El placer de soñar, crear, construir, luchar

"Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar". —Emma Goldman

Llega el verano, y sobre todo cuando llega agosto, pensamos en vacaciones. Este año he tenido la suerte de poder salir de mi habitual rutina y vivir otras experiencias. La razón de las vacaciones es que necesitamos desconectar de la dura realidad cotidiana y también de nuestros espacios de militancia. Vivir amargados por lo mal que está la situación no es vivir, siquiera se podría decir tener «conciencia política», «sensibilidad social» o como se le quiera llamar. Estar amargado porque la coyuntura se muestra muy fea no hará que cambie, ya que el pesimismo solo sirve para sufrir uno mismo de su propia impotencia.
Durante este período, nos desconectamos por unos días de todo lo relacionado con la política y tal. Entonces hacemos planes tales como irse al pueblo, a la montaña o a la playa, al extranjero unos días o buscar un trabajillo de verano para ganarse una paguita… Y entonces cuando llega septiembre, volvemos a la rutina de siempre contando lo que hemos hecho a nuestros colegas. Pero regresamos por lo menos descansadas, que es la clave. Ahora que finalizan las vacaciones, vuelvo a escuchar las mismas historias de siempre: el bloqueo institucional, los incendios forestales en agosto y la poca voluntad política prevenirlos y extinguirlos, la desmovilización generalizada, la subida del paro tras las vacaciones, el triunfalismo de las cifras de ocupación turística… Vamos, que la cosa sigue estando mal.
No obstante, ¿realmente tan mal están las cosas? Creo que ante el bloqueo instucional, sería interesante volver con la apuesta de movilizar en las calles, pero no recordando al 15M, sino con nuevas —y no tan nuevas— ideas, tales como continuar adelante con el sindicalismo de clase, las 5 de la PAH, la amnistía social, etc…, precedente de la articulación multisectorial, además de poner sobre la mesa la cuestión de la soberanía popular, que puliendo más este tema podría ser una base potente para construir un movimiento popular fuerte, ya que este tema engloba todos los ámbitos de nuestras vidas: política, economía, aspectos culturales, territoriales, medioambientales, energéticas, alimentarias, entre otros.
Realmente no tenemos por qué ser pesimistas. No tiene mucho sentido el culpar al éxito de Pokemon Go, a Sálvame, a los culebrones, a Podemos o a cualquier otra cosa «que idiotice a la clase trabajadora y que la tenga entretenida y no se movilice». El problema es que la izquierda, o es postmoderna, o es incapaz de ejercer de oposición efectiva a la derecha, o simplemente está en su ghetto ultrarrevolucionario de adoración a Lenin o Durruti. Cuando en buena medida, al carecer de proyectos políticos serios ni tenemos visión estratégica para disputarnos un espacio en el escenario político y social ni tenemos proyectos que ilusionen, hacen que la mayoría de la gente se despreocupe.
En fin, estas vacaciones me han servido para ver las cosas de manera más optimista, no en el sentido de que vayamos a conseguir nuestros objetivos en el corto-medio plazo, sino que hay que ir avanzando poco a poco, desde nuestros espacios de militancia y a la vez, hacia la clase trabajadora. Necesitamos un cambio en nuestros espacios, pero también necesitamos que haya una conexión con el resto de personas, ser parte de la sociedad y no aparte de ella, porque al fin y al cabo, si queremos el socialismo libertario, lo tenemos que construir junto con toda la clase trabajadora. Así pues, no hay motivos para sufrir del síndrome post-vacacional, porque el ciclo de la vida sgue y hay que afrontarlo lo mejor posible.
Tened por seguro que en este nuevo curso vamos a empezarlo continuando con nuestra apuesta por el poder popular. Y seguiremos adelante con las pilas recargadas.
Tal día como hoy en 1936 el pueblo en armas detenía el golpe de Estado militar orquestado por Franco y Mola, desembocando en una guerra civil. Para algunos, fue el comienzo de una guerra fraticida, para otros, una especie de cruzada contra los rojos. Lo que queda claro es que a los vencedores no les interesa contar la historia como fue: provocando un golpe de Estado contra un gobierno republicano legítimo, cuyo balance se saldará con gran parte de España destrozada, un gran campo de entrenamiento para los nazis, un millón de muertos, una dura derrota para el anarquismo y el movimiento obrero en España, miles de refugiados españoles que acabaron en los campos de concentración franceses y nazis, y finalizando con 40 años de dictadura fascista, con otros 40 años más de prórroga bajo una careta demócrata.
Es la historia de siempre que oímos cada año o cada vez que se saca el tema: los vencedores no quieren que se desentierre la verdad y los tertulianos prefieren hablar de guerras fraticidas igualando ambos bandos, despojando la historia de todo sentido político. Pero a mí como a muchas otras personas con conciencia social, nos interesa conocer la verdad, porque es ahí, sabiendo qué pasó realmente donde podemos aprender de nuestros errores y aciertos. Y en esa historia se ve un conflicto que tuvo muchos antecedentes que daría para libros y libros. Incluso sobre la propia guerra se escribieron muchos, yo solo podría contar una parte y muy resumidamente.
Así pues, la reacción al golpe de Estado fue frustrado por el pueblo en armas, en las zonas donde el movimiento obrero era más fuerte como en Catalunya, Levante, Andalucía, Asturias, entre otros. Los facciosos, al no haber tomado el poder en poco tiempo, se desencadenó una guerra civil, que a su vez hizo posible la Revolución Social, que significaría una auténtica guerra de clases. En los primeros meses del conflicto, tuvo especial protagonismo la CNT-FAI y las Milicias Confederales en combatir el fascismo junto con otras fuerzas como el POUM. Ante una República débil y la pasividad de la comunidad internacional, la CNT-FAI podía haber disuelto el Estado en las zonas donde el poder real estaba en manos de la clase trabajadora, declarando que todo el poder pasaría a manos de los organismos obreros, evitando así una contrarrevolución en la retaguardia, que finalmente se hizo realidad con los hechos de Mayo del ’37. Sin embargo, eligieron formar una Alianza Antifascista en el cual, en noviembre del ’36, cuatro anarquistas asumieron carteras ministeriales. Desde allí comenzaron a militarizarse las milicias en el Ejército Popular, en donde la Columna de Hierro y el POUM se mostrarían críticos. No obstante, el bando nacional recibía más ayuda internacional que la república. Solo la URSS sería la que enviaría ayuda al bando republicano pero con intereses. Es ahí donde el PCE y el PSUC iría escalando posiciones hasta controlar el aparato político-militar del gobierno. Con esto, la Revolución Social quedaría muy dañada y con ella, los comunistas bajo la influencia de Stalin acabarían con las experiencias colectivistas en Aragón y Catalunya. También jugaron un importante papel las Brigadas Internacionales, cuerpos de voluntarios llegados a España de diversas partes del mundo a combatir el fascismo junto con el Ejército Popular de la República. Mención especial también merecerán aquellas personas anónimas venidas de África que lucharon al lado de la República que muy muy poco se sabe de ellos.
Tras la dura derrota de la Revolución Social y la II República, ahí quedarán en el recuerdo los miles de españoles que cruzaron el Pirineo o los mares huyendo de la guerra, la Nueve que entró en París a liberar la ciudad de la ocupación nazi, la CNT en la clandestinidad, los maquis…
El caso es que más allá de la memoria republicana, también esta la de la Revolución Social. Pero quiero hacer una especial llamada de atención aquí, y es que 80 años después no podemos seguir con el mito de una revolución anarquista solamente mostrando los logros, ni tampoco nos quedemos en discusiones ideológicas del pasado. La historia ya no se puede cambiar y no es necesario darle más vueltas en discusiones inútiles, ahora toca construir en la actual coyuntura, compartiendo los puntos sobre los que podamos avanzar y eliminando los que impidan nuestro avance. En nuestra memoria quedan aquellos años en el que el anarquismo en el movimiento obrero fue de masas, y en el caso español, el penúltimo en ser derrotado (porque el último fue el anarquismo búlgaro de inspiraciones makhnovistas, que durará hacia los años ’40). En nuestra memoria queda aquella generación de trabajadores y trabajadoras que lucharon por la libertad, contra la barbarie fascista y capitalista, en pos del socialismo y un mundo nuevo. 80 años después todavía quedan fosas por exhumar y muchos resquicios del franquismo en España que eliminar. Y, como se suele decir, nuestro mejor homenaje es continuar la lucha, aprendiendo de las lecciones pasadas y andar nuestro camino hoy, acorde a la coyuntura actual. Porque fueron, somos.
PD: Tal día como hoy en 2012, también comenzó la revolución social en Rojava.
Los resultados electorales les ha beneficiado al PP, que ganó más de diez escaños con respecto al 20D. El sorpasso al PSOE por parte de Unidos Podemos finalmente no se hizo realidad, solo consiguieron arañar dos escaños más mientras que PSOE pierde cinco. Ahora a por las palomitas a ver qué circo montan… Aunque no deberíamos, pues no deberíamos caer en la política pasiva del «a ver qué hacen los otros». Sí, nos gustaría llevar las 5 de la PAH al congreso, las derogaciones de la Ley Mordaza, la LOMCE, la reforma laboral y muchas cosas más, pero eso ni con una mayoría de izquierdas se conseguiría a no ser que exista un fuerte movimiento popular que marque agenda en las movilizaciones y en los frentes de lucha. Y al parecer, tendremos otro gobierno del PP con el beneplácito del PSOE y C’s por 4 años más, así que más razones para pensar en la construcción del poder popular, propuesta ya desde unos años atrás y donde tocará movilizar.
Podríamos decir que Podemos ha servido para desplazar el centro de los debates políticos hacia la izquierda, que el PP siga siendo el más votado pese a los escándalos de corrupción, el llevar monjas y ancianas a las urnas y la fuga de capitales hacia Suiza y Panamá, que si abstencionistas, que si tal… pero echar las culpas a otros por no poder acabar con el bipartidismo es inútil. Estos años de elecciones se terminaron, el ciclo de movilizaciones del 15M también, pero aún nos quedaríamos con la PAH, las redes de economía social, algunos sindicatos y asambleas de barrio. Por mi parte, asumo que vamos a tener otros 4 años más de gobierno del PP y que éstos harán lo que les diga Europa de nuevo: más ajustes y recortes. Ahora, lo único que nos queda es construir una alternativa política fuera de las instituciones, que de nuevo ilusione y atraiga a la clase trabajadora, que hable de soberanía popular y articule un movimiento popular amplio. Pienso que ésto es la clave y que lo que queramos hacer gire en torno a esta cuestión como tema central en nuestros debates, más allá de los tópicos de siempre que quedan en discusiones abstractas.
Sin más, tenemos que mirar hacia cómo abrir un nuevo ciclo de luchas escribiendo las hojas de ruta y estrategias que nos permitan una escalada de movilizaciones y la configuración de un proyecto político socialista libertario, democrático, de soberanía popular, comunista libertario (o como se le quiera llamar). No es tarea fácil, pero a la vista de que tendremos que enfrentarnos a, posiblemente, una nueva ola de recortes y a una extrema derecha que está en auge en Europa y llegará tarde o temprano a España, si no somos capaces de construir una alternativa política desde la llamada izquierda revolucionaria y en concreto del anarquismo, se nos comerán con patatas. ¿Y cómo tiramos adelante? He aquí unas propuestas escritas antes del 20D.
O no mucho. No voy a repetir otra vez a mis lectores y lectoras frecuentes y ocasionales mi postura sobre las elecciones, pero para quienes no la sepan, pues sencillamente me resulta poco relevante el hecho de acudir a las urnas o no, ya que lo relevante está en la política del día a día que hagamos, o sea, en qué fregaos estamos metidos: militancia en el ámbito antirrepresivo, sindical, estudiantil, medio ambiental, cultural, vivienda, servicios públicos, suministros, etc, además de desarrollar nuestro propio proyecto político. Yo votaría de nuevo sin que esto suponga sentirme como si entregase mi alma al diablo o mordiese la manzana prohibida. De hecho lo hice en las pasadas elecciones, y en las municipales. ¿Y qué? Vale, sí, he legitimado el juego democrático-liberal y todas esas milongas, pero en verdad, el sistema no adquiere legitimidad solo porque votes, sino que esta legitimidad viene, primero, de la hegemonía política del parlamentarismo que ha logrado imponerse como único sistema político posible, y luego, de la carencia de proyectos políticos posibles que respondan a problemas actuales por nuestra parte. Y la legalidad está hecha precisamente para blindar esa legitimidad, para casos en que esa letra nos la tengan que entrar con sangre. Una abstención del 100% es un sueño húmedo para utopistas, y una abstención del 80% tampoco haría que el sistema se tambalease porque simplemente no hay alternativas a él y se formaría gobierno con esa «mayoría» salida del 20% de votos.
En verdad, yo me canso de ver siempre la misma campaña por la abstención activa calcada de años anteriores sin ninguna propuesta interesante o programa más allá de no votar. Qué irónico que digan que la abstención activa se hace todos los días y solo hagan ruido con ella en tiempos de elecciones. No es inercia, qué va, es estrategia clave sin duda. No como la idea reformista del «votes o no, lo importante es que los derechos se consiguen luchando» o algo así. Porque lo revolucionario es no dar un palo al agua el día de las elecciones. Si vas a votar, dejas de serlo y pasas a ser un vulgar ciudadano borrego que hace cosas normales como trabajar, estudiar, jugar a la PlayStation, irse de bares a ver el fútbol, emborracharse, tener amigos y amigas normales… Y como ser normal es pecado, qué mejor que vivir «como anarquista» haciendo «cosas anarquistas» como autofelarse y verlo todo «desde la perspectiva anarquista». Y una mínima crítica a la postura abstencionista te convierte autómáticamente en ciudadano que delega sus responsabilidades.
¡Alerta spolier! Esta me la sé: pedir datos sobre qué haces en tu vida militante que no sea escribir en este sitio web. ¿En serio tengo que hacerlo como si fuese la declaración de la renta? Mi vida real no la tengo por qué contar por Internet así por así alegremente. Me la reservo para mis amistades en la vida real o para aquellas personas con las que haya establecido una relación de confianza recíproca.
Volvamos al hilo y con un poco más de seriedad. La gente no vota porque sí, como un acto involuntario o porque siga un rito. La mayoría de quienes deciden votar lo hacen porque están de acuerdo con el programa político de su partido o el que considere el más adecuado o vota nulo porque ningún partido les cae bien y meten un chorizo en el sobre. La cuestión por el cual Podemos está consiguiendo apoyos desde los movimientos sociales es que han sabido traducir ese descontento en programas políticos que contienen planes para mejorar la situación inmediata. Otra cosa es la vía en que hayan escogido para implementar su programa. (Aviso a navegantes: un programa político no tiene por qué ser electoral, simplemente es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar por la organización política o partido que lo haya realizado) .Así pues, no tiene sentido repetir una y otra vez lo mismo de siempre sin tener detrás hojas de ruta, ni programa político ni estructura (diversas organizaciones que trabajan en diversos campos y niveles bajo un programa común). Si no tienes proyecto político materializado en un programa que marque las líneas estratégicas a seguir en aras de lograr imponerse como alternativa al neoliberalismo y llamas a la abstención, es como quienes se manifiestan en defensa de un concursante de Gran Hermano. Sin embargo, si tienes ese proyecto político y llamas a la abstención activa, tendrá sentido dependiendo de la coyuntura y las relaciones de poder entre las diferentes fuerzas políticas en el escenario, entre ellas la tuya. Y si llamas a votar a X coalición o partido, también dependerá de los factores mencionados, con posibles finalidades como desplazar el debate político más a la izquierda o contar con un mapa político del país más favorable a la construcción del poder popular, y por ende, para avanzar en la materialización de tu proyecto político. En todo caso, los análisis de coyuntura determinarán las líneas estratégicas a seguir acorde al proyecto que se desee implementar.
Sabemos de sobra que desde los parlamentos no se va a cambiar el sistema, prueba suficiente lo tenemos con Syriza, por ejemplo, pero no todo se reduce a la política paralamentaria. También habrá que tener en cuenta las influencias que tiene la configuración del mapa político parlamentario en los medios de comunicación y en la sociedad. Así pues, una victoria o un ascenso de partidos a la izquierda del PSOE podría desplazar el discurso centro-derechista hegemónico del país, lo que significa una oportunidad para empujar más desde abajo y a la izquierda. Por otro lado, en el caso de que se haya formado un gobierno progresista, existe el riesgo de la desmovilización al extenderse la idea de esperar a que cumplan los programas electorales en vez de continuar con la política del día a día. Y en el peor de los casos, que el caso del fracaso electoral de las izquierdas genere un ambiente de desilusión dando la sensación de que todas las esperanzas de mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora se desvanezcan y el fascismo sea el que recoja ese descontento. Estos puntos serían las posibles derivas y consecuencias de la ausencia de un proyecto político libertario como alternativa real a la Europa del capital, como proyecto que devuelva nuestra soberanía popular pisoteada por el capitalismo global y los Estados que lo imponen.
Personalmente, no haría campaña en favor de ningún partido, pero tampoco me interesa posicionarme como un amargado con su discurso anti-todo o repetir el mismo mensaje de los años ’90. Más que nada, porque necesitamos ahora mismo consolidar nuestro proyecto político y dejarnos de tonterías como la identidad, la pureza ideológica, de si es anarquista/revolucionario o no una cosa u otra, debates infinitos sobre cuestiones banales, mitología del ’36… para hablar de programas, líneas estratégicas, alianzas, soberanía popular, luchas sociales, hojas de ruta y todos aquellos temas que nos afecten como clase trabajadora de todos los géneros, de todas las edades, etnias, afiliación política/sindical/religiosa… Pues eso, que a mi lo de votar como que me la sopla un poco. Si me levanto vago un domingo o lo tengo ocupado o me queda lejos el colegio electoral, paso de votar. De lo contrario, si no tengo nada que hacer y me da por echar el voto, lo haría.
