincia Libre de Shinmin).

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Antes de abarcar el tema en sí, debemos remontarnos al contexto histórico y a la serie de causas que confluyeron en la comuna libertaria.

La Corea de finales del siglo XIX siempre estuvo bajo la bota del japón imperial y de su propio gobierno local, factor que contribuyó enormemente en sembrar el descontento generalizado y a potenciar el movimiento antiestatista y anticolonialista, por añadidura.

Esto nos lleva a que en 1894, al sur de Corea, estallara una revolución de caracter campesino contra todas las formas de poder monárquico que avasallaban constantemente al pueblo coreano, ya fueran japonesas, chinas o incluso, locales. Esta revolución se conoce históricamente como la Revolución Campesina de Dongha y sus consignas eran, ya entonces, próximas a las ideas libertarias, tales como: «por la igualdad de todos los hombres».
Por supuesto, esta revolución fue aplastastada por el imperialismo japonés.

El siguiente antecedente lo encontramos ya a principios del siglo XX.
En 1919, el 1 de Marzo, surge el Movimiento de Independencia de Samil, un levantamiento de caracter nacionalista apoyado por decenas de organizaciones anarquistas y que fue brutalmente reprimido y acallado, de nuevo, por la ocupación nipona, saldándose con aproximadamente 7500 muertos y 16000 heridos.

El tercer y último detonante lo encontramos en 1925, cuando el imperio japonés legisla la «Ley de Preservación de la Paz», que grosso modo, vino a poner de manifiesto que cualquier organización que tuviera como carácter combatir o cuestionar el nacionalismo japonés debía quedar prohibida. Por razones obvias, esto incluía a todas las organizaciones anarquistas tan presentes en diferentes ámbitos de la sociedad coreana de aquél entonces.

INFLUENCIAS ANARQUISTAS Y DESARROLLO PRE-REVOLUCIONARIO

Situándonos de nuevo allá por 1920, dos factores estaban siendo clave en la participación activa de la población en la política revolucionaria.

  1. Las condiciones materiales de la zona eran un caldo de cultivo idóneo para que estallase una revolución o un proyecto libertario de grandes magnitudes.
  2. El impulso revolucionario que supuso el retorno de exiliados como Baek Jeong-gi (un referente en la militancia anarquista coreana).

Las ideas anarquistas se acoplaban a todas las capas de la sociedad, expandiéndose. Los trabajadores estaban sumamente concienciados de que el imperialismo nipón tenía como único fin someter a su voluntad al pueblo coreano y, la burguesía local, tan sólo anhelaba independizarse con la intención de erigirse al poder.

A medida que aumentaba el impulso organizativo anarquista, paralelamente, lo hacian también las detenciones, los encarcelamientos y las ejecuciones (todo llevado a cabo por la policía ideológica japonesa).
Vemos algunos ejemplos en los 10 detenidos de Liga Bandera Negra, en 1925, por su militancia o en los 5 trabajadores, también detenidos, esta vez al año siguiente, por difundir un manifiesto de tendencias claramente libertarias.

La labor de expansión anarquista no solo se daba en la península, sino que también trataba de generar un apoyo internacional.
Un claro ejemplo de ello fue la creación de la organización «Revuelta» (Futeishya), en 1922, formada por algunos militantes anarquistas coreanos (como Park Yeol o Jeong Tae-sung) junto a militantes anarquistas japoneses en pleno corazón del imperialismo.
Esta labor internacionalista sirvió como revulsivo para crear la Federación Anarquista del Este, con organizaciones libertarias de multitud de paises del extremo oriental y del sudeste asiático, tales como: Corea, China, Japón, Taiwán, Filipinas, India y Vietnam.

En 1928 esta federación consiguió publicar un periódico (llamado «El Este») y aprobar la base teórica del «Manifiesto de la Revolución Coreana».
Su consigna principal era muy similar a la famosa «UHP«. Decía así:

«Unámonos, proletariado de todo el mundo y sobre todo de las colonias del este para derrotar al capitalismo internacional e imperialista”

En 1925, en Taegu (Corea), numerosos anarquistas que volvían del exilio en japón conformaban organizaciones confraternizadas con otras, situadas al otro lado del océano.
Por ejemplo, los actos cooperativos entre la «Liga de los Revolucionarios» (Corea) y la «Sociedad de la Juventud Negra de Tokio» (Japón).

Dejando de banda por un momento el internacionalismo y retornando a la península, debemos destacar también los aportes teóricos de militantes coreanos de personajes como Yu Ja-myeong o Shin Chae-ho, articuladores de procesos federativos regionales basados en las ideas de Bakunin y Kropotkin.

Shin Chae-ho fue el escritor del anteriormente mencionado «Manifiesto de la Revolución Coreana», en un intento de organizar el movimiento anarquista.
Este Manifiesto consistía en un plan de acción y análisis dentro del contexto de guerra independentista y en la necesidad de organizar el movimiento anticolonial, así como profundizar en el conflicto de clases.

El escrito aportaba parágrafos tan interesantes como el siguiente (sobre distinguir entre revolución social y revolución política):

«La revolución en el pasado fue una revolución en el que la gente permaneció siendo gobernada al igual que antes, a pesar de que el poder de “A” fue trasladado a la fuerza de “B” por la llamada revolución, porque la gente  era esclava del estado y dominada  por  el  poder  de  la  clase privilegiada  que mantuvo  el  control  sobre  el pueblo.”

Un aporte sumamente significativo para la época, haciendo hincapié en que la revolución ha de ser «directa». Es decir, hecha por y para el pueblo.
El concepto de «nación» también es cuestionado. A cambio de este se glorifica el de «pueblo»: «el pueblo es tangible y la nación no».

Este manifiesto, incitaba al levantamiento del pueblo en armas como único camino para su emancipación.

Con esta consigna y siguiendo las líneas de acción descritas por el planteamiento teórico de Chae-ho, surge, en 1924, la Federación Anarquista Coreana. Lo hace en la clandestinidad, debido a la persecución nipona.
La federación consigue expandirse hasta crear núcleos organizados a lo largo y ancho de la península, de los cuales destacan los situados en Seoul, Pyongyang, Manchuria e Icheon.
La principal labor que tendrá esta nueva organización será la de repartir propaganda y publicidad de índole anarquista con la intención de agitar a las masas. Pero esta no será su única función. También destacarán por impulsar la creación de sindicatos, movimientos estudiantiles y campesinos y, por una labor más (importantísima): organizarán las autodefensas activas y la resistencia contra la ofensiva imperialista de Japón

En 1929 tomarán el nombre de Federación Anarquista-Comunista de Corea (FACK) y uno de sus militantes más destacados, Kim Jong-jin propondrá impulsar la revolución en el norte de Corea, al sur de Manchuria, destinando todos los recursos de la FACK a ese lugar.


Hasta aquí la primera parte sobre la Comuna de Shinmin. Hemos tratado de sintetizar un poco los inicios, las causas y la tesitura del momento en los años precedentes a la desconocida revolución.

En la siguiente entrega traremos el desarrollo de la comuna y su caída y haremos algunos apuntes más que creamos necesarios.


Bibliografía:

  • Revolución anarquista en Corea – Emilio Crisi
  • El anarquismo en Corea – Hwang Dongyoun
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