Enlaces del mes. Septiembre 2016

Iniciamos el mes mirando hacia la India, donde para el día 2 se convocó una huelga general contra las políticas antiobreras de Modi. La convocatoria fue secundada ampliamente afectando a los sectores estratégicos del país como los transportes, algunos colegios, centrales eléctricas y la banca estatal. Además, los y las trabajadoras demandan una subida del salario mínimo, acusando al gobierno de imponer medidas antiobreras y antipersonas.

Los medios de comunicación se convierten, de forma cada vez más vergonzosa, en panfletos propagandísticos de quienes los financian, aunque suponga defender a indecentes. Los argumentos dejan paso a los ataques irracionales y buena parte del periodismo se entrega al sensacionalismo. ¿Qué espacio queda para la información y el debate razonado?

El tema del top manta llega a Madrid tras el anuncio de un plan contra la venta ambulante por parte de Ahora Madrid. Aquí unas declaraciones sobre la situación de Puente y Villa de Vallecas para el concejal del distrito de Vallecas Paco Perez, en las cuales se recogen los problemas del barrio y la cuestión de supervivencia de la población migrante allí residente.

La noticia de que han declarado santa a la Madre Teresa de Calcuta levantó críticas sobre todo por la falsedad demostrada de la propaganda católica que difunde el mito de la generosidad y misericordia por parte de una mujer que siempre daba trato insalubre a enfermos y pobres imponiéndoles una especie de asceticismo altamente perjudicial, pues su misión no era sanar ni alimentar a nadie sino preparar sus almas para la otra-hipotética-vida.

La lucha de los y las presas políticas vascas cntinúan contra las políticas criminales de los estados español y francés, los cuales les niegan derechos fundamentales a prisioneras enfermas o siguen con la política de dispersión.

La revitalización sindical a corto plazo es esencial para transformar las relaciones de producción, dentro de la estrategia para la revitalización es clave la negociación colectiva, donde cristaliza la relación de fuerza entre empresarios y trabajadores/as.

Hecho un repaso del momento político, la conclusión es clara: Es el momento de reactivar las luchas sociales y la construcción de nuevas formas de movilización para construir poder popular desde la izquierda.

Por último, no está de más echar un vistazo atrás sobre el papel del anarquismo en la transición y algunos errores que hemos heredado desde entonces. En aquellos tiempos revueltos, las izquierdas comenzaban a asomar tras la muerte de Franco, no sin obstáculos y peleas internas.

Contagio

Ni la sífilis. Ni la gripe española. Qué digo, ni la peste bubónica. Ninguna pandemia puede compararse al mortífero, endemoniado y brutal… contagio ideológico.

¡Qué dirían los padres y madres de la Revolución si nos vieran compartiendo alcoba con tan perjudiciales virus! ¡Semejantes bacterias infecciosas provenientes de todo tipo de fuentes perversas y promulgadoras de males tan corruptos como corruptores! ¡Protozoos reformistas! ¡Hongos socialdemócratas…!

Bueno… descansando un poco de tanta exclamación, me limitaré a decir que me parece, cuando menos, curioso. Que, ¿qué me parece curioso? Bueno, lo cierto es que muchas cosas; pero, como hay que empezar por algún lado, pues comenzaré diciendo que por la ignorancia. La ignorancia que algunas y algunos demuestran día sí y día también al realizar juicios de valorprejuicios en última (y primera, vaya) instancia– sobre todo tipo de personas que tienen un criterio político distinto al suyo; personas que por una u otra razón apuestan por unas vías y/o unas formaciones que, a ojos de estas otras, son y serán responsables de todos los males de la humanidad desde la antigua Sumeria hasta el día del juicio final. Y no solo me da rabia que hagan tales cosas por el error de análisis que supone y por lo injustos que pueden llegar a ser con esas personas (que además no conocen en la mayoría de casos), sino porque eso lleva a rechazar de forma directa la colaboración con unas personas con las que se comparten muchas más cosas de las que se difiere. Y, ojo, hablo de forma general. Evidentemente, como en todos los sitios, hay de todo. Y es por eso mismo por lo que al menos debería brindarse la oportunidad de comprobar si esto es así o de otra manera. Yo simplemente me limitaré a poner sobre la mesa que en no pocas veces he tenido la ocasión de darme cuenta de que comparto más cosas con dichas personas que con aquellas que se supone que, por definición ideológica, son más cercanas a mí. Y es que, ¿qué es y para qué sirve una etiqueta ideológica? Reza el viejo dicho aquello de Por sus hechos los conoceréis, y es ciertamente complicado ser revolucionario en los tiempos que corren si uno no está dispuesto a asumir el trabajo que conlleva preparar una revolución y, por ende, a un pueblo que sea capaz de llevarla a cabo.

Pero bueno, como no soy de aquellos a los que les gusta dar rodeos, explicaré de forma abierta a qué me estoy refiriendo, aunque creo que la cosa se intuye fácilmente. Me refiero a todas aquellas personas que no soportan o aíslan en su gulag ideológico a aquellas que apuestan por la vía electoral o que forman parte de partidos o candidaturas municipales concretas, léase Ganemos, Podemos, las CUP, Barcelona en Comú o lo que se quiera. Y cuando hablo de éstas últimas esto no me refiero a personas que ostentan cargos públicos con responsabilidades (cosa bien distinta y de la que también se podría hablar), sino de gentes que simple y llanamente apoyan la intención primigenia de la formación en cuestión y participan en ella. Lo que vienen siendo las bases de un partido.

Es posible que el lector conozca a estas personas más bien por el término comúnmente utilizado para denominarlas en el lenguaje de ciertos autoproclamados revolucionarios y revolucionarias de toda índole: esto es, reformistas. Gente que ha decidido brindarle su apoyo a otra gente que ha decidido entrar en unas instituciones que –sí, sí, ¡que yo también pienso eso!- están viciadas desde el mismo principio.

Y, por sorprendente que pueda parecer, con muchos de ellos y ellas compartimos muchas cosas. La mayoría de ellos y ellas apoyan la labor y el fortalecimiento de los movimientos y las organizaciones sociales –muchas de ellas de hecho han militado en los movimientos o lo siguen haciendo– y hasta desconfían de la propia institución y creen que sin un pueblo organizado la cosa es más bien oscura. Y yo creo que al rechazar cualquier tipo de colaboración con ellos y ellas cometemos un tremendo error. Porque no tenemos por qué apoyarles en sus objetivos electoralistas o partidistas, pero sí podemos unirnos por la consecución de algo en lo que todos y todas estemos de acuerdo –y además participemos en igualdad de condiciones–: por la (re)municipalización de algún servicio público, por la visibilización y la lucha contra las violencias machistas, por el fortalecimiento de los sindicatos combativos, por la auditoría y el impago de la deuda odiosa, por el fin de los desahucios o la gentrificación y un largo etcétera. Incluso por la crítica o la desobediencia a ciertas actuaciones de un gobierno (municipal, autonómico o estatal, da lo mismo) en el que su partido forme parte.

Y es que, de nuevo, me resulta curiosa otra cosa: esta vez la hipocresía o las contradicciones que pueden llegar a cabalgar algunas personas. A mí no me importa tener contradicciones, porque entiendo que eso es inherente al ser humano político y, de hecho, creo honestamente que no me hace menos coherente. Pero no deja de resultarme llamativo que algunas personas veneren o alaguen al 15-M (como yo también hago) mientras a la par critican cualquier tipo de relación con personas pertenecientes a partidos o candidaturas parlamentarias. Lo digo porque los hay que ponen el grito en el cielo si uno organiza una asamblea o encuentro y acuden personas de todo tipo entre las que se cuentan aquellas que apoyan las actuaciones de un ayuntamiento o gobierno. Pues mira que yo me harté de escuchar afirmaciones de ese tipo durante el 15-M (o, bueno, más bien de reivindicar cambios institucionales o de crear un partido, ya que todavía no había empezado la ola política de Podemos) y eso no me hizo ponerme a maldecir como un loco.

Siempre me parecerá increíble que algunas personas tengan la valentía de criticar una posición entre bastidores o entre cañas y luego no la tengan para hacerlo en un espacio público en el que se goza de la misma oportunidad de participación que el resto. Si tienes una opinión distinta a la de una persona que se ha pronunciado, toma la palabra y hazlo saber. Puedo asegurarte que el mundo mejor que deseas no va a venir por arte de magia, y menos aún si cuando se te plantea una situación así eliges callar y despotricar luego cuando ya nadie o solo los que piensan como tú escuchan.

Puede parecer sorprendente, pero, en cuanto una sale de su círculo político de confort, se encuentra con que –¡voilà!– existe gente que piensa distinto. Lo maravilloso de todo esto es que puedes convencer con argumentos –y con tu actitud y acción. Recordemos el viejo dicho de antes–. Lo que está claro es que el silencio o la difamación nunca han sido buenas herramientas para hacer ver nada a nadie.

Yo, desde luego, puedo garantizar que el intercambio de opiniones no mata a nadie. Lejos de eso, enriquece, incluso aunque se tengan conversaciones con personas que tienen una visión opuesta a la propia en algunos temas. El pensamiento es libre, puedes decidir lo que tú quieras. Y el pensamiento es algo vivo: si lo dejas encerrado entre cuatro paredes, tarde o temprano terminará pudriéndose.

Finalmente, entiendo que uno/a pueda sentir una sana desconfianza hacia gente que tiene un pensamiento distinto al suyo en ciertas cuestiones, pero lo que nunca entenderé es lo poco revolucionarios que pueden llegar a ser algunos autoproclamados revolucionarios. Gente que, en última instancia, parece odiar a ese pueblo que se supone que le gustaría ver libre. Bien porque les parece tonto, bien porque les parece políticamente “desviado”. Contagiado.

Y no vaya a ser que, por Dios mío, nos lo vayan a contagiar a nosotras.

Anónimo

Los modelos de organización de un movimiento revolucionario. La relación entre una minoría activa y un movimiento social

@BlackSpartak

Estamos en una época en la que podemos hacer ya un balance serio de los procesos revolucionarios sucedidos en los últimos dos siglos. Si nos interesa hacer las cosas de cierta manera deberá ser porque así lo hemos elegido, sabiendo bien porqué lo elegimos y en qué nos puede beneficiar.

En este sentido pretendo hacer un esquema con los tipos de relación entre una «minoría activa» y un movimiento de masas. Para aclararnos: por un lado la minoría activa de personas militantes será en algunos casos una organización estructurada y en otros casos simplemente estarán organizados de forma informal pero sin pretender conformar nada estable. Por otro lado en cuanto a movimiento de masas me puedo referir a un movimiento social (feminismo, ecologismo, vivienda, salud, juventud, etc.) o a un movimiento popular (obrero, campesino, indígena, liberación nacional, etc.)

Para hacerlo más entendible utilizaré ejemplos de la izquierda revolucionaria europea, concretamente del movimiento obrero y libertario ibérico, aunque con lógicas referencias a otras partes del mundo. Por último, una vez expuestas las partes quiero poder aplicarlas a otros movimientos revolucionarios de la historia, para ver de qué modo encajan.

Monismo organizativo (una organización que es política y social a la vez)

Se trata de la equiparación de un movimiento de masas a los intereses, forma de funcionamiento y objetivos de la minoría activa. Es decir que los principios, tácticas y finalidades de ambos coinciden plenamente.

Para este apartado recomiendo la lectura del texto La búsqueda de la unidad anarquista: la Federación Anarquista Ibérica antes de la II República.

Se trata de una historia de la FAI previa a la II República y todos los debates que tuvieron en torno a la relación con la CNT. Pienso que aclarará mucho las cosas.

– Movimiento social autónomo

Este caso es siempre así como comienza un movimiento social en nuestros días. Existe una problemática. La gente se organiza en torno a ella. El movimiento crece y se van formando tendencias en cuanto a la práctica y en cuanto a la teoría. Por tanto aparece la política.

En el ejemplo del movimiento obrero tenemos la aparición instintiva de anarquistas organizados dentro de los sindicatos. Estos militantes hablaban entre sí, tenían sus congresos y sus periódicos, pero no tenían una organización propia. Las decisiones estratégicas se hacían en forma de consigna que podría salir de un pleno o bien que aparecía en sus periódicos: «Todos a hacer X a partir de ahora». Pero lógicamente no todo el mundo las seguía.

Este tipo de estrategia se dio durante la creación de la CNT. En aquella época los anarquistas estaban dentro de las sociedades obreras. Aunque querían que ésta central sindical fuese lo más acorde con sus ideas, como es lógico, no presionaron para definirla ideológicamente. Al contrario, la planteaban como un organismo unitario de la clase trabajadora. El anarquismo jugaría el papel de «minoría activa», pero una minoría que se veía a sí misma como un «motor» del movimiento, un garante de que este movimiento iba a hacer bien las cosas.

De manera parecida hoy en día ocurre en muchos movimientos sociales o luchas populares grandes. Por ejemplo en la Z.A.D. contra el aeropuerto de Nantes, hay un sector de militantes influido por las ideas del «Comité Invisible» y similares. Logicamente sus posiciones no son iguales que las del resto del movimiento (campesinos de la zona, otros jóvenes que apoyan, gente de otras ideologías). En su caso se puede decir que conforman una minoría activa que influye en el movimiento en su conjunto.

– Anarcosindicalismo y sindicalismo «puro»

El siguiente estadio del desarrollo político de los movimientos es que si existe una tendencia que predomina y logra la hegemonía, lo normal es que intente equiparar el propio movimiento consigo misma. Esto le ocurrió al anarcosindicalismo.

En este caso el movimiento sindical, la CNT, era a la vez política y social. Esto ocurría por el claro predominio del sector libertario en los sindicatos. Manuel Buenacasa decía que en el Congreso de Sants «las diecinueve veinteavas partes de los delegados eran anarquistas», y aún así habían respetado la naturaleza autónoma del sindicato. Aún así, a partir de entonces se comienza a hablar de «anarcosindicalismo». Se trataba de un «sindicalismo revolucionario» hecho por anarquistas (que habían logrado la hegemonía). El sindicalismo era la potencia, la capacidad para hacer la revolución. El sindicato era la entidad que gestionaría la sociedad socialista, su columna vertebral. De hecho los anarcosindicalistas nunca llegaron a aceptar en serio que los municipios fueran otras unidades administrativas válidas en la sociedad socialista.

Por otro lado, el concepto «sindicalismo puro» viene de aquella tendencia que existió dentro del sindicalismo revolucionario que rechazaba el anarquismo por lo que fuera (les caían mal, no les parecía practicable lo que decían, querían consolidar los sindicatos primero, eran etapistas… lo que fuera). Entonces se generó una «minoría activa» que defendía el sindicalismo «a secas» a capa y espada contra lo que entendían una «anarquización» de la CNT (que entendían como errónea, como veremos ahora). De ahí saldría años más tarde la tendencia «treintista». Otro apunte, que fueran sindicalistas «puros» no quiere decir ni que fueran republicanos ni que fueran socialistas: eran sindicalistas y querían que los sindicatos fuesen independientes y también determinantes tanto para hacer la revolución como para gestionar la sociedad después.

– Movimiento Obrero Anarquista (MOA) o «forismo»

La FORA de Argentina tenía una minoría activa de anarquistas, que en su Quinto congreso lograron que triunfara su visión sobre sus finalidades (comunismo anárquico), sus estrategias (la huelga general y la insurrección obrera) y sus principios (los principios comunes a todo el anarquismo). Poco a poco los sindicatos de esta central sindical fueron pareciéndose cada vez más a grupos anarquistas que hacían sindicalismo en vez de sindicatos que tuvieran principios libertarios. Es decir, que se le dió la vuelta a la idea de sindicato. Esto provocó a su vez que todos los sindicatos que no estaban de acuerdo con ello, rompieran y crearan otra central sindical de carácter más neutro.

Esta manera de hacer las cosas fue teorizada más tarde por Abad de Santillán y López Arango en los años 20 y traía a Europa. En bastantes grupos anarquistas del momento (entre 1915 y 1925) esta idea caló. Por ello también intentaron «anarquizar» la CNT. Pero la desarticulación de los sindicatos en la dictadura de Primo de Rivera impidió que pusieran en práctica sus ideas y en vez de en el sindicalismo estuvieron muy activos en los ateneos y en la cultura o participarían de las conspiraciones contra la Dictadura.

Este tipo de movimiento también se propuso en la USI italiana. Se propuso que se debía fusionar con la Unione Anarchica Italiana, que era la específica. Fue rechazado, pero vemos que este debate también se dió en otros lugares.

En el exilio de la CNT en Francia en los años 50 y 60 esta idea organizativa fue puesta en práctica. Llegó a existir una estructura de CNT en las diversas ciudades y pueblos franceses pero que no tenía ningún tipo de actividad sindical, sino que trataban únicamente de temas políticos (siempre mirando a España) y culturales, ya que si querían hacer sindicalismo lo que tenían que hacer era unirse a los sindicatos franceses. En este caso hablar de CNT (la del exilio) era hablar de una organización anarquista sin lugar a dudas.

En nuestros días lo propone el sector ‘ortodoxo’ de CNT (la de los 80 y 90), y buena parte de la AIT, que entiende que los sindicatos anarcosindicalistas tienen que ser anarquista. De hecho equiparan anarcosindicalismo con anarquismo indistintamente.

No es exclusivo esto al sindicalismo, sino que también en algunos lugares se ha visto plantear un movimiento de vivienda exclusivamente anarquista, y hay otros ejemplos como el anarcofeminismo. Porque, ¿el anarcofeminismo es un feminismo hecho por anarquistas? ¿es un anarquismo que deviene en feminista? ¿una confluencia de ambas ideas? Dependiendo de la respuesta tendremos una estrategia que encaja en este apartado.

La crítica que se le puede hacer, es que si el movimiento social es grande, por lógica será plural política e ideológicamente. Por tanto si los anarquistas quieren montar su movimiento lo que están haciendo es cediéndole el resto del movimiento social a sus rivales políticos.

– Movimientismo

Es una crítica que hacen las organizaciones leninistas a estos movimientos que se niegan a admitir el dualismo organizativo (esto lo veremos más adelante). Es decir, que quieren mantener su movimiento social totalmente autónomo. Pero va más allá, el movimientismo es el movimiento por el movimiento y en ocasiones llega a ser hostil a cualquier organización política que intente marcarle el camino.

Sus peligros son que muchas veces este movimiento no tiene desarrollada su capacidad política y cae en el reformismo o bien es embaucado por otras fuerzas políticas mejor organizadas y lo canalizan por donde quieren. También puede significar sectorializar la lucha y centrarse en lo concreto ya que carece de objetivos a largo plazo más allá de la lucha en sí misma.

El ejemplo típico es el de algunos movimientos estudiantiles, que se agotan en sí mismos y que no consiguen ni relevo generacional ni aprender de los errores y fracasos de otras luchas previas. Muchas asambleas del 15M tuvieron esta manera de entender las cosas.

– Tendencias organizadas

Se trataría de ir un paso más allá de la minoría activa y organizarse «de verdad» a la hora de participar en movimientos amplios.

Por ejemplo en la Primera Internacional había unas organizaciones sindicales (la Federación de la Región Española por ejemplo), que eran mayoritarias y también había sectores políticos como por ejemplo un sector marxista y otro sector bakunista (en realidad había otros sectores socialistas y republicanos como los blanquistas, mazzinianos, carbonarios, proudhonianos, lassalianos, etc.). Todos estos sectores políticos competían entre sí. Y algunos de ellos tenían su propia organización política de manera «disimulada». En el caso de los partidarios de Marx tenían vínculos estrechos desde la Liga de los Comunistas, ya disuelta. Y los partidarios de Bakunin tenían la Alianza por la Democracia Socialista.

En el caso español los bakunistas estarían en la Alianza, a la que se fueron afiliando por juramento (se supone que una vez aceptado su programa). Eran decenas de militantes anarquistas que a su vez eran miembros de la Federación de la Región Española (el sindicato) y de hecho solían tener cargos en ella. En este caso la Alianza permanecía bastante a la sombra, aunque años después era muy obvio y era en ocasiones un punto de los plenos y congresos de los sindicatos.

Este tipo de organización también lo quiso hacer el grupo de marxistas que había en CNT a primeros de los años 20. Entonces crearon a iniciativa de Maurín los Comités Sindicalistas Revolucionarios. Su objeto era crear su tendencia y estructurarla para con el tiempo crear su partido sobre ella. No era un partido al margen del movimiento social, sino que vivía en su interior. En los años 30 ya tenían sus partidos y animaron lo que se llamó sindicatos «autónomos». En realidad eran autónomos de los anarquistas, pero afines al comunismo del BOC y del POUM.

Dualismo organizativo (2 organizaciones, una política y una social)

Se trata de la separación de lo político y lo social en dos organizaciones diferentes. Las dos estarán en relación para complementarse, pero cada una tendrá una vida autónoma.

– Partido-movimiento

La manera típica de entender la lucha de masas es el duo partido-movimiento. El marxismo lo esbozó y el leninismo lo sistematizó. Aún así esta manera de hacer las cosas la puede utilizar cualquier tendencia. Lo más conocido podría ser el ejemplo del socialismo, creando un partido y un sindicato, como fue el PSOE y la UGT. El anarquismo en ocasiones lo utilizó como fue la OARE de la década de 1880s respecto del movimiento sindical (primero FTRE y luego Pactos de Solidaridad).

Es decir, que se pasa de una tendencia organizada en el seno de un movimiento para convertirse en una organización independiente. En el caso de la Alianza por la Democracia Socialista, al disolverse oficialmente para entrar en la AIT, deja de ser una organización independiente para ser una tendencia organizada. Aquí podría haber un debate sobre si de verdad estaba disuelta o aún seguía existiendo. Si estaba disuelta y sus miembros hablaran entre sí, estaríamos ante el ejemplo de una tendencia. Pero si la organización siguiera con vida (guardando las apariencias para poder estar dentro de la AIT), entonces estaríamos ante el ejemplo de partido-movimiento. Tanto da, porque el resultado fue el mismo.

Será el mismo caso de los siguientes ejemplos.

– Plataformismo / especifismo

Algunos anarquistas tras la Revolución rusa hicieron balance. No les gustó nada la actuación del movimiento libertario ruso y achacaron gran parte de los errores a la desorganización crónica de éste que le dio mucha ventaja al bolchevismo justo en el momento clave. Por tanto para evitar que esto se repitiera le proposieron al movimiento libertario una estrategia, la plataforma.

La plataforma consistía en crear una organización anarquista unida por unas estrategias (la lucha de clases), unas tácticas (utilizar el sindicalismo), un objetivo (el comunismo libertario), un programa y una disciplina. Entonces la plataforma no aúna a cualquier anarquista, sino que solo junta a quienes aceptan todo eso.

Como dice el texto enlazado, la plataforma apareció en un momento inoportuno en Francia. En aquellos años el movimiento libertario había abandonado los sindicatos (el movimiento social) y estaba generalmente inclinado hacia la bohemia, el individualismo y la búsqueda de la vida libre. Por tanto cuando aparecieron unos militantes que hablaban de programa y disciplina, les debió sonar a bolchevismo.

Sin embargo no era más que volver a Bakunin (en su época programa se llamaba catecismo revolucionario; se hacía juramento solemne, etc.). El movimiento de Bulgaria se estructuraba siguiendo la plataforma y entre 1944 y 1948 tuvo su oportunidad revolucionaria.

Luego estas ideas las recogió la FAU de Uruguay en los años 50-60-70 y las actualizó. Entre otras cosas también cambió el nombre a especifismo (que tiene su origen en la organización «específica», como la FAU) y le cambió el ámbito de actuación, que ya no era la lucha de clases como motor de la historia, sino que lo ampliaba a todo el «pueblo» o a la «lucha popular» en toda su amplitud, de la cual la lucha de clases era uno de los frentes. De ahí que se diga que la FAU era una organización nacional-popular similar a las organizaciones marxistas y latinoamericanistas de izquierdas que abundaban en aquella época.

– El modelo FAI o la síntesis

El faísmo pretendía tener dentro de la organización libertaria a todo tipo de libertarios. Lo que le importaba era la unidad anarquista y no tanto el programa. Quizá por eso algunos plenos eran tan conflictivos. Con esta forma de actuar realmente seguían lo que en el siglo XIX se llamó «anarquismo sin adjetivos».

Pero a nivel práctico la FAI actuaba de forma bastante seria y quería vincularse a la CNT para que ésta no se conformara con un sindicalismo reformista o bien que acabara en manos del marxismo. Para ello consiguieron convencer a los anarcosindicalistas de los comités de CNT para poder impulsar dos organismos unitarios: el comité de acción revolucionaria y el comité pro-presos. En la República esto se amplió a los Comités de Defensa (que en principio eran solo de CNT, pero en la práctica los formaba gente en la órbita de la FAI). Ambos iban a ser conjuntos CNT-FAI. Este es el inicio de lo que se llamó la «trabazón». Esto es básicamente lo mismo que lo que tenía el PCE con sus sindicatos o el PSOE con la UGT. De hecho en inglés los historiadores libertarios usan la misma palabra tanto para hablar de la trabazón de la FAI como la relación del PCE con sus sindicatos.

Sin embargo, no se puede decir que la FAI en bloque controlase la CNT. Eso no fue así. La FAI nunca fue un bloque. Lo que ocurrió fue que dentro de la FAI había distintos grupos anarquistas con prestigio que tenían grandes redes de grupos afines. Por ejemplo el grupo «Nosotros» tenía grupos afines en media España. Lo mismo con el grupo «Nervio», y así con otros. Cada uno de estos grupos representaba una tendencia política (táctica y estrategia) en el seno de la FAI. Por eso no había unidad política sino que la unidad era simbólica de puertas afuera.

– El «treintismo»

Si bien comenzó siendo una tendencia de la CNT, con el tiempo creó su propia organización política, que fue la Federación Sindicalista Libertaria. Su objetivo era terminar controlando el movimiento obrero e impulsarlo hacia la gestión de la economía. De cierta manera se convirtió en una anti-FAI cuando perdió el control de las secretarías, los comités y de Solidaridad Obrera. Sin embargo no pudieron desarrollar su corriente política más allá de 1934 y en el Congreso de Zaragoza de 1936 la mayoría volvería a CNT. En CNT esta corriente volvería a tener fuerza durante la Guerra civil llegando a determinar gran parte de la estrategia de la Confederación. Desde la postura más revolucionaria en 1937 se acusaba a los comités superiores de CNT de ser «treintistas».

Otro caso distinto sería el de Angel Pestaña, que crearía en 1928 una «unión de militantes», para poder dirigir CNT, aunque no tuvo mucho éxito. Recordemos, una unión de militantes sería una tendencia interna ya que no pretendía crear nada independiente del movimiento sindical. En los años de la República su estrategia derivó en la creación del Partido Sindicalista, que al ser boicoteado por el anarcosindicalismo y las específicas FAI y JJ.LL. (e incluso por la FSL) no pudo llegar lejos.

Casuística

Pasemos a analizar entonces algunos ejemplos de la historia revolucionaria para ver donde encajarían.

– Consejismo

El movimiento de los consejos obreros alemán era una opción de gestión socialista de la sociedad. Se basaba en los consejos obreros como organismos de poder. Su principal fuerza partidaria fue el KAPD alemán, y tuvo varios partidos hermanos en Holanda, Gran Bretaña, etc. En este momento vemos una estrategia de partido-movimiento: el KAPD influye en el movimiento de los consejos. Además el partido impulsó un sindicato, la AAUD, que era una especie de sindicato formado por asambleas de trabajadores que se oponían a los sindicatos socialdemócratas en la defensa de los consejos obreros.

Sin embargo con el tiempo tuvo su escisión. De este partido salió un buen número de gente para formar la AAUD-E que era un movimiento político y social a la vez, en una sola organización. Y por tanto exigía la disolución del partido.

– Autonomía

La autonomía no es fácil de explicar ya que tuvo diferentes facetas según las épocas y los distintos territorios en donde se ponía en práctica.

En principio todo parte de la autonomía obrera o autonomía proletaria (u operaia) de Italia. En este momento existían diversos partidos pequeños (algunos no tan pequeños) que la defendían. Pero la autonomía se daba en las asambleas de trabajadores, de estudiantes, en los barrios, etc. A mediados de los 70 aquella fase fue superada y la autonomía se generalizó en una parte de la población, que comenzó a actuar sin necesidad de consignas de los partidos. Por tanto la mayoría de los partidos de extrema izquierda se terminaron disolviendo en el movimiento autónomo.

En este caso adoptaron en gran medida el movimientismo, ya que el movimiento (o el movimiento de movimientos) se bastaba a sí mismo. El rol de partido lo tomaban las revistas, que se difundían masivamente y era el foro de debate de todo el movimiento. Aunque el movimiento intentó llevar a cabo algun congreso para determinar la estrategia, en realidad tampoco serían representativos ya que la gente actuaría a su manera sin hacer caso de las mayorías.

En América Latina las actuales autonomías toman de referente la Europa de los años 70, pero lo adaptan a su experiencia política propia. Los pueblos indígenas y campesinos la practican. Pero tienen sus congresos indígenas y su estrategia compartida. De alguna manera la existencia de un EZLN ha marcado las pautas a seguir, sin necesidad de estar sometidos a ese movimiento.

En Europa la autonomía se desarrolló con el movimiento de las okupaciones. También entró en los distintos movimientos estudiantiles de distintas épocas. Tuvo fuerza en Alemania y Holanda en los años 80. Y de vez en cuando tiene períodos de expansión, como ahora ocurre en Francia. Oscila entre el movimientismo y el movimiento social autónomo (consciente de sí mismo) pero con tendencias internas basadas en las influencias políticas de cada sector.

– La CNT en sus períodos

Podemos reconstruir las diferentes etapas de CNT según ha predominado una estrategia u otra.

  1. desde 1910 a 1918-23 predomina la participación de los anarquistas sin organizarse en cuanto a tendencia propia. Éstos construían el movimiento social y sindical. El anarquismo adopta la idea del sindicalismo revolucionario (→ es decir, que los sindicatos serán los organismos de gestión de la futura sociedad socialista // nada que ver con radicalismos verbales de hoy en día).

  2. Período 1918-23. Comienza el anarcosindicalismo. La mayoría de los sindicatos se han «anarquizado» y se reivindican como parte del movimiento libertario. A la vez existe una tendencia interna organizada que encabezan los marxistas (Maurín, Nin, Andrade…)

  3. Período 1923-28. Hay bastantes grupos anarquistas que plantean que CNT debería ser un MOA, un movimiento anarquista y no anarcosindicalista. Sin embargo en los debates gana la idea de crear una organización aparte.

  4. 1927-33. Existencia de la FAI que se postula como organización hermana de la CNT. Se desarrolla la trabazón, y existe un dualismo organización política-movimiento sindical. A la vez existe una tendencia interna de oposición (aunque también querían controlar la CNT a su manera) que es el treintismo. Se expulsa el sector marxista en bloque (PCE en Andalucía y Asturias y BOC en Catalunya).

  5. 1934-36. El treintismo rompe el movimiento y creará su propia organización, la FSL.

  6. 1936-39. Se da la paradoja que en el momento clave de la guerra civil la FAI no tiene una postura unitaria. Por tanto se cae en cierto seguidismo respecto la postura de los sindicatos (en donde existe influencia del treintismo). Por tanto es el sindicato el que marcará la dirección estratégica de todo el movimiento libertario. Incluso la FAI se irá amoldando a esta situación, que reconocen como natural.

  7. 1939-45. Reconstrucción

  8. 1945-75. En el interior predomina una orientación de CNT como sindicato y nada más. Los grupos anarquistas del interior actúan normalmente al margen de CNT. En el exilio se convierte en la práctica en dos partidos, según las dos posturas mayoritarias en las que estaban divididos los anarquistas. Entienden la CNT como organización anarquista unos y los otros como organización sindicalista revolucionaria que tendría como prioridad la consecución de una República (sería el sector partidario de la colaboración con el resto de fuerzas antifranquistas).

  9. 1976-79. Se prioriza la creación de un gran sindicato, CNT. Es la organización vehiculadora del movimiento. Dentro existirán diversas tendencias que se enfrentarán.

  10. 1979-89. Periodo de enfrentamientos en el seno del anarcosindicalismo. El sector posibilista aceptarán los comités de empresa como gestores de los intereses de la plantilla, y el otro sector se niega. De hecho al tampoco tener activas muchas secciones sindicales cae en el forismo, el MOA. Para este sector CNT suele ser igual a una organización anarquista.

  11. Con los años una buena parte de CGT ha olvidado que la razón de ser del anarcosindicalismo es que los sindicatos gestionen la economía (quizá culpa de la penosa correlación de fuerzas que tenemos los sectores revolucionarios en general). Mientas que la CNT-AIT tuvo dos tendencias importantes, una la de que los sindicatos eran casi lo mismo que un grupo anarquista. La segunda de intento de volver al anarcosindicalismo, que ha ido ganando terreno en los últimos tiempos.

Todo esto es evidentemente opinable. Escribo bastante a grandes rasgos, pero con la idea de hacer una reflexión sobre la estrategia organizativa concreta de nuestras organizaciones.

– Movimiento popular vasco

En este caso siempre se ha dotado de la figura del partido. En ocasiones varios. El movimiento popular tiene una parte formal conformada por Sortu/Bildu, Ernai y LAB, y por otra parte tiene un gran entorno informal que es la lucha por el Euskera, la lucha ecologista y feminista, su red de gaztetxes sus grupos de música, prensa y radios, etc. No tiene organización estratégica (como fue EKIN) sino un partido de masas que es quien marca el rumbo de todo el movimiento. Este sistema es el que se calca desde otros movimientos de liberación nacional.

Conclusiones

En definitiva, vuelvo a insistir que nunca se debe mitificar una estrategia, porque lo que es adecuado para un contexto puede que no lo sea para otro. Por ello los movimientos revolucionarios deben fomentar el análisis y el estudio de los escenarios y las coyunturas en las que se encuentran para poder determinar el camino hacia sus objetivos.

 

«Ha faltado confluencia entre las plazas y el mundo del trabajo». Entrevista a Embat.

Embat es una organización libertaria de Catalunya. Una red de militantes que hace un par de años iniciaron un proceso de análisis político y estratégico con el poder popular como base. Desde entonces han compartido sus posicionamientos en cuestiones como el Procés sobiranista catalán, las remunicipalizaciones o la represión, que han difundido también en redes como Facebook y Twitter. Ese proceso dio origen a una organización, como ellos mismos nos cuentan, nacida para fomentar y dar soporte al movimiento popular.

Charlamos sobre la actualidad de Catalunya y España; sobre los movimientos sociales, sus desafíos y su necesidad de confluencias; sobre nuevos tipos de sindicalismo y sus relaciones y, también, sobre su propia organización:

Regeneración: Las instituciones políticas del régimen parecen bloqueadas ante la falta de gobierno en el caso del Estado Español y la falta de acuerdo en los presupuestos en el caso de Catalunya. ¿Cómo analizáis el momento político al respecto? ¿Qué aspectos os parecen destacables?

Embat: Como decís en estos momentos las institiciones estatales están semi-paralizadas por falta de entendimiento entre los principales partidos políticos. En realidad deberíamos destacar el hecho de que la aparición de dos de estos partidos (Podemos i la CUP principalmente) se debe a la irrupción en la arena política de una parte de los movimientos sociales que se activaron y crecieron al calor del ciclo de luchas del Movimiento del 15M en el estado español y del «Procés Sobiranista» en Catalunya.

El hecho de que estos partidos de alguna manera hayan sido muy importantes en la política durante los últimos dos años puede ser un indicador de la fuerza social que tenían detrás y que daban o dan legitimidad a sus políticas.

…tener un gobierno no significa tener el poder de cambiar las cosas de verdad. Para ello se necesita un pueblo organizado

En el caso del desgobierno o del bloqueo institucional que estas opciones representan, no es más que la constatación y la puesta en práctica del espíritu que las movía. Por un lado Podemos no puede apoyar el corrupto Régimen del ’78 y debe hacer todo lo posible por romperlo, ese es el mandato de sus bases; por el otro la CUP no puede permitir que Catalunya siga ni un minuto más inserta en la reaccionaria España de las autonomías y debe hacer todo lo posible por lograr la independencia, respetando, eso sí, su propio espíritu anticapitalista que es quien le ha dado la razón de ser.

Ambos partidos presentan contradicciones en la ejecución de sus políticas o en la lucha institucional allá donde han conseguido el poder. Es este el campo de fricciones entre la política y la sociedad civil, que a menudo ve como a pesar de que estas opciones tienen el gobierno local la vida cotidiana de las personas no cambia prácticamente nada. Es este el campo de actuación de las opciones de intención revolucionaria como Embat y de los movimientos popurales que vemos que tener un gobierno no significa tener el poder de cambiar las cosas de verdad. Para ello se necesita un pueblo organizado detrás.

R: Si los movimientos populares son la llave para desbloquear esta situación de modo que resulte una salida más propicia para las opciones revolucionarias, ¿Cómo pueden presionar, de una manera más concreta, esos movimientos populares en Catalunya y en España? ¿Qué estrategias consideráis ahora que se retoma el curso político?

E: En estos momentos y hasta que se ponga en marcha un nuevo ciclo de movilizaciones lo más importante es tejer alianzas entre los distintos movimientos. Tenemos que tener claro que las luchas de uno son las de todos. En este aspecto hay que tener una vocación «multisectorial» de la lucha. Y además, toda lucha debería extenderse más allá de su territorio, tejiendo nuevos lazos solidarios.

… hasta que se ponga en marcha un nuevo ciclo de movilizaciones lo más importante es tejer alianzas entre los distintos movimientos

Es decir, que para que una determinada lucha social triunfe lo más sensato es «socializarla» todo lo posible. Esto lo hemos podido ver en los últimos tiempos tras los desalojos de Can Vies y el Banc Expropiat en Catalunya o en la huelga de Movistar, por poner unos ejemplos. Cada colectivo, organización o movimiento social debería implicarse, en la medida de sus posibilidades, en luchas de solidaridad. De esta manera se va creando un caldo de cultivo proclive a las alianzas y confluencias.

Una huelga o una lucha vecinal tienen muchas más probabilidades de triunfar si sus reivindicaciones son recogidas por la sociedad civil en su conjunto. Por eso el sindicalismo mayoritario intenta siempre aislar las empresas en conflicto. Lo potencialmente subversivo es que los trabajadores de distintas empresas hablen entre sí y descubran lo que tienen en común y su fuerza colectiva. Y lo mismo ocurre con los conflictos comunitarios o estudiantiles.

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R: ¿Qué relación encontráis entre el momento político que viven las instituciones del régimen y el de los movimientos sociales?

E: Si en estos momentos existe este desgobierno también vemos que existe un período de desmovilización. Por un lado el ciclo de luchas del 15M ya se ha cerrado y por el otro, aún no ha nacido otro ciclo. Creemos que los distintos procesos electorales han desencantado a la mayor parte de la gente militante o activista.

A una parte se la han integrado en las instituciones y se la ha sacado de la calle. Otra parte ya se ha ido para casa al no haber conseguido victorias visibles en las luchas sociales. Y por último hay otro sector que se ha hecho bastante antipolítico, si es que no lo era ya de antes, debido a este hartazgo de la política del que hablamos ayudado por la constatación de los límites de los llamados «gobiernos del cambio».

R: La situación actual llega después de un lustro de importantes movilizaciones, ¿Qué conclusiones podéis extraer y qué creeis que ha faltado en este tiempo?

E: En estos años creemos que ha faltado una confluencia real entre las plazas y el mundo del trabajo. Como hemos visto en Francia durante los últimos meses, esta es una de las claves para ganar fuerza.

En estas Marchas [de la Dignidad] salió un millón de personas a la calle, se hizo un programa bastante avanzado, se ponían las bases para convocar una huelga general desde el anticapitalismo…

En estos años hemos tenido tres huelgas generales que se convocaron bajo otros cálculos sin tener en cuenta los movimientos existentes en la calle. Pero estos movimientos de calle las hicieron suyas y lograron que la huelga ganara mucha fuerza en numerosos lugares. En muchas ciudades los movimientos confluyeron con el sindicalismo alternativo y anticapitalista y le dieron la espalda al sindicalismo oficialista. Esta alianza tenía mucho sentido y como luego vimos durante las «Marchas de la Dignidad» pudo haber sido un movimiento popular realmente masivo. En estas Marchas salió un millón de personas a la calle, se hizo un programa bastante avanzado, se ponían las bases para convocar una huelga general desde el anticapitalismo… Pero justo por aquel entonces apareció Podemos.

Este partido venía de gente del 15M y del activismo. No había nacido directamente de estos movimientos, desde las asambleas populares, sino que se generó en paralelo o por afuera. Pero a costa de aparecer en los medios de comunicación de masas durante meses y tener unos buenos resultados en las elecciones europeas mucha gente que podía simpatizar con los movimientos comenzó a pensar que era mejor apostar por este partido que a sus ojos decía lo casi mismo, y que además comenzaba a tener algunas posibilidades de influir en la vida política…

Como hemos dicho antes, pensamos que los movimientos no estábamos preparados para este momento crucial. Los distintos sindicatos, partidos y movimientos que impulsaban las «Marchas de la Dignidad» estaban marcados por la vieja política de izquierdas que ha predominado en los últimos 30 años, y todas sabemos las grandes dosis de sectarismo, de ansias de protagonismo, de unilateralidad, de falta de visión global que ha caracterizado la extrema izquierda política y sindical. Ante el auge de Podemos esta izquierda fue incapaz de capitalizar nada. Y por el otro lado el «movimiento de movimientos» que era el 15M nunca se pudo estructurar de forma completa. Había ciudades o barrios más avanzados que otros dependiendo del tipo de activistas que impulsara sus asambleas. En resumen, no se pudo madurar y cuando apareció un partido que parecía reflejar más o menos los intereses y objetivos del movimiento mucha gente se subió al carro sin más.

Desde las izquierdas anticapitalistas seguimos teniendo […] un planteamiento muy partidista y poco de movimiento. […] No pensamos que se pueda madurar sin plantear estos problemas en serio.

R: ¿Creeis que sería posible a día de hoy repetir una experiencia como la de las Marchas de la Dignidad? Es más, ¿Estamos mejor preparados en este momento? ¿Creeis que se ha madurado?

E: Creemos que en estos momentos no se podría repetir aquello. Desde las izquierdas anticapitalistas y los movimientos sociales seguimos teniendo los mismos planteamientos en tanto alianzas. Por así decirlo, se trata de un planteamiento muy partidista y poco de movimiento. Cada organización piensa que en una lucha conjunta se llevará el público que participa para su parcela. Por tanto se dan dinámicas de competición entre organizaciones y de desconfianza mútua. Todo esto va en contra del interés común que nos ha movilizado.

No pensamos que se pueda madurar sin plantear estos problemas en serio y de forma sincera en foros compartidos por todos los movimientos y no sólo de un sector ideológico. Se madurará cuando tengamos como prioritario lo colectivo sobre lo partidista. Pero para empezar no estamos ni siquiera generando estos espacios de debate estratégico.

R: ¿Qué aspectos os parecen más relevantes de cara al futuro de las luchas sociales y en qué líneas está trabajando Embat?

E: Nuestro objetivo es que aparezca en Catalunya, nuestro ámbito de actuación, un nuevo movimiento popular que active un ciclo de luchas. Este movimiento popular o movimiento de movimientos debería tener su propia orientación política y convertirse en un nuevo actor en el panorama político catalán. Deberá ser una entidad que los poderes existentes sean incapaces de ignorar y que esté presente en todos los barrios y pueblos. Ni podemos dejar el proceso soberanista en manos de la derecha burguesa ni podemos tampoco permitir que la contestación a las numerosas causas por las que luchar quede o bien en manos de una galaxia de colectivos que no se coordinan y que por tanto poco pueden lograr, o bien que queden en manos de fuerzas políticas que lo llevarán por la via institucional cooptando las luchas. Además este movimiento popular debería poder conectar con el sindicalismo de base, que es un aliado necesario para la activación del ciclo de luchas.

R: Sin embargo, parece que sigue dándose una cierta ruptura entre sindicalismo y nuevos movimientos sociales, hasta el punto de que parecen vivir cierto auge las redes de solidaridad y otros modelos que podríamos entender como sindicalismo barrial o vecinal. Iniciativas con una propuesta más integral, partiendo de lo laboral hacia ámbitos como la educación o el consumo. En realidad algo muy similar a lo que ha hecho el sindicalismo revolucionario a lo largo de su historia, pero renegando del sindicalismo o, al menos, de las organizaciones sindicales existentes. ¿Qué opinais de estas propuestas? ¿Qué puede hacerse para superar esa brecha entre militantes sindicales y sociales?

… las mareas, el sindicalismo alternativo, el sindicalismo precario y el sindicalismo de barrio le tenemos que dar la vuelta al panorama laboral de este país en los próximos años y contagiar el resto de la sociedad.

E: El sindicalismo en general está llevando a cabo un proceso de regeneración. Lo podemos observar a partir de esas redes de solidaridad que comentáis. Estas redes las lideran gente que proviene de los movimientos sociales y que no confía demasiado en los sindicatos de clase tal como funcionan ahora mismo. Igualmente surgen otros sindicatos de profesiones hasta ahora no sindicadas como los «manteros» de Barcelona, las «Kellys» de la limpieza, el sindicato de músicos…

También en el sindicalismo alternativo se van abriendo camino iniciativas para los sectores más precarizados. Esto lo ejemplifica el sector de las TIC organizado en CGT, o los del espectáculo, figurantes, estatuas humanas que se van organizando en CNT, así como sus secciones de hostelería… por poner unos ejemplos. Tampoco podemos olvidarnos del auténtico sindicalismo comunitario que ejemplifica la PAH, Stop Deshaucios, la FAGC y similares, y las luchas de la vivienda en toda su extensión.

Bien, como vemos se está abriendo paso un nuevo tipo de sindicalismo del precariado. Aún no confluye entre sí y cada cual va por libre, pero se trata de una clara estructuración de la clase trabajadora en nuevas organizaciones.

Pensamos que necesariamente este sindicalismo tendrá que confluir con todos los sectores laborales más normalizados y estables. La idea de las mareas (blanca, amarilla, verde, naranja, morada, etc.) que se dieron para protestar contra los recortes pudieron haber conseguido abrir una nueva forma de sindicalismo de base. Sin embargo, las burocracias sindicales estuvieron atentas y lograron controlar la disensión. De todo aquello quedan algunos buenos ejemplos como el de la huelga de profesorado de Baleares de hace un par de años o la huelga de Movistar. Desde luego cada vez que hay una huelga percibida como una huelga «de verdad», los movimientos sociales están dispuestos a echar una mano como ha ocurrido en Panrico, en Coca-Cola, o en Transportes de Barcelona.

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Volviendo al principio, las redes solidarias suponen una oportunidad de generar un sindicalismo comunitario, hecho desde los barrios. Sin embargo tienen el problema de que hoy en día hay tanta movilidad en la sociedad que casi nadie trabaja en el barrio en el que vive. Por tanto es obvio que para lograr victorias laborales tendrán que colaborar con otros sindicatos y con otros barrios. Creemos que estas confluencias serán lo que marcará la diferencia y que pueden tener el efecto de generar asambleas laborales de barrio hechas por sindicalistas y militantes solidarias de un determinado territorio, independientemente de la organización sindical a la que pertenezcan.

Entonces entre las mareas, el sindicalismo alternativo, el sindicalismo precario y el sindicalismo de barrio le tenemos que dar la vuelta al panorama laboral de este país en los próximos años y contagiar el resto de la sociedad.

R: Respecto a Embat, lleváis ya varios años funcionando. En este tiempo habéis pasado de ser proceso a constituiros como organización política ¿Cuáles son los principales avances que habéis experimentado y qué podemos esperar de Embat en el futuro?

E: Como decís ya hemos pasado la fase embrionaria de creación de identidad y estructuras, de generación de objetivos y de clarificación de tácticas y estrategias. Entramos en el momento de consolidar definitivamente nuestra estructura y expandirnos territorialmente y, por supuesto, mejorar de lo dicho anteriormente. Si bien somos una organización relativamente nueva, en estos momentos intentamos poner las bases para que surja ese movimiento popular del que hablamos que es nuestro objetivo estratégico. Sin él no podemos pensar en cambiar el estado de las cosas y por tanto seguiremos dependiendo de la gran política hecha desde arriba. Evidentemente Embat no es el movimiento popular, sino que seremos una de las muchas organizaciones, colectivos o movimientos que lo compondrán.

R: En el ámbito español existen organizaciónes como Apoyo Mutuo (apoyomutuo.net), que se define como organización de militantes por la democracia y apuesta por impulsar el movimiento popular, o la Federación Estudiantil Libertaria (felestudiantil.org), una organización del ámbito educativo que propone la gestión comunitaria. Os hemos visto firmando un comunicado conjunto respecto al 1º de Mayo ¿Creeis que hay ámbitos de confluencia más allá de los comunicados? ¿Qué papel pueden jugar en la construcción de un movimiento popular?

E: Deberá haber mayores ámbitos de confluencia que los de los comunicados, eso es obvio. Todo depende de en qué luchas nos encontremos y qué tipo de estrategias elaboremos. De momento son piezas que desde lo libertario pueden ir transformando la «galaxia» de colectivos y proyectos en los que está dividido el antagonismo en un movimiento popular hacia una sociedad libre, igualitaria y fraternal.

Nuestra responsabilidad es evitar la debacle hacia la que va el mundo de nuestro tiempo y solo lo haremos construyendo un pueblo fuerte consciente del tiempo en el que vive.

Somos una organización nacida para construir el poder popular en nuestros barrios y centros de trabajo y estudio.

R: Volviendo al marco de Catalunya ¿Cuál es la relación de Embat con las CUP y los movimientos sociales catalanes? ¿Qué aporta Embat a este contexto?

E: Con las CUP tenemos relación a nivel personal a base de militancias compartidas en los movimientos sociales. Es decir que en las luchas sociales militamos juntas. También tenemos relación con alguno de sus sectores a fin de generar alianzas para crear movimiento en la calle.

Embat aporta una red de militantes sociales, de recursos compartidos, de formación político-ideológica libertaria, de contactos… a quien los necesite. Somos una organización nacida para construir el poder popular en nuestros barrios y centros de trabajo y estudio.

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La pureza onanista, o confundir los medios con los fines

A raíz de las expectativas creadas por la denominada “nueva política” y después de algunos debates espontáneos, el compañero Rubén Morvolution escribía en el grupo de Facebook Club de Oyentes de Radio Klara, unas reflexiones sobre la eterna discusión de la participación electoral con el título “La ceguera del corto plazo”. Aportaré mi visión sobre el tema trayendo a colación también ideas que, si bien no expresa directamente Rubén, forman parte del clásico argumentario anarquista en contra de tal participación.

Entre los argumentos en contra del voto, se expone en el citado texto que al querer participar de ellas [las instituciones del poder], (…), transmitimos activa y automáticamente la opresión a las personas que sustentan el sistema (mujeres, trabajadorxs, migrantes, jóvenes…). Ejercemos un control sobre los demás que cortocircuita cualquier proceso de empoderamiento social, de tomar conciencia y control de nuestras vidas, de formar un sujeto colectivo con una capacidad de acción sin restricciones“. Sin duda éste es, en el plano teórico, un análisis válido y, más aún, que comparto, pero olvida que la utilidad de un análisis proviene de su capacidad de generar, en lo concreto, en las situaciones reales en las que intervenimos, criterios de acción que nos lleven, o nos acerquen, a nuestro objetivo. Y utilizar ese análisis como argumento en contra de la participación electoral supone olvidar que en la sacrosanta Tra(ns)ición los poderes fácticos dejaron todo atado y bien atado: aunque el 50% la población se abstuviera en las próximas elecciones, igualmente se adjudicarían los escaños del congreso, quienes los ocupan votarían para formar un gobierno y… todo seguiría igual. Y la cosa no cambiaría con una abstención del 60%, del 70%, del 80%… porque los escaños se adjudican basándose en el voto válido, la abstención se desestima, no cuenta, no existe. Por tanto, a efectos reales, con el voto de quienes cuestionamos el sistema no se transmite más opresión ni se ejerce mayor control sobre nadie que con nuestra abstención. ¿o es que, hablando de cegueras, alguien piensa que vamos a convencer al 100% de la población, que sería prácticamente la única situación en que no podría llegarse a la conformación de un gobierno?

Es decir, que todo el valor de nuestra negativa a participar de la opresión y el control es simbólico, no tiene efecto real. Abstenerse sólo sirve para que podamos decir “yo no colaboro con el sistema” e inflarnos el ego sintiéndonos los más revolucionarios del universo. Puro onanismo.

Estoy de acuerdo también con Rubén en que los problemas no radican en las formas de gestión del capitalismo”, pero sólo si se da suficiente relevancia al verbo, radicar, ser la causa. En cambio, las formas de gestión del capitalismo sí que pueden modular, hasta cierto punto, la gravedad de esos problemas aliviando o agravando sus síntomas, la cada vez mayor dificultad de acceso a la alimentación, a la energía, a la vivienda, a la sanidad, a la educación… sin duda hay que combatir la causa del problema, pero mientras tanto ¿por qué no tratamos de paliar los síntomas en la medida de lo posible?

Vuelvo a coincidir en que para alcanzar una calidad de vida de modo duradero, sin que el poder constituido pueda derrocarlo como estamos viendo en Sudamérica es necesaria la generación de “un sujeto colectivo que luche por controlar, autogestionar, sus propias vidas”. Pero suponiendo como supongo que eso incluye a Venezuela (¿en algún debate de este país no aparece Venezuela? jajajajaja) decir que la opción de participar en unas elecciones “es caer en el más absoluto auto-engaño” es despreciar hechos tan significativos como, entre otros, reducir la pobreza extrema del 25% al 8,7%. Y lo dice UNICEF, a quien no creo que pueda acusarse de chavista. No seré yo quien le diga a ese 16,3% (que pueden ser entre 4 y 5 millones de personas, entre los que habrán much@s niñ@s que salvaron su vida por disponer de atención médica o de una mejor alimentación) que no, que no voten, que algún día, cuando destruyamos el estado, seremos libres. Sabemos que no hay más ciego que quien no quiere ver”, aunque igual de ciego es quien no pudo permitirse una operación de cataratas porque algun@s esperaban destruir algún día el Estado y tenían que ser coherentes.

Puedo aceptar la metáfora de considerar que gobierne quien gobierne seguiremos en la misma cárcel, es decir, seguiremos con nuestra libertad restringida, porque las estructuras del sistema seguirán siendo las mismas. Pero estúpida sería la persona presa a la que dan a elegir entre las diversas modalidades de confinamiento, desde FIES al tercer grado, y se niega a escoger ninguna porque considera que lo justo es la libertad. Aún así, sin embargo, habría que respetarlo porque en esta analogía ella sería responsable únicamente de su situación, pero cuando hablamos de elegir un gobierno para toda una comunidad la responsabilidad moral de nuestras acciones debe incluir las consecuencias que éstas tienen en el resto de personas que deberán someterse a ese gobierno. Mientras no transformemos radicalmente el sistema (y creo que coincidiremos en que estamos lejos de las condiciones para hacerlo) la opresión se dará votemos o no. Y renunciar a nuestra posibilidad de reducirla argumentando que toda participación en el sistema supone ser cómplice, mancharse las manos, no ser coherente con tus principios u otros argumentos de este tipo supone un mero ejercicio de onanismo moral. Puro egoísmo cuando más se necesita de solidaridad. Si el anarquismo es anteponer tu coherencia a la mejora de las condiciones de vida de l@s desfavorecid@s me borro ahora mismo, pero por suerte no recuerdo quien daba el carnet.

Y está muy bien eso de la coherencia, pero la verdad es que puede verse desde muchos ángulos: ¿es coherente manifestarse contra los desahucios y no perder 15 minutos para votar a algún partido comprometido con las 5 de la P.A.H.? ¿criticar la Ley Mordaza y no contribuir a que no siga gobernando quien la impuso? ¿denunciar la dictadura financiera y no apoyar a quien pretende enfrentarla, aun reconociendo que hay pocas posibilidades de vencerla en el corto plazo? ¿criticar el intercambio de favores entre los bancos que dan créditos a partidos políticos que después devuelven en forma de políticas públicas, y no premiar con un voto a un partido que sólo se financia con aportaciones particulares y transparentes?

Es más, ¿fueron incoherentes l@s ministr@s anarquistas en el 36, o supieron leer su contexto y vieron que entrando en el gobierno podían ampliar las libertades civiles y mejorar la situación de l@s oprimid@s? ¿Acaso, salvando las distancias, no estamos ante un momento también crítico en el que se está debatiendo un cambio de régimen que puede dejar atrás, por fin, las herencias franquistas para abrir una etapa que sin duda será imperfecta pero sin olor a naftalina? ¿De verdad consideramos irrelevante resistir o sucumbir a la embestida neoliberal que nos están queriendo colar por crisis? Respóndanse cada un@ a sí mism@.

Aun con todas las deficiencias que desde nuestra óptica libertaria apreciamos en lo que se ha denominado nueva política, es insostenible defender que ésta no supone un avance respecto a lo anterior. La conciencia de cada un@ deberá dictar si preferimos mantener la “pureza” onanista o contribuir a ese avance, por mucho que aún quede lejos de nuestro ideal. Preguntémonos para ello si los principios ideológicos deben servir al objetivo egoísta de darnos gusto o para reducir las injusticias sociales. Yo lo tengo claro.

Toni Yagüe

Enlaces del mes: Febrero y Marzo

Febrero

Pablo Molano nos abandonó el pasado mes de febrero, era un destacado activista social del barrio de Poble Sec, en Barcelona. Los barrios alegres y combativos de Barcelona quisieron rendirle un homenaje que superó todas las expectativas de participación y emocionalidad que se pudieran esperar. Miles de personas se manifestaron por aquellos lugares clave de la ciudad en los que Pablo había dejado su huella humana y activista. Una demostración de autoorganización y solidaridad edificada desde abajo.

Reivindicación de la mujer en el mundo científico. En un espacio académico abusivamente copado por los hombres, las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia en las disciplinas científicas. Homenaje a Mileva Maric, destacada física y química de inicios del siglo XX.

Reflexión a partir del juicio que se celebró contra Rita Maestre en el mes de febrero, y por el que ha sido condenada a una multa de algo más de 4 mil euros posteriormente. Los medios de comunicación tienen el poder de focalizar la atención en aquello que consideran noticiable según las reglas marcadas por quienes deciden las líneas ideológicas de los medios, mientras que invisibilizan otras actuaciones de la clase obrera. Además, muchos seguidores de Podemos caen en contradicciones al guiarse por la vía de las reformas y la estrechez del cambio dentro del propio sistema capitalista.

Paradójicamente, encontramos en un medio anclado en la derecha conservadora una crítica que puede leerse entre líneas desde una perspectiva de clase; una crítica que desde otros medios izquierdistas no encontraríamos, pues el centro de la misma es la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cuando en el pasado mes de febrero tomó una posición beligerante contra los y las trabajadoras en huelga del Metro de Barcelona. Una alcaldesa de los llamados «gobiernos del cambio» utiliza las mismas recetas políticas a las que estamos acostumbrados a sufrir la clase trabajadora.

Marzo

Lamentablemente el fascismo callejero ha vuelto a actuar en Madrid, esta vez fue en la localidad de San Sebastián de los Reyes, donde dos compañeros antifascistas fueron brutalmente apuñalados. La respuesta de los movimientos populares de Sanse y Alcobendas no se hizo esperar. En este enlace tenemos la crónica de la manifestación que recorrió las calles de ambos pueblos en respuesta a la impunidad de estas agresiones.

El pasado 16 de marzo tuvo lugar una huelga general estudiantil en Euskal Herria, donde el movimiento de estudiantes asamblearios demostró la buena salud de la que goza este en el territorio de Euskal Herria. Las manifestaciones de Gasteiz e Iruñea acabaron con violentas cargas policiales que provocó heridos y heridas, y al menos 11 detenidas que fueron puestas en libertad al día siguiente.

Mónica y Francisco son dos activistas anarquistas de origen chileno, que fueron detenidos en Barcelona hace más de dos años y acusados de colocar el artefacto explosivo en la Basílica del Pilar en 2013. Este pasado mes de marzo tuvo lugar el juicio contra ellos, en el que se les pedía 44 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista según las fuentes policiales y judiciales. Ellos negaron los hechos y defendieron que es completamente contrario a las ideas libertarias poner bombas y causar daños a las personas.

Artículo visto en Público, elaborado por el militar Luis Gonzalo Segura, acerca de las verdaderas razones que tiene Occidente en alimentar financieramente al Estado Islámico, y cómo cada vez que se produce un atentado en suelo europeo, las empresas de armas del mundo se disparan económicamente en las bolsas. También analiza el papel de los medios de comunicación en hacernos creer que se trata de una guerra de civilizaciones, cuando en realidad es imperialismo.

Invitamos a la lectura de este folleto descargable, un texto que ha publicado el periódico anarquista La Boina, y que pretende llegar a la raíz de las necesidades humanas, la libertad y los límites que nos imponen a la misma. Saber identificar cuál es nuestro potencial para alcanzar esa libertad y cuáles pueden ser nuestras herramientas, con un análisis sencilo de la realidad que nos rodea, empezando por la naturaleza y nosotras mismas.

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