De aquel porno, estos lodos; y viceversa

Este artículo se aparece también en El Desperttador y se muestra aquí por decisión del propio autor.

En textos anteriores he querido llamar la atención sobre algunas de aquellas dinámicas sociales cotidianas y asumidas como banales que conforman el ideario o el sentido común patriarcal y que da luego lugar a prácticas de opresión por parte de los hombres hacia las mujeres. En esta ocasión quiero continuar con esta línea poniendo el foco sobre un elemento básico de la socialización sexual como es el porno. Este, que provoca habitualmente risas, expresiones de incredulidad o sonrojo, es un recurso utilizado diariamente, sin embargo, por miles de personas, especialmente hombres, como forma de encontrar un espacio de diversión, relajación, o simple pasatiempo sexual, según gustos y necesidades. De esto, cabe preguntarnos algunas cosas como, ¿por qué son mayoritariamente hombres quienes consumen porno? ¿De qué manera el porno construye o ayuda a construir las formas de relaciones sexuales más habituales? ¿Es el porno neutro?

Teniendo unos 15 años, aproximadamente, mi madre me regañó porque al mirar en el historial del ordenador había visto que yo había estado viendo porno. Recuerdo que me dijo que aquello no era para mí. No es por llevar la contraria a mi madre más de lo normal, pero creo que en esto se equivocaba. Aquello estaba ahí precisamente para mí. Era para mí porque yo era un proyecto de hombre comenzando a preguntarme cosas sobre el sexo, sintiendo la creciente hormonización y, más importante, entrando ya en rituales y prácticas de socialización de la masculinidad asumidas generalmente y que se van aplicando sobre cada hombre. Sin duda, una de las partes más importantes de la masculinidad imperante es la relación del hombre con el sexo. Es aquí donde el porno constituye la verdadera escuela de los jóvenes.

Todo estaría bien con esto si el tipo de porno que se produce mayoritariamente no crease una imagen problemática de lo que es la práctica del sexo. En este porno es siempre el hombre el que dirige, el que dispone del control para decidir qué se hace primero y qué se hace después, para introducir su pene allí donde le plazca y en el momento que quiera. Pese a ello, todas las miradas se dirigen hacia la mujer. Es el único objeto de deseo presente. Toda la escena se configura siguiendo parámetros masculinos, alejando de esta manera a las mujeres de algo que podría ser perfectamente objeto de diversión y placer, y dando a entender que somos solo los hombres quienes tenemos realmente derecho a sentirnos satisfechos con nuestras relaciones sexuales. Se desplaza a las mujeres a un espacio de cierta cosificación. Están ahí para que podamos follar como es debido. Evidentemente, nos gusta e incluso el sexo será más placentero si se observa un disfrute mutuo (de hecho ahí tenemos toda una retahíla de falsos gemidos y sonrisas), pero tampoco pasa nada si ella no acaba de sentirse a gusto. “Es natural en las mujeres, se quejan por todo.”

Esto que aquí describo en un tono que pudiera parecer de exageración, quizá no lo sea tanto si hacemos cuentas de nuestras experiencias sexuales pasadas, de nuestra forma de ver porno o si observamos las formas de referirse al sexo de la gran mayoría de hombres. Más que situaciones concretas, pretendo señalar una forma de entender el sexo y, a través de él, nuestra relación con las mujeres.

En tanto que representación cultural, el porno no puede ser neutro, como no lo es la televisión o la literatura. Bebe de la cultura en la que se ubica y a la vez es un mecanismo de reproducción de la misma, ya que repite los mismos patrones patriarcales que he señalado líneas arriba. De la misma manera que he comentado en algún texto anterior, esta reproducción no se realiza por medio de grandes gestos o formas muy visibles, sino que simplemente están ahí y determinan el espectro de lo posible, de lo que hay y no puede haber otra cosa.

¿No puede haber entonces otro porno diferente, emancipador, que no reproduzca cánones patriarcales, que enseñe una forma distinta de vivir la sexualidad? Quiero pensar que sí. Entiendo que, al igual que podemos imaginar formas más justas de organización social, debería sernos posible imaginar y llevar a la práctica formas más justas para con las mujeres de pornografía. De hecho, el potencial que podría tener un porno con contenido feminista de manera generalizada sería increíble. Estoy hablando de disputar un espacio de reproducción social de las formas dominantes para hacer brotar nuevas expectativas. No sabría decir si esto es realmente posible, pero probablemente valiera la pena intentarlo.

El objetivo de este texto no es, desde luego, hacer un análisis de la pornografía en 2 páginas, primero por la poca seriedad que tendría, y segundo, porque hay otras personas en mejor disposición para hacer un trabajo mucho más sólido. Lo que yo pretendo con este artículo es interpelar al resto de los hombres, potenciales consumidores de pornografía, para tratar de reconocer estos mecanismos de reproducción del patriarcado inscritos en buena parte de aquello que consumimos diariamente y evitar que perpetuemos esta dinámica de opresión. No se trata de no ver porno. Para nada. Mi intención está muy lejos de señalar el porno como algo a evitar, bien por indigno o inmoral, bien porque el que existe actualmente no nos vale. La clave está en dotarnos de las herramientas para anular los mecanismos de la dominación y explotar nuestra sexualidad en todo su potencial.

¿Cómo encontrar o construir estas herramientas? Desde luego no manteniendo las mismas actitudes inmovilistas que priman por lo general entre los hombres, sino que es necesario asumir una postura de disposición al aprendizaje de todo aquello que tiene que enseñarnos el feminismo. El terreno que pisamos no está inexplorado. Nuestras compañeras llevan ya cientos de años peleando y creando nuevas formas de entender nuestra cotidianidad y las relaciones de poder, por lo que lo primero debería ser aprender de todo ello y tratar de acompañar a partir de ahí. En este texto no se van a dar las herramientas necesarias para construir o visionar un porno no patriarcal, porque yo mismo no las tengo, pero sí que parece claro que el camino pasa por interesarnos humildemente por el feminismo, siendo conscientes de nuestra posición y nuestro papel. Animar a iniciar ese camino sí es la tarea de este texto.

Un ejemplo de una experiencia en este “otro porno” podría ser http://girlswholikeporno.com/

Enlaces del mes: Noviembre

Empezamos el mes con varios articulos interesantes sobre cuestiones de fondo. El periódico Solidaridad nos servía desde Chile este articulo de Gema Ortega sobre derechos sexuales (reproductivos y no reproductivos).

En Todo por Hacer, por otra parte, abordaban el tema de los servicios municipales privatizados desde la perspectiva de su remunicipalización. Sobre un tema un tanto ambiguo como es el TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión), José Luis Carretero publicaba «El TTIP avanza si no se le combate» en la revista Trasversales [sic].

La lucha en el trabajo no ha estado precisamente ausente: por un lado, se presentó la campaña La vaga que volem («La huelga que queremos») que pretende organizar la solidaridad con las personas represaliadas en la huelga general del 29 de marzo de 2012 a la vez que construye un discurso de reivindicación de la huelga, de los mecanismos de organización, etc. Por otro lado, desde la CNT, la coordinadora de sus trabajadores de Servicarne se declaraba en conflicto, a federación local de Barcelona anunciaba su apoyo a la huelga de remolcadores del puerto y la Confederación en su conjunto anunciaba su XI congreso.

A partir del viernes 13, los atentados de París alteraron la normalidad europea, eclipsando una vez más la atención de los medios sobre los constantes atentados en Siria y Líbano, como el que tuvo lugar en Beirut la víspera.

Los atentados en sí y los tambores de guerra que suscitaron dieron pie a muchos análisis y reflexiones incluyendo aquellas que se centraron en las implicaciones geopolíticas en torno a los flujos de petróleo y la apuesta del régimen turco por el Daesh contra el movimiento de liberación kurdo.

En este sentido, merece especial atención este artículo en inglés escrito por David Graeber en The Guardian, en el que explica cómo Turquía, pudiendo cortar las líneas de suministro de Daesh no lo hace y apoya incondicionalmente a ese autoproclamado Estado Islámico.
Se puede leer también en castellano.

A vueltas con la violencia machista

Este texto se publica también en El Desperttador y se muestra aquí por decisión del propio autor.

Esta semana, después de que un hombre muriese a manos de su esposa, las redes se inundaban de carteles, imágenes y publicaciones negando la existencia de la violencia de género o que esta sea solo del hombre hacia la mujer con frases extraídas de páginas web dedicadas a alimentar este tipo de mitos. Pese a que estamos hablando de algo ya aceptado más allá de los círculos del feminismo, parece que sigue siendo necesario aclarar que no, cuando una mujer mata a un hombre, por la razón que sea, no es violencia de género, ni violencia hembrista ni se trata de un fenómeno del mismo calado que los asesinatos por violencia machista.

¿Por qué sencillamente esto es así? A menudo hemos visto u oído opiniones respecto a este tema en el que alguien, generalmente un hombre, sostiene que, en su opinión, o según cree, el uso de la violencia es siempre reprochable, todos los asesinatos son iguales y debe darse una misma respuesta. En definitiva, que no existe la violencia machista o de género como tal, sino que existen episodios de violencia entre personas aparentemente en igualdad de condiciones, pudiendo acoger bajo el mismo paraguas una riña entre grupos de chavales en la calle y una paliza de un hombre hacia una mujer.

Otro de estos típicos argumentos falaces es aquel que afirma conocer casos individuales, generalmente de algún amigo o conocido, en el que su novia o esposa le maltrata psicológicamente, le pega, le prohíbe ver a los niños, etc, y de alguna manera esto imposibilitaría hablar de violencia machista. A menudo estos comentarios se acompañan también de aquel que alega que existe una peligrosa cantidad de denuncias falsas en temas de violencia de género, ya que la ley resulta excesivamente ventajosa para las mujeres, y estas, retorcidas por naturaleza, utilizan esta ventaja para denunciar gratuitamente a diestro y siniestro con el fin de quedarse el coche, la casa, el perro y los niños. Este último ejemplo, lamentablemente no poco común, ya fue rebatido nada menos que por la Fiscalía General del Estado, que aseguró que el porcentaje de denuncias falsas en violencia machista solo representaba un 0,005% del total.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que aquí las opiniones, creencias y pareceres tienen una importancia muy limitada. Que opines que la violencia machista no es tal porque existen episodios de violencia de una mujer hacia un hombre no tiene relevancia alguna. Lo primero debería ser acercarse a estas cuestiones desde la humildad y el respeto, y partiendo de ello, reconocer que no somos los primeros que pensamos en este tema, por lo que convendría ver qué tienen que decir más de 100 años de lucha feminista sobre la violencia machista. De esta manera, escuchando otras voces con experiencia, podremos apreciar que la violencia machista es tal no por el hecho violento en sí, sino porque se asienta sobre un sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres, el patriarcado, que abarca todos los aspectos de la vida, y porque estos hechos violentos se producen de manera sistemática y en virtud de los preceptos establecidos por el patriarcado; se las mata por ser mujeres.

Tenemos, por tanto, que si la violencia machista se inscribe en la misma esencia del sistema patriarcal, entonces, ¿qué pasa con estos hombres que mueren a manos de mujeres? Podrían pasar dos cosas. Por un lado, es altamente probable que la mujer en cuestión lleve años sufriendo las vejaciones y las agresiones del hombre y que viese en la muerte de este individuo la única manera de terminar con su agonía y librarse de la opresión. En otros casos, pueden ser múltiples los motivos que lleven a una mujer a agredir o matar a un hombre pero, en cualquier caso, no determina un fenómeno social sistemático y producto de relaciones de poder. Se trata de un hecho aislado y anecdótico. Muchos dirán “¿Pero cómo va a ser aislado y anecdótico si han muerto ya 24 hombres a manos de su pareja?”. Lo es. ¿O pensamos que existe alguna relación entre todas las muertes violentas y peleas que se dan en multitud de situaciones y por miles de motivos? Es determinante la existencia de un sistema de dominación sostenido por relaciones de poder favorables para los hombres al hablar de violencia machista.

Mientras no estemos dispuestos a reconocer esto, lo que estamos demostrando es un nulo entendimiento de una relación de desigualdad que nos beneficia y nos otorga unos privilegios que, a la vista de los argumentos, no estamos por la labor de abandonar.

Arriba me he referido a la muerte de este hombre de forma impersonal. Es decir, aunque sabemos por el contenido que no ha muerto, sino que alguien lo ha matado, la forma de enunciarlo ha evitado señalar ningún sujeto de la acción. Lo he querido mostrar así, de forma provocadora, para fijar la atención sobre el punto de que es esta la manera habitual con la que los medios se refieren a los asesinatos machistas. Las mujeres mueren, mueren acuchilladas, mueren de una paliza, mueren tiroteadas, mueren atropelladas… Sin embargo, las noticias se refieren a todo tipo de hechos violentos señalando de forma mucho más clara al agresor exceptuando este caso. Esto llegó al punto álgido cuando, al recoger la noticia del asesinato con el que abría este artículo, se indicaba sin sonrojos que una mujer había asesinado a su marido.

Esta forma de referirse los medios a los asesinatos machistas forma parte de todo aquello que no se ve tanto pero que es la base necesaria para llegar a la situación extrema de la violencia machista. Es decir, al igual que si de un iceberg se tratase, es muy fácil ver la punta, lo visible, lo que sobresale. En este caso los asesinatos. A estas alturas, prácticamente nadie justificará hechos como estos. Sin embargo, si vamos bajando en esta pirámide nos podemos encontrar con el control en la pareja, la minusvaloración, el desprecio, la humillación y otras situaciones de violencia que, pese a no ejecutarse de forma física, constituyen sin duda agresiones contra las mujeres de un carácter mucho más cotidiano. Si seguimos bajando encontraremos aquellos ladrillos de este bloque que, a pesar de formar parte de él, generan un rechazo mucho menor. Podemos hablar aquí de los piropos de hombres desconocidos, del cuestionamiento de las decisiones personales, ninguneo, infantilización, etc.

En definitiva, que antes del asesinato existen toda una serie de situaciones y comportamientos propios del sistema patriarcal que construyen esta pirámide de la opresión y sustentan estas muertes, algo que no se da en el caso de las muertes de hombres. Es tarea nuestra hacer lo posible por derribar esa pirámide. Pero no se termina con la violencia machista a base de victimismo y falta de visión, sino siendo conscientes de nuestro papel, de nuestros privilegios y todo lo que ello implica. Trabajar por eliminar estos privilegios es solo el primer paso.

Las Mujeres en el Reich

Estrellas amarillas. Guetos. Vagones. Campos de concentración. Crematorios. Cámaras de gas…
Estas son las imágenes que suelen venir a la mente cuando hablamos del Holocausto nazi.
Pero, ¿qué pasa con todas la mujeres olvidadas y silenciadas a lo largo de ésta historia de sangre, violaciones, abortos clandestinos, vejaciones, esterilizaciones y muerte?
El pensamiento patriarcal, instaba a pensar que ninguna mujer podía ejercer violencia de manera gratuita, pues ellas en teoría eran esposas, madres, las eternas cuidadoras del hogar, de sus hijos, de toda persona que lo necesitase. Todo lo que se esperaba de una mujer, bajo las ordenes del mismísimo Hitler. El Holocausto ha sido visto generalmente como un crimen perpetrado por los hombres. La gran mayoría de los señalados ​​en Nuremberg y otros juicios por crímenes de guerra fueron del género masculino.
De acuerdo al proyecto racial Lebensborn, en las mujeres recae la tarea de engendrar una nueva juventud que abasteciese de nuevos ideólogos al partido nazi (NSDAP) y de jóvenes soldados de la Wehrmacht, la Schutzstaffel (SS), la Sturmabteilung (SA) y la Gestapo.
El NSDAP discriminó a las mujeres sobre una ideología misógina erigida sobre los principios de maternidad, germanización y superioridad racial. La proyección de un modelo de feminidad normativa centrada exclusivamente en la capacidad reproductiva de las mujeres alemanas determina el posterior tratamiento que reciben las mujeres en la denominada «cuestión judía». Las mujeres judías se convierten en el núcleo simbólico sobre el que se edifica el discurso ligado al proyecto de la Solución Final. El NSDAP identifica a las mujeres con la capacidad de reproducción y perpetuación de las poblaciones por lo que el proyecto de exterminio del pueblo judío requiere una retórica que deslegitime no sólo a la totalidad de la comunidad judía sino específicamente a las mujeres. La deshumanización que padecen las mujeres judías en el discurso nacionalsocialista se materializa en el tratamiento violento y vejatorio que reciben en los campos de concentración y exterminio y que convierte el cuerpo femenino en un espacio simbólico de conquista y dominación. Las agresiones, sean o no de carácter sexual, son una proyección androcéntrica de la superioridad de los vencedores sobre los vencidos a través de la apropiación del cuerpo femenino. La diferencia fundamental de las agresiones contra las mujeres en tiempos de guerra es inapreciable para las víctimas pero nítida para los agresores, que siempre responden a un patrón de conducta a la norma establecida de la virilidad que se espera de ellos. Su doble discriminación les aleja
de las actividades más sencillas o menos agotadoras y se ven obligadas a desempeñar los trabajos más duros y minuciosos dentro de la actividad diaria de los campos. Su estatus en el escalafón más bajo convierte a las mujeres judías en el principal objetivo de la violencia sexual ejercida no sólo por los guardas de las SS sino también por los propios prisioneros judíos.

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Acabemos con el cuento, la violencia no es, ni nunca fue exclusiva del «hombre»:

Desde el momento en que los nazis llegaron al poder e impusieron políticas de pureza racial, un sinfín de enfermeras sacrificaron a discapacitados y enfermos mentales.
Pongámosle nombres y apellidos, que no se pierdan a través de la historia , las atrocidades de las hijas del Reich;

-Pauline Kneissler, trabajó en Grafeneck Castle, allí gaseaba una media de 70 pacientes judíos al día.

-Lisel Willhaus, se sentaba cada tarde con un rifle en el balcón de su casa, disparando a toda aquella persona de la que tuviese la mínima sospecha de ser judía.

-Vera Wohlauf, transportó 11.000 habitantes judíos de un pequeño pueblo a Treblinka, donde fueron exterminados. Si los prisioneros se resistían lo más mínimo, no dudaba en tirar de su amado látigo, el que empleó contra más de un millar de niños.

– Fräulein Hannah, entró a la sala de niños de un edificio que era utilizado como un hospital improvisado, miró a cada uno en sus cama, se detuvo, cogió uno, lo llevó al balcón y lo arrojó desde el tercer piso al pavimento, luego hizo lo mismo con otros dos. En otra ocasión, agarró a un pequeño con fuerza por las piernas y golpeó su cabeza contra una pared como si estuviera sacando el polvo de una alfombra, después sin vida lo lanzó a los pies de su padre.

-Josephine Block, a quien le gustaba golpear especialmente a los niños a la espera de ser deportados contra el suelo, hasta que estos morían finalmente.

-Irma Greese, en 1943, ingresó en el Campo de concentración de Auschwitz como SS Oberaufseherin (guardia femenina), y para finales de ese mismo año fue ascendida a supervisora, la segunda mujer de más alto rango en el campamento, después de María Mendel.

-María Mandel, a cargo de alrededor de 30.000 reclusas de origen judío. El ascenso se produjo a causa de su enorme sadismo.

Son tan solo algunos ejemplos, de los miles, millones de mujeres que participaron de manera activa en la masacre. Del total de la cifra, ni si quiera un tercio llegó a ser juzgada. Y del reducido número de mujeres juzgadas, fueron puestas en libertad sin cargos y completamente limpias. A penas una decena de mujeres fue condenada por sus atrocidades y de forma excepcional, al ser soldados directas de las SS.

Prostitución Forzosa–> En 1941, en el campo de concentración de Mauthausen, comienza la «recompensa» a los presos que más duro y forzoso trabajasen; burdeles exclusivos para ellos (Sonderbauten), bajo el mandato de Heinrich Himmler. A las prisioneras se les prometía la puesta en libertad tras seis meses de prostitución forzosa diaria. Promesas que nunca serían cumplidas. Las prisioneras no alcanzaban los 20 años en la mayoría de los casos, recibían un trato distinto al del resto de prisioneras, recibían una cantidad un poco más elevada de alimentos. Alimentos que aprovechaban para compartir con sus compañeras y los niños.
Los encuentros en los burdeles eran siempre bajo la supervisión de un alto mando; no habría otra postura que no fuese el misionero y el encuentro no excedería jamás los 15 minutos.

Violaciones–> Siempre se pensó que debido a la «pureza étnica» de la ideología nazi, nunca ocurrieron. Pero la política de limpieza étnica a través de la violación es tan antigua como la misma guerra. El sexismo queda invisible ante el racismo.
Las violaciones no eran condenadas, pues bajo el amparo patriarcal, las mujeres consentían a cambio de comida u otro tipo de privilegios, por tanto no era pensable que con toda esta sarta de manipulaciones y demás engaños derivados en el sometimiento de las mismas, que fuese violación.

Esterilización–> Las mujeres con descendencia eran las más propensas a la horrenda práctica, de la mano de Aribert Heim, también conocido como «El carnicero de Mauthausen», médico de las Schutzstaffel.
Anja Lundholm informó de miles de esterilizaciones diarias en Auschwitz-Birkenau que se realizaban sin anestesia y que se cobraron cientos de vidas de mujeres y niñas que no sobrevivieron a las intervenciones. Uno de los medios más utilizados para extender la esterilización masiva
entre las mujeres judías se basaba en la ingesta de productos químicos altamente tóxicos diluidos en las raciones alimentarias. Los efectos eran visibles y sus consecuencias incluían dolores intensos, hemorragias internas, perforaciones de la cavidad bucal, atrofia de los ovarios y una amenorrea irreversible. Las prisioneras que aún con desajustes menstruaban, eran obligadas a pasear por los campos sin ningún tipo de cobertura en el cuerpo, pues a los nazis les gustaba verlas sangrar. Si además había embarazo, la ejecución era inminente.

En esta historia, no podemos tampoco olvidar a todas aquellas mujeres que encararon y lucharon con valentía por la libertad y el amor a la vida, tales como;

-Irena Sendler, consiguió evacuar y salvar a más de 2,500 niños, para ello utilizaba todo tipo de tretas; traslado en ambulancias alegando que eran enfermos de tifus, sacos, cestas de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercnacías, bolsas de patatas, ataúdes… Hasta que el 20 de Octubre de 1943 fue detenida por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada para que diera detalles del paradero de los niños y la red de personas que ayudaban a escapar a las personas judías. No lo hizo y por ello fue condenada a muerte, liberada por un soldado nazi el día que iba a ser ejecutada. Después de liberarla, la puso en la lista de ejecuciones realizadas e Irena, siguió ayudando y salvando a todas las personas que podía.

-Elisabeth Eidenbenz, maestra y enfermera suiza, logro salvar a más de 600 niños entre refugiados republicanos españoles y judíos que huían de la invasión nazi.

-María Edwards Mac-Clure, trabajó como voluntaria en el hospital de Rothschild, simultáneamente se unió a la resistencia francesa, ambas luchas le permitieron salvar la vida de miles de judíos.

-Corrie Ten Boom, durante los primeros años del conflicto Boom pudo rescatar a muchos judíos de una muerte segura a manos de las SS nazis. En 1940 los nazis invadieron Holanda y prohibieron su club. En 1942 su familia se volvió muy activa ocultando refugiados. Los nazis arrestaron a toda su familia en 1944; fueron enviados primero a prisiones holandesas, y finalmente al conocido campo de concentración Ravensbrück .

-Emilie Schindler, fue la esposa de Oskar Schindler, con quien ayudó a salvar las vidas de entre 12,001 a 17,002 judíos.

-Milena Jesenská, después de la ocupación de Praga, Milena se integra a la lucha clandestina contra los ocupantes y anda por la calle con una estrella amarilla prendida en la ropa sin ser judía.
Fue detenida por la Gestapo en noviembre de 1939 y recluida en el campo de concentración de Ravensbrück, donde se convierte en enfermera. Los testimonios de las sobrevivientes hablan de su conducta animosa, solidaria y valiente que ayuda a mejorar la calidad de vida física y psicológica de las prisioneras.

-Condesa Maria Helene Françoise Izabel von Maltzan, escondió judíos en su residencia mientras estudiaba veterinaria, graduándose en 1943. En cooperación con la Iglesia de Suecia posibilitó el escape de 60 judíos por medio de la falsificación de pasaportes y su traslado a la frontera en camiones a menudo manejados por ella misma.
-Zofia Kossak-Szczucka, publicó su famoso «Protest» para salvar a los judíos y fue una de las fundadoras de la Comisión de Ayuda a los Judíos Żegota a pesar de sus posiciones antisemitas entes de la guerra.

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*Nota: Este articulo va dedicado con todo el amor libertario del que soy capaz de expresar a mujeres como Ella Gartner, Regina Safir, Estera Wajsblum, Roza Robota, Hannah Szenes, Gisi Fleischman, Haika Grosman, Pauline, Anne, Simone y Mellita Siller, pues fueron ejemplo de sororidad, resistencia y revolución en tiempos de autentico sometimiento, así como también a todas y cada una de las mujeres y niñas, que sufrieron por género y etnia.
FUENTES;
-Las Furias de Hitler, Wendy Lower
-El Segundo Reich, Van Der Bruck
– La decacencia de Oriente, Spengler
-Shoah Fuoundation Institute for Visual History
-Centre For Advance Holocaust Stories
-Micheline Maurel–>
Archivo Histórico USHMN,
Archivo visual: RG-60-6654
Tape number: 6534-9747
-Manjke Velteboer, La violencia contra las mujeres en los campos de concentración
-Christa Schulz, Prisioneras femeninas de Ravensbrück.
-Entrevistas e investigaciones, Yolanda Beteta Martin

Pavli

25-N

Anoche estudió hasta las cuatro así que se levantó con más ojeras que ojos, tropezó varias veces contra las paredes del pasillo hasta llegar a la cocina, donde estaba su hermana mirando con asco las tostadas del desayuno. Se sirvió un café bien cargado y se sentó a su lado. Su madre entró nerviosa en la cocina porque el peque llegaba tarde al colegio: venga Pablito date prisa que se nos escapará el autobús. Pero él seguía jugando con su cochecito azul y enfadado porque mamá no se había acordado de comprar los cereales de chocolate que le gustaban a él. Sonia, ¿quieres hacer el favor de comer? Gritó ella mientras recogía juguetes del suelo. Por favor hazlo por mi dijo con un tono tan desesperado que le quitó de golpe las ganas de seguir desayunando. Se levantó y dejó la taza en el fregadero, que aún tenía los platos de la cena. Se puso a fregarlos porque si no lo hacía ella lo haría su madre. En menos de diez minutos se había vestido, lavado los dientes, preparado la mochila y tomado la píldora. Se acercó a la cocina para despedirse hasta la noche. Sonia seguía en guerra contra la comida, o sea contra ella misma, y mamá ataba los cordones de Pablito, que ya había perdido el bus desde hacía cinco minutos. ¿Cariño, sabes donde he puesto la camisa nueva de cuadros?, escuchó que su padre gritaba desde la habitación.

Al salir a la calle, el chico del supermercado de la esquina, con su propia opresión como trabajador y como emigrante, igual que cada mañana, le bajó el tanga con la mirada cuando pasó por delante. En el metro, apenas se podía respirar de la gente que había: una joven se sujetaba como podía para no caerse mientras un señor se le iba restregando disimuladamente, una abuela se escandalizaba al ver a dos chiquillos comerse la boca y un grupo de guiris se preparaba para bajar en la siguiente parada. Una vez hecho el transbordo y ya tranquilita en el bus, sacó el móvil. ¡Toma ya! Marta le hablaba desde Irlanda. Resulta que había conocido a un Erasmus de Sevilla que era la hostia de guapo, que se pasaban los días juntos y que ya le había dicho que ella era la mujer de su vida. ¡¡Tía, y nos conocemos solo de hace dos meses!! Bueno, y ¿qué tal folla? Pues bien… solo que de momento aún no me he corrido. ¿Sabes? Nos pasó una cosa muy rara xd. Resulta que salimos de fiesta y me emborraché tantísimo que no me acuerdo de nada de lo que pasó aquella noche. Me contaron que iba cayendo por los suelos, que no me aguantaba de pie yo sola. En fin, muy, muy pedo. Pues me contó que esa noche me folló en el parque y yo no recuerdo absolutamente nada, no sé, se ve que estaba ida del todo jajaj la verdad es que cuando me lo contó me rallé porque claro, no tenía ni idea de si se había puesto condón o qué, pero me dijo que sí, así que nada, ya me quedé tranquila xdddd. Guardó el móvil. No encontró palabras para decirle a Marta que eso que le había hecho su nuevo novio se llamaba ‘violación.

Cogió el periódico que alguien había dejado en el asiento de al lado y echando un vistazo rápido pudo ver palabras como “feminización de la pobreza” y “brecha salarial”, un par de páginas más adelante leyó: “93 mujeres asesinadas por hombres en lo que va de año y en la página 7: Las mujeres kurdas emprenden una doble revolución. También pudo leer: “Los presupuestos de 2016 ignoran el impacto de género de los recortes” Un momento, espera. Mierda, va a ser que no. Que no, que estos datos no salen en prácticamente ningún medio de comunicación. Lo que leyó de verdad fue: El papa Francisco facilita el perdón a las mujeres que hayan abortado y dos páginas más adelante Los detenidos por terrorismo anarquista pasan a disposición de la Audencia y no sé qué de la ropa que llevaba el otro día la Arrimadas venía en las últimas páginas.

Entró al hospital cuando se terminó el cigarro. La tutora de prácticas aún no había llegado así que tuvo tiempo de dar un paseo por allí. Por el pasillo se cruzó con Graciela, que llevaba del brazo a la anciana de la que cuidaba día y noche a la revisión del médico. Después bajó las escaleras y se encontró con el pequeño Raúl que las subía poco a poco, su padre iba detrás vigilando que no tropezase. Raúl aún no lo sabe pero hace cosa de dos años él vino al mundo en este mismo hospital. Lo que iba a ser un parto natural se terminó convirtiendo en una cesárea, su mamá se opuso desde el primer momento pero le aseguraron con soberbia que no había otra opción. Le pusieron muchos medicamentos en el suero y aunque ella preguntaba qué eran, nadie le respondió. Cuando el bebé nació se lo llevaron y no le dejaron verle ni tomarlo entre sus brazos. Terminó la jornada de prácticas medio mareada así que el frío de la calle le sentó bien.

A eso de las seis llegó al casal. Estaba nerviosa. Se sentó en el suelo porque no quedaban sillas. No abrió la boca durante las tres horas y pico que duró la asamblea. No pudo. Se había hecho un esquema en la libreta, había leído de aquí y de allá, hasta había estado ensayando delante del espejo. Pero nada, cerró la boca e hizo caso a esa maldita voz dentro de su cabeza que le repetía constantemente “mejor cállate”. Y como ella, otras chicas, que se miraban de vez en cuando con cierta complicidad, o vergüenza, no está claro.

Volvió a casa sin tomar las birras de después. Caminaba todo lo rápido que le permitían las piernas a pesar de que se sentía cansada, le dolía todo, le costaba convivir con tanta basura, y eso que ella tenía unos privilegios y unas oportunidades que otras mujeres no tenían. Más complicado era todo siendo negra, transexual o pobre, eso estaba claro. Con el tiempo había aprendido a detectar las violencias, a ponerles nombres y apellidos (estructural, física, verbal, psicológica, sexual, institucional, simbólica, etc…). Había entendido hasta donde llega la magnitud del problema: cuando se pajean delante nuestra, cuando nos tocan el culo en la discoteca, cuando se niegan a usar preservativo, cuando nos ignoran, cuando nos insultan, cuando nos asesinan… no son casos aislados producidos por cuatro degenerados. NO. Se trata de una violencia contra las mujeres por el mero hecho de serlo, una violencia que se enmarca en un contexto social y político concreto en el que reinan las desigualdades entre hombres y mujeres y las relaciones de poder. Se trata de un feminicidio y no de muertes puntuales. La sociedad es machista y la violencia de género es un problema de los hombres que constantemente estamos sufriendo las mujeres. Y dentro del sistema capitalista esto va a seguir siendo así, porque sin machismo, igual que sin racismo, clasismo y fascismo el sistema no puede sustentarse. Dicho de otro modo: sin violencia, el sistema capitalista no puede funcionar. Por eso nos la pintan como normal, por eso la violencia está naturalizada y legitimada. Quien agrede lo hace porque cree que puede y debe hacerlo. Nos dicen que es algo biológico, que viene implícito en los genes y que por ello tenemos que resignarnos. Es más, a nosotras nos culpabilizan, preguntándonos ¿cómo puedes permitir que te trate así? En vez de preguntarles a ellos por qué maltratan, humillan y controlan. Preguntémosles ¿para qué lo hacen?, ¿Cuál es la finalidad? Quizás sea por el miedo a perder los privilegios, el miedo a perder el poder, el miedo a que ellas no estén allí para cuidarles y ser sus esclavas en nombre del amor eterno y de la maternidad omnipotente.

Digámosle a ellas que no son princesitas indefensas, que la violencia no es normal ni a nivel micro, ni macro y no tienen por qué aguantarla. Apliquemos la autodefensa para que nadie se atreva a agredirnos y para que todas y cada una de las agresiones tengan respuesta, aquí y en cualquier otro territorio. Porque ser víctima no significa ser pasiva, no significa resignarse o mirar hacia otro lado. Reivindiquemos los referentes femeninos, visibilicemos la lucha de muchas, escuchemos a las que siempre callaron y vivieron en la sombra. Hablemos. Gritemos. Matemos esa voz dentro de nuestras cabezas que nos dice que es mejor que estemos calladitas, o que estamos exagerando y que tampoco es para tanto. Cambiemos la culpa por la rabia, pasemos de lo individual a lo colectivo, de la indiferencia a la solidaridad. Dejemos la autodestrucción para empezar destruir aquello que siempre nos destruyó. No volvamos a competir entre nosotras y pasemos a ayudarnos, a crear redes de apoyo. Miremos el mundo a través de los ojos de las oprimidas por etnia, género, nacionalidad, edad o clase social. Hagamos real la palabra “transversalidad”. Vayamos más allá de un minuto de silencio y de una manifestación en un día señalado. Hoy es 25-N pero ayer también lo fue y mañana volverá a serlo. Prioricemos. Hagamos apuestas políticas serias de una vez y que este tema nos quite el sueño hasta que logremos resolverlo, por completo, y para todas.

Nuria, militante de Embat

Sobre la violencia obstetricia:

https://www.youtube.com/watch?v=BzkvugKCShI

Sobre violencia sexual:

http://www.eldiario.es/sociedad/queria-sexo_0_72093264.html

http://www.todoporhacer.org/no-son-depravados

Sobre violencia masclista (general):

https://www.diagonalperiodico.net/panorama/28256-llamadas-ser-hombre-y-otras-chapuzas.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/que-mueran-las-matan-4635000

 

 

 

 

Con lo tranquilitos que estamos

Este artículo aparece también en El Desperttador y se reproduce en esta web por decisión del autor.

A menudo tendemos a pensar que el machismo es un obstáculo insalvable, que de algún modo esto es así y así seguirá siendo. En este artículo quiero señalar, mediante el uso de ejemplos de situaciones cotidianas y bien conocidas por todos, determinadas prácticas sociales que redundan en un refuerzo de comportamientos machistas.

Este tipo de comportamientos no surgen de la nada ni se generan de una forma “natural”. De ninguna manera estamos los hombres determinados a tratar a las mujeres como si estuviesen en el mundo para satisfacer nuestras necesidades y deseos, ni tampoco hay ningún gen que nos obligue a pensar que tenemos derecho a decidir sobre lo que hacen o dejan de hacer. Todos estos comportamientos tienen su base en la creación de un sentido común asentado en la dominación de los hombres sobre las mujeres.Este, como la ideología, impregna todas nuestras acciones y nuestra forma de ver, sentir y estar en el mundo.

Como he señalado en ocasiones anteriores, este sistema de dominación tiene unos claros beneficiarios, que somos los hombres en conjunto, pues nos dota de una serie de privilegios que irían desde el no ser violados por grupos de mujeres de noche en un callejón oscuro hasta el que sistemáticamente se preste más atención a nuestras declaraciones, por insignificantes que sean, que a las de las mujeres. No obstante, aquí se encontraría la brecha sobre la que nos hombres podemos incidir y actuar en favor del feminismo y de la liberación de las mujeres. Se trataría de tomar acciones cotidianas que reproducen socialmente esta dominación y trabajar para “desnaturalizarlas”, para minar ese sentido común de manera que vayamos despejando parte del camino que nos queda por recorrer.

Por situarlo en lo concreto, pongamos el ejemplo de una típica conversación entre hombres que repasan una noche de fiesta. El escenario perfecto en el que se muestra, entre risas y palmadas en la espalda, un refuerzo de actitudes machistas de lo más habitual. Un amigo cuenta cómo llegó al bar con intención de follarse a una chica que ya tenía en mente, para lo que se pasó toda la noche emborrachándola hasta que finalmente, ella, con la voluntad anulada por el alcohol, no se resiste a sus manoseos y acaba con él en el baño o en la cama. O también otro cuenta cómo, en otra ocasión y de forma improvisada, se encontró también a una chica totalmente borracha y lo fácil que fue tirársela. Alguien cuenta que su novia no tiene ganas de follar y tiene que insistirle. Otro se queja de que no es capaz de salir de la friendzone. Otro afirma que aquella es una guarra.

Situaciones como estas y similares, quizá no tan explícitas, las vivimos a diario, formamos parte de ellas.Todos los hombres nos hemos visto en encuentros parecidos. Y lo normal es que no hayamos dicho nada contrario al consenso general que se ha creado en ese contexto. Incluso si estamos pensando que lo que acaba de decir alguien es una barbaridad o que no tendría que ser de esa manera. Es mucho menos habitual que nos hayamos plantado y llamemos la atención sobre que lo que se acaba de decir es machista o describe una situación machista en la que uno de los presentes se ha comportado mal. No solemos decirle a nuestro colega que ha emborrachado a una chica para follársela que la ha violado. Pero es así.

Es complicado, plantea situaciones incómodas, tensión e incluso es posible que ruptura de amistades, pero también es necesario cortocircuitar esa normalidad que legitima o hace ver como aceptable que un desconocido piropee a una mujer por la calle o que lo primero que nos digan los medios de un asesinato machista es que ella no había denunciado. Sin embargo, contestar a nuestros amigos, familiares o con quien estemos discutiendo que lo que hay en el primer caso que describía es una violación o que una mujer no tiene la obligación de amarte porque tú sí lo hagas es una buena manera de romper con ese consenso tan peligroso.

Lo cotidiano, lo banal, aquello a lo que no damos importancia porque “es normal” o porque ha formado siempre parte de nuestras vidas es el medio de reproducción más común del imaginario patriarcal,afirmando así las bases de su sistema de dominación. Es por ello que este escenario cuenta con múltiples posibilidades de intervención efectiva.

Si no tenemos muy claro qué es lo que podemos hacer por el feminismo o qué es lo que nos piden las mujeres al respecto, siempre podemos empezar por no dejar que nuestro colega haga chistes machistas o que se regocije contando cómo acosó a una mujer.

Seguro que otras personas tienen otras y mejores ideas sobre cómo provocar estas rupturas con lo establecido. Se trata de encontrar herramientas que nos permitan llevar a cabo esta labor de zapa en lo cotidiano. Aunque este no tiene porqué ser el único escenario en el que podemos intervenir, sí que es el que nos muestra sus posibilidades más a menudo. A por ello.

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