El amor romántico es perjudicial para nuestra salud. Autogestión de las emociones afectivas

El amor romántico es una creencia cultural y social asentada en una serie de mitos, formulada de tal manera que aparece como una verdad eterna, por encima de cualquier razonamiento lógico y que construye la supuesta verdadera naturaleza del amor. En realidad, se trata de un conjunto de percepciones ficticias y engañosas que apuntalan el establecimiento de falsas expectativas amorosas o relaciones basadas en la desigualdad, y que conducen irremediablemente a la frustración, al fracaso afectivo y a la violencia.

Mitos del amor romántico

Algunos de estos mitos son la fe ciega en el destino y la existencia de una media naranja predestinada para cada persona; el mito del emparejamiento heterosexual y monógamo con exclusividad como algo imperecedero a lo largo de la historia de los seres humanos; el mito de los celos como algo positivo y que refuerza una pareja; el mito de que el amor todo lo puede y es necesario sacrificarse y crear un armazón hermético de unicidad; el mito de los llamados problemillas de pareja o discusiones y que los polos opuestos se atraen; y por último el mito de que amor y enamoramiento son equivalentes.

Todos estos mitos están íntimamente relacionados entre sí, conforman un todo fuertemente arraigado en el imaginario colectivo, aunque algunos tienen un mayor potencial de peligrosidad y en un terreno emocional correctamente abonado, puede construirse el espacio idóneo para la manipulación y las agresiones –no referidas a las físicas, aunque también se incluyen–.

Reconstruir sobre la igualdad nuestras relaciones

Para ir desgranando paulatinamente estas referencias del amor romántico, comenzaré diciendo que es absolutamente incompatible una relación afectiva si el vínculo que se establece se sienta sobre la desigualdad. En la totalidad de los casos en nuestras sociedades estructuradas bajo este paradigma, las relaciones se asientan desgraciadamente en una desigualdad sistémica conocida como heteropatriarcado. Esto quiere decir, que debemos atrevernos a conocer y analizar cuidadosamente esta creencia del amor romántico, para comenzar a construir relaciones afectivas basadas en la igualdad y el respeto.

Este gigantesco paso exige como piedra angular de nuestro nuevo objetivo hacer introspección sobre nosotrxs mismxs, y descubrir profundamente nuestras emociones y deseos, asignatura completamente pendiente en nuestro desarrollo educativo. Una sana educación afectivo-sexual debe incluir el aprendizaje profundo de nuestras emociones y saber gestionarlas responsablemente de manera personal y junto con las personas que nos rodean. Esta creencia romántica no es algo de lo que sentirse culpable o asustadx por no saber cómo salir de la toxicidad que genera, es normal la confusión y sentirnos con frustración o ansiedad, pero recordemos que con amigxs siempre es más sencillo y las soluciones colectivas basadas en la confianza son mucho más duraderas y estables.

Cuando estamos inmersxs en la creencia del amor romántico, habitualmente nos embarcamos en relaciones afectivas que miran nuestros ombligos, no comunicamos sinceramente porque no se nos enseña a hablar con libertad de nuestras emociones, no poseemos las herramientas adecuadas, y de esta manera cada persona en esa relación tirará hacia sus deseos individualmente.

No debemos vivir para otras personas sacrificándonos continuamente, y mucho menos para una media naranja inexistente, tenemos que aprender a amar libremente, y querernos a nosotrxs mismxs es el primer reto ante el cual nos situamos. El amor no es condicional, si está condicionado es opresión, y por lo tanto algún día nos cansamos de esa opresión. Aprendamos a amarnos pero de verdad, sin comparaciones, sin establecer vínculos entre las maneras de amar y situaciones completamente distintas. No nos dejemos decepcionar siempre en esta vida creando expectativas para absolutamente todo, permitamos la espontaneidad en nuestras experiencias cotidianas y recibamos abiertamente sin esperar algo predeterminado.

Tal y como ya apuntaba, no considero que las relaciones afectivas sean comparables, no es mensurable porque cada persona en una fase de su vida no tiene por qué amar de igual manera, ni en los mismos términos, estamos en una evolución constante. Tampoco se puede comparar la intensidad con la que se quiere a personas distintas, pues los lazos afectivos que tendemos con cada persona tienen características diversas, de esta manera es completamente cierto que se puede querer a varias personas a la vez.

Poliamor, compersión y otras cuestiones amatorias

El amor no es eterno, pero sí es un recurso ilimitado y la naturaleza humana es proclive a la poliamoría; la exclusividad y los celos impuestos por el amor romántico rompen el apacible devenir de las relaciones libres que podríamos disfrutar las personas. Querer a otras personas siempre suma exponencialmente, nunca resta, y por ello frente a esto situamos la compersión, un estado empático de felicidad experimentado cuando un amante disfruta de otra relación. En ocasiones las experiencias poliamorosas que tratamos de crear pueden no tener el resultado que esperábamos a la primera, no nos defraudemos por ello, porque muchas veces aún no estamos preparadxs por el bagaje que arrastramos del amor romántico. Se trata de ir descubriéndonos sin prisa y sentar las bases de cómo queremos amar en un futuro tras deconstruirnos los malos vicios que iremos dejando atrás.

Si creamos relaciones basadas en la monogamia, y con una base de nula comunicación de deseos y sentimientos, al final se acabará rompiendo el contrato, pero la raíz del problema está en la estructura de género y sexual, las personas son infieles porque no entienden en qué se fundamentan conceptualmente las relaciones humanas. El problema es la ideología cultural, no los actos individuales.

Si se aspira continuamente a una relación como las representadas en las películas, entonces acabaremos frustradxs, porque la ficción genera patrones a seguir, pero la realidad amorosa es otra distinta, y debemos crearla nosotrxs mismxs, según nuestra libre necesidad emocional, no reproducir lo que podemos comprobar que no funciona en la mayoría de casos.

Si siguiendo ese modelo romántico exigimos que nos amen exclusivamente como nosotrxs queramos, entonces estamos volcando la balanza hacia nuestro lado con condiciones, y si un vínculo que debería ser libre se desequilibra se transforma en desigual, y entonces no es amor ya, porque para que sea amor ha de ser libre, quizá lo otro sea  rutina, sumisión, lástima, temor…

Conclusiones prácticas en nuestra realidad

Es completamente cierto que en la teoría se puede ver muy claro y declararnos decididamente opuestos a estos mitos románticos, pero en la práctica esta creencia es sumamente invisible y alcanza todos los niveles de nuestra vida, colonizando nuestro lenguaje, nuestro pensamiento y por lo tanto, también nuestra actitud. Son puntos extremadamente nocivos y lo único que consiguen es que construyamos nuestro concepto de amor en torno a falsas ideas de lo que no es en realidad.

Ve viviendo y evolucionando según tus necesidades emocionales, ámate y ama libre a personas que tengas alrededor, desea tu cuerpo y desea libremente a personas de tu confianza. Muchas veces si hacemos caso de lo que nuestra cabeza nos indique, nos estará dando las pistas necesarias para saber con quién podremos compartir un vínculo saludable y placentero.

Concluyendo, creo  que el amor romántico convencional que nos enseñan desde pequeñxs y que la mayoría reproducimos porque creemos que no existe otra alternativa, o porque nos hemos acostumbrado cómodamente a ello, en una infinidad de casos, y unido hacia la falta de comunicación sobre sexualidad y emociones, consigue que la mayoría de las relaciones afectivo-sexuales que establecemos sean nefastas para nuestra salud mental. El amor romántico es una herramienta más de opresión hacia todxs nosotrxs.

A todas aquellas personas que hayan iniciado su experiencia personal con el feminismo como herramienta de liberación, y para lograr la igualdad de género, saquemos la teoría a la calle, a nuestros grupos de amigxs, en nuestras conversaciones, y pongamos en práctica aquellos conceptos que tan rápido estamos asumiendo como nuestros.

 

Enlaces del mes: Agosto 2016

En época de vacaciones conviene mirar al mundo del trabajo. Los datos sobre la temporalidad en España nos hablan de un país en el que las condiciones laborales son cada vez más precarias. Por si fuera poco, los salarios son peores (y sin visos de mejorar) y la brecha de género permanece.

Vemos también como los brigadistas antiincendios gallegos trabajan sin recibir ni siquiera una botella de agua y un bocadillo. Eso en un verano en que los incendios se han multiplicado como resultado de decisiones políticas lamentables, como nos señalaba la portada de El Jueves con ironía.

No es el único artículo relacionado con el verano, también vivimos la polémica en torno al llamado «burkini» por el suceso ocurrido en las playas de Niza. A raíz de esta polémica, pudimos releer la entrevista a Maryam Namazie (rescatada de 2014) sobre feminismo, laicismo y relativismo cultural.

También el análisis feminista tuvo mucho que decir sobre el machismo en la cobertura mediática de las olimpiadas. Y no sólo en los medios, sino también en los uniformes de las deportistas.

Y siguiendo con el deporte, fijamos la mirada en aquel que levanta más pasiones, que mueve más dinero: El fútbol, un negocio podrido en manos de auténticas mafias. «Lo que los ha protegido es la autorre­gulación y casi cero transparencia del negocio del fútbol, comparable solo al de las instituciones financieras de las islas Caimán. Pero tienen un aliado aún más poderoso: nosotros, los aficionados; los que les pagamos la fiesta; los que, pese a todo, preferimos no saber. La FIFA tuvo la mala suerte de que un cuerpo ajeno a los encantos del fútbol se entrometió en sus asuntos. Algunos que se pasaron de listos, como los Messi, tuvieron la mala suerte de ser descubiertos. […] Nos lo ponen difícil a los cientos o miles de millones que hemos descubierto en el fútbol la gran diversión y el gran consuelo de la vida, pero llegada la hora de la verdad –llegado el partido–, seguimos siendo cómplices del secretismo que permite que los amos roben con impunidad.«

¿Hasta qué punto puede una comunidad cambiar los hábitos individuales de sus miembros? Un compañero de la FAGC nos habla sobre los límites del comunitarismo.

Los y las compas de Rojava Azadi nos reproducen este artículo de Alejandro Martí sobre Turquía, Siria y la situación kurda.

Y finalizamos con un artículo que se sirve de la etimología de la palabra puta para evidenciar el machismo en el lenguaje. «…el hombre atrevido es valiente, pero las mujeres atrevidas somos maleducadas, unas putas; un tipo rápido es un tipo inteligente pero una mujer rápida es una puta. Si tomamos las calles para reclamar por nuestros derechos o simplemente salimos a divertirnos somos callejeras: putas, si tenemos mucha experiencia en la vida, somos mujeres de la vida: putas. El hombre público es el que actúa en los ámbitos sociales y políticos, la mujer pública es la que ejerce la prostitución.«

Género y clase, la microviolencia articulada en la realidad urbana

Existe una amplia dualidad ideológica y social, al analizar dos barrios céntricos de Madrid. Hay fuertes diferencias en cómo se visibiliza a la mujer en la vida social pública a través de pintadas, cartelería y publicidad, según la situación económica del barrio.

Una forma de evidenciar esto es realizar una comparación entre el barrio de Lavapiés y Serrano. El barrio de Lavapiés, pese a encontrarse en proceso de gentrificación, sigue siendo un barrio popular, multicultural con una fuerte presencia de la clase trabajadora en sus calles. La presencia de facciones inmigrantes, comunidades vecinales unidas y espacios sociales okupados con fuerte carácter político y de trabajo barrial, facilitan la toma de conciencia desde una posición de los “marginados”, los menos privilegiados.

En contraposición, el barrio de Serrano representa un área comercial de alto nivel económico, dirigido a una población con una posición social alta. Es una zona céntrica y cosmopolita, la población migrante que abarca es de clase media-alta, turistas y empresarios. Hay menos presencia de movimientos populares y de asociaciones vecinales.

Las dos principales formas de violencia que pueden verse son la cuestión de clase y género. Estos focos de desigualdad no siempre se manifiestan de manera explícita. Los componentes que causan desigualdad en nuestra sociedad están muy interiorizados y, a veces, pasan desapercibidos.

El término microviolencia hace referencia a formas de violencia que, precisamente por su habitualidad y cotidianeidad, pasan inadvertidas, pero no por ello son menos peligrosas y alarmantes. La partícula “micro” y su significado, es tomada de Foucault en su microfísica del poder. En ella, la entiende como aquello que es capilar, casi imperceptible, aquello que se ha naturalizado y aceptado. Micro no significa, por tanto, pequeño, sino normalizado y poco perceptible, incluso para quienes los sufren. Las microviolencias son formas y modos larvados y negados de abuso e imposición en la vida cotidiana. (Bonino, 2004)

Estas formas de violencia vienen dadas de desarrollos histórico-culturales que han fomentado la creación de desigualdades entre las personas por cuestiones económicas y de género. Relegando a las mujeres a un segundo plano social, y a la clase trabajadora al mantenimiento de los privilegios de las clases dominantes, mediante la venta de su fuerza de trabajo. Dentro de la clase obrera, las mujeres somos doblemente marginadas por nuestro género y situación económica. Con el tiempo estas posturas ideológicas han sido aceptadas e interiorizadas de forma que se han seguido reproduciendo a lo largo de los años.

Desde las instituciones y la cultura popular, se nos inculcan valores que fomentan estas ideas. Nos hacen creer que lo ideal es trabajar duro para producir y acumular beneficio económico y material, para poder aspirar a una posición social más alta[1]. Nos inculcan que para ser una buena mujer lo primero que debemos aprender son los cuidados del hogar y sus miembros y, después, todo lo demás. Además de estas funciones, la mujer es valorada sobre otros parámetros que evalúan su apariencia física de forma que pueda resultar deseable para los hombres[2]. Sin embargo, siempre ha habido sectores sociales, generalmente procedentes de las áreas menos favorecidas que han reaccionado ante estas “verdades” culturales, creando un diálogo de poderes contrapuestos.

A veces, la reivindicaciones llevadas a cabo por los sectores menos privilegiados, consiguen romper la barrera de lo culturalmente aceptado y extender sus reclamas al resto de la sociedad, consiguiendo que sean aceptadas y convirtiéndolas en nuevos valores culturales.

No existe un término que comprenda en sí mismo la amplitud de las microviolencias de clase, o económicas. Sin embargo, sus consecuencias pueden apreciarse si se pone atención en lo cotidiano. La televisión, la radio e incluso las vallas publicitarias, nos bombardean constantemente con modelos y estereotipos sociales que muestran el ideal a alcanzar: una situación económica que no sea inferior a la de clase media, productos que puedan darnos la apariencia de pertenecer a ella sólo con su consumo, cuya propiedad revalorice nuestro propio estatus personal.

La violencia machista “invisible” es denominada bajo el término de micromachismo. Este término fue acuñado por primera vez por el terapeuta argentino Luis Bonino, en 1990. Hace referencia a comportamientos que buscan reforzar y legitimizar el estatus masculino sobre la mujer. Son comportamientos invisibles y ante los cuales la gente no reacciona porque los considera naturales. “Hacen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se agrava con el tiempo” (Bonino, 2004).

Bonino clasifica los micromachismos en cuatro tipos:

-Utilitarios. Se producen principalmente en el ámbito doméstico y en la asimilación de roles de cuidadora. Se alude a las capacidades naturales de la mujer para llevar a cabo estas tareas.

-Encubiertos. Intentan imponer de manera sutil las “verdades” masculinas, anulando la voluntad femenina y ejerciendo una gran presión psicológica, mediante silencios, manipulación, ninguneo, paternalismo y caballerismo.

-De crisis. Surgen cuando la balanza de la desigualdad en la relación sufre variaciones haciendo que el hombre pierda parte de su posición privilegiada. Puede producirse por un empoderamiento de la mujer o una situación de debilidad del hombre. Los factores que lo desencadenen puede ser la toma de conciencia de ella o un cambio en la gestión económica (pérdida del trabajo de él que le otorgue el papel de sustentadora principal a ella ganando libertad económica en detrimento de la dependencia del hombre), entre otros motivos.

-Coercitivos. Afectan a la forma de disponer y disfrutar del tiempo y el espacio. Generalmente la mujer cede en pos del hombre, quedando reducida su situación personal respecto a la de él. Para ello, el hombre se suele servir de chantajes o amenazas, juegos psicológicos que limiten y restrinjan la libertad y la fuerza personal de la mujer.

Ana Delso advierte de que la fuerza ejercida por el sistema social y su hegemonía de poder es excesivamente fuerte y por ello es tan importante luchar contra sus formas de opresión, generando múltiples referentes de lo que significa ser mujer -y persona-. En el mundo en el que vivimos los estereotipos que se nos presentan de la mujer son, de un lado el de una profesional no excesivamente ambiciosa, con pareja e hijos, a quienes cuida principalmente ella, como puede verse en la imagen de la nueva campaña publicitaria de Bankia; por otro lado, una mujer cuya ambición es la del consumo de bienes materiales como ropa o joyas. En estos casos no se hace referencia alguna a las capacidades laborales de la mujer, sino sólo a su espíritu infantil de consumo y, en muchas ocasiones, se deja intuir que esta actitud es “soportada” por los hombres que las mantienen, de manera paciente.

Sin embargo, cuando se trata de referirse a la actitud de consumo de un hombre, generalmente se dejan ver atisbos de su serenidad, su capacidad de elegir de manera racional (no emocional, como sí que pasa con la mujer). Los hombres nunca aparecen como dependientes económicamente de la mujer. Todo esto también se deja ver en su vestimenta. Mientras que los hombres siempre aparecen bien vestidos y elegantes, las mujeres, sea para vender el producto que sea, siempre aparecen vestidas para insinuar y dejar visible su cuerpo. La mujer es ofrecida como un cuerpo y el hombre como el aparato racional y controlador[3].

Estas formas de publicidad están normalizadas y ofrecen un división de roles de género que promueve la desigualdad social en todos sus niveles. Siendo una herramienta del sistema capitalista y patriarcal, provocan diferentes grados de malestar y daño sobre la autonomía personal de las personas, que no se ven representadas por dichos estereotipos y que no pueden alcanzarlos, creando incluso patologías psicológicas y alteraciones en la personalidad.

Como he señalado antes, muchos movimientos y asociaciones han ido surgiendo en respuesta a esta violencia normalizada, para contraatacarla y defender la autonomía personal. Estas respuestas pueden provenir de individualidades que toman conciencia o como colectividades organizadas. La forma en que estas respuestas se manifiestan no siempre está clara y desde luego no es visible en todos los espacios.

Podemos ver que la respuesta en barrios cuya población es mayoritariamente popular, con una fuerte base obrera, alto índice de población migrante, como es Lavapiés, tiene una capacidad de respuesta mucho mayor que otros barrios como Serrano. Además la oferta social y cultural de Lavapiés atrae a grupos de población jóvenes, y la cooperación vecinal hace que sea un barrio fuerte. También hemos podido observar que en esta zona de Madrid se encuentran espacios dedicados a la conciencia política donde la temática de género y clase, junto con el racismo y el animalismo tienen un gran peso. No obstante, se puede ver que incluso en este barrio la norma social de violencia machista (principalmente) se sigue reproduciendo y siente amenazados sus privilegios, por lo que intenta reafirmarse en su superioridad moral[i].

En el barrio de Serrano, sin embargo, no es fácil encontrar ninguna señal evidente en respuesta a la microviolencia legitimizada del sistema capitalista y heteropatriarcal. Esto refleja claramente cómo en las áreas cuyo nivel económico es superior, la estética se guarda con mayor celo. A parte de la publicidad y las exposiciones de los escaparates, que contienen un alto contenido de mensajes simbólicos machistas y de perpetuación de los privilegios de las clases económicas dominantes, no encontramos ninguna pintada, cartel o señal del tipo que fuera que se opusiera a esta forma de violencia.

Es importante combatir las microviolencias porque muchas veces no somos conscientes de los resultados negativos reales que tienen para nosotrxs. Sus “microefectos” acaban reproduciendo comportamientos nocivos hacia nosotrxs mismxs y las personas que nos rodean. Afectan a nuestra manera de entender nuestro cuerpo, nuestras relaciones, los espacios que ocupamos y nuestro lugar en la sociedad.

Es importante extender los espacios de lucha y reivindicación, para promover una mayor concienciación social que permita la destrucción de las microviolencias. Erradicando las microviolencias que ejercen de raíz soterrada de la “gran violencia”, será más fácil desestabilizar el sistema de jerarquías hasta que quede anulado.

BIBLIOGRAFÍA:

Bauman, Z. (2000). Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona: Gedisa.

Bonino, L. (noviembre de 2004). Los micromachismos. La Cibeles(2), 1.

Delso, A. (s.f.). Micromachismos, un omnipresente machismo silencioso y sutil. Lula Ink. Comunicación Consentido, 5.

Inés Roca, M. O. (Dirección). (s.f.). Traballo micromachismos pintadas [trabajo documental].

J.L Molina, H. Valenzuela. (2006). Invitación a la antropología económica

Dibujo

 

[1] Un buen ejemplo de ello es la tienda de la calle Serrano llamada Aristocrazy, sólo con su nombre nos incita a tener que pertenecer a una clase social elevada, para poder comprar en su establecimiento y, además, para poder ser reconocida socialmente.

[2] El estereotipo de mujer que se vende responde siempre a los deseos masculinos, asumiendo que una mujer deseable, un cuerpo de mujer deseable, es aquel que responda a los parámetros de valoración masculina. Para ajustarse a estos parámetros se deben consumir ciertos productos de lencería y moda además de innumerables productos de belleza. Se aprecia claramente en las imágenes publicitarias de productos dietéticos de las farmacias o de belleza en establecimientos como Bodybell, entre otras muchas.

[3] Puede observarse en la caracterización serena y el buen porte del hombre en anuncios con relojes (medida de tiempo, fácil alusión al ideario común de “el tiempo es oro”), y la caracterización de la mujer engalanada de joyas, las cuales muestra con un generoso atuendo que deja ver perfectamente su cuerpo. También en anuncios donde el hombre es el sujeto pensante y capacitado que resuelve los problemas de la mujer.

Cuatro recomendaciones para el 8 de marzo

  1. El 8 de marzo es el día de la mujer trabajadora. Así fue convocado por primera vez en 1914 por la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que disputaban de este modo, como mínimo, el día internacional de la mujer, convocado en diferentes fechas en 1911, 1912 y 1913 y el women’s day estadounidense convocado desde 1908 por las socialistas de aquel lugar. Esa apropiación no es inocente, ni falta hace que lo sea: fue una iniciativa de quien no tenía miedo a tomar la iniciativa, y lo mismo pasa con quien quiera quitarle su carácter de clase: si no le gusta ese concepto, convoque usted un día interclasista de la mujer y diga francamente por qué quiere quitarles a las mujeres de clase trabajadora su día propio.
  2. Las mujeres de toda clase social tienen problemas de género más allá de su clase social. Si cree usted que decir esto es intentar poner a las mujeres trabajadoras bajo la tutela de la gran empresa o del feminismo institucional, hable honestamente con sus amigas, conocidas o familiares que sean mujeres, etc.: descubrirá todo ese mundo de miedo, inseguridad, precariedad, paternalismo, etc. añadidos que se suelen llamar «privilegios masculinos». No se llama «privilegiada» a esta situación nuestra porque sea realmente buena, sino porque, siendo mala, en comparación, no es tan mala como la de ellas. Si cree, al contrario, que lo de la clase social no cambia nada cuando se es mujer, pregunte cómo se lleva esa carga de ser mujer cuando se le añade en lo económico, en lo vital, la carga de precariedad, baja autoestima, etc. que supone ser de clase trabajadora.
  3. Si no tiene usted problemas con los puntos 1 y 2, pero sólo se acuerda de estas cosas cuando llega el 8 de marzo o cuando le preguntan por el tema, pregúntese qué falla del 9 al 7 de marzo. Pregúntese qué hace y qué no hace usted y, si es hombre, qué le parecería honestamente que tantas personas no pretendan cambiar nada en este tema. No piense en este ni en otros textos, no se ponga a la defensiva, mírese a sí mismo a los ojos, háblese y escúchese como si no tuviera que defender más que la verdad. Si ve que tiene actitudes injustas (si es hombre, ¿acapara más tiempo o espacio del que deja a ellas? ¿tiene relaciones sexuales con mujeres sin anticonceptivos, con la tranquilidad de que usted no va a quedarse embarazado? etc.; si es mujer, ¿asume estas actitudes con naturalidad, transmite al resto de la gente que hay que aceptar las cosas como están?), no espere al 8 de marzo y piense en lo que podrían mejorar las cosas de un año a otro si todas las personas nos aplicamos el cuento.
  4. Tenga o no problemas con los anteriores puntos, si la insistencia o el tono de las críticas feministas le resultan excesivas, pregúntese por la insistencia o el tono de otras críticas. ¿Cómo lleva las críticas viscerales a la banca y sus desahucios, a los grandes capitales y su evasión fiscal, a la siniestralidad laboral o a los narcocárteles? Independientemente de su carácter personal, más intenso o sosegado, ¿es consciente de la carga visceral que implica una lucha contra el acoso, las violaciones, el maltrato de todo tipo, la brecha salarial, la culpabilización añadida, la infantilización añadida, … ? Si la misma cultura que denigra cualquier coraje político diciendo que «los extremos se tocan» y aplaude la independencia cobarde de quienes se niegan a ser feministas, anticapitalistas, etc., si esa misma cultura hace vivir así a la mitad de sus miembros, ¿no tiene esa cultura un serio problema a la hora de identificar lo «agresivo», «extremo», «provocador» o «excesivo»? ¿No le están engañando, mezclando fondos y formas de manera interesada, para que mire el dedo y no la Luna, para que en lugar de sentirse cuestionado (que es lo propio) se sienta amenazado (que no lo es)?

Febrero, el puto febrero

A veces parece que los hechos suceden de modo que aprendamos una lección. Como si la realidad fuera un durísimo maestro de la vieja escuela que nos dice «Sí, sabes lo que tienes que hacer y te voy a dar de palos hasta que lo hagas».
En los últimos días, nadie que tenga un pie en los movimientos sociales ha podido evitar pensar en y hablar de la represión. Sí, el domingo 31 hubo un encuentro antirrepresivo estatal que nos dio fuerzas al confirmarnos que se tienden puentes y se entrelazan brazos, pero también han sido días en que el presente y el pasado, en este sentido, nos han abofeteado todo lo que han querido: cuatro días antes del encuentro, la redada contra Reconstrucción Comunista por su solidaridad con el pueblo kurdo; para empezar el mes, una operación policial contra Indar Gorri (no hace falta ser afín a ell@s para reconocer que es una de las hinchadas de fútbol que menos gustan al Régimen), con 18 detenid@s; el miércoles 3, el juicio contra las feministas de la procesión del Santo Coño Insumiso; el jueves, el décimo aniversario del repugnante caso del 4F que arruinó la juventud de Rodrigo Lanza, Álex Cisternas y Juan Pinto y la vida de Patricia Heras y la fijación de juicio para el 8-10 de marzo contra Mónica y Francisco, que tras más de dos años en preventiva por los mismos hechos de los que se acusa a l@s much@s detenid@s de las operaciones Pandora, Pandora 2 y Piñata, tienen en su contra peticiones fiscales de 44 años de cárcel para cada un@; el viernes 5, la vista para la posible salida de preventiva de Nahuel y el segundo aniversario de la muerte, dispersado a más de mil kilómetros de casa, de Arkaitz Bellon (joven abertzale que llevaba 13 años en la cárcel por acciones de la llamada kale borroka y que, pese a faltarle sólo tres meses para salir, estaba en primer grado en el Puerto de Santa María); ayer viernes, la detención de dos titiriteros por un guiñol satírico (¡!), llevados a la Audiencia Nacional por «apología del terrorismo» (¡¡!!); hoy sábado, el aniversario de las quince muertes en El Tarajal; el martes próximo se cumplirán también diez años de las detenciones de Rubén e Ignasi, que se enfrentaron a duras peticiones, acusados de atacar una sucursal del Banc de Sabadell y al organismo que gestiona la mano de obra semiesclava de las cárceles catalanas (CIRe o Centre d’Iniciatives per a la Reinserció)…
¿Nos enteramos? ¿Necesitamos más señales? La política que no hacemos nosotr@s la hace el Enemigo, me da igual quién sea libertari@, leninista, abertzale o vagamente rebelde si es de mi clase social y no vive de renegar de ella (como l@s agentes de policía o l@s concejales, alcaldesas y alcaldes «del cambio»). Lo mismo vale para es@s podemitas, ahoramadridistas y similares que aún no han abandonado los movimientos sociales, pero cuy@s dirigentes quieren ser grandes estadistas a base de intentar contentar a todo el mundo: ni esa brunete mediática a la que intentan aplacar ni l@s funcionari@s policiales les van a salvar cuando abandonen el Poder, ni lo harán si la descomposición social sigue llevándonos al caos, la violencia y, en definitiva, el liberalismo más acabado. Mojaos, mojémonos, comprometámonos, converjamos, confluyamos donde hay que confluir, donde hay poco que ganar en lo personal y mucho en lo colectivo: en la calle. Fortalezcámonos… o desaparezcamos arrollados bajo un tanque de civismo y sectarismo mientras suena Libertad sin ira y la masa desfila al paso alegre de la paz.

Enlaces del mes: Enero 2016

En el aspecto internacional, empezábamos el mes y el año con un inspirador texto de Zigor Aldama para Píkara sobre la Gulabi Gang, esa red de mujeres indias que se está haciendo famosa por no renunciar a la autodefensa. La India es un país donde las violaciones se suceden en su mayoría impunes y cada día hay numerosas agresiones sexuales. Este movimiento de autodefensa explica la efectividad que tiene el responder a palos ante la violencia machista.

Desde el Caribe, por otra parte, nos llegaba esta reflexión sobre Puerto Rico como ejemplo de la situación global: soberanía, consumismo, deuda, … y también noticias de lo más interesante desde Haití: más allá del silencio informativo, una revuelta en toda regla tras años de ocupación y miseria masiva.

En Europa, el economista y exministro de Finanzas griego Yannis Varufakis insistía en esta entrevista en que no existe soberanía popular en la UE y anunciaba la preparación de un movimiento por la transparencia y democratización institucionales.

En clave más cercana, la llamada Marea Azul, los trabajadores de Movistar que estuvieron en lucha el pasado verano, anunciaban una nueva iniciativa: una caja de resistencia, no ya para sus futuros conflictos, sino como herramienta unitaria para compartir con otros sectores, junto con toda una campaña de difusión en torno al #correscales.

Este fue también el mes en que se agotó el plazo en que la CUP tenía que decidir cuánto ceder a las presiones de Junts pel Sí en nombre del proceso de independencia, tema sobre el que corrieron ríos de tinta. Rescatamos la rueda de prensa en que la CUP anunció definitivamente que no investiría a Artur Mas y el posicionamento de Procés Embat, una vez que se llegó a un acuerdo in extremis para investir a Carles Puigdemont.

Por último, en esta interesante entrevista publicada en Vice, Jordi Borràs, fotoperiodista especializado en la ultraderecha -desde donde ya ha recibido amenazas y una agresión-, habla con un exmiembro de cierta importancia de Democracia Nacional que quiere hacer autocrítica.

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