Un relato en espiral

Ayer en Valladolid se ha presentado el libro de dos tomos “En la espiral de la energía”. El libro se propone hacer un recorrido por toda la historia de la humanidad desde el punto de vista del metabolismo energético de los distintos modelos de civilización de la historia para terminar con dos capítulos en los que se argumenta lo inevitable del Colapso del sistema agro-urbano-industrial actual en el corto-medio plazo. Esta conclusión, que es también una premisa del libro, lleva a los autores a especular con los posibles escenarios que se abren tras ese colapso. Es una obra ambiciosa pero que cumple las expectativas. La carta de presentación de la obra es que enfoca la historia desde el punto de vista de la energía, pero quien se adentre en sus páginas se dará cuenta de que abarca mucho más.

En dicha presentación, Carlos de Castro señalaba la importancia que en el mundo académico tendrá este libro por ser un perfecto manual de Historia, Antropología, Economía y Ecología entre otras disciplinas que al entrecruzarse forman un edificio sólido. Pero lo cierto es que el libro debe de servir más allá del mundo académico, y eso es tarea nuestra.

Un relato

“En la espiral de la energía” presenta un relato sólido que explica la historia de la humanidad y este tránsito extraño en el que estamos inmersos desde hace 6000 años, cuando aparece el Patriarcado y con él, la Dominación. Es un relato sólido, detallado y riguroso, que rompe con los esquemas de los manuales hegemónicos de “Historia Universal” y a la vez unifica en un solo discurso las interpretaciones y las epistemologías antagonistas de la Modernidad, sin alejarse del racionalismo y la ciencia como método de análisis. Las principales tesis del feminismo, el marxismo, la ecología y otras tantas teorías del campo crítico quedan hiladas en un solo relato que nos explica cómo hemos llegado a “Esta Cosa Escandalosa”, que diría Amaia Pérez Orozco. Con esa base, se explica qué está pasando y qué puede pasar. Sin perder rigor, usando las herramientas propias del Pensamiento Sistémico acuñado por D. Meadows y su escuela.

Un relato unificado y sólido. Este podría ser el mejor fruto de este último ciclo de movilizaciones, en el que los distintos discursos antagonistas han emergido desde las catacumbas de los años 70, forzados a actualizarse y superar la fragmentación de las últimas décadas. El campo antagonista ha sufrido la posmodernidad y el neoliberalismo en forma de infinidad de plurales que no dialogaban, que no convergían. Feminismos, anarquismos, marxismo hetero y heterodoxo, ecologías, la autonomía de cada país, independentismos, la unidad popular…Cada uno con su tradición teórica que se tradujo en una tradición grupal. Hasta esta última ofensiva popular, en la que el diálogo se ha hecho obligatorio y ahora podemos empezar a ver el fruto.

Aquí tenemos un relato antagonista que es fruto de ese diálogo que se ha dado en los movimientos sociales en estos años. Es responsabilidad nuestra traducir este relato a nuestro quehacer diario. Quitarle el academicismo del que en ocasiones peca y popularizarlo. Porque necesitamos relatos populares capaces de dar respuestas y de recuperar la esperanza.

Una oportunidad para la esperanza

La historia del campo popular nos demuestra la importancia de popularizar relatos emancipadores. El ejemplo más reciente es cómo el relato socialista prendió entre la clase trabajadora a mediados del siglo XIX y como esa unión fructificó en el mayor reto que el capitalismo industrial ha tenido que doblegar: el comunismo internacional. La necesidad de un relato convincente, homogéneo y sólido con el que acceder a la población ha sido una necesidad no cubierta tras mayo del 68 y la oleada de combate posterior. En esa oleada se pone en duda lo que se había convertido en fetiche y mito: la mesiánica tarea del proletariado de emancipar a la humanidad completa. Con o sin razón, esa puesta en duda abre la puerta a la posterior desintegración del discurso antagonista internacional que se extendió con la Primera Internacional –“la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores o no será”`+”proletarios de todos los países ¡uníos!”- y abrió el abanico de discursos, movimientos y fracasos.

Casi 50 años después podemos recuperar un nuevo discurso emancipador de la mano del feminismo y el ecologismo, que son las dos corrientes más recientes y con más difusión en el mundo contemporáneo tal y como se explica y justifica en el primer tomo. Ambas corrientes, combinadas con las imborrables aportaciones de las teorías socialistas para la emancipación son los componentes principales de este relato.

¿Pero qué esperanza puede haber en el Colapso?¿no es un discurso negativo?¿no sería deseable evitar el Colapso? “En la espiral de la energía” desde la introducción ya empieza a explicar por qué esta civilización está colapsando ya y porqué sea cual sea nuestra opción, no hay posibilidad de esquivar “el fantasma del “Gran Colapso” que tanto incomoda.

Colapso es una palabra fuerte, que crea aversión. Genera sensación de inseguridad, nos trae imágenes de Mad Max y series de apocalypsis zombie varias. Sin embargo el Colapso se define aquí como una transición entre una sociedad de mayor complejidad a una de menor complejidad técnica, social, económica y cultural. Colapso significa transición. Transición es otra palabra cargada de significado en Castilla y en el resto de las Españas. Tal vez haya que buscar otras palabras para acercar las conclusiones de este trabajo a las clases populares. Pero es una necesidad hacerlo.

Las conclusiones dan lugar a la esperanza porque tras toda la exposición y situándonos en un mundo caótico e impredecible, nos recuerdan que no hay ninguna estructura cuya dominación sea perfecta y que el Colapso significa precisamente una menor capacidad de control y dominio o al menos, una simplificación de ese dominio. El texto nos recuerda como la mayor hiperpotencia militar que ha existido sobre la tierra, el ejército de los EEUU, no ha conseguido el dominio completo–duro ni blando- sobre sus últimas invasiones por recursos –Irak y Afganistán. Si a eso añadimos que las inestabilidades provocadas en Ucrania y Siria lejos de estar planificadas desde un oscuro centro de mando demuestran que el futuro está abierto se rompe la idea arraigada en la guerra fría de que el destino de la humanidad está en manos de un botón rojo que están en algún despacho del Pentágono. Por otro lado, los posibles contrapesos imperiales también se ven limitados. Hay que recordar que China tiene una vigorosa clase obrera en plenas luchas ofensivas y además, está situada en un territorio muy vulnerable para los cambios ambientales que ya están en marcha –desertificación, pérdida de biodiversidad, tifones y huracanes… No hay ni habrá superpotencias todo-poderosas en un mundo con cada vez menos recursos. La Dominación tiene límites.

En suma, el texto nos recuerda que el apocalypsis de Hollywood, simplemente, no es nada probable. No está el Fin del Mundo dentro de los posibles escenarios consecuentes con este relato y esta metodología de análisis. Por lo tanto podemos combatir ese mantra de nuestra cultura hegemónica por la cual es más probable un Holocausto zombie que el comunismo internacional. Lo que es más probable es la desaparición de la dominación actual pero lo importante es lo que es seguro: que la Historia sigue en marcha y que la Historia la escribimos los pueblos, las sociedades, las clases en lucha, esto son: los colectivos humanos.

Pero para ese combate por la hegemonía además de tener la razón tenemos que tener “armas” con las que defenderla. Tenemos que formarnos como militantes como de manera lúcida apunta JL Carretero. Pero de manera más importante, tenemos que trabajarnos la comunicación de nuestros conceptos y traducirlos al lenguaje cotidiano, que ponga sobre la mesa no sólo la conclusión de que podemos decidir sobre nuestro futuro sino también un método racional y científico de tratarlo, desterrando la conspiración, el misticismo y la mitología de nuestra comunidad de lucha.

Si hay un pueblo fuerte que construir, un relato sólido son los planos de la obra.

Valladolid, 27/03/2015

@botasypedales

[Traducción] Un Debate sobre la Política de Alianzas

Caminos de un proyecto militante

Introducción

La política de alianzas de una organización anarquista, de una tendencia, o de un movimiento social responde básicamente a dos cuestiones: con quién y cómo nos vamos a unir para alcanzar un determinado objetivo, sea este de corto (objetivo táctico), medio o largo plazo (línea estratégica). La Política de Alianzas sólo puede ser eficiente cuando responde a un programa propio bien establecido (comprendido por sus militantes), que es posible aplicar. La discursión del programa precede a la discursión de las alianzas. Para saber con quién y cómo nos vamos a unir de forma transitoria o permanente, debemos saber para qué vamos a hacerlo, y eso sólo es posible si sabemos con toda certeza lo que queremos concretamente. Saber lo que queremos es basicamente trazar planos de medio y largo plazo. Si no sabemos lo que queremos, nos vamos a guiar por las demandas y urgencias de las agendas de los dominadores, en vez de construir nuestras agendas y, por tanto, pautar nuestro ritmo de lucha. El programa y la formación de la línea estratégica (conjunto de objetivos, estrategias y tácticas) de una determinada organización, que sirve de base a todos sus miembros y orienta toda su actuación. El programa define a los determinantes de una organización determinada los «caminos» con los que llegar a ciertos objetivos y qué «herramientas» «usarán» sus militantes para que éstos sean atendidos.
Aplicar una Política de Alianzas eficar requiere que la organización fortaleza más intensamente ciertas relaciones políticas en detrimento de otras y priorice determinadas actividades en su militancia. Pues, como diría Bakunin, «quien mucho abarca poco aprieta». No definir con nitidez una política de alianzas, significa articularse políticamente al azar; a la buena ventura de alianzas f´ragiles e inestables que, lejos de contribuir con los objetivos de la organización, la subordinan a un programa ajeno o tornan su acción impotente. Como nuestras energías militante sson escasas, definir con quién nos vamos a relacionar políticamente y cómo van a darse estas relaciones es fundamental, no solo para prevenir el exceso de sobrecarga de nuestros militantes (hecho corriente en los movimientos sociales) sino también para lograr que la organización avance siguiendo sus objetivos estratégicos.
La unidad con otros sectores políticos  –  sean ellos organizaciones ideológicas o del movimiento popular  –  no debe buscarse a cualquier coste, ya que la unidad de acción no puede significar someter o postergar nuestro propio programa, mucho menos nuestros principios. Una organización que tenga lucidez programática y de contuinidad en su propio trabajo social conseguirá firmar alianzas correctas sin quedar presa de las coyunturas, caminando, así, rumbo a los objetivos que decidió atender.

Entre a la Política de Alianzas y las Redes Informales

La política de alianzas es diferente de lo que muchos movimientos sociales, autónomos y otras corrientes del anarquismo llaman fortalecimiento de las «redes». No podemos olvidar que, dentro de los movimientos sociales, sindicatos o comunidades en que trabajamos, hay redes informales, sin «estructura» (o sea, no están restructuradas por algún tipo de regulación «institucional» qu elas defina), que forman y construyen relaciones afectivas, sociales y políticas entre sus sujetos. Ignorar la existencia de esas redes es reducir el trabajo militante a cierta miopía política, incapaz de percibir las distintas relaciones que los sujetos van estableciento perifericamente, o en su interior. Esto puede ser desastroso en una práctica política que se desea «inmediata», atropellando relaciones que merecen sensibilidad por parte de nuestra militancia.
Sin embargo, una organización política anarquista de matriz especifista, debe trabajar siempre en el sentido de avanzar más allá de esas redes informales. Esto no significa creer que estas redes dejen de existir, sino, simplemente, que la organización trabaja para formalizar sus estructuras, impidiendo que esas redes informales «asuman» el control de procesos decisorios en los movimientos sociales en que están. Tarea importante en este sentido es, por ejemplo, formalizar los procesos de ingreso de los militantes y decisión en los movimientos sociales en que actuamos, en vez de dejar que una cuestión política sea establecida por meras relaciones informales.  El problema de la manipulación de los movimientos sociales por los partidos políticos está, en gran medida, determinado por falta de estructuras claras de decisión que posibilitan, a todos sus participantes, entender la dinámica de su funcionamiento. Interesa a grupos más organizados (o liderazgos «carismáticos») mantener los movimientos sociales inestructurados internamente, o mal estructurados, para seguir manteniendo el dominio interno sobre sus miembros y las relaciones de poder «intactas» (no siempre conscientes).
Otro punto importante es trabajar para superar la mentalidad que cree que cada trabajo aislado, descentralizado y (des)estructurado en redes informales y formales de relación, contribuye decisivamente a una transformación radical de la sociedad. Al contrario que algunos marxistas, nosotros sabemos que una revolucación también está hecha de aspectos espontáneos que son difíciles de preveer o analizar adecuadamente. Pero en ningún momento, como anarquistas organizados, creemos que los proyectos revolucionaros acontazcan espontáneamente, como nos acusan «eternamente», como un disco rayado, nuestros adversarios. Una revolución sólo acontecerá con mucha organización. Por lo menos, esa es la lectura de los procesos históricos revolucionarios, que solamente ocurrieron después de que fueran antecedidos por un trabajo militante de muchos años o décadas. Los procesos revolucionaros o insurreccionales amplios también acontecen cuando una política de alianza amplia de los oprimidos es realidaza efectivamente. Vimos eso en la Revolución Rusa, en que campesinos y obreros participaban cogidos de la mano en los sóviets; en la Revolución Española, en la que los trabajadores del campo y de la ciudad formalizaron alianzas estables y también, asistimos a los límites de la política de alianzas cuando, por ejemplo, los estudiantes franceses intentaron, sin éxito, establecer una política de alianzas con sus compañeros trabajadores, resultando en la incapacidad del movimiento en transformarse en una verdadera revolución.
Más recientemente, el éxito de una política de alianzas estable fue la formación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, que reunió organizaciones populares de todos los colores en una sola coordinadora. La Revuelta de Oazaca aconteció justamente cuando una política de alianzas eficaz fue realizada entre profesores, estudiantes y amas de casa, caminando por un proceso insurreccional amplio. Si una organización política o movimiento social no sabe con quien va a aliarse, provablemente no sabe también qué objetivos a medio y largo plazo quiere cumplir.  Esto es porque tal vez muchos de sus miembros son contrarios a la burocratización, cuando en realidad, organizarse, parafraseando a Errico Malatesta, es la única garantía eficiente contra la burocratización, y no al revés. Algunos de esos militantes pueden creer también que, en la militancia, las cosas van ocurriendo «espontáneamente», hasta un día en que un punto crítico en la relación entre las clases «explotará» en la forma de una revolución. Salvando las distancias, esa idea es semejante al mito marxista de la contradicción causada por el desarrollo crítico de las fuerzas productivas. El fondo común de esas ideas es siempre la disminución de la dimensión posible de acción humana y, por tanto, que los propios militantes se eximan de la responsabilidad sobre la ineficiencia de la táctica escogida por sus movimientos y organizaciones.
Una organización  y un movimiento social que se hayan estructurado de acuerdo con el avance de su trabajo se verán confrontados, en algún momento, con los límites de sus demandas. Hoy, en Brasil, vemos una serie de movimientos sociales e iniciativas populares completamente divididos y, peor aún, divididos por demandas extremadamente específicas. Hay colectivos culturales, cooperativas de consumo y producción, colectivos feministas, de educación, arte o agroecología que, en muchos casos, se reestringen a cumplir sus propias demandas. Esta sectorización de los movimientos sociales es vista por algunos como una consecuencia de la nueva configuración que los movimientos asumen en un mundo cada vez más avanzado: lo que algunos llaman de modernidad líquida o posmodernidad. Es elmito de la historia que se desarrolla pacientemente ante los ojos de los acotres. Desde esa perspectiva nos queda que «naveguemos sobre las olas» de la historia y aceptar el destino que alguna fuerza oculta ha establecido secretamente. Pero no nos engañemos con esta auto-ilusión. La historia no se desarrolla por sí mismo y no es producto de una fuerza secreta (o de las fuerzas productivas, en el mito hegeliano-marxista descrito anteriormente). Aunque reconozcamos que existen cambios que no podemos controlar la acción humana y de las obras creadas por los individuos es decisifa. Las ONG´s han sabido aprovechar (y reforzar) este movimiento. Sectorizan las demandas de la clase trabajadora y enganchan la resolución de estas demandas en los acuerdos con el Estado. El resultado de este movimiento es la incapacidad de la clase trabajadora y de los oprimidos para forjar instrumentos efectivos para contraponerse al Estado y a la burguesía.
Eso no significa que, como organización política anarquista, debemos despreciar las metas de los movimientos sociales en los que estamos insertos. Esta es la práctica del leninismo, que condenanos y repugnamos como libertarios. Pero es preciso trabajar para quela sectorización sea superada y no reforzarla apelando siempre a una supuesta «singularidad» de lad luchas. Un movimiento que tenga una demanda específica (como por ejemplo la cultura) puede, en el avance de su trabajo, efectivamente integrar otras formas de lucha, o establecer una política de alianzas eficaz, que consiga superar la sectorialización.
Las luchas y sus condiciones de expansión son obviamente siempre singulares, los contextos históricos en los que emergen también. Pero no podemos extraer ninguna «regla» general de los procesos revolucionarios o de los movimientos sociales en su dinámica organizativa, eso no significa decir que ninguna forma de conocimiento o de análisis sea posible. Por tanto, un análisis de procesos reales implica examinar sinceramento los éxitos y los fracasos, intentando incorporar críticamente elementos que puedan hacer eficaces la organización política y los movimientos sociales en los que militamos.
Una perspectiva interesante es trabajar para agregar diferentes demandas a un mismo movimientos social, en vez de insertarnos en distintos movimientos sociales sectorializados. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin-Tierra (MST), a pesar de tener como bandera central la cuestión de la tierra, sabe como la cultura, la educación y otros elementos, son fundamentales en la constitución del movimiento. Otros movimientos con los que tenemos contacto y respetamos trabajan en el sentido de resolver diferentes demandas en el interior de un mismo movimiento: económicas, culturales, educativas y profesionales. En el caso de que sus militantes huiieran elegido crear un grupo, colectivo o movimiento para cada demanda (una cooperativa económica, un colectivo de cultura, un grupo de arte, etc.) no tendría el éxito que hoy poseen en muchos casos.
Es central que reforcemos el aspecto clasista de nuestra propuesta. Una propuesta de clase debe ser el»cimiento»  que une las diferentes demandas de los trabajdores. Lo que la clase dominante teme es, justamente, cuando esos movimientos superan su especifidad y se insertan en un proyecto popular amplio y clasista que articule, en las bases que aprendemos con Bakunin y Malatesta, un verdadero arco de oprimidos. La tarea de la organización política anarquista es justamente potenciar como minoría activa la estructura de los movimientos sociales en los que está inserta. Un movimiento social bien estructurado y organizado supera la mentalidad de las redes y formaliza sus objetivos, métodos y estrategias. Y, principalmente, consigue formalizar eficientemente su política de alianzas. Para formalizar una política de alianzas los agentes históricos, o sea, los militantes de carne y hhueso, deben asumir que son ellos los responsables de efectuar esa política. Hoy no hay ninguna organización anarquista (o de la izquierda) que consiga participar en todas las luchas. Una organización que opte por involucrarse «en todas las luchas» probablemente no tiene un programa estratégico bien definido, o este no es comprendido por sus miembros. Puede ocurrir que esta participe superficialmente en las distintas luchas en detrimento de su trabajo de base, lo que tendrá consecuencias terribles a largo plazo para la organización.
Un programa bien definido prioriza ciertas actividades y, por tanto, participa en aquello que contribuye al proyecto estratégico de la organización. Si no hay entendimiento sobre lo que contribuye o no a ese proyecto, la organización probablemente no interiorizó su programa. Tener un horizonte estratégico implica decir «no» a ciertas actividades y participar en otras con más intensidad. Lo contrario de esto es participar aleatoriamente en lo que aparece, sin reflexionar, ni siquiera rápidamente, sobre en lo que y por qué nos estamos involucrando en una actividad determinada. Reitero que este trabajo de reflexión no es un trabajo «separado» de la realidad, en muchos casos acontece en el interior del proceso, en el «ojo» del huracán», entre errores y aciertos de la organización política.
Un programa político y un horizonte estratégico bien definido, por lo tanto, hacen que no subordinemos nuestra militancia a lo que de más visibilidad en el momento, o que la prensa burguesa cubra con más atención. Ese es el caso de muchos partidos trotskistas, que se guían de acuerdo al oportunismo de la ocasión. La actuación de vanguardia es profundamente dependiente de la imagen de «estar en todas las luchas» (aunque en muchos casos sea superficialmente). Esta imagen construída sirve como polo de atracción paa nuevos militantes. Aún así es preciso no caer en el otro extremo. Hay luchas y actividades que, aunque distantes del plano tráctico que la organización política ha establecido, puden ser actividades interesantes para la propaganda de esa organización o de determinado movimiento social. Una organización con un trabajo de base relevante, pero que no «aparece», corre el riesgo de trasmitir una imagen política asimétrica. Creo que no hay una regla a seguir, más allá de que los militantes de «carne y hueso» vayan corrigiendo entre errores y aciertos la línea estratégica de la organización y su política de alianzas en su propia dinámica. No discutir eso puede trajer prejuicios a toda organización y limitar profundamente el alcance de su política.
Es fundamental que los/las militantes tengan conciencia de que la organización política anarquista nunca está acabada y que discutir una política de alianzas eficaz es saber con quien podemos contar para los próximos pasos en una empresa que solo puede ser colectiva.
Rafael V. da Silva
Septiembre de 2012
Referencias
DANTON, José Gutiérrez. Problemas e Possibilidades do Anarquismo. São Paulo, Editorial Faísca, 2011.
FREEMAN, Jo. A Tirania das Organizações Sem Estrutura, 1970. Disponible en http://www.nodo50.org/insurgentes/textos/autonomia/21tirania.htm. Visitado en 03/08/11.
Publicado en Anarkismo.net

 

Precariedad juvenil y el viejo sindicalismo

Al referirme a sindicatos en este artículo me referiré exclusivamente a los de tradición anarcosindicalista, ya que no quiero gastar más de dos líneas en esa traición a los trabajadores que suponen los actuales UGT y CCOO.

Tengo 21 años. Estoy cursando mi último curso de una carrera de ciencias sociales, de escasa salida laboral, y trabajo tres horas en la Biblioteca de mi universidad como becario. Es decir, como trabajador encubierto. Me pagan 350 euros al mes y no tendré derecho a paro, porque la escasa cotización a la seguridad social no lo cubre. Cuando acabe todo esto, no sé que será de mi vida. He perdido la expectativa de que el mercado o el estado me garanticen bienestar. Los jóvenes, en este juego trucado, no importamos mucho.

Ante esto, mis pensamientos vuelven al romanticismo del 36, a las colectivizaciones de fábricas y campos y las siglas de sindicatos pintadas en todas las paredes de Barcelona, mientras las bombas caen sobre las obreras que esperan el regreso de sus hijos, enrolados en milicias. Hoy todo eso es Historia. Estamos en el siglo XXI, nací en en una isla donde la gente no trabaja en fábricas o campos, sino en hoteles llenos de turistas dispuestos a emborracharse y dormir la mona en la playa.

La economía sumergida, los trabajadores sin contrato, los falsos autónomos, o como yo mismo, los estudiantes en prácticas, somos los herederos de ese mundo de fábricas. Esas fábricas todavía existen, evidentemente, pero ya no están aquí. Se fueron todas a tierras más “rentables”, como China o Vietnam. Si estás leyendo esto en un móvil u ordenador, es posible que haya pasado por las manos de un trabajador de ojos rasgados, encerrado en esas grandes fábricas-residencias orwellianas que tan barato producen. La producción del campo es anecdótica, la comida que comemos ha viajado más que nosotros. Viene de esos otros países, más baratos, en los que se puede explotar como un esclavo al trabajador y contaminar el medio ambiente sin temor a que alguien se queje…

Aquí quedamos nosotros. Los tele-opeoradores (controlados por grandes empresas especializadas en “externalizar” servicios), los cajeros de supermercado (ni se te ocurra ponerte enfermo en Mercadona, enfermar es de malos trabajadores), el que tiene un bar o un pequeño negocio y ve que el dinero se le va en impuestos, cuotas de un préstamo y pagos del alquiler del local; los profesores, enfermeros, administrativos, comerciales, informáticos y funcionarios interinos expuestos a ser despedidos en cualquier momento. Quedan algunos trabajadores industriales, cada vez menos y más especializados. Y luego está el campo, que apenas puede competir con los precios de los países “baratos”.

Finalmente, un sinfín de pobres que se buscan la vida en la economía sumergida, que comen en comedores sociales, rebuscan en la basura, reciclan chatarra, roban carteras, venden coca-cola en zonas turísticas, hacen top-manta, trapichean drogas, tocan música en el metro, van a servicios sociales a pedir la Renda Mínima, se prostituyen. Piden limosna. Duermen cerca del cajero que nos escupe dinero y nos cobra odiosas comisiones. Los marxistas tienen la cara de llamar a esta gente “lumpen” y decir que son una clase que hace una alianza con la burguesía contra la clase obrera. Es evidente que no han conocido a esa mujer sin-techo, Paqui, que lanzó un huevo a Urdangarín el día de su declaración al juez. Llevaba una bandera republicana en el cuello.

Y en medio de todo este jaleo que suponen la globalización, las privatizaciones y el aumento de policías, prisiones y cámaras de seguridad, queda el sindicato. Dos anarco-sindicatos, que dicen ser herederos de esa épica organización que luchó en la guerra civil. Enfrentados desde los años ochenta sobre si se debe participar o no en las elecciones sindicales. No entraré en ese debate estéril.

—¿Qué tal en el curro?
—Mal. Tengo la espalda jodida de tanto cargar libros en la librería.
—Ostia, y ¿has pensado en montar una sección sindical o algo?
—No. ¿Para qué? Si dentro de un mes se me acaba el contrato.

Quien decía esto no era una persona apática y despolitizada. No, era un estudiante de Humanidades, amante de la Historia e involucrado activamente en el movimiento estudiantil y las organizaciones libertarias. No se decidió a sindicarse porqué simplemente, en su contexto, no le era útil.

Los sindicatos parecen estar montados siguiendo los esquemas de la antigua estructura fordista-keynesiana. Empresas grandes pertenecientes a un mismo sector y funcionarios de las cuatro ramas del casi destruido Estado del Bienestar: educación, sanidad, asistencia social y seguridad social. Así pues, se crea una organización que sube desde la sección sindical de la empresa hasta la federación sectorial y territorial, llegando finalmente a una confederación estatal o incluso internacional.

La realidad del año 2015 no puede ser más obstaculizadora para este sindicalismo. Personas que no constan como trabajadoras y por tanto, es igual para ellas los convenios que se hayan podido acordar. Currantes que están contratadas por subcontratas de otras subcontratas. Manpower, Adecco, etc. Una legión de estudiantes en prácticas. Trabajos temporales (ay, la temporada de verano y las campañas de Navidad) y la gran mayoría a media jornada. Captador de socios para ONGs que cobran por objetivos. Clases particulares para sacar cuatro duros. Comerciales a los que sus jefes intentan convencer de que “tenéis que pensar como empresarios”.

Si bien es cierto que los sindicatos intentan adaptarse como buenamente pueden a este nuevo paradigma, les cuesta. Mi expectativa es trabajar en diferentes empresas de diferente sectores y por poco tiempo, lo cual es complicado compaginar con una militancia en cada una de las secciones sindicales en las que tendría que participar o directamente intentar montar. La única manera que tendría de comprometerme es llegando a una situación de mayor rango en la empresa, que me permitiera la estabilidad necesaria para preocuparme por sindicarme en vez de cual va a ser el siguiente sitio donde me tocará trabajar. Lamentablemente, sindicarse está pasando de ser una necesidad a ser un lujo en un mundo de economía sumergida, trabajos basura y un paro desbordante.

Pero nuestro deber es ganar. Y para ganar debemos reconfigurar las categorías en las que se estructura el sindicalismo combativo. Debemos buscar la afinidad biográfica, hacer sentir a los precarios que no están solos, que hay otros que están teniendo un curso de vida similar. Y pasar al ataque. Es demasiado tarde para resistir, la mejor defensa contra la miseria que nos imponen no es reclamar una legalidad que se puede cambiar en despachos de Bruselas, sino un buen ataque.

Mi propuesta, como joven precario y sin nada que perder, es crear redes de apoyo mutuo entre personas con la misma situación biográfica (no tiene sentido juntar al funcionario a punto de jubilarse con el becario que durará un año) y dispuestas a formar cooperativas, ya sean nuevas o sean empresas colectivizadas. Para mí, el objetivo a corto plazo de un libertario es conseguir que todas las empresas se conviertan en cooperativas auto-gestionadas por sus trabajadores y orientadas al bien de toda la sociedad. Ejemplos de estas prácticas las encontramos en la “toma de empresas” sucedidas en Argentina o en Grecia. En la Catalunya de los pistoleros pagados por la patronal, Joan Peiró de la CNT fundó la Coopertativa Cristales de Mataró para apoyar a los trabajadores despedidos. Estas colectivizaciones, a mi parecer, deberían ser llevadas a cabo por asambleas autónomas, que los anarco-sindicatos pueden apoyar pero no dirigir y que tengan un planteamiento basado en la democracia directa y el bienestar para todos. En definitiva, solidaridad entre precarios y autonomía financiera frente al neoliberalismo.

Cuando no hay nada que perder, está todo por ganar.

Anónimo

Esquiroles

Una huelga, como todas sabemos, es un método de presión y lucha en defensa de unos intereses comunes. Como tal, una huelga es una ruptura a la rutina impuesta a través del paro de la producción o la(s) jornada(s) de clase en el caso de ser estudiantil. No obstante, una huelga no siempre es apoyada totalmente y hay quienes estando en el mismo barco, es decir, estando en el mismo centro de trabajo o de estudio se ponen en contra de ella. La más famosa excusa que se escucha es la del derecho a ir a clase/al trabajo. Por lo visto, la mayoría de las personas han interiorizado el egocentrismo propio de las sociedades occidentales. Se olvidan de que todos los derechos sociales que hoy están siendo recortados han supuesto en el pasado luchas que costaron sangre para hacerlos efectivos.

Un esquirol es aquella persona que, en una(s) jornada(s) de huelga, se escuda en que existe un derecho que le otorga potestad para ir a clase o al trabajo a recibir sus días de salario y las palmaditas de «buen chico» del empresario. Un día de huelga significa un día de lucha en defensa de nuestros intereses de clase, en defensa de los derechos sociales conquistados y tratar de frenar medidas que van en contra nuestra y a favor de los intereses capitalistas. Es curioso que los esquiroles se acuerden del derecho a ir a clase/al trabajo cuando hay huelga pero se olviden de ello el resto de los días en que no hay huelga. ¿Dónde está esa gente que tanto se revuelve para no ir a una huelga cuando vemos cómo se destruye el empleo cada día y cómo los y las estudiantes cuyas economías no le permiten pagar las elevadas tasas de un grado universitario tienen que dejar la carrera? ¿Se acuerdan de los casi 6 millones de parados y paradas, de esas estudiantes expulsadas de la Universidad y de las que acabaron la carrera y no encontraron empleo acorde a su cualificación? Pues quienes hacemos huelga sí nos acordamos de todo lo anteriormente mencionado y es a través de ella por la cual lo defendemos. Un ejemplo de ello —y bastante conocido ya— es la jornada de 8h, conquistada a través de huelgas generales y no solo en el Estado español. Aunque a primera vista pueda parecer irónico el dejar el puesto de trabajo para defenderlo, en realidad es todo lo contrario. Las huelgas llevan el conflicto a otro nivel, paralizando la producción y generando pérdidas a la empresa como método para hacer valer nuestras reivindicaciones, como por ejemplo frenar un ERE. A través de ellas, se consiguieron echarlos atrás, como pasó por ejemplo, con la de los barrenderos de Madrid hace un tiempo.

Entonces, ¿qué es eso del derecho a ir a clase/al trabajo en las jornadas de huelga? Nada más ni nada menos que justificar el esquirolaje, ¡a eso no se le puede llamar derecho, sino más bien privilegio porque supone dificultar la conquista de otros derechos y reivindicaciones!. Asistir al trabajo por tener un día más de salario solo es pan para hoy y hambre para mañana porque en el día que le despidan, de nada le servirá ese día de salario, y aún peor, practicando el esquirolaje solo hará que perder apoyos de cara a hacer frente a un abuso patronal. En cuanto al esquirolaje en el ámbito estudiantil, quienes lo practican casi siempre son personas que disfrutan de privilegios y no tienen problemas económicos ni nada parecido, quienes no son de familias trabajadoras y pueden costeárselo todo. Hay que ver lo profundamente hipócritas que son estos estudiantes que reivindican su privilegio a ir a clase en días de huelga, pero les importan bien poco picarse clases enteras por resacas, para salir de fiesta o simplemente porque no tienen ganas. Ya no nos creemos vuestros lloriqueos para ir a clase, miserables esquiroles.

El esquirolaje beneficia a la clase dominante al dividir a las clases explotadas, es una vieja y conocida táctica de la patronal para romper huelgas y neutralizar nuestras reivindicaciones e intereses de clase. Practicar el esquirolaje es hacerle el juego a quienes nos explotan por costumbre para satisfacer egos personales y anteponer ese ego a lo que pueda ocurrirle al resto. Eso sí, los esquiroles callan cuando disfrutan de los derechos conquistados por quienes hacemos huelga. ¿Por qué no renuncian también a ellos?

Software libre en la era de los ordenadores

Cuando hablamos de software libre no solo nos referimos a programas gratuitos, sino también a todo aquel software desarrollado por una comunidad que se publica bajo una licencia libre. Dentro del software libre, lo que se nos vendría a la cabeza sería Linux. Y os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto en un espacio que no está dedicado a la tecnología? Pues se da el caso que en los países capitalistas avanzados, el ordenador está tan presente en nuestras vidas como la caja de herramientas de toda la vida que guardamos en el trastero. El ordenador se ha convertido también en un electrodoméstico tradicional como la lavadora o el frigorífico, el cual utilizamos como fuente para consultar la información, realizar documentos, navegar por Internet, descargar, escuchar y compartir música, etc.. Y como siempre, viene bien que conozcamos un poco mejor las herramientas que usamos para poderlas aprovechar mucho mejor. Antes de hablar de Linux, haré un breve repaso sobre Windows, el sistema operativo que nos viene por defecto impuesto en cada ordenador que compramos en la tienda (de hecho, pagas por el sistema operativo y sus complementos como el Office, importe que va incluido en el precio del ordenador). Sin embargo, Windows está pensado para que cualquiera lo pudiera usar, teniendo sus asistentes e interfaces gráficas para todo. Entonces, ¿qué problema hay? Aunque con Windows podamos realizar muchas tareas de las mencionadas anteriormente, posee varios inconvenientes a destacar;

—Al ser software privativo, solo ceden su licencia de uso previo pago de la misma, y además tiene muchas restricciones, como el no poder modificar partes del sistema operativo ni sus características y que dicho sistema no es tuyo, sino que sigue siendo propiedad del fabricante (Windows de Microsoft, MAC OS X de Apple).

—No es un sistema operativo seguro, a no ser que le instales un buen antivirus, también de pago. Aun así, algunas fuentes señalan que la NSA puede espiarnos a través del sistema operativo Windows sin que ningún anti-spyware lo detecte.

—Presenta problemas de rendimiento con el paso del tiempo y requiere de programas de limpieza para borrar la basura que acumula. Además, los cuelgues y la inestabilidad del sistema también están a la orden del día, así como la necesidad de formatear el sistema cada cierto tiempo.

—Otra importante pega de Windows es que viene con obsolescencia programada y deja de servir para ‘revivir’ equipos antiguos.

 ¿Y qué podríamos decir de Linux? Pues Linux es en realidad un núcleo de sistema operativo (kernel) a partir del cual se construyen las llamadas distros, que son sistemas operativos completos con sus características. El kernel de Linux fue desarrollado por Linus Torvalds y actualmente es mantenido por una comunidad alrededor del mundo. La principal diferencia con Windows es que Linux es software libre y cada distro es desarrollada por una comunidad de desarrolladores, programadores y demás. Richard Stallman sería quien inicie el movimiento por el software libre y desarrolle las licencias GPL, las cuales permiten la libertad para copiar, ver y modificar su código y distribuir los programas libremente. ¿Qué tendrá que ver esto a nivel de usuaria? La cuestión por la que recomiendo el uso de software libre en vez del privativo no es por cuestión de coherencia ideológica (que también, pero no es la principal), sino por su funcionalidad y por promocionar el uso de alternativas libres igualmente funcionales que el privativo. Con Linux disfrutaremos de las ventajas de ser gratuito —aunque tendremos la opción de donar y apoyar proyectos de software libre—, permiten más margen para configurar las aplicaciones y la libertad para poder escoger los programas que mejor se adapten a nuestras necesidades, así como la apariencia del entorno gráfico. Y para usarias más avanzadas, poder tener mayor control sobre su sistema y su equipo. A estas ventajas podemos destacar los siguientes:

—Sus distribuciones, excepto algunas orientadas a empresas, son gratuitas, las cuales se pueden descargar sus imágenes en bruto y a partir de ellas crear un CD, USB o DVD arrancable para instalarlo en el eauipo.

—Ofrece un buen rendimiento, robusted, flexibilidad y mejor aprovechamiento de los recursos en cualquier tipo de hardware, aunque para ello tendremos que escoger la distro adecuada a sus especificaciones de hardware. Con el tiempo, Linux no acumulará basura, por lo que no necesitaremos programas de limpieza ni tener que formatear, puesto que el sistema se sigue manteniendo estable por mucho tiempo que pase.

—A pesar de que con la popularización de distros como Ubuntu o Linux Mint hayan hecho que comenzaran a programar virus para Linux, estos sistemas operativos siguen siendo mucho más seguros que Windows, aunque algunas recomiendan instalar algún antivirus (obviamente software libre) en Linux.

—Carece de obsolescencia programada, lo que hace que con el tiempo se pueda seguir usando sin problemas de cuelgues ni comiencen a salir errores críticos del sistema. Además, gracias a Linux podemos revivir equipos antiguos y hacerlos usables otra vez sin tener que comprar nuevos ordenadores.

El problema de Linux es que requiere ciertos conocimientos, pero esto realmente no es una pega cuando aprendemos, y veremos que es más una ventaja que un inconveniente. Si te ha convencido o tienes curiosidad, ¿qué distribuciones escoger? Recomendaré algunas que son más fáciles de instalar y tienen un entorno gráfico agradable. Actualmente, Linux está mejorando mucho y cada vez más gente ve alternativas en ello. He aquí una pequeña lista: ElementaryOS, Ubuntu, Linux Mint, Manjaro Linux, Antergos… y para quienes quieran aventurarse con algo más configurable y avanzado, podéis probar Arch Linux. Además de esto, también estaría bien nombrar algunas alternativas libres al software privativo:

  • Multimedia: VLC (reproductor audio y vídeo), brasero (gravadora de CD/DVD), Open Shot (editor de vídeos)…
  • Suite ofimática (procesador de textos, hojas de cálculo, power point…): LibreOffice.
  • Edición de imágenes: GIMP, Inkscape, blender (editor de gráficos en 3D)
  • Navegadores: Icecat, Firefox, Chromium…
  • Mensajería: Pidgin, Thunderbird…

En caso de que querramos correr un programa de Windows en Linux, usaríamos Wine para ejecutarlo.

Por último, aunque me gustaría dedicar más entradas sobre el proceso de instalación de una distro Linux, lamentablemente, este no es un espacio para cuestiones meramente técnicas. De todos modos, en la red existen muchos tutoriales sobre los cuales apoyarse. Dedico esta entrada a Linux porque pienso que sería interesante que en la era de la tecnología sepamos qué estamos usando y qué alternativas hay, además de aprovechar las herramientas que existen, funcionan bien, son gratuiras, seguras, ofrecen buenas prestaciones y están a nuestra disposición.

Reflexiones sobre un pueblo fuerte

En mi anterior artículo ya hablé de la necesidad de que les anarquistas dejáramos de estar a la defensiva para pasar a la acción. Lo que yo expuse en mi anterior artículo puede que fueran mis reflexiones personales e individuales, pero sé a ciencia cierta que eso mismo lo pensaban y lo piensan muchas personas más. Análisis, debates y artículos que reflexionan en torno al problema del movimiento-ghetto anarquista que, guste o no, hemos creado o, al menos, es lo que tenemos en buena parte, abundan. Se torna manifiestamente claro que si nuestras ideas actualmente no tienen más seguidores entre el pueblo no es principalmente por acierto de les que nos oprimen, sino por defecto nuestro. Llevamos mucho tiempo sin una estrategia clara y haciendo muchas cosas mal o con un objetivo diferente al de convertir al movimiento libertario en un movimiento de masas, capaz de transformar nuestros anhelos en algo real. Que también se han hecho otras muchas cosas bien es obvio, pero para tirarnos flores nos sobra tiempo, para reaccionar y posibilitar alcanzar otro mundo, no.

Ha surgido Construyendo Pueblo Fuerte . Por ahora no es más que un manifiesto firmado por militantes y activistas sociales que buscan superar al capitalismo y al Estado y conseguir una democracia de verdad (directa, económica, participativa, inclusiva: libertaria ) luchando desde abajo al margen de los cauces institucionales, pero puede llegar a ser mucho más: puede llegar a ser lo que pretende.

La cosa está clara. Ante el eterno retorno de la socialdemocracia, les que no nos identificamos con las instituciones de este sistema y no creemos en las vías electoralistas y en los parlamentos, necesitamos organizarnos, reconocernos y visibilizarnos . Pero no merece la pena que nos visibilicemos si no tenemos nada que proponer. Sí, abolir el Estado y el capitalismo; comunismo libertario, democracia directa y asociación libre. Vale, muy bien, pero igual necesitamos algo más . Igual necesitamos ponernos manos a la obra a elaborar un programa específico para las necesidades políticas, económicas y sociales de nuestro tiempo . Igual necesitamos juntarnos alrededor de una iniciativa confluyente para poder tener fuerza de verdad, poder popular , sin abandonar nuestros principios (al revés, reafirmándolos) ni nuestras organizaciones. Igual necesitamos estar dispuestes a lanzarnos al barro y ponernos de mierda hasta las orejas, como han hecho todes aquelles a les que admiramos y que ya solo son palabras en libros o en nuestras bocas.

Este mundo es complejo. Como diría una gran persona, «no escogemos el tiempo que nos toca vivir, solo lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido dado». Nuestro tiempo nos ha puesto en una situación realmente complicada, una muy difícil, pero eso no debe asustarnos ni hacer que nos quedemos resguardades dentro de nuestro caparazón, aunque las condiciones sean adversas y nada bueno se augure. Yo estoy hasta las narices de esperar . Estoy ya cansado y no tengo… mejor dicho, no tenemos (tanto) tiempo. Entre nosotres no hay jerarquías, ni órdenes ni jefes, construiremos lo que nosotres mismes queramos construir , así que basta de excusas y basta de cobardías.

Cada une que haga lo que crea conveniente para sí. Yo lo tengo claro.

@LuisAcrata

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