La deuda de la Generalitat de Catalunya

Nota de La Colectividad: como en colaboraciones anteriores de Lucha Internacionalista, si se publica este texto en una página anarquista es para fomentar el debate así como para establecer un contacto entre personas que abordan el problema del capitalismo desde ópticas distintas.

NO PAGAR LA DEUDA: NINGÚN RECORTE EN LOS PRESUPUESTOS DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA:

Presupuestos con recortes para los trabajadores públicos y los servicios sociales, sin inversión para crear puestos de trabajo públicos, con privatizaciones masivas a precio de saldo… todo al servicio de pagar la deuda en los bancos.

Toda la argumentación de la Generalitat de Catalunya con estos presupuestos es que no hay más recortes. No es cierto: consolida todos los que se aprobaron el 2013 por decreto con la prórroga de los presupuestos CiU-PP del año anterior –reducción del 9,6% del gasto del 2012-, y además añade el nuevo recorte a las pagas de los trabajadores públicos –que ya han perdido de media el 30% de poder adquisitivo y ahora se les reduce otra vez de golpe el 7%. Con estos presupuestos, en los últimos 4 años, se habrán rebajado el 22% del gasto en enseñanza, el 16% del de sanidad, se consolida la pérdida de 10.000 puestos de trabajo públicos y el retroceso de las condiciones laborales (reducciones de jornada y sueldo a interinos, precariedad de las sustituciones en enseñanza).

Los presupuestos tampoco aportan inversión para crear puestos de trabajo. Y, a pesar de que Felip Puig dice que ya se ve el final de la crisis, Panrico lleva 60 días en huelga ante la amenaza de un ERO salvaje y SEAT sufrirá otro de más de 350 trabajadores/as. Y a pesar de todo, no se equilibra el déficit porque la deuda pública continúa subiendo.

Después de años de conciertos y externalizaciones (en la enseñanza se han incrementado un 6% los conciertos), los presupuestos 2014 añaden privatizaciones masivas sin identificar y que serán ventas de bienes públicos a precio de saldo. Pero aun así, Mas-Colell prevé que la deuda seguirá creciendo y en 2014 llegará al 30,3% del PIB.

La deuda es impagable…

Estos presupuestos prevén continuar el pago diario 6 millones de euros en intereses de la deuda. Es decir 2.077 millones el año y 5.800 millones más en amortizaciones. ¡Y cómo que esto ya es impagable, se emitirá más deuda pública y acabaremos el año con 2.600 millones más de deuda, que llegará a los 62.350 millones! La política es seguir ordeñando la vaca del dinero público hasta donde sea posible. En los últimos dos años, sólo con la deuda pública española, la banca estatal –en parte, rescatada- ha sacado 17.300 millones de beneficios de la caja pública. Hay que cortar esta
sangría cuando antes mejor.

Mas-Colell responde que hay que pagar las deudas. Pero de deudas hay muchas: con la banca, con las farmacias, con los trabajadores y trabajadoras de la administración, con la salud de las personas mayores, con los niños y niñas que se quedan sin beca comedor, con las familias que necesitan el PIRMI… Lo que hace falta es decir qué deuda va primero: si la de los bancos o la de la gente. Para CiU y ERC está claro que primero son las deudas con el capital financiero; si llega el FLA del Estado, pagan los farmacéuticos… y si no hay más, se recortan sueldos y servicios sociales.

¿Pero qué orden ponen otros, como PSC o IC-EUiA? Dicen que primero van las personas, pero no dicen que se deje de pagar la deuda… Al contrario, se tiene que seguir pagando, con una política impositiva “progresiva”, para impulsar el crecimiento y redistribuir
la riqueza. Los resultados los tenemos a la vista, porque todos ellos han participado en el gobierno estatal o en gobiernos autonómicos y son parte del problema actual. O cómo gobiernan en Andalucía con unas cifras de paro y miseria escalofriantes. ICV-EUiA habla de renegociar la deuda, es decir, alargar la hipoteca del futuro, para evitar el enfrentamiento con los intereses del gran capital.

… y además es ilegítimo.

La deuda no se puede pagar, y además es injusto. Una parte de la izquierda defiende que hay que hacer una auditoría ciudadana para delimitar la parte ilegítima de la deuda (como los intereses de los
bancos) de una supuestamente legítima y que se tiene que pagar.

Pero de hecho, toda la deuda es ilegítima, porque es producto de las políticas neoliberales de los 90 y 2000 –del PSOE y el PP- contra los trabajadores y se ha disparado con los planes de rescate a la banca. Son deudas contraídas para favorecer al gran capital, para dar exenciones fiscales a las grandes empresas…

Además, la idea de pagar una parte “legítima” y rechazar la ilegítima nos trae a la situación de Argentina o el Ecuador: cómo que una parte no se ha pagado, la otra, que se renegocia, sube los intereses y se convierte no sólo en un nuevo lastre tan grande como antes, sino que se eterniza. Hay que ser claros y, decir sin tapujos, que ni se puede ni se tiene que pagar la deuda, porque toda ella es ilegítima.

Los presupuestos se pueden derrotar

Hay que dar respuesta a las necesidades urgentes de la población trabajadora: puestos de trabajo, salarios dignos, sanidad y educación pública… Esto empieza parando estos presupuestos. El gobierno de CiU está en una posición débil y la movilización puede hacer
tambalear el apoyo que le da ERC. Necesitamos una convocatoria de huelga de los sindicatos del sector público, en el camino de una huelga general, para pararlos.

Pero no es el único paso. Hay que dar respuesta al problema político de fondo y constituir un frente de organizaciones políticas, sindicales y sociales para decir no al pago de la deuda. Igual que defendemos una consulta donde el pueblo de Cataluña pueda decidir, queremos decidir qué se paga con el dinero de todo el mundo.

¡Queremos decidir, también, dejar de pagar la deuda!

24/11/2013

Mª Esther del Alcázar
Militante de Lucha Internacionalista

http://www.lluitainternacionalista.org
lluitaint@gmail.com

Días de limpieza

Dijo Amadeo I de Saboya antes de abdicar como monarca y marchar a Lisboa, que este país es ingobernable. Y aunque las tensiones sociales actuales difieren mucho en cantidad de las de entonces, actualmente no es por una intensa agitación social como ocurría en aquella época o en vísperas de la guerra civil, sino por estar gobernados por una pandilla de inútiles, parásitos y corruptos.

En aquel periodo revolucionario entre 1936 a 1939, los trabajadores se echaron a la calle a defender las colectividades arma en mano, de la ofensiva del fascismo, para defender todas las mejoras conseguidas en años y años de lucha y sangre, e ir más allá y superar ese dogma absoluto que es el estado. Fueron aniquilados por los fascistas, realizando una carnicería de inmenso calibre. Estos se mantuvieron a lo largo de 36 años de franquismo a través de un régimen autocrático y católico denominado “Movimiento Nacional”, cuyas bases eran el partido único, el sindicato corporativista vertical, otras organizaciones como el Frente de Juventudes o el Auxilio Social, el militarismo y la exaltación tradicionalista.

Después del aislamiento del principio, fue apoyado por EEUU en los años 50, después de la caída de los fascismos europeos y con el comienzo de la guerra fría, lo que llevó al abandono del aislamiento, y a abrirse al capitalismo a través de un aperturismo progresivo.

Estas circunstancias económicas y políticas internacionales fueron el germen del modelo político de transición democrática, con la ayuda de todos aquellos falangistas y demás alta burguesía cuyo único interés es ampliar sus capitales, poseer más y no tener tantas limitaciones a la hora de especular.

La Transición Española

La Transición se realizó dentro una profunda crisis económica con una alta tasa de desempleo, una fuerte agitación del fascismo no renovador con continuas amenazas de golpe de estado y la violencia constante en la calle por parte de grupos de ultraderecha, así como de organizaciones independentistas o autoritarias. El proceso se desarrolló mediante la legalidad franquista vigente a través de la Ley para la Reforma Política (Ley 1/1977), que fue aprobada por las Cortes y sometida a referéndum el 15 de diciembre de 1976, y por la cual se convocarían elecciones generales, se crearía un sistema bicameral (Congreso y Senado) y se legitimaría el proceso mediante un referéndum.

Mediante el Real Decreto Ley 20/1977 del 18 de marzo se instauró el sistema D’Hont, el 13 de junio de 1977 se desarrollaron las primeras elecciones generales, saliendo representados los partidos Unión de Centro Democrático (UCD), Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Partido Comunista de España (PCE), Alianza Popular (AP), y varios partidos nacionalistas.

Los diversos representantes comenzaron entonces un proceso de negociación de una constitución a través del consenso (para dar estabilidad al proceso político), que llevó a la aprobación de la propuesta por el Congreso y el Senado. El 6 de diciembre de 1978 se realizó el referéndum ganando el sí por mayoría, no siendo apoyado por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), por obviar su reclamación histórica de los fueros Vascos y Navarros y un tipo de soberanía distinta al conjunto del estado. Esta carta magna define a España como un estado social y democrático de derecho con un régimen político en forma de monarquía parlamentaria descentralizada.

Vacío de ideología de partidos

Es de vital importancia para el nuevo sistema político y el fortalecimiento del capitalismo, el destruir cualquier tipo de ideología que intente superar la democracia representativa y el capitalismo. La mejor manera de hacerlo es vaciar de contenido cualquier tipo de ideología que salga de las pautas pactadas.

El PSOE en su congreso extraordinario de Madrid de 1979, bajo el lema “Forjando el Socialismo”, abandonó el marxismo como ideología oficial, pasándolo a un plano secundario y obsoleto, o, como lo denominaron, instrumento teórico, crítico y no dogmático, adoptando una ideología cercana a la social democracia, estructurándose de manera federal.

El PCE realizó el IX Congreso, el más vergonzoso de su historia. Abandonó el Leninismo, apoyando la figura de la monarquía, y adoptó como suya la bandera monárquica. Más tarde hubo una ola constante de expulsiones y luchas internas entre renovadores, leninistas y carrillistas. Más tarde, los carrillistas son expulsados y se pasan al PSOE. Su deriva actual gira en torno al eurocomunismo.

El gran pacto de la paz social. Los Pactos de la Moncloa

Los Pactos de la Moncloa (Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política) fueron sendos pactos firmados el 25 de Octubre de 1977, en medio de una fuerte conflictividad social, entre el gobierno de Adolfo Suárez (UCD), los principales partidos políticos con representación parlamentaria antes mencionados, las asociaciones empresariales y el sindicato CCOO. Más tarde se uniría la UGT. Su objetivo no es más que procurar la estabilización del proceso de transición y adoptar una política económica determinada que contuviese la enorme inflación de entonces y la salida de la crisis económica y social.

El único sindicato que se negó a firmarlo fue la CNT, por coherencia con su postulado ideológico y su finalidad comunista libertaria, lo que conllevó un tremendo montaje policial, su posterior división, y el surgimiento de otra organización que sí aceptaría las nuevas “reglas del juego”.

Así pues, se garantizó la paz social entre las clases sociales, y la consagración de la Constitución Española, la cual refuerza la sacrosanta propiedad privada y la dependencia del estado del sindicalismo, y su posterior conversión en enormes gestoras profesionalizadas de conflictos, que se desenvuelven en un entorno laboral cada vez más complejo, así como en lo que se denomina agentes sociales orientados a fortalecer la paz social.

La España de la democracia

Un pueblo feliz de haber conseguido una cierta estabilidad política y social, un poco de miedo infundido orquestando un golpe de estado, el cada vez mayor distanciamiento del pueblo de la política a la hora de delegar su responsabilidad social y económica en elecciones parlamentarias o laborales, la pérdida de interés por el asociacionismo, la búsqueda del asistencialismo en el estado, el aniquilamiento de cualquier tipo de organización e ideología coherente que quisiese superar el capitalismo o intentase crear un poco de agitación, han sido las claves para que la política y la economía se eliticen en manos de unos pocos que creen tener la potestad de administrar a los demás.

Así pues, la grata costumbre española del enchufismo y la corrupción se ha hinchado, multiplicando la casta de vagos y parásitos del estado que no producen nada de nada en su día a día, pero que reciben sueldazos de júbilo, hacen concesiones económicas a empresas de amigos o familiares, o dan retiros a costa de todos aquellos que día a día tenemos que ir a nuestro puesto de trabajo y a enriquecerles a ellos y a los empresarios que se lucran de nuestra producción. No hay color político, PP, PSOE, IU, CCOO, UGT y la iglesia católica son los gestores del capitalismo y los responsables directos.

Muchos carniceros de la transición, protagonistas de montajes políticos y asesinatos, tienen puestos políticos, puestos en las administraciones de interior o defensa, o retiros de lujo. Como el caso de Emilio Hellín Moro, asesino de Yolanda González, militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), actualmente con un alto cargo en el Ministerio del Interior.

Tenemos multitud de políticos mediocres que, mientras van escalando puestos en los partidos, se dedican a colocar y recolocar a sus familiares, amigos, etc., en diversos puestos del partido, de la administración, del sindicalismo, cajas de ahorro, justicia, etc.

En todas las administraciones del estado se han ido creando cargos y más cargos, cada cual más inútil que sus predecesores, mientras que los servicios básicos de limpieza, infraestructuras, etc., se han ido externalizando y precarizando.

El mejor ejemplo de parásito vividor actualmente lo tenemos en el personaje Ángel Carromero, cachorrito cabeza de las Nuevas Generaciones del PP de Madrid como Vicesecretario General y Presidente de NNGG del Distrito de Salamanca, cuya responsabilidad era la de organizar eventos en Madrid. Fue expulsado de la Universidad Pontifica de Comillas de la carrera de Derecho y Administración de Empresas. Comenzó sus pinos como empresario con un gimnasio en el barrio de Salamanca, poco rentable y moroso con Hacienda, hasta que se desprendió de él. Le fue retirado el carnet de conducir en 2012 por 42 multas de tráfico desde 2009. Después de ser deportado de Cuba por el accidente de tráfico en el que murió un disidente, y vista su incapacidad para hacer nada socialmente útil, ha sido enchufado como asesor de una concejala en los distritos de la Latina y Moratalaz, y desde marzo de 2013 es asesor del grupo municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid.

Otro ejemplo de enchufismo, parasitismo y derroche lo tenemos en Ana Botella y la ciudad de Madrid. El único motivo de que esta señora sea alcaldesa de Madrid no es ni más ni menos que ser la esposa de José María Aznar. Gracias a ella y a su predecesor en el cargo, Alberto Ruiz Gallardón, el Ayuntamiento actualmente está en el Palacio de Correos, cuya remodelación ha costado más de 500 millones de euros. Algunos lujos y caprichos son: un mayordomo cuya única función es servirle café, 260 asesores personales y altos cargos que cobran de media 60.000 € o 267 coches oficiales para uso personal. En una ciudad como la de Madrid, en la que existen más de 258.000 personas desempleadas, con más de 15.000 jóvenes menores de 25 años en paro, según las estadísticas oficiales, donde la mitad de estas personas carecen de recursos o ayudas (no se sabe cómo afrontarán sus gastos), y en las que los recortes y privatizaciones en materias de servicios sociales es descomunal (en 2013 el presupuesto de lucha contra el paro del Ayuntamiento bajó 17 millones de euros, un 17,8%, y el presupuesto de la Agencia para el Empleo bajó a los 27 millones, desde los 43,7 millones).

Gracias al escándalo de la contabilidad secreta del PP, a raíz del caso Bárcenas, se ha demostrado cómo este partido hace trato de favor con ciertas empresas: en forma de cesión y ejecución de contratos públicos, leyes a medida, inestabilidad laboral o reducción de personal a cambio de jugosas comisiones, tanto al partido como a sus miembros durante más de 20 años, así como conceder puestos de directivos a los que se retiran. Estos sobresueldos salpican a la presidencia de José María Aznar poco después de llegar a la Moncloa, Mariano Rajoy, Jaime Mayor Oreja, Javier Arenas, Álvarez Cascos, etc. Entre las empresas encargadas de aportar las comisiones destacan Sacyr Vallehermoso, OHL, Constructura Hispánica, Cedesa o Mercadona. Así otras organizaciones ligadas al PP, como Basta Ya o el portal Libertad Digital, también reciben suculentos ingresos de esta contabilidad, asegurando su máxima docilidad.

No podemos olvidarnos de la otra cara de la misma moneda: el PSOE, IU y los agentes sociales CCOO y UGT. Estos, aparte de las enormes subvenciones que da el estado, reciben suculentos beneficios gestionando la desgracia del trabajador. La reconversión industrial, con su consiguiente desmantelamiento de la industria, la temporalidad y la precariedad en la contratación, vino de la mano del PSOE, con Felipe González a la cabeza. La gestión de los “agentes sociales” CCOO y UGT, de defensa y mantenimiento de la paz social, al otro lado de la lucha de clases, trae consigo un gran muro en el que se suavizan, vacían de contenido y anulan cualquier tipo de movilizaciones, reivindicaciones, etc. Gestionan EREs en los que reciben dinero por negociar el despido de los trabajadores. En 2012, con la entrada en vigor de la nueva reforma laboral y la pasividad de los sindicatos oficiales, el número de EREs aumentó a un total de 29.958, con 406.810 personas despedidas. Incluso en varias fundaciones en las que estos sindicatos tienen asalariados, fue aplicada la reforma laboral, con EREs en los que se dejó en la calle a decenas de personas. Este método, que tan poco protege los intereses de los trabajadores, deja la puerta abierta a la plena corrupción, como en el caso de Andalucía.

El caso de los EREs de Andalucía salpica al PSOE de Andalucía, que se presenta como acusación particular para lavar su imagen. Este fraude consiste en un respaldo económico de la Junta de Andalucía tanto a empresas que se veían obligadas a presentar EREs para realizar prejubilaciones o despidos, como a los trabajadores afectados. La gestión del dinero puesto a disposición de la junta es irregular. Se concedieron prejubilaciones fraudulentas a personas que nunca habían trabajado en las empresas afectadas, un total de 12,3 millones de euros. Se concedieron subvenciones a empresas que no estaban presentando ERE o a personas que ni siquiera crearon ninguna empresa, en un total de 73,8 millones de euros. Se dieron comisiones a intermediarios, como consultoras, abogados y los sindicatos CCOO y UGT, que llegan hasta los 68 millones.

Incluso uno de los partidos socialdemócratas que hacen gala de ser una izquierda auténtica, pero que tanto defiende el sistema, como es el caso de IU, también tiene implicación en los casos de corrupción que salpican a los sindicatos. Así, el teniente alcalde de Sevilla, de IU, fue imputado por participar en la venta del suelo de Mercasevilla (empresa fraudulenta que forma parte del conglomerado). Otro tanto se puede decir de EUIA en el gobierno tripartito en Cataluña, donde, desde la Conselleria de Interior, se llevaron a cabo auténticas salvajadas y golpes represivos constantes contra los movimientos políticos y sociales ajenos al sistema. Otros casos conocidos son el de la alcaldesa de Maldiva, de IU, que tenía 17 miembros de la lista de IU y 57 familiares directos con contratos municipales, y pagó facturas por un importe de 69.854 euros a dos empresas de su esposo, e imputada de un delito contra la ordenación del territorio.

La iglesia católica no podía ser menos. Gracias a ese ser metafísico que dicen representar y por el cual dicen tener autoridad moral sobre toda la humanidad, el gobierno español le concede como institución más de 11 mil millones de euros en conceptos como asignaciones vía IRPF, exenciones y bonificaciones tributarias (IBI, impuesto de sociedades, impuestos de la renta), enseñanza, obra social y asistencial, hospitales, mantenimiento de patrimonio histórico y artístico, eventos religiosos, etc., etc. El genocidio practicado por esta institución a los largo de los siglos se cuenta por millones de víctimas en nombre de su Dios. Todos sus sacerdotes ejercen de guías morales de la población, que es adoctrinada en escuelas e iglesias a la más estricta sumisión y obediencia a través del miedo infundido por su Dios y a los constantes discursos que hablan de su deber devoto y de servicio a la iglesia. La caridad de esta institución, financiada por el estado, solo consiste en mantener y perpetuar la miseria. Su enorme influencia en la política española e internacional ha llegado a conseguir que la asignatura de religión sea computable con otro tipo de asignaturas a través de la LOMCE. Los casos de corrupción y escándalos sexuales (destacando la violación de niños) de esta institución se cuentan por miles a lo largo del globo terráqueo.

Hora de tomar las riendas de nuestro destino

Actualmente, mucha gente identifica la política como una actividad turbia y despreciable. Ese sentimiento de descrédito se traslada enseguida a los políticos, quienes ocupan los puestos más bajos en las encuestas que miden la estima social de los políticos y las instituciones del estado. Este distanciamiento de la persona de su responsabilidad económica y política en el puesto de trabajo, ha llevado a la profesionalización de la política y el sindicalismo. Así pues, la política es asunto de los políticos, como el sindicalismo es asunto de los sindicalistas, y solo a los políticos y a los sindicalistas les corresponde generalmente arreglar cuanto haga falta de los asuntos comunes, y por supuesto los particulares, porque, como resalta otro tópico que sigue justificando la profesionalización y elitización, para eso les pagamos. Así, nuestra única responsabilidad es contribuir con Hacienda y votar cuando nos digan, para que se sigan legitimando con la que debería ser nuestra responsabilidad. Por lo que todo lo que el asociacionismo ha conseguido se pierde a pasos agigantados, y por todo lo descrito anteriormente nuestra dependencia de ellos y del estado seguirá perpetuándose y expandiéndose.

Es por esto, que es nuestro deber como individuos políticos y sociales ser los precursores del asociacionismo autónomo en las aulas, en los puestos de trabajo, en las plazas, etc., Construyéndonos así como personas autónomas y únicas, fomentando la defensa y promoción de nuestros intereses de clase a través del anarcosindicalismo, construyendo una sociedad donde compartamos intereses económicos y sociales comunes con otros individuos, podremos plantearnos para qué nos sirven los obispos, los militares, los partidos políticos, los banqueros, los jueces podridos, los policías torturadores, o los sindicalistas. Nos podremos plantear para qué seguir dando de comer y mantener a toda esta panda de vagos, parásitos y vividores, y mantener las caducas estructuras de los estados a los que se agarran.

Es hora de señalar que esta farsa de sistema democrático y que el capitalismo no son más que sistemas que se han montado unos cuantos para perpetuar el poder, y acumular la riqueza por encima de las calaveras y los huesos de aquellos miles de trabajadores que asesinaron hace 77 años, sobre la sangre de todo trabajador asesinado en el puesto de trabajo, y sobre el sudor de los parados que se buscan la vida para subsistir y de los actuales trabajadores en activo.

Grupo Anarquista Tierra

Federación Anarquista Ibérica (FAI)

Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA)

Formas de morir

En esta vida hay muchas formas distintas de morir. Te puedes quitar la vida saltando desde la decimotercera planta del rascacielos de oficinas en el que te explotan trabajas. O puedes decidir ahorrar a la gente el trauma de ver un cuerpo aplastado contra el asfalto e irte a un bosque y colgarte de una soga bajo el abrigo de un buen pino. También podrías optar por la manera más peliculera de cortarte las venas mientras te das un baño relajante de espuma. O bien podrías decidir tocar las narices y saltar a la vía del tren justo cuando éste está pasando. Otras personas querrán atiborrarse a pastillas. Y la gente más curiosa tal vez quiera probar algún nuevo tipo de cóctel hecho a base de distintos limpiadores.

Formas de morir hay muchas.

Pero nunca, o casi nunca, se dice que vivir en la sociedad capitalista en la que vivimos es también una forma de morir. Levantarte con la estúpida melodía del despertador para ir al trabajo es morir. Dedicar dos tercios de tu vida a dar el fruto de tu trabajo a otra persona es también morir. Encender la tele y dejarte llevar por la seductora máquina de lavar cerebros es, ciertamente, otra forma de morir. Conducir un coche. Leer revistas de moda. Comprar el último disco anunciado en la radio…

Hay tantas formas distintas de morir.

Algunas personas deciden quitarse la vida cuando ven que ya no pueden continuar muriendo cada día. Cuando ya no pueden más con los despertadores, las oficinas, las aulas, o la aislante atomización que el individualismo capitalista nos impone. Otras, en cambio, deciden quitarse la vida cuando se dan cuenta que ya estaban muertas antes de morir. Y es que debe ser muy difícil aceptar que nunca se vivió. ¿De qué nos sirven dos televisiones de plasma, el último modelo del iPhone, o un coche todo-terreno si luego en el metro vamos enlatados como mercancías camino hacia nuestro matadero? Nos miramos de reojo en el vagón, intentando ver cómo lo lleva el resto. Y cuando por fin cruzamos las miradas hacemos como que nunca pasó. En vez de mirarnos y reconocer a la otra y la explotación que nos une, hacemos como que vamos solas en el tren.

Pero la persona que muere no lo tiene por qué hacer sola.

Si cumplir con las normas de la sociedad capitalista es una forma de morir, rechazar y abandonar nuestras cómodas vidas es un imperativo vital. Reconocer que todas ya estamos muertas en tanto que vivimos en una sociedad capitalista es el primer paso para vivir de una forma verdaderamente digna, porque solamente aquellas que conocen de su miseria pueden levantarse contra aquello que las oprime.

tasalariado1Tenemos en nuestras manos la posibilidad de crear un mundo en el que todas las personas encuentren una razón por la que vivir de forma libre. Solamente aquellas que siguen pensando que la clase que nos oprime controla tanto nuestra vida como nuestra muerte seguirán creyendo que están vivas, que vivir es pasar por la escuela autoritaria, por la universidad programadora, por el trabajo alienador, y por la muerte de cáncer de pulmón. ¡Pero hay tantas otras alternativas!

Reconoce que estás muerta. Mírate al espejo y pregúntate sinceramente si piensas que llevas la vida que te gustaría vivir. Piensa sobre tu felicidad—o tu desdicha—y pregúntate si ésta no responde a estándares pre-concebidos por Hollywood, la MTV, y las revistas de cotilleos.

No tengas miedo a reconocer que todas decidimos morir complacientemente cada vez que pedimos una pizza al Domino’s Pizza. O para el caso cada vez que empezamos nuestro día al son del despertador. No tengas miedo a reconocer que tus vecinas, tus amigas, y la gente que te rodea es, en su mayoría, una masa de muertos vivientes camino a la oficina, la escuela, o la universidad.

¿Qué puedes hacer? ¡Puedes vivir! Puedes romper con aquello que te mata. Puedes gritar a la cara de aquellas personas que te explotan. Puedes empezar a organizarte con el resto de muertos vivientes que te rodean. Si optas por lo último encontrarás que tus intentos se estrellan inútilmente contra la pared en la mayoría de casos. Pero esto no ha de hacerte desistir.

Recuerda que si decides luchar, y luchas, ya habrás ganado. Ya habrás empezado a vivir.

La lucha no es solamente contra los «tres grandes»: el Estado, la policía, y las corporaciones. La lucha es también contra todo lo que nos rodea: nuestros prejuicios, nuestros estereotipos, nuestro despertador, nuestro abono-metro, nuestro consumismo frenético…

Y al final del día, cuando la noche traiga consigo otras formas de morir, pregúntate con honestidad: ¿no rompo con todo lo que me disgusta porque no puedo, porque no quiero, o porque me da miedo?

Tal vez nos dé miedo el mismo hecho de vivir. Y,  una vez más, nos volveremos a preguntar:

¿Cuántas formas distintas hay de morir?

El Capital IX: División del trabajo y manufactura

La manufactura en su forma clásica tiene como pilar básico la división del trabajo. Es el modo de producción que domina desde el siglo XVI hasta el último tercio del XVIII. Un taller manufacturero reune a trabajadores de distintos oficios que, cada uno con su tarea particular a realizar, dan lugar a un producto final acabado.

Este modo de producción introduce una modificación esencial, cada trabajador no desarrolla su oficio en toda su extensión sino que se especializa, limitándose a un ejercicio circunscrito. De producto individual de un obrero independiente que ejecuta una serie de operaciones diversas, la mercancía se convierte en el producto social de un conjunto de obreros, cada uno de los cuales efectúa constantemente la misma operación de detalle: operaciones parciales y complementarias para la producción de una misma mercancía.

El trabajador fraccionario y su utensilio

La manufactura descompone el oficio de artesanos en sus diferentes operaciones, las aísla y las hace independientes, cada una de ellas llega a ser la función exclusiva de un trabajador que, elaborando solo una parte del producto, sólo es un trabajador fraccionario. El obrero fraccionario convierte su cuerpo entero en órgano mecánico de una sola operación de modo que llega a efectuarla con rapidez. Comparada con el oficio independiente, la manufactura suministra más producción en menos tiempo, es decir, aumenta la fuerza productiva del trabajo.

El periodo manufacturero simplifica y multiplica los instrumentos de trabajo, acomodándolos a las funciones separadas y exclusivas de los obreros fraccionarios: El trabajador fraccionario y su utensilio son los elementos primarios de la manufactura.

Formas generales de la manufactura

Fundamentalmente hay dos formas distintas de manufactura. Por un lado, aquella que suministra producto cuya forma definitiva es una reunión de productos parciales (caso del reloj, suma de engranajes, resortes, esferas…). Por otro lado, aquella que suministra productos que recorren una serie de desarrollos graduales (caso de los alfileres, que pasa por una serie de procesos: corte del alambre, preparación de cabezas, afilado de las puntas…).

Esta segunda es la forma perfecta de la manufactura. El producto parcial de cada trabajador fraccionario es sólo un grado particular de desarrollo de la obra completa, el resultado del trabajo de uno es el punto de partida del trabajo de otro.

Este modelo manufacturero se extiende a la combinación de diferentes manufacturas. Las manufacturas combinadas forman secciones de la manufactura total, aunque no adquiere verdadera unidad hasta la transformación de la industria manufacturera en mecánica.

Acción de la manufactura sobre el trabajo

Una vez separadas y hechas independientes las distintas operaciones, los obreros se clasifican según sus facultades predominantes: más habilidad, más fuerza, más atención… Considerado como miembro del trabajo colectivo, el trabajador fraccionario llega a ser tanto más perfecto cuanto más incompleto es. La manufactura desarrolla la especialidad aislada hasta el punto de hacer de ella una habilidad excesiva a expensas del trabajo integral.

Para responder a la jerarquía de las funciones, la manufactura crea una jerarquía de fuerzas de trabajo, a la que corresponde una gradación de salarios. Al lado de la gradación jerárquica, se constituye una división elemental de los trabajadores en hábiles e inhábiles. Para estos últimos son nulos los gastos de aprendizaje. Para los primeros, son menores que los que implica el oficio aprendido en conjunto. En definitiva, la fuerza de trabajo pierde parte de su valor, lo que ocasiona un aumento de plusvalía.

División del trabajo en la manufactura y en la sociedad

Hay una diferencia esencial entre la división del trabajo en la sociedad (en zapateros, carpinteros, ganaderos…) y la que se realiza en el taller. En el primer caso, los productos respectivos de los distintos oficios constituyen mercancías acabadas. No así en la división manufacturera del trabajo. Como consecuencia, esta implica una concentración de medios de producción en manos de un capitalista, mientras que la división social supone la dispersión de los medios de producción entre un gran número de productores comerciantes independientes.

Mientras que la división social del trabajo pertenece a formas económicas de sociedades diversas, la división manufacturera es una creación especial del sistema de producción capitalista.

La manufactura revoluciona el sistema de trabajo individual y ataca en su raíz a la fuerza de trabajo: Estropea al trabajador, hace de él algo artificial al potenciar una destreza en detalle en perjuicio de su desarrollo integral.

En el principio, el obrero vende al capital su fuerza de trabajo sólo porque le faltan los medios materiales de producción. Desde el momento que, en lugar de poseer un oficio, es solo un accesorio que aislado no tiene utilidad, no puede obtener servicio formal de su fuerza de trabajo si no la vende. Para poder funcionar, necesita un medio social que sólo existe en el taller del capitalista.

La división del trabajo es un método particular de aumentar el rendimiento del capital a expensas del trabajador.

La realización de las tendencias dominadoras del capital encuentra aún así algunos obstáculos. La habilidad en el oficio persiste en la base de la manufactura, que no puede prescindir de los obreros hábiles y que tienen, en consecuencia, cierta fuerza de resistencia, por lo que el capital ha de luchar constantemente contra su insubordinación.

[Recomendación] Lectura: Cómo derrocar a los Illuminati

Tras tanto tiempo yendo a rebufo de los trapicheos de los Illuminati, dimos con la solución de cómo derrocarlos: declarando la conspiranoia sobre los Illuminati como ciencia ficción. Si bien los Illuminati existieron en la historia, concretamente en la época de expansión de la Ilustración, terminaron disolviéndose pese a que los teóricos de la conspiración digan que pasaron a la clandestinidad.

El texto que hoy recomiendo trata precisamente de refutar las teorías Illuminati, de cómo unas teorías conservadoras y elaboradas por la clase dominante para intentar explicar los grandes movimientos de masas, al no entender que pudiesen llegar a tales magnitudes de movilización contra la misma clase dominante, puedan no tener algún líder que los guíe, y que hoy en día se ha asimilado por ciertos sectores de la clase explotada para tratar de explicar su propia opresión. Aunque es aplicado a la coyuntura estadounidense, pienso que es igualmente un buen aporte.

La actual teoría Illuminati se sienta en las siguientes bases: la existencia histórica y documentada de los Illuminati bávaros y la francmasonería, el antisemitismo y el anticristo. Sin embargo, los análisis de la realidad social que ofrece la teoría Illuminati no deja lugar a la aplicación del método científico al haberse construido como una teoría inmutable, donde no deja lugar a sucesos casuales en la historia aludiendo a que todo está controlado por los mismos de siempre: los todopoderosos Illuminati. Esto a la vez tira por la borda toda la historia social documentada hasta hoy. Además, dichas teorías son elitistas al considerar al resto de la población una gran masa uniforme de esclavos manipulados y dominados por un reducido y conocido grupo que supuestamente controla todo el sistema, lo que conlleva también una simplificación de la realidad social y la negación de las relaciones de poder entre las clases sociales. Debido a la explicación errónea de la realidad social y al mostrar al enemigo tan lejos del alcance de la población, a quien considera un rebaño de ovejas, se muestran inoperantes y desmovilizadoras, no permiten una articulación de respuestas sociales inmediatas y el empoderamiento del pueblo. Por lo tanto, se podría decir que dichas teorías son conservadoras.

La diferencia entre la conspiranoia Illuminati y el análisis materialista es que los primeros se centran únicamente en la personificación del dominio, ignorando que la explotación de una clase sobre otra la otra -que de ello se deriva la acumulación de capital en manos privadas, y por tanto, da como consecuencia el dominio de una clase sobre otra- es la base en la que se sustenta el capitalismo y que debemos acabar con esta relación de explotación para poder acabar con la opresión. Como bien expone una frase en el texto, «Las teorías solo mueven a la gente a actuar cuando ofrecen explicaciones certeras a situaciones que viven y ofrecen vías viables de acción para cambiarlas. Las teorías conspirativas no ofrecen ninguna.», os dejo que disfrutéis con la lectura y a deshacernos de esas ideas reaccionarias y desmovilizadoras:

Cómo derrocar a los Illuminati

El Capital VIII: Producción de plusvalía relativa

¿Cómo puede aumentarse la plusvalía manteniendo la jornada de trabajo estable? Podría lograrse reduciendo el salario, pero vamos a mantener la suposición de que la fuerza de trabajo se compra y se vende en su justo valor.

Bajo ese supuesto solo puede aumentarse la plusvalía aumentando el tiempo de sobretrabajo y reduciendo en mismo grado el tiempo de trabajo necesario (que se produzca en menos horas el valor de las subsistencias). Esto solo puede ocurrir como resultado de un aumento en la fuerza productiva del trabajo: se necesita un cambio en las condiciones de la producción.

El capital necesita modificar sus condiciones técnicas y sociales (transformar el modo de producción) para aumentar la productividad del trabajo, disminuyendo el valor de la fuerza de trabajo, el tiempo empleado en reproducir dicho valor y, por tanto, aumentando la plusvalía.

Denominamos plusvalía absoluta a la producida por la simple prolongación de la jornada de trabajo. Denominamos plusvalía relativa a la que proviene de la disminución del tiempo de trabajo necesario (y, por tanto, de un cambio en la relación entre trabajo necesario y sobretrabajo en una jornada).

Es la plusvalía relativa la que crece cuando crece la productividad del trabajo. Es consecuencia directa de algo que ya habíamos visto: Un aumento de la productividad reduce el valor de las mercancías (incluida la mercancía fuerza de trabajo). Al mantener estable la jornada laboral, el tiempo dedicado a la reproducción del coste de la fuerza de trabajo es menor (porque su valor es ahora menor) y, en consecuencia, parte del tiempo que antes era trabajo necesario ahora es sobretrabajo. En resumen: Tras un aumento de la producción, el trabajador dedica menos tiempo a trabajar para sí mismo y más a trabajar para el capitalista.

Así, el aumento de la producción no tiende jamás a acortar la jornada de trabajo. Como puede observarse, un aumento de la productividad no redunda en una reducción del trabajo, sino en un aumento de la plusvalía relativa.

Cooperación

La producción capitalista empieza a producirse de hecho cuando un solo dueño explota a múltiples asalariados a la vez.

El empleo de numeroso personal ya realiza una transformación en las condiciones materiales del trabajo. La construcción de diez talleres para veinte tejedores cuesta más que un solo taller para veinte. El valor de los medios de producción comunes y concentrados es menor que el valor de los diseminados que reemplazan. Por consecuencia, la porción de valor que transmiten a los productos disminuye.

Cuando muchos trabajadores trabajan conjuntamente para un objeto en común, el trabajo reviste la forma cooperativa. El valor de la fuerza cooperativa también difiere del de la suma de las fuerzas de los obreros aislados y esa diferencia se transmite asimismo a la mercancía producida.

El trabajo colectivo disminuye el tiempo de la producción, permite producir más objetos útiles. Además da resultados que no podría suministrar nunca el trabajo individual: Es una fuerza de trabajo común.

Cooperación y capital

El número de cooperantes depende de la magnitud de capital que pueda adelantarse para la compra de fuerzas de trabajo. Además, con el aumento de las fuerzas productivas que supone el trabajo cooperativo, la cantidad de materias primas que se invierten en un tiempo determinado también aumenta, lo que exige una mayor concentración del capital para comprarlas.

En definitiva, es necesario una acumulación de capital en manos del capitalista para que este pueda iniciar el trabajo cooperativo. El mínimum de capital que necesita un capitalista para librarse de su trabajo manual (explotando bastantes obreros) es el necesario para convertir el trabajo individual en trabajo cooperativo. De esa manera el pequeño patrón se convierte en capitalista y con ese cambio se instituye el modo de producción capitalista.

El mando en la industria

En los comienzos del capital, el asalariado trabaja a las órdenes del capital de manera casi accidental. Ha vendido su fuerza de trabajo por carecer de medios para trabajar por cuenta propia. Desde el momento en que el trabajo individual deja paso al trabajo basado en la cooperación entre asalariados, el mando es indispensable para la ejecución del trabajo. La función directora, de vigilancia, llega a ser la función principal del capital cuando el trabajo que le está subordinado se hace cooperativo.

El capitalista empieza por excusarse de su trabajo manual. Luego, cuando su capital aumenta, abandona incluso su función de vigilancia y la confía a un genero particular de asalariados. Ya a la cabeza de un ejército industrial, necesita de todo tipo de oficiales superiores e inferiores, que trabajan siempre a las órdenes del capital.

Recopilando: El obrero vende su fuerza de trabajo individual (y digamos que la vende por su valor real). Cuando la explotación de la fuerza de trabajo se realiza como trabajo cooperativo, aumenta además la producción de la plusvalía relativa. El capitalista ha pagado la fuerza individual de los distintos trabajadores, pero no la fuerza combinada de todos ellos.

En resumen, en manos del capital, la socialización del trabajo solo aumenta las fuerzas productivas para explotarlas con más provecho.

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