Por qué no soy anarquista

Murray Bookchin en los últimos años de su vida llegó a romper definitivamente con el anarquismo ya que el panorama que vio en su entorno era horrible, pues era un anarquismo mayoritariamente de estilo de vida, contracultural e individualista. Sin embargo, sus obras fueron cruciales para el PKK y su cambio de paradigma para desarrollar el movimiento de liberación kurdo que está siendo la única fuerza política democrática en medio del conflicto en Oriente Próximo. No obstante, aunque el título dé a entender que a priori fuera yo a romper con el anarquismo públicamente, realmente no es expresamente así. Simplemente quiero aclarar que solo soy anarquista en cuanto a pensamiento político y al programa (aún por realizar) que me adscribo, netamente socialista libertario. Pero a nivel personal, soy como otro cualquiera que vive en la realidad material, con sus problemas, sus vicios, sus contradicciones… en definitiva, con sus pros y sus contras.

Por la forma en que nos expresamos, da la sensación de que «ser anarquista» significa «vivir pensando como anarquista» o algo similar, del estilo «soy anarquista, soy especial, wow, so different to other people, so cool, y como anarquista no voto, odio el fútbol, el cole, a la policía, a los carnacas, a la gente normal… solo tengo amigos anarquistas, me mola lo rural, mi huerto autogestionado individualmente es lo más y escucho punk…», vamos un tipo coherente con sus ideas y principios que parece vivir en un mundo paralelo ajeno a los problemas de la gente común en su día a día. Pues en ese sentido, no soy anarquista. O al revés, que esos que tanto reivindican su identidad anarquista en realidad solo sean egoístas que quieren mantener su moral limpia tras leer a los autores clásicos anarquistas. Posiblemente sea eso.

Parece ser que confundimos el anarquismo como una suerte de filosofía de vida bohemia, donde el mantener su moral limpia y lo más antiautoritaria posible sea el objetivo principal, y desde allí desarrollar una actividad política que no va más allá de la propaganda identitaria y netamente destinada para consumo propio. Dicen además que si votas, eres futbolera, comes carne, lees autores marxistas o cosas así, es que no eres anarquista. Sobre todo lo de votar, que parece que si echas la papeleta mágicamente dejas de ser anarquista. Pero yo no creo en la magia, no estamos en Hogwarts. ¿Hemos olvidado acaso la influencia del anarquismo en esas luchas obreras de hace unos cien años y las revoluciones que se han materializado tales como el makhnovismo, la del ’36, Shinmin… y ahora tomamos referencias en el movimiento de liberación kurdo? Si leemos acerca de todos esos acontecimientos históricos un poco más en detalle, veremos que el anarquismo fue una expresión política, en otras palabras, la entendieron como bases sobre las que levantar un movimiento revolucionario, un proyecto de sociedad que emancipe a la clase trabajadora de la opresión capitalista. El makhnovismo fue paradigmático en este caso, donde deja en evidencia la diferencia entre tomar el anarquismo como una filosofía y estilo de vida, y tomar el anarquismo como política revolucionaria. Arshinov lo describió muy claro en su libro sobre el movimiento makhnovista, criticando la falta de apoyos desde el anarquismo ruso a la causa revolucionaria y que en su lugar, estaban en sus ateneos discutiendo sobre cuestiones morales acerca de la revolución. Hasta en las memorias de Makhno se recogen relatos similares (si mal no recuerdo…).

Pues el caso es que no vivo como anarquista, ni tengo por qué interpretar la realidad con un filtro rojinegro delante. Ante todo, soy persona y vivo mi realidad, la que me ha tocado. Tengo mis problemas, mis vicios, mis debilidades y mil imperfecciones, puedo hablar de fútbol, de elecciones, de naturaleza, y miles de chorradas estando de tranquis con amigos y amigas. No soy especial, soy otro común mortal más. No me siento superior moralmente porque mi pensamiento político sea anarquista o socialista libertario, ni llevo el pensamiento político a nivel personal, ni miro por encima del hombro de nadie que no piense como yo teniendo en mente lo de «ciudadanos borregos» y similares. En definitiva, no soy anarquista como tal. Solo lo soy en cuanto a pensamiento político y es en lo que creo: que el anarquismo sea tomado como política revolucionaria, que nos sirva como base para construir un actor político impulsor de movimientos populares de caracter revolucionario que pelee por su soberanía frente al neoliberalismo, que se materialice en un proyecto político asentado en la realidad como respuesta ante la crisis, proponiendo alternativas reales a este sistema y vuelva a ser motor de cambios sociales radicales como lo fue antaño. Es una tarea pendiente, un camino difícil de recorrer, pero necesario en estos tiempos revueltos donde este mundo está virando hacia la derecha -y también hacia la ultraderecha- ante la retirada de las izquierdas. Y si no somos capaces de ilusionar ni de configurar un proyecto político que atraiga a las clases trabajadoras como sí está haciendo la derecha, el anarquismo acabará en el baúl de los recuerdos como una bella utopía para soñadores y soñadoras.

Unidad en torno a qué

James acababa de entrar en su despacho con su taza de café en mano y se quedó frente a la ventana viendo las vistas de una soleada mañana sobre la ciudad. Era martes, un día bastante tranquilo. James era jefe de Recursos Humanos de una mediana empresa de fabricación de parkímetros. Hombre de mediana edad proveniente de familia rica, consiguió el puesto gracias a un contacto de su madre. Aborrece su trabajo, pues tocarse los huevos a manos llenas casi todos los días en la oficina no es que sea muy divertido, pero tampoco quería perder su posición. Entonces entra Morgan, el director general a su despacho, planteándole una renovación de la plantilla, ya que quería ahorrar los costes de antigüedad.

—…Mire señor James, las previsiones sobre los ejercicios de los siguientes años tienden a la baja, y al revisar el informe sobre los contratos de la actual plantilla que usted mandó, figuran que el 52% de los contratos tienen más de 4 años de duración, así q..
—Me está diciendo que realice un ERE, ¿verdad? ¿Sabe lo que supondría tener que despedir la mitad de la plantilla, siendo significativa la presencia sindical en nuestra empresa?
—James, creo que no ha tenido en cuenta que, a excepción de CCOO y UGT, el resto de sindicatos son poco relevantes. Y alguno que otro está más por la labor de putear al vecino que afrontar un posible conflicto con la empresa. Escuche, a los CCOO y UGT los podemos comprar fácilmente y que se sitúen en nuestro bando. Al resto solo hay que dividirlos, fomentar que se peleen por cuestiones estúpidas como los colores de las banderas, dónde colocar los muebles o cuestiones éticas y morales. ¿No conoces el lema «divide y vencerás»? Pues aplíquela.

Ambos se quedan en silencio pensativos. Morgan toma asiento y reanuda:

—¿Sabes? Karl Marx tiene razón en cuanto a la lucha de clases. Tú y yo somos de la misma clase. También Warren Buffet, Amancio Ortega y Bill Gates. Y nuestro objetivo es perpetuar nuestra posición generación tras generación. Simplemente mírelos. Mire cómo esos sindicatos pequeños que se declaran revolucionarios y toda la izquierda radical se pelean por ver quién es más revolucionario… ¿Quiere conservar su puesto, verdad? Hágase valer y saca adelante ese ERE bonito.

they-fear-change-those-who-stand-for-capitalism_o_2060621Morgan, sucio capitalista sin escrúpulos y profundamente antiobrero, tiene claro qué es lo que quiere. No le importa con quiénes se junten: progresistas o conservadores. Mientras sean liberales, a él le vale sin importar si son de Adam Smith o Milton Friedman. Quizá le chirríe un poco keynes, pero no le da mucha importancia. Lo que le importa es que su capital siga creciendo y pueda seguir disfrutando de su opulencia.

Ahora dejemos a un lado las batallitas. Parece ser que hemos oído hablar hasta la saciedad acerca del tema de la unidad, que todavía hoy sigue sin estar realmente resuelta. ¿Unidos pero no mezclados? ¿Unidad pero aquí manda mi polla? ¿Unidad sí pero bajo estos principios y estas condiciones? La realidad del microcosmos de la llamada izquierda radical parece un universo paralelo, y el del anarquismo, otro; ya que allí dentro en gran parte de los casos se discuten temas con base en lo identitario, en la abstracción ideológica o en el pasado glorioso. Sin embargo, me gustaría abordar la cuestión desde un punto de vista más político-social que ideológico, es decir, teniendo en cuenta factores tácticas y estratégicas. Podríamos distinguir entre:

—Unidad en torno a cuestiones de principios, morales y éticas. Mediante estas bases se forman una buena parte de colectivos y grupos de afinidad informales que no llevan detrás ninguna responsabilidad política -en el sentido de responder ante las problemáticas sociales políticamente y tratar de incidir en la realidad material interviniendo en el escenario político-social-, sino más bien por compartir entre sí unos códigos morales y principios, algo que en verdad se ve lógico pero que a medio plazo acaba derivando en una suerte de secta con sus propios códigos morales y elementos discursivos, más destinado a ser grupos de amistades herméticos donde lavarse las conciencias que servir para realizar alguna actividad social o política.

—Unidad ideológica. Tal y como lo describieron George Fontenis o los makhnovistas, la unidad ideológica consistirá en configurar una organización sobre unas bases ideológicas comunes y compartidos por todos sus miembros. La diferencia con el punto anterior es que no se toman estas bases como si fuesen principios fundamentales y abstractos, sino unas bases que sirvan como dirección en la actividad política o social que se quiera desarrollar como organización, el cual, sí conlleva una responsabilidad política.

—Unidad de acción, táctica y estratégica. Esta modalidad parte de la anterior y consiste básicamente en compartir metodologías de acción colectiva, las tácticas, los análisis, las visiones estratégicas y las estrategias en sí. El objetivo por el cual se realiza esta unidad es lograr aunar fuerzas persiguiendo unos objetivos comunes, evitando la dispersión del accionar colectivo.

—Unidad en torno a un programa. Esta cuestión engloba a las dos anteriores, del cual, partiendo de la unidad ideológica, se elaboran los programas que tendrá la organización necesarios para el desarrollo de su actividad. La unidad en torno a un programa será más amplia y puede abarcar más organizaciones tanto sociales como políticas que se adscriban al mismo programa. Esto permitirá construir una fuerza política con coherencia interna que aspire a ser un actor político referente en la construcción del poder popular disputándose la hegemonía en el escenario político-social.

 ¿Y qué hay de las alianzas? La diferencia con la cuestión de la unidad radica en que las alianzas se forjan entre fuerzas políticas diferentes, en otras palabras, que poseen programas y bases ideológicas distintas. De todos modos, hay una delgada línea que los separa, así que tampoco hay que mirarlo con lupa. Aquí distinguiríamos brevemente tres:

—Neutralidad. No existe colaboración pero tampoco enemistad, simplemente no se molestan los unos a los otros.

—Alianza táctica. Colaboración en torno a cuestiones puntuales a corto plazo en el cual se comparten las demandas u objetivos comunes, sin llegar a compartir programas y líneas políticas.

—Alianza estratégica. Colaboración más allá de objetivos puntuales, llegando a compartir programas y líneas políticas para lograr objetivos comunes más ambiciosos.

Conviene también hacerse a la idea sobre qué cuestiones relevantes tendremos que forjar las uniones y alianzas. No tiene mucho sentido, por ejemplo, el invertir más fuerzas en criticar las elecciones sindicales en las cuales participa el otro sindicato que también comparte la misma metodología de acción directa, además de estar involucrado en el mismo conflicto laboral. Lo que sí tendría sentido es, en este caso, desarrollar una unidad o alianza táctica para afrontar un posible conflicto laboral en la misma empresa, y evitar que los sindicatos burocráticos acaben vendiendo al resto de la plantilla. Estas divisiones por cuestiones irrelevantes como pueden ser el tratar de imponer ciertas posturas éticas, morales o de principios, de usar varas de medir sobre qué es revolucionario/anarquista y qué no, de no saber leer los momentos y echar mierda al de al lado… es un lastre que llevamos arrastrando muchos años, que nos lleva a pelearnos entre nosotras en vez de reforzar los puntos en común y forjar alianzas para aunar fuerzas y luchar contra los problemas actuales que estamos atravesando (vivienda, trabajo, servicios públicos, etc) tratando además de dar con una respuesta a nivel político que nos permita construir una alternativa real al capitalismo desde abajo y a la izquierda.

¿Por qué no hablamos de soberanía?

La Constitución española de 1978 establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado. Y nos preguntaremos, ¿realmente, hoy, en la realidad y no sobre papel, reside esa soberanía que se comenta? ¿De verdad reside en el pueblo español? Sin duda, cualquier demócrata de traje y corbata respondería que sí, pero la realidad es bien distinta: la soberanía nacional solo es una ilusión en cuanto a que España está supeditada a la UE y obedece a sus dictados, como se ha demostrado con el gobierno de Rajoy. Ni tampoco hay signos de que esa soberanía resida en el pueblo español ya que tampoco tiene voz en los asuntos del Estado. En cambio, parece que los poderes del Estado sí emana de ese pueblo, aunque más bien a costa del pueblo, pues el Estado español claramente sirve a los intereses del gran capital tanto nacional como internacional.

Bien, ¿y qué os estoy contando? El tema de la soberanía resulta que no es baladí, sino una cuestión importante a la hora de tratar temas políticos, entre ellos, la parte que tiene que ver con la construcción de contrapoderes, movimiento popular y lo que vaya asociado a la capacidad de los pueblos y la clase trabajadora de tomar las riendas de su destino. Del mismo modo, cuando hablamos de soberanía alimentaria hablamos de la capacidad de decidir de los pueblos sobre la producción de los alimentos, que implica el modelo de producción agraria, la logística y las relaciones internacionales.

No obstante, así de primeras pensamos que la soberanía tiene que ver con la cuestión nacional. Así pues, ¿qué tendría que decir sobre el proceso soberanista de Catalunya? La política al final son como los gases. Tienden a ocupar todo el espacio posible, o sea, si una fuerza política abandona un campo del escenario político, otra fuerza la ocupará. Este es el caso del soberanismo cuya bandera la enarbola la derecha, sin olvidar a la Esquerra Independentista obviamente que quiere disputar su hueco en el mapa político catalán. La cuestión nacional, como he comentado en ocasiones anteriores a este artículo, puede tener detrás muchos trasfondos políticos, y dependiendo de qué fuerza política sea la principal impulsora de de tal movimiento de liberación nacional, podrá tomar un caracter popular, liberal o fascista. Cabría mencionar, ya que estamos, el tema de la patria, que aquí en España se suele asociar a la derecha y lo rancio de este país, pero que en Venezuela por ejemplo, hablen de patria y socialismo. En todo caso, cada situación debe ser estudiado antes que descartarlo a priori y no escudarse en un anacionalismo abstracto, sin tener en cuenta si existe oportunidad para tomar la cuestión nacional como un proceso de construcción de soberanía popular.

Si la cuestión nacional está estrechamente ligada a la soberanía es porque dicha soberanía se ejercerá en un espacio físico donde el pueblo tenga el poder real, y no la adminsitración de un Estado-nación capitalista o la metrópoli, sobre dicho territorio bajo control del pueblo soberano. El caso más paradigmático actualmente es Rojava, la región del norte de Siria que tiene su propia administración y en el que el pueblo kurdo junto con otras minorías étnicas adheridas al confederalismo democrático, tienen voz y voto a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales.

Y a pesar de su importancia, estas cuestiones se encuentran (al menos lo que he visto yo) ausentes en el anarquismo europeo contemporáneo y en concreto en el anarquismo a nivel de España, un asunto que, por ejemplo, en parte del anarquismo latinoamericano sí se menciona.

Vale, ¿pero qué es expresamente esa soberanía de la que hablo? La gran debilidad del anarquismo a la hora de tratar sobre las relaciones de poder nos lleva a que este tema, tan importante para el escenario político actual, sea prácticamente una senda intransitada y abandonada para que otras fuerzas políticas metan allí su discurso. Hablaremos de soberanía como cuasi sinónimo de poder popular, algo que va a referirse a la capacidad de los pueblos para decidir sus destinos y la independencia a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales trascendentales para sus destinos. Un pueblo soberano es aquel que tiene su proyecto político y lo puede implemenentar sin que ninguna fuerza política externa lo impida u obstaculice. Esta soberanía implica la independencia para establecer una administración propia, una economía socialista que garantice el reparto de la riqueza y el trabajo, así como un nuevo orden social basado en la libertad, la solidaridad, el feminismo, el internacionalismo y la igualdad. En otras palabras, lo llamaríamos soberanía popular, el cual engloba: la soberanía nacional (autodeterminación de los pueblos, independencia frente a Estados-nación), soberanía alimentaria (capacidad para producir sus propios alimentos), soberanía energética (capacidad para producir la energía sin necesidad de importarla), además de lo mencionado.

En resumidas cuentas, hablemos de soberanía como sinónimo de la capacidad de los pueblos para decidir su destino, como derecho a la autodeterminación, como independencia frente al neoliberalismo y como un objetivo a alcanzar por la clase trabajadora en pos de la emancipación como clase. La soberanía popular llevará implícita la construcción de un proyecto político socialista libertario, y será resultado de procesos de poder popular creados mediante la lucha social. Tendremos la responsabilidad de llevar a cabo tales procesos y, por lo tanto, poner sobre la mesa la cuestión de la soberanía como algo que engloba todos aquellos aspectos de la vida que nos atañen y sobre los que queremos decidir: vivienda, suministros, energía, medio ambiente, administración territorial, política económica, organización de la vida pública, trabajo/producción, etc.

Crónica de la feria del libro anarquista en Dublín

El pasado día 16 de abril tuvo lugar en Dublín la feria del libro anarquista organizada por el WSM (Workers Solidarity Movement), organización anarquista de Irlanda. En ese día, a su vez, hubo multitud de charlas a las cuales no asistí a todas, sino a las que pude ya que las hubo simultáneas durante la misma jornada de mañana. Voy a narrar los acontecimientos en orden cronológico y desde mi experiencia personal estos dos días en que estuve en Dublín. Siendo sincero, no pude entender el 100% de lo que dijeron en las charlas ya que apenas llevo dos semanas por estas tierras y aún tengo que mejorar mi inglés.

El día anterior a las 19:30, asistí a una charla sobre los acontecimientos en Rojava donde estaban de ponentes Janet Biehl y unos kurdos. En ella, comentaron las influencias de Bookchin sobre el Confederalismo Democrático como proyecto político para el pueblo kurdo y Oriente Próximo. También explicaron cómo se estructuraba socialmente, la administración democrática, el contrato social y el TEV-DEM como movimiento social amplio. Como habremos leído en otras ocasiones, esta nueva administración tiene como bases las comunas y cooperativas gestionadas asambleariamente; este proyecto tiene carácter laico y multiétnico, lo cual, todas las etnias tienen voz y voto en las asambleas y pueden profesar su fe libremente. No han comentado demasiado acerca de las YPG. Luego, una representante del Congreso de Mujeres Libres (KJA por sus siglas en kurdo) nos presentó su organización y las áreas en que trabaja, tales como en la economía, la política, lo social, la diplomacia, los derechos humanos, la autodefensa y la lucha contra la violencia machista, la ecología, los medios de comunicación y prensa, etc. El KJA es afín al proyecto político promovido por el PKK, considerando la liberación de la mujer una cuestión crucial para la revolución. Tienen su sede en Diyarbakir y aquí tenéis más información. En Rojava, mencionaron a la Fundación de Mujeres Libres en Rojava (WJAR), la cual promueve la mejora de la participación de la mujer en diversas áreas, y se involucra en proyectos cuyas actoras principales son mujeres, tales como de aperturas de centros de salud, cooperativas, parques, villas, etc…

La charla fue bastante concurrida, hubo alrededor de 100 personas aproximadamente, y el acto terminó un poco tarde debido a que la gente preguntaba bastantes cosas. Tras acabar, tuve la suerte de poder dormir en casa de unos kurdos.

Al día siguiente, fui a la feria como tal y ahí he visto puestos del propio WSM, de AF(Anarchist Federation), IWW, AK Press y otros tantos más que se pueden ver en el post de la página web del WSM. Los libros que adquirí finalmente fueron: «The adventures of Tintin – Breaking Free», «The anarchist movement in Japan» y «Myths and memories of the Easter Rising», además de materiales sueltos gratuitos que he ido pillando.

Luego llegué tarde a una charla sobre la reconstrucción de los sindicatos desde abajo donde miembros del IWW trataban cuestiones sobre la necesidad de la organización sindical por parte de los propios trabajadores e independiente del Estado y la patronal, cómo impulsarlas en el actual contexto y qué propuestas y proyección de futuro pueden aportar. Después, fui a otra sobre la rebelión irlandesa durante la I Guerra Mundial contra la imposición británica y la participación de la clase trabajadora en ella. No he podido enterar muy bien porque el ponente hablaba muy rápido… Tras un breve descanso, fui a otra charla donde comentaron ejemplos de diversas luchas sociales basadas en la acción directa como la campaña contra la subida de las tasas del agua, a favor del aborto, etc.

Al finalizar las charlas, he asistido a una breve sesión de debate acerca de la necesidad y el papel que tendría una organización anarquista. Se hablaron temas sobre el feminismo dentro de las organizaciones, la influencia en las diferentes luchas sociales, qué podríamos aportar desde el anarquismo a ellas, etc. Fue entonces cuando pude intervenir, aunque solo fuesen 5 minutos, explicando la necesidad de construir un proyecto político basado en el poder popular y tener una línea estratégica hacia el socialismo libertario, siendo el papel de la organización anarquista el convertirse en referente en la creación de un proyecto político capaz de hacer frente a la Europa del capital. Finalmente, tenían programado un After party con música en directo, pero no pude estar por más tiempo porque si salía demasiado tarde, no habría autobuses de vuelta.

Algunas notas tras finalizar la jornada;

—Los actos se realizaron en lugares muy concurridos, prácticamente en el centro de la ciudad y alrededores de una enorme plaza llamada «Smithfield Sqare», teniendo lugar las charlas en los pubs «The Cobblestone», «Ryans» y en un gran hotel llamado «Generator» estaban los stands de libros, además de acoger algunas charlas. Llama la atención que, al contrario de lo que aquí se realizan este tipo de jornadas donde se realizan solamente en nuestros espacios, el WSM organizó estos actos en locales que no tienen relación alguna con el movimiento. La elección del sitio, pienso, responde a la cuestión de que sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que son actos que no se realizan para autoconsumo, sino de actos dirigidos para todo el público, lo que abrirá la posibilidad de que algunas personas puedan interesarse por el anarquismo o en las luchas.

—Por contra, los costes económicos son bastante elevados, la propia organización lo reconoce pero consiguen sufragar parte de estos gastos por las donaciones recibidas, ya que he observado que logran recaudar una cantidad considerable.

—Tienen formularios como feedbacks para recoger las impresiones de la gente con preguntas cortas tales como el medio por el que se enteró del evento, su ideología (anarquista, marxista, feminista, ecologista, otros…), y en qué aspectos sería mejorable. Además, dejaba unos campos donde podías dejar tus datos de contacto y las áreas que te interesen (diseño, antifascismo, antirracismo, escribir artículos, etc…).

¿Volvería el próximo año? Dependerá de mis circunstancias personales, pero la verdad es que me ha quedado un buen sabor de boca. Os dejo algunas fotos de las jornadas:

 

Charla del viernes con Janet Biehl

La organización social en Rojava (Foto de un militante del WSM)

Entrada del hotel Generator en la céntrica plaza de Smithfield Square. Dentro están los puestos de libros y algunas charlas se darán allí

Puesto de IWW

Puesto del WSM

Otros puestos

Más stands con banderas de YPG/YPJ de fondo

Charla sobre sindicalismo

Charla sobre las ideas de Bookchin (Foto de un miembro del WSM)

Comenzando el After party

El makhnovismo y el anarquismo

Nota preliminar: Este es un fragmento del libro «Historia del Movimiento Makhnovista», escrito por Piotr Arshinov, que me pareció interesante rescatar ya que sigue siendo de actualidad, pese al contexto en que se escribió el libro. No obstante, en este fragmento se describen muchas semejanzas con el actual estado general del movimiento libertario y de buena parte del imaginario que hay en él. Sin más, os dejo que disfrutéis de su lectura.
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La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas  proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden. Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edifcación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.

Al considerar el makhnovismo se destacan de inmediato dos aspectos esenciales del movimiento:

1) su carácter verdaderamente popular y su nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron;

2) a ello se debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos principios incontestables del anarquismo:

a) el derecho de los trabajadores a la iniciativa;
b) el derecho a la autogestión económica y social;
c) el principio del no estatismo en la edificación social.

En todas las fases de su desenvolvimiento, el makhnovismo ha mantenido esos principios con tenacidad y consecuencia. En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos mil o trescientos mil  de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera igualdad en el seno de la sociedad nueva. Vemos en el makhnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas, no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la vía del anarquismo. Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba a establecer a tiempo sus ideas y sus consignas, a elaborar sus formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos, vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron.

Era de esperar que los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a fundirse en él. Pero fue de otro modo. La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no parecía ser puramente anarquista. Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura, lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la inactividad y a la esterilidad.

Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos, dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual, pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida. Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa considerar con alguna atención. Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran signifacación. Aun colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso dirigente inmediato. Ahora bien, el makhnovismo comenzó bien lejos de ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad moderna. Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era precisamente aquel que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos los anarquistas “intelectuales” y teóricos, Volin fue el único que participó en el Movimiento Makhnovista con entera decisión, poniendo a su servicio todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del anarquismo quedaron al margen.

Esto naturalmente no podría significar nada ni contra el makhnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y las ideas del anarquismo. Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la organización.

A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su pensamiento y de su programa práctico. Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad. Ésta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica anarquista luego.

La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún sufi cientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio “yo” comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual se retira a su oasis, imagina su obra y predica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.

De tal estado de cosas resulta un gran número de diferentes sistemas prácticos preconizados por los anarquistas rusos. De 1904 a 1907 hemos visto los programas prácticos de los Besnachaltzy [los “Sin autoridad”] y de los Chernoznamentzy [“La bandera negra”] que predicaban las expropiaciones parciales (la toma individual) y el terror general como método de lucha anarquista. Es fácil ver que esos programas no podían significar nada más que la expresión de las inclinaciones particulares de personas que se encontraban mezcladas al anarquismo por casualidad y que no eran posibles más que a consecuencia del débil desarrollo del sentimiento de la responsabilidad hacia el pueblo y la revolución. Últimamente hemos visto aparecer una gran cantidad de teorías, en algunas de las cuales se nota cierta tendencia hacia la autoridad estatista y la dirección autoritaria y centralizadora de las masas, mientras en otras se rechaza todo principio de organización y se proclama la libertad absoluta de la personalidad y otras aun se preocupan de aspiraciones demasiado “universales” del anarquismo, que en realidad no son más que simulaciones para esquivar las arduas obligaciones del momento histórico.

He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el makhnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se encontraban tan débiles y poco preparados. El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello, ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden apoyarse con confianza para dirigir su lucha.

Pero para justificar esa confianza no basta que el anarquismo sea una gran idea y los anarquistas sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en calidad de obreros. Sólo entonces respirará ese movimiento la atmósfera verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción, obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.

La esencia del makhnovismo resplandecía con el fulgor del anarquismo y sugería involuntariamente la idea de este último. Fue entre todas las doctrinas la que prefirieron los guerrilleros. Muchos de ellos se titulaban anarquistas, sin renunciar a ese título ni ante la muerte. Y al mismo tiempo el anarquismo dio al makhnovismo algunos militantes admirables que, con amor y abnegación, pusieron sus fuerzas y sus conocimientos al servicio de ese movimiento. Ese cruce de los destinos del anarquismo y del makhnovismo comenzó hacia mediados de 1919. Fue sellado en el verano de 1920 por el ataque simultáneo, que dirigían los bolcheviques contra los makhnovistas y los anarquistas en Ucrania y subrayado de una manera particularmente brillante en octubre de 1920 en el momento del acuerdo militar y político entre las autoridades soviéticas y las makhnovistas, cuando estos últimos exigieron, como condición absoluta del acuerdo, que todos los makhnovistas y anarquistas fuesen liberados de las prisiones de Ucrania y de la Rusia Central, y que se les concediese libertad completa para profesar y proclamar sus ideas y sus teorías.

Anotemos por orden cronológico la participación de los anarquistas en el Movimiento Makhnovista. Desde los primeros días de la revolución de 1917 se formó en Guliay Polié un grupo de anarquistas comunistas que desarrolló un trabajo revolucionario considerable en la región. De ese grupo salieron después los militantes y los conductores más notables del makhnovismo: N. Makhno, S. Karetnik, Marchenko, Kalachnikov, Liuty, Grigori Makhno, etc. Ese grupo estuvo íntimamente ligado con los comienzos del Movimiento Makhnovista. Hacia fines de 1918 y comienzos de 1919 se formaron otros grupos en la región y trataron de ponerse en relación con el makhnovismo. Sin embargo algunos de esos grupos, como por ejemplo en Berdiansk y en otras partes, no estaban a la altura de la situación y no podían ser sino perjudiciales al movimiento. Afortunadamente el movimiento era de tal modo sano que los pasó por alto.

En los primeros meses de 1919 Guliay Polié albergó ya, no sólo a los militantes campesinos del lugar, anarquistas tan notables como Makhno, Karetnik, Marchenko, Vasilevsky y otros, sino también a algunos que habían llegado de ciudades distantes y que representaban a ciertas organizaciones anarquistas: Burbyga, Mikhalev-Pavlenko, etc., trabajaban exclusivamente entre las tropas insurreccionales del frente o de la retaguardia. En la primavera de 1919 varios camaradas llegaron a Guliay Polié para entregarse principalmente a la organización de los asuntos de la cultura y de la instrucción en la región: crearon el periódico Put k Svobode, órgano fundamental de los makhnovistas y fundaron la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié que se dedicó a la propaganda en el ejército y entre los campesinos.

Al mismo tiempo se fundó en Guliay Polié un grupo anarquista asociado con la federación Nabat. Trabajó en contacto estrecho con los makhnovistas en el dominio cultural e hizo aparecer el periódico Nabat. Poco después esa organización se fundió con la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié en un solo cuerpo. En el mes de mayo, treinta y seis obreros anarquistas llegaron de Ivanovo-Voznesensk a Guliay Polié; entre ellos se encontraba Cherniakov y Makeev. Una parte de ellos se instaló en la comuna anarquista situada a siete kilómetros de Guliay Polié; otros se entregaron a trabajos de cultura en la región, otros entraron en el ejército insurreccional.

En el mes de mayo de 1919 cuando la Confederación Nabat,que era la más activa de todas las organizaciones anarquistas de Rusia, se dio cuenta que el flujo principal de la vida revolucionaria de las masas estaba en la región de los guerrilleros. A comienzos de junio de 1919 envió a Guliay Polié a Volin, a Mrachny, a Josif, El emigrado y a varios otros militantes más. Se tenía la intención de transportar a Guliay Polié las instituciones principales de la Confederación después de las sesiones del congreso extraordinario de los obreros y campesinos convocados por el Consejo Militar Revolucionario para el 15 de junio. Pero el ataque simultáneo contra la región por parte de Denikin y de los bolcheviques no permitió poner en ejecución este proyectó. Mrachny fue el único que pudo llegar en ese momento a Guliay Polié, pero se vio obligado, a consecuencia de la retirada general, a regresar al punto de donde había venido, uno o dos días después de su llegada.

En cuanto a Volin y sus compañeros, no pudieron abandonar Ekaterinoslav y sólo en agosto de 1919 lograron unirse cerca de Odessa al Ejército Makhnovista en plena retirada. Los anarquistas se mezclaron pues al movimiento tarde, cuando su desarrollo normal había sido ya interrumpido, cuando había sido arrojado violentamente de las bases del trabajo de edificación social y cuando, bajo la presión de las circunstancias, había entrado principalmente en la vía de la acción militar.

Durante el período que se extiende desde fines de 1918 hasta el mes de junio de 1919, las condiciones para un trabajo positivo en la región habían sido más favorables: el frente había quedado a doscientos o trescientos kilómetros de distancia, cerca de Taganrog, y la población de la región, de varios millones de habitantes diseminados a través de ocho o diez distritos, se encontraba abandonada a sí misma.

Pero a partir del verano de 1919 los anarquistas no podían trabajar ya más que sobre el terreno de las operaciones militares, bajo un fuego continuo, obligados a cambiar de lugar todos los días. Los anarquistas que se habían unido al ejército hacían todo lo que podían en ese medio. Unos, como Makeev y Kogan, tomaron parte en la acción militar; la mayoría se ocupaba de trabajos culturales entre los insurrectos y en las aldeas que atravesaban los makhnovistas. Pero ése no era un trabajo verdaderamente creador, en el sentido real y vasto de la palabra. La atmósfera saturada de combates la había reducido principalmente a una propaganda volante. Era imposible pensar en una obra de creación, en una obra positiva. En algunos casos, como por ejemplo después de la toma de Aleksandrovsk, Berdiansk, Melitopol y otras ciudades, los anarquistas y los makhnovistas tuvieron la posibilidad –por un tiempo por lo demás muy restringido– de plantear los esbozos de un trabajo más profundo y más vasto. Pero luego llegaba por una parte o por otra una ola militar que lo arrasaba todo; y de nuevo era preciso limitarse a una propaganda sumaria entre los guerrilleros y los campesinos.

Las condiciones en aquel momento eran claramente hostiles a un vasto trabajo creador entre las masas. Algunos individuos que no habían participado en el movimiento o que no lo hicieron más que durante un tiempo breve, llegaron a erróneas conclusiones fundadas en la experiencia de aquel período, de que el makhnovismo era de carácter militar, que se preocupaba demasiado por esos aspectos y muy poco por el trabajo creador entre las masas, pero, en realidad, el período militar en la historia del makhnovismo no fue de ningún modo el producto de su esencia misma, sino sólo de las condiciones exteriores, tales como las que se plantearon desde mediados de 1919.

Los bolcheviques han tenido en cuenta la significación del Movimiento Makhnovista y la situación del anarquismo en Rusia. Sabían que él, privado de contacto con un movimiento popular de una importancia tal como el makhnovismo, carecería de base y no podría ser más que un fenómeno inofensivo sin peligro para ellos. Y viceversa, comprendieron bien que el anarquismo era la única concepción social sobre la cual podía apoyarse el makhnovismo en su lucha implacable contra el bolcheviquismo. He ahí por qué no ahorraron esfuerzo alguno para separar un movimiento del otro. Y es preciso reconocer que persiguieron ese objetivo con gran energía: han puesto al makhnovismo fuera de toda ley humana. En Rusia y particularmente en el extranjero los bolcheviques se comportan como si ese hecho fuera natural y no debiera despertar ninguna duda y como si sólo los ciegos o los que nada conocen de Rusia pudieran vacilar en reconocer la justa y razonable medida adoptada.

En cuanto a la idea anarquista, no ha sido declarada oficialmente ilegal; pero los bolcheviques califican todo acto revolucionario de los anarquistas, todo acto de honestidad vehemente o cometido por ellos, como makhnovista y con un aire de naturalidad, como si no pudiera ser de otro modo, los arrojan al calabozo, o les cortan la cabeza. En suma, el makhnovismo y el anarquismo, que no consienten en humillarse ante los bolcheviques, son tratados de la misma manera.

El fantasma del terror recorre Europa

No ha llovido mucho desde aquellos atentados en París del pasado 13 de noviembre de 2015, y ahora, otros dos atentados en Bruselas el pasado día 22 de marzo, uno en el aeropuerto y otro en el metro. Desde lo de París y la noticia de la huida del supuesto terrorista a Bélgica, casi todos los Estados europeos elevaron los niveles de alerta antiterrorista, y vimos cómo sacaban a pasear a los militares con sus metralletas por las calles de las principales ciudades belgas y francesas. Y todo esto despúes de que ocurriesen los atentados. Señores, ¿no les parece que están a un paso por detrás de los terroristas? Les cuelan las bombas cuando bajáis la guardia y llegaría a ser hasta ridículo —si no fuese porque los muertos lo pagamos los y las de siempre— que un espontáneo calificado de terrorista haga que un país entero como Bélgica entre en la paranoia y saque los tanques a las calles, como en el GTA. Ni aun así… Y señores, ¿tampoco encontráis explicaciones de que financiando y armando a grupos terroristas como el Daesh así como a sus colaboradores como Arabia Saudí y Turquía al final os acabaréis comiendo unos cuantos bombazos?

Qué bien, ahora se acojonan porque el Daesh ha engordado tanto que tienen potencial —y capacidad— para atentar en Europa, porque claro, cuando no ponían bombas ni pegaban tiros en suelo europeo, eran una preocupación menor. Total, se matan entre ellos por cuestiones religiosas. Qué malo es el fanatismo, oigan, que no vengan aquí a quitarnos las misas, la Semana Santa y la hostia bendita. ¿Cómo se le llamaba a eso de que si un fundamentalista cristiano comete un atentado y mata a unas decenas de personas no se diga «Stop Cristianismo» pero si lo hace un yihadista se dice «Stop Islam»? ¿Es comestible?

Cada vez se me hace más abstracto la palabra «terrorismo» cuando oigo la palabrería de los «líderes mundiales» y politicuchos varios hablando de «unidad contra el terror» o esa supuesta «lucha contra el terrorismo». Se me hace abstracto porque no se concreta qué es ese terrorismo del que hablan, si es el de la pancarta de los titiriteros; los cuadernos, cintas adhesivas y libros de las operaciones Pandora y Piñata; el petardazo en la Basílica del Pilar; los yihadistas del Feisbuk o los bazookas de los nazi.. uy, espera, ese igual no… Así que ahora terrorismo puede ser cualquier cosa, ¡hasta la caja misteriosa! La hipocresía, la doble moral y el cinismo de Europa se hace notar cuando de cara a la ciudadanía se llenan la boca de poner mano dura para luchar contra el terrorismo y defender los valores de la democracia, pero a nuestras espaldas se hacen amigos de los países que dan soporte al Daesh (qué guay la monarquía española vendiendo el AVE a los jeques sauditas y decir que están luchando contra el terrorismo). Otro puntazo que se marcan es que distinguen entre muertos de primera y de segunda. De poco o nada se habló de los atentados yihadistas en países africanos como Malí, Burkina Faso, Nigeria…, que también se suceden casi a diario en Siria, Afganistán e Iraq. Del mismo modo que ningún medio ha calificado de terrorista a la política de Netanyahu. Ni tampoco han derramado una sola lágrima por las muertes de miles de refugiados y refugiadas que huyen de la guerra y del Daesh, en cuya travesía se encuentran con fronteras cerradas y guardacostas turcos jugando a hundir barcazas.

Conviene que hagamos un poquito de memoria, que las heridas abiertas siguen sangrando y abriéndose más por las guerras que provoca el bloque occidental en Oriente Próximo. Desde que a EEUU se le ocurrió la genial idea de alimentar el salafismo y el yihadismo y a codearse con los wahhabíes, todo fue de mal en peor. En los años ’70, les venían como anillo al dedo entrenar a los muyahidines para desestabilizar a la antigua URSS. En la actualidad, les interesa tener zonas de conflicto para justificar las invasiones militares para saquear el petróleo principalmente, además de obtener beneficios para la industria armamentística, por las guerras causadas. La guerra de Siria es ya ahora un galimatías donde tanto las potencias regionales (Turquía, Irán, Arabia Saudí principalmente) como occidentales (EEUU y Europa), y por otro lado están Rusia y China, quieren pillar su trozo de pastel. Y en medio está el movimiento de liberación kurdo quienes realmente plantan cara al terror yihadista, pero con Ochalan en la cárcel y el PKK en la lista de organizacones terroristas.

¿Quiénes son realmente los terroristas? A nada que rasquemos un poco para encontrar el origen de los atentados, nos encontramos con que están detrás Europa y los EEUU alimentando al Daesh siempre y cuando no atenten en suelo europeo, y que si lo hacen, aprovechan para culpar al islam como origen del terror (aunque en realidad, el yihadismo se cobra más víctimas musulmanas que occidentales), pero sobre todo que los muertos no sean peces gordos.

Al fin y al cabo, son los intereses geopolíticos los que están detrás de este escenario en Oriente Próximo, ni tampoco dudarán en aprovechar este estado de shock tras los recientes atentados en suelo europeo para imponer toques de queda exhibiendo su monopolio de la violencia, tratando de que aceptemos los tanques y militares en las calles y en los controles en estaciones y aeropuertos como algo normal. Y a esto le añadimos la impunidad con la que actúa la extrema derecha atacando/quemando mezquitas y casas de refugiados, dejando mensajes xenófobos, racistas e islamófobos en las calles y justificar el cierre de fronteras precisamente a quienes huyen de la guerra. Pero lo preocupante es que da la sensación de que la izquierda en general está paralizada ante el auge de esta extrema derecha, que está ganando puntos en las encuestas de intención de voto y su discurso de odio y discriminación esté calando entre cada vez más gente.

Si lo miramos desde otro punto de vista, el tema del terrorismo es más bien un arma política donde la clase dominante lo utiliza, por un lado, como control socal mediante el discurso del miedo, y por otro, como justificación para eliminar la oposición interna (contrainsurgencia). Conocer esta base es el punto de partida para articular una respuesta tanto a nivel social como político con el fin de afrontar el auge de la derecha y el fascismo. Lo primero, señalar claramente que el pacto antiyihadista es una mentira porque ni Europa ni EEUU ni Israel están luchando contra el terrorismo porque son ellos los que entrenan, arman y financian a Daesh y otros grupos terroristas a nuestras espaldas, y hacen grandes negocios con monarquías petroleras y gobiernos opresores (que también dan apoyo al Daesh). Por último, dejar claro que el yihadismo no representa el islam y que la mayoría de víctimas de Daesh son musulmanes, añadiendo de que es imposible que entre los refugiados y refugiadas puedan ir terroristas del Daesh, ya que viajan en primera clase. A nivel social, unas pequeñas propuestas serían trabajar desde la multiculturalidad en el barrio a través de programas y actividades (como mundialitos antirracistas que ya vienen haciéndose, talleres de idiomas, actividades culturales, etc) que integren a colectivos migrantes, así como la defensa frente al terrorismo de baja intensidad de energúmenos fascistas que se dedican a apuñalar a quienes luchan contra sus ideas racistas, totalitarias, de odio y violencia, además de las acciones solidarias que ya se están realizando al ayudar a los y las refugiadas en Idomeni, Lesvos,… Y a nivel político, desde nuestras organizaciones políticas apoyar el proyecto político del movimiento de liberación kurdo en Rojava y Bakur (quienes por ahora son los únicos actores que llevan un compromiso real de acabar con el Daesh), exigir la eliminación del PKK de las listas de organizaciones terroristas, la apertura de las fronteras y puesta en marcha de programas de acogida, el cese de la venta de armas a las monarquías del Golfo y a Israel, entre otras.

Se nos avecina un clima de guerra creado por las clases dominantes, y el fascismo asomando tras el fantasma del terror.

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