Opinión: La revolución colocada [+ Recomendación de lectura]

«¡Hagamos autocrítica!» decimos siempre las anarquistas. Pero cuando llevamos a buen puerto esa premisa, solemos acabar tratando temas teóricos, históricos o incluso, metodológicos, pero el que más nos cuesta tratar, muchas veces, es el tema actitudinal: deconstrucción del machismo, lucha antiespecista y anti-antropocéntrica, consumo de drogas… En esta entrada nos centraremos en este último punto: el consumo de drogas desde el prisma libertario.

¿Es sólo una decisión individual?

 Simpre que analizo este tema desde una perspectiva crítica, las compañeras suelen tratar de rebatir mi posición con argumentos un tanto simplistas. Uno de ellos, repetido hasta la saciedad vendría a ser el siguiente: «pero somos anarquistas, no podemos decirle a la gente que no se drogue, cada uno es libre de hacer lo que quiera».

La fuerza del argumento se halla en la última parte «cada uno es libre de hacer lo que quiera».
Estamos constantemente tratando de mejorar nuestra perspectiva de cara a las masas y no hacemos más que repetir, una y otra vez, una serie de consignas que no se distinguen mucho de las de aquellos que atacan con palabrería nuestro ideal, como es en este caso.
Libertad no es libertinaje.

Las drogas (tomando como definición de estas, todas aquellas sustancias capaces de inhibir o alterar ciertas capacidades físicas y mentales) suelen afectar a más de un individuo y por lo tanto, pueden convertirse en un problema social.
En el caso de las drogas legales, como el alcohol y el tabaco, es inevitable observar cómo no son sólo una decisión individual (realmente sí, pero la consecuencia es colectiva), sino que afectan a terceras personas (o animales no humanos).

En este punto tocaremos la primera variable, ya que todas las drogas son distintas: su afectación en función del ámbito de uso.

El ejemplo más claro del factor «tercerpersonista» del alcohol lo vemos en los accidentes de tráfico  aunque también, en menor medida, en casos de violaciones o acoso sexual (teniendo en cuenta que al desinhibirte, te conviertes en una persona capaz de hacer cosas que en un estado de sobriedad posiblemente no harías).

En el caso del tabaco también nos encontramos con dos ejemplos de afectación a terceros: complicidad con la experimentación en animales y creación del «fumador pasivo».
Si bien es cierto que el primero nos lleva a pensar «pero también existen tabacos no testeados» (cierto, pero suelen ser pequeñas empresas filiales a grandes marcas que si que testean), el segundo es un caso irrebatible. Fumar al lado de un no fumador es inferir en su salud, no hay más, y eso es profundamente egoísta y contrario a un ideal colectivo.

Teniendo en cuenta esto, nos encontramos con otro argumento «pero si lo hago en mi casa, sin molestar a nadie, no afecto tanto».
Es cierto, en gran medida, ya que reduces la afectación sobre personas (no sobre animales no humanos, aún así). Pero seamos realistas, si bien el tabaco sí puede emplearse en soledad, ¿cuánta gente abusa del alcohol en esa situación? Una minoría. Por ello hablamos de que el alcohol es una droga social la cual, difícilmente se empleará siguiendo el argumento de más arriba.

Dentro del campo de las drogas ilegalizadas, nos encontramos en una situación similar. Gran parte de las drogas son exportadas e importadas por mafias que se dedican a la elaboración, comercio y/o distribución.
Supongo que puedo omitir el motivo por el cual estas mafias son todo lo contrario a lo que el anarquismo propone…

Sin entrar más en profundidad, puesto que tan sólo quiero tocar cada punto por encima, también haré de abogado del diablo diciendo que no es lo mismo comprarle unos gramos a un camello en una rave que fumar un porro en casa de una planta tuya.

Contrarias a la liberación

Para este parágrafo quiero dejar clara una cosa: no todas las drogas afectan de la misma forma y por lo tanto, también su capacidad adictiva es distinta en cada sustancia.

En este punto podemos analizar otra variable: su afectación en función de la adicción.

El anarquismo propunga la abolición de toda autoridad sobre la totalidad del colectivo y con ello también, sobre cada uno de los individuos.
Partiendo de esta premisa, ¿si nuestro némesis es la autoridad moral, religiosa, económica o política (o en cualquier forma), no es contrario a nuestro ideal, precisamente, la creación de una nueva autoridad, esta vez, encima, artificial?

Una porcentaje de las drogas genera adicción mediante aditivos artificiales (el tabaco es su máximo exponente), generalmente, con la intención de que vuelvas a consumirlas debido al hecho de estar esclavizado a lo que ya no se distingue entre necesidad y vicio.

Otro porcentaje genera una adicción más débil (por el hecho de que no hay un aditivo que influya a seguir consumiéndola o incluso, dañándote a la salud cuando dejas de consumirla, como son el alcohol o las benzodiacepinas).
Esta adicción «débil» está estrechamente vinculada con el efecto que produce tras su consumo (generalmente placentero o relajante). Dentro de estas se encuentra la marihuana, la cual puedes dejar de consumir fácilmente, pues no crea una adicción por aditivos.

En resumen, en ambos casos estás sometido a su uso: en el primero por adicción, en el segundo por gusto.

Financiando al capitalismo

Sé que sonará tan repetitivo como lo de «un anticapitalista no ha de pisar un McDonalds», pero me parece una simple cuestión de coherencia.

Por desgracia, diariamente nos enfrentamos a situaciones que nos crean una tremenda disonancia cognitiva en relación a nuestra ideología y con las que debemos lidiar (trabajo asalariado, sistema de mercado…).
Pienso que, precisamente, por el hecho de estar sometidos a tantas situaciones que se contradicen con lo que promulgamos, debemos evitar todas aquellas que podamos.
Aquí entra mucho en juego la ética de cada uno y la consideración del entorno. Nadie es mejor que nadie por escoger una, otra o todas las opciones, pero si que me parece un ejercicio de madurez considerar su evitabilidad.
Esto engloba tanto nuestras actitudes (evitar actitudes segregacionistas, machistas, racistas, capacitistas…) como nuestro consumo diario y su procedencia (que puede implicar temas de comercio justo, veganismo y antiespecismo, o porque no, drogas).

No creo que haga falta añadir nada más, en el primer punto ya he hablado sobre el vínculo entre algunas drogas y las mafias sobre el cual me gustaría incluir también la mayor mafia: el estado (mediante los impuestos «extra» sobre tabaco y alcohol).

También se puede hacer hincapié en su potencial históricamente contrarrevolucionario: página 45 del PDF.

Este tema es tremendamente extenso y no considero necesario extenderme más en este post, ya que solo pretendo analizar un tema, por encima, que mucha gente rechaza tratar (porque de alguna manera, se sienten atacados, incluso).
Tampoco pretendo erigirme de gurú ni llamar «contrarrevolucionarios» a aquellos que se drogan, como ya he dicho, me parece un asunto más a tratar dentro de la autocrítica y la madurez como anarquistas.

Por último, animo a cualquiera a exponer sus opiniones y por supuesto, a reflexionar sobre el tema y recomendaros la lectura de «Drogas ¿Una opción personal?» (un genial análisis de una variedad de drogas desde el punto de vista revolucionario).

[Recomendación] Lectura: Las clases en la sociedad capitalista

De nuevo, clases sociales. Si bien los tiempos han cambiado y que la actual coyuntura no se puede equiparar a los pasados siglos, las estructuras económicas permanecieron invariables pese a sus formas. Hablar actualmente de sociedad de clases y lucha de clases no es para nada descabellado, puesto que el sistema económico dominante sigue siendo el capitalista. El argumento principal que sostiene el concepto de clase es que la sociedad está dividida entre las que carecen medios de producción y solo pueden vender su fuerza de trabajo, y las que los poseen y por tanto, se llevan el fruto del trabajo ajeno a cambio de pagarles un salario. Esta base escueta, no obstante, nos llena de lagunas, sobre todo cuando actualmente los límites entre clase trabajadora y burguesía se han vuelto difusos y se suele tomar el nivel de rentas como medida para clasificar de qué clase social eres. Aunque sí es cierto que las clases sociales no son homogéneas, pero clases sociales solo hay dos. Las diferencias en su interior se debe, por tanto, a las capas sociales, y aquí si se tendría en cuenta el nivel de rentas. Por ejemplo, un ingeniero sigue siendo clase trabajadora aunque cobre 3000€ netos al mes, pero por muy buenas condiciones laborales que pueda tener, no posee medios de producción ni puede tomar decisiones sobre él y además, el fruto de su trabajo no le pertenece. A la misma clase trabajadora pertenece el temporero sin contrato que recoge naranjas en una época de cosecha, pues comparte con el ingeniero la no posesión de medios de producción, ni puede tomar decisiones sobre éste ni su trabajo le pertenece. La diferencia está en sus condiciones coyunturales, lo que hace que pertenezca a una capa social más baja. Pero entonces, ¿dónde situamos a las trabajadoras por cuenta propia, es decir, autónomas? ¿Existe realmente la clase media? ¿Y la pequeña burguesía? ¿Cómo se relaciona el conflicto capital-trabajo?

Por otro lado, es interesante cómo en el texto las clases sociales no se asocian expresamente a un grupo social sino como una relación social mediada por cosas, sean medios de producción, capital o dinero.

De todos modos, animamos a profundizar en la cuestión en este artículo que rescato de la hemeroteca de materiales generados en el mundillo libertario:

Las clases en la sociedad capitalista

PD: Agradecería al personal que desease expresarse, no opine en base a mi reseña sino que lo haga tras haber leído el texto.

La banda del Matese: Insurreccionalismo italiano a finales del siglo XIX

La historia del anarquismo italiano en la segunda mitad del siglo XIX, es la narración de los intentos de organización del movimiento libertario, en un contexto de continua convulsión política protagonizada por el Risorgimiento o proceso de unificación italiana. Frente a estos conflictos de ejércitos y alta política liberal, los anarquistas decidieron actuar mediante una serie de tentativas insurreccionales. Fueron tentativas que fracasaron, y a menudo, realizadas de modo aficionado pecando de ingenuidad, sin embargo, es de reconocer que demostraron el esfuerzo y el deseo de obtener de inmediato la justicia social que parecía que sólo podría llegar a través de la revolución y el acto de insurrección. Por un lado fueron explotadas por los gobiernos para dar crédito a la imagen habitual del anarquista bandido y causante de terror, por otro contribuyeron con su resonancia, al conocimiento y la difusión de las ideas libertarias.

Carlo Cafiero y Errico Malatesta, declararon en 1876 en el Congreso de la Internacional antiautoriataria en Berna:

«La Federación Italiana considera que el hecho insurreccional, destinado a afirmar con la acción el principio socialista, es el medio más eficaz de la propaganda y el único que, sin engañar y corromper a las masas puede penetrar en los estratos más profundos de la sociedad…».

En un recién nacido Estado italiano tras la unificación definitiva, debido a la toma de Roma y a la consolidación del reinado de Vittorio Emanuele II, todavía se encontraban ocupados en celebrar esta unidad nacional que para las clases inferiores había sido solamente un cambio de dueño, los anarquistas, invitaban a los explotados a construirse ellos mismos su propio destino.

La primera insurrección fallida tuvo lugar en Bolonia en 1874, el movimiento anarquista italiano tuvo que enfrentarse a una gran crisis como consecuencia de la dura represión a la que fue sometido: persecución, arrestos, la disolución de las diferentes organizaciones, etc. En junio de 1876, después del proceso contra los movimientos perseguidos por los hechos de Bolonia, algunos anarquistas involucrados consiguieron obtener la libertad, estaban convencidos más que nunca de la necesidad de reiniciar la actividad revolucionaria.

La conocida como Banda del Matese estaba compuesta por Carlo Cafiero, Errico Malatesta, Francesco Pezzi, Cesare Ceccarelli y Napoleone Papini como integrantes más prominentes. Eligieron la zona del Matese, en la región de La Campania, como el área más adecuada para las acciones de guerrillas revolucionarias, convencidos de que la población local, en su mayoría pobres, les seguirían con entusiasmo.

El día 3 de abril 1877, Cafiero y Malatesta llegaron a San Lupo, pueblecito de la provincia de Benevento, haciéndose pasar por turistas británicos. Ellos descargaron gran parte del material que debería servir a la guerrilla en los siguientes días, toda la dotación de armas, municiones, mochilas o cantimploras. En la tarde del 5 de abril, llegaron otros revolucionarios a la Taberna Jacobelli, casa donde se hospedaban. Desafortunadamente para ellos, un tal Salvatore Farina, que se suponía iba a servir de enlace con los agricultores locales, vendió la información en su poder a la policía. El Ministro del Interior en persona, estaba al corriente de los proyectos insurreccionales, el objetivo era evidentemente tenderles una trampa en el momento oportuno y preparar una estrategia política alrededor de todo el suceso.

Esa misma noche, algunos internacionalistas son descubiertos en los alrededores de la casa por una patrulla de carabinieri, se vieron obligados a huir después de un tiroteo que causó heridas a dos policías, uno de los cuales murió más tarde. Se revocó el plan de insurrección para San Lupo, ya que los alimentos y suministros se dejaron abandonados en la casa tras la huida. Sin embargo, la inesperada irrupción de la patrulla que causó un notable daño a la eficiencia de la banda, al mismo tiempo, precipitó la situación, se había obligado a los anarquistas a anticipar el inicio de los disturbios, en un momento en el que la famosa trampa del ministro Nicotera no estaba todavía lista para desplegarse. Y así fue como la banda del Matese podría cumplir en los siguientes días, al menos en parte, las acciones que había programado.

Malatesta, Cafiero y Cesare Ceccarelli no se desanimaron, rotándose en los cargos, continuaron dirigiendo la operación insurreccional. Trataron de dirigirse hacia los lugares habitados más aislados donde, con toda probabilidad, la alarma habría llegado con cierto retraso. Tras marchar por caminos rurales de los montes del Matese para no ser descubiertos, pernoctaron en una masía abandonada. La mañana del domingo 8 de abril los anarquistas entraron en el pueblo de Letino, donde fueron acogidos por la gente asombrada, acompañados de una gran bandera rojinegra. Inmediatamente ocuparon el ayuntamiento, se retiró al instante el retrato del rey Vittorio Emanuele y se proclamó que la monarquía había caído. Declararon abolido el impuesto sobre la harina y quemaron todos los papeles de propiedades particulares de los terrenos municipales. Cafiero se subió a los pilares de una gran cruz, sustituida con la bandera rojinegra, y explicó a la muchedumbre los principios de la revolución social, sus fines y sus métodos.

La banda dejó Letino hacia la una del mediodía y se dirigió al pueblo vecino de Gallo, a apenas cinco kilometros de marcha. Al entrar en ese pueblo volvieron a dirigirse al ayuntamiento, Malatesta abrió la cerradura a pistoletazos y los compañeros penetraron en el interior. El poco dinero que se recuperó de las cajas de la Oficina Municipal de recaudación de impuestos, fue distribuido entre el entusiasmo de los campesinos pobres. Las tropas gubernativas, aunque aún no se habían dejado ver, no se habían quedado impasibles ante los hechos. Al mando del general De Sanget, casi doce mil hombres habían puesto bajo asedio al mismo tiempo toda la región del Matese. De esta manera, cuando quisieron abandonar el pueblo de Gallo, los internacionalistas se encontraron prácticamente y de improviso rodeados. Los hombres pasaron todo el 9 y 10 de abril en la doble tarea de encontrar refugio y de superar el cerco, pero sin resultados. Estaban cansados, hambrientos, y sus armas empapadas por la lluvia incesante, por lo que no podían siquiera plantearse como último extremo el enfrentamiento armado.

El día 11 de abril, la banda encontró por fin refugio en la masía Concetta, cerca de Letino y aquí decidieron pararse para retomar fuerzas. La intención era esperar a que el tiempo mejorase y entonces tratar, otra vez, de desembarazarse del asedio de las tropas gubernativas. Sin embargo, las cosas no saldrían como esperaban, porque un campesino, esperando recompensa, había informado a los soldados. El 12 de abril una sección del ejército irrumpió en la granja sorprendiendo a los anarquistas, y dadas las malas condiciones que tenían no hubo resistencia. La insurrección del Matese había llegado a su fin.

Después de su detención, los miembros de la banda fueron encarcelados en la prisión Santa Maria Capua Vetere. Inicialmente, la intención era la de juzgar a los insurgentes por un tribunal de guerra, lo que seguramente hubiera significado la pena de muerte por fusilamiento. Afortunadamente esto no sucedió, y en su lugar fueron juzgados por un tribunal civil. Resultó determinante la intercesión de Silvia, la hija de Carlo Pisacane, héroe patriota italiano, que había sido adoptada por el Ministro del Interior Nicotera y que probablemente había tenido contacto con los internacionalistas. El abogado Carlo Gambuzzi, amigo de Bakunin, fue quien la pidió ayuda, consiguiendo evitar la amenaza de un juicio sumarísimo, resolviéndose finalmente celebrar un juicio civil.

Tras la muerte del rey Vittorio Emanuele II, el nuevo rey Humberto I, decretó una amnistía el 19 de enero de 1878 para iniciar su reinado con un lavado de cara. Gracias a esta medida se extinguían casi todos los delitos atribuidos a los internacionalistas, salvo las heridas a los policías, quedando veintiséis revolucionarios imputados. El proceso contra la banda del Matese se celebró entre el 14 y el 25 de agosto de 1878 ante la Audiencia de Benevento (Campania). La defensa de los acusados ​​la llevaron cuatro abogados, destacando el joven abogado napolitano Francesco Saverio Merlino, gracias a los que todos los anarquistas quedaron absueltos de los cargos. Durante el proceso la población de Benevento fue ocupada militarmente, pero las muestras de simpatía y de apoyo de sus habitantes hacia los imputados fueron impresionantes. Más de dos mil personas festejaron por las calles de Benevento la sentencia absolutoria. Muchos de los revolucionarios absueltos optaron por el exilio.

Bibliografía – Bruno Tomasiello, La banda del Matese 1876-1878. I documenti, le testimonianze, la stampa dell’epoca, Galzerano editore 2009

Filmografía – LALIBERTA’. 1874: cronaca di una rivolta mancata, cortometraje sobre la tentativa insurreccional anarquista del Castel del Monte. Dirigida y escrita por Mimmo de Ceglia.

Guerra y Revolución: Joaquín Ascaso, el primer presidente aragonés y El Consejo de Aragón

Ante el fracaso del golpe de Estado en gran parte del país, se desencadenó, a partir del 19 de julio de 1936, un proceso revolucionario sin precedentes en la historia de España. El movimiento anarquista vio el momento de llevar a la práctica su ansiada revolución social. Con la colaboración de algunas fuerzas políticas y sociales, y con la oposición de otras, comenzó lo que ha sido el último intento de transformación social, económica y política realizado en Europa, inspirado mayormente en los planteamientos anarquistas. Aún con la férrea oposición a este singular proceso revolucionario por parte del republicanismo liberal y del marxismo mayoritario (PCE-PSUC), no faltaron las propias dificultades desde dentro de las mismas estructuras anarquistas. Como en las demás grandes revoluciones europeas, la revolución social española devoró a algunos de sus hijos. Fue el caso de Joaquín Ascaso Budría.

Aragón se convirtió en el estandarte máximo de la evolución que experimentó toda la sociedad española a partir del 19 de julio de 1936. No solo por la profundidad a la que se llegó en el proceso revolucionario, sino también por la creación de una institución política encargada de impulsarlo, el Consejo de Aragón.

Un orden revolucionario 

 Ante el desmantelamiento de toda estructura estatal en la zona aragonesa, el movimiento anarquista tuvo que hacerse cargo de la reorganización de la vida social, política y económica. Los cenetistas comenzaron la reorganización  de la estructura regional en agosto de 1936 en la famosa localidad de Caspe, además de la creación, en Bujaraloz, de la primera gran entidad anarquista dedicada a encauzar el proceso revolucionario, acabar con el vacío administrativo y evitar que Aragón se convirtiera en una “colonia” de la Generalitat de Cataluña, el Consejo Regional de Defensa de Aragón.

La creación de este Consejo no tuvo un origen únicamente de ideología anarquista. Otros motivos políticos fueron, también, los que suscitaron la necesidad de la creación de este Consejo, como el deseo de paliar las operaciones militares catalanas en suelo aragonés y saldar el vacío administrativo y organizativo existente, sobretodo en la zona rural. El regionalismo “popular” creciente durante esos años en la tierra de Francisco de Goya no se hizo esperar más y se puso manos a la obra. Lo que impulsó este “levantamiento” cantonalista fue la irritación que le provocaba al pueblo aragonés el papel secundario que se les asignaba por una Cataluña directora de la guerra y de la organización social, mientras que ellos proporcionaban mucho más aprovisionamiento y capital humano para la guerra. Al Consejo  se le sumaban nuevas instituciones regidoras de la vida pública que habían surgido de forma casi espontánea ante el vacío administrativo republicano, tales como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité de Salud Pública de Málaga o el Comité Ejecutivo valenciano.

En principio, este nuevo organismo político aragonés no pretendió ser una entidad regional administrativa, sino un organismo que diera respuesta a la nueva situación revolucionaria. Aun así, no se pudo obviar la presencia del Gobierno republicano. Por este mismo hecho la C.N.T. buscó un reconocimiento legal de dicho organismo aragonés. Tal reconocimiento se saldó con la creación del Consejo de Aragón con la presencia de las demás organizaciones que conformaban el Frente Popular, tal consejo quedó compuesto por una mitad cenetista y por la otra mitad compuesta por miembros comunistas, socialistas y republicanos liberales. Este hecho significó que el nuevo organismo fuera adoptando procedimientos administrativos más propios del Estado burgués que no del ideal revolucionario con el que había nacido. Como por ejemplo con la sustitución, en 1937, de los comités municipales, que habían sustituido a los ayuntamientos desde 1936, por Consejos Municipales que tiraron por la borda todos los logros económicos y sociales conseguidos gracias a la colectivización de los medios de producción.

Hasta su ocupación por parte de las tropas comunistas de Líster en el verano de 1937, en Aragón existieron tres niveles diferentes de poder. El Consejo de Aragón, formado por cuatrocientos delegados de los consejos municipales. En segundo lugar, la Federación Regional de Colectividades, que se encargaba de crear las conexiones locales y comarcales para los asuntos de agricultura y comercio. Y el último escalón de poder lo conformaba la propia estructura anarcosindicalista de la C.N.T. que, con su red de sindicatos, en algunas ocasiones ejerció de árbitro entre los dos anteriores niveles de poder político.

La colectivización aragonesa y el Consejo de Aragón

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se fundó como tal en el Pleno Extraordinario de la C.N.T. de Aragón, la Rioja y Navarra celebrado en la localidad de Bujaraloz el 6 de octubre de 1936. Tal consejo fue compuesto por 174 representantes de 139 municipios y de las milicias anarcosindicalistas que luchaban en el frente de Aragón. En la ponencia del pleno extraordinario se propuso, desde un primer momento, al destacado militante cenetista Joaquín Ascaso Budría como presidente del Consejo de Aragón. Además, para darle pluralidad política a esta nueva institución revolucionaria, se decidió que participaran las distintas fuerzas políticas y sindicales aragonesas en una proporción en la cual de cada 10 representantes, uno fuera republicano y dos fueran de la U.G.T. En un primer momento, ni republicanos ni ugetistas respondieron al ofrecimiento anarquista, así que desde el principio todos los puestos quedaron ocupados por militantes cenetistas. El primer “gobierno” quedó formado por Joaquín Ascaso Budría como presidente, Miguel Chueca Cuartero como consejero de Trabajo, Adolfo Arnal Francia en la consejería de Economía, Francisco Ponzán Vidal en Transportes y Comunicaciones, Miguel Jiménez Herrero como consejero de Información, José Mavilla Villa se ocupó de la consejería de Agricultura, y, por último, Adolfo Ballano Bueno fue el consejero de Justicia y Orden Público. Todos los estos consejeros aragoneses, así como el resto de los 174 delegados que conformaban el Consejo de Aragón, provenían del mundo académico (éstos fuertemente influenciados por las enseñanzas del jurista y economista aragonés Joaquín Costa) y del mundo laboral (camareros, albañiles, etc).

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se presentó desde su primera ponencia como un organismo popular, nacido de la nueva situación revolucionaria y del deseo de emancipación proletaria, decidido a reglamentar la economía y la vida cultural, social y política. Desde un primer momento, este nuevo organismo se topó con la oposición tanto del Gobierno republicano como de la Generalitat de Cataluña. El propio presidente Manuel Azaña, en un alarde del clásico elitismo liberal, despreciaba a esos nuevos consejeros aragoneses refiriéndose a ellos como “trabajadores elevados a ministros”. La campaña comunista, liderada por el Secretario General del PCE en Aragón, no se hizo esperar. No dudaron en aliarse con el republicanismo liberal para catalogar al nuevo “cantón” aragonés como una “nueva Ucrania makhnovista” y una organización apologista del delito, la violencia y el terror.

El 31 de octubre una comisión del Consejo de Aragón se entrevistó con el presidente del gobierno republicano. De tal reunión nació el compromiso de avalar ‘legalmente’ al organismo anarquista e incorporar las distintas entidades frente-populistas. He aquí la muerte en vida del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el cual había nacido como una puesta en práctica de los planteamientos federales libertarios, y que ahora se convertía en una región autónoma avalada por la República y que declaraba a Joaquín Ascaso como “delegado del gobierno”. Aun con la entrada en el CRDA de consejeros de Izquierda Republicana, U.G.T. y P.C.E. la estructura republicana anterior al golpe de Estado no pudo restablecerse, y aun con ciertas renuncias anarquistas, el organismo del Aragón libre siguió con su inmensa tarea de organización de la vida política y social.

Si la aparición de esta nueva entidad política supuso un viraje radical en la vida del pueblo aragonés, la mayor radicalidad supuso la puesta en escena del proceso colectivista de campos e industrias. La colectivización fue más una necesidad económica que una simple opción revolucionaria. En febrero de 1937, en la famosa localidad aragonesa de Caspe, se creó la Federación Regional de Colectividades.  El buen funcionamiento de la colectivización aragonesa fue tal que se realizaron nuevas construcciones agrícolas y de riego, hospitalarias, educativas y asistenciales, además de proporcionar cantidades ingentes de abastecimiento a los pueblos de la retaguardia de Madrid y Cataluña.

Tras los sucesos de mayo de 1937 y el fin de la hegemonía anarquista, el 11 de agosto se decretó oficialmente la disolución del Consejo de Aragón por parte del Estado. Las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de militantes anarquistas no tardaron en llegar. El decreto de disolución supuso que la misma madrugada del 10 de agosto de 1937 las 11, 27, 30 y 43 Divisiones del Ejército Popular comenzara a tomar posiciones de ataque. Al mando de estas divisiones estaba el famoso militar comunista Enrique Líster, conocido con el sobrenombre del “asesino de anarquistas” desde que ordenara fusilar a cientos de libertarios castellanos por haber colectivizado zonas de Castilla y León, cosa que había “prohibido” el PCE castellano. El mismo día del decreto de disolución, las tropas de Líster destruyeron por la fuerza todo el progreso revolucionario conseguido hasta entonces en tierras aragonesas, se instaló el nuevo gobernador comunista, José Ignacio Mantecón, se asaltaron los locales de la C.N.T., F.A.I. y F.I.J.L. con la detención de cientos de anarquistas y las tierras e industrias colectivizadas fueron devueltas a sus antiguos dueños o se les asignaron nuevos propietarios. El cambio de situación trajo un gran deterioro de la economía aragonesa y la vida de la retaguardia. Las vueltas de la tierra a propiedad individual provocaron el resurgimiento del caciquismo y el abandono del cultivo de grandes extensiones de tierra. Las estructuras de distribución y comunicación quedaron inutilizadas y se generalizó un despilfarro de recursos y una gran suspensión de casi todas las labores agrícolas. El descalabro llegó a tal punto que el propio secretario del Instituto de Reforma Agraria, el marxista José Silva, reconoció públicamente el error que supuso haber disuelto las colectividades aragonesas. El quebrantamiento de las promesas de progreso social por parte de la república en abril de 1931 tuvo su secuela en agosto de 1937 con el estrangulamiento del proceso revolucionario en Aragón.  La C.N.T. perdió su “feudo” aragonés, su militancia descendió de los 140.000 a 76.000 y el Consejo de Aragón pasó a mejor vida.

Joaquín Ascaso Budría: El “primer presidente” de Aragón 

Joaquín Ascaso nació el 5 de junio de 1906 en Zaragoza y, como en muchos otros casos, pasaba más tiempo en el exilio y la cárcel que en libertad. Empieza a destacar en la militancia revolucionaria a partir de la proclamación de la Segunda República española y la vuelta de su exilio en Francia. Arduo militante de todas las luchas sociales de la época, participó también en la creación de las Juventudes Libertarias, a cuya directiva perteneció. Además, fue el fundador del “Sindicato de Parados”. Después de 1931 pasó a formar parte del Sindicato de la Construcción, siendo elegido presidente del comité de la sección de albañiles. En el segundo congreso de la C.N.T. aragonesa celebrado en Zaragoza él fue del sector cenetista que pedía una mayor radicalidad en la lucha contra el régimen republicano. Hasta 1934 Joaquín Ascaso supo hacerse un nombre, tanto en las filas de la militancia revolucionaria, como en la propia oposición republicana, lo que le costó que a comienzos de 1933 su nombre fuera incluido, por el gobierno republicano, en la “lista negra” de los anarquistas aragoneses sometidos a arresto en la prisión de Pina de Ebro.

Joaquín Ascaso y la caída del frente aragonés

Cuando las tropas comunistas y republicanas comenzaban la disolución forzosa del Consejo de Aragón, Ascaso se encontraba en Valencia asistiendo en el pleno nacional de regionales. El día 9 de agosto de 1937 partió dirección a Zaragoza. No había recorrido más de diez kilómetros en su automóvil cuando las fuerzas comunistas le dieron el alto. La orden era clara y concisa, evitar a toda costa que Ascaso estuviera presente cuando comenzara la ocupación de la comuna aragonesa. Mientras el día 11 las unidades militares del Ejército Popular asaltaban la colectividad aragonesa, Joaquín Ascaso ya estaba encarcelado en una celda de la prisión valenciana. Salió en libertad un año después, sin ningún tipo de cargos. Nada más salir de prisión comenzó a cocerse la leyenda del tesoro de Ascaso, desde “La Pasionaria” –y el PCE-, y hasta finales de los años setenta, se mantuvo siempre la versión de que Joaquín Ascaso se había hecho con los “tesoros” de Aragón mientras era presidente del Consejo aragonés y que pasó su exilio en Sudamérica repleto de riquezas y lujos. No fue más que un bulo sin fundamentos: Ascaso sobrevivió después de la cárcel gracias a la ayuda y solidaridad de antiguos amigos. Sin recursos económicos y sin recibir ningún apoyo de los organismos de ayuda a exiliados malvivió cual vagabundo durante toda la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 50 a Joaquín Ascaso se le pierde la pista. Tan solo se sabe que se exilió en 1947 a Venezuela donde vivió hasta su muerte en marzo de 1977 trabajando como conserje de un hotel de Caracas.

Esta es la historia de cómo un hombre, simple, llano y trabajador como Joaquín Ascaso Budría, pasó de presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el que fuera el mayor avance revolucionario de nuestra historia, a vivir en casi la indigencia, exiliado, repudiado y olvidado en el ostracismo. Es por ello que, por deber histórico –y revolucionario-, debemos recordarlo como un hombre que dio su vida por la emancipación de la humanidad bajo la enseña rojinegra.

Borja Salvador Paz

Reflexiones para crear una respuesta no institucionalizada en el contexto actual

El año 2015 se abre en la sociedad española en un contexto político y económico muy particular, en el que mucha gente alberga esperanzas próximas de cambio real que por fin logren superar las tremendas dificultades que la sociedad viene sufriendo desde el inicio de la crisis en el año 2008. Sin embargo, dichas ilusiones de cambio vienen en gran parte de la mano de proyectos electoralistas cuyo objetivo es alcanzar las instituciones para usarlas y transformarlas de tal manera que resuelvan o al menos mitiguen los efectos de la crisis que, en no pocos aspectos, ha llegado a un punto límite y extremadamente trágico. En este contexto nos paramos a preguntarnos por qué se vuelve a fijar la mirada en nuevas (o no tan nuevas) propuestas electoralistas y en qué posición se encuentran aquellas propuestas de salida no solo de la crisis, sino de las condiciones económicas y políticas que la generaron, que no pasan por la vía institucional, como lo son por ejemplo las propuestas anarquistas. Para ello vemos necesario hacer un breve repaso a las transformaciones sociopolíticas que la sociedad española ha experimentado en los últimos años.

Como punto de partida tenemos que situarnos en el 15M, puesto que la irrupción de este movimiento en el año 2011 supuso un antes y un después, ya que consiguió desbloquear lo que parecía una sociedad tremendamente pasiva ante los duros efectos de una crisis que venía sufriendo desde hacía 4 años e iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones y luchas. El 15M fue el despertar de la conciencia colectiva ante el paro brutal, la pérdida progresiva de derechos y el enriquecimiento general de la población, que veía cómo paralelamente aquello que en los últimos tiempos se ha venido llamando “casta”, es decir, las elites que manejan este país (tanto políticas como económicas) continuaban enriqueciéndose, manteniendo e incluso aumentando sus privilegios. El 15M puso en cuestión por primera vez aquel constructo nacido del pacto del 78, tanto en lo referente a las formas tradicionales de hacer política (basadas en un delegacionismo extremo y una enorme pasividad ante los problemas y responsabilidades propias) como en una serie de mitos o mantras repetidos durante décadas (por ejemplo, la idea de que el estudio y el esfuerzo personal tendría como recompensa un trabajo estable, decente y con un salario digno). El 15M abrió la puerta a una crítica generalizada del bipartidismo (y no solamente, puesto que el sistema de partidos en su conjunto fue puesto en cuestión), al inoperante y burocratizado sindicalismo de concertación (con CCOO y UGT como máximos exponentes), a instituciones hasta entonces “intocables” como lo era la Monarquía, e incluso al papel de los medios de comunicación. Dentro del 15M surgieron infinidad de preguntas que animaban a cuestionarse todos y cada uno de los pilares del sistema actual y a buscar alternativas al mismo. El ciclo de movilización y de luchas que se abrió en aquel momento comenzó a plantar cara de forma seria a los mazazos que daba la crisis y a expandirse a lo largo y ancho del territorio estatal. Sin embargo no podemos olvidar que las críticas y luchas que iban apareciendo no eran nuevas, sino que desde hacía muchos años venían produciéndose, eso sí, desde colectivos más minoritarios, pero que siempre habían estado planteando alternativas sistémicas. Como ejemplo tenemos la experiencia que aportó el movimiento okupa de cara a la liberación de espacios donde realizar asambleas, actos de financiación de las luchas o directamente para servir de viviendas al colectivo tan afectado de desahuciados, que a través de la PAH supo articular una de las luchas más ejemplares e importantes. Asimismo queremos destacar (como ya se ha hecho anteriormente en bastantes ocasiones) la influencia de las ideas y (quizás principalmente) las prácticas utilizadas tradicionalmente por movimientos y colectivos anarquistas o cercanos al anarquismo. La práctica asamblearia, si bien no es exclusiva del anarquismo, es defendida como la base de toda organización, fue en todo momento de la mano del 15M; la autogestión, la acción directa, el apoyo mutuo, muchas de las críticas y propuestas que se lanzaban desde las asambleas tenían claros antecedentes libertarios. Sin embargo, la respuesta del anarquismo propiamente dicho no fue en todos los casos de apoyo y colaboración activa con el movimiento; atendiendo a diferentes contextos particulares de cada pueblo, barrio o ciudad, los colectivos afines al “movimiento libertario” se acercaron de forma diferente al 15M. En algunos casos se volcaron con las asambleas, en otros se aceptaba aunque con cierta distancia e incluso recelo y en otros (por suerte, creemos, los más minoritarios) directamente se rechazaba y criticaba al 15M.

Fuera como fuese, el movimiento se extendió a los barrios (que no así a los centros de trabajo, uno de sus grandes fallos o incapacidades), impulsando y desarrollando luchas variadas durante los años siguientes, creciendo tanto cuantitativa como cualitativamente, e impregnando determinadas luchas relativamente potentes (hablamos, por ejemplo, de las luchas en sanidad o en educación, las llamadas mareas, aunque también podríamos hablar de otro tipo de luchas como las protestas del barrio de Gamonal). Asistíamos a manifestaciones y concentraciones masivas que tenían un impacto mediático importante (muchas veces porque acababan en enfrentamientos con la policía): la marcha minera que concluyó en Madrid, los diferentes Rodea el Congreso. La más multitudinaria de esas manifestaciones, la que se produjo el 22 de marzo de 2014 cuando confluyeron las Marchas de la Dignidad en Madrid, y también la más espectacular (y no solo por los duros disturbios del final de la manifestación), supuso el fin del ciclo de luchas abierto el 15M. A partir de aquí, ya con una nueva formación política que pretendía recoger todo el descontento que había explosionado en 2011 (hablamos, evidentemente, de Podemos), parece que asistimos a un desinflamiento de las movilizaciones y de las protestas a la par que aumentaba el interés por el nuevo partido político. Desde entonces hasta ahora la desmovilización en la calle es más que evidente, y de nuevo parece que se vuelven a poner esperanzas en la vía institucional, las elecciones y los partidos políticos.

En vista de todo lo anterior cabe preguntarnos, como anarquistas, ¿por qué este cambio?, y ¿cuál está siendo la actitud y la influencia del movimiento anarquista? Respecto a la explicación de este cambio de posturas habría que hacer un análisis de los fallos que arrastraba el 15M, que no eran sino la continuación de fallos e incapacidades de los movimientos sociales anteriores a él (por ejemplo, la incapacidad de crear organizaciones fuertes, unidas y constantes, que enfrentasen a problemas concretos y consiguieran soluciones prácticas, con la salvedad de la PAH). Con el paso del tiempo y la agudización de los problemas sociales, la sensación de incapacidad (al menos aparente), de que no se generan victorias (o no las suficientes), y de que se está siendo incapaz de transformar la sociedad en la línea que la enorme ilusión que nació con el 15M preveía, puede generar impotencia y hacer aumentar la tentación hacia otras vías en principio más rápidas: las elecciones y las instituciones. Tampoco vamos a obviar que la situación de mucha gente es extrema, y el reclamo y búsqueda de soluciones inmediatas es una necesidad (habría que analizar hasta qué punto las instituciones son una vía más rápida y efectiva de resolución de estos problemas, aunque no analizaremos esto aquí).

El punto más importante y que queremos resaltar más aquí es la postura y actitud del movimiento anarquista. Las críticas del movimiento libertario hacia la opción que postula Podemos son constantes y necesarias (nosotros mismos somos partícipes de estas críticas), sin embargo en ocasiones parecen críticas más fruto de la impotencia y la frustración propias, con argumentos a veces infantiles y muy pobres, y también con determinados análisis erróneos a nuestro parecer. Con todas las críticas que se le puedan (y deban) hacer a Podemos, pensamos que también es necesario ser humildes y hacer un amplio ejercicio de autocrítica; reconocer que la estrategia que se está siguiendo por parte de estas posturas institucionales (estrategia, eso sí, que no compartimos) les está dando, al menos en estos primeros momentos, frutos considerables; que han conseguido atraerse a gran parte de la sociedad y que han abierto una brecha importante en el régimen del 78 (si bien no es esto lo único necesario, puesto que se echa en falta una crítica más abierta hacia el capitalismo, que es lo que realmente genera la miseria y desigualdad, y no el bipartidismo). Tenemos que reconocer que el anarquismo no está consiguiendo un avance notable, estamos siendo incapaces de terminar de conectar con la gente y de generar un contrapoder efectivo basado en principios libertarios y con objetivos netamente anarquistas. Sí es cierto que hemos conseguido algunos pequeños avances, como por ejemplo el aparecer ante la sociedad con una cara más amable de la que tradicionalmente se ha achacado al anarquismo, el ganar simpatías y acercamiento a la gente, fruto de haber participado codo con codo en desahucios, asambleas de barrios, manifestaciones y todo tipo de protestas desde la efervescencia del 15M. Pero más allá de esta simpatía, en ocasiones condescendiente (“las anarquistas tenéis buenas intenciones, pero vuestras ideas son utópicas”), no hemos roto la barrera para que la gente vea en nuestras propuestas una solución a sus problemas cotidianos que les haga abrazar las ideas, organizaciones y finalidades anarquistas. En esto los principales culpables somos nosotros mismos. Adolecemos de determinados problemas que no somos capaces de superar y que deberíamos revisar, como por ejemplo nuestras estrategias comunicativas, el lenguaje, simbología y actitud que adoptamos, cargados en no pocas ocasiones de cierto sectarismo o arcaísmo. También la apelación constante al pasado es un escollo que debemos salvar; es necesario estudiar y aprender de experiencias históricas, pero no siempre son útiles para los retos del presente, y nuestra preocupación máxima ha de ser, precisamente, la realidad actual y el futuro que queremos construir. Otro de los graves problemas, a nuestro entender, es la fragmentación del movimiento libertario, que a pesar de la enorme variedad de organizaciones que posee (sindicatos, colectivos, grupos, editoriales, etc) se mantiene disperso, sin una estrategia común que, creemos, lo ayudaría a cohesionarse y a avanzar.

El anarquismo tiene una potencialidad enorme en los tiempos que vivimos, pero tenemos que saber desarrollarla y aprovecharla. Hemos de saber ofrecer a la sociedad algo más que un conjunto de ideas “bonitas” y justas (pero vistas como utópicas), tenemos que ofrecer alternativas reales y efectivas que logren resolver a corto-medio plazo los problemas cotidianos de la gente y a partir de ahí continuar en la lucha por la emancipación total. Si logramos concretar nuestras propuestas habremos dado un paso de gigante. Pero para ello primero tenemos que hacer, una vez más, un enorme e importantísimo ejercicio de autocrítica, de reelaboración de nuestros esquemas analíticos y de nuestro lenguaje, y quizás un diálogo conjunto de todo el espectro libertario para definir nuestra acción en los años venideros. El anarquismo que viene será, ni más ni menos, que aquel que los y las anarquistas seamos capaces de articular.

ANARQUISTAS CONTRA EL GUETO

¡A la huelga, compañera!

Como todas sabemos, una huelga es un método de presión y una herramienta de lucha de la clase trabajadora para defender los intereses de su clase frente a la burguesía. Sin embargo, una huelga no consiste únicamente en la paralización de la producción, sino que existen más formas de llevar a cabo una huelga. En este artículo repasaremos brevemente los tipos de huelga más conocidos para comprender la diversidad de métodos que se pueden emplear en caso de conflicto laboral, en el cual la empresa no entiende de diálogos y no está dispuesta a ceder. Y como es obvio, una huelga tendrá una duración y abarcará un cierto espacio físico, con lo cual, dividiremos el artículo en tres apartados: según el tipo, según la duración y según su extensión. Al final, apuntaré brevemente el marco legal del Estado español respecto a las huelgas.

Según el tipo

—Comenzamos con la más extendida de todas: la paralización de la producción. Este tipo de huelgas es la más extendida de todas y consiste en no asistir al centro de trabajo a realizar la jornada laboral durante el transcurso de la huelga, y toda aquella persona que pretenda asistir al trabajo como un día cualquiera será considerada esquirol, puesto que parar la producción es una medida para causarles pérdidas económicas a la empresa, y si se trabaja en los días de huelga, entonces las reivindicaciones perderían fuerza.

—Una variante similar es denominada huelga de brazos caídos, la cual consiste en asistir al centro de trabajo y ocupar el puesto pero quedarse sin hacer absolutamente nada dejando la maquinaria encendida o apagada. Esta táctica es una buena forma de prevenir el esquirolaje, ya que impide su entrada y estorba a quienes quieran seguir con el proceso normal de producción.

—Contrario a la paralización de la producción, tenemos las huelgas a la japonesa que consisten en producir masivamente para aumentar los costes de almacenamiento de la empresa. Estas huelgas pueden ser agotadoras para la plantilla, sin embargo, las consecuencias pueden ser peores que simplemente parar la producción porque se gasta más en materias primas, aumentan los costes de almacenamiento y para poder dar salida a esos productos, quizá obligue a la empresa a bajar los precios. Además, otra ventaja en este tipo de huelgas es que no pueden entrar esquiroles.

—Hay ocasiones en que las huelgas no afectan a toda la empresa, sino que se coordinan los departamentos para alterar el normal funcionamiento del proceso productivo. Se trata pues de huelgas rotatorias y huelgas de tapón, que consisten en coordinarse cada departamento para parar en los días acordados, es decir, que un día para un departamento, al siguiente otro y pasado otro. En las huelgas de tapón, se paran los departamentos o partes de la cadena de producción críticos para obstruir todo el proceso productivo.

—Otra modalidad parecida es la denominada huelga de celo, que consiste en ser extremadamente detallista en una fase del proceso productivo, es decir, cuidarse tanto de la calidad y los detalles de cada producto intencionadamente para ralentizar todo el proceso productivo. En este caso, tampoco dan cabida al esquirolaje y causan enormes retrasos en la producción.

—En ocasiones, las huelgas no solo se hacen en caso de conflicto local con la empresa, sino que se realizan también por solidaridad. Hablamos entonces de las huelgas de solidaridad, que son aquellas que se realizan, no por un conflicto local en la empresa, sino en solidaridad con trabajadoras en lucha de otros centros de trabajo. Este tipo de huelgas tiene más motivaciones en la conciencia de clase que lo relacionado con lo meramente profesional o laboral.

—Por último, tenemos la huelga revolucionaria. Dicha huelga es movida por motivos expresamente políticos orientados a desafiar el orden existente y suprimirlo a través de una revolución socia, lo cual quiere decir que no es motivada por motivos profesionales y/o laborales, sino por un movimiento obrero fuertemente organizado y politizado que busca una transformación radical del sistema.

Según la duración

La duración de una huelga puede variar desde paros parciales, pasando por períodos de tiempo determinados hasta ser indefinidas:

Los paros parciales no ocupan la jornada entera de trabajo, sino parte de ella, lo cual, por regla general no genera mucha repercusión dentro de la empresa.
—Las huelgas que ocupan períodos de tiempo determinados en su mayoría duran un día entero (24h), y en ocasiones dos o más, pero siempre quedan notificados las fechas de inicio y fin de la huelga.
Las huelgas indefinidas son aquellas que tienen fecha de inicio pero no tienen una fecha de fin, sino que durarán indefinidamente hasta que se resuelva el conflicto y sea desconvocada por la asamblea de trabajadoras o el sindicato.

Según su extensión

Cuando hablo de extensión, me refiero aquí al espacio físico en el cual se desarrolla una huelga, en el cual podemos diferenciar entre ámbito profesional, es decir, a nivel de empresas y centros de trabajo, y territorio abarcado, que sería el área geográfica en que se harán efectivas las convocatorias de huelga independientemente de las empresas y ramas productivas que estén dentro de esa área.

Ámbito profesional

Nivel local: en este caso, la huelga solo afecta al centro de trabajo o alrededores.
Por empresa: la diferencia con el nivel anterior es que la huelga se desarrolla en una empresa específica afectando a sus centros de trabajo no necesariamente situados en una misma ciudad.
Por sector o rama productiva: la huelga afecta a todas aquellas empresas que conforman un mismo sector o rama productiva. Así por ejemplo, si se diera una huelga de transportes, afectaría principalmente a los transportes por carretera o vías férreas.
General: afecta a todas las ramas y sectores productivos.

 Territorio abarcado

Regionales: se convocan a nivel de Provincias o Comunidades Autónomas, afectando a todas las empresas dentro del área en donde se convocó.
Estatales: la convocatoria tendrá efecto en todo el territorio nacional.
Internacionales: en teoría, cabría una posibilidad de coordinar una huelga a nivel internacional.

Marco legal

En el Estado español, el derecho a la huelga está recogido en la Constitución del ’78 y es considerado como un derecho fundamental. La legislación que regula el derecho a la huelga data del ’77 del pasado siglo, ningún partido político lo ha tocado. No obstante, las únicas huelgas legalizadas en el Estado español son las de paralización de la producción y la de solidaridad únicamente cuando se realiza por intereses profesionales y laborales, lo que quiere decir, que si se realiza por motivos políticos u otros, sería considerado ilegal. Durante una huelga, los contratos quedan en suspensión, es decir, que las trabajadoras que hagan huelga dejarán de percibir el salario y las cotizaciones correspondientes a los días en que dure la huelga. En caso de despido por secundar una huelga, sería declarado automáticamente nulo ya que supondría la vulneración de un derecho fundamental y así quede demostrado aunque la empresa haya puesto otros motivos. Sin embargo, el despido puede ser procedente si la huelga realizada fuese ilegal. Asimismo, también es ilegal que la empresa subcontrate otros trabajadores para sustituir a la plantilla en huelga, aunque puede dejar que quienes no secunden la huelga vayan a trabajar. Otra cuestión importante relacionado con este tema son los servicios mínimos que decretan las administraciones públicas en sectores críticos como la Sanidad, los Bomberos, Emergencias o trenes. Estos servicios se deben respetar sí o sí, por lo que hay ocasiones en que pueden decretar servicios mínimos abusivos para minimizar el efecto de una huelga.

Apuntes finales

A lo largo de la historia, el movimiento obrero ha desarrollado numerosos métodos de lucha y presión, la huelga sin duda es el más extendido, aunque se puede complementar con otras prácticas como el boicot, que consiste en denunciar públicamente los atropellos de la empresa sensibilizando a la sociedad y así minar su reputación para disminuir sus ventas; sabotaje, que consiste en dañar o destruir la maquinaria y demás capital fijo para obstruir todo lo posible el proceso productivo. Hay que apuntar también que el sabotaje siempre se realiza contra el patrón, nunca contra consumidores. No obstante, la clase empresarial también tiene métodos para romper huelgas: como las listas negras, la contratación de esquiroles, enviar a la policía, y a través del cierre patronal, que consiste en cerrar la empresa o el centro de trabajo para dejar en la calle a las trabajadoras. Legalmente, el cierre patronal está permitido siempre y cuando suponga peligro de daños a personas y materiales durante una huelga y esté comunicada a la Autoridad Laboral.

Volviendo al hilo, también existen huelgas fuera del ámbito laboral, tales como las siguientes: las huelgas estudiantiles, aunque no afectan a ningúnn proceso productivo, sí sirven para abrir espacios que posibiliten la expresión de las reivindicaciones del estudiantado, presionar a la dirección del centro, concienciar a otras estudiantes y como entrenamiento ante los conflictos al entrar al mundo laboral. Las huelgas de inquilinos consisten principalmente en impagos colectivos de alquileres para denunciar los precios abusivos y presionar para que los rebajen. Sobre las huelgas de comsumo supongo que sabremos que consisten en no comprar para minimizar el volumen de ventas en general por un período de tiempo determinado. Este tipo de huelgas se podrían complementar con las laborales para tener mayores efectos. Por último, las huelgas de hambre y sed se realizan cuando ya no quedan más alternativas de lucha que poner su vida en peligro como método de presión ante las injusticias. Estas huelgas las suelen realizar presos y presas políticas cuando el régimen carcelario los castiga duramente y la justicia burguesa hace oídos sordos.

Así pues, las huelgas no se encuentran úncamente en los conflictos laborales, sino que podrían extenderse igualmente en otros conflictos sociales. No obstante, siempre existirá un denominador común entre todo tipo de huelgas: que las realiza la clase trabajadora y el conjunto de clases explotadas.

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