Introducción al anarquismo (V). En la realidad material

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En la realidad material

Finalizamos esta serie de Introducción al anarquismo hablando un poco sobre la praxis. He de decir que teorizar demasiado respecto a ella es inútil, y que en la teoría se puede jugar a ser Dios ya que sobre papel (o formato digital) aguanta todo. No obstante, sería interesante comentar algunos tips (consejos) para ir comenzando a tener rodaje y que teoría y práctica deben mantener una relación dialéctica y de retroalimentación, ya que es imposible que exista un movimiento revolucionario solo en lo teórico, así como que una praxis sin teoría detrás está concenado a actuar por inercias, siempre forzada/arrastrada por la coyuntura y nunca capaz de insertarse en ella activamente como actor político de cambio.

Dependiendo de una coyuntura u otra, optaremos por unas vías u otras. La cuestión está en que sepamos elegir las vías adecuadas tras realizar un adecuado diagnóstico acorde a los trabajos de análisis de coyuntura explicado en la anterior entrega. Así por ejemplo, optar por la vía insurreccional sin contar con una base social amplia ni articular un aparato político-militar fuerte, sería un suicidio. En ese caso, sería más acertado una estrategia del poder popular basada en la inserción social que apunte a fortalecer los movimientos populares a la vez que vayamos articulándonos políticamente. En otras palabras, constituirnos como actor político y aumentar nuestra fuerza real para cambiar la configuración de la correlación de fuerzas en el escenario.

Optar por la inserción social requiere necesariamente participar en espacios amplios o frentes sectoriales, teniendo en cuenta que esta táctica está enmarcada en una estrategia más amplia que es la construcción del poder popular. He aquí unos pequeños tips para la inserción social:

—Lo primero es hacer un mapeo rápido de lo que nos rodea, con quiénes contamos y en qué espacios podemos participar.
—Es importante saber que no obtendremos resultados inmediatos, y que tampoco podemos forzar las cosas ni adelantarnos a lo existente. Por lo tanto, hay que abordar la praxis desde la humildad y con paciencia.
—Comenzar con pequeños detalles y realizando pequeñas tareas en colectivo.
—Mantener en lo posible una actitud constructiva, escuchando y tratando de no bloquear propuestas.
—No sobreexigirnos ni a nosotras mismas ni a nadie. Una sobrecarga de trabajo o de estrés provoca bajas en la militancia y en el activismo, lo que es algo poco deseado.

Os recuerdo que todo se va a aprendiendo con el rodaje y que el proceso que queremos impulsar necesita tiempo. Reseñaré a continuación una recopilación de una serie de artículos escrito anteriormente en la web bastante interesante al respecto que comenta acerca de cómo comenzar a movilizarse y/o participar en espacios sociales que tenemos en nuestro entorno.

Otro tema fundamental es que comencemos a trabajar en el tema de la comunicación, puesto que saber comunicar correctamente nuestro mensaje es requisito imprescindible para que nuestro movimiento se visibilice, se reconozca en las luchas sociales y ante la sociedad, y por ello, crezcamos como tendencia política. En este aspecto, debemos de dejar de hablarnos para nosotras mismas únicamente. La comunicación interna es importante para mantenernos en contacto y conocer nuestra actividad, pero también debemos saber comunicarnos con el exterior. Rescato aquí esta pequeña serie de artículos sobre comunicación: Parte1, Parte2, Parte3.

Como he dicho en la primera entrega, las experiencias militantes se adquirirán en el curso de las luchas y aprenderemos de otros compañeros y compañeras de lucha. En el terreno de la praxis, encontraremos muchos problemas, debilidades, obstáculos y contradicciones que tendremos que ir resolviendo. Tampoco existen recetas mágicas ni militantes modelo a seguir, lo importante serán las ganas, la perseverancia, la disciplina voluntaria, la responsabilidad, la humildad y, por supuesto, la solidaridad y el apoyo mutuo; aportando siempre acorde a las posibilidades de cada cual.

Espero que esta serie de artículos haya sido útil y puede que quizá sirviera para crear un itinerario formativo mejor que éste, más completo e incluyendo más disciplinas de las ciencias sociales que aquí no se pudo tratar. Ahora es el momento, pues nos espera una nueva coyuntura en la cual tenemos que ser capaces de posicionarnos como alternativa revolucionaria.

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Contra el ghetto y el derrotismo en lo libertario

Quisiera escribir un pequeño artículo a vuelapluma sobre una cuestión de actitud importante en el anarquismo actual. Se trata de la falta de militancia en espacios amplios. No quiero entrar en lo de los espacios políticos amplios, como pueden ser las campañas o las coordinadoras de grupos distintos que tratan una problemática común, ya que poco a poco el sector libertario va estando cada vez más presente; se trata de la falta de inserción en espacios sociales. Yo lo achaco a dos causas que aparentemente se contradicen: al elitismo y al derrotismo.

Comencemos. Considero que el movimiento libertario ha sido el eterno perdedor de las izquierdas durante el siglo XX. Esto nos ha llevado a una situación de marginalidad política en la mayoría de sociedades en las que tenemos presencia. Afortunadamente las ideas y los colectivos anarquistas en nuestros tiempos tienen ya un alcance mundial. Pero seguimos perdidos políticamente, sin capacidad de incidencia, más allá de campañas puntuales o de protestas callejeras visibles.

Esta situación nos conduce a dos conclusiones:

—Una es la que somos lo mejor de la sociedad. Que los demás no están a nuestro nivel teórico o que no han acertado históricamente a dar con las soluciones que han aportado las libertarias, exceptuando posiblemente consejistas, autónomas, luxemburguistas, comunistas de izquierda y otros tipos de marxismos libertarios. De aquí se desprende uno de los grandes problemas de las izquierdas a la hora de hablar con «la gente normal», el elitismo. Inevitablemente nos consideramos mejores que nuestras vecinas por el hecho de ser anarquistas. Y esto se puede trasladar a la hora de cómo consideramos a las demás tendencias políticas que hay en la sociedad. Resultado: «Yo no me junto con ésta o esta otra porque no está a mi altura y no nos entendemos».

—La otra conclusión es la opuesta. Si nos juntamos con otra gente es muy posible que nuestras ideas y prácticas queden diluidas en la cacofonía de las muchedumbres. Nuestra idea es una de tantas y no es probable que se imponga sin una larga, desagradable y desgastante pugna de ideas. Hay quien va más allá y defiende que no merece la pena entrar en espacios plurales porque otras fuerzas políticas se mueven como pez en el agua en esos terrenos. Por tanto, nuestro esfuerzo solo servirá para contribuir a la victoria de esas fuerzas. El resultado es que «yo no entro en esto porque no merece la pena el esfuerzo».

Ambas conclusiones son hijas de un hecho bastante palpable, que es la falta de seguridad, o directamente la negación de la posiblidad de una transformación social (llámese revolución) en un plazo de tiempo breve. Y como este cambio social es para dentro de muchos años, pues los años que nos quedan los aprovechamos en nuestros espacios de confort, que se suele conocer como el «ghetto» o el mundillo. ¿Para qué mezclarse con gente que no te va a comprender? ¿para qué entrar en espacios sociales donde tu existencia será una guerra constante con otras visiones? La respuesta fácil es vivir tranquilamente los años que dure tu socialización como anarquista.

Si el movimiento anarquista ha dejado de creer en la posibilidad del cambio social, ¿a qué juega? Pues a lo que puede jugar: a vivir la anarquía aquí y ahora, dentro del capitalismo. Esto no es otra cosa que dar la espalda a la sociedad que no te comprenderá e intentar una coherencia libresca que te alejará aún más de la sociedad que no te comprende.

La gente que está en los espacios plurales y comunes con otras personas de otras tendencias políticas es raro que esté de otra manera que a título individual. Participas como persona interesada en X, y no como miembro del movimiento libertario que también se interesa en X. Como digo esto cada vez más se va superando en lo social y en el activismo.

Pero donde no se está superando es en la vida cotidiana. Y por ello vemos cosas como que los padres y madres del entorno libertario prefieren crear una escuela libre desde cero a luchar desde el AMPA del cole por una educación decente en una escuela pública. O crear un grupo excursionista desde el Ateneo Libertario que durará 1 año a lo sumo, a integrate en la unión excursionista de tu ciudad. O que es mejor montar un ciclo de cine-forum en tu CSO que no entrar a participar en el grupo de cine de barrio que monta las cosas en el Centro Cívico. O que mejor tener una asamblea popular agonizante o una coordinadora de colectivos que recuperar y revitalizar las asociaciones vecinales. Todo esto son ejemplos de lo expuesto: no nos creemos el cambio social que proclamamos y no buscamos extender nuestras ideas más allá de las paredes de nuestros locales.

Por que si no haríamos como nuestros sobre-mitificados antecesores que no creaban ateneos libertarios sino ateneos obreros (hasta casi la Guerra civil no hubo el primer ateneo apellidado libertario), que participaban en las agrupaciones esperantistas, en los grupos corales, en las uniones excursionistas, en los equipos de fútbol, en los certámenes literarios y poéticos, en los juegos florales…

Por poner las cosas en su lugar, en 1870 cuando se funda la FRE, sección de la Internacional en España, el congreso decidió abrir un debate público sobre el socialismo con sus oponentes políticos. Invitaron a varios tertulianos burgueses y llevaron a cabo un debate durante varias horas. Creían en lo que hacían. Creían sinceramente en la revolución social. Querían convencer. Querían englobar en su movimiento a su vecindario, a sus compañeros de trabajo, a sus familiares… Y no querían separarse simbólica o estéticamente de su entorno. Y si lo hacían era porque estaban convencidas de su hegemonía total en el territorio.

Fue a partir de los años 50, 60 o 70 (dependiendo del país) cuando apareció la dinámica del consumismo, del individualismo, del querer diferenciarnos de los de al lado. El capitalismo nos representaba como consumidoras únicas e irrepetibles. Nos hablaba a cada una para vendernos sus productos. Con aquella bonanza (más o menos) económica llegó la educación pública para casi todo el mundo. Generaciones de jóvenes recibieron instrucción y fueron socializadas por la publicidad. En aquellos años se iba configurando una identidad juvenil que fue ayudada por la cultura popular de su tiempo, la cultura que iban creando en base a la música y a sus gustos estéticos.

La exaltación del «yo» y definir tu identidad en base a tus gustos estéticos y musicales traspasó a los movimientos contestatarios. Y cuando las opciones radicales fueron derrotadas a finales de los 70, solamente quedó una radicalidad estética y cultural, o subcultural. De esta forma el ghetto activista, izquierdista y anarquista ha estado poderosamente influido por la estética, incluso estética del lenguaje. Al tener la certeza de que tu opción política no cambiará las cosas, te pones a pulir el lenguaje y te encierras en los principios; que obviamente excluyen al resto de la población, que se rige por otros principios.

El ghetto anarquista no es algo nuevo, llegado en los 90. Escritores anarquistas nos definen muy bien el ghetto en París en 1890, en Barcelona en 1905 y en 1931, en Buenos Aires en 1925 o incluso en Moscú en 1918. El crear ghettos es una tendencia incluso lógica en el comportamiento humano que se basa en juntarte con quien tienes afinidad. El problema es cuando te consideras un movimiento revolucionario. Entonces el ghetto supone un freno en las expectativas del cambio social, ya que solamente te interesa tu gente.

Y el ghetto, que se basa en unos clichés, en unas normas sociales de comportamiento, de lenguaje y en unos cuantos principios compartidos, se vuelve en contra de toda posibilidad de cambio social. Cualquier lucha de la gente común no es lo bastante radical. Cualquier cambio, es inútil. Cualquier nuevo movimiento social masivo es reformista. Y así sucesivamente, en una dinámica de apariencia derrotista, ya que no importa lo que se haga, que no servirá para nada.

La pregunta final es, ¿queremos realmente un cambio social o nos gusta vivir la vida pirata dentro del capitalismo?

@blackspartak

Enlaces del mes: Octubre 2015

El mes empezaba con un repaso a las bases del sistema económico-politico y su (o sus) crisis que no dejaba mucho margen al optimismo. Teniendo en cuenta la energía, las materias primas, el cambio climático y la conflictividad entre los distintos estados y facciones, el otoño empezaba con un horizonte claramente complicado, como se explica en este artículo de crisis concéntricas. Por suerte o por sensatez, también parece una tendencia el debilitamiento del deseo de propiedad, como apuntaba Toño Fraguas en El ocaso de la propiedad, donde destaca que incluso en los EEUU, país donde está más extendida la cultura del consumo y la felicidad de lo material, cada vez más personas están tomando el tener propiedades como una carga.

En el ámbito laboral, octubre vino un tanto agridulce. En el mismo mes en que Forbes ha coronado a Amancio Ortega como el hombre más rico del mundo, no faltaban los recordatorios sobre cómo se forjan esas fortunas. Lo que se ha tratado como escándalos de imagen respecto a las actividades de Inditex en Brasil o, en general, en Latinoamérica y Asia, parece ser que la sobreexplotación obrera de la de toda la vida, con las pistas un poco difuminadas a base de deslocalización y de delegación en capataces casi esclavistas que son, sobre el papel, los que se manchan las manos.

Lo poco que tuvo de dulce lo pusieron los llamados «manteros» en Barcelona. Pese a las condiciones de desarraigo, clandestinidad y racismo normalizado en que trabajan, varios de ellos se han unido en un Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes con vocación de sindicato de ramo, pero también de organización que les dote de tejido comunitario.

Por el lado de las posiciones y decisiones políticas, Emmanuel Rodríguez (miembro de la Fundación de los Comunes, asi como de Ganemos Madrid y Ahora Madrid) se preguntaba qué lecciones extraer de la institucionalización de parte de los movimientos sociales y la previsible derrota de Podemos el próximo 20 de diciembre. Mientras, en Portugal, la gestión de los resultados de las últimas elecciones generales volvían a plantear la falta de democracia en la UE.

En lo represivo, el estado español no deja de demostrar de lo que es capaz: La directa publicaba una entrevista, traducida al castellano en Diagonal, al secretario general de Sortu y líder independentista vasco Arnaldo Otegi, preso desde hace años.

Y, cuando se cumplieron dos años de encarcelamiento preventivo de las anarquistas chilenas Mónica y Francisco, menos de un año después de las operaciones Pandora y Piñata, todas por las dos mismas bombas, una operación de los Mossos, ejecutada bajo las órdenes de la Audiencia Nacional la mañana del 28 de octubre, se saldó con 9 detenciones y registros en domicilios y Ateneos Libertarios como el de Sants de Barcelona y en Manresa. La respuesta solidaria no se hizo esperar. Hubo concentraciones espontáneas en Barcelona y se lanzaron convocatorias para solidarizarse en varias ciudades como Madrid, Compostela, Huesca, Zaragoza… con los y las detenidas. También ha habido repercusión en varios medios de la rueda de prensa de Embat junto a militantes del Ateneu Llibertari de Sants, Grup de Suport a Joaquim y la Assemblea de Barri de Sants. Unos días después, otra operación de la Guardia Civil en Galicia contra independentistas acabó con arrestos a los cuales se les acusan de «enaltecimiento del terrorismo».

Tampoco podemos olvidarnos de la Federación Anarquista de Gran Canaria. La organización está siendo duramente golpeada por la represión por ayudar a numerosas familias sin recursos a encontrar un techo ocupando y recuperando viviendas que los bancos dejan vacío. Algunos militantes han sufrido palizas de la policía, les acribillan a multas y sufren un acoso policial constante solo por el hecho de realojar a numerosas personas y familias, que según calculan, en 2013 más de 400 personas han conseguido techo gracias a la FAGC y también más de 200 viviendas expropiadas y socializadas. En este último año, han realojado a 102 personas en un sólo trimestre. Pero estos maravillosos resultados les están costando sangre, palizas y multas, y hacen un llamamiento a la solidaridad para afrontar la sangría económica que están sufriendo (el nº de cuenta es: ES45 0239 2026 6130 40048866 así como ven la necesidad de formar una red antirrepresiva.

No todo va a ser crimen organizado

Ante las malinterpretaciones que se han hecho de mi anterior artículo Funcionar como el crimen organizado, me veo obligado a aclarar unas dudas que han quedado en el aire por lo pretencioso que es el título además. Es cierto que el artículo es muy escueto y sin entrar en profundidad para nada. Lo hice así por ser algo que no resulta prioritario en estos momentos, sino unas ideas para cuando el movimiento libertario sea una fuerza política con capacidad real de cambio y sea por ello referente para buena parte de la clase trabajadora. Esta situación, como podemos ver, es todavía muy lejana y que está por construir. Por esa razón dije en el otro artículo que ni pensarlo, que en la actual coyuntura es prioritario construir el movimiento y si logramos que éste se consolide, se puede o no plantear. En otras palabras, el tema se toma como una hipótesis por si en algún momento surge la necesidad.

Como he apuntado en el último párrafo del anterior artículo, sin proyecto político ni movimiento, el tener redes del crimen organizado (o inspirados en algunas de sus artimañas) no tendría sentido alguno, al contrario, sería un contrasentido y solo serviría para que el anarquismo se hundiera definitivamente o acabar siendo otra banda criminal organizada más que acabaría desarticulada y de allí, directo al baúl de los recuerdos. Entonces, ¿qué proyecto político y qué movimiento tenemos que levantar en estos momentos? Para empezar, nada que ver con el crimen organizado, sino la necesidad de un cambio en la cultura militante predominante ahora en el mundillo anarquista como paso previo a consolidar un movimiento libertario:

De asambleas infinitas a órganos de decisión operativos. Otro de los vicios internos es alargar las discusiones infinitamente sobre detalles sin importancia relevante y acaban siendo de todo menos horizontales y operativos, porque en la práctica, esto se traduce en que en dichas asambleas se imponen las opiniones de quienes más tiempo tienen. Ya lo dije en otras ocasiones, la asamblea no es una tertulia ni una reunión, sino un medio para sacar decisiones que sirvan para que las organizaciones avancen en materias, sea para poner en funcionamiento la estructura orgánica interna (crear secretarías y comisiones con legitimidad para ejecutar decisiones), tomar acuerdos, para sacar programas, para realizar unas acciones, determinar unas líneas estratégicas, etc, pero no para discutir sobre el sexo de los ángeles.

Pasar de colectivos y grupos de afinidad a organizaciones. La dinámica de los colectivos y grupos de afinidad en su mayoría no pasan de ser grupos de amistad que se reúnen para consumir ideología. Una organización, en cambio, tiene que tener una dinámica muy distinta, y principalmente, debe servir como medio y soporte para realizar una actividad enfocada a la intervención social, lo que conlleva cierta cohesión y disciplina interna. Hay un modelo de organizaciones comentado en esta web en donde se distinguen tres tipos de organizaciones: la de militantes que tienen el papel de elaborar programas, líneas estratégicas, análisis de coyuntura, etc, donde se hace trabajo político, la feminista, con el papel de tratar la cuestión de género y actuar en los problemas específicos de las personas leídas mujer, y la juvenil que sería campo de experimentos y de preparación de la militancia juvenil. Para más detalles, consultar aquí.

Del individualismo y el estilo de vida al socialismo y la política. Arshinov escribió en su día «…Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» La atomización del «cada anarquista en su mundo» no es más que ideología individualista neoliberal, del mismo modo que se interprete el anarquismo como estilo de vida personal frente a un anarquismo como vía política hacia el socialismo libertario. Creo que es necesario partir de lo último para poder desarrollar un trabajo político serio, si lo que buscamos es la revolución social.

Los puntos anteriores son los principales fallos a corregir y ya están surgiendo iniciativas para levantar un proyecto político que aspire a la revolución social a través de la estrategia del poder popular y en lo inmediato, que ofrezcan respuestas ante los problemas actuales de la clase trabajadora, creando a la vez las estructuras y herramientas necesarias para la lucha social y de clases con vocación de mayorías. Básicamente eso.

Volviendo al tema del crimen organizado, la idea no era que todo el movimiento funcione como el crimen organizado, algo muy descabellado que carece de sentido ya que el movimiento libertario que tenemos que construir, como me comentaron en otros sitios, es de caracter político-social y tiene que estar pivotando sobre un proyecto político socialista libertario, tener un programa de mínimos (líneas de actuación en lo inmediato, es decir, a corto y medio plazo), estar bien estructurado (con sus organizaciones trabajando bajo unas líneas comunes), con presencia en las luchas sociales y en los movimientos populares, con una identidad propia (no identitario, sino con una imagen pública reconocible y asociado a un movimiento popular de caracter anarquista) y teniendo como estrategia la articulación del poder popular. Esto sí es un modelo acertado en esta coyuntura para ir construyéndolo en el corto y medio plazo, y nada tiene que ver con el crimen organizado, que para el caso, sería una hipótesis que se plantearía como algo accesorio, un medio no prioritario y no como redes integradas en el movimiento. Sobre lo de infiltrarse en la policía, la justicia y demás, no sería tarea fácil, obviamente, así como lo de malversar fondos, la falsificación de documentos, los sobornos, etc. Sin embargo, por ahora, solo es una hipótesis, que se trabajará en ella o no dependiendo de las circunstancias y necesidades en cada etapa, ciclo de movilizaciones, cambios de coyuntura y la trayectoria del movimiento que está aún por construir. Hago esta aclaración para aquellas personas que han malinterpretado la idea exagerándolo hasta tal punto de pensar que quisiera que funcionemos como tal, cuando realmente los tiros no van por allí. Así que dejemos de echar balones fuera.

La articulación del poder popular desde los barrios

Por Mike G., militante de Embat

Este artículo tiene como objeto razonar sobre la militancia social que tiene como su ámbito de actuación el barrio.

Los movimientos anticapitalistas tienen numerosas personas militando en los barrios de las grandes ciudades y en los pueblos y ciudades dormitorio que las rodean. De hecho es el ámbito junto con el sindicalismo en el que existe un mayor número de militancia relativa del anticapitalismo. Por tanto se da la lógica de que cada cierto tiempo hay llamamientos para construir un «movimiento de barrios» o una espece de coordinación de las distintas luchas de los barrios.

Aquí chocamos con la realidad cambiante de cada zona, con sus particularidades y sus características identitarias. Por tanto se generan diferentes tradiciones militantes. Toda esta variedad, aunque positiva a escala local, en realidad no es fácil de replicar. Se puede hacer, pero para ello se necesita disponer de un número de personas –que han posibilitado que en el barrio referente exista lo que haya llamado la atención en los otros barrios– que no es fácil de conseguir.

Entonces se producen concentraciones de militantes en ciertos barrios en detrimento de otros. Esto tiene sus riesgos de ghettización, de caer en el nacionalismo de barrio o «barrionalismo» que consiste en poner todos los esfuerzos en un solo territorio mientras se abandonan los demás a su suerte. No es fácil, dada la correlación de fuerzas existente, tener gente suficiente en todos los barrios pero la extensión territorial debería ser una prioridad de los movimientos anticapitalistas; al menos después de conseguir que funcionen las cosas en un barrio.

Sin embargo una vez que se ha alcanzado una buena incidencia social en un barrio determinado, aparece una crisis del movimiento, en tanto que no es capaz de seguir creciendo o extendiendo su influencia. Esto se da por que no es posible articular mayorías sociales exclusivamente basándose en «lo social» y ni mucho menos en lo vivencial. Las mayorías sociales se generan a partir de lo político y lo cultural, entendido de forma gramsciana como cambio de paradigma. Entonces se pone de manifiesto una de las principales carencias de los movimientos de barrio, y es que les falta esta vertiente política. No me refiero a el partido del barrio, sino a entidades que consigan legitimidad ante la población y que vayan disputando la gestión y el control del barrio a las instituciones del ayuntamiento.

Para mí la clave está en lograr pasar de un entorno basado en centros sociales y movimientos sociales a unos contrapoderes de pequeña escala que vayan creando esos organismos legítimos que pueden ser asambleas populares, asociaciones vecinales o bien grandes ateneos populares. El caso es que la población organizada debe intentar gestionar equipamientos públicos, o al menos intentar participar de la toma de decisiones en pie de igualdad con las instituciones del estado en tanto que organismo legitimado debido a sus luchas populares previas. Eso es generar un contrapoder vivo y no dependiente de los ritmos militantes del barrio. Se tiene que buscar la estabilidad debido a un continuo relevo generacional formando la nueva militancia en las experiencias de las anteriores generaciones impidiendo una ruptura o un olvido del relato de luchas.

No obstante, el contrapoder tampoco garantiza nada en sí. Lo construido un día se puede erosionar con el tiempo. Se trata de un medio para acercarnos a la sociedad que pretende el anticapitalismo, que en palabras sencillas es a socialización de la economía y su gestión directa por parte de la población. Pues bien, el contrapoder sirve para arrebatarle el poder al estado, en tanto que a más poder real tenga el barrio, menos cosas controlará el ayuntamiento. Y al revés el ayuntamiento se deberá adaptar a las reglas que impongan los barrios. Incluso lo hará para no perder votos.

Pero veo un problema aquí, y es que la hegemonía cultural actual está en manos del capitalismo. Que las plazas de nuestro barrio estén llenas y que las calles bullan de proyectos no garantiza que la gente siga con su vida cotidiana dentro del capitalismo. En este sentido hay que disputar esa hegemonía y ganarnos a la mayoría social, esa que sólo se moviliza una vez al año, o esa que hoy en día es totalmente favorable al capitalismo neoliberal. Se puede disputar mediante lo cotidiano, a base de participar en la cultura popular, en las fiestas alternativas o bien hacer nuestras las fiestas de los barrios, a base de participar en el deporte base o en otros actos y espacios de socialización. Pero se tiene que disputar en todas las facetas de la vida.

Y aún así nos faltará otro medio a disputar que es la cuestión política. No podemos permanecer en lo social permanentemente por que algún día algún partido político puede copiar nuestro discurso y cooptar a parte de la militancia social y después hacer y deshacer lo construido. Se necesita que la militancia activa tenga en la cabeza un proyecto de país, y no sólo de barrio, un modelo social al que aspirar. Y este modelo no se puede crear con ideología, sino con proyectos concretos de barrio, de ciudad y de país.

Para esto sirve organizarse políticamente: para poder llegar a este modelo social a construir desde abajo y en confluencia con otros sectores del pueblo organizado ya que hay espacios que trascienden los márgenes del barrio. Por ejemplo el modelo educativo y el movimiento estudiantil va más allá del vecindario. También la sanidad, el modelo de vivienda, el modelo energético, el mundo rural, la soberanía alimentaria y el mundo del trabajo. Si nos organizamos políticamente es para llegar a ese modelo social futuro tendente a la socialización y hacia la libertad y sólo lo haremos si trabajamos en conjunción con todos estos ámbitos.

En resumen, el barrio es un campo de militancia muy interesante capaz de conseguir un entorno simpatizante a las ideas anticapitalistas y libertarias. En cuanto se logren unos mínimos (es decir, que existan unos movimientos sociales, que éstos formen una mesa coordinadora de movimientos, que existan ateneos o centros sociales) se debe pasar a una fase de creación del poder popular, que puede ser tanto simbólico (hegemonía cultural) como tangible (contrapoder político-social). Y este proceso debe florecer en muchos otros lugares para no morir de aislamiento. La dispersión y el aislamiento matan toda oportunidad de que nuestras ideas puedan trascender.

No sólo esto, sino que también el poder popular de los barrios debe confluir con los demás procesos de luchas colectivas que producen empoderamiento y un empuje hacia un mundo nuevo. Pero para que todo ese gran esfuerzo colectivo esté bien coordinado y enfocado hay que generar la alternativa política que dibuje ese mundo nuevo que deseamos.

Espero sinceramente que en los próximos años podamos ver un pueblo digno que teje el poder popular para llegar a una sociedad libre, justa e igualitaria.

¿Es posible? Activismo y autocrítica

¿Es posible construir un proyecto, más social que político, que reagrupe a los sectores más jodidos del proletariado?

Esta pregunta es lanzada a través de la cuenta de Klinamen a través de la red. Y es que en pocas semanas he podido leer diferentes artículos que van en una línea autocrítica dentro del “activismo” motivados posiblemente por la insuficiente respuesta por parte de este a las problemáticas sociales, criticando un perfil y una manera de hacer, que parece que no ha cambiado durante la crisis.

No sé en que medida el debate a través de internet refleja la realidad, pero ciertamente algo debe manifestar: unas tendencias, un contexto social, una situación política… así que las ideas de estos textos creo que no deben pasar desapercibidas no sólo por lo que dicen, sino por las consecuencias que pueden tener hacia nuestras prácticas hacia el cambio social.

Y es que, ¿quién conforma la izquierda y los movimientos sociales? Personas con mucho tiempo libre. En los colectivos que he militado y cercanos a mi entorno abundamos los universitarios blancos y jóvenes, con curros esporádicos o ligeros, sin gente al cargo. Que con el paso de los años, se reduzca el número de personas militando es un síntoma de que algo va mal. Fallamos en algo. No sé si la manera en la que nos organizamos, nuestras actividades y nuestra estética es causa o consecuencia del perfil anterior, pero la cuestión es que asambleas interminables en las que sólo se debate, o fiestas en las que priman una cultura concreta (estética, música, relaciones sociales) limitan mucha la percepción sobre la utilidad de un colectivo o ideología determinada. Nuestro activismo se convierte en un estilo de vida que no sólo se ve inefectivo con los supuestos objetivos, sino que además alejado de los problemas de la cotidianidad de la clase trabajadora, hace que esta deje de identificarse con los símbolos y discursos de la “izquierda”.

Así que este texto va dirigido fundamentalmente a este extracto de población, pues dudo que otro perfil llegue a leer esto (o quizás sí). Un público que sus padres pudieron aspirar a una vida más o menos cómoda, a diferencia de los abuelos que vivieron las miserias de la guerra civil. Un público que quizás ha podido acceder a estudios universitarios, que participa de “entidades culturales” o que aun dispone de ciertas comodidades y en caso de emergencia aun puede disponer de un colchón familiar en el que podría satisfacer sus necesidades básicas. Los hijos de los trabajadores acomodadas y parte del funcionariado y profesiones liberales (profesores, médicos…) que ahora van hacia “precarios”.

Así que en los tiempos en que nos ha tocado vivir, en el retroceso del llamado Estado del Bienestar, aumenta el paro, la protección social y se reducen los sueldos. Gente que años atrás se había hipotecado, ahora ha tenido que recurrir a la PAH junto a un migrante, cosa totalmente impensable hace unos años. Se conforman dos polos, cuando antes todo el mundo creía que era “clase media”. Y aunque las desigualdades y las consecuencias del capitalismo nos afectan a todos, no lo hacen de la misma manera. Desde el activismo clásico la famosa frase de “ir a los barrios” es un buen ejemplo, que nos señala un error de partida pues establece un nosotros y ellos. Eso implica una superioridad moral (saber como se tienen que hacer las cosas y de manera mejor) a la vez que marca una distancia y expone el no formar parte de ese sitio o gente. También expresa una desconfianza hacia la clase trabajadora pues se puede caer en una actitud evangelizadora. Y en caso de que el proyecto marche bien se puede caer en el peligro del asistencialismo: solucionar problemas ajenos a corto plazo sin que esas personas adquieran un método para resolver estos a medio-largo plazo, causando dependencia.

Sin embargo, dicho argumento llevado al extremo (el no actuar por la diferencia) nos llevaría a cerrarnos a nosotros mismos. La propuesta va por otro camino: desde nuestras diferentes posiciones, caminar hacia un espacio. En otras palabras, luchar en las problemáticas comunes que sufrimos y no en la que otras sufren. Por ejemplo, para mi no tiene sentido que una persona que ha heredado una vivienda se meta en la PAH de manera activa. Eso no significa que pueda apoyar en las acciones o realizar donaciones, pero creo que tiene que tener un plano totalmente secundario.

¿Qué hacer pues? Suelo escribir que no existen recetas mágicas, y este no será una excepción. Sin embargo, si creo en alguna otra certeza más es en la metáfora que cita Emilio Santiago en su artículo “El tiro por la culata”: nada que no pueda contar con el apoyo decidido de tu madre es socialmente viable. Eso significa no realizar grandes castillos revolucionarios para el día del mañana. Es despejarse un poco de la radicalidad imaginaria y realizar curro en lo cotidiano, que nos defienda hoy y si puede ser nos ponga en mejor posición para afrontar el mañana. Las mismas dinámicas del capitalismo ya tensarán la cuerda lo suficiente para que la gente puede aspirar a cambiar dicho sistema, pero sin una base sólida, que hoy en día carecemos, no creo que vayamos muy lejos y las oportunidades se nos escaparán de las manos. O quizás serán otros movimientos los que cojan estas, como el fascismo.

Finalmente, un punto en el que parece que no hemos sabido articular una respuesta adecuada, ha sido en los espacios de trabajo. Aunque esto daría para otro artículo, habría que preguntarse si es posible generar un movimiento similar a la PAH en materia laboral, trascendiendo los sindicatos de clase y sus siglas. Sin pan y techo, no hay revolución.

Víctor A, con aportaciones de Adri

Artículos de referencia

Els set pecats capitals de les esquerres

Carta d’un pare a la CUP-CC

No me llames lumpen, imbécil

Lo mejor, vivir sin trabajar

Hostilidad horizontal: Cuando nos traicionamos a nosotros mismos

El tiro por la culata: nueve tesis sobre el fenómeno PODEMOS y la crisis civilizatoria

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