Enlaces del mes: Junio 2016

Como cada mes, recogemos aquellos artículos de otros medios que nos han parecido de interés. Entre principios y mediados de mes leíamos que la Audiencia Nacional acusa a la empresa Acuamed, entre otras cosas, de planear un vertido de ácido clorhídrico en el río Ebro, a beneficio de la poderosa FCC de Florentino Pérez.

También de la AN llegaba la noticia del archivo de la causa contra las nueve personas detenidas en la «operación Pandora II», una operación que no tenía más objetivo que criminalizarnos y golpearnos. Aquí textos en catalán y castellano.

Sin salir del ámbito estatal, tres textos nos parecieron especialmente para entender las relaciones entre los nuevos dirigentes de los ayuntamientos y el conjunto de la población: el que dedicó un miembro de la CGT del metro de Barcelona a la gestión de su conflicto por Barcelona en Comú, o este del periodista Iker Armentia sobre el clasismo de izquierdas el cual asume mediante tópicos que los votantes del PP son idiotas, obviando que los votos vienen de las clases altas y el miedo a Podemos mayoritariamente. Y uno del profesor de filosofía Pablo Lópiz que pretendía hacer balance del primer año de los llamados «ayuntamientos del cambio».

En el plano internacional, un bar frecuentado por la comunidad LGBT de Orlando (EEUU) fue escenario de una matanza con un balance de unos 50 asesinados y asesinada (texto en inglés) que recibió mucha más atención que la ocurrida en Xalapa (México), donde hombres armados, posiblemente en el contexto de la guerra por el control de las drogas ilegales, dispararon contra decenas de personas, de las que cinco murieron y más resultaron heridas.

Por último, se ha publicado recientemente la transcripción (traducida al castellano) de las respuestas que dio Noam Chomsky en 2010 a varias preguntas sobre el movimiento anarquista de nuestro tiempo.

Enlaces del mes: Febrero y Marzo

Febrero

Pablo Molano nos abandonó el pasado mes de febrero, era un destacado activista social del barrio de Poble Sec, en Barcelona. Los barrios alegres y combativos de Barcelona quisieron rendirle un homenaje que superó todas las expectativas de participación y emocionalidad que se pudieran esperar. Miles de personas se manifestaron por aquellos lugares clave de la ciudad en los que Pablo había dejado su huella humana y activista. Una demostración de autoorganización y solidaridad edificada desde abajo.

Reivindicación de la mujer en el mundo científico. En un espacio académico abusivamente copado por los hombres, las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia en las disciplinas científicas. Homenaje a Mileva Maric, destacada física y química de inicios del siglo XX.

Reflexión a partir del juicio que se celebró contra Rita Maestre en el mes de febrero, y por el que ha sido condenada a una multa de algo más de 4 mil euros posteriormente. Los medios de comunicación tienen el poder de focalizar la atención en aquello que consideran noticiable según las reglas marcadas por quienes deciden las líneas ideológicas de los medios, mientras que invisibilizan otras actuaciones de la clase obrera. Además, muchos seguidores de Podemos caen en contradicciones al guiarse por la vía de las reformas y la estrechez del cambio dentro del propio sistema capitalista.

Paradójicamente, encontramos en un medio anclado en la derecha conservadora una crítica que puede leerse entre líneas desde una perspectiva de clase; una crítica que desde otros medios izquierdistas no encontraríamos, pues el centro de la misma es la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cuando en el pasado mes de febrero tomó una posición beligerante contra los y las trabajadoras en huelga del Metro de Barcelona. Una alcaldesa de los llamados «gobiernos del cambio» utiliza las mismas recetas políticas a las que estamos acostumbrados a sufrir la clase trabajadora.

Marzo

Lamentablemente el fascismo callejero ha vuelto a actuar en Madrid, esta vez fue en la localidad de San Sebastián de los Reyes, donde dos compañeros antifascistas fueron brutalmente apuñalados. La respuesta de los movimientos populares de Sanse y Alcobendas no se hizo esperar. En este enlace tenemos la crónica de la manifestación que recorrió las calles de ambos pueblos en respuesta a la impunidad de estas agresiones.

El pasado 16 de marzo tuvo lugar una huelga general estudiantil en Euskal Herria, donde el movimiento de estudiantes asamblearios demostró la buena salud de la que goza este en el territorio de Euskal Herria. Las manifestaciones de Gasteiz e Iruñea acabaron con violentas cargas policiales que provocó heridos y heridas, y al menos 11 detenidas que fueron puestas en libertad al día siguiente.

Mónica y Francisco son dos activistas anarquistas de origen chileno, que fueron detenidos en Barcelona hace más de dos años y acusados de colocar el artefacto explosivo en la Basílica del Pilar en 2013. Este pasado mes de marzo tuvo lugar el juicio contra ellos, en el que se les pedía 44 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista según las fuentes policiales y judiciales. Ellos negaron los hechos y defendieron que es completamente contrario a las ideas libertarias poner bombas y causar daños a las personas.

Artículo visto en Público, elaborado por el militar Luis Gonzalo Segura, acerca de las verdaderas razones que tiene Occidente en alimentar financieramente al Estado Islámico, y cómo cada vez que se produce un atentado en suelo europeo, las empresas de armas del mundo se disparan económicamente en las bolsas. También analiza el papel de los medios de comunicación en hacernos creer que se trata de una guerra de civilizaciones, cuando en realidad es imperialismo.

Invitamos a la lectura de este folleto descargable, un texto que ha publicado el periódico anarquista La Boina, y que pretende llegar a la raíz de las necesidades humanas, la libertad y los límites que nos imponen a la misma. Saber identificar cuál es nuestro potencial para alcanzar esa libertad y cuáles pueden ser nuestras herramientas, con un análisis sencilo de la realidad que nos rodea, empezando por la naturaleza y nosotras mismas.

La izquierda que gobierna para la derecha

¿Cuánto ha llovido desde la toma de los ayuntamientos como los de Madrid, Zaragoza, Barcelona,…? La apuesta por el asalto institucional fue una salida hacia adelante frente al techo de cristal que alcanzaron los movimientos sociales, al ver la necesidad de generar discurso político frente a la hegemonía de la derecha. La movilización por la movilización, el activismo sin fin ni resultados a medio plazo, la frustración por los pocos resultados obtenidos a costa de invertir mucho trabajo provocó un gran desgaste entre muchos activistas. De allí la necesidad de articularse políticamente para escribir las demandas de los movimientos sociales en la realidad material. ¿Y por qué se puso sobre la mesa (o se puso de moda) la idea del asalto institucional? Porquela izquierda revolucionaria de entonces, en vez de estar asumiendo las demandas de los movimientos sociales, articularse como un agente político con legitimidad y capacidad para lograr cambios políticos en la coyuntura dada teniendo aspiraciones hegemonistas, se estaba mirando el ombligo y peleándose entre sí.

Pero lo pasado ya es pasado y ya nos hemos dado cuenta de nuestros errores. El asalto institucional fue una propuesta lo suficientemente atractiva como para que una buena parte de las activistas se ilusionaran para formar candidaturas ciudadanas como salida viable frente al estancamiento. Bien, es cierto que la irrupción en el escenario de estas nuevas candidaturas lograron arrebatar ayuntamientos al PP así como cambiar el mapa político del país, pero sigue sin ser suficiente. El triunfalismo con el que van esas candidaturas de la nueva política se hace añicos cuando se dan cuenta de que no es ganar unas elecciones y ya. No solo eso, sino que en algunas ciudades, como el caso de Huesca, la candidatura ciudadana Cambiar Huesca tuvo que hacer coalición con el PSOE y dándole encima el ayuntamiento. Y ni llegando a tener la llave del ayuntamiento las cosas son tan sencillas, como está pasando en Zaragoza, donde las medidas progresistas que iba proponiendo el equipo de Zaragoza en Común estaban siendo entorpecidas y boicoteadas por los partidos del régimen (PPSOE). Luego están las lamentables actuaciones de Ahora Madrid con respecto a las políticas de vivienda, abriendo una oficina antidesahucios que solo atiende casos hipotecarios y no de alquileres, dejando tiradas a la PAH, y cediendo ante el boicot de la derecha con respecto a las calles y monumentos franquistas. Finalmente, mencionar la caradura de Ada Colau con respecto a los y las huelguistas del metro, cargando contra la huelga en vez de enfrentarse a la directiva de TMB.

Podríamos decir que las anarquistas tenemos razón, pero no basta con tenerla. Ya lo dije en otras ocasiones. Si tenemos razón y no sabemos articular una alternativa política mejor, sería igual que no tenerla. Sabemos que han entrado en las instituciones del enemigo jugando con las reglas impuestas por el enemigo, y que es prácticamente imposible democratizar estas instituciones, con su Estado profundo arraigado en la herencia franquista. Sabemos que desde las instituciones burguesas es imposible lograr cambios estructurales en el sistema. No obstante, me parece que estamos pasando por alto que una cosa es gobernar y otra, tener el poder. En este caso, si bien hay candidaturas ciudadanas en los gobiernos municipales, realmente el poder lo sigue teniendo la derecha, que aun estando como oposición, saben cómo bloquear medidas progresistas y cargar contra cualquier movimiento, por muy pequeño que sea, hecho por la izquierda. Y es que no solo están en la oposición, están en los consejos de administración de grandes empresas, en los medios de comunicación, en los bancos y en las instituciones europeas. Fuera de nuestras fronteras, Syriza es otro ejemplo de que carecen de soberanía para poner en marcha medidas progresistas.

Así que, ¿quién dijo que fuese tan fácil como llegar al despacho y poner en vigencia todas las reivindicaciones de los movimientos sociales? Sí, han jugado con la ilusión de muchas personas que se dejaron la piel en las calles y plazas, y ahora estamos viendo cómo algunas personas que estuvieron en primera línea en las calles están ahora ocupando concejalías nos están dejando tirados. La decepción se hace todavía mayor cuando incluso esas candidaturas se achantan ante el boicot, el linchamiento mediático y judicial que está realizando la derecha de este país. Son gobiernos débiles, sin soberanía alguna, que sumado a la desmovilización tras el declive del 15M, son incapaces de realizar muchas de las demandas que se reivindican desde los movimientos sociales. Antes, la derecha solo temía la pérdida de su mayoría absoluta y el control de sus chiringuitos. Ahora, se están frotando las manos ante una nueva política que está envejeciendo prematuramente, que en vez de sacar pecho e imponerse, se echan atrás y agachan la cabeza.

Pero no es hora de lamentos. No es hora de quedarnos en el sofá con los brazos cruzados llevando como bandera el «os lo dije, teníamos razón y no nos hicisteis caso», porque, ¿dónde estábamos cuando las calles se llenaban de manifestantes, brotaban en cada ciudad asambleas de barrio, plataformas contra los recortes en Sanidad y Educación? Y cuando todas aquellas movilizaciones comenzaron a decaer, ¿dónde estábamos para sacar nuevas propuestas y trasladar todas las reivinidicaciones sociales al escenario político del país para construir un proyecto de poder popular? Sirvan estas cuestiones para mirar hacia adelante y mover ficha. El camino no es fácil, pero deberíamos tener claro que tenemos que dar el salto hacia el escenario político con propuestas, programas y hojas de ruta, articulándonos como agentes de cambio legítimos en esta actual coyuntura, en otras palabras, a construir el poder popular que aspire a arrebatarle el poder a la clase dominante y no a entrar en sus juegos para acabar gobernando para la derecha.

Huelga de alquileres

Antecedentes

Hace tiempo, durante un desahucio, entablamos contacto con los vecinos de un bloque de 16 viviendas que sobrevivian en condiciones lamentables en el barrio gran canario de La Isleta. La mayoría eran migrantes, sin ingresos regulares y en una situación legal delicada. Esto les convertía en víctimas perfectas para especuladores inmobiliarios. Vivían de alquiler, pero la mayoría sin contrato o con contratos que vamos a definir simplemente como irregulares. Las condiciones de insalubridad eran insoportables y el alquiler de 350€ no se correspondía con los 25 m² de cada vivienda. A las plagas de insectos y roedores se sumaba el mal estado general de las viviendas. Examinando el inmueble descubrimos ademas que el arrendador tenía pinchada la luz. Convocamos una asamblea y le propusimos a los vecinos que presionaran al propietario con denunciar sus chanchullos, hacer pública la situación del inmueble y que aprovecharan también la circunstancia de que la mayoría no podían pagar ya la renta (muchos debían varias mensualidades), o en breve se verían en esa situación, para inciar una huelga de alquileres hasta que se arreglaran sus condiciones habitacionales. Honestamente, muchos vecinos, por su situación, tuvieron miedo y la propuesta quedó en suspenso hasta esperar futuros acontecimientos. El contacto se había perdido, hasta hace poco…

El conflicto

Hace poco un vecino volvió a ponerse en contacto con nosotros. Nos informó de que el propietario quería traspasar el edificio entero a una inmobiliaria que había ido haciéndose con varías casas según los inquilinos se habían ido marchando superados por la situación. El hostigamiento era total, la higiene del inmueble (sospechan ellos que deliberadamente deteriorada) era ya un riesgo para la salubridad y los precios del alquiler cambiaban a voluntad del casero, siendo los arrendatarios cada vez más incapaces de hacer frente al pago. El propietario les comunicó que se fueran voluntariamente el 1 de enero o que los denunciaría por su situación irregular, y a los que no entraran en esa categoría, al carecer de contrato, simplemente los acusaría de ser okupas y los echarían con un desahucio por precario. Fue precisamente esta situación desesperada la que provocó que un vecino recordara nuestro antiguo ofrecimiento y se decidiera a llamarnos…

El desenlace

Convocamos varias reuniones y en la última se decidió por fin pasar a la acción. Aquellos que pudieran usar la vía legal denunciarían por su cuenta, pero la situación irregular de la mayoría les retraía de esta opción. El resto usaría una estrategia inequivocamente más directa: convocar a los medios de comunicación (preservando la identidad de los vecinos perseguidos simplemente por su lugar de nacimiento), boicoteo, escraches y principalmente una huelga de alquileres (negarse a pagar hasta que se aceptaran sus demandas). Esto se decidió pero no hizo falta llevarlo acabo… Informado el propietario de nuestras intenciones optó por ceder antes de verse envuelto en un conflicto mayor.

Finalmente ha aceptado establecer un acuerdo contractual formal, sufragar el saneamiento del edificio, rebajar los alquileres y renunciar a exigir los atrasos.

Conclusiones

Lo conseguido demuestra el pontencial que encierra la vía de la confrontación directa y nos ha permitido ejercitar la preparación de una herramienta revolucionaria que creemos no se da en el Estado español desde los años 30: la huelga de alquileres. Esta es una herramienta que no debe subestimarse. La posibilidad de un impago generalizado puede ser, como en este caso, suficiente por sí sola para lograr que se satisfagan nuestras demandas. En caso de que se produzca, entraña un conflicto de grandes proporciones pues supone el desalojo de cada una de las familias afectadas y esto supone, si hay un grado de implicación aceptable, la movilización de un barrio y de varios entornos familiares. Esto obliga a crear lazos de solidaridad y resistencia. Supone finalmente un conflicto directo con las instituciones políticas y económicas: de la policía y la judicatura a los bancos y las inmobiliarias.

Además hemos vuelto a corroborar la fuerza que tiene la presión y como es imposible alcanzar aunque sólo sean unos objetivos mínimos si no se planta batalla. No es la lucha social terreno para las palabras bonitas y las buenas intenciones. La necesidad de enseñar los colmillos marca el terreno.

Consideramos no obstante que es un éxito parcial. Nuestro objetivo no es conseguir una rebaja general de los alquileres ni hacer más tolerable una vida miserable bajo el abusivo sistema capitalista. Pretenderlo supondría conformarse con lo mínimo, estancarse en el status quo, intentar curar al Sistema cuando no hay más opción que enterrarlo. Pero además de todo eso supondría también, y esto es algo que no debemos ignorar, que nos estaríamos olvidando de los más pobres, de los que ni siquiera podrían pagar un alquiler rebajado. Nuestro objetivo pasa, por tanto, por la liquidación de los alquileres, la supresión unilateral de las deudas hipotecarias y la gestión de la vivienda por vía directamente popular. Mientras tanto seguiremos presionando, porque experiencias como esta nos demuestran que no podemos desdeñar el aforismo que acuñó Sun Tzu en El Arte de la Guerra: «la mejor victoria es aquella en la que se derrota al enemigo sin necesidad si quiera de combatir».

FAGC

Es complicidad

Llegué tarde tal y como mandaba mi religión. Me senté al lado de dos novatos de primero, y era fácil adivinar por sus ojos abiertos como platos que estaban alucinando con aquella asamblea para su primera huelga universitaria. Era la Laia quien hablaba, de tecnicismos como siempre: que si no hay material para las pancartas, que si deberíamos pensar en quien lleva el megáfono en la manifestación, que si no hay suficiente dinero para las octavillas y estaría bien hacer kafeta un día de estos… no pude terminar de escuchar su intervención porque el Joan se había levantado para pedirme tabaco.

Oye tenemos que intentar que salga lo que dijimos de los piquetes eh, que mira, hoy ha venido mucha peña nueva. Me fijé en la gente, mucho refor, pero por suerte había venido el núcleo duro de la asamblea. ¿Tienes papel? No que va, ya no me queda. Joan resopló al tiempo que buscaba con la mirada a una nueva presa a la que gorronearle, la localizó pero decidió esperarse ya que ahora hablaba el Guille y este era muy estalo, había que llevar cuidado con él. Guille hablaba mucho y usaba palabras rescatadas del baúl de los recuerdos del palacio de invierno, así que desconecté de su perorata y mi mirada se cruzó con la de Rosa. Le sonreí muy suave para que nadie pudiese notarlo, y pensé que quizás debería volver a quedar con ella un día de estos, al fin y al cabo el polvo en la fiesta mayor estuvo muy pero que muy bien.

En general el debate iba por buen camino y nuestra línea salía a flote. Alcé la mano para añadir un par de cosas, bueno quizás unas cuantas más, y para cuando me quise dar cuenta eran las tres pasadas y la clase de política internacional no era nada fugable. Eché un último vistazo a aquella asamblea, que por fin parecía revivir y me despedí del Joan, que me dijo con gestos que me llamaría, supongo que por lo de la bilateral.

Conforme me alejaba de aquel círculo mal hecho sin haber vuelto a colocar ni una sola silla en su sitio, sin haberme preocupado de que las pancartas no se pintaban solas y que el megáfono se tiene que ir a buscar, igual que el arroz para la paella, me convertía en cómplice. Mi trabajo en la asamblea se veía, lucía bonito y útil, incluso podríamos decir que olía un poco a revolución. Sin embargo, el trabajo de muchas de mis compañeras no, más bien era algo así como invisible y poco valorado. Mi forma de intervenir había mejorado con los años a decir verdad, me había hecho más fuerte, más coherente y se veía a la legua que tenía mucha más formación teórica que cuando empecé. Cuando ignoraba que mis discursos interminables y repetitivos, así como los gritos y las miradas asesinas que me salían de vez en cuando, quizás no ayudaban en absoluto a crear un ambiente agradable para las personas que tenían mayor dificultad para hablar, me convertía en cómplice otra vez. Cuando no veía que un grito, una interrupción o una crítica a nivel emocional no causaba el mismo efecto devastador en un hombre que en una mujer era otro cómplice más. El Rober solía defender con vehemencia que las muchachas militantes tenían que coger el liderazgo, que tenían que intervenir más en los espacios, porque si sus voces no se escuchaban nunca haríamos la revolución. «Venga tía, coge el liderazgo» a pesar de que yo soy incapaz de soltarlo; «Adelante chiquilla, habla», al tiempo que soy incapaz de escucharte. Qué curioso… ellas tenían que hacer el esfuerzo de adaptarse al espacio porque el espacio era incapaz de adaptarse a ellas. Mantener estas dinámicas era complicidad, de la misma manera que el paternalismo también lo era.

Dejar según qué temas para el último punto del orden del día porque podían descarrilarnos de la lucha principal, así como saltarse curiosa y misteriosamente solo los talleres sobre micromachismos o las manifestaciones de reivindicaciones feministas, era ser cómplice también. Ser del todo incapaz (y no poner esfuerzo alguno en serlo) de renunciar a un solo privilegio, así como olvidar que como individuo pensante y postureante que soy, no solo era responsable de lo que hacía sino también de lo que callaba, era ser cómplice another fucking time. Enfocar las críticas de mis compañeras como acusaciones a traición de las que jamás sería capaz de reponerme, es decir, tener más miedo a que ellas me llamasen machista delante de los demás que de ser un machista todo el rato, era ser cómplice.

«Pero a ver, ¿a qué te refieres? ¿Cómplice de qué?»

Pues cómplice del monstruo más asqueroso y peligroso conocido hasta el momento. Cómplice y amigo de ese ser que asesina, excluye, esclaviza, deprime y silencia a las mujeres día tras día. Unos cómplices más del machismo más rancio y violento que pasa con total naturalidad delante de nuestras narices en cualquier momento y en cualquier espacio. Eso es lo que somos muchas veces, a decir verdad, y seguir cerrando la boca, seguir mirando hacia otro lado cuando estas dinámicas continúan, seguir sin mover un dedo para cambiar esta situación que de sobras conocemos, o creemos conocer, es complicidad.

Este texto no nace de la inspiración basada en un solo individuo, sino de la triste combinación de muchos de ellos.

Ana Poliquística

¡A la huelga, compañera!

Como todas sabemos, una huelga es un método de presión y una herramienta de lucha de la clase trabajadora para defender los intereses de su clase frente a la burguesía. Sin embargo, una huelga no consiste únicamente en la paralización de la producción, sino que existen más formas de llevar a cabo una huelga. En este artículo repasaremos brevemente los tipos de huelga más conocidos para comprender la diversidad de métodos que se pueden emplear en caso de conflicto laboral, en el cual la empresa no entiende de diálogos y no está dispuesta a ceder. Y como es obvio, una huelga tendrá una duración y abarcará un cierto espacio físico, con lo cual, dividiremos el artículo en tres apartados: según el tipo, según la duración y según su extensión. Al final, apuntaré brevemente el marco legal del Estado español respecto a las huelgas.

Según el tipo

—Comenzamos con la más extendida de todas: la paralización de la producción. Este tipo de huelgas es la más extendida de todas y consiste en no asistir al centro de trabajo a realizar la jornada laboral durante el transcurso de la huelga, y toda aquella persona que pretenda asistir al trabajo como un día cualquiera será considerada esquirol, puesto que parar la producción es una medida para causarles pérdidas económicas a la empresa, y si se trabaja en los días de huelga, entonces las reivindicaciones perderían fuerza.

—Una variante similar es denominada huelga de brazos caídos, la cual consiste en asistir al centro de trabajo y ocupar el puesto pero quedarse sin hacer absolutamente nada dejando la maquinaria encendida o apagada. Esta táctica es una buena forma de prevenir el esquirolaje, ya que impide su entrada y estorba a quienes quieran seguir con el proceso normal de producción.

—Contrario a la paralización de la producción, tenemos las huelgas a la japonesa que consisten en producir masivamente para aumentar los costes de almacenamiento de la empresa. Estas huelgas pueden ser agotadoras para la plantilla, sin embargo, las consecuencias pueden ser peores que simplemente parar la producción porque se gasta más en materias primas, aumentan los costes de almacenamiento y para poder dar salida a esos productos, quizá obligue a la empresa a bajar los precios. Además, otra ventaja en este tipo de huelgas es que no pueden entrar esquiroles.

—Hay ocasiones en que las huelgas no afectan a toda la empresa, sino que se coordinan los departamentos para alterar el normal funcionamiento del proceso productivo. Se trata pues de huelgas rotatorias y huelgas de tapón, que consisten en coordinarse cada departamento para parar en los días acordados, es decir, que un día para un departamento, al siguiente otro y pasado otro. En las huelgas de tapón, se paran los departamentos o partes de la cadena de producción críticos para obstruir todo el proceso productivo.

—Otra modalidad parecida es la denominada huelga de celo, que consiste en ser extremadamente detallista en una fase del proceso productivo, es decir, cuidarse tanto de la calidad y los detalles de cada producto intencionadamente para ralentizar todo el proceso productivo. En este caso, tampoco dan cabida al esquirolaje y causan enormes retrasos en la producción.

—En ocasiones, las huelgas no solo se hacen en caso de conflicto local con la empresa, sino que se realizan también por solidaridad. Hablamos entonces de las huelgas de solidaridad, que son aquellas que se realizan, no por un conflicto local en la empresa, sino en solidaridad con trabajadoras en lucha de otros centros de trabajo. Este tipo de huelgas tiene más motivaciones en la conciencia de clase que lo relacionado con lo meramente profesional o laboral.

—Por último, tenemos la huelga revolucionaria. Dicha huelga es movida por motivos expresamente políticos orientados a desafiar el orden existente y suprimirlo a través de una revolución socia, lo cual quiere decir que no es motivada por motivos profesionales y/o laborales, sino por un movimiento obrero fuertemente organizado y politizado que busca una transformación radical del sistema.

Según la duración

La duración de una huelga puede variar desde paros parciales, pasando por períodos de tiempo determinados hasta ser indefinidas:

Los paros parciales no ocupan la jornada entera de trabajo, sino parte de ella, lo cual, por regla general no genera mucha repercusión dentro de la empresa.
—Las huelgas que ocupan períodos de tiempo determinados en su mayoría duran un día entero (24h), y en ocasiones dos o más, pero siempre quedan notificados las fechas de inicio y fin de la huelga.
Las huelgas indefinidas son aquellas que tienen fecha de inicio pero no tienen una fecha de fin, sino que durarán indefinidamente hasta que se resuelva el conflicto y sea desconvocada por la asamblea de trabajadoras o el sindicato.

Según su extensión

Cuando hablo de extensión, me refiero aquí al espacio físico en el cual se desarrolla una huelga, en el cual podemos diferenciar entre ámbito profesional, es decir, a nivel de empresas y centros de trabajo, y territorio abarcado, que sería el área geográfica en que se harán efectivas las convocatorias de huelga independientemente de las empresas y ramas productivas que estén dentro de esa área.

Ámbito profesional

Nivel local: en este caso, la huelga solo afecta al centro de trabajo o alrededores.
Por empresa: la diferencia con el nivel anterior es que la huelga se desarrolla en una empresa específica afectando a sus centros de trabajo no necesariamente situados en una misma ciudad.
Por sector o rama productiva: la huelga afecta a todas aquellas empresas que conforman un mismo sector o rama productiva. Así por ejemplo, si se diera una huelga de transportes, afectaría principalmente a los transportes por carretera o vías férreas.
General: afecta a todas las ramas y sectores productivos.

 Territorio abarcado

Regionales: se convocan a nivel de Provincias o Comunidades Autónomas, afectando a todas las empresas dentro del área en donde se convocó.
Estatales: la convocatoria tendrá efecto en todo el territorio nacional.
Internacionales: en teoría, cabría una posibilidad de coordinar una huelga a nivel internacional.

Marco legal

En el Estado español, el derecho a la huelga está recogido en la Constitución del ’78 y es considerado como un derecho fundamental. La legislación que regula el derecho a la huelga data del ’77 del pasado siglo, ningún partido político lo ha tocado. No obstante, las únicas huelgas legalizadas en el Estado español son las de paralización de la producción y la de solidaridad únicamente cuando se realiza por intereses profesionales y laborales, lo que quiere decir, que si se realiza por motivos políticos u otros, sería considerado ilegal. Durante una huelga, los contratos quedan en suspensión, es decir, que las trabajadoras que hagan huelga dejarán de percibir el salario y las cotizaciones correspondientes a los días en que dure la huelga. En caso de despido por secundar una huelga, sería declarado automáticamente nulo ya que supondría la vulneración de un derecho fundamental y así quede demostrado aunque la empresa haya puesto otros motivos. Sin embargo, el despido puede ser procedente si la huelga realizada fuese ilegal. Asimismo, también es ilegal que la empresa subcontrate otros trabajadores para sustituir a la plantilla en huelga, aunque puede dejar que quienes no secunden la huelga vayan a trabajar. Otra cuestión importante relacionado con este tema son los servicios mínimos que decretan las administraciones públicas en sectores críticos como la Sanidad, los Bomberos, Emergencias o trenes. Estos servicios se deben respetar sí o sí, por lo que hay ocasiones en que pueden decretar servicios mínimos abusivos para minimizar el efecto de una huelga.

Apuntes finales

A lo largo de la historia, el movimiento obrero ha desarrollado numerosos métodos de lucha y presión, la huelga sin duda es el más extendido, aunque se puede complementar con otras prácticas como el boicot, que consiste en denunciar públicamente los atropellos de la empresa sensibilizando a la sociedad y así minar su reputación para disminuir sus ventas; sabotaje, que consiste en dañar o destruir la maquinaria y demás capital fijo para obstruir todo lo posible el proceso productivo. Hay que apuntar también que el sabotaje siempre se realiza contra el patrón, nunca contra consumidores. No obstante, la clase empresarial también tiene métodos para romper huelgas: como las listas negras, la contratación de esquiroles, enviar a la policía, y a través del cierre patronal, que consiste en cerrar la empresa o el centro de trabajo para dejar en la calle a las trabajadoras. Legalmente, el cierre patronal está permitido siempre y cuando suponga peligro de daños a personas y materiales durante una huelga y esté comunicada a la Autoridad Laboral.

Volviendo al hilo, también existen huelgas fuera del ámbito laboral, tales como las siguientes: las huelgas estudiantiles, aunque no afectan a ningúnn proceso productivo, sí sirven para abrir espacios que posibiliten la expresión de las reivindicaciones del estudiantado, presionar a la dirección del centro, concienciar a otras estudiantes y como entrenamiento ante los conflictos al entrar al mundo laboral. Las huelgas de inquilinos consisten principalmente en impagos colectivos de alquileres para denunciar los precios abusivos y presionar para que los rebajen. Sobre las huelgas de comsumo supongo que sabremos que consisten en no comprar para minimizar el volumen de ventas en general por un período de tiempo determinado. Este tipo de huelgas se podrían complementar con las laborales para tener mayores efectos. Por último, las huelgas de hambre y sed se realizan cuando ya no quedan más alternativas de lucha que poner su vida en peligro como método de presión ante las injusticias. Estas huelgas las suelen realizar presos y presas políticas cuando el régimen carcelario los castiga duramente y la justicia burguesa hace oídos sordos.

Así pues, las huelgas no se encuentran úncamente en los conflictos laborales, sino que podrían extenderse igualmente en otros conflictos sociales. No obstante, siempre existirá un denominador común entre todo tipo de huelgas: que las realiza la clase trabajadora y el conjunto de clases explotadas.

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