Ser revolucionario hoy

Sobre la renovación, reformulación y recomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario

por Octavio Alberola

A pesar de ser el capitalismo «un sistema tan injusto, irracional y amenazador» para la especie humana, la inmensa mayoría de los humanos lo sigue considerado «como el más eficiente sistema económico para conseguir el bienestar de la humanidad». Por ello, en un texto reciente [1], tras reflexionar sobre tan extraña e inquietante paradoja me pronuncié por la necesidad de «cuestionar todo lo que en la teoría y en la práctica del marxismo y del anarquismo ha contribuido a la perennidad del capitalismo e impedido la eclosión de la utopía implícita en el paradigma emancipador común a estas dos ideologías». No sería, pues, consecuente considerarlo necesario y no intentar hacerlo en lo concerniente al anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario. No sólo porque es lógico dejar a los marxistas el cuestionamiento del marxismo sino también porque en mi análisis de la «crisis del paradigma emancipador» intentaba ya aportar elementos de reflexión al debate abierto por los compañeros Tomás Ibáñez [2] y Antonio Carretero [3], sobre la «reformulación y revitalización del anarcosindicalismo», y por las reflexiones del compañero José Luís Carretero [4], sobre la necesidad de «recomposición de la insurgencia libertaria que empieza ya a anunciarse un poco por todas partes», y de otros, sobre «ser revolucionario hoy».

Anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario

Aunque este debate parecía, al principio, limitado al anarcosindicalismo, en realidad es una reflexión sobre las ideas anarquistas y los proyectos de utopía que estas ideas inspiran en cuantos y cuantas se reclaman hoy de ellas. De ahí la necesidad de recordar que el anarcosindicalismo, a pesar de ser considerado como una rama del anarquismo vinculada al movimiento obrero, es un sindicalismo en el que las ideas anarquistas tienen primacía en la acción sindical de cuantos se proclaman anarcosindicalistas e intentan poner fin a la explotación del hombre por el hombre a través de sindicatos autónomos y asamblearios. Esta simbiosis ideológica hace que, de más en más, anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario sean considerados y utilizados como sinónimos; pues en los tres casos se designa  a  un conjunto de hombres y mujeres que luchan por la anarquía. De ahí que la renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo lo sea también del anarquismo y del movimiento libertario, e in fine de las ideas anarquistas. Ese ideario y esa praxis comunes a cuantos y cuantas -se proclamen anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios- tratan de subvertir el entramado social y político de la explotación y la dominación para hacer posible una sociedad de igualdad social, equidad económica y libertad.

 Es pues obvio que esta tarea, se la llame renovación, reformulación o recomposición, concierne por igual a anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios. No sólo por tener la misma voluntad de subversión del orden social imperante y la misma pasión por abrir paso a la utopía emancipadora sino también  porque deben hacer frente a la misma realidad económica, política y social, como a la misma violencia de los sectores regresivos de la sociedad. Una voluntad subversiva y una pasión emancipadora que no surgen de la adhesión a una ideología, a una doctrina o a una teoría social, sino de la conciencia de llegar a la plenitud de nuestra humanidad a través de la libertad y el respeto y apoyo mutuos. Principios que, como lo han probado en la historia y lo siguen probando en las luchas actuales, anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios no han abandonado nunca; pese a que no siempre les ha sido posible ser consecuentes con ellos en la práctica. De ahí la necesidad de saber si la renovación, reformulación o recomposición puede concernir también a los principios o sólo concierne a las viejas formas de luchar frente a las nuevas formas de la dominación-explotación capitalista (sea privada o de Estado).

Necesidad de un debate abierto

El debate sobre la renovación, reformulación o recomposición de las ideas anarquistas no es nuevo. En el libro Anarquismo y política. El ‘programa mínimo’ de los libertarios del Tercer Milenio, editado al comienzo de 2012, su autor, Stéfano d’Errico, nos recuerda que Camilo Berneri planteó ya, en el primer tercio del pasado siglo, la necesidad de «afrontar el complicado mecanismo de la sociedad actual sin anteojos doctrinales y sin excesivos apegos a la integridad de su fe» (anárquica) para poder así «conservar aquel conjunto de principios generales que constituyen la base de su pensamiento y el alimento personal de su acció.

Esta necesidad de reflexionar, para adecuar la lucha por el ideal a cada contexto histórico, no es pues nueva, se ha manifestado permanentemente en el seno del movimiento libertario. Y ello a pesar de las tendencias inmovilistas que siempre han existido en su seno y que en todo momento se han opuesto a que tal adecuación pudiera partir de una crítica, suficientemente libre, que no dejara fuera de ella ninguna temática, por comprometedora que pudiera ser, o que intentara cuestionar la manera dogmática en que algunos interpretan los postulados éticos del anarquismo.

Sea lo que sea, la verdad es que esta reflexión ha quedado reducida muy frecuentemente a declaraciones de buenas intenciones y propuestas demasiado formalistas. Esto es lo que parece haber sucedido en el reciente Encuentro Internacional anarquista celebrado en Saint Imier, pese a que René Barthier, de la Federación Anarquista Francesa, manifestara, en el discurso de apertura, su deseo de que ese encuentro sirviera para «una renovación y fortalecimiento de las ideas anarquistas» allí representadas a través de «la diversidad de las corrientes del movimiento anarquista«.

Esta reflexión sigue siendo pues necesaria, y quizás más aún hoy que lo pudo ser ayer. La continua transformación de la sociedad y las nuevas formas en que la conflictividad social y acción política se manifiestan nos obligan a ello, y también la evolución del conocimiento científico sobre esta realidad. Esta reflexión es, pues, necesaria para ser más eficaces en nuestra acción y para no caer en una forma más o menos voluntaria de colaboracionismo con el sistema en aras de la sacrosanta practicidad. Una eficacia que no nos haga perder de vista el objetivo: fortalecer nuestra respuesta, individual y colectiva, a la realidad actual del mundo capitalista y estatista y, al mismo tiempo, avanzar hacia la sociedad de justicia y libertad que anhelamos.

Un debate responsable

Ahora bien, es una obviedad decir que no basta con pensar y hablar para que la realidad del mundo cambie. De ahí que sea necesario salir de la retórica y ser capaces de poner en causa no sólo nuestras certidumbres sino también nuestras propias conductas. Tener presente que esta reflexión requiere una gran dosis de sinceridad y honestidad: tanto para no conformarse con una crítica demagógica como para no injertar verdades nuevas en el tronco de las verdades viejas. Es decir: ser capaces de pensar un anarquismo y un anarcosindicalismo críticos, heterodoxos, que se nieguen a ser reducidos a ideología o doctrina, a verdades reveladas y, a final de cuentas, a dogmas y fe. Pero también un anarquismo y un anarcosindicalismo que podamos asumir, al alcance de nuestra verdadera voluntad y disposición de lucha.

¿De qué serviría llegar a propuestas muy radicales si no somos capaces de llevarlas adelante? ¡Tan negativo es el conservar a toda costa como el innovar si no hay razones para hacerlo o condiciones que lo permitan!

Si el ideal libertario es la anarquía y ésta es la aspiración de vida en libertad, el anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario son o deberían ser medios de potenciar el ejercicio de la libertad para todos y todas en cada circunstancia que nos encontremos. Pues es obvio que los y las anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios no debemos encerrar la libertad en fórmulas simplistas ni aceptar complicadas teorizaciones para hacer de ella lo contrario de lo que ella es o debe ser para nosotros. Es decir: el derecho de cada ser humano, de todos los seres humanos a decidir por sí mismos, conscientes de que mi libertad sólo termina allí donde comienza la de los demás y que por ello ésta debe complementarse con una indómita voluntad de concertación y solidaridad. De ahí que no sea posible concebir una reflexión y un debate entre anarquistas anarcosindicalistas o libertarios sin partir de la libertad de cada uno para aportar argumentos, confrontarlos fraternalmente y tratar de encontrar respuestas en común a las cuestiones que han motivado tal reflexión y debate. Y aún más cuando el objetivo es saber si es o no necesaria la renovación, reformulaciónrecomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario.

Para evitar infundadas suspicacias, preciso que ya en el título de este texto he puesto renovación, reformulaciónrecomposición entre comillas [cursiva; N.d.E]; pues para mí, estos términos no deberían significar «sustituir una cosa por otra» sino «dar nueva energía a algo«. Es, pues, obvio que en vez de estos términos yo habría utilizado otros que me parecen más apropiados, como adecuación, reforzamiento, revitalización e inclusive actualización. Con ello quiero decir que, aunque para mi renovar, reformular y recomponer sean términos equívocos, los seguiré utilizando para cuestionar todo lo que, en la exposición y en la práctica de las ideas anarquistas, ha podido contribuir a la perennidad del capitalismo y a lentificar la marcha hacia la utopía libertaria.

¿Renovar, reformular o recomponer el ideal?

Me parece que es más bien al declive del Occidente (capitalista) que estamos asistiendo que a la occidentalización (capitalista) del mundo, a la uniformización de la identidad cultural (modo de vida) del mundo. Y eso pese a que exista aún, en la mayor parte del planeta, una gran diversidad de valores específicos de orden religioso, ideológico o filosófico que se manifiestan a través de estructuras comunitarias. Un fenómeno que la llegada de Internet y de sus redes sociales ha acelerado, facilitando la constitución de comunidades de elección y debilitando las identidades nacionales. Pero lo más grave es el debilitamiento de la identidad internacionalista del proletariado. Al extremo de que ya no tiene sentido alguno referirse a él; pues, a lo sumo, sólo existen trabajadores… Trabajadores más divididos que nunca por sus identidades comunitarias, religiosas, políticas y culturales, aunque más semejantes que antes por el culto del consumo capitalista y la resignación ante el actual statu quo capitalista y estatista.

Ante una tal situación, es obvio que no sea suficiente con llamar a la resistencia o a romper las cadenas de la explotación y la dominación. No, no lo es, y demasiado sabemos el por qué no lo es. Basta con ver la actitud de los capitalistas y los políticos frente a la crisis y el poco eco de los llamados a la movilización general para impedir las actuales políticas antisociales y defender las conquistas sociales (que tanto costó conseguir), para comprender el por qué el discurso emancipador es hoy inoperante.

Esto no significa, evidentemente, que debamos renunciar a la lucha por un mundo mejor, por una sociedad sin explotación y dominación. Al contrario, esa lucha es hoy más necesaria que nunca. No sólo porque la injusticia continúa y la irracionalidad del sistema capitalista amenaza con destruir el planeta, sino también porque hoy existen las condiciones materiales y técnicas necesarias para organizar una sociedad en la que todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades vitales y vivir libres y en paz. Y, además, porque la conciencia de la negatividad del capitalismo desborda -y mucho- las filas libertarias.

Me parece pues obvio que la renovación, reformulación o recomposición no pasa por el cuestionamiento de la necesidad de luchar, y aún menos por la de cuestionar el objetivo emancipador del ideal libertario: poner fin a toda forma de explotación y dominación. No, no son pues el ideal ni la necesidad de luchar por alcanzarlo que se deben cuestionar. ¿Qué sentido tendría cuestionarlo y seguir pensándonos y proclamándonos anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios? Salvo si llamárselo es sólo una cuestión de pose o de conveniencia. Y si no es así, y si no es el ideal ni la necesidad de luchar por él que se deben renovar, ¿qué es pues lo que, en el actual contexto, se debe cuestionar?

¿Renovar, reformular o recomponer la práctica?

Se sea anarquista, anarcosindicalista o libertario, en los tres casos se es víctima de la explotación y la dominación y se debe luchar contra ellas. Podría ser diferente la manera de hacerlo; pero ¿no es la misma? ¿Es realmente diferente? Sea cual sea el frente de lucha, la forma de luchar, sus armas, ¿no son la asamblea y la acción directa, la organización sin dirigentes ni poder ejecutivo? Además, ¿es posible, para un anarcosindicalista, acantonarse en la lucha sindical y no participar en las demás luchas sociales? ¿La anarquía no es la autonomía y la autogestión de la vida social, laboral y lúdica? Y ¿no es la anarquía la que debe dar sentido y estructurar la sociedad a la que aspiran anarquistas, anarconsindicalistas y libertarios? ¿En qué sentido pues se debería renovar, reformular y recomponer la práctica?

La respuesta me parece obvia, incuestionable, puesto que todos somos conscientes de que no sostendría la explotación y la dominación sin la sumisión de los explotados y dominados. Es pues esta sumisión, nuestra sumisión, en tanto que explotados y dominados, que se debe cuestionar.

Es pues evidente que, si de verdad queremos luchar hoy más eficazmente contra el sistema de explotación y dominación capitalista actualmente hegemónico en el mundo, no se conseguirá renovando, reformulando y recomponiendo nuestra práctica sino haciendo que ella sea más consecuente con el ideal ycon lo que exige hoy la lucha por él. Y no sólo en la práctica de los anarcosindicalistas sino también en la de los anarquistas o libertarios; porque, como es el caso de la inmensa mayoría de los explotados y dominados, también para nosotros el talón de Aquiles de nuestra práctica es la sumisión-integración al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista.

Por ello, e independientemente de si la «hibridación socio-laboral» propuesta por Tomás Ibáñez pueda quedar «un tanto coja o un tanto escasa» sin adjetivarla con el calificativo de «comprometida» como propone Antonio Carretero para que ella lo sea «con la transformación social«, no creo que esto pueda entenderse como renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo. ¿Acaso no es o debería ser consustancial con el anarcosindicalismo la hibridación socio-laboral? ¿Es posible concebir un anarcosindicalismo que no se mezcle «con las variadas formas de resistencia que se encuentran esparcidas por todo el tejido social para inventar conjuntamente nuevas formas de lucha…«? ¿No es o debería ser lo propio del anarcosindicalismo el «imprimir a nuestro modo de luchar y de organizarnos el sello de una perspectiva global que interconecte los diversos frentes de lucha…»? La lucha anarcosindicalista contra el capital ¿no trasciende o debería trascender «el mundo laboral y adoptar unas formas que abarquen la realidad social en toda su extensión«? Tendría algún sentido un anarcosindicalismo que no quisiera «avanzar hacia una auténtica hibridación donde una misma forma de lucha y una misma forma organizativa abarquen indistintamente ambas problemáticas, realizando su simbiosis«? ¿No se ha dicho siempre que el modo de funcionamiento y de organizarse del anarcosindicalismo prefiguran y son las bases de la sociedad comunista-libertaria del futuro? ¿No es todo eso también lo propio del anarquismo y el movimiento libertario?

Ser consecuentes para ser revolucionarios

Por supuesto no seré yo quien reproche a Tomás Ibáñez y a Antonio Carretero el que defiendan un anarcosindicalismo de hibridación socio-laboral más comprometido. Al contrario, pues quizás  sea necesario hoy insistir en ello. De ahí que considere sus reflexiones, como también las de José Luís Carretero, muy enriquecedoras como aportes analíticos al debate, y pertinentes para incitarnos (a todos: anarcosindicalistas, anarquistas y libertarios) a luchar más eficazmente por la emancipación humana. Mi única queja es que hayan obviado abordar la importancia decisiva del compromiso (consecuencia entre palabras y actos) para hacer posible la transformación social.

De ahí que, descartadas la renovación, reformulación o recomposición del ideal y de su práctica horizontal-asamblearia, sea necesario considerar la negatividad de nuestra sumisión-integración (al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista) como rémora en la potenciación de la lucha emancipadora; pues sólo siendo conscientes de ello se puede enfrentar objetivamente el problema de la eficacia y comprender por qué ser consecuentes con el ideal libertario es la manera más eficaz de luchar por él. Entendiendo por consecuencia la correspondencia entre la conducta y los principios éticos que pretendemos deben guiarla, y por ideal libertario los principios de libertad y de respeto-apoyo mutuo que permiten la supresión completa de todas las manifestaciones de la autoridad y el pacto social entre iguales.

Ser, pues, consecuentes con el ideal libertario en todo momento y circunstancia; porque es siéndolo que se es revolucionario y se contribuye más eficazmente a cambiar el mundo autoritario. Pero, evidentemente, no serlo sólo de palabra sino en la praxis de cada día y en la medida que las circunstancias lo exijan y lo posibiliten. Entendiendo por consecuencia libertaria el rechazo del autoritarismo en todas sus formas y tanto si viene de otros como si viene de nosotros mismos; pero también dando el ejemplo de tal rechazo con actos que demuestren nuestra verdadera voluntad de insumisión al orden establecido. Demasiado hemos visto a dónde nos ha llevado la inconsecuencia a lo largo de la historia, y cómo el capital y el Estado se han  hecho fuertes de nuestra adaptación-sumisión-integración al orden imperante, pese a pretender lo contrario. Ser, pues, consecuentes y, si no somos capaces de serlo, ser honestos y reconocerlo. No pretender dar lecciones de radicalidad a los demás si no somos capaces de asumirla. Entendiendo por radicalidad no la violencia verbal o física (son las circunstancias las que la determinan) sino el nivel de resistencia frente al sistema y de ruptura con él. Es decir: ser a la vez consecuentes y audaces para intentar llevar –lo más lejos posible y sin sectarismo ni afanes protagonistas- esa resistencia-ruptura a través de cuantas acciones de protesta surjan hoy; pues ya se ha visto cómo esas acciones, al igual que los cambios microevolutivos graduales, pueden provocar cambios e innovaciones decisivas en el fenotipo social.

En resumen: Soy plenamente consciente de no haber dicho nada nuevo y de que todos los demás lo son más o menos. No obstante, considero necesario no olvidar que, como dijo Einstein, “no se puede resolver un problema manteniendo lo que lo crea”. Dicho crudamente: si la explotación y la dominación existen por nuestra sumisión, no se podrá ponerles fin manteniéndonos en ella. Claro que decir esto no es nada nuevo ni resuelve el problema; pero me parece ser necesario recordarlo de tanto en tanto y, hacerlo, quizás contribuya a resolverlo.

[1]http://kaosenlared.net/america-latina/item/30702-la-crisis-del-paradigma-emancipador-la-miseria-de-los-discursos-perentorios-y-la-utopia.html

[2]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31077-el-anarcosindicalismo-frente-al-reto-de-su-necesaria-transformación.html

[3]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31227-apuntes-de-hibridación-libertaria.html

[4]http://kaosenlared.net/component/k2/item/34941-siete-tesis-para-un-movimiento-libertario-en-el-centro-de-la-tormenta.html

Claves para entender el anarquismo V

La entrega de hoy echará un vistazo a la filosofía de Max Stirner, la cual está basada en el concepto de egoísmo (pero no entendido como se suele hacer en un contexto cotidiano). Esta entrega no pretende analizar ni estudiar el pensamiento de Stirner en su totalidad, nos limitaremos a presentar los elementos claves y básicos de su filosofía para introducir, en futuras entregas, el movimiento anarquista político.

Partiendo de la última entrega, en la cual vimos la filosofía de Godwin, podemos contraponer de alguna manera a estos dos autores en tanto que para Stirner el elemento que ha de guiar la acción humana es el egoísmo (Miller, 1984: 22), y no la búsqueda de la máxima felicidad posible para todo el mundo (lo argumentado por Godwin desde una postura utilitarista).

El egoísmo de Stirner ha de entenderse dentro del marco filosófico de la época (el cual no se tratará aquí), especialmente dentro de la así llamada izquierda hegeliana. Esta corriente filosófica fue muy crítica con ciertos elementos arraigados en la sociedad alemana, como la religión, durante los años cuarenta del siglo XIX, cuando Stirner escribió su obra «El único y su propiedad» (para muchas personas su único texto relevante). Para los hegelianos radicales como Stirner, la religión es un elemento que causa alienación (al  menos la religión cristiana), dado que el Dios que concibe es una mera abstracción de valores humanos que se imponen a través de las creencias religiosas. Además, Stirner afirma que estos valores deificados terminan teniendo más poder que los propios seres humanos que crearon dicho Dios-religión.

De esta manera, para Stirner (y la izquierda hegeliana) la supresión y crítica de la religión imperante en Europa eran necesarias para conseguir el progreso social, pues los valores divinos que se le atribuyen a Dios, los cuales son supuestamente deseables y buenos en cierta medida, se pueden alcanzar en el mundo terrenal; en lo mundano. Tanto es así que estos pensadores llegarán a afirmar que los mismos valores que el cristianismo atribuye a lo divino son en realidad esenciales en la naturaleza humana, por lo que ni la religión ni Dios son necesarios para conseguirlos. La aportación de Stirner es la extensión de esta crítica a la religión a todas las esferas sociales que alienan a las personas a través de dinámicas similares, por ejemplo, el Estado y la autoridad.

No obstante, si bien es cierto que Stirner veía como esencialmente humanos todos los valores positivos de realización que se pueden hallar en la religión, es igualmente cierto que Stirner concebía estos valores en la ausencia de adoración o culto. Por esto mismo, Stirner criticó la posición de Feuerbach, quien identificaba como él valores esencialmente humanos pero de tal forma que terminaban conformando un nuevo culto; una nueva religión del ser humano basada en la adoración de dichos valores. Así pues, Stirner estableció  una premisa de fácil formulación pero difícil comprensión: nada es real, lo único real es la persona en sí misma. Como él mismo establecería, las ideas y pensamientos de los seres humanos son simplemente construcciones de la imaginación; no tienen existencia objetiva más allá de la mente.

Es por ello que para Stirner el egoísmo de cada individuo es la única manera de realizarse como ser humano y vivir en libertad, aunque hemos de subrayar que el egoísmo de Stirner es consciente (es decir, racional). El egoísmo aquí concebido es una actitud individual que conlleva seguir lo que une misme piensa libremente, buscando su propia felicidad y bienestar. La argumentación filosófica para esto sería: si las ideas son creaciones humanas dadas desde el exterior de cada individuo, entendido  éste como un elemento único y autónomo, entonces, seguir elementos externos deviene en una falacia, pues estaríamos cayendo en otro tipo de adoración y culto (recordemos lo que Stirner decía sobre la religión). El ser humano debe vivir acorde con lo que une misme quiere, desea, y piensa; acorde con sus propias decisiones (ibid.: 23). Además, la persona egoísta ha de actuar en función a sus propios caprichos en el momento presente: ha de saber que puede usar cínicamente a otras personas para conseguir sus propias metas, las cuales no son externamente creadas sino que son producto del egoísmo consciente en busca de la felicidad individual. Para Stirner nada, absolutamente nada, era sagrado, y aunque usar a otras personas puede ser considerado como algo malo en sí mismo, la persona egoísta ha de hacerlo si esto sirve para conseguir la realización individual.

La crítica de Stirner a las constricciones externas también se extiende, pues, a la clásica diferenciación que realiza la filosofía liberal entre la autoridad de la ley y los medios. Para él, ambos tipos de autoridad son imposiciones que han de ser rechazadas si se quiere vivir en libertad. La idea de pacto social, por ejemplo, es para Stirner una imposición a rechazar puesto que nadie ha de vivir atado al pasado: aunque una persona haya acordado «firmar» dicho pacto social, éste no debería marcar el futuro de nadie puesto que el pasado no debe restarnos libertad (recordemos lo que Stirner decía sobre perseguir los caprichos del momento presente). Por ende, la persona egoísta vive continuamente en el presente, en la búsqueda de la felicidad en el momento actual, y es por ello que las decisiones pasadas no han de ser tenidas en cuenta si el contexto presente requiere de otro tipo de decisiones (ibid.: 24). En corto: lo que ayer era bueno para mí, no necesariamente lo es hoy, y nadie tiene el derecho de atarme al pasado aun cuando yo mismo decidí comprometerme con algo.

En lo político y su organización, Stirner como Godwin rechazó la democracia directa por consenso, y propuso una unión libre de personas egoístas que sirviera para buscar los intereses personales del momento presente. Sin embargo, como se puede imaginar, esto no está libre de problemas: en una unión de personas idealmente egoístas no queda muy claro si los principios del egoísmo de Stirner han de ser aplicados a todas las personas, al conjunto, o a una persona individualmente. La paradoja viene de la siguiente forma: si aplicamos el principio de egoísmo a esta unión libre de personas, el egoísmo en sí mismo deviene en una imposición externa en términos morales (que es precisamente lo que Stirner rechaza). Incluso si recomendamos a otras personas ser egoístas estaríamos convirtiendo el egoísmo en un elemento externo de imposición objetivada. Por el contrario, si el egoísmo se aplica individualmente a cada persona, la persona egoísta buscará maximizar sus intereses personales presentes, lo que conlleva a no ser indiferente ante el egoísmo de otras personas. En palabras más simples: la persona egoísta ha de tener en mente si el resto es egoísta o no, dado que las personas que siguen dictados morales externos (ya sean políticos, religiosos, o de otro tipo) son más susceptibles de servir a nuestros propios intereses. Esto nos lleva a otra paradoja: la persona egoísta querrá que el resto sea no-egoísta.

Como vemos, argumentar razones anarquistas desde una postura filosófica es un tanto difícil: la filosofía anarquista (entendida como una postura intelectual en contra de la autoridad y otros elementos como el Estado) requiere de argumentaciones y premisas morales, las cuales son explícitamente denegadas por Stirner, quien rechazó todo tipo de moral por ser ésta una imposición externa al individuo (no tanto por Godwin). Si el concepto de egoísmo propicia una buena base filosófica para empezar a desarrollar una actitud política crítica con la autoridad y la imposición, es también cierto que Stirner, al menos en su formulación, carece de argumentos que inviten a ser egoísta (recordemos las dos paradojas expuestas arriba).

Nota: a raíz de la última entrega sobre Godwin recibí algún comentario dudando del «anarquismo» de este autor. Simplemente decir que sin ser anarquista en los términos que hoy en día manejamos, la filosofía de Godwin ayudó a desarrollar los conceptos básicos de libertad individual que después influirían en multitud de pensadores. Sea como sea, también quiero recordar que estas entregas están basadas (todas ellas, sin excepción) en el libro «Anarchism» de David Miller (1984). Estoy siguiendo el mismo orden del libro y el mismo razonamiento que se realiza en este libro, por lo que no me acredito ningún tipo de mérito más allá de la traducción inglés-castellano y las puntuales notas que pueda hacer sobre el texto.

Recolección urbana

El pasado 21 de Octubre se organizaba en la ciudad de Zaragoza un evento llamado «Feeding Zgz.» La idea era muy simple: recuperar y cocinar alimentos desechados por los supermercados, y distribuirlos entre la gente.

Me gustaría que este escrito sirviera de ayuda e inspiración para otras personas que, preocupadas por la situación social en sus localidades, decidan pasar a la acción social de alguna forma. Esto no es ningún manual: es simple y llanamente una narración descriptiva (con alguna que otra observación) de mis experiencias en la práctica de la recolección urbana, las cuales espero que sirvan de algo para alguien.

¿Qué es la recolección urbana?

La recolección urbana es simplemente buscar en los contenedores de basura aquello que el capitalismo no quiere que obtengamos, ya sea porque dicen seguir «normativas de higiene y salud», o porque los útiles tienen algún tipo de defecto que impide la venta de los mismos. La recolección urbana puede realizarse en multitud de contextos, pero este texto se centrará solamente en la búsqueda de alimentos desechados por supermercados. Estos alimentos son arrojados a la basura por multitud de razones: por estar cerca de la fecha de vencimiento (lo que no significa que no se puedan consumir), por tener algún desperfecto (lo que tampoco significa que no se puedan seguir consumiendo), o por lo que sea. Así pues, los supermercados prefieren tirar toneladas y toneladas de comida al año antes que repartir esos alimentos a gente necesitada (¡cómo lo van a hacer, eso no reporta beneficios económicos!). Es por ello que la recolección urbana de alimentos (aunque no solamente) torna en toda una declaración política, y en una práctica que merece ser contemplada.

¿Cómo organizarse?

El mejor momento para recuperar la comida despilfarrada es la noche, aunque la hora puede variar dependiendo de tu país o de tu localidad. En el país donde yo vivo el mejor momento es sobre las 22.00: los supermercados están cerrados y todo lo que se tenga que arrojar al contenedor ya está arrojado.

Hay una gran variedad de escenarios posibles con respecto a los contendedores de basura: muchos supermercados tienen los contendedores dentro del establecimiento, mientras que otros los tienen tras verjas cerradas. Muchos otros cierran con llave los propios contenedores, y se dice que Lidl echa lejía u otros productos químicos a la comida en buen estado que desecha. Sea como sea, lo primero de todo es tener localizados tres o cuatro supermercados en los alrededores y saber dónde y cómo se colocan los contenedores de la basura.

Tener una ruta a seguir, planificada y estudiada de antemano, es de lo más útil que puedes hacer, porque evitas paseos innecesarios a las tantas de la noche, lo que podría llevar a pérdidas tontas de tiempo: cuanto más rápido mejor. Dependiendo del país, la práctica de la recolección urbana será más o menos permitida por la policía. En la ciudad donde yo resido la policía es más o menos permisiva: en caso de verte cogiendo algo de los contenedores lo máximo que te dicen (al menos en mi experiencia) es que dejes todo de nuevo donde estaba y desfiles para otro lado. Cuando esto ha pasado, lo que hicimos fue dejar todo de nuevo dentro de los contenedores, pero cuidando que las bolsas con cosas útiles no se mezclaran con aquellas que habías descartado. Así, una vez que nos «despedimos» de la policía, nos damos una vuelta por el barrio y volvemos a los quince minutos a por lo nuestro.

Volviendo a las rutas: tener un plan es muy importante para evitar lo dicho más arriba, pero también para maximizar la comida recuperada en una noche (puesto que no siempre vas a encontrar comida en los contenedores, lo que te obligaría a ir al siguiente supermercado). Es imprescindible contar con algún tipo de medio de transporte, siendo la bicicleta la mejor opción sin duda alguna. La bicicleta te permite moverte con facilidad por la localidad, es increíblemente silenciosa, y además te permite conversar con tus compañeres (si vas en grupo) mientras vais de camino al próximo contenedor.

Una vez que tengas localizados los supermercados con los contenedores accesibles, es de vital importancia ser eficiente y ordenado. Dentro del contenedor encontrarás una multitud de bolsas que contendrán cosas variopintas, muchas de ellas desagradables. Sin embargo, nunca se sabe qué puede haber en ellas. Por ello es necesario abrir todas y cada una de las bolsas y rebuscar en su interior, y esto nos obliga a llevar guantes de plástico desechables. Además, desde mi experiencia recomiendo llevar varias botellas de agua para después aclararse las manos en la calle. Personalmente me he encontrado muchos tipos de bolsas: desde bolsas llenas de pan y tartas en perfecto estado, pasando por bolsas con papel de limpiar y comida como envases de jamón, hasta bolsas repletas de desechos no aptos para el consumo humano.

Decía antes que todas las bolsas han de ser inspeccionadas, y esto es porque muchas de ellas están mezcladas: pueden contener alimentos en buen estado junto con papel de limpiar las estanterías, por ejemplo. Recupera todo lo que puedas en el mínimo tiempo posible, pero no sacrifiques la calidad de la búsqueda por la rapidez: aprende a ser eficiente. Lo más difícil in situ es evaluar si algo es apto para el consumo humano o no. Aquí habrá mil factores que no se pueden explicar en un texto como éste, pero yo diría que el sentido común es lo primero de todo. Pongo un ejemplo real que me pasó: en un contenedor encontramos siete u ocho envases de jamón cocido, los cuales estaban en perfecto estado y bien cerrados. El único problema era que el fondo del contenedor estaba inundado por una mezcla de agua de lluvia (esa noche llovía) y líquido suavizante de una botella desechada. Sabíamos que era suavizante de ropa porque la botella estaba allí abierta. Tras examinar los envases in situ y considerar que el suavizante no había penetrado el envase de plástico al vacío, probamos a abrir uno de los envases en casa y, como personas solidarias, nos comimos todes una rodaja (supongo que la máxima fue «si algo pasa, que le pase a todo el mundo»).

Otra norma de vital importancia es el orden: hay que dejar todo tan ordenado como estaba o más. Si llegas y empiezas a rebuscar tirando y esparciendo las bolsas y su contenido por todos lados, entonces, no estás ayudando a la causa. Primero, porque ensuciar el medio que te rodea es irresponsable. Segundo, porque estarás haciendo limpiar tu destrozo a otras personas. Y tercero, porque si les encargades del supermercado ven que ha habido alguien hurgando en la basura, la próxima vez cerrarán los contenedores o llamarán a la policía.

Nosotres recolectamos por dos motivos: personales (para suplirnos de alimentos semanales), pero también para distribuirlos en la ciudad. El grupo monta cada X días un tenderete en un sitio muy frecuentado de mi ciudad y a la vez que repartimos la comida gratis (que puede ser desde sopa caliente, hasta sandwiches de jamón) también repartimos nuestros panfletos anarquistas u octavillas con las convocatorias de eventos futuros. Como es algo que llama la atención, mucha gente se acerca interesada, y éste es un momento ideal para entablar una conversación sobre el despilfarro de alimentos y la necesidad de hacer algo al respecto, pero también es un buen momento para entablas una conversación política y hacer llegar nuestro mensaje libertario a la gente.

Si como nosotres vas a repartir la comida gratuitamente (la única manera de hacerlo, aunque también se pueden pedir donaciones voluntarias, cosa que nunca he probado a hacer), te tienes que asegurar que absolutamente todo lo que repartas está en buen estado. De ahí que todo lo que se vaya a distribuir pase primero por tu estómago. Nosotres tenemos una regla de oro: no se distribuye nada que no nos comeríamos nosotres mismes, y si nos comeríamos algo, como somos unes muertes de hambre, pues probamos toda la comida la noche anterior o esa misma mañana. Fácil y sencillo.

Fines y utilidades

Como he expuesto, hay varias razones por las que una persona puede estar interesada en recolectar: desde conseguir alimentos para el consumo propio, pasando por la búsqueda de objetos útiles (yo me he llegado a encontrar una caja de velas aromáticas en perfecto estado, hasta cajas enteras con películas VHS), o hasta por motivos políticos y sociales. Nosotres, como grupo de afinidad, nos movemos más por los últimos motivos, pero aun cuando se recolecte por motivos personales se estará haciendo un bien a la comunidad (más que nada porque te ahorrarás el tener que comprar en el supermercado y ser partícipe del sistema capitalista). Personalmente no conozco a nadie que pueda sobrevivir solamente con la práctica de la recolección urbana, pero supongo que con esmero y dedicación se podría salir adelante en cierta medida. No obstante, la recolección es muy inestable como ya he explicado: unas noches te encuentras de todo, otras sólo pan, y otras nada de nada.

Espero que esta narración sirva de algo.

Addendum: recuerda que este texto está basado en mi experiencia personal en una ciudad concreta y un país que lo más seguro no sea el tuyo propio. Es por ello que lo escrito aquí no se pueda aplicar a tu entorno, ya sea porque los contenedores son de otra forma, porque los supermercados operan de manera distinta, o simplemente porque la comida se desecha de manera diferente.

Amancio Ortega, de explotador a filántropo en cómodos pasos

La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando.
Warren Buffet
, multimillonario y ‘filántropo’.

Sorprendido por la repentina adulación y elevación de la figura del multimillonario español Amancio Ortega a cotas estratosféricas, he decidido mostrar, aunque sea con frugalidad, un poco de la miseria que este ‘filántropo’ ha ido cosechando a lo largo y ancho del planeta durante su gestión del gigante textil, así como en la actualidad, ya que aún es el mayor accionista de la multinacional Inditex con un 59,294% de las acciones.

En primer lugar, Inditex ha sido partícipe de la todoconocida deslocalización global, es decir, ha trasladado las pequeñas empresas de confección de ropa y otros adminículos textiles del Estado español a otros países con, usando la jerga capitalista, mayor competitividad, esto es, con menores derechos laborales, humanos, o simplemente lugares donde su ausencia es clara. Un ejemplo cercano en el tiempo  de ello es el cierre de Confecciones Corrochano de Talavera de las Reina para trasladar la producción a Marruecos, con la consiguiente pérdida de 50 empleos directos. Por no hablar ya de la gran deslocalización acaecida en Galicia hace unos años durante la expansión supranacional de la aclamada firma española. Las consecuencias de la deslocalización son claras y, además, bastante aceleradas: pérdida masiva de empleo en zonas determinadas -con todo lo que ello conlleva- y un ‘efecto rebote’ en otras empresas análogas (véase Cortefiel, que realizó un ajuste en la plantilla que acabó con el puesto de más de 1500 personas para poder competir en el mercado’). Si el efecto ya es devastador en la zona de origen, ni que decir tiene que es mucho peor en la zona de destino de la producción, las llamadas zonas receptoras, puesto que, como ya se ha dicho, el obrere está parcial o totalmente desprotegido por el Estado en favor de los caníbales capitalistas. Y no pensemos que Inditex es especial, no, ésta se mueve por los mismos avatares esclavistas que el resto de multinacionales y cúpulas del capital mundial: búsqueda de países con mayor jornada laboral, sin seguros de ningún tipo, sin sindicatos que pueden defender a los trabajadores, sin que haya límite de edad para trabajar, etcétera. Sin rebuscar mucho por internet podemos encontrar numerosos casos de explotación y esclavismo por parte del grupo de Amancio Ortega; a continuación desmembraré alguno de ellos:

– Explotación salarial en, qué casualidad, Marruecos, concretamente en Tánger. La investigación, llevada a cabo por ‘Campaña Ropa Limpia’ de las ONG españolas Setem y gallega Amarante Setem, muestra las ominosas condiciones a las que se veían sometides les trabajadores de confección de ropa de la ciudad: la jornada habitual del 68% es de entre 45 y 54 horas, y la del 30% supera las 55 horas semanales de forma habitual. Además, el 62% de las obreras aseguran que “las puntas de trabajo con más carga laboral de lo habitual se repiten con mucha frecuencia”, según se recoge en el diario El Mundo. [1] Además, el estudio dice que: “el 40% afirma que no puede cubrir sus necesidades ni las de sus familias o que lo hacen con muchas dificultades”. Pero no sólo eso: «se les hace trabajar sin contrato las mismas horas que el resto, perocobrando 0,36 la hora, tres veces menos que sus compañeras», en relación a jóvenes que a menudo no llegan a los 16 años. También afirma una de las trabajadoras que: «cuando aparecen auditores por sorpresa, los supervisores esconden a las trabajadoras menores en la azotea o en cajas de ropa vacías». Como veis la situación era, desconozco si seguirá así, repugnante.

– Esclavitud y explotación infantil en India. Esta vez es el Centre for Research on Multinational Corporations [2] el que destapa las miserables condiciones a las que se veían abocadas jóvenes indias de no más de 20 años por parte, no ya de Inditex, que también, sino de la mayoría de factorías textiles del mundo. Miles de niñas y adolescentes trabajando más de 72 horas semanales, sin libertad para moverse, sin contrato, sin seguros, en condiciones paupérrimas, por un salario que no sobrepasaba los 0,88 euros por hora. El informe, titulado ‘Captured by Cotton’ (Atrapadas bajo ell Algodón), y publicado en el 2011,  se basa en los propios relatos de las trabajadoras, las cuales aseguraban que estas prácticas esclavistas eran muy habituales. [3]

Otros lugares donde las condiciones de trabajo impuestas por la multinacional española han sido totalmente abominables son Brasil (donde acabó pagando la insignificante suma de 1,5 millones por irregularidades), China o, incluso, España, donde los sindicatos y les trabajadores se han quejado en numerosas ocasiones de que Zara incumple sistemáticamente el convenio de trabajo.

Los acólitos de Amancio y sus conquistas ‘nacionales’ en favor de ‘La Marca España’ en el mundo afirmarán, no obstante, que las condiciones las incumplían las subcontratas. Una vez hecha tal afirmación, me pregunto: ¿Entonces para qué querían -y quieren- irse con tanto ahínco del Estado Español a justamente aquellos lugares en los que no están protegidos los derechos de les trabajadores? Que cada uno juzque convenientemente.

En segundo lugar, y ésta es una de las prácticas favoritas de los tiburones financieros, Inditex en general, y Amancio Ortega en particular, evaden impuestos en paraísos fiscales (sicavs) como Holanda, los cuales son legales. Y aunque esto sea legal, no cabe duda de que repercute de forma sumamente negativa en la sociedad española, pues evita pagar unas cuotas de impuestos fiscales que per se ya son un importante incentivo para mantener las distintas funciones públicas. Se sabe que Inditex cuenta con seis filiales fiscales que le ayudan a solventar de forma sustantiva el pago de impuestos en el Estado Español. Por supuesto, los ingresos que generaría el pago de impuestos son mucho mayores a los 20 millones de euros donados por la Fundación Amancio Ortega a Cáritas.

Si algo he aprendido de este gran hombre, este filántropo, este egregio bucanero de los mares del capitalismo, es que hace falta muy poco para que la gente olvide de dónde vienen en último término las grandes fortunas; el robo, la siembra de miseria, la explotación, la esclavitud, son términos que no nos interesan, es en verdad la caridad, por ridícula que sea y que por otra parte proviene también de ahí, la que servirá para juzgar a los buenos y para a descartar a los malos con acierto. Vanagloriémonos, pues, ya que contamos con Amancio Ortega, el caritativo filántropo que nos salvará de nuestra inoperancia.

[1] Fuente: El Mundo

[2] He aquí el informe completo en inglés.

[3] Modificación: se añade un vídeo que contiene una investigación de CASH INVESTIGATION en el que se muestran tales prácticas en India, además corroborado con un informe interno del propio inditex. No tiene desperdicio para los incrédulos.

12 de octubre, reflexiones en torno a la fiesta nacional

“¡Atrás, a contratiempo!
Huid a vela y a remo:
El mundo que vais a hacer, Más os valiera no verlo.”
Agustín García Calvo.

* Desde finales del siglo XIX las clases dominantes, divididas ideológicamente entre liberales y conservadores venían buscando un punto en común en el que establecer una festividad nacional. Éstas, tuvieron graves dificultades para encontrar dicha fecha debido a los problemas que generaba en los conservadores la creación de una religión civil que rindiera culto al Estado. No es hasta el año 1918 cuando al fin, durante el reinado de Alfonso XIII se consigue consolidar el día 12 de octubre como Fiesta Nacional, denominándolo Día de la Raza. La representación de España como mensajera de la civilización, tanto a través del Imperio como del catolicismo evangelizador consigue unir a ambas partes, manifestando al mismo tiempo la potencia del Estado español y la del catolicismo. El Día de la Raza encuentra en la negación de la alteridad su mismo fundamento.

* El horror que produce en el conquistador la tortura y el sacrificio ritual del mexica no descansa en ninguna moral contra dichos actos: él mismo los realiza con más brutalidad, pero con un contenido banal. Su repugnancia hacia dichas formas de violencia ritual reside en la exaltación comunitaria que ésta contiene. De la misma manera, el conquistador considera propias de seres inferiores las relaciones de no-identidad, de proyección que el no occidental establece con lo Otro, ya sea éste Dios, la naturaleza o sus semejantes. La civilización occidental, aquella que mayor distancia creó entre sujeto y objeto, justificó fácilmente en las citadas cuestiones la barbarie.

* Sin embargo, la colonización no encontraría su única justificación en la inferioridad del Otro. En el asimilacionismo igualitario residiría su otra cara. Esta postura, mucho más peligrosa en tanto enmascara la negación que contiene, es representada por San Cristóbal de las Casas, que, en gran parte de su trabajo no deja de ver rasgos de cristianismo mal entendido en la cultura y religión azteca: bondad, sumisión, docilidad, son los rasgos que más destaca Las Casas para entender que esas criaturas son poseedoras de cierta sabiduría cristiana. La forma de conquista debería basarse, según esta concepción, no en la esclavitud sino en la persuasión y organización del Otro. Sin duda, el neocolonialismo actual varía entre estas dos estrategias de relación con el Otro, si bien siempre ofrece su cara mansa.

* En la identificación totalitaria entre tierra, cultura y Estado el nacionalismo es impotente, jamás será capaz de integrar las diferencias, de ahí que siempre genere resistencia. El nacionalismo no es otra cosa que la ideología a través de la cual se expresa la hegemonía de cierta forma política (el Estado) y cultural (concreta, pero ante todo burguesa y ciudadana) sobre el resto. La esencialización que supone el concepto cultural de pueblo supone ya una heteronomía, gracias a él siempre se esconden relaciones de dominación.

* La posibilidad de una modernidad no capitalista que consiga hacer frente a la creciente destrucción del Otro que el compromiso civilizatorio occidental ha desarrollado se encuentra en parte ya en la no aceptación que generó la festividad del 12 de octubre en las clases populares de la época. Si queremos vivir, es ineludible profundizar en la lucha contra la apariencia de consenso que tanto Estado como Capital imponen.

Madrid, octubre de 2012.

Diego Ruedas.
Libertario, entre sus intereses de análisis destacan la sociología y la filosofía críticas, siendo Marx su principal referente teórico.

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