Sobre Podemos y otras cuestiones

Irab Zaid

Mayo 2014, Madrid

El triunfo de “podemos” no nos debería sorprender. Tras el 15m se abrió un escenario político bien distinto, ya no vale la cultura política post 78, tampoco el bipartidismo, y la abrumadora crisis del capitalismo, la corrupción sistemática (no son corruptos por una cuestión moral, sino que se trata de algo sistemático) son cuestiones que están a la orden del día, y los grandes partidos del régimen caducos de ideas y proyectos de estado (más aun cuando el capital financiero se impone sobre el estado-nación) parecen lanzar sus últimos aletazos. No obstante y desgraciadamente una gran parte la clase trabajadora del estado español no está pensando en grandes revoluciones que derroten al capitalismo, sino que trata de luchar de cualquier forma contra la mísera cotidianidad, la del desahucio, la del despido, la del miedo. “Podemos” ha sabido jugar sus fichas en este escenario, ha sido una bocanada de aire fresco y de diferencia. Los que apostamos por la lucha no electoralista (asambleas de vivienda, centros sociales, colectivos de barrio, sindicatos no pactistas…) tenemos que pararnos a reflexionar. Mirar a nuestro alrededor e intentar jugar nuestras cartas de la mejor forma posible en la realidad existente.

La desesperación y falta de confianza en el sistema electoral sigue presente con más del 50% de abstención. Pero no podemos pasar por alto la victoria de “podemos”, es ahora, tras el triunfo, cuando “podemos” se puede construir como otro partido más existente, o como una extensión del movimiento, “podemos” puede ser movimiento. Que “podemos” sea movimiento significa que traspase su aspiración electoralista y de la institución, para conformarse como un órgano semi horizontal de participación directa en la política de los barrios. Los círculos bien podrían ser asambleas post 15m. No negamos el carácter reformista y socialdemócrata de podemos, ni su liderazgo, pero en esta situación, ya solo nos quedan dos caminos, pensando siempre en estrategia, ya no nos vale ser autorreferenciales, ni quedarnos en nuestros pequeños colectivos de afinidad, en esta fase de crisis del capitalismo financiero, todo es posible. O nos conformamos como un actor político visible o seremos un cadáver, o intentamos crear un proceso de unificación en torno cuestiones básicas como “anticapitalismo” “no participación en la democracia del capital” “horizontalidad” o tendremos que ocupar esos espacios de participación en donde el movimiento reside, por muy reformistas que sean.

Son duros momentos para los revolucionarios, pero debemos pararnos a pensar, dejar ortodoxias aparte, e intentar buscar la fórmula para dar un salto tanto cualitativo como cuantitativo.

Dogma, estrategia y flexibilidad

Debo decir, antes de seguir con esta disertación, que me siento algo decepcionado. Ayer el compañero Dacoal prometió que sacaría un artículo capaz de levantar ampollas entre los guardianes de las esencias, de remover las conciencias de los defensores de la ortodoxia anarquista. Por el contrario, el compañero publica un texto lleno de proclamas mil veces repetidas ya, que nada nuevo aportan al viejo debate entre el cambio desde las instituciones burguesas, la reforma, o desde la transformación económica y social, la revolución.

Ninguna ampolla me levanta este artículo, aunque sí siento la necesidad de responderlo. El compañero ha cometido un error que no suelen cometer los que defienden posturas reformistas desde los tiempos de Berstein: ir a debatir a casa de los radicales. Creo que solo alguien muy mal intencionado podría acusarme a mí de ser un guardián de la ortodoxia, pero hay asuntos que no son cuestión de dogma, sino de estrategia política producto de décadas de análisis.

Me alegra ver que, al menos, tanto el compañero como yo partimos del mismo punto. A ambos nos llena de rabia e impotencia el desalojo del Can Vies, Centro Social Okupado desde hace 17 años desalojado ayer por las fuerzas de la Generalitat. Pero hasta ahí coincidimos.

Nos lanza el compañero la pregunta de si esto habría ocurrido con un ayuntamiento controlado por las Candidaturas de Unidad Popular. Debo aquí recordar, por si se le ha olvidado, que los mossos son la fuerza armada de la Generalitat, no una policía local a las órdenes de un ayuntamiento. El compañero no propone ya la táctica municipalista, pregonada por algunes seguidores de Murray Bookchin, de conquistar los ayuntamientos para sustituirlos al día siguiente por juntas populares, sino entrar a participar en el juego parlamentario como una fuerza más, que es justo lo que proponen las CUP. El Can Vies solo se salva con un pueblo fuerte y un pueblo fuerte no es un pueblo con concejales, sino organizado y dispuesto a defender sus conquistas.

Entonces, ¿tomamos la Generalitat también? El compañero parece haber olvidado que lo político no es desligable del complejo mundo de relaciones económicas y sociales. Controlar el gobierno, expresión política del Estado, no es tener el poder. ¿Cuántos Allendes necesitamos para darnos cuenta de ello? Si la clase dominante pretende algo puede pasar por encima de cualquier ayuntamiento, de cualquier gobierno, o de cualquier legislación. Mientras sea clase dominante, es decir, mientras posea los medios de producción que le aseguran su poder material, podrá hacerlo.

Quienes defienden tesis electoralistas, como los municipalistas de las CUP, no tardan en abandonar su municipalismo de “democracia por lo cercano” para lanzarse a las elecciones autonómicas. Hay quienes, incluso, utilizan el municipalismo como un señuelo para justificar su apoyo a participar en elecciones a instituciones tan “cercanas” como el parlamento europeo.

Rondamos ya los tres siglos de capitalismo. ¿Cuánto tiempo más vamos a necesitar para darnos cuenta que mandar gente a los parlamentos no sirve? El problema es que ya ni siquiera se mantiene el sueño socialdemócrata de mandar obreros a las instituciones. Directamente nos contentamos con poner en ellas a profesores de ciencias políticas, o lo que es lo mismo, tecnócratas. Es una lástima que la única alternativa que algunas personas ven al modelo neoliberal del imperialismo americano y europeo que un modelo inspirado en el “socialismo” bolivariano (lo de socialismo todavía debe demostrarse en países donde la burguesía se sigue enriqueciendo, aunque ahora lo haga un poquito menos) enmarcado en los circuitos comerciales del imperialismo chino y ruso. Es decir, gente para la que la clase trabajadora sigue teniendo el mismo papel: trabajar para enriquecer a la clase dominante.

En lugar de vernos absorbides por estos movimientos, como ya ha hecho el compañero Dacoal, debemos levantar una alternativa política radical. Somos conscientes de que la transformación política de la sociedad solo es posible con su transformación social y económica, y que tal cosa es imposible lograrla desde arriba, siendo necesarias las herramientas de abajo: la organización y la expropiación.  Hay que señalar el camino: el socialismo solo puede construirse desde abajo.

No hay aquí ningún dogmatismo y si el análisis producto de siglos de capitalismo y décadas de reacción neoliberal. No es de extrañar que las ideas de la clase dominante, como la de que el Estado es una herramienta neutra que puede ser controlada por cualquiera, se reproduzcan entre nuestras filas. Pero esos dogmas hay que combatirlos. En el periodo histórico al que nos enfrentamos necesitamos, si, de una máxima flexibilidad táctica, pero también de una absoluta firmeza en los principios, en la estrategia.

Una reflexión necesaria y polémica a partes iguales

Me llena de rabia e impotencia lo que ha ocurrido hoy en el desalojo de Can Vies pero me ha inspirado para una reflexión, sobre todo el hecho de ver a David Fernández (diputado al parlamento Catalán por las CUP) defendiendo la sede de La Directa cuando ha sido atacada de forma injustificable por los perros al servicio de CiU y ERC. Bueno ahí va:

¿Creeis que lo de #CanViesNoEsToca habría pasado con un ayuntamiento de las CUP? En serio, pensadlo por un momento, se que cuesta porque hemos estado acostumbrados a tener el enemigo en las instituciones siempre. Ahora amplío la pregunta a un nivel más general ¿De verdad no importa quien gobierne? ¿No sería más favorable para el movimiento popular y social tener ayuntamientos afines? Crear espacios de resistencia desde abajo está muy bien, pero esta gentuza con un simple decreto o una orden se carga todo ese esfuerzo.

Creo que es un debate que está abierto y que ahora con las municipales acercándose debe darse en profundidad en el seno de los movimientos sociales y políticos con voluntad transformadora, el tabú que hay en ciertos ambientes en torno a la participación institucional  juega en nuestra contra. Hoy mismo Traficante de Sueños ha publicado un libro sobre el municipalismo con una pinta increíble que creo que puede aportar mucho a ese debate. Dejo el enlace: http://t.co/sMmBPGqfvl

Para concluir, ya es hora de dejarse de sectarismos, ortodoxias y purismos varios y pensar en clave estratégica, flexibilidad táctica. Nos jugamos demasiado.

Seguirá habiendo injusticia

Acabadas las elecciones al Parlamento Europeo, Pablo Iglesias de Podemos decía que no habían ganado al PP ni al PSOE, pero que seguirían «luchando» porque les banqueres corruptes (entre otres) seguirán existiendo. Se deduce de esto que la cuestión de les banqueres corruptes, les males policías, y les males polítiques es cuestión de quién gobierne. El contexto institucional no importa. El funcionamiento burocrático del Estado tampoco. Lo que importa es quién gobierna y cómo lo hace. O esto parece ser lo que piensan todes les candidates del partido político que sea. Y es que no hay mayor ceguera que la de la persona que no quiere ver. La historia contemporánea está repleta de ejemplos en los que las mejores intenciones políticas acabaron en estrepitoso fracaso. Quien no lo quiera ver, que no lo vea.

Los sistemas democráticos de eso que llamamos «países capitalistas avanzados» se basan en una tensión irresoluble: la tensión que existe entre política y mercado. En términos formales, la democracia representativa que plantea el liberalismo se basa en la igualdad política. Es decir, todes tenemos los mismos derechos políticos como votar, presentarse como candidate, expresar nuestras ideas, etcétera. No obstante, la democracia liberal sustenta un sistema económico, el capitalista, que no está basado en la igualdad económica de las personas. En el capitalismo algunas personas tienen más que otras (y algunas no tienen absolutamente nada). Y esto está bien, porque el capitalismo no aboga por ningún tipo de igualdad económica. ¿Cómo influye esto sobre el ejercicio político?

Lo que les candidates polítiques de «izquierda» parecen no ver es que los mercados y la política se entrelazan en multitud de niveles. Tenemos leyes aprobadas en parlamentos que claramente favorecen los intereses materiales de las personas que tienen más. Pero también tenemos personas en política que o bien tienen intereses personales en ciertos mercados, o bien conocen a gente que sí los tienen (y normalmente esta «gente» tiene suficientes recursos materiales como para comprar un traje aquí, una cena allá, una casa más allá… etcétera). Como las dinámicas capitalistas no pueden funcionar sin estados-nación que regulen los flujos de capital, de forma inevitable intereses económicos e intereses políticos terminan encontrándose.

Cuando Pablo Iglesias habla de banqueres corruptes da a entender que une banquere puede ser buene. Lo mismo hace cuando habla de la «casta política» (tal vez su palabra favorita tras «hegemonía»), pues sugiere que hay polítiques males, y polítiques buenes (les que están con él, qué casualidad). De nuevo: todo depende de quién gobierne y cómo lo haga. Todo depende de les jugadores, como si el juego en sí no importara nada. Bueno, precisamente lo que la abstención activa del anarquismo plantea es que el problema no es solamente quiénes juegan y cómo lo hacen, sino también, y en mayor medida, el juego en sí mismo.

La tensión entre democracia representativa y mercados capitalistas está más que documentada. Estudios en los Estados Unidos han probado que a lo largo de las últimas décadas las personas con mayor posesión de capital han ejercido una influencia mayor sobre las personas que deciden las políticas del futuro estadounidense. Una vez más, los Pablos Iglesias del mundo podrán decir que el problema de los Estados Unidos es que tienen males gobernantes. ¿Pero qué hay de los contextos institucionales y burocráticos en los que se encuentran les polítiques?

Dejando de lado las críticas filosóficas que se puedan hacer a los sistemas representativos-liberales, lo cierto es que nos sobran razones tangibles para desconfiar de cualquier gobierno, elección, y parlamento del mundo. Cualquier persona que haya estudiado los modernos estados-nación de Occidente habrá visto que las arcas de los estados dependen en gran medida de dinámicas capitalistas que mueven una cantidad inmensa de dinero. Es más, el juego internacional entre estados-nación ya no se desarrolla, mayormente, en el terreno militar como era antaño. Ahora son las corporaciones, los tratados económicos, y las dinámicas comerciales las que dictaminan quién es fuerte o quién es débil en la política internacional. Por ejemplo: el imperialismo de los Estados Unidos no solamente se mide por el número de bases militares que tienen en otros países, sino también por el número de empresas que firman contratos con otros estados-nación; por el número de corporaciones que proveen servicios a los ejércitos de otros países; por el número de agentes económicos influyendo las decisiones que se toman en otras tierras… ¿Acaso es algo nuevo todo esto?

Finalmente les querría decir a aquelles polítiques de buenas intenciones (como Pablo Iglesias, quiero presuponer) que consigan un puesto en cualquier parlamento capitalista del mundo que han de saber que:

  1. Todo el edificio sobre el que vuestro estatus social se sostiene está basado en la tensión existente entre política y mercado. La política, si bien autónoma hasta cierto punto, no puede prescindir de los actuales lazos de dependencia hacia el capital.
  2. Cuando queráis promover vuestras «políticas socialistas» ya nos contaréis cómo solucionáis la brecha entre «la política formal» y la «política ideal», porque una cosa es decir qué se piensa, y otra cosa es hacer lo que realmente se piensa. Lo sabemos, tendréis mil obstáculos y millones de presiones para no votar tal o cual otra cosa. Pero cuando fracaséis, no digáis que no os avisamos.
  3. Desde los parlamentos del mundo las cosas, como mucho, se pueden reformar. Eso lo sabéis de sobra. No pretendáis cambiar la desigualdad que produce el capitalismo a base de votar políticas, porque la historia no parece contarnos que eso sea posible. Si queréis dar una cara «más humana» al capitalismo no habléis de «revoluciones» (como Elena Valenciano. Qué bochorno).
  4. Da igual lo que cobréis al mes o cómo viajéis hasta Bruselas. Le polítique profesional sigue, y seguirá, siendo una persona parásita que se cree con derecho a representar los intereses materiales de miles de personas. En el mejor de los casos será una persona parásita «marginada» en el Parlamento. Pero, entonces: ¿qué tanto de profesionalidad, acorde con los estándares liberales, tenéis si estáis marginades a un grupo minúsculo de parásites?

Cuando realmente nos creamos que se puede revolucionar el mundo, que se puede sustituir al capitalismo por otro modo de organizar la vida humana de forma justa e igualitaria, entonces, no hará falta ningún texto ni ningún mitin electoral. Una sola palabra se susurrará de oreja a oreja hasta que se convierta en un grito de millones de registros al unísono: ¡insurrección!

Hasta entonces seguirá habiendo banqueres corruptes, policía represora, y polítiques males. Da igual quién juegue, pues el problema es el mismo juego al que estamos jugando. Las reglas injustas se cambian cambiando de juego (valga la redundancia), y no jugando al juego de manera distinta (pues las reglas vienen dadas por contextos institucionales, no por manuales de Monopoly). Hasta entonces seguirá habiendo injusticia.

Con paso firme hacia la organización estudiantil libertaria

El movimiento libertario avanza hacia la formación de una federación estudiantil en el Estado español. Es necesario pararse a reflexionar lo que este paso significa en las actuales condiciones. 

Desde hace más de treinta años el anarquismo se encuentra, como movimiento social y político, desplazado a una situación de marginalidad en el Estado español. Aquello que no consiguió eliminar cuarenta años de dictadura franquista fue gravemente herido por el pacto socioliberal, por un entendimiento entre clases antagónicas que solo ha jugado a favor de la clase dominante. Todo se complicó todavía más tras el desplome del proyecto del socialismo de Estado en la Unión Soviética, ya era prácticamente imposible hablar de izquierda, de transformación social, de una alternativa al modelo capitalista que asesina y esclaviza.

Hoy nos encontramos en una fase de reacción neoliberal. El capitalismo se deshace de todas sus ataduras para lanzarse a la conquista de todos los mercados posibles. Debemos ser conscientes de que, tras las deslocalizaciones industriales, la clase obrera europea se encuentra en una situación que nada tiene que ver con la de principios del siglo pasado. Cuesta hoy imaginar el levantamiento de grandes centrales sindicales desde la que realizar todas las luchas sin un proletariado concentrado en grandes industrias. Si algo hemos aprendido de quienes han sabido luchar en esta fase histórica es que es necesaria la resistencia y pelear por cada pequeño espacio, por cada rincón en el que el sistema pueda sufrir de contradicciones. Ahora más que nunca es el momento de quienes pregonamos el cambio sumando desde abajo y no conquistando desde arriba.

Actualmente el neoliberalismo ataca todo aquello que fue creado para mantener el pacto de clase y que ahora mismo supone un palo en la rueda para el avance capitalista. Esto es, el aparato de servicios sociales administrados por el Estado. Aspirando a la máxima desregulación, a la máxima ganancia, colocan sus alambradas en nombre del libre comercio.

Es aquí donde debemos encontrar un espacio para la lucha. Porque el pueblo trabajador necesita sanidad, necesita educación, necesita cultura. Defender lo público puede parecer una contradicción desde un punto de vista anarquista, demasiado tiempo lleva el Estado acaparando lo que al pueblo pertenece. Por eso mismo nuestra lucha, nuestra alternativa, no debe quedarse en una defensa de lo público ante las políticas neoliberales, tal y como ya hacen social-liberales y socialdemócratas, sino representar un avance enfocado a despojar al Estado de lo público para ponerlo bajo gestión popular. No podemos limitarnos a construir redes de autogestión paralelas mientras la mayor parte de la clase obrera depende de aquello que se encuentra en manos del Estado, el proyecto expropiatorio y la autogestión de los servicios tienen ahora más sentido que nunca.

El anarquismo social, que ante los cambios sociales acontecidos no ha sido capaz de devolver sus organizaciones clásicas –los sindicatos de masas- a su anterior gloria, sin olvidarlas debe comenzar a levantar organizaciones que le permitan insertar sus alternativas en todos y cada uno de los terrenos de lucha. Es alarmante que ante la ofensiva neoliberal la única alternativa que se levante sea una izquierda reformista más o menos desteñida entre proclamas populistas, es el momento de reafirmar la validez de una alternativa radical para la resistencia y la transformación.

En este terreno la existencia de una organización estudiantil de orientación y práctica libertaria puede jugar un papel fundamental. Es cierto que la categoría estudiante es interclasista, pero no es menos cierto que, desde la construcción de la educación de masas, la inmensa mayoría del estudiantado proviene de la clase trabajadora. Es por tanto un terreno en el que merece la pena estar presentes. El sindicato, estructura por naturaleza estable pero también relativamente rígida, se ha mostrado poco eficaz para insertarse en el movimiento estudiantil. Es necesario, sin embargo, recordar que la organización estudiantil que surja no puede dejar de lado ni un solo momento el proyecto de la clase trabajadora, trabajando en estrecha colaboración con el resto de organizaciones revolucionarias de clase. Lo que puede traer la inserción de estudiantes, futures trabajadores, en un proyecto de clase y en el movimiento libertario, solo lo puede aclarar el tiempo. Pero apuesto a que no puede ser malo.

En estos momentos el movimiento estudiantil en el Estado español se encuentra en una situación de fragmentación que solo nos abre oportunidades. El Sindicato de Estudiantes, formación de régimen desde los años 80, se encuentra reducido a su mínima expresión, incapaz de responder a la agresión neoliberal y solo sostenido por unos medios oficiales cada vez más puestos en duda. Por lo demás, la izquierda reformista intenta levantar una coordinadora que suponga una correa de transmisión a sus políticas, sin lograr todavía demasiado éxito. Solamente en aquellos territorios con movimientos de liberación nacional fuertes encontramos un movimiento estudiantil relativamente articulado en torno a esas corrientes.

El movimiento estudiantil es de naturaleza inestable, dado a la espontaneidad y poco dado a formar estructuras que permanezcan en el tiempo. Pero también es uno de los terrenos más receptivos a las prácticas asamblearias y terreno fecundo para la expresión práctica de las alternativas libertarias de organización y actuación. El papel de la organización estudiantil libertaria en el mismo es claro y pasa por compensar sus defectos, aportando estabilidad y un proyecto a largo plazo; y potenciar sus virtudes, haciendo crecer las estructuras asamblearias y federativas del estudiantado, dándoles un carácter combativo y previniendo su instrumentalización por parte de organizaciones partidistas.

Ante el fracaso del modelo educativo social-liberal y el descontento que produce el nuevo modelo neoliberal debemos potenciar la creación de un nuevo proyecto educativo, lanzado desde el movimiento estudiantil en alianza con les trabajadores de la educación y al servicio del pueblo trabajador. Un modelo con la educación que queremos, justo la contraria a la que nos venden. Ante su oscurantismo religioso, racional y científica; ante su autoridad, libertaria; ante su lógica patriarcal, feminista y liberadora; ante su segregación, una educación integral que aune lo técnico con lo intelectual; ante su interés mercantil, al servicio de la sociedad; ante su uniformidad, diversa; ante su gestión estatal o corporativa, el pueblo trabajador dirigiendo su propia educación.

Con la celebración de un Primer Congreso Estudiantil Libertario en Madrid este verano se abre un proceso que podría conseguir que el anarquismo abandonara su situación de marginalidad como proyecto social y político. Nos encontramos ante una oportunidad como no la ha habido en décadas para construir alternativa, unidad, lucha y organización. Este proceso no puede venir si la voluntad de trabajar por este objetivo, de construir la organización desde la base, de diálogo y consenso; es decir, de federación. Caminamos firmemente hacia la organización estudiantil, caminemos también con paso firme hacia la emancipación completa de la humanidad.

¡Viva el Congreso Estudiantil Libertario!
¡Arriba les que luchan!

Sobre purismo y anarcómetros

Fran

Es ya habitual encontrarnos con adjetivos como »purista» o »sectario/a» siempre que se critican algunas posturas que toman ciertos colectivos »libertarios» u organizaciones denominadas »anarcosindicalistas» sin que nadie se haya parado a reflexionar sobre dichos argumentos.

Hay una gran diferencia entre las acusaciones de unes y otres, pues »purista» se utiliza de forma despectiva y peyorativa, ya que el anarquismo carece de biblia y gracias a ello cada corriente ha sido superada o mejorada por la que la ha sucedido. Mientras que »reformista», guste o no, es una postura política que renuncia a los principios más elementales de una ideología.

Las palabras comodín purista o sectario/a son los típicos argumentos de ciertas corrientes posibilistas y/o reformistas para intentar justificar sus contradicciones, acusado a los sectores fieles a sus principios, tácticas y finalidades de inmovilistas y que no quieren salir del ghetto apartándose de toda realidad. Quedando desmontado y demostrado que para participar en los movimientos sociales o laborales no hace falta renunciar a las propuestas más básicas de una ideología ni tampoco camuflar o rebajar el discurso, pues esto haría vaciar de contenido el mensaje, crear confusión y uniformarlo con otras tendencias contrarias, lo que posibilitaría que dichas tendencias fortalezcan sus discursos y tomen las riendas capitalizando las protestas.

Nuestro discurso debe llegar íntegro y con todos sus matices, no adulterado o suavizado, lo que generalmente sólo le hará incomprensible. Como tampoco hay que renunciar a los principios, porque cuando se renuncia a ellos, se acaba renunciando al anarquismo bajo el todo vale.

No es un asunto explícito de terminología, sino de práctica. Hablar de coherencia con los principios no significa que hagamos del anarquismo un dogma. Como he dicho más arriba: el anarquismo carece de libro sagrado.

Negarse a participar y criticar a las organizaciones que, aun autoproclamándose libertarias o anarcosindicalistas, participan en las instituciones que impone el Estado para tener controlada, desmovilizada y adiestrada a la clase trabajadora (quien paga manda) no es purismo, es coherencia.

Autoorganizarse y aplicar la acción directa, lejos de comités o parlamentos y sin delegar en liberados/as o políticos/as no es purismo, es coherencia.

Si renunciamos al electoralismo y al parlamentarismo político, ¿por qué al renunciar al modelo sindical estatista, que consiste en trasladarlo a la empresa, se nos acusa de sectarios/as y puristas?[1][2]

¿Cómo es posible que dos modelos sindicales tan opuestos como son el oficialista y el anarcosindicalista puedan complementarse en organizaciones que dicen ser de síntesis y prácticas en base al anarquismo? ¿No es esto una renuncia a la acción directa, horizontalidad y autogestión, es decir, al anarcosindicalismo mismo?[3]

Por lo tanto, no es cuestión de anarcómetros y sectarismos, simplemente es anarquismo.

Alejarse –aun en circunstancias excepcionales y por breve tiempo– de la línea de conducta que nos han trazado nuestros principios, significa cometer un error y una peligrosa imprudencia. Persistir en este error implica cometer una culpa cuyas consecuencias conducen, paulatinamente, al abandono definitivo de los mismos. Sébastien Faure – La pendiente fatal.

Para alcanzar sus fines, la organización anarquista debe estar en armonía, en su constitución y forma de operar, con los principios del anarquismo. Errico Malatesta – Un plan de organización anarquista.

Tus fines deben determinar los medios. Medios y fines son en realidad la misma cosa: no puedes separarlos. Son los medios los que configuran tus fines. Los medios son las semillas que brotan luego como flores y se transforman en frutos. El fruto será siempre la naturaleza de la semilla que plantaste. Recogerás lo que siembres. Alexander Berkman – El ABC del Comunismo Libertario.

Notas

[1] ¿Qué son las elecciones sindicales?

[2] ¿Por qué estamos en contra de los comités de empresa?

[3] Guía breve sobre la CGT para jóvenes despistados/as

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