Enlaces del mes: Octubre 2014

La Revolución se está jugando en el norte de Siria, en manos de los kurdos partidarios del Confederalismo Democrático. Mientras tanto, la mayoría que quiere transformar el mundo lo ignora. ¿Por qué? También merece la pena echar un ojo a la entrevista a Acción Anarquista Revolucionaria sobre Kobane. Finalmente, recordar que el blog Solidaridad Kurdistán vuelve a funcionar de nuevo. ¡Una inmensa alegría!

Ante la posible llegada al poder de propuestas anticapitalistas (como Syriza en Grecia) leemos podemos leer esta entrada en Diagonal respecto al papel que deberían jugar los movimientos sociales. Los movimientos autónomos están orientados no a la toma de poder, sino a su dispersión: imaginan nuevas instituciones descentralizadas para la gobernanza de la vida social y económica para reemplazar la democracia burguesa, que está inmersa en una profunda crisis estructural de reproducción social, representación política y sostenibilidad ecológica. […] Las luchas por los comunes, por el conocimiento, la tierra, el agua y la salud, dejan tras de sí un legado de instituciones accesibles y participativas, que pueden formar la columna vertebral de un nuevo tipo de poder: el poder de las personas y no de los representantes. Los esfuerzos del comunitarismo libertario apuntan hacia la creación de comunidades políticas activas y al uso de las instituciones locales como bastión contra el capitalismo global y como un campo apropiado para la aplicación de los preceptos del decrecimiento y de la intervención local. La promesa de la autogestión del trabajo, de las cooperativas de trabadores y de la producción entre pares indican un camino dentro, contra y más allá del estado y del mercado. En cualquier caso, la nueva fuerza constituyente será diversa, reflejando la infinidad de subjetividades militantes que engendra la dominación del capital en todos los aspectos de la vida social.

Al mismo respecto también conviene echar un ojo a este artículo de la revista Argelaga: En Grecia, el Estado se hunde, los barrios se organizan.

Sobre los objetivos y el potencial del movimiento estudiantil chileno nos habla Francisco Sainz del FEL. Lejos de confiar en las promesas de Bachelet, argumenta que la capacidad del movimiento social y sus estrategias será la que marque los cambios sociales esenciales en la sociedad chilena. Una apuesta por fortalecer lo popular para que pueda marcar su propio futuro. Se está en proceso de fortalecimiento de la unidad con otros actores sociales del mundo de la educación, poniendo el acento en los acuerdos programáticos centrales para llegar a acuerdo y en la capacidad de movilización que se debe tener. […] El movimiento social por la educación es el único que puede resolver el conflicto favorablemente para las miles de familias chilenas que hoy están endeudadas o excluidas del sistema educacional chileno. Es por este motivo que hoy exige ocupar el espacio que le pertenece y se ganó por derecho propio gracias a su movilización. 

En Píkara podemos leer un artículo sobre cómo el poliamor tiende erroneamente a concebirse como una solución mágica frente al modelo opresivo de relación monógama tradicional. El poliamor puede, pese a todo, reproducir las dinámicas opresivas de la monogamia patriarcal y es en el reconocimiento de las dificultades, las incapacidades, los problemas y las dudas donde se encuentra su potencial. Es naíf pensar que toda esta inmensa trama del sistema monógamo se soluciona teniendo más de una relación. Y es violencia coaccionar a los y las demás para que se “liberen” de todo este armazón con argumentos que refieren a los grandes discursos, pero que no contemplan los dolores ni las dificultades. Cacarear la liberación ajena sin atender al precio que se paga por ella es otra de los infinitos discursos que nombran la libertad con fines neoliberales. Cada vez que alguien presume de modernez o libertad por tener varias parejas, no es que muera un gatito, es que muere un futuro posible: nadie sale de los sistemas opresivos en un solo click, firmando un papel o leyendo un par de libros. La única vía de escape está en boicotear sus dinámicas opresoras.

Complementando, este artículo en Órbita Diversa sobre la soltería como decisión vital. Mi vida no está definida por los deseos de otra persona. Solo mis pensamientos tienen el poder de controlar mi actitud hacia la vida. Soy amada. Sé amar. Y en este momento soy la mejor versión que hay de mi misma. Y a pesar de que no tengo la situación que tú consideras como ideal, esta es la vida que he elegido para mí.

Sobre la organización económica bajo un modelo socialista y libertario, podemos leer en la revista Polémica (rescatando una publicación de mediados de los 80). Es interesante ahora que se acerca el I Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria.

¿Es la anarquía una propuesta de presente y, sobre todo, de futuro; o pertenece más bien al pasado? Podemos leer las opiniones de Laura Vicente, Jose Luis Carretero y Carlos Taibo en esta entrada.

Poesía

Poesía no son versos incendiarios
rabietas infantiles llenas de vanidad.
Poesía no son pajas con disturbios
y luego rajar de toda responsabilidad.

Poesía es la responsabilidad colectiva
autodisciplina orgánica,
motores para la lucha del día a día.

Poesía es combatir todas las opresiones
creando espacios libres de agresiones.
Poesía son mujeres y minorías étnicas
que organizadas y empoderadas,
son protagonistas de sus propias batallas.

Poesía es la universidad okupada
por estudiantes y maestras en lucha
liberando el concimiento para toda la comuna.

Poesía es que en cada empresa
existan sindicatos combativos,
y trabajadoras organizadas en asamblea.

Poesía es un barrio vivo
tejido social solidario,
que jamás se doblega ante el dominio.
Poesía es un pueblo organizado
haciendo frente a cualquier Estado.

Poesía es la unión de clase sin partidos
el poder popular a la burguesía expropiando.
Poesía es el socialismo libertario
que con lucha constante se va materializando.

Por la destrucción del mito

La vida que no-es-vida es puro y simple espectáculo. Éste se basa en ilusiones que, como sombras, se proyectan a todos los rincones de una habitación lúgubre. Las sombras ilusorias de la sociedad autoritaria y capitalista lo engullen todo, desde el suelo que pisamos hasta el aire que respiramos. También engullen lo que no es material: el pensamiento, las ideas, los análisis «científicos»… El espectáculo crea sombras, y las sombras se transforman en mitos bien hilados entre sí para sustentar, a su vez, el gran mito de la sociedad capitalista. Atacar, destruir, y desterrar esas sombras es la meta de la persona revolucionaria. Sin sombras, no hay mitos. Sin mitos, no hay espectáculo. El ‘gran mito’ del capitalismo sea, tal vez, el de la producción. La constante producción expansiva que nunca se sacia, que se expande hacia el infinito añadiendo cada vez nuevos horizontes que destruyen, a su paso, todo lo que habita este planeta. El mito tiene varias formas y consignas, pero todas ellas vienen a significar lo mismo:

Nace, estudia, trabaja, trabaja, descansa, trabaja, muere.

Trabajar, producir, realizarse como persona humana… Distintas palabras para la misma patraña burguesa-capitalista. Una patraña que, sin ir más lejos, se extiende al marxismo y al anarquismo. El primero la toma como distinción entre lo humano y lo natural: los seres humanos se diferencian de los animales por su trabajo (el trabajo no solamente te hace libre, ¡sino humane!) El segundo la toma en forma autogestionaria, no por ello erradicando el mito burgués de la producción. Producción es producción sea autogestionada o no. El espectáculo se extiende a todos los rincones, tanto materiales como inmateriales. Como diría Bonanno: un gato aunque se pinte de rojo sigue siendo un gato. Pero «el gato» de Bonanno adopta mil formas, y alguna más, en este siglo XXI (sin que ello signifique que las antiguas formas se puedan mantener en el tiempo. Algunas de hecho lo hacen). La sombra que tal vez haya que erradicar primero es la que el espectáculo proyecta en nuestro interior. O tal vez sea más preciso decir que nosotres, como productos del sistema, somos sombras que a nuestro caminar, a nuestro interaccionar con las cosas y seres que nos rodean, propagamos la ilusión del espectáculo que nos retiene.

La ruptura con el sistema no se puede producir si seguimos usando el vocabulario del sistema. Al igual que no se puede ganar un juego amañado si seguimos sus reglas, no podremos destruir la sociedad capitalista si seguimos encadenades a sus mitos. La producción, la ética del trabajo, el esfuerzo… sombras del capitalismo que bajo ningún concepto han de ser reproducidas en las individualidades (y sus agrupaciones) revolucionarias. No trabajes para producir. No te esfuerces si no te sale de dentro. No estés orgullose de tu producción. El trabajo no te realiza como persona. La producción te esclaviza sea autogestionada o no (la única diferencia es que compañeres que se dicen salvadores de les explotades pasan a ser tus nueves jefes). Trabaja para ti misme, satisfaciendo tu existencia humana, disfrutando de lo que haces, cuando quieras, con quien quieras, y cómo quieras. Lo mismo se puede aplicar a nuestra acción revolucionaria. Olvídate de sindicatos, federaciones, o plataformas que deifican su existencia convirtiéndola así en su única y última meta. Olvídate de los partidos revolucionarios, de las vanguardias de acción, o de les intelectuales que lideran tal o cual movimiento. Olvídate de les compañeres que te dicen que la autogestión de la producción, la toma de los medios de producción, será la salvación de la humanidad. El comunismo libertario no llegará jamás si no dejamos de lado la misma idea de producción (recuerda: un gato sigue siendo gato aunque esté pintado). Esto no quiere decir que no debas organizarte con otras individualidades revolucionarias. Hazlo y, sobre todo, disfrútalo. Pero recuerda que las sombras del espectáculo llegan allá donde haya seres humanes.

Contra la lógica tímida y cobarde de aquelles que siempre hablan en tiempo futuro, piensa si no es posible encontrar espacios libres en el presente más actual. Contra la lógica cuantitativa de la producción de masas, del levantamiento de masas, de la organización del pueblo, de la creación (producción) de poder popular (¡un gato sigue siendo gato aunque esté pintado!), piensa si no es posible actuar, destruir, y crear utopía en el mismo punto sobre el cual tus pies tocan la tierra. Piensa cuánto de espectáculo hay en todos estos discursos «populares.» Espera, reúne, trabaja, sacrifica, sufre. En definitiva: agacha la cabeza, obedece, relega al «intelectual»… muere. Todo esto para que en algún futuro incierto aquelles «mesías» del proletariado vean sus utopías hechas realidad. Usa la ciencia, la filosofía, y el conocimiento humano para analizar la situación. Pero no actúes hoy, ahora, porque nunca el contexto es «lo suficientemente maduro.» Hay que crear (producir) consciencia, análisis, momentos maduros, ¡masas! Hay que crear (producir) poder popular, que no es lo mismo que poder capitalista (un gato aun pintado…). Patrañas cobardes que no son más que extensiones pervertidas de las sombras del espectáculo. Te mirarán mal, te marginarán, e incluso te agredirán si dejas de lado la lectura de les clásiques, el estudio de la economía política, el alto debate filosófico. Pajas mentales para no actuar hoy. Pajas mentales para satisfacer mentalidades acomodadas y cobardes que sueñan ser revolucionarias para no caer en la aburrida monotonía de la vida-que-no-es-vida.

Es hora de destruir el mito a ambos lados de la barricada. Es hora de olvidar la lógica revolucionaria de los números, de las masas, y de los «tiempos maduros.» En definitiva, es hora de destruir la producción. Es hora de destruir el tiempo futuro para vivir de una vez el tiempo presente. Es hora de olvidar los diccionarios revolucionarios que te imponen qué significa tal o cual término. La anarquía es libre: tómala y úsala como mejor te haga disfrutar la vida. Es hora de dar la patada a les «compañeres» autoritaries que, bajo el nombre sacrosanto del «grupo» o del «partido», imponen y constriñen los deseos individuales de liberación. Es hora de querer usar el vocabulario del espectáculo para beneficio de la revolución social. Es hora de señalar a quienes le hacen el juego al sistema: polítiques profesionales, sindicalistas de pacotilla, jueces acusadores, policías represores…

Es hora de encontrarnos y actuar. Aquí y ahora.

La posibilidad del anarquismo en el contexto actual

Probablemente nos hayamos preguntado alguna vez si es posible materializar una sociedad anarquista a una mayor escala en el actual contexto o en un futuro cercano. Si bien existen ya comunidades que tienen un funcionamiento cercanas al anarquismo y al socialismo libertario en diversas zonas del mundo, nos planteamos aquí si sería posible realizar una sociedad anarquista en lo que llamamos «Occidente». A nivel general, en los países con un capitalismo más avanzado, el anarquismo se ve realizado a muy pequeña escala en okupas, en algunas fábricas recuperadas o en ciertas zonas rurales pero, ¿existe una posibilidad no muy remota de aplicar el socialismo libertario a gran escala? Probabilidades hay. No obstante, conforme vayamos analizando la complejidad del contexto actual, las probabilidades de materializar una sociedad libertaria en un plazo no muy largo tienden cada vez más a cero. Para comprender el por qué de las probabilidades casi nulas de realizar el anarquismo en un futuro cercano, nos situaremos en el panorama actual y conoceremos así la posición de los anarquistas en el espacio político presente.

Tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, el neoliberalismo se impuso como el sistema dominante prácticamente a escala global debido principalmente a la carencia de una resistencia obrera organizada como aquella de principios del siglo XX. La conciencia de clases hoy en día se ha perdido casi por completo entre la clase trabajadora actual en «Occidente» y en su lugar se introdujo en el imaginario popular el individualismo pequeñoburgués, el éxito personal, la ilusión de la clase media y la ideología del emprendimiento. Sin embargo, a la llegada de la crisis para la clase trabajadora, ha habido cierto repunte de una conciencia crítica en la sociedad así como el crecimiento de la movilización social y una tendencia hacia la polarización que se traduce en: por un lado, la ultraderecha y sus discursos nacionalistas comienzan a calar cada vez más entre parte de los sectores populares y la pequeñaburguesía, como se observa en Francia, Grecia y Ucrania principalmente; y por otro, las izquierdas más allá de la socialdemocracia parece también ir ganando terreno entre la clase obrera, aunque muy tímidamente. Nuestra posición estaría dentro de la izquierda radical y revolucionaria, teniendo también dentro de esta misma izquierda a ciertas tendencias marxistas.

Los anarquistas estamos ante un panorama en el cual encontramos una mayoría social despolitizada o con poca formación política, un despertar de la conciencia política entre los sectores populares, lo que ocasionó una creciente movilización social; una izquierda revolucionaria muy dividida, incluso entre los círculos libertarios; y un movimiento obrero casi desarticulado, y de lo que queda, en su mayoría domesticado por los sindicatos amarillos, aunque el desprestigio de tales sindicatos favoreció en parte el crecimiento del sindicalismo de clase y combativo. Al frente, me refiero aquí a las fuerzas del Capital, nos encontramos ante dos tendencias: una conservadora caracterizada por el auge de la extrema derecha que cuenta con el apoyo del neoliberalismo y los sectores conservadores de la burguesía, que ante el aumento movilización social, necesitan reforzar sus aparatos represivos a través del Estado para mantener sus privilegios de clase. Esto sucede a la vez que el sector público sufre un progresivo desmantelamiento en favor del capital privado, al igual que la destrucción de los derechos sociales en favor de los intereses del capital. Y otra progresista caracterizada por el reformismo socialdemócrata tendiente al pacto social, la conciliación de clases y la vuelta del Estado del bienestar de los años de bonanza. Cuentan con el apoyo de la pequeña burguesía progresista que en base a las teorías keynesianas, pretenden reforzar el papel del Estado en el control sobre los mercados, así como el desarrollo de políticas que favorezcan a las pequeñas y medianas empresas.

Sabemos que para derrocar el orden capitalista es necesario una revolución, pero no somos la única fuerza política dentro del espectro socialista revolucionario, ni tampoco nos encontramos con una situación revolucionaria a la vuelta de la esquina. En el terreno de la lucha social, tenemos que contar con la existencia de movimientos sociales sin una línea política claramente definida pero con un discurso crítico contra el neoliberalismo, aunque no necesariamente revolucionario, y un funcionamiento articulado desde estructuras horizontales. En dichos movimientos sociales encontramos diversas fuerzas políticas que se disputan el espacio en ellos, que van desde la izquierda parlamentaria y extraparlamentaria, pasando por marxistas-leninistas hasta marxistas heterodoxos y anarquistas. Aquí la presencia anarquista en las luchas sociales -entre ellas la lucha de clases- es esencial para evitar que otras fuerzas políticas sean las que marquen la agenda a los movimientos sociales, pero sin descartar la posible colaboración en reivindicaciones inmediatas comunes sin caer en el apoyo político a ellas. El contenido político de una posible revolución dependerá pues de qué fuerza política sea la hegemónica. Pese a todo, aún queda lejos esa situación revolucionaria, y aún más la realización de una sociedad anarquista.

Y he aquí la pregunta del millón: ¿entonces por qué seguimos siendo anarquistas y seguimos luchando contra el capitalismo y el Estado si esta generación (la de los años ’90 y anteriores) lo más probable es que no vivamos una posible situación revolucionaria, y me temo que mucho menos la realización del socialismo libertario en «Occidente»? La historia de los pueblos y, en particular, la historia del anarquismo nos demuestra que, pese a los errores que se cometieron en el pasado, la anarquía funciona y fue posible. Aunque en la actual coyuntura de «Occidente» estemos muy lejos de alcanzarla y sea muy difícil realizarla a una escala mayor, siguen siendo efectivas las herramientas de lucha que a día de hoy se pueden aplicar en la praxis como son las estructuras organizativas horizontales, el asamblearismo, la autogestión y la acción directa colectiva, y los principios de la cooperación, la solidaridad y la ayuda mutua. Si aspiramos a una revolución social de carácter libertario, nos toca en el ahora, además de organizarnos los anarquistas, participar en los movimientos sociales poniendo a disposición de todos y todas aquellas que quieran un cambio real nuestras herramientas de lucha y demostrar que la organización popular, de clase y la acción directa colectiva es más efectiva que la vía institucional, tanto para frenar los ataques del neoliberalismo como para avanzar hacia la construcción de una sociedad libertaria.

Sin embargo, aunque no la consiguiéramos ver, la lucha de hoy servirá para defender las conquistas de generaciones pasadas y evitar ser aplastadas por la barbarie neoliberal, sin olvidar, claro está, la articulación de una fuerza política revolucionaria y de carácter libertario.

Territorio, dominaciones y Anarquía

La cuestión nacional en el medio anarquista ibérico(1) es un tema que se debate entre la repetición mecánica de consignas y el seguidismo de corrientes leninistas. Ni lo uno ni lo otro supone herramientas teóricas ni prácticas que nos estén sirviendo para tomar posiciones efectivas y a propagar la lucha contra toda dominación a la vida real.

La “cuestión nacional”, lejos de ser un complemento circunstancial del capitalismo o una simple cortina de humo de algún político, lleva en su interior una cuestión mucho más compleja a la que nuestra practica inercial de movimiento no se está enfrentando abiertamente y es la cuestión del territorio y la cuestión identitaria. Son cuestiones cruciales.

La primera, la cuestión territorial es fundamental en el desarrollo de una teoría y una práctica revolucionaria pues el territorio es la base material del proceso de ruptura, entendiendo el territorio como las relaciones entre un medio natural y su población humana (2). La segunda, la cuestión identitaria es un tema tabú en el anarquismo, siempre despreciado por no entrar en los esquemas mentales clásicos o que se llevan en el movimiento. La identidad es la condición psicológica con la que se identifica un grupo humano y que permite que ese grupo humano pueda definirse diferenciadamente. Las identidades vinculadas al territorio o a la pertenencia a un pueblo es un hecho social e histórico y que por el desarrollo social e histórico que vivimos aparecen vinculadas inevitablemente a la dominación (3). La identidad territorial es el sustrato sobre el que se edifican los enormes engaños que la clase dominante utiliza para dividir a las clases dominadas.

Entrando en materia, los dos sistemas de dominación a los que nos enfrentamos a día de hoy que nos plantean retos en la cuestión territorial e identitaria son principalmente 2: el Estado y el Capitalismo industrial.

1º Estado, territorio e identidad.

El análisis de cómo los estados modernos se han servido del sustrato cultural de los pueblos para frenar la lucha de clases e impedir la destrucción comunista de los estados ha sido ampliamente estudiado en textos clásicos. Sin embargo, en este texto se va a presentar una esquematización del proceder estatista con respecto al territorio y a la identidad basándonos en el texto L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista” de Xabier Oliveras. En él se nos explica como el uso del sustrato emocional de la identidad territorial ha sido utilizado para la construcción de entes estatales a la europea. En este sentido la caracterización con respecto a identidades y territorios de un ente estatal pasa por 5 puntos:

1º todo el territorio y toda la población debe estar asignada en un ente.

2º no deben existir dobles asignaciones, cada territorio y cada población sólo debe pertenecer a un ente.

3º cada ente debe ser homogéneo tanto en su territorio como en su población.

4º los entes se dividen y diferencian mediante el concepto de Frontera.

5º todo ello se debe revestir de justificación científica y natural.

La obra y la crítica tradicional del anarquismo se dirige al nacionalismo como justificación del estado, que sería la 5º característica descrita aquí de los estados modernos. En este sentido, la obra más reseñable por lo riguroso y lo completo del estudio es “Nacionalismo y Cultura” de Rudolf Rocker. En ella encontramos una diferenciación entre Pueblo y Nación(4) que es uno de los matices importantes en las diversas discusiones entre ramas del socialismo y que siempre llevan a equívoco. Para Rocker la nación es un sujeto político separado del pueblo, que es el sujeto natural. Vemos sin embargo como otros autores clásicos, como Bakunin, utilizan los términos nación y patria en el sentido que Rocker da tan solo a pueblo(5). La contradicción es puramente terminológica, ambos entienden que existen colectivos humanos formados de forma natural y que es sobre estos colectivos existentes sobre los que se deben dar las condiciones para una revolución social. Hecha esta aclaración debería quedar claro que ninguna corriente anti-estatista ha querido utilizar el término nación para la legitimación ideológica de algún estado nacional liberal, fascista, socialdemócrata o leninista. Lo que en general el anarquismo siempre ha admitido y defendido es la radical separación entre el “pueblo” y los estados que justifican su existencia en las naciones vinculadas artificialmente a esos “pueblos”.

Por otro lado la naturaleza intrínsecamente dominante, autónoma de otras dominaciones y auto-perpetuadora del Estado está ampliamente estudiada en la obra de otros autores como Bakunin, Kropotkin o Capeletti.

En suma, podemos encontrar que el anarquismo tiene un amplio bagaje de crítica contra el Estado como entidad vinculada al territorio y las identidades.

2º Capital, territorio e identidad.

La relación entre el Capital, el territorio y la identidad ha tenido varias fases. La primera fase ha sido la que se ha desarrollado hasta la segunda mitad del siglo XX, en la que el capital se relacionaba con el territorio y las identidades mediante la instrumentalización de Estados, por lo que no había fuertes contradicciones entre la práctica estatal y la capitalista. Esta relación es la que dio lugar al imperialismo y a su respuesta en los movimientos de liberación nacional, que empiezan a marcar cierta distancia entre el capital y el sistema de estados-nación dado que estos movimientos eran principalmente estatistas. Aparecen aquí  contradicciones entre los intereses de Estado y Capital, contradicciones cuyo único resultado ha sido una dominación más perfeccionada.

Sin embargo el principal factor que marca a día de hoy la relación entre el territorio y el capital no es su relación con los estados sino su relación con la “Industria”. Se entiende en este texto que la industria es un sistema de tecnificación de la realidad basado en una ideología “industrialista” y que se presenta como sistema de dominación en sí mismo con cierta autonomía con respecto al Capital aunque opera bajo la forma de este (6). Esta afirmación y este análisis si bien no supone un amplio consenso en el movimiento anarquista, se va a asentando y extendiendo mediante la crítica llamada antidesarrollista. Así pues, la Industria, el Desarrollismo, han ido imponiendo su ideología tecnificadora en el territorio deformando tanto el medio como a las poblaciones. La época de la Globalización ha supuesto el paradigma práctico de lo que este desarrollismo implica: una red mundial de megápolis interconectadas por las telecomunicaciones, la energía y materia abundantes y la mano de obra deslocalizable. Frente a las megápolis enormes extensiones de periferias de las que explotar tanto pobladores como recursos naturales. El territorio del planeta, y lo podemos comprobar en nuestra realidad inmediata, ha quedado dividido en centros y periferias rompiendo tanto con la perspectiva estatista como con cualquier perspectiva liberadora, social y anárquica.

Podría entenderse esta nueva fase de desarrollo con la explicación de que es un neo-imperialismo y trazar la misma respuesta que a la fase imperialista. Sin embargo lo que da validez a la crítica al desarrollo como ente autónomo de capital y estado, únicos factores de la dominación imperialista, es que esta nueva fase se sustenta en unos intereses que van más allá de aumentar el poder estatal o el lucro privado y que son los intereses de la industria en una huida hacia delante para salvarse a sí misma del colapso que se empezó a esbozar en los años 70. Es por ello que se hace necesario elaborar nuevos análisis y herramientas de lucha respecto a la época de la descolonialización.

La movilidad constante de mercancías y personas y la ruptura de la homogeneidad interior a las fronteras estatales suponen una marcada contradicción entre el desarrollo industrial-capitalista y el sistema de estados-nación con respecto a la gestión del territorio.

Con respecto a la identidad, el capital también utiliza unos criterios que confrontan con los estatistas y que pasan por la pura mercantilización. En este aspecto, el desarrollismo no ha sido tan determinante. Uno de los ejemplos de la actitud del capital con respecto a las identidades colectivas se puede ver con la aparición de amplios flujos migratorios ocasionados por los desequilibrios económicos del planeta. El capital ha reaccionado simplemente absorbiendo para la explotación dichas identidades, a diferencia de los estados que han reaccionado con vallas y expulsiones. Así vemos hoy en día como hay diferentes mercados para cada identidad cultural, sexual, religiosa, popular, territorial…tanto en la producción como en la distribución y el consumo. Desde la lógica de aumento de beneficios, la maleabilidad de las identidades en tanto que nichos de mercado es un factor a explotar, volviendo a chocar con la lógica estatista de la homogeneidad de la población.

Visto como se relacionan con la cuestión territorial e identitaria los sistemas de dominación a los que nos enfrentamos queda ver que propuestas y procesos estamos impulsando desde el medio anárquico.

Anarquía, territorio e identidad.

Una síntesis rápida de cómo la “cuestión nacional” ha ido pasando por entre los teóricos anarquistas la podemos encontrar en el texto “Nación y anarquismo” de Manuel de la Tierra (Ekintza zuzena nº38). En él se expone como (sin entrar en el debate terminológico pueblo-nación antes señalado) el debate nacional en un principio se teorizó hacia un acercamiento a las posturas “nacionales” y como posteriormente ganó peso en el movimiento la visión más “anacional”. Esto es cierto a grandes rasgos.

Profundizando un poco más,  el desarrollo de las ideas anarquistas con respecto al territorio nace con Proudhon y el federalismo. Su fusión con las ideas de Bakunin sientan la base doctrinal del anarquismo en este tema. Al respecto, un texto muy clarificador es “Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera”” de Daniel Guérin.(7) En aquella época todas las facciones del movimiento obrero se declaraban como internacionalistas y así se organizaban, en una organización internacional por todo el mundo hoy conocida. Pero el internacionalismo proletario que se practicaba entonces residía en los términos bakuninianos de solidaridad entre pueblos, entre naciones, en vez de en la negación de los pueblos y las naciones como hay quién afirma hoy(8).

Lo que sucede después de las obras de Bakunin es la irrupción en la historia de lo anárquico de la teorización de un individualismo que lleva consigo la asimilación de la idea, muy extendida en la Europa de finales del siglo XIX, del cosmopolitismo. En la práctica, esto supone una superación del internacionalismo proletario por otra tendencia, anacionalista esta, si bien es cierto que los herederos de la tendencia cosmopolita se han seguido reivindicando como auténticos internacionalistas al igual que hicieron tendencias autoritarias y estatistas. Uno de los vehículos transmisores de este cosmopolitismo sería el Esperanto, que se asume como parte del programa político y de la práctica culturas del movimiento libertario como muestra de la aceptación de la propuesta anacional.

El cosmopolitismo, de origen en la Grecia clásica, se adopta de la mano de la visión progresista que a posteriori ha dado origen al desarrollismo y que en ocasiones este utiliza como muestra efectos positivos del desarrollo planetario de la industrialización. Además, aunque encuentra réplicas en otras líneas culturales del planeta, esta corriente es fuertemente eurocéntrica y basada en el caso europeo, lo que lleva a sus defensores anarquistas a obviar situaciones en las que el cosmopolitismo se ha podido alinear con la dominación estatal (9). El cosmopolitismo ha ido evolucionando dentro del anarquismo ibérico en una especie de comodín frente a la problemática territorial e identitaria que se ha desarrollado a nuestra sociedad especialmente desde el tardo-franquismo. En este sentido, son de máxima vigencia las observaciones sobre la actitud del anarquismo ante la cuestión nacional que hace A.M. Bonnano en 1976 en el texto “Anarquismo y lucha de liberación nacional.” En él apunta que se padece de un universalismo heredado del cosmopolitismo que además de pecar de idealismo y ahistoricismo nos aleja de los conflictos prácticos, que en aquella época y a los que el texto se refiere son de corte anti-imperialista(10).

De esto nos podemos hartar a ver ejemplos en la península ibérica. De entre todos estos ejemplos merece la pena destacar, por lo completo del texto, el monográfico “Que ardan todas las patrias” del Grupo anarquizante Stirner. En él, se hace un repaso de la historia del anarquismo y de lo que ellos llaman la unión de nacionalismo e izquierda para inmediatamente cargar con furia contra todos los regionalismos y nacionalismos ibéricos que no son ni español ni portugués. Evidentemente esto no quiere decir que apoyen lo que obvian en criticar, pues esa crítica va implícita. Lo que descalifica la obra es la falta de rigor histórico que supone, por poner un solo ejemplo, considerar a todo el espectro independentista que se ha desarrollado especialmente en los Paises Vascos y Catalanes como una unidad uniforme heredera de los primeros regionalismos burgueses o tradicionalistas pero disfrazada tácticamente de izquierdas sin una mayor explicación de cómo cinco décadas de represión y recuperación han ido conformando unos movimientos populares amplísimos. Para entender esta postura hemos de partir de la máxima que afirma que todas las identidades populares construidas a lo largo de la historia son cómplices en potencia o en acto de la dominación estatal. Su propuesta territorial pasa por un federalismo ideal, al que los individuos se agregan por propia voluntad y sin ningún tipo de influencia ni injerencia social o histórica (11).

Esta muestra no es una anomalía sino que es una opinión muy representativa de la propuesta respecto a la territorialidad y a las identidades que hacen suya muchos anarquismos hoy en día: barrer con absolutamente todo lo anterior con un movimiento revolucionario que tenga como elemento agregador sólo la idea de revolución independientemente de las particularidades de la revolución en cada territorio.

También es cierto que en la península vemos en algunos territorios como se han alzando ciertos anarquistas que defienden la autodeterminación de unos pueblos que ellos afirman están reivindicándose como tal. Gente como los catalanes de Negres Tempestes o los vascos de anarkherria, se baten en medio de un movimiento popular muy identitario y en los que predominan políticamente las corrientes estatistas para introducir discursos anarquistas haciendo una suerte de anarco-independentismo que peca de hacer un cierto seguidismo del independentismo mayoritario en cuanto a lo identitario o lo territorial.

Pero no son estas las únicas propuestas y reconocerlas nos puede permitir abrir un debate amplio como movimiento que nos sirva para perfilar posiciones que vayan más allá de las trampas estatistas. En el anteriormente citado texto de Xabier Oliveras hay un apartado muy interesante sobre la construcción de una territorialidad e identidad anárquica, en el que se propone nada menos que reivindicar como geografía e identidades anárquicas todas las expresiones históricas que hayan compartido los principios de autonomía, libertad, autodeterminación…que a lo largo de la historia han sido múltiples y diversas (12). No falte decir que la ausencia en estas territorialidades anárquicas de dominación estatal o capitalista no exime de otras dominaciones como la patriarcal o la especista, por lo que los ejemplos puestos no son perfectos en sí mismos, pero sí valiosos indicadores. Así, su propuesta pasa por generar una red de territorios e identidades anárquicas, autónomas y sobre todo autodeterminadas.

Por otro lado, quienes se llevan a cabo prácticas antidesarrollistas están generando una visión del territorio y de la territorialidad fuertemente vinculada a las tradiciones populares de autosuficiencia económica y en abierta hostilidad al modelo territorial del desarrollismo antes expuesto. Esta visión del territorio, ampliamente explicada en la obra reciente de Miguel Amorós y en revistas como Argelaga, propone avanzar hacia un territorio con un medio rural más densamente poblado y autosuficiente así como por unas ciudades que no sean la superposición de personas y mercancía sino lugares caracterizados por sus amplios espacios públicos. Esta concepción de la territorialidad está enmarcada en la cosmovisión del ecologismo con fuertes ascendencias Kropotkinianas, como el modelo de ecología social propuesto por Bookchin.

Concluyendo.

Quien aspire a transformar la realidad debe conocer esa misma realidad en que se desenvuelve. Es por ello que los análisis sobre los fenómenos identitarios y territoriales deben volver a nuestros medios sin idealizaciones ni autocomplacencias y evitando la trampa estatista de vincularlo todo al “hecho nacional”. Saber reconocer las poblaciones tal y como son en esta época, fruto de largos procesos de dominación estatista y capitalista y por supuesto de resistencias centenarias. Este conocimiento nos será indispensable para conocer los potenciales advenimientos de los fenómenos fascistas que siempre, en tanto que nacionalistas, nacen de la manipulación de esas identidades existentes. Pero este análisis no sólo nos sirve de manera defensiva. Con él podremos, desde lo local y lo comarcal, trazar estrategias que nos permitan ir construyendo esos territorios e identidades anárquicas, por supuesto, en base a lo ahora existente y no con castillas en el aire.

El objetivo, y esto es común a todo lo anárquico, es la construcción de nuestras comunas. Comunas en las que autodeterminarnos frente a capital, estado, patriarcado, especismo, industrialismo…en suma, frente a toda dominación. Y comunas con las que federarnos siendo iguales, autónomos y soberanas.

Valladolid. Julio de 2013.

@botasypedales

Notas:

(1) El presente texto está escrito desde la óptica del anarquismo ibérico y en un ambiente social castellano, por lo que muchas de las afirmaciones estarán referidas a este contexto.

(2) Miguel Amoros. El Sabor de la Tierruca. de Perspectivas antidesarrollistas 2011:

“Territorio es el espacio geográfico donde ocurren todas las actividades humanas. Lo que llamamos territorio es un hecho histórico; en la medida en que la humanidad interacciona con él. Encontramos historia en cada uno de sus rincones, que podemos seguir en las variaciones del concepto de naturaleza dominantes en cada época, en las distintas representaciones filosóficas o religiosas de la idea. Vida, trabajo, instituciones, economía, naturaleza, forman un todo articulado. Las ciudades también son inseparables de los pueblos, los campos, los bosques y las montañas.”

(3) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“La identitat territorial, en tant que construcció social, no és neutral[…] Amb aquell sentit és fàcilment utilitzada com a mecanisme de poder i dominació, d’espai i persones, per part dels individus i grups socials que exerceixen el domini. Especialment pel que es refereix al control de persones (en totes les vessants: social, corporal, intel·lectual…) Pot dir-se que constitueix una pràctica biopolítica i anatomopolítica…”

(4) Rudolf Rocker. Nacionalismo y Cultura. Libro 1 capítulo 4.

“Un pueblo es el resultado natural de las alianzas sociales, una confluencia de seres humanos que se produce por una cierta equivalencia de las condiciones exteriores de vida, por la comunidad del idioma y por predisposiciones especiales debidas a los ambientes climáticos y geográficos en que se desarrolla. De esta manera nacen ciertos rasgos comunes que viven en todo miembro de la asociación étnica y constituyen un elemento importante de su existencia social. Ese parentesco interno no puede ser elaborado artificialmente, como tampoco se le puede destruir de un modo arbitrario, salvo que se aniquile violentamente y barra de la tierra a todos los miembros de un grupo étnico. Pero una nación no es nunca más que la consecuencia artificiosa de las aspiraciones políticas de dominio, como el nacionalismo no ha sido nunca otra cosa que la religión política del Estado moderno.”

(5) M. Bakunin. Patria y Nacionalidad.

“La patria, la nacionalidad, es como la individualidad, un hecho natural y social, fisiológico y al mismo tiempo histórico; no es un principio. Solo puede darse el nombre de principio humano a aquello que es universal, común a todos los hombres; pero la nacionalidad los separa; no es por lo tanto, un principio. Principio es el respeto que todos debemos tener para con los hechos naturales, reales o sociales. Y la nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos.”

(6) Los amigos de Ludd. Notas preliminares. De Antología de Textos de los Amigos de Ludd.

“La industria no es, en ese caso, un mero sistema de producción entre otros, no significa una majestuosa adecuación de medios a fines según el sentido de los intereses reales de la sociedad. La industria y su robusta ideología, el industrialismo, significa la dominación tecnificada de los medios del capital para los fines del capital, a costa del sometimiento de lxs trabajadores y de la explotación irracional de los recursos naturales. La industria no es simplemente un medio, sino EL medio objetivo del capital donde éste consigue intensificar la producción y dirigirla hacia su rentabilidad máxima, mientras incorpora a lxs trabajadorxs a la actividad ciega de las máquinas y no al contrario”

(7 ) Daniel Guérin  Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera” de Por un marxismo libertario.

“Siempre es muy difícil separar a Bakunin de Proudhon, por cuanto Bakunin conocía a fondo la obra de Proudhon y seguí sus puntos de vista, pero los desarrollaba, los mejoraba, los superaba. Uno de los temas en los que precisamente Bakunin se alejó más de las clases de Proudhon, es el del federalismo. Bakunin, mucho más que Proudhon o, en todo caso, mucho más lúcidamente que él, elaboró un concepto de autodeterminación y el derecho de secesión que, según el, era la única forma de garantizar una verdadera unidad, porque sólo a partir del momento en que un pueblo tiene el derecho y la libertad de asocial su destino a otro pueblo, puede, por un acto de libre voluntad, asociar su destino al de otro pueblo. Creo que esta noción bakuniniana tiene una indudable importancia histórica, porque no fue directamente de Proudhon sino de Bakunin de donde extrajo Lenin su concepción de la liberación nacional y, sobre todo, su teoría de lo que hoy llamamos “descolonización”. No creo, por consiguiente, que se pueda decir una sola palabra sobre el federalismo de Proudhon sin mencionar los complementos indispensables que le aportó Bakunin. Bakunin precisó también el pensamiento de Proudhon: subrayó el hecho de que el federalismo en sí no era específicamente revolucionario, que la parabra “federalismo” puede cubrir toda clase de mercancías, reaccionarias o contrarrevolucionarias. Basta con evocar por ejemplo el regionalismo francés de un Charles Maurras. Basta con evocar como en los EEUU de hoy, los esclavistas del sur explotan el federalismo de la constitución, los famosos “derechos de los estados”, para impedir la emancipación de los negros. Bakunin proclamó con energía que sólo el socialismo puede aportar un contenido revolucionario al federalismo.

Pi i Margall fue un proudhoniano regionalista español, y son precisamente los equívocos que se encuentran en la obra de Proudhon sobre el Principio federeativo, lo que hizo posible que unos burgueses regionalistas como Pi i Margall y los suyos se dijesen, de buena fe, discípulos de Proudhon. En cambio, Bakunin y sus amigos, especialmente durante el corto episodio de la I república española de 1873, mantuvieron siempre las distancias frente a Pi i Margall y los cantonalistas, precisamente por que les reprochaban el contenido burgués y no socialista revolucionario de su regionalismo. Hay aquí, pues, una confusión que Bakunin contribuyó a acalarar.

Proudhon no entendía la cuestión nacional, en absoluto, y lo demuestra en el caso de Polonia. Bakunin, en cambio, apoyó a fondo la rebelión polaca de 1863. Pero no tomaba aquella posición desde un punto de vista de un nacionalismo estrcito. A sus ojos toda revolución de independencia nacional ajena al pueblo y que, por tanto, no podría triunfar sin apoyarse en una clase privilegiada, tendría que hacerse contra el pueblo y, por consiguiente, sería un movimiento retrógrado, funesto y contrarrevolucionario. Y Bakunin concluía que “La cuestión nacional se borra históricamente ante la cuestión social, fuera de la revolución social no hay salvación”.

(8)Capi vidal .El internacionalismo como aspiración moral y política REFLEXIONES DESDE ANARRES 6-abril-2013

“Desde el punto de vista ácrata, es tan sencillo como considerar que las fronteras políticas, las naciones, son una evidente consecuencia de la existencia de Estados; por lo tanto, las naciones y las identidades colectivas son también fruto de una degeneración autoritaria y violenta de la sociedad.[…] En el anarquismo, a diferencia del marxismo y su visión histórica, se considera el internacionalismo o cosmopolitismo como un hecho natural y, sobre todo, como una exigencia ética”

(9) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Així, per exemple, James C. Scott (2009) mostra que la construcció dels espais estatals a l’Àsia sud-occidental anteriors al colonialisme es basava més aviat en una identificació directa amb el projecte estatal i la possibilitat d’enriquir-se, sense recórrer a la imposició d’una única identitat etnolingüística com a fonament principal, d’altra banda estructurada a l’entorn de la religió i l’agricultura. L’existència d’un cosmopolitisme simbolitzava l’èxit de la construcció de l’estat, en tant que indicava la captació de diferents col·lectius.”

(10) Alfredo Maria Bonanno Anarquismo y lucha de liberación nacional 

“El anarquismo es internacionalista, su lucha no se confina a sí misma a una región o un área del mundo, sino que se extiende a todos los lugares donde el proletariado lucha por su propia liberación. Esto requiere una declaración de principios que no sean ni vagos ni abstractos, sino concretos y bien definidos. No estamos interesados en un humanismo universal […]

Hoy en día aún quedan, incluso entre anarquistas al enfrentar el problema de la nacionalidad, residuos de razonamiento idealista. No sin razón, el anarquista Nido escribió en 1925: “El desmembramiento de un país no es considerado un ideal deseable para muchos revolucionarios. ¿Cuántos camaradas españoles aprobarían la histórica desaparición de España y su reorganización entorno a una base regional constituida por grupos étnicos castellanos, vascos, gallegos y catalanes? ¿Se resignarían los revolucionarios alemanes a un desmembramiento parecido al tipo de organización libertaria que estuviese basada en los grupos históricos de Baviera, Baden, Westfalia, Hannover, etc.? Por otro lado, a estos camaradas con completa seguridad les gustaría ver el desmembramiento del actual Imperio Británico, y una libre e independiente reorganización de sus colonias en Gran Bretaña (Escocia, Irlanda, Gales) y en el extranjero, ¡lo que no sería agradable para los revolucionarios ingleses! Así son los hombres, y en este sentido, en el curso de esta última guerra (la 1ª Guerra Mundial), vimos la coexistencia del concepto de nacionalidad en su sentido histórico, al lado de las reivindicaciones de los anarquistas.” (Obviamente se refiere a Kropotkin y al Manifiesto de los Dieciséis).
Nido hace referencia a un estado mental que no ha cambiado demasiado. Incluso hoy en día, ya sea por la persistencia de ideales iluministas o masónicos en una cierta parte del movimiento anarquista, ya sea por la pereza mental que saca a muchos compañeros de los problemas más candentes y los lleva a aguas menos turbulentas, las reacciones respecto al problema de la nacionalidad no son muy diferentes de aquellas descritas por Nido.
En sí mismo el problema no nos concerniría demasiado, si no fuera porque tiene una salida histórica precisa, y porque la falta de claridad tiene efectos extremadamente negativos en muchas de las luchas reales que se desarrollan. En definitiva, el problema de la nacionalidad se mantiene a un nivel esencialmente teórico, mientras que la lucha por la liberación nacional está tomando, y cada vez más, una relevancia en la práctica considerable.[…]

Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social. Bajo estas premisas, que no dejan lugar a determinismos ni idealismos de especies varias, cualquier instrumentalización fascista de las aspiraciones de los pueblos oprimidos puede ser fácilmente combatida. “

(11) Grupo Anarquizante Stirner. Que ardan todas las patrias. 2011

“En consecuencia, el federalismo ácrata no debe tener en cuenta los intereses de ninguna nación pequeña, mediana o grande, independizada o por independizar, sino la libertad del individuo. De hecho, desterrada la idea de nación, la articulación del territorio bajo un sistema federal y anarquista debería llevarse a cabo sobre bases funcionales y prácticas teniendo en cuenta las necesidades concretas (materiales e intelectuales) de los individuos y no abstracciones metafísicas como la “patria” o la “etnia”, o incluso, puesto que vivimos una realidad cada vez más cosmopolita, la “cultura”. Todo ello implicaría borrar las fronteras y los nombres de las antiguas naciones (términos como España, Euskadi, Galicia, Cataluña, etc. Deberían pudrirse en el basurero de la historia). Desde aquí proponemos rescatar el tipo de nomenclatura universalista, válida para toda la humanidad, que emplearon los socialistas “utópicos” para nombrar los primeros experimentos de vida comunal. ¿Por qué no Nueva Armonía en honor a Owen? ¿O Progreso? ¿O Libertad? ¿O Igualdad? ¿O Fraternidad?”

(12) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Al llarg del temps i a tot arreu, diferents col·lectius han posat en pràctica territoris i altres estructures de pensament per a concebre’ls. Seguint els passos de Kropotkin (1989) o de Harold Barclay (1982), són espais anàrquics els territoris d’aquells pobles sense estat ni govern (com els hazda), dels que fugen i eviten reproduir les relacions de domini (quilombos i palenques), dels que reclamen espais d’autonomia (passeries, escartons i ciutats lliures medievals) i, amb l’etiqueta d’anarquista, aquells que creen colònies llibertàries, col·lectivitzacions o centres socials okupats.”

Republicanos, un esfuerzo más si queréis ser republicanos

«Pero ¿qué es la democracia en la libertad sino la República?» —Miguel Bakunin; Federalismo, Socialismo y Antiteologismo. 

La República siempre ha sido tomada, al menos en la modernidad, como la representación unívoca de justicia social. De una u otra forma, sigue siendo esa mujer semidesnuda que coronada por un gorro frigio guía al pueblo hacia la consecución de una mayor libertad e igualdad para toda la humanidad. Así mismo, tampoco puede desligarse a ésta de la razón, la ciencia, la laicidad y la democracia. No se puede divorciar, en fin, de todos los buenos y sanos hábitos, pensamientos y aspiraciones que el ser humano ha concebido para consigo mismo y para con los demás, en un intento manifiesto de unirse fraternalmente.

El grito político del siglo XVIII —de finales de siglo, eso sí—, XIX, XX, e incluso de nuestro incipiente XXI, se puede resumir con un portentoso ‘¡Viva la República!’. ¿Cuántos hombres y mujeres habrán muerto por esta declamación o por decirse resueltamente republicanos? Seguro que demasiados. Pero, como suele suceder, cada muerte pasa a ser una confirmación de la razón del ideal, de su necesidad. Cada régimen fecunda el siguiente con la sangre de los ideales más progresistas, es decir, más radicales, en cuanto que van a la raíz del problema. De tal manera, el Antiguo Régimen quedó sepultado bajo la novedosa Monarquía Constitucional y ésta, la mayoría de las veces, quedó relegada a su vez por la nobilísima República; con la llegada de la última parece verse siempre el final del padecimiento, aun cuando no sea así, y la euforia es comprensible y humana. Sin embargo, el pensamiento humano sigue su curso, no totalmente ajeno a la realidad concreta, pero sí de una forma bastante independiente.

En España, cuando en el 1873 se proclamó la Primera República Española, a pesar de las numerosas esperanzas depositadas en ella, ya había personas que ansiaban más libertad e igualdad de la que ésta podía concederles: los llamados republicanos federalistas ‘intransigentes’, fervientes partidarios del republicanismo más radical, que para el caso venía representado, curiosamente, por el federalismo pactista y socializante esbozado por Pi y Margall en su impresionante libro La Reacción y la Revolución, escrito casi veinte años atrás. La revolución era, pues, inminente y así comenzó a los pocos meses de la proclamación de aquélla la Revuelta cantonal. La libertad, incompleta aún, se situaba ya por delante de los timoratos que se refugiaban en el Congreso y que la rehuían a toda costa. Con todo, el conato de revolución fue reprimido por el Estado; aunque sin duda alguna dejaba el camino expedito para que surgieran ideas más radicales, más avanzadas si cabe. La Comuna de París no tardaría en demostrar esto que digo. Mas volviendo a España, no sería hasta la Segunda República Española que se renovarían todas las ensoñaciones republicanas: parecía abrirse un nuevo horizonte para el obrero, el campesino, la mujer, el niño, etc. Pero las ensoñaciones son eso, entelequias. No hace falta extenderse demasiado aquí, pues los hechos acaecidos en Casas Viejas, así como la aplastada Revolución del 34, guste ésta más o  menos, así lo evidencian. El Estado, que es reaccionario en sí mismo, más allá de todas las empresas educacionales llevadas a cabo y que eran de agradecer, mostraba su verdadero rostro. Si argüía hace un rato que cada régimen fecunda el siguiente con la sangre de los ideales más altos, he aquí la prueba. Y da igual cómo se muestre la República mientras en su seno se distinga todavía al Estado, que siempre termina por frena al ser humano. El caso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) es paradigmático. La República, imbuida por el Estado hasta el paroxismo, demostró ser más reaccionaria que muchos otros Estados constituidos en régimen liberal, por no decir la mayoría.

Pero ¿a qué viene este exordio? Mi intención es simplemente denotar cómo la República, tal como se ha concebido hasta ahora, esto es, bien como elemento meramente político sustraído de la realidad económica (véase la noción republicana liberal), o bien como unión de ambas, pero con un Estado omnímodo de por medio (véase la noción republicana soviética, o marxista si generalizamos), no sirven ni representan en última instancia los ideales que plasmaba en el inicio del escrito: Libertad, Igualdad, Fraternidad, en estos modelos republicanos, son palabras pintadas en una bandera o en una moneda, es decir, no son nada.

¿Y es que hay acaso otro tipo de República? Dejando de lado todos los esquemas republicanos que son en sí mismos derechistas, sí, sí la hay. En principio puede parecer extraño que un anarquista vindique un tipo de modelo republicano, mas no es así, ya que ateniéndome a su significación etimológica, la palabra República, de res; cosa o asunto, y publica; del pueblo, puede casar con suma perfección con una visión de la sociedad con rasgos claramente ácratas. Lo primero que hay que tener en cuenta es que lo público no es lo estatal, como tampoco la sociedad es el Estado. Admitir que sociedad y Estado son una misma cosa pasa por ser el súmmum de la perversión ideológica, algo así como creer en una Santa Trinidad sin trío. De cualquier modo, esta República sui géneris e hipotética debería articularse indefectiblemente bajo dos nociones básicas:

–          En primer lugar, bajo la bandera del socialismo, que permitiría, previa socialización de los medios de producción mediante la autogestión, es decir, sin Estado de por medio que usurpe nuevamente a los trabajadores su industria, el reparto equitativo y cooperativo de todas las funciones económicas, permitiendo y fomentando a su vez la ayuda mutua. A falta de desarrollarlo más, el socialismo permitiría, en cualquiera de sus formas anarquistas, conseguir que la igualdad se acercase más al ser humano.

 –          En segundo lugar, a través de un genuino federalismo, socavaría todos los poderes del Estado, si no destruyéndolos, pues esto parece a priori imposible, sí dividiéndolos todo lo que puede. Sólo se destruye lo que se sustituye, decía Malatesta, y en este caso el federalismo cumple perfectamente su función. El federalismo sería el esquema según el cual todas las relaciones económicas y sociales se estructurarían, despojando al centralismo, antidemocrático siempre por más que se insista, toda su fuerza y preponderancia.

Pero no sólo eso, ya que el federalismo sería el corrector de todas las imposturas de índole nacionalista que nos asolan. Por ejemplo, aunque no sea exactamente igual al federalismo anarquista, durante la Revuelta cantonalista, el Cantón de Cartagena solicitó a EEUU entrar en su federación, obviamente no por afinidad cultural, sino por afinidad ideológica. Por poner otro ejemplo, al Cantón de Valencia se unieron numerosas comarcas colindantes, pero no todas, pues algunas querían mantenerse independientes. Así, sin respetar pamplinas históricas, culturales, geográficas, etc., las federaciones y confederaciones serían absolutamente volubles en tanto que se basarían en un modelo volitivo y espontáneo y no en atavismos inexistentes y estúpidos.

Por tanto, y he aquí el motivo de este artículo, la República, alejada de todas las miserias estatales y centralistas; despojada también de todo parapeto capitalista y liberal, no es otra cosa que el ideal anarquista en toda su expresión. El federalismo mata el Estado; el socialismo, el capitalismo. Si éste representa la libertad, la igualdad y la democracia en la producción y en la economía, aquél representa la libertad, la igualdad y la democracia en la política. Y ambos, añadidos a todas las libertades sociales e individuales esenciales, no son otra cosa que la anarquía, es decir, la res publica en toda su extensión. En pocas palabras, nadie mejor que la anarquía representa los ideales republicanos de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Si en los siglos pasados el grito más radical y progresista era ‘¡Viva la República!’, el de éste debe ser el de ‘¡Viva la Anarquía!’.

1 2 3 4 5 6