Reflexiones sobre abstención activa

La abstención activa es un concepto muy bien conocido dentro de los entornos anarquistas, y supone ya una respuesta automática de las anarquistas cuando sale el tema de las elecciones. Lemas como «no votes nunca «, «si el voto sirviese para algo estaría prohibido» es la que acompaña a todas las «campañas» por la abstención activa. No obstante, resulta un lema muy vago, nada concreto y que no lanza realmente argumentos importantes para oponerse a las elecciones, ni alternativas a la vía institucional claras. Aunque para las anarquistas ya convencidas, tengamos claro qué significa la abstención activa, a otras personas que no lo son, les será irrelevante. De hecho, a efectos prácticos, esa abstención activa se computa igual que la abstención pasiva, la que se da porque «no me da la gana ir a votar y ninguno me convence», «prefiero ver la tele o ir de bares» y expresiones similares que denotan un pasotismo y una indiferencia absolutas. No tratamos en este texto de realizar una oda al voto, ni mucho menos, sino lanzar al aire una reflexión que muchas llevamos pensando hace tiempo, y es que el discurso libertario abstencionista esta caduco, ¿qué sentido tienen estas campañas? ¿Realmente la abstención es algo efectivo o contribuye a fortalecer la lucha en las calles? ¿Qué supone votar y que supone no votar?

Seamos claras, las instituciones y el Estado son tan solo un pieza más en el entramado del sistema capitalista y más aún cuando el Estado-Nación se encuentra sin apenas capacidad de decisión debido al capital financiero. El Estado en ningún caso servirá como elemento emancipador de las clases subalternas sino más bien lo contrario, así lo ha demostrado la historia, y es esta nuestra diferencia histórica con el marxismo-leninismo, entre otras cosas. Teniendo siempre en mente esta reflexión, debemos entender que, debido a la emergencia social, muchas compañeras decidirán votar este domingo, y no por esto serán menos compañeras, no votarán ilusionadas, sino a regañadientes más bien, sabrán que su voto “legitimará” ciertas conductas y ciertas opresiones, e incluso pasarán vergüenza cuando sus vecinas les vean en el colegio electoral (muchas no han ido a votar en su larga vida). Pero debemos preguntarnos el por qué, porque aunque seamos libertarias muchas consideran que “podemos” o las candidatuars ciudadanas pueden frenar en parte la ofensiva neoliberal, y que aunque sea para cuatro cosas básicas de algo servirá: no más desahucios, electricidad y agua garantizada, más servicios sociales… Lo que debemos hacer no es señalar a nuestras compas porque van a votar o “quitarles el carnet de anarquista” sino reflexionar y analizar las razones por las cuales nosotras como libertarias no hemos sido capaces de generar una alternativa real a las situaciones de miseria que viven nuestras vecinas, amigas, compas o nosotras mismas.

No creemos que en este contexto social y económico todo se decida en las urnas, ni mucho menos, si hemos sido capaces de sobrevivir a estos años de paro y miseria ha sido gracias a la lucha en las calles, al apoyo mutuo y a pensar en común, y consideramos que es ese el camino, que mediante la organización asamblearia, popular y autónoma estaremos más cerca de un proceso de emancipación popular. Es por eso que no nos importa tanto si la gente vota o no este domingo, sino lo que hace el resto del año. Debemos apostar por los movimientos sociales, y si nos tenemos que preocupar por algo es cuando alguien deja la asamblea de vivienda o la asamblea del barrio para militar en algún partido, ahí sí que debemos ser críticas y no cuando se deposita un papelito en una caja de plástico.

Hemos llegado a aceptar la abstención activa como dogma, como si al no votar, mágicamente la democracia burguesa se desestabilizaría o se deslegitimaría. Pero no, la democracia burguesa no se legitima expresamente por el voto, sino que es sustentada por la propia clase dominante, el cual, este sistema político le otorga más garantías para sustentar las relaciones de producción capitalistas. Votar o no votar no cambiará mucho nuestra realidad material ni social, los cambios sociales no los hacen los partidos, ni los gobiernos, ni los estados sino la gente, tratemos pues de crear el escenario perfecto para que ese proceso revolucionario se pueda dar, no ataquemos a compañeros y compañeras desde el dogmatismo sino desde la reflexión y el entendimiento. El discurso de la abstención activa parece no salir del marco electoral y la dicotomía entre votar o abstenerse, y parece más bien una respuesta por inercia en vez de una estrategia de ofensiva, es decir, una respuesta forzada por la coyuntura y no la articulación de un ataque o avance, porque parece que saquemos este discurso solamente cuando hay elecciones. Por eso, pensamos que es necesario superar esta falsa dicotomía y pasar a tener visión estratégica, que apunte a la política del día a día, y esto es, la inserción social en las luchas cotidianas, teniendo como objetivo el fortalecimiento de los movimientos populares para hacer posible su articulación a nivel político. En otras palabras, a crear alternativas políticas fuera de las instituciones con fuerza real y capacidad transformadora.

Dicho esto seguiremos pues en nuestra fría trinchera, sacudiéndonos la poca ortodoxia que nos queda para empezar a pensar en la victoria, reproducir la derrota nunca sirvió para nada. Seguiremos odiando a esta sociedad, a su policía, a sus jueces y a sus políticos lleven o no lleven coleta pero trataremos de convencer y de reflexionar con las desposeidas con todas aquellas que se resignan a vivir en esta sociedad de mierda en donde es más importante salir de fiesta una noche que ir a parar el desahucio de tu vecina.

Da igual si votas o no votas, lo que importa es lo que hagas el resto del año.

Artículo conjunto entre Bari y Lusbert

Se buscan líderes anarquistas… ¡y referentes!

Seguramente os sonarán nombres como August Spies, Carlo Cafiero, Angel Cappelletti, Camilo Berneri, Nestor Makhno, Errico Malatesta, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Federica Montseny, Conchita Guillén y un sinfín de nombres que no cabrían en la lista. Os sonará igualmente David Graeber, Abdullah Öcalan, Felipe Correa, Murray Bookchin, Carlos Taibo… Todos ellos anarquistas, no anónimos y anónimas, pero tampoco dirigentes. Ni siquiera ocupan ni representan ni pretenden ser sus representantes del movimiento libertario. Estos personajes, tanto actuales como históricos, tanto de acción como teóricos y teóricas, realmente no inventaron nada nuevo aunque fueron personas creativas. De las primeras, simplemente, sintetizaron las ideas y las praxis a partir del estudio y articularon todos estos conocimientos bajo un ideario documentado que posee referencias a ideas de muy diversas autoras. De las segundas, personas de acción tales como Makhno, Durruti entre otras, destacan por su perseverancia, iniciativa, compromiso y voluntad férrea, con visión estratégica y sagacidad, ambición y capacidades comunicativas. Estas características son propios de líderes/lideresas, y esta es una de las razones por las que he querido responder a nuestro compañero La Colectividad, cuyo artículo es de lectura recomendada para seguir el hilo del temario. Y ya que estamos, ¿por qué no echarle un vistazo a éste también del sabio lagarto Acratosaurio?

Para ir abriendo boca, quisiera matizar una cuestión conceptual importante: no es lo mismo hablar de líderes que de dirigentes o jefes. La diferencia está en que los líderes y lideresas son personas que describí en el anterior párrafo: personas que destacan por su iniciativa, por su agudeza intelectual, su creatividad y su lucidez. Personas que dinamizan, que saben transmitir sus pensamientos y las opiniones de otras personas, que saben cómo comunicar sus mensajes (capacidad comunicativa), que mueven al grupo e instigan la participación de otras personas, que tienen ambición, que escuchan y resuelven, que consiguen su legitimidad y reconocimiento ganándose el respeto de las demás. Sin embargo, el dirigente, jefe o jefa es quien se impone por la fuerza, con base en la idea del respeto y obediencia a una autoridad. Un dirigente impone sus intereses sobre los de los demás, no es legitimado realmente por su base social (con algunas excepciones). Aunque el difigente pueda compartir características con los líderes y lideresas, hay un matiz que en la práctica se nota y mucho. Pongamos otra vez a Nestor Makhno y Buenaventura Durruti como ejemplos de líderes. Sí, líderes anarquistas;

Nestor Makhno era una persona que aparenta un temperamento frío y calculador, pero sentía dolor cuando veía caer a sus compañeros de lucha, aunque sabía ocultarlo bien, impidiendo así que se debilitara emocionalmente ante las pérdidas de sus compañeros. Poseía un caracter fuerte, fue un gran estratega y lo que aprendió en las cárceles, lo supo transmitir e implementar. Supo mover y organizar unos destacamentos guerrilleros en un Ejército popular compuesto principalmente por campesinos y campesinas. Supo sintetizar los problemas por los que atravesaba las mayorías campesinas entonces y recoger esa necesidad revolucionaria de derrocar toda forma de opresión a través de la lucha armada y la construcción de un nuevo orden social basado en el comunismo libertario. Allá donde su Ejército Negro libertaba pueblos del yugo de las diversas reacciones tanto monárquicas como capitalistas, allá se ganaba la simpatía de la población. Y desde allí creó movimiento. Este ejército se erigió como un ejército de liberación que defendía la libertad del campesinado y el proletariado, y así lo hizo. Así pues, Makhno lideró esta fuerza político-militar, pero no lo hizo porque se haya impuesto, sino porque se ganó el puesto por sus actuaciones, su personalidad, iniciativa y firmeza. Mucha gente admiraba su valor y sus grandes dotes estratégicos, y por ello, llegó hasta allí y cumplió su papel de liderar una buena parte del movimiento en el campo militar, pues lo demás no era competencia del Ejército. Dentro del Ejército Negro, la disciplina se aceptaba voluntariamente, nadie estaba obligado a ingresar en él, pero quien entrase, tenía que aceptar esta disciplina por voluntad propia, por ser consciente y estar convencido de formar parte de un ejército de liberación, cuya lucha es la defensa de la revolución.

Buenaventura Durruti en los inicios de su trayectoria política, ingresó en la UGT, aunque posteriormente haya sido expulsado por la radicalidad de sus ideas. Poco después conocería la CNT, donde se convenció firmemente de las ideas anarquistas. Durruti realmente no fue un gran teórico, ni fue un gran orador como Salvador Seguí, sino un hombre de acción. Pero su fuerza en los discursos y lo directo en cómo los transmite, con su entonación como a martillazos, junto con sus acciones, instigaba al resto de obreros a la lucha. Sus discursos transmitían esa fuerza y espíritu necesarios para avanzar, esa energía que motivaba y levantaba ánimos a quienes le escuchasen. No se andaba con rodeos ni se perdía en términos demasiado técnicos. Iba muy directo y sabía transmitir perfectamente su perseverancia e iniciativa. De hecho, su famosa frase «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y este mundo está creciendo en estos instantes», recogía el anhelo de todos y todas las anarquistas de aquella época y a la vez describía la expansión del anarquismo como fuerza política revolucionaria. Desde el inicio de su militancia anarquista hasta su muerte, estuvo siempre en pie de guerra, pasando por las cárceles y el destierro, formando parte del famoso grupo Los Solidarios y como uno de los comandantes de la célebre Columna Durruti, que comenzó reuniendo a unos 2.500 hombres y consiguó llegar a tener hasta más de 6.000.

Ambos hombres de acción murieron sin acumular ningún patrimonio. Su entrega a la lucha fue total y jamás disfrutaron de privilegio alguno cuando estuvieron al frente de la comandancia. Makhno huyó a Francia, llegando a París y murió allí enfermo en la miseria. Durruti murió en Madrid por una bala perdida, sin dejar tampoco nada de valor. No obstante, ¿qué tendría que ver esto con la actualidad? ¿Qué hay de la diversidad del movimiento libertario… o más bien su atomización? ¿De verdad la existencia de líderes y lideresas coarta la libertad individual? El caso de la okupación de la Universidad de Zagreb que menciona La Colectividad es bastante interesante e ilustrativo que sustentaría su argumentación. No obstante, el liderazgo no siempre supone una sola cabeza destacada y visible. El liderazgo se puede dar a cualquier escala. Cualquiera que en una asamblea o un grupo lleve cierta iniciativa, que dinamice, que cree, sintetice y exprese lúcidamente las inquietudes del resto, que sepa transmitir las demandas colectivas al exterior, jugaría su papel de líder o lideresa. Otra característica del liderazgo es que no siempre recae en una única persona, sino que puede rotar según qué circunstancias y cuánta base social sea su apoyo, así como cuántas les toman como referente.

Y ya que estamos, vamos a añadir la figura del o de la referente. Un o una referente sí que es una persona pública, que destaca sobre todo por su capacidad comunicativa y por su formación teórica, quienes son reconocidos por otras personas las cuales acuden a dichos referentes como fuentes de inspiración y conocimientos. Bakunin, Malatesta y demás hombres y mujeres de ideas son ejemplos de referentes ¡y hasta Bonnano para las insurreccionalistas!. Gracias a estos nombres conocidos, tanto líderes como referentes, el anarquismo sigue vivo hoy, y que con el anonimato y sin liderazgos, seguramente en las páginas de la historia no se habrían escrito revoluciones sociales como la del ’36, la Comuna de Shinmin o la Makhnovitschina, ni hubiésemos presenciado, desde la historia reciente hasta hoy, la resistencia del pueblo Mapuche, el levantamiento zapatista ni el Movimiento de Liberación Kurdo ni la Revolución social en Rojava (he de matizar aquí que Öcalan no es expresamente un líder, sino un referente, un símbolo que inspira la lucha del pueblo kurdo, que le guarda un profundo respeto).

El Acratosaurio posiblemente nos hable de referentes más que líderes, personajes públicos que recojan y transmitan a la sociedad las opiniones comunes de los y las anarquistas. Hemos de reconocer que los mass media siguen teniendo mucha más difusión que nuestros medios, y que ni nuestras páginas web, ni nuestros canales de vídeo ni la difusión en las redes sociales en las calles, pueden igualarse a los mass media. Seguramente, en un debate en La Sexta donde salga Carlos Taibo (o alguna otra cara visible del movimiento libertario) haga llegar el mensaje anarquista a más personas que personas anónimas difundiendo por medios alternativos. Y ahora bien, ¿qué es lo que queremos: comunicar mensajes a otras anarquistas o visibilizar nuestras alternativas políticas? En otras palabras, ¿hacemos política para sí o política para fuera? ¿Nos comunicamos únicamente dentro de nuestros círculos militantes o queremos transmitir nuestros mensajes de cara a los movimientos sociales y a la sociedad, en concreto, a las clases explotadas?

La necesidad de cabezas visibles y presencia mediática del anarquismo responde a la necesidad de visibilización, porque el aislamiento es nuestra condena. Sí es cierto que no puede haber nadie que represente y recoja TODAS las opiniones y pensamientos de la diversidad del movimiento, pero la idea no es tener solo una persona, sino muchas: destacados anarcosindicalistas, cabezas visibles de los feminismos, intelectuales académicos, economistas que promuevan la autogestión, y activistas y militantes de diversos ámbitos en los movimientos sociales y políticos.

Ahora bien, La Colectividad habla de que con los sabotajes también comunican, ¿pero qué? ETA también quema cajeros para comunicar un mensaje. De hecho, cualquiera lo puede hacer, hasta un hooligan del Ultras Sur. Entonces, ¿qué sentido tiene? Caer en lo mismo que critican las propias insurreccionalistas: el espectáculo. Quemar cajeros, levantar barricadas y demás acciones de guerrilla urbana, sin llevar detrás una base social amplia, no es más que simple espectáculo, el cual solo alimenta el riotporn, algo con lo que disfrutan otras anarquistas que no viven en directo las revueltas y se dejan llevar por el morbo del fuego y los cristales rotos. Dejando a un lado esto, analicemos la forma comunicativa en sí. ¿A quiénes se dirigen? ¿Realmente consiguen instigar las luchas? ¿Qué aportan? Este tipo de mensajes materializados en acciones desde el anonimato son mensajes que únicamente parecen enfocados a anarquistas convencidas, pero que dejan de tener sentido para aquellas que no lo son realmente, ni tampoco instigan a otras personas a luchar aunque hayan quienes odien a los bancos pero éstas únicamente se quedan con un «ya era hora de que ardan…» pero no mueven, no se organizan y solo disfrutan del espectáculo de la guerrilla urbana, ¡craso error creer que por liberar animales, quemar cajeros y montar barricadas lleven por arte de magia que ciertas personas se hagan anarquistas y sigan esas acciones! Porque no aportan nada constructivo, ni ofrecen más alternativas que reivindicaciones maximalistas por la libertad tras ataques simbólicos pero únicamente se enfrentan al brazo armado del Estado, sin ser conscientes de la enorme diferencia de fuerzas, motivo principal por el que a la represión le es fácil aislar al insurreccionalismo, y al anarquismo ya de paso, de posibles apoyos sociales.

Por otro lado, el fuego utilizado para comunicar algo en Gamonal o Can Vies o desde la misma Echarxia destaca no por su espectacularidad, sino que dicho mensaje fue legitimado por una base social, la cual es la fuerza real que le da contenido político-social a los cajeros rotos y sucursales en llamas.

Por último, ¿qué sentido tiene decir que somos ingobernables mientras vamos a la deriva y continuamente forzadas por la coyuntura, sin tener unas hojas de ruta ni estrategias políticas que permitan al movimiento libertario ser un actor político real para transformación social? La Colectividad acierta al decir que tenemos potencial, pero no toda persona es capaz de desarrollarla. Así como que las clases explotadas y los colectivos sociales oprimidos (de etnia y de género)  tienen el potencial de ser las únicas clases sociales con potencial revolucionario, no podrán materializarla si no existen referentes ni líderes ni lideresas que articulen discursos acordes a la coyuntura, que proponga hojas de ruta y que lleven iniciativas.

Ya para ir terminando, se necesitan líderes y lideresas anarquistas para callar la boca… ¡de quienes nos calumnian, de quienes nos explotan por costumbre y constantemente atacan el anarquismo! Necesitamos personas que no tengan miedo a hablar en público, que dinamicen las asambleas, que sean creativas y resolutivas, que en todo momento se mantengan constructivas, que dialoguen, que muevan y motiven al resto… Obviamente, esto NO significa que tengamos que quedarnos esperando a que salgan lideresas de debajo de las piedras, sino que no rechacemos de antemano los liderazgos, algo que siempre va a existir en cualquier grupo humano, y por ello lo aceptemos en sentido positivo, tal y como como nos dice el Acratosaurio, «necesitamos líderes anarquistas, personas que […] sepan articular todas esas ideas que tenemos en el ambiente: ese desdén por los partidos; ese rechazo a la política profesional; esa exaltación de la asamblea; ese impulso a la participación política de todos[as]; ese igualitarismo que exige el fin del saqueo; esas necesidades insatisfechas en vivienda, educación, sanidad, alimentación; esa indignación ante la explotación y el abuso… Ese anhelo de una sociedad diferente, y tal y cual.«. Eso sí, debemos cuidarnos de que los liderazgos no degeneren en dirigismos y jerarquías informales. No tengamos miedo de aquellas personas que recopilen y sinteticen las inquietudes libertarias y cree a partir de esos conocimientos y experiencias, nuevas formas de acción e intervención social y política, que nos saque del estancamiento, que se visibilice y mueva iniciativas y que, en general, construyan.

Se busca líder anarquista… para callarle la boca

Normalmente me leo los artículos de Acratosaurio rex con gran interés, por los temas que trata y con el humor tan característico suyo que gasta. Unos me gustan más, otros me gustan menos. Aun así me los leo todos. Pero en un artículo relativamente reciente, titulado «Se busca líder y anarquista», no sé si su psiquiatra le habrá subido la medicación o qué, pero al «Rex» se le ha ido del todo. Para todas aquellas personas que no hayan leído el artículo todavía, lo resumo de forma muy esquemática:

  1. El anarquismo necesita de líderes (anarquistas, por supuesto).
  2. El líder es aquella persona que representa lo que todo el mundo piensa, pero que nadie «sabe cómo decirlo.»
  3. El líder, además de «articular el pensamiento colectivo», es aquella persona que no da importancia a ser señalado y reconocido.

Ahora, no sé cómo de serio estaría Acratosaurio el día en que escribió tal cosa (porque nunca se sabe por dónde van su tiros exactamente), pero suponiendo que lo que dice va en serio, lo mínimo que puedo hacer es exponer mi reacción (¿me convierte esto en líder de aquellas personas que difieren en este tema? Pregunto). Aun si su artículo era pura sátira, el tema merece cierto tiempo para reflexionar sobre la cuestión (también ha dado que hablar en el foro de ALB. El hilo lo podéis leer aquí).

Lo primero (y que más me choca) es esa distinción  subyacente entre «buen líder» y «mal líder» en el texto. El «buen líder» es una persona que, por una u otra causa, está más capacitada para articulas públicamente lo que «todo el mundo piensa.» Asimismo, el «mal líder» sería aquella persona que crea personalismos y no articula con coherencia el sentimiento colectivo (usando las mismas palabras del texto). Esta distinción me choca por varias razones, pero sobre todo porque no llego a entender del todo cómo diablos una persona puede articular mejor que otra lo que «todo el mundo piensa.» No entiendo cómo otra persona puede expresar por mí lo que yo, como ente individual que puede (o no) compartir ciertas ideas y emociones con otros entes sin ello erradicar mi individualidad excepcional, pienso por dentro y quiero ver reflejado en la realidad en la que vivo. Vamos a ver si me aclaro con lo que se está proponiendo: dado que unas personas tienen mejores cualidades para comunicar (por hablado o por escrito) lo que «todes pensamos», estas personas deberían «salir públicamente» a gritar al mundo entero lo que «todes queremos.»

Este planteamiento no simplemente me parece erróneo, sino que creo humildemente (sin querer generar liderazgo) que hace un flaco favor a todo aquello por lo que el anarquismo apuesta. ¿Cómo diantres puede saber alguien lo que «todo el mundo» piensa? Y si lo supiera, ¿por qué no soy «yo misme» la persona más cualificada para dar mi opinión sobre algo? De fondo, aquí, hay otro planteamiento: la persona que mejor se desenvuelve en comunicar cosas es la que debería articular «la voz de la gente.» Lo primero (como ya he expresado en otros artículos), es que no creo que «la gente», como sujeto unitario, exista con la facilidad que ciertas teorías políticas defienden. Y lo segundo es que de esta forma (la de crear e impulsar líderes) no se da valor alguno (es más, se desprecia por completo) a la potencialidad que toda persona dispone para expresar por sí misma lo que piensa, quiere, y hacer. De nuevo me encuentro con el debate entre «colectivo» e «individuo.» El líder, dice Acratosaurio, canaliza y articula con coherencia lo que el colectivo piensa. Qué forma más bonita de matar al potencial individual, a la fuerza interna de las personas para actuar e interaccionar de forma libre e individual (que, desde mi punto de vista, es la única forma de crear un colectivo real).

Hace tiempo (de hecho fue en abril de 2013, ya llovió lo suyo) escribí una reseña de «The occupation cookbook.» Este libro-manual, escrito por las personas protagonistas de los hechos, trata de la okupación de la facultad de humanidades y ciencias sociales de Zagreb. Uno de los temas que tratan es la del liderazgo. Su okupación fue toda una experiencia de autonomía en continuo aprendizaje, y para hacer «saber» al resto de la sociedad lo que elles pensaban y lo que querían, lejos de elegir a un par de figuras líder (con buena facha, con buen vocabulario, etcétera) decidieron que cada día, una persona voluntaria y sin dar nombres y apellidos, aparecería en la rueda de prensa para explicar ante los medios lo que iban planeando hacer con la okupación. Y funcionó. Funcionó porque el anonimato es mucho más fuerte que la cara bonita del líder. Pero sobre todo funcionó porque esta dinámica creo el deseo en las personas de comprometerse todavía más; de no querer delegar nada en nadie ni en ningún momento; de potenciar las cualidades de cada cual y aprender a realizar cosas que antes pensaban imposibles para ellas. Les líderes niegan la existencia del potencial humano para la autonomía individual, y lo que al principio puede ser un acto de mera representación de lo que el colectivo piensa, si se perpetúa en el tiempo se termina convirtiendo en lo que todes sabemos (y no nos hacen falta líderes para expresarlo): se termina convirtiendo en delegación.

Que conste que con todo esto no estoy diciendo que les anarquistas no necesitamos representación en algún momento. Si yo participo de una asamblea y, en dado momento, necesitamos establecer puntos en común con otras asambleas de similar opinión, entonces puede que necesitemos un par de representantes para comunicar lo decidido en común. Pero dichas personas representantes no tienen por qué ser líderes, no tienen por qué ser siempre las mismas (ni es deseable, por lo expuesto más arriba). La existencia de líderes, se quiera o no, crea una especialización de labores en el seno del anarquismo, y todes sabemos que ciertas labores, al fin y al cabo, tienen más repercusión que otras para lo que se decida o haga al final en nombre del colectivo.

Otra cosa que me choca del texto de Acratosaurio es eso de (y aquí copio y pego) «[n]ecesitamos a líderes dispuestos a dar la cara, a señalarse, a ser reconocidos y conocidos…, y capaces de aguantar lo que les caiga encima.» ¿A ser reconocides por quién? ¿A aguantar lo que les eche encima quién? Entiendo que aquí se habla de comunicar al grueso de la sociedad lo que les anarquistas piensan, o mejor dicho, lo que les anarquistas de tal o cual grupo piensan (porque pensar que todes les anarquistas pensamos lo mismo sería un gran disparate). También entiendo que aquí se está hablando de salir en la televisión convencional, en la prensa tradicional, y ese tipo de cosas, porque si estamos hablando de comunicar dentro del ámbito anarquista, para eso está claro que no necesitamos «caras conocidas» (les que participan regularmente en conferencias y reuniones de cierto tamaño son de sobra conocides por les que estamos dentro del tinglado. Y aun así esto me produce cierta agonía). A todo esto yo me pregunto: ¿qué le podemos comunicar a la «gran sociedad» con nuestres líderes? Ya no es cuestión de si Fulanito o Manolita se desenvuelven mejor al hablar, o de si tienen tan poca autoestima como para querer ser líderes de algo, es cuestión de si estamos contentes con la ya existente expresión de nuestras ideas ácratas.

Cada vez que un cajero amanece destrozado en Atenas, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que un coche patrulla arde a las afueras de París, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que una granja de animales esclavizados es liberada en los Estados Unidos, la gente (alguna) está comunicando. Y todas estas «comunicaciones» me parecen mucho más directas y claras que mil horas de debate televisado entre líderes anarquistas y otras persona. Y también sobra decir que todas estas «comunicaciones» no necesitan de portavoces, líderes, o guías espirituales, pues en el anonimato reside su fuerza y la propia posibilidad de realizar dichas «comunicaciones.»

No hay mejor líder que tú misme. No hay mejor persona para comunicar abiertamente a la sociedad lo que piensas que tus actos diarios de sublevación y desobediencia, sea más pequeña o sea más grande. No necesitamos líderes, necesitamos creernos más que en toda persona reside el potencial para subvertir la paz social que tanto nos ahoga, y que esto es el mejor mensaje que podemos lanzar desde todos los rincones del planeta. Les que imaginativamente participan de estas pequeñas insurrecciones cotidianas saben que no necesitan ningún líder para transmitir esto o aquello, pues el conocimiento de las acciones de nuestras hermanas y hermanos en otros lugares nos comunican (y bien articulado) todo lo que necesitamos saber: que somos ingobernables.

Opinión: La revolución colocada [+ Recomendación de lectura]

«¡Hagamos autocrítica!» decimos siempre las anarquistas. Pero cuando llevamos a buen puerto esa premisa, solemos acabar tratando temas teóricos, históricos o incluso, metodológicos, pero el que más nos cuesta tratar, muchas veces, es el tema actitudinal: deconstrucción del machismo, lucha antiespecista y anti-antropocéntrica, consumo de drogas… En esta entrada nos centraremos en este último punto: el consumo de drogas desde el prisma libertario.

¿Es sólo una decisión individual?

 Simpre que analizo este tema desde una perspectiva crítica, las compañeras suelen tratar de rebatir mi posición con argumentos un tanto simplistas. Uno de ellos, repetido hasta la saciedad vendría a ser el siguiente: «pero somos anarquistas, no podemos decirle a la gente que no se drogue, cada uno es libre de hacer lo que quiera».

La fuerza del argumento se halla en la última parte «cada uno es libre de hacer lo que quiera».
Estamos constantemente tratando de mejorar nuestra perspectiva de cara a las masas y no hacemos más que repetir, una y otra vez, una serie de consignas que no se distinguen mucho de las de aquellos que atacan con palabrería nuestro ideal, como es en este caso.
Libertad no es libertinaje.

Las drogas (tomando como definición de estas, todas aquellas sustancias capaces de inhibir o alterar ciertas capacidades físicas y mentales) suelen afectar a más de un individuo y por lo tanto, pueden convertirse en un problema social.
En el caso de las drogas legales, como el alcohol y el tabaco, es inevitable observar cómo no son sólo una decisión individual (realmente sí, pero la consecuencia es colectiva), sino que afectan a terceras personas (o animales no humanos).

En este punto tocaremos la primera variable, ya que todas las drogas son distintas: su afectación en función del ámbito de uso.

El ejemplo más claro del factor «tercerpersonista» del alcohol lo vemos en los accidentes de tráfico  aunque también, en menor medida, en casos de violaciones o acoso sexual (teniendo en cuenta que al desinhibirte, te conviertes en una persona capaz de hacer cosas que en un estado de sobriedad posiblemente no harías).

En el caso del tabaco también nos encontramos con dos ejemplos de afectación a terceros: complicidad con la experimentación en animales y creación del «fumador pasivo».
Si bien es cierto que el primero nos lleva a pensar «pero también existen tabacos no testeados» (cierto, pero suelen ser pequeñas empresas filiales a grandes marcas que si que testean), el segundo es un caso irrebatible. Fumar al lado de un no fumador es inferir en su salud, no hay más, y eso es profundamente egoísta y contrario a un ideal colectivo.

Teniendo en cuenta esto, nos encontramos con otro argumento «pero si lo hago en mi casa, sin molestar a nadie, no afecto tanto».
Es cierto, en gran medida, ya que reduces la afectación sobre personas (no sobre animales no humanos, aún así). Pero seamos realistas, si bien el tabaco sí puede emplearse en soledad, ¿cuánta gente abusa del alcohol en esa situación? Una minoría. Por ello hablamos de que el alcohol es una droga social la cual, difícilmente se empleará siguiendo el argumento de más arriba.

Dentro del campo de las drogas ilegalizadas, nos encontramos en una situación similar. Gran parte de las drogas son exportadas e importadas por mafias que se dedican a la elaboración, comercio y/o distribución.
Supongo que puedo omitir el motivo por el cual estas mafias son todo lo contrario a lo que el anarquismo propone…

Sin entrar más en profundidad, puesto que tan sólo quiero tocar cada punto por encima, también haré de abogado del diablo diciendo que no es lo mismo comprarle unos gramos a un camello en una rave que fumar un porro en casa de una planta tuya.

Contrarias a la liberación

Para este parágrafo quiero dejar clara una cosa: no todas las drogas afectan de la misma forma y por lo tanto, también su capacidad adictiva es distinta en cada sustancia.

En este punto podemos analizar otra variable: su afectación en función de la adicción.

El anarquismo propunga la abolición de toda autoridad sobre la totalidad del colectivo y con ello también, sobre cada uno de los individuos.
Partiendo de esta premisa, ¿si nuestro némesis es la autoridad moral, religiosa, económica o política (o en cualquier forma), no es contrario a nuestro ideal, precisamente, la creación de una nueva autoridad, esta vez, encima, artificial?

Una porcentaje de las drogas genera adicción mediante aditivos artificiales (el tabaco es su máximo exponente), generalmente, con la intención de que vuelvas a consumirlas debido al hecho de estar esclavizado a lo que ya no se distingue entre necesidad y vicio.

Otro porcentaje genera una adicción más débil (por el hecho de que no hay un aditivo que influya a seguir consumiéndola o incluso, dañándote a la salud cuando dejas de consumirla, como son el alcohol o las benzodiacepinas).
Esta adicción «débil» está estrechamente vinculada con el efecto que produce tras su consumo (generalmente placentero o relajante). Dentro de estas se encuentra la marihuana, la cual puedes dejar de consumir fácilmente, pues no crea una adicción por aditivos.

En resumen, en ambos casos estás sometido a su uso: en el primero por adicción, en el segundo por gusto.

Financiando al capitalismo

Sé que sonará tan repetitivo como lo de «un anticapitalista no ha de pisar un McDonalds», pero me parece una simple cuestión de coherencia.

Por desgracia, diariamente nos enfrentamos a situaciones que nos crean una tremenda disonancia cognitiva en relación a nuestra ideología y con las que debemos lidiar (trabajo asalariado, sistema de mercado…).
Pienso que, precisamente, por el hecho de estar sometidos a tantas situaciones que se contradicen con lo que promulgamos, debemos evitar todas aquellas que podamos.
Aquí entra mucho en juego la ética de cada uno y la consideración del entorno. Nadie es mejor que nadie por escoger una, otra o todas las opciones, pero si que me parece un ejercicio de madurez considerar su evitabilidad.
Esto engloba tanto nuestras actitudes (evitar actitudes segregacionistas, machistas, racistas, capacitistas…) como nuestro consumo diario y su procedencia (que puede implicar temas de comercio justo, veganismo y antiespecismo, o porque no, drogas).

No creo que haga falta añadir nada más, en el primer punto ya he hablado sobre el vínculo entre algunas drogas y las mafias sobre el cual me gustaría incluir también la mayor mafia: el estado (mediante los impuestos «extra» sobre tabaco y alcohol).

También se puede hacer hincapié en su potencial históricamente contrarrevolucionario: página 45 del PDF.

Este tema es tremendamente extenso y no considero necesario extenderme más en este post, ya que solo pretendo analizar un tema, por encima, que mucha gente rechaza tratar (porque de alguna manera, se sienten atacados, incluso).
Tampoco pretendo erigirme de gurú ni llamar «contrarrevolucionarios» a aquellos que se drogan, como ya he dicho, me parece un asunto más a tratar dentro de la autocrítica y la madurez como anarquistas.

Por último, animo a cualquiera a exponer sus opiniones y por supuesto, a reflexionar sobre el tema y recomendaros la lectura de «Drogas ¿Una opción personal?» (un genial análisis de una variedad de drogas desde el punto de vista revolucionario).

Programa de emergencia

Este texto es únicamente un boceto o parte de un texto mayor y que aún está por venir por parte del Colectivo Brumario.

 

Que nos encontramos en un momento de crisis, de impasse, parece ya evidente. Podemos querer no verlo porque era mucho más agradable cuando a cualquier convocatoria acudían cientos o miles de personas y salíamos a 3 o 4 por semana como poco, pero el caso es que diversos factores que no vienen aquí muy al caso analizar han llevado a un estancamiento del proceso que se inició con el 15M y devolvió la voz a las calles, aunque fuese para gritar consignas o levantar las manos. Sin embargo, de este periodo han salido experiencias sumamente enriquecedoras como es el mismo uso de la asamblea como herramienta fundamental para la organización popular y otros proyectos más concretos, además de ciertas victorias como la lucha por la vivienda. El caso es que ahora nos encontramos no solo con que las manifestaciones o convocatorias de todo tipo han disminuido, sino que el número de asistentes resulta en muchos casos alarmante. A esto hay que sumar la ilusión electoralista que estamos viviendo, y lo que nos queda, y una oleada represiva de un nivel que muchos no hemos conocido.

Conviene, entonces, preguntarnos cómo afrontar esto que se nos viene y que parece que no va a ser cosa de un mes, sino quizás un periodo de algunos años, teniendo en cuenta que ni los desahucios van camino de desaparecer ni la miseria general va a ser barrida por una vuelta a los felices años 2000. En este contexto parece importante prestar atención a las presuntas medidas de salvación que van formulando los distintos gobiernos y partidos aspirantes a serlo, especialmente aquellos que se reclaman como defensores del pueblo y la ciudadanía. Especialmente en ciertos ambientes tendemos a considerar la política institucional como algo impuro, sobre lo que no debemos trabajar y que, además, de eso ya se encargan otras. Como llevamos viendo desde que existe la ley y pronto veremos sobre el ejemplo concreto de la llamada ley Mordaza, esto no es así, sino que la legislación tiene un impacto si no directo, al menos de modificación del contexto en el que nos desenvolvemos. Es por esto por lo que algunos creemos que no podemos dejarlo pasar sin más.

Así pues, volviendo al tema de estos programas de emergencia social elaborados por determinados partidos consideraría necesario “salir de la ideología y situarnos en el terreno práctico de la lucha de clases”, parafraseando a los Colectivos de Solidaridad de París. Esto, en nuestra situación, implicaría atender a qué tipo de problemas sociales  podemos solucionar desde nuestra alternatividad, y también de qué manera es esto posible. Es decir, podemos afirmar que es factible alimentarse reciclando comida o vestirse robando ropa, pero deberíamos considerar en estos y otros casos que esta no es una solución por no ser generalizable y por no responder a las necesidades de muchas personas por su diversidad de situaciones vitales. Si hay soluciones a estos problemas probablemente pasen por la creación de un tejido social dedicado a la resolución de problemas muy concretos, algo que, por la inversión necesaria de esfuerzos y el mantenimiento de los mismos no siempre es posible.

Como libertario, o llámalo x, el otro día me caía de culo al encontrarme la noticia de una mujer de 60 años que cada vez que quería salir de su casa tenía que cargar escaleras arriba y abajo con su hijo de 40 años y 80 kilos a su espalda como un fardo debido a los problemas psicomotrices de este a encontrarse sin ningún tipo de ayuda. Vale que es un caso verdaderamente extremo, o eso quiero pensar, pero tampoco podemos pensar que es una situación única. Y estas personas necesitan una ayuda que nosotras, en nuestras condiciones actuales, difícilmente podríamos prestarles.

La preparación de cualquier cambio social que queramos llevar a cabo debe pasar indefectiblemente por asumir nuestras propias carencias y actuar en consecuencia. Y esto implica no dar la espalda a aquellas realidades que nos molestan bien por su complejidad, bien porque supongan adentrarnos en incómodas contradicciones. Desde esta óptica, actualmente muchas situaciones de necesidad no podrían verse si no resueltas, al menos paliadas gracias a las ayudas estatales, subvenciones u otros tipos de ayudas que no vienen de un CSOA. Si esto ha venido sucediendo desde que se inaugurase el bienquerido Estado del Bienestar, parece evidente que las realidades antes descritas y otras se agudizarán en un momento como el actual en el que si este no se está desmantelando, al menos se está desprendiendo de determinadas cargas. No es aquí sitio de mantener una u otra postura en cuanto a los cambios del Estado, por no ser el tema y por no contar con los conocimientos necesarios. Sin embargo sí podemos dar cuenta de lo evidente, y es que determinadas ayudas que se prestaban desde el Estado han dejado de prestarse o han disminuido hasta cotas insultantes. El caso, al final, es que hay personas en situaciones insostenibles, situaciones a las que no podemos dar solución en este momento y, si queremos incluir a estas personas en el cambio social que preparamos en vez de asumir una política antisocial y de autoconsumo, no podemos, por muchas contradicciones que suponga, oponernos a un tipo de medidas que pretenden restablecer el suministro eléctrico a quienes se lo han cortado las eléctricas o mejorar en alguna medida las ayudas a la dependencia, por mucho que esto venga del Estado.

Si consideramos la idea que desde ciertos ambientes se viene repitiendo  de apostar por un anarquismo social, y que esto pasa por participar en espacios que no siempre son los que tenemos como nuestros y que pueden no sernos cómodos no podemos pasar por alto todo lo señalado anteriormente. Ello no quiere decir ponernos a aplaudir las iniciativas electorales que asumen estos paquetes de emergencia, sino una defensa de los mismos desprendiéndolos de su componente electoral. La tarea se antoja complicada a la vez que necesaria.

Las Marchas de la Dignidad son un ejemplo de una herramienta con potencial suficiente para crear una fuerza en la calle que haga suyos estos paquetes de necesidades y dote a estos de un sentido más allá del apoyo electoral a un partido concreto. Nótese que se está hablando de potencialidad como herramienta, pues si nos remitimos a la última experiencia vivida no podemos pensar que aquello pasase de un mitin al que se había invitado a muchísima gente y con unos contenidos escasísimamente elaborados, como así manifestaba el infame lema de “Pan, trabajo, techo y dignidad”. Nuevamente hay que tener en cuenta también el incremento de la presión policial, con la lección aprendida de la ocasión anterior.

Sea como fuere, el caso es que este tipo de medidas pueden ser separadas de su uso electoralista y puedan asumirse como una victoria colectiva de aquellas que llaman de abajo. No hacerlo pasar como tal, sino asumirse efectivamente gracias a una presión activa y real, conocedora de sus límites pero dispuesta a ir a por todas.

[Recomendación] El tiro por la culata. Sobre Podemos y la crisis civilizatoria

El tiro por la culata: nueve tesis sobre el fenómeno PODEMOS y la crisis civilizatoria

Me ha impactado tanto (positivamente) la lectura de este texto en el blog de Emilio Santiago Muiño que considero necesario recomendarlo aquí con una entrada dedicada.

El texto utiliza a Podemos para recorrer algunas de las críticas y aportaciones más necesarias a la reflexión política actual, sobre todo a aquella que quiere contribuir desde la óptica anarquista (en un sentido amplio) a los movimientos sociales que están hoy respondiendo a los ataques del capitalismo. La lectura del momento social del texto tiene su punto de partida en una visión libertaria constructiva (escéptica con lo institucional, pero no ideológicamente enfrentada a sus partidarios), estratégica (capaz de ver el potencial y las miserias del experimento Podemos), que renuncia a la ortodoxia anarquista pero que es al mismo tiempo, o quizá por ello, una visión crítica y transformadora.

Es de destacar el análisis crítico de la deriva de Podemos, que es una crítica a la propia dinámica electoral. Resumiendo podríamos decir que cualquier partido político con vocación de gobernar en el momento actual debe incorporar elementos interclasistas y, por tanto, alejarse de la difusión de ideas transformadoras para acercarse al centro político, donde se juegan las mayorías. En palabras de Emilio, «el caballo del Estado tiene reglas que hay que cumplir si quieres montarte sobre él«. Es clarificadora de esta presión ineludible esa imagen que utiliza el texto de Jorge Riechmann espantando electores en un mitin o tertulia política debido a su compromiso ecológico sin concesiones.

Partiendo de ese análisis creo necesario remarcar que, como los libertarios siempre hemos defendido, el verdadero desafío estaría entonces en desplazar el centro político a la izquierda. O, en otros términos, disputar la hegemonía cultural. Esto implica difundir los valores revolucionarios mediante la pedagogía y la propaganda al mismo tiempo que se defienden (y, llegado el caso, se toman) las instituciones económicas y sociales. En eso, tiene mucho más que decir la participación diaria en los conflictos sociales con una perspectiva de empoderamiento popular que el triunfo institucional. Acepto la idea del texto de que los gobiernos de izquierdas también han posibilitado el desarrollo de luchas radicales que realizaban enmiendas a la totalidad del sistema. Lo determinante es, por tanto, reconocer que si la mayoría social vuelca sus ilusiones en lo institucional se debe a que los libertarios llevamos años desertando de disputar los espacios en conflicto. Los que apostamos por el cambio consciente de las mayorías sociales tenemos la llave de la debilidad de Podemos. Se trata de reconstruir el «sentido común» desde unos valores radicalmente distintos a los de la «democracia» liberal; un cambio tal como el logrado, por poner un simple ejemplo, por el feminismo en lo referente a la aceptación social del aborto.

En palabras de Emilio: «Me parece mucho más preocupante la carencia de fuerzas no institucionalizadas que puedan radicalizar un hipotético gobierno de PODEMOS, y sobre todo  ayudar a solventar, desde la base,  problemas sociales capilares a los que un Estado en contracción fiscal y energética nunca podrá llegar. Especialmente cuando esté se vea atrapado en una pinza formada por sus incumplimientos electorales, la pauperización creciente y el auge de un rupturismo de extrema derecha.«

Hay un punto especialmente controvertido, convenientemente argumentado, que daría para el debate. Según el texto el agotamiento del ciclo de luchas no institucional es resultado no sólo de la irrupción de las propuestas electorales en donde algunos militantes han depositado sus esperanzas (Podemos, Ganemos…); si no también y fundamentalmente de los propios límites de las propuestas asamblearias barriales (como las que impulsó el 15M). Aún más, de los propios límites de la autogestión.

Comparto la afirmación de Wilde de que el socialismo requiere muchas tardes libres, incluso podría aceptar que cierto grado de profesionalización sea un mal necesario para que el anticapitalismo deje de ser una opción marginal. Con todo, creo que se descarta con demasiada facilidad el ejemplo de Lavapiés. Quizá sea este barrio «un gueto cultural anticapitalista con una población de perfil militante absolutamente desproporcionada en comparación al resto de Madrid y del país», pero en esa asamblea hay personas que trabajan, que disfrutan y viven… y que sacan buena parte del trabajo político del barrio adelante. Sin pretender con esto enterrar definitivamente las críticas a la propuesta de autoorganización barrial que puso sobre la mesa el 15M (sobre las que resulta necesario reflexionar para construir un modelo de lucha y participación política democrático y anarquista), sí pretendo indicar que estamos bien lejos aún de poder determinar los límites de la autogestión en los barrios.

Para finalizar, merece especial relevancia la crítica realizada a Podemos desde una perspectiva ecológica muy lúcida. Comparto cierta preocupación curiosa sobre si un gobierno de Podemos sabría marcar la linea entre la táctica electoral, que requiere simplicidad en los discursos, y la urgente necesidad de un cambio radical en la política ecológica. Un cambio que es, además, incompatible a todas luces con el mantenimiento de los procesos de acumulación capitalista. Aquí el problema vuelve a entroncar con el que repetidamente señala el texto: La necesidad de fuerzas sociales autónomas que impulsen el cambio social. Unas fuerzas que se encuentran disgregadas, que son las únicas capaces de impedir que la estrategia electoral se vuelva contraproducente para las aspiraciones anticapitalistas y que evitarán un reflujo hacia tendencias políticas reaccionarias. Un poder popular fuerte que está aún por crear.

El texto al que hace referencia esta entrada: https://enfantsperdidos.wordpress.com/2015/04/12/el-tiro-por-la-culata-nueve-tesis-sobre-el-fenomeno-podemos-y-la-crisis-civilizatoria/

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